La organización de la
iglesia está basada en
los principios de Dios.
Base bíblica de la
organización de la
iglesia
Cuando Dios llamó a los
hijos de Israel de Egipto y
los escogió como su
pueblo peculiar, les dio
un impresionante sistema
de organización para
gobernar sus acciones,
tanto en los asuntos
civiles como en los
religiosos.
“El gobierno de Israel se caracterizaba por la
organización más cabal, tan admirable por su
esmero como por su sencillez. El orden tan
señaladamente puesto de manifiesto en la
perfección y la disposición de todas las obras
creadas por Dios se veía también en la economía
hebrea. Dios era el centro de la autoridad y del
gobierno, el soberano de Israel....
... Moisés se destacaba como el caudillo visible
que Dios había designado para administrar las
leyes en su nombre. Posteriormente se escogió, de
entre los ancianos de las tribus, un consejo de
setenta hombres para que asistiera a Moisés en la
administración de los asuntos generales de la
Nación. Enseguida venían los sacerdotes, quienes
consultaban al Señor en el Santuario....
... Había jefes, o príncipes, que gobernaban sobre
las tribus. Bajo estos había ‘jefes de millares, jefes
de cientos y jefes de cincuenta, y cabos de diez’
(Deut. 1:15), y por último, funcionarios que se
podían emplear en tareas especiales”
(Patriarcas y profetas, p. 391).
El Nuevo Testamento
mostró la misma
perfección en su
organización. El
mismo Cristo, que formó
a la iglesia, colocó “los
miembros cada uno de
ellos en el cuerpo, como
él quiso” (1 Cor. 12:18).
“Porque de la manera
que en un cuerpo
tenemos muchos
miembros, pero no
todos los miembros
tienen la misma
función, así nosotros,
siendo muchos, somos
un cuerpo en Cristo, y
todos miembros los
unos de los otros”
(Rom. 12:4, 5).
“Y él [Cristo] es la cabeza
del cuerpo que es la
iglesia, él que es el
principio, el primogénito
de entre los muertos, para
que en todo tenga la
preeminencia” (Col. 1:18).
“Ahora bien, hay diversidad de
dones, pero el Espíritu es el
mismo. Y hay diversidad de
ministerios, pero el Señor es el
mismo”. “Porque así como el
cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los
miembros del cuerpo,
siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo”.
“Vosotros, pues, sois
el cuerpo de Cristo, y
miembros cada uno en
particular. Y a unos puso
Dios en la iglesia,
primeramente apóstoles,
luego profetas, lo tercero
maestros, luego los
que hacen milagros,
después los que sanan, los
que ayudan, los que
administran, los que tienen
don de lenguas” (1 Cor. 12:4,
5, 12, 27, 28).
Importancia de la
organización
Así como no puede haber un
cuerpo humano vivo y activo a
menos que sus miembros estén
orgánicamente unidos, y
funcionen juntos bajo un control
central, tampoco puede haber una
iglesia viva que crezca y prospere
a menos que sus miembros estén
organizados en un grupo unido, y
todos desempeñen los deberes y
las funciones que les sean
confiados por Dios, bajo la
dirección de una autoridad
divinamente constituida.
Sin organización, ninguna
institución o
movimiento puede
prosperar. Una nación sin
Gobierno organizado no
tardaría en hundirse en el
caos. Una empresa
comercial sin organización
fracasaría. Así ocurriría con
la iglesia: sin organización,
se desintegraría y
perecería.
Para que la iglesia se
desarrolle saludablemente
y cumpla su gloriosa
misión, que consiste en
proclamar el evangelio de
salvación a todo el mundo,
Cristo le dio un sistema de
organización sencillo pero
eficaz. El éxito de sus
esfuerzos para llevar a
cabo esa misión depende
de su leal adhesión a este
plan divino.
“Algunos han adelantado la idea de que, a medida
que nos acerquemos al fin del tiempo, cada hijo de
Dios actuará independientemente de toda
organización religiosa. Pero he sido instruida por el
Señor en el sentido de que en esta obra no existe
tal cosa como que cada hombre pueda ser
independiente”
(Testimonios para los ministros, 1977, pp. 489, 490).
Propósitos de la
organización
“A medida que nuestros
miembros fueron
aumentando, resultó
evidente que sin alguna
forma de organización
habría gran confusión, y
la obra no se realizaría
con éxito.
La organización era
indispensable para
proporcionar sostén
al ministerio, para dirigir la
obra en nuevos territorios,
para proteger tanto a las
iglesias como a los ministros
de los miembros indignos,
para retener las propiedades
de la iglesia, para la
publicación de la verdad por
medio de la prensa y para
muchos otros objetos”
(Testimonios para los
ministros, 1977, p. 26).
Tomemos nota de la oración
de Cristo: ‘Para que todos
sean una cosa; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que
también ellos sean en
nosotros una cosa; para que
el mundo crea que tú me
enviaste’ (Juan 17:21). La
unidad de la iglesia es la
evidencia convincente de que
Dios ha enviado al mundo a
Jesús como su Redentor”
(Joyas de los testimonios,
t. 2, p. 263).
El modelo del
Nuevo Testamento
La comisión que el Salvador
dio a la iglesia, de llevar el
evangelio a todo el mundo
(Mat. 28:19, 20; Mar. 16:15),
comprendía no solo la
predicación del mensaje sino
también asegurar el bienestar
de quienes lo aceptaban. Esto
implicaba dar atención
pastoral, proveer un lugar de
acomodación para el rebaño y
también resolver los
problemas de relaciones
humanas. Una situación tal
exigía organización.
Al principio, los apóstoles
constituyeron un concilio que
dirigió las actividades
de la iglesia desde Jerusalén
(Hech. 15:1-35). Cuando el
grupo de aquella ciudad llegó
a ser tan numeroso que la
administración de sus
asuntos prácticos se convirtió
en un problema, eligieron
diáconos para que se
encargaran de los
asuntos administrativos de la
iglesia (Hech. 6:2-4).
Más tarde surgieron otras
congregaciones, no
solamente en Asia, sino
también en Europa, y
esto requirió nuevas
providencias en materia
de organización.
Encontramos que, en
Asia Menor, se ordenaron
ancianos en todas las
iglesias (Hech. 14:23).
Parece evidente también, al
leer el registro divino, que
la extensión de la obra por las
distintas provincias del
Imperio Romano exigió
la organización de iglesias en
lo que podríamos llamar
asociaciones, las que,
al parecer, incluían a las
iglesias de una determinada
provincia, tal como en el
caso de “las iglesias de
Galacia” (Gál. 1:2). Así, paso a
paso, fue organizándose la
iglesia primitiva.
A medida que surgían
las necesidades, Dios
guiaba y dirigía a
los dirigentes de su
obra, de modo que, en
consejo con la iglesia,
se fue desarrollando
una forma de
organización que
salvaguardó los
intereses de la obra.
La organización
de la obra hoy
La forma de gobierno
de la Iglesia
Adventista es
representativa
la cual reconoce que la
autoridad de la Iglesia
descansa en sus miembros,
y es expresada a través de
representantes debidamente
escogidos en cada nivel de
la organización, con
responsabilidad ejecutiva
delegada en los cuerpos
representativos y en
los oficiales para el gobierno
de la Iglesia en cada
diferente nivel.
El Manual de la iglesia aplica
este principio de
representación al
funcionamiento de la
congregación local. Los
asuntos de representación,
en las organizaciones con
estatus de Misión, son
definidos por su Reglamento
Interno; y, en organizaciones
con estatus de Asociación,
por sus Estatutos y
Reglamento Interno.
Esta forma de
gobierno eclesiástico
reconoce, también, que la
ordenación al ministerio
es reconocida por la
Iglesia mundial.
“Cada miembro de la iglesia
tiene voz para elegir a los
dirigentes de ella. La iglesia
elige a los dirigentes de las
asociaciones locales. Los
delegados elegidos por las
asociaciones locales eligen a
los de las uniones; y los
delegados elegidos por las
uniones eligen a los dirigentes
de la Asociación General.
Con este arreglo, toda
Asociación, institución,
iglesia e individuo, sea
directamente o por medio de
sus representantes, tiene voz
en la elección de los hombres
que llevan las
responsabilidades principales
en la Asociación General”
(Joyas de los testimonios, t.
3, p. 241).
El sistema organizacional
actual de la Iglesia fue el
resultado de una creciente
comprensión teológica de la
misión de la Iglesia, del
crecimiento de la
feligresía y de la diseminación
geográfica de la Iglesia. Los
representantes de las
asociaciones se reunieron en
1863 para organizar la
Asociación General de los
Adventistas del Séptimo Día.
Existen varios niveles
organizacionales dentro de la
Iglesia, que van desde
el creyente individual hasta la
organización mundial de la obra
de la Iglesia. Las unidades de
miembros de cada uno de estos
niveles convocan
periódicamente a reuniones
administrativas formales
conocidas como congresos. (En
las iglesias locales, estas
reuniones serían equivalentes a
la reunión administrativa de la
iglesia.)
Bosquejo de la
organización
denominacional
1 Iglesia local
Es un grupo de miembros de
una localidad específica al
que se le ha otorgado, por el
congreso de una Asociación,
estatus oficial como iglesia.
2Misión/Campo
Asociación o
local.
Es un grupo de iglesias
locales, dentro
de un área geográfica
específica, al que se le ha
otorgado, por voto de la
Junta Directiva de una
División…
2Misión/Campo
Asociación o
local.
... estatus oficial de
Asociación o Misión/Campo
local de la Iglesia Adventista,
y subsecuentemente se lo ha
aceptado en la hermandad
de asociaciones-misiones en
un congreso de Unión. (Ver
página 20).
3 Unión de iglesias
Es un grupo de iglesias,
dentro de un área geográfica
específica, a la que se le ha
otorgado, en un congreso de
la Asociación General,
estatus oficial de Unión de
Iglesias, ya sea como
Asociación o como Misión.
4 Unión-Asociación o
Unión-Misión
Es un grupo de
asociaciones, dentro de un
área geográfica específica, al
que se le ha otorgado, en un
congreso de la
Asociación General, estatus
oficial de Unión-Asociación o
Unión-Misión.
5 Asociación General
y sus divisiones
La Asociación General
representa la expresión
mundial de la Iglesia. Su
membresía constituyente está
definida en su Constitución.
Para facilitar su actividad
mundial, la Asociación General
ha establecido oficinas
regionales, conocidas como
divisiones de la Asociación
General
5 Asociación General
y sus divisiones
a las que se les ha asignado,
por voto de la Junta Directiva
de la Asociación
General en concilios
anuales, supervisión
administrativa general para
grupos de
uniones designados y otras
unidades de la Iglesia dentro
de áreas geográficas
específicas.
La Biblia es el
fundamento, y la fuente
de creencia y práctica;
sobre esta base, el
Congreso de la
Asociación General
determina la declaración
de creencias
fundamentales de la
Iglesia.
El Congreso de la Asociación
General también autoriza el
establecimiento de uniones y la
inclusión de campos, revisa el
Manual de la iglesia, escoge a
los líderes de la Asociación
General y de las divisiones,
desempeña otras funciones tal
como están delineadas en su
Constitución y sus
Estatutos, y considera los
asuntos que le son remitidos
por su Junta Directiva.
La Junta Directiva de la
Asociación General, entre
congresos, está capacitada por
la Constitución y por los
Estatutos para actuar en favor
de los constituyentes. Así,
las organizaciones de todo el
mundo reconocen el Congreso
de la Asociación
General como la voz de la
iglesia.
El papel de las
instituciones
Los diferentes niveles de la
Iglesia operan una variedad
de instituciones
educativas, médicas, casas
publicadoras y otras, para
satisfacer, en el nombre de
Cristo, las necesidades de
un mundo desconsolado.
Ninguna organización ni
institución de la Iglesia
asume la responsabilidad
por los pasivos, las deudas,
los actos o las omisiones de
otra organización de la
Iglesia, simplemente por
causa de su afiliación con la
Iglesia.
Autoridad de la
iglesia en la iglesia
primitiva
Dios, como Creador, Redentor
y Sustentador, Señor y Rey de
toda la creación, es la única
fuente y base de autoridad
para la iglesia. Delegó
autoridad en sus profetas y
apóstoles (2 Cor. 10:8). Ellos,
por lo tanto, ocuparon una
posición crucial y única en la
transmisión de la Palabra de
Dios y en la edificación
de la iglesia (Efe. 2:20).
La iglesia primitiva tenía la
responsabilidad de velar por
la pureza en doctrina
y práctica. Los ancianos
(obispos) tenían gran
autoridad. Una de sus
principales funciones era el
cuidado pastoral en general y
la supervisión (Hech.
20:17-28; Heb. 13:17; 1 Ped.
5:13), con tareas especiales
tales como instruir en
la sana doctrina y refutar a los
que contradecían (1 Tim. 3:1,
2; Tito 1:5, 9).
Eso mismo era verdad
con relación al ejercicio
de la disciplina
eclesiástica (Mat. 18:15-
17), que iba desde la
admonición privada
(compárese con Mat.
18:16; Gál. 6:1), hasta la
desfraternización de la
feligresía de la iglesia
(Mat. 18:18; 1 Cor. 5:11,
13; 2 Cor. 2:5-11).
La Asociación
General es la
autoridad suprema
En la Iglesia hoy, la
Asociación General al
sesionar en Congreso
Mundial, y su Junta
Directiva en los intervalos
entre congresos, es la más
alta unidad
organizacional en la
administración de la obra
mundial de la Iglesia.
La Junta
Directiva de la Asociación
General está autorizada, por
sus estatutos, a crear
organizaciones subordinadas
con autoridad para llevar a
cabo sus funciones.
Por lo tanto, todas las
organizaciones y las
instituciones subordinadas,
en todo el mundo,
reconocerán al Congreso de
la Asociación General, y a la
Junta Directiva de la
Asociación General entre
sesiones, como la autoridad
eclesiástica suprema,
después de Dios, entre los
adventistas del séptimo día.
Cuando surgen divergencias
en las organizaciones o en las
instituciones, o entre ellas,
los asuntos que no sean
resueltos mutuamente pueden
ser apelados
a la organización superior
inmediata. Si el asunto no se
resuelve en este nivel,
la entidad afectada puede
apelar a los sucesivos niveles
organizacionales superiores.
Una organización que recibe
una apelación puede elegir
no involucrarse
en el asunto, en cuyo caso la
decisión final será de la
organización más elevada
involucrada en la disputa.
Pero, cuando en un Congreso de la Asociación
General se expresa el juicio de los hermanos
congregados de todas partes del campo, la
independencia y el juicio particulares no deben
sostenerse con terquedad, sino entregarse. Nunca
debe un obrero tener por virtud el persistir en una
actitud independiente contra la
decisión del cuerpo general”
(Joyas de los testimonios, t. 3, p. 408).