Ius civile: evolución histórica del
derecho civil
La naturaleza de las normas siempre ha estado condicionada por las
circunstancias del devenir histórico, ya que a través de los siglos han sido
influidas por la posición que los hombres ocupan en cada sociedad y época.
De lo anterior se infiere que las normas civiles han constituido siempre un
sistema circunstanciado y que su contenido ha sido determinado por las
variables económicas, políticas, sociales y culturales, entre otras, de cada
lugar y momento histórico, pero conservando, como resultado de su
evolución en el tiempo, una continuidad que permite seguir hasta nuestros
días su desarrollo en la regulación de ciertos fenómenos jurídicos de carácter
permanente.
Debido a esa historicidad, el conocimiento del derecho civil debe
iniciarse retrospectivamente. La denominación derecho civil proviene
desde la antigua Roma, de las voces ius y civile; ius era la palabra con que
los romanos designaban al derecho creado por los hombres, en
oposición a fas o derecho sagrado, y civile, aquella voz con la que se
hacía referencia a los ciudadanos romanos; originalmente servía para
designar el derecho propio de la ciudad, de los ciudadanos romanos, por
lo que también se le denominaba ius quiritio.
Este derecho se contraponía al ius gentium, ius naturalis y ius sacrum,
esto es, al derecho que regía a los extranjeros, a las naciones no romanas
y a las cosas sagradas, respectivamente. Los romanos consideraron al ius
civile como opuesto del ius gentium porque el primero sólo se aplicaba a
los ciudadanos romanos y el segundo a las relaciones con los extranjeros.
En RomaDerecho
el derecho se dividiópúblico y derecho
en dos grandes partes: privado
el derecho público (ius publicum) y el derecho
privado (ius privatum). El primero, ius publicum, comprendía el conjunto de normas que regulaban el
gobierno del Estado, la organización de las magistraturas y el ius sacrum (referente al culto y al
sacerdocio); regulaba en concreto las relaciones de los ciudadanos con los poderes públicos. El
segundo, ius privatum, abarcaba las normas tanto del derecho natural como del derecho de gentes y
del derecho civil (ius naturalis, ius gentium e ius civile); en concreto, regulaba las relaciones entre
particulares.
Desde la antigua Roma, el derecho civil fue considerado derecho privado y, en consecuencia, se le
contrapuso al derecho público, en atención a que esa rama jurídica regulaba el interés de los
particulares y la otra atendía al interés de la comunidad.
Este criterio de distinción entre el derecho público y el derecho privado, llamado del interés, no fue
aceptado unánimemente por la doctrina, por lo que con el tiempo se trató de encontrar otros que
fueran más convincentes para distinguir estas ramas. Así, se propusieron los criterios de la
personalidad, el cual establece que el derecho es público cuando los sujetos de la relación son entes
públicos (el Estado y sus dependencias), y privado, cuando lo son los particulares; y el de la relación,
que señala que será público el derecho que regule las relaciones de supra dependencia cuando el
Estado intervenga como soberano, y que será privado cuando la relación presuponga igualdad entre
particulares o cuando el Estado actúe como persona privada.
Definición de derecho civil
Dada la amplitud y diversidad de la regulación en esta materia, los
autores no han logrado una definición de derecho civil, pero todos o
casi todos coinciden en considerarlo la rama del derecho privado,
común a todos los hombres, que regula sus relaciones como seres
humanos, miembros de una familia· sujetos de un patrimonio,
incluida la regulación de sus bienes y sus relaciones interpersonales
de carácter pecuniario, así como la liquidación de su patrimonio
después de la muerte.
Con base en tal descripción de su contenido, puede decirse que el
derecho civil comprende una regulación alrededor de la persona
(personalidad y capacidad), del régimen de los bienes (derechos
reales), de las obligaciones y contratos, de la familia y de las
sucesiones.
Tradicionalmente, los códigos civiles han comprendido las normas
que expresan los principios fundamentales del derecho objetivo, sus
ámbitos de vigencia, y las que disponen sobre los efectos de la
ignorancia de la ley, su interpretación y suplencia.
El concepto derecho es un término analógico, esto es, tiene
diversos contenidos. Los principales que se usan en el derecho civil
son: a) el derecho como norma objetiva que se encuentra en las
leyes y códigos, y b) el derecho como facultad o atribución otorgada
por la norma a determinado sujeto (derecho subjetivo). Aún suele
escribirse con mayúscula el Derecho Objetivo (Derecho Civil,
Derecho Romano, Derecho Público, por ejemplo) y con minúscula el
derecho subjetivo (derecho de Juan a cobrar, derecho de Pedro a
usar su propiedad y recabar los frutos, derecho del padre a educar
sus hijos, entre otros), aunque este uso no es general.
Desmembración del derecho civil
El derecho civil, que desde Roma incluía las relaciones
mercantiles, agrarias, laborales y de la propiedad
inmobiliaria, se ha venido desgajando de su tronco común
para formar ramas autónomas. En la actualidad, el derecho
mercantil (incluido el bancario), el del trabajo, el procesal
en sus diversas materias, ¡el inmobiliario e incluso el
notarial y el registra!, forman disciplinas autónomas e
independientes tanto en lo legislativo como en su
enseñanza y doctrina, aunque no dejan de reconocer su
origen de derecho civil, que en mucho sigue inspirando y
suple a sus antiguas ramas.
Disposiciones preliminares
El derecho civil albarca las disposiciones de carácter
general que de manera expresa o, supletoria rigen a las
demás disposiciones legales. Tradicionalmente estas
disposiciones, denominadas preliminares en el Código
Civil para el Distrito Federal, han sido las relativas a los
ámbitos de vigencia de las leyes: personal, espacial y
temporal así como a la regulación de los conflictos que
se suscitan respecto de esos ámbitos.
Ámbitos de vigencia de la ley
Ámbito personal
Este ámbito lo constituye el grupo de personas al que se
dirige algún ordenamiento, ya que no todos los mandatos
legales están encaminados a regir la conducta de todas
las personas. Así, hay disposiciones que sólo competen a
los extranjeros; otras, a los nacionales, a los niños y a las
niñas o a los mayores de edad; unas más, a las que
ejercen una profesión o comercio, y otras, a
determinados individuos por el cargo que desempeñan,
etc., lo que significa que es la cualidad de las personas la
que decide cual es la ley aplicable.
Ámbito espacial
Este ámbito se relaciona con las personas
en cuanto implica un problema de
soberanía, pues las leyes son obligatorias
en el territorio del estado que las expide.
En México, determinar el ámbito espacial
de vigencia se refiere al carácter local o
federal de la materia civil.
Ámbito temporal
Este ámbito se refiere a la duración de
la vigencia de una disposición legal,
esto es, al tiempo que transcurre entre
el momento de su promulgación y
publicación y el de su derogación o
abrogación.
El plazo entre la promulgación y la iniciación de la vigencia
recibe el nombre de vacatio legis, el cual se establece para
que los obligados puedan conocerla, por lo menos en
teoría.
La ley mantiene su obligatoriedad o vigencia hasta que
otra disposición emanada de la misma autoridad que dictó
la primera la abrogue totalmente o la derogue en forma
parcial. También puede sustituirse un mandamiento por
otro, en cuyo caso la abrogación o derogación no tiene
que ser expresa sino tácita, porque la nueva ley contiene
disposiciones incompatibles con la anterior.
Retroactividad de la ley
Es regla aceptada universalmente que las leyes se establecen para regir los
hechos futuros; la que pretenda regular situaciones pasadas se califica de
retroactiva.
El art. 5 del Código Civil para el Distrito Federal dispone que a ninguna ley se le dé
efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna, conforme lo ordena el art. 14
de la Constitución Federal. Ello ha motivado que se discuta si se pueden dictar
leyes retroactivas cuando no causen perjuicio a alguna persona o si,
independientemente de tal perjuicio, el legislador puede afectar de manera legal
derechos anteriores.
Los conflictos de leyes en el tiempo y el problema de la retroactividad de la ley
han sido terna de muchas obras. El problema llega a presentarse cuando una ley
produce efecto que pueden durar más que la propia norma, esto es, cuando se
están generando efectos de una Iey y otra llega a abrogarla. El conflicto entre la
ley anterior, la nueva reside en saber cuál de ellas debe regir los efectos por
realizarse: si la ley que los creó, pero que ya no existe, o la que no los cree'>, pero
que es la vigente en el momento de llevarse a cabo.
Ignorancia de la ley
La ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento" es un
aforismo que consagra d art. 21 del Código Civil para el Distrito
Federal, en el que se fundamenta el principio de obligatoriedad
del derecho: ignorantia legis nominem excusat.
La obligatoriedad de una disposición legal no puede dejarse a la
circunstancia de que se le conozca. Se ha dicho que es una
ficción, la más contraria a la realidad, que todos, peritos o
particulares, deben conocer la ley; pero son tantas las
disposiciones que es imposible que hasta los expertos las
conozcan. Sin embargo, la obligatoriedad de la ley exige que ésta
sea conocida, de ahí que siempre se haya requerido su
publicidad. El gobernante debe preocuparse por hacer saber la
existencia y el contenido de las disposiciones legales .
Lagunas legales y forma de suplirlas
No siempre la ley contiene preceptos aplicables a ciertos casos que
se plantean ante los jueces o en los tribunales; esto es, algunas
controversias no quedan comprendidas en una norma legal
determinada; esta ausencia de normatividad se denomina
jurídicamente laguna de la ley. También se llama así la inexistencia
de una solución justa en la norma jurídica aplicable a asuntos
litigiosos, pues de aplicarse se llegaría a una solución contraria al
espíritu de la norma.
En ningún caso el órgano jurisdiccional podrá alegar omisión, silencio
e insuficiencia de la ley, para dejar de resolver cuando se enfrente a
controversias civiles del orden común. En esta situación deberá
atenderse y resolver conforme a los principios generales de derecho.
Doctrinariamente, las corrientes que definen el
contenido de los principios generales de derecho han
sido dos: la positivista y la iusnaturalista. La primera
considera que todo ordenamiento jurídico es el
desarrollo de determinados principios que informan
toda la legislación. Un Estado capitalista no tiene los
mismos principios que uno socialista, o una regulación
fundada en una organización autoritaria de la familia
no será igual a otra basada en la igualdad y la
democracia, pues sus principios básicos son diferentes;
así, en caso de tener que suplir la ley por los principios
generales, éstos habrán de buscarse en la propia
legislación.
Orden público
El derecho civil constituye parte del derecho privado y, por consiguiente, priva
en él la voluntad de las partes. Cabe decir que éste se encuentra dominado por
la autonomía de la voluntad individual, pues como los intereses privados de la
persona son su meta primordial, deja que cada quien maneje sus asuntos de
acuerdo con su conveniencia.
Sin embargo, esta autonomía tiene un límite que el Código Civil para el Distrito
Federal señala expresamente en muchas de sus disposiciones, sobre todo en
los arts. 6, 8 y 16 de las Disposiciones Preliminares, el orden público.
El orden público constituye el conjunto de condiciones fundamentales de la
vida social organizada jurídicamente, que le dan un perfil propio, su propia
estructura y su propio ser. Es el conjunto de instituciones jurídicas que hacen al
derecho de una colectividad garantizar su paz pública y que, en consecuencia,
no pueden ser renunciadas ni alteradas por la voluntad de los individuos que la
integran ni por el derecho de sociedades ajenas (derecho extranjero). De ahí
que el orden público sea el límite que restringe la voluntad de los individuos en
la realización de ciertos actos, entre otros los de naturaleza civil.
De este concepto y de los preceptos enunciados se
deduce que todos tenemos la obligación de ejercer
nuestras actividades de tal forma que no perjudiquen a
la colectividad, de no realizar actos contrarios a las leyes
prohibitivas o de interés público, bajo pena de nulidad;
tampoco de modificar la ley ni renunciar a derechos en
perjuicio de terceros. La conducta de todo individuo
debe respetar el derecho de los demás, sin alterar el
orden público o el bien común.
Los principios aquí establecidos son aplicables no sólo al
derecho civil, sino también a todas las ramas del
derecho.