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Publicar en Francia bajo Vichy: Camus y El Extranjero

Camus publicó su novela 'El Extranjero' en Francia en 1942, durante la ocupación alemana. Su publicación requirió la aprobación de las autoridades de ocupación y generó debates sobre las implicancias políticas de publicar bajo el régimen de Vichy. El proceso de edición de la novela estuvo rodeado de complejidades que desafían interpretaciones simplistas sobre las posiciones políticas de Camus durante ese período.

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Publicar en Francia bajo Vichy: Camus y El Extranjero

Camus publicó su novela 'El Extranjero' en Francia en 1942, durante la ocupación alemana. Su publicación requirió la aprobación de las autoridades de ocupación y generó debates sobre las implicancias políticas de publicar bajo el régimen de Vichy. El proceso de edición de la novela estuvo rodeado de complejidades que desafían interpretaciones simplistas sobre las posiciones políticas de Camus durante ese período.

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¿Qué implica publicar en Francia en el año 1942, con el régimen de Vichy manteniendo la

apariencia de un gobierno libre y autónomo? En realidad, la pregunta es: ¿quiénes pueden


publicar? Hay respuestas inmediatas. No publican los autores judíos, porque lo prohíben las leyes
sobre el Estatuto de los Judíos promulgadas por el racismo de estado del régimen de Vichy; no
publican los autores de nacionalidad “aliada” ni los autores exiliados o bloqueados fuera de
Francia (Aron, Breton, Saint-John Perse, Caillois, Romains, Maurois, Maritain, etc.). Tampoco
publican, por decisión propia, algunos de los autores que han pasado a la resistencia, como René
Char. “No publicaré –le escribe a su amigo Francis Curel en 1941– hasta que no haya sucedido
algo que dé completamente vuelta la innombrable situación en la que estamos hundidos. Los
motivos me vienen en parte del increíble y detestable exhibicionismo que muestran tantos
intelectuales desde junio de 1940”. Otros escritores resistentes, entre los que se cuenta el propio
Camus, publican en revistas clandestinas que circulan por la zona no ocupada. A partir de
diciembre de 1943, Camus integra el periódico clandestino Combat. Crece además una red
editorial externa a la ciudad de París, que históricamente concentra la producción de impresos en
zona libre (las clandestinas éditions de Minuit fundadas por Jean Bruller y Pierre Lescure); en
Argel (Edmond Charlot, el primer editor de Camus); en Nueva York (French Pantheon Books,
fundada por Jacques Schiffrin, el inventor de La Pléiade que dirigía en Gallimard y que se había
exiliado; en Buenos Aires (Victoria Ocampo, Roger Caillois, la colección La porte étroite y
En esta coyuntura, publicar o no en zona ocupada, con la autorización del ocupante, adquiere una
innegable dimensión política. El 19 de mayo de 1942, aparece El Extranjero con el sello de
Gallimard. La tirada inicial es de 2750 ejemplares –un número notable en la penuria de papel de
la época– y será casi duplicado ese mismo año con una segunda tirada de 4500 ejemplares. Hay
libros que sufren hasta ver la luz, grandes libros que son rechazados en su tiempo; no es el caso de
El Extranjero, que recorre un camino excepcional gracias a padrinos poderosos que le abren las
puertas de la editorial más prestigiosa de Francia a un novelista pied-noir de veintisiete años, que
en ese momento vive en Oran. Ese camino es conocido: el manuscrito, terminado en París en
mayo de 1940, viaja con Camus a Oran en febrero de 1941 y sigue siendo revisado por su autor.
En Argel, Camus había publicado Rebelión en Asturias, El Revés y el Derecho, Bodas con
Edmond Charlot, que generosamente le aconseja publicar la novela en París. Pascal Pia con quien
Camus había trabajado en el diario Alger Républicain, recomienda el libro a Malraux, que lo lee
en mayo de 1941: “El correo trae una mañana un manuscrito: El Extranjero, de Camus, aquel
joven que hizo la puesta en Alger de Los tiempos del desprecio.” Malraux lo lee de un tirón.
Manda el manuscrito a Raymond Gallimard [hermano de Gastón] con este
comentario: ”Importante”. Pia y Malraux contactan a Jean Paulhan, poderoso consejero de Gastón
Gallimard aunque ya no dirija la NRF, en manos de Drieu. En su informe sobre El
Extranjero para el comité de lectura de Gallimard, Paulhan escribe: “Es una novela con mucha
Tomada la decisión de publicar, queda el escollo de la censura. El libro debe obtener la visa de
las autoridades de Ocupación. Esa visa depende del Sonderführer Gerhard Heller, joven nazi de
treinta y dos años en quien ha recaído el deber de regular la vida literaria en Francia. En 1981, el
antiguo censor publicará sus incómodas memorias en Seuil: responden al sugestivo título de Un
alemán en París 1940-1944; en la tapa aparece Heller con uniforme nazi, en el regreso de uno de
los viajes de escritores colaboracionistas a Alemania: a su lado, Drieu La Rochelle (fig. 2). Allí
Heller cuenta cómo leyó de un tirón el manuscrito de El extranjero:

“No conocí a Camus, pero ayudé a facilitar la publicación de su obra. Gallimard quería saber
lo que yo pensaba del libro, si acaso constituía una violación a la regla de autocensura
instituida entonces entre editores y autoridades alemanas. […] Me puse a leer el manuscrito,
cuando lo terminé eran las cuatro de la mañana. Estaba deslumbrado y me parecía que ese libro
aportaba un tono nuevo a la literatura francesa. Esa mañana misma llamé a Madeleine Boudot-
Lamotte [secretaria de Gallimard] y le comuniqué mi acuerdo total, proponiéndole mi ayuda en
caso de dificultades para obtener todo el papel que fuera necesario.”
Drieu, por su parte, siempre ávido de conseguir textos para La NRF que ahora
todos evitan, quiere publicar El extranjero por entregas. Por consejo de su
amigo Pascal Pia, Camus rechaza la propuesta; también le niega la
publicación de avances de El mito de Sísifo. Malraux impulsa y obtiene la
publicación conjunta de la novela y del ensayo que funcionan, dice, como un
díptico. En febrero de 1942, Raymond Queneau, entonces miembro del comité
editorial de Gallimard, le hace llegar una carta a Camus, donde en post
scriptum habla de una “dificultad local” en el ensayo: se trata del capítulo
sobre Kafka, que hay que quitar porque Kafka es judío. Pascal Pia lo incita a
publicar el libro sin censura alguna en Suiza. Sin embargo, Camus acepta el
recorte y la edición de Gallimard de octubre 1942 de El mito de Sísifo aparece
amputada del capítulo sobre Kafka; para su remplazo Camus escribe un texto
sobre Dostoievski y el suicidio. En agosto de 1943, Camus publicará por
separado su estudio sobre Kafka en zona sur, en la revista
clandestina L’Arbalète de Lyon.
Sartre decía que el período de la Ocupación había planteado de modo
excepcional el problema de la libertad del intelectual: “Jamás fuimos tan
libres como durante la Ocupación alemana”, en la medida en que la
absoluta restricción que suponía el régimen obligaba a elegir, a
experimentar la propia libertad en cada palabra, en cada acto. Lottman, más
descarnadamente, pregunta: “Quienes alcanzaron la celebridad en los años
1940-1944, ¿se dieron cuenta de que su carrera se aprovechaba del vacío
creado por los nazis? ¿De que había escritores prisioneros, personas
internadas en campos de concentración, impedidos de hablar, de escribir, de
publicar?”. Gisèle Sapiro habla de “elecciones bajo restricción”, en un
contexto donde jugar un doble juego es un modo de subsistencia y una
forma de resistir: Paulhan, editor de la revista clandestina Les Lettres
Françaises y editor en Gallimard; Gallimard, que emplea a Paulhan y a
Drieu La Rochelle.
En ese marco Camus elige publicar en Francia, a principios de 1942. Lo hace porque
nadie se hubiera enterado si rechazaba la propuesta por una cuestión de principios; o
porque era un desconocido y comprendía, Rastignac mediterráneo, que la publicación
en París era un requisito para la consagración literaria; o porque no se preguntó si
debía hacerlo, ni lo que significaba publicar en París en 1942; o porque casi a pesar
suyo, enfermo en Oran, sus protectores propulsaron a la fama su novela extraordinaria;
o porque buscaba hacer nacer sentimientos prohibidos con palabras autorizadas; o
porque la censura de Kafka en zona ocupada se compensaba con la publicación de
Kafka en zona libre; o porque simplemente tenía que subsistir, como tantos otros, por
las vías de la edición tradicional. O por todas esas razones juntas. La variedad de las
respuestas deriva de la incomodidad de la pregunta, y las acrobacias retóricas a las que
por momentos recurren los exégetas revelan un punto de resistencia en la
interpretación del contexto que, en la medida en que no se lo acepta en su complejidad,
no cede. Por lo demás, no se trata de buscar atenuantes ni de escribir hagiografías sino
de entender, y quizá también de apartarse del lugar del “honor”, las “letras de nobleza”
o “la buena fe” de los autores, palabras que vuelven en los artículos de los colegas
La densa complejidad que rodea el proceso de edición
de L’Étranger confirma una evidencia metodológica no siempre
atendida frente a autores tan sacralizados como Camus: hasta qué
punto es necesario reponer archivos, resituar contextos y dejar
abiertas algunas preguntas cuando se busca analizar los
posicionamientos políticos de los escritores en un tiempo que ya
no es el nuestro.

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