EL RESUMEN
DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA
ANA MARTÍNEZ
¿QUÉ ES RESUMIR?
Resumir consiste en seleccionar las ideas más
relevantes de un texto y exponerlas
brevemente.
Es importante, a la hora de elaborar el resumen,
que tengamos clara la tipología del texto, porque
la intención del emisor (contar una historia,
convencernos de una idea, ampliar nuestro
conocimiento sobre algún tema, etc) deberá
quedar reflejada en el resumen.
TEXTO NARRATIVO
• Nuestra atención debe centrarse en los
personajes, sus acciones o lo que les sucede.
• Una forma de resumir un texto narrativo es
realizar una lista ordenada de lo que sucede y
después seleccionar aquello que sea más
relevante.
• Esa selección es la que se reflejará en el
resumen.
TEXTO ARGUMENTATIVO
• Identifica la tesis del autor/a, la idea principal que resume
en una oración lo que está defendiendo.
• Localiza los 2 o 3 argumentos principales y trata de
sintetizar cada uno en una idea.
• Posible pauta: X defiende que (tesis) porque...
(argumentos).
• Localiza los contraargumentos (si los hay) y escoge el
principal. Si lo puedes incorporar al resumen, puedes
hacerlo con una subordinada concesiva (aunque, a pesar
de...): X defiende que, aunque... (contraargumento),/ tesis/
argumentos.
TEXTO EXPOSITIVO
Se reduce cada párrafo de un texto a una idea que se corresponda
con el tema principal del tema que se trata. Esa idea se expresa a
través de un sintagma nominal (se le da forma de título).
Se analiza el listado de ideas que se ha realizado y se reformula la
oración que seleccione lo esencial del conjunto.
Es muy importante en el caso del texto expositivo tener clara su
estructura para realizar un buen resumen. Ejemplos:
a) Definición de un concepto y sus características.
b) Localización espacio-temporal de una guerra y sus causas.
c) Definición de un grupo y sus tipos.
d) Etc.
PAUTA PARA ESCRIBIR EL RESUMEN
(Plantilla de Santiago Moll)
CONSEJOS PARA ESCRIBIRLO
• Utilizar un lenguaje que no sea subjetivo y valorativo.
• Usar el registro estándar, no el coloquial.
• Escribir los verbos en tercera persona del singular del presente de
indicativo.
• Explicar el contenido en lugar de dar tu opinión.
• Evitar copiar frases textuales.
• Huir de proposiciones subordinadas.
• Dar cohesión al resumen mediante los conectores.
• Colocar las palabras clave después del verbo.
• Evitar el uso de oraciones impersonales.
• No hay que sintetizar los párrafos en el mismo orden en el que aparecen.
• Evitar empezar el resumen con la preposición «En».
ACTIVIDADES:
RESUMEN TEXTO NARRATIVO
No dormían. Era el martes 11 de octubre de 1994, la noche había caído sobre Madrid hacía ya varias horas y, en las calles,
escaparates encendidos, luces de automóviles, el alumbrado público, rótulos, el párrafo de claridad en la escalera de los edificios
repentinamente abiertos, mujeres fumando, hombres fumando, el interior de los últimos autobuses, ventanas como sellos luminosos
y semáforos disputaban contra esa sombra mientras, en camas y pisos distintos, Carlos Maceda, Santiago Álvarez y Marta
Timoner se debatían con el insomnio.
Habían comido los tres juntos, como solían hacer una vez cada dos o tres meses, al margen de que se vieran, con sus parejas o solos,
en otras ocasiones. Al restaurante se entraba por una puerta en arco de madera pintada de rojo. Pese a la tosquedad del suelo
demasiado gastado, igual que las paredes, los precios no eran bajos o así se lo había parecido a ellos la primera vez que
fueron, diez años atrás, reunidos entonces para celebrar el final de sus carreras universitarias.
No dormían. Veían un salero. No lejos de su mesa, una manzana en un frutero blanco. Veían el resultado de la conversación: ocho
millones. Mientras esperaban el primer plato, estuvieron hablando de un conocido común con el énfasis de los que han
elegido invocar en voz alta una escala de valores. Cuando ya les traían el pisto, la menestra, la crema de puerros, Carlos Maceda
dijo:
¿Podéis prestarme dinero? Es para mi empresa.
Como agua quieta el calor se les depositaba sobre las piernas. La almohada estaba tibia.
Carlos intentaba apoyar el pecho en la espalda de Ainhoa, amoldarse a su respiración, pero su mujer se revolvía, tensa. Santiago
tenía los ojos abiertos, estaba solo. Marta se levantó procurando no despertar a Guillermo.
Había una quemadura en el mantel. Ocupaba la mitad de un cuadrado rojo y el borde de uno blanco. Marta la recordaba porque
había puesto el mechero sobre la quemadura sin darse cuenta y luego, al cogerlo, la había visto, y había pasado el dedo por sus
bordes. Carlos necesitaba ocho millones [de pesetas]: cuatro de cada uno. El paño rojo y el pan. Ese salero. Marta se tumbó en el
sofá del salón. Cuatro millones equivalían al sueldo de un año y medio. Era como si Carlos le hubiera pedido prestado su año
sabático.
Belén Gopegui. La conquista del aire. Barcelona: Anagrama, 1998, pp. 17-18
ACTIVIDADES:
RESUMEN TEXTO ARGUMENTATIVO
Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún
momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de
internet.
Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas
tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario
debe renovarse con las tendencias de la temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente
actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos
tomará la delantera.
Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que
llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las
aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista.
Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo –como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro-,
creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más
porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas.
En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno
cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al
cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables –desde el consumismo desenfrenado a las
redes sociales- remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial –de la música a la búsqueda de la
espiritualidad- no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los
arcaísmos –de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías-.
Por eso, ante la catarata de predicciones apocalípticas sobre el futuro del libro, yo digo: un respeto. (...) Yo creo que el libro seguirá siendo el
soporte esencial para la lectura. (...)
Esta es la paradoja del progreso tecnológico, que el hecho de conservar unas coordenadas tradicionales –estructuras de página, convenciones
tipográficas, formas de letras y maquetaciones limitadas- fue clave para abrir paso a los cambios transformadores que traía la esfera digital. Es un
error pensar que cada novedad borra y reemplaza las tradiciones. El futuro avanza siempre mirando de reojo al pasado.
(Irene Vallejo, El infinito en un junco. Ed. Siruela, 2019, pp.315-319)
ACTIVIDADES:
RESUMEN TEXTO EXPOSITIVO
¿Por qué hay plantas que necesitan fuego para germinar?
La finalidad de todo ser vivo es reproducirse, y en el caso de las plantas esto incluye que las semillas germinen
en un ambiente favorable para su crecimiento. Es por esto que las plantas han desarrollado estrategias para
depositar sus semillas en espacios abiertos que permitan la germinación y el crecimiento de la descendencia.
En los ecosistemas mediterráneos los incendios son relativamente frecuentes de manera natural y generan
grandes espacios abiertos ideales para la germinación y el crecimiento de muchas plantas mediterráneas
(mucha luz, poca competencia y elevada disponibilidad de nutrientes). Como consecuencia, muchas de estas
especies han evolucionado para optimizar la germinación justo después del fuego. Para conseguir sincronizar la
germinación con el momento del incendio, las plantas acumulan las semillas en el suelo (banco de semillas en
el suelo) y las elevadas temperaturas o el mismo fuego de los incendios actúa de señal y estimula la
germinación. Un ejemplo bien conocido de esta primera estrategia lo constituyen las especies de jara del
género Cistus, así como muchos arbustos de la familia de las leguminosas (aliagas, etc.). Una segunda estrategia
es acumular las semillas en la copa de los árboles (banco de semillas de copa), dentro de estructuras que
resistan bien los incendios (piñas). Con las elevadas temperaturas de los incendios, las piñas de abren y las
semillas caen al espacio abierto creado por el incendio y germinan. Este es el caso del pino blanco (Pinus
halepensis), tan abundante en nuestro territorio.
En todos estos casos, la reproducción está fuertemente ligada a los incendios, hecho este que se considera una
adaptación al fuego.
Juli Pausas. Mètode (20 agosto 2018)