La gracia de Dios que
entra en mi vida se expresa
con gratitud y perdón.
Perdonar es usar la misma
gracia que Dios usó
conmigo.
El perdón debe ser
ilimitado. El perdón de Dios
es nuestro modelo y
solamente será posible con
la actuación de su gracia
en nosotros.
El perdón restaura los
lazos rotos. El perdón no
solo cancela las cuentas
del pasado, sino que
también restaura
plenamente la relación en
el presente.
Solo el Señor puede
capacitarnos para perdonar
en la medida en que
vivamos y entendamos que
fuimos perdonados. Solo
Jesús puede curar nuestro
corazón de la pena.
La gracia que cambió mi
corazón va tomando todo
lo que soy y me capacita a
ser en Jesús, aquello que
Dios quiere que sea.
Quien conoce a Cristo no
teme buscar los beneficios
del perdón y de la gracia
que Él ofrece.
Va así como está a los
brazos del Señor para ser
restaurado y pedirle la
fuerza necesaria para
restaurar lo que se rompió
y entonces podrá volver a
ser lo que un día fue.