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Juan Filloy - Caterva

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JUAN FILLOY

JUAN FILLOY Aquende


(fragmento) Molta espressione: EXULTACIN HURRAH a los conquistadores de la Patagonia, empresarios del albur, cuya audacia encar rectamente a la multitud de obstculos que brotaba de la tierra, como una siniestra maraa de presagios! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los naturalistas que exploraron la maravilla demonaca de la estepa, buscando incgnitas bajo la escarcha, bajo la escarcha que rompan con fruicin como un cristal de escaparate! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los pioneers que abrieron la cerradura de misterio de la Patagonia y afrontaron con la familia al lado y la recua a la rastra las potencias malignas del viento y la nieve! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los misioneros, afanados en cultivar la fina planta de Dios entre yaganes y anacalufes, ranqueles y picunches, puelches y tehuelches: piedras de un suelo sin substancia mstica y de un cielo sin humus de plegarias! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los colonos, tenaces en el ahnco de hacer sonrer la severidad telrica de la Patagonia, transformando ovejas magras y espigas magras en florones suntuosos de plata y oro! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los traficantes, espejos del diablo, que llevaron al confn las baratijas de la civilizacin y trajeron, en la caricia del quillango, el toldo de la tribu y el abrigo del indio! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte! Hurrah a los corsarios que se guarecieron en la Patagonia, corridos por las hordas del temporal, y fundaron las ciudades de hoy, en el abrigo de bahas secretas, sobre la paz de los instintos! Hurrah por el candor y fervor de su suerte y su muerte!

Rcitatif instrument: AMISTAD DE LA NIEVE ENCUENTRO soledad y reposo en la honesta simplicidad de la nieve. Ni bien llego a sus prados de silencio se torna translcido mi olvido. Porque la naturaleza y el dolor se aquietan en la pastoral de la nieve. Bajo la transparencia inmaterial del azul: la compacta de la nieve. Balanceos de albatros, caricias de quillango, msica de armonium. Vahos de sal y iodo, perfumes de cognac: oh la apoteosis de la nieve! El sol, lo mismo que una paloma, tiembla, y se escalofro bajo la nieve. Mientras tanto los armios, renuncian a sus capas de armio. Y los pinginos dejan que manchen su levita los copos de nieve. Hago patinar mi infancia sobre la estepa de ncar de la nieve. Y yo, que siempre odi el movimiento que desplaza las lneas, Imito a los flamencos, cuyas piruetas son el pasmo de la nieve. Las moles macizas de los lobos marinos nicos promontorios de la nieve Recortan al horizonte, que es una raya neta sobre la napa helada. Y sus gritos roncos lastiman al albor reverberante de la nieve. Lindo crpe de bruma en la atmsfera glauca, lindo raso mbar de la nieve, Donde la multitud del glaciar penetra al corredor liquido del fiord, Y los tmpanos son frgiles cetceos, ndigos, purpreos y color de nieve. Nada como el misterio lumnico de los crepsculos en la nieve: Cielo de lona, nieve de lana, claro de luna El Sol de Medianoche! Y una cortina mgica que rinde los astros al sortilegio de la nieve. Los instintos obscuros se amansan en la amistad con la nieve. Las pasiones se depuran dentro la belleza clara y muda del fro. La muerte grrula de las ciudades es limpia y dura porque enmudece en la nieve.

Pittorico: EL FIORD EL fiord es una generosidad del Ocano. Brazo colmado de belleza, ofrece la pompa del mar a la aridez ptrea del continente. Valle de agua, nivela en esbeltas languideces de baha la abruptez de la montaa. Valle de luz, fertiliza milenarias sombras. Y entre murallas rocosas, hinchando sus bceps, penetra por angosturas y desfiladeros en continuo juego de refulgencias como la espada ondulada de un arcngel. El fiord se ramifica en dos caletas profundas. El pen del centro, tallado a pique, avanza igual que una proa fantstica. Y recta, vertical, hunde sus quinientos metros de altura en quinientos metros de reflejo. Abajo, en revuelo de escamas, el agua transcribe varios cirrus en forma de pez. Arriba, la cimera drapeada de nieve, afirma la veracidad de la imagen.

Quien mira el paisaje entre las piernas, como un nio, evidencia la realidad del cielo liquido. Uno se asoma al agua. Y en las paredes macizas del reflejo se ven las cicatrices de los terremotos, el tatuaje de las erupciones y, cayendo en guedejas virginales, las guedejas de agua de los deshielos. En la curva del trayecto, la arista del acantilado corta el cristal de la atmsfera. Es una raya perfecta trazada con diamante. El agua del recodo se transmuta en mercurio. Escintila y enceguece. De esta parte, el agua es tan clara, tan agua, que no se la nota en superficie sino en profundidad. A lo lejos, la lancha de la factora planea en el aire. Slo cuando cruza al medio de la ra, la estela forma un ngulo de ondas que delata que navega. Sus lados se incrustan en los muros del fiord. Mas, dentro del ngulo, el vaivn combina mbares y crisoberilos en un cabrilleo alucinante. Todo eso de fondo. Porque, cerca, una rama florida de coihue blonda y un vuelo rasante de petreles impromptu hacen que la vista se encaje y la emocin se suspenda.

Charanga: GESTA FUE un trago largo, como un lazo. Pial el acuerdo. Y dijo: Mi padre lleg a Carmen de Patagones durante la administracin del Comandante Oyuela. El pillaje de los indios devastaba las colonias y las estancias de la frontera. A base de robos y de comerciantes sin escrpulos floreca la exportacin de cueros y tasajo. Mi padre era gaucho. Llevaba cinco muertes encima. Y entr a punto en el juego. Porque entre reducidores, aventureros, corsarios y esclavos, el crimen es una ficha. Los soldados que mand la Primera Junta a sofocar la revuelta del ao 12 se rebelaron el 19. Todava se oan los ayes del Gobernador y se vean las cabezas de los oficiales enterrados vivos! Mi padre, corrido por la justicia, se encontr, a s mismo, en la promiscuidad de los Aucas. Pues el gaucho que se asquea de la ley de los hombres regresa al instinto de la indiada. Con ellos rob y mat a gusto, hasta que vino el gallego Pincheira. Ordene, Oficial Pincheira! Y entr a su banda militarizada de forajidos: indios, gauchos y soldados desertores. Mi padre dilapid su parte de cuarenta mil vacunos "reducidos" a patacones en el Carmen. Hasta que los colonos cansados de pillajes se hicieron a su vez cuatreros y bandidos... La emocin de bandidaje es una emocin brbara, pero subyugante de la especie. Arrasar, quemar; violar, matar; son cosas primarias que cobijan todas las almas. Mi padre deca: quien degella, desuella y... resuella. Y no tuvo asco: bestias, indios o cristianos. Pero todo cansa. Y con una cautiva que rescat en Chile, merode por las orillas de Ro Negro.

Fuera del apero, su daga, sus piojos y su quillango, no tenia ms que cicatrices. Junt cueros de zorros y plumas de and. Pero la honradez lo acobardaba... Se meti con los noruegos de una factora de aceite. Y tuvo vergenza del trabajo... A l, que amaba los entreveros, le dola matar focas a garrotazos en bahas desoladas! Mi padre, el 26, entr a bordo de un corsario cuando estall la guerra con Brasil. Se curti con sudestadas. Y se templ de nuevo en las matanzas de los abordajes. Carmen de Patagones viva el esplendor que da la plata del vicio y la rapia. Se hizo puerto libre y zona neutra. Se llen de truhanes, putas y piratas: de vrtigo y orga. Los brasileros, hartos de ignominias y saqueos de corsarios, resolvieron hacer un escarmiento. Cinco navos de guerra, del bloqueo a Buenos Aires, fondearon en las bocas del Ro Negro. Y setecientos hombres, bajo el mando de un general ingls, enfilaron hacia Carmen de Patagones. La noticia apen a todos. Entraban en la patria como el hacha en el rbol que se quiere. Mi padre se enrol en la defensa. Defensa improvisada, de milicos, gauchos y tahres. Tenan de arma un espritu de llama y de escudo solamente la tela de la faja y de la vincha. Cien jinetes en conjunto. Coordinaron el ataque con la astucia del indio y la rabia del desierto. Seis leguas separaban al invasor, de Patagones. Seis leguas de sed en un pramo de fuego. Los infantes brasileos lo ignoraban. Conducidos sin cautela, se filtraron de cansancio en el camino. Mi padre, entonces, abri lucha de emboscada. Los sedientos bebieron sangre en sus heridas. Los dems, la lengua seca, se desbandaron como loros ante el huracn de los centauros. En medio de una escaramuza, el brillante uniforme del general atraa la mirada. Mi padre lo volte de un balazo mientras sus huestes sucumban por las cargas y la sed. Y deseando con locura su uniforme, se precipit sobre el general, a despojrselo. Su cuerpo inmvil ceda dcilmente. Ya casi desnudo, mi padre qued bizco de repente. Un anillo magnifico destellaba en su mano! En el apuro de tenerlo, le cort el dedo de un hachazo. Fue un ay! horrible. El general, nada ms que herido, simulaba la muerte por salvarse... Pero la muerte vino sin piedad! Y mientras milicos y gauchos arreaban prisioneros, Mi padre le hundi la daga en el corazn; la revolvi como una bombilla en el mate. Y ufano del anillo y la chaqueta, galop sobre cadveres a dirigir la columna derrotada.

Fuga cromtica: EL GLACIAR DE PUERTO GARIBALDI Pesquisa nocturno de errores sombros, el barco penetra en el fiord. Y se alucina. Halla la luna. La hoja de plata de la ra. Y la catarata lenta del glaciar. Moneda, arma y sangre coaguladas en transparencia, reflejo y nieve. No es crimen, sino misterio. El barco atraca a un puerto improvisado. Rpido, una lancha. Miren. Se deslizan por las caletas, envueltos en hopalandas de bruma, los cclopes australes. Rpido, esa lancha!

Penetramos en ambientes de sueo. Los tintes occiduos funden su esbozo tenebroso. Hay un claror espiritado. Dos ejrcitos de silencio rinden armas incrustados en la piedra. El agua es lo nico vivo. El agua plida, muerta! Le digo a usted que no. No ve sus albornoces? Es una procesin de musulmanes descendiendo por una cuenca de la montaa. Diafanidad. El absoluto albor complica la mirada. Apenas, en el declive, la sombra malva que nimba los ojos de las vrgenes de nieve. Apenas, aqu cerca, la fantasa flotante de los tmpanos. Han huido los colores! Infames! Pero, fjese. Se nota el espectro de las cumbres y el alma de las vertientes abruptas. Se percibe la osatura del hielo. Ese fluido viscoso es sangre. Sangre blanca de seres que caminan sobre la escarcha. No se ve nada. La claridad es tan completa que resulta impenetrable. Slo se escucha el estampido sordo de enormes bloques al sumergirse. Estamos en el brocal de la vorgine. Cuidado! El glaciar! Es el glaciar! Y uno retrocede en si mismo. Arriba a su carne. Y despierta en la noche: almohadilla de terciopelo azul acribillada de agujas.

Variaciones: EL ESTRECHO Cabo Vrgenes: Borrasca. Las Once Mil Vrgenes, insurrectas, agitan sus cabelleras de ondas. Recuerdan que los argonautas de Magallanes doblaron la punta confesados y comulgados. Y al ver el pecado que transita por los decks, la envidia del amor exaspera su castidad. Quisieran estar bien con Dios y con el Diablo... Baha de la Posesin: Incendio. Mil lenguas de fuego danzan en la noche un divertissement macabro. Las brasas crepitan y lanzan al aire, entre espesas cortinas de humo, verdaderos enjambres de abejas gneas. Algunas vuelven a las llamas. Y fulgen como las lentejuelas sobre el talle de las bailarinas. Punta Arenas: Catorce horas de atraso. Y un bello amanecer que vale ms que todos los quebrantos navieros. Quedo absorto en el privilegio de la demora. Demorarse! He ah el deleitoso lujo de quienes estn encallando poco a poco en esa vulgar metfora que es el mar de la vida... Baha Intil: Oh, ser un bergantn intil; haber tuteado los puertos de los cinco continentes; haber desflorado con el bauprs la aurora de todos los ocanos: y tumbarse a dormirbarco borrachosobre el colchn de esta Baha Intil! Seno del Almirantazgo: Compruebo la bancarrota de la luna. La sentimentaleria arruin su negocio lrico. Suerte que hubo un sindico bueno: Whistler, que defendi correctamente su activo de plata. Por l disfruto el dividendo exquisito de la tremolina en el haber de las aguas nocturnas. Paso Farnine: Los brazos robustos de dos peascos estn estrangulando al sol. Su congestin se refleja en cogulos sangrientos. Una mirada lnguida y se hunde. Sobre la duna vecina, estn secos los ltimos rayos como un manojo de algas.

Iendegaia: Un foco de luz verde-carburo brilla en el atracadero. En la noche profunda, su proyeccin forma en el agua un resplandeciente signo de admiracin. Puerto Garibaldi: El mar es un remanso poblado de ninfas. Ante el espejo del cielo coquetean, enrulando su cabello en la espiral de los remolinos. Pennsula de Brunswick: Las rompientes revelan los instintos formidables del Pacifico. Cada ola precipita su fauce de hiena sobre el desamparo de las costas. Por eso, la tierra fueguina exhibe los rastros de su furia en el denticulado de los fiords, en la muesca de los senos y el mordisco de las pennsulas. Canal Cockburn: Los promontorios reducen el horizonte del piloto. Dos acantilados, ms ntidos en el reflejo que en su prestancia, forman con la barra lcida del nivel una estupenda hache mayscula. Monte Sarmiento: Tranquilo en su sitial de nieve, el pico administra el tiempo nicamente para rejuvenecerse. Su conciencia le dice que la edad se supera perfeccionando el alma. Y al mirar por dentro su meollo de tungsteno y sus venas de oro, confa que el pedernal disipe su ancianidad con la alegra prxima de verse diamante. Baha Desolada: La noche es una hermtica alcoba nupcial. La naturaleza realiza el misterio de la vida. De pronto se descubre la cerradura de una estrella. Y una luz insidiosa se pone a espiar como una sirvienta. Sholl Bay: Verdes lcidos de peppermint y verdes ambarinos de ajenjo se convulsionan al virar el buque. El sol, que fallece sobre un glaciar, liquida su agona de fuego. Y caen al agua sus estertores convertidos en chorros de cognac antiguo. Ushuaia: Decoracin de escarnio. El paisaje, que en otras partes es absurdo a fuerza de belleza, aqu se torna absurdo a base de realidad. El presidio lo encadena y lo envilece. Qu importa que la rada sea maravillosa si est llena de espectros-arrecifes numerados y de almas-balizas apagadas?

Appassionato: LA VIRGEN ONA PRIMAVERA. Sobre el esmalte de la grama, profusin de violetas amarillas. Y en la umbra del follaje, las alas de carmn de la "flor de las cascadas". El capitn de navo, que releva la isla, reposa sobre la caja del teodolito. Fuma. A cada bocanada de su pipa contempla el cielo. Cielo antrtico, con el precipicio al revs de una enorme mancha azul. Viene una india, fresca, nbil. La ve. Caderuda y turgente, tiene su esbeltez ceida por el

coyaten: las pieles de guanaco que le sirven de pollera. Sus ojos, almendrados y sagaces, espan. Espan bajo el flequillo de una cabellera casi redonda, que enmarca los mofletes con dos cimpas grasosas de cosmtico y polvos colorados. Galantemente, el capitn se aproxima. Llena en el torrente su balde de cuero. Y, como conoce el sortilegio de las caricias, la mima y la pellizca. Ella sonre y enrojece. Cuando ese amor lateral va a centrarse, porque l ultima a besos la faz preparatoria, y ella slo atiende su seno, que bulle en una pasin chcara, sbitamente, como si cumpliera una orden misteriosa: Yi shi shi ma!: No me agarre!grita la virgen ona. Y gil, torva, defendiendo el instinto de la raza, llena su vulva de arena.

Escrito en 1935. Publicado en 1996 por Op Oloop Ediciones 1996 Juan Filloy

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