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Movimientos Sociales en la España Liberal

1. Los primeros movimientos sociales en España surgieron en respuesta a las precarias condiciones laborales de los obreros industriales en Cataluña y a las revueltas campesinas motivadas por la desamortización de tierras. 2. La llegada del internacionalismo en la década de 1860 permitió la formación de sindicatos y la difusión del anarquismo y socialismo. 3. El Sexenio Democrático posterior a 1868 facilitó el desarrollo de sindicatos vinculados a la Primera Internacional así como las ideas republicanas y utópic
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Movimientos Sociales en la España Liberal

1. Los primeros movimientos sociales en España surgieron en respuesta a las precarias condiciones laborales de los obreros industriales en Cataluña y a las revueltas campesinas motivadas por la desamortización de tierras. 2. La llegada del internacionalismo en la década de 1860 permitió la formación de sindicatos y la difusión del anarquismo y socialismo. 3. El Sexenio Democrático posterior a 1868 facilitó el desarrollo de sindicatos vinculados a la Primera Internacional así como las ideas republicanas y utópic
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LOS PRIMEROS MOVIMIENTOS SOCIALES EN LA ESPAÑA LIBERAL.

 
 
1. El débil y tardío proceso de industrialización español condicionó la existencia de una “clase obrera”
raquítica, y desde luego cuantitativamente inferior que la de las sociedades europeas más industrializadas.

2. La mayoría de ese proletariado industrial se hallaba, además, fuertemente concentrado en algunos


enclaves que lograron un alto grado de concentración en la inversión de capitales, y un declarado éxito en
la modernización tecnológica y el incremento de la capacidad productiva de determinados subsectores
industriales (Cataluña, y posteriormente el País Vasco, Asturias o Valencia).

3. Esto no debe hacernos perder de vista el reducido peso de la industria en el conjunto nacional. Hacia
1875, en la mayor parte del territorio nacional continuaban predominando las actividades tradicionales.
Además, los sectores predominantes en la actividad manufacturera continuaban vinculados a la producción
de alimentos y vestidos, o a la satisfacción de las necesidades más elementales de la población.

4. En 1856 las industrias alimenticias representaban más de la mitad del total de la industria nacional, y
alcanzaban en regiones como Andalucía, Asturias, Canarias o Extremadura un porcentaje superior al 75 %
de su estructura industrial. Las industrias que podemos denominar “nuevas”, como la metalurgia o la
química, apenas superaban, cada una de ellas, el 3 % del total de la industria nacional.
5. Por último, la distribución geográfica de la actividad industrial
resultaba enormemente desequilibrada. Cataluña, hacia mediados
del siglo XIX, concentraba la cuarta parte de toda la industria
nacional, y el cociente entre su peso demográfico y su peso
industrial duplicaba la media del conjunto del territorio español.

6. Frente a esta precaria industrialización, la existencia de 2


millones de obreros agrícolas, y la fuerte concentración de la
población jornalera en algunas regiones de predominio de la gran
propiedad como Extremadura o Andalucía, propiciaron el
surgimiento de importantes agitaciones campesinas.
 
I. Los inicios del sindicalismo.
 
1. Las primeras asociaciones de carácter sindical nacieron en Cataluña, espoleadas
por las estrategias empresariales dentro del sector textil orientadas a incrementar la
productividad del trabajo sin ofrecer a cambio recompensas salariales.

2. En respuesta a esto último, los trabajadores emprendieron acciones coordinadas, se


reunieron en asambleas, eligieron comisiones de representantes y, finalmente,
constituyeron en Barcelona, en 1840, la denominada Sociedad de Tejedores, al
amparo de una ley que permitía la fundación de asociaciones mutualistas y
cooperativas.

3. El sindicalismo se desarrolló a lo largo de la década de los 40, pese a la oposición


empresarial. Los primeros sindicatos eran más bien federaciones que agrupaban a los
trabajadores de un mismo oficio. Se trataba más bien de formas de asociación que
respondían a los moldes del corporativismo y el gremialismo propios de las
sociedades preindustriales.
4. Estas organizaciones, además de cumplir una función reivindicativa elemental,
desempeñaron asimismo funciones asistenciales, comportándose como Sociedades de
Socorro Mutuo, que se nutrían de las aportaciones de los trabajadores y procedían a la
constitución de Cajas de Resistencia.

5. Pero fue durante la crisis de 1854 cuando se desarrolló en Barcelona la primera huelga
general. Estuvo motivada por la introducción de una nueva maquinaria hiladora, cuya
aparición fue interpretada como un factor propiciatorio en la disminución de las
demandas de empleo. La reacción de los obreros fue espectacular, se produjeron grandes
manifestaciones y violentos choques con las fuerzas del orden. La represión generó un
movimiento de solidaridad, así como la ocupación de algunas fábricas y la destrucción de
maquinaria.

6. Durante los años del Bienio Progresista se produjeron múltiples agitaciones sociales y
laborales, destacando la huelga sostenida en las fábricas laneras de Béjar en 1856, la de
los trabajadores de Alcoy en 1857 o la de los hiladores de Antequera ese mismo año.
 
II. Las revueltas agrarias.
 
1. Motivadas, muchas de ellas, por los efectos perniciosos para el campesinado y los jornaleros
provocados por la desamortización civil.
2. Fue a partir del Bienio Progresista, cuando extensos colectivos del campesinado de amplias
comarcas agrícolas del mediodía español contemplaron impotentes el proceso de privatización de
anteriores espacios comunales o vecinales, impulsado por la desamortización civil emprendida
desde 1855 en adelante.
3. Los levantamientos jornaleros adoptaron en muchas ocasiones las formas violentas de la
ocupación de tierras, el reparto de las mismas entre los jornaleros y campesinos más pobres de
cada localidad, el incendio de los registros notariales de la propiedad o, en otros muchos casos, el
enfrentamiento violento con las fuerzas del orden público, y especialmente con la Guardia Civil.
4. En 1855 se produjo un levantamiento campesino de ocupación de tierras que afectó a las
regiones de Andalucía, Aragón y Castilla. En 1857 una importante revuelta prendió en los
pueblos de Utrera y El Arahal, y entre 1861 y 1867 se mantuvo una elevada tensión en casi todo
el campo andaluz. La revuelta ocupó Loja, varias aldeas de la campiña del Genil y amenazó la
ciudad de Cádiz. Seiscientos campesinos de alzaron en Loja, provocando el levantamiento de
cuarenta y tres pueblos de las provincias de Málaga, Granada, Almería y Jaén.
III. La llegada del Internacionalismo.
 
1. La revolución de 1868 abrió un periodo de democratización y reconocimiento de
libertades individuales y colectivas conocido como el Sexenio Democrático.

2. La nueva situación política de permisividad y reconocimiento del derecho de asociación,


permitió que numerosas organizaciones sindicales obreristas saliesen de la clandestinidad.
Asimismo, la nueva situación política hizo posible la llegada a España de los ideales del
anarquismo y el socialismo que se habían expandido en Europa durante las décadas
precedentes.

3. En este periodo se formaron, pues, los primeros núcleos sindicales y políticos


vinculados a la I Internacional constituida en Londres el año 1864.
 
IV. Utopismo y Republicanismo.
 
1. La llegada a España de los ideales del socialismo utópico se produjo fundamentalmente
a través de la ciudad de Cádiz, donde se difundió el pensamiento de algunos socialistas
utópicos como Saint-Simon, Cabet o Fourier.

2. El más destacado de los socialistas utópicos españoles fue el fourierista gaditano


Joaquín Abréu, quien defendió la creación de “falansterios”, para instaurar un orden
económico y social más justo, solidario y equitativo como alternativa a la producción
fabril capitalista.

3. Desde Andalucía las propuestas del socialismo utópico llegaron a Madrid de la mano de
Fernando Garrido, quien defendió el cooperativismo como respuesta al capitalismo. En
Barcelona se constituyó un pequeño núcleo de “cabetianos” y saint-simonianos alrededor
de Felipe Monlau o Narcís Monturiol.
4. Todos estos movimientos fueron casi puramente testimoniales, o
simplemente conducidos por determinadas personalidades y teóricos.
Mucha más importancia tuvo la difusión de los ideales del
republicanismo federal, que encontró un amplio eco entre aquellos
colectivos de obreros, campesinos y jornaleros más radicalizados y
politizados por las experiencias de las revueltas políticas y las luchas
urbanas de los años centrales del siglo XIX.

5. Fue en los años inmediatamente posteriores a 1868 cuando la


ideología republicana alcanzó su mayor apogeo. La mencionada
ideología se basada en un programa que exigía la instauración de un
régimen republicano y democrático, la descentralización política y
administrativa del Estado, la potenciación del municipalismo y un
amplio reformismo social que reconociese los derechos de los
trabajadores y contribuyese a la mejora de sus condiciones laborales.
V. La Internacional en España.
 
1. La I Internacional llegó a ser conocida en España gracias a la gira propagandística que llevó a
cabo el anarquista Giuseppe Fanelli en 1868. Este último venía enviado por Bakunin, y
pertenecía a la “bakuninista” Alianza Internacional de la Democracia Socialista.
2. Fanelli ayudó a la creación de los primeros núcleos de afiliados a la AIT (Asociación
Internacional de Trabajadores) en Madrid y Barcelona, en la que tomaron parte igualmente
destacados sindicalistas como Anselmo Lorenzo o Ramón Farga Pellicer.
3. Los principios ideológicos y organizativos difundidos por Fanelli estaban inspirados en el
“bakuninismo” (supresión del Estado, antipoliticismo, espontaneísmo revolucionario,
colectivismo, etc.), por lo que desde muy pronto, los ideales anarquistas prendieron entre los
obreros catalanes y los jornaleros andaluces.
4. En 1870 tuvo lugar la celebración en Barcelona del I Congreso Obrero, donde se procedió a
la constitución de la Federación Regional Española (FRE) de la AIT. En el transcurso de tal
evento se aprobó el empleo de la huelga como medio de acción, y la necesidad de proceder a la
formación del obrero y su capacitación para la revolución social. Se acordó asimismo el carácter
apolítico del movimiento, y la recomendación a las asociaciones obreras de no participar en
ningún movimiento social que persiguiese la transformación de la sociedad capitalista por
medio de “meras reformas políticas”.
5. La sección española de la AIT alcanzó su máximo esplendor en 1873, cuando
contaba con 40.000 afiliados integrados en más de doscientas federaciones locales.
Cataluña se erigió en la región con la mayor concentración de sindicatos y
asociaciones adscritas a la sección española de la AIT, aunque también se crearon
núcleos de importancia en Andalucía (Carmona, Jerez de la Frontera, etc.), Valencia
(Alcoy) y Castilla (Madrid, Valladolid, etc.).

6. Pronto se produjo la escisión en el seno de la FRE. Desde 1871, Paul Lafargue,


yerno de Marx, se había instalado en Madrid y había procedido a la difusión de los
principios marxistas y a la constitución de asociaciones y sindicatos inspirados en los
mismos. Con su ayuda se constituyó en Madrid un grupo de internacionalistas más
afines a las tesis de Marx que a las de Bakunin. Entre ellos se encontraban algunos
tipógrafos como Pablo Iglesias. A través de su órgano de prensa (“La Emancipación”),
el núcleo madrileño de la FRE comenzó a propagar un programa inspirado en la
conquista del poder político por la clase trabajadora.
7. Las disensiones entre anarquistas y marxistas culminaron en 1872 con la
expulsión del grupo madrileño de la FRE, que procedió inmediatamente después
a la constitución de la denominada Nueva Federación madrileña, de carácter
marxista. Este último fue siempre un grupo minoritario, debido al amplio
predicamento que los ideales anarquistas y bakuninistas entre la inmensa
mayoría de los sindicatos y las asociaciones de la sección española de la AIT.

8. El internacionalismo se expandió con rapidez durante la I República, cuando


algunos grupos anarquistas incorporaron una estrategia insurreccional, y
participaron activamente en el levantamiento cantonal de 1873 con la esperanza
de provocar la revolución social y el aniquilamiento del Estado capitalista. Tras
el fracaso de estos movimientos, la Internacional en España comenzó un periodo
de retroceso, que se agudizó tras la declaración de ilegalidad formulada por el
nuevo régimen de la Restauración.

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