02.
CLASES DE
SANTUARIO
02:00 A.M.
06:00 P.M.
07:00 P.M.
08:00 P.M.
09:00 P.M.
SANTUARIO CELESTIAL
Cristo, por el contrario, al presentarse
como sumo sacerdote de los bienes
definitivos en el tabernáculo más
excelente y perfecto, no hecho por manos
humanas (es decir, que no es de esta
creación),
Hebreos 9:11
El punto principal es el siguiente: tenemos un
Sumo Sacerdote quien se sentó en el lugar de
honor, a la derecha del trono del Dios
majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro
en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar
de adoración construido por el Señor y no por
manos humanas.
Hebreos 8:1-2
Entonces la obra progresará con fuerza redoblada y se
volverá cada vez más estable. Una eficiencia nueva se
comunicará a cuantos trabajen en todos sus ramos. Las
páginas impresas enviadas como mensajeros de Dios
llevarán el sello del Eterno. Los rayos de luz del santuario
celestial acompañarán la verdad preciosa que
contienen. Como nunca antes, tendrán poder para
despertar en las almas una convicción de pecado, para crear
un deseo ardiente de justicia y de poseer las cosas que no
pasarán. Habrá hombres que aprenderán a reconocer la
reconciliación y justicia eternas que el Mesías trajo por su
sacrificio. Muchos serán llevados a compartir la gloriosa
libertad de los hijos de Dios y estarán con el pueblo de Dios
para dar la bienvenida a nuestro Señor y Salvador, cuando,
pronto, vendrá con gloria y potencia. 3JT. 150
Si en este tiempo favorable los miembros de la
iglesia se presentan con humildad delante de Dios,
quitan de su corazón todo lo malo y consultan a Dios
a cada paso, él se manifestará a ellos y los alentará.
Y mientras los miembros de la iglesia hagan su parte
fielmente, el Señor conducirá y dirigirá a sus
ministros escogidos y los fortalecerá para su
importante obra. Unidos todos, sostengamos sus
brazos por medio de muchas oraciones y
atraigamos los brillantes rayos del santuario
celestial. 3JT. 352
Si tan sólo pensáramos en El tantas veces como tenemos pruebas de su
cuidado por nosotros, lo tendríamos siempre presente en nuestros
pensamientos y nos deleitaríamos en hablar de El y en alabarle. Hablamos
de las cosas temporales porque tenemos interés en ellas. Hablamos de
nuestros amigos porque los amamos; nuestras tristezas y alegrías están
ligadas con ellos. Sin embargo, tenemos razones infinitamente mayores por
amar a Dios que por amar a nuestros amigos terrenales, y debería ser la
cosa más natural del mundo darle el primer lugar en nuestros
pensamientos, hablar de su bondad y alabar su poder. Los ricos dones que
ha derramado sobre nosotros no estaban destinados a absorber nuestros
pensamientos y amor de tal manera que nada tuviéramos que dar a Dios; al
contrario, debieran hacernos acordar constantemente de El y unirnos por
vínculos de amor y gratitud a nuestro Benefactor celestial. Vivimos
demasiado apegados a lo terreno. Levantemos nuestros ojos hacia la
puerta abierta del santuario celestial, donde la luz de la gloria de
Dios resplandece en el rostro de Cristo, quien “también, puede salvar
hasta lo sumo a los que se acercan a Dios por medio de él.” CC. 102
Las visiones que recibió Elena de White, aunque
no se adelantaron al estudio de la Biblia,
confirmaron la solidez de la posición de que el
22 de octubre de 1844 había comenzado un
importante aspecto del ministerio de Cristo
en el Santuario celestial. Gradualmente la
amplitud y la profundidad del tema fueron
evidentes para los creyentes adventistas. En
años posteriores, al rememorar aquella
experiencia, ella recalcó los estudios que habían
realizado y las evidencias manifiestas de la
mano guiadora de Dios: CES. 10
La comprensión de que Cristo había entrado en
el Lugar Santísimo del Santuario celestial
para comenzar la etapa final de su ministerio
en favor de nosotros, tipificado por el ritual
del Santuario puesto en práctica por el
antiguo Israel, suscitó solemnes sentimientos
en los corazones de nuestros pioneros
adventistas. Las verdades eran tan claras, tan
grandiosas, tan vitales, que les costaba creer que
sobre ellos descansaba la responsabilidad de
impartir esta luz a otros. Elena de White escribió
acerca de la certeza de su posición:
“Al ir siendo así establecidos los puntos de nuestra fe, nuestros pies se asentaban sobre un fundamento
sólido. Aceptamos la verdad punto por punto, bajo la demostración del Espíritu Santo. Yo solía quedar
arrobada en visión y se me daban explicaciones. Se me dieron ilustraciones de las cosas
celestiales y del Santuario, de manera que fuimos colocados donde la luz resplandecía sobre
nosotros con rayos claros y definidos.
“Sé que la cuestión del Santuario, tal cual la hemos sostenido durante tantos años, se basa en la
justicia y la verdad”.—Obreros Evangélicos, 317, 318.
Los pioneros del movimiento vieron que la verdad del Santuario era fundamental en relación con toda la
estructura de la doctrina adventista. Jaime White, en 1850, reimprimió los fragmentos esenciales de la
primera presentación que hizo del tema O. R. L. Crosier y comentó:
“El tema del Santuario debiera ser cuidadosamente examinado, puesto que en él descansa el
fundamento de nuestra fe y esperanza” (The Advent Review [La Revista Adventista], número especial
combinado).
“Todos necesitamos tener en mente el tema del
Santuario. Dios prohíbe que la charla que procede
de labios humanos cercene la creencia de nuestros
hermanos en la verdad de que hay un Santuario
en el cielo, y de que un modelo de ese
Santuario se construyó una vez en esta Tierra.
El Señor desea que su pueblo se familiarice con
ese modelo, teniendo en mente el Santuario
celestial donde Dios es todo y está en todo.
Debemos mantener nuestra mente vigorizada por la
oración y el estudio de la Palabra de Dios, de modo
que podamos captar estas verdades”.—Carta 233,
1904. CES. 15
Repetidas veces encontramos en los escritos de Elena de White declaraciones acerca de la realidad
del Santuario celestial, su moblaje y su servicio. Una de ellas fue escrita en 1880, cuando se
refirió a la experiencia de los creyentes adventistas después del chasco:
“En su investigación descubrieron que el Santuario terrenal, edificado por Moisés al mandato de
Dios de acuerdo con el modelo que se le mostró en el monte, era un símbolo para ese tiempo,
en el cual se presentaban ofrendas y sacrificios; que sus dos lugares santos eran figuras
de las cosas celestiales; que Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es ministro del Santuario, y
de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre ver. Hebreos 9:9; 8:5, 2...
“El Santuario celestial, en el cual Jesús ministra en favor de nosotros, es el gran original,
del cual el Santuario edificado por Moisés fue una copia...
“El esplendor sin par del Santuario terrenal reflejaba ante la vista humana las glorias del
templo celestial donde Cristo, nuestro precursor, ministra por nosotros ante el trono de Dios.
“Así como en el Santuario terrenal había dos compartimientos, el Santo y el Santísimo, así hay
dos lugares santos en el Santuario celestial. Y el arca que contiene la ley de Dios, el altar del
incienso y otros instrumentos de servicio que se encontraban en el Santuario terrenal
también tienen su contraparte en el Santuario de arriba. En santa visión se le permitió al apóstol
Juan entrar en el cielo y allí él contempló el candelabro y el altar del incienso, y cuando ‘el templo de
Dios fue abierto’ vio ‘el arca de su pacto’. Apocalipsis 4:5; 8:3; 11:19.
“Los que buscaban la verdad encontraron pruebas irrefutables de la existencia de un Santuario
en el cielo. Moisés hizo el Santuario terrenal a partir de un modelo que se le mostró. Pablo
declara que el modelo es el verdadero Santuario que está en los cielos. Juan testifica que lo vio
en el cielo”.—The Spirit of Prophecy 4:260, 261.
Con anterioridad ella había escrito especialmente acerca del moblaje:
“También se me mostró en la Tierra un Santuario con dos departamentos. Se parecía al del
cielo, y se me dijo que era una figura del celestial. Los enseres del primer departamento del
Santuario terrestre eran como los del primer departamento del celestial. El velo estaba levantado; miré
el interior del Lugar Santísimo y vi que el moblaje era el mismo que el del Lugar Santísimo del
Santuario celestial”.—Primeros Escritos, 252.
SANTUARIO TERRENAL
Estos sacerdotes sirven en un santuario que es
copia y sombra del que está en el cielo, tal
como se le advirtió a Moisés cuando estaba a
punto de construir el tabernáculo: «Asegúrate
de hacerlo todo según el modelo que se te ha
mostrado en la montaña».
Hebreos 8:5
Y harán un santuario para mí, y
habitaré en medio de ellos. Conforme
a todo lo que yo te muestre, el diseño
del tabernáculo, y el diseño de todos
sus utensilios, así lo haréis.
Éxodo 25:8-9
Como se ha dicho, el Santuario terrenal fue construido por Moisés
conforme al modelo que se le mostró en el monte. “Era símbolo para el
tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios”. Los
dos lugares santos eran “figuras de las cosas celestiales”. Cristo,
nuestro gran Sumo Sacerdote, es el “ministro del santuario, y de aquel
verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre”. Hebreos
9:9, 23; 8:2. Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de
Dios que está en el cielo, vio que allí “ardían siete lámparas de fuego”.
Vio también a un ángel que tenía “un incensario de oro; y se le dio
mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos,
sobre el altar de oro que estaba delante del trono”. Apocalipsis 4:5; 8:3.
Se le permitió al profeta contemplar el Lugar Santo del Santuario
celestial; y vio que allí “ardían siete lámparas de fuego” y “el altar de
oro”, representados por el candelero de oro y el altar del incienso o
perfume en el Santuario terrenal. Nuevamente “el templo de Dios fue
abierto en el cielo”, y vio el Lugar Santísimo detrás del velo interior. Allí
contempló “el arca de su pacto” (Apocalipsis 11:19), representada por el
arca sagrada construida por Moisés para contener la ley de Dios.
Ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del Templo
celestial, la morada del Rey de reyes, donde “millares de millares” le sirven y
“millones de millones” están delante de él (Daniel 7:10), de ese templo henchido de
la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus guardianes resplandecientes,
se cubren el rostro en adoración. Sin embargo, las verdades importantes acerca
del Santuario celestial y de la gran obra que allí se efectúa en favor de la
redención del hombre debían enseñarse mediante el Santuario terrenal y sus
servicios.
Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a principiar su obra como nuestro
Sumo Sacerdote. El apóstol Pablo dice: “No entró Cristo en el santuario hecho de
mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por
nosotros ante Dios”. Hebreos 9:24. Como el ministerio de Cristo iba a consistir en
dos grandes divisiones, ocupando cada una un período de tiempo y teniendo un
sitio distinto en el Santuario celestial, asimismo la ministración típica consistía en
el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se dedicaba una sección del
Como Cristo, después de su ascensión, compareció ante la
presencia de Dios para ofrecer su sangre en beneficio de los
creyentes arrepentidos, así, en el servicio diario, el
sacerdote rociaba la sangre del sacrificio en el Lugar Santo
en favor de los pecadores.
Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador
arrepentido de la condenación de la ley, no anularía el
pecado; éste quedaría registrado en el Santuario hasta la
expiación final; así en el tipo, la sangre de la víctima quitaba
el pecado del arrepentido, pero quedaba en el Santuario
hasta el Día de la Expiación.
El tabernáculo fue hecho de acuerdo con el
mandamiento de Dios. El Señor suscitó hombres y los
habilitó con facultades sobrenaturales para llevar a
cabo una obra sumamente ingeniosa. No se permitió que
ni Moisés ni sus obreros planificaran la forma ni los
métodos de construcción del edificio. Dios mismo trazó
el plano y se lo dio a Moisés, con indicaciones definidas
en cuanto a su tamaño y sus formas, y los materiales que
debían emplearse en la construcción, y especificó cada
mueble que se colocaría en él. Le presentó un patrón en
miniatura del santuario celestial, y le ordenó que hiciera
todo de acuerdo con el modelo que se le había mostrado
en el monte. Moisés escribió todas estas indicaciones
en un libro y las leyó delante de la gente más influyente.
Al investigar descubrieron que el santuario terrenal
construido por Moisés por orden de Dios de acuerdo con el
modelo que se le mostró en el Monte, era “símbolo para el
tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y
sacrificios”; que sus dos lugares santos eran “figuras de las
cosas celestiales”; que Cristo, nuestro gran sumo sacerdote,
es “ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo
que levantó el Señor, y no el hombre”; y que “no entró Cristo en
el Santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el
cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”.
Hebreos 9:9, 23; 8:2; 9:24.
El santuario que está en el cielo, en el cual oficia Jesús en
nuestro favor, es el gran original, del cual el santuario
construido por Moisés era una copia. Así como el santuario
terrenal tenía dos compartimentos, el lugar santo y el lugar
santísimo, también hay dos lugares santos en el santuario
celestial. Y el arca que contenía la ley de Dios, el altar del
incienso y otros instrumentos de servicio que encontramos
en el santuario terrenal, tenían su contraparte en el santuario
celestial. En santa visión se le permitió al apóstol Juan entrar
en los cielos, y allí vio el candelabro y el altar del incienso, “y
el templo de Dios fue abierto”, y él vio “el arca de su pacto”
Los que estaban buscando la verdad encontraron pruebas irrefutables de la
existencia de un santuario en el cielo. Moisés hizo el santuario terrenal de acuerdo
con el modelo que se le mostró. Pablo declaró que ese modelo es el verdadero
santuario que está en el cielo. Hebreos 8:2, 5. Juan da testimonio de que lo vio en el
cielo.
Cuando terminaron los 2.300 días en 1844, por muchos siglos no había habido
santuario en la tierra; por lo tanto, el santuario de los cielos es el que debe de
haber sido mencionado en la declaración: “Hasta 2.300 tardes y mañanas; luego el
santuario será purificado”. Pero, ¿cómo podía necesitar purificación el santuario
celestial? Al volver a las Escrituras, los estudiosos de la profecía descubrieron que
esa purificación no se refería a impurezas materiales, puesto que se lo debía hacer
con sangre, y por consiguiente debía de ser una purificación del pecado. Así dice el
apóstol: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen
purificadas así [con sangre de animales]; pero las cosas celestiales mismas, con
mejores sacrificios que éstos [la misma preciosa sangre de Cristo]”. Hebreos 9:23.
Para saber más acerca de la
purificación señalada por la
profecía, era necesario comprender
el ministerio que se lleva a cabo en
el santuario celestial. Esto se podía
lograr sólo estudiando el ministerio
que se realizaba en el santuario
terrenal, pues Pablo declara que los
sacerdotes que oficiaban allí
servían “a lo que es figura y sombra
de las cosas celestiales”.
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