DESPIÉRTATE, TÚ
QUE DUERMES
“Despiértate, tú que duermes,
levántate de los muertos, y te
alumbrará Cristo.” Efesios 5:14
Aquí, con la palabra “sueño” se indica la
condición del alma en la cual el pecado de
Adán ha sumido a cuantos descienden de
él; ese descuido, indolencia, estupidez e
insensibilidad en que todo ser humano
viene a este mundo y en que permanece
hasta que la voz de Dios le despierte.
I. La persona que “duerme” es el pecador
satisfecho en su pecado, contento de
permanecer en su condición, de vivir y
morir sin la imagen de Dios. En tal
sentido, el pobre pecador que duerme
todavía, por mucho que sepa de otras
cosas, no se conoce a sí mismo.
II. La persona que “duerme” es aquella
que está plagada de enfermedades
espirituales; sin embargo, se
imagina y cree estar en perfecta
salud. Atado en férrea miseria,
sueña que es libre y feliz.
III. La persona que “duerme”
espiritualmente es aquella que tiene
apariencia de piedad, pero niega la
eficacia de ella. (2 Timoteo 3:5)
IV. La persona que “duerme”
espiritualmente es quien no conoce ni su
enfermedad ni el remedio. Quien nunca
ha sido advertido, o no ha escuchado la
advertencia de Dios de huir de la ira
venidera. (Mateo 3:7)
V. Si la persona que “duerme”
espiritualmente no es abiertamente
malvado, su sueño es por lo general más
profundo. Puede adoptar el carácter de
los de Laodicea, ni frío ni caliente,
(Apocalipsis 3:15) profesando la religión
de sus antepasados de manera
tranquila, racional y amable.
VI. La persona que “duerme”
espiritualmente está muerto para con
Dios. Muerto en sus delitos y pecados.
(Efesios 2:1) Porque el ocuparse de la
carne es muerte. (Romanos 8:6) Como
está escrito: como el pecado entró en el
mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte, así la muerte pasó a todos los
hombres. (Romanos 5:12) Y no sólo la
muerte temporal, sino también la
espiritual y eterna.
VII. La persona que “duerme”
espiritualmente, no tiene los sentidos
ejercitados en el discernimiento del bien
y del mal. (Hebreos 5:14) Teniendo ojos,
no ve; y teniendo oídos, no oye. (Marcos
8:18) No ha visto jamás a Dios, (1 Juan
4:12) ni ha oído su voz, (Juan 5:37) ni
palpado el Verbo de vida. (Juan 1:1). El
alma que duerme el sueño de la muerte
no percibe estas cosas. Ha perdido toda
sensibilidad, (Efesios 4:19) y nada de
esto entiende
CONCLUSIÓN: “Despiértate, tú que
duermes, y levántate de los muertos”. El Señor
te llama hoy y te exhorta a conocerte a ti
mismo, tu verdadero estado y condición. ¿Qué
tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios;
quizá él tendrá compasión de ti, y no perecerás.
(Jonás 1:6) Una gran tempestad se levanta en
tu derredor y te estás hundiendo en las
profundidades de la perdición, en el océano de
los juicios divinos. Si quieres escapar de esos
juicios, arrójate a ellos. Júzgate a ti mismo,
para que el Señor no te juzgue.