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LEUCEMIA

La leucemia se produce cuando ciertas células sanguíneas se vuelven cancerosas e invaden la médula ósea, impidiendo la producción normal de células sanguíneas. Existen varios tipos de leucemia aguda y crónica que afectan principalmente a glóbulos blancos o rojos. Los síntomas incluyen cansancio, fiebre, hemorragias y aumento del tamaño del hígado y bazo. El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y biopsia de méd

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LEUCEMIA

La leucemia se produce cuando ciertas células sanguíneas se vuelven cancerosas e invaden la médula ósea, impidiendo la producción normal de células sanguíneas. Existen varios tipos de leucemia aguda y crónica que afectan principalmente a glóbulos blancos o rojos. Los síntomas incluyen cansancio, fiebre, hemorragias y aumento del tamaño del hígado y bazo. El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y biopsia de méd

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QUE ES LA LEUCEMIA

Las leucemias agudas son un tipo de cáncer, de origen desconocido en la mayoría de los
casos, que afecta a las células sanguíneas, generalmente a los glóbulos blancos. La
enfermedad se produce a consecuencia de un error en el proceso de maduración de una célula
madre a glóbulo blanco, que supone una alteración cromosómica que provoca que las células
afectadas se vuelvan cancerosas y se multipliquen sin cesar, infiltrándose en la médula ósea,
donde sustituyen a las células que producen las células sanguíneas normales.
Estas células cancerosas se diseminan por la sangre, y además pueden invadir otros órganos,
como el hígado, los riñones, los ganglios linfáticos, el bazo y el cerebro.
A medida que la enfermedad progresa, las células malignas interfieren en la producción de
otro tipo de células sanguíneas, como los glóbulos rojos y las plaquetas, lo que tiene como
consecuencia el desarrollo de anemia y el incremento del riesgo de contraer infecciones.
Las leucemias tienen una incidencia aproximada de dos o tres casos por cada 100.000
habitantes y año. Son las neoplasias más frecuentes en la infancia (alrededor del 25% de los
cánceres infantiles son leucemias), y afectan con más frecuencia a los varones.
No parece haber diferencias sustanciales en la prevalencia de leucemia
entre las distintas razas o áreas geográficas, el entorno rural o urbano, ni
entre las distintas clases sociales. Sin embargo, dependiendo del tipo de
leucemia, es más frecuente su aparición a determinadas edades. Por
ejemplo, en el caso de la leucemia linfocítica aguda (linfoblástica),
suele presentarse en niños de entre tres y cinco años, y aunque también
afecta a adolescentes, es poco común en adultos.

Leucemia
La leucemia se produce cuando ciertas células se vuelven cancerosas y
se infiltran en la médula ósea. Existen factores de riesgo, como un
sistema inmune debilitado, que predisponen a desarrollar esta
enfermedad.
Escrito por Esther Martín, Estudiante de medicina de la Universidad de
Alcalá de Henares
Tratamiento de leucemia
El objetivo del tratamiento de la leucemia es destruir las células cancerosas, para que
las células normales puedan volver a crecer en la médula ósea, y evitar la recidiva. En
general el tratamiento de la leucemia se basa en la quimioterapia y los trasplantes de
médula ósea. Las pautas de la quimioterapia varían dependiendo del tipo de leucemia,
de modo que debe individualizarse para cada paciente.
Durante el tratamiento puede ser necesario realizar transfusiones al enfermo para
corregir la anemia y las hemorragias, y administrarle antibióticos para tratar las
infecciones.
En la quimioterapia se suelen emplear combinaciones de fármacos, y si las células
leucémicas reaparecen al cabo del tiempo, el trasplante de médula ósea puede
resultar la mejor alternativa de curación para el paciente. Sin embargo, para que esto
sea posible es necesario obtener la médula ósea de una persona compatible (HLA-
compatible) con el enfermo, normalmente un familiar cercano.
Causas de la leucemia
Aunque la causa de las leucemias no se conoce exactamente, se sabe que hay diversos factores
que pueden provocar la aparición de esta enfermedad.
 Genéticos.
 Inmunodeficiencias.
 Factores ambientales.
En cuanto a la relación de los factores genéticos con el desarrollo de leucemia, se sabe que la
enfermedad es más frecuente en gemelos que en el resto de la población, y padecer trastornos
genéticos como el síndrome de Down y el síndrome de Fanconi supone un factor de riesgo
asociado a la aparición de leucemia.
Las personas con el sistema inmunitario debilitado por la administración de quimioterapia o
fármacos inmunosupresores (que se suministran a pacientes que han sufrido un trasplante de
órganos), también son más susceptibles de desarrollar leucemia.
Uno de los factores más estudiados son los factores ambientales, sobre todo la exposición a
radiaciones ionizantes, sustancias químicas como el benceno y ciertos fármacos, y los virus.
La relación entre las radiaciones ionizantes y la leucemia
se descubrió a partir de accidentes nucleares (explosiones
o incidentes en centrales nucleares).
Diversos productos químicos también están relacionados
con la aparición de la enfermedad, sobre todo algunos
pesticidas, y otras sustancias como los gases mostaza
utilizados en la I Guerra Mundial.
También ciertos virus están asociados con el desarrollo de
las leucemias, en especial el virus de Epstein-Barr,
relacionado con el linfoma de Burkitt africano o los
linfomas en pacientes inmunodeprimidos.
Tipos de leucemia
Existen varios criterios para clasificar las leucemias. Una forma de
clasificación se basa en su historia natural:
 De novo: cuando ocurren sin que exista un proceso previo que
desencadene la enfermedad.
 Secundarias: cuando existe un proceso previo que desemboca
en leucemia, como por ejemplo una enfermedad sanguínea.
Otra forma de clasificarlas se basa en el tipo de célula sanguínea
en la que empieza la transformación maligna, y en la velocidad de
progresión de la enfermedad. En el caso de las leucemias agudas,
su desarrollo es muy rápido, mientras que las leucemias crónicas
progresan lentamente. Además, las leucemias pueden ser:
 Linfoblásticas: cuando afectan a los linfocitos (variedad de
leucocitos de la médula ósea).
Mieloblásticas o mielocíticas: que afectan a la célula precursora
de la serie mieloide o serie roja (de los glóbulos rojos y plaquetas
Leucemia linfática aguda

En la leucemia linfática aguda las células que deberían transformarse en linfocitos se


vuelven cancerosas y sustituyen a las células normales de la médula ósea, y se diseminan
hacia otros órganos (hígado, bazo, riñones, cerebro, ganglios linfáticos...) donde siguen
proliferando, y provocan enfermedades como meningitis, anemia, insuficiencia renal y
hepática, etc. Se trata del cáncer más frecuente en niños.
Leucemia linfática crónica
La leucemia linfática crónica afecta especialmente a personas mayores de 60 años, y
más a los varones que a las mujeres. Los linfocitos cancerosos aumentan en los ganglios
linfáticos, para extenderse después al hígado y al bazo, e invadir posteriormente la
médula ósea. Esta enfermedad progresa lentamente, y el pronóstico depende de factores
como la cantidad de linfocitos en la sangre y la médula ósea, la gravedad de la anemia, y
la capacidad del sistema inmune del paciente para luchar contra las infecciones que
pueda contraer.
Leucemia mieloide aguda
La leucemia mieloide aguda se caracteriza porque son los mielocitos (las células que
deberían convertirse en granulocitos) los que se vuelven cancerosos y sustituyen a las células
normales de la médula ósea. Como en el caso anterior, las células leucémicas viajan por el
torrente sanguíneo y se instalan en otros órganos, donde siguen creciendo y dividiéndose,
causando diversas afecciones (tumores, anemia, meningitis...) y dañando otros órganos. Este
tipo de leucemia afecta a personas de cualquier edad, pero sobre todo a los adultos, y se
relaciona con la exposición a grandes dosis de radiación y con el empleo de quimioterapia
para tratar otras afecciones.
Leucemia mieloide crónica
La leucemia mieloide crónica, que afecta a personas de todas las edades y sexos (aunque no
es frecuente en niños pequeños), cursa con anemia y trombocitopenia (escasez de plaquetas en
sangre). Las células leucémicas se originan sobre todo en la médula ósea, pero también en el
bazo y el hígado. Con el avance de la enfermedad, los pacientes suelen presentar fiebre, fatiga,
debilidad, pérdida de apetito y peso, aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y
hemorragia.
Síntomas de leucemia
La clínica de la leucemia depende, por un lado, de la
insuficiencia medular provocada por el crecimiento de
las células cancerosas, que impide el crecimiento del
resto de células, y por otro lado, de la infiltración de
estas células anómalas en órganos y tejidos.
El comienzo es casi siempre agudo, de forma brusca
(excepto en los tipos crónicos), y el tiempo que
transcurre entre la aparición de los síntomas y el
momento del diagnóstico generalmente no sobrepasa
los tres meses.
Lo normal es que los pacientes presenten síntomas en el momento del diagnóstico,
pero a veces permanecen asintomáticos (sin síntomas) y la leucemia se diagnostica
al realizar una analítica de sangre. Con frecuencia refieren astenia (cansancio),
anorexia (falta de apetito) y pérdida de peso. La mitad de los pacientes presentan
fiebre y sudoración, sobre todo nocturna. En el 50% de los enfermos se aprecia
diátesis hemorrágica cutánea o mucosa (hemorragias en la piel o las mucosas).
Puede haber dolores articulares y óseos, sobre todo en los niños. Lo más frecuente
es que las células leucémicas invadan el hígado, el bazo y los ganglios linfáticos,
produciendo hepatoesplenomegalia (aumento del tamaño de hígado y bazo) y
adenopatías. En ocasiones puede afectarse el sistema nervioso, con parálisis de
nervios o aumento de la presión intracraneal (dentro del cráneo). La afectación de
otros órganos es rara, aunque en las recaídas pueden afectarse las mamas, los
testículos y la piel o las mucosas.
Diagnóstico de la leucemia
La anemia es un dato prácticamente constante en el paciente con leucemia. Por lo
general la cifra de leucocitos se halla aumentada (leucocitosis), aunque en algunos
casos puede estar disminuida (leucopenia). La cifra de plaquetas es inferior a lo
normal (trombopenia).
Los síntomas que pueden indicar la presencia de la leucemia son debilidad y
sensación de ahogo (a causa de la anemia), infección y fiebre (por la escasez de
glóbulos blancos), y hemorragias (sangrado de la nariz y encías).
Cuando se examina una muestra de sangre del paciente al microscopio, se
observan glóbulos blancos muy inmaduros (blastos). Una biopsia de médula ósea
servirá para confirmar el diagnóstico y determinar qué tipo de leucemia sufre el
paciente.
Los trastornos bioquímicos que se registran con mayor
frecuencia son hiperuricemia (ácido úrico elevado),
hipocalcemia (calcio bajo), hiperfosfatemia (fósforo
elevado), hiperpotasemia (potasio elevado) e incremento de
la actividad sérica de la láctico-deshidrogenasa (LDH).
Estas alteraciones se observan sobre todo en los casos con
leucocitosis, grandes visceromegalias o adenopatías, y
reflejan el elevado recambio celular. En algunos enfermos
se detecta hipogammaglobulinemia (bajo nivel de
gammaglobulinas).
Tratamiento de leucemia
El objetivo del tratamiento de la leucemia es destruir las células cancerosas, para
que las células normales puedan volver a crecer en la médula ósea, y evitar la
recidiva. En general el tratamiento de la leucemia se basa en la quimioterapia y los
trasplantes de médula ósea. Las pautas de la quimioterapia varían dependiendo del
tipo de leucemia, de modo que debe individualizarse para cada paciente.
Durante el tratamiento puede ser necesario realizar transfusiones al enfermo para
corregir la anemia y las hemorragias, y administrarle antibióticos para tratar las
infecciones.
En la quimioterapia se suelen emplear
combinaciones de fármacos, y si las
células leucémicas reaparecen al cabo del
tiempo, el trasplante de médula ósea
puede resultar la mejor alternativa de
curación para el paciente. Sin embargo,
para que esto sea posible es necesario
obtener la médula ósea de una persona
compatible (HLA-compatible) con el
enfermo, normalmente un familiar
cercano
Pronóstico de la leucemia

El pronóstico depende del tipo de leucemia y la edad


y otras circunstancias personales del paciente. La
leucemia linfática aguda, sobre todo en niños cuyas
edades oscilan entre los 3 y los 7 años, tiene un buen
pronóstico, ya que al menos el 50% de los niños está
libre de leucemia cinco años después del tratamiento.
También un alto porcentaje de enfermos de leucemia
mieloide aguda (entre el 50 y el 85%) responde bien
al tratamiento, aunque los adultos mayores de 50 años
que han contraído la enfermedad tras recibir
quimioterapia y radiación como tratamiento de otras
enfermedades tienen peor pronóstico.
En el caso de la leucemia linfática crónica, la enfermedad progresa lentamente, por
lo que el pronóstico se asocia al grado de desarrollo de la leucemia en el momento
del diagnóstico, aunque es peor en aquellos pacientes que están muy anémicos.
El tratamiento actual de la leucemia mieloide crónica no cura la enfermedad,
solo retrasa su avance, y la mayoría de los pacientes mueren en los dos años
posteriores al diagnóstico. Su única posibilidad de curación completa es el
trasplante de médula ósea, que resulta especialmente eficaz en los estadios
iniciales de la enfermedad.

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