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Historia 4to

Desde los años 50, América Latina experimentó inestabilidad política y económica, con gobiernos autoritarios apoyados por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría. La Revolución Argentina de 1966, liderada por Onganía, buscó modernizar el país pero enfrentó creciente oposición, culminando en el Cordobazo de 1969 y la eventual caída de Onganía en 1970. El regreso del peronismo en 1973 trajo consigo divisiones internas y violencia, marcando el inicio de un período de represión y conflictos sociales.

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Historia 4to

Desde los años 50, América Latina experimentó inestabilidad política y económica, con gobiernos autoritarios apoyados por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría. La Revolución Argentina de 1966, liderada por Onganía, buscó modernizar el país pero enfrentó creciente oposición, culminando en el Cordobazo de 1969 y la eventual caída de Onganía en 1970. El regreso del peronismo en 1973 trajo consigo divisiones internas y violencia, marcando el inicio de un período de represión y conflictos sociales.

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204-205 pág

Dictaduras y movimientos revolucionarios en América Latina

Desde mediados de los años 50, en América Latina hubo gran inestabilidad
por procesos económicos, sociales, políticos y culturales. En el contexto de
la Guerra Fría, los países de la región se alinearon con el bloque occidental
(Estados Unidos), apoyando gobiernos autoritarios.

La búsqueda del desarrollo

En esta época se buscó industrializar la región y modernizar la producción.


Las industrias latinoamericanas dependían de la importación de
maquinarias y combustibles, lo que generaba problemas por la baja de
precios de las materias primas.

Entre 1955 y 1976, muchos gobiernos aplicaron políticas para aumentar la


productividad y atraer inversiones extranjeras, con apoyo de organismos
internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Interamericano de Desarrollo.

La CEPAL

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), creada en 1948,


proponía una industrialización planificada, obras de infraestructura y una
redistribución de la tierra que redujera el poder de los grandes latifundios.

El desarrollismo y la transnacionalización

Las ideas de la CEPAL fueron aplicadas parcialmente. Surgió una corriente


llamada desarrollismo, que buscaba resolver el “subdesarrollo” mediante la
promoción de la industria pesada (siderurgia, petroquímica, maquinaria).

Se instalaron empresas transnacionales, especialmente en Brasil, México y


Argentina, que impulsaron la industria automotriz y petroquímica.

Esto produjo concentración económica: los sectores más dinámicos


(automotriz, electrodomésticos) crecieron, mientras que los tradicionales
(textil, alimentos) quedaron atrás. También aumentaron las desigualdades
regionales entre zonas industriales y rurales.

214-215

El período 1966–1973 en la Argentina


La “Revolución Argentina”

En 1966 las Fuerzas Armadas realizaron el golpe de Estado conocido como


la “Revolución Argentina”, encabezado por el general Carlos Onganía.

La dictadura disolvió el Congreso, prohibió los partidos políticos, intervino


los poderes provinciales y removió la Corte Suprema. Su objetivo era la
“transformación” y “modernización” del país, inspirada en la Doctrina de la
Seguridad Nacional, que defendía los valores del mundo occidental y
cristiano.

El gobierno se apoyó en sectores poderosos como empresarios, sindicatos,


la Iglesia y dirigentes de distintos partidos. Promovía la idea del “bien
común” y la “eficiencia”, pero mantuvo un carácter autoritario y represivo,
con censura sobre la prensa, la vestimenta, el arte y la educación.

La Noche de los Bastones Largos (1966)

Ocurrió el 29 de julio de 1966, cuando la policía desalojó violentamente las


universidades ocupadas en protesta contra la intervención ordenada por
Onganía.

Estudiantes y profesores fueron reprimidos, muchos detenidos, expulsados


o cesanteados, y varios se exiliaron. Este hecho simbolizó la ruptura entre el
régimen militar y el ámbito universitario.

La política económica de Onganía

Las medidas económicas de Onganía retomaban ideas del desarrollismo,


pero con prioridad en la eficiencia y la reducción del poder sindical.

Se aplicaron planes de racionalización, con nuevas normas laborales en el


puerto (que causaron una huelga reprimida) y el cierre de ingenios
azucareros tucumanos considerados ineficientes.

El ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena implementó un plan


que:

●​ Suspendió las negociaciones de convenios colectivos.​

●​ Estableció retenciones a las exportaciones agropecuarias.​


●​ Favoreció la concentración económica en grandes grupos
empresarios, muchos transnacionales.​

Estas medidas generaron fuerte oposición sindical. En 1967 la CGT anunció


un Plan de Acción y el gobierno retiró la personería gremial a varios
sindicatos, mientras negociaba con otros más “colaboradores”.

La división sindical

En 1968 la CGT se dividió:

●​ CGT de los Argentinos (CGTA), dirigida por Raimundo Ongaro, con


apoyo de la izquierda y de Perón al principio. Fue opositora y realizó
actos de protesta hasta ser disuelta y sus dirigentes detenidos.​

●​ CGT de Azopardo, más negociadora, que fue intervenida por el


gobierno para su “normalización”.​

En algunas ciudades del interior, como Córdoba y Rosario, ambas centrales


comenzaron a coordinar acciones contra la dictadura.

El plan de Krieger Vasena

Las retenciones afectaron a los productores agropecuarios, mientras que


otras medidas perjudican a empresarios industriales.

Entre ellas, la baja de aranceles de importación, con la idea de “mejorar la


eficiencia” de la producción local.

Sin embargo, la falta de crédito provocó que muchas empresas pequeñas y


medianas quebraran o redujeran su actividad, generando mayor
concentración económica en manos de grandes grupos empresarios.

Una oposición creciente

Desde 1968 la oposición al gobierno aumentó.

Los asalariados sufrían la pérdida de ingresos, las clases medias estaban


descontentas y Perón, desde el exilio, comenzó a expresar su rechazo al
régimen, junto con Frondizi, políticos radicales, la izquierda, estudiantes y
sindicalistas combativos.
En 1969, las protestas obreras y estudiantiles se unieron en movilizaciones
populares que culminaron con el Cordobazo, en mayo de 1969, marcando
el enfrentamiento abierto con la dictadura de Onganía

218 pág

Fin de Onganía

Después del Cordobazo (1969), la oposición a la dictadura de Juan Carlos


Onganía se extendió rápidamente.

El gobierno intentó recuperar apoyo reemplazando al ministro Krieger


Vasena y reabriendo las negociaciones colectivas, pero las protestas
crecían.

●​ Movimiento obrero: los sectores más combativos rechazaban tanto la


dictadura como a los dirigentes sindicales tradicionales, acusándolos
de burocráticos y cómplices del gobierno.​

●​ Movimiento estudiantil: se opone al autoritarismo y la censura en la


educación.​

●​ Población en general: criticaba la falta de libertades, la baja del nivel


de vida y la idea de que Onganía pretendía perpetuarse en el poder.​

Los altos mandos del Ejército exigieron participar más en las decisiones del
gobierno, pero Onganía se negó.

Finalmente, en junio de 1970, los jefes militares —encabezados por


Alejandro Agustín Lanusse— formaron nuevamente la Junta de
Comandantes, derrocaron a Onganía y lo reemplazaron por el general
Roberto Levingston.

El sindicalismo clasista

Dentro del sindicalismo combativo surgió una corriente llamada clasismo,


formada principalmente por obreros que simpatizaban con la izquierda.

Sostenían que los intereses de los trabajadores eran irreconciliables con los
de los empresarios y el Estado capitalista.
●​ Se destacó en Córdoba, con los sindicatos SITRAC (Fiat Concord) y
SITRAM (Materfer).​

●​ Entre sus líderes estaban Carlos Masera, Florencio Díaz, Gregorio


Flores y José Páez.​

●​ En mayo de 1970, estos sindicatos adoptaron una dirección clasista y


promovieron el clasismo como un movimiento nacional.​

●​ En octubre de 1971, el gobierno disolvió ambos sindicatos y ocupó las


fábricas con militares.


Las organizaciones armadas

La creciente protesta social se combinó con el surgimiento de grupos


guerrilleros que buscaban enfrentar al régimen mediante la lucha armada.

Inspirados en la Revolución Cubana, realizaron secuestros, atentados,


asaltos y ataques militares.

Principales grupos:

●​ FAL (Fuerzas Argentinas de Liberación): de orientación marxista.​

●​ FAP (Fuerzas Armadas Peronistas): vinculadas al peronismo.​

●​ FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias): inicialmente comunistas,


luego cercanas al peronismo.​

●​ ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo): de tendencia guevarista.​

●​ Montoneros: formados por jóvenes católicos que se acercaron al


peronismo.​

El hecho más impactante fue el secuestro y asesinato del general Pedro


Eugenio Aramburu en mayo de 1970, llevado a cabo por Montoneros.

El descubrimiento de su cuerpo un mes después aceleró la caída de


Onganía.

Gobierno de Levingston (1970-1971)


El gobierno de Roberto Marcelo Levingston intentó introducir cambios
dentro de la Revolución Argentina.

En el plano económico, su ministro Aldo Ferrer aplicó medidas


proteccionistas para favorecer a la industria nacional, elevando los
aranceles de importación y limitando los beneficios de las empresas
transnacionales.

En el ámbito político, todas las decisiones importantes debían ser


consultadas con la Junta de Comandantes, aunque Levingston buscó
mayor poder de decisión, lo que generó fricciones con los jefes militares.

Además, se anuló la disolución de los partidos políticos dispuesta en 1966.

Mientras tanto, distintos dirigentes formaron la Hora del Pueblo, una


alianza de partidos que exigía el fin del régimen militar y la convocatoria a
elecciones.

Frente al crecimiento de las protestas obreras y populares, la Junta de


Comandantes decidió destituir a Levingston el 23 de marzo de 1971,
reemplazándolo por el general Alejandro Agustín Lanusse

Lanusse y el Gran Acuerdo Nacional (GAN) (1971-1973)

El gobierno de Lanusse buscó una “salida institucional” para finalizar la


Revolución Argentina y frenar la inestabilidad política y la protesta social.

Su principal iniciativa fue el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que pretendía


alcanzar un consenso con las principales fuerzas políticas antes de
convocar a elecciones.

El GAN tenía como objetivo condicionar al futuro gobierno constitucional


para mantener el “orden” social.

Algunos asesores de Lanusse propusieron incluso una fórmula presidencial


única, apoyada por todos los partidos.

El gobierno abrió negociaciones con Perón, reconociendo que era


imposible una salida estable sin el peronismo.

Entre las medidas tomadas estuvieron:

●​ El fin de las causas judiciales contra Perón.​


●​ La restitución de su grado militar.​

●​ La devolución del cuerpo de Eva Perón.​

Gracias a estos acuerdos, Perón regresó al país en noviembre de 1972, tras


17 años de exilio.

Sin embargo, aunque apoyó el llamado a elecciones, denunció el GAN


como un plan continuista del régimen militar, acusando a los altos mandos
de formar un “partido militar”.

Durante el gobierno de Lanusse, también se acentuó la represión contra


las organizaciones armadas.

Finalmente, sin lograr el acuerdo previsto, en 1972 se dispuso una reforma


constitucional que estableció:

●​ Elección directa del presidente y vicepresidente.​

●​ Sistema de segunda vuelta.​

●​ Mandato presidencial de cuatro años.​

Así, se preparó el camino para las elecciones de 1973, que marcaron el fin
de la dictadura militar iniciada en 1966

Los cambios culturales del período

Desde fines de la década de 1950 se produjeron profundos cambios


culturales que también impactaron en Argentina, influenciados por la
situación política y social del país. La apertura a las inversiones extranjeras
favoreció la entrada de modas y costumbres del exterior, especialmente de
Estados Unidos y Europa, mientras que la represión militar censuró
aquellas expresiones consideradas “subversivas” o contrarias a los valores
tradicionales.

Durante los años sesenta surgió con fuerza la juventud como un nuevo
actor social, cultural y político. Esta generación, hija de la posguerra, se
mostró rebelde frente a las normas de sus mayores y expresó su
inconformismo de distintas maneras: desde el pacifismo hippie con su
lema “hagamos el amor y no la guerra”, hasta la militancia política
inspirada en movimientos revolucionarios y en figuras como el Che
Guevara.

Hubo también cambios en los aspectos y gustos: se dio una liberación


sexual, el auge del feminismo y una revalorización de otras culturas, junto
con nuevas pautas de consumo que apuntaban especialmente a los
jóvenes. Se impusieron el uso de jeans, zapatillas, la música pop, beat y
rock, y la proliferación de snack-bars.

La música se convirtió en un símbolo generacional. Por un lado, estaban


los artistas comerciales, como Sandro, Palito Ortega y el Club del Clan,
promovidos por los medios masivos. Por otro, surgió una corriente
progresiva, que dio origen al rock nacional, consolidándose como una de
las expresiones culturales más importantes de la juventud argentina en la
década siguiente.

Moralidad

Durante los gobiernos militares, muchas costumbres juveniles


provenientes de Estados Unidos y Europa fueron consideradas contrarias a
la moral y las buenas costumbres. El pelo largo en los varones, las polleras
cortas, o el uso de vaqueros y zapatillas eran vistos como una falta de
respeto, y muchos jóvenes fueron detenidos por su apariencia.

También hubo censura en el cine, el teatro y la música. El Ente Calificador


imponía cortes o prohibiciones, como la de la ópera Bomarzo en 1967 por
considerarla “obscena”.

A pesar del control estatal, la década fue un boom de la lectura, con gran
difusión de libros y autores latinoamericanos como Cortázar o García
Márquez. Aunque no había censura previa en los medios escritos, el
gobierno aplicaba medidas de control y clausura, como el cierre de la
revista humorística Tía Vicenta en 1966 por caricaturizar a Onganía.

El regreso del peronismo (1973-1976)

En las elecciones del 11 de marzo de 1973, triunfó el Frente Justicialista de


Liberación, que llevó a la presidencia a Héctor Cámpora. Para gran parte de
la población, este regreso del peronismo representaba la posibilidad de
lograr un gobierno con respaldo popular y capaz de traer estabilidad, pero
los conflictos internos y sociales se profundizaron.

El breve gobierno de Cámpora


Cámpora asumió el 25 de mayo de 1973, con el lema “Cámpora al gobierno,
Perón al poder”. Su gobierno mostró divisiones dentro del peronismo: el ala
ortodoxa, ligada a José López Rega y los sectores de derecha, y la
tendencia revolucionaria, formada por Montoneros y grupos juveniles de
izquierda.

La lucha por el poder entre ambos sectores debilitó al gobierno. Durante el


regreso definitivo de Perón, ocurrió la masacre de Ezeiza, donde se
enfrentaron violentamente las dos facciones del movimiento. Poco
después, Perón apoyó al sector ortodoxo, y Cámpora y su vicepresidente
Solano Lima renunciaron. Fue reemplazado por Raúl Lastiri, yerno de
López Rega.

La tercera presidencia de Perón

Lastiri convocó a nuevas elecciones, en las que triunfó Perón, acompañado


por su esposa Isabel Perón, el 23 de septiembre de 1973, con el 62% de los
votos.

Aunque Perón buscaba pacificar el país, los enfrentamientos aumentaron.


Dos días después de las elecciones, un grupo de izquierda asesinó al
sindicalista José Ignacio Rucci, y el ERP reanudó sus ataques. El gobierno
respondió con represión legal e ilegal, modificando el Código Penal y
creando la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), una fuerza
parapolicial que perseguía a militantes de izquierda. Además, se desplazó a
varios gobernadores cercanos a la tendencia revolucionaria.

La masacre de Ezeiza

El 20 de junio de 1973, en el regreso definitivo de Perón, más de un millón


de personas se concentraron en Ezeiza. El acto, organizado por los sectores
ortodoxos, terminó en un tiroteo cuando se disparó contra manifestantes
de la izquierda peronista. El enfrentamiento dejó alrededor de cien
muertos y más de trescientos heridos, mostrando la fuerte división dentro
del movimiento justicialista.

El Pacto Social y su crisis – Los últimos días de Perón

Durante el gobierno peronista, la situación económica y social era muy


difícil. Para estabilizar la economía, el Frente Justicialista de Liberación
(FREJULI) propuso un Pacto Social entre el Estado, los empresarios y el
movimiento obrero, con el objetivo de controlar los precios y salarios,
aumentar la producción y las exportaciones, y atraer inversiones
extranjeras. El acuerdo fue firmado en junio de 1973 por el gobierno de
Cámpora, la CGT y la CGE, y se mantuvo bajo el gobierno de Perón.

Sin embargo, la crisis del petróleo y la recesión mundial provocaron el


fracaso del Pacto Social. Los empresarios comenzaron a desabastecer el
mercado interno y a vender a precios no autorizados, mientras los
trabajadores reclamaban por el congelamiento salarial. Esto fortaleció al
sindicalismo combativo, enfrentado con la dirigencia ortodoxa y con el
gobierno, que respondió con métodos violentos.

El 1 de mayo de 1974, durante un acto en Plaza de Mayo, se hizo evidente la


ruptura dentro del peronismo: los grupos de la tendencia revolucionaria
interrumpieron el discurso de Perón, quien los llamó “imberbes” e
“infiltrados”, marcando una separación definitiva con la izquierda peronista.

Ante el fracaso económico y la creciente división política, Perón realizó su


último discurso el 12 de junio de 1974, llamando a la unidad nacional y
acusando de “saboteadores” a sectores empresarios, sindicales y políticos.
En ese acto afirmó que su único heredero era el pueblo.

El 1 de julio de 1974, Juan Domingo Perón falleció, generando una profunda


conmoción popular. Su muerte dejó al país sin un liderazgo fuerte, lo que
aumentó el temor a una crisis política y social aún mayor.

El gobierno de Isabel Perón (1974-1976)

Tras la muerte de Perón, su esposa María Estela Martínez de Perón (Isabel)


asumió la presidencia. Al principio contó con el apoyo de partidos políticos,
sindicatos, empresarios y las Fuerzas Armadas, pero ese respaldo se fue
debilitando a medida que la crisis económica y social empeoraba.

El gobierno, influido por José López Rega, reforzó la represión contra la


izquierda y el sindicalismo combativo. Los Montoneros pasaron a la
clandestinidad y la Triple A comenzó una ola de amenazas y asesinatos. En
noviembre de 1974, se declaró el estado de sitio y se impuso censura a los
medios.

Los sindicatos, molestos por la pérdida del poder adquisitivo, exigían


aumentos salariales y la renegociación de convenios colectivos, pero el
gobierno mantuvo el congelamiento del Pacto Social hasta 1975.
El “Rodrigazo”

En junio de 1975, el ministro de Economía Celestino Rodrigo implementó


un fuerte ajuste económico: devaluación del peso y aumento de tarifas y
combustibles. Esto provocó una gran caída en los ingresos y descontento
generalizado.

El movimiento obrero respondió con huelgas y protestas, y la CGT convocó


a una huelga general, la primera contra un gobierno peronista. La presión
social llevó a la renuncia de Rodrigo y López Rega. La presidenta pidió
licencia en septiembre, y Ítalo Luder asumió provisoriamente, aunque
Isabel retomó el poder en octubre.

El papel de las Fuerzas Armadas

En febrero de 1975, Isabel firmó el decreto 261/75, que ordenaba al Ejército


“aniquilar el accionar subversivo” en Tucumán, dando inicio al Operativo
Independencia contra el ERP. El Ejército aplicó métodos represivos como
tortura y desapariciones, extendidos luego a todo el país por decretos
firmados por Luder. Ese mismo año comenzó el Plan Cóndor, una
coordinación represiva entre dictaduras del Cono Sur.

El golpe de Estado de 1976

La crisis económica, la violencia política y la pérdida de apoyo dejaron al


gobierno muy debilitado. A fines de 1975, un intento de golpe de la Fuerza
Aérea fue sofocado, mientras el ERP atacó un cuartel en Monte Chingolo,
con decenas de muertos.

El jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, advirtió en diciembre que el país
debía “corregir el rumbo”. Aunque Isabel intentó adelantar las elecciones,
ya era demasiado tarde.

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel Perón e


instauraron una dictadura militar, conocida como el Proceso de
Reorganización Nacional.

América Latina a la sombra del autoritarismo

Durante la década de 1970, gran parte de los países latinoamericanos


fueron gobernados por dictaduras militares que buscaban transformar
profundamente la política y la economía. Estos gobiernos autoritarios
impusieron un orden social basado en la represión, la censura y la
eliminación de la participación ciudadana.

Los Estados burocrático-autoritarios

El investigador argentino Guillermo O’Donnell denominó a estos


regímenes como Estados burocrático-autoritarios. Su objetivo principal era
restablecer el orden eliminando la actividad política popular y excluyendo
a los sectores obreros.

En el ámbito económico, promovieron la vinculación con empresas


transnacionales y organismos internacionales de crédito. El poder se
concentró en las Fuerzas Armadas y en las grandes corporaciones,
mientras se suprimían las instituciones democráticas y los derechos
políticos de la población.

El terrorismo de Estado

Las dictaduras justificaban su violencia diciendo que la nación estaba


“enferma” y que ellas debían “curarla”. De esta manera impusieron el
terrorismo de Estado, utilizando secuestros, torturas, asesinatos y
desapariciones para eliminar a los opositores e infundir miedo.

Además, los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y


Brasil coordinaron su represión mediante el Plan Cóndor, un acuerdo que
permitía perseguir y eliminar enemigos políticos en toda la región.

Políticas económicas neoliberales

Los militares y sus aliados civiles impulsaron políticas neoliberales,


contrarias al modelo desarrollista anterior. Promovieron una apertura
económica que redujo los aranceles a la importación, permitiendo el
ingreso masivo de productos extranjeros.

Esto provocó la desindustrialización, el cierre de fábricas nacionales y el


aumento del desempleo. Solo los grupos económicos más poderosos y las
empresas transnacionales se beneficiaron, mientras la mayoría de la
población sufrió la pérdida del poder adquisitivo y el encarecimiento de los
productos básicos.

El endeudamiento externo
Como parte de estas políticas, los gobiernos latinoamericanos tomaron
grandes préstamos internacionales del FMI, el Banco Mundial y el BID, lo
que provocó un fuerte aumento de la deuda externa.

Países como Argentina, Brasil, México, Venezuela y Chile se endeudaron


notablemente. Sin embargo, gran parte de esos fondos se destinó al gasto
militar o a empresas privadas, sin generar desarrollo productivo.

Con la crisis del petróleo de 1979, los créditos se encarecieron y los países
comenzaron a tener dificultades para pagar. En 1982, México suspendió los
pagos, lo que dio inicio a la renegociación de la deuda en toda la región.

Consecuencias

Esta etapa dejó una profunda huella en América Latina: represión,


violaciones a los derechos humanos, aumento de la desigualdad social y
economías cada vez más dependientes del capital extranjero.

Primera etapa del “Proceso de Reorganización Nacional”


(1976-1981)

El 24 de marzo de 1976 comenzó en la Argentina la dictadura más larga y


cruel de su historia. Durante la presidencia del general Videla, se puso en
marcha un plan para “reorganizar” la nación. El Estado impuso un régimen
de terror con represión, desapariciones y censura, acompañado por un
modelo económico neoliberal que perjudicó a la industria y a los
trabajadores.

La dictadura militar

Ese día, las Fuerzas Armadas tomaron el poder, ocuparon Buenos Aires y
disolvieron el Congreso. El gobierno pasó a manos de una Junta Militar
integrada por los jefes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

El general Videla asumió como presidente y el brigadier Orlando Agosti y el


almirante Emilio Massera completaron la junta.

La Junta concentró los tres poderes del Estado y reemplazó al Congreso


por una Comisión de Asesoramiento Legislativo. De esta forma, se eliminó
el Estado de derecho y se impuso un régimen autoritario.

El proyecto fundacional
La dictadura se propuso crear una nueva etapa en la historia argentina,
basada en el orden político y económico.

Según el Acta del 24 de marzo, buscaban:

●​ La “restitución de los valores esenciales de la nación”.​

●​ La “tradición nacional” y la “moral cristiana”.​

●​ Eliminar la “subversión”.​

●​ Promover una economía de libre mercado.​

Decían que su meta final era una “democracia republicana, representativa


y federal”, pero en realidad impusieron un gobierno represivo y sin
participación popular.

El disciplinamiento social

Los militares y sus aliados civiles sostenían que la sociedad debía ser
“disciplinada” tras años de desorden. Para eso instauraron un Estado
terrorista, que eliminó derechos civiles, garantías constitucionales y
libertades políticas. Además, censuraron los medios, intervinieron
sindicatos y controlaron las universidades. El objetivo era controlar y
someter a la población mediante el miedo, usando la censura, la
persecución y la violencia.

La sistemática violación de los derechos humanos

El gobierno militar organizó una represión ilegal y planificada.

Se crearon centros clandestinos de detención, donde se practicaban la


tortura, el secuestro y la desaparición de personas.

Las víctimas eran en su mayoría jóvenes, estudiantes, obreros, periodistas,


actores y sacerdotes, acusados de “subversivos”.

El miedo y la delación se instalaron en la vida cotidiana. La propaganda del


régimen difundía la idea de que se estaba librando una “guerra contra el
enemigo interno”.

La cultura del miedo


El régimen impuso una cultura autoritaria, donde se promovía la
obediencia, la familia tradicional y la religión, y se rechazaba todo
pensamiento crítico.

La publicidad y los medios repetían mensajes de control y moral


conservadora, como el lema: “Las clases comienzan en su casa”.

Una sociedad vigilada, represión y resistencias

A partir del golpe de Estado de marzo de 1976, la dictadura impuso


un fuerte control social sobre la población. Se buscó eliminar toda
forma de participación política y limitar la libertad de expresión. Las
fuerzas de seguridad y el Ejército controlaban los barrios, las fábricas,
las escuelas y las universidades. Se realizaron allanamientos,
detenciones ilegales y desapariciones de personas consideradas
enemigas del régimen.

Las universidades fueron intervenidas y se expulsó a docentes y


estudiantes. En las escuelas se impusieron normas estrictas de
disciplina y moral. El objetivo del gobierno militar era construir una
sociedad obediente, vigilada y sin cuestionamientos, donde se
eliminaran las ideas consideradas peligrosas y se impusieran valores
tradicionales.

A pesar del miedo, algunas personas y organizaciones se opusieron a


la dictadura. Surgieron organismos de derechos humanos, como las
Madres de Plaza de Mayo, que denunciaron las desapariciones y
exigieron justicia

La política económica del “Proceso”

Los golpistas de 1976 contaron con el apoyo de los sectores


capitalistas más poderosos del país. Estos grupos coincidían con la
idea de una economía basada en la producción industrial dirigida por
la clase obrera. Para llevar adelante esas “reformas”, el gobierno
designó como ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz,
representante de los grandes empresarios y terratenientes.

Su objetivo era aplicar un programa de liberalismo económico,


eliminando controles estatales y promoviendo la inversión extranjera.
Martínez de Hoz actuó dentro de una lógica autoritaria y neoliberal,
donde el Estado debía tener un papel limitado en la economía.

El plan de Martínez de Hoz

El plan se llamó “Programa de recuperación, saneamiento y


expansión de la economía argentina”. Buscaba controlar la inflación,
liberalizar el comercio exterior y fortalecer el sector financiero.

Para lograrlo, anunció la reducción del gasto público, la privatización


de empresas estatales y la eliminación de regulaciones. También
redujo impuestos a las empresas y creó nuevas contribuciones.

En la industria se aplicó la llamada “apertura económica”, lo que


permitió el ingreso de una gran cantidad de productos importados y
provocó la ruina de muchas industrias nacionales.

A su vez, se eliminaron derechos laborales y se promovió la reforma


financiera, que liberó la circulación de capitales. Esto incentivó la
especulación y el “endeudamiento externo”..

Las críticas al plan económico

Los objetivos de Martínez de Hoz no se cumplieron: la inflación y la


recesión siguieron aumentando, y la producción cayó.

La política económica se centró en la especulación financiera,


generando críticas de sectores empresariales y partidos políticos,
como la Confederación General Económica (CGE) y el Movimiento de
Integración y Desarrollo (MID).

Incluso dentro del propio gobierno militar surgieron diferencias, y en


1978 se comenzó a reconocer que la política económica había
generado aumento del desempleo, reducción salarial y cierre de
empresas.

En 1979, la Iglesia Católica, a través de la Comisión de los 25, también


expresó su preocupación por la situación social y económica.

A fines de ese año, los propios aliados del gobierno comenzaron a


cuestionar el rumbo de Martínez de Hoz.
La crisis financiera de 1980

En 1979 ya había señales del fracaso del plan financiero. Muchas


empresas tomaban créditos a altas tasas de interés y no podían
devolverlos.

A comienzos de 1980, la caída de varias compañías financieras


—como la Compañía Financiera Promosur y el Banco de Intercambio
Regional (BIR)— provocó una crisis financiera que afectó
directamente a los bancos y al público.

El Banco Central tuvo que intervenir para evitar un colapso total.

Se desató una ola de pánico entre los ahorristas, y el gobierno decidió


garantizar los depósitos y hacerse cargo de las deudas privadas.

Esto aumentó aún más la deuda externa y marcó el fracaso definitivo


del modelo económico de Martínez de Hoz.

El mundial 78 y la campaña antiargentina

La dictadura utilizó el Mundial 78 para mejorar su imagen


internacional y ocultar las violaciones a los derechos humanos. El
triunfo de la selección fue usado como propaganda, mostrando una
Argentina unida mientras continuaba la represión. Además, el
gobierno hablaba de una “campaña antiargentina” para negar las
denuncias y mantener el control de la información.

La cuestión del Beagle​


A fines de 1978, la dictadura militar argentina enfrentó un conflicto
limítrofe con Chile por la soberanía sobre las aguas del canal Beagle y
las islas Lennox, Picton y Nueva. La tensión casi llevó a una guerra,
pero la mediación del Vaticano evitó el enfrentamiento bélico. En
1984 se firmó el Tratado de Paz y Amistad, durante el gobierno de
Raúl Alfonsín.

La visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos​


En 1979, el gobierno militar aceptó la visita de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que recibió miles de
denuncias sobre desapariciones y violaciones a los derechos
humanos. La CIDH confirmó las denuncias y generó gran impacto
nacional e internacional.

La crisis del proyecto fundacional​


Desde 1978 comenzaron las disputas dentro de las Fuerzas Armadas.
El general Roberto Viola reemplazó a Videla y buscó una transición
política más moderada, mientras que otros militares, como Suárez
Mason y Díaz Bessone, defendían posiciones más duras. Estas
tensiones internas, junto con el fracaso económico, marcaron el
debilitamiento de la dictadura y la crisis del proyecto cívico-militar.

Segunda etapa del “Proceso de Reorganización Nacional”


(1981-1982)

Entre 1981 y 1982, la dictadura militar atravesó una profunda crisis


política y social. El clima de movilización fue en aumento, y los
presidentes militares ejercieron breves mandatos. En 1982, la derrota
argentina en la Guerra de Malvinas marcó el inicio del fin de la
dictadura y el reclamo por la vuelta de la democracia.

La presidencia de Viola

El 24 de marzo de 1981, Roberto Viola reemplazó a Videla. Nombró


ministro de Economía a Lorenzo Sigaut, quien devaluó la moneda,
provocando inflación, caída del salario y pérdida del poder
adquisitivo. Viola buscó una apertura limitada, permitiendo
actividades políticas y sindicales, aunque seguían las prohibiciones a
huelgas y la censura. Disminuyeron los casos de desapariciones.

La apertura limitada

Durante el gobierno del general Roberto Viola, que asumió en 1981, se


intentó una “apertura limitada” del régimen militar. Este buscaba
mejorar la imagen del gobierno y dar algunos pasos hacia una salida
política controlada, sin abandonar el poder completamente.

Viola representaba al sector de los “blandos”, que proponían un breve


período de ordenamiento y una convergencia cívico-militar para
permitir un retorno condicionado a la democracia. Sin embargo, los
“duros” dentro de las Fuerzas Armadas, como Suárez Mason y Díaz
Bessone, se oponían y pretendían mantener un régimen militar
prolongado.

Estas diferencias internas, sumadas a la crisis económica y al


desgaste del régimen, impidieron que la apertura tuviera éxito y
generaron una fuerte inestabilidad política dentro del gobierno.

El gobierno de Galtieri​
En 1981, tras la salida de Viola, la Junta Militar designó a Leopoldo
Galtieri como presidente, representando al sector más duro de las
Fuerzas Armadas. Intentó recomponer el poder del régimen con una
política económica neoliberal, el apoyo del ministro de Economía
Roberto Alemann, y el acercamiento a Estados Unidos. Sin embargo,
su gobierno enfrentó aislamiento político y social.

La sociedad frente al autoritarismo

Durante el gobierno de Galtieri, aumentó la resistencia al


autoritarismo. La población comenzó a movilizarse con reclamos
sociales y económicos. En marzo de 1982 se realizó una movilización
nacional bajo el lema “Paz, pan y trabajo”, que fue duramente
reprimida.​
También surgieron expresiones de resistencia cultural, como las
publicaciones de Humor, programas radiales críticos y el movimiento
Teatro Abierto, que enfrentó la censura del régimen.

La Guerra de Malvinas

El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas ocuparon las islas Malvinas,


buscando recuperar su soberanía y recuperar apoyo social. Al
principio, gran parte de la población apoyó la guerra. Sin embargo,
Gran Bretaña, con el apoyo de Estados Unidos y la OTAN, respondió
militarmente.

El 14 de junio de 1982, las tropas argentinas se rindieron. La derrota


significó el fin del poder militar, una fuerte crisis política y económica
y la pérdida de legitimidad del régimen. Murieron más de 600
soldados argentinos, y la sociedad enfrentó las consecuencias de la
represión y el dolor por la guerra
Las consecuencias de la derrota

La derrota en Malvinas produjo la mayor crisis del régimen militar. La


población comenzó a exigir el fin de la dictadura y el retorno de la
democracia. Las protestas sociales y políticas se multiplicaron,
marcando el fin del “Proceso de Reorganización Nacional”.

La crisis del proyecto fundacional

En 1978, Videla fue confirmado como presidente hasta 1981, y


comenzó la renovación de la Junta Militar. Surgieron disputas
internas dentro de las Fuerzas Armadas por temas como la política
económica, la cuestión del Beagle y la visita de la CIDH. Los sectores
“duros”, encabezados por Suárez Mason y Díaz Bessone, querían
mantener un régimen militar prolongado, mientras que los
“blandos”, como Viola, buscaban una transición hacia una
democracia condicionada.

El fracaso económico y las diferencias políticas mostraron que el


objetivo militar de fundar un nuevo orden institucional no se había
logrado.

La presidencia de Bignone

Después de la derrota en Malvinas y la caída del gobierno de Galtieri,


asumió la presidencia Reynaldo Bignone en julio de 1982. Su
gobierno tuvo como objetivo organizar la retirada de los militares del
poder y preparar el retorno a la democracia.

Durante su gestión, continuaron los problemas económicos, la


inflación aumentó y la situación social empeoró. Para intentar
mantener el control, el gobierno impulsó una apertura política
controlada, autorizando el funcionamiento de los partidos políticos y
el regreso de las actividades sindicales.

Sin embargo, las demandas sociales y las movilizaciones populares


crecieron, exigiendo el fin del régimen militar. Ante la presión,
Bignone anunció elecciones generales para octubre de 1983, en las
que se puso fin al Proceso de Reorganización Nacional y se
restableció la democracia con la elección de Raúl Alfonsín como
presidente.

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