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Albert Fish

Este documento resume el informe psiquiátrico de Albert Fish, un asesino en serie estadounidense que confesó haber cometido varios crímenes aberrantes como canibalismo, sadismo, masoquismo y pedofilia. El documento detalla sus múltiples parafilias y aberraciones sexuales, incluida la confesión de haber estrangulado, desmembrado y comido partes del cuerpo de una niña.

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Este documento resume el informe psiquiátrico de Albert Fish, un asesino en serie estadounidense que confesó haber cometido varios crímenes aberrantes como canibalismo, sadismo, masoquismo y pedofilia. El documento detalla sus múltiples parafilias y aberraciones sexuales, incluida la confesión de haber estrangulado, desmembrado y comido partes del cuerpo de una niña.

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ALBERT FISH

INFORME PSIQUIÁTRICO
SADISMO
MASOQUISMO
CASTRACIÓN Y AUTOCASTRACIÓN
EXHIBICIONISMO
VOYEURISMO
PEDOFOLIA
HOMOSEXUALIDAD
COPROTAGÍA
FETICHISMO
CANIBALISMO
HIPERHENDONISMO
Detalle de una radiografía en la que se pueden observar multitud de
alfileres y clavos clavados en su zona genital.
"Escuchaba voces que me decían cosas y,
cuando no las comprendía todas, trataba de
interpretarlas con mis lecturas de la Biblia...
entonces supe que debería ofrecer uno de mis
hijos en sacrificio para purificarme a los ojos
de Dios de las abominaciones y los pecados
que he cometido. Tenía visiones de cuerpos
torturados en cualquier lugar del Infierno..."
Una vez detenido, se confiesa además autor de otros muchos
crímenes y demás aberraciones que había estado llevando a
cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer
carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo
de "el Maníaco de la Luna", sus crímenes más atroces,
algún acto de vampirismo como el caso de un niño de 4 años
al que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas,
luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre
y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además
de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes
más tiernas.
"...Decidí comérmela. La llevé a una casa
abandonada en Westchester en la que me
había fijado. En el primer piso me desvestí
completamente para evitar manchas de
sangre. Cuando me vio desnudo se echó a
llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé,
se defendió mucho, me mordió y me hizo
algunos rasguños. La estrangulé antes de
cortarla en pedacitos para llevarme a casa
toda su carne, cocinarla y comérmela. No
pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba
su culito asado. Tardé nueve días en
comérmela por completo. No me la tiré, aunque
hubiese podido hacerlo de haberlo querido,
murió virgen".
También confesó las emociones que
experimentaba al comerse sus propios
excrementos, y el obsceno placer que le
producía introducirse trozos de algodón
empapado en alcohol dentro del recto y
prenderles fuego.

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