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Fe Jesús: en El

El documento se centra en Jesucristo como el centro de la fe y la catequesis. Describe a los catequistas como personas llamadas por Dios para anunciar a Jesucristo y ayudar a otros a encontrar un encuentro vivo con Él. Explica que la catequesis busca transmitir el mensaje de Jesucristo a través de las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia para formar a las personas en su fe y relación con Cristo.

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Fe Jesús: en El

El documento se centra en Jesucristo como el centro de la fe y la catequesis. Describe a los catequistas como personas llamadas por Dios para anunciar a Jesucristo y ayudar a otros a encontrar un encuentro vivo con Él. Explica que la catequesis busca transmitir el mensaje de Jesucristo a través de las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia para formar a las personas en su fe y relación con Cristo.

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En el centro

de la fe y de la

catequesis  
:

JESÚS
L
LAMADOS …
“El catequista es un cristiano que recibe
la llamada particular de Dios. Las causas
inmediatas por las que un catequista es
llamado son muy variadas, pero todas
son mediaciones que Dios, a través de la
Iglesia, utiliza para llamarlo a su
servicio” (112).
Gracias, Jesús,
por esta llamada
“que nos hace partícipes
de tu misión” (112).
“Algunos fieles se sienten
llamados por Dios para asumir el
papel de catequistas en la
comunidad cristiana … La
Iglesia suscita y discierne esta
vocación divina y confiere la
misión de catequizar” (122).
Los catequistas “actuamos
y trabajamos con sentido
eclesial
en nombre
de toda
la Iglesia” (296).
“Esta llamada personal de Jesucristo y la relación con
Él son el verdadero motor de la acción del
catequista: «Desde este conocimiento amoroso de
Cristo es de donde brota el deseo de anunciarlo, de
evangelizar, y de llevar a otros al sí de la fe en
Jesucristo»” (122). “(Hay que pensar en los catequistas)
principalmente como personas que han
experimentado el amor de Dios y que, sólo por
esta razón, se ponen al servicio del anuncio del Reino”
(138).
“Queremos
profundizar
en el conocimiento
de Aquel a quien
reconocemos
como Señor”
(143).
“El reconocimiento de los propios límites no debe
desanimar al catequista para aceptar la llamada al servicio;
al contrario, puede responder a esta llamada apoyándose en
una relación viva con el Señor, con el deseo de vivir la vida
cristiana en autenticidad y poniendo generosamente a
disposición de la comunidad los «cinco panes y dos peces»
(Cf. Mc 6,38) de sus propios carismas personales. «Al
mismo tiempo procuramos una mejor formación [...]
Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario,
la misión es un estímulo constante para no quedarse en la
mediocridad y para seguir creciendo»” (138).
“La profunda unión
que mantenemos con
Jesucristo hace
eficaz nuestra
actividad
catequizadora” (112).
Llamados a
anunciar
a
“La Iglesia favorece y alienta a que en los labios de
los catequistas … surjan anuncios creíbles,
confesiones de fe vitales, nuevos himnos
cristológicos para anunciar a cada persona la
buena nueva: «Jesucristo te ama, dio su vida
para salvarte, y ahora está vivo a tu lado
cada día, para iluminarte, para
fortalecerte, para liberarte»” (58).
“El Señor Jesús,
reuniéndose con los
jóvenes, les mostraba
la benevolencia del
Padre, los
interrogaba y los
invitaba a una vida
plena” (252).
“Se pide a los catequistas que sepan resaltar la centralidad de
Jesucristo en la historia de la salvación” (133). “El
cristocentrismo es lo que caracteriza esencialmente al mensaje
transmitido por la catequesis. Esto significa, en primer lugar,
que en el corazón de la catequesis está la persona de Jesucristo
viva, presente y operante. El anuncio del Evangelio es presentar
a Cristo y todo lo demás en referencia a Él. Además, como
Cristo es «la clave, el centro y el fin de toda la historia
humana» (GS 10) … la catequesis se compromete a «transmitir
lo que Jesús enseña acerca de Dios, del hombre, de la felicidad,
de la vida moral, de la muerte»” (169).
“«No hay evangelización
verdadera, mientras no se
anuncie el nombre, la doctrina,
la vida, las promesas, el reino, el
misterio de Jesús de Nazaret
Hijo de Dios»” (37).
”Entre las fuentes vivas de la fe, en primer
lugar, se encuentran las Sagradas Escrituras
divinamente inspiradas, entendidas como un
único libro en el que Dios «dice sólo una
palabra, su Verbo único, en quien él se dice en
plenitud», «uno es el discurso de Dios que se
desarrolla a través de la Sagrada Escritura y
sólo uno es la Palabra que resuena en la boca
de todos los santos escritores». (187).
Queremos
contemplarlo todo
“con la mirada del
Buen Pastor, que no
busca juzgar sino
amar”. (336).
”(Hay) una forma propia de leer e interpretar las Escrituras, que
todavía hoy conserva su gran valor. Se caracteriza por una
presentación unitaria de la persona de Jesús a través de los
principales acontecimientos de su vida, (que) se celebran en las
diversas fiestas del Año litúrgico … Uniendo Antiguo y Nuevo
Testamento mediante una lectura tipológica de la Sagrada
Escritura se puede comprender profundamente el significado de
los acontecimientos y de los textos que cuentan la única historia
de la salvación. Esta lectura comprender que nada de la antigua
alianza se termina con Cristo, sino que en Él todo se cumple”
(170).
Los catequistas caminamos “en la
serena conciencia de que «Cristo
es el “Evangelio eterno” (Ap
14,6), y es “el mismo ayer y hoy
y para siempre” (Heb 13,8 (406).
“«Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y
seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también
bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de
un gozo profundo, aun en medio de las pruebas». La
catequesis siempre debe transmitir la belleza del Evangelio
que ha resonado en los labios de Jesús para todos: pobres,
sencillos, pecadores, publicanos y prostitutas, que se han
sentido acogidos, comprendidos y ayudados, invitados y
servidos por el mismo Señor… La catequesis no es ante
todo la presentación de una moral, sino un anuncio de la
belleza de Dios, que se puede experimentar, que toca el
corazón y la mente transformando la vida” (175).
“Jesús, Sabiduría de Dios, con tu

Pascua traes la paz y la alegría

verdaderas, el sentido para la


vida de la persona que busca bienestar y
armonía” (353).
“El Evangelio de Jesús es fascinante porque es una noticia hermosa,
buena, alegre, llena de esperanza. Él … ha contado a través de las
parábolas la belleza de la acción de Dios. En su relación con las
personas ha dicho bellas palabras que con su eficacia sanan las
profundidades del alma … Él ha realizado bellas acciones: ha
sanado, ha liberado, ha acompañado tocando las heridas de la
humanidad. Soportando la crueldad de la condena a muerte como
alguien que «sin forma ni belleza» (Is 53,2), ha sido reconocido como
el «más bello de los hombres» (Sal 45,3). Así, ha llevado a la
humanidad, purificada, a la gloria del Padre” (107). “La Iglesia, por
tanto, toma en cuenta que el anuncio del Resucitado para alcanzar el
corazón humano debe resplandecer de bondad, verdad y belleza”
(108).
“La riqueza y
hermosura de Cristo
son inagotables. Él es
siempre joven y
fuente constante de
novedad” (406).
Y
A AYUDAR A
ENCONTRARSE

CON ÉL
“En el centro de todo proceso de catequesis está el encuentro vivo
con Cristo. «El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no
sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo».
La comunión con Cristo es el centro de la vida cristiana y, en
consecuencia, el centro de la acción catequística. La catequesis
está orientada a formar personas que conozcan cada vez más a
Jesucristo y su Evangelio de salvación liberadora, que vivan un
encuentro profundo con Él y que elijan su estilo de vida y sus
mismos sentimientos (Cf. Flp 2,5), comprometiéndose a llevar a
cabo, en las situaciones históricas en las que viven, la misión de
Cristo, es decir, el anuncio del Reino de Dios” (75).
“La fe en Jesús
es “una adhesión
del corazón,
de la mente
y de la acción”
(18).
“El encuentro con Cristo involucra a la persona en su totalidad:
corazón, mente, sentidos. No atañe sólo a la mente, sino también
al cuerpo y sobre todo al corazón. En este sentido, la catequesis,
que ayuda a la interiorización de la fe y, con esto, brinda una
contribución insustituible al encuentro con Cristo y al …
nacimiento del hombre nuevo (Cf. Ef 4,24) y la transformación
espiritual personal (Cf. Rom 12,2)” (76). “La catequesis hace
madurar la conversión inicial y ayuda a los cristianos a dar un
significado pleno a su propia existencia, educándolos en una
mentalidad de fe conforme al Evangelio, hasta que
gradualmente lleguen a sentir, pensar y actuar como Cristo”
(77).
“Creemos en Jesús cuando lo acogemos
personalmente en
nuestra vida
y nos confiamos a él,
uniéndonos a él
mediante el amor
y siguiéndolo a lo largo del camino” (18).
María, tú educaste a Jesús “en el camino de la
justicia y de la obediencia a la voluntad del
Padre”, eres para nosotros “catequista
ejemplar, pedagoga de la evangelización, y
modelo eclesial para la transmisión de la fe”.
Que nosotros, catequistas, te miremos y
aprendamos de ti el arte de educar en la fe.
María, tú eres “la Madre que aprendió a
seguir al Hijo, convirtiéndote en la
primera y más perfecta de sus discípulos”,
enséñanos a seguir de cerca a tu Hijo y a saber
hacer discípulos suyos a los jóvenes de nuestro
mundo.
María, Madre de la Iglesia, que “en la mañana
de Pentecostés presidiste con tu oración el
inicio de la evangelización, bajo la acción del
Espíritu Santo”, “continúa hoy intercediendo
para que las personas del tiempo presente
puedan encontrar a Cristo y recibir en
plenitud la vida de hijos de Dios”.
F I N

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