Temas de fe católica
Es un programa de La Tele en el que se abordan
las principales verdades de la fe cristiana
con los textos del libro
«Síntesis de la fe católica»
del sitio web del Opus Dei:
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P. Juan María Gallardo
Tema 11. El testimonio evangélico
Juan Chapa
Sumario
• Composición y autenticidad
de los evangelios
• Fiabilidad histórica
• Imagen de Cristo según
los evangelios
Composición y autenticidad de los evangelios
Jesús predicó
el Evangelio de Dios.
Jesús no solo es
el mensajero de
esa buena nueva,
sino que el mensaje
se refiere a él mismo.
Tras la resurrección,
Jesús envió a los
apóstoles a «predicar el
Evangelio a toda
criatura» (Mc 16,15).
El contenido de ese
Evangelio era lo que dijo e
hizo.
Jesús en su vida
terrena, así como su
pasión, muerte y
resurrección,
mostrando que en Él…
las promesas del AT
habían llegado a plenitud.
De esta misión
apostólica nacen los
“evangelios”,
se llaman así por
contener
por escrito el Evangelio
predicado.
Nos han llegado cuatro Mateo, Marcos, Lucas y Juan
testimonios de un único
Evangelio:
los de Mateo, Marcos,
Estos cuatro
relatos son el
resultado de un
largo proceso de
composición, que
se
suele dividir en
tres etapas:
1) La vida y enseñanzas
de Jesús en Palestina
durante las tres primeras
En estos años sus
discípulos fueron oyentes
y testigos de los signos y
milagros que realizó su
Maestro.
Además, fueron enviados
por Él a predicar su mensaje,
lo que implicaba aprender
aquello que debían transmitir.
Es un periodo en el que la
memoria juega un papel muy
importante.
2) Tras la muerte y
resurrección de Jesús, se
desarrolla
la tradición oral.
En este tiempo los
apóstoles predicaron lo
que el Señor había dicho y
hecho con la asistencia del
Espíritu de la verdad (Jn
16,13).
Es un periodo de otros 30-
40 años
durante el cual la tradición
sobre Jesús se expande
de forma oral
desde Palestina hasta
muchos otros
lugares del Imperio
romano.
En estas décadas,
seguramente las
tradiciones
sobre Jesús iban también
cuajando en algunas formas
escritas
(enseñanzas y dichos de Jesús,
milagros realizados por él,
el relato de su pasión y muerte, etc.)
y se iban adaptando a las
necesidades
de los oyentes gracias a la
predicación,
la catequesis y las celebraciones
litúrgicas.
3) Desde finales de la década de los
60
—cuando van desapareciendo la
mayor parte de quienes habían sido
testigos directos de la vida y obra de
Jesús y
los evangelistas pusieron por
escrito en forma de relato algunas
de las muchas cosas que se
transmitían
de manera oral o escrita.
Para ello sintetizaron esas
tradiciones o desarrollaron otras
según las nuevas
circunstancias en que vivían las
distintas
comunidades cristianas.
En su tarea conservaron el
estilo de la proclamación
Los evangelios no indican en el
texto quiénes fueron sus autores.
Son obras anónimas.
En el siglo II existía ya un consenso
de que estos escritos eran solo
cuatro
y que las autoridades que estaban
detrás de ellos eran las figuras
apostólicas de Mateo, Marcos,
Lucas y Juan.
Así lo recogen Papías de Hierápolis
(transmitido por Eusebio de
Cesarea), san Ireneo, Clemente de
Alejandría y el Canon de Muratori,
que transmiten los más antiguos
testimonios sobre
la autoría de los evangelios.
Por ejemplo, san Ireneo escribe:
«Mateo publicó entre los hebreos en su propia lengua, una
forma escrita de evangelio, mientras que Pedro y Pablo en
Roma anunciaban el evangelio y fundaban la Iglesia. Fue
después de su
partida cuando Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, nos
transmitió también por escrito lo que había sido predicado por
Pedro. Lucas, compañero de Pablo, consignó también en un libro
lo que había sido predicado por éste. Luego Juan, el discípulo del
Señor, el mismo que había descansado sobre su pecho (Jn 13,23)
publicó también el evangelio mientras residía en Éfeso»
(Contra las herejías, 3,1,1).
Con estas palabras, el obispo de
Lyon está demostrando el origen
apostólico de los cuatro evangelios
canónicos.
Son auténtica y verdadera
tradición de los apóstoles.
Un escrito es auténtico
cuando tiene realmente
como autor a la persona
a quien se le atribuye.
Los Evangelios también son
auténticos por su contenido
(fiel a la Tradición, que es el
mensaje de Nuestro Señor)
No conocemos el
modo concreto
en que fueron
compuestos
estos relatos.
Hoy en día
se considera que
la obra de Marcos
favoreció
la relación entre evangelio oral
y evangelio escrito y se
convirtió
en el prototipo de “evangelio”.
Los otros evangelistas
habrían adoptado el esquema
de este primer relato
añadiendo material que
no estaba presente en
Marcos.
Cada evangelista tuvo
en cuenta las
circunstancias de las
comunidades
a quienes se dirigían.
No son biografías de Jesús sino
Fiabilidad histórica
No son crónicas
contemporáneas de la
vida de Jesús escritas
por un testigo.
Son relatos fieles a la
tradición apostólica,
que, a su vez, es fiel
a la predicación y
vida de Cristo.
Es decir, los apóstoles no
repetían simplemente lo que
Jesús había dicho o narraban
con detalle
lo que había hecho.
Transmitían la vida de
Jesús otorgándole un
significado.
La predicación apostólica narra
unos hechos históricos
indiscutibles con un sentido
salvífico para toda la humanidad.
La realidad
histórica no se
puede separar de la
enseñanza.
Otras fuentes no bíblicas
avalan lo que estos
cuatro relatos contienen.
Hallazgos arqueológicos
apoyan lo narrado en los
evangelios.
Los textos encontrados en
El testimonio del
historiador judeo-romano
Flavio Josefo y otras
fuentes paganas: Tácito,
Suetonio, Plinio.
Los evangelios son testimonios de
fe y son fiables históricamente.
Como escribe san Juan, hay
muchas otras cosas que no se
recogieron.
Imagen de Cristo según los evangelios
Jesús es presentado por san Mateo
con toda su majestad,
pues es el Hijo de Dios
(cf. 1,20; 27,54).
Es también el Mesías prometido.
En él se cumplen los
anuncios de los profetas del
AT.
Jesús anunció que Dios se
formaría un nuevo pueblo
«que rinda frutos»
Ese nuevo pueblo es la Iglesia.
En ella, Jesús es el Maestro,
pero, sobre todo, el Emmanuel
—Dios con nosotros—.
Es, finalmente, el Siervo del
Señor
anunciado por Isaías,
que con sus palabras
y sus milagros cumple
el plan de salvación
de Dios con los hombres.
Para san Marcos Jesús es
también el Mesías anunciado
en el AT, y es presentado
realizando las obras
del Mesías prometido.
San Lucas destaca que Jesús
es el Profeta por excelencia.
Para el tercer evangelista,
Jesús es también el Salvador.
En Él se cumplen las
promesas de salvación
hechas por Dios a
los patriarcas y profetas de
Israel.
“Hijo del Hombre” es un título que
evoca la visión del libro de Daniel
que anuncia que un ser celestial,
«como un hijo de hombre»,
vendrá desde lo alto y recibirá
el poder sobre todas las naciones
(Dn 7,13-14).
San Marcos subraya que Jesús
es el “Hijo de Dios”.
Asimismo, Jesús es el Señor.
Con este título se designaba a
Dios entre los judíos para evitar
pronunciar su santo nombre.
San Lucas hace abundante uso
de este título referido a Jesús,
indicando así su condición
divina desde el nacimiento hasta
la resurrección.
Jesús según san Juan es, de
nuevo, el Mesías prometido de
Israel y
también el Profeta y Maestro
(Rabbí).
San Juan subraya que es
“el Hijo”, el Unigénito (1,14.18),
el único verdaderamente Hijo,
de quien Dios es su Padre de
modo diferente a como lo es de
los demás hombres.
Es la Palabra
sempiterna del Padre, el
Logos,
que ha creado y
sostiene el mundo,
y ha sido enviada
como Palabra última y
decisiva de Dios a la
humanidad para revelar
a los hombres quién
es Dios.
Es una sola cosa con Padre.
Además, como Hijo de Dios,
Jesús es preexistente.
Se hace carne y ha puesto
su morada entre los hombres.
Es aquel en quien se cumplen
algunos rasgos que en el AT se
atribuían a Dios:
Jesús es el Pan de
Vida, la Luz del
mundo,
la Puerta (de las
ovejas),
el Buen Pastor,
la Resurrección y la
Vida,
el Camino, la Verdad y la
Vida, la Vid.
Es quien puede utilizar la
expresión “Yo soy” en
sentido absoluto para
indicar su condición divina.
Es también el “Hijo del
Hombre”, verdaderamente
hombre,
que ha bajado del cielo para
morir,
el Cordero de Dios que
quita los pecados del
mundo muriendo en la
cruz.
Los evangelios no
son libros que
presentan a Jesús
como una figura del
Son palabra actual,
en los que Jesús
está siempre vivo.
Por eso, san
Josemaría podía
aconsejar:
«¡Vive junto a Cristo!: debes ser,
en el Evangelio, un personaje
más, conviviendo con Pedro, con
Juan, con Andrés..., porque
Cristo
también vive
ahora:
Iesus Christus,
heri et hodie,
ipse et in
—¡Jesucristo vive!,
sæcula!
hoy como ayer: es el
mismo, por los siglos de los
siglos» (Forja, 8).
Bibliografía básica
—Concilio Vaticano II, Dei Verbum, nn. 18-19
—Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 124-127.
Lecturas recomendadas
—Facultad de Teología de la Universidad de Navarra,
“Introducción a los Santos Evangelios” e
“Introducciones” a cada evangelio, en
Sagrada Biblia. Nuevo Testamento,
Pamplona: Eunsa, 2008.
P. Juan María Gallardo