La Ilíada
De Homero (Cantos I, XVI y XVIII)
Alex Esteban Garavito Mendoza
Universidad Pedagógica Nacional
Licenciatura en Español y Lenguas Extranjeras
Teorías y Perspectivas del Análisis Literario
Personajes Centrales
Los Mortales: Los Dioses:
-Aquiles -Zeus
-Agamenón -Hera
-Patroclo - Tetis
-Héctor -Hefestos
Canto I
“Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pelida que a los hombres de Acaya causó innumerables desgracias y dio al Hades las almas de
muchos intrépidos héroes cuyos cuerpos sirvieron de presa a los perros y pájaros de los cielos; que así los designios de Zeus se cumplieron
desde que separáronse un día, tras una disputa, el Atrida, señor de los hombres, y Aquiles divino” (p.54)
“¡Óyeme, dios del arco de plata, que a Crisa y a Cila la divina proteges, señor poderoso de Ténedos ¡Oh Esminteo!, si un día, elevando algún
templo precioso y quemando en tu honor gruesos muslos de toros o cabras agradable te fui, que se cumpla este voto que te hago: ¡que en los
dánaos me paguen tus flechas el llanto vertido! Así dijo rogando, y oyó su oración Febo Apolo, e, irritado en su pecho, bajó de las cumbres
olímpicas con el arco y la aljaba cerrada pendientes del hombro. A la espalda del dios enojado sonaban las flechas al andar. Y, avanzando, era
como una noche sombría. Se sentó cerca de los navíos, lanzó una saeta y sonó el espantoso chasquido del arco de plata. Al principio a los
mulos tiró y a los ágiles perros, pero luego a los hombres lanzó las amargas saetas, y en las piras, sin tregua, empezaron a arder los
cadáveres” (p.55)
“No por votos o por hecatombes el dios se ha enojado, que se enoja porque Agamenón ultrajó al sacerdote a quien no le ha devuelto la hija y
tomado el rescate, y por esto el que hiere de lejos el mal os envía y enviará, y a los dánaos jamás librará de la peste, hasta que, sin rescate, a la
virgen de vivas pupilas devolvamos al padre y hagamos en Crisa una sacra hecatombe ; y, calmado, tal vez de nosotros se apiade” (p.56)
Canto XVI
“Si es que en el corazón tienes miedo de algún vaticinio que, enterada por Zeus, te ha contado tu madre augustísima, mándame, cuando menos, a mí y
que me siga la hueste mirmidona y que para los dánaos sea aurora de vida, y permite que cubra mis hombros con todas tus armas para que los
troyanos me tomen por ti y huyan todos y así puedan los dánaos valientes cobrar nuevos bríos y, aunque por breve tiempo, que tenga una tregua el
combate. A los que están cansados de lucha los frescos haríamos retirar de las naves y tiendas y huir a la villa” (p.280-281)
“Patroclo se armó con el bronce brillante En las piernas se puso primero las grebas hermosas que por medio de broches de plata ceñíanse a ellas; en
segundo lugar a su pecho ajustó la coraza del Eácida de pies ligeros, labrada y brillante; una espada de bronce, adornada con clavos de plata, se
echó al hombro; embrazó el poderoso y fortísimo escudo y cubrióse la fuerte cabeza con un bello casco, cuyo fiero penacho crina do ondeaba en lo
alto” (p.283)
“Patroclo avanzaba exhortando a los dánaos con gritos y pensando en causar un gran daño a los teucros que huían en desorden, gritando y llenando
al huir los caminos. Hasta bajo las nubes el polvo llegó, y los caballos de las tiendas y naves volvían corriendo a la villa. A donde era mayor el gentío
acudía Patroclo dando gritos, y bajo los ejes los hombres caían de los carros lanzados, cuando éstos volcaban con ruido” (p.288)
“Al ver Héctor que retrocedía Patroclo magnánimo alcanzado por el bronce agudo, pasó por las filas, acercóse, y en el bajo vientre lo hirió con la
lanza y a través de su cuerpo metióse la punta de bronce Cayó el héroe con ruido y sintieron pesar los aqueos. Igual que al jabalí infatigable en la
lucha derrota el león, cuando en lo alto de un monte pelean con cólera por la mísera fuente en la cual beber ambos pretenden y por fin el león vence a
su jadeante enemigo, así, luego de dar muerte a muchos, al gran Menetiada, Héctor, hijo de Príamo, pudo la vida arrancarle” (p.298)
Canto XVIII
“Temo que me hayan dado una triste desgracia los dioses para mi corazón, como ya me lo dijo mi madre: que el más bravo de los mirmidones
el sol no vería, muerto por los troyanos y aun antes de que yo muriera. De Menetio sin duda ya ha muerto el intrépido hijo. ¡Infeliz! Le ordené
que tan pronto alejara las llamas regresara a las naves y no se batiera con Héctor” (P. 317)
“Por tres veces Aquiles divino gritó desde el foso, y tres veces los teucros y sus auxiliares turbáronse. Doce de los más bravos guerreros
murieron debajo de sus carros y heridos por sus propias lanzas. Alegres, los aqueos en andas lleváronse fuera a Patroclo de los tiros, y lo
rodearon llorosos los suyos, y el de los pies ligeros, Aquiles, estaba entre ellos y vertía ardentísimas lágrimas ante su amigo que en el féretro
estaba llagado por bronce aguzado” (p.322)
“Ahora temo yo mucho al Pelida de los pies ligeros. La violencia de su alma le hará no quedarse en el llano donde teucros y aqueos ahora, ya
en líneas de unos, ya de otros, están alternando las iras de Ares, deseará combatir por la villa y por nuestras mujeres” (p.323)
Rencor y venganza
“Pues bien, yo te diré lo que habrá de ocurrir, me figuro: su arrogancia le habrá de costar prontamente la vida” (p.59)
“¡Que jamás un rencor como el tuyo de mí se apodere! Tú el del triste valor, ¿a quién puedes ser útil más tarde si a los hombres argivos no
salvas de un grave peligro? ¡Desgraciado! Tu padre no ha sido el jinete Peleo ni tu madre fue Tetis. A ti te engendró el mar purpúreo o las
rocas abruptas, tan cruel me parece tu espíritu” (p.281)
“Mi alma no quiere que viva ni quedarme ya más con los hombres en tanto mi lanza no concluya la vida de Héctor, y así haya pagado el haber
dado muerte a Patroclo, hijo del gran Menetio” (p.320)
El Escudo de Aquiles
“Comenzó fabricando un escudo muy grande y muy fuerte y por todas sus partes labrado, con triple cenefa reluciente y brillante; de plata era
la abrazadera. Cinco capas tenía el escudo y el dios grabó en ellas con su sabia maestría muy bellas escenas artísticas” (p.328)
“Hizo un bello labrado del mar, de la tierra y los cielos y del sol incansable y también el de la luna llena; allí hallábanse todos los astros que el
cielo coronan: Pléyades, Híadas, junto al Orión majestuoso y la Osa a la que han puesto todos el nombre de Carro, la cual gira en su sitio de
siempre y está a Orión mirando, y es la única que en el Océano nunca se baña” (p.328)
“Figuró allí dos bellas ciudades de seres que hablan” (p.328)
“Al llegar al lugar escogido para la emboscada, en un río, al cual iba todo el ganado a abrevarse, se sentaron, vestidos de bronce brillante, a
la orilla, y detrás, apostados, tenían a dos centinelas para ver las ovejas llegar y los bueyes cornudos. Junto con dos pastores muy pronto
llegaban las greyes sin temer la emboscada; tañían aquéllos las flautas. Pero los emboscados, al verlos, corrían hacia ellos y los bellos
rebaños de bueyes y ovejas muy blancas les quitaban, y luego mataban a entrambos pastores” (p.329)