DIMENSIÓN
FAMILIAR
• El reto fundamental del trabajo por realizar con la familia es el de potenciar su rol
dinamizador como entorno protector y canalizador de las experiencias, vínculos y
relaciones de sus miembros.
• En esta medida el alcance de la dimensión familiar es fomentar las capacidades de la
Persona en Proceso de Reincorporación (PPR) y de su grupo familiar para constituirse
como un entorno protector por medio de la convivencia familiar y la promoción y
protección de los derechos y deberes familiares.
DIMENSIÓN DE RELACIONES
• Las relaciones dentro de la propia unidad familiar es la que va a determinar los
valores, afectos y actitudes de la persona adulta. El ambiente familiar es el
conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia. Este
propicia el desarrollo adecuado de la persona.
COHESIÓN
• Es el nivel de responsabilidad, apoyo y ayuda entre los integrantes de la familia, lo cual permite
apoyarse a pesar de los conflictos y crisis. La finalidad de las relaciones familiares es que se
entiendan y vivan en constante armonía. Además, desarrollan un sentido de pertenencia (Cabeza &
Díaz, 2019) (Ramos & Risco, 2019).
• Sin embargo para un desarrollo óptimo de cada uno de los miembros de la familia, el
nivel de cohesión debe al mismo tiempo ser compatible con la necesaria individualización
y autonomía de todos y cada uno de ellos.
EXPRESIVIDAD
• Es la vehemencia de cada uno de los integrantes de la familia, para que puedan mostrar libremente sus emociones y
sentimientos, como por ejemplo, brindar amor, trato cálido; es decir dar y recibir afecto, esto eleva el clima de
confianza, respeto y comunión asertiva, consiguiendo un equilibrio emocional (Cabeza & Díaz, 2019).
• La familia tiene un papel complicado. Muchas veces son desconocedores de la enfermedad, de la
complejidad de los síntomas, de las consecuencias que tiene sobre la vida cotidiana y la convivencia
familiar. Se une el dolor, la vergüenza, el estigma, el miedo, el rechazo, los sentimientos de culpa que
pueden aparecer. Además, muchos de ellos tienen que afrontar los mismos factores adversos que han
contribuido a desencadenar la enfermedad de su familiar: una red social poco estructurada, una cognición
social deficiente o rudimentaria, vulnerabilidad al estrés, mayores dificultades para solucionar los
problemas de forma eficaz, estilos de comunicación poco adecuados, hábitos de vida no saludables…
CONFLICTOS
• Son varios puntos que agotan las relaciones de la familia, pero también pueden dar cabida a una
relación asertiva familiar que fortalezcan los lazos; ya que para ello se enfatiza mucho la
comunicación asertiva (Cabeza & Díaz, 2019).
• Los conflictos ocurren en todas las familias, ya que las disputas son normales, puesto que
la familia está compuesta por diferentes individuos con diversas opiniones y formas de
pensar, lo cual hace que el conflicto sea inevitable. Además, no tienen por qué ser
negativos, ya que si son bien gestionados pueden representar una oportunidad para crecer
y hacer que la familia sea más resiliente.
DIMENSIÓN DE DESARROLLO
• Mide el grado de asertividad y autosuficiencia, la capacidad para poder decidir y el grado de involucración en
actividades de interés político, social, intelectual, cultural religioso y recreativo que beneficien la
competitividad personal (Soto, et al, 2016, p4)
• Los niños no se desarrollan en el vacío, sino en el contexto de su familia, su vecindario,
comunidad, país y el mundo. Los niños reciben la influencia de sus padres, hermanos y de otros
familiares; de amigos y compañeros; de otros adultos con los que entran en contacto, y de la
escuela, la iglesia, y los grupos de los que forman parte. Son influidos por los medios de
comunicación; por los líderes comunitarios y nacionales, por la cultura en la que están creciendo e
incluso por las cosas que están sucediendo en el mundo. Los niños son en parte un producto de las
influencias sociales.
AUTONOMÍA
• Es el grado que manifiestan los miembros de la familia para tomar sus propias decisiones y ser
autosuficientes (Lezama & Valencia, 2019).
• Los niños más pequeños nacen siendo heterónomos, es decir, necesitan de la ayuda de un
adulto para realizar las tareas más básicas. Es en los centros educativos, en colaboración
con las familias, donde se debe encaminar la enseñanza hacia la adquisición de la
autonomía. Esto significa que los niños dejen de ser personas que dependan en la
totalidad de su vida diaria de un adulto para ejecutar por sí mismos acciones cotidianas
tanto en el aula como en el ámbito familiar.
DIMENSIÓN DE ESTABILIDAD
• Mide la estructura y formación de la familia, así como también la forma de control que se ejerce en
el hogar, sobre todo entre sus miembros (Ramos & Risco, 2019).
• Desde el punto de vista del bien general aún es más importante la estabilidad, pues sin
ella la familia no podría cumplir su fin social. Sin estabilidad no hay adherencia a la
localidad, ni a sus conveniencias; no hay tradiciones ni hábitos de gestión de los intereses
comunes del lugar, ni públicos. Ni espíritu de abnegación hacia este bien general.
ORGANIZACIÓN
• Es aquella que evalúa la importancia de la planificación de actividades y responsabilidades de la
familia (Ramos & Risco, 2019).
• La familia, como todo grupo humano, necesita estar organizada para mantener una
convivencia pacífica y armoniosa entre sus miembros. Y, sobre todo, para llevar a buen
término una de sus funciones primordiales: facilitar la maduración de los hijos/as hacia
una autonomía responsable, en un proceso bimodal que aúna socialización e
individuación.
TIPOS DE CLIMA SOCIOFAMILIAR
• Clima Positivo:
Este clima favorece y potencia un adecuado desarrollo psicosocial del individuo, siempre y cuando
esté fundamentado en la cohesión afectiva fraterno – filial, apoyo mutuo, confianza e intimidad,
comunicación familiar abierta y empática (Ramos & Risco, 2019). Aquí los padres tienen que
proporcionar a sus hijos soporte, seguridad y estabilidad, lo cual conlleva a los niños alcanzar su
máximo potencial, fortalecer la autoestima, reafirma su identidad, consiguiendo una adecuada
interacción con las personas que están en su entorno cercano. (Ramos & Risco, 2019).
• Clima Negativo:
En este tipo de clima familiar se perciben conflictos familiares con cada uno de los miembros que lo conforman y puede llevarlos a un estado de
angustia, incertidumbre, provocando en cada uno de ellos ciertas afecciones conductuales y/o emocionales, por ejemplo, ansiosos, agresivos,
rebeldes, entre otros (Ramos & Risco, 2019). También se observan relaciones hostiles, escaso o nulo control en la conducta de los hijos, vínculos
confusos, disfuncionalidad en la conducta del menor de edad, por ejemplo, fracaso académico, enuresis, timidez, etc (Lezama & Valencia, 2019).
Todo lo anterior conlleva a problemas que son el producto de conflictos que padecen los niños al interior de la familia, manifestándose en síntomas
concretos como alternativa de fuga, dentro de ellos tenemos mala comunicación, las relaciones interpersonales se debilitan, afectación en su
personalidad, carecen de afecto, restricciones sociales, alteración en su autoestima, disminución en su autonomía y conducta regresivas (Ramos &
Risco, 2019). Los niños por más pequeños sean perciben la sensibilidad del ambiente y sus padres, ellos son capaces de diferenciar cuando lo
sostienen o hablan como amor, cuando una sonrisa es hostil o amable, cuando una mirada es de bondad o maldad; es decir, se tiene que considerar
la comunicación verbal y no verbal que se emplea en la familia, porque esto contribuye en la formación de su imagen o concepto personal del niño
(Lezama & Valencia, 2019). Este tipo de clima familiar se ve caracterizado por estilos de crianza autoritarios, violencia intrafamiliar, arbitrariedad,
incumplimiento de roles paternales, escaso tiempo de ocio familiar, poca tolerancia (Lezama & Valencia, 2019).