Casa Chorizo-Aquilino Podesta
Casa Chorizo-Aquilino Podesta
En una vena no exenta de nostalgia y cario, se describe la saga de este tipo domstico, que no represent una ruptura con respecto al de la antigua casa de patios y que fue, tanto por su ajuste al omnipresente lote de diez varas de frente, como por su desarrollo incremental, el paso obligado del inmigrante en su peregrinaje ascendente hacia la clase media. Se describe el trauma del llegado, desde el desarraigo y el abandono de una situacin sin esperanza, su arribo desvalido al puerto, y su breve paso por el Hotel de Inmigrantes. Su primera etapa de naturalizacin en el conventillo, el acceso a la tierra a travs del loteo, la pica del agregado de piezas a partir de la primera, levantada con los ladrillos ofrecidos junto con el lote. Se describen los aspectos tecnolgicos del tipo y sus componentes estandardizados, como as tambin las imgenes estampadas en las fachadas de la infinidad de casas que componen la arquitectura de la ciudad, no slo de Buenos Aires, sino de la mayora de las ciudades argentinas. Este recorrido se cierra con el ocaso del tipo, marcado por la aparicin del automvil y la emergencia de los tipos que la reemplazara inexorablemente: la Casa Cajn o chalecito del Banco Hipotecario.
Satrico, vulgar, popular, resulta el nombre aplicado a este tipo de vivienda, un modelo constructivo que por dcadas rein en el mbito urbano porteo. Perdura una inmensa cantidad de ejemplares, que siguen siendo valorados, adaptados y reciclados. Su vigencia me lleva a decir que, para una buena mayora, fue nuestra casa. Sin embargo, la metfora no es caprichosa. Ms larga o ms corta, la casa responda a las necesidades (o posibilidades) de su dueo, al igual que el embutido homnimo, cuyo tamao vara segn la frecuencia del lazo con que se los va atando a la salida de la picadora, aunque su contenido siempre es el mismo. Pero, amn de estas comparaciones gastronmicas a las que la casa se aviene, cabe destacar que uno de los motivos que la llev a alcanzar semejante popularidad, ha sido su adaptabilidad al nuevo habitante que, a partir del ltimo cuarto del siglo XIX, comenz a integrarse a nuestra ciudad: el inmigrante. Parecer tal vez un tanto excesivo atribuirle a l la condicin de propulsor de este tipo de vivienda, puesto que ya existan desde la poca virreinal, y con uno, dos o tres patios. Pero veremos que, a pesar de ello, esta afirmacin puede sostenerse. EL INMIGRANTE En primer lugar, el slo hecho de haber migrado da a este individuo una mentalidad distinta a la del radicado. Dejar su tierra es algo que tal vez slo los que somos sus hijos entendemos lo que es y, sobre todo, por qu fue. Deseos de cambiar y abandonar esa postracin casi ancestral y buscar otro lugar donde alcanzar lo que, por generaciones, le haba sido poco menos que imposible conseguir y, sobre todo, dejar de andar al comps del tambor, que permanentemente le redoblaba en el estmago. Aqu encontr esas posibilidades, duras de alcanzar en muchos casos, pero que las haba, y donde valdr la pena tener hijos, pues su porvenir ser muy distinto a aquel que haba quedado al otro lado del mar.
Libro: HABITAR BUENOS AIRES; Las manzanas, los lotes y las casas Compilador: Arq. Juan Manuel Borthagaray
Hubo de recluirse en sus comienzos en la pieza de un conventillo, tema suficientemente tratado, y bien, por otros 1 . Personalmente, reivindico esa institucin, pues a pesar de sus malas condiciones de higiene y alquileres abusivos, por otra parte, constituy en un espacio cultural de integracin, de alta sociabilidad, donde convivan polacos, italianos y espaoles con criollos del interior, compartiendo fiestas, comidas y luchas reivindicativas. Fue un medio en el que se generaron nuevas expresiones estticas, musicales y de lenguaje (como el sainete, el tango y el lunfardo). Creo que, tal vez, haya sido lo que hizo que Buenos Aires, a diferencia de otras grandes ciudades inmigratorias, no tuviera esos guetos que en ellas son tan comunes. Tras la etapa de inquilinato, en la generalidad de los casos, las ansias de progreso instalaron en su mente la idea de la casa propia. La ciudad creca y esa expansin, que en 1880 incorpor los partidos de San Jos de Flores y Belgrano a su territorio, se vio acompaada por un factor que posibilitara semejante desarrollo: la creacin y extensin de la red de tranvas. Establecidos como sistema urbano de transporte a finales de febrero de 1870, en poqusimos aos alcanzaron una dimensin tal que, aunque parezca mentira, pusieron a Buenos Aires a la cabeza de las ciudades del mundo. Teniendo en cuenta el kilometraje de rieles con respecto al nmero de habitantes de la ciudad, ninguna poda comparrsele. Slo digamos que, en 1887, a apenas siete aos de establecidos los tranvas, servan a la ciudad siete empresas con once estaciones; 146 Km de va instalada; una caballada de 2.115 animales para una flota de 260 coches, atendidos por 707 empleados, que ese ao transportaron 13.056.939 pasajeros. Si comparamos a Buenos Aires, que por ese entonces tena 200.000 habitantes, con Nueva York, que tena 1.000.000 y 121 Km de vas; Philadelphia, 700.000 y 96 Km; Viena, 600.000 y 93 Km y (oh sorpresa!) Londres, 4.000.000 de habitantes y solamente 91 Km de vas, bien se justificaba que a nuestra capital comenzaran a apodarla La ciudad de los tranvas. LOS LOTEOS As fue como tierras de la periferia semirrural se valorizaron e integraron al ambiente urbano, este fenmeno se potenci sobre todo a partir de 1897 con la incorporacin del elctrico. Es entonces cuando el tranva sale al campo, sembrando a la vera de sus rieles infinidad de nuevos ncleos habitacionales que terminaron convirtindose en los populosos barrios actuales de clase media. Es que, con transporte barato (sobre todo a partir de 1910, en que la Anglo estableci la tarifa nica a 10 centavos, adems del boleto obrero hasta las 7 de la maana a slo 5 centavos, o 10 ida y vuelta), ya no era necesario apiarse en los conventillos del centro para ir al trabajo a pie. Los loteos se sucedieron sin cesar, con aquellos infaltables latiguillos de: Deje de deambular de conventillo en conventillo! Sobre las vas del tramway! Cmodas cuotas mensuales y 5000 ladrillos de regalo!... Y hasta: Tranvas gratis al remateincentivos para que esta gente alcanzara su deseada meta. Los cada vez ms extensos loteos tuvieron como base la subdivisin de nuestra clsica manzana en parcelas de distintos fondos, pero de invariable frente de diez varas. Basta tomar la plancheta de una manzana cualquiera para notar el imbricado puzzle que forman los terrenos resultantes, acomodndose para ajustarse a la manzana cuadrada. En otras latitudes (Nueva York) se opt por el cruce de calles por un lado y avenidas por otro, configurando amanzanamientos rectangulares de una proporcin 1:4 aproximadamente, que, una vez divididas en dos a lo largo, dan por resultado parcelas todas iguales.
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Nuestro loteo es un esquema muy prolijo, pero en cuanto a tamao del frente se refiere, hay poco para elegir. Queda slo la posibilidad de comprar ms de una unidad en caso de necesitarse mayor ancho. En cuanto a superficie, en nuestro sistema la variedad de la oferta es amplia. Hizo factible el acceso a la tierra a cuanto candidato la deseara, pues quien poda compraba los lotes largos a mitad de cuadra, mientras que a los ms modestos les quedaba la posibilidad de hacerlo con los ms cortos, cercanos a la esquina. En cuanto al frente, esas benditas (o malditas) diez varas (8.66 metros) que tantos dolores de cabeza dan an a los proyectistas, condicionaron y a la vez favorecieron el desarrollo de la casa chorizo pues, si lo vemos desde el punto de vista matemtico, se la resolva perfectamente: cuatro metros de habitacin, 30 centmetros de medianera, otros tantos de pared de carga y lo restante (otros 4 metros) para patio, que totalizan los 8.66 metros. LA CASA Ahora bien. A pesar de tanta conjetura, aclaremos una vez ms que ello no significaba que el loteo haya sido la condicionante que dio origen a este tipo de vivienda, puesto que, como se dijo, desde muy antao ya exista. Y deseo aclarar una cosa. Es muy corriente or aquello de que nuestra protagonista deriva de la casa pompeyana de patio central, que al partirse por el medio qued convertida en dos del tipo de la que nos incumbe, etc., etc. Sin embargo, como bien deca el Arq. Mario Jos Buschiazzo maestro cuyas inolvidables clases despertaron en tantos el amor por la historia de la Arquitectura- por mucho tiempo nuestros primeros albailes (o alarifes, como gustaba decir) no fueron los italianos, que vinieron ms tarde imponiendo sus gustos. Fueron espaoles, sobre todo andaluces, cuya tipologa trajeron consigo y que, con los pobres materiales que encontraron en estas tierras, trataron de seguir o al menos imitar esa casa andaluza de raigambre rabe, en la que se cortan las visuales longitudinales de modo de compartimentar los espacios y distinguir la intimidad de uno de la del otro. Existen muchos ejemplos de lo dicho en antiguos planos de casas virreinales, pero la mejor pauta puede tenerse en los planos del Censo Poblacional del Catastro de Beare. En esa obra, reeditada recientemente por el Instituto Histrico del G.C.B.A., se muestran las siluetas de las casas, manzana por manzana, alrededor de 1860/70. Y si comparamos cualquiera de ellas con una del plano 1:1000 (catastro Goyeneche) editado en 1940, veremos claramente que el partido fue siempre el mismo y no fruto de particin alguna (Figura 1). Pero retornemos a nuestro hombre. El slo hecho de volver en aquel tranva gratuito, con la boleta de sea en el bolsillo, ya cambiaba el modus vivendi de su familia. Seguramente haban sido varios los vecinos del conventillo que acudieron a comprar su lote, por lo que luego seran protagonistas de excursiones semanales a sus tierras en las que, en cooperativa de hecho, habran de comenzar a cimentar la primera habitacin propia con los ladrillos recibidos de regalo con la compra. As fue como aquella integracin lograda por el conventillo que mencionamos al principio, se trasladar a los barrios, con los mismos usos y costumbres (Figura 2). Esa primitiva pieza de cuatro por cuatro, ms un cuarto para cocina y un retrete al fondo, ser el embrin de aquello que, con el tiempo y cuando las condiciones se diesen, se le iran agregando otras habitaciones, una a continuacin de otra, alargando el chorizo y mejorando el status, por llamarlo de algn modo. A se aadirn dos elementos prcticamente infaltables: un limonero al frente y una higuera o un nspero al fondo. Por qu? Quedar para otro el dilucidarlo (Figura 3). VARIACIONES SOBRE EL MISMO TEMA
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Al principio casi iguales, o al menos parecidas, se le fueron agregando elementos complementarios que las iran asemejando ms a las casas de la clase media, a la que aspiraban pertenecer, y a la que poco a poco, iban logrando tener acceso. Algunos aditamentos fueron netamente prcticos, como la galera a lo largo de las piezas, y frente al patio, en un principio simplemente adosada a la pared, pero que en construcciones posteriores ya fue prevista como voladizo de la techumbre. Descansaba sobre columnas de metal, cuyo valor iba desde un simple cao de 3 a bonitas columnillas de fundicin, lisas o estriadas, con capitelitos de los ms variados estilos conforme a lo establecido por las estrictas reglas de Viola (Figura 4). Otros agregados, en cambio, respondieron a reales deseos de mejoras. Tal vez el ms importante haya sido el bao, ese elemento del que careca en su tierra y que, al llegar a sta, tuvo que compartir con decenas de otras familias en el conventillo. Con cloacas, o pozo ciego a espera de aqullas, al fin pudo darse el indescriptible lujo de tener lo que dio en llamarse bao instalado. Aunque, por su ubicacin atrs, junto a la cocina, debiera recorrerse la casa para llegar a l. Pero era propio! Sin modificar para nada su diseo original (una hilera de habitaciones, una a continuacin de otra, dando frente al patio), pueden encontrarse algunas diversidades dentro del tipo, pero que nunca sern sustanciales. En otras palabras: son la misma milonga, pero hay que recordar que hay milongas con variaciones. Tal vez la ms comn sea la del comedor, donde una de las habitaciones (generalmente la ltima, antes del bao y la cocina) se ensancha hacia el patio, para dividirlo en dos, aunque sin llegar a la medianera lindera, sino que deja un paso de algo ms de un metro de ancho que permite acceder al fondo. Como decamos en un principio: se compartiment el espacio exterior entre un patio delantero (ms formal, cuidado y fino) y otro trasero, de entrecasa, al que, parafraseando la nomenclatura actual, llamaramos PUM (Patio de Uso Mltiple), pues en l, sobre todo en verano, se come, se cose, se juega se vive, siempre lejos de la vista de los dems, ya sea que estn en la calle, o en el jardn o patio delantero (Figura 5). Tambin encontraremos ejemplares de casas edificadas hasta la lnea municipal, y que se presentan en dos variantes: con sala o con local negocio. En el primero de los casos, a esa habitacin, similar al comedor descrito anteriormente, se la utilizaba con los mismos fines que ahora se da al living, vale decir, recibidor de visitas, cuando no como comedor tambin, pero con el inconveniente que la distancia a la cocina haca que los platos llegaran fros a la mesa. Muchas veces su inutilidad terminaba en un cartelito pegado en la puerta de calle que rezaba: SALA SE ALQUILA, ideales para sastres y profesores de piano. Distinto cuando era local negocio, puesto que generalmente era el mismo habitante de la casa quien lo explotaba (Figura 6-7). La ocupacin del jardn dio lugar al zagun, necesario paso de comunicacin entre la casa y la calle. Su ubicacin en los casos anteriores es lgicamente a un lado, ya sea de la sala o del negocio; lgico s, pero que si vamos al caso iba del cielo abierto de la calle a la intemperie del patio, y que en das de lluvia nos brindaba el refugio acogedor de haber llegado por un lado, para volcarnos nuevamente al aguacero por el otro. Pero a cada problema le llega una solucin, y sta, salvo en el local de comercio, se materializ con el corrimiento del zagun hacia el centro de la casa, ubicndolo en coincidencia con la galera del patio y ofreciendo una circulacin cubierta (o semicubierta al menos) por el interior de la casa. En estos casos, la sala es una habitacin ms, cuando mucho un poco ms larga en el sentido de la hilera, como para darle mayor importancia. Ahora bien, si volvemos al anlisis aritmtico sobre el uso de las diez varas del principio, vemos que lo que nos queda hacia el otro lado de la sala, el ancho del patio,
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son 4 metros, de los cuales 1.20 m los ocupa el zagun, por lo que, descontando paredes, no habr ms que alrededor de 2.60 m para otra habitacin. Esto hizo que estas casas fuesen, en su gran mayora, asimtricas, con la puerta descentrada entre una ventana grande y otra ms pequea. Este ltimo cuarto, tal vez en otro intento de escalada hacia la clase media, recibi muchas veces el pomposo nombre de escritorio, aunque de ste no tuviese nada. Muchas veces dio cabida a otras actividades, como consultorio mdico, sede de profesoras de piano, de corte y confeccin, de idiomas, etc. Otro ambiente adicional fue el vestbulo. Interpuesto entre el patio y el zagun, oficiaba de recibidor de la casa y a la vez de barrera selectora de visitas. All quedaban las de compromiso, por llamarlas de algn modo, vale decir aquellas con las que el grado de confianza no daba para ms que una atencin de cortesa. Algo parecido ocurra con el mismo zagun, lugar en el que eran atendidos los cobradores, por ejemplo, o una vecina al paso. Estos dos verdaderos puestos de frontera tenan funciones muy especficas con respecto a los noviazgos, pues antes de que el pretendiente fuese admitido en el vestbulo, deba pasar varias temporaditas de tamizado en el zagun, cuya llave de luz estaba justamente junto a la puerta del vestbulopero del lado de adentro. Es difcil afirmar que la casa chorizo haya sido funcional en el sentido moderno de la palabra, pero en el que estamos narrando parece que lo era. ESTRUCTURA Estructuralmente, la casa no vari mucho. Desde sus comienzos hasta los aos 30, fueron siempre de paredes de mampostera de carga: 45 cm, especialmente en la medianera, o de 30 cm las exteriores, mientras que tabiques fueron de 15 cm. La diferencia consista nicamente en la mezcla de asiento, que bien poda ser de barro o de cal, eleccin que, como vimos, dependa de las posibilidades econmicas del propietario. En cuanto a la cobertura, en la generalidad de los casos eran de chapa ondulada de zinc, mejor dicho, de hierro galvanizado). La tirantera de apoyo se dio en dos variantes: la de madera o la de hierro doble T. En el primero de los casos, las chapas eran asentadas en el clsico entramado de listones y ladrillos recubiertos de una capa de barro que oficiaba de aislante, a la vez que evitaba que en invierno sudaran las chapas por condensacin. La tirantera de hierro se completaba con bovedillas de ladrillos, que ofrecan otras posibilidades. Por un lado, posibilitaban reemplazar las chapas por azotea y, por otro, dieron lugar al nacimiento de una variante constructiva que, sin modificar las casas en un principio, permitan hacerlo en el futuro. Nacieron as las que dieron en llamarse casas preparadas para altos, que contempl otra de las aspiraciones del inmigrante: preparar su futuro progreso. Se prevea todo, no slo la estructura sino tambin partes de la futura construccin, como los balcones y hasta el hueco cegado de la puerta de acceso a la nueva unidad, que ya entraban a formar parte del decorado del frente. Buenos Aires est saturada de estos ejemplos que a muchos llaman la atencin, pues ignoran el porqu de esos balcones a la nada o puertas ciegas que, sin embargo, en muchos casos fueron aprovechados por las generaciones posteriores (Figura 8). LOS DEPARTAMENTOS Especialmente los lotes de mitad de cuadra (aquellos que se tocaban por el fondo con los del otro lado de la manzana), dieron lugar a otra configuracin edilicia, tambin fruto de la previsin de asegurarse el futuro: los departamentos. Todo segua siendo prcticamente igual. Descontando a todo lo largo del terreno 1.20 metros para dar lugar a un pasillo, el corredor, callecita interior que permitira el acceso a las distintas unidades desde la calle, quedaba el dueo habilitado, en la medida que sus ahorros lo permitiesen, para seguir edificando departamentos a continuacin de la casa que
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ocupaba al frente. Eran casi siempre iguales. Desde el corredor se pasaba directamente a un patio al que daban las piezas (casi siempre dos, y de 4 X 4 metros) y, haciendo martillo, el bao y la cocina, sobre los que, aprovechando su inferior altura, generalmente se agregaba la piecita de arriba. En otras palabras, al chorizo original se le agregaron otros, formando ristra. Nuestros barrios se llenaron de ellas, lo que permiti a los trabajadores de entonces cambiar de casa, para acercarse al lugar de trabajo sin tener que viajar, y hasta volver a almorzar al medioda, costumbre que se perdi al imponerse el horario corrido, que acab con aquellas mesas de la famiglia unita. Testimonio de esa abundancia, son esas dos grapas (que muchas quedan y nadie ya sabe para qu) amuradas junto al marco de las puertas del pasillo, en las que se colocaba (y con frecuencia) el cartel SE ALQUILA DEPARTAMENTO (Tratar aqu). Una jubilacin propia para una vejez tranquila, que recibi un golpe mortal con la Ley de Alquileres, medida coyuntural que agrav, y para siempre, la escasez de viviendas (Figura 9). Oh irona del destino! Hoy da, esos departamentos son buscados y hasta se han vuelto a cotizar bien. Claro que ya no son tipo chorizo; ahora les llaman PH, lo que les da ms prestigio en el mercado inmobiliario. LAS ESQUINAS Hasta aqu hemos visto cmo se fue armando esta vivienda en terrenos ubicados en algo ms del tercio central de la cuadra. Pero a medida que nos vamos acercando a las esquinas, las parcelas se acortan y la casa, sin perder para nada su configuracin general, se va cerrando un poco sobre s misma. Es ms corta, de un solo patio, sin fondo. En otras palabras, casi como uno de los departamentos de las de mitad de cuadra, pero ms holgada y a la calle. Es que en esas parcelas, los 8.66 metros no limitan nada. Siempre hay alguna vara de ms y, sobre todo, en ellas todo es frente. Al chorizo original se le hizo un tajo al medio y se lo dobl en ngulo recto, como si se lo acomodara en un costado de la parrilla cuando queda poco sitio. Al igual que las casas linderas, se la acurruc alrededor del patio, centro circulatorio de la unidad, y del que slo el bao y la cocina dependern de l para ventilar e iluminar, porque el resto de las habitaciones, aunque tambin dieran al patio, tenan sus buenas ventanas al frente. Lo ms comn es que tengan la entrada por la ochava, bien al medio de la casa, con el zagun en diagonal, entre la entrada y el patio, separando la vivienda en dos partes bien definidas: a un lado los dormitorios y al otro la sala y, cuando no, el famoso escritorio, todos a la calle y, cerrando el cuadriltero, el bao y la cocina en el ngulo interior del terreno (Figura 10). Pero las esquinas, tanto antes como ahora, fueron muy apetecidas por el comercio, por lo que en esos casos, y dado lo reducido de los solares, era el local el principal elemento del edificio, pasando el sector de vivienda a ser un complemento de ste; como quien dicela casa del almacenero, que bien poda tener entrada por un costado de la casa o compartir esa funcin con la del mismo negocio. {Abundan los ejemplos en que la casi totalidad del lote est dedicada al comercio, mientras que la vivienda pasa a la planta alta (N. del E.)} (Figura 11). INTERIORES Sobre este tema podramos llenar pginas hasta nunca acabar. Es que en ellos se refleja todo el gusto, modo de vida, poder econmico, en fin el status de su dueo. Pero atencin, que nos estamos refiriendo nicamente a detalles, porque por mucho que se hurgue, por dentro prcticamente todas las casas eran casi iguales
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En aquellos tiempos, lo nico que poda hacernos notar que no habamos entrado en la casa del vecino en lugar de la nuestra, era la distribucin de las macetas y las plantas, pues lo dems. Patios de baldosas calcreas, en que la nica variante era el dibujo y colorido, y habitaciones con pisos de listones machimbrados de pinotea sobre tirantes montados en pilares de ladrillos, que formaban un entrepiso que deba estar debidamente ventilado. Esto se lograba por medio de un tubo que, a modo de chimenea, se iba dejando en cada ambiente al levantar la mampostera, y que se remataban con esos clsicos sombreretes de terracota que an decoran la mayora de los parapetos y cargas porteas. Sin bien pocos sabe para qu estn esos nidos de pajaritos de barro, ni para que sirven esas rejillas debajo de las ventanas de los frentes, que no son otra cosa que la toma de aire de la mentada ventilacin (Figura 12). En las habitaciones, un listn moldeado con un clasiqusimo pechito de paloma, enlaza perimetralmente los dinteles de las puertas, oficiando de disimulador tapajunta entre el revoque de cal fina, que llega hasta l, para dar lugar al de yeso, que se contina hasta confundirse con el cielorraso que, cuando mucho, es enmarcado con un sencillo cornisn, pero al que raramente le faltaba un glamoroso y variado florn central del que pendan las araas. Una docena de hiladas de azulejos de 20 X 20 cm, invariablemente blancos y de colocacin trabada, daban a baos y cocinas suficiente aspecto de pulcritud e higiene. Pero las diferencias, sutiles muchas veces, pero diferencias al fin, las encontraremos en los locales de recepcin: vestbulo y zagun. Por ser los ambientes ms ligados con la calle, les caba la responsabilidad de dar la primera impresin, de modo que, cuanto ms rumbososmejor. Comencemos por el embaldosado, generalmente comn en ambos, que, adems de ser de superior calidad que el del patio, requera un mantenimiento ms prolijo y meticuloso. Sin embargo, el verdadero lujo, en algunos casos rayano con la ostentacin, era: en el zagun, el revestimiento de los muros, y en el vestbulo, la mampara (Figura 13). En el zagun, la decoracin se basaba en la manera de proteger sus muros que, en definitiva, no eran ms que dos, pues los otros los ocupaban la puerta de calle y la cancel. Lugar de paso, estacionamiento, apoyo, en fin, roce, se haca merecedor de un revestimiento cuya variabilidad poda ir desde el sencillo pero fuerte alisado de cemento pintado hasta un elaborado friso de mrmol de Carrara, pasando por una abundante oferta de azulejos y maylicas inglesas o belgas (Figura 14). El vestbulo, como se ha dicho, basaba su calidad en la mampara, ventanal de herrera que lo cerraba por el lado del patio a modo de pared vidriada. Justamente es en el acristalado donde encontraremos la diversidad, que podr ir desde los simples vidrios martel, hasta el ms artstico vitral, con un intermedio de vidrios de colores. Y podemos agregar algo ms Situada justamente entre ellos, la puerta cancel, a pesar de no tener nada extraordinario con respecto a las dems, en algunos casos era poseedora de un detalle que, desde cierto punto de vista, daba a la casa un innegable hlito de distincin: el esmerilado de sus vidrios; simple detalle, que poda ser una sencilla guarda hasta un artstico y refinado monograma con las iniciales de la familia (Figura 15). FRENTES Y ESTILOS Real escaparate demostrativo del valor de la casa, serva a su vez de atril para la demostracin de las habilidades de aquellos annimos artistas que fueron nuestros frentistas. Pero sobre este tema hay tanto para hablar que, de explayarnos en l,
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terminaramos por redactar un pequeo tratado de Arquitectura Popular (aunque no faltar quin la llame Arquitectura Barata). Y no lo decimos con intenciones de menospreciar nada ni a nadie. Es muy probable que ver arquitectura en nuestra humilde casa chorizo, sea para muchos bastardear el trmino. Personalmente creo que no, pues como bien dice el refrn: todo depende del color del cristal con que se mira. Por ejemplo, qu es ms ordinario y kitsch?: el gato negro de porcelana china del tejado de un palacete de Los Troncos o el enanito de cemento en el patio de Doa Asunta en Villa Luro? No podramos decir que ambos son simpticos? Creo que realmente lo son, pues representan expresiones de imaginera popular, cada uno adaptado a su respectivo nivel, como lo era poner en el frente el ao de construccin, o un candoroso VILLA ANGELA en homenaje a la patrona (Figura 16). Algo de esto ocurri con los frentes de las casas. Todos los estilos que estuvieron de moda se aplicaron, o mejor dicho, se adaptaron a nuestra casa, al punto de que no se hace necesaria enumeracin alguna, pues las encontraremos de todo tipo. Sin embargo, siempre tendrn algn detalle que denotar la poca en que fue construida, la capacidad econmica de su dueo y hasta su nacionalidad, cuando no su profesin. Ms que hablar de frentes, prefiero usar su sinnimo fachada, que es ms directo y real. La fachada es la cara (faz) de la casa y, por ende, la de los que la habitan. Y su estado de conservacin, arreglo, adornos, en otras palabras, el maquillaje exterior, hablar de lo que contiene dentro de s (Figura 17). Comencemos por la fachada ms sencilla, la tapia: una simple y comn tapia de cierre del jardn del frente con respecto a la calle. Es, sin lugar a dudas, el summum de la sencillez; no ms que una pared ciega y el vano de la puerta de entrada. Pero an en este sobrio frontispicio podr encontrarse algn detalle que amenge su austeridad monacal, pues al menos no habr de faltarle una muy prolija cornisa que, a veces, se comba a la altura del dintel de la puerta como celebrando el nico elemento que posee. En otras, el largo pao del muro llega al piso y descansa sobre un zcalo, que acaba en una mnima pero bien terminada moldura, cuando no dividido en paos enmarcados por leves pilastras, que marcan un ritmo que remata en un finale con fuoco en derredor de la puerta. La gente de esta casa adora la privacidad, y la tapia se la brinda. Bien puede Doa Dolores baldear el patio descalza y en enaguas, pues ese espacio interior es suyo. Muy distinto es el caso en que la tapia es un simple parapeto bajo, coronado por una verja. Aqu todo est a la vista: jardn, patio y hasta la vida casera. Por supuesto que los habitantes del caso anterior no se sentiran muy cmodos en ella, donde, en cambio, estar a sus anchas una familia exhibicionista, luciendo el juego de sillones del patio, la azalea ms florida de la cuadra, el limonero ms cargado que el de la de enfrente (Figura 18-19). Ntese todo lo que dio para hablar el simple hecho de si la casa tiene tapia o no. Es fcil estimar cunto queda por delante si tratamos las fachadas. Nos limitaremos a mencionar algunas particularidades: las casas son muy parecidas o, para decirlo de otro modo, iguales pero con diferentes molduras. El frentista reciba un pao de 8.66 m por ms o menos 5 m de alto, cuyas nicas variantes eran la ubicacin de los vanos, es decir: puerta a un lado o puerta al medio; ventanas o puerta-vidriera del local; planta baja sola o preparada para altos, y con eso deba arreglrselas para ejercitar su arte. Haba varios elementos que influiran en el resultado final: tendra que trabajar en conjunto con el constructor, cumplimentar el gusto del propietario y, sobre todo, un mandato de la seora que a veces fue: Mirecomo esa de la otra cuadra, sabe? Pero ms linda.
Libro: HABITAR BUENOS AIRES; Las manzanas, los lotes y las casas Compilador: Arq. Juan Manuel Borthagaray
El frentista, la mayora de las veces italiano, empezaba su tarea desde el inicio, esto es, desde la ejecucin de la pared, ya que a las pilastras, almohadillados, cortes de piedra, cornisas, arcos y enmarcados, deba el constructor irles dando volumen con la misma mampostera, insinuando el resultado final. Como testimonio de esto, quedan infinidad de casas preparadas para revocarlas algn da, especialmente en los pueblos de provincia. A los elementos que hemos venido detallando, el Artista Mayor, el frentista, habr que sumar los brindados por el corraln de molduras decorativas. Tras el recubrimiento del premoldeado frontispicio de ladrillos crudos, comenzar a desarrollar su arte distribuyendo modillones, instalando bajo los futuros balcones fortsimas pero falsas mnsulas de postn, y colocando aqu y all delicadsimas guirnaldas florales o medallones con la misma cara moldeada que las del resto del barrio, por no decir de la ciudad. La cabeza de un caballo indicar el portal de un corraln, as como la de una vaca lo har con una carnicera. Fue un verdadero mago en el uso del fratacho (o frats, para ser ms correctos) (Figura 20). Viendo los trabajos de estos artesanos, an los ms sencillos, da vergenza observar las terminaciones de hoy da, por muy pretenciosa que sea la obra. Perfectos cortes en ese revoque de Piedra Pars, que magistralmente manejaba: slo con cucharn y dedo gordo era capaz de hacer un violn con una corona de laureles en derredor, para indicar que all habr un conservatorio, as como una guirnalda de flores a cada lado de la clave del arco de una ventana, y todo con la gracia y prolijidad propia de un escultor. Cultivaron todos los estilos. All estn nuestras calles, llenas de neoclsicos, barrocos de barrio o afrancesados frentes, que se mezclan con los prolijamente martelinados, con cantos vivos en los dibujos, de los tiempos del art-dec (Figura 21). Ellos ya no estn, pero sus frentes s. Creo que esta nueva moda (2007) de pintarlos en tonos y contratonos est destacando el trabajo aquellos maestros, en una especie de tcito homenaje. Aunque resulta herejia aplicar textura sobre la calidad de aquellos revoques (Figura 22).
CARPINTERA Y HERRERA Antes de continuar con el relleno decorativo, vamos a dedicar unas palabras a los elementos de carpintera utilizados. En las piezas, las puertas exteriores (al patio) cubran el casi invariable vano de 1.20 m por 3 m 3.20 m, segn los casos, con dos hojas de 55 cm por 2.50 m, rematadas por sobre el montante que les oficiaba de dintel, por esa clsica hoja volcable para ventilacin, que fue la banderola. Salvo su parte inferior, de bastidor y tablero a la francesa, el resto de las hojas era totalmente vidriado, dividido en paos o en palitos. Y para oscurecer?... Pues podan ser postigos interiores de madera o, en el mejor de los casos, persianas. stas eran de madera, de hierro o, si el presupuesto no daba para tanto, la tradicional cortina de juncos arrollable, con vuelta y media de pioln chanchero, atado a un clavo puesto en el marco, para regular su altura. De una hoja, pero similares y algo ms bajas, eran las del bao y la cocina, con vidrios ingleses martel las primeras, y transparentes las segundas. Las hojas de las puertas interiores, de habitacin a habitacin, eran macizas, de bastidor y tableros, de 70 cm de ancho, con la misma altura que las exteriores. Los marcos de las exteriores eran macizos y generalmente de incienso. Las interiores los tenan de tipo cajn, terminados con elaborados contramarcos de 4 pulgadas, que en todas las casas tenan la misma moldura.
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Y esto es todo. Tablero ms, tablero menos, en cuanta casa de barrio de este tipo entremos, encontraremos las mismas cosas. En suma, que lo estandar lleva rato de inventado. Y para los frentes? Aqu la cosa ya era distinta. La puerta de calle, si bien tena las mismas dimensiones y responda a idntico diseo general que las de los patios (dos hojas y banderola), en su decorado ofreca un surtido mucho ms amplio. Las haba de bastidor y tableros lisos, pero tambin moldurados y, hasta en algunos casos, talladas. Podan ser ciegas o con postigos vidriados, protegidos por rejitas de los ms diversos modelos, que oficiaban de mirilla. Otro detalle importante eran los herrajes, con sus diferentes tipos de manijas, bocallaves, pomos, buzones y otros accesorios que intentaban hacerlas ms o menos pomposas. La puerta de calle era la encargada de dar la primera impresin de la casa y, como sentencia el refrn, la primera impresin es la que vale. Sin embargo, todo esto luca por el lado de afuera, porque por dentro (como puede comprobarse fcilmente) todas son completamente iguales y sencillas. Pero a estas puertas de calle de cedro, y alguna vez de roble, les surgi una competencia que ofreci una inimaginable variedad de modelos: las de fierro, fruto de la labor e imaginacin de aquellos maestros artesanos que fueron nuestros herreros de obra, cuyos talleres, no por nada y con justicia, lucan en sus carteles el nombre de Herrera Artstica (Figura 23). Si, como dice otro refrn, En la variedad est el gusto, aqu la haba en abundancia. Desde los rizos, contrarrizos y volutas del rococ, a los estilizados y airosos lazos del artnouveau, o las figuras geomtricas del art-dec, se complementaban en gracioso contrapunto con las barandas de los balcones que, a su vez, se sumaban a la composicin de la fachada. Me atrevo a aconsejar algo a los lectores: echen a andar por cualquier calle de barrio y detnganse a mirar estos trabajos. Creo que me darn la razn (Figura 24). Hubo algo ms que estuvo en manos de estos herreros: las verjas de los jardines; desde las ms simples, de barrotes de hierro redondo, cuando mucho rematados con una punta de lanza; hasta las de complicados lazos, entrecruzados entre s y con los de la puerta, en armonioso conjunto (Figura 25-26). Si bien todo esto surga de la imaginacin y creatividad de las manos de artesanos de la fragua y el martillo, hubo algunos tipos que, por su destino especfico, llegaron a una estandardizacin tal, que dos o tres modelos bastaron para satisfacer la casi totalidad de las demandas de la plaza. Nos estamos refiriendo a las carpinteras exteriores para locales de comercio. Uno de ellos (puerta al medio con vidrieras a los lados) fue tan lgico y sencillo que lleg a la vulgaridad, al punto que, por los barrios, an resulta raro no toparse con alguno a cada rato. Tal popularidad se justifica por lo acertado del diseo de una cosa tan comn, pero sumamente prctica y funcional. Veamos: de cinco metros de ancho, caba perfectamente tanto en las ochavas como en un frente de 10 varas, descontndole el zagun. Podan tener, si el local era de suficiente altura, una banderola corrida de punta a punta por encima del chapn, tras del cual se ubicaba la clsica cortina de enrollar de chapa ondulada, ofreciendo as ventilacin e iluminacin adicional. De haber stano (y generalmente lo haba), el alfeizar de las vidrieras se haca de paos vidriados y enrejados, sirvindole de aventanamiento a modo de claraboya, que quedaba conformada por el piso de la vidriera, como un techo. En suma: til, estndar y prctico. {Fueron producidos por los Establecimientos Metalrgicos Vasena, como lo atestigua una plaquita que an hoy ostentan muchos (N. del E.)}
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UN NUEVO HABITANTE A la familia, el perro, el gato, los canarios y las gallinas, hacia fines de la dcada del 20 se sumar un nuevo habitante. No es animado sino mecnico: el automvil. En un principio fue un elemento de lujo, slo al alcance de la clase alta, que comenz a adoptarlo en reemplazo de las berlinas o el land. Su produccin en cadena inund el mercado mundial, y no fuimos la excepcin. Poco a poco la clase media se fue haciendo de l y, como era de esperar, hubo que hacerle lugar en la casa. Pero la cosa no fue complicada; al contrario, bastante sencilla. Se tom un sector del jardn (generalmente el que enfrentaba al patio, del otro lado de la sala) para el nuevo ambiente: el garaje. En el caso de la casa al frente, la solucin tambin fue simple, pues sacrificando el bendito escritorio se tena el lugar casi justo para el auto. Es ms, dada la altura de las habitaciones (4 metros casi siempre) y la poca necesaria para el garaje (2 metros a lo sumo), se logr recuperar ese ambiente, reconstruyndolo por encima del garaje con el espacio restante, a los que se sumaban los uno o dos escalones del zagun. Se llegaba a l desde el vestbulo, por una escalera generalmente de madera y pintona, que se sumaba a la decoracin de ste. Con ventana al frente, esa habitacin petisa pero larga, era la ideal para los hijos varones o el casi infaltable to soltero (Figura 27). Como vemos, la incorporacin del guardacoche no modific para nada ni la planta ni el modo de vivir de nuestra casa que, con todas sus variantes, sigui siendo la misma. El que s sinti la modificacin fue, lgicamente, el frente, que de puerta tirando al medio, con ventana grande y ventana chica a cada lado, qued conformado del siguiente modo: el portn del garaje con ventanita de barandilla arriba, la puerta de calle y, rematando el otro lado, la ventana grande de la sala. Naci as otro clsico, repetido hasta el cansancio y en todos los estilos, pero de idntico partido (Figura 28). LA GUERRA Y EL MODERNISMO Hacia finales de los aos 30, y sobre todo desde los 40 en adelante, las cosas cambiaron por un nuevo concepto del proyecto. Fue MI RANCHITO, una revista publicada por Editorial Construcciones, la encargada de la difusin y expansin de un nuevo tipo domstico. Todos los meses ofreca proyectos del ms puro y moderno estilo americano, alternados con coquetsimos chalets californianos. Pero, por mucha creatividad que intentaran aparentar aquellos proyectos, a la larga eran cortados todos por la misma tijera y, como en la tradicional casa chorizo, la variacin se fundaba nicamente en el frente. Esta nueva concepcin tuvo un xito tal que todo empez a hacerse sobre ella. Su auge fue merecido, puesto que, adems de sencilla y perfectamente adaptada al lote de diez varas, result tan funcional como la anterior, al tiempo que correctora de algunos de sus defectos. Como atando aquel chorizo por los puntas, se la cerr sobre s misma, inaugurando el reino de los dos dormitorios con bao al medio, contra uno de sus lados, perpendiculares al frente, y comunicados por un paso al comedor y cocina, con lo que se pudo circular por toda ella sin salir al patio o tener que andar de habitacin en habitacin. Y fue el nuevo clsico de la construccin, a tal punto que se la adopt para desarrollar planes de vivienda del Banco Hipotecario Nacional, que alcanzaron a todo el pas (Figura 29). As naci la casa moderna, que recibi, como lo adelantamos, el apodo de americana. La moda se prolong hasta en la nomenclatura de los ambientes. La
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galera de la puerta de calle pas a ser el porch; el cmodo y seorial vestbulo de la casa chorizo qued reducido a un retacito tras la puerta, de poco ms de un metro cuadrado, rebautizado hall, y luego llamado, con ms propiedad, jolcito . Un favorecido fue el viejo comedor, que pas a ser el living que, aunque ms amontonado, continuaba acomodando el mismo mobiliario de la casa vieja, pero con cortinados de voile y bands de cretona (bien floreada, como para conservar la costumbre). Los que salieron ganando fueron los dormitorios, a los que se les introdujo el placard, prctico y cmodo elemento que aboli definitivamente el ropero. En cuanto a la cocina, continu siendo el lugar de reunin y vida de la casa. Nunca ms se le dio dimensiones reducidas y, en muchos casos, fue adosada y separada a la vez por una arcada con el comedor diario, que insisti en continuar con su nombre espaol, a pesar del vano intento de llamarlo breakfast . A pesar de los cambios en la nomenclatura, hubo cosas que no murieron: el jardincito al frente (con el perenne limonero y si es posible de los de 4 estaciones), el metro veinte de pasillo sobre la otra medianera, con su doble misin de permitir entrar por la cocina (para no ensuciar el parquet), y para pasar atrs y hacer departamentos cuando el bolsillo lo permitiese. Como antao, el fondo continu albergando al gallinero, el nspero o la higuera y, cuando no, algunos almcigos de verdura. Esta entrada secundaria era en realidad la ms usada, no slo por los habitantes sino por proveedores, vecinos y visitas de confianza, cuyo destino era el ambiente ms casero y acogedor de la casa: la cocina. Es que el chorizo se arroll, pero las costumbres se mantuvieron, especialmente por la segunda inmigracin, la de posguerra. NUEVOS MATERIALES Si bien la renovacin del diseo fue un acontecimiento evolutivo, la utilizacin de nuevos materiales, por el contrario, fue obligatoria. La Segunda Guerra Mundial cort los abastecimientos y aqu quedamos aislados. Entonces hubo que apelar a la industria y al ingenio nacional. Se acabaron los azulejos y se los reemplaz por las chapitas granticas, baldositas finas de 15 X 15 cm, que ya venan pulidas a plomo, colocadas al hilo y con junta abierta para disimular lo desparejo. Poco despus, en Hurlingham, una cristalera lanz al mercado los azulejos de opalina -el vicri- y fueron un xito que dur bastantes aos, con variedad de colores y de un nuevo tamao, el de 15 X 30 cm. Hasta que apareci la cermica San Lorenzo y arre con todo, casi hasta hoy da. Con los pisos ocurri otro tanto. El enlistonado de pinotea desapareci y hubo que recurrir al caldn, la retorcida pero dura madera pampeana que se adapt perfectamente como parquet, a pesar de la contrariedad de las amas de casa, porque se les oscureca. Ms tarde, el eucalipto lo reemplaz. Vigente como siempre, continu el mosaico grantico, con Verde Alpe para el bao, y Chiampo o Napolen para el patio y champurreado para la cocina (se nota menos la suciedad), Las puertas nido de abeja reemplazaron a las macizas y de tableros, y los marcos unificados de hierro a los de madera. Esto ya es parte de la historia. Lo que se intent fue relatar cmo esa casa, nuestra humilde casa chorizo, se fue adaptando, sin perder su espritu esencial, a los tiempos, necesidades y economa de aquel esperanzado habitante que vino en busca de progreso y bienestar, y lo fue logrando con su esfuerzo y mentalidad siempre puesta en el futuro. Sin duda, otros tiempos y una cultura distinta a la de hoy, en la que lo primordial es el auto, los electrodomsticos y el celular.
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Figura 3: Casa de tapia, sin galera, se circulaba de pieza en pieza por q te mojabas por el pasillo, se ve el parral la cornisa y el arquitrabe.
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Figura 5: Ocupacin del jardn, aparece la sala, el escritorio, vestbulo,1ro zagun 2do escritorio 3ro vestbulo.
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Figura 7: 3 ventanas en la misma sala, Medalln para tapar la irregularidad de nivel en dinteles
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Figura 13: Directo hacia el patio, vidrio biselado con el monograma del dueo.
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