SEGUNDO GALILEA
1928 - 2010
• Sacerdote chileno, miembro de los Hermanos de Jesús de
Charles de Foucauld y uno de los creadores de la Teología de
la Liberación.
• Nace en Santiago de Chile el 3 de abril de 1928 y ordenado
sacerdote en 1956.
BIOGRAFÍA
• 1963 comenzó a colaborar con el Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM).
• Hasta 1975 - viajes por Latinoamérica al servicio de la reflexión,
los retiros y los Ejercicios Espirituales.
• 1975 colaboración con las Pontificias Obras Misioneras -
creación de un instituto misionero para el exterior.
• Estableció una estrecha relación con las Misioneras del
Sagrado Corazón de Jesús, fundadas por santa Francesca
Cabrini.
• 1997 el arzobispo de Santiago de Chile pidió su participación
BIOGRAFÍA como experto para redactar las conclusiones del IX sínodo
de la arquidiócesis.
• 2000 fue destinado a Santiago de Cuba para servir como
director espiritual del seminario de San Carlos.
• 27 de mayo de 2010 en la residencia sacerdotal Santo Cura
de Ars, en Santiago de Chile.
El padre Fernando Tapia resumió la vida de Segundo Galilea en esta frase:
“Testimonio viviente de la radicalidad del Evangelio, un hombre de Dios, de profunda
oración, empapado en el Evangelio, lo que se traducía en una vida muy sencilla, muy pobre.
Segundo Galilea no tenía nada propio. Viajaba con su pequeña maleta en mano y su eterna
pipa.”
Pascua de liberación: espiritualidad de la cruz habitada
(Madrid: 1993, en colaboración con J. Sobrino);
El discipulado cristiano (Madrid 1993);
Tentación y discernimiento (Madrid 1991);
Espiritualidad de la esperanza (Madrid 1998);
OBRAS
La amistad de Dios: el cristianismo como amistad (Madrid
1997);
El alba de nuestra espiritualidad: vigencia de los Padres del
desierto en la espiritualidad contemporánea (Madrid 1986);
El futuro de nuestro pasado: los místicos españoles desde
América Latina (Madrid 1985);
Religiosidad popular y pastoral (Madrid 1979).
LA OPCIÓN POR LOS POBRES
• El modelo no tiene que ser el de construir un
mundo de opulentos, sino un mundo sin excesos.
• Es una filosofía a-religiosa (marxista, capitalista) la
que piensa que, para superar la pobreza, solo hay
que enriquecer a las gentes.
• El nivel de vida que debemos buscar no es el que nos
da placer y comodidad, sino el que nos hace crecer,
autocontrolar y poder servir mejor a los demás.
• En efecto, la pobreza cristiana no se caracteriza por la renuncia en sí misma, sino por las
razones de ella: la confianza en Dios y la realidad de su Reino, de cuya riqueza ya se
participa.
• La renuncia cristiana es para la libertad y la libertad, para la caridad.
• La miseria del pecado es más radical que la miseria de la pobreza, porque la falta de Dios y
del amor es ya una muerte anticipada y el más grande fracaso de la vida.
• Sin embargo, para Galilea permanece siempre fundamental, reconocer que los pobres y
los oprimidos tendrán que ser privilegiados en la vida del cristiano y de la pastoral.
• Cristo ha querido sanar, con el mismo cuidado, la miseria
de la “ceguera” que deshumaniza, porque no permite
distinguir la verdad acerca de la concepción del hombre y
acerca del valor de las realidades materiales.
• “No es posible evangelizar ni liberar, sin poner juntas y al
mismo tiempo estas grandes preocupaciones de Cristo: los
pecadores, los pobres, los ricos (los ciegos). ... Una
liberación integral no es posible excluyendo a algunos de
ellos”.
EL VERDADERO CRISTIANO ES UN MÍSTICO
• “Sin una irrupción de lo trascendente en la vida
personal del creyente, que se realiza a través de la
oración, podemos también seguir una ética, pero, nos
revelamos peores que los no creyentes”.
• Todo trabajo de evangelización tiene que proceder de
Dios y de su Palabra, y debe llevar a una experiencia de
Dios; esto pone en cuestión la vida mística del misionero,
pues no puede provocar una experiencia quien no la
tiene.
• Toda Eucaristía auténtica, conscientemente celebrada,
puede considerarse como el acto de denuncia y de
liberación más radical y absoluto.
• “Por su índole religiosa, la fe se nutre de medios
religiosos. ... De ahí la vigencia permanente de la oración,
de los sacramentos, del contacto con la Biblia, en toda
experiencia cristiana”.
• El camino de la espiritualidad que deriva de una
contemplación (activa) es la secuela de Cristo. Como Cristo
está ligado al Padre, así nosotros debemos estar ligados a
Cristo.
• Frecuentemente se dice que en los pobres se halla a Cristo,
pero esto es verdad si se lo ha encontrado primero en un
“cara a cara” con Él. Para Galilea, es a través de la oración
como podemos estar seguros de hallar a Cristo en el
prójimo y en la historia.
• Sin embargo, “la oración es efectivamente imposible, si uno no se conforma a Cristo en la
vida”. Y esta síntesis, este conformarse a Cristo, como nos enseñan también los Padres del
desierto, no se realiza, sin estar enamorados de Dios; o como lo expresaba santa Teresa de
Ávila: “Vaya doblando la voluntad, si quiere que le aproveche la oración”.
• El crisol de la purificación, de las crisis y de las contradicciones, si se vive en la pobreza de
Cristo, nos dona una fe que se abandona y se funda en el amor de Dios y no en nuestro
protagonismo.
• Las experiencias positivas o negativas tienen valor si se incorporan a la vida de Cristo, a
través de la fe y la oración.
LIBERTAD INTERIOR Y BELLEZA COMUNITARIA
• La gran servidumbre del ser humano es el miedo a ser libre.
Preferimos, dice Galilea, “pan y circo” y la seguridad de
itinerarios ya trazados, a la responsabilidad y al riesgo de la
libertad. También en la misión hay el peligro de dar solo
“pan y circo”, para tener más “usuarios”.
• Se llega así a “engañar a la gente y a reducir el Evangelio a
un mensaje ... que no tiene la certeza de la esperanza
cristiana”.
• La libertad interior brota de la pobreza de espíritu, la
primera de las bienaventuranzas evangélicas (cf. Mt 5, 1-10).
• Es importante crear comunidades cristianas que se hacen libres de todo, para dar
testimonio de una evangelización libertadora. “Un santo anónimo vale más para la
liberación del mundo que muchos cristianos mediocres”.
• Galilea insiste en el testimonio de la caridad, porque muchas veces es la única vía por la que
los hombres pueden ser atraídos por la belleza de la fe y entrever la luz del amor y la
belleza de Dios. La “Belleza” salvará al mundo a través del corazón de los hombres que
han hecho de la atracción para ella la pasión y el amor de su vida.
• La Iglesia ha promovido siempre la belleza como elevación del ser humano en la verdad y
en el bien, con el testimonio, pero también con la liturgia.
• El cristiano tiene que vivir armónicamente entre dos
polos: el desierto de la dura lucha de la vida humana
y cristiana, y la gratuita plenitud de la fiesta de Dios;
entre el despojo de la ascesis y el gozo de la
celebración o del sacramento; entre la soledad del
desierto y la fraternidad eclesial.
• La entrega desnuda a Cristo desnudo y, en ella, la apertura a los demás y a los más pobres deben
llevarnos a: un anuncio humilde, que asume la vocación de un “resto”, y no a la obsesión del número y del
aparecer; al cuidado de la liturgia, y no a la multiplicación de distribuidores automáticos de prácticas
insignificantes para la mayoría; al testimonio de la única Verdad, y no a nuevas artes circenses, que
malvenden la esperanza cristiana.