TEOLOGIA DE RITSCHL
Teólogo protestante Albrecht Ritschl (nació en Berlín el 25 de marzo de 1822; murió en Göttingen el
20 de marzo de 1889).
Ritschl asistió a la Universidad de Bonn, y por un tiempo se sintió cautivado por el “sobrenaturalismo
bíblico” de su maestro, K. J. Nitzsch. La insatisfacción mental le llevó a salir de Bonn en 1841, y
continuó sus estudios bajo Julio Müller y Tholuck en la Universidad de Halle. Desengañado aquí
también en cuanto a las enseñanzas de sus profesores, buscó y encontró paz en la doctrina de la
reconciliación del profesor de Tubinga, Ferdinand Christian Baur.
La doctrina de la justificación constituye el foco del sistema teológico de Ritschl.
Influenciado por la filosofía de Kant , Ritschl le niega a la razón humana el poder para llegar a un
conocimiento científico de Dios. En consecuencia la religión no puede tener un fundamento
intelectual, sino simplemente uno práctico-moral.
El conocimiento religioso es esencialmente distinto del conocimiento científico. No se adquiere por
una comprensión teórica de la verdad, sino que, como el producto de la fe religiosa, está ligado a los
intereses prácticos del alma.
La religión es práctica, no teoría. El conocimiento y la fe no sólo son dominios distintos; son
independientes de y separados entre sí. Mientras que el conocimiento se basa en juicios de existencia,
la fe procede de "juicios de valor" independientes, que no afirman nada respecto a la esencia o
naturaleza de las cosas divinas, sino que se refieren simplemente a la utilidad y la fecundidad de las
ideas religiosas
Ritschl declaró que “sólo el conocimiento valioso es el que en la práctica nos lleva hacia
adelante. No es decisivo lo que la cosa es en “sí misma”, sino lo que es “para nosotros”.
Ritschl proclama que la “cuestión principal de la teología” es la armonización de la actividad moral
libre-religiosa de los cristianos con la dependencia de Dios. Él resuelve este problema fundamental de
la siguiente manera: Al principio Dios determina pasivamente al pecador que vuelve, tras lo cual la
justificación logra su éxito práctico en la reconciliación y la regeneración, lo que a su vez conduce a
la actividad cristiana
La justificación y la reconciliación están tan relacionadas que la primera es también el perdón del
pecado y, como tal, elimina el estado consciente de culpa en el hombre, mientras que la segunda,
como el cese de la resistencia activa a Dios, introduce una nueva dirección de la voluntad calculada
para desarrollar la actividad cristiana en el verdadero cumplimiento de la propia vocación. Estas dos
—la justificación y la reconciliación— forman la base de nuestra filiación como hijos de Dios.
la fe justificante es posible sólo dentro de la comunidad cristiana. La iglesia de Cristo es por una
parte el agregado de todos los creyentes justificados, pero por otro lado tiene, como el fruto
perdurable de la obra de Cristo. Al igual que los hijos en una familia y los ciudadanos en el estado,
los creyentes también deben haber nacido en una comunidad cristiana ya existente así a través de la
predicación de Cristo y su obra, es que se hace posible la fe que justifica, en virtud de la cual el
individuo experimenta la regeneración y alcanza la adopción como hijo de Dios.
WALTER RAUSCHENBUSCH
4 de octubre de 1861-25 de julio de 1918) fue un pastor bautista, y escritor
estadounidense, líder principal del evangelio social.
En medio de una situación de pobreza extrema, Rauschenbusch elabora una teología fuertemente
arraigada en lo social y que es conocida luego como el Social Gospel (evangelio social)
El aporte más significativo que Rauschenbusch ofrece sobre el Reino de Dios es el siguiente: “El
Reino de Dios es todavía una concepción colectiva, involucra toda la vida social humana. No es un
asunto de salvación de átomos humanos, sino la salvación del organismo social.”
Albrecht Ritschl [1822-1889] y Adolf Harnack [1851-1930] en Alemania y Walter Rauschenbusch
en los Estados Unidos de Norteamérica, rechazaron el misticismo y la teología de la experiencia,
basándose en los resultados de la investigación histórica como sustento de la fe y en el imperativo
moral como vinculado a lo religioso:
“la religión es una fuerza de apoyo para la esfera ética” además de ser “la ayuda para la
realización personal. La religión comenzó a ser explicada con la base de la experiencia ética de la
condición humana.
W. Rauschenbusch después de citar a von Harnack desde su afirmación, que “Jesucristo fue el
primero que puso en evidencia el valor de cada alma humana y lo que él hizo nadie podrá jamás
deshacerlo”,
comenta: “Estaremos participando del espíritu del cristianismo y de la civilización moderna si nos
acercamos a todos los hombres con la esperanza de hallar bajo las apariencias comunes, sórdidas o
aún repulsivas, algo de amor, de lealtad, de heroísmo de aspiración o de contrición, cualidades que
ponen en evidencia lo que hay de divino en el hombre.
construyo una ética social afianzada en la fe hebreo-cristiana. Creía que en el reino de Dios y su
actividad en la historia y que la regeneración progresiva, a través de la educación en la fe, conduciría a
una ética social cristiana, de acciones expresen el reino de Dios.
identificaba el Reino de Dios con la justicia, la libertad, la fraternidad, el trabajo y la alegría. La
perspectiva que seguían era una especie de adaptación y aun de contextualización de su teología
bíblica, buscando ver el ideal del Reino de Dios, redefinido en términos modernos, de democracia, de
industrialización, de paz internacional, de evolución de la ciencia, pero todo esto relacionado a la
antigua fe que con entusiasmo se pueda orar por ello
Las premisas fundamentales de W. Rauschenbusch y del Evangelio Social como corriente teológica
de fines del siglo XIX y comienzos del XX son las siguiente:
En el primero nos dice que la vida y la dignidad humana son sagradas. En el segundo, que la
solidaridad y la unidad social es indispensable para la humanidad. En el tercero, que los fuertes deben
ponerse de lado de los débiles y defender su causa.
Siempre se consideró a sí mismo como un evangelista que buscaba ganar a los hombres para un “nuevo
nacimiento” en Cristo. Al mismo tiempo, creía que el Reino de Dios requería la salvación tanto social
como individual, y exigía "un nuevo orden que descansara sobre los principios cristianos de igualdad
de derechos y distribución democrática del poder económico"