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Seminario de Mariología MAYO DE 2021

Este documento presenta un resumen de tres puntos clave de un seminario de mariología: 1) Explica brevemente qué son los dogmas marianos y cómo la Iglesia Católica los define. 2) Describe los dos dogmas marianos de la virginidad perpetua de María y de María como Madre de Dios. 3) Incluye extractos del documento que analizan las fuentes bíblicas y teológicas que sustentan estos dogmas.

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Seminario de Mariología MAYO DE 2021

Este documento presenta un resumen de tres puntos clave de un seminario de mariología: 1) Explica brevemente qué son los dogmas marianos y cómo la Iglesia Católica los define. 2) Describe los dos dogmas marianos de la virginidad perpetua de María y de María como Madre de Dios. 3) Incluye extractos del documento que analizan las fuentes bíblicas y teológicas que sustentan estos dogmas.

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SEMINARIO DE

MARIOLOGÍA
MAYO DE 2021

ESCUELA VIRTUAL DE TEOLOGÍA


¡Oh, Santísima Virgen María, Reina del
Rosario y Madre de misericordia ¡te
dignaste manifestar en Fátima la ternura
de tu Inmaculado Corazón trayéndonos
mensajes de salvación y de paz. Confiados
en tu maternal misericordia y agradecidos
por las bondades de tu amantísimo
Corazón, venimos ante ti para rendirte
tributo con nuestra veneración y amor.
Concédenos las gracias que necesitamos
para cumplir fielmente tu mensaje de
amor, y en especial la que te pedimos en
esta noche, si ha de ser para mayor gloria
de Dios, honra tuya y provecho de
nuestras almas.
¡Amén!
DOGMAS MARIANOS
Un dogma de acuerdo al DRAE, es una "proposición que se asienta por
firme y cierta, como principio innegable";
En las religiones abrahamicas, se entiende como una doctrina revelada
por Dios, como fundamento o punto capital de toda doctrina o religión.
Es un principio o conjunto de ellos establecidos por una autoridad como
una verdad incuestionable. Sirve como parte de las bases fundamentales
de una ideología o sistema de creencias y que no puede alterarse.
IGLESIA CATÓLICA

Una verdad que pertenece al campo de la fe o de la moral, que ha sido revelada por
Dios, transmitida desde los Apóstoles ya a través de la Escritura, ya de la Tradición,
y propuesta por la Iglesia para su aceptación por parte de los fieles.
Brevemente, “dogma” puede ser definido como una verdad revelada definida por la
Iglesia. Las revelaciones privadas no constituyen dogmas, y algunos teólogos
incluso limitan la palabra definida a doctrinas definidas solemnemente por el Papa o
por un concilio general, mientras que una verdad revelada se convierte en dogma
aún cuando sea propuesta por la Iglesia por medio de su magisterio ordinario o su
oficio de enseñar. El concepto de dogma, entonces, abarca una doble relación: con la
revelación divina y con la enseñanza autorizada de la Iglesia (Cfr. Nos. 85-95 del
Catecismo de la Iglesia católica, N.T.).
Las fuentes de la Mariología.

son aquellos lugares en donde se encuentran las diversas


verdades o tesis mariológicas de un modo explícito, o al
menos implícito, con certeza o al menos con sólida
probabilidad.
• Biblia
• Escritos patrísticos
• Documentos del magisterio de la Iglesia
• Textos ecuménicos a cerca de la madre de Jesús
• Diccionarios de mariología.
Los católicos confían en que un dogma es una verdad que contiene,
implícita o explícitamente, la inmutable Revelación divina o en que tiene
con ella una "conexión necesaria". Para que estas verdades se tornen en
dogmas, ellas necesitan ser propuestas directamente por la Iglesia católica a
sus fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición
solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia (Papa o Concilio
ecuménico con el Papa​) y de la posterior enseñanza de éstas por parte del 
Magisterio ordinario de la Iglesia. Para que tal proclamación o
clarificación solemne acontezca, son necesarias dos condiciones:
el sentido debe estar suficientemente expresado como una auténtica
verdad revelada por Dios;
la verdad o doctrina en causa debe ser propuesta y definida solemnemente
por la Iglesia siendo una verdad revelada y una parte integrante de
la fe católica.
En síntesis, los dogmas de fe:
+Se basan en la autoridad del Dios que los revela.

.
+Al definirlos, la Iglesia garantiza que se hallan en
la divina revelación.
+Los dogmas son definidos solemnemente por el
Papa o por un Concilio.
+Una vez proclamado un dogma solemnemente,
no puede ser derogado.
+Los católicos están obligados a aceptar y creer en
ellos.
+La Iglesia no los impone; son luces de la verdad
que iluminan nuestra fe.
LA VIRGINIDAD PERPETUA DE
MARÍA
Celebración 02 de julio

La maternidad de María, tal como fue


realizada y revelada por Dios, es totalmente
excepcional, milagrosa e irrepetible, porque
es una maternidad virginal. María, la Madre
de Jesús, es totalmente y siempre Madre–
Virgen. La fe de la Iglesia condensa esta
verdad según la fórmula: «Virgen antes del
parto, en el parto y después del parto».
El Papa Juan Pablo II afirmaba el sentido fuerte
de la virginidad de María. Es un hecho que
afecta tanto a sus sentimientos, afectos y
pensamientos (virginitas spiritualis) como a su
cuerpo (virginitas physica). Se trata de una
virginidad real y no metafórica.
Sentido teológico de la virginidad de María
Desde la perspectiva neotestamentaria la virginidad comporta la entrega total de la persona, alma y
cuerpo, mente y corazón a Jesucristo. Es un don brindado por el Señor, no impuesto, que supone
una llamada y una elección previas, que consagra a la persona al servicio de Dios.
Esta donación completa de la persona comporta los siguientes aspectos:
Virginidad del cuerpo: la donación afecta la corporalidad. Esta integridad inviolada es el elemento
material de la virginidad. Tal integridad es esencial e imprescindible al hecho mismo de la
virginidad.
Virginidad del alma: hay una consciente y libre decisión de pertenecer exclusivamente a Dios y
apartar todo aquello que atente a la castidad perfecta. Presupone no sólo la integridad total de la
mujer —como mera realidad biológica—, sino la voluntad de conservar siempre tal integridad.
Hay una firme e irrevocable voluntad de consagrar a Dios su virginidad. Esta entrega del corazón
indiviso constituye el elemento formal e intencional de la virginidad. Si tiene por motivo una
razón sobrenatural —propter regnum caelorum— entonces adquiere un sentido trascendente y
sobrenatural.
A raíz de los aspectos pertenecientes al concepto
neotestamentario de virginidad, la Iglesia enseña
como verdad revelada sobre la virginidad de
María lo siguiente:
+ la absoluta y perpetua integridad corporal de la
Virgen;
+ su virginidad de alma, es decir, la plena y
exclusiva unión de su alma con el Señor.
Este dogma de la fe católica supone:
 que María concibió milagrosa y virginalmente por el
poder omnipotente de Dios, por lo que Jesús no tuvo
padre humano;
 que dio a luz sin perder su virginidad en el nacimiento de
su Hijo;
 que María, después del nacimiento de Cristo, permaneció
virgen durante toda su vida terrestre.
Fundamentación Escriturística

Is 7,14 Virginidad antes del parto y en el parto


«He aquí que la virgen concebirá y dará a luz a un hijo a quien pondrá por
nombre Emmanuel»
En este texto las formas verbales “concebirá” y “dará a luz” se aplican a un
mismo sujeto: la virgen. Se afirma así la virginidad tanto de la concepción como
del parto.

San Mateo - Concepción virginal: San Mateo narra expresamente el modo


como Jesús fue concebido. En Mt 1,18-24 se nos dice que la concepción de
Cristo de realizó virginalmente, sin concurso de varón, por obra del Espíritu
Santo. Se trata de la virginidad antes del parto.

San Lucas - Paralelismo con Is 7,14


«El ángel le dijo… concebirás y darás a luz un hijo a quien pondrás por
nombre Jesús…» (Lc 1,26-33)
Se da un evidente paralelismo de las palabras del ángel con la profecía de
Isaías, citada explícitamente por San Mateo.
Lc 1,34 Virginidad después del parto

«¿Cómo será esto, pues no conozco varón?»


Las palabras de la Virgen revelan su firme y decidido propósito de
mantener consagrada a Dios su virginidad.

Jn 1,13
«el cual no ha nacido de las sangres, ni de la voluntad de la carne,
ni del querer del hombre, sino de Dios»
Este versículo se aplica a Cristo, de quien se dicen tres negaciones.
Las dos últimas —ni de la voluntad de la carne, ni del querer del
hombre— se refieren al modo en que el Verbo tomó carne en
María, afirmando así la concepción virginal de Cristo.

la primera negación —no de las sangres— da a entender que en el


momento del alumbramiento del Niño, no hubo derramamiento de
sangre en la madre. Se sostiene así, de forma velada, que el parto
fue virginal.
Jn 19,25 ss Virginidad después del parto (virginidad perpetua)

«Mujer, ahí tienes a tu hijo…Ahí tienes a tu madre»


El hecho de Jesús agonizante confíe María a su discípulo amado, Juan se
ve como una constatación sensible de que María no tuvo ningún otro
hijo, pues sería extraño, en tal caso, la petición de Cristo a Juan. Se
prueba aquí de modo implícito la perpetua virginidad de María.

La palabra hebrea hermano (’aha’) —’ah en arameo— designa, entre los


semitas, diversos grados de parentesco; primos, sobrinos, parientes
lejanos. Ni en el hebreo ni en el arameo se tiene un término lingüístico
preciso y exclusivo para expresar estos grados de parentesco, por lo que
usaban el término genérico ’ah o ’aha’: hermano.
En la Sagrada Escritura no se afirma explícita y
formalmente que Santa María es la Madre de
Dios, Theotokos. Se le llama María la Madre
de Jesús o la Madre del Señor. A la vez, se dice
que Jesús es el Hijo de Dios, el Verbo eterno
del Padre. De aquí se infiere que Santa María
debe ser venerada verdadera y propiamente con

MARÍA MADRE el título de Theotokos, de Madre de Dios,


porque su Hijo es el Logos, Unigénito del
DE DIOS Padre y, por tanto, Dios verdadero.
(01 Enero)
Madre e Hijo aparecen indisolublemente unidos
en el plan divino. «En el misterio de Cristo,
María está presente ya ‘antes de la creación del
mundo’ como aquella que el Padre ‘ha elegido’
como Madre de su Hijo en la Encarnación, y
junto con el Padre la ha elegido el Hijo,
confiándola eternamente al Espíritu de santidad.
Lc 1,35 Hijo de Dios que nació de María «El ángel le respondió… por eso el que ha de nacer será santo, y será llamado Hijo de
Dios».
Se trata aquí de una auténtica maternidad que tiene su origen en una intervención extraordinaria de Dios.
A esta maternidad María contribuye con su aceptación consciente y voluntaria. Se trata de un consentimiento que procede de la fe, de
la caridad y de la obediencia, implicando así la santidad personal de Santa María y su entrega a la obra de la Redención. Este
consentimiento libre forma parte integral del concepto adecuado de su maternidad divina.

Gal 4,4,-6 Hijo de Dios nacido de Mujer: «al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer». Se expresa aquí
que el término de la acción generativa es el Verbo.
Mt 1,21 El Hijo a quien María da a luz salvará a su pueblo de sus pecados: «Dará a luz a un hijo a quien pondrás por nombre
Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
La expresión “su pueblo” es muy fuerte. El NT, heredando el lenguaje del AT, refiere esta expresión únicamente al Señor, que había
escogido a Israel como su pueblo.
Por tanto, se atribuye de forma directa a Jesús el carácter divino, porque en la nueva Alianza el pueblo de Israel será tanto de El
como de su Padre.
Esta tesis se refuerza con el objeto de la salvación: “de sus pecados”; palabras que reiteran indirectamente la divinidad de Jesucristo,
pues, en el mundo religioso judío, esa potestad sólo corresponde a Dios; motivo por el cual acusan de blasfemo a Jesús, cuando en
nombre propio perdona los pecados.
Lc 1,43 La madre de mi Señor «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?». La palabra Señor (Kyrios) se aplica a
Dios y no solamente al Mesías.
Siglo V
La maternidad de María aparece bien fundada en la fe de la Iglesia. Las
dificultades contra la maternidad divina en el siglo V surgen de una cuestión
estrictamente cristológica: cómo concebir la unidad entre lo divino y lo humano
en Cristo. El CONCILIO DE ÉFESO (a. 431) aclaró la cuestión suscitada por
Nestorio en torno a la Theotokos. Santa María es llamada Madre de Dios, no por
engendrar a la naturaleza divina de Jesús, sino por haber engendrado su naturaleza
humana, la cual está unida al Verbo en unidad de persona.
 En Éfeso se define dogmáticamente a María como la Theotokos. Tiene aquí
gran importancia doctrinal la segunda Carta de San Cirilo a Nestorio. En esta
carta, leída y aprobada por el Concilio se afirma la siguiente doctrina:
 No nació primeramente de la Virgen un hombre vulgar al quien después
descendió el Verbo; sino que el Verbo de Dios unido desde el seno materno de
la Virgen, se sometió a un nacimiento carnal, haciendo suyo el nacimiento de su
carne.
 Se le llama a la Santa Virgen Madre de Dios, no porque haya engendrado la
naturaleza del verbo y su divinidad, sino porque de ella el Verbo se dice
engendrado según la carne.
Esta santidad plena de María comporta dos
aspectos inseparables: uno negativo, que es la
preservación de todo pecado, tanto original
como personal; el otro positivo, que es la
plenitud de gracia recibida.

Por la doctrina de la Inmaculada Concepción de María se


afirma su total preservación de toda mancha de pecado
desde el primer instante de su concepción. Esta toma de
conciencia sobre la persona de María comienza por la
expresión de la fe que se manifiesta en la celebración
litúrgica y en la piedad popular, prosigue en la
profundización teológica, y culmina en la definición
dogmática realizada por Pío IX.
INMACULADA
CONCEPCÍON
(08 Diciembre)
La controversia teológica sobre la concepción inmaculada de María, en su etapa
más fuerte, no tendrá lugar sino hasta el siglo XII. Las causas de estas
controversias se pueden resumir en dos:
la doctrina agustiniana sobre la transmisión del pecado original: la
concupiscencia del acto generador mancha la carne engendrada. Esta mancha
contamina al alma cuando se une a ella al cabo de un cierto tiempo;
la universalidad de la Redención es incompatible con la inmaculada
concepción de María; pues si la Virgen fuese inmaculada, estaría exenta de la
Redención al no tener ni pecado original, ni personal.
Eadmer, teólogo († 1124) defiende la concepción sin
mancha de pecado. Hace la distinción entre la concepción
activa y la concepción pasiva y dice que, si en la
concepción de María hubo algún influjo del pecado
original, fue en los padres (concepción activa), no en
María (concepción pasiva), que fue preservada del pecado
cometido por otros. Se trata aquí de demostrar el
momento en que se interrumpe la cadena de pecado de la
humanidad. Mantiene también que Dios pudo hacer
nacer algo realmente nuevo en las espinas de la carne. “Si
ha podido y ha querido, lo ha hecho”. Duns Escoto le
sacará punta este argumento último argumento y a partir
de él será universalmente utilizado en la defensa de la
Inmaculada. Se resuelva aquí la primera objeción contra
la concepción inmaculada.
Duns Escoto tiene los siguientes méritos en su defensa de la
Inmaculada Concepción: 1.º) Desarrolla la idea de redención
preservativa, como la redención más perfecta; 2.º) propone una
fórmula clara, según la cual, aunque María no tuvo pecado
original, tuvo su ‘débito’: habría sido enemiga si no hubiese sido
preservada.
Precisamente en el desarrollo de la redención preventiva pone de
relieve que la Inmaculada Concepción no quita nada a la unicidad
y universalidad de la mediación de Cristo, sino que la destaca aún
más pues brota de ella. La Virgen no ha sido santificada desde el
primer instante de su concepción en atención al Redentor, sino
por los méritos del Redentor. Ella no es una excepción a la
redención, sino que es la más perfectamente redimida.
La Bula Ineffabilis Deus

Promulgada por Pío IX el día 8 de diciembre de 1854.


La fórmula definitoria dice así:
Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina
que sostiene que la bienaventurada Virgen María fue
preservada inmune de toda mancha de la culpa original
en el primer instante de su concepción por singular
gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a
los méritos de Cristo Jesús salvador del género
humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto,
firme y constantemente creída por todos los fieles.
Esta definición dogmática contiene varias afirmaciones:
La persona de María —no sólo el alma— fue inmune de toda mancha de pecado
original, es decir, no contrajo el pecado original, y, por tanto, ni su mancha, ni el
reato de culpa y de pena.
El dogma se refiere a la concepción pasiva de María, es decir, en el seno de su
madre y alude al mismo momento de la concepción, o sea, cuando se produce la
infusión del alma.
El hecho de ser preservada de pecado original fue un don absolutamente singular,
que por omnipotencia divina la sustrajo a la ley general de todos los hombres.
La causa meritoria de la Inmaculada Concepción es el mérito de Cristo.
Fundamentación Escriturística
 Gen 3,15. En esta perícopa existe un perfecto paralelismo entre la enemistad
de la mujer con el diablo y la enemistad del descendiente de la mujer —el
Mesías— con la serpiente. Esta enemistad es total, absoluta y radical y
conlleva la exclusión de toda amistad con el demonio. María nunca ha
estado sujeta a la ley del pecado: ha sido concebida sin pecado original.
Lc 1,28. Ave gratia plena. Para que María sea la kekharitomene, es necesario
que haya tenido la plenitud de gracia desde el momento primero de su
concepción.
 Lc 1,42. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Lo
característico aquí es la relación que se da entre la bendición de María y la
bendición de su Hijo: la exaltación de la Virgen procede de la excelencia de
Jesús. Como en la bendición del Hijo no cabe de ninguna manera la
maldición hereditaria, que es el pecado original, lo mismo sucede en María.
ASUNCIÓN DE MARÍA
(15 de agosto) María es la primera criatura redimida por Cristo y
fue redimida de forma eminente, con una
perfección que abarca todos los misterios de su
existencia, desde la concepción y nacimiento
hasta su glorificación, es decir, hasta el misterio
de su gloriosa asunción a los cielos y haber sido
constituida reina de cielos y tierra.

El misterio de la Asunción de María está indiscutiblemente relacionado


con el misterio de la Ascensión del Señor. Esto lo ponen de manifiesto la
bula Munificentissimus Deus y la encíclica Ad caeli Reginam. Se trata de
una relación de causa a efecto: en la Asunción de la Virgen resplandece
el triunfo de Cristo manifestado en su Ascensión a los cielos. Hay que
señalar, no obstante, que se trata aquí sólo de una semejanza, de una
relación analógica. Si Cristo después de su Resurrección subió al cielo,
por el principio de analogía, María fue asunta para reinar con su Hijo en
el cielo.
La Asunción de María, lo mismo que sucede con la
Inmaculada Concepción, no se encuentra de forma explícita
en ningún texto de la Sagrada Escritura. Esta verdad
dogmática se halla testimoniada principalmente en la
Tradición.

En los tres primeros siglos no se encuentra entre ellos


Padres ninguna referencia al destino final de María. En el
siglo IV, un texto de San Efrén, que sostiene que el cuerpo
de María no fue sometido a la corrupción, puede
interpretarse en clave asuncionista. Hay también
insinuaciones de la Asunción en San Ambrosio y en San
Gregorio de Nisa.

En el siglo VII queda establecida en Roma la fiesta de


María es reina en cuanto Madre del Redentor y
la Asunción de Santa María con su preciso significado
Madre de todos los hombres; y ha sido hecha Reina
teológico y con la máxima solemnidad. En los siglos
de cielos y tierra precisamente para que pueda
VII y VIII se extendió a todo el Occidente,
ejercer con plenitud su influencia materna sobre
haciéndose así universal en la Iglesia.
todos.
Constitución Munificentissimus Deus
+ Promulgada por Pío XII el 1º de noviembre de 1950. El
texto de la definición dice así:
+ Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma
divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios,
siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena,
fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.
+ Se puede ver, pues, que se trataba de una doctrina
considerada ya como revelada. Esto contrasta con la
definición de la Inmaculada Concepción.
Se pueden destacar los términos principales de esta fórmula definitoria:
María: es la persona de la Virgen la que fue asunta en toda la plenitud de su ser.
Cumplido el curso de su vida terrena: estas palabras fueron intencionadamente
escogidas para prescindir, en la definición, de si María murió o no.
Fue asunta: asunción (de assumptio), designa aquí la acción de trasladar, elevar, o subir
a María. Esta asunción no se realiza por virtud propia (como sucedió en la Ascensión del
Señor), sino por virtud y acción de otro; es Dios quien asciende a María.
En cuerpo y alma: son los dos elementos que constituyen la unidad del ser humano.
María fue asunta y glorificada en toda la plena realidad existencial de su ser. El dogma
definido se centra, especialmente, en la glorificación corporal de la Virgen.
Por tanto, la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, excluye la corrupción
mortal del sepulcro. La Asunción de la Santísima Virgen María constituye una
participación singular de la Resurrección de su Hijo y una participación de la
resurrección de los demás cristianos.
Fundamentos bíblicos de la Bula definitoria
+ Gen 3,15. Dios anuncia y promete después del pecado de Adán y Eva que la mujer
(María) estará estrechamente unida a su descendencia (Cristo) en la lucha victoriosa
contra el demonio. Parte esencial e histórica de esa victoria fue la Resurrección de
Cristo; de ahí que se pueda concluir también la glorificación del cuerpo de María,
asociada plenamente, como la Nueva Eva, a la victoria del Kyrios.
+ Lc 1,28. El arcángel Gabriel llama a María “llena de gracia”. A esta plenitud de gracia
debe corresponder la plenitud de gloria, también corporal. Además la “bendita entre
todas las mujeres” (Lc 1.42) debía quedar exenta de toda maldición del pecado.
+ Ap 12,1. Nos presenta una gran señal que aparece en el cielo: la mujer vestida de sol y
la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Muchos teólogos
y exégetas ven en este texto un sentido mariológico asuncionista cierto.
En suma, Estos textos de la Escritura no se pueden interpretar aislados,
sino en armonía unitaria de toda la Revelación, a la luz de la Tradición y
en la analogía de la fe. El CVII recuerda la doctrina ya expuesta por
Trento: “la Iglesia no obtiene exclusivamente de la Escritura su certeza
sobre las verdades reveladas”, sino que acude también a la fuente viva
de la Tradición, custodiada e interpretada auténticamente por el
Magisterio.

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