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Libertad y Responsabilidad Humana

Este documento discute el tema de la libertad y la responsabilidad desde diferentes perspectivas. En primer lugar, señala que sin algún grado de libertad no puede haber responsabilidad moral. Luego, examina las condiciones necesarias para hablar de comportamiento moral, como la existencia de opciones alternativas y la capacidad de elegir. Finalmente, aborda el debate sobre el determinismo y si los seres humanos pueden considerarse agentes libres o sus acciones están completamente determinadas.

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Libertad y Responsabilidad Humana

Este documento discute el tema de la libertad y la responsabilidad desde diferentes perspectivas. En primer lugar, señala que sin algún grado de libertad no puede haber responsabilidad moral. Luego, examina las condiciones necesarias para hablar de comportamiento moral, como la existencia de opciones alternativas y la capacidad de elegir. Finalmente, aborda el debate sobre el determinismo y si los seres humanos pueden considerarse agentes libres o sus acciones están completamente determinadas.

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Una visión de la Libertad

“La cadena termina aquí”


El presidente estadounidense Harry Truman
tenía un famoso cartel en su escritorio del
Despacho Oval que decía: “La cadena termina
aquí” (vale decir: en este lugar se asumen las
responsabilidades).
Ese “centro de gravedad narrativo” que es el yo
es también el lugar donde se asume la
responsabilidad. Donde se dice: “depende de
mí”. Me hago cargo de mis actos.
Incluso en el adiestramiento de
perros (o lobos)…
“Optar por el método de Koehler es creer firmemente
que la esencia de un perro, o de un lobo, no precede
a su existencia; es creer que un perro, o un lobo, es
consciente de su ser ni más ni menos que un ser
humano. Por ello es preciso guardar a perros y lobos
cierto respeto y, sobre esa base concederles un
derecho moral. Se trata, en palabras de Koehler, del
derecho a ser responsables de las consecuencias
de sus actos.” Mark Rowlands: El filósofo y el lobo, Seix y Barral,
Barcelona 2009, p. 55.
Libertad y responsabilidad

Sin libertad –de alguna clase-- no cabe hablar de


responsabilidad, ni en general puede existir el
ámbito moral.
Sin libertad no podríamos distinguir entre mal
natural –como un terremoto, un tsunami o el
impacto de un gran meteorito– y mal social o
moral –como torturar a un cachorrito, violar a una
niña o especular con los precios de los alimentos--,
distinción que a Tomás de Aquino le parecía de
suma importancia…
“Deber” implica “poder”
“Deber” implica “poder” en cierto sentido: si los
seres humanos no tuvieran cierta capacidad de
controlar voluntariamente su comportamiento, no
tendría sentido establecer normas.
En suma, si eliminamos el lenguaje de la libertad,
hemos de olvidarnos del de la responsabilidad (y
de prácticas sociales como la de pedir cuentas por
las acciones de alguien, o rendir cuentas ante los
demás).
Tres condiciones
Con más precisión, son menester al menos las
siguientes tres condiciones para que podamos hablar
de comportamiento moral: (a) han de existir modos
alternativos de acción;
(b) el agente ha de poder evaluar los cursos
alternativos de acción, vale decir, asignar “bondad” o
“maldad” moral a tales cursos (sea cual fuere el
significado que demos a bueno y malo en una teoría
ética particular);
(c) el agente ha de ser libre para escoger aquello que
juzga bueno. George H. Kieffer, Bioética, Alhambra, Madrid 1983, p. 28.
Libertad e identidad humana
Además, “la libertad que tenemos de influir
voluntariamente en nuestra naturaleza y nuestro
destino está en el corazón de la identidad
humana: ser humano significa, para un gran
número de nosotros, tener ‘libre albedrío’, ser
capaces de elegir lo que hacemos, pensamos y
decimos, y también ser capaces de mejorarnos y
desarrollarnos como individuos.” Kathinka Evers, Neuroética,
Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 74.
Isaiah Berlin, contra el
determinismo histórico:
“El determinismo y la responsabilidad son
incompatibles. (...) Creo que en la historia hay
momentos en que los individuos o los grupos pueden
modificar libremente la dirección de las cosas.
No todo es predecible. Dentro de límites estrechos, los
hombres son agentes libres. Los límites existen, pero
dentro de ellos hay espacio para elegir. A menos que
haya elección no hay acción humana. Todo es
conducta.”
El decisivo uno por ciento
“Permítame ponerle un ejemplo. Creo que si en
1940 Churchill no hubiera sido primer ministro
británico, los nazis podrían haber conquistado
Europa (...)
Creo que estamos confinados por la naturaleza de
las cosas. El arco de elección no es muy grande.
Digamos que el uno por ciento. Pero ese uno por
ciento puede ser decisivo.” Isaiah Berlin en Conversaciones
con Isaiah Berlin (por Ramin Jahanbegloo), Arcadia, Barcelona 2009, p. 218-
219.
Ernst Tugendhat: libertad de
acción y libertad de la voluntad
“El problema real de la libertad de la voluntad, el problema
que ha preocupado durante siglos a la tradición filosófica, no
ha sido el que se puede ejemplificar con el movimiento de un
dedo [libertad de acción: mover un dedo cuando uno quiere
hacerlo], sino el problema de la responsabilidad. ¿Cómo hay
que entender que nos podamos responsabilizar de nuestros
actos y reprochárnoslos recíprocamente, así como también a
nosotros mismos? Una tal responsabilización implica que la
persona puede controlar lo que ella quiere. (...) Es aquí donde
tiene sentido hablar no sólo de libertad de acción, sino de
libertad de la voluntad.” Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2
de Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 39-40.
La pregunta de Schopenhauer:
¿puedo querer lo que quiero?
Albert Einstein dijo en cierta ocasión: “El ser humano
puede hacer lo que quiera, pero no puede querer lo que
quiera”. Citado en Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”,
Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 6.
Afirmaba así la libertad de acción (que indudablemente
existe: el ser humano la comparte con todos los demás
mamíferos, p. ej.), pero negaba la libertad de la voluntad.
Se situaba en la estela de Arthur Schopenhauer: “ El
hombre hace siempre lo que quiere y, sin embargo, lo hace
necesariamente”. Citado por José M. Delgado García, “Decidir no es cosa de
dos (un ensayo sobre la neurofisiología de la toma de decisiones)”, Revista de Occidente
356, enero de 2011, p. 20.
Libertad humana y
comportamiento moral
La libertad es el presupuesto de la ética de
autonomía, quizá de la ética a secas, pero por
supuesto no agota la ética.
Recordemos la sugerencia de Zygmunt
Bauman: la ética trata del compromiso con
el otro a lo largo del tiempo.
La libertad tiene que ver con el deseo de
aumentar nuestra potencia, nuestra capacidad
de acción. Cuidar del prójimo, por ejemplo, es
otro asunto. Cf. mi reflexión sobre los tres deseos humanos básicos en La
habitación de Pascal
Una cuestión previa: el
determinismo
Pero ¿cómo pensar la libertad del agente?
Si en el mundo todo sucede de acuerdo
con una causa ¿hay agentes libres? La
existencia de una acción humana libre ha
sido negada por ciertas filosofías y
concepciones del mundo.
A ese punto de vista se le acostumbra a
llamar determinismo (y es uno de los temas
clásicos de la reflexión filosófica, ética,
psicológica, sociológica...).
¿La libertad humana: una forma
de autoengaño?
“El psicólogo estadounidense John G. Sobris
plantea que la ilusión de un ‘yo’ espiritual como
algo distinto al ‘no-yo’ material se crea por lo que
podría llamarse el efecto del observador.
Dadas suficiente complejidad e inteligencia, un
aparato que observa o registra puede concluir que
es sustancialmente distinto de lo que observa o
registra.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”,
Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 7.
¿La libertad humana: una mentira
piadosa?
“El profesor Saul Smilansky sugiere que
debemos fomentar la ilusión de la voluntad
libre y la responsabilidad moral. Supongo
que eso es algo similar a lo que la dama
victoriana expresó sobre la teoría de la
evolución de Darwin: ‘Esperemos que no
sea cierta, pero si lo es esperemos que no se
corra la voz’.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la
libertad”, Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 17.
Si todo fuera ilusión (por ser
neuronal), ¡nada lo sería!
Observemos de pasada lo siguiente: que la forma o el contenido
de una experiencia sea una construcción del cerebro no torna
irreal, ilusoria o errónea tal experiencia.
Podrá ser una experiencia ilusoria (pensemos por ejemplo en
alucinaciones o espejismos) pero por otras razones, no
simplemente por ser una construcción neuronal.
Pues “si se adopta esta manera de pensar, se vuelve imposible
mantener una distinción entre la ilusión y la realidad, porque todo
lo que pensamos, sentimos o imaginamos es neuronal y resulta de
un programa biológico modelado por la evolución: así, la totalidad
del mundo de nuestra experiencia se volvería ilusoria.” Kathinka Evers,
Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 85.
Así, la causalidad neuronal no puede ser la marca de la
ilusión, a menos que todo cuanto experimentamos (y podamos
experimentar) sea ilusión…en cuyo caso el concepto de ilusión
se torna vacío (no podríamos distinguir ilusión y realidad).
“Para ser útil, la distinción entre ilusión y realidad debe hacer
referencia al mundo fenoménico, es decir al mundo tal como lo
experimentamos y, en el seno de este ámbito, debe designar
una diferencia entre las construcciones del cerebro que son
ilusorias y aquellas que son verídicas. (…) De esto resulta que
incluso si el libre albedrío es una construcción neuronal, no por
ese motivo es una ilusión.” Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos
Aires 2010, p. 86.
El problema neuroético del libre
albedrío…
“…consiste en explicar cómo la concepción socialmente crucial según la cual
los seres humanos son individuos libres y responsables puede ser articulada
con las concepciones neurocientíficas que tenemos de nosotros mismos y
nuestro comportamiento.
Cabe preguntarse si es razonable creer en el libre albedrío cuando aquello que
experimentamos como una elección libre es el resultado de interacciones
electroquímicas en el cerebro y una suerte de programa biológico para la toma
de decisiones modelado por la evolución.
Por otro lado, las ideas de libre albedrío y de responsabilidad personal
funcionan como fundamentos sociales.
El libre albedrío es igualmente una característica básica de la experiencia
humana, una estructura neuronal fundamental, como el espacio, el tiempo y la
causalidad.” Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 16. Cf.
también p. 77.
Muchas clases de determinismos
Determinismos ha habido de muchas
clases, desde el más tradicional de
inspiración teológica (estaríamos
determinados por el Destino o por los
Dioses) hasta otros más recientes
basados p. ej. en ciertas interpretaciones
mecanicistas (o en clave hegeliana) de la
obra de Marx; o en la genética; o en los
condicionamientos ambientales; o en el
inconsciente psíquico...
Marx en sus momentos malos…
…parece fatalista. Releamos por ejemplo la conclusión del
capítulo sobre la acumulación primitiva en el libro primero de El
Capital:
“El monopolio del capital se convierte en un obstáculo para el
modo de producción que creció y prosperó con él y bajo sus
auspicios. La socialización del trabajo y la centralización de sus
resortes materiales llegan a un punto en que ya no pueden
mantenerse en su envoltura capitalista. Esta envoltura vuela en
pedazos. Termina la hora de la propiedad capitalista. (…) La
producción capitalista engendra su propia negación con la
fatalidad que preside a las metamorfosis de la naturaleza.” Citado por
Michael Löwy en Ecosocialismo, El Colectivo/ Ediciones Herramienta, Buenos Aires 2011, p. 71.
Determinismo físico-natural

El determinismo físico-
natural consiste en la tesis de
que “en cada momento dado
hay exactamente un único
futuro físicamente posible”. Peter van
Inwagen, An Essay on Free Will, Clarendon Press, Oxford 1983, p. 3.
El determinismo mecanicista de
Laplace
El físico y matemático francés Pierre-Simon Laplace ofreció
una imagen sencilla, vívida y perdurable del determinismo:
“Si hubiera un intelecto que en cualquier momento dado
conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las
posiciones respectivas de los seres que la integran, y fuera lo
bastante vasto como para someter todos sus datos a análisis,
podría condensar en una sencilla fórmula el movimiento tanto
de los principales cuerpos del universo como el de sus átomos
más pequeños; para un intelecto así no podría haber nada
incierto; y el futuro estaría tan presente ante sus ojos como el
pasado” (Laplace, 1814).
El demonio de Laplace
Este intelecto omnisciente suele conocerse como el demonio
de Laplace. Una parte de nuestro temor al determinismo ¿no
surge de ponernos imaginariamente en el lugar de ese
hipotético demonio?
Pero se trata de un intelecto infinito y exterior al universo;
mientras que nosotros somos seres finitos dentro del
universo, de manera que en realidad nunca podríamos estar
en su lugar.
Dicho de otra forma, cada usuario finito de información tiene
un horizonte epistémico: no lo sabe todo del mundo que
habita. Esa ignorancia insuperable garantiza que tengamos
un futuro subjetivamente abierto. Lo cual no está mal…
Determinismo no significa
predecibilidad
En el mundo de Newton y Laplace,
determinismo significaba predecibilidad.
Pero en el siglo XX hemos visto el error de
esa concepción: determinismo no significa
predecibilidad (cf. toda nuestra reflexión a
partir de las dificultades de predicción del
tiempo meteorológico en el ppt sobre azar y
contingencia).
Los demonios laplacianos no
pueden existir
Y por añadidura, sabemos --desde mediados del siglo XIX-
- que el ideal laplaciano de conocimiento absoluto de la
realidad es inaccesible.
La termodinámica de Carnot y Boltzmann sólo puede ser
estadística: no puede predecirse el devenir de una partícula
precisa; sí que puede calcularse el devenir de un conjunto
lo bastante numeroso de partículas...
Luego, en el primer tercio del siglo XX, la física cuántica
sistematizó este recurso al razonamiento probabilista. Cf.
Albert Jacquard, Éste es el tiempo del mundo finito, Acento, Madrid 1994, p. 47 y ss.
En el mundo micro (o más bien
nano) de la física cuántica...
En el singular mundo de los cuantos hay hechos incausados,
acontecimientos microfísicos que pasan “porque sí”.
Un sistema puede hallarse en el mismo estado que otro, y sin
embargo en uno de ellos producirse determinado suceso
cuántico, y en el otro no.
La física cuántica les asigna una probabilidad; pero no puede
determinar --a partir de las condiciones existentes en un
momento dado-- si tal suceso se producirá o no en un futuro
inmediato.
Por tanto, el determinismo físico-natural no funciona en
ese nivel cuántico de la realidad.
Pero esto no mejora la situación
para el agente moral
Ahora bien: esto introduce ciertamente un elemento
de azar en el mundo, pero --como observa Simon
Blackburn-- no un elemento de control consciente
por parte de ningún agente, ni de responsabilidad.
“Pensemos en el sistema neurofisiológico formado
por nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Todo sucede de
acuerdo con una causa. Si a un nivel microfísico se
producen a veces cambios al azar, difícilmente se nos
puede considerar responsables de los cambios que se
hayan producido a consecuencia de ellos.”
El dilema del determinismo
“No podemos controlar los saltos de los electrones. (...)
Introducir el accidente en nuestro cerebro no nos convierte
en responsables.
El indeterminismo físico convierte la responsabilidad y la
ética de la culpa en algo todavía más escurridizo. Es lo que
se conoce como el dilema del determinismo.
Si el determinismo se sostiene, perdemos nuestra libertad y
responsabilidad. Si no se sostiene, ya que algunos sucesos
‘pasan porque sí’, perdemos igualmente nuestra libertad y
nuestra responsabilidad. El azar es tan ciego como la
necesidad.” Simon Blackburn, Pensar, Paidos, Barcelona 2001, p. 94.
El miedo al determinismo
La pregunta entonces es: ¿hay libertad
humana, más allá del azar y la necesidad?
El gran temor: si el mundo es como la ciencia
moderna nos dice que es, ¿no hay lugar en él
para nuestros empeños y aspiraciones, para la
libertad humana?
Quizá –por lo que vamos viendo y vamos a
ver-- se trate de un temor infundado.
El miedo a la libertad
Los filósofos como Immanuel Kant o Isaiah Berlin
cifrando en la facultad de tomar decisiones libres la
esencia de lo humano...
...y nuestra pasión por desprendernos del fardo
de la libertad. Un artículo de prensa:
“Desde su nacimiento oficial, hace más de una década,
Internet ha facilitado la vida de mucha gente. Ha
simplificado la comunicación interpersonal. Ha acumulado,
organizado y distribuido una ingente cantidad de
información. Ha cambiado hábitos de compra, viaje y
lectura. Ahora, por fin, puede incluso evitar el tener que
pensar y tomar decisiones.”
[Link]
“Para aquellas personas para las que decidirse es una tortura, para los
que nunca saben cuál será la mejor opción, para todos los dubitativos
del mundo: ha llegado [Link], una página web que toma las
decisiones por el internauta. Con menos de diez preguntas, puede
ayudar en miles de situaciones críticas en la vida como qué carrera
estudiar, qué comer para cenar o a qué país mudarse. En su base de
datos hay decisiones sobre 2.400 asuntos.
‘Hunch funciona con una serie de algoritmos que seleccionan
preguntas que llevan a las respuestas más acertadas; otros que
seleccionan las respuestas sobre la base de lo que el sistema ya conoce,
y una última clase que determina qué nivel y qué tipo de gustos
deberían condicionar cada resultado a partir de la información que el
usuario le da al sitio web’, explica la creadora de este sitio, Caterina
Fake, fundadora del sitio de alojamiento fotográfico Flickr, en un
correo electrónico.” David Alandete, “Internet para indecisos. Una 'web' estadounidense
resuelve a los usuarios todo tipo de dilemas cotidianos”, El País, 29 de junio de 2009.
Epicuro, crítico de quienes
dimiten de la libertad humana
El tema sartreano de la mauvaise foi (mala fe) está formulado
nítidamente, hace más de 2.300 años, por Epicuro.
En el libro XXV de Sobre la naturaleza –magna obra recuperada parcialmente a
partir de los restos carbonizados de los papiros hallados en la biblioteca de Filodemo de Herculano—
el filósofo ateniense, materialista pero no determinista, critica el
determinismo mecanicista de Demócrito (su “mala fe” que dimite
de la libertad humana):
“Los primeros hombres en dar adecuadamente cuenta de
las causas (...), aunque en muchas cuestiones aliviaron
grandes problemas, hicieron la vista gorda sobre sí
mismos con el fin de achacarle todo a la necesidad y al
accidente”. Citado por John Bellamy Foster, La ecología de Marx. Materialismo y
naturaleza, Libros de El Viejo Topo, Barcelona 2004, p. 97.
Tocqueville, análogamente
“La providencia no ha creado al género
humano ni enteramente independiente ni del
todo esclavo. Traza, es verdad, alrededor de
cada hombre un círculo fatal del que no
puede salir, pero dentro de esos vastos
límites es poderoso y libre, y lo mismo
sucede con los pueblos.” La democracia en América, II,
Aguilar, Madrid 1989, p. 392.
Pero ¿de verdad es tan terrible la
causalidad físico-natural?

Esperanza en que las leyes de la naturaleza no sean


deterministas, desde Epicuro hasta hoy.
El problema es que la solución de Epicuro (el
clinamen de los átomos, vale decir: su desviación
azarosa) no nos sirve de mucho...
(Por cierto que el poeta argentino Roberto Juarroz nos
proporciona una hermosa interpretación contemporánea del
tema del clinamen: “Hay que caer y no se puede elegir donde./
Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,/ cierta pausa
del golpe,/ cierta esquina del brazo,/ que podemos torcer
mientras caemos.”)
Una actualización de la estrategia epicúrea: apelar
al indeterminismo cuántico. Como ya antes
observamos, tampoco lleva lejos: ¿cómo
relacionar el indeterminismo a escala subatómica
con el ejercicio de la libertad humana?
Pero ¿son tan terribles las leyes de la naturaleza
para la libertad y la responsabilidad humanas?
¿De verdad eliminaría la causalidad el espacio de
la libertad y la responsabilidad humana?
Naturalismo en filosofía y
epistemología
El naturalismo es la idea de que las investigaciones
filosóficas no son superiores ni previas a las
investigaciones de las ciencias naturales (y sociales),
sino que van asociadas a dichos proyectos.
El trabajo de los filósofos es más bien clarificar y tratar
de unificar las perspectivas contrapuestas en una visión
unificada del universo.
Ha de producirse constantemente una crítica
recíproca, bien informada y constructiva, entre
ciencia y filosofía. Cf. Daniel C. Dennett, La evolución de la libertad, Paidos,
Barcelona 2004, p. 30. Ésta era también la perspectiva de Manuel Sacristán...
Mi propia perspectiva –dicho sea de paso--: naturalista,
sistémica y evolucionista.
Compatibilismo
En algunos pensadores contemporáneos, que son
naturalistas filosóficos, se defiende el compatibilismo: la
idea de que la libertad humana y la causalidad físico-
natural son compatibles (quizá porque se trata, por
decirlo así, de diferentes niveles de descripción de los
mismos fenómenos). Cf. el excelente libro de Daniel C. Dennett, La
evolución de la libertad, Paidos, Barcelona 2004.
“El naturalismo no es ningún enemigo de la libertad;
ofrece una explicación positiva de la libertad que da mejor
respuesta a sus puntos oscuros que aquellas explicaciones
que tratan de protegerla de las garras de la ciencia con una
‘oscura y miedosa metafísica’ (en la acertada frase de P.F.
Strawson).” Dennett, op. cit., p. 31.
A la inversa, a quienes creen que la libertad y
la causalidad son incompatibles podemos
llamarles incompatibilistas.
Para el compatibilista, el agente moral está
perfectamente ubicado dentro del orden
causal de la naturaleza. Su libertad consiste
en que sus acciones dependen de sus propios
procesos cognitivos y volitivos. “Depende de mí”,
dice Tugendhat: luego volveremos sobre ello.
¿Un fantasma dentro de la
máquina?
No se trata de un agente “espiritual” (a veces se
emplea la imagen de ghost in the machine, un
fantasma dentro de la máquina: la propuso
inicialmente Gilbert Ryle) que estaría fuera del orden
causal de la naturaleza y --misteriosamente-- sería sin
embargo capaz de actuar sobre el mismo (control con
intervención externa);
para el compatibilista se da un control interno. Cf. el
modelo del termostato. O la imagen de Tugendhat:
El nudo en la cuerda
“En vez de la corriente causal soy yo quien es responsabilizado,
puesto que yo he intervenido en la corriente causal cuando he
suspendido los motivos inmediatos hacia un fin, o los podría
haber suspendido.
Por otro lado parece plausible ver este acto de suspensión como a
su vez condicionado causalmente.
Se puede aclarar esto con la imagen de una cuerda donde está
insertado un nudo. La cuerda representa la corriente de
causalidad. Por medio del nudo, que representa la acción yoica, la
causalidad es de hecho interceptada y sustituida por mi actividad,
y sin embargo también el nudo es de cuerda.” Ernst Tugendhat, “Libre
albedrío y determinismo”, capítulo 2 de Antropología en vez de metafísica, Gedisa,
Barcelona 2008, p. 48.
Control desde dentro de la
naturaleza
“Estamos implicados en el orden causal. Somos parte
de la cadena que va desde el pasado al futuro. Y éste es
el origen de nuestra responsabilidad.
Podemos llamar a esta concepción ‘control dentro del
control’ o ‘control desde dentro de la naturaleza’.
Cuando ejercemos este control interno, defiende el
compatibilista, somos responsables de ciertos sucesos.”
Blackburn, op. cit., p. 106.
Sobre esta importante cuestión véase Antonio Damasio, “El sí mismo y la cuestión del
control”, en Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona 2010, p. 401-407.
El “juego de la vida”
Nuestra manera de pensar el determinismo y la causalidad
se ve distorsionada por ilusiones que pueden disiparse con
la ayuda de un “modelo de la vida” simplificado, donde
pueden evolucionar entidades sencillas capaces de evitar el
daño y reproducirse a sí mismas.
Se trata del “juego de la vida” del matemático John Horton
Conway. Cf. [Link]
Se demuestra que el vínculo tradicional entre
determinismo e inevitabilidad es un error: el concepto
de inevitabilidad corresponde al nivel del diseño, no al
nivel físico. Cf. Dennett, op. cit., cap. 2.
El determinismo no implica la
inevitabilidad
En ese modelo determinista tan simple, emergen formas a
veces sorprendentemente parecidas a un agente.
Algunos tipos de daño pueden evitarse... si hay avisos previos.
El determinismo no implica la inevitabilidad.
Lo inevitable no depende de si reina o no el determinismo,
sino de si se pueden o no tomar medidas --basadas en
información que quepa obtener a tiempo-- para evitar el daño.
Esto debería bastar para romper el vínculo tradicional entre
determinismo y falta de esperanza. La distinción entre ser un
ente con un futuro abierto y ser un ente con un futuro
cerrado es independiente del determinismo.
Servomecanismos
Pensemos en cualquier servomecanismo de los que estudia la
cibernética.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX los ingenieros
inventaron máquinas capaces de regular su actividad por
sí mismas; llamamos servomecanismos a estas máquinas.
Se trata de dispositivos capaces de captar información del
medio, de modificar sus estados en función de las
circunstancias, y de regular su actividad de cara a la
consecución de una meta.
Ejemplos: un torpedo autoguiado que persigue a un barco que trata de zafarse; el
sistema formado por un termostato y una fuente de calor.
Causalidad circular
A partir de 1948 Norbert Wiener, el fundador
de la cibernética, mostró que las categorías
mecanicistas tradicionales --en particular,
la causalidad lineal-- no servían para
entender el comportamiento de estos sistemas.
Los servomecanismos muestran un
comportamiento teleológico y una
estructura causal circular.
No es cierto que en mundo determinista
no haya verdaderas opciones

“Tanto en nuestras reflexiones cotidianas sobre lo que


vamos a hacer a continuación como en nuestro
pensamiento científico más riguroso en relación con las
causas de los fenómenos, empleamos conceptos de
necesidad, posibilidad y causalidad que son
rigurosamente neutrales respecto de la cuestión de si la
verdad está del lado del determinismo o del
indeterminismo.” Dennett, op. cit., p. 84.
No hay paradoja en observar que ciertos fenómenos están
predeterminados para ser caóticos e impredecibles.
Recapitulemos: tres perspectivas:
(A) Determinismo. Todo está causalmente
determinado; no cabe hablar de acciones libres ni de
seres libres (Laplace).
(B) Incompatibilismo. Son excluyentes causalidad y
libertad (Kant). El problema aquí: ¿cómo se articulan el “ser humano nouménico” y el “ser
humano fenoménico”?

(C ) Compatibilismo. No hay contradicción entre


determinación causal y libertad. “Hubiera podido
actuar de otro modo, si realmente lo hubiera querido”
(los estoicos, Hume, Spinoza, John Stuart Mill…).
Ésta es también la posición que se defiende aquí.
El principio (revisado) del
compatibilismo según Blackburn
Un agente ha actuado libremente si hubiera podido
actuar de otro modo en sentido propio.
Esto significa que hubiera actuado de otro modo si
hubiera tomado una decisión diferente;
y que, en caso de hallarse bajo la influencia de otros
pensamientos o consideraciones verdaderos y
asequibles, habría tomado una decisión diferente.
Son pensamientos y consideraciones verdaderos y asequibles para el agente aquellos
que representan adecuadamente la situación en que se encuentra y que sería
razonable esperar que tomara en consideración. Blackburn, Pensar, op. cit., p. 111.
La libertad como efecto de la
complejidad
Desde cierta perspectiva, la libertad aparece como
un efecto de complejidad.
A partir de cierto nivel de complejidad, ya sea el
mundo determinista o no, hemos de pasar a la
perspectiva intencional: conceptualizamos a los
“hacedores” como agentes racionales o sistemas
intencionales.
Esto quiere decir, simplemente, que sacan las
conclusiones adecuadas sobre lo que deben hacer a
partir de la información de la que disponen, y en
función de aquello que quieren.
“El todo puede ser más libre que
las partes” (Dennett, op. cit., p. 65)
La libertad como propiedad emergente, en clave sistémica -
-vinculada con la aparición del lenguaje y la cultura humana.
El surgimiento del lenguaje y la cultura tiene un efecto
revolucionario. Mientras que todos los demás seres vivos
están diseñados por el “relojero ciego” de la evolución para
evaluar todas las opciones en relación con el summum bonum
del éxito reproductivo, los seres humanos podemos sustituir
ese objetivo por cientos de otros “con la misma facilidad con
que el camaleón cambia de color” (Daniel C. Dennett).
Surgen así mentes abiertas en cuanto a fines y medios, en
un sentido que no es aplicable a ningún otro animal.
Las bolas de billar, los perros y
los monjes trapenses
Desde este punto de vista, decir “la libertad no existe,
todo está determinado causalmente” supone un error
categorial análogo a decir: las bolas de billar son como
perros, o: los perros son como monjes trapenses.
Pues causalidad no significa lo mismo en el nivel de
las bolas de billar, los perros y los monjes trapenses
(como consecuencia de la estructura sistémica de la
realidad y de las propiedades emergentes en niveles
de realidad cada vez más complejos).
Por no mencionar más que propiedades obvias: los
perros tienen libertad de acción, las bolas de billar
no la tienen;
los monjes trapenses tienen metapreferencias, los
perros --muy probablemente-- no.
Harry Frankfurt sostiene que lo distintivo de una persona
es la capacidad para realizar una evaluación
autorreflexiva, que se manifiesta a través de la formación
de deseos (o preferencias) de segundo orden, es decir,
aquellos deseos que tienen por objeto un deseo de primer
orden.
Preferencias de segundo orden (o
“metapreferencias”)
Un deseo de primer orden tendría por objeto
simplemente una cosa o una actividad, como por
ejemplo desear comer postres con crema, mientras
que un deseo de segundo orden tendría por objeto un
deseo de primer orden, por ejemplo, desear no desear
comidas con alto contenido calórico.
Para Frankfurt lo distintivo de un sujeto autónomo es
la capacidad de autorreflexión manifiesta en la
posibilidad de formación de “metapreferencias” o
preferencias de segundo orden. Véase Harry Frankfurt, La
importancia de lo que nos preocupa, Katz, Buenos Aires, 2006, pp. 26-27.
Aristóteles: querer sensual y un
querer racional
En realidad esto no es nada novedoso: ya Aristóteles
distinguió entre un querer sensual y un querer racional.
“El querer sensual es el querer simple, un querer que es
simplemente un hecho de la conciencia. El querer racional
es el querer deliberativo, reflexivo. Cuando deliberamos
preguntamos por razones. Esta capacidad de deliberación
es vista por Aristóteles como lo que distingue a los seres
humanos de los animales. Al mismo tiempo Aristóteles
vincula esta capacidad con el hecho de tener conciencia del
tiempo...” Ernst Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2 de
Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 40.
Enkráteia

Para el Estagirita, la libertad/


autonomía vendría a ser sobre todo el
dominio de sí mismo, de las
emociones, los apetitos, los instintos.
La palabra griega clave es enkráteia
(autonomía como dominio sobre sí
mismo).
Locke: autocontrol
“Para John Locke el concepto central en este
fenómeno [del querer reflexivo] es la capacidad de
suspender un deseo.
Es obvio que la deliberación sólo puede ser
efectiva si la persona tiene la capacidad de
suspender sus deseos inmediatos. (...) Reprocharle
algo a alguien sólo tiene sentido si se puede
presuponer que tiene esta capacidad de
autocontrol.” Ernst Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”,
capítulo 2 de Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p.
41.
Grados de libertad
Cualquier organismo tiene diversas
opciones de acción.
Para sistemas nerviosos y cerebros más
complejos, más capacidades de acción y
elección: más grados de libertad. (Los
humanos más que los grandes simios, éstos
más que los felinos, éstos más que los
anfibios, y así sucesivamente.)
Fatalismo y sofisma perezoso
“Supongo que este concepto de grados de libertad diferencia al
determinismo del fatalismo. El fatalista no ve posibilidad de
cambiar el curso de los acontecimientos. El determinista sabe
que este curso puede cambiarse gracias a ciertas circunstancias
[que influirán sobre su conducta].
En neurociencia se conoce la posibilidad de que el medio
ambiente puede modificar las conexiones entre las células
nerviosas, lo que implica la importancia de la educación.
El fatalista, por ejemplo, considera inútil la intervención de un
médico en caso de enfermedad, lo que se ha denominado
sofisma perezoso. Es evidente que ante la enfermedad podemos
hacer algo.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”, Revista de
Occidente 356, enero de 2011, p. 10.
Libertad real
Así, según esta perspectiva sistémica sobre la
libertad como propiedad emergente, la libertad es
real, pero no se trata de una condición
previamente dada de nuestra existencia, como
por ejemplo la ley de la gravedad.
Es una creación evolutiva de la actividad
humana y las creencias humanas; y es tan real
como las demás creaciones humanas, como la
música o el dinero.
Un producto relativamente reciente
de las interacciones humanas
Es función de (a) la autoconciencia que se
descubre libre; (b) las trabas externas con que topa
el agente; (c ) los recursos para la acción. Luego volveré
sobre esto, al discutir el par de conceptos libertad negativa/ libertad positiva.

La libertad humana no es una condición estable y


ahistórica, sino un producto reciente de las
interacciones humanas. Vamos ganando –o no–
sucesivos grados de libertad. Es frágil, no se halla
garantizada necesariamente en el futuro.
Falacia de las alternativas
Blackburn: “Las alternativas se plantean como si
agotaran todas las posibilidades: o bien tenemos
un espíritu libre, que flota felizmente más allá del
orden natural, o una máquina predeterminada
como un autobús, o incluso un tranvía.
Plantear de forma errónea las alternativas es una
conocida falacia (...). Lo que denigra la naturaleza
humana no es la filosofía compatibilista, sino este
modo de formular las alternativas.”
¿Un tubo vacío hinchado por una
mente?

“Este planteamiento supone que la naturaleza es


algo tan horrible que se requiere un momento
mágico, una chispa divina surgida del fantasma de
la máquina, para que muestre sus colores. Sólo
puede haber máquinas (zombis) o espíritus.
Pero es esta concepción la que denigra la naturaleza,
incluida la naturaleza humana. Deberíamos aprender
a pensar como Wittgenstein cuando escribía:
‘Resulta humillante tener que aparecer como un
tubo vacío, simplemente hinchado por una mente’.”
Flexibilidad cognitiva y
conductual
“La palabra clave que hay que tener en cuenta es
flexibilidad. (...) Resulta imposible determinar a
priori lo flexible que puede ser el comportamiento
humano [¡o el de los animales no humanos, añadimos nosotros! J.R.].
(...) Nuestra capacidad de percibir cosas, de
considerar las alternativas posibles, de evaluarlas,
y finalmente nuestras pautas de comportamiento,
podrían haber sido altamente inflexibles. Pero la
evidencia sugiere que se da el caso contrario...”
Simon Blackburn, Pensar, Paidos, Barcelona 2001, p. 127-128.
Qué podemos cambiar
En definitiva, el problema metafísico del libre albedrío
exento de cualquier determinación quizá tenga algo de
cortina de humo.
“Los actos humanos --los actos de amor y genio, así como los
crímenes y los pecados-- están simplemente demasiado lejos de
los movimientos de los átomos, sean aleatorios o no, como para
que podamos descubrir la manera de integrarlos en un único
esquema coherente” (Dennett, op. cit., p. 341).
El compatibilismo es coherente; y la cuestión más
importante no es el determinismo (sea genético o del entorno,
o ambos a la vez, o de alguna otra clase); la cuestión es qué
podemos cambiar, sea o no determinista el mundo.

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