La visita
En cierta ocasión Dios bajó a la tierra adoptando la for-
ma de un humilde anciano, iba acompañado de Satanás, a
quien llevaba de la mano, encarnado en un niño.
Tocaron a la puerta de un hombre rico y este, al ver su
apariencia, soltó sus perros para que los alejara.
Tocaron a la puerta de un floreciente comerciante y es-
te, al verlos, les arrojó una moneda para que se alejaran.
Tocaron a la puerta de un templo y ahí les brindaron un
pan a cada uno, pero no les dieron asilo y se alejaron.
Tocaron a la puerta de un hombre pobre y este, sin repa-
ro, les recibió, dio de comer y cedió algo de su propia ropa.
Cumplida su visita Dios ordenó a Satanás:
–Llévate al rico y al comerciante pues sólo sirven al di-
nero, ya no tienen en su corazón mis mandamientos. A los
del templo y los que van ahí, les enviaré tribulaciones para
probar su fe y ver si son dignos. Al pobre no lo toques.
Es así que, desde entonces, Satanás merodea a nuestro
alrededor, procediéndo a llevarse a los ricos y espera, con
paciencia, a ver si superamos nuestras pruebas de fe.
Sólo los pobres acceden directamente al cielo.
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