ANCESTRAL
Érase una vez, en un poblado muy marginado en la sierra norte
de Oaxaca, hace muchos años existió un anciano de mucha edad,
tan viejito que hasta había conocido a los tatarabuelos de los
pobladores de aquel lugar. Las personas sabían de su gran
sabiduría y conocimientos que poseía de las plantas medicinales
y acudían a él para pedirle remedios y también consejos de vida.
Cierto día el anciano desapareció y no dejó más rastro que un
perrito que siempre estaba con él, el animalito se había quedado
en la humilde choza donde solían estar. Muchas personas
llegaron en busca de remedios para sus problemas de salud pero
no lo hallaron más, a las pocas horas ya eran muchas personas
que lo buscaban.
Pasaron dos días desde que aquel anciano había
desaparecido, y de repente nació un manantial de agua tan
cristalina en las faldas de un cerro a las afueras del pueblo;
las personas llegaron y no resistieron las ganas de beber un
poco de aquella agua tan cristalina y apetitosa a la vista,
bebieron de ella y las personas que tenían dolores y
malestares sintieron mejoría.
Ellos no se explicaban la razón de tal experiencia, poco
después se supo de un niño que había estado jugando cerca
del lugar donde nació el manantial y que este había
escuchado a un dulce viejo rezar para que cuando él ya no
estuviera en este mundo que sus hijitos no estuvieran
desamparados con sus dolencias, fue cuando el anciano se
empezó a enraizar en la tierra hasta desaparecer, luego
brotó el agua.
Las personas de aquel pueblo hasta el día de hoy cuidan con
gran celo de ese manantial y relatan esta historia a sus hijos,
acuden a tomar un poco de esa agua cada vez que tienen
algún problema de salud y quedan aliviados...
FIN