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Biografía y pensamiento de Ernst Cassirer

Ernst Cassirer, filósofo alemán nacido en 1874, es conocido por su filosofía de la cultura y su enfoque antropológico que destaca la importancia de la creación cultural en la naturaleza humana. Su pensamiento se basa en la crítica kantiana y sostiene que el conocimiento es construido por el sujeto a partir de sus impresiones del mundo, enfatizando la función simbólica como capacidad humana esencial. A través de su obra, Cassirer busca interpretar la realidad y la actividad humana en diversas dimensiones como la religión, el arte, la ciencia y la filosofía.

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Biografía y pensamiento de Ernst Cassirer

Ernst Cassirer, filósofo alemán nacido en 1874, es conocido por su filosofía de la cultura y su enfoque antropológico que destaca la importancia de la creación cultural en la naturaleza humana. Su pensamiento se basa en la crítica kantiana y sostiene que el conocimiento es construido por el sujeto a partir de sus impresiones del mundo, enfatizando la función simbólica como capacidad humana esencial. A través de su obra, Cassirer busca interpretar la realidad y la actividad humana en diversas dimensiones como la religión, el arte, la ciencia y la filosofía.

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Ernst Cassirer.

Antropología Filosófica.
Ernst Cassirer nació en Breslavia
(Silesia) el 28 de julio de 1874. Era
hijo de un comerciante judío
acomodado y realizó sus estudios en
Berlín, Leipzig, Heidelberg y
Marburgo. En esta ciudad conoció a
Hermann Cohen, que se convertiría en
su maestro. En 1899 Cassirer defendió
su Tesis Doctoral titulada La crítica de
Descartes al conocimiento
matemático y científico. En 1902 se
casa con su prima Toni Bondy, con la
que tuvo tres hijos: Heinz, Georg y
Anne. Tras una breve estancia en
Munich, se traslada a Berlín en 1903,
ciudad en la que permanecerá hasta
1919.
Biografía
Ernst Cassirer (1874-1945) es un filósofo poco conocido en el
ámbito de lengua española. Formado en la epistemología
kantiana, era especialista en historia del pensamiento, sobre
todo en el periodo de la Ilustración, y puede considerarse el
iniciador de una filosofía de la cultura de corte antropológico o,
con otras palabras, de una antropología en la que se otorga una
gran importancia al estudio de la cultura en cuanto dimensión
esencialmente constitutiva de la naturaleza humana. Dado que
la filosofía de la cultura de Cassirer constituye su aportación
más original al pensamiento filosófico de siglo XX, se centrará
la exposición en este aspecto.
El núcleo del pensamiento de Cassirer
puede resumirse así:
Su epistemología se encuadra dentro de la perspectiva crítica
kantiana, y sostiene la teoría de la construcción del objeto de
conocimiento por parte del sujeto a partir de las impresiones recibidas
del mundo exterior.

Interesado inicialmente por la teoría del conocimiento


científico, vio la necesidad de ampliar el planteamiento crítico a
otros modos de configuración del mundo distintos de la ciencia.

La “crítica de la cultura” le lleva a definir una capacidad


específicamente humana: la función simbólica.

A partir del análisis de la cultura Cassirer elabora


una antropología en la que se aborda el estudio del
hombre en función de su actividad específica: la
creación cultural.
Las fuentes de su pensamiento…

A este respecto, Cassirer afirma: «el ‘yo’, la mente individual,


no puede crear la realidad. El hombre está rodeado por una
realidad que él no ha producido y que tiene que aceptar
finalmente como un hecho. Pero tiene que interpretar esa
realidad, hacerla coherente, comprensible, inteligible. Y esta
tarea es llevada a cabo en las diversas direcciones en las que se
despliega la actividad humana: en la religión y en el arte, en la
ciencia y en la filosofía. En todas ellas, el hombre demuestra que
no es sólo un receptor pasivo del mundo exterior; es activo,
creativo. Pero lo que él crea no es una nueva cosa substancial; es
una representación, una descripción objetiva del mundo
empírico» [Cassirer 1979b: 194-195].
Aristóteles (cómo se citó en Cassirer 1944 nos dice:

Todos los hombres desean por naturaleza conocer. Una prueba


de ello la tenemos en el goce que nos proporcionan nuestros
sentidos; porque, aparte de su utilidad, son queridos por sí
mismos, y por encima de todos el de la vista. Porque no sólo
cuando tratamos de hacer algo sino también en la ociosidad
preferimos el ver a cualquier otra cosa. La razón está en que
este sentido, más que ningún otro, nos hace conocer y trae a luz
muchas diferencias entre las cosas. (Metafísica, Libro A, I, 980a
21.)
En Platón la vida de los sentidos se halla separada de la vida del
intelecto por un ancho e insuperable abismo. El conocimiento y
la verdad pertenecen a un orden trascendental, el reino de las
ideas puras y eternas. (Cassirer, 1944, p. 17)
“¿Qué es el hombre?” Martín Buber
Martín Buber: (Viena, 1878 - Jerusalén, 1965)

Escritor y filósofo israelí. A raíz del divorcio de sus


padres, se crió en la localidad austriaca de Lemberg,
donde residía su abuelo paterno, Salomón Buber, un
famoso erudito rabínico. Allí conoció la Biblia, la
lengua hebrea clásica y el pensamiento judío ortodoxo
y compartió la vida de oración y estudio de los
piadosos seguidores de la corriente jasídica. A los
catorce años regresó a la casa paterna y en 1896 inició
estudios de filosofía e historia del arte en la
Universidad de Viena, que más tarde continuó en
Leipzig, aunque finalmente se doctoró en Berlín en
1904.
Desde 1923 hasta diez años más
tarde enseñó teología judía e
historia de las religiones en la
Universidad de Frankfurt, e
inició el planteamiento teórico
que originaría más tarde su
obra Yo y Tú.

Después de largos años de escritura y revisión, en 1923 se publicó el título antes


mencionado, Yo y Tú, una de las obras fundamentales del autor. En 1933 sus estudios
teológicos se vieron bruscamente interrumpidos; cuando Hitler tomó el poder, fue
expulsado de la universidad y decidió emigrar a Palestina.
En el pensamiento de Martin Buber influyeron con gran
fuerza la obra de Kierkegaard, padre del existencialismo, y
el estudio del misticismo judío que floreció en Polonia a
mediados del siglo XVIII, conocido con el nombre de
jasidismo. Toda su vida de estudioso y su extensa
producción de filosofía e historia de la religión tuvieron
como objetivo la construcción de un renovado puente
cultural entre el judaísmo y el cristianismo. Éste es el
motivo de la gran popularidad y el consenso que le
acompañaron.
Según Kant, se puede delimitar el
campo de esta filosofía en sentido
universal mediante estas cuatro
preguntas: “1. ¿Qué puedo saber?
2. ¿Qué debo saber?  3. ¿Qué me
cabe esperar? 4. ¿Qué es el
hombre?”. A la primera pregunta
responde la metafísica, a la segunda
la moral, a la tercera la religión y a
la cuarta la antropología.
Con el conocimiento de la finitud del hombre se nos da al
mismo tiempo el conocimiento de su participación en lo
infinito, y no como dos propiedades yuxtapuestas, sino
como la duplicidad del proceso mismo en el que se hace
cognoscible verdaderamente la existencia del hombre. Lo
finito actúa en ella, y también lo infinito; el hombre
participa en lo finito y también participa en lo infinito.

Mientras nos contentemos con “poseernos” como


un objeto, nos enteraremos del hombre más que
como una cosa entre otras, y no se nos hará
presente la totalidad que tratamos de captar; y
claro que para poder captarla tiene que estar
presente.

Una vez que se ha tomado en serio el


concepto de infinito, no es posible ya
convertir el mundo en una mansión para
el hombre.
Karl Marx (1818- 1883 Nietzsche (1844-1900)
Si intentamos captar al hombre fuera de su conexión esencial con el
resto del ser, entonces lo tendremos como animal degenerado, como le
pasó a Nietzsche, o como ser espiritual recortado, como le pasa
a Heidegger. Únicamente cuando tratáramos de abarcar la persona
humana en toda su situación, en todas sus posibilidades de relación
con todo lo que no es ella, únicamente entonces podremos captar al
hombre. El hombre hay que entenderlo como el ser capaz de la triple
relación vital y de elevar toda forma de relación vital al grado de lo
esencial.

¿Qué es el hombre? Si acertamos a


comprenderlo como el ser en cuya dialógica,
en cuyo, estar-dos-en-reciproca-presencia se
realiza y se reconoce cada vez el encuentro
del “uno” con el “otro”.

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