LAUDES
Quinto domingo
de Pascua
V/ Señor, ábreme los
labios
R/ Y mi boca
proclamará tu alabanza
INVITATORIO – SALMO 94
Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor, Aleluya.
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Se repite la antífona
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Se repite la antífona
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Se repite la antífona
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras».
Se repite la antífona
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».
Se repite la antífona
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona
HIMNO
Estaba al alba María,
llamándole con sus lágrimas.
Vino la Gloria del Padre
y amaneció el primer día.
Envuelto en la blanca túnica
de su propia luz divina
la sábana de la muerte
dejada en tumba vacía,
Jesús, alzado, reinaba;
pero ella no lo veía.
Estaba al alba María,
la fiel esposa que aguarda.
Mueva al Espíritu al aura
en el jardín de la vida.
Las flores huelen la Pascua
de la carne sin mancilla,
y quede quieta la esposa
sin preguntar ni fatiga.
¡Ya está delante el esposo,
venido de la colina!
Estaba la alba María,
porque era la enamorada. Amén.
SALMODIA
Salmo 62
Ant. El que tenga sed que venga a beber de balde
el agua que da la vida. Aleluya.
¡Oh Dios!, vos sos mi Dios, por vos madrugo,
mi alma está sedienta de vos;
mi carne tiene ansias de vos,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.
¡En el lecho me acuerdo de vos
y velando medito en vos,
porque fuiste mi auxilio,
y a las sombras de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a vos,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El que tenga sed que venga a beber de balde
el agua que da la vida. Aleluya.
Cántico – Dn. 3,57-88. 56
Ant. Adorad al Señor que ha creado el cielo y la tierra,
el mar y las fuentes del agua. Aleluya.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieve, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzadlo, por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Adorad al Señor que ha creado el cielo y la tierra,
el mar y las fuentes del agua. Aleluya.
Salmo 149
Ant. Los fieles festejan su gloria. Aleluya.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes coa argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Los fieles festejan su gloria. Aleluya.
LECTURA BREVE
Hch. 10,40-43
Dios resucitó a Jesús al tercer día e hizo que se
apareciese no a todo el pueblo, sino a nosotros, que somos
los testigos elegidos de antemano por Dios. Nosotros
hemos comido y bebido con él, después que Dios lo
resucitó de entre los muertos. Y él nos mandó predicar al
pueblo y atestiguar que ha sido constituido por Dios juez
de vivos y muertos. De él hablan todos los profetas y
aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su
nombre el perdón de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo ten piedad de nosotros.
Aleluya, aleluya.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo ten piedad de nosotros.
Aleluya, aleluya.
V. Tú que has resucitado de entre los muertos.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo ten piedad de nosotros.
Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Cántico de Zacarías – Lc. 1,68-79
Ant. «El que permanece en mí, como yo en él, da
mucho fruto», dice el Señor. Aleluya.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres, recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. «El que permanece en mí, como yo en él, da
mucho fruto», dice el Señor. Aleluya.
PRECES
Oremos a Cristo, autor de la vida, a quien Dios resucitó de
entre los muertos, quien por su poder nos resucitará también a
nosotros, y digámosle:
Cristo, vida nuestra, sálvanos.
-Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la
vida y salvador de los que han muerto, concédenos vivir hoy
en tu alabanza. R/.
-Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la
cruz, concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte,
resucitemos también contigo. R/.
-Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho
de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, enséñanos a
ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza. R/.
-Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu
manifestación gloriosa, para poder contemplar tu rostro y ser
semejantes a ti. R/.
(Se pueden añadir algunas intenciones libres).
Dirijámonos ahora al Padre con las palabras que el
Espíritu del Señor resucitado pone en nuestra boca:
Padre Nuestro…
ORACIÓN
Dios nuestro, que nos has enviado la redención y
concedido la filiación adoptiva, protege con bondad
a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra
fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia
eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.