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Custodia de la Revelación en la Iglesia

1) La Revelación concluyó con los apóstoles aunque no recibieron toda la plenitud, por lo que el Espíritu Santo continuó enseñándoles. 2) La Iglesia transmite la Revelación a través de la Tradición y la Escritura manteniendo lo recibido de los apóstoles. 3) El Magisterio episcopal ejerce la función de interpretar auténticamente lo transmitido oralmente y por escrito en nombre de Cristo sirviendo a la Revelación.

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Custodia de la Revelación en la Iglesia

1) La Revelación concluyó con los apóstoles aunque no recibieron toda la plenitud, por lo que el Espíritu Santo continuó enseñándoles. 2) La Iglesia transmite la Revelación a través de la Tradición y la Escritura manteniendo lo recibido de los apóstoles. 3) El Magisterio episcopal ejerce la función de interpretar auténticamente lo transmitido oralmente y por escrito en nombre de Cristo sirviendo a la Revelación.

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REVELACIÓN Y

IGLESIA
Teología de la Revelación
Transmisión de la Revelación en la Iglesia y por la Iglesia

Ante todo, existe una relación


de causalidad, porque la
Iglesia es engendrada por la
Palabra de Dios; por otra
parte, la Iglesia manifestó la
Revelación a los hombres de
todos los tiempos, la custodia
e interpreta con la autoridad de
Cristo.
La Revelación concluyo con los Apóstoles.

“No hay que esperar


ninguna otra revelación Sin embargo, no recibieron
publica antes de la toda la plenitud de la
manifestación gloriosa de Revelación, por ello Jesús
nuestro Señor Jesucristo”. les dijo que el Espíritu
La Revelación que llega Santo les enseñara todo (Jn
hasta nosotros es a través 16, 12 - 14), por tanto, la
del testimonio de los Revelación continuo hasta
Apóstoles, a quienes Cristo la muerte del ultimo apóstol.
les encargo hacerlo.
Esta característica es propia y exclusivamente del tiempo apostólico,
por ello la exhortación a todos los fieles que se atengan a la tradición
que han aprendido (2Ts 2, 15).

San Pablo habla del contenido de la Revelación como de un deposito


(1Tm 6, 20), para conservarlo y cuidarlo.

En la época patrística se combatió con algunas voces que admitían


nuevas revelaciones, especialmente por San Ireneo, San Vicente de
Lerins. Así mismo, el Magisterio a través de mucho documento uno de
ellos el decreto lamentabili.
La Iglesia, convocada y engendrada por la Palabra de Dios

Tiene su origen primario en Dios Padre, que envió a su Hijo al mundo para que fuera Redentor del
hombre y Cabeza de la Iglesia, cuyos miembros se incorporan a ÉL mediante la obra del Espíritu
Santo. Esta acción divina de fundación de la Iglesia ha sido realizada en Cristo y mediante Cristo.

Radicalmente, la Iglesia, como misterio, nace en el mismo momento de la


Encarnación; pero, en su realidad visible de nuevo pueblo de Dios, ha sido
fundada gradualmente por Jesús hasta la misión del Espíritu Santo en
Pentecostés
La Iglesia es convocada y
engendrada por las palabras y las
acciones humanas de Cristo. R.
Latourelle dirá: “La palabra de
Cristo, que inicia a los Apóstoles en
los secretos del Padre, funda la
Iglesia dándole también el triple
poder de predicar, santificar y
gobernar (…) En cierto sentido,
podemos, pues, afirmar que la
palabra convoca y engendra a la
Iglesia”.
La Iglesia hace presente la Palabra de Dios a los hombres

“Las verdades reveladas por


Dios para la salvación de todos
los pueblos, gracias a la bondad
divina, se conservaron
siempre integras y fueron
trasmitidas a todas las
generaciones”, mediante la
Sagrada Tradición y la Sagrada
Escritura.
Tradición y Escritura

Los Apóstoles, al transmitir lo que ellos mismo han


recibido, advierten a los fieles que se atengan a las
tradiciones que han aprendido de palabra o por
escrito y que las combatan por la fe que se les ha
sido entregada de una vez por todas. De esta
manera la Iglesia, en su doctrina, en su vida y
en su culto, perpetua y transmite a todas las
generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella
cree.
Tiene como objeto el Evangelio no solo
entendida como anuncio o palabra, sino, como
fuerza que salva (Rm 1, 16). y como sujeto es la
Iglesia entera, que se realiza en toda su vida,
resumida en Traditio Evangelii, la cual tiene
como dimensiones constitutivas las predicaciones
de la Palabra y la celebración de los sacramentos.
Todas estas enseñanzas de la tradición
fueron puestas por escrito bajo la
inspiración del Espíritu Santo, en los
libros del nuevo testamento.
Dirá U. Betti que “la Sagrada Escritura es
el documento preeminente de la
predicación apostólica. Por causa y virtud
de la inspiración divina, le corresponde un
título especial…”
Lo afirma la Dei Verbum: “se debe
considerar que todo lo que los autores
inspirados o hagiógrafos afirman, es el
Espíritu Santo quien lo ha afirmado”.
La prioridad temporal de la Tradición sobre la
Sagrada Escritura no excluye la preeminencia de
estas, como tampoco la existencia de la Escritura
excluye la necesidad de la tradición.
Se habla de Traditio interpretativa cuando la tradición transmite algo ya
contenido en la Biblia: si consta explícitamente en la Escritura, la tradición
interpretativa se denomina Traditio declarativa; pero si solo está contenida
implícitamente, se habla de Traditio inhaesiva.

La tradición se considera Constitutiva cuando transmite aquello que no está


contenido en los libros inspirados.
Estas dos están tan íntima y esencialmente unidas, que solo como el estudio de
su reciproca relación puede llegarse a un completo conocimiento de ambas.
La tradición, por tanto, no es simple
repetición, es algo que progresa, Ratzinger
dirá: “Ha concluido la Revelación, pero no
su interpretación vinculante”.
Por tanto, la Revelación –completada y
concluida con la muerte de los Apóstoles-
llega a los hombres de todos los tiempos no
como un simple recuerdo del pasado, sino
como una realidad viva y operante, así
como Cristo vive y opera en su Iglesia:
“Sabed que yo estoy con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
La Revelación es, para cada
La tradición es la entera vida
hombre, Palabra de Dios que
de la Iglesia, pero no todo lo
comunica conocimiento y
que se dice y hace en las
salvación; también lo es hoy:
comunidades cristianas es de
la Revelación sigue siendo
origen apostólico y, por tanto,
para todos un encuentro
vinculante para la propia
personal con Dios que salva.
Iglesia. Por ello hay unos
Este encuentro se realiza en la
criterios, resumidos por San
Iglesia, porque es a la Iglesia,
Vicente de Lerins:
y no a los individuos como
universalidad, antigüedad y
tales, a la que Cristo ha
la unanimidad.
confiado la Palabra de Dios
Los lugares donde buscar si una
determinada doctrina tiene,
efectivamente, estas características son el
Magisterio, las enseñanzas de los
Padres, la Liturgia y el sentir común
de los fieles. Claro que se denominan a
los padres de la Iglesia por las
características de: doctrina ortodoxa,
santidad de vida, antigüedad y
aprobación de la Iglesia. “las
enseñanzas de los Santos Padres
atestiguan la presencia viva de esta
tradición”.
Tradición y Magisterio
Además de esta
La totalidad de la
asistencia Los apóstoles Esto se realiza
Iglesia, que ha
permanente del llevaron a por el Orden
recibido de la
Señor en el cabo fielmente episcopal,
Revelación, es la
ejercicio de su esta función de como
que, desde el
misión, los magisterio, sucesores de
principio, vive del
Apóstoles tendrán con una los Apóstoles
mismo y lo
también la ayuda autoridad que debe
transmite. Sin
del Espíritu Santo reconocida. llevarse en
embrago, los
(Jn 14, 15.17). entre Cuidaron de comunión con
Apóstoles
los Apóstoles, instituir el sucesor de
recibieron del Señor
Pedro recibió la sucesores en Pedro, el
una especial misión
peculiar misión de esta sociedad Romano
de predicar el
confirmar a sus jerárquicament Pontífice.
Evangelio (Mt 28,
hermanos (Lc 22, e organizada.
18-20).
32).
Todos los miembros de la Iglesia tienen la misión de transmitir el
Evangelio, la intensidad es una característica fundamental y exclusiva del
Magisterio episcopal. Este oficio de auténtica interpretación de lo
trasmitido escrito y oralmente, se encargó al Magisterio, cuya
autoridad ejerce en el nombre de Cristo.
No obstante, no significa que el
Magisterio sustituya la fuente de la
Revelación; más bien “Está a su
servicio, y no enseña más de los que
le ha sido transmitido, puesto que,
por mandato divino y con la
En realidad, la autenticidad que es propia y asistencia del Espíritu Santo, lo
exclusiva del Magisterio en su función de escucha piadosamente, lo custodia
interpretar la Revelación significa autoridad. Es santamente y lo expone con
decir, Magisterio autentico significa Magisterio fidelidad” nos dirá en Concilio
con autoridad, pero con la misma autoridad de Vaticano II.
Cristo.
Las modalidades de ejercicio del Magisterio son muchas, pero
pueden resumirse en dos: el Magisterio ordinario, que es la
enseñanza individual de cada obispo, y el Magisterio solemne,
que es el de los Concilios y el del Papa cuando habla ex
cathedra.

La tradición es transmisión no solo de una doctrina, sino de toda la


realidad de la Iglesia. Con palabras ya citadas en el Vaticano II, “la
Iglesia en su doctrina, en su vía y en su culto, perpetua y transmite
a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree”.

La Sagrada tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio están


tan conexos entre sí y estan compenetrados.
Iglesia apostólica e Iglesia post-apostólica
En la relación Revelación-Iglesia, hay una cierta
discontinuidad entre el tiempo apostólico y el
post-apostó­Iíco entre Iglesia apostólica e Iglesia
post-apostólica

Históricamente está demostrado lo


Según el protestante O. Cullman la razón contrario: la fijación del Canon bíblico
de tal discontinuidad reside en el hecho no provoco la desaparición del
de que el principio de Tradición del que principio de la tradición en la vida de
vivía la Iglesia apostólica, perdió la Iglesia, que siguió vigente, sobre
vigencia con el nacimiento de la todo, cuando el recurso a la Sagrada
Escritura. A partir de ese momento la Escritura no parecía suficiente para
tradición ya no era un criterio de verdad. tutelar el depósito de la Revelación
La discontinuidad entre Iglesia apostólica e
Iglesia post-apostólica no es una
discontinuidad total; es más continuidad que
discontinuidad: ambas son la misma
Iglesia: la Iglesia de Cristo

La fe católica reconoce que la Iglesia es una realidad


no solo «salvada», sino también «salvadora». Por
tanto, «es necesario acostumbrarse a reconocer en la
Igle­sia al propio Cristo. En efecto, es Cristo quien
vive en su Iglesia, quien enseña por medio de ella,
quien gobierna Y comunica la santidad».
INFALIBILIDAD DE LA IGLESIA Y MAGISTERIO INFALIBLE

Infalibilidad de la Iglesia «in credendo» e «indocendo»

“La Iglesia, marchando a través de dificultades y de tribulaciones, es sostenida por


la fuerza de la gracia de Dios, que le prometió el Señor; para que por su debilidad
humana no se aparte de una fidelidad perfecta”
Esta indefectibilidad de la Iglesia, prometida por Cristo tras la confesión de san
Pedro en Cesarea de Filipo (Mt 16, 18), significa que la Iglesia será siempre lo
que ya es; indica permanencia en su ser y en su esencia.

Por tanto, la indefectibilidad


incluye en sí, como aspecto
esencial, la indefectibilidad en la fe
apostólica, garantizada por la
permanente asistencia del Espíritu
Santo, que es «Espíritu de verdad»
Dios, en efecto, en su inmensa bondad, dispuso que lo que
había revelado para salvación de todas las gentes se conservara
siempre íntegro.

La permanente integridad de la Revelación, se refiere a la Revelación en


cuanto aceptada y recibida en la Iglesia mediante la fe. Por tanto, «es
imposible que el juicio de la Iglesia universal yerre en lo que se refiere a la
fe».
La Iglesia es infalible. al creer y al profesar la fe: «Dios mismo, pues,
absolutamente infalible, ha querido dotar a su nuevo Pueblo, que es la Iglesia,
de una infalibilidad participada, circunscrita a las cosas que se refieren a la fe y
las costumbres. Ciertamente, cada cristiano puede errar en materia de fe; pero
la Iglesia como tal, no.

La infalibilidad aparece no solo posible corno don del Omnipotente, sino


también como algo congruente con la naturaleza del espíritu creado.

Junto a la infalibilidad de la Iglesia in credendo, propia del conjunto de los


fieles, sabemos que existe una infalibilidad propia del Magisterio, una
infalibilidad in docendo:
«Aunque cada uno de los obispos no goce de la prerrogativa de infalibilidad, sin
embargo, cuando -aun estando dispersos por toda la tierra, pero manteniendo el
vínculo de comunión entre sí y con el Sucesor de Pedro-, al enseñar auténticamente
en materia de fe y costumbres, coinciden en que una doctrina ha de tenerse como
definitiva, entonces expresan infaliblemente la doctrina de Cristo

De esta infalibilidad goza, en virtud de su cargo, el Romano Pontífice, Cabeza del


Colegio de los Obispos, cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles
que con-firma en la fe a sus hermanos (Le 22, 32), proclama una doctrina de fe o
de costumbres con un acto definitivo».
Existen, pues, tres manifestaciones de la infalibilidad magisterial: las
definiciones de los Concilios Ecuménicos, las definiciones ex cathedradel
Pontífice Romano, las enseñanzas del Magisterio ordinario universal

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