Viernes, 29 de octubre de 2021.
Objetivo:
Leer comprensivamente
un fragmento de
Epopeya, utilizando una
estrategia de
LA ODISEA
El libro narra el regreso de
Ulises, el héroe griego
(también llamado Odiseo) de
la guerra de Troya, teniendo
que enfrentar aventuras con
deidades y monstruos
mitológicos.
Para recordar…
• El fragmento que leeremos corresponde al relato de una de las
aventura de Odiseo, desde que, tras la toma de la ciudad de los
cicones, él avista la tierra de los cíclopes y se aventura a acercarse para
conocer sobre estas extrañas criaturas.
Las islas de los Cíclopes:
[Link] a la Isla de los Cíclopes.
[Link] 12 mejores guerreros.
[Link] cueva de Polifemo.
[Link] de Polifemo a su cueva.
[Link] presentación de Odiseo a Polifemo.
[Link] de Polifemo
[Link] de Ulises.
[Link] Cíclopes no ayudan a Polifemo.
[Link] de la cueva.
[Link] revela su identidad a Polifemo.
Divisando a la Isla de los cíclopes.
Estando en la ciudad de los Cicones, echábamos la vista a la tierra de los cíclopes, que se hallaban cerca, y
divisábamos el humo y oíamos las voces que ellos daban, y los balidos de las ovejas y de las cabras. Cuando el
sol se puso y sobrevino la oscuridad, nos acostamos en la orilla del mar.
Mas, así que se descubrió la hija de la mañana, Eos de rosáceos dedos, los llamé a junta y les dije estas razones:
—Quedaos aquí, mis fieles amigos, y yo con mi nave y mis compañeros iré allá y procuraré averiguar qué
hombres son aquellos; si son violentos, salvajes e injustos, u hospitalarios y temerosos de las deidades.
Los 12 mejores guerreros.
• Entonces ordené a mis fieles compañeros que se quedasen a guardar la nave; escogí los doce mejores y juntos
echamos a andar, con un pellejo de cabra lleno de negro y dulce vino que me había dado Marón, vástago de
Evantes y sacerdote de Apolo.
La cueva de Polifemo
Pronto llegamos a la gruta; mas no dimos con él, porque estaba
pastando a las ovejas. Entramos y nos pusimos a contemplar
con admiración y una por una todas las cosas; había zarzos
cargados de quesos; los establos rebosaban de corderos y
cabritos, hallándose encerrado, separadamente los mayores, los
medianos y los jóvenes; y goteaba el suero de todas las vasijas,
tarros y barreños, de que se servía para ordeñar.
Los compañeros empezaron a suplicarme que nos
apoderásemos de algunos quesos y nos fuéramos, y que luego,
sacando prestamente de los establos los cabritos y los corderos,
y conduciéndolos a la velera nave, surcáramos de nuevo el
salobre mar.
Mas yo no me dejé persuadir —mucho mejor hubiera sido
seguir su consejo— con el propósito de ver a aquel y probar si
me ofrecería los dones de la hospitalidad. Pero su venida no
había de serles grata a mis compañeros.
Llegada de Polifemo a su cueva
Encendimos fuego, ofrecimos un sacrificio a los dioses, tomamos algunos
quesos, comimos, y le aguardamos, sentados en la gruta, hasta que volvió con
el ganado. Traía una gran carga de leña seca para preparar su comida y la
descargó dentro de la cueva con tal estruendo que nosotros, llenos de temor,
nos refugiamos apresuradamente en lo más hondo de la misma. Luego metió
en el espacioso lugar todas las ovejas que tenía que ordeñar, dejando a la
puerta, dentro del recinto de altas paredes, los carneros y los bucos. Después
cerró la puerta con un pedrejón grande y pesado que llevó a pulso y que no
hubiesen podido mover del suelo veintidós sólidos carros de cuatro ruedas.
¡Tan inmenso era el peñasco que colocó a la entrada! Se sentó enseguida,
ordeñó las ovejas y las baladoras cabras, todo como debe hacerse, y a cada
una le puso su hijito. A la hora, haciendo cuajar la mitad de la blanca leche, la
amontonó en canastillos de mimbre, y vertió la restante en unos vasos para
bebérsela y así le serviría de cena.
La presentación de Odiseo a Polifemo.
Encendió fuego, y al vernos, nos hizo estas preguntas:
—¡Oh forasteros! ¿Quiénes sois? ¿De dónde llegasteis navegando por húmedos
caminos? ¿Venís por algún negocio o andáis por el mar, a la ventura, como los
piratas que divagan, exponiendo su vida y produciendo daño a los hombres de
extrañas tierras?
Así dijo. Nos quebraba el corazón el temor que nos produjo su voz grave y su
aspecto monstruoso. Mas, con todo eso, le respondí de esta manera:
—Somos aqueos a quienes extraviaron, al salir de Troya, vientos de toda clase,
que nos llevan por el gran abismo del mar; deseosos de volver a nuestra patria
llegamos aquí por otra ruta, por otros caminos, porque de tal suerte debió de
ordenarlo Zeus. Nos preciamos de ser guerreros de Agamenón Atrida, cuya
gloria es inmensa debajo del cielo —¡tan grande ciudad ha destruido y a tantos
hombres ha hecho perecer!—, y venimos a abrazar tus rodillas por si quisieras
presentarnos los dones de la hospitalidad o hacernos algún otro regalo, como es
costumbre entre los huéspedes. Respeta, pues, a los dioses, varón excelente; que
nosotros somos ahora tus suplicantes. Y a suplicante y forasteros los venga Zeus
hospitalario, el cual acompaña a los huéspedes.
La crueldad de Polifemo
“El cíclope, con ánimo cruel, no me dio respuesta; pero, levantándose de
súbito, echó mano a los compañeros, agarró a dos y, cual si fuesen
cachorrillos los arrojó a tierra con tamaña violencia que el encéfalo
fluyó del suelo y mojó el piso. De contado despedazó los miembros, se
aparejó una cena y se puso a comer como montaraz león, no dejando ni
los intestinos, ni la carne, ni los medulosos huesos. Nosotros
contemplábamos aquel horrible espectáculo con lágrimas en los ojos,
alzando nuestras manos a Zeus; pues la desesperación se había
señoreado de nuestro ánimo. El cíclope, tan luego como hubo llenado su
enorme vientre, devorando carne humana y bebiendo encima leche sola,
se acostó en la gruta tendiéndose en medio de las ovejas”.
“Cuando se descubrió la hija de la mañana, Eos de rosáceos dedos, el
cíclope encendió fuego y ordeñó las gordas ovejas, todo como debe
hacerse, y a cada una le puso su hijito. Acabadas con prontitud tales
faenas, echó mano a otros dos de los míos, y con ellos se aparejó el
almuerzo”.
La venganza de Ulises
• “Mientras el cíclope avivaba su ganado con gran estrépito hacia el monte, yo me quedé
meditando un plan siniestro, por si de algún modo pudiese vengarme y Atenea me
otorgara la victoria”.
• “Ordené entonces que se eligieran por suerte los que, uniéndose conmigo deberían
atreverse a levantar la estaca y clavarla en el ojo del cíclope cuando el dulce sueño le
rindiese. Les cayó la suerte a los cuatro que yo mismo hubiera escogido en tal ocasión, y
me junté con ellos formando el quinto”.
• —Toma, cíclope, bebe vino, ya que comiste carne humana, a fin de que sepas qué bebida
se guardaba en nuestro buque. Te lo traía para ofrecer una libación en el caso de que te
apiadases de mí y me enviaras a mi casa, pero tú te enfureces de intolerable modo. ¡Cruel!
¿Cómo vendrá en lo sucesivo ninguno de los muchos hombres que existen, si no te portas
como debieras? Así le dije. Tomó el vino y se lo bebió. Y le gustó tanto el dulce licor que
me pidió más.
• Polifemo le pregunta su nombre a Odiseo y el le responde que se llama “Nadie”. El
Cíclope con ánimo cruel, le dice que a “Nadie” se lo comería al último. Luego de eso,
cayo rendido dormido por haber bebido tanto vino dulce. En ese momento, Ulises
aprovecha para clavarle la Estaca de Olivo en el ojo del Cíclope.
Los Cíclopes no ayudan a Polifemo.
Se puso a llamar con altos gritos a los cíclopes que habitaban a su alrededor, dentro
de cuevas, en los ventosos promontorios.
En oyendo sus voces, acudieron muchos, quién por un lado y quién por otro, y
parándose junto a la cueva, le preguntaron qué le angustiaba:
—¿Por qué tan enojado, oh Polifemo, gritas de semejante modo en la divina noche,
despertándonos a todos? ¿Acaso algún hombre se lleva tus ovejas mal de tu grado?
¿O, por ventura, te matan con engaño o con fuerza?
Les respondió desde la cueva el robusto Polifemo:
—¡Oh, amigos! «Nadie» me mata con engaño, no con fuerza.
Y ellos le contestaron con estas aladas palabras:
—Pues si nadie te hace fuerza, ya que estás solo, no es posible evitar la enfermedad
que envía el gran Zeus, pero, ruega a tu padre, el soberano Poseidón.
Apenas acabaron de hablar, se fueron todos; y yo me reí en mi corazón de cómo mi
nombre y mi excelente artificio les había engañado.
Huida de la cueva.
Había unos carneros bien alimentados, hermosos, grandes, de espesa y obscura lana; y, sin desplegar los labios,
los até de tres en tres, entrelazando mimbres de aquellos sobre los cuales dormía el monstruoso e injusto
cíclope: y así el del centro llevaba a un hombre y los otros dos iban a ambos lados para que salvaran a mis
compañeros.
Tres carneros llevaban, por tanto, a cada varón; mas yo viendo que había otro carnero que sobresalía entre todas
las reses, lo así por la espalda, me deslicé al vedijudo vientre y me quedé agarrado con ambas manos a la
abundantísima lana, manteniéndome en esta postura con ánimo paciente. Así, profiriendo suspiros, aguardamos
la aparición de la divina Aurora.
Cuando se descubrió la hija de la mañana, los machos salieron presurosos a pacer, y las hembras, como no se las
había ordeñado, balaban en el corral con las tetas retesadas. Su amo, afligido por los dolores, palpaba el lomo a
todas las reses que estaban de pie, y el simple no advirtió que mis compañeros iban atados a los pechos de los
vedijudos animales.
Ulises revela su identidad a Polifemo.
• Y, en estando tan lejos cuanto se deja oír un hombre que grita, hablé al cíclope con estas mordaces palabras:
—¡Cíclope! No debías emplear tu gran fuerza para comerte en la honda gruta a los amigos de un varón
indefenso. Las consecuencias de tus malas acciones habían de alcanzarte, oh cruel, ya que no temiste devorar
a tus huéspedes en tu misma morada; por eso Zeus y los demás dioses te han castigado.
—¡Cíclope! Si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te
privó del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca.