TEMA 4: NUEVO PENTECOSTÉS
LA PROMESA ES PARA TODOS Y PARA SIEMPRE.
Recibirán el Don del Espíritu, pues es la Promesa para ustedes y
para sus hijos y para todos los que están lejos, para cuantos llame el
Señor Dios nuestro " Hch 2, 38-39.
"Dios les ha dado el mismo Don como a nosotros por haber creído en
el Señor Jesús" Hch II, 17.
Dios está renovando ahora la Iglesia y está realizando
un nuevo Pentecostés con los mismos signos y frutos
que el primero. ¡Nosotros somos testigos! No sólo fue
para entonces, para aquellos, sino ahora para nosotros.
La promesa puede ser para ti, ahora.
"Repítase ahora en la familia cristiana el espectáculo de los
Apóstoles reunidos en Jerusalén. Dígnese el Espíritu divino
escuchar la oración que todos los días sube a El desde todos
los rincones de la tierra: Renueva en nuestro tiempo los
prodigios como de un nuevo Pentecostés" Humane salutis 21.
EL CONCILIO VATICANO II
A partir del Concilio, se está cumpliendo ese gesto profético del Papa
Juan, de abrir la ventana para que entre a la Iglesia el soplo y el viento del
Espíritu Santo para renovar y transformar la Iglesia de tal manera que
vuelva ésta a experimentar la presencia y el poder del Espíritu, de la
misma manera que en la primavera de la Iglesia, después de Pentecostés.
El Concilio es el signo claro de este nuevo Pentecostés. Un impulso
extraordinario del Espíritu ha hecho que la Iglesia se re-descubra a sí
misma como el Señor la concibió: Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo
y Comunión en el Espíritu; Pueblo sacerdotal todo él y cada uno de
sus miembros, pueblo misionero inmerso en el mundo moderno y
con un mensaje siempre fresco entre sus manos.
Un mensaje para hoy que da respuesta a todas las necesidades e
inquietudes del hombre contemporáneo: Iglesia servidora del hombre y
del mundo. "Se repite ahora el espectáculo de los Apóstoles": un nuevo
Pentecostés.
Fruto del Concilio, o ratificándolas e intensificándolas, han
aparecido diversas renovaciones, corrientes suscitadas por Dios
para reavivar aspectos básicos de la vida cristiana y eclesial.
El movimiento carismático, o Renovación en el Espíritu, que por su
referencia explícita a la acción del Espíritu y a la experiencia de su
poder en todos sus efectos y manifestaciones, es especialmente signo
claro de un Nuevo Pentecostés, como lo señala el Papa Juan Pablo II en CT 72.
El movimiento de renovación eclesiológica y
comunitaria, como una visión nueva de la Iglesia
como Pueblo de Dios y Comunión en el Espíritu, y
dentro de ella la aparición de las Pequeñas
Comunidades Eclesiales.
El movimiento social y liberador, ante la constatación de las
graves injusticias, corrupción y opresión, y la miseria
consiguiente, impulsa a cumplir las exigencias de la caridad
en una fe operante y comprometida, con una opción
preferencial por los pobres en vistas a su liberación integral.
El movimiento ecuménico, cumpliendo la oración del Señor
en Juan 17, 21 "Que todos sean uno, para que el mundo crea ".
Todo esto es una clara manifestación de un Nuevo Pentecostés
que está llevando a una transformación y renovación total y
radical de los bautizados y de la Iglesia.
Un Cristo vivo, un Espíritu Santo activo, para una Iglesia nueva que lleve
a un Mundo nuevo, con una cultura cristiana y a una nueva Creación.
"¡La promesa es para todos!", y la Iglesia de hoy está viviendo un
nuevo Pentecostés.
Son deseos del Papa: "¡Que el pueblo cristiano, el pueblo creyente
tenga esta presencia del Espíritu de Dios en medio de nosotros una
percepción, un culto, una alegría superior! Debe ser una renovación,
debe rejuvenecer al mundo, debe reabrir sus labios cerrados a la
oración, abrirlos al canto, a la alegría, al himno, al testimonio. ¡Hoy, o
se vive con devoción pro fética, con energía, con a leería, la propia fe,
o se pierde!" Roma 19-V-75.
"Vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu", observaba
mi predecesor Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi 75. En efecto, "la
Renovación en el Espíritu será auténtica y tendrá una verdadera
fecundidad en la Iglesia, no tanto en la medida en que suscite carismas
extraordinarios, cuanto si conduce a un esfuerzo perseverante para
conocer siempre mejor el misterio de Cristo y dar testimonio de Él" CT 72.
5 ES PARA TI, AHORA
AL QUE TENGA SED
Ahora viene la invitación a hacer suyo el Don del Espíritu.
"Por donde quiera que pasa este torrente, todo ser viviente que en él se
mueva tiene vida... donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida
prospera en todas partes adonde llega este torrente" Ezequiel47, 9.
"Me mostró el río de agua de vida, que brotaba del trono de Dios y del
Cordero" Apoc 22, I.
"Si conocieras el Don de Dios... más bien tú le pedirías y Él te
daría agua viva. El que beba del agua que Yo le daré no tendrá
sed jamás; el agua que le daré se convertirá en él en manantial de
agua que brota para vida eterna " Juan 4, JO. 14.
"Puesto en pie, Jesús clamó en voz fuerte: Si alguno tiene sed
venga a Mí; y beba el que crea en Mí; entonces de su seno brotarán
ríos de agua viva " Juan 7, 37-38.
"Así dice el Señor Yahveh: He aquí que Yo voy a abrir sus tumbas,
pueblo mío, infundiré mi Espíritu en ustedes y tendrán vida" Ez37, 12-14.
El que tenga sed, que se acerque, y el que quiera tome
gratuitamente agua de vida " Ap 22, 17. "Al que tenga sed. Yo
le daré gratuitamente del manantial de agua de la vida " Ap 21, 6.
"No les ocultaré más mi rostro, porque derramaré
mi Espíritu sobre la casa de Israel" Ez39, 29.
Derramaré sobre la casa de Da vid y sobre los habitantes
de Jerusalén un Espíritu de gracia y de oración. Y
mirarán a aquel al que traspasaron " Zac 12, 10. (Juan 19, 37).
Si Jesús es ya tu salvador; si te has convertido y tienes una fe viva
en Él; si lo has aceptado e invitado como Señor y centro de tu
vida, confía y ten fe en la Palabra y en la Promesa, y pide al Padre
de los cielos y a Jesús resucitado que te bauticen en su Espíritu,
que derramen sobre ti el Espíritu en una nueva plenitud.
"Por la fe recibimos la promesa del Espíritu " Gal. 3,14. No por
méritos sino como regalo; al que crea, tenga sed y la pida,
'esperando recibir', le será dado.
Habiendo ya renovado el Bautismo, se puede ahora hacer eficaz el
Don del Espíritu, pidiendo al Padre y a Jesús que liberen ese Poder ya
depositado en el corazón por el sacramento de la Confirmación.
" Yo los bautizo en agua, pero Él los bautizará en Espíritu Santo” Mc 1, 8.
"Les mandó no abandonar Jerusalén, sino esperar la Promesa del Padre,
la que oyeron de Mí: que Juan bautizó en agua, pero ustedes serán
bautizados en Espíritu dentro de pocos días“ Hch 1, 4-5.
¿QUÉ ESPERAR?
El recibir Don del Espíritu no es asunto de sensibilidad, de tener
determinada experiencia emocional, sino de fe en la promesa de Jesús.
Podrá no haber ninguna sensación especial, manteniendo sin embargo la
confianza inquebrantable en la promesa ya realizada por Jesús, si hemos
cumplido las condiciones, que se manifestará después en frutos diversos.
Pero como en el primer Pentecostés, es frecuente que se experimenten de
manera sensible diversos efectos, tranquilos o muy intensos. Los signos
sensibles entonces fueron: testimonio ungido, valiente y con poder; profetizar,
dando mensaje de parte y en Nombre de Dios; lenguas, como 68 proclamación
del mensaje en un idioma extranjero o como alabanza en las palabras
ininteligibles; euforia como apariencia de estar borrachos.
Los efectos y los signos ahora pueden ser semejantes. El Espíritu Santo,
que sopla donde quiere, puede manifestarse como viento huracanado o
como brisa suave. Imprevisible y creativo, siempre nuevo.
Los efectos posibles son los siguientes: gozo y paz profundos, presencia
sensible de Jesús, experiencia de liberación interior, nueva capacidad de
alabanza en su propias palabras o en lenguas, llanto de alegría o
purificación, calor intenso, sudor y temblor, éxtasis profundo ante la
presencia de Dios, etc.
El recibir la efusión del Espíritu no va en proporción de los efectos
sensibles, estos son secundarios y accesorios; es la fe en la promesa la
que recibe el Don y se lo apropia.
Por consiguiente es muy importante evitar dos extremos:
1) frenar lo que se siente venir interiormente por temor a la novedad o al
juicio de los demás, o bien,
2) provocar artificialmente determinadas sensaciones, o querer copiar lo
que les esta pasando o les pasó a otros.
Cuando se ore para recibir el Don del Espíritu, pase lo que pase, nadie debe
distraerse por lo que pasa a su alrededor; todos deberán estar recogidos,
atentos sólo al Señor. Es una experiencia personal profunda.
El don de oración en lenguas es un posible y frecuente efecto del
Don del Espíritu, no necesario, no es el signo de la recepción del
Espíritu, pero debemos estar abiertos a su aparición, sabiendo por la
Palabra que es un don de alabanza e intercesión, que se dicen en
espíritu cosas misteriosas sin que nuestra mente ni la de los demás
entiendan nada, que el que ora en lenguas recibe personal
edificación, que se dirige a Dios como bendición o acción de gracias.
Por eso concluye el Apóstol: "No impidan que se ore en lenguas, pero
que todo se haga convenientemente y con orden " 1Cor 14.
PREPARACIÓN Y DISPONIBILIDAD
La mejor preparación y disponibilidad es estar esperando con fe,
confianza y ardiente sed el cumplimiento de la Promesa, en
oración, en unión con María, nuestra Madre;
esperando ante todo el Don, que es el Espíritu Santo mismo, y no
tanto sus dones o las manifestaciones de su presencia.
Podemos recibir el Don del Espíritu, si hemos cumplido las
condiciones, en particular, en el secreto de nuestro aposento o
de una capilla; pero es normal que el equipo evangelizador ore
por nosotros imponiendo las manos para recibir el Espíritu.
"Imponían sobre ellos las manos y recibían el Espíritu Santo. El
Espíritu Santo era dado por la imposición de las manos " Hch 8,
17-18 Este es el signo más antiguo y más significativo para orar
por el Don del Espíritu.
En oración, en unión con María, apoyados por nuestros
hermanos que imponen sobre nosotros las manos, como signo
de solidaridad y bendición, pediremos a Jesús y al Padre que
derramen sobre nosotros su Espíritu en plenitud.
La oración para orar por la efusión del Espíritu Santo no
es un sacramento, como tampoco la imposición de las
manos es un signo sacramental.
Esta oración, en el marco de un retiro de evangelización,
en la Liturgia de consagración, es sólo una renovación o
reaviva-miento del sacramento de la Confirmación,
pidiendo al Padre y a Jesús que liberen el Poder de lo
alto. Jesús, constituido Señor por su glorificación a la
derecha del Padre, es quien bautiza en el Espíritu Santo.
¡ENVÍA, SEÑOR, TU ESPÍRITU Y
TODO SERÁ RENOVADO!