LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. Winston S. Churchill
LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. Winston S. Churchill
CHURCHILL
MEMORIAS
A
GRAN ALIANZA
PLAZA
$ JANESS.A. EDITORES
RUENOS AIRES — BARCELONA — MEXICO D. F. — BOGOTA — RIO DE JANEIRO
TITULO ORICINAL:
THE GRAND ALLIANCE
TRADUCCION DE
MANUEL BOSCH BARRETT Y LUIS PALAZON
En la Derrota, Áltivez
En la Guerra, Resolución
En la Victoria, Magnanimidad
mr
En la Paz, Buena Voluntad
TEMA DE ESTE VOLUMEN
| MEMORIAS
LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL
III. LA GRAN ALIANZA
2. LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA
dr:
al
K
¿e
ad
EDICIONES ORBIS, S. A.
Título original: The Second World War (1948-1954)
IL The grand alliance
2. War comes to America
Printed in Spain
NOTA DE LOS EDITORES
13
en el sur once divisiones del ejército rumano habían de permanecer a la
defensiva a lo largo del río Pruth, y otras seis unirse al avance del Grupo
de Ejércitos del Sur. En conjunto, ciento sesenta y cuatro divisiones se pu-
sieron en marcha hacia el este.
Los invasores, según los relatos más fieles de que se dispone, tenian
frente a sí ciento diecinueve divisiones rusas y cinco mil aviones como mií-
nimo. Otras sesenta y siete divisiones estaban disponibles en Finlandia,
el Cáucaso y Rusia central. Aunque casi nivelados en número con los
ejércitos alemanes, los rusos fueron arrollados fulminantemente mediante
ataques de unidades blindadas de una gran fuerza de penetración. Su
aviación sufrió gravísimas pérdidas. Otros países habían sido igualmente
atacados por sorpresa y arrollados. Sólo la inmensa estepa rusa tenia la
suprema ventaja de la profundidad, que una vez más fue su salvación. En
el primer mes, los alemanes avanzaron trescientas millas adentro de Ru-
sia. Smolensko cayó después de durísimos combates durante los cuales
los rusos contraatacaron con violencia. Pero Leningrado no fue siquiera
alcanzada y Kiev continuaba en poder de los rusos.
14
da en los heroicos sacrificios del pueblo ruso bajo el peso de las e
des que su gobierno había atraido sobre su cabeza, y en la fogosa deo
que hacía de su suelo natal. Esto, mientras duró la lucha, lo excusó todo a
nuestros ojos.
la
Los rusos nunca comprendieron en modo alguno la naturaleza de
operación anfibia que era menester para desembarcar y pta un
gran ejército en una costa enemiga bien defendida. Hasta los ae
americanos ignoraban a la sazón las dificultades inherentes a Urea e
empresa. En la zona de invasión era indispensable gozar, no ya Ea
superioridad naval indiscutible, sino del dominio absoluto del aire. mn
más, existía un tercer factor de importancia vital. Los cimientos de bread
sembarco victorioso, pese a la dureza de la resistencia encontrada, estriba-
ban en una vasta flota de lanchas de desembarco de construcción espe-
cial. Para la creación de una lancha de tales características, como ya se ha
visto y como se verá más adelante, yo había hecho cuanto estaba en mi
mano. No podía estar pronta, ni siquiera en pequeña escala, antes del
verano de 1943, y su potencia, como ahora está ampliamente reconocido,
no podía ser incrementada a una escala suficiente hasta 1944. Hasta el
momento en que alcanza nuestro relato, o sea, en otoño de 1941, no te-
níamos el dominio del aire en Europa, salvo en el paso de Calais, donde
se encontraban enclavadas las más poderosas fortificaciones alemanas.
Las lanchas de desembarco estaban en construcción. No teníamos siquie-
ra en la Gran Bretaña un ejército tan grande, tan bien adiestrado y tan
bien equipado como el que hubiéramos encontrado frente a nosotros en
territorio francés. Sin embargo, cataratas de desatinos e inexactitudes se
han vertido en torno de la cuestión del segundo frente. Desde luego, no
había la esperanza de convencer al gobierno soviético ni en esta época ni
en las que siguieron. Hasta en una ocasión ulterior, el propio Stalin me
sugirió que si los británicos tenían miedo, él estaba dispuesto a enviar tres
O cuatro grupos de ejército rusos para llevar a cabo la tarea. La escasez
de medios de transporte y otros factores de orden material me impidieron
cogerle la palabra.
15
Primer Ministro a Stalin. 7-Vii-41
oponen tan
Mucho nos complace aquí a todos saber que los ejércitos
resistenc ia a la despiada da invasión de los nazis, tanto más
briosa y enérgica
admiración que se
incalificable cuanto que no provocada. És general la
y del puebio. Haremos
siente por la bravura y la tenacidad de los soidados
permitan,
todo lo que el tiempo, la geografía y nuestros crecientes recursos
mayor ayuda ies po-
por ayudarles a ustedes. Cuanto más dure ia guerra,
aviación
dremos prestar. Día y noche estamos llevando a cabo con nuestra
los alemanes y con-
violentos ataques contra todo el territorio ocupado por
aicance. Ayer se
tra las zonas de las misma Alemania que están a nuestro
y ei sábado por
hicieron sobre el continente cuatrocientas salidas diurnas,
alemanas,
ia noche más de 200 bombarderos pesados atacaron ciudades
casi 250
llevando a bordo tres toneladas de bombas cada uno. Anoche
eros estuvier on operando . Esto prosegui rá sin tregua, y de esta ma-
bombard
de su po-
nera esperamos obligar a Hitier a enviar de nuevo al oeste a parte
del peso
tenciai aéreo, descargando con ello paulatinamente de una parte
ha pre-
que abruma a ustedes. Además, a propuesta mía, ei Almirantazgo
parado una importante operación a realizar en ei Ártico en un futuro próxi-
mo, a consecuencia de la cuai confío en que las armadas británicas y rusa
podrán establecer contacto. Entretanto, nuestras incursiones a lo ¡argo de ia
costa noruega han interceptado diversos buques de abastecimiento que se
dirigían hacia el norte, contra ustedes.
Acogemos complacidos la llegada de la misión militar rusa a fin de con-
certar los planes para el futuro.
Sólo hace falta que no desmayemos en la iucha para arrancar la vida a
esos bellacos.
El primer paso consistía claramente en establecer con el mando militar
ruso el contacto que los gobernantes soviéticos estuvieran dispuestos a
permitir. En consecuencia, y después de conseguido el necesario consenti-
miento de nuestros aliados, enviamos sin pérdida de tiempo una impor-
tante misión militar hacia Moscú. Era también de gran urgencia crear re-
laciones entre las marinas de guerra de ambos países. El día 10 de julio
envié la siguiente minuta al Almirantazgo:
Primer Ministro al Primer Lord y al Primer Lord del Mar. 10-Vil-41
Parece absolutamente necesario mandar una pequeña escuadrilla mixta
de buques británicos ai Ártico para establecer contacto y operar con las
fuerzas navales rusas. Esto debe efectuarse anticipándonos a ia operación
especial que teníamos entre manos. El efecto en la armada rusa, y en la re-
sistencia generai del ejército ruso, de ia llegada de lo que cabría llamar una
flota británica en ei Artico, podría ser de un vaior enorme y significar un
gran ahorro de sangre inglesa. > j
La ventaja que ganaríamos, si los rusos se mantuvieran firmes y prolon-
garan la guerra al menos hasta ia caída del invierno, sería inconmensurable
Una paz prematura pedida por los rusos equivaldría a una decepción tre.
menda de grandes masas de nuestro puebio. Mientras resistan pi TUSOS,
poco importa dónde está ei frente. Esa gente ha demostrado ser digna de
que se la apoye, y hemos de hacer sacrificios y afrontar riesgos Maa en:
cajar quebrantos que no se me ocuitan, para sostener su moral > e
La escuadrilla habría de dirigirse sin duda a Arkangel :
Sírvase informar sobre esto cuanto antes. :
16
n sentar las bases generales
Ya en esta fase inicial confiábamos tambié
dos países.
para una alianza de guerra entre nuestros
dl41
10-VII-
Primer Ministro a sir Stafford Cripps.
te mens aje del Primer Minis-
Sírvase transmitir inmediatamente el siguien
tro a Stalin:
sostenida con
El embajador Cripps me ha informado de ja conversación una propues:
les de
usted indicándome al propio tiempo jos término s genera
ón conjunta anglorrus a, conteni da en los dos principios si-
ta de declaraci
guientes:
17
Es fácil imaginar que ia posición de las fuerzas alemanas hubiese sido
mucho más favorable si las tropas soviéticas hubieran tenido que hacer
frente al ataque de las fuerzas alemanas, no en ias regiones de Kichinev,
Lemberg, Brest, Kaunas y Viborg, sino en las zonas de Odessa, Kamenets,
Podolski, Minsk y las inmediaciones de Leningrado.
En consecuencia, me parece que la situación militar de ia Unión Soviéti-
biemente si se pu-
ca, así como la de la Gran Bretaña, mejoraría considera
de Francia—
diera establecer un frente contra Hitler en el oeste —el norte
y el norte— en el Ártico.
e contribui-
La existencia de un frente en el norte de Francia no soiament
mismo
sino que al
ría a que Hitler retirara del este una parte de sus fuerzas,
Bretaña. El estable-
tiempo haría imposible la invasión hitieriana de la Gran
acabo de referirme sería popular entre el ejército
cimiento dei frente a que
.
británico, así como entre toda ia población del sur de Inglaterra
un frente se-
Me hago plenamente cargo de ias dificultades que entraña
Sin embargo, creo que a pesar de estas dificulta des, es indispensa:
mejante.
sino también en el
ble creario, no solamente en interés de la causa común.
de la propia Gran Bretaña. El momento actual es el más propicio para el
de Hitler se en-
establecimiento de dicho frente, porque ahora las fuerzas
cuentran concentr adas en el Este, en donde no han tenido aún ocasión de
consolidar ias posiciones que han ocupado.
Gran Breta
Aún es más sencillo establecer un frente en el norte. Aquí la
aéreas, sin efec
ña sólo tendría que contribuir en las operaciones navales y
de tie:
tuar ningún desembarco de tropas ni artillería. Las fuerzas soviéticas
Mucho
rra, mar y aire cooperarían al establecimiento de dicho frente.
teatro de la
agradeceríamos que la Gran Bretaña pudiera transferir a este
aigo así como un división ligera, o más, de voluntari os noruegos, que
guerra
contra
serían utilizados en el norte de Noruega para organizar la rebelión
los alemanes.
18
de su
ndo con ello una parte del vigor
do lo más a occidente posible, anula o ai
esfuerzo inicial. el punto de vista práctico y efectivo
2. Haremos cuanto sea posible desde ite -
le ruego que tenga en cuenta lasS limita
por ayudar a ustedes. No obstante, recur sos y nuest ra situac ión
nuest ros
ciones que nos están impuestas por
ión alemana a Rusia, hemos estu:
geográfica. Desde el primer día de la agres Los
lidade s de atacar la Franc ia ocupada y los eee
diado ias posibi a su pra
jefes de Estado Mayor no ven forma de hacer nada de importanci to. Sólo
pequeño servicio en este aspec
te para prestar a ustedes siquiera un de más
cuarenta divisiones, y por espacio
en Francia, los alemanes tienen con la típica dilige ncia alemana,
la costa ha sido fortif icada
de un año toda
, casamatas y MINas. La única
y hoy está erizada de cañones, alambradas
ralmente alguna superioridad aérea
zona en donde podrí amos lograr tempo
los cazas, €5 ia comprendida entre
de
y contar con la necesaria protección nes, con un
zona es una masa de fortificacio
Dunquerque y Boulogne. Esta os marítimos y muchos de
es pesad os que domin an los acces
sinfín de cañon
hasta el otro lado del Estrecho. Ac-
ellos pueden hacer ilegar sus disparos oscuridad, e incluso durante éstas,
tualmente hay menos de cinco horas de
tores. Intentar un desembarco en
iodo el sector está iluminado por refiec
de la forma sangrienta en que seria repelido,
gran escala sería inútil a causa nos
nos conducirían a fracasos que
y las incursiones en menor escala sólo
harían más daño que bien a ambos . Todo habría acabado antes de que ellos
al.
tuvieran que sustraer una sola unidad del frente orient
do solos durante más
3, Usted debe recordar que hemos estado iuchan
o y seguirán au-
de un año, y que, aunque nuestros recursos van en aument
sometidos a dura presión
mentando rápidamente en lo sucesivo, estamos
por aire, sin olvi-
tanto en la metrópoli como en Oriente Medio por tierra y
así como el
dar que la Batalla del Atlántico. de la que depende nuestra vida,
o
tráfico de todos nuestros convoyes bajo la constante amenaza del bloque
submarino y de los Focke-Wulf, reducen nuestras disponibilidades navales,
por grandes que sean, al límite extremo.
4. Por consiguiente, hemos de enfocar hacia el norte la ayuda inmediata
que podernos prestar. El Estado Mayor Navai ha estado preparando en el
curso de las tres últimas semanas una operación a cargo de aparatos con
base en portaaviones, quienes hostigarían la navegación alemana en el nor-
te de Noruega y Finlandia, con la esperanza de destruir así la capacidad ale-
mana de transporte marítimo de tropas destinadas a atacar el flanco ártico
EresEr pea de los Estados Mayores soviéticos que mantengan
ques rusos una zona determinada, entre los días 28 de julio
y 2 de agosto, en que confiamos poder dar el golpe. En segundo lugar, pro-
cedernos al envío de aigunmos cruceros y destructores a Spitzberg desde
donde estarán en condiciones de atacar a ia navegación enemiga de con-
cierto con las fuerzas navales rusas. En tercer lugar, enviamos una fiotiila
Eee dl para interceptar al tráfico alemán en la costa ártica, aunque
pea En a epi día, este servicio resulta especialmente peli-
kangal! gar, enviamos un minador con suministros diversos a Ar-
19
6. Estamos estudiando, asimismo, la posibilidad de formar una base de
algunas escuadrillas de caza británicas en Murmansk. Esto requeriría ante
todo el envío de cañones antiaéreos, y luego la llegada de los “aparatos, al-
gunos de los cuales podrían despegar de portaaviones y Otros ser expedidos
desmontados. Una vez establecida dicha base, nuestra escuadrilla de Spitz-
berg iría a Murmansk y actuaría junto con las fuerzas navales rusas. Tene-
mos motivos para creer que los alemanes han enviado un potente grupo de
bombarderos en picado, que nos guardan en reserva para el día que ilegue-
mos, y, por lo tanto, es menester proceder con pies de plomo. Sin embargo,
todo lo dicho va a absorber varias semanas.
7. No vacile en sugerir cualquier cosa que se le ocurra, y NOSOtros con-
tinuaremos ideando afanosamente nuevas formas de atacar al enemigo
común.
21
Los ejércitos alemanes de Rusia habían penetrado profundamente en
el país, pero a finales de julio surgió una discrepancia fundamenta! de opi-
niones entre Hitler y Brauchitsch, comandante en jefe de las tropas ale-
manas. Brauchitsch sostenía que el grupo de ejércitos de Timochenko,
que estaba desplegado frente a Moscú, constituía el grueso principal de la
fuerza rusa y, por lo tanto, era esencial derrotarlo antes que nada. Esta
era la doctrina ortodoxa. Después, argúía Brauchitsch, se podría tomar
Moscú, el centro nervioso militar, político e industrial más importante de
toda Rusia. Hitler discrepó enérgicamente. Su deseo era ganar territorio y
destruir a los ejércitos rusos en el frente más amplio posible. En el norte
exigía la toma de Leningrado, y en el sur la ocupación de la cuenca indus-
trial del Donetz, Crimea y un avance hacia los yacimientos de petróleo
ruso en el Cáucaso. Moscú podría esperar. ] e
Después de agitadas discusiones, Hitler ganó la partida a sus jefes mili-
tares. El Grupo de Ejércitos del Norte, reforzado desde el centro, recibió la
orden de intensificar las operaciones contra Leningrado. El Grupo Central
alemán fue relegado a la defensiva con órdenes de enviar un grupo de
Panzers al sur a coger por el flanco a los rusos que a la sazón eran ba-
rridos por Rundstedt a la otra orilla del Dnieper. En esta acción los ale-
manes lograron notables progresos. En los primeros días de septiembre
empezó a formarse una vasta bolsa de fuerzas rusas en el triángulo Ko-
notov-Kremenchug-Kiev, y más de medio millón de hombres fueron
muertos o hechos prisioneros en la desesperada lucha que se prolongó
hasta finales de dicho mes. En el norte no cabía anunciar éxitos de esta
índole. Leningrado fue cercada, pero no cayó. La decisión de Hitler no ha-
bía sido acertada. Todas sus ideas y todas sus energías se concentraron
ahora en el sector central del frente. Los sitiadores de Leningrado recibie-
ron orden de destacar fuerzas móviles y parte de la aviación que les
apoyaba, para correr a reforzar un nuevo ataque contra Moscú. El grupo
Panzer, que había sido enviado a von Rundstedt, hizo marcha atrás para
unirse al asalto. A finales de septiembre la escena volvía a estar prepara-
da para el empuje por el centro que antes quedó descartado. Entre tanto,
los ejércitos del sur avanzaban en dirección este hacia el Don inferior, en
donde encontrarían expedito el camino del Cáucaso.
23
gobierno polaco, el ministro de Asuntos Exteriores manifestó nuestro
punto de vista:
El mismo día, Mr. Eden leyó esta nota en la Cámara de los Comunes y
declaró:
24
alemán, se produjo
da querra de querrillas en la retaguardia del avance
entre cuatroc ientas y quinien tas millas en
una retirada general que osciló
ado hacia el sur, en una
toda la extensión del frente ruso desde Leningr
gobierno soviético, la en-
longitud de mil doscientas millas. La energía del l huma-
reservas de potencia
tereza del pueblo ruso, sus inconmensurables
invierno ruso fueron
no, las vastas proporciones del país y los rigores del
instanci a destruy eron a los ejércitos de Hitler.
los factores que en última
la lucha en 1941. El presi-
Pero ninguno de ellos intervino para nada en
fado de temerar io cuando, en septiembre de
dente Roosevelt fue apostro
ía y que Moscú jamás caería
1941, proclamó que el frente ruso se sostendr
y el patriotismo del pue-
en poder de los alemanes. La gloriosa resistencia
ñ
blo ruso confirmaron este aserto.
a Moscú y de las con-
Todavía en agosto de 1942, después de mi visita
me acompañaba, se-
ferencias que allí celebramos, el general Brooke, que
iendo la opinión de que los aleman es atrave sarian la región
guía sosten
Caspio, por lo que
montañosa del Cáucaso y dominarían la cuenca del
ativos en gran escala para una cam:-
nosotros hubimos de realizar prepar
aquel perío-
paña defensiva en Siria y Persia. No obstante, durante todo
la capaci dad rusa de resiste ncia fue mucho más opti-
do, mi parecer sobre
nza en
mista que la de la mayoría de mis consejeros militares. Tenía confia
n
las seguridades que me había dado el primer ministro Stalin en ocasió
de mi visita a Moscú, en el sentido de que el frente del Cáucas o resistir ía y
que los alemanes jamás llegarían al Caspio. Pero era tan escasa la infor-
mación de que disponíamos sobre los recursos e intenciones soviéticos,
que todas las opiniones en uno u otro sentido apenas eran más que sim-
ples conjeturas.
No cabe duda de que la entrada de Rusia en la guerra contribuyó a ali-
viar en mucho a la Gran Bretaña de los ataques aéreos alemanes y dismi-
nuyó considerablemente la amenaza de invasión. Repercutió de modo fa-
vorable en nuestra apurada situación en el Mediterráneo, pero por otra
parte nos impuso cuantiosos sacrificios y mermas. Estábamos empezando
por fin a estar bien equipados. Nuestras fábricas de municiones nos pro-
veían finalmente de pertrechos de todas clases. Nuestros ejércitos de
Egipto y Libia estaban empeñados en duros combates y pedían armamen-
to moderno, especialmente tanques y aviones. Los ejércitos británicos de
la metrópoli aguardaban ansiosamente los pertrechos modernos que du-
rante tanto tiempo les habiamos prometido y que, al fin, venciendo las
complicaciones cada vez mayores, empezaron a llegar a sus manos. En
estos momentos fue cuando nos vimos obligados a renunciar a importan-
tes contingentes de armas y suministros vitales de todas clases, incluso
caucho y petróleo. Recayó sobre nosotros la tarea de organizar los con-
voyes de suministros británicos y hasta norteamericanos y enviarlos a
Murmansk y Arkangel, arrostrando los innumerables peligros y rigores de
la travesía ártica. Todos los suministros americanos eran en detrimento de
los que ya se nos había expedido, o se nos iba a expedir, a través del
Atlántico para atender a nuestro consumo. A fin de llevar a cabo esta in-
gente labor de ayuda a Rusia, sin que se resintiera de ello nuestra campa-
ña en el desierto líbico, tuvimos que interrumpir todos los preparativos
que la prudencia aconsejaba para la defensa de la península malaya y
25
nuestro Imperio y posesiones de Oriente contra la creciente amenaza del
Japón.
Sin pretender lo más mínimo desvirtuar la conclusión que, por otra
parte, la Historia confirmará, de que la resistencia rusa quebrantó la po-
tencia de los ejércitos alemanes e infligió una herida mortal a las energias
vitales de la nación alemana, conviene hacer constar claramente que du-
rante más de un año, después de verse arrastrada a la guerra, Rusia fue
para nosotros una carga y no una ayuda. Con todo, nos alegrábamos de
tener a la poderosa república a nuestro lado en la batalla, y todos estába-
mos persuadidos de que aun en el caso de que los ejércitos soviéticos hu-
bieran de retroceder hasta los Urales, Rusia seguiría constituyendo una
fuerza enorme y, de perseverar en la guerra, una fuerza decisiva.
CAPÍTULO Il
UNA PAUSA EN ÁFRICA: LA DEFENSA DE TOBRUK
El general Auchinleck asurne el mando, 2 de julio. — Necesidad de una
ofensiva en el desierto líbico. — Mi telegrama del 6 de julio. a Las exi-
gencias prohibitivas del general Auchinleck. — Divisiones «Británicas». —
Un aplazamiento de cuatro meses y medio. — Preocupaciones injustífica-
das por el flanco septentrional. — Mi telegrama de los jefes de Estado
Mayor, de 19 de julio. — La tirante respuesta de Auchinleck, 23 de julio.
— Su visita a Londres. — Aunque no convencido, me allano a sus planes.
— Visión alemana de la situación de Rommel y de las perspectivas nor-
teafricanas. — El retorno de míster Menzies a Australia. — Nuestras di-
vergencias sobre la estructura del Gabinete de Guerra. — Caída de Mr.
Menzies. — Mi telegrama. — Relaciones con el gobierno de Mr. Fadden.
— Se nos pide la retirada de la división australiana de Tobruk. — Rele-
vo de una brigada australiana. — Insistencia de Australia en un relevo to-
tal. — Mi telegrama al general Auchinleck, de 17 de septiembre. — Me
amenaza con su dimisión. — Nuevos llamamientos a Mr. Fadden. — Ne-
gativas. — Caída del gobierno de Mr. Fadden. — El partido laborista de
Mr. Curtin asume el poder. — Nuevo llamamiento relativo a Tobruk. a
Nuevas negativas. — Nos avenimos a las demandas australianas. — Pér-
didas de consideración en el relevo. — La labor de la Flota Real en la de-
fensa de Tobruk.
27
Al día siguiente, volví a escribirle:
Fue muy deplorable que este consejo, que repetí en log sucesivo, no en-
contrara acogida. .
El 4 de julio, el general Auchinleck contestó a mi primer mensaje. Con-
venía conmigo en que tan pronto como Siria quedara conquistada, y con
nuestras posiciones en el Irak consolidadas, cabía pensar en una ofensiva
en el desierto líbico. Sin embargo, para triunfar hacían falta fuerzas blin-
dadas en número adecuado. Calculaba que se necesitarían dos, y quizá
tres divisiones blindadas junto con una división motorizada. El avance
cuyo objetivo había de ser arrojar al enemigo del África septentrional, ha-
bría de ser llevado a cabo por etapas, debido a razones administrativas. El
primer objetivo habría de ser la reocupación, también por etapas, de
Cirenaica. El general afirmaba, en resumen, que una acción simultánea
en el desierto occidental y en Siria equivaldría a «invitar al fracaso en
ambos frentes».
Yo creí prudente explicarle la situación tal como nosotros la veíamos:
28
a
y el Estado Mayor General se muestr
forma para resistir a una invasión, sustan cial de tanques por la ruta
envia r una nueva exped ición
remiso en
os utilizar). que nos dejaría desarma-
de El Cabo (que es la única que podem
de octubr e, tanto aquí como en África. Después de oc-
dos hasta principios
ameri canos irán en aumento, con lo que nuestra si-
tubre, los suministros
desah ogada . Pero muchas cosas habrán de ocurrir
tuación aquí será más !
hasta entonces. este momen to conside-
ación señala n en
5, Nuestros servicios de inform
pero pocos, o ninguno, por parte
rables refuerzos italianos camino de Libia,
alterar radicalmente este cuadro
de los alemanes. Un colapso ruso podría
de invasión de la metrópoli.
en detrimento de usted sin disminuir la amenaza
6. El potencial de sus refuerzos aére os
ya le ha sido ,dado a conocer.
re usted ha-
Parece probable que durante julio y agosto y parte de septiemb colapso
aspecto un
brá adquirido el dominio del alre, pero también en este alemanes, y
ruso permitiría destinar al África considerables refuerzos aéreos
enemigo no intenta la invasión y se limita simplem ente a fingir que la
si el
africano durante
prepara, le será fácil lograr el dominio del aire en el frente
el mes de septiembre.
es im-
7. A todo esto se añade la cuestión de Tobruk. Desde aquí nos
O
posible juzgar cuál será el valor ofensivo de Tobruk dentro de dos meses,
lo que puede ocurrir entre tanto. Lo más lógico es suponer que el enemigo
intente reducir o aislar completamente Tobruk como medida preliminar in-
dispensable a una invasión de Egipto.
8. Desde todos estos puntos de vista es difícil apreciar hasta qué extre-
mo puede mejorar su situación después de mediados de septiembre compa-
rada con el momento actual, aunque también podría empeorar. No dudo de
que usted estudiará detenidamente, pero también con rapidez, todo este
problema. ...
11. La aviación. Tengo el criterio de que para todos los fines operativos
de alguna importancia, sus planes deben abarcar el empleo de todas las
fuerzas aéreas en la zona de Oriente Medio, teniendo en cuenta, desde lue-
go, que la aviación tiene su propio papel estratégico que desempeñar, y que
no hay que desmenuzarla para la formación de pequeños techos protecto-
res para el ejército, como según parece ocurrió en la batalla de Sollum. En
su telegrama usted habla de aviones volando en apoyo del ejército y de
aviones volando en apoyo de la armada y de aviones empleados en tareas
estratégicas independientes. El problema es, ¿en qué proporciones? Éstas
habrán de fijarlas de vez en cuando los comandantes en jefe obrando de
consuno. Pero ninguna de estas disposiciones debería echar a perder la in-
tegridad de la contribución de las fuerzas aéreas a cualesquiera grandes pla-
nes que usted tenga pensados. No se puede por menos de recordar que en
la batalla de Sollum («Hacha de Guerra») nuestra superioridad se desperdi-
E A a de decida permanecieron ociosas mientras todos
r ) ponía el enemigo eran enviados a desbaratar nuestra
ofensiva en el desierto.
29
julio dispondría de unos quinientos tanques crucero, de infantería y ame:
ricanos. Sin embargo, cualquier operación requería un 50 por ciento de
reservas de tanques, lo que permitía que un 25 por ciento permaneciera
en los talleres y el 25 por ciento restante para reposición inmediata de los
averiados en combate. Esta condición era casi prohibitiva. Los generales
sólo suelen disfrutar de estas comodidades en el cielo. Y los que las pe-
dían, no siempre las conseguían. Auchinleck resaltó la importancia del
tiempo tanto en el adiestramiento colectivo como en el individual, así
como en el espíritu de equipo que era esencial para la plena eficacia de
nuestras armas. Dijo, además, que creía que el norte (esto es, un ataque
alemán a través de Turquía, Siria y Palestina) podría convertirse en un
frente más decisivo que el desierto.
Por los telegramas que he transcrito, es claramente deducible que entre
nosotros había serias divergencias de visión y de concepto. Esto me causó
una aguda decepción. Las primeras disposiciones del general no fueron
menos desconcertantes. Tras mucho insistir, yo había logrado por fin que
la 50.2 División Británica fuera enviada a Egipto. Me molestaba la propa-
ganda enemiga en el sentido de que nuestra política consistía en utilizar
para la lucha cualesquiera tropas menos las nuestras, evitando así que se
derramase sangre propiamente inglesa. En realidad, las bajas británicas
registradas en Oriente Medio, con inclusión de Grecia y Creta, habían sido
mucho mayores que las de todas las demás fuerzas nuestras puestas jun-
tas, pero la nomenclatura que solíamos emplear daba una impresión falsa
de los hechos. Las divisiones de la India, de las que un tercio de la infan-
tería y toda la artillería eran británicas, no recibían el nombre de Divisio:
nes Indo-Británicas. Las divisiones blindadas, que habían soportado todo
el peso de la lucha, eran enteramente británicas, si bien esto no se refleja-
ba en sus nombres. Repetidos decretos para añadir la palabra «británica»
al nombre de numerosas unidades no habían vencido la práctica que ha-
bía arraigado ya como una costumbre. Muchos batallones de la 6.2 Divi-
sión Británica había sufrido cuantiosas bajas, pero por la fuerza de las cir-
cunstancias no había cabido formar la división como una-entidad unificada.
Pese a parecerlo, nada de eso era trivial. El hecho de que en los comu-
nicados de querra raramente se mencionara a «tropas británicas», otorga-
ba comentarios desfavorables no solamente en los Estados Unidos, sino
también en Australia. Yo había estado esperando con interés la entrada
en liza de la 50.2 División como un medio efectivo con que desvirtuar to-
dos aquellos comentarios e impresiones tan poco gratos. La decisión del
general Auchinleck de elegir a esta división entre todas las demás para
enviarla a guarnecer Chipre desde luego me pareció desacertada, ya que
daba pábulo a los reproches de que injustamente éramos objeto. Los jefes
de Estado Mayor de la metrópoli quedaron igualmente asombrados, des-
de el punto de vista militar, de que se diera tan extraño empleo a aquella
magnífica unidad. No cabía, en efecto, conciliar semejante determinación
con ningún plan estratégico asequible a nuestras mentes.
Otra decisión mucho más grave del general Auchinleck fue la de apla-
zar toda acción de guerra contra Rommel en el desierto líbico, primero
por espacio de tres meses, y en definitiva por espacio de más de cuatro
meses y medio. La ofensiva de Wavell del 15 de junio, operación «Hacha
30
de que aunque en
de Guerra», encuentra plena justificación en el hecho
air dara
cierto modo perdimos la batalla y hubimos de retirarnos imposibilita sa
de partida, los alemane s se vieron absolut amente
ciones
Sus comunicaciones, am
de avanzar durante todo aquel largo período. as
para asegurarles pe
nazadas desde Tobruk, eran insuficientes artil 5 pe
iones de
refuerzos de elementos blindados y aun de munic
pura terqu eda cal
que Rommel pudiera hacer más que sostenerse Por
le imponía bl Ed
zones de prestigio. El abastecimiento de sus tropas
a su mando sólo podían eicrád a
clones tales, que los contingentes
debió haber ais osti a
traordinaria lentitud. En estas circunstancias,
o británi co, que conta ba si las se
continuamente por el ejércit
es por carret era, ferroca rril y por mar, y que se veía reforza in
cacion :
en hombres como en ma
tinuamente a un ritmo mucho mayor tanto
nta ocasión, tienden ard
Hay muchos generales que, si se les prese eya
cuando todo está dispuesto y en el des
ger una batalla en regla,
mediante una da a ts E
gido por ellos, antes que agotar al enemigo so:
la certidum E
y poco espectacular. Como es lógico, prefieren noche Sr qn
ue día y
Pero olvidan que la guerra nunca cesa, que prosig
, sino en todos.
sultados siempre cambiantes, no solamente en un teatro ]
su agonía.
la sazón, los ejércitos rusos habían llegado a la crisis de
error de Auchinl eck consisti ó en la desmesurada im-
A mi juicio, el tercer
septent rional. Este sector requería,
portancia que otorgaba a nuestro flanco
defen-
en efecto, la máxima vigilancia y justificaba muchos preparativos de
sólidas líneas fortific adas en Palesti na y Siria. Sin
sa y la construcción de
embargo, la situación no tardó en mejorar muchísimo en comparación con
la que prevalecía en junio. Siria fue conquistada, la rebelión del Irak había
sido sofocada. Todos los puntos clave del desierto estaban en poder de
nuestras tropas. Por encima de todo, la lucha entre Alemania y Rusia daba
una confianza renovada a Turquía. Mientras la gran batalla estuviera en el
fiel de la balanza, no había que temer que los alemanes exigieran el paso de
sus ejércitos a través del territorio turco. Persia no tardaría en ser traída al
campo aliado, merced a la acción combinada de Rusia y la Gran Bretaña.
Esto nos permitiría salvar el invierno y, entretanto, la situación general era
favorable a una acción decisiva en el desierto líbico.
» » »
Tiempo atrás usted dijo que no era posible lanzar una ofensiva en el de-
sierto occidental hasta que tuviese a su mando cuando menos dos, y prefe-
riblemente tres, divisiones blindadas debidamente adiestradas. Hasta que
Alemania atacó a Rusia nos era imposible pensar en enviarle desde aquí
grandes refuerzos de tanques crucero, ya que teníamos que considerar la
invasión en agosto o septiembre como una probabilidad no desdeñable.
Ahora no podemos decir que esta probabilidad haya desaparecido del todo,
ya que Rusia podría hundirse de un momento a otro, pero estamos dispues-
tos a probar fortuna sl ello ha de permitirnos reconquistar Cirenaica con to-
das las ventajas que esto implica...
31
En su telegrama de 15 de julio, usted expresaba sus dudas de que pudie-
ra seguir sosteniendo a Tobruk después de septiembre. Deducimos. por con-
siguiente, que no se puede aplazar más allá de dicho mes una ofensiva para
la reconquista de Cirenaica. Según nuestros cálculos, el poderío aéreo britá-
nico en este teatro seguirá yendo en aumento hasta septiembre y posible-
mente continuará en sentido ascendente después de dicho mes, pero esto
depende desde luego del desenlace de la campaña que se está desarrollan-
do en Rusia.
Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, desde aquí parece
que la mejor, por no decir la única, oportunidad de reconquistar Cirenaica
estriba en desencadenar una ofensiva a fines de septiembre a más tardar.
¿Estaría usted dispuesto a hacerlo si le enviáramos en seguida otros 150
tanques crucero? Calculamos que éstos podrían llegar a Suez entre el l3y
el 20 de septiembre. También estaríamos dispuestos a enviarle hasta 40.000
hombres en el convoy W.S. 11, dejando en sus manos cuáles son las que
necesita con más urgencia de las cosas que podemos poner a su disposición.
Si, por otra parte, usted cree que no puede emprender la ofensiva a finales
de septiembre. no consideraríamos justificado sustraer a las importaciones
de víveres los buques que habría que emplear, descoyuntando así a la 1?
División Blindada. Tampoco qusiéramos enviarle 150 tanques crucero sin
tener la certidumbre práctica de que la ofensiva tendrá lugar dentro del pre-
sente año. »
h
Estando de completo acuerdo con lo antedicho, también yo telegrafié
personalmente:
32
ser
mes antes no se reanude un esfuerzo ofensivo. Este intervalo habría de
AÑ
suficiente para completar el adiestramiento. Parece justificado librar
situación cam e
dura y decisiva batalla en el desierto líbico antes de que la
nuestro, y conviene, e lo do afrontar los graves riesgo:
en detrimento
1] cuales raras veces se consigue la victoria. E
ns creyendo que Wilson debería ostentar el mando de ei
propong:
ofensiva, si ha de haber tal mando, a menos que usted se
lo personalmente.
a
El general Auchinleck contestó a mi mensaje el 23 de La La
e a ds
dijo, de destinar a la 50.2 División a Chipre, había sido tomada
e E e las
concienzudo estudio. «Si usted lo desea, puedo exponerle a
y que me parecen incontes tables. Espero
razones que me indujeron a ello E E : : a mi Len e
que las disposiciones de esta indole serán dejadas en lo sucesivo
posible una ofensiva alemana contra Siria a través
tera discreción.» Creía
de Anatolia en la primera mitad de septiembre.
Terminaba diciendo:
33
tos subalternos, pero influyentes, del Estado Mayor de El Cairo habían
deplorado la decisión de enviar el ejército a Grecia. Estos elementos igno-
raban cuán plena y sinceramente el general Wavell había dado su apro-
bación a esta política, y mayormente ignoraban con cuánta insistencia el
Gabinete de Guerra y los jefes de Estado Mayor le habían planteado la
cuestión, casi invitándole a una negativa. Wavell, según insinúan estos
elementos, se había dejado influir por los políticos, y su aquiescencia a los
deseos de éstos había desatado la cadena de desastres que siguieron a
continuación. Luego, en el momento de la derrota, y como recompensa a
su blandura, había sido destruido, sin tener en cuenta sus victorias pasa:
das. No me cabe la menor duda de que en esos círculos del Estado Mayor
de El Cairo predominaba en aquella época la impresión de que el nuevo
comandante en jefe no debía dejarse empujar a aventuras temerañas,
sino que, por el contrario, debía tomarse cuanto tiempo requinera y
actuar sobre bases sólidas. Semejante corriente de opinión pudo muy bien
haber sido dada a conocer al general Auchinleck. Lo que era evidente era
que no adelantaríiamos mucho discutiendo los asuntos por correspon-
dencia.
34
o el momento,
mentamos no poder persuadirle a confiar la batalla, llegad
Cunni ngham , cuya reputa-
al general Maitland Wilson. Él prefería a Alan
a consec uencia de nuestr as victori as en Abisinia.
clón había subido mucho
en la medid a de lo posible, y
Teníamos que contribuir todos el triunfo
a medias, compartimos la
como estas cosas no se hacen bien si se hacen
responsabilidad de sus decisiones.
A rc
a por una gran masa de combatientes, sino por un nú-
35
enemigos a los puertos de abastecimiento y a los almacenes de suministros,
En segundo término, era de gran importancia que se llevaran refuerzos de
artillería al Afrika Corps, ya que una de las primeras condiciones a que se
subordinaban las operaciones del futuro había de ser la toma de Tobruk. A
la sazón, las tropas alemanas e italianas no podían alcanzar esta localidad
sin artillería pesada. Aparte de aprovisionar a las tropas combatientes, era
absolutamente necesario hacer grandes repuestos de suministros Y prepa-
rar columnas de transportes antes del comienzo de la ofensiva. Los sumi-
nistros requeridos tan sólo por el Afrika Corps alemán ascendían a unas
40.000 ó 50.000 toneladas por mes. A éstas había que añadir los suminis-
tros para los italianos. Los transportes aéreos alemanes disponían de muy
poco espaclo. La protección del tráfico marítimo y de cabotaje corría a car-
go exclusivo de los italianos, ya que a la sazón las fuerzas aéreas alemanas
de Sicilia se estaban retirando. Unidades más potentes de la Luftwaffe esta-
ban siendo instaladas en el norte de África a fin de proteger la costa y los
transportes por mar. El general Cavallero agradeció esta declaración al jefe
alemán. Tanto él como el Duce compartían sus opiniones. La tarea primor-
dial de Italia en aquellos momentos era mantener sus posiciones. Las de-
fensas en el África septentrional eran demasiado exiguas. Las tropas que
actuaban en el sitio de Tobruk necesitaban un relevo para descansar. La si-
tuación de Sollum era de incesante peligro.
En agosto, el Estado Mayor de Operaciones de la Luftwaffe publicó el
siguiente comunicado:
36
tampoco lo estuvieron, ni lo estu-
En realidad, a finales de septiembre
itali anos en octub re. Ni tampoco en e
vieron los alemanes o los de que les hubiera sido imposible
De haber sido atacados, no cabe duda
oponer la menor resistencia.
n llegaron, el 29 de agosto, al
Los Estados Mayores ita liano y alemá
acuerdo de que:
inmediato ninguna clase de
No hay perspectivas de prepa rar en el futuro
a contra el can al de Suez partie ndo de Libia. Aun en el
operación ofensiv
fuera conqui stada en el otoño, el equilibrio de fuerzas
caso de que Tobruk n a cualquier ataque
la ofensiv a. Esto se ap lica tambié
no permitiría pasar a el este empeora la
o, ya que cualqu ier au ance hacia
con un objetivo limitad favore ce la de los in-
precaria situación de nuestr os suminis tros, mi entras
gleses.
Enlace describía la
El 9 de septiembre, el Estado Mayor alemán de
situación en estos términos:
italianas, no se
A pesar de las constantes incursiones aéreas alemanas e
el presente,
registra ningún cambio general en la situación de Tobruk. Hasta
onamiento
no hemos siquiera logrado una paralización efectiva del aprovisi
que todas las noches efectúan destructores y vapores de pequeño tonelaje
en el puerto de la fortaleza... Según declaraciones hechas por el cuartel
general de la aviación en África, las defensas antiáereas de Tobruk son tan
potentes que nada tienen que envidiar a las de Malta... Las muchas irrup-
ciones, ora débiles, ora fuertes, que la guamición hace contra Nuestras
líneas, parecen tener como objetivo descubrir los puntos flacos del cerco,
y esto no puede perseguir otra finalidad que la ruptura del mismo, cuyo ir
tento es de esperar que se haga simultáneamente con la próxima ofensiva
en el frente meridional...
37
Menzies deseaba la formación de un Gabinete de Guerra imperial en el
que estuviesen representados los cuatro Dominios autónomos. A su paso
por el Canadá, durante el viaje de regreso a Australia, el señor Menzies
sometió oficialmente y por escrito sus propuestas al señor Mackenzie
King, al general Smuts y al señor Fraser. Ninguno de ellos, sin embargo,
se mostró partidario del cambio sugerido, y especialmente el señor Mac.
kenzie King adujo argumentos constitucionales de mucho peso contra la
idea de que el Canadá hubiese de quedar ligado, por un representante
suyo, a las decisiones de un Consejo establecido en Londres.
38
28-Vill-41
Primer Ministro a Mr. Menzies.
de toda injerenc ia en la a
Mientras me abstengo escrupulosamente
cuánta contrarieda
australiana, no puedo por menos de manifestarle con
en el timón durante
he recibido la noticia de su dimisión. Usted ha estado
a nuestro lado aquí,
esos terribles dos años de tormenta y usted estuvo
Australi a afrontab a los mayores peligros que ha conocido. Todos
mientras
altament e agradeci dos por el valor demostr ado por usted y por
le estamos he ls ga
nos ha dado. Con nuestra amistad personal , yo
la ayuda que do de
por una experien cia análoga cuando fui destitui
nancioso. Yo pasé Anzacs EE
moment o en que pude haber dado a los
Almirantazgo en el
es un consuelo
buena probabilidad de victoria en los Dardanelos. Siempre
o con el deber
en estas circunstancias tener la seguridad de haber cumplid
envían sus sa-
con las mejores fuerzas de uno. Mi esposa y mi familia le
ludos.
39
Primer Ministro al general Auchinleck. 6-1X-41
Estoy casi seguro que los australianos se allanarán a razones Apela5
ponen los hechos con toda lealtad. Nosotros no queremos queel a e
miento de Tobruk, ni los demás preparativos de usted, sufran interrupcio
nes. Si el atender a la petición de relevo ha de suponer algu na dai
sirvase facilitarme los datos para poder exponérselos. Australia no toleraría
jamás que nadie jugara sucio. Por supuesto, si ello no ha de implicar graves
cambios en sus planes, deberíamos satisfacer sus deseos.
responder.
Todo fue inútil y no tuve más opción que
15-1X-41
Primer Ministro a Mr. Fadden.
con su decisión. El
Se cursarán inmediatamente órdenes de acuerdo
es en los present es moment os de una importan-
mantenimiento del secreto
cia suprema.
41
mente nos hemos opuesto a la resolución australiana de abandonar la línea
de fuego en la presente coyuntura. Además, cuando Auchinleck estuvo en
la metrópoli, le señalé la conveniencia de no debilitar la defensa de Tobruk
haciendo un relevo innecesario.
2. Me asombró la decisión del gobierno australiano, ya que estaba seguro
de que el pueblo de Australia la repudiaría si pudiese conocer toda la ver-
dad. Sin embargo, hay que hacer concesiones a un gobierno que cuenta
sólo con una mayoría de uno y tiene frente a sí una oposición violenta, for-
mada en parte por aislacionistas decididos.
3. Es de todo punto imperativo que no surja ninguna controversia abier-
ta entre la Gran Bretaña y Australia. Todos los sentimientos personales
deben ser subordinados, por consiguiente, a mantener una apariencia de
unidad. Bastantes disgustos hemos tenido ya por no haber utilizado divisio-
nes británicas de infantería en los diversos combates, induciendo con ello al
mundo entero y a Australia a suponer que libramos nuestras batallas exclu-
sivamente con tropas de los Dominios.
4. Telegrafío hoy mismo a Auchinleck para reiterarle la absoluta confor-
midad de los jefes de Estado Mayor con su criterio militar.
42
Primer Ministro al general Auchinleck. 5Xx-41
Larnento no haber logrado una respuesta favorable del destituido gobierno
australiano sobre evitar un nuevo «Supercarga» [relevo de los australia-
nos de Tobruk], y todavía no he establecido ningún contacto con el nuevo
gobierno. Sin embargo, confío en que no se producirá ningún nuevo aplaza-
miento de «Cruzado».
43
realizar algunos movimientos masivos de tropas para la asediada fortale-
za, a la que también había que llevar toda clase de armas nuevas, incluso
tanques. En conjunto, la armada entregó a la guarnición, aparte de trein-
ta y cuatro mil hombres, setenta y dos tanques, noventa y dos cañones y
treinta mil toneladas de repuestos. Efectuó asimismo la evacuación de un
número igual de soldados, además de los heridos y los prisioneros de
guerra enemigos. Esta ardua pero indispensable labor costó a la armada
un minador, dos destructores y veintidós navíos menores hundidos, ade-
más de dleciocho seriamente averiados. También fueron hundidos o ave-
riados nueve mercantes y dos buques hospital. Estos sacrificios permitie-
ron que la guarnición de Tobruk sobreviviera a un incesante ataque por
espacio de doscientos cuarenta y dos días. Durante todo este período, la
fortaleza desempeñó un papel activo y conspicuo en la estrategia de toda
la campaña, especialmente de la ofensiva que se avecinaba.
44
bién que cuando el enemigo hundió nuestro flanco del desierto, al Igual
que en la campaña de Grecia, los australianos habían arrostrado enormes
riesgos. Todo ello había de pesar considerablemente en el ánimo del
gobierno de Australia. Nunca podremos olvidar el noble impulso de este
Dominio al enviarnos sus únicas tres divisiones completas, la flor de su
juventud, para luchar en Oriente Medio, ni podremos olvidar la bravura
con que desempeñaron su misión en todas las batallas.
“e1gI7 u9 eaisuojo epunbas ej
ue¡ojuj SeDjugpiag sopepjun sajuajod — *Lp6l BP SJquia]aou Sp 8l
- 3 El almirante Sir Andrew
B. Cunningham.
47
enemigo deberá ser observado de cerca por si se le presenta una oportuni-
dad favorable para desencadenar la campaña que le haría ganar la guerra.
2. Los triunfos alemanes tanto en los Balcanes como en Libia, que son
dos terrenos notoriamente diferentes, prueban una vez más la suprema-
cía de las fuerzas blindadas, apoyadas por una aviación potente. En todo lo
en
que va de guerra, la combinación de blindados y aviones ha dominado
todos los campos de batalla. La defensa, dado que no cabe predecir los
puntos de ataque, ha de sufrir forzosamente la desventaja de la dispersión,
y debe depender primordialmente para su éxito del mantenimiento de gran-
des reservas de tanques para el contraataque, armas antitanque y aviones.
3, Los jefes de Estado Mayor, tras exhaustivos estudios, han calculado
últimamente que la escala de ataque blindado contra la isla británica se
efectuará con una fuerza de 6 divisiones blindadas, o sea, en conjunto, unos
2.400 tanques. Según el criterio del comandante en jete de las fuerzas me-
tropolitanas, con el cual estoy de completo acuerdo, se requieren un total
de seis divisiones blindadas y cuatro brigadas de tanques del Ejército lo sea,
unos 2.600 tanques) para hacer frente en la Gran Bretaña a un ataque de
la magnitud indicada. De dichas unidades señaladas últimamente, dos divi-
siones blindadas y dos brigadas de tanques tendrían que estar distribuidas
en cada uno de los mandos del este y el sudeste a fin de contraatacar a
cualesquiera fuerzas invasoras que intentaran una penetración a través de
East Anglia y las costas de Kent y Sussex, respectivamente. Las dos divisio-
nes blindadas restantes serían guardadas en reserva, con una de ellas reser-
vada eventualmente para ser utilizada en el norte.
49
Primer Ministro al jefe del Estado Mayor General Imperial. 13-V-4]
1. En su documento del 6 del corriente hay muchas cosas con las cuales
estoy de acuerdo. También hay muchos asertos que no me convencen en lo
más mínimo. Estoy enteramente conforme con usted en el párrafo 8, de
que nuestros consejeros militares subestimaron a los alemanes en Noruega,
Bélgica y Libia. El caso de Bélgica es el más notable. Sin embargo, no
recuerdo haber oído nunca a un solo soldado británico señalar los puntos
débiles de la linea Sub-Maginot o censurar nuestra ocupación de Bélgica.
Digo esto nada más que para dernostrarle que la opinión profesional de los
peritos más expertos puede a veces divagar en medio de las muchas incerti-
dumbres de la guerra.
2. ...Colijo que usted estaría dispuesto a afrontar la pérdida de Egipto y
del valle del Nilo, junto con la rendición o la destrucción de un ejército de
medio millón de hombres que hemos concentrado en aquellos parajes, an-
tes de perder Singapur. No comparto este punto de vista, ni creo que el di
lerna se nos llegue a plantear. La defensa de Singapur es una operación
que requiere sólo una pequeñísima fracción de las tropas que hacen falta
para defender el valle del Nilo contra los alernanes y los italianos. Ya le he
expuesto los datos políticos que han de servir de fundamento para las dis-
posiciones militares encamindas a defender Singapur, o sea, que si el Japón
entraba en la guerra, los Estados Unidos se pondrían inmediatamente de
nuestra parte, y que en cualquier caso el Japón no intentará probablemente
el asedio de Singapur al inicio de sus operaciones, ya que con ello correría
un peligro enorme, sin que nos causara a nosotros un daño mayor que el
que podría infligirnos desplegando sus cruceros y cruceros de batalla por las
rutas Comerciales de Oriente.
50
vese que ni siquiera creí necesario repetir mis argumentos contra la pro-
babilidad de una invasión afortunada de la Gran Bretaña. Sir John Dill
debió de percatarse de que el consenso de opinión le era desfavorable en
este aspecto, por lo que tras haber dado la nota de aviso, no volvió a refe-
rirse más al asunto.
Sin embargo, la cuestión volvió a surgir inesperadamente por otro lado.
A mediados de julio, llegó a Inglaterra Mr. Harry Hopkins en su segunda
misión en nombre del Presidente. El primer tema de conversación que
abordó fue la nueva situación creada por la invasión hitleriana de Rusia
y su reacción sobre todos los suministros de Préstamo y Arriendo proce-
dentes de los Estados Unidos, con los cuales contábamos. En segundo lu-
gar, un general americano, a quien se habían dado las máximas facilida-
des para efectuar una inspección, había redactado un informe en el cual
expresaba graves dudas sobre nuestra capacidad para resistir a una inva-
sión. Esto había causado hondas inquietudes en el ánimo del Presidente.
En tercer lugar, y en consecuencia, se habían agudizado los menciona-
dos temores del Presidente sobre la pertinencia de defender Egipto y
Oriente Medio. ¿No nos arriesgábamos a perderlo todo intentando hacer
demasiadas cosas a la vez? Por último había la cuestión de arreglar un
encuentro entre el Presidente y yo, fuera como fuera, en cualquier lugar,
y pronto.
Esta vez Hopkins no estaba solo. Se encontraban en Londres numero-
sos altos oficiales de la armada y el ejército de los Estados Unidos, oficial-
mente ocupados en cuestiones relacionadas con el Préstamo y Arriendo,
y entre ellos figuraba el almirante Ghormley, que trabajaba cotidianamen-
te con el Almirantazgo en el estudio de los problemas del Atlántico y la
participación americana para la solución de los mismos. Celebré una reu-
nió con Hopkins y su círculo y los jefes de Estado Mayor el día 24 de julio
por la noche en Downing Street. Acompañaban a Hopkins, además del
almirante Ghormley, el mayor general Chaney, en calidad de «observador
especial», y el general de brigada Lee, agregado militar americano. Averell
Harriman, que acababa de regresar de una gira por Egipto, en donde por
recomendación mía había sido informado detalladamente de todo, com-
pletaba la reunión.
Hopkins dijo que «los hombres que ocupaban los lugares de responsa-
bilidad en los Estados Unidos y tomaban decisiones sobre cuestiones de
defensa» sostenían la opinión de que el Oriente Medio era una posición
indefendible para el Imperio británico, y que su mantenimiento nos exigía
cuantiosos sacrificios. En su opinión, la Batalla del Atlántico sería la bata-
lla definitivamente decisiva de la guerra, y todo debía concentrarse en ella.
Dijo que el Presidente se sentía más inclinado en favor de la lucha en el
Oriente Medio, pues creía que hay que luchar con el enemigo dondequie-
ra que se le encuentre. El general Chaney planteó a continuación los cua-
tro problemas del Imperio británico por el siguiente orden: defensa del
Reino Unido y de las rutas del Atlántico; defensa de Singapur y de las
rutas marítimas de Australia y Nueva Zelanda; defensa de las rutas oceá-
nicas en general, y, cuarto, defensa de Oriente Medio. Todos eran impor-
tantes, pero él los puso en el orden expresado. El general Lee estuvo de
acuerdo con el general Chaney. El almirante Ghormley expresó algunas
51
inquietudes sobre la ruta de aprovisionamiento de Oriente Medio, si había
que enviar a dicho teatro municiones americanas en gran cantidad. ¿No
podría repercutir ello en una debilitación de la Batalla del Atlántico?
A continuación pedí a los jefes de Estado Mayor británicos que expre-
saran sus puntos de vista. El Primer Lord del Mar explicó por qué tenía
más confianza en destruir un ejército invasor este año que el anterior. El
jefe del Estado Mayor Aéreo mostró que la RAF era mucho más fuerte
en comparación con la Luftwaffe que en septiembre de 1940, y habló del
aumento de nuestra capacidad de ataque contra los puertos enemigos de
invasión. El jefe del Estado Mayor General Imperial habló también en
sentido optimista y. dijo que el ejército era inconmensurablemente más
fuerte que en septiembre pasado. Yo intervine para explicar las medidas
especiales que habíamos tomado para defender los aeródromos, después
de la lección de Creta. Invité a nuestros visitantes a inspeccionar cualquier
aeródromo que les interesara. «El enemigo puede emplear gases, pero si
llega a hacerlo será para desventaja suya, ya que lo tenemos todo dis-
puesto para tomarnos represalias inmediatas y él mismo nos ofrecería es-
tupendos blancos en cualesquiera concentraciones que hiciera en la costa.
La guerra de gases también sería llevada a su propio territorio.» Pedí
a continuación a Dill que hablara de Oriente Medio. Sin expresar ninguna
opinión contraria a su informe del mes de mayo, expuso en forma convin-
cente algunos de los motivos que hacían aconsejable nuestra permanen-
cia allí.
Mi impresión general, al terminar la reunión, fue que nuestros amigos
americanos habían quedado convencidos por nuestras declaraciones e im-
presionados por la solidaridad que existía entre nosotros.
52
a dimitir su puesto de Primer Lord del Almirantazgo después del pac-
to de Munich de 1938, sus dotes personales de orador y escritor, su
hoja de servicios como oficial de la Guardia de Granaderos durante
la guerra de 1914-18, se combinaban en él para otorgarle las mejores
calificaciones. El 21 de julio fue designado Canciller del Ducado de Lan-
caster, sucediéndole Mr. Brendan Bracken en el puesto de ministro
de Información. A principios de agosto, acompañado de su Ne
lady Diana, partió para el Extremo Oriente, vía Estados Unidos. No A
hasta finales de octubre que remitió su informe desde Singapur, adonde
había regresado.
53
Una ex personalidad naval al presidente Roosevelt. 25-VIl-41
El Gabinete me ha dado permiso para salir del país. Tomo las necesarias
disposiciones, suponiendo que merecerán su aprobación, para zarpar el 4 de
agosto, reuniéndome con usted el 8, 9 ó 10. El lugar de reunión no es me-
nester fijarlo hasta más adelante. El Almirantazgo propondrá los detalles a
través de los conductos acostumbrados. Me acompañan el Primer Lord del
Mar, almirante Pound, el jefe de Estado Mayor General Imperial. Dill, y el
vicejefe del Aire, Freeman. Aguardo con impaciencia el momento de nues-
tras conversaciones, que podrán ser de un valor inmenso para el futuro.
1. Novela original de C. S. Forester. (Publicada por José Janés en su colección «Los Escrito-
res de Ahora».)
55
combates ocurridos en la primavera anterior, que había estudiado atenta-
mente. A consecuencia de este estudio redacté un memorándum para los
jefes de Estado Mayor, de cuya primera frase me sentí muy complacido:
«Gran renombre aguarda al general que sea el primero en reponer a la
artillería en su lugar adecuado en el campo de batalla, de donde la han
desahuciado los vehículos blindados superpesados.» Este memorándum
aparecerá en su debido lugar en la presente narración.
Mr. Attlee, que en ausencia mía actuaba como Primer Ministro Delega-
do, se sentía inquieto sobre mi inseguridad personal. Temía que el «Tir-
pitz» fuese enviado en busca y captura del «Prince of Wales» si se produ-
cía la menor filtración de noticias confidenciales.
Antes de salir de viaje creí que sería mejor que lord Beaverbrook trata-
ra por cuenta nuestra la cuestión relativa a los suministros americanos
para Rusia. Yo temía la pérdida de los géneros y materiales que habíamos
estado esperando y de los que teníamos tan apremiante necesidad. En
consecuencia, había dejado dispuestas las instrucciones siguientes:
Una vez realizadas las cortesías navales de rigor, pasé a bordo del
«Augusta» y saludé al presidente Roosevelt, que me recibió con todos los
honores. Se mantenía en pie, apoyándose en el brazo de su hijo Elliot
mientras tocaban los himnos nacionales, y luego me dispensó la más ca-
lurosa de las bienvenidas. Yo le entregué una carta del Rey y le presenté
a los miembros de mi séquito. Las conversaciones entre el Presidente y yo
empezaron inmediatamente, junto con Mr. Sumner Welles y sir Alexan-
der Cadogan y los oficiales del Estado Mayor de ambos paises. Estas
conversaciones prosiguieron casi sin interrupción durante los restantes
días de nuestra visita, unas veces con carácter íntimo y otras en conferen-
cias más amplias.
El domingo 10 de agosto por la mañana, Roosevelt subió a bordo del
«Prince of Wales» y junto con sus oficiales de Estado Mayor y varios cen-
tenares de representantes de todas las categorías y grados de la Marina e
Infantería de marina de los Estados Unidos, asistió al servicio religioso que
se celebró en el alcázar. La ceremonia resultó profundamente emocionante
por cuanto expresaba la unidad de la fe de nuestros dos pueblos, y ningu-
no de cuantos asistieron a ella olvidará jamás el espectáculo que presen-
taba el alcázar atestado de hombres, bajo el sol matinal, con la bandera
de la Gran Bretaña y la bandera estrellada de los Estados Unidos simbóli-
camente enlazadas a ambos lados del púlpito. No olvidarán tampoco
a los sacerdotes británico y americano alternándose en la lectura de las
oraciones, a los jefes supremos de las fuerzas de tierra, mar y aire de la
Gran Bretaña y los Estados Unidos agrupados como un solo hombre de-
trás del Presidente y de mí, las apretadas filas de los marinos, leyendo en
los mismos libros y uniéndose con fervor en las plegarias y los himnos
familiares a unos y a otros.
Yo mismo elegí los himnos: «Por los que están en peligro en el mar»
y «Adelante, soldados de Cristo». Terminamos con el: «¡Oh, Dios, ayuda
nuestra en todos los tiempos!», himno que, según Macaulay nos recuerda,
cantaban los Ironsides mientras conducían el cadáver de John Hampden
a la tumba. Cada palabra nos llegaba hasta lo más profundo del corazón.
Fue una hora inolvidable. Casi la mitad de los que cantaban allí no ha-
bían de tardar en morir.
CAPÍTULO IV
LA CARTA DEL ATLÁNTICO
59
Cuarto: Se esforzarán por llevar a cabo una distribución leal y equitativa
de los productos esenciales, no solamente dentro de sus fronteras territoria-
les, sino entre todas las naciones del mundo.
Quinto: Aspiran a una paz que no sólo acabe para siempre con la tiranía
nazi, sino que mediante una organización internacional eficaz, proporcione
a todos los Estados y pueblos los medios de vivir seguros dentro de sus pro-
pias fronteras, y cruzar los mares y los océanos sin temor a agresiones ilega-
les y sin necesidad de mantener gravosos armamentos.
Sexto: Aspiran a una paz que establezca la seguridad para todos en los
mares y en los océanos.
Séptimo: Consideran que todas las naciones del mundo deben orientarse
por convicción hacia el abandono del empleo de la fuerza. Dado que no
será posible mantener la paz futura si las naciones que amenazan, o puedan
amenazar, con emplear la fuerza allende sus fronteras siguen utilizando
armamentos terrestres, marítimos o aéreos, creen, por lo tanto, que es ts«h
cial desarmar a dichas naciones. Asimismo propugnarán la adopción de to
das aquellas otras medidas practicables que puedan aliviar de la abrumado
ra carga de los armamentos a los pueblos amantes de la paz.
60
declaración sobre los mismos. Yo reprobé el énfasis que una declaración
redactada en tales términos otorgaría a la ausencia de todo compromiso.
Esto podía dar materia de comentarios a la propaganda alemana y podría
al mismo tiempo ser causa del desallento de muchos neutrales y de los
países vencidos. Nosotros mismos no lo encontrábamos del todo satisfac-
torio. Esperé confiadamente, por lo tanto, que el Presidente se avendría a
limitar la declaración a su aspecto positivo, referente a la ayuda a las de-
mocracias, con mayor razón cuanto que se había escudado tras la alusión
a la Ley de Préstamo y Arriendo. El Presidente accedió.
A continuación siguió una detallada discusión del texto revisado de la
declaración conjunta. Nos pusimos rápidamente de acuerdo sobre diver-
sas modificaciones de poca monta. Las dificultades principales surgieron
a propósito de los puntos 4 y 7, en especial el primero de ellos. Referente
al mismo, hice resaltar en seguida que las palabras «sin discriminación»
podrían dar lugar a que quedaran en entredicho los acuerdos de Ottawa,
por lo cual no me consideraba autorizado para aceptarlas. Este texto de-
bía pasar necesariamente a estudio del Gobiemo británico, y, si se desea-
ba conservarlo en la forma propuesta, habría que someterlo a la aproba-
ción de los gobiernos de los Dominios. Por mi parte, abrigué pocas espe-
ranzas de que fuera aceptado. -
Mr. Sumner Welles puntualizó que aquello era precisamente el núcleo
de la cuestión y que el párrafo de referencia encarnaba el ideal por el cual
el Departamento de Estado había estado luchando durante los últimos
nueve años. No pude por menos de aludir a la experiencia británica de
seguir adicta al librecambismo por espacio de ochenta años frente a las
tarifas aduaneras cada vez más elevadas de Norteamérica. Habíamos per-
mitido que todas nuestras Colonias importaran sin limitación. Incluso el
tráfico de cabotaje en torno a la Gran Bretaña había permanecido abierto
a la competencia mundial. Todo lo que habíamos logrado en reciprocidad
fue un aumento constante del proteccionismo americano. Mr. Sumner
Welles pareció un poco cogido por sorpresa. Entonces dije que si se po-
dían insertar las palabras «con el debido respeto a sus obligaciones exis-
tentes», y si las palabras «sin discriminación» podían desaparecer, y
«Comercio» ser substituido por «mercados», yo estaría en condiciones de
someter el texto al gobierno de Su Majestad con algunas esperanzas de
que éste lo aceptara. El Presidente quedó evidentemente impresionado.
En los sucesivo, no volvió a insistir sobre este punto.
En cuanto a las líneas generales del punto 7, hice resaltar que, mien-
tras yo aceptaba el texto, la opinión pública inglesa se sentiría decepcio-
nada ante la ausencia de toda intención de establecer una organización
internacional para salvaguarda de la paz después de la guerra. Prometí esfor-
zarme por encontrar una modificación adecuada, y aquel mismo día, más
tarde, sugerí al Presidente la adición de las siguientes palabras a la segun-
da frase: «Hasta que se establezca un sistema más amplio y permanente
de seguridad general.»
61
alcance. Yo había destacado al Presidente los peligros de una incursión
alemana en la península Ibérica, y le había explicado nuestros planes
para la ocupación de las Islas Canarias —operación «Peregrino»— a fin
de contrarrestar este golpe. A continuación envié a Mr. Eden un resumen
de esta discusión:
63
potencia amiga, el gobierno de los Estados Unidos estará igualmente intere.
sado en cualquier conflicto similar que surgiera en el noroeste del Pacífico,
5. Creo que todo esto en conjunto está bien, y que deberíamos asociar.
nos a ello e intentar la plena adhesión de los holandeses, ya que, o bien el
Japón rechazará las condiciones impuestas por el Presidente —es decir,
prosecución de las sanciones económicas e inmovilidad absoluta por parte
de los japoneses y no invasión de Siam—, o bien seguirá adelante con su
acción militar, negándola al mismo tiempo en el terreno diplomático.
En tal caso, la situación indicada en el otrosí final, que acabo de transcri-
bir en el párrafo 4, quedaría automáticamente creada, y se conseguirían los
mismos efectos de una declaración paralela a la norteamericana. El gobier-
no soviético debería estar informado de ello. En cuanto al gobierno chino,
sería peligroso comunicarles lo que estamos haciendo por ellos, aunque po-
dría garantizárseles en términos generales que, al hacer todo esto, hemos
tenido constantemente en cuenta los intereses de su seguridad.
6. Considerando todo lo que antecede, opino que deberíamos secundar
el plan de acción propuesto, y que deberíamos informar de ello a los Domi-
nios, haciendo resaltar que es un gran paso adelante hacia la paralización
de la agresión japonesa.
Acabé de dictar los telegramas cuando apenas eran las dos de la tarde,
y el hecho de que en el transcurso de las doce horas siguientes, tuviera en
mis manos la respuesta favorable del Gabinete de Guerra habla muy alto
en favor de cuantos intervinieron en aquel asunto. Ulteriormente, me en-
teré de que mis telegramas no habían llegado a Londres hasta pasada la
medianoche, cuando muchos de los ministros ya estaban acostados. Sin
embargo, se convocó una reunión del Gabinete de Guerra para las dos
menos cuarto de la madrugada, a la cual nadie dejó de acudir, incluyendo
a Mr. Peter Fraser, primer ministro de Nueva Zelanda, que a la sazón se
encontraba en Inglaterra. Como resultado de la discusión me enviaron un
telegrama poco después de las cuatro de la mañana, aprobando la propo-
sición y sugiriendo una nueva versión del punto 4 (comercio mundial sin
discriminación) y la inserción de un nuevo párrafo referente a la seguri-
dad social. Entre tanto, supe que el Presidente había aceptado todas las
enmiendas que yo le había sugerido el día 11 de agosto.
65
tó gustoso la inserción del nuevo párrafo sobre seguridad social, que el
Gabinete deseaba. También convinimos algunas enmiendas estrictamente
verbales, y la Declaración cobró finalmente su forma definitiva.
66
las palabras «con el respeto debido a sus actuales obligaciones», por ser la
clave del párrafo, salvaguardaban suficientemente nuestra posición.
La profunda y trascendental importancia de esta Declaración conjunta
era evidente. El simple hecho de que los Estados Unidos, a la sazón téc-
nicamente neutrales todavía, se unieran con una potencia beligerante
para hacer una declaración en tal sentido, ya era de por sí bastante Sd
broso. La inclusión en la misma de una referencia a «la destrucción defi-
mi pro-
nitiva de la tiranía nazi» (basada en una frase que aparecia en
a
yecto original) equivalía a un reto que en tiempos normales hubiese
plicado una acción de guerra. Finalmente , no menos sorprenden te era e
realismo del último párrafo, que constituía una clara y audaz afirmación
de que, después de la guerra, los Estados Unidos se unirian a nosotros en
la tarea de regir los asuntos mundiales hasta el establecimiento de un
orden mejor.
12-VIII-41
Hemos aprovechado la oportunidad que nos ha ofrecido el estudio del in-
forme de Mr Harry Hopkins a su retorno de Moscú, para decidir conjunta-
mente el mejor medio por el cual nuestros dos países pueden ayudar al
suyo en la magnífica defensa que está llevando a cabo contra la agresión
nazi. Por el momento, estamos coordinando nuestras disponibilidades para
procurarle el máximum asequible de los suministros que ustedes necesitan
con mayor urgencia. Muchos buques han salido ya de nuestros puertos con
rumbo a los suyos, y más zarparán en el futuro inmediato.
Ahora debemos consagrar nuestro pensamiento al estudio de una política
de más largo alcance en el tiempo, ya que el camino que hay que recorrer
antes de alcanzar la victoria, sin la cual nuestros esfuerzos y sacrificios se-
fían en vano, es largo y penoso.
Se lucha en muchos frentes, y antes de que la guerra acabe es posible
que surjan otros frentes que hoy aún no existen. Nuestros recursos, aunque
inmensos, son limitados, y nuestro principal problema consiste en saber en
dónde y cuándo se puede sacar mejor partido de dichos recursos para llevar
adelante nuestro común esfuerzo. Esto se aplica por un igual a los surninis-
tros de guerra y a las materias primas.
Las necesidades y demandas de sus servicios armados y de los nuestros
sólo cabe determinarlas a la luz del pleno conocimiento de los muchos fac-
tores que hay que tener en consideración en las decisiones que adoptemos.
A fin de que todos podamos estar en situación de llegar a decisiones rápidas
en cuanto al reparto de nuestros recursos conjuntos, sugerimos que prepa-
remos una reunión, a celebrar en Moscú, a la que mandaríamos altos repre-
sentantes facultados para discutir estas cuestiones directamente con usted.
Si la idea de esta conferencia le agrada, deseamos hacerle presente que,
mientras aguardamos las decisiones de la misma, continuaremos mandán-
dole suministros y materias primas con toda la rapidez posible.
No se nos oculta la importancia vital que tiene para la derrota del hitle-
rismo la bravía y tenaz resistencia de la Unión Soviética, y, por consiguient
e,
estamos percatados de que en ninguna circunstancia debemos dejar de
67
obrar con rapidez e inmediatemente en esta cuestión de planear el progra-
ma de las futuras adjudicaciones de nuestros recursos reunidos.
68
Departamento de Estado quisiera atenuarlo un poco, pero el Presidente ha
prometido concretamente emplear un lenguaje duro. ,
4. La llegada de Rusia en calidad de invitado bien venido a una mesa
mal provista así como la necesidad de grandes programas suplementarios
tanto para nosotros como para los Estados Unidos, nos obliga a considerar
como cosa imperativa la revisión y la expansión de la capacidad productora
de los Estados Unidos. El Presidente se propone pedir en breve al Congreso
otros cinco billones de dólares para la Ley de Préstamo y Arriendo, y cele-
bra la llegada de Beaverbrook a Washington. Estoy convencido de que éste
ha sido un paso práctico altamente beneficioso. Vea usted también el men-
saje conjunto Roosevelt-Churchill a nuestro amigo el viejo Joel. Creo que
los arnericanos enviarán a Harrigan como representante suyo, y yo propon-
dría que Beaverbrook fuera en nombre nuestro a Moscú, o dondequiera
que esté el gobierno ruso. No deseamos que la conferencia de Rusia empie-
ce antes de la segunda quincena de septiembre, para cuya fecha se supone
que ya sabremos en qué parajes se habrá estabilizado al frente ruso para el
invierno próximo.
5. Van a mandarnos inmediatamente otros 150.000 fusiles, y confío en
asignaciones aumentadas de bombarderos pesados y tanques. También
confío en que los americanos se harán cargo de los servicios de transportes
de una a otra orilla del Atlántico, y que la entrega de mercancías la efectua-
rán pilotos americanos tanto en Inglaterra como en África Occidental. Mu-
chos de dichos pilotos pueden quedarse entre nosotros para finalidades de
adiestramiento.
6. Su prontitud en contestarme me ha permitido emprender el regreso
hoy, día 12. El Presidente ha mandado que nos acompañe una escolta de
destructores norteamericanos, y aunque oficialmente no se les considera es-
colta, echarían su cuarto a espaldas si se terciara la ocasión. Franklin Junior
presta servicio en uno de ellos y ha sido designado oficial de enlace adjunto
a mi persona para mi estancia de un día en Islandia, en donde se efectuará
una revista conjunta de las fuerzas británicas y americanas.
7. Lord Beaverbrook sigue viaje por vía aérea hacia los Estados Unidos,
acompañado por Harriman.
8. Confío en que mis colegas considerarán que mi misión ha sido fructí-
fera. Por mi parte, estoy seguro de haber establecido calurosas y profundas
relaciones personales con nuestro gran amigo.
69
Primer Ministro al Lord del Sello Privado. 13-VII-41
1. Muchas gracias por su amable mensaje. Estoy encantado de que usted
difunda personalmente por radio la Declaración conjunta. Sírvase hacer re-
saltar la diferencia entre la declaración preliminar y el texto en sí, diciendo:
«Ahora voy a leer el texto oficial de la Declaración conjunta.» No creo que
haga falta incluir ningún comentario mío, ya que el anuncio se basta por sí
solo a llenar los periódicos. Yo podría hablar por radio la noche del domin-
go siguiente a mi retorno, cuando ya se conozca la reacción de los Estados
Unidos ante nuestra reunión y la Declaración conjunta. .
A la prensa se le pueden dar confidencialmente algunas instrucciones
complementarias, pero desde luego los periodistas no dejarán de advertir
que una declaración conjunta que propone la destrucción definitiva del po-
derío nazi y el desarme de las naciones agresoras, mientras los Estados Uni-
dos y la Gran Bretaña permanecen armadas, es un acontecimiento de pri-
mera magnitud. Bien estará que amigos y enemigos se empapen de esto.
2. Para información secreta de usted, sepa que el Presidente permanece-
rá en alta mar hasta terminar esta semana, al objeto de disimular mi retor-
no. Yo dije que esto era totalmente innecesario, pero él insistió.
3. Tendré mucho interés en saber cómo se reciben estas noticias.
4. He leído complacido su admirable declaración al final de la sesión.
70
Arribamos a la isla el sábado, 16, por la mañana, y anclamos en el fior-
do de Hvals, desde donde nos trasladamos a Reykjavik a bordo de un
destructor. Al tocar el puerto, fue objeto de una bienvenida notablemente
calurosa y sonora por parte de una gran multitud, cuyas amistosas acla-
maciones fueron repetidas dondequiera que se advirtió nuestra presencia
durante nuestra estancia. El entusiasmo culminó en las escenas de nues-
tra partida, por la tarde, con un acompañamiento de gritos y aplausos tan
extraordinario como, según me aseguraron, pocas veces se había oído en
las calles de Reykjavik.
Después de una breve visita al Althingishus, en donde saludamos al
Regente y a varios miembros del gabinete islandés, procedí a revisar con-
juntamente a las fuerzas británicas y americanas. Éstas marcharon en una
larga formación en fondo de a tres, en el curso de la cual las notas del
himno de la Infantería de Marina de los Estados Unidos se grabaron tan
intensamente en mi memoria que no pude apartarlas de mi mente. Aún
dispuse de tiempo para visitar los aeródromos en construcción, asi como
los maravillosos manantiales termales y los invernaderos que éstos surten
de agua caliente. Esto me hizo pensar que se deberían usar para surtir
de calefacción pública a la capital. y hasta intenté llevar esta plan a la
práctica durante la querra. Me alegra saber que ahora ya es una realidad.
Saludé a la bandera con el hijo del Presidente a mi lado, y el desfile
constituyó nuevamente una notable demostración de la solidaridad ameri-
cana.
Al regresar al fiordo de Hvals, visité el «Ramillies» y pronuncié un dis-
curso a los representantes de las tripulaciones de los buques británicos y
americanos que estaban al ancla, entre ellos los destructores «Hecla» y
«Churchill».
Cuando las tinieblas cayeron al final de esta larga y fatigosa jornada,
zarpamos con rumbo a Scapa, a donde arribamos sin más incidentes el
día 18 temprano por la mañana. Al día siguiente llegué a Londres.
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Ein
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Agosto de 1941, a
bordo del Prince of
Wallos. Roosoveit y
Churchid' cantan him-
nos roligiosos durante
ol sorviclo divino ce-
lobrado com motivo
dol encuentro de am
bos estadistas,
Roosevelt
Churchill
y después
de
la
firma
Carta
la
de
Atlán-
deltico,
CAPÍTULO V
LA AYUDA A RUSIA
El brío ruso y el invierno. — Lord Beaverbrook, adalid de la causa rusa.
— Nuestros sacrificios en municiones vitales. — La misión Beaverbrook-
Harriman. — Mi carta a Stalin del 29 de agosto. — Su respuesta. — En-
trevista con el embajador Maisky. — Un tono de amenaza. — Mi contes-
tación a Stalin. — Comunico mis inquietudes a Roosevelt. — Carta a sir
Stafford Cripps: 5 de septiembre. — Otro mensaje de Stalin. — Una su-
gestión fantástica. — Mi respuesta. — Lord Beaverbrook zarpa para Ár-
kangel a bordo del «London». — Mi carta a Stalin, del 21 de septiembre.
— La misión Beaverbrook, en Moscú. — Una recepción glacial. — Cor-
diales contactos con América. — Protocolo para los suministros a Rusia.
— Una cadena ininterrumpida de convoyes para Arkangel — Mr. Attlee
va a Washington. — Insistentes demandas de Moscú por un segundo
frente. — La crisis de la lucha en Rusia. — Mi telegrama a sir Stafford
Cripps: 28 de octubre. — Una declaración sin equívocos. — El invierno
extiende una coraza protectora para los ejércitos rusos. — El fondo
«Ayuda a Rusia» creado por mi esposa.
Dos meses habían transcurrido desde la creación del frente ruso. Los
ejércitos alemanes habían descargado pavorosos golpes contra la Unión
Soviética, pero ahora ya no todo eran rosas para los agresores. Á pesar
de sus aterradoras pérdidas, la resistencia rusa seguía siendo dura e infle-
xible. Sus soldados luchaban hasta la muerte, y sus ejércitos iban ganan-
do diariamente en experiencia y destreza. Surgían querrilleros detrás de
las vanguardias alemanas, que destruían las comunicaciones en una lu-
cha implacable y sin cuartel. La red ferroviaria rusa capturada por los ale-
manes era inservible; las carreteras se despedazaban bajo el intenso tráfi-
co, de tal suerte que después de unas lluvias éste se hacía de todo punto
imposible. Los vehículos de transporte no habían tardado en dar señales
de desgaste. Quedaban apenas tres meses antes de la llegada del temible
invierno ruso. ¿Se podría conquistar Moscú en este intervalo? Ésta era la
fatídica cuestión. Aunque Hitler seguía exultante y ensoberbecido por la
victoria de Kiev, los generales alemanes empezaban a opinar que sus pri-
mitivos temores estaban justificados. Había habido una demora de cuatro
semanas en la formación de lo que ahora se había convertido en el frente
decisivo. La tarea de «aniquilar a las fuerzas del enemigo en Rusia Blan-
ca», que había sido encomendada al Grupo de Ejércitos del Centro, se-
guía todavía sin acabar.
Pero a medida que se acercaba el otoño y con él la amenaza de una
73
crisis suprema en el frente ruso, las demandas soviéticas se hicieron cada
vez más insistentes.
74
interés estriban en prestar a los rusos la máxima ayuda posible, incluso a
costa de costosos sacrificios por nuestra parte. Sin embargo, no se logrará
una gran afluencia de pertrechos y víveres hasta mediados o finales del año
1942, de suerte que los planes importantes han de referirse al año 1943. Su
misión no solamente estribará en contribuir a la formación de los planes de
ayuda a Rusia, sino en asegurarse de que con este motivo no nos desangre-
mos nosotros, y aun en el caso de que usted se deje influenciar por el am-
biente ruso, yo, desde aquí, procuraré mantenerme lo más inflexible que sea
menester. No obstante, creo que usted es el hombre adecuado para esta ta-
rea, y el instinto público ya me ha dado la razón. ,
La decisión de enviar a Harriman significa que Hopkins no se encuentra
bastante bien de salud para ir personalmente. Por el momento, no será
cuestión de mandar nosotros a Mr. Eden.
En cuanto a la fecha, estamos en manos de los americanos, pero debe-
mos procurar obrar con un espíritu de buena fe y no dar ocasión a nadie
para decir que hemos engañado a los rusos o jugado a ganar tiempo. La fe-
cha de la conferencia será menester fijarla dentro de pocos días. No creo
que quincena más o menos importe mucho, ya que el 90 por ciento del tra-
bajo de la misma consistirá en planes a largo término.
29-VITI-41
1. He estado indagando el modo de prestarle ayuda en su espléndida re-
sistencia, mientras aguardamos los convenios a largo término que estamos
discutiendo con los Estados Unidos, y que constituirán el tema de la Confe-
rencia de Moscú. Maisky me ha resaltado que lo que se necesita con gran
urgencia son aviones de caza, habida cuenta de las grandes pérdidas que
ustedes sufren. Vamos a expedirles los doscientos Tomahawks acerca de los
cuales le telegrafié la última vez. Nuestras dos escuadrillas deberían llegar a
Murmansk hacia el 6 de septiembre, con un total de cuarenta Hurricanes. Es-
toy seguro de que usted querrá tener presente que la aviación de caza es la
piedra angular de nuestra defensa metropolitana, además de la cual esta-
mos intentando conseguir la superioridad aérea en Libia, sin olvidar nues-
tros compromisos en Turquía, a la que deseamos atraer a nuestro lado. Sin
embargo, podria mandarle otros doscientos Hurricanes, con lo cual el total
ascendería a cuatrocientos cuarenta cazas, si sus pilotos están en situación
de emplearlos con toda eficacia. Estos últimos Hurricanes serían del tipo
equipado con cañones del 8 y del 12, que han demostrado ser fatales
para
el enemigo. Podríamos enviarle cien ahora, y dos remesas de
cincuenta
poco después a Arkangel, junto con mecánicos, instructores,
repuestos y
equipo. Entretanto, habría que tomar disposiciones para que sus
pilotos y
mecánicos empezaran a acostumbrarse al nuevo tipo de aparato,
mandán-
dolos a las escuadrillas aéreas de Murmansk. Si esto le parece
viable, desde
aquí cursaremos las órdenes pertinentes, y, entre tanto,
mandamos por tele-
grama un memorándum técnico completoa nuestra misión militar.
2. La noticia de que los persas han decidido cesar en la resistenc
ia es al-
tamente halagadora. Más que por salvaguardar los yacimien
tos petrolíferos,
nuestro objeto al penetrar en Persia ha sido procurarnos
Una nueva ruta,
que el enemigo no pueda interceptar, para establecer
contacto con ustedes.
A este propósito, hemos de reformar y mejorar el ferrocarril
que va del gol-
fo Pérsico al Caspio, y asegurarnos de que funcione con toda
regularidad
mediante refuerzos de material ferroviario sacado de la India.
El ministro de
75
Asuntos Exteriores ha dado a Maisky, para que éste las transmita a usted,
las condiciones del convenio que nos gustaría concluir con el gobierno per-
sa, a fin de tener a un amigo más y no vernos obligados a malversar varias
divisiones nada más que para la vigilancia de la línea férrea. Desde la India
se envían víveres, y si los persas se avienen a nuestras condiciones, reanu-
pe-
daremos el pago de los derechos de participación de las explotaciones
vanguar-
trolíferas que adeudamos al Sha. Damos instrucciones a nuestras
dias en el sentido de que sigan adelante hasta darse la mano con las fuerzas
fijar en algún
soviéticas en un punto que los comandantes militares pueden
el mundo se
lugar entre Hamadan y Kasvin. Sería también excelente que
estableder con-
enterara de que las fuerzas rusas y británicas han llegado a
el momento que
tacto físico. Según nuestro punto de vista, sería mejor por
ya que lo que nos
ninguno de los dos entráramos por la fuerza en Teherán,
cons-
interesa es la ruta que atraviesa el país de sur a norte. Estamos puerto
en un
truyendo una vasta base en Basora y confiamos convertirla
los cuales
bien equipado para la recepción de los suministros americanos,
Volga.
podrán así llegar sin percance a la región del Caspio y del
británica por
3. Debo expresarle nuevamente la admiración de la nación
los crimina-
la maravillosa lucha que los ejércitos y el pueblo rusos oponen a
por lo
les nazis. El general Macfarlane quedó inmensamente impresionado
Hitler no
que vio en el frente. Duros tiempos se avecinan para nosotros, pero
pasará un buen invierno bajo nuestros bombardeos cada vez más potentes.
al
Me dio gran satisfacción conocer la firmísima advertencia que usted hizo
Japón con referencia a los suministros vía Vladivostok. El presidente Roose-
velt, cuano yo le vi, parecía dispuesto a adoptar una actitud inflexible contra
nuevas agresiones japonesas tanto en el sur como en el noroeste del Pacífico,
y me apresuré a declararle que, en caso de guerra, nos encontraría a su lado.
Estoy muy deseoso de hacer en favor de Chiang Kai-shek más de lo que has-
ta ahora hemos sido capaces de hacer. No queremos entrar en guerra con el
Japón, y estoy seguro de que el único modo de evitarlo consiste en hacer ver
a esa gente, que están divididos entre sí y distan mucho de estar seguros de sí
mismos, qué clase de enemigo se encontraría enfrente.
76
El hecho cierto es que la relativa estabilización del frente que logramos
realizar hace unas tres semanas, se ha descompuesto en el curso de la pasa-
da, debido al traslado al frente oriental de 30 a 34 divisiones alemanas de
infantería de refresco y de una enorme cantidad de tanques y aviones, asi
como un gran incremento en la actividad de las 20 divisiones finlandesas y
las 26 rumanas. Los alemanes consideran la amenaza procedente del oeste
como una farsa, y están transfiriendo impunemente todas sus fuerzas al
este, convencidos de que en el oeste no hay ningún segundo frente, ni lo
habrá. Los alemanes creen perfectamente factible aplastar a sus £nemigos
uno por uno: primero Rusia, después los ingleses.
Como consecuencia, hemos perdido más de la mitad de Ucrania, y por
añadidura el enemigo se encuentra a las puertas de Leningrado.
Estas circunstancias han redundado en la pérdida de la cuenca de mineral de
hierro de Krivoi-Rog y un buen número de fábricas siderúrgicas de Ucrania;
hemos evacuado una fábrica de aluminio en el río Dnieper y otras en Tikhvin,
una fábrica de motores y dos de aviones en Ucrania, dos de motores y dos de
aviones en Leningrado. Todas estas fábricas no podrán volver a funcionar en
sus nuevos emplazamientos en menos de siete u ocho meses. ee 2
Esto ha debilitado nuestra capacidad defensiva y coloca a la Unión Sovié-
tica frente a una amenaza mortal. Surge, pues, el problema de cómo salir
de esta situación más que desfavorable. )
Creo que no hay más que un medio de salir de esta situación: establecer
en el curso de este año un segundo frente, bien sea en los Balcanes o en
Francia, capaz de sustraer del frente oriental de 30 a 40 divisiones alema-
nas, y al mismo tiempo asegurar el envío a la Unión Soviética de 30.000 to-
neladas de aluminio para primeros del próximo octubre y un socorro míni-
no mensual de 400 aviones y 500 tanques (pequeños o semipesados).
Sin estas dos formas de ayuda, la Unión Soviética será vencida o bien
quedará debilitada a tal extremo que por durante mucho tiempo perderá
toda capacidad de prestar la menor asistencia a sus aliados mediante opera-
ciones efectivas en los frentes de lucha contra el hitlerismo.
Me doy perfecta cuenta de que el presente mensaje llevará el desaliento
al ánimo de usted. Pero, ¿qué otra cosa cabe hacer? La experiencia me ha
enseñado a mirar a los hechos cara a cara por desagradables que sean, y a
no temer decir la verdad por mal acogida que pueda ser. El asunto persa se
ha resuelto muy bien. Las operaciones conjuntas de las fuerzas británicas y
soviéticas predeterminaron el desenlace. Así será en el futuro, mientras
nuestras fuerzas obren de común acuerdo. Pero lo de Persia no es más que
un simple episodio. El resultado final de la guera no se resolverá, por su-
puesto, en Persia.
La Unión Soviética, lo mismo que Inglaterra, no desea la guerra con el
Japón. La Unión Soviética no acierta a ver la posibilidad de violar los trata-
dos, entre ellos su tratado de neutralidad con el Japón. Pero si el Japón vio:
la este pacto y ataca a la Unión Soviética, encontrará la respuesta adecuada
por parte de las fuerzas soviéticas.
Finalmente, permítame que le manifieste mi agradecimiento por la admi-
ración que usted ha expresado por las gestas de las fuerzas soviéticas que
están librando una guerra sangrienta con las villanas hordas de bandidos
hitlerianos en pro de nuestra causa común de liberación.
717
minos ásperos el hecho de que desde hacía once semanas Rusia había es-
tado soportando virtualmente sola el empuje de la arremetida alemana.
Los ejércitos rusos estaban a la sazón sufriendo el peso de un ataque de
una magnitud sin precedentes. Dijo que no quería emplear expresiones
dramáticas, pero insistió en que tal vez este momento podía ser crucial en
la Historia. Si la Rusia soviética era derrotada, ¿cómo podríamos nosotros
ganar la querra? Maisky resaltó la extrema gravedad de la crisis del frente
ruso con palabras patéticas que me conmovieron hasta lo más profundo.
Pero al presentir, de pronto, en su llamamiento un tono velado de ame-
naza, la emoción se estumó para dar paso a la cólera. Dije, pues, al emba-
jador, a quien conocía desde hacía varios años: «Recuerde usted que hace
aca-
sólo cuatro meses, aquí, en esta isla, no sabíamos siquiera si ustedes
A
barían entrando en la guerra contra nosotros y al lado de los alemanes.
decir verdad, lo considerábamos probabilísimo. Aun así, estábamos segu-
nuestra
ros de que al final ganaríamos nosotros. Nunca hemos creído que
u
supervivencia dependiera de que ustedes se inclinaran por Un bando
otro. Pase lo que pase, hagan lo que hagan, ustedes son los que menos
derecho tienen a hacernos reproches.»
Como yo me acalorara, el embajador exclamó: «Modérese, por favor,
querido Mr. Churchill», pero a partir de este momento cambió de tono os-
tensiblemente.
La discusión prosiguió sobre cuestiones ya tratadas en nuestro inter-
cambio de telegramas. El embajador abogó por un inmediato desembarco
en la costa de Francia o de los Países Bajos. Yo le expuse las razones mi-
litares por las cuales tal cosa era imposible, añadiendo que nunca signifi-
caría la menor ayuda a Rusia. Le dije que aquel mismo día había pasado
cinco horas analizando con nuestros técnicos los medios para acrecentar
notablemente la capacidad del ferrocarril transiraniano. Hablé de la
misión Beaverbrook-Harriman y de nuestra resolución de enviar a Rusia
todos los suministros de que pudiéramos disponer y transportar. Final-
mente, Mr. Eden y yo le dijimos que, por nuestra parte, estábamos dis-
puestos a significar a Finlandia nuestro propósito de declararle la guerra
si sus tropas penetraban en Rusia más allá de sus fronteras de 1918.
Maisky, naturalmente, no pudo renunciar a su llamamiento en pro de un
segundo frente, por lo que resultó inútil seguir discutiendo.
78
lo desea, le expondré todos los motivos que han llevado a nuestros jefes de
Estado Mayor a estas conclusiones. Estos motivos ya han sido discutidos
hoy con su embajador en una conferencia a la que han asistido el ministro
de Asuntos Exteriores y los jefes de Estado Mayor. Cualquier acción, por
bien intencionada que fuera, pero sólo conducente a costosos fracasos, no
sería de ayuda para nadie más que para Hitler.
2. La información de que dispongo me da la impresión de que el punto
álgido de la violencia de la invasión alemana ya ha pasado, y que el invier-
no concederá un respiro a sus heroicos ejércitos. Esto, desde luego, no es
más que una opinión personal.
3. Suministros. Estamos perfectamente percatados de las gravosas pérdi-
das sufridas por la industria rusa y hemos hecho y se harán los máximos
esfuerzos por ayudarles. He cablegrafiado hoy al presidente Roosevelt para
que active la llegada a Londres de la misión de Mr. Harriman, y antes de la
Conferencia de Moscú procuraremos comunicarle el número de aviones y
vanques que podemos prometer enviarles conjuntamente todos los meses,
junto con los suministros de caucho, aluminio, tejidos, etc. Por nuestra par-
te, estamos dispuestos a enviarle, restándola de la producción británica, la
mitad del total mensual de aviones y tanques que usted pide. Confiamos en
que los Estados Unidos suplirán la otra mitad de sus demandas. Haremos
cuanto esté en nuestra mano por empezar inmediatamente el envío de
pertrechos a ustedes.
4. Ya hemos cursado las órdenes para proveer al ferrocarril de Persia del
material rodante a fin de elevar su actual capacidad de dos trenes diarios
en ambos sentidos, a su capacidad total, o sea, doce trenes diarios en am-
bos sentidos. A esto se llegará hacia la primavera de 1942, y entre tanto
irá mejorando incesantemente. Las locomotoras y el material rodante tie-
nen que ser enviados desde aquí rodeando El Cabo, después de adaptar
a aquéllas los dispositivos quemadores de petróleo. Asimismo, hay que
mejorar el suministro de agua a lo largo de la vía férrea. Las primeras cua-
renta y ocho locomotoras y cuatrocientos vagones de acero están a punto
de zarpar.
5. Estamos dispuestos a establecer con ustedes planes conjuntos. El que
los ejércitos británicos sean lo bastante fuertes para invadir el continente
europeo en el año 1942 debe depender de acontecimientos imprevisibles.
Sin embargo, cabe en lo posible asistirles a ustedes en el extremo norte, en
cuanto se alarguen las horas de oscuridad. Esperamos elevar a nuestos
ejércitos de Oriente Medio a un potencia de tres cuartas partes de un millón
de hombres antes de fines del presente año, y a un millón en el verano de
1942. Una vez las fuerzas germanoitalianas de Libia hayan sido destruidas,
todos estos hombres estarán disponibles para alinearse en el flanco menidio-
nal de ustedes, y con ellos confiamos en alentar a Turquía a observar cuando
menos una rigurosa neutralidad. Entre tanto, continuaremos machacando a
Alemania desde el aire con creciente dureza, así como procuraremos
conservar abiertas las rutas de los mares y la vida en esta isla.
6. En su primer párrafo, usted emplea la palabra «vender». No había-
mos enfocado la cuestión en tales términos, ni hemos pensado jamás en el
pago. Cualquiera ayuda que podamos prestarles, preferimos asentarla
sobre la misma base de camaradería en que descansa la Ley americana de
Préstamo y Arriendo, en la cual no se llevan cuentas oficiales de carácter
pecuniarjo,
7. Estamos dispuestos a ejercer sobre Finlandia cualquier presión que
esté en nuestra capacidad, incluso notificarle que le declararemos la guerra
si avanza más allá de sus antiguas fronteras. Pedimos a los Estados Unidos
que realicen todas las gestiones que puedan para convencer a Finlandia.
79
Atribuí tanta importancla a toda esta cuestión, que ue dci
cursé el slguiente telegrama al presidente Roosevelt mientras la imp
sión seguía viva en mi ánimo:
80
3, Cuando usted habla de un «esfuerzo sobrehumano», supongo que
quiere decir un esfuerzo superior al espacio, al tiempo y a la geografía. Des-
graciadamente, estos atributos nos están denegados.
4. La situación en el oeste sería totalmente distinta si subsistiera el frente
francés, porque en tal caso no cabe la menor duda de que la invasión de
Rusia habría sido imposible en razón de los numerosos contraataques que
nos cabría desencadenar inmediatamente. Nadie quiere recriminar nada a
nadie, pero no fue por culpa nuestra que Hitler pudo destrozar a Polonia
antes de lanzar a sus fuerzas contra Francia, o de destrozar a Francia antes
de lanzarlas contra Rusia.
5. Los cuatrocientos cincuenta aparatos de caza que hemos extraído de
nuestras reservas, hoy alarmantemente exiguas, constituyen sin duda una
gota de agua en comparación con las pérdidas sufridas por la aviación rusa.
Sin embargo, representan un doloroso y peligroso sacrificio por nuestra par-
te. Los ataques que las Reales Fuerzas Aéreas realizan día y noche se man-
tienen con nuestro potencial máximo, y el carácter nivelado de los combates
aéreos sobre la costa francesa pone de relieve el alto grado de potencia
aérea de que los alemanes disfrutan todavía en el oeste. o
6. Nada de cuanto podríamos hacer o haber hecho afectaría lo más míni-
mo la terrible batalla que se está desarrollando en los frentes rusos. Aún
estamos a tiempo de establecer convenios para proveer a la campafía de
1942. La ruta establecida a través de Persia quedará abierta y expedita muy
pronto, y todo cuanto podamos distraer de los recursos británicos, así como
de los americanos que de otro modo vendrían a parar a la Gran Bretaña,
será enviado a toda marcha. Estoy presionando al presidente Roosevelt
para que nos envíe cuanto antes a Mr. Harriman a fin de que los rusos se-
pan qué ayuda pueden esperar para 1942, con la que compensar las pérdi-
das sufridas por sus industrias de municiones y elaborar sus planes sobre
esta base. Entre tanto, contesto al telegrama de Stalin, de fecha de hoy, y
este mensaje se lo mando a usted meramente como guía. Me doy perfecta
cuenta de sus sentimientos al tener que asistir de cerca a la agonía de Rusia,
pero ni la emoción ni la simpatía pueden vencer la clase de hechos que
tenemos que arrostrar.
8l
de la Unión Soviética y que busca los medios y maneras de lograr dicho fin.
Si, como ustedes opinan. es imposible en estos momentos la apertura de un
segundo frente en el oeste, ¿no habría algún otro sistema mediante el cual
prestar una ayuda militar activa a la Unión Soviética?
A mi entender, la Gran Bretaña podría desembarcar sin el menor riesgo
en Arkangel de veinticinco a treinta divisiones, O transportarlas a través del
Irán a las regiones meridionales de la URSS. De esta manera se podía esta-
blecer la colaboración militar de las tropas soviéticas y británicas en el terr-
torio de la URSS. Durante la última guerra existió una situación muy pare-
cida en Francia. La expresada medida constituiría una ayuda muy impor-
tante, al mismo tiempo que un duro golpe para la agresión hitleriana.
Es casi increíble que el jefe del gobierno ruso, con todo el asesoramien-
to de sus técnicos militares, hubiera sido capaz de escribir semejantes
absurdos. Desde luego, se hizo evidente que era inútil discutir con un
hombre en cuya mente tenían cabida conceptos tan irreales. Su telegrama
seguía diciendo así:
82
seguiremos aplicándolo en favor de ustedes hasta la victoria. Espero que la
Conferencia pueda inaugurarse en Moscú el 25 de este mes, pero no debe
dársele publicidad hasta que todos estén reunidos y a salvo. Las rutas y el
sistema de viaje de la Misión los acordaremos más adelante.
2. Concedo gran importancia a la apertura de la ruta directa del golfo
Pérsico al Caspio. no solamente por ferrocarril, sino mediante una gran
carretera, en cuya construcción esperamos asociar las energías y la organi-
zación norteamericana. Lord Beaverbrook le expondrá el plan general de
suministros y transportes; tiene estrecha relación de amistad con Harriman.
3, Todos los teatros posibles en los cuales podríamos cooperar militar-
mente con ustedes han sido analizados por los Estados Mayores. Los dos
flancos, norte y sur, presentan desde luego las perspectivas más favorables.
Si pudiéramos actuar con éxito en Noruega, la actitud de Suecia se vería
enormemente influenciada, pero en la actualidad carecemos tanto de tropas
como de barcos para la realización de este proyecto. En el sur, el gran obje-
tivo político sigue siendo Turquía. Si lográramos ganar a Turquía para
nuestra causa, dispondríamos de otro ejército potente. A Turquía le gustaría
estar a nuestro lado, pero tiene miedo, no sin motivo. Cabe la posibilidad de
que la promesa de enviar considerables fuerzas británicas y suministros de
material técnico, del que los turcos andan escasos, ejerza sobre ellos una in-
fluencia decisiva. Estudiaremos con ustedes cualquier otra forma de ayuda
eficiente, con el exclusivo objeto de aportar el máximo de energía a la lucha
contra nuestro enemigo común.
4. Estoy enteramente conforme en que las compensaciones que ustedes
consideren justas para atender a la reconstrucción de su marina de guerra
se obtengan a expensas de Alemania. La victoria nos dará sin duda el con-
trol de importantes navíos de guerra alemanes e italianos, y a nuestro pare-
cer éstos servirían admirablemente para reparar las pérdidas de la flota
rusa.
83
luego, estas divisiones deberían pasar a defender a su propio país antes de
que nosotros inutilicemos una de las escasas líneas de suministros existentes
por causa del envío y mantenimiento de nuestras fuerzas hacia el norte. Por
lo demás, sacar de aquí dos divisiones británicas completamente armadas y
situarlas en el Cáucaso o en el norte del Caspio, requeriría cuando menos
tres meses. Para entonces, no pasarían de una gota de agua más en el cubo.
21-1xX-41
Mi querido Premier Stalin:
Las Misiones británica y americana han salido ya, y esta carta le será
entregada por lord Beaverbrook. Lord Beaverbrock goza de la plena con-
fianza del Gabinete y es uno de mis más antiguos e íntimos amigos. Ha esta-
blecido estrecho contacto con Mr. Harriman, que es una alta personalidad
americana que ha consagrado todas sus energías a la victoria de la causa
común. Uno y otro expondrán a usted todo lo que ha sido posible concertar
en el curso de activas consultas habidas entre la Gran Bretaña y ¡os Estados
Unidos.
El presidente Roosevelt ha decidido que nuestras propuestas se refieran,
ante todo, a los cupos mensuales que enviaremos a ustedes en el período de
nueve meses comprendido entre octubre de 1941 y junio de 1942, ambos
inciusive. Ustedes tienen derecho a saber exactamente lo que nos será posi-
ble remitirles cada mes, a fin de que puedan administrar debidamente sus
reservas.
La propuesta americana no abarca más allá de fines de junio de 1942,
pero yo no dudo que a partir de dicha fecha ambos podremos suministrar
cupos considerablemente más grandes, y ustedes pueden tener la seguridad
de que harernos todo cuanto esté a nuestro alcance por reparar en la medi-
da de lo posible las gravosas mutilaciones que sus industrias de guerra han
sufrido a consecuencia de la invasión nazi. No quiero anticiparme a lo que
lord Beaverbrook le dirá sobre este asunto. Observará usted que los cupos
correspondientes hasta fines de junio de 1942 se deducirán casi enteramen-
te de la producción británica, o bien de la producción que los Estados Uni-
dos nos habrían destinado en razón de compras efectuadas por nosotros o
como resultado de la Ley de Préstamo y Arriendo. Los Estados Unidos nos
habían comunicado su decisión de damos virtualmente todo su sobrante
exportable, y no les resulta fácil, dentro del indicado período de nueve me-
ses, explotar efectivamente nuevas fuentes de suministro. Tengo la esperan-
za de que se va a dar otro nuevo gran impulso a la producción industrial de
los Estados Unidos, y que en el año 1943 la poderosísima industria america-
na se habrá sumado íntegramente al esfuerzo de guerra. Por nuestra parte,
seguiremos no solamente realizando aportaciones sustancialmente acre-
centadas de elementos extraídos de nuestra producción tal como ahora la
tenemos prevista, sino que intentaremos conseguir que nuestro pueblo mul-
tiplique sus esfuerzos para atender a nuestras necesidades comunes. Usted
y en
comprenderá, no obstante, que nuestro ejército y su material, existente
programa, asciende tan sólo a una quinta o sexta parte de los de ustedes o
los de Alemania. Nuestro primer deber y necesidad es mantener abiertas las
comunicaciones marítimas: nuestro segundo deber es lograr la superioridad
decisiva en el aire. Lo antedicho tiene preferencia a todo lo demás por lo
que
que se refiere a disponer del potencial humano de las Islas Británicas,
o
es de 44 millones de almas. No podemos esperar nunca poseer un ejército
militares
una industria de guerra comparables a los de las grandes potencias
por ayu-
del continente. Con todo, haremos cuanto está a nuestro alcance
dar a ustedes.
Estado
El general Ismay, que me representa en el Comité de jefes de
mili-
Mayor y que conoce a fondo todo lo que concierne a nuestra política
pla-
tar, está autorizado para estudiar con el alto mando ruso cualesquiera
nes de cooperación práctica que dicho mando crea conveniente sugerir.
Si podemos limpiar de enemigos nuestro flanco occidental de Libia, dis-
pondremos de fuerzas considerables, de tierra, mar y aire, para cooperar en
el flanco meridional del frente ruso. Es mi opinión que la ayuda más rápida
y efectiva nos la proporcionaría Turquía si pudiéramos inducir a ésta a re-
sistirse a cualquier demanda alemana de paso de sus tropas por su territo-
rio, o mejor aún, si estuviera dispuesta a entrar en la guerra a nuestro lado.
Confío en que usted querrá meditar sobre esto.
Siempre he compartido las simpatías de ustedes por el pueblo chino en
su lucha por defender a su patria contra la agresión japonesa. Naturalmen-
te, no tenemos deseos de que el Japón se sume a nuestros enemigos, pero
la actitud de los Estados Unidos, resultante de mi conferencia con el presi-
dente Roosevelt, ha impuesto al gobierno japonés un punto de vista menos
eufórico que el de antes. Yo me apresuré a declarar en nombre del gobier-
no de Su Majestad que, de verse los Estados Unidos empujados a una gue-
rra con el Japón, la Gran Bretaña se alinearía inmediatamente a su lado.
Creo que nuestros tres países deberían continuar prestando ayuda a China
en la medida de lo posible, y opino que esto puede realizarse con cierta
extensión sin provocar una declaración japonesa de guerra.
No cabe duda de que nuestros pueblos se encuentran ante un largo pe-
ríodo de lucha y de sufrimientos, pero tengo grandes esperanzas de que los
Estados Unidos entrarán en la guerra como beligerantes y que en tal caso
nos bastará resistir para salir victoriosos.
Confío que a medida que avance la guerra, las grandes masas de los
pueblos del Imperio Británico, la Unión Soviética, los Estados Unidos y
China, que comprenden las dos terceras partes de toda la raza humana, se
encontrarán avanzando juntas contra sus actuales perseguidores, y estoy
convencido de que este camino ha de conducirles a la victoria.
Con fervientes deseos por el triunfo de los ejércitos rusos y la ruina de los
tiranos nazis, soy de usted sinceramente suyo,
WINSTON S. CHURCHILL.
85
apuro en que se encontraban los soviets. Los generales y funcionarios so-
viéticos no dieron ninguna clase de información a sus colegas británicos y
americanos. No les informaron siquiera de las bases que habían servido
como cálculo de las necesidades referentes a nuestro valioso material de
guerra. La misión no fue objeto de ningún agasajo oficial hasta casi la vis-
pera de su regreso, en que los componentes de la misma fueron invitados
a cenar en el Kremlin. Seña pueril creer que una ocasión de esta natura
leza, como es una cena entre hombres ocupados en los asuntos más gra-
ves del momento, no tiene nada que ver ni en nada puede afectar el pro-
greso de los asuntos en cuestión. Al contrario, muchos de los contactos
particulares que nacen de tales ocasiones contribuyen a crear el ambiente
necesario para llegar a un acuerdo. Pero a la sazón, este ambiente tenía
pocos partidarios. Parecía que éramos nosotros los que habíamos ido
a pedir favores.
Una anécdota que me contó el general lIsmay en forma apócrifa y un
tanto picante me sirve admirablemente para ilustrar este relato. Su asis
tente, un soldado de infantería de marina, recorría Moscú admirando las
vistas, acompañado por un guía del Intourist. «Esto —iba diciendo el
ruso— es el Hotel Eden, antes Hotel Ribbentrop. Aquella es la calle
Churchill, antes calle de Hitler. Allí hay la estación Beaverbrook, antes
estación Goering. ¿Quieres un cigarrillo, camarada?» A lo que el soldado
de infantería de marina replicó: «¡Gracias, camarada, antes marrano!»
Aunque en broma, este cuento no deja de reflejar con toda fidelidad el
singular ambiente de aquellas reuniones.
En contraste con todo esto, mis contactos americanos eran cada vez
más cordiales.
87
Gran Bretaña y los Estados Unidos ayudarán a realizar el transporte de
estos materiales a la Unión Soviética.»
El 4 de octubre, Lord Beaverbrook me telegrafió:
89
sabotear nuestro esfuerzo de guerra. Si nos hubieran invadido an e
agosto de 1941, o hubiéramos muerto de hambre por perder bis al5 a 5
Atlántico, los rusos hubieran permanecido absolutamente indiferen a i
ellos hubiesen intervenido cuando el ataque a los Balcanes. mucho ubie-
sen podido hacer en evitación de grandes catástrofes. Pero los rusos sem:
pre dejaron que Hitler escogiera su momento y sus enemigos. Que un 0d
biemo con semejante historial pretenda acusarnos de intentar hacer con
quistas en Africa o ganar ventajas en Persia a expensas suyas, o o
estamos dispuestos a «luchar hasta el último ruso», me deja absolutamente
frío. Si abrigan sospechas de nosotros, no es más que porque en su corazón
sienten el peso y el remordimiento de sus propias culpas.
2. Nosotros hemos obrado siempre con escrupulosa honradez. Hemos
hecho más de lo que hemos podido por ayudarles, a costa de desbaratar
nuestros planes de rearme y exponiéndonos a graves riesgos para cuando
se acerque la primavera. Haremos cuanto esté a nuestro alcance que sea
razonable, pero sería una locura mandar a dos o tres divisiones británicas
o indobritánicas a tierras de Rusia para que quedaran copadas allí y hechas
pedazos en guisa de sacrificio simbólico. Rusia nunca ha sufrido escasez de
material humano y ahora tiene millones de soldados adiestrados para los
que hace falta armamento moderno. Este armamento moderno es lo que
nosotros enviamos y seguiremos enviando al límite máximo de nuestros
puertos y comunicaciones.
3. Entre tanto, nosotros seguiremos luchando con arregio a los planes
que llevamos elaborados desde hace tiempo, y que sería una locura tras
tornar. Nos hemos ofrecido a reievar las cinco divisiones rusas de Persia
septentrional mediante unidades de tropas indias capacitadas para el man-
tenimiento del orden interior, pero sin el armamento que hace falta para
plantar cara a los alemanes. Lamento que Moiotov rechace nuestra idea de
mandar fuerzas modestas al Cáucaso. Nosotros hacemos lo que podemos
para que Turquía no abandone su neutralidad amistosa y no se deje tentar
por las promesas alemanas de ganancias territoriales a costa de Rusia.
Naturalmente, no esperamos ninguna clase de gratitud de hombres que
están sufriendo tan pavoroso baqueteo y que de paso luchan con tanto
coraje, pero tampoco hemos de dejarnos inquietar por sus reproches. Por
supuesto, no hace falta que usted restriegue las heridas de ¡os rusos con la
sal de estas verdades, pero cuento con usted para hacer cuanto sea posible
en el sentido de convencer a los rusos de ia lealtad, la integridad y el valor
de la nación británica.
4. No creo que sirviera de nada que usted y Macfariane [jefe de nuestra
misión militar en Rusia] vinieran a Londres. Yo sólo podría repetirles lo que
he dicho más arriba, y espero que nunca me será exigido que discuta estas
cuestiones en público. Estoy seguro de que el deber de usted es permanecer
al lado de esa gente en estos momentos de prueba, de los que tengo la con-
vicción van a salir victoriosos. Cualquier día de éstos, Hitler puede dar el
alto en el este y volver todas sus fuerzas contra nosotros.
90
opinión pública, ansiedad que iba en aumento a medida que transcurrían
los meses y que las tropas alemanas avanzaban por la estepa. Yo le dije
que un segundo frente era cosa impracticable y que todo cuanto nos sería
dable hacer durante mucho tiempo, se limitaría al envío de suministros de
todas clases y en gran escala. Mr. Eden y yo la alentamos a estudiar la
posibilidad de recaudar fondos, mediante suscripciones voluntarias, para
el envío de medicamentos y material sanitario. En este aspecto, la Cruz
Roja británica y el Hospital de St. John ya habían desplegado sus activi-
dades, y mi esposa fue invitada por la comisión mixta a presidir la campa-
ña «pro ayuda a Rusia». A fines de octubre, bajo dichos auspicios, mi
esposa publicó el siguiente llamamiento:
Entre los envíos que hemos efectuado a Rusia, figuran 53 equipos qui-
rúrgicos de urgencia, 30 aparatos para transfusiones sanguíneas, 70.000
agujas quirúrgicas de varias clases y un millón de tabletas de M. £: B. 693.
Este fármaco es el nuevo antiséptico maravilloso que ha revolucionado el
tratamiento de muchas enfermedades causadas por gérmenes. Hemos aña-
dido, además, media tonelada de fenacetina y unas siete toneladas de algo-
dón hidrófilo. Esto, desde luego, no es más que el comienzo.
91
de la nación. Así, mediante la poderosa organización de la Cruz Roja y el
Hospital de St. John, y a pesar de las muchas pérdidas sufridas por los
convoyes árticos, gran cantidad de suministros médicos y quirúrgicos, ma-
terial clínico e instrumentos especiales llegaron ininterrumpidamente, ven-
ciendo heladas extensiones de océano en donde la muerte acechaba a
cada paso, hasta el pueblo y los valerosos ejércitos rusos.
CAPÍTULO VI
PERSIA Y ORIENTE MEDIO
93
El 11 de julio de 1941, los jefes de Estado Mayor recibieron del Comité
de Defensa del Gabinete de Guerra la petición de estudiar la conveniencia
de una acción militar conjunta en cooperación con los rusos en Persia, en
la eventualidad de que el gobierno persa se negara a expulsar del país a
la colonia alemana a la sazón residente allí. El 18 de julio, los jefes de
Estado Mayor recomendaron que debíamos adoptar una actitud inque-
brantable al tratar con el gobierno persa. Este punto de vista también lo
sostuvo enérgicamente el general Wavell, el cual el día anterior había tele-
grafiado al Ministerio de la Guerra en los términos siguientes:
94
cuanto antes a nuestras tropas del Irak. Si esto lo hacemos antes de que los
rusos sufran un revés grave en el sur, existen razonables probabilidades de
poder imponer nuestra voluntad a los persas sin recurrir a la fuerza. Pero
no debemos adelantarnos en el terreno diplomático más allá de lo que per-
mltan nuestras fuerzas militares, pues lo contraño equivaldría a pedir un
desastre a gritos.
Hay otro factor que resalta la necesidad de un pronto refuerzo del Irak.
De verse Rusia derrotada, tendríamos que encontrarnos a punto para Ocu-
par nosotros solos las explotaciones petrolíferas del Irán, porque en. tal
coyuntura se haría irresistible la presión alemana sobre el gobierno iraní en
el sentido de intentar arrojarmos del país.
95
Primer Ministro al ministro de Asuntos Exteriores,
sir Edward Bridges, y el general Ismay. 2-VilI-41
En toda la correspondencia sería más conveniente emplear la palabra
«Persia» en lugar de «Irán», pues de otro modo pueden producirse peligro
sos errores debido a la similitud de Irán e Irak. En los casos en que sea pre-
ciso, la palabra «lrán» puede ponerse entre corchetes detrás de «Persia».
La correspondencia oficial con el gobierno persa debe, por supueslo,
efectuarse en la forma en que ellos prefieran.
MAR CASPIO
OPERACIONES EN PERSIA
97
caza y una escuadrilla de bombarderos. El primer objetivo era la captura
de la explotaciones petrolíferas; el segundo, penetrar en Persia y, en coo-
peración con los rusos, dominar la red de comunicaciones del país y ase-
gurar una ruta directa al Caspio. En el frente meridional se podía esperar
la oposición de dos divisiones persas, con dieciséis tanques ligeros, y la de
tres divisiones en el norte. .
La toma de la refinería de Abadán fue llevada a cabo por una brigada
de infantería que embarcó a bordo de una unidad naval en Basora y fue
desembarcada el 25 de agosto al amanecer. Las fuerzas persas fueron co-
gidas por sorpresa, pero escaparon en camiones. Hubo alguna lucha en
las calles y se capturaron algunas pequeñas unidades navales de la flota
persa. Al mismo tiempo, otras tropas de la 82 División capturaron el
puerto de Khurramshahr atacando desde tierra, mientras otras fuerzas
eran enviadas al norte en dirección a Ahwaz, y al llegar a las cercanías de
esta localidad se recibió la noticia del «alto el fuego» dado por el Sha, por
lo que el general persa ordenó a sus tropas que regresaran a sus cuarte-
les. En el norte, la captura de las explotaciones petrolíferas se llevó
a cabo con suma facilidad, y las fuerzas del general Slim avanzaron 30
millas por la ruta de Kermanshah, hasta encontrarse en las inmediaciones
del formidable Paso de Pai-tak, el cual, de hallarse guarnecido por un pu-
ñado de hombres resueltos, acaso hubiese constituido un obstáculo insu-
perable. Al objeto de salvar esta eventualidad, fue enviada una columna a
rodear la posición por el sur. Tras vencer oposición, estas tropas alcan-
zaron Shahabad, situada en el interior de las líneas persas de defensa, el
27 de agosto. Este movimiento, combinado con algunos bombardeos, re-
sultó excesivo para los defensores del Paso, los cuales se apresuraron a
abandonar la posición. Se reanudó el avance hacia Kermanshah, y el día
28 se volvió a encontrar al enemigo apostado en una posición que atrave-
saba la carretera. Pero precisamente en el momento en que iba a lanzarse
el ataque, se presentó un oficial persa con bandera blanca, y la campaña
terminó al instante. Nuestras bajas fueron 22 muertos y 42 heridos.
Así acabó este breve y fructífero ejercicio en que poderosas fuerzas fue-
ron movilizadas contra un país débil y envejecido. La Gran Bretaña y
Rusia luchaban por su existencia. Inter arma silent leges. Podemos con-
gratularnos de que gracias a nuestra victoria, Persia haya conservado su
independencia.
98
lativas al petróleo, la expansión del comunismo y el futuro de Persia, que-
daban pendientes y sin abordar, y a mi entender no había motivo para
que fueran un obstáculo a nuestra buena voluntad y espíritu de camara-
dería.
La visita del general Wavell a Londres, sin embargo, tuvo que sufrir un
aplazamiento, debido a ser su presencia necesaria en Teherán. Por otra
parte, yo esperaba que gracias al hecho de hablar el ruso con facilidad,
como lo hablaba, el general se convertiría en un importante enlace con el
alto mando soviético.
99
pe
Pb
a
debería serle factible a usted ir consiguiendo poco a poco las facilidades que
pedimos, usando como palanca una posible ocupación rusa de Teherán. No
es menester temer indebidas intrusiones rusas, ya que su deseo supremo
será el de abrir la ruta directa para los suministros americanos.
. . .
100
APÉNDICES
APENDICES
JULIO
1005
Primer Ministro al ministro del Aire.
1-VIL41.
Observo que la cifra efectiva de bombas utilizadas por usted
en mayo, 2.920 toneladas, ha sido menos de la mitad de lo que
calculamos como gasto mensual para el segundo trimestre del co-
rriente año, y que a este promedio de utilización, las existencias
de que usted dispone representan el suministro de 30 meses.
Lo último que deseamos, desde luego, es encontrarnos sin borm-
bas disponibles en el momento en que ustedes estén en situación
de arrojarlas en cantidad. Pero a la luz de las cifras anteriores, es
posible que usted desee revisar los números en que ustedes cifran
sus necesidades, que a mi modo de ver pueden atribuirse en gran
parte al deseo de acumular una reserva de seis meses.
A menos que usted tenga una seguridad «absoluta de que se va
a hacer un empleo total de esas grandes cántidades, deberíamos
estudiar la conveniencia de transferir a otros usos una parte de
la capacidad de producción representada por las repetidas cifras.
Me alegro de que ese plan sobre los huevos que atribuyen a usted
no sea el plan que usted tenía pensado. Siempre es difícil conser-
var el equilibrio entre la necesidad de aumentar el total de los
suministros de víveres y la necesidad de mantener una distribución
equitativa. No deberíamos ser demasiado duros con el individuo
particular que aumenta sus suministros gracias a sus propios es-
fuerzos productivos.
Es muy satisfactorio que mejoren las perspectivas de la carne,
y espero que las presiones que hacemos cerca de los Estados Uni-
dos para que incrementen su producción de carne de cerdo nos per-
mitirán aumentar la ración dentro de poco sin el riesgo de tener
que reducirla después.
No queremos crear resentimientos entre los campesinos obli-
gándoles a matar ganado que pueden engordar sin recurrir a pro-
1006
ductos alimenticios de importación. Por otra parte, desde luego,
no es justo que el país pase hambre sólo porque a los campesinos
no les dé la gana de Jlevar sus bestias al mercado. No cabe duda
de que, junto con el Ministerio de Agricultura, y ajustándose a
una política de precios preparada con cuidado, cabría elaborar un
plan mediante el cual asegurar la máxima continuidad posible
del suministro de carnes, compatible con los factores de estación.
En cuanto al trigo, la cuestión que yo tenía en el pensamiento
no se refería tanto a las existencias como al peligro de caer en
un círculo vicioso: la gente come más pan debido a la escasez
de carne, y en consecuencia le obligan a usted a importar más
trigo, con lo que se reduce el espacio disponible en los buques para
otros víveres. No creo que exista el peligro de que el enemigo
destruya las cosechas de este año. Hemos comprobado que es muy
difícil prender fuego a las cosechas, y si usted pregunta al Mi
nisteria del Aire, le explicarán por qué el rocío dificulta más la
tarea en este país que en el Continente.
1008
ballería habría de ser reorganizada, tan pronto lo permitieran las
circunstancias anormales de la guerra, en dos brigadas, cada una
de las cuales habría de constar de tres regimientos tanquistas, doce
cañones motorizados, un regimiento motorizado de ametralladoras
y servicios auxiliares. La formación de dichas dos brigadas blinda-
das habría de gozar de alta prioridad, anticipándose desde luego a
las de cualesquiera otras unidades blindadas británicas más atra-
sadas, Sería altamente conveniente que estas dos brigadas pudieran,
ante todo, transformarse de meras unidades motorizadas de ame-
tralladoras en unidades tanquistas mediante la recepción de algu-
nos de los tanques ligeros semipesados que han empezado a llegar
de los Estados Unidos. El presidente Roosevelt me ha informado
de que ha adjudicado (aparte de los sesenta ya en camino y otros)
200 tanques ligeros de crucero para embarcar en buques america-
nos con destino a Suez, en el transcurso de los próximos meses.
El resto de los diversos regimientos podría continuar utilizando
pro tem. los carros blindados o portacañones Bren con que han
empezado a trabajar. El acoplamiento de estas excelentes tropas y
de ese regalo de 200 tanques ligeros de crucero americanos, con
que no contábamos, habría de resultaz en la creación de dos uni-
dades de brigada blindadas magníficamente adaptadas para la gue-
rra en Palestina, Siria e Irak, en una fecha muy anterior a la que
cabría esperar de cualquier otra unidad de un valor combativo
igual.
11-33 1009
Todos los acuerdos en que participó Rusia se establecieron pronto y sin
tropiezos. Las condiciones impuestas a los persas eran, principalmente, el
d en
cese de toda resistencia, la expulsión de los alemanes, neutralida
la guerra y la utilización, por parte de los aliados, de la red de comunica-
ciones de Persia para el tránsito de suministros de guerra a Rusia. Las
y
fuerzas británicas y rusas establecieron contacto sin el menor incidente
conjuntamente ocuparon Teherán el 17 de septiembre. La víspera, el Sha
había abdicado en favor de su hijo, un joven de veintidós años, inteligente
y dotado. El 20 de septiembre, el nuevo Sha, siguiendo un consejo de los
aliados, restauró la monarquía constitucional, y poco después su padre
de
partió para el destierro, en Johannesburgo, en donde murió en elmes
julio de 1944. La mayoría de nuestras fuerzas se retiraron del país, dejan-
do tan sólo destacamentos para la vigilancia de las comunicaciones, y
Teherán fue evacuada por británicos y rusos el 18 de octubre. Subsiguien-
temente, nuestras fuerzas, mandadas por el general Quinan, trabajaron
in-
activamente en la construcción de defensas para prevenir una posible
cursión de los ejércitos alemanes desde Turquía o el Cáucaso, y en la pre-
paración de las medidas administrativas necesañas para los grandes
refuerzos que sería menester trasladar a Persia en el caso de que la incur-
sión pareciera inminente. ]
Nuestro objetivo primordial fue la creación de una ruta de gran capaci-
dad para el aprovisionamiento de Rusia partiendo del golfo Pérsico. Mer-
ced a la circunstancia de ser el gobierno de Teherán un aliado virtual, los
puertos persas fueron ampliados, las comunicaciones fluviales mejoradas,
se construyeron carreteras y reconstruyeron los ferrocarriles. Habiendo
empezado en septiembre de 1941, esta empresa, iniciada y fomentada por
el ejército británico, y después adoptada y terminada por los Estados Uni-
dos, nos permitió enviar a Rusia, durante un período de cuatro años
y medio, cinco millones de toneladas de suministros.
101
(A ejecutar boy mismo.)
Primer Ministro al jefe del Estado Maycr General Imperial.
6-VIL-41.
1. Hace ya casi seis meses que usted y el señor Eden fueron
a El Cairo, con el encargo, inter alía, de emitir un informe sobre
la economía interior del Ejército de Oriente Medio. Sin embargo,
hoy la situación es deplorabilísima, y nuestros conocimientos, lle-
nos de lagunas. El Ministerio de la Guerra debería poseer un cua-
dro completo del desarrollo de las formaciones combatientes, y
sin él, desde luego, yo no puedo cumplir debidamente con mis res-
ponsabilidades.
2. No es mucho pedir que cada división o cada brigada envíe
un inventario mensual de sus principales armas de equipo. No
acierto a imaginarme a un general competente que no sepa, sema-
na por semana, cual es su situación a este respecto. De hecho, le-
bería conocerla al día.
3. Deberíamos tener un inventario mensual, habida cuenta
del inmenso trasiego cotidiano, con inclusión de las minucias de la
Aviación.
La organización del general Haining debería conocer toda la
situación, y no debería haber dificultades en cuanto a que la misma
nos tuviese al corriente de todo.
Usted se equivoca al suponer que el citado inventario nos hace
£alza a efectos de estadística tan sólo. Sin una visión clara y al día
del estado de las formaciones del Oriente Medio, es imposible
tomar decisiones o adoptar criterios en el seno del Comité de De-
fensa o el Gabinete de Guerra. La alternativa es continuar en el
estado de ignorancia y confusión que no puede sino conducirnos
al desastre.
Si bien estoy de antemano dispuesto a aceptar algunas peque-
fas simplificaciones de detalles, si tiene a bien proponérmelas, debo
insistir en conocer todos los hechos esenciales,
Referencia: Minuta del J. del E. M. G. L de S-VIT-41 contestando a
la petición del Primer Ministro para una lista detallada de la distribución
de los equipos, según las formaciones, en Oriente Medio.
1010
(A ejecutar hoy mismo.)
Primer Ministro al ministro de la Guerra. 6-VIL-41.
¿Por qué no nos han dicho aún que los Blues, los Life Guards
y la Yeomanry de Essex tomaron parte en la captura de Parmyra?
Estas unidades debieron de haber sido identificadas por contacto
desde hace mucho tiempo, y no puede haber ya razones militares
para no revelar esta interesante noticia al público británico.
Esta clase de abusos de la censura en nombre del secreto de
las operaciones, es lo que enoja justamente a la Cámara lo mismo
que a la Prensa y hace más difícil de sostener las posiciones más
importantes,
1011
Primer Ministro al ministro de Asuntos Exteriores. 9-V1I-41.
1015
Primer Ministro al ministro del Aire. 11-VIL41.
1017
cionarnos en un nivel igual durante los doce meses venideros, en
lo que se refiere a la construcción británica y alemana; cualquier
incremento nuestro deberá provenir de la parte que nos toque de
la producción de los Estados Unidos. Además, esto no tiene “para
nada en cuenta la advertencia del M. de P. A. en el sentido de
que sus cálculos puedan reducirse en un 15 por ciento.
3. No podemos declararnos satisfechos con la situación ex-
"puesta, que, por otra parte, excluye toda posibilidad del decistvo
predominio, indispensable para la victoria. En consecuencia, deseo
que estos programas sean vueltos a examinar, y que los tres méto-
dos de ampliación que siguen, junto con cualesquiera otros que se
quiera sugerir, sean estudiados a fondo por las autoridades afec-
tadas. Dichos tres métodos son:
1018
acciones diurnas habrán de sujetarse a un perfeccio-
namiento intensivo, una vasta proporción de las fuer-
zas de bombarderos seguirá llevando su carga nocturna
de bombas al Ruhr, pongamos por caso, u otros obje-
tivos cercanos. Parece, por lo tanto, necesario que el
Estado Mayor del Aire divida sus actividades en bom-
bardeos cercanos y bombardeos lejanos, y que a base
de ello se otorgue a ciertos aspectos de la producción,
que aun no han alcanzado su máximo, una mayor con-
tinuidad en el mantenimiento de dicho máximo, lo que
entrañaría un aumento substancial en el número de
aparatos. Este caso parece aplicarse de un modo espe-
cial, por ejemplo, al Blackpool Wellington, que es de
nueva entrega, y cuya cifra máxima de producción no
se alcanzará hasta noviembre, y sólo se mantendrá en
dicho nivel por espacio de seis meses. Si se lograra
una estabilización de doce meses de la cifra máxima,
cabría esperar como posible una mayor entrega de
aviones a partir de noviembre.
102
tubre de 1940. Sin embargo, se han acumulado muchos materia-
les basándose sobre los cálculos de octubre. En consecuencia, habría
de ser posible un incremento substancial si todos los factores se
ajustaran debidamente. El Ministerio del Aire habría de poner de
manifiesto de qué modo su último programa, aparte de los consa-
bidos incrementos, se ajusta a la producción de pilotos para los
doce meses venideros, habida cuenta, por una parte, de la reducida
escala de pérdidas demostrada por la experiencia, y, por otra parte,
de la mayor vastitud de las necesidades en materia de personal
que ahora se acredita como necesaria en proporción al número de
aparatos. Bombas, explosivos, ametralladoras y demás accesorios
deben ser calculados en razón mo solamente de los programas vi-
gentes, sino con arreglo a los incrementos indispensables. No obs-
tante, en principio debemos aspirar nada menos que a poseer una
aviación de guerra dos veces más fuerte que la aviación alemana,
y ello ba de conseguirse hacia finales de 1942. Este objetivo no
es imposible si abora se hace un renovado y vasto esfuerzo. Es lo
menos a que podemos aspirar, ya que basta ta fecha éste es el único
medio que tenemos de ganar la guerra.
1021
vistas sólo se hayan fabricado 500, no solamente es bochornoso
sino que es una violación de las instrucciomes expresas dictadas
por el Gabinete en el curso de varios meses. ¿Quién es el res-
ponsable? Hay que hacer el máximo esfuerzo, ejercitando razones
de prioridad, para que se fabriquen, almacenen y llenen bidones
para gasolina en la mayor cantidad posible.
Sírvase comunicarme exactamente quién es el responsable de
este fracaso.
Los peligros que del mismo se derivan pueden amenazarnos
de un momento a otro. Hay que preparar documentos para dis-
cutirlos en el Gabinete la semana próxima.
1022
demostró su escasa aptitud para poner en ejecución operaciones com-
binadas, No existía ningún director de operaciones combinadas,
y sí sólo un comité muy tibio y falto de influencia. No obstante,
no podemos descartar la necesidad, en el futuro, de operaciones de
desembarco. Los otros dos buques Glen están siendo reparados, y
sería un error llevarse a éste a otra parte. En consecuencia, con-
fío que los jefes de Estado Mayor estudiarán la cuestión en todos
sus aspectos.
1024
a
política de largo plazo, la experiencia que hemos acumulado demuestr
batallas modernas exigen vehículos cada vez más armados y de
que las
blindaje más espeso, y en consecuencia deberíamos hacer planes para
aumentar la producción de tanques semipesados a expensas de los tanques
aero-
ligeros, pero no desde luego a expensas del programa de fabricación
náutica.
2. Me interesa extraordinariamente su sugestión de que los hom-
bres de nuestro Cuerpo Tanquista sean adiestrados en los Estados Unidos.
deci-
Esta proposición está siendo estudiada, y le comunicaremos nuestra
sión tan pronto sea posible.
e
3. Hemos estado estudiando nuestros planes de guerra, no solament
d
para la lucha en el año 1942, sino hasta para 1943. Atendida la segurida
de las bases esenciales. es menester planear en la máxima escala posible
las fuerzas indispensables para la victoria. En general, debemos señalar-
nos ante todo como objetivo la intensificación del bloqueo y de la
propaganda. Después, debemos someter a Alemania e Italia a un bom-
bardeo aéreo incesante y cada vez más intenso. Estas medidas pueden
producir un colapso c convulsión interior. Pero también hay que hacer
planes para acudir cn ayuda de las poblaciones conquistadas mediante el
desembarco de ejércitos de liberación a medida que se presente la opor-
tunidad. A este propósito hará falta disponer no solamente de un gran
número de tanques, sino también de embarcaciones capaces de trans-
portarlos y desembarcarlos directamente en playas. A usted no habría
de serle difícil introducir las reformas necesarias en algunos de los
buques mercantes que ustedes están construyendo en tan vasta cantidad,
adaptándolos para el desembarco rápido.
4. Si usted coincide conmigo en la necesidad de hacer postrar a
Alemania, no deberíamos perder un momento en:
a) Esbozar un cálculo combinado de nuestras necesidades conjuntas
en materia de armas esenciales de guerra, v. g., aviones, tan-
ques, etc.
b) Estudiar a continuación la manera cómo estas necesidades ha-
brán de ser satisfechas por nuestros respectivos medios de
producción.
Si Entre tanto, propOngo
que nuestros Estados Mayores combinados,
establecidos en Londres, empiecen a trabajar en el epígrafe a), y que
después nuestros peritos y técnicos las emprendan con el epígrafe b).
1026
Primer Mamistro al Lord Presidente del Consejo, el ministro del
Trabajo y Servicios Nacionales y el ministro de la Guerra.
27-VILA1.
1027
Primer Ministro al general Ismay. 31-VIL41.
AGOSTO
1028
drán a nuestro servicio dentro de poco. Es de primerísima importan-
cia que todo el espacio de que dispongamos en los buques, tanto de
los procedentes de América como de los resultantes de una mejora
en nuestra situación naval, sea utilizado al completo en el transpor-
te de mercancías destinadas a acrecentar nuestro esfuerzo de guerra
y a procurar al pueblo una dieta más saludable y variada.
2. Los cargamentos deben encontrarse en disposición de em-
barque inmediato a medida que se presente la oportunidad, y ha-
bría que preparar inmediatamente un informe en el que se divul-
garan los acuerdos tomados a este fin, ya sea mediante el aumento
de nuestros pedidos, ya sea mediante la acumulación de existencias
de reserva en las cercanías de los puertos de Ultramar.
3. Observo que hay una proposición para importar 748.000
toneladas de maderas blandas y 422.000 toneladas de maderas du-
ras durante la segunda mitad de este año. Esto rebasa en mucho las
cifras que se mencionaron en una reciente reunión de la Batalla del
Atlántico. Esta enorme importación de maderas, ¿obedece acaso al
hecho de que no se encuentran disponibles otros cargamentos más
útiles? ¿Se ha dado al ministro de Agricultura ocasión de sugerir
alguna alternativa? Por ejemplo, medio millón de toneladas de
maíz (fácilmente conseguibles en los Estados Unidos) serían de un
gran valor para que no decreciera el censo de nuestro ganado aviar.
1029
amenaza de Malta a la ruta marítima germanoitaliana del norte de Africa
se ha acrecentado en las últimas semanas... Además, desde Malta se efec-
túan ataques a diario contra Trípoli, y recientemente los puertos italianos de
Sicilia han recibido la visita de la aviación británica con más frecuencia que
antes... Las formaciones de las fuerzas aéreas italianas actualmente estacio-
nadas en Sicilia y el África septentrional son insuficientes para pi
a las fuerzas aéreas británicas y las operaciones navales... Debo prevenir de
nuevo en el sentido de que no se sigan subestimando los peligros que pue-
den surgir de la situación naval del Mediterráneo.
103
pecialmente este último, por tratarse de un portaaviones
que Opera
en el Mediterráneo. La sorpresa que se causará al enemi
go cuando
estos cazas tan veloces se remonten para presentarles combate, es
susceptible de concedernos un considerable desahogo, cuyos efectos
podrán apreciarse casi inmediatamente.
El impedir los ataques de los bombarderos enemigos en el mar,
rebasa en importancia y urgencia a cualquier otra misión que quepa
confiar a un portaaviones en el Mediterráneo. Aún en el caso de
que sólo puedan operar dentro de un radio de cuarenta a cincuenta
millas lejos del buque base, esos aviones poseen una capacidad asaz
adecuada. Hay que inculcar al enemigo el temor de que acercarse
a un buque convoyado por un portaaviones, equivale a incurrir en
pérdidas aéreas tan gravosas como si el ataque proviniera de cazas
basados en tierra firme.
3. Actualmente no tenemos portaaviones en el Mediterráneo
oriental. En consecuencia, es ocioso enviar ahora allí Grummans de
alas plegables. Los cupos de Grummans correspondientes a agosto,
septiembre y octubre, actualmente asignados al Reino Unido (en
total 22), y los 24 que ahora se asignan a Oriente Medio según los
cupos de septiembre y octubre (en total 46), habrían de ponerse
a la disposición del Reino Unido para equipar a nuestros portaavio
-
nes. Las entregas a Oriente Medio con posterioridad a octubre, ha-
brán de estudiarse más adelante.
Sírvase facilitarme un informe mensual de los Grummans con
que se equipe a los portaaviones.
4. ¿Cuándo dispondremos de nuestro nuevo portaaviones,
«Indomitable» ?
5. Á menos que exista una razón en sentido contrario
de la
que yo no esté advertido, habría que circular inmediatamente
las
siguientes Órdenes:
«Las entregas de doce Grummans con alas plegables, co-
rrespondientes a septiembre y octubre, habrán de ser enviadas
al Reino Unido, y no (repito 20) a Oriente Medio.»
Primer Ministro al general Ismay. 16-VIIL41.
COMANDOS
19-VIIL41.
Lo importante no consiste tanto en reducir a nuestras tropas de
Islandia como en convertir a esta isla en campo de entrenamiento
para las unidades alpinas. ¿No podrían ustedes dar algunos ca-
ñones de montaña a la artillería, en lugar de retirárselos? Sírvanse
facilitarme un plan para procurar esquíes, botas de nieve, etc., al
máximo múmero de hombres que quepa adiestrar en la guerra de
alta montaña, a temperaturas glaciales. El hecho de que haya lle-
gado a Islandia un nuevo contingente de americanos, no hace sino
facilitar el adiestramiento. Considero la creación de esas unidades
alpinas como algo esencial para nuestra organización. Suplico que
esta cuestión sea resuelta con el máximo entusiasmo,
1031
Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 19-VIIL41.
1032
Le invito a que dedique a este problema su atención personal.
Es un asunto sumamente peligroso y urgente en alto grado.
(1) 15 de julio.
1033
Si tenemos buen tiempo, ¿qué pronósticos puede usted hacer? ;¡Ay,
todos hablamos demasiado prematuramente!
Mi-
Desde luego sostengo la opinión de que. tiempo atrás, el
ble y poco cooper ativa
nisterio del Aire observó una actitud inflexi
de atender
respecto del Ejército y de la Marina cada vez que se trató
logró emanci parse
a las demandas especiales de ambos. La Marina
iendo la sensa-
antes de la guerra, pero en el Ejército sigue persist
Hasta cierto
ción de que se les ha negado la debida asistencia aérea.
nto de que
punto, todo ello podría excusarse esgrimiendo el argume
import ancia
la necesidad de incrementar a la R. A. F. era de una
confío
suprema. Ahora que esta necesidad ya no €s tan absorbente,
en que las quejas del Ejército serán atendidas.
Existe la creencia muy extendida de que en su día descuidamos
la fabricación de los bombarderos en picado porque el Ministerio
del Aire abrigaba el temor de que un arma de esta naturaleza,
especialmente asociada al Ejército, pudiera conducir a la formación
de una ala independiente del Ejército.
Todas estas cosas ocurrieron antes de que usted ocupara su ac-
tual cargo, pero las consecuencias las estamos tocando ahora.
1036
3. Dicho comité deberá elevar un informe semanal al Primer
Ministro. Se espera de todos los Ministerios el máximo de coopera-
ción en interés del público. La preparación del mejor plan posible
debe revestir un carácter de estudio técnico, a fin de queno implique
la adopción por parte de los jefes ministeriales de los Departamen-
tos. La adopción de dicho plan habría de ser facultativa de un
comité compuesto por ministros del Gabinete de Guerra.
1037
mente la bravura de los pilotos, no quiero que se les exija dema.
siado. Es preferible escoger blancos más vulnerables, que arrojen
una Cifra de daños mucho más elevada que la de las pérdidas.
Sírvase facilitarme un estadillo de los bombarderos dados de
baja durante el mes de agosto, por cualesquiera causas, incluyendo
los averiados al tomar tierra. Deseo conocer también el número de
bombarderos facilitados por el Ministerio de Producción Aeronáu-
tica, y el número de los fabricados y el de los importados.
1038
Primer Ministro al subjefe del Estado Mayor Aéreo. 30-VIULA1.
Bien.
«La abnegación y la bravura demostradas en los ataques con-
tra Rotterdam y otros objetivos, desafían todo elogio. La carga de
la Caballería Ligera en Balaclava palidece al lado de estos actos
de valor casi cotidianos. »
Comuníquelo así a las escuadrillas, y publíquelo si le gusta (1).
1039
en condiciones de atacar, no se encontrará, en comparación con el enemi-
go, en una situación mucho mejor que la actual.
Esta propuesta fue aceptada, si bien fue menester algún tiempo para
llevarla a la práctica. En octubre, se formó en Malta una fuerza naval de
ataque, conocida por «Fuerza K», compuesta por los cruceros «Aurora» y
«Penelope» y los destructores «Lance» y «Lively», que no tardó en prestar
relevantes y oportunos servicios.
104
de la semana pasada, permitieron que tan gran número de buques
arribaran sin percance, después de haber atravesado zonas excep-
cionalmente infestadas de concentraciones de submarinos ene-
migos.
SEPTIEMBRE
1040
La duración de la retardación debería variar de unos cuantos
días a varios meses, de suerte que la incertidumbre nunca estuviera
ausente y los destrozos de las líneas se produjeran de un modo
continuo. Tengo entendido que el sistema más corriente se basaba
en una pequeña caja de metal, no mayor que una caja de ciga-
rros, en la cual un ácido corroía gradualmente un alambre, es-
tableciendo así un contacto magnético o abriendo un orificio. Es
indudable que entre tanto habrán tenido lugar muchos perfeccio-
namientos.
En conjunto, la perspectiva de nuestra situación en Oriente
me inclina a creer que sería conveniente emprender la fabrica-
ción en gram escala de esta clase de artefactos. Estamos constru-
yendo aeródromos en Anatolia, Siria, Persia, Chipre, etc., y los fe-
rrocarriles y carreteras son objeto de mejoras y de ampliaciones.
Por lo tanto, deberíamos disponer de los medios necesarios para
hacerlos inutilizables para el enemigo, por un período considera-
ble de tiempo, en el caso de vernos obligados a abandonarlos.
El mejor sistema para ello consistiría en fabricar y colocar las
minas de antemano, comunicándolas entre sí por medio de con-
ducciones secretas en las cuales, en el momento de surgir la ne-
cesidad de armar dithas minas, cupiera colocar las espoletas ade-
cuadas. En cada aeródromo debería haber veinte o treinta minas;
si fuese menester evacuarlo, bastaría con colocar las espoletas en
su sitio y apisonar la tierra, El período de peligro debería durar
desde luego seis meses como mínimo, y los ferrocarriles (cuando
menos en sus iamales terminales) deberían estar minados a in-
tervalos de tres o cuatro minas por cada milla. Los puentes y tú-
neles también deberían estar minados. La incertidumbre del mo-
mento en que una línea ferroviaria o una carretera pueden esta-
llar y hacerse inservibles, es de efectos más desmoralizadores que
el de una devastación general, la cual suele hacerse siempre de
una sola vez y no tiene repetición.
Le ruego que me comunique qué es lo que piensa sobre esto.
MI - 34 1041
Primer Ministro al ministro del Trabajo. S-IX-41
1043
consecuencia, para todas las cuestiones oficiales británicas, dichos
lugares serán llamados Bandar Caspio y Bandar Golfo, respectiva-
mente. Le ruego que dicte órdenes en este sentido.