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CENIZAS (Pavesas) - Samuel Beckett

Cenizas es una obra de Samuel Beckett que explora el diálogo entre Henry y su padre fallecido, en un ambiente cargado de recuerdos y reflexiones sobre la vida y la muerte. A través de pausas y sonidos del mar, Henry evoca su pasado y su relación con su familia, mientras lucha con su soledad y el paso del tiempo. La obra se caracteriza por su atmósfera melancólica y la complejidad de las interacciones humanas.
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CENIZAS (Pavesas) - Samuel Beckett

Cenizas es una obra de Samuel Beckett que explora el diálogo entre Henry y su padre fallecido, en un ambiente cargado de recuerdos y reflexiones sobre la vida y la muerte. A través de pausas y sonidos del mar, Henry evoca su pasado y su relación con su familia, mientras lucha con su soledad y el paso del tiempo. La obra se caracteriza por su atmósfera melancólica y la complejidad de las interacciones humanas.
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CENIZAS

Samuel Beckett

[Escrita en inglés y terminada a principios de 1959 con el título Embers. Primera edición en
Evergreen Review (noviembre-diciembre de 1959). Estrenada en la BBC-3 el 24 de junio de
1959. Versión francesa de Robert Pinget, en colaboración con el autor, con el título Cendres
(París, Les Édi-tíons de Minuit, 1959). Edith Foumier, Raymond Federman y Ludovic Janvier
(Samuel Becketi, Révue d'Esthétiqne, número especial, 1990) dan como colaborador no
acreditado en la traducción a Pierrc Leyris.

Mar apenas audible.

Pasos de Henry sobre los guijarros. Se detiene. Mar un poco más fuerte.

H E N R Y : Adelante. (Mar. Voz más fuerte.) Adelante (Avanza. Pasos sobre los
guijarros. Mientras anda.) Alto. (Pasos sobre los guijarros. Mientras anda, más fuerte.)
¡Alto! (Se detiene. Mar un poco más fuerte.) Siéntate. (Mar. Voz más fuerte.) ¡Siéntate!
(Se sienta. Ruido de guijarros al sentarse. Se oye el mar durante todo lo que sigue cada
vez que se indica pausa.) ¿Quién está a mi lado ahora? (Pausa.) Un viejo ciego y loco.
(Pausa.) Mi padre, de vuelta de la muerte, para estar a mi lado. (Pausa.) Como si no
hubiera muerto. (Pausa.) No, de vuelta de la muerte simplemente, para estar a mi lado
en este extraño lugar. (Pausa.) ¿Me oye acaso? (Silencio.) Sí, debe de oírme. (Pausa.)
¿Para responderme? (Pausa.) No, no me contesta. (Pausa.) Sólo para estar conmigo.
(Pausa.) Ese ruido que oyes es el mar. (Pausa. Más fuerte.) Digo que el ruido que oyes
es el mar, estamos sentados en la ribera. (Pausa.) Lo digo porque el ruido es tan
raro, se parece tan poco al ruido del mar que, si no lo vieras, no sabrías qué es.
(Pausa.) ¡Ruido de cascos! (Pausa. Más fuerte.) ¡Ruido de cascos! (Ruido de cascos
marcando el paso sobre el pavimento. Se extingue rápidamente. Pausa.) ¡Otra vez!
(Ruido de cascos como antes. Pausa.) ¡Adiéstralo para que marque el paso! ¡Hiérralo
y átalo en el patio para que patalee durante todo el día! (Pausa.) Un mamut de diez
toneladas, regresado de entre los muertos, hiérralo y hazle recorrer el mundo. Escucha
esto. (Pausa.) Escucha ahora la luz, la luz de después de las doce que siempre te gustó,
con toda la orilla ya en sombras y el mar visible hasta la isla. (Pausa.) Nunca debiste
vivir a este lado de la bahía, necesitabas el sol sobre el mar por la tarde mientras
tomabas tan a menudo ese baño del atardecer. Pero yo, cuando tuve tu dinero, me
mudé del otro lado, es posible que lo sepas. (Pausa.) Nunca encontramos tu cuerpo,
¿sabes?, esto impidió un montón de tiempo la lectura del testamento, decían que nada
podía probar que tú no nos habías abandonado y vivías bajo un nombre falso, por
ejemplo, en Argentina, lo cual apenó mucho a mamá. (Pausa.) En eso me parezco a ti,
no soy capaz de alejarme, pero eso no, yo no me meto, me parece que fue contigo la
última vez que me metí. (Pausa.) Me quedo en la orilla, no más. (Pausa.) Hoy está
tranquilo, pero a menudo lo oigo allá arriba en la casa y cuando me paseo por el
camino, y empiezo a hablar justo lo bastante alto como para ahogar su voz, nadie se
da cuenta. (Pausa.) Ahora sí que hablaría en cualquier sitio que estuviese, una vez
me fui a Suiza para alejarme de esta maldición y no paré durante todo el tiempo que
estuve allí. (Pausa.) Antes no necesitaba a nadie, sólo a mí mismo, historias, había una
magnífica sobre un viejo llamado Bolton, nunca la terminé, nunca terminé ninguna,
nunca termino nada, todo me dura siempre una eternidad. (Pausa.) Bolton. (Pausa.
Más fuerte.) ¡Bolton! (Pausa.) Allí, frente al fuego. (Pausa.) Frente al fuego todos los
postigos... no, colgaduras, todas las colgaduras corridas y la luz, no había luz, no había
más luz que la luz del fuego, sentados allí en el... no, de pie, de pie allí sobre el tapiz
en la oscuridad frente al fuego con los brazos sobre el hogar y la cabeza apoyada en
los brazos, de pie allí en la oscuridad esperando frente al fuego con su vieja bata
escarlata, y la casa silenciosa, ningún ruido de ninguna clase, sólo el del fuego. (Pausa.)
De pie allí con su vieja bata escarlata, que podía inflamarse en cualquier momento,
como cuando era pequeño, no, entonces fue su pijama, de pie allí en la oscuridad,
ninguna luz, sólo la del fuego, y ningún ruido de ninguna clase, aparte del del fuego, un
anciano angustiado, aguarda. (Pausa.) Entonces llaman a la puerta y va a la ventana y
mira por entre las colgaduras, magnífico anciano, alto y fornido, noche clara de invierno,
nieve por todas partes, frío que pela, mundo blanco, ramas de cedro plegándose por
el peso y entonces en el mismo instante en que el brazo se vuelve a elevar para llamar
por segunda vez reconoce... a Holloway. (Pausa prolongada.) Sí, Holloway, reconoce a
Holloway, baja a abrir. (Pausa.) Afuera e inmóvil, ni un ruido, tal vez la cadena del perro
o alguna rama que cruje si uno se queda allí escuchando, mundo blanco, Holloway con su
pequeño maletín negro, ni un ruido, frío que pela, luna llena, pequeña y blanca, huellas en
zigzag de los chanclos de Holloway, Vega in the Lire verde vivo. (Pausa.) Vega in the Lire
verde vivo. (Pausa.) Tras la conversación en la entrada, no, en la habitación, vuelta a la
habitación, tras la conversación, vuelta a la habitación, Holloway: no pasa de ahí, Bolton:
silencio entonces, ni un ruido, aparte del del fuego, todo carbón consumiéndose ahora,
Holloway sobre el tapiz tratando de calentarse el culo, Bolton, dónde está Bolton, ni una
luz aparte del fuego, Bolton en la ventana, de espaldas a las colgaduras, separándolas
un poco con su mano extendida, mirando hacia fuera, mundo blanco, incluso el
campanario, blanco hasta la veleta, muy extraño, casa silenciosa, ni un ruido, aparte del
del fuego, ya no hay llamas, pavesas. (Pausa.) Pavesas. (Pausa.) Moviéndose,
titubeando, como furtivo, ruido horrible, Holloway sobre el tapiz, magnífico anciano, un
metro ochenta, macizo, piernas separadas, manos en la espalda separando los faldones
de su viejo chaquetón, Bolton en la ventana, vieja figura majestuosa con su vieja bata
escarlata, de espaldas a las cortinas, mano extendida manteniendo la abertura,
mirando hacia fuera, mundo blanco, gran angustia, ni un ruido sólo las cenizas, sonido
de brasas que se extinguen, Holloway, Bolton. Bolton, Holloway, dos ancianos, gran
angustia, mundo blanco, ni un ruido. (Pausa.) ¡Escucha esto! (Pausa.) Cierra los ojos y
escucha esto, ¿qué dirías que era? (Pausa. Vehemente.) ¡Una gota! ¡Una gota! (Ruido
de gotas que caen, cada vez más fuerte, interrumpido bruscamente.) ¡Otra vez! (Ruido
idéntico cada vez más fuerte.) ¡No! (Ruido interrumpido. Pausa.) ¡Padre! (Pausa.
Agitado.) Historias, historias, años, años de historias, hasta que sentí la necesidad de
alguien que estuviera conmigo, alguien, un extraño, con quien hablar, imaginar que me
oye, años de esto, y luego, ahora, de alguien que... me hubiera conocido en los viejos
tiempos, cualquiera, para acompañarme, imaginar que me oye, qué soy, ahora.
(Pausa.) No, eso tampoco. (Pausa.) Tampoco allí. (Pausa.) Inténtalo otra vez. (Pausa.)
Mundo blanco, ni un ruido. (Pausa.) Holloway. (Pausa.) Holloway dice que se va,
maldita la gana que tiene de quedarse toda la noche delante de un fuego muerto, no.
eso es superior a él, no comprende, llamarlo a uno, a un viejo amigo, hacerle venir de
noche con este frío, a un viejo amigo, con urgencia, tráete el maletín, y luego, ni una
palabra, ni una explicación, ni calor, ni luz, Bolton: «¡Te lo ruego! ¡TE LO RUEGO!».
Holloway, ni una copa, ni el menor recibimiento, aterido hasta la médula, para morirse,
eso es superior a él, extraña manera de tratarlo, un viejo amigo, dice que se va, no se
mueve, ni un ruido, fuego que se extingue, rayo de luz por la ventana, escena horrible,
ojalá no hubiese venido, malo, fuego extinguido, frío que pela, gran angustia, mundo
blanco, ni un ruido, malo. (Pausa.) Malo. (Pausa.) No puedo hacerlo. (Pausa.) ¡Escucha
esto! (Pausa.) ¡Padre! (Pausa.) No me reconocerías, lamentarías el haberme tenido,
pero ya eras eso entonces, una mierda. (Pausa. Imita la voz de su padre.) «¿Vienes
a nadar?» «No.» «Ven.» «No.» Mirada feroz, se da la vuelta, cojeando hacia la puerta,
se da la vuelta, mirada feroz. «Una mierda.» ¡Otra vez! (Portazo violento. Pausa.) ¡Darle
un portazo como éste a la vida! (Portazo. Pausa.) Mierda. (Pausa.) Ojalá lo hubiera
hecho. (Pausa.) Tú nunca conociste a Ada, ¿no?, ¿o sí?, no me acuerdo, no importa,
nadie la reconocería ya. (Pausa.) ¿Qué crees tú que fue lo que le hizo enfrentarse
conmigo, lo que la lanzó contra mí?, la niña sin duda, pequeño monstruo, nunca debimos
haberla tenido, solía pasear con ella por el campo, ¡Dios!, era horrible, no me soltaba la
mano, y yo con ganas de hablar. (Imitando la voz de Addie. Violento. Largo gemido
de Addie. Pausa.) Ada también, conversación con ella, increíble, el infierno debe ser
algo parecido, corta charla sobre los balbuceos de Lethe a propósito de aquellos viejos
tiempos, cuando deseábamos estar muertos. (Pausa.) El precio de la margarina hace
cincuenta años. (Pausa.) Y el de ahora. (Pausa. Con solemne indignación.) ¡El precio
actual! (Pausa.) ¡Padre! (Pausa.) Cansado de hablar contigo. (Pausa.) Así era siempre,
caminando por las montañas contigo venga que te habla y de repente punto en boca y
a casa tristemente y ni una palabra más durante semanas, bastante resentida, ojalá te
murieras. (Larga pausa.) Ada. (Pausa. Más fuerte.) ¡Ada!

A D A (voz remota, débil): Sí.

H E N R Y : ¿Hace tiempo que estás ahí?


A D A : Un poco. (Pausa.) ¿Por qué paras?, haz como si yo no estuviera. (Pausa.)
¿Quieres que me vaya? (Pausa.) ¿Dónde está Addie?

H E N R Y : Con su profesor de música. (Pausa.) ¿Vas a responderme hoy?

A D A : No deberías sentarte encima de las piedras frías, son malas para tus almorranas.
Levántate un poco que te ponga debajo mi chal. (Pausa.) ¿Estás mejor así?

H E N R Y : Sin comparación, sin comparación. (Pausa.) ¿Vas a sentarte a mi lado?

A D A : Sí. (Se sienta, sin hacer ruido.) ¿Así? (Pausa.) ¿O prefieres así? (Pausa.) No te
importa en absoluto. (Pausa.) Bastante frío, me parece, espero que te hayas puesto
tu ropa de franela. (Pausa.) ¿Te has puesto tu ropa de franela, Henry?

H E N R Y : Lo que pasó fue que me la puse, luego me la quité, luego me la puse de


nuevo, luego me la volví a quitar, luego me la volví a poner, luego me la...

A D A : ¿La tienes puesta ahora?

H E N R Y : No lo sé. (Pausa.) ¡Ruido de cascos! (Pausa. Más fuerte.) ¡Ruido de cascos!


(Ruido de cascos sobre el pavimento. Se extinguen rápidamente.) ¡Otra vez!

(Ruido de cascos como antes. Pausa.)

A D A : ¿Has podido oírlos?

H E N R Y : Mal.

A D A : ¿Al galope?

H E N R Y : No. (Pausa.) ¿Un caballo sería capaz de marcar el paso?


(Pausa.)

A D A : No sé si comprendo lo que dices.

H E N R Y (irritado): ¿Se podría entrenar a un caballo para que se quede quieto en un


lugar marcando el paso con las cuatro patas?

A D A : ¡Oh! (Pausa.) Los que yo me imaginaba sí que lo hacían. (Ríe. Pausa.) Ríete,
Henry, que no cuento chistes todos los días (Pausa.) Ríete, Henry, hazlo por mí.

H E N R Y : ¿Quieres que me ría?

A D A : Antes te reías de una forma tan encantadora, creo que eso es lo que me atrajo
de ti al principio. (Pausa.) Eso y tu sonrisa. (Pausa.) Venga, será como en los viejos
tiempos. (Pausa. Se esfuerza por reír, no lo consigue.)

H E N R Y : Quizás habría debido empezar por la sonrisa. (Pausa suficiente para una
sonrisa.) ¿Te atrajo? (Pausa.) Ahora lo intentaré otra vez. (Risa horrible y prolongada.)
¿Queda algo del viejo encanto?

A D A : Oh, Henry.

(Pausa.)

H E N R Y : ¡Escucha esto! (Pausa.) ¡Labios y pezuñas! ¡Apartémonos! ¡Donde no me


alcancen! (Pausa.) ¿Qué?

A D A : Cálmate.

H E N R Y : ¡Y pensar que estoy viviendo a su lado! ¿Por qué? ¿Obligaciones


profesionales? (Risa breve.) ¿Razones de salud? (Risa breve.) ¿Lazos familiares? (Risa
breve.) ¿Una mujer? (Risa a la que se une Ada.) ¿Fidelidad a alguna vieja tumba?
(Pausa.) ¡Escucha esto! ¿Qué dirías que es?

A D A : Se diría un viejo ruido que ya conozco. (Pausa.) Se diría que es otro tiempo, en
el mismo lugar. (Pausa.) Era borrascoso, nos envolvía. (Pausa.) Es curioso que fuera
borrascoso entonces. (Pausa.) Y ahora tranquilo. (Pausa.) Extraño.

(Pausa.)

H E N R Y : Vámonos.

A D A : ¿Irnos? ¿Adónde? ¿Y Addie? Se preocuparía mucho si viniera y encontrase que


te has ido sin ella. (Pausa.) ¿Qué es lo que crees que la retiene?

(Golpe de batuta sobre la madera de un piano. Addie toca la gama de La bemol mayor
en la octava sobre una octava ascendente, descendente, vacilante, con las manos juntas,
luego separadas. Pausa.)

P R O F E S O R (acento italiano): ¡Santa Cecilia!

(Pausa.)

A D D I E : ¿Puedo tocar mi trozo ahora, por favor?

(Pausa. Con su batuta, sobre la madera, el profesor de música marca dos compases de
vals. Addie ataca el vals n.°5 de Chopin en La bemol mayor, mientras que con su batuta
el profesor lleva suavemente el compás. A la entrada de la mano izquierda, quinto
compás. Ella toca Mi, en vez de Fa. Golpe de batuta que repercute en la madera.
Addie se detiene.)

P R O F E S O R (violentamente): ¡Fa!

A D D I E (haciendo pucheros): ¿Qué?

P R O F E S O R (violentamente): ¡Fa! ¡Fa!

A D D I E (haciendo pucheros): ¿Dónde?

P R O F E S O R (violentamente): ¡Cua! (Golpea la nota.) ¡Fa!

(Pausa. Addie vuelve a empezar, mientras que con su batuta, etc. Al llegar al mismo
sitio, comete el mismo error. Gran golpe de batuta sobre la madera. Addie se detiene,
se pone a gemir.)

P R O F E S O R (frenético): ¡Fa! ¡Fa! (Martillea la nota.) ¡Fa! (Martillea la nota.) ¡Fa!

(Nota martilleada, ¡Fa!, y gemidos de Addie cada vez más fuertes hasta el paroxismo,
interrumpidos en seco. Pausa.)

A D A : Hoy no se te oye.

H E N R Y : No basta con haberla puesto en el mundo, ahora tiene que tocar el piano.
A D A : Tiene que aprender. Debe aprender. Eso y montar a caballo.

(Ruido de cascos al paso.)

P R O F E S O R D E E Q U I T A C I Ó N : ¡Vamos, señorita! ¡Los codos para dentro,


señorita! (Ruido de cascos.) ¡Vamos, señorita! ¡La espalda derecha, señorita! ¡Las
rodillas para dentro! (Ruido de cascos a pequeño galope.) ¡Vamos, señorita! ¡La barriga
para dentro, señorita! ¡La barbilla para arriba, señorita! (Ruido de cascos al galope.)
¡Vamos, señorita! ¡Los ojos al frente, señorita! (Addie se pone a gemir.) ¡Vamos, señorita!
¡Vamos, señorita!

(Ruido de cascos al galope, ¡Vamos, señorita!, y gemidos de Addie cada vez más fuertes
hasta el paroxismo, interrumpidos en seco. Pausa.)

A D A : ¿En qué piensas? (Pausa.) A mí nunca me enseñaron, y después era ya


demasiado tarde. Toda mi vida lo he lamentado.

H E N R Y : ¿Cuál era tu punto fuerte? Lo he olvidado ya.

A D A : Oh... la geometría quizá, la plana y la del espacio. (Pausa.) Primero la plana, y


luego la del espacio. (Henry se levanta. Ruido de guijarros.) ¿Por qué te levantas?

H E N R Y : Se me ocurrió que podría intentar ir hasta la orilla. (Pausa. Suspiro.) Y


regresar. (Pausa.) Estirar las piernas.

(Pausa.)
A D A : Bien, ¿por qué no lo haces? (Pausa.) No te quedes ahí pensando. (Pausa.) No
te quedes ahí con la boca abierta. (Pausa. Va hacia el mar. Ruido de sus pasos sobre
los guijarros, unos diez pasos. Se detiene en la orilla. Mar un poco más fuerte. Lejano.)
No te mojes tus hermosas botas.

H E N R Y : No hagas esto, no hagas lo otro...

(Mar bruscamente agitado.)

A D A (veinte años antes, suplicante): ¡No! ¡No!

H E N R Y (Ídem, apremiante): ¡Querida!

A D A (Ídem, más débilmente): ¡No! ¡No!

H E N R Y (Ídem, alegremente): ¡Querida!

(Mar agitado. Grito penetrante de Ada. Mar y gritos cada vez más fuertes, cortados
súbitamente. Fin de la evocación. Pausa. Mar tranquilo. Henry regresa por el fuerte
declive de la playa. Se oyen sus pasos laboriosos sobre los guijarros que ceden. Se
detiene. Pausa. Avanza. Pausa. Avanza. Mar tranquilo y apenas perceptible.)

ADA: No te quedes ahí embobado. Siéntate. (Pausa. Se sienta. Ruido de guijarros.)


Sobre el chal. (Pausa.) ¿Te da miedo que nos toquemos? (Pausa.) Henry.

H E N R Y : Sí.
A D A : Deberías ir a un médico para que se ocupara de tu habla, estás peor, qué efecto
debe hacerle a Addie. (Pausa.) ¿Sabes lo que me dijo una vez cuando era todavía muy
pequeña?, me dijo: Mamá, ¿por qué papá está siempre hablando? Ella te oía en el baño.
No supe qué responderle.

H E N R Y : ¡Papá! ¡Addie! (Pausa.) Te dije que le dijeras que estaba rezando. (Pausa.)
¡Voceando mis oraciones a Dios y a sus santos!

A D A : Es muy malo para la pequeña. (Pausa.) Es absurdo decir que eso te evita el
oírlo, eso no te evita el oírlo y de todos modos tú no deberías oírlo, debes de tener el
cerebro tocado.

(Pausa.)

H E N R Y : ¡Eso! ¡Yo no debería oír eso!

A D A : No creo que lo oigas. Y si lo oyeras, ¿qué tendría de malo?, es dulce como una
nana. ¿Por qué lo odias? (Pausa.) Y si lo odias no tienes más que evitarlo. (Pausa.)
¿Por qué vienes aquí siempre? (Pausa.) Tienes el cerebro tocado, deberías ver a
Holloway, vive aún, ¿no?

(Pausa.)

H E N R Y (fuera de sí): ¡Ruidos sordos, necesito ruidos sordos! ¡Como éste! (Busca entre
los guijarros, coge dos piedras grandes y las golpea una contra otra.) ¡Piedra! (Choque
de piedras.) ¡Piedra! (Choque. Y choques cada vez más fuertes cortados en seco. Pausa.
Lanza lejos una piedra. Ruido de su caída.) Esto es la vida. (Tira la otra piedra. Ruido
de su caída.) No esta... (pausa)... succión.
A D A : ¿Y por qué la vida? (Pausa.) ¿Por qué la vida, Henry? (Pausa.) ¿Hay alguien?

H E N R Y : Ni un gato.

ADA: Naturalmente. (Pausa.) Cuando hubiéramos querido tenerla para nosotros


solos, siempre había alguien. Ahora que ya no tiene importancia, no hay ni un gato.

H E N R Y : Sí, siempre te horrorizó el que te sorprendieran en conversaciones galantes.


Al menor indicio de humo en el horizonte te ajustabas la falda y te sumergías en el
Manchester Guardian. (Pausa.) El agujero sigue ahí, después de todos estos años.
(Pausa. Más fuerte.) El agujero sigue ahí.

A D A : ¿Qué agujero? La tierra está llena de agujeros.

H E N R Y : Donde lo hicimos por fin la primera vez.

A D A : Ah, sí, creo recordarlo. (Pausa.) El lugar no ha cambiado.

H E N R Y : Ya lo creo que sí, yo lo veo. (Confidencialmente.) ¡Esto se nivela poco a poco!


(Pausa.) ¿Qué edad tiene ella ahora?

A D A : He perdido la noción del tiempo.

H E N R Y : ¿Doce, trece? (Pausa.) ¿Catorce?

A D A : No sabría decirte, Henry, de verdad.

H E N R Y : Nos tomó mucho tiempo hacerla. (Pausa.) Años en los que no hacíamos
más que intentarlo. (Pausa.) Pero lo logramos al final. (Pausa. Suspiro.) Por fin la
tuvimos. (Pausa.) ¡Escucha esto! (Pausa.) Es menos malo en barco. (Pausa.) Tal vez
debería haber hecho mi carrera en la marina mercante.

A D A : Eso no es más que en la superficie, ya lo sabes. Debajo todo es tranquilidad,


como en la tumba. Ni un ruido. Ni de día ni de noche, ni un ruido.

H E N R Y : Normalmente me paseo con el gramófono, pero hoy lo he olvidado.


A D A : Eso no tiene sentido. (Pausa.) No tiene sentido querer ahogarlo. (Pausa.) Ve a
ver a Holloway.

(Pausa.)

H E N R Y : Demos una vuelta en canoa.

A D A : ¿En canoa? ¿Y Addie? Lamentaría mucho si viniera y encontrase que te has


ido en canoa sin ella. (Pausa.) ¿Con quién estabas antes? (Pausa.) Antes de llamarme.

H E N R Y : Hacía lo posible para estar con mi padre.

A D A : ¡Oh! (Pausa.) Eso no es difícil.

H E N R Y : Quiero decir para que él estuviera conmigo. (Pausa.) Estás un poco más
impertinente hoy que de costumbre, Ada. (Pausa.) Le preguntaba si te había conocido,
yo no me acordaba.

A D A : ¿Y bien?

H E N R Y : Ya no responde.

A D A : Me imagino que lo has agotado. (Pausa.) Lo agotaste en vida y ahora lo agotas


muerto. (Pausa.) Llega un momento en que ya no se te puede hablar. (Pausa.) Llegará el
momento en que nadie te hablará, ni siquiera los desconocidos. (Pausa.) Estarás solo en
el mundo con tu voz, y no habrá en el mundo otra voz aparte de la tuya. (Pausa.) ¿Me
oyes?

H E N R Y : No puedo recordar si te conoció.

A D A : Sabes muy bien que me conoció.

H E N R Y : No, Ada, no lo sé, lo lamento, he olvidado todo lo que te concierne.


A D A : Tú no estabas allí. Estaban tu madre y tu hermana. Yo había pasado a recogerte,
como habíamos convenido. Teníamos que ir a nadar juntos.

(Pausa.)

H E N R Y (con irritación): ¡Sigue! ¡Sigue! ¿Por qué la gente siempre se para a mitad de
lo que está diciendo?

A D A : Ninguna de las dos sabía dónde estabas. Tu cama estaba sin deshacer. Se
gritaban la una a la otra. Tu hermana decía que iba a tirarse por el acantilado. Tu padre
se levantó y salió dando un portazo. Cuando yo me fui, poco después, lo vi por la
carretera. Él no me vio. Estaba sentado sobre una piedra y miraba hacia el mar. Nunca
he olvidado su postura. Y sin embargo era una postura normal. Tú la adoptabas a veces.
Quizá fuera la inmovilidad, como si se hubiera transformado en piedra. Nunca he podido
explicármelo.

(Pausa.)

H E N R Y : ¡Un poco más! (Implorando.) No te pares, Ada, cada sílaba es un segundo


que ganamos.

A D A : Eso es todo, lo lamento. (Pausa.) Ahora puedes seguir con tu padre, o con tus
historias o con lo que hacías antes, no te ocupes más de mí.

H E N R Y : ¡No puedo! (Pausa.) ¡Ya no puedo!

A D A : Antes podías, antes de llamarme.

H E N R Y (colérico): ¡Ahora ya no puedo! (Pausa.) ¡Dios! (Pausa.)


A D A : Sí, tú sabes lo que quiero decir, hay actitudes que quedan en la memoria por
razones que son evidentes, por ejemplo la posición inclinada de una cabeza, cuando
normalmente debería estar levantada, y a la inversa, o una mano suspendida en el aire
como si no fuese de nadie. Ese tipo de cosas. Pero en tu padre sentado sobre la piedra
aquel día, nada de particular, ni el menor detalle en que apoyarse para decir: ¡Qué curioso!
No, nunca pude explicármelo. Quizá, como he dicho, la gran inmovilidad de todo el cuerpo,
como si el aliento se le hubiera ido. (Pausa.) ¿Te ayuda algo esta basura, Henry? Puedo
intentar seguir un poco más, si lo deseas. (Pausa.) ¿No? (Pausa.) Entonces creo que
voy a regresar.

H E N R Y : ¡Aún no! ¡No necesitas hablar! Sólo escuchar. Ni siquiera ¡Quédate a mi


lado! (Pausa.) ¡Ada! (Pausa. Más fuerte) ¡Ada! (Pausa.) ¡Dios! (Pausa.) ¡Ruido de
cascos! (Pausa. Más fuerte.) ¡Cascos! (Pausa.) ¡Dios! (Pausa prolongada.) Salió poco
después, te adelantó en la carretera, tú no la viste, estabas mirando a... (Pausa.) Hacia
el mar no, imposible. (Pausa.) A menos que hayas pasado al otro lado. (Pausa.) ¿Habías
pasado al lado del acantilado? (Pausa.) ¡Padre! (Pausa.) Supongo que fue así. (Pausa.)
Se queda ahí mirándote un momento, luego sigue por el camino hasta el tranvía, sube y
se sienta delante. (Pausa.) Se sienta delante. (Pausa.) De repente se siente inquieta y
vuelve a bajar, conductor: «¿Ha cambiado de parecer, señorita?». Vuelve a subir por el
sendero, ni rastro de ti. (Pausa.) Muy inquieta y angustiada se entretiene un poco, ni un
alma viviente, viento frío soplando desde el mar, vuelve a bajar por el sendero, sube de
nuevo al tranvía y regresa a su casa. (Pausa.) Regresa a su casa en el tranvía. (Pau-
sa.) ¡Dios! (Pausa.) «Querido Bolton...» (Pausa.) «Querido Bolton, si lo que quieres es
una inyección, bájate los pantalones y te la pondré, tengo una histerectomía total a las
nueve», refiriéndose seguramente a la anestesia. (Pausa.) Fuego extinguido, frío que
pela, mundo blanco, gran angustia, ni un ruido. (Pausa.) Bolton se pone a jugar con
la cortina, no, con las colgaduras, difícil de describir, las descorre, no, las atrae hacia
él y la luna entra a raudales, entonces las suelta, pesada cosa de terciopelo, y se hace
oscuro en la habitación, luego vuelve a atraerlas, blanco, negro, blanco, negro, Holloway:
«¡Para eso, por el amor del cielo!». (Pausa.) Negro, blanco, negro, blanco, para volverse
loco. (Pausa.) De pronto enciende una cerilla, Bolton lo hace, enciende una vela, la
sostiene en el aire por encima de su cabeza, se dirige hacia Holloway y lo mira fijamente
a los ojos. (Pausa.) Ni una palabra, sólo la mirada, la vieja mirada azul, vidriosa, párpados
gastados, sin pestañas, lagrimeantes, y la vela que tiembla por encima de su cabeza.
(Pausa.) ¿Lágrimas? (Pausa. Risa prolongada.) ¡Dios mío, no! (Pausa.) Ni una palabra,
sólo la mirada, la vieja mirada azul, Holloway: «¿Quieres que te pegue un tiro?, dilo y deja
que me vaya de aquí». (Pausa.) Ya hemos pasado por eso, Bolton. (Pausa.) Bolton: «¡Te lo
ruego!» (Pausa.) «¡Te lo ruego!». (Pausa.) «¡Te lo ruego, Holloway!» (Pausa.) La vela
tiembla goteando por todas partes, más baja ahora, el viejo brazo cansado, la coge con la
otra mano y la alza de nuevo, eso es, siempre ha sido así, noche cerrada y las pavesas
frías y el cabo de vela temblando en tu mano, y diciendo: ¡Por favor! ¡Por favor! (Pausa.)
Mendigando. (Pausa.) Como los pobres. (Pausa.) ¡Ada! (Pausa.) ¡Padre! (Pausa.) ¡Dios!
(Pausa.) Lo levanta de nuevo, mundo escabroso, mira fijamente a Holloway, ojos húmedos,
no pedirá nada más, sólo la mirada, Holloway se oculta el rostro, ni un ruido, mundo
blanco, frío que pela, escena horrible, dos ancianos, gran angustia, malo. (Pausa.) Malo.
(Pausa.) ¡Dios! (Pausa. Se levanta con un ruido de guijarros. Se detiene al borde del
mar. Pausa. Mar un poco más fuerte.) Vamos. (Pausa. Avanza. Pasos sobre los guijarros.
Se detiene al borde del mar. Silencio. Mar un poco más fuerte.) Libro pequeño. (Pausa.)
Esta noche... (Pausa.) Nada esta noche. (Pausa.) Mañana... mañana... el fontanero a las
nueve, luego... nada. (Pausa. Perplejo.) ¿El fontanero a las nueve? (Pausa.) Ah, sí, la
pérdida. (Pausa.) Palabras. (Pausa.) Sábado... nada. Domingo... domingo... nada en todo
el día. (Pausa.) Nada en todo el día, nada. (Pausa.) Nada en todo el día ni en toda la
noche. (Pausa.) Ni un solo ruido.

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