LA CIUDAD DE REFUGIO
LA CIUDAD DE REFUGIO
“Os señalaréis ciudades,
ciudades de refugio tendréis,
donde huya el homicida que
hiriere a alguno de muerte sin
intención”.
Números 35:11.
Dios estableció 6 ciudades de
refugio.
"Entonces señalaron a Cedes en Galilea, en
el monte de Neftalí, a Siquem en el monte
de Efraín, y a Quíriat Arba que es Hebrón,
en el monte de Judá.
Y del otro lado del Jordán, al oriente de
Jericó, señalaron a Beser en el desierto, en
el llano de la tribu de Rubén; a Ramot en
Galaad, de la tribu de Gad; y a Golán en
Basán, de la tribu de Manasés. Josué 20:7,8.
Nota cual era el propósito
de las ciudades de
refugio.
"Para que se ampare allí
el homicida que hubiera
matado a alguno por
accidente
y no a sabiendas; que
sirvan de refugio contra el
vengador de la sangre.
Pecado por accidente o por error.
"El homicida que pueda refugiarse allí para salvar
su vida, es el que hiera a su prójimo
sin querer, sin haberle tenido enemistad.
Como el que va con su prójimo al monte a cortar
leña, y al hacer fuerza con su hacha para cortar
algún leño, se escapa el hierro del mango, y hiere
de muerte a su compañero. Este podrá huir a una
de esas ciudades y quedar con vida”. Deuteronomio
19:4,5.
¿Quiénes podían refugiarse
y por qué motivos?
“… los israelitas y extranjeros que vivan
entre ellos, para que se refugie en ellas
el que hubiera herido a alguien por
accidente,…”. Josué 20:9.
Cuando el perseguido llegaba a la ciudad
era recibido por los sacerdotes, y
posteriormente se hacía un juicio. Véase
Josué 20:6 y Números 35:12.
En ese juicio había testigos.
“Cualquiera que diere muerte a alguno,
por dicho de testigos morirá el homicida;
mas un solo testigo no hará fe contra una
persona para que muera”. Números 35:30.
La ciudades de refugio no
eran un santuario para los
delincuentes.
Si se comprobaba que eran
culpables debían morir.
“Pero si hubiere alguno que aborreciere a su
prójimo y lo acechare, y se levantare contra
él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere
a alguna de estas ciudades, entonces los
ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán
de allí, y lo entregarán en mano del vengador
de la sangre para que muera”.
Los falsos testigos eran
castigados.
“Y los jueces inquirirán bien; y si
aquel testigo resultare falso, y
hubiere acusado falsamente a su
hermano, entonces haréis a él como
él pensó hacer a su hermano; y
quitarás el mal de en medio de ti”.
Deuteronomio 19:18, 19.
El refugiado debía permanecer en la
ciudad hasta la muerte del sumo
sacerdote, si salía de allí podía morir.
“pues en su ciudad de refugio deberá
aquél habitar hasta que muera el sumo
sacerdote; y después que haya muerto el
sumo sacerdote, el homicida volverá a la
tierra de su posesión”.
Números 35:28.
Cristo es nuestro
refugio.
“En ti, oh Jehová, me he
refugiado;
No sea yo avergonzado
jamás”. Salmo 71:1.
“Sé para mí una roca de
refugio, adonde recurra
yo continuamente”.
Salmo 71:3.
Él es el camino a la
ciudad de refugio. “Yo
soy el camino…”. Juan
14:6.
Él es el puerta de la
ciudad de refugio. “Yo
soy la puerta…”. Juan 14:9.
Él es el sumo sacerdote.
“apóstol y sumo sacerdote de
nuestra profesión, Cristo Jesús”.
Hebreos 3:1.
Hoy podemos ir a la
Ciudad Refugio. “Sé
para mí una roca de
refugio, adonde recurra yo
continuamente”.
Salmo 71:3.
Somos acusados y
perseguidos por Satanás. “el
acusador de nuestros
hermanos”. Apocalipsis
12:10.
El homicida debía permanecer
en la ciudad, lejos de su lugar
de origen hasta la muerte del
sumo sacerdote.
Nuestro Señor muy pronto
dejará de ser sacerdote,
entonces volverá como Rey y
podremos regresar a nuestro
hogar original.
Pero… ¿Cuál es nuestro hogar
original?
“Mas nuestra ciudadanía está en
los cielos, de donde también
esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo” Filipenses 3:20.
Las ciudades de refugio
ilustran la protección de
Cristo al que es acusado y
perseguido injustamente, y
el castigo a quien realmente
es culpable.
De esta manera se aseguraba
justicia en el antiguo Israel.
Sólo en la ciudad de refugio había
protección. Sólo en Cristo hay
protección.
Las ciudades de refugio eran para el
israelita y para el extranjero.
Dios no hace acepción de personas.
Las ciudades de refugio eran la única
oportunidad que tenía el acusado;
Cristo es nuestra única esperanza. NO
HAY MÁS.
¿Qué pasaba con aquellos que
realmente eran culpables?
No había protección para
ellos.
Los culpables debían morir.
Las ciudades de refugio eran
solamente para los inocentes; pero
en Jesús aun los culpables tienen
esperanza.
En Jesús hay perdón y protección.
En el sistema de sacrificios
del AT se hacía expiación por
los pecados involuntarios, es
decir por yerro. Números
15:24-29. (Como en la ciudad
de refugio).
Y a diferencia de las ciudades
de refugio, se hacía expiación
por los pecados deliberados,
es decir sabiendo que se
estaba pecando. Levítico
Pero no había en el sistema de
sacrificios expiación para el pecado de
mano alzada. No existía ningún
sacrificio que se pudiera ofrecer por un
pecado de rebelión.
“Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así
el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa
persona será cortada de en medio de su pueblo.
Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y
menospreció su mandamiento, enteramente será
cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella”.
Números 15:30-31.
Pero en Cristo hasta los pecados
de rebelión tienen perdón si hay
un arrepentimiento sincero.
Ejemplos: Perdonó al impío rey
Acab 1Reyes 21:27-29.
También al perverso rey
Manasés 2Crónicas 33:12-13.
(Estos reyes cometieron pecado de
mano alzada).
Cristo es el refugio, la expiación, la
única esperanza para el pecador
arrepentido.
“Venid luego, dice Jehová, y estemos
a cuenta: si vuestros pecados fueren
como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos
como el carmesí, vendrán a ser como
blanca lana”. Isaías 1:18.
No hay pecado tan grande
que Dios no pueda
perdonar.
“Nadie es tan bajo, tan corrupto y vil
que no pueda encontrar en Jesús, quien
murió por él, fortaleza, pureza y justicia,
si consiente en apartarse de sus pecados,
cesar en su proceder inicuo, y volverse
con un corazón sincero al Dios vivo”.
TI,2:453.