DIMENSIÓN TEOLÓGICA
JESÚS EN LA COMUNIDAD JOÁNICA
• El evangelio de Juan: ¿quién es Jesús?
• La centralidad de Jesús.
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Hay, por lo menos, tres aspectos en los que Jn
presenta una concentración cristológica.
Un primer aspecto es la ausencia de cualquier
otro tipo de tema central en el evangelio.
Jesús en Jn se predica a sí mismo.
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Hay un segundo aspecto de esta centralidad de
Jesús en el evangelio de Juan
En la medida en que Jesús utiliza la expresión
«yo soy» para indicar en primer lugar la
identidad de su persona
símbolos o imágenes
Jesús dice que es el maná, la luz, el pastor, la
vida, la puerta, el camino, etc.
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hay que recordar que la cristología de Jn
presenta un interés y una profundización notables
en la identidad de Jesús.
tanto los discípulos del Bautista (1,37-42),
como Nicodemo (3,1-2),
los galileos (4,45),
los samaritanos (4,40-42),
los mismos judíos (8,25; cf. 8,53)
y, finalmente, los griegos (12,20-22)
y los romanos (19,9),
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2. Una primera respuesta
a) Signos del “hijo de José” (1,45; 6,42)
Y estos datos nos presentan a un Jesús concreto, un judío
(4,9),
que reacciona violentamente ante los abusos del templo
(2,13-17),
que se fatiga (4,6), que huye (6,15),
que se ve obligado a esconderse (8,59; 12,36b),
que vive como un perseguido (11,54-57),
que tiene amigos (11,5; cf. 2,1)
que llora (11,35.38), se angustia (12,27) y tiene sed (4,7; cf.
19,28).
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b) Diálogos y discusiones del hombre llamado Jesús
En primer lugar, hay una serie de textos relativamente
cercana a los textos sinópticos:
«¿acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle
oído y saber lo que hace?» (7,51);
o también: «¿no eres tú también delos discípulos de
este hombre?» (18, 17);
«¿qué acusación traéis contra ese hombre?» (18,29).
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Veamos algunos textos en este sentido.
4,29: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo
que he hecho. ¿No será el Mesías?
«¿quién es el hombre que te ha dicho tómala y anda?»
(5,12).
19,5. 7: «aquí tenéis al hombre». Los judíos le replican:
«nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir,
porque se tiene por hijo de Dios».
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La condena a muerte de Jesús recoge el tema
mantenido a lo largo de todo el evangelio: Jesús es
hombre y es también Dios (cf. 1,18 y 20,28). Esta es la
confesión de fe de la comunidad.
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e) La muerte de Jesús de Nazaret
El relato de la muerte de Jesús encontramos este
énfasis en la humanidad de Jesús.
La muerte de Jesús, además de polarizar todo el
evangelio de Juan, constituye por sí misma un punto
capital de todo el llamado relato de la pasión. Lo
muestra el conocido episodio de la lanza que abre el
costado de Jesús (19,31-37).
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Hasta aquí un primer nivel de respuesta del evangelio
de Juan a la pregunta por la identidad de Jesús. A
primera vista, puede parecer una tautología: Jesús es
Jesús de Nazaret. En realidad lo que hemos podido
percibir es una valoración teológica de la humanidad
de Jesús.
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3. Jesús, el revelador
El aspecto revelador es el más característico de los
signos, de los diálogos y discusiones y del mismo
relato de la muerte de Jesús.
La revelación de Jesús hace referencia al origen de su
hablar y de su obrar: el Padre que lo ha enviado.
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La revelación de Jesús, un testimonio
Recordemos que Jn utiliza el verbo martyrein en 33
ocasiones y el sustantivo martyria 15 veces. El contraste
con los sinópticos es notable (martyrein: Mt, 1; Lc, 1;
martyria: Mc, 3;Lc, 1).
En verdad, en verdad os digo, nosotros hablamos de lo
que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio» (3,11).
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El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto
y oído, y su testimonio nadie lo acepta (3,31c-32).
Yo para esto he nacido y para esto he venido al
mundo: para dar testimonio de la verdad (18,37).
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Encontramos, además, en Jn una serie de testimonios
a favor de Jesús:
el del Padre: 5,37; cf. 8,18;
el de Juan Bautista:1, 7.8.15.32.34; 3,26; 5,33;
el de la Escritura: 5,39;
el de las obras que Jesús hace: 5,36; cf. 10,25.
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b) El hablar de Jesús como revelación
Vamos a insistir en un aspecto especialmente clarificador:
la identidad entre el hablar de Jesús y su testimonio
Aquel a quien Dios ha enviado, habla las palabras de
Dios (3,34);
Las palabras que os he hablado son Espíritu y son vida
(6,63);
Si alguno quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina
es de Dios o hablo por mi cuenta (7,17);
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Parece, por tanto, que el «hablar» de Jesús es un medio
de revelación. Ahora bien, lo que tenemos que subrayar
es que el hablar de Jesús es idéntico con su testimoniar:
el que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto
y oído (3,32);
lo que le he oído a Él, es lo que hablo al mundo
(8,26);
y damos testimonio de lo que hemos visto (3, 11);
yo hablo lo que he visto junto a mi Padre (8,38).
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e) La figura del revelador
¿Cómo se designa, pues, la figura del revelador que
es a la vez hombre, el hijo de José, aquel que
verdaderamente murió?
La respuesta a la pregunta es muy clara: Jesús, como
el revelador que se ha acercado a los hombres para
comunicarles lo que ha contemplado en el mundo de
arriba, es el Hijo del hombre.
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La figura del Hijo del hombre en Jn está caracterizada
por su talante revelador se hace patente en estos tres
textos:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto
y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del
hombre» (1 ,51);
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el
Hijo del hombre» (3,13);
¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir a donde
estaba antes".. ?» (6,62).
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4. Jesús en el evangelio de Juan
Como tendremos ocasión de ver, Jn ha sido llamado el
evangelio de la fe. La razón es bien sencilla: todo el
relato de este evangelio puede leerse con el hilo
conductor de la aceptación de Jesús por parte de
múltiples interlocutores
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Comencemos por recoger las muchas confesiones
explícitas que jalonan el evangelio de Juan:
hemos encontrado al Mesías (que se traduce por
ungido) (1,42);
hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés
en la ley y los profetas, Jesús el hijo de José, el de
Nazaret (1,45);
Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de
Israel (1 ,49);
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ya no creemos por lo que tú hablas; nosotros
mismos hemos oído y sabemos que éste es
verdaderamente el salvador del mundo ( 4,42);
Y le dijo: creo, Señor. Y le adoró (9,38);
Contestó Tomás y le dijo: Señor mío y Dios mío
(20,28).
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Se añade a estas confesiones las que se deducen del
verbo creer (pisteuein) con una declaración doctrinal;
-y nosotros hemos creído y hemos conocido que tú
eres el Santo de Dios (6,69);
-yo he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
(11,27);
-estos (signos) se han escrito para que creáis que
Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (20,31);
-para que crean que tú me has enviado (11,42; cf.
17,8.21);
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porque vosotros me habéis amado y habéis creído
que salí de Dios (16,27);
por esto creemos que has salido de Dios (16,30);
creed que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí
( 14,11; cf. 14,10);
si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados
(8,24; cf. 8,28 y 13,19).
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Dos consideraciones son pertinentes aquí
En primer lugar, que este conjunto de confesiones y de
fórmulas de fe no presentan un Jesús fragmentario.
En segundo lugar, hay que notar que el contenido de
las confesiones es Jesús y su relación con el Padre, o
bien el status único de Jesús respecto de Dios; es
decir, Jesús, en la medida que es creído. Las
confesiones tienen un cierto carácter de plenitud.
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