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El Respeto

El respeto implica reconocer el valor de los demás de forma positiva y activa, no es sumisión, indiferencia u omisión. El respeto construye relaciones mediante la aceptación y el diálogo, mientras que la tolerancia solo soporta lo que se considera malo. Una historia ilustra cómo las palabras pueden herir tanto como las acciones, por lo que es importante respetar a los demás y tratarlos como se desea ser tratado.
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El Respeto

El respeto implica reconocer el valor de los demás de forma positiva y activa, no es sumisión, indiferencia u omisión. El respeto construye relaciones mediante la aceptación y el diálogo, mientras que la tolerancia solo soporta lo que se considera malo. Una historia ilustra cómo las palabras pueden herir tanto como las acciones, por lo que es importante respetar a los demás y tratarlos como se desea ser tratado.
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EL RESPETO

¿QUE ES EL RESPETO?
• Se trata de una cualidad moral que tiene
reciprocidad: cuando uno es respetuoso se convierte
en alguien respetable.
• En ocasiones se confunde el respeto con otras
actitudes que nada tienen que ver con
él. El respeto no es:
• Sumisión, sino madurez para saber valorar a los
demás y las cosas de nuestro entorno. A veces nacerá
de la obediencia, pero ha de convertirse en criterio
propio, en lucidez y serenidad, en amabilidad,
responsabilidad, estabilidad y firmeza.
• Indiferencia; la indiferencia implica ausencia de
sentimientos, no valora a la otra persona como igual,
muchas veces ni siquiera la valora en absoluto.
• Omisión; el respeto es activo, intenta construir desde
la acogida, la aceptación y el diálogo, no es un mero
"no dañar", "no ofender", "no hacer".
• Timidez o temor, porque con frecuencia se oculta
bajo la apariencia de respeto el sentimiento de miedo,
y los timoratos no construyen la paz ni la buena
convivencia.
• Tampoco es lo mismo que la mera
tolerancia: No es lo mismo decirle a
alguien "te respeto" que decirle "te
tolero". Se tolera algo o a alguien
que se considera malo, pero se le
soporta o aguanta como mal menor.
El respeto es reconocimiento positivo
del valor de alguien. Eso no significa
darle la razón si no la tiene. Se puede
y se debe corregir, con la debida
delicadeza, a quien se halla en el
error.
• UNA PEQUEÑA HISTORIA
• Érase una vez… un chico con mal carácter. Siempre hay alguno así, de esos que
siempre están quejándose, gritando, protestando y recriminando a los demás su
comportamiento cuando a él no le gusta. A veces golpean, y casi siempre humillan
a los otros, lo cual duele más que una bofetada. Su padre le dio un saco de clavos
y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia
y se enfadara con alguien. Él lo pensó bien y vio que su padre tenía razón. Tenía
que cambiar. El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se
concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la
verja. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.
Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue
a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo entonces que era el momento
de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y
finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la
verja. El padre condujo a su hijo hasta la verja y le dijo: «-Hijo mío, te has
comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la verja.
Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa
ofensiva le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y
después retirarla, pero siempre quedará la herida. A pesar de las veces que le
pidas perdón -y debes hacerlo siempre-, la marca de la herida permanecerá
• Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida
física.» Y por eso también es importante saber olvidar las ofensas que se nos
hicieron. Pero olvidarlas de verdad, para no volver a utilizarlas nunca como
reproche cuando nos volvamos a sentir ofendidos. Porque entonces las heridas
vuelven a abrirse. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para
escucharte cuando tienes necesidad. Te sostienen y te abren su corazón.
Cuídalos. Enseña a tus amigos cómo les quieres… y les respetas. Evita
humillarles y quedar tú por encima. Respétalos siempre, aunque no debas
darles la razón cuando están en el error. Discrepa sin herir. Son personas, como
tú. Piensa a menudo cómo te sentirías tú en su lugar. Y obra en consecuencia.
Pero no se trata sólo de los amigos… Hay más gente en el mundo, a la que le
afecta, para bien o para mal, lo que hacemos y decimos. Hay una regla de oro,
un principio moral básico que sirve para actuar con respeto: TRATA A LOS
DEMÁS SÓLO COMO DESEAS SER TRATADO. Es en realidad una forma de decir:
Respeta, respeta, respeta… Trata a los demás como personas.

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