Amor y sexualidad
7° Básico
Semana del 05 al 09 de julio
En el niño, la sexualidad se centra en sí mismo.
El adolescente va haciendo el descubrimiento progresivo del otro o de la otra
como enriquecimiento.
Y el adulto es capaz de un compromiso que lleva consigo la exigencia de
fidelidad.
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APRENDERÁS
• A reconocer que la sexualidad es una expresión de la
personalidad que, como tal, le permite comunicarse al ser
humano.
• A identificar la sexualidad desde distintas dimensiones, es decir,
integralmente.
• A resignificar la sexualidad madura como una invitación al
compromiso consigo mismo y con los demás.
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1.
Amor, afectos y sexualidad
La forma en que nos comunicamos con otros y con nosotros mismos determina la
calidad de nuestras vidas. (Anthony Robbins).
a) ¿Cómo es la calidad de tu comunicación con los demás? ¿Y contigo mismo?
b) ¿Puede entenderse la sexualidad humana como una forma de comunicación?.
c) ¿La comprensión que tienes de ti mismo y de la sexualidad humana favorece tu
calidad de vida?
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Creados por y para el amor
Comprendemos
El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27) por amor y para
amar. Esto implica que toda persona está llamada a descubrir la propia vocación, a
desarrollar la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión junto con otros. Se
trata, por tanto, de una invitación a ser feliz mediante la construcción permanente del
proyecto vital, el cual se enriquece en la medida que se crece y alcanza mayor madurez.
Para ello es necesario conocerse a sí mismo y descubrir cuáles son las posibilidades de
trascender en el amor, aportando a la vida y a una mejores relaciones humanas.
La sexualidad ofrece la posibilidad de comunicarse plenamente, de ser más y dar más en el
contexto significativo de la experiencia humana del amor.
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Sexualidad, una forma de comunicar
La sexualidad es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de
comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor.
La sexualidad es mucho más que el instinto sexual; es un componente esencial de la personalidad. Es
el que nos define como personas en todo lo que somos y hacemos.
La sexualidad es una gran invitación a descubrir cómo los seres humanos nos comunicamos con los
demás. Desde que nacemos hasta que morimos, la sexualidad será la forma de expresarnos al mundo
integrando lo biológico, psicológico, espiritual, social y cultural. La sexualidad es, por tanto, el
“amor vivido en la verdad del don de sí al otro, al amor que se abre a la vida” (Benedicto XVI,
2010).
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Más allá del mensaje de las redes sociales
Si miras a tu alrededor, podrás notar que la cultura y la sociedad
entregan gran cantidad de información sobre temas relacionados
con la sexualidad. Muchos de esos mensajes, sobre todo a través
de las redes sociales, van teñidos con ciertos sesgos o
estereotipos que impiden ver a la persona en su totalidad,
reduciéndola a la genitalidad.
¿Qué dice el mundo que habitas sobre sexualidad? ¿Habrá algo
más que decir? Ciertamente, el hombre y la mujer constituyen
una realidad compleja que integra sus distintas dimensiones
como engranajes que se articulan armónicamente. ¡Somos mucho
más que un aspecto biológico! En síntesis, podríamos resumir
que la sexualidad es ¡cuerpo y alma a la vez!
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El amor que se dona
Para que la sexualidad esté bien integrada en nuestra personalidad y nos lleve a amar, conviene actuar
sobre nosotros mismos. Algunas sugerencias que pueden ayudarnos:
Conocer el propio cuerpo, estar a gusto con él, cuidarlo y respetarlo.
Vivir la sexualidad como algo positivo, aceptando que ser hombre o mujer es una gran riqueza
llena de posibilidades.
Estar atentos a los sentimientos que la sexualidad genera dentro de nosotros, y orientarlos
positivamente.
Tener amistad con otras personas para conocerlas cada vez mejor y dejarnos enriquecer por ellas.
Procurar que todos los comportamientos relacionados con nuestra sexualidad nos lleven a salir de
nosotros mismos, a encontrarnos con los demás y a entregarnos a ellos.
Estar bien formados e informados en todo lo referente a nuestra sexualidad.
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2.
Un amor integral
• El amor es el anhelo de salir de uno mismo, Charles
Baudelaire
• Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la
misma dirección,
• Antoine de Saint-Exupéry
• El amor se compone de una sola alma que habita en dos
cuerpos, Aristóteles
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Amor y comunidad
La sexualidad requiere una mirada de conjunto sobre el ser humano. Esto implica dejar las creencias que
limitan la sexualidad solo al ámbito biológico y reconocer que la persona es una realidad compleja e
integral.
Desde aquí el ser humano posee múltiples posibilidades para aportar y comunicarse con el mundo mediante
el don del amor, favoreciendo la vinculación con los demás y creando comunidad.
Es importante considerar que los medios de comunicación influyen en las percepciones de las personas
sobre sus cuerpos y sobre la representación de la sexualidad, de modo que es necesario ejercer el
pensamiento crítico para evaluar si las representaciones del sexo y la sexualidad son verdaderas o falsas,
realistas o no, si humanizan a las personas o las cosifican, si son positivas o negativas, si integran
comunitariamente a las personas o las estimulan a vivir en la satisfacción individualista de sus deseos.
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Sexualidad, valores y virtudes
La forma de expresar amor no es neutra, sino que comunica los valores personales y sociales que
experimente cada ser humano; por ejemplo, será distinto comprender el don de la masculinidad y
la feminidad en la cultura musulmana o en la cultura cristiana.
Para los cristianos, el reconocerse valiosos para Dios, creados a su imagen y semejanza, es también
saberse creados para cosas grandes, para amar y ser amados, pues como dijo Teresa de Calcuta:
“Nosotros no somos solamente un número en el mundo, nosotros somos hijos de Dios”.
Esto implica acoger la buena noticia de Jesús que anuncia que Dios es amor y que él quiere que las
personas se amen unas a otras como él ha amado; implica también saberse valiosos para Dios, lo
cual otorga un sello distintivo a la sexualidad, impulsando a amar como el Padre ama.
Desde aquí, los valores que sustentan la sexualidad se expresan mediante actitudes de respeto por
la dignidad de la persona, el valor de la vida, el bien común, el compromiso social, etc.,
permitiendo que cada acción que realices sea un hábito virtuoso que favorezca el desarrollo pleno
del ser a través de la vivencia sana de la sexualidad.
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Amar como Dios ama
La persona humana está llamada al amor, es decir, a salir de sí para hacerse donación a otros. ¿De
qué forma se puede amar como Dios pide hacerlo?
Todas las personas tienen experiencia de lo que es el amor. Todas han amado o se han sentido
amadas alguna vez. Y cuanto más intensa y constante es la experiencia de amar y de ser amado,
más feliz es la vida de la persona.
Nadie existiría si no hubiese recibido algo de amor, porque las personas no somos autosuficientes y
necesitamos de los demás para vivir y para crecer como auténticos seres humanos.
Podemos decir que somos el fruto de todas aquellas personas que nos han amado y que nos aman.
Somos seres incompletos que necesitamos llenar nuestro corazón y que, en el fondo, tenemos el
deseo de amar, de unir la propia vida a la de alguien y de hacer algo con sentido en este mundo.
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Nada somos sin amor
“Si hablo las lenguas de los hombres y aun de los ángeles, pero no tengo amor,
no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Y si tengo el
don de profecía, y entiendo todos los designios secretos de Dios, y sé todas las
“
cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no
soy nada. Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y aun si entrego mi
propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada
me sirve. Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia,
ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar
rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. El amor jamás
dejará de existir. Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día conoceré a
Dios como él me ha conocido siempre a mí. Tres cosas hay que son
permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres
es el amor”. 1 Corintios 13, 1-13
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