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La Creación según la Fe Católica

Textos que abordan las principales verdades de la fe del libro electrónico «Síntesis de la fe católica» del sitio del Opus Dei en: https://opusdei.org/es-py/article/sintesis-doctrina-fe-catolica/
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La Creación según la Fe Católica

Textos que abordan las principales verdades de la fe del libro electrónico «Síntesis de la fe católica» del sitio del Opus Dei en: https://opusdei.org/es-py/article/sintesis-doctrina-fe-catolica/
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Temas de fe católica

Es un programa de La Tele en el que se abordan


las principales verdades de la fe cristiana
con los textos del libro
«Síntesis de la fe católica»
del sitio web del Opus Dei:
[Link]

P. Juan María Gallardo


Tema 4. Dios creador
1.- «La creación
es obra común de
la Santísima
Trinidad»
(Catecismo, 292)
a) «Creador del cielo
y de la tierra»
b) «Por quien todo
fue hecho» Autor: Santiago
c) «Señor y dador de Sanz
vida»
2.- «El mundo ha sido creado
3.- El carácter temporal de lo creado y la evolución
4.- Creación y salvación
5.- La verdad sobre la creación en la vida del cristiano

Introducción Presentación ilustrada con miniaturas o


iluminaciones de manuscritos medievales
del museo nacional de París
La importancia
de la creación estriba en que
es «el fundamento
de todos los designios
salvíficos de Dios [...];
el comienzo de
la historia de la
salvación,
que culmina en Cristo»
(Compendio, 51).

La Biblia y el Credo
inician con la confesión de fe
en el Dios Creador.
A diferencia
de los otros grandes misterios
de nuestra fe
(la Trinidad y la
Encarnación),
la creación es
«la primera respuesta
a los interrogantes fundamentales
sobre nuestro origen y nuestro
fin» (Compendio, 51),
que el espíritu humano se plantea
y, en parte, también responde,
como muestran la reflexión
filosófica y los relatos de los
orígenes
de la cultura religiosa de tantos
pueblos (cfr. Catecismo, 285).
No obstante,
la especificidad de
la noción de
creación solo se
captó con
la revelación
judeocristiana.

La creación es
un misterio de fe y
una verdad
accesible a la razón
(cfr. Catecismo, 286).
Esta peculiar
posición la
convierte en un
buen punto de
partida
para la
evangelización

Se suele distinguir entre


el acto creador de
Dios
(la creación active
sumpta),
y la realidad creada,
que es efecto
de tal acción divina
1. «La creación es
obra común de la
Santísima Trinidad»
(Catecismo, 292)

La Revelación
presenta
la acción creadora
de Dios
como fruto
de su omnipotencia,
de su sabiduría y
de su amor.
Se suele atribuir
la creación al Padre
la redención al Hijo y
la santificación
al Espíritu Santo.
(cfr. Compendio, 52),

Al mismo tiempo,
las obras ad extra
de la Trinidad
(la primera de ellas,
la creación) son
comunes a las tres Personas.
cabe preguntarse
por el papel específico de
cada persona divina
en la obra común
según su propiedad.

Este es el sentido de la
tradicional
“apropiación" de los
atributos esenciales
(omnipotencia, sabiduría, amor) al
obrar creador del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo.
a) «Creador
del cielo y de la tierra»

«“En el principio, Dios creó


el cielo y la tierra”:
tres cosas se afirman
en estas primeras palabras
de la Escritura:

1.- el Dios eterno


ha dado principio
a todo lo que existe
fuera de él.
2.- Él solo es creador
(el verbo “crear”
–en hebreo bara–
tiene siempre por sujeto
a Dios).
3.- Todo lo que existe
(expresada en:
“el cielo y la tierra”)
depende de aquel
que le da el ser»
(Catecismo, 290).
Solo Dios puede crear en
sentido propio: “de la
nada” (ex nihilo) y no
a partir de algo
preexistente;

para ello se requiere


una potencia activa
infinita, que solo a Dios
corresponde (cfr.
Catecismo, 296-298).
Es congruente, pues,
apropiar
la omnipotencia creadora
al Padre,
ya que él es,
en la Trinidad,
“fuente y origen”,
es decir, la Persona
de quien proceden
las otras dos.
Para el cristianismo,
es creación de Dios
tanto la materia
como el espíritu.

Más adelante,
Tomás de Aquino
desarrolló una
metafísica de la
creación
que describe a Dios
como el mismo
Ser subsistente
(Ipsum Esse
Subsistens).
Como causa primera,
es absolutamente
trascendente al mundo;
y, a la vez,
en virtud de la participación
de su ser en las criaturas,
está presente
íntimamente en ellas,
las cuales
dependen en todo
de quien es
la fuente del ser.
Como ya había recordado
san Agustín, Dios es
superior summo meo y
al mismo tiempo,
intimior intimo meo.
b) «Por quien todo fue hecho»

La literatura sapiencial del AT


presenta el mundo
como fruto de
la sabiduría de Dios
(cfr. Sb 9,9).
«Este no es producto
de una necesidad cualquiera,
de un destino ciego o del
azar» (Catecismo, 295),

sino que tiene


una inteligibilidad
que la razón humana,
participando en la luz
del Entendimiento divino,
puede captar,
no sin esfuerzo
y
en un espíritu
de humildad y
de respeto ante el Creador
y su obra (cfr. Jb 42,3;
Catecismo, 299).

Este desarrollo
llega a su expresión plena
en el NT:
al identificar al Hijo,
Jesucristo,
con el Logos
(cfr. Jn 1,1),
afirma que
la sabiduría de Dios
es una Persona, …
el Verbo encarnado,
por quien todo fue hecho
(cfr. Jn 1,3).

San Pablo formula


esta relación
de lo creado
con Cristo,
aclarando que
todas las cosas
han sido creadas en él,
por medio de él y
en vista de él
(cfr. Col 1,16-17).
Hay, pues, una razón
creadora en el origen del
cosmos (cfr. Catecismo,
284).
El cristianismo tiene
desde el comienzo
una confianza
grande
en la capacidad
de la razón humana
de conocer; y
una enorme seguridad
en que jamás la razón…
(científica o filosófica)
podrá llegar
a conclusiones
contrarias a la fe,
pues
ambas provienen
de un mismo origen.

La Iglesia,
desde el inicio,
buscó el diálogo
con la razón:
una razón consciente
de su carácter creado,
pues no se ha dado
a sí misma
la existencia,
ni dispone
completamente
de su futuro;
una razón abierta
a lo que la trasciende,
en definitiva,
a la Razón originaria.
Paradójicamente,
una razón cerrada,
que cree poder hallar
dentro de sí
la respuesta
a sus interrogantes
más profundos,
acaba por afirmar
el sinsentido de la existencia,
Y por no reconocer
la inteligibilidad de lo real
(nihilismo, irracionalismo).
c) «Señor y dador de vida»

«Creemos que
[el mundo]
procede de
la voluntad libre de Dios
que ha querido
hacer participar
a las criaturas
de su ser,
de su sabiduría
y de su bondad:
“Porque tú has creado
todas las
cosas; por tu
voluntad
lo que no
existía
fue creado”
(Ap 4,11) [...].

“Bueno es el
Señor
para con
todos,
y sus ternuras
sobre todas
En consecuencia: «salida
de la bondad divina,
la creación
participa en esa bondad
(“Y vio Dios que
era muy bueno”:
Gn 1,[Link].21.31).

Porque la creación
es querida por Dios
como un don»
(Catecismo, 299).
Este carácter
de bondad y
de don libre
permite descubrir
en la creación
la actuación
del Espíritu
–que «aleteaba
sobre las aguas»
(Gn 1,2)–,…
la Persona Don
en la Trinidad,
Amor subsistente
entre el Padre y el Hijo.

La Iglesia confiesa su fe
en la obra creadora
del Espíritu Santo,
dador de vida y
fuente de todo bien.
La afirmación cristiana
de la libertad divina creadora
permite superar las
estrecheces de otras visiones
que,
poniendo una necesidad en
Dios, acaban por sostener
un fatalismo o un
determinismo.
No hay nada,
ni “dentro” ni “fuera” de Dios,
que le obligue a crear.

¿Cuál es entonces
el fin que le mueve?
¿Qué se ha propuesto al crearnos?

2. «El mundo ha sido


creado para la gloria de
Dios» (CV I)

Dios ha creado todo


«no
para aumentar su gloria
sino
para manifestarla y
comunicarla».
(Buenaventura de
Bagnoregio,
Super Sent., lib.2, d.1, q.2,
a.2, ad 1).
Insistiendo en esta
enseñanza de san
Buenaventura,
el CV I (1870)
declara que
«en su bondad y
por su fuerza
todopoderosa,
no para aumentar
su bienaventuranza,
ni para adquirir su perfección,
sino para manifestarla
por los bienes que otorga a sus
criaturas, el solo verdadero Dios,
en su libérrimo designio,
en el comienzo del
tiempo, creó de la nada a
la vez una y otra criatura,
la espiritual y la
corporal» (DS 3002; cfr.
Catecismo, 293).

Cuando se afirma
que el fin de la criatura
es la gloria de Dios
no se está defendiendo
una especie de
egocentrismo divino.
Al contrario,
Dios “sale de sí”
para comunicarse
a las criaturas.

«La gloria de Dios


consiste en que se
realice
esta manifestación y
esta comunicación
de su bondad
para las cuales
el mundo ha sido
creado.
Hacer de nosotros
“hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
según el beneplácito
de su voluntad,
para alabanza
de la gloria de
su gracia” (Ef 1,5-6):
“Porque la gloria de Dios
es el hombre vivo,
y la vida del hombre
es la visión de Dios”»
(Catecismo, 294).
Lejos de una
dialéctica de
principios opuestos
(como el dualismo
maniqueo o el
idealismo monista
hegeliano),
afirmar la gloria de
Dios
como fin de la
creación
no constituye
una negación del
hombre,
sino un
presupuesto
El optimismo cristiano
hunde sus raíces
en la exaltación conjunta
de Dios y del hombre:

Benedicto XVI
(Homilía, 15-08-2005)
«El hombre es grande
sólo si Dios es grande».

Se trata de un optimismo y
una lógica que
afirman…
la absoluta prioridad
del bien,
pero que no por ello
son ciegos
ante la presencia del mal
en el mundo y en la
historia
(como se verá en el próximo
tema).

Pero se trata
sobre todo
de la afirmación
central del cristianismo:
Dios ha creado todo para
Cristo, que es a la vez Dios y
hombre, y en su exaltación
gloriosa
queda elevada la
humanidad al tiempo que se
manifiesta el esplendor de
la divinidad.

3. El carácter temporal
de lo creado y la evolución

El efecto de la acción creadora de


Dios es la totalidad del mundo
creado, «cielos y tierra» (Gn 1,1).
El IV Concilio de Letrán
(1215) enseña que
Dios es «Creador
de todas las cosas,
de las visibles y
de las invisibles,
espirituales y
corporales;
que por su
omnipotente virtud
a la vez desde
el principio del tiempo
creó de la nada…
a una y otra criatura,
la espiritual y
la corporal,
es decir,
la angélica y
la mundana, y
después la humana,
como común,
compuesta
de espíritu y
de cuerpo»
(DS 800).
Esto significa que:
el cristianismo supera

1.- el
monismo (que
afirma que
la materia y
el espíritu se
confunden,
que la realidad
de Dios y
del mundo
se identifican)…
2.- dualismo
(según el cual
materia y
espíritu son
principios
originarios
opuestos).

Por otra parte,


esta enseñanza
afirma que
la acción
creadora
pertenece a la…
eternidad de Dios,
pero el efecto
de tal acción
está marcado
por la temporalidad.

La Revelación
afirma que
el mundo
ha sido creado
con un inicio temporal,
es decir,…
que ha sido creado
junto con el tiempo,

lo cual es congruente
con el designio divino
de manifestarse
en la historia
de la salvación.

Se trata de
una verdad revelada,
que la razón
no puede demostrar,…
como enseñó
Tomás de Aquino
en la famosa
disputa medieval
sobre la eternidad
del mundo.

Dios guía la historia


por medio de su
providencia.

La creación, pues,
tiene un comienzo,…
pero no se reduce al
momento inicial,
sino que se configura
como una creación
continuada,
ya que el influjo divino
creador no desaparece.

La creación se revela
en la Biblia
como una acción divina
que continúa en la historia
hasta su culminación final
en la nueva creación.
Se entiende bien, entonces,
que no haya nada
más lejos de
la visión cristiana
que una mentalidad
inmovilista,
según la cual…
todo estaba ya
perfectamente
fijado desde el
principio.
En una visión dinámica encajan

sin dificultad
algunos aspectos
de la teoría de la evolución,

sabiendo siempre
que conviene
distinguir
los niveles de
consideración,
respetando el ámbito
de la acción y la
causalidad divina…
como diverso de la esfera
de actuación y causalidad
de los seres creados.

Si la exaltación del primero


(en detrimento de la
segunda)
llevaría a un
supranaturalismo
Inaceptable
(como si Dios hiciera todo y
las criaturas fuesen
“marionetas”
en manos del único agente
divino),
la sobrevaloración de la
segunda (en menoscabo del
primero)
conduce a una visión
asimismo insuficiente:
el deísmo naturalista,
para el que Dios
no puede
actuar en un mundo
que posee
su propia autosuficiencia.
4. Creación y

salvación La creación

es
«el primer paso
hacia la Alianza
del Dios único
con su pueblo»
(Compendio, 51).

En la Biblia, la creación,
está abierta a la
actuación salvífica de Dios…
en la historia,
que tiene su plenitud
en el misterio pascual de Cristo,
y que alcanzará
su perfección final
al final de los tiempos.

La creación está hecha


con miras al sábado,
el séptimo día
en que el Señor
descansó,
día en que culmina la
primera creación y…
que se abre
al octavo día
en que comienza
una obra
todavía
más maravillosa:
la Redención,
la nueva creación
en Cristo
(2 Co 5,7;
cfr. Catecismo, 345-349).
Se muestra así
la continuidad y
unidad del designio
divino de creación y
redención.

La relación entre ambas


puede expresarse
diciendo que,
por una parte,
la creación es
el primer
acontecimiento salvífico;
y por otra que,
la salvación redentora
tiene las
características de una
nueva creación.

Esta relación
ilumina
importantes aspectos
de la fe cristiana,
como la ordenación
de la naturaleza a la gracia
o la existencia de
un único fin sobrenatural
del hombre.
5. La verdad sobre la creación en la vida del
cristiano

La radicalidad de
la acción creadora
y salvadora de Dios
requiere
una respuesta
que tenga
ese mismo
carácter
de totalidad:
«amarás al Señor tu
Dios con todo tu
corazón,
con toda tu alma,
con todas tus
fuerzas» (Dt 6,5.
Cfr. Mt 22,37;
Mc 12,30; Lc
10,27).

A la vez, la
universalidad
de la acción divina
tiene un sentido
intensivo y
extensivo:
Dios crea y salva
a todo el hombre y
a todos los
hombres.

Corresponder
a su llamada a amarle
con todo nuestro ser
está intrínsecamente
unido a llevar su amor
a todo el mundo.
Así, la afirmación
según la cual el
apostolado es
la superabundancia
de la vida interior
(San Josemaría:
Camino, n. 961)

se manifiesta
con una dinámica
análoga del obrar divino,
es decir,…
de la intensidad
del ser, de la
sabiduría y
del amor trinitario
que se desborda
hacia sus
criaturas.

El conocimiento y
admiración del poder,
sabiduría y
amor divinos
conduce al
hombre
a una actitud
de…
de reverencia,
adoración y humildad,
a vivir en
la presencia de Dios
sabiéndose hijo suyo.

Consciente de que
todo ha sido
creado
para la gloria de
Dios,
el cristiano…
procura conducirse
en todas sus acciones
buscando el
fin verdadero
que llena su vida de felicidad:
la gloria de Dios,
no la propia vanagloria.
Se esfuerza por
rectificar la intención en sus
acciones, de modo que pueda
decirse que
el único fin de su vida es éste:
Deo omnis gloria!
La grandeza y
belleza
de las criaturas
despierta
en las personas
admiración,
provocando
la pregunta
por el origen y destino
del mundo y del
hombre, haciéndoles
entrever
la realidad de su
Creador.
El cristiano,
en su diálogo con los no
creyentes, puede suscitar estas
cuestiones para que
las inteligencias y los corazones
se abran a la luz del Creador.

Asimismo,
en su diálogo con los
creyentes de las diversas
religiones,
el cristiano
encuentra en la
un excelente punto de
partida,
pues se trata de una
verdad en parte
compartida,
y que constituye
la base de los valores
morales fundamentales de la
persona.
Bibliografía básica
•-Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 279-301;
•-Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 51-54.
•-Juan Pablo II, Creo en Dios Padre. Catequesis sobre el
Credo (I), Palabra, Madrid 1996, pp. 181-218.
•-San Josemaría, «Amar al mundo apasionadamente», en
Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, nn. 113-123.
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P. Juan María Gallardo

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Natural and divine revelation both play crucial roles in shaping the Christian understanding of creation. Natural revelation, accessible through the observation of the world and reasoning, offers a glimpse into God's invisible qualities and eternal power. However, divine revelation provides specific truths about creation that natural revelation alone cannot ascertain—such as God's intentional act of creation ex nihilo and its purpose for salvation. This revealed knowledge highlights the personal nature of God and His purposeful creation, aligning with theological doctrines and historical salvation narratives. The interdependence of both revelations underscores the complementarity between reason and faith in acquiring a holistic understanding of creation that appreciates the mystery and depth of divine action .

The temporal nature of the created world signifies that creation has a beginning and is situated within the unfolding of time, aligning with divine providence. This temporality contrasts with God's eternal unchanging nature and highlights the contingent and evolving character of the universe. Divine providence, as articulated in Christian theology, involves God's ongoing governance and guidance of creation toward its ultimate fulfillment. Therefore, the temporal world is not viewed as a static entity but as part of a dynamic journey that involves God's active participation and guidance until the culmination of all things in a new creation. This concept allows for the incorporation of evolutionary processes and highlights the sustained creation role that God plays .

Creation and salvation are intricately intertwined in Christian theology, where creation is perceived as the initial act of God's salvific plan that culminates in salvation through Christ. The world was created with a view to the redemption offered through Jesus, making creation itself an act that anticipates salvation. This relationship is evident in concepts such as creation being completed and perfected by the redemptive work of Christ, described as a 'new creation.' The Sabbath, symbolizing the rest and completion of the first creation, prefigures the 'eighth day' of resurrection, further illustrating the link between creation's physical beginnings and its spiritual completion in salvation .

In Catholic doctrine, the act of creation is a common work of the Trinity, but traditionally the role of creation is appropriated to the Father, redemption to the Son, and sanctification to the Holy Spirit. Creation is seen as stemming from the omnipotence of the Father, reflecting the wisdom of the Son (Logos), and animated by the life-giving Spirit. The Father is conceived as the 'source and origin,' the Son (Jesus Christ) is associated with the Word 'through whom all things were made' (Col 1:16, Jn 1:3), and the Spirit is seen as the 'Dador de vida' or giver of life .

Blending faith and reason in understanding creation suggests that reason, when open to the divine and transcendent, complements and deepens the insights offered by faith. This integration affirms that truths obtained through reason cannot contradict those revealed by faith since both are rooted in God. Historically, engagement with reason has allowed for dialogues with sciences and philosophies that enhance the comprehension of divine creation. A closed reason that disregards faith may fall into nihilism, while a faith that ignores reason may become dogmatic. By valuing both, Christian theology supports a reasoned faith that is capable of engaging with wider intellectual and cultural narratives while maintaining fidelity to the doctrines of creation and divine providence .

The assertion that 'the world has been created for the glory of God' implies that human existence has a divinely ordained purpose rooted in manifesting and communicating God's glory. This purpose involves humans living in a way that reflects God's goodness and attributes, becoming part of the divine plan. The glory of God is seen as fully realized when humans embrace their role as children of God and live according to His will. It intertwines with the concept that humanity, by participating in this glory and reflecting divine goodness, finds its ultimate fulfillment and meaning. This view eschews any notion of divine egocentrism, instead highlighting that God's 'glory' is essentially the realization of His creatures becoming fully alive in their potential .

The concept of 'creatio ex nihilo,' meaning creation from nothing, is a key differentiator in the Christian understanding of creation compared to other ancient cultural narratives, which often involve the shaping of pre-existing matter or a dualistic conflict between opposing forces. This idea, that God created the universe out of nothing, underscores God's omnipotence and uniqueness as the sole Creator, as only an infinite active power—God—can bring things into being from nothing. It negates any form of pre-existing chaos or matter from which the world arose, setting Christian creation narratives apart from myths that depict creation as an ordering or battle .

The concept of 'appropriation' refers to assigning specific roles or attributes to each Person of the Trinity in the context of creation, even though all divine actions are common to the Trinity. By appropriating omnipotence to the Father, wisdom to the Son, and love and life-giving to the Spirit, Christians can better comprehend the distinct yet united workings of the Triune God. This facilitates an understanding of the unity and diversity within the Trinity during the act of creation, allowing believers to speak meaningfully about how each Person distinctly contributes to the one divine work, while avoiding confounding the Persons themselves .

Viewing creation as a continuous act rather than a completed historical event provides several theological insights. It emphasizes the ongoing relationship between God and creation, where divine presence and activity are continuously sustaining and working through all aspects of existence. This understanding counters any static or deistic views of creation, reinforcing God’s immanence and active involvement in the world. It enriches the concept of divine providence, showcasing how God’s plan unfolds progressively, preparing creation for its ultimate fulfillment in eschatological hope. Moreover, it reflects the dynamic nature of God's creative word, ever renewing through evolutionary processes and history, embodying both divine transcendence and intimate presence .

Christian teaching reconciles evolution with divine creation by viewing evolution as a process that occurs within the framework of God's creative order. The doctrine of continuous creation supports the idea that God’s influence and creative act are not restricted to the initial moment of creation but extend through time, allowing for processes like evolution to occur without contradicting the divine creative will. This perspective maintains God's sovereignty and providential guidance in shaping life over time, respecting the autonomy and causal processes in nature while upholding the belief that nothing exists independently of God’s creative influence. By this understanding, evolutionary theory, adequately interpreted, reinforces the dynamic and teleological aspects of creation, rather than opposing them .

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