Somos Avisados Del Castigo
Éxodo 9:17-26
17
¿Todavía te ensoberbeces contra mi pueblo, para no dejarlos ir?
18
He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy pesado, cual nunca
hubo en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora.
19
Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo
hombre o animal que se halle en el campo, y no sea recogido a casa, el granizo caerá
sobre él, y morirá.
20
De los siervos de Faraón, el que tuvo temor de la palabra de Jehová hizo huir sus
criados y su ganado a casa;
21
mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus
ganados en el campo.
22
Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en
toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba
del campo en el país de Egipto.
23
Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego
se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto.
24
Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo
en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada.
25
Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así
hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y
desgajó todos los árboles del país.
26
Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.
Introducción:
Plaga tras plaga había sido anunciada, y plaga tras plaga había
venido, pero la plaga del pecado en el corazón humano sigue
endureciéndolo en resistencia en contra de las advertencias
claras de los juicios de Dios.
I. LA AMENAZA DE UN JUICIO.
«He aquí que mañana a estas horas Yo haré llover un granizo muy pesado»
(v. 18).
1. ERA COSA CIERTA. «Yo haré.» Sus anuncios de juicio son tan seguros
como sus anuncios de misericordia. Hay una ira venidera, y tenemos que huir
de ella. «Por cuanto hay ira, ten cuidado» (Job 36:18).
2. ESTABA CERCA. «Mañana». No había tiempo para frivolidades ni
razonamientos, solo tiempo para escapar por sus vidas. El tiempo es corto. La
vida es un breve tiempo, el mañana de la eternidad está a las puertas. «El
Juez está a la puerta» (Santiago 5:9).
II. UN ENCARECIDO RUEGO. «Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo
que tienes en el campo» (v. 19). El juicio de Dios ha de caer, pero aquí se
revela la misericordia de Dios abriéndoles una puerta de salida. Fueron
apremiados
1. A BUSCAR REFUGIO. El ganado y los siervos debía ser todo «recogido a
casa». Los mensajeros se apresuraron por los campos clamando «Venid a casa,
o pereceréis». ¡Qué ilustración de la invitación del Evangelio! Volved a casa, a
Dios, y tened paz con Él antes que os alcance el juicio. «En ti me refugio» (Sal.
143:9). Oh, hijo pródigo, ¡vuelve al hogar!
2. PARA BUSCAR REFUGIO EN EL ACTO. «Envía, pues.» Sal, y oblígalos a
entrar. «He aquí ahora el tiempo favorable; he aquí ahora el día de
salvación» (2 Co. 6:2). Que Dios sea ahora tuyo.
III. LA OBEDIENCIA DE LA FE. «El que tuvo temor de la palabra de
Jehová hizo huir sus criados y ganado a casa» (v. 20).
1. Fue una gran misericordia para ellos que Dios les dio un día de gracia.
Todos los que creyeron el mensaje aceptaron la oportunidad y huyeron hacia
el refugio de la esperanza que les había sido puesta delante de ellos. Y así
fueron salvados por la gracia por medio de la fe.
2. No había nada maravilloso acerca de su fe. Vino por el oír, y el oír por la
palabra de Dios. Dios ha hablado: acepta su Palabra como verdad y actúa en
consonancia. «Torre fuerte es el nombre de Jehová; a Él se acogerá el justo, y
estará a salvo» (Proverbios 18:10).
IV. EL MENOSPRECIO DE LA INCREDULIDAD.
1. «Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó a sus criados
y sus ganados en el campo… Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto
todo lo que estaba en el campo» (vv. 21, 25).
2. Su incredulidad los llevó a la indiferencia, y la indiferencia de ellos los
llevó a la destrucción. No pudieron entrar en la casa de refugio debido a su
incredulidad.
Conclusión
La incredulidad deja a Dios fuera de toda consideración, y al pecador en el
lugar de destrucción. Abraham creyó a Dios, y salió fuera. Noé creyó a Dios,
y entró. Josué creyó a Dios y continuó adelante. Enoc creyó a Dios, y fue
llamado al hogar. Vale la pena señalar que en griego se emplea la misma
palabra para incredulidad que para desobediencia.