GABRIEL MARCEL
APROXIMACIÓN AL MISTERIO DEL SER
Por la fuerza liberadora y
renovadora del quehacer
filosófico que desprenden sus
páginas, nos encontramos ante
una de las obras clave que se han
escrito para entender al hombre
del siglo XX.
Constituye una denuncia contra
todos aquellos (hombres y
sistemas) que reducen y
desesperan al hombre, a veces sin
pretenderlo y otras veces a
conciencia, convirtiéndole en
el hombre función.
Gabriel Marcel nació en París el 7 de
diciembre del año 1889. Estudió en el
Liceo Carnot y en la Universidad de la
Sorbonne, donde cayó bajo la influencia
del idealismo crítico de León Brunschvig
y del espiritualismo de Henri Bergson.
Luego enseñó en algunos liceos clásicos,
y más tarde se dedicó al periodismo y a la
crítica literaria. Entre otras cosas, fue
crítico literario de «Les Nouvelles
Littéraires». También fue autor de
muchas obras de teatro y algunas
composiciones musicales [Chenu 1948,
Cañas 1998: 157-264]. De origen hebreo,
creció agnóstico, aunque más tarde ―en
el año 1929―, se convirtió al
catolicismo.
ENTRE SUS OBRAS FILOSÓFICAS PRINCIPALES, TODAS ESCRITAS EN
FRANCÉS, SE CUENTAN LAS SIGUIENTES:
Diario metafísico, escrito entre los años 1913 y 1922, y publicado en el 1927 (el mismo
1 año en que fue publicado Ser y tiempo de Heidegger), en el que Marcel documenta su
descubrimiento del sentido de la existencia.
De 1935 es Ser y tener, en la que Marcel desarrolla el tema de la existencia humana en el
contexto de la distinción que le hizo famoso entre “problema” y “misterio”; esta obra fue
2 precedida por una obra breve de importancia fundamental llamada Posiciones y
aproximaciones concretas al misterio ontológico publicada en el año 1933.
En 1940 publica De la negación a la invocación. Sobre la esperanza humana —otro tema muy
de Marcel— aparecerá en 1944 un volumen rico y compacto, Homo viator., seguido un año más
3 tarde por Para un prolegómeno de una metafísica de la esperanza. A inicios de los años
cincuenta dará a la imprenta un volumen amplio, fruto de las Gifford Lectures: El misterio del
ser (1951).
Otras obras de carácter filosofico, no traducidas al castellano,
incluyen: La metafísica de Royce (1945), Los hombres contra lo
humano (1951), El declino de la sabiduría (1954), Fe y
realidad (1954), El hombre problemático (1955), Presencia y
inmortalidad (1959). En el año 1971 publica el volumen
autobiográfico ¿En el camino hacia qué despertar? Aparte de los
escritos filosóficos, Marcel ha compuesto muchas obras de teatro.
En el año 1953, Roger Troisfontaines escribió una extensa obra resumiendo
las enseñanzas de Marcel hasta esa fecha, con un título muy acertado: De
l’Existence a l’Être. La philosophie de G. Marcel. Como se puede ver en la
bibliografía que se recoge al final de la voz, ya en vida de Gabriel Marcel
han abundado los estudios y ensayos sobre su pensamiento. Esa tendencia
ha continuado después de su muerte, que tuvo lugar en París el 8 de octubre
del 1973.
Josiah Royce
Samuel Taylor
Friedrich Schelling
Coleridge
Henri Bergson
Según Marcel, el objeto de la investigación filosófica es siempre
y solo el ser: la “exigencia ontológica” (exigence ontologique) debe
caracterizar toda reflexión filosófica. Esta dinámica la expresa
Marcel en sus obras en tres momentos que podrían llamarse
estructurales, el binomio problema/misterio, el
binomio ser/tener, y el fenómeno de la encarnación.
Para el hombre, afirma nuestro autor, el ser nunca es algo
puramente objetivo, un espectáculo, realidad sin vida, externa,
perteneciente a lo que él llama el ámbito del “problema”. En
efecto, el problema es lo que el hombre puede objetivar,
determinar, distinguir netamente de su propia subjetividad,
dominar, y al final, transformar. El “problema” expresa el
dominio del hombre sobre las cosas. Pero más que un problema
―dice Marcel― el ser es un “misterio”, en el que el yo del hombre
queda plenamente involucrado y comprometido
Con este planteamiento, nuestro autor quiere
superar la distinción típicamente cartesiana
entre el sujeto capaz de conocimiento por un
lado, y el sujeto vital, objetivado
biológicamente en el cuerpo, por otro, es decir,
entre la res cogitans y la res extensa. Dicho
con otras palabras, el hombre puede abrirse al
misterio del ser recuperando su propia
intimidad, dentro de la relación vital con
el propio cuerpo (es el tercer momento
estructural de la filosofía marceliana)
descubriéndose y viviendo como un ser
esencialmente encarnado. Yo tengo mi cuerpo
como una realidad externa y objetiva, y al
mismo tiempo soy mi cuerpo, diría Marcel,
porque mi existencia concreta es inseparable
de él.
EL SER Y EL SER ABSOLUTO: DE LA FIDELIDAD A LA FE
A lo largo de toda la vida y obras, Marcel se concentra en el ser, comprendido en el contexto
antropológico más amplio posible. Sin embargo, todo ello encuentra su fundamento en la relación
primordial con el Ser Absoluto, Dios. Con palabras de Kenneth Gallagher, «su descenso en la
intersubjetividad coincide con su ascenso hacia la trascendencia» . «Cada relación humana de tipo
existencial», decía Leonardo Verga hablando de Marcel, «encuentra su autenticidad y su seguridad en el
vínculo de fe con Dios»
De hecho, los cuatro caminos que llevan al hombre a
la realidad y al ser (el amor, la fidelidad, la esperanza,
la disponibilidad), encuentran su grado máximo de
realización en la relación con Dios. Concretamente, la
fidelidad alcanza su sumo grado de incondicionalidad
cuando se expresa como fe en Dios, mientras la
fidelidad hacia las creaturas no puede nunca ser
incondicional. Y al mismo modo que el vínculo
existencial con la realidad no la crea sino que la
descubre, la relación existencial con Dios no da
consistencia a Dios, sino que lo descubre en su
revelación.
Marcel habla de los approches concrètes du mystère ontologique, de
“los caminos concretos de acercamiento hacia el misterio del
ser”. la descripción de estas vías al ser abre el campo para toda
una antropología. son cuatro: el amor, la fidelidad, la esperanza y
la disponibilidad.
En primer lugar el amor es camino más fundamental hacia el
descubrimiento del ser. Bien conocida es la declaración de
Marcel: «el amor quiere decir: “tu no deberás morir”» [de la
obra de teatro La mort de demain].
PERO ESTE PRIMER CAMINO SE MANIFIESTA ESPECIALMENTE
MEDIANTE LA FIDELIDAD, TEMA AL QUE MARCEL HA DEDICADO UN
NOTABLE ESFUERZO DE REFLEXIÓN…
En la fidelidad Marcel percibe la permanencia de las cosas, el hecho que la realidad no
depende de la subjetividad humana . La fidelidad contribuye en modo decisivo al
encuentro con el ser en tres modos.
Primero porque sin la fidelidad Segundo, se puede hacer
Y en tercer lugar, en ella
el hombre no tendría ninguna justicia al ser de otra
se obtiene la seguridad que
unidad en sí mismo, pues sería persona solamente por
los vínculos humanos de
una pantalla sin más en la que medio de la fidelidad. Pues
amor y de compromiso
se reflejan los momentos la fidelidad es «el acto de
pueden llegar a ser
sucesivos de los procesos de la la persona total que toma
significativos para siempre
propia vida responsabilidad por el
otro».
Otro camino concreto al ser es la esperanza, central en el
pensamiento de Marcel. Es por medio de la esperanza que
el hombre puede abrirse a una realidad que todavía no
posee, una realidad que se puede recibir sólo por gracia,
por donación Nuestro autor habla —nada menos— que de
una metafísica de la esperanza, porque ésta se hace posible
no en base a los recursos que están a disposición del
hombre, sino que hace referencia a lo que es real, siempre
externo al hombre y nunca a su disposición arbitraria. En
pocas palabras, dice, «la esperanza es quizás el tejido del
que está hecha el alma»
Finalmente, se accede al ser por medio de
una categoría importante que Marcel
llama la disponibilidad. Mientras el
idealista se confronta con la realidad con
prejuicios a priori, el realista es abierto, o
disponible, a lo que la realidad le ofrece,
lo que le quiere decir. Por esto decía que
«el pensamiento está ordenado al ser
como el ojo a la luz»
La dinámica de la búsqueda del ser
Según Marcel, la “exigencia ontológica” no es un deseo efímero, ni tampoco una afirmación voluntarista que otorga realidad a
las cosas. Es más bien un «empuje interior, profundamente radicado en el hombre, o bien, igualmente, una especie de
apelación» [Mystère de l’Être, 2,37]. En otras palabras, el hombre experimenta la exigencia ontológica, no la produce. Marcel
considera que las formas típicas de pensar en la sociedad actual han impuesto un freno decisivo a este tipo de exigencia,
cuando la vida se reduce al “tener”, en vez del “ser”: cuando el hombre busca con ahínco la diversión (el divertimiento). Aún
así, la “exigencia ontológica” no desaparece del todo; se experimenta siempre como inquietud, insatisfacción, un elemento
que ha caracterizado toda la vida de Marcel. La razón de esta persistencia estriba según Marcel en el hecho que el hombre
experimenta el hambre del ser en el fondo del alma, lo que llama une connaissance aveuglée, “una intuición cegada” [Être et
avoir, 36].
Al mismo tiempo, Marcel es consciente de que la mera experiencia de la inquietud, de la insatisfacción, podría llevar
derechamente a la negación del ser, como sucede por ejemplo en el pensamiento de J.-P. Sartre. La experiencia de la
esperanza, del amor, por el contrario, se mueven en la dirección contraria. En su obra Mystère de l’Être, afirma Marcel que el
punto de partida para la ontología es doble: una cierta plenitud de vida, y luego la convicción que esa plenitud no puede
simplemente ser mía, privada, pues tiene que ser nuestra, del conjunto [Mystère de l’Être, 2,8]. Por ello ofrece la siguiente
definición del ser: esse est semper co-esse [Troisfontaines 1953: 1,291; 2,27; Lazzaro 1973], «el ser es siempre el co-ser». Y
en modo más sugerente: «la metafísica, es el próximo» [Foyers sociaux de Saint-Denis]. Samuel Keen describe el
descubrimiento del ser para Marcel en estos términos: «De repente el dato que parecía encontrarse delante de mí cuando hice
la pregunta sobre el ser, realmente me invade, me penetra, y no puedo separar la pregunta sobre “quién soy” y la pregunta
sobre la naturaleza del ser» [Keen 1984: 104].