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CCE 1067: “En la liturgia, la Iglesia cele-
bra principalmente el misterio pascual por
el que Cristo realizó la obra de nuestra
salvación”. En el centro de toda acción li-
túrgica se sitúan los ritos y fiestas que ce-
lebran el misterio pascual de un modo nu-
clear: la Eucaristía y el triduo pascual.
Ya desde los tiempos apostólicos, la Iglesia tuvo conciencia de que
el anuncio y la presencia del misterio de la salvación acontecían en
las celebraciones de culto. Misterio era para la literatura patrística
la categoría teológica que expresaba tanto la acción salvadora de
Dios en Cristo, como su celebración en el culto.
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Para las primeras generaciones cristianas, las acciones de culto no
se limitaban a ser la expresión ritual de la propia pertenencia a una
comunidad religiosa, sino auténticos misterios y, por consiguiente,
obra de Dios.
En el AT la Pascua es aquella celebración anual que,
en el libro del Éxodo, había recibido el significado
de actualizar ritualmente la liberación de la esclavi-
tud de Israel.
Con la muerte y resurrección de Cristo, acontece la liberación plena
de la esclavitud (del pecado y de la muerte) y la constitución per-
fecta del pueblo elegido (la Iglesia), la nueva y definitiva Alianza,
ahora a favor no sólo de una nación, sino de todos los hombres de
todos los tiempos.
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En el AT el rito memorial de la Pascua es, al mismo tiempo, signo
rememorativo de un acontecimiento de salvación del pasado, mani-
festativo de su presencia actual en el hoy y ahora de la celebración
de culto, y profético de su consumación futura.
En el NT la celebración eucarística, raíz de
la liturgia eclesial, fue instituida por el Señor
–y así interpretada por la Iglesia- como el
memorial litúrgico de la nueva y definitiva
Pascua, es decir, de la plena liberación y
alianza eterna que Cristo mismo sellaría con
su sacrificio en la cruz.
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CELEBRACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO, 4
CCE 1363: “En el sentido empleado por la
Sagrada Escritura, el memorial no es sola-
mente el recuerdo de los acontecimientos
del pasado, sino la proclamación de las ma-
ravillas que Dios ha realizado a favor de los
hombres. En la celebración litúrgica, estos
acontecimientos se hacen, en cierta forma,
presentes y actuales”.
CCE 1364: “El memorial recibe un sentido nuevo en el NT. Cuando
la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo
y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez
para siempre en la cruz, permanece siempre actual”.
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CELEBRACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO, 5
En su estructura y realidad última, la liturgia es ante todo una obra
del amor misericordioso de las tres divinas Personas en favor de
los hombres (opus Trinitatis). Pero además, en su dimensión de
respuesta humana al don ofrecido, la liturgia es también una acción
de la Iglesia (actio Ecclesiae).
CCE 1076: “El día de Pentecostés, por la
efusión del Espíritu Santo, la Iglesia se ma-
nifiesta al mundo. El don del Espíritu inau-
gura un tiempo nuevo en la dispensación
del Misterio: el tiempo de la Iglesia, durante
el cual Cristo manifiesta, hace presente y
comunica su obra de salvación mediante la
Liturgia de su Iglesia ‘hasta que él venga’
(1 Co 11, 26)”.
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CELEBRACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO, 6
CCE 1068: “es el misterio de Cristo lo que la Iglesia
anuncia y celebra en su liturgia, a fin de que los fie-
les vivan de él y den testimonio del mismo al mundo”.
La celebración litúrgica “no sólo recuerda los
acontecimientos que nos salvaron, sino que los
actualiza, los hace presentes” (CCE 1104).
CCE 1085: “El misterio pascual de Cristo (...) no puede permanecer
solamente en el pasado, pues su muerte destruyó a la muerte, y todo
lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres parti-
cipa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos
se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la
Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida”.
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Sin perder su carácter simbólico, el rito ecle-
sial de culto es primordialmente una acción
sacramental: “la obra de Cristo en la liturgia
es sacramental, porque su misterio de salva-
ción se hace presente en ella por el poder de
su Espíritu Santo” (CCE 1111). Este prin-
cipio subraya la íntima conexión entre la
epíclesis (invocación al Padre para que en-
víe su Espíritu santificador) y la presencia
del misterio de Cristo (anámnesis).
Se llama “economía sacramental” “la comunicación (o ‘dispensa-
ción’) de los frutos del misterio pascual de Cristo en la celebra-
ción de la liturgia ‘sacramental’ de la Iglesia” (CCE 1076).
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CELEBRACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO, 8
El ser de la celebración litúrgica no es otro que su ser actualización
perenne de la Palabra de salvación en y por medio del rito de culto.
En la celebración litúrgica, el misterio de la salvación se actualiza
y se manifiesta mediante el rito.
Ni la Iglesia ni su liturgia crean el misterio de
Cristo: antes bien, tanto en el orden de la inteli-
gencia (teología) como en el de la historia (reve-
lación), primero es el acontecimiento salvador
de Cristo y después su celebración memorial.
El rito de culto se encuentra en el fundamento
mismo de la posibilidad del acontecer litúrgico
y de la fe como acontecimiento salvador en la
historia.