VIDA ECLESIAL
La Iglesia en el designio de Dios.
3.1.1 Origen, fundación y misión de la Iglesia
Un designio nacido en el corazón del Padre
"El Padre eterno creó el mundo por una decisión totalmente libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. Decidió elevar
a los hombres a la participación de la vida divina" a la cual llama a todos los hombres en su Hijo: "Dispuso convocar a
los creyentes en Cristo en la santa Iglesia".
La Iglesia, prefigurada desde el origen del mundo
"El mundo fue creado en orden a la Iglesia". Dios creó el mundo en orden a la comunión en su vida divina, comunión
que se realiza mediante la "convocación" de los hombres en Cristo, y esta "convocación" es la Iglesia. «Así como la
voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención es la salvación de los hombres y se llama
Iglesia» (Clemente Alejandrino, Paedagogus 1, 6).
La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza
La reunión del pueblo de Dios comienza en el instante en que el pecado destruye la comunión de los hombres con Dios y la
de los hombres entre sí. La reunión de la Iglesia es por así decirlo la reacción de Dios al caos provocado por el pecado. Esta
reunificación se realiza secretamente en el seno de todos los pueblos: desde la vocación de Abraham, (cf Gn 12, 2; 15, 5-6),
la elección de Israel como pueblo de Dios (cf Ex 19, 5-6; Dt 7, 6) y una Alianza nueva y eterna (cf. Jr 31, 31-34; Is 55, 3).
La Iglesia, instituida por Cristo Jesús: Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de
los tiempos; ese es el motivo de su "misión". "El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es
decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras"
La Iglesia, manifestada por el Espíritu Santo: "Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la
tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia". Es entonces
cuando "la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud; se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos
mediante la predicación" Como ella es "convocatoria" de salvación para todos los hombres, la Iglesia es, por su misma
naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (cf. Mt 28, 19-20; AG
2,5-6).
La Iglesia, consumada en la gloria
769 La Iglesia "sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo", cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta ese día, "la
Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios" (San
Agustín, De civitate Dei 18, 51; cf. LG 8)
3.1.2 La Iglesia, misterio de salvación
La palabra griega μυστήριο ha sido traducida como: misterio y sacramento. En la
interpretación posterior, el término sacramento expresa mejor el signo visible de la
realidad oculta de la salvación, indicada por el término mysterium. En este sentido, Cristo
es Él mismo el Misterio de la salvación. La obra salvífica de su humanidad santa y
santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos
de la Iglesia. Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el
Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su
Cuerpo. La Iglesia contiene, por tanto, y comunica la gracia invisible que ella significa.
Cuadro Síntesis: Origen y fundación
Designio de Prefigurada Preparada en Manifestada Consumada
Dios Padre desde el la Antigua por el en la gloria
origen del Alianza Espíritu
mundo Santo
3.2
La Iglesia, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Te
mplo del Espíritu Santo
.
Dios quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y
aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le
conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Eligió, pues, a
Israel, hizo una alianza con él y lo fue educando poco a poco. Le fue
revelando su persona y su plan a lo largo de su historia y lo fue
santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como preparación y figura
de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en Cristo, convocando a
las gentes de entre los judíos y los gentiles para que se unieran, no según
la carne, sino en el Espíritu"
Las características del Pueblo de Dios
— Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo. Pero Él ha adquirido para sí
un pueblo.
— Se llega a ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino por el
"nacimiento de arriba", "del agua y del Espíritu" (Jn 3, 3-5), es decir, por la fe en
Cristo y el Bautismo.
— Este pueblo tiene por Cabeza a Jesús el Cristo [Ungido, Mesías].
— "La identidad de este Pueblo, es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en
cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo".
— "Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo mismo nos amó
(cf. Jn 13, 34)"
— Su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16).
— "Su destino es el Reino de Dios, que él mismo comenzó en este mundo, llegar
a la perfección.
La Iglesia: Cuerpo de Cristo
“Un solo cuerpo”: Los creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen miembros
del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a Cristo: "La vida de Cristo se
comunica a a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y glorificado, por medio de los
sacramentos de una manera misteriosa pero real" (LG 7). Esto es particularmente verdad
en el caso del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo
(cf. Rm 6, 4-5; 1 Co 12, 13), y en el caso de la Eucaristía, por la cual, "compartimos
realmente el Cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la comunión con él y entre nosotros" (
LG 7).
Cuerpo de Cristo: Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre Él y los
que le sigan: "Permaneced en mí, como yo en vosotros [...] Yo soy la vid y
vosotros los sarmientos" (Jn 15, 4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real
entre su propio cuerpo y el nuestro: "Quien come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 56).
La Iglesia: Templo del Espíritu Santo
"Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros
miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo,
para el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia"; san Agustín, Sermo 268, 2).
El Espíritu Santo es "el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas
las partes del cuerpo" (Pío XII). Actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el
cuerpo en la caridad:
a) por la Palabra de Dios, "que tiene el poder de construir el edificio" (Hch 20, 32):
b) por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (cf. 1 Co 12, 13);
c) por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo;
d) por "la gracia concedida a los apóstoles“
e) por las virtudes que hacen obrar según el bien:
f) por las múltiples gracias especiales [llamadas "carismas"] mediante las cuales los fieles
quedan "preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen
a renovar y construir más y más la Iglesia"
3.3 La Iglesia es una, santa, católica y apos
tólica Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican
rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión.
.
La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un
solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un
solo Espíritu, orientado a una única esperanza (cf Ef 4, 3-5) a cuyo
término se superarán todas las divisiones.
La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se
entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica.
Aunque comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata"
("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla
su santidad; en María es ya la enteramente santa.
La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y
administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos
los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos;
"es, por su propia naturaleza, misionera"
La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: los
doce Apóstoles del Cordero (Ap 21, 14); es indestructible (cf. Mt 16,
18); se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por
medio de Pedro y los demás Apóstoles, presentes en sus sucesores, el
Papa y el colegio de los obispos.
3.4 Los fieles de Cristo: jerarquía, laicos y vida
consagrada
"Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros
sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman
laicos". Hay, por otra parte, fieles que perteneciendo a uno de ambos
grupos, por la profesión de los consejos evangélicos, se consagran a Dios
y sirven así a la misión de la Iglesia (CIC, can. 207, 1, 2)
Pueblo de Dios
Jerarquía de
la Iglesia
Consagrados
Religiosos