INTRODUCCION
Las aguas residuales son una importante fuente la cual por medio de tratamientos e intervención
profesional, puede reutilizarse para desarrollar múltiples tareas donde podremos encontrar entre
todas estas actividades el RIEGO DE CULTIVOS CON AGUAS RESIDUALES. Teniendo en
cuenta la crisis en la que nos encontramos por la escases de agua potable, este método resulta
muy beneficioso para el medio ambiente y para los seres vivos.
¿De qué se trata ?
Se trata de la utilización de aguas residuales, tratadas o no, para satisfacer las necesidades de
riego en las actividades agrícolas. Esto permite economizar recursos hídricos en un primer
momento y una reducción de la contaminación finalmente.
¿Quién utiliza sobre todo este medio y desde cuándo ?
El reciclaje de aguas residuales (RAR) es una práctica muy extendida en las regiones que sufren
escasez de recursos hídricos, cuyos principales ejemplos son Japón, la cuenca mediterránea (Israel,
Túnez, Chipre, España), Estados Unidos (sobre todo California), pero asimismo Asia y el Golfo Pérsico.
El riego puede aumentar la productividad de las actividades agrícolas de un 100% a un 400% y permitir
la práctica de algunos cultivos en regiones donde las condiciones ambientales no son favorables. Ahora
bien, la agricultura es la responsable del 70% de las extracciones de agua, cifra que llega a un 95% en
algunos países en desarrollo. El reciclaje de aguas residuales es una solución para hacer frente a la
creciente demanda de recursos hídricos para el riego. Al mismo tiempo, es una forma natural de reducir
el impacto sobre el medio ambiente y aportar los nutrientes (sobre todo nitrógeno y fósforo) que
fertilizarán el suelo.
Algunos de los cultivos en los que se utiliza el riego con aguas residuales son la cebada, el maíz, la avena,
el algodón, el aguacate, la coles, la lechuga, la remolacha azucarera, la caña de azúcar, el albaricoque, la
naranja, la ciruela, la viña, las flores y los bosques.
La FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) propone una clasificación
de los cultivos en función del nivel de riesgo para los consumidores y los agricultores.
Riesgo débil
- Cultivos industriales no destinados al consumo humano (por ejemplo, el algodón y el sisal) ;
- Cultivos tratados con calor o secados antes de su destino al consumo humano (por ejemplo,
los cereales, los oleaginosos, la remolacha azucarera) ;
- Las frutas y verduras cultivadas exclusivamente para conserva u otro tratamiento que
destruya eficazmente los gérmenes patógenos ;
- Los cultivos forrajeros y otros cultivos de alimentos para animales que se cosechan y secan
al sol antes de su consumo.
Riesgo medio
- Pastos y cultivos forrajeros herbáceos ;
- Cultivos para el consumo humano que no están en contacto directo con aguas residuales,
con la condición de que no recoja nada del suelo y que no se emplee el riego por aspersión
(por ejemplo, la arboricultura, los viñedos) ;
- Cultivos para el consumo humano tras la cocción (por ejemplo, las patatas, la berenjena, la
remolacha) ;
- Cultivos para el consumo humano cuya piel no se come (por ejemplo, los cítricos y los
plátanos) ;
- Todos los cultivos no identificados como de “Riesgo elevado” si se utiliza el riego por
aspersión.
Riesgo elevado
- Todos los alimentos que se consumen crudos o cultivados en contacto estrecho con los
Las aguas residuales (tratadas o no) contienen sustancias nutritivas para las plantas como
nitrógeno, fósforo, potasio y oligoelementos, zinc, boro y azufre en proporciones muy variables. En
algunas circunstancias, estos elementos pueden encontrarse en exceso con relación a las
necesidades de las plantas y provocar efectos negativos tanto en los cultivos como en los suelos. Es
necesario controlar periódicamente la cantidad de nutrientes presentes en el efluente para tener en
cuenta las necesidades en fertilizantes de los cultivos regados. (fuentes Afssa y Fndae)
Es necesario conocer sobre todo los siguientes elementos :
Salinidad : niveles elevados de sales en el suelo pueden provocar una reducción de la productividad
de la plantación, e incluso su total fracaso. La cantidad de sales presente en el agua utilizada para el
riego afecta directamente a la salinidad del suelo. Esta cantidad puede medirse a partir de la
conductividad eléctrica del agua o de la cantidad de sólidos totales disueltos.
Sodio : una proporción elevada de la concentración de sodio respecto a las concentraciones de
magnesio y calcio (por encima de 3 : 1) puede reducir la permeabilidad del suelo. El crecimiento de
las plantas resulta afectado, por consiguiente, por la indisponibilidad de agua en el mismo. Las aguas
residuales presentan en general esta proporción particularmente elevada.
Cloro : las concentraciones de cloro pueden dañar a la mayoría de las plantas a partir de 5 mg/1, y a
las más sensibles a partir de 0,05 mg/l. Las aguas residuales pueden presentar niveles elevados de
cloro en función de los tratamientos efectuados en la fase inicial.
Elementos o trazas de metales pesados : las concentraciones elevadas de níquel, cadmio,
molibdeno, zinc, cobre, plomo y mercurio pueden ser tóxicas para plantas y animales, estos últimos
afectados par la propagación de algunos de estos elementos a lo largo de la cadena alimentaria.
VENTAJAS
La utilización de aguas residuales constituye una alternativa para la escasez de agua que afecta algunas
regiones del planeta. Para los agricultores, representa una fuente fiable de agua. Además, el agua reciclada
contiene en general nutrientes que permiten reducir los costes de fertilización.
El reciclaje de aguas residuales permite reducir el impacto medioambiental causado por el vertido de
efluentes en el medio natural.
DESVENTAJAS
Puede resultar necesario realizar considerables modificaciones de las plantas de depuración para garantizar la
calidad del agua requerida para el riego.
Uno de los principales inconvenientes del riego por reciclaje de aguas residuales son las restricciones
vinculadas a los retos de salud pública. Esto puede plantear problemas burocráticos, políticos y de aceptación
por parte de la opinión pública. Un proyecto de riego que utilice el agua residual como fuente no siempre
resulta económicamente rentable.