Geología Ambiental – Tema 4
Riesgo de contaminación ambiental
El caso de las aguas subterráneas
Concepto fundamental del riesgo de contaminación
La definición más lógica del riesgo de contaminación de las aguas
subterráneas es concebirlo como:
La interacción entre la carga contaminante y la vulnerabilidad del
acuífero determina el riesgo de que la contaminación penetre al
acuífero.
La carga contaminante que es, será, o pudiera ser aplicada al
subsuelo como resultado de actividad humana.
La vulnerabilidad del acuífero a la contaminación, debido alas
características naturales de los substratos que se cubren y se
separan de la superficie.
Adoptando tal esquema podremos obtener una alta vulnerabilidad sin
riesgo de contaminación, por la ausencia de una carga significativa de
contaminantes, y viceversa. Ambos son perfectamente lógicos en la
práctica. Aún más, la carga contaminante puede ser controlada o
modificada, pero no la vulnerabilidad del acuífero, excepto en algunas
actividades antrópicas que se sacan la cubierta de suelos o de material
de la zona no saturada (minería p. ej.) y que puede reducir la
vulnerabilidad natural.
El término vulnerabilidad del acuífero a la contaminación representa su
sensibilidad para ser adversamente afectado por una carga
contaminante impuesta. Es, en efecto, lo inverso a la capacidad de
asimilación de contaminantes de un cuerpo receptor de agua
superficial, con la diferencia que los acuíferos tienen una cubierta de
substratos que proporciona una protección adicional.
El término riesgo de contaminación se define aquí como la probabilidad
de que las aguas subterráneas se contaminen con concentraciones por
encima de los valores recomendados por la OMS para la calidad de
agua de consumo humano.
Importancia de la Zona No Saturada
La zona no saturada merece especial atención ya que ella
representa la primera y más importante defensa natural contra la
contaminación de las aguas subterráneas (Matthess et al, 1985;
Foster, 1985a). Esto no es solamente por su posición estratégica
entre la superficie y la napa freática sino también porque su
ambiente es generalmente más favorable para la atenuación y
eliminación de los contaminantes.
Características
El flujo de agua en la zona no saturada es normalmente lento y se
restringe a los poros más pequeños con mayor superficie
específica. La condición química es normalmente aeróbica y
frecuentemente alcalina.
Por esto, en la zona no saturada encontraremos un mayor potencial
para:
a- Intercepción, sorción y eliminación de bacteria y virus.
b- Atenuación de metales pesados y otros químicos inorgánicos a
través de precipitación (como carbonatos, sulfuros o hidróxidos),
sorción o intercambio de cationes.
c- Sorción y biodegradación de muchos hidrocarburos y compuestos
orgánicos.
d- Sin embargo, el flujo de agua en la zona no saturada puede ser
complejo y su capacidad para atenuar los contaminantes díficil de
predecir.
f- Es importante apreciar que pueden ocurrir cambios marcados en el
comportamiento de algunos contaminantes si la actividad genera
suficiente carga orgánica o ácida para producir una variación
significativa en el Eh o pH en la zona.
g- Adicionalmente, en el caso de contaminantes persistentes y
móviles, la zona no saturada simplemente causa un gran retardo en su
llegada a la napa freática, sin ninguna atenuación beneficiosa.
h- El grado de atenuación de muchos contaminantes dependerá del
tiempo de recorrido o residencia en la zona no saturada, que a la vez
puede ser estimado por sus características hidráulica.
i- La zona no saturada está formada por partículas sólidas, poros
llenos de aire y de agua en proporción constantemente variable. El
flujo no saturado se rige por la Ley de Darcy.
Función de los Suelos
Esquema básico
De un suelo.
1 La mayoría de los procesos que causan la atenuación y eliminación
de contaminantes en el subsuelo son mucho más activos en la zona
del suelo biológicamente activa, como resultado de su mayor
contenido de arcilla y materia orgánica, y de su población bacteriana
mucho más grande.
2 Las características de esta zona influenciarán grandemente en la
escala de lixiviación de nutrientes y pesticidas de una actividad
agrícola dada y en la neutralización de una deposición ácida aérea.
3 Sin embargo, en muchas fuentes puntuales de contaminación, la
carga contaminante al subsuelo es aplicada bajo esta zona, en la
base de excavaciones tales como pozos, zanjas, lagunas, sumideros
y canteras, y la capacidad de atenuación de esta zona no contribuye
a la reducción de la vulnerabilidad del acuífero.
4 Así, es preferible no incorporar la capacidad de atenuación del
suelo a la vulnerabilidad del acuífero (Foster, 1987), pero hay que
tomarlo en cuenta indirectamente cuando se estime la carga
contaminante al subsuelo de diversas fuentes de contaminación
dispersa.
Planificación y evaluación del riesgo
Caso de las aguas subterráneas
El costo de investigaciones hidrogeológicas e hidróquímicas es
relativamente alto
Pero es necesario por lo menos, un simple y económico (pero
consistente) procedimiento para determinar el riesgo de
contaminación de aguas subterráneas.
2- El requerimiento de un procedimiento simple también
emana de los limitados presupuestos y recursos humanos
generalmente disponibles para el planeamiento y ejecución de
programas de protección de acuíferos, a menudo resultante de
la dividida responsabilidad institucional por las aguas
subterráneas.
4. La determinación debe ser diseñada para que pueda
llevarse a cabo en forma relativamente rápida con recursos
humanos limitados, y en muchos casos utilizando datos
básicos recolectados para otros propósitos.
5. Estos datos generalmente no están todavía publicados, sino
que se encuentran en archivos de diferentes organizaciones y,
algunas veces, poco ordenados. Normalmente sería necesario
un limitado reconocimiento de campo para confirmar y ampliar
datos existentes, pero no se contempla el muestreo ni el análisis
de efluentes, pozos y suelos, ya que sería muy costoso y
requeriría de mucho tiempo.
6. La metodología también puede ser aplicada en el caso que el
objetivo sea evaluar el riesgo de contaminación causada por
una actividad futura. Esto es, que puede ser usada en el
contexto de un estudio global del impacto ambiental (Covello et
al, 1985).
7. Hasta en el mejor de los casos, tales determinaciones pueden
producir solamente una evaluación preliminar. Por otra parte,
las limitaciones en el estado actual del conocimiento científico
del comportamiento de contaminantes en la subsuperficie, y las
características de la carga contaminante al subsuelo asociada
con ciertas actividades humanas, reducen la capacidad para
interpretar el riesgo de contaminación de las aguas
subterráneas.
8. La determinación del riesgo debería servir al menos para
identificar los acuíferos, o partes de acuíferos, mas
vulnerables, y determinar las actividades causantes del
máximo riesgo de contaminación en éstas áreas. De esta
manera, la determinación servirá para llamar la atención sobre
estas actividades y establecer prioridades para la investigación y
el monitoreo de campo.
Plan de Monitoreo
El Plan de Monitoreo Ambiental tiene como propósito medir los
impactos potenciales que puedan generarse a pesar de las
medidas de mitigación incorporadas. Este plan posibilita la
identificación temprana y el control de los impactos, evitando así
su potencial propagación y permitiendo, medir, verificar y
optimizar las medidas de mitigación incluidas en el diseño.
El plan de monitoreo contiene los parámetros ambientales que
impactan el área donde se desarrollan las operaciones,
considerando los componentes de meteorología, calidad de
aire, agua superficial, agua subterránea, flora y fauna
hidrobiológica y suelos. Para cada caso, el Programa incluye
y especifica: las Variables, Sitios de Monitoreo, Frecuencia y
Duración del Monitoreo y Especificaciones Técnicas principales.
Plan de Contingencia
Las instalaciones de producción de petróleo y gas, ubicadas en
forma dispersa y mayormente cerca o junto a las partes altas de
los ríos y afluentes, constituyen un potencial de gran riesgo de
producción de derrames de hidrocarburos por accidentes en
cualquier momento, lo que originaría una contaminación rápida
de los cursos de agua y un impacto ambiental negativo de
grandes implicancias.
Por lo tanto, es sumamente importante tener un Plan Zonal de
Contingencias para el área, con miras a establecer los
procedimientos a seguir para hacer frente en forma efectiva
cualquier contingencia que se pueda presentar y definir las
responsabilidades a ser asumidas por la empresa operadora en
la región.
El Plan constituye una guía para todas las etapas de los
derrames.
De acuerdo a las normas internacionales y nacionales de
seguridad de instalaciones petroleras, los derrames deberán
ser reportados a la autoridad de control en un tiempo
perentorio de conocido el derrame. Las empresas petroleras
operadoras son las responsables de la implementación de este
plan.
Cada instalación contará con un personal permanente para
atender las contingencias de derrames y tendrá un
entrenamiento de respuesta ante derrames de
hidrocarburos y derivados, avisos a las autoridades,
procedimientos de alerta interna y externa, áreas de respuesta
crítica, de alto riesgo y las medidas de adecuación para el Plan
de Contingencias. Se deberán realizar simulacros anuales de
contingencia.
Afectación de suelos
Podemos decir que un suelo está contaminado, cuando las
características físicas, químicas o biológicas originales han sido
alteradas de manera negativa, debido a la presencia de componentes de
carácter peligroso o dañino para el ecosistema.
Las propiedades naturales del suelo le permiten autoregenerarse en
ciertas condiciones no muy extremas, pero al someterse a actividades
industriales, agrarias, etc. de gran incidencia sobre el suelo, sus
propiedades quedan anuladas y pierde la capacidad de autogeneración.
Descontaminación de Suelos
Las técnicas, existentes actualmente, de descontaminación que nos
pueden devolver un suelo en perfecto estado, son cinco, basadas en los
siguientes métodos:
• Extracción
• Tratamiento químico
• Tratamiento electroquímico
• Tratamiento térmico
• Tratamiento biológico.
Tratamientos del suelo: in situ, on situ o ex situ
Las técnicas de descontaminación dan más o menos resultado
dependiendo de cómo se aplique el tratamiento.
Cuando un tratamiento está llevado a cabo in situ, lo que se hace, es
poner en contacto la masa del suelo con los agentes limpiadores. Este
proceso es difícil de llevar a cabo.
Si el tratamiento se hace on situ, se excava el suelo y los agentes
limpiadores se tratan con ese terreno,
y por último si se trabaja ex situ lo que se hace es retirar y transportar el
terreno a tratar hasta las plantas depuradoras. Este sistema de trabajo es
caro por lo que supone tener que excavar, transportar, tratar, y una vez
tratado devolver y recubrir el terreno vaciado. Aunque como hemos dicho
es caro, este proceso es el más rápido.
Importante: Los procesos de descontaminación son caros, pero si
tenemos en cuenta que el suelo es un medio natural que nos proporciona
múltiples beneficios, y que necesita miles de años para formarse,
tendríamos que pensar que todo lo que hagamos por el beneficio del
suelo es poco.
Factores a tener en cuenta de la contaminación
Uno de los factores a evaluar con más importancia es:
- la extensión de la contaminación,
- así como la naturaleza de la contaminación y
- la medida en que los contaminantes estén
concentrados.
Es muy importante la naturaleza de éstos porque
dependiendo del peligro que aporten al suelo, este se
contaminará más o menos rápido, y con mayor o menor
profundidad.
Restauración y remediación de Suelos y Aguas subterráneas
En el establecimiento de la metodología a seguir para la
descontaminación de suelos y aguas subterráneas influyen dos
tipos de factores: los intrínsecos derivados de la naturaleza y
geometría de la contaminación, y los económicos, que siempre
hay que considerar a la luz de la mayor o menor necesidad real
de solucionar el problema.
Condicionantes
tres son los factores fundamentales a considerar al analizar las
alternativas de remediación:
- el foco de contaminación,
- el mecanismo de infiltración, y
- el tipo de contaminante
El foco, que puede ser puntual o difuso.
El mecanismo puede ser o bien un acceso directo del
contaminante al acuífero o a capas profundas del suelo, ya sea
por mecanismos antrópicos (pozos) o naturales (sumideros), o
bien un acceso difuso, a través de una infiltración en sentido
estricto del contaminante en el suelo. El primer caso es más
problemático a primera vista, puesto que afecta de forma mucho
más rápida y completa a las aguas subterráneas, pero es más
sencillo de solucionar a medio-largo plazo, puesto que una parte
importante de la solución consiste en impedir ese acceso. La
infiltración, por su parte, suele implicar un menor grado de
afectación a las aguas subterráneas, debido a la capacidad de
atenuación del suelo, pero a su vez esto hace que el suelo quede
afectado, lo que a menudo prolonga el problema en el tiempo y el
espacio.
El tipo de contaminante es siempre fundamental para
definir las posibilidades de remediación. Las principales
alternativas en este sentido pueden ser las siguientes:
Partículas en suspensión. Suelen ser poco problemáticas,
debido a que tienden a ser filtradas con facilidad por el suelo, o en
el propio subsuelo. No obstante, en el caso de infiltraciones
directas a acuíferos con menor capacidad de filtrado, pueden
llegar a presentar un problema.
Sales en disolución. Los componentes aniónicos o
catiónicos que el agua lleva en disolución pueden ser captados en
grado variable por los mecanismos naturales de depuración del
suelo (sistemas coloidales con capacidades sorcitivas). Como ya
sabemos, unos son más problemáticos que otros, lo que hace
también muy variada la gama de soluciones que pueden
adoptarse para su eliminación, si bien una de las más adecuadas
suele ser la extracción y tratamiento de las aguas contaminadas,
por lo general sencilla en este tipo de casos.
Otros contaminantes físico-químicos. Como el anterior, la
presencia de sales en disolución a menudo va acompañada de
acidez, alcalinidad, condiciones redox inapropiadas, etc. La
infiltración a través del suelo, o la naturaleza de la roca que
constituye el acuífero, a menudo mitiga el problema, puede admitir
diversas alternativas de remediación.
NAPLs: Corresponden a las siglas en inglés de “Non Aqueous
Phase Liquid”: fase líquida no acuosa, es decir, líquidos inmiscibles
con el agua, y de menor densidad, es decir, suelen ser hidrocarburos
derivados del petróleo, que por lo general no tienden a infiltrarse en
presencia de agua, debido a que flotan sobre ésta.
DNAPLs: Corresponden a las siglas en inglés de “Dense Non
Aqueous Phase Liquid”: fase líquida densa no acuosa, es decir,
líquidos inmiscibles con el agua, y de mayor densidad que ésta, que
pueden ser de naturaleza diversa, y que constituyen en la actualidad
un serio problema por la persistencia y capacidad de infiltración y
migración de estos productos en el subsuelo. Algunos de ellos
corresponden a disolventes orgánicos, como el Tricloroeteno,
empleado en tintorería.
Distribución geométrica de los contaminantes
puede ser de tres tipos:
Generalizada. Es decir, que afecte aproximadamente
por igual a todo un acuífero o a todo un suelo. Suele ser
consecuencia de contaminación difusa o directa, y por lo
general corresponde a sales en disolución, con un potencial
de difusión alto.
Puntual. Afecta solamente a un área de extensión
limitada, y suele estar constituida por un contaminante
químico o un líquido inmiscible con agua, con escasa
capacidad de infiltración, ya sea por su naturaleza o su
escaso volumen, o por la naturaleza del terreno que la
alberga.
Plumas. Las plumas son la derivación de una
contaminación puntual, cuando persiste durante largos
periodos de tiempo, o está constituida por un volumen
importante de contaminantes. La figura siguiente muestra de
forma esquemática la geometría que suelen presentar.
Pluma de contaminación generada por el vertido a partir
de un foco puntal.
Se trataría en este caso de una contaminación por aguas
contaminadas con sales, o por DNAPLs, que se infiltran a través
del suelo a partir de un foco puntual industrial.
Soluciones a adoptar
En términos generales, las técnicas concretas aplicables se
pueden clasificar en tres grandes grupos:
-técnicas de confinamiento,
-técnicas de tratamiento in situ y
-técnicas de tratamiento ex situ.
Técnicas de confinamiento
Se basan en el aislamiento de las aguas o suelos
contaminados, de forma que su objetivo básico es evitar que esa
contaminación se transfiera lateralmente. Por lo general son de
aplicación cuando la contaminación está muy localizada y no
resulta viable ninguna de las demás alternativas.
El asilamiento o confinamiento se basa, en cualquier caso, en la
construcción de barreras, que pueden ser de muy diversos tipos:
Barreras de lodo.- Consisten en trincheras verticales que se
excavan alrededor del área contaminada y se rellenan con un
lodo, que impermeabiliza el perímetro a aislar. El relleno estará
constituido por mezclas más o menos complejas del propio suelo
con arcillas especiales (sepiolita, bentonita), que confieran mayor
estanqueidad, o determinadas propiedades filtrantes a la barrera.
También el cemento puede utilizarse para aumentar el grado de
confinamiento. Este tipo de barreras suelen tener profundidades
máximas de 15 m., entre 0,6 y 1,2 m. de espesor, y su mayor
efectividad se consigue si quedan ancladas en una capa
infrayacente de menor permeabilidad.
Lechada de cemento.- Consiste en impermeabilizar mediante
inyección de una capa continua de cemento bajo todo el
perímetro inferior del área contaminada.
Se requiere un equipamiento específico para llevar a cabo este
tipo de inyección.
UCC pueyrredon 74 registro de contratista de Obas publicas
Barreras químicas.- Como en al caso anterior, de inyecta bajo el
área afectada un producto que impida la dispersión del
contaminante, en este caso un agente químico, que en unos
casos se emplea para reducir la permeabilidad del sustrato, y en
otros para producir algún efecto sobre el contaminante: reducir su
toxicidad o movilidad
Barreras de paneles.- Consiste en implantar barreras formadas
por paneles o tabiques de madera, cemento, hormigón armado,
acero, de forma que en algunos casos puedan penetrar el terreno
sin necesidad de excavación
Membranas sintéticas.- Formadas por las llamadas
geomembranas, elementos textiles de diseño con
permeabilidades diferenciadas, que pueden instalarse mediante
la correspondiente excavación en el entorno del área afectada
Vitrificación in situ
Esta técnica consiste en fundir el suelo a muy alta temperatura
(1.600-2.000ºC) mediante una corriente eléctrica, de forma que
se consiga:
1.La destrucción total de contaminantes orgánicos, que se
transforman en gases que son recogidos en una campana
instalada en la zona al efecto.
2.El aislamiento completo de otros contaminantes que el suelo
pueda contener (inertización): sobre todo, metales pesados, que
quedan formando parte de un vidrio muy resistente a la
meteorización.
Esquema de funcionamiento de un sistema de vitrificación,
sobre la base de una corriente de alto voltaje y un sistema de
recuperación de los gases emitidos, para su tratamiento.
Técnicas de tratamiento in situ
Las técnicas de tratamiento in situ son las que se aplican sin
necesidad de trasladar el suelo o el agua subterránea afectados
por el problema. Suelen ser de utilidad cuando el problema afecta
a un volumen muy importante del suelo, que haga inviable su
aislamiento y su tratamiento ex situ, o cuando éste supone un
costo económico que lo hace inviable, ya que el tratamiento in
situ suele implicar un menor costo económico.
El tratamiento in situ puede ser de dos tipos:
-biológico o
-físico-químico.
Las técnicas de remediación in situ de carácter biológico son dos:
Biorremediación y Fitorremediación.
La biorremediación
Consiste en utilizar microorganismos (bacterias) para resolver o
mitigar el problema, y es especialmente efectiva en el tratamiento
de contaminantes orgánicos, incluido el petróleo. Para que las
bacterias puedan eliminar las sustancias químicas dañinas, el
suelo y las aguas subterráneas deben tener la temperatura, los
nutrientes y la cantidad de oxígeno apropiados. Esas condiciones
permiten que las bacterias crezcan y se multipliquen, y asimilen
más sustancias químicas. Cuando las condiciones no son las
adecuadas, las bacterias crecen muy despacio o mueren, o
incluso pueden crear sustancias químicas más dañinas.
La biorremediación es muy segura, ya que depende de microbios
que existen normalmente en los suelos.
Esos microbios son útiles y no representan un peligro para las
personas en el sitio o la comunidad. Además, no se emplean
sustancias químicas peligrosas.
Los nutrientes que se añaden para que las bacterias crezcan son
fertilizantes de uso corriente en el césped o el jardín.
La biorremediación transforma las sustancias químicas dañinas
en agua y gases inofensivos y, por lo tanto, las destruye
totalmente.
Como principales ventajas de esta técnica se pueden indicar las
siguientes:
Es una técnica in situ, lo que evita la necesidad de extraer
el suelo, e incluso el contacto de los trabajadores con el suelo o
agua contaminados.
Evita la liberación de gases dañinos al aire y se generan
muy pocos residuos.
Generalmente esta técnica no requiere tanto equipamiento
ni trabajo como la mayoría de los métodos alternativos. Por lo
tanto, suele resultar más económica.
Como inconvenientes, se pueden citar los siguientes:
No es de aplicación más que para la descontaminación de
hidrocarburos biodegradables.
No suele ser efectiva más que en condiciones
relativamente superficiales.
Presenta factores intrínsecos que la hacen completamente
inviable en determinados casos.
La Fitorremediación es una técnica biológica que en el detalle
se puede subdividir en varios aspectos, que corresponden a
distintas posibilidades de aplicación de las plantas a la
remediación de problemas producidos por la contaminación.
La más común y tradicional de las formas de fitorremediación es
la revegetación de terrenos afectados por actividades mineras. En
este caso, la presencia de plantas sobre la escombrera atenúa
los efectos de dispersión de los materiales que la constituyen por
el viento o el agua, y favorecen la generación de un suelo que
actúa como una barrera, evitando parcialmente la emisión de los
contaminantes que contiene. Para esta técnica pueden emplearse
plantas de las denominadas ruderales, que son capaces de
desarrollarse sobre suelos muy degradados, iniciando la
colonización de éstos. En otros casos, y para acelerar el proceso,
es necesario recubrir la escombrera con suelo vegetal que facilite
el empleo de plantas más comunes. No obstante, esta técnica se
encuadra más en los procedimientos de restauración que en los
de remediación.
Otra vertiente de esta técnica de fitorremediación es la
descontaminación de suelos contaminados por hidrocarburos
biodegradables. En este caso, determinadas plantas, en especial
algunas arbóreas, son capaces de alimentarse de este tipo de
compuestos presentes en el suelo, e incorporarlos a su
metabolismo, transformándolos en materia vegetal así como en
productos gaseosos simples (CO2, agua) que se emiten durante
la respiración vegetal.
También se aplican las plantas a la extracción de
contaminantes de tipo metal pesado presentes en el suelo
(fitoextracción). En este caso, la planta absorbe los metales
pesados del suelo, siempre y cuando se encuentren en formas
bioasimilables (en disolución, o formando complejos orgánicos), y
los incorpora a su metabolismo. En la mayor parte de los casos el
resultado es una acumulación del metal pesado en la planta, que
a menudo es preferencial en unos u otros órganos de la misma
(raíces, tallos, hojas, frutos).
Base conceptual de la fitoextracción: el metal (Ni)
contenido en el suelo es captado por la planta e incorporado
a sus tejidos.
La ventaja
Lo más notable de la fitorremediación radica en su bajo costo.
Los métodos clásicos de remediación para sustancias solubles
(caso más barato) cuestan en el entorno de 100.000 a 1.000.000
de Euros por hectárea.
Por el contrario, la fitorremediación tiene un costo entre 200 y
10.000 Euros por hectárea.
Limitaciones
Sin embargo, este procedimiento presenta algunas limitaciones:
1. No cualquier planta sirve, se requieren las denominadas
“hiperacumuladoras”: plantas que poseen la capacidad de
acumular y tolerar 10-100 veces más un determinado metal
comparado con las plantas normales.
2. Las plantas hiperacumuladoras acumulan un solo metal, y
hasta ahora no se han encontrado hiperacumuladoras para
toda la diversidad de metales pesados asociados a la
actividad minera.
3. Muchas hiperacumuladoras crecen lentamente, y poseen una
escasa biomasa.
4. Se conoce muy poco de las características agronómicas de
muchas de estas plantas, tales como sus requerimientos de
fertilizantes, y su susceptibilidad a enfermedades o ataques
por los insectos.
Técnicas de remediación in situ de carácter físico-químico
incluyen las siguientes:
-Atenuación natural controlada,
-Barreras reactivas permeables,
- Extracción con vapor y aireación del suelo,
-Flushing in situ,
-Tratamientos térmicos,
-Oxidación química y
-Fracturación.
Técnicas ex situ
Estas técnicas tienen en común que el suelo es removido de su
lugar original, y tratado en una planta externa, para la eliminación
del contaminante mediante una variedad de técnicas disponibles.
Tras el tratamiento, el suelo puede ser devuelto a su lugar
original, siempre y cuando se verifique que está completamente
descontaminado.
En este apartado se reconocen las siguientes técnicas:
• Desorción térmica: basada en el calentamiento del suelo
en una “unidad de desorción”.
• Lavado del suelo: basado en el empleo de detergentes y
en la separación granulométrica de las fracciones más finas
(siempre más contaminadas, por la mayor capacidad de sorción
de las arcillas) de las más gruesas: arena, siempre más limpia, y
más fácil de limpiar.
• Extracción con solventes: Basada en el empleo de
productos disolventes, que son muy efectivos en determinados
contaminantes.
• Dehalogenación química: Consiste en la eliminación de
halógenos del suelo, mediante reactivos específicos.
Al ser tratamientos puramente químicos, no vamos a insistir en su
estudio y descripción.