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LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. Winston S. Churchill

WINSTON S. CHURCHILL. Memorias. La Segunda Guerra Mundial. Volumen III: LA GRAN ALIANZA. Libro Segundo: LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. 417 Páginas. Año 1965

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LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. Winston S. Churchill

WINSTON S. CHURCHILL. Memorias. La Segunda Guerra Mundial. Volumen III: LA GRAN ALIANZA. Libro Segundo: LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA. 417 Páginas. Año 1965

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SIR WINSTON S.

CHURCHILL

MEMORIAS

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

A
GRAN ALIANZA

PLAZA
$ JANESS.A. EDITORES
RUENOS AIRES — BARCELONA — MEXICO D. F. — BOGOTA — RIO DE JANEIRO
TITULO ORICINAL:
THE GRAND ALLIANCE

TRADUCCION DE
MANUEL BOSCH BARRETT Y LUIS PALAZON

TAPAS DECORADAS POR


SIMCIK

(O) PLAZA € JANES, 5. A. Editores, 1965


Las seis partes que componen esta obra fueron publicadas originalmente en inglés
con el título
común de THE SECOND WORLD WAR
A
APA
LITOGRAFÍA ROSÉS, Escultor Canet, 6-8-10 - BARCELONA
Printed in Spain = Impreso en España
Depósito Legal:B. 3372-65 Registro N.”: 863-65
5

MORALEJA DE ESTA OBRA

En la Derrota, Áltivez
En la Guerra, Resolución
En la Victoria, Magnanimidad
mr
En la Paz, Buena Voluntad
TEMA DE ESTE VOLUMEN

Cómo el Pueblo Británico


luchó sin más ayuda
que sus privaciones,
hasta
que la Rusia Soviética
y los Estados Unidos
fueron arrastrados al conflicto
__
LASEGUNDA —
GUERRA MUNDIAL
LA GUERRA LLEGA A AMERICA
|
LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL
SIR WINSTON S. CHURCHILL

| MEMORIAS
LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL
III. LA GRAN ALIANZA
2. LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA

dr:
al
K
¿e
ad

EDICIONES ORBIS, S. A.
Título original: The Second World War (1948-1954)
IL The grand alliance
2. War comes to America

Traducción: Manuel Bosch Barrett y Luis Palazón

O Cassell Ltd., London


O Plaza €: Janés, S. A. Editores, 1965
O Por la presente edición, Ediciones Orbis, S. A., 1989
Apartado de Correos 35432, 08080 Barcelona

ISBN: 84-402-0739-5 (Obra completa)


ISBN: 84-402-0745-X (Volumen 6)
D.L.: B-650-1989

Fotocomposición: Anglofort, S.A.


Rosellón, 33, 08029 Barcelona

Impreso y encuademado por


printer industria gráfica s.a.
c.n. 1, km 600, cuatro caminos, s/n
08620 sant vicenc dels horts barcelona 1989

Printed in Spain
NOTA DE LOS EDITORES

Esta decisiva obra histórica sobre la Segunda Guerra Mundial, escrita


por uno de los principales protagonistas de aquel trágico conflicto, fue
publicada originalmente en inglés con el título de The Second World
War (La Segunda Guerra Mundial). Sin embargo, debido precisamente a
ese protagonismo de su autor y al conocimiento directo que éste tuvo de
la guerra. a menudo se la conoce también con el título de las Memorias
de Churchill. !
La obra se compone de seis partes, cada una de las cuales tiene su
propio título. Y cada una de las seis se divide, a su vez, en dos libros, lo
que supone un total de doce libros. Esta colección incluirá los doce
libros de la obra, dado su carácter unitario y su gran interés (sólo se han
suprimido los apéndices, que alargarían excesivamente la publicación).
Para una mejor comprensión de la estructura de la obra, y para tener
una visión global de la misma, se puede consultar el siguiente esquema,
que incluye los títulos de las seis partes y los subtítulos de los doce
libros. En la columna de la derecha figura además la numeración secun-
daria que tendrán en el lomo los doce volúmenes en los que la obra
aparecerá dividida en esta colección.

Parte primera: Cómo se fraguó la tormenta


Libro 1.*: De guerra a guerTa —mnciciocnocnnnnninnonnnnnnnnnanas Volumen lÍ
Libro 2.*: La querra crepuscular —.oooconiconnnnicac. Volumen II

Parte segunda: Su hora mejor


Libro 1.*: La caída de Francia a la Volumen HI
Libro 2.*: Solos OO Volumen IV

Parte tercera: La gran alianza


Libro 1.” Alernania ataca a Rusia ccoo. Volumen V
Libro 2.*: La guerra llega a América Volumen VI

Parte cuarta: El gozne del destino


Libro 1.”: La embestida japonesa Volumen VII
Libro 2.9: Africa redimida cc. Volumen VIH
Parte quinta: El anillo se cierra
Libro 1.*: Italia. ganada Volumen LX
Libro 2.*: La suprema aventura Volumen X
Parte sexta: Triunfo y tragedia
Libro 1.*: La marea de la victoria cc Volumen XI
Libro 2. El telón de acero Volumen XII
LIBRO SEGUNDO

LA GUERRA LLEGA A AMÉRICA


CAPÍTULO PRIMERO
NUESTRO ALIADO SOVIÉTICO

Planes de Hitler para la invasión de Rusia. — Demandas soviéticas a la


Gran Bretaña. — «El Segundo Frente Ahora Mismo». — Ignorancia rusa
de la guerra anfibia. — Escribo a Stalin. — Una misión militar parte para
Moscú. — Contactos navales. — Proposición de una alianza de guerra.
— Stalin presiona por la creación de un segundo frente. — Una razona-
da respuesta. — Nuestros esfuerzos por aprovisionar al ejército ruso. —
Diez mil toneladas de caucho. — Infructuosos intentos por establecer re-
laciones amistosas con Stalin. — Desarrollo del avance alemán. — La ac-
titud de Rusia hacia Polonia. — Nuestro punto de vista. — La carga que
Rusia significó al principio para nosotros.

La invasión hitleriana de Rusia alteró radicalmente los valores y las re-


laciones de la guerra. Los prejuicios soviéticos habían oscurecido al pue-
blo ruso la visión de muchas de las medidas que la comprensión y la pru-
dencia debieron haberle dictado para su propia seguridad. Por otra parte,
llevados de su indiferencia hacia la suerte de los demás, habían estado ga-
nando tiempo, y cuando sonó su hora el 22 de junio de 1941, los soviets
eran mucho más fuertes de lo que Hitler había imaginado. No solamente
el propio Hitler, sino hasta seguramente sus generales se dejaron engañar
por el triste papel desempeñado por Rusia en su lucha contra Finlandia.
Sin embargo, fueron los rusos los cogidos por sorpresa, y, al principio, fa-
bulosos desastres se abatieron contra ellos. En este relato no será posible
hacer otra cosa que exponer al lector los hechos más sobresalientes del
nuevo y colosal choque de ejércitos y pueblos que acababa de empezar.
El frente de batalla alemán se extendía a lo largo de toda la frontera,
desde el Báltico al mar Negro. El Grupo de Ejércitos del Norte, al mando
de von Leeb, con veintinueve divisiones, incluyendo tres blindadas y tres
motorizadas, había de avanzar sobre Leningrado partiendo de la Prusia
Oriental. El Grupo de Ejércitos del Centro, al mando de von Bock, con-
sistente en cincuenta divisiones, incluyendo nueve blindadas y seis motori-
zadas, había de avanzar hacia Smolensko partiendo de Polonia septen-
trional. El Grupo de Ejércitos del Sur, al mando de von Rundstedt, con
Cuarenta y una divisiones, incluyendo cinco blindadas y tres motorizadas,
debía lanzarse hacia el Dnieper inferior partiendo de Polonia meridional.
Otras veintiséis divisiones formaban, o habían de formar en breve, la re-
serva general. Más de dos mil setecientos aviones estaban destinados a
apoyar el ataque. En el norte, doce divisiones finlandesas habían de avan-
zar igualmente sobre Leningrado en apoyo del ataque principal, mientras

13
en el sur once divisiones del ejército rumano habían de permanecer a la
defensiva a lo largo del río Pruth, y otras seis unirse al avance del Grupo
de Ejércitos del Sur. En conjunto, ciento sesenta y cuatro divisiones se pu-
sieron en marcha hacia el este.
Los invasores, según los relatos más fieles de que se dispone, tenian
frente a sí ciento diecinueve divisiones rusas y cinco mil aviones como mií-
nimo. Otras sesenta y siete divisiones estaban disponibles en Finlandia,
el Cáucaso y Rusia central. Aunque casi nivelados en número con los
ejércitos alemanes, los rusos fueron arrollados fulminantemente mediante
ataques de unidades blindadas de una gran fuerza de penetración. Su
aviación sufrió gravísimas pérdidas. Otros países habían sido igualmente
atacados por sorpresa y arrollados. Sólo la inmensa estepa rusa tenia la
suprema ventaja de la profundidad, que una vez más fue su salvación. En
el primer mes, los alemanes avanzaron trescientas millas adentro de Ru-
sia. Smolensko cayó después de durísimos combates durante los cuales
los rusos contraatacaron con violencia. Pero Leningrado no fue siquiera
alcanzada y Kiev continuaba en poder de los rusos.

Hasta el momento en que Hitler se lanzó contra Rusia, el gobierno so-


viético no pareció preocuparse más que de sí mismo. Con el transcurso
del tiempo, esta actitud, como es natural, se acentuó notablemente. Hasta
la fecha, los rusos habían contemplado con granítica impavidez el hundi-
miento del frente francés en 1940, así como nuestros vanos esfuerzos en
los primeros meses de 1941 por crear un frente en los Balcanes. Habían
prestado una importante ayuda económica a la Alemania nazi, a la que
habían socorrido también en infinidad de aspectos. De repente, engaña-
dos y cogidos por sorpresa, veían cemirse sobre ellos la llameante espada
de Alemania. Su primer impulso y también su política inalterable fue re-
cabar todo el auxilio posible a la Gran Bretaña y a su Imperio, cuyo even-
tual reparto entre Stalin y Hitler había enturbiado los cerebros soviéticos
en el transcurso de los últimos ocho meses, de tal suerte que en ningún
momento advirtieron el progreso de las concentraciones alemanas en el
este. No titubearon en suplicar, en términos apremiantes y estridentes, a
la vapuleada Gran Bretaña para que les enviara municiones de las que
tan escasos andaban sus ejércitos. Instaron asimismo a los Estados Uni-
dos a que destinaran en su favor la mayor parte de los suministros con
que nosotros contábamos, y, sobre todo, ya en el propio verano de 1941,
empezaron a clamar pidiendo desembarcos británicos en Europa, sin pa-
rar mientes en el riesgo y el coste de los mismos, para el establecimiento
de un segundo frente. Los comunistas británicos, que hasta entonces ha-
bían hecho todo lo posible, aunque nunca importó mucho, por entorpecer
el trabajo en nuestras fábricas y habían denunciado ala guerra capitalista
e imperialista», cambiaron radicalmente de la noche a la mañana y se de-
dicaron a pintar el lema «El Segundo Frente Ahora Mismo» en paredes y
vallas.
Nosotros no permitimos que estos hechos un tanto ignominiosos y de-
primentes influyeran para nada en nuestro ánimo, y fijamos nuestra mira-

14
da en los heroicos sacrificios del pueblo ruso bajo el peso de las e
des que su gobierno había atraido sobre su cabeza, y en la fogosa deo
que hacía de su suelo natal. Esto, mientras duró la lucha, lo excusó todo a
nuestros ojos.

la
Los rusos nunca comprendieron en modo alguno la naturaleza de
operación anfibia que era menester para desembarcar y pta un
gran ejército en una costa enemiga bien defendida. Hasta los ae
americanos ignoraban a la sazón las dificultades inherentes a Urea e
empresa. En la zona de invasión era indispensable gozar, no ya Ea
superioridad naval indiscutible, sino del dominio absoluto del aire. mn
más, existía un tercer factor de importancia vital. Los cimientos de bread
sembarco victorioso, pese a la dureza de la resistencia encontrada, estriba-
ban en una vasta flota de lanchas de desembarco de construcción espe-
cial. Para la creación de una lancha de tales características, como ya se ha
visto y como se verá más adelante, yo había hecho cuanto estaba en mi
mano. No podía estar pronta, ni siquiera en pequeña escala, antes del
verano de 1943, y su potencia, como ahora está ampliamente reconocido,
no podía ser incrementada a una escala suficiente hasta 1944. Hasta el
momento en que alcanza nuestro relato, o sea, en otoño de 1941, no te-
níamos el dominio del aire en Europa, salvo en el paso de Calais, donde
se encontraban enclavadas las más poderosas fortificaciones alemanas.
Las lanchas de desembarco estaban en construcción. No teníamos siquie-
ra en la Gran Bretaña un ejército tan grande, tan bien adiestrado y tan
bien equipado como el que hubiéramos encontrado frente a nosotros en
territorio francés. Sin embargo, cataratas de desatinos e inexactitudes se
han vertido en torno de la cuestión del segundo frente. Desde luego, no
había la esperanza de convencer al gobierno soviético ni en esta época ni
en las que siguieron. Hasta en una ocasión ulterior, el propio Stalin me
sugirió que si los británicos tenían miedo, él estaba dispuesto a enviar tres
O cuatro grupos de ejército rusos para llevar a cabo la tarea. La escasez
de medios de transporte y otros factores de orden material me impidieron
cogerle la palabra.

No hubo respuesta del gobierno soviético a mi discurso radiado a Rusia


y al mundo entero el día de la agresión alemana, exceptuando los frag-
mentos que reprodujo Prauvda, así como otros órganos del gobierno ruso,
y el hecho de que se nos rogó que recibiéramos a una misión militar rusa.
El silencio de las alturas era opresivo, y consideré mi deber romper el hie-
lo. Comprendía muy bien que el gobierno soviético había de sentirse un
poco avergonzado, habida cuenta de lo ocurrido entre los soviets y los
aliados occidentales desde el comienzo de la guerra y lo sucedido veinte
años antes entre mi persona y el gobiemo bolchevique revolucionario. En
consecuencia, me dirigí personalmente a Stalin y le expresé nuestra inten-
ción de prestar al pueblo ruso toda la ayuda de que éramos capaces.

15
Primer Ministro a Stalin. 7-Vii-41
oponen tan
Mucho nos complace aquí a todos saber que los ejércitos
resistenc ia a la despiada da invasión de los nazis, tanto más
briosa y enérgica
admiración que se
incalificable cuanto que no provocada. És general la
y del puebio. Haremos
siente por la bravura y la tenacidad de los soidados
permitan,
todo lo que el tiempo, la geografía y nuestros crecientes recursos
mayor ayuda ies po-
por ayudarles a ustedes. Cuanto más dure ia guerra,
aviación
dremos prestar. Día y noche estamos llevando a cabo con nuestra
los alemanes y con-
violentos ataques contra todo el territorio ocupado por
aicance. Ayer se
tra las zonas de las misma Alemania que están a nuestro
y ei sábado por
hicieron sobre el continente cuatrocientas salidas diurnas,
alemanas,
ia noche más de 200 bombarderos pesados atacaron ciudades
casi 250
llevando a bordo tres toneladas de bombas cada uno. Anoche
eros estuvier on operando . Esto prosegui rá sin tregua, y de esta ma-
bombard
de su po-
nera esperamos obligar a Hitier a enviar de nuevo al oeste a parte
del peso
tenciai aéreo, descargando con ello paulatinamente de una parte
ha pre-
que abruma a ustedes. Además, a propuesta mía, ei Almirantazgo
parado una importante operación a realizar en ei Ártico en un futuro próxi-
mo, a consecuencia de la cuai confío en que las armadas británicas y rusa
podrán establecer contacto. Entretanto, nuestras incursiones a lo ¡argo de ia
costa noruega han interceptado diversos buques de abastecimiento que se
dirigían hacia el norte, contra ustedes.
Acogemos complacidos la llegada de la misión militar rusa a fin de con-
certar los planes para el futuro.
Sólo hace falta que no desmayemos en la iucha para arrancar la vida a
esos bellacos.
El primer paso consistía claramente en establecer con el mando militar
ruso el contacto que los gobernantes soviéticos estuvieran dispuestos a
permitir. En consecuencia, y después de conseguido el necesario consenti-
miento de nuestros aliados, enviamos sin pérdida de tiempo una impor-
tante misión militar hacia Moscú. Era también de gran urgencia crear re-
laciones entre las marinas de guerra de ambos países. El día 10 de julio
envié la siguiente minuta al Almirantazgo:
Primer Ministro al Primer Lord y al Primer Lord del Mar. 10-Vil-41
Parece absolutamente necesario mandar una pequeña escuadrilla mixta
de buques británicos ai Ártico para establecer contacto y operar con las
fuerzas navales rusas. Esto debe efectuarse anticipándonos a ia operación
especial que teníamos entre manos. El efecto en la armada rusa, y en la re-
sistencia generai del ejército ruso, de ia llegada de lo que cabría llamar una
flota británica en ei Artico, podría ser de un vaior enorme y significar un
gran ahorro de sangre inglesa. > j
La ventaja que ganaríamos, si los rusos se mantuvieran firmes y prolon-
garan la guerra al menos hasta ia caída del invierno, sería inconmensurable
Una paz prematura pedida por los rusos equivaldría a una decepción tre.
menda de grandes masas de nuestro puebio. Mientras resistan pi TUSOS,
poco importa dónde está ei frente. Esa gente ha demostrado ser digna de
que se la apoye, y hemos de hacer sacrificios y afrontar riesgos Maa en:
cajar quebrantos que no se me ocuitan, para sostener su moral > e
La escuadrilla habría de dirigirse sin duda a Arkangel :
Sírvase informar sobre esto cuanto antes. :

16
n sentar las bases generales
Ya en esta fase inicial confiábamos tambié
dos países.
para una alianza de guerra entre nuestros
dl41
10-VII-
Primer Ministro a sir Stafford Cripps.
te mens aje del Primer Minis-
Sírvase transmitir inmediatamente el siguien
tro a Stalin:
sostenida con
El embajador Cripps me ha informado de ja conversación una propues:
les de
usted indicándome al propio tiempo jos término s genera
ón conjunta anglorrus a, conteni da en los dos principios si-
ta de declaraci
guientes:

1) Ayuda mutua, sin concretar cantidad ni calidad, y a


cda
2) Ninguno de los dos países concertará una paz separada. z
he i
He convocado inmediatamente al Gabinete de Guerra, al que
Zelanda, que se en
a Mr. Fraser, Primer Ministro del Dominio de Nueva
cuentra entre nosotros. Tendremos que consultar asimismo a los emi
m
dei Canadá, Australia y Africa dei Sur, pero en el interin deseo esa
E
constar que en conjunto votamos por la declaración conjunta que
reci
propone. Creemos que deberíamos firmarla en cuanto epa
respuesta de los Dominios, y divulgarla mundialmente acto seguido. a
2. Para su información, deseo señalarie que hemos pensado en una de-
claración en los términos siguientes:
Ei gobierno de Su Majestad del Reino Unido y el gobierno de la URSS
han convenido y declaran io siguiente:
1) Ambos gobiernos se comprometen mutuamente a prestar el uno al
otro asistencia de toda ciase en la presente querra contra Alemania.
2) Para lo sucesivo, y mientras dure esta guerra, se comprometen a no
negociar ni concertar un armisticio o tratado de paz sin el mutuo con-
sentimiento.
3) Como los gobiernos de los Dominios han de ser consuitados, usted no
debe comunicar aún el texto a Stalin. Pero será de gran eficacia que
usted conozca nuestro pensamiento y pueda darle cuantas explicacio-
nes le solicite,
Hubo un intercambio de notas oficiales entre ambos ministerios de
Asuntos Exteriores, pero yo no recibí la primera comunicación de Stalin
hasta el día 19 de julio. Este día vino a verme Maisky, embajador soviético
en Londres, para entregarme el mensaje que reproduzco a continuación:

Stalin al Primer Ministro británico. 18-VII-41


Permítame expresarle mi gratitud por las dos cartas personales que me
ha dirigido.
Sus mensajes han sido los puntos de partida de acontecimientos que des-
pués han cristalizado en un acuerdo entre nuestros dos gobiernos. Ahora,
como usted dice tan acertadamente, la Unión Soviética y la Gran Bretaña
se han convertido en aliados activos en ia lucha contra la Alemania hitleria-
na. No dudo de que, pese a todas las dificultades, nuestros Estados serán lo
suficientemente fuertes para aplastar ai enemigo común.
Acaso no esté de más hacer constar que la situación de las fuerzas sovié-
ticas en el frente sigue siendo tensa. Las consecuencias de la inesperada
ruptura hitieriana del Pacto de No Agresión, así como el brutal ataque con-
tra la Unión Soviética -—ambos hechos redundantes en visibles ventajas
para jas tropas alemanas—, todavía no se han dejado sentir en los ejércitos
soviéticos.

17
Es fácil imaginar que ia posición de las fuerzas alemanas hubiese sido
mucho más favorable si las tropas soviéticas hubieran tenido que hacer
frente al ataque de las fuerzas alemanas, no en ias regiones de Kichinev,
Lemberg, Brest, Kaunas y Viborg, sino en las zonas de Odessa, Kamenets,
Podolski, Minsk y las inmediaciones de Leningrado.
En consecuencia, me parece que la situación militar de ia Unión Soviéti-
biemente si se pu-
ca, así como la de la Gran Bretaña, mejoraría considera
de Francia—
diera establecer un frente contra Hitler en el oeste —el norte
y el norte— en el Ártico.
e contribui-
La existencia de un frente en el norte de Francia no soiament
mismo
sino que al
ría a que Hitler retirara del este una parte de sus fuerzas,
Bretaña. El estable-
tiempo haría imposible la invasión hitieriana de la Gran
acabo de referirme sería popular entre el ejército
cimiento dei frente a que
.
británico, así como entre toda ia población del sur de Inglaterra
un frente se-
Me hago plenamente cargo de ias dificultades que entraña
Sin embargo, creo que a pesar de estas dificulta des, es indispensa:
mejante.
sino también en el
ble creario, no solamente en interés de la causa común.
de la propia Gran Bretaña. El momento actual es el más propicio para el
de Hitler se en-
establecimiento de dicho frente, porque ahora las fuerzas
cuentran concentr adas en el Este, en donde no han tenido aún ocasión de
consolidar ias posiciones que han ocupado.
Gran Breta
Aún es más sencillo establecer un frente en el norte. Aquí la
aéreas, sin efec
ña sólo tendría que contribuir en las operaciones navales y
de tie:
tuar ningún desembarco de tropas ni artillería. Las fuerzas soviéticas
Mucho
rra, mar y aire cooperarían al establecimiento de dicho frente.
teatro de la
agradeceríamos que la Gran Bretaña pudiera transferir a este
aigo así como un división ligera, o más, de voluntari os noruegos, que
guerra
contra
serían utilizados en el norte de Noruega para organizar la rebelión
los alemanes.

Así, la presión rusa por el establecimiento de un segundo frente se ini-


ció desde el principio mismo de nuestra correspondencia, y este tema ha-
bía de reaparecer una y otra vez a todo lo largo de nuestras relaciones
subsiguientes, dejando al margen, con monótona insistencia, toda consi:
deración relativa a los hechos y a las dificultades materiales, excepto en el
extremo norte. El telegrama que he transcrito, primero que recibí de Sta-
lin, contiene la única nota de contrición que jamás me ha sido dable perci-
bir en la actitud soviética. En él exponía sus argumentos en defensa del
cambio soviético de frente, así como de su pacto con Hitler en vísperas de
estallar la guerra, y hacía hincapié —como también lo hice yo en el pri-
mer volumen de esta obra— en la necesidad estratégica rusa de contener
un despliegue alemán lo más a occidente posible de Polonia a fin de ga-
nar tiempo para el completo desarrollo del poderío militar ruso. Yo nunca
he quitado importancia a este argumento y, por consiguiente, pude con-
testar en términos comprensivos en cuanto al mismo.

Primer Ministro a Stalin. 20-Vii-41


1. Me ha compiacido mucho recibir su mensaje, y tener conocimiento por
varios conductos de la animosa jucha y los vigorosos contraataques que es-
tán realizando ¡os ejércitos rusos en defensa de su suelo natal. Comprendo
pienamente ¡as ventajas militares logradas por ustedes ai forzar al enemigo
a desplegar sus fuerzas y entablar los primeros combates en un frente situa-

18
de su
ndo con ello una parte del vigor
do lo más a occidente posible, anula o ai
esfuerzo inicial. el punto de vista práctico y efectivo
2. Haremos cuanto sea posible desde ite -
le ruego que tenga en cuenta lasS limita
por ayudar a ustedes. No obstante, recur sos y nuest ra situac ión
nuest ros
ciones que nos están impuestas por
ión alemana a Rusia, hemos estu:
geográfica. Desde el primer día de la agres Los
lidade s de atacar la Franc ia ocupada y los eee
diado ias posibi a su pra
jefes de Estado Mayor no ven forma de hacer nada de importanci to. Sólo
pequeño servicio en este aspec
te para prestar a ustedes siquiera un de más
cuarenta divisiones, y por espacio
en Francia, los alemanes tienen con la típica dilige ncia alemana,
la costa ha sido fortif icada
de un año toda
, casamatas y MINas. La única
y hoy está erizada de cañones, alambradas
ralmente alguna superioridad aérea
zona en donde podrí amos lograr tempo
los cazas, €5 ia comprendida entre
de
y contar con la necesaria protección nes, con un
zona es una masa de fortificacio
Dunquerque y Boulogne. Esta os marítimos y muchos de
es pesad os que domin an los acces
sinfín de cañon
hasta el otro lado del Estrecho. Ac-
ellos pueden hacer ilegar sus disparos oscuridad, e incluso durante éstas,
tualmente hay menos de cinco horas de
tores. Intentar un desembarco en
iodo el sector está iluminado por refiec
de la forma sangrienta en que seria repelido,
gran escala sería inútil a causa nos
nos conducirían a fracasos que
y las incursiones en menor escala sólo
harían más daño que bien a ambos . Todo habría acabado antes de que ellos
al.
tuvieran que sustraer una sola unidad del frente orient
do solos durante más
3, Usted debe recordar que hemos estado iuchan
o y seguirán au-
de un año, y que, aunque nuestros recursos van en aument
sometidos a dura presión
mentando rápidamente en lo sucesivo, estamos
por aire, sin olvi-
tanto en la metrópoli como en Oriente Medio por tierra y
así como el
dar que la Batalla del Atlántico. de la que depende nuestra vida,
o
tráfico de todos nuestros convoyes bajo la constante amenaza del bloque
submarino y de los Focke-Wulf, reducen nuestras disponibilidades navales,
por grandes que sean, al límite extremo.
4. Por consiguiente, hemos de enfocar hacia el norte la ayuda inmediata
que podernos prestar. El Estado Mayor Navai ha estado preparando en el
curso de las tres últimas semanas una operación a cargo de aparatos con
base en portaaviones, quienes hostigarían la navegación alemana en el nor-
te de Noruega y Finlandia, con la esperanza de destruir así la capacidad ale-
mana de transporte marítimo de tropas destinadas a atacar el flanco ártico
EresEr pea de los Estados Mayores soviéticos que mantengan
ques rusos una zona determinada, entre los días 28 de julio
y 2 de agosto, en que confiamos poder dar el golpe. En segundo lugar, pro-
cedernos al envío de aigunmos cruceros y destructores a Spitzberg desde
donde estarán en condiciones de atacar a ia navegación enemiga de con-
cierto con las fuerzas navales rusas. En tercer lugar, enviamos una fiotiila
Eee dl para interceptar al tráfico alemán en la costa ártica, aunque
pea En a epi día, este servicio resulta especialmente peli-
kangal! gar, enviamos un minador con suministros diversos a Ar-

a maado podemos hacer por el momento. Desearía que fuera más.


ego que se guarde el más riguroso secreto hasta el moment
les Ea heque la publicidad ha dejado de sernos perjudicial. OS
. No existe ninguna división li %a 1 bio
e pes ya fuen británicas o pep ca det reo pos
mt
es, debido a la larga duración del día, sin haber lograd E
ción razonable de la aviación de caza. Al intentar .. e tale
año pasaso en Namsos y éste en Creta, hemos tras o É

19
6. Estamos estudiando, asimismo, la posibilidad de formar una base de
algunas escuadrillas de caza británicas en Murmansk. Esto requeriría ante
todo el envío de cañones antiaéreos, y luego la llegada de los “aparatos, al-
gunos de los cuales podrían despegar de portaaviones y Otros ser expedidos
desmontados. Una vez establecida dicha base, nuestra escuadrilla de Spitz-
berg iría a Murmansk y actuaría junto con las fuerzas navales rusas. Tene-
mos motivos para creer que los alemanes han enviado un potente grupo de
bombarderos en picado, que nos guardan en reserva para el día que ilegue-
mos, y, por lo tanto, es menester proceder con pies de plomo. Sin embargo,
todo lo dicho va a absorber varias semanas.
7. No vacile en sugerir cualquier cosa que se le ocurra, y NOSOtros con-
tinuaremos ideando afanosamente nuevas formas de atacar al enemigo
común.

Desde el primer momento hice cuanto estuvo a mi alcance por ayudar


a los rusos con el envío de municiones y suministros, tanto permitiendo
la transferencia a la URSS de importantes expediciones norteamerica:
nas destinadas a la Gran Bretaña, como mediante sacrificios directos por
nuestra parte. A principios de septiembre, el equivalente de dos escuadri-
llas de Hurricanes fue despachado hacia Murmansk a bordo del porta:
aviones «Argus», a fin de cooperar a la defensa de la base naval y ayudar
a las fuerzas rusas de dicha zona. El 11 de septiembre dichas escuadrillas
ya habían entrado en acción, y por espacio de tres meses lucharon con
bravura. Me constaba perfectamente, en los primeros días de nuestra
alianza, que era poco lo que podíamos hacer, y procuraba llenar los inevi-
tables huecos con frases corteses.

Primer Ministro a Stalin. 25-VIT-41


1. Me es grato informarle de que el Gabinete de Guerra ha decidido, a
pesar de que con ello mermaremos gravemente nuestros recursos en apara-
tos de caza, expedir a Rusia a la mayor brevedad doscientos aviones de caza
tipo Tomahawk. Ciento cuarenta de ellos serán enviados de aquí a Arkan-
gel, y sesenta procederán directamente de las fábricas norteamericanas que
nos los suministran. Los detalles relativos a los repuestos y al personal ame-
ricano para el montaje de los aparatos, están pendientes de arreglo con el
gobierno americano.
2. Dentro de poco tendremos disponible aquí, para su embarque, entre
dos y tres miliones de pares de botas. También tomamos las disposiciones
necesarias para proveer en jo que queda de año al suministro de grandes
consignaciones de caucho, estaño, lana y tejidos de lana, yute, plomo y
goma laca. Sus restantes peticiones de materias primas están siendo estu-
diadas con detenimiento. Para los casos en que el suministro es imposible
por nuestra parte, o muy limitado, estamos negociando con los Estados Uni-
dos de América.
Los detalies se los comunicaremos por los conductos oficiales de costum-
bre.
3. Segulmos con admiración y emoción la gigantesca lucha del pueblo
ruso. Todas las informaciones que recibimos dan cuenta de ias elevadas
pérdidas del enemigo y de las dificuitades con que tropieza. Nuestros ata-
ques aéreos contra Alemania seguirán con intensidad creciente.
sas de ce
esta
El caucho escaseaba angustiosamente y las O
materia eran muy elevadas. Yo no vacilé en echar mano
destas reservas.
28-VI- 41
Primer Ministro a | Stalin.
por la
Unidos aia
e osabesde
1. Caucho. Lo enviaremos desde aquí o desde Es Estad
vía mejor y más rápida. Sírvase decirme rial ido le andenes
desean y por qué ruta debemos envlárselo. Ya se ha
reliminares. ... atal nos
en
il3. La gran resistencia del ejército ruso en defensa de lb
hace sentir más unidos a todos. Se avecina para dead lena
vierno de bombardeos. Nadie ha recibido hasta ahora o ES ei
van a recibir. Las operaciones navales que mencione en mi E ESboe la
rior, están en curso. Muchas gracias por su aia ol hacer
formidable lucha que ustedes sostienen, de nuestras ificu
más. Seguiremos esforzándonos hasta el máximo.

Primer Ministro a Stalin. 3 1-VII-41


Atendiendo a mi intervención personal, se están ultimando los o
p
para el envío de 10.000 toneladas de caucho desde esta isla a Un
septentrional ruso. Ñ
En vista de la urgencia de sus demandas, no hemos vaciiado Se ae”
a
riesgo de mermar en la citada cifra nuestras existencias metropolitanas,
no son abundantes y que van a necesitar mucho tiempo para ser Esa
zadas. Los buques británicos que transportarán este caucho, Eribogló eo du
suministros, quedarán cargados dentro de una semana o diez e alo
sumo, y zarparán para un puerto septentrional ruso tan pronto el a oda
tazgo pueda organizar el convoy. Este nuevo envío de 10.000 tone adas es
aparte de las 10.000 toneladas de caucho ya consignadas desde Malasia.

Yo hice cuanto estuvo a mi alcance por establecer, mediante frecuentes


telegramas personales, las mismas relaciones amistosas que había enta-
blado con el Presidente. Pero en la larga serie de comunicaciones con
Moscú, recibí muchos desaires y sólo muy raras veces una palabra ama-
ble. En muchos casos, los telegramas quedaban sin respuesta, o ésta tar-
daba muchos días en llegar.
El gobierno soviético tenía la impresión de que, al luchar por sus pro-
pias vidas en su propio país, nos estaba haciendo un gran favor a noso-
tros. Cuanto más luchaban ellos, mayor era la deuda que nosotros con-
traíamos. No era éste, ciertamente, un punto de vista ecuánime. Dos o
tres veces, en el curso de aquella prolongada correspondencia, tuve que
protestar en lenguaje contundente, especialmente contra el trato descon-
siderado que se daba a nuestros marinos que, desafiando tantos peligros,
llevaban los suministros a Murmansk y a Arkangel. Sin embargo,
y de
Una manera casi invariable, soporté desplantes y reproches con «un
pa-
ciente encogimiento de hombros, porque la resignación es
la divisa» de
cuantos tienen que tener tratos con el Kremlin. Además, hice
constantes
concesiones en razón de las adversidades que pesaban sobre
intrépida
Stalin y la
nación rusa.

21
Los ejércitos alemanes de Rusia habían penetrado profundamente en
el país, pero a finales de julio surgió una discrepancia fundamenta! de opi-
niones entre Hitler y Brauchitsch, comandante en jefe de las tropas ale-
manas. Brauchitsch sostenía que el grupo de ejércitos de Timochenko,
que estaba desplegado frente a Moscú, constituía el grueso principal de la
fuerza rusa y, por lo tanto, era esencial derrotarlo antes que nada. Esta
era la doctrina ortodoxa. Después, argúía Brauchitsch, se podría tomar
Moscú, el centro nervioso militar, político e industrial más importante de
toda Rusia. Hitler discrepó enérgicamente. Su deseo era ganar territorio y
destruir a los ejércitos rusos en el frente más amplio posible. En el norte
exigía la toma de Leningrado, y en el sur la ocupación de la cuenca indus-
trial del Donetz, Crimea y un avance hacia los yacimientos de petróleo
ruso en el Cáucaso. Moscú podría esperar. ] e
Después de agitadas discusiones, Hitler ganó la partida a sus jefes mili-
tares. El Grupo de Ejércitos del Norte, reforzado desde el centro, recibió la
orden de intensificar las operaciones contra Leningrado. El Grupo Central
alemán fue relegado a la defensiva con órdenes de enviar un grupo de
Panzers al sur a coger por el flanco a los rusos que a la sazón eran ba-
rridos por Rundstedt a la otra orilla del Dnieper. En esta acción los ale-
manes lograron notables progresos. En los primeros días de septiembre
empezó a formarse una vasta bolsa de fuerzas rusas en el triángulo Ko-
notov-Kremenchug-Kiev, y más de medio millón de hombres fueron
muertos o hechos prisioneros en la desesperada lucha que se prolongó
hasta finales de dicho mes. En el norte no cabía anunciar éxitos de esta
índole. Leningrado fue cercada, pero no cayó. La decisión de Hitler no ha-
bía sido acertada. Todas sus ideas y todas sus energías se concentraron
ahora en el sector central del frente. Los sitiadores de Leningrado recibie-
ron orden de destacar fuerzas móviles y parte de la aviación que les
apoyaba, para correr a reforzar un nuevo ataque contra Moscú. El grupo
Panzer, que había sido enviado a von Rundstedt, hizo marcha atrás para
unirse al asalto. A finales de septiembre la escena volvía a estar prepara-
da para el empuje por el centro que antes quedó descartado. Entre tanto,
los ejércitos del sur avanzaban en dirección este hacia el Don inferior, en
donde encontrarían expedito el camino del Cáucaso.

La actitud de Rusia hacia Polonia atacó ya a la raíz de nuestras prime-


ras relaciones con los soviets.
La agresión alemana a Rusia no constituyó sorpresa alguna para los
círculos polacos esparcidos por el mundo. Desde marzo de 1941, conti-
nuos informes de la resistencia clandestina polaca, señalando la presencia
de concentraciones de tropas alemanas en la frontera occidental de Rusia,
habían llegado hasta el gobierno de Polonia instalado en Londres. En
caso de guerra sería inevitable, por lo tanto, un cambio fundamental en
las relaciones entre la Rusia soviética y el gobierno polaco en el destierro.
El primer problema estribaría en saber hasta qué punto cabría revocar las
provisiones relativas a Polonia contenidas en el pacto nazi-soviético de
agosto de 1939, sin poner en peligro la unidad de una alianza de guerra
22
combinada anglorrusa. Cuando el munto tuvo conocimiento de la agre-
cas,
sión alemana a Rusia, el restablecimiento de las relaciones ruso-pola
que habían quedado rotas en 1939, pasó a ocupar una importancia de
primer plano. Las conversaciones entre ambos gobiernos empezaron en
Londres el 5 de julio bajo los auspicios británicos. Polonia e
sentada por el primer ministro de su gobierno samiÉtiC, M. de Maisky. 93
e el re-
polacos perseguían dos objetivos: el reconocimiento soviético
era nulo y ca-
parto de Polonia convenido por Alemania y Rusia en 1939
rente de validez y la liberación por parte de Rusia de todos los vela
Unión ovietica
de guerra polacos, militares y paisanos, deportados a la
n rusa de las zonas orientales de Polonia.
después de la ocupació
s continuaron en un
Durante todo el mes de julio, estas negociacione
ambiente de suma frialdad. Los rusos se obstinaban en no querer cl
ningún compromiso concreto tendente a satisfacer los deseos polacos.
como materia
Rusia consideraba la cuestión de sus fronteras occidentales en este So
ón. ¿Cabía confiar que actuarí a lealme nte
no sujeta a discusi
en cesado las hostili-
to en un futuro posiblemente distante, cuando hubies
no británico se encontró
dades en Europa? Desde el principio el gobier
ante este dilema. Habíam os declar ado la guerra a Alemania como conse:
cuencia directa de nuestra garantía a Polonia. Estábamos moralmente
esta fase de
obligados a apoyar los intereses de nuestro primer aliado. En
os admitir la legalid ad de la ocupac ión rusa del territo-
la lucha no podíam
s des-
rio polaco en 1939. En este verano de 1941, menos de dos semana
Alemania,
pués de la presencia de Rusia a nuestro lado en la lucha contra
a nuestro nuevo aliado, sobre el cual se cernían tan
no podíamos obligar
sombrías amenazas, a abandonar, siquiera en el papel, regiones lindantes
con sus fronteras que durante muchas generaciones había considerado
como vitales para su seguridad. No había salida posible. La cuestión del
futuro territorial de Polonia debía ser aplazada hasta ¿pocas más desaho-
gadas. Cayó sobre nosotros la ingrata responsabilidad de aconsejar al ge-
neral Sikorski a fiar en la buena fe soviética para el futuro arreglo de las
relaciones rusopolacas, y a no insistir por el momento en conseguir garan-
tías por escrito sobre el porvenir. Por mi parte, creía sinceramente que,
merced a nuestra cada vez más íntima fraternidad de armas contra Hitler,
rusos y británicos podríamos resolver los problemas territoriales en ami-
gable discusión en torno a una mesa de conferencias. En el fragor de la
batalla de aquel punto crucial de la querra, todo debía quedar subordina-
do al supremo objetivo de vigorizar el esfuerzo militar común. Y en esta
lucha podría desempeñar una honrosa parte un ejército polaco resurrec-
to, formado por los millares de polacos que a la sazón estaban retenidos
en Rusia. Sobre este particular, los rusos estaban dispuestos a concertar
un acuerdo, si bien su actitud no dejó de ser cauta.
El 30 de juho, tras enconadas discusiones, se llegó a un acuerdo entre
los gobiernos polaco y ruso. Según el mismo, se restablecerían las relacio-
nes diplomáticas y se formaría un ejército polaco en territorio ruso, subor-
dinado al mando supremo del gobierno soviético. No se habló para nada
de fronteras, excepto en una declaración en sentido general, por lo cual
lostratados germanosoviéticos de 1939 sobre cambios territoriales en Po-
lonia «habían perdido su validez». En una nota oficial del 30 de julio al

23
gobierno polaco, el ministro de Asuntos Exteriores manifestó nuestro
punto de vista:

Con ocasión de haberse efectuado hoy la firma del acuerdo polaco-


soviético, deseo aprovechar esta oportunidad para informar de que, de con-
formidad con las cláusulas del convenio de mutua asistencia entre el Reino
Unido y Polonia, de 25 de agosto de 1939, el gobierno de Su Majestad del
Reino Unido no ha adquirido compromiso de ninguna clase con la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas que afecte a las relaciones entre dicho país
y Polonia. También deseo asegurar que el gobierno de Su Majestad no re-
conoce ningún cambio territorial que haya podido tener lugar en Polonia
desde agosto de 1939.

El mismo día, Mr. Eden leyó esta nota en la Cámara de los Comunes y
declaró:

En el párrafo 1 del acuerdo polaco-soviético se especifica que el gobierno


soviético reconoce que los tratados germanosoviéticos de 1939 han perdido
su validez en los que concierne a cambios territoriales en Polonia. La acli-
tud del gobierno de Su Majestad en esta cuestión quedó explicada en tér-
minos generales por el Primer Ministro en la Cámara de los Comunes el 5
de septiembre de 1940, cuando dijo que el gobierno de Su Majestad NO se
proponía reconocer ningún cambio territorial que tuviera lugar sin el libre
consentimiento y la buena voluntad de ambas partes interesadas. Esta de-
claración sigue vigente para los cambios territoriales que hayan podido efec-
tuarse en Polonia desde agosto de 1939, y así lo he comunicado al gobierno
polaco en mi nota oficial.

Contestando a una interpelación, Mr. Eden concluyó: «El intercambio


de notas que acabo de leer a la Cámara no implica ninguna garantía de
fronteras por parte del gobierno de Su Majestad.»
Así quedó la cuestión, y durante el otoño los polacos tuvieron que ocu-
parse en la sombría tarea de reagrupar a aquellos compatriotas suyos que
habían sobrevivido al cautiverio en los campos de prisioneros de la Unión
Soviética.

La entrada de Rusia en la guerra fue bien acogida por nosotros, pero


no representó ninguna ayuda inmediata para nuestra causa. Los ejércitos
alemanes eran tan potentes que parecía que por espacio de muchos me-
ses podrían mantener en alto la amenaza de invasión contra Inglaterra al
propio tiempo que profundizaban en Rusia. La mayoría de los círculos
militares responsables sostenían que los ejércitos rusos iban a ser derrota
dos muy pronto y copiosamente destruidos. El hecho de que la aviación
militar soviética, por un descuido de su gobierno, fuera cogida por sorpre-
sa en los aeródromos, y de que los preparativos militares rusos distaran
mucho de ser completos, otorgó a las primeras operaciones un signo ad-
verso. Los ejércitos rusos sufrieron espantosos reveses. A pesar de la re-
sistencia heroica, la despótica aunque competente dirección de la querra,
el absoluto desprecio por la vida humana y la iniciación de una despiada-

24
alemán, se produjo
da querra de querrillas en la retaguardia del avance
entre cuatroc ientas y quinien tas millas en
una retirada general que osciló
ado hacia el sur, en una
toda la extensión del frente ruso desde Leningr
gobierno soviético, la en-
longitud de mil doscientas millas. La energía del l huma-
reservas de potencia
tereza del pueblo ruso, sus inconmensurables
invierno ruso fueron
no, las vastas proporciones del país y los rigores del
instanci a destruy eron a los ejércitos de Hitler.
los factores que en última
la lucha en 1941. El presi-
Pero ninguno de ellos intervino para nada en
fado de temerar io cuando, en septiembre de
dente Roosevelt fue apostro
ía y que Moscú jamás caería
1941, proclamó que el frente ruso se sostendr
y el patriotismo del pue-
en poder de los alemanes. La gloriosa resistencia
ñ
blo ruso confirmaron este aserto.
a Moscú y de las con-
Todavía en agosto de 1942, después de mi visita
me acompañaba, se-
ferencias que allí celebramos, el general Brooke, que
iendo la opinión de que los aleman es atrave sarian la región
guía sosten
Caspio, por lo que
montañosa del Cáucaso y dominarían la cuenca del
ativos en gran escala para una cam:-
nosotros hubimos de realizar prepar
aquel perío-
paña defensiva en Siria y Persia. No obstante, durante todo
la capaci dad rusa de resiste ncia fue mucho más opti-
do, mi parecer sobre
nza en
mista que la de la mayoría de mis consejeros militares. Tenía confia
n
las seguridades que me había dado el primer ministro Stalin en ocasió
de mi visita a Moscú, en el sentido de que el frente del Cáucas o resistir ía y
que los alemanes jamás llegarían al Caspio. Pero era tan escasa la infor-
mación de que disponíamos sobre los recursos e intenciones soviéticos,
que todas las opiniones en uno u otro sentido apenas eran más que sim-
ples conjeturas.
No cabe duda de que la entrada de Rusia en la guerra contribuyó a ali-
viar en mucho a la Gran Bretaña de los ataques aéreos alemanes y dismi-
nuyó considerablemente la amenaza de invasión. Repercutió de modo fa-
vorable en nuestra apurada situación en el Mediterráneo, pero por otra
parte nos impuso cuantiosos sacrificios y mermas. Estábamos empezando
por fin a estar bien equipados. Nuestras fábricas de municiones nos pro-
veían finalmente de pertrechos de todas clases. Nuestros ejércitos de
Egipto y Libia estaban empeñados en duros combates y pedían armamen-
to moderno, especialmente tanques y aviones. Los ejércitos británicos de
la metrópoli aguardaban ansiosamente los pertrechos modernos que du-
rante tanto tiempo les habiamos prometido y que, al fin, venciendo las
complicaciones cada vez mayores, empezaron a llegar a sus manos. En
estos momentos fue cuando nos vimos obligados a renunciar a importan-
tes contingentes de armas y suministros vitales de todas clases, incluso
caucho y petróleo. Recayó sobre nosotros la tarea de organizar los con-
voyes de suministros británicos y hasta norteamericanos y enviarlos a
Murmansk y Arkangel, arrostrando los innumerables peligros y rigores de
la travesía ártica. Todos los suministros americanos eran en detrimento de
los que ya se nos había expedido, o se nos iba a expedir, a través del
Atlántico para atender a nuestro consumo. A fin de llevar a cabo esta in-
gente labor de ayuda a Rusia, sin que se resintiera de ello nuestra campa-
ña en el desierto líbico, tuvimos que interrumpir todos los preparativos
que la prudencia aconsejaba para la defensa de la península malaya y
25
nuestro Imperio y posesiones de Oriente contra la creciente amenaza del
Japón.
Sin pretender lo más mínimo desvirtuar la conclusión que, por otra
parte, la Historia confirmará, de que la resistencia rusa quebrantó la po-
tencia de los ejércitos alemanes e infligió una herida mortal a las energias
vitales de la nación alemana, conviene hacer constar claramente que du-
rante más de un año, después de verse arrastrada a la guerra, Rusia fue
para nosotros una carga y no una ayuda. Con todo, nos alegrábamos de
tener a la poderosa república a nuestro lado en la batalla, y todos estába-
mos persuadidos de que aun en el caso de que los ejércitos soviéticos hu-
bieran de retroceder hasta los Urales, Rusia seguiría constituyendo una
fuerza enorme y, de perseverar en la guerra, una fuerza decisiva.
CAPÍTULO Il
UNA PAUSA EN ÁFRICA: LA DEFENSA DE TOBRUK
El general Auchinleck asurne el mando, 2 de julio. — Necesidad de una
ofensiva en el desierto líbico. — Mi telegrama del 6 de julio. a Las exi-
gencias prohibitivas del general Auchinleck. — Divisiones «Británicas». —
Un aplazamiento de cuatro meses y medio. — Preocupaciones injustífica-
das por el flanco septentrional. — Mi telegrama de los jefes de Estado
Mayor, de 19 de julio. — La tirante respuesta de Auchinleck, 23 de julio.
— Su visita a Londres. — Aunque no convencido, me allano a sus planes.
— Visión alemana de la situación de Rommel y de las perspectivas nor-
teafricanas. — El retorno de míster Menzies a Australia. — Nuestras di-
vergencias sobre la estructura del Gabinete de Guerra. — Caída de Mr.
Menzies. — Mi telegrama. — Relaciones con el gobierno de Mr. Fadden.
— Se nos pide la retirada de la división australiana de Tobruk. — Rele-
vo de una brigada australiana. — Insistencia de Australia en un relevo to-
tal. — Mi telegrama al general Auchinleck, de 17 de septiembre. — Me
amenaza con su dimisión. — Nuevos llamamientos a Mr. Fadden. — Ne-
gativas. — Caída del gobierno de Mr. Fadden. — El partido laborista de
Mr. Curtin asume el poder. — Nuevo llamamiento relativo a Tobruk. a
Nuevas negativas. — Nos avenimos a las demandas australianas. — Pér-
didas de consideración en el relevo. — La labor de la Flota Real en la de-
fensa de Tobruk.

El general Auchinleck tomó posesión del mando de Oriente Medio el


día 2 de julio. La ceremonia oficial tuvo lugar el día 5. Mis relaciones con
el nuevo comandante en jefe se iniciaron bajo el signo de las mejores es-
peranzas.

Primer Ministro al general Auchinleck. 1-VII-41


Va usted a tomar posesión de su mando en un momento de crisis. Des-
4. pués que todos los hechos le hayan sido expuestos, recaerá en usted la deci-
“sión de si hby que reanudar la ofensiva en el desierto líbico y, en caso afir-
mativo, cuándo. Usted debe otorgar una importancia especial a la situación
de Tobruk, al sistema enemigo de procurarse sus refuerzos en Libia, y a la
preocupación que hoy absorbe a todos los alemanes por su invasión de Ru-
sia. Debe usted, asimismo, tener en cuenta los enojosos peligros de dejar
languidecer las operaciones en Siria y la necesidad de llegar a una acción
decisiva en uno de dichos frentes o en ambos a la vez. A usted atañe decidir
si cabe combinar conjuntamente estas operaciones, y cómo. La urgencia de
estos problemas se le demostrará por sí sola. Celebraré conocer su opinión
en cuanto tenga oportunidad de comunicármela.

27
Al día siguiente, volví a escribirle:

Primer Ministro al general Auchirleck. 2-VII-41


Una vez Siria esté limpia de enemigos, espero que usted tendrá en cuen.
ta el nombre de Wilson para la campaña del desierto líbico. Desde luego, la
decisión sólo debe tomarla usted.

Fue muy deplorable que este consejo, que repetí en log sucesivo, no en-
contrara acogida. .
El 4 de julio, el general Auchinleck contestó a mi primer mensaje. Con-
venía conmigo en que tan pronto como Siria quedara conquistada, y con
nuestras posiciones en el Irak consolidadas, cabía pensar en una ofensiva
en el desierto líbico. Sin embargo, para triunfar hacían falta fuerzas blin-
dadas en número adecuado. Calculaba que se necesitarían dos, y quizá
tres divisiones blindadas junto con una división motorizada. El avance
cuyo objetivo había de ser arrojar al enemigo del África septentrional, ha-
bría de ser llevado a cabo por etapas, debido a razones administrativas. El
primer objetivo habría de ser la reocupación, también por etapas, de
Cirenaica. El general afirmaba, en resumen, que una acción simultánea
en el desierto occidental y en Siria equivaldría a «invitar al fracaso en
ambos frentes».
Yo creí prudente explicarle la situación tal como nosotros la veíamos:

Primer Ministro al general Auchinleck. 6-VII-41


1. Estoy de acuerdo en acabar primero con Siria, ya que aquí siempre
hemos opinado que la posesión de Siria es la piedra angular de la defensa o
la recaptura de Chipre. Ahora esperamos que la campaña de Siria quede
resuelta en breve y que, por lo tanto, desaparezcan sus preocupaciones so-
bre Chipre. La prioridad de ambas operaciones sobre la acción ofensiva en
el desierto líbico, después de lo que ha ocurrido, ha quedado plenamente
reconocida.
2. Sin embargo, el desierto occidental continúa siendo el teatro decisivo
para la defensa, en el otoño que se aproxima, del valle del Nilo. Sólo recon:
quistando los aeródromos perdidos en Cirenaica oriental podrán la armada
y la aviación reemprender operaciones efectivas contra los suministros ma-
rítimos del enemigo. :
3. En su mensaje del 18 de abril, el general Wavell declaraba tener seis
regimientos adiestrados de personal tanquista, a ia espera de los
tanques.
Esta declaración fue un elemento importante en la decisión de enviar
a «Ti-
gre». Además de esto, el personal para otros tres regimientos de tanques ha
salido para ese teatro vía El Cabo de Buena Esperanza. Comprendemos
muy bien, pues, la necesidad en que usted se encuentra de vehículos blinda:
dos, a pesar del hincapié que tanto usted como Wavell hacen en insistir en
el adiestramiento de esas unidades ya preparadas en el manejo de vehículos
blindados. Calculamos que hacia finales de julio usted debería tener 500
tanques Crucero, de infantería y americanos, siempre y cuando sus talleres
estén debidamente organizados, aparte de un gran número de tanques y ca-
rros blindados de tipos diversos.
4. Esta cifra no se podrá mejorar en los meses de julio y agosto, excep-
to ciertas remesas americanas y algunos repuestos procedentes de esta isla.
Hasta pasados estos dos meses, recuerde que tenemos que mantenemos en

28
a
y el Estado Mayor General se muestr
forma para resistir a una invasión, sustan cial de tanques por la ruta
envia r una nueva exped ición
remiso en
os utilizar). que nos dejaría desarma-
de El Cabo (que es la única que podem
de octubr e, tanto aquí como en África. Después de oc-
dos hasta principios
ameri canos irán en aumento, con lo que nuestra si-
tubre, los suministros
desah ogada . Pero muchas cosas habrán de ocurrir
tuación aquí será más !
hasta entonces. este momen to conside-
ación señala n en
5, Nuestros servicios de inform
pero pocos, o ninguno, por parte
rables refuerzos italianos camino de Libia,
alterar radicalmente este cuadro
de los alemanes. Un colapso ruso podría
de invasión de la metrópoli.
en detrimento de usted sin disminuir la amenaza
6. El potencial de sus refuerzos aére os
ya le ha sido ,dado a conocer.
re usted ha-
Parece probable que durante julio y agosto y parte de septiemb colapso
aspecto un
brá adquirido el dominio del alre, pero también en este alemanes, y
ruso permitiría destinar al África considerables refuerzos aéreos
enemigo no intenta la invasión y se limita simplem ente a fingir que la
si el
africano durante
prepara, le será fácil lograr el dominio del aire en el frente
el mes de septiembre.
es im-
7. A todo esto se añade la cuestión de Tobruk. Desde aquí nos
O
posible juzgar cuál será el valor ofensivo de Tobruk dentro de dos meses,
lo que puede ocurrir entre tanto. Lo más lógico es suponer que el enemigo
intente reducir o aislar completamente Tobruk como medida preliminar in-
dispensable a una invasión de Egipto.
8. Desde todos estos puntos de vista es difícil apreciar hasta qué extre-
mo puede mejorar su situación después de mediados de septiembre compa-
rada con el momento actual, aunque también podría empeorar. No dudo de
que usted estudiará detenidamente, pero también con rapidez, todo este
problema. ...
11. La aviación. Tengo el criterio de que para todos los fines operativos
de alguna importancia, sus planes deben abarcar el empleo de todas las
fuerzas aéreas en la zona de Oriente Medio, teniendo en cuenta, desde lue-
go, que la aviación tiene su propio papel estratégico que desempeñar, y que
no hay que desmenuzarla para la formación de pequeños techos protecto-
res para el ejército, como según parece ocurrió en la batalla de Sollum. En
su telegrama usted habla de aviones volando en apoyo del ejército y de
aviones volando en apoyo de la armada y de aviones empleados en tareas
estratégicas independientes. El problema es, ¿en qué proporciones? Éstas
habrán de fijarlas de vez en cuando los comandantes en jefe obrando de
consuno. Pero ninguna de estas disposiciones debería echar a perder la in-
tegridad de la contribución de las fuerzas aéreas a cualesquiera grandes pla-
nes que usted tenga pensados. No se puede por menos de recordar que en
la batalla de Sollum («Hacha de Guerra») nuestra superioridad se desperdi-
E A a de decida permanecieron ociosas mientras todos
r ) ponía el enemigo eran enviados a desbaratar nuestra
ofensiva en el desierto.

A este mensaje, el general contestó el 15 de julio diciendo que se pro-


ponía reforzar Chipre cuanto antes con una división, que comprendía la
necesidad de recuperar Cirenaica, pero que no tenía la menor confianza
en que Tobruk pudiera resistir después de septiembre. En cuanto a los
sels reglmientos del personal tanquista adiestrado, dijo que las caracterís-
ticas y el armamento de los nuevos tanques americanos imponían algu-
nas modificaciones en el manejo táctico de los mismos, y se necesitaba al-
gún tiempo para aprender esta lección. Convenía en que hacia finales de

29
julio dispondría de unos quinientos tanques crucero, de infantería y ame:
ricanos. Sin embargo, cualquier operación requería un 50 por ciento de
reservas de tanques, lo que permitía que un 25 por ciento permaneciera
en los talleres y el 25 por ciento restante para reposición inmediata de los
averiados en combate. Esta condición era casi prohibitiva. Los generales
sólo suelen disfrutar de estas comodidades en el cielo. Y los que las pe-
dían, no siempre las conseguían. Auchinleck resaltó la importancia del
tiempo tanto en el adiestramiento colectivo como en el individual, así
como en el espíritu de equipo que era esencial para la plena eficacia de
nuestras armas. Dijo, además, que creía que el norte (esto es, un ataque
alemán a través de Turquía, Siria y Palestina) podría convertirse en un
frente más decisivo que el desierto.
Por los telegramas que he transcrito, es claramente deducible que entre
nosotros había serias divergencias de visión y de concepto. Esto me causó
una aguda decepción. Las primeras disposiciones del general no fueron
menos desconcertantes. Tras mucho insistir, yo había logrado por fin que
la 50.2 División Británica fuera enviada a Egipto. Me molestaba la propa-
ganda enemiga en el sentido de que nuestra política consistía en utilizar
para la lucha cualesquiera tropas menos las nuestras, evitando así que se
derramase sangre propiamente inglesa. En realidad, las bajas británicas
registradas en Oriente Medio, con inclusión de Grecia y Creta, habían sido
mucho mayores que las de todas las demás fuerzas nuestras puestas jun-
tas, pero la nomenclatura que solíamos emplear daba una impresión falsa
de los hechos. Las divisiones de la India, de las que un tercio de la infan-
tería y toda la artillería eran británicas, no recibían el nombre de Divisio:
nes Indo-Británicas. Las divisiones blindadas, que habían soportado todo
el peso de la lucha, eran enteramente británicas, si bien esto no se refleja-
ba en sus nombres. Repetidos decretos para añadir la palabra «británica»
al nombre de numerosas unidades no habían vencido la práctica que ha-
bía arraigado ya como una costumbre. Muchos batallones de la 6.2 Divi-
sión Británica había sufrido cuantiosas bajas, pero por la fuerza de las cir-
cunstancias no había cabido formar la división como una-entidad unificada.
Pese a parecerlo, nada de eso era trivial. El hecho de que en los comu-
nicados de querra raramente se mencionara a «tropas británicas», otorga-
ba comentarios desfavorables no solamente en los Estados Unidos, sino
también en Australia. Yo había estado esperando con interés la entrada
en liza de la 50.2 División como un medio efectivo con que desvirtuar to-
dos aquellos comentarios e impresiones tan poco gratos. La decisión del
general Auchinleck de elegir a esta división entre todas las demás para
enviarla a guarnecer Chipre desde luego me pareció desacertada, ya que
daba pábulo a los reproches de que injustamente éramos objeto. Los jefes
de Estado Mayor de la metrópoli quedaron igualmente asombrados, des-
de el punto de vista militar, de que se diera tan extraño empleo a aquella
magnífica unidad. No cabía, en efecto, conciliar semejante determinación
con ningún plan estratégico asequible a nuestras mentes.
Otra decisión mucho más grave del general Auchinleck fue la de apla-
zar toda acción de guerra contra Rommel en el desierto líbico, primero
por espacio de tres meses, y en definitiva por espacio de más de cuatro
meses y medio. La ofensiva de Wavell del 15 de junio, operación «Hacha
30
de que aunque en
de Guerra», encuentra plena justificación en el hecho
air dara
cierto modo perdimos la batalla y hubimos de retirarnos imposibilita sa
de partida, los alemane s se vieron absolut amente
ciones
Sus comunicaciones, am
de avanzar durante todo aquel largo período. as
para asegurarles pe
nazadas desde Tobruk, eran insuficientes artil 5 pe
iones de
refuerzos de elementos blindados y aun de munic
pura terqu eda cal
que Rommel pudiera hacer más que sostenerse Por
le imponía bl Ed
zones de prestigio. El abastecimiento de sus tropas
a su mando sólo podían eicrád a
clones tales, que los contingentes
debió haber ais osti a
traordinaria lentitud. En estas circunstancias,
o británi co, que conta ba si las se
continuamente por el ejércit
es por carret era, ferroca rril y por mar, y que se veía reforza in
cacion :
en hombres como en ma
tinuamente a un ritmo mucho mayor tanto
nta ocasión, tienden ard
Hay muchos generales que, si se les prese eya
cuando todo está dispuesto y en el des
ger una batalla en regla,
mediante una da a ts E
gido por ellos, antes que agotar al enemigo so:
la certidum E
y poco espectacular. Como es lógico, prefieren noche Sr qn
ue día y
Pero olvidan que la guerra nunca cesa, que prosig
, sino en todos.
sultados siempre cambiantes, no solamente en un teatro ]
su agonía.
la sazón, los ejércitos rusos habían llegado a la crisis de
error de Auchinl eck consisti ó en la desmesurada im-
A mi juicio, el tercer
septent rional. Este sector requería,
portancia que otorgaba a nuestro flanco
defen-
en efecto, la máxima vigilancia y justificaba muchos preparativos de
sólidas líneas fortific adas en Palesti na y Siria. Sin
sa y la construcción de
embargo, la situación no tardó en mejorar muchísimo en comparación con
la que prevalecía en junio. Siria fue conquistada, la rebelión del Irak había
sido sofocada. Todos los puntos clave del desierto estaban en poder de
nuestras tropas. Por encima de todo, la lucha entre Alemania y Rusia daba
una confianza renovada a Turquía. Mientras la gran batalla estuviera en el
fiel de la balanza, no había que temer que los alemanes exigieran el paso de
sus ejércitos a través del territorio turco. Persia no tardaría en ser traída al
campo aliado, merced a la acción combinada de Rusia y la Gran Bretaña.
Esto nos permitiría salvar el invierno y, entretanto, la situación general era
favorable a una acción decisiva en el desierto líbico.

» » »

El 19 de julio, los jefes de Estado Mayor telegrafiaron al general Au-


chinleck:

Tiempo atrás usted dijo que no era posible lanzar una ofensiva en el de-
sierto occidental hasta que tuviese a su mando cuando menos dos, y prefe-
riblemente tres, divisiones blindadas debidamente adiestradas. Hasta que
Alemania atacó a Rusia nos era imposible pensar en enviarle desde aquí
grandes refuerzos de tanques crucero, ya que teníamos que considerar la
invasión en agosto o septiembre como una probabilidad no desdeñable.
Ahora no podemos decir que esta probabilidad haya desaparecido del todo,
ya que Rusia podría hundirse de un momento a otro, pero estamos dispues-
tos a probar fortuna sl ello ha de permitirnos reconquistar Cirenaica con to-
das las ventajas que esto implica...

31
En su telegrama de 15 de julio, usted expresaba sus dudas de que pudie-
ra seguir sosteniendo a Tobruk después de septiembre. Deducimos. por con-
siguiente, que no se puede aplazar más allá de dicho mes una ofensiva para
la reconquista de Cirenaica. Según nuestros cálculos, el poderío aéreo britá-
nico en este teatro seguirá yendo en aumento hasta septiembre y posible-
mente continuará en sentido ascendente después de dicho mes, pero esto
depende desde luego del desenlace de la campaña que se está desarrollan-
do en Rusia.
Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, desde aquí parece
que la mejor, por no decir la única, oportunidad de reconquistar Cirenaica
estriba en desencadenar una ofensiva a fines de septiembre a más tardar.
¿Estaría usted dispuesto a hacerlo si le enviáramos en seguida otros 150
tanques crucero? Calculamos que éstos podrían llegar a Suez entre el l3y
el 20 de septiembre. También estaríamos dispuestos a enviarle hasta 40.000
hombres en el convoy W.S. 11, dejando en sus manos cuáles son las que
necesita con más urgencia de las cosas que podemos poner a su disposición.
Si, por otra parte, usted cree que no puede emprender la ofensiva a finales
de septiembre. no consideraríamos justificado sustraer a las importaciones
de víveres los buques que habría que emplear, descoyuntando así a la 1?
División Blindada. Tampoco qusiéramos enviarle 150 tanques crucero sin
tener la certidumbre práctica de que la ofensiva tendrá lugar dentro del pre-
sente año. »
h
Estando de completo acuerdo con lo antedicho, también yo telegrafié
personalmente:

Primer Ministro al general Auchinleck. 19-VI1-41


1. Los jefes de Estado Mayor y el Comité de Defensa del Gabinete de
Guerra han estudiado prolongada y detenidamente su telegrama del 15 de
julio en contestación al mío del día 6. Los jefes de Estado Mayor le comuni-
can hoy su parecer, con el cual estamos completamente de acuerdo.
2. Si usted recibiera nuevas remesas sustanciales de tanques, desde la
metrópoli y desde los Estados Unidos, a mediados de septiembre, junto con
otros refuerzos en gran escala. parece lógico inferir que tendría a su disposi-
ción una reserva con la que poder contar tanto para intensificar su ofensiva,
si ésta se iniciaba con fortuna, como para defender Egipto si la ofensiva fra-
casara.
3. El Comité de Defensa ha quedado grandemente sorprendido al ver
que la 50.* División, la única división británica completa de refresco de que
usted dispone, ha sido acantonada en Chipre, condenándola a un papel al
parecer puramente defensivo, y se pregunta si no se podían haber encontra-
do en otras partes las tropas destinadas a esta tarea.
4. El Comité de Defensa tampoco ve la posibilidad de que pueda regis:
trarse una ofensiva alemana desde el norte contra Siria, Palestina e lrak
antes de fines de septiembre como mínimo. El Comité de Defensa opina
que Persia se encuentra ante un peligro mucho mayor de infiltración
y de
intrigas alemanas y que acaso sea menester una acción enérgica en dicho
país. Esto, no obstante, cae dentro de la jurisdicción del general Wavell, y su
evidente deseo de obrar está siendo objeto de nuestro más detenido y cuida-
doso estudio.
5. Si no aprovechamos la pausa que nos dan las complicaciones alema-
nas en Rusia para restablecer la situación anterior en Cirenaica, es posible
que la oportunidad no vuelva a presentársenos nunca. Ha transcurrido un
mes desde el fracaso de Sollum, y verosímilmente habrá de transcurrir otro

32
ser
mes antes no se reanude un esfuerzo ofensivo. Este intervalo habría de

suficiente para completar el adiestramiento. Parece justificado librar
situación cam e
dura y decisiva batalla en el desierto líbico antes de que la
nuestro, y conviene, e lo do afrontar los graves riesgo:
en detrimento
1] cuales raras veces se consigue la victoria. E
ns creyendo que Wilson debería ostentar el mando de ei
propong:
ofensiva, si ha de haber tal mando, a menos que usted se
lo personalmente.
a
El general Auchinleck contestó a mi mensaje el 23 de La La
e a ds
dijo, de destinar a la 50.2 División a Chipre, había sido tomada
e E e las
concienzudo estudio. «Si usted lo desea, puedo exponerle a
y que me parecen incontes tables. Espero
razones que me indujeron a ello E E : : a mi Len e
que las disposiciones de esta indole serán dejadas en lo sucesivo
posible una ofensiva alemana contra Siria a través
tera discreción.» Creía
de Anatolia en la primera mitad de septiembre.

Estoy totalmente de acuerdo con usted sobre la conveniencia deE


a io
char la actual preocupación alemana en Rusia para asestar un golpe
migo en Libia, pero debo insistir en que lanzar una ofensiva con los me va
inadecuados que ahora tenemos a nuestra disposición, no es una acción de
guerra justificable, y es casi seguro que habría de tener como consecuencia
un nuevo y más prolongado aplazamiento de la fecha en que podríamos
asumir la ofensiva con probabilidades razonables de éxito. Para conseguir
alguna ventaja, hay que afrontar riesgos, en efecto; y estoy dispuesto a
afrontarlos si tienen una base razonable de justificación.

Terminaba diciendo:

Mis intenciones inmediatas son: Primero, consolidar nuestras posiciones


en Chipre y Siria tan rápidamente como sea posible y mantener nuestra po-
sición en este último país. Segundo, acelerar la indispensable labor de rea-
grupar, reorganizar y rearmar a nuestras divisiones y brigadas, que no sola-
mente han sufrido bajas y pérdidas de material en Grecia. Creta, Libia, Eri-
trea y Siria, sino que en muchísimos casos han tenido que ser utilizadas
fragmentariamente y no como formaciones enteras. Tercero, acelerar, en
colaboración con el intendente general, la reorganización y modernización
de los servicios de retaguardia, tales como abastecimientos, transportes y re-
paraciones. Cuarto, asegurar el adiestramiento y el rearme de nuestras for-
maciones blindadas, sin lo cual es imposible pensar en una ofensiva. Quinto,
efectuar reconocimientos y planes intensivos para una ofensiva en Libia de
acuerdo con lo previsto en el telegrama del 19 de julio de los comandantes
en jefe a los jefes de Estado Mayor. Como resultado de estos planes, no tar-
daré, creo yo, en pedir a ustedes en un futuro próximo los medios suple-
mentarios necesarios para triunfar en la operación.

A la sazón no pude por menos de notar una cierta rigidez en la actitud


del general Auchinleck, rigidez que no habría de ser precisamente útil a
los intereses que todos estábamos sirviendo. Algunos libros escritos des-
Pués de la guerra han puesto de relieve el hecho de que algunos elemen-

33
tos subalternos, pero influyentes, del Estado Mayor de El Cairo habían
deplorado la decisión de enviar el ejército a Grecia. Estos elementos igno-
raban cuán plena y sinceramente el general Wavell había dado su apro-
bación a esta política, y mayormente ignoraban con cuánta insistencia el
Gabinete de Guerra y los jefes de Estado Mayor le habían planteado la
cuestión, casi invitándole a una negativa. Wavell, según insinúan estos
elementos, se había dejado influir por los políticos, y su aquiescencia a los
deseos de éstos había desatado la cadena de desastres que siguieron a
continuación. Luego, en el momento de la derrota, y como recompensa a
su blandura, había sido destruido, sin tener en cuenta sus victorias pasa:
das. No me cabe la menor duda de que en esos círculos del Estado Mayor
de El Cairo predominaba en aquella época la impresión de que el nuevo
comandante en jefe no debía dejarse empujar a aventuras temerañas,
sino que, por el contrario, debía tomarse cuanto tiempo requinera y
actuar sobre bases sólidas. Semejante corriente de opinión pudo muy bien
haber sido dada a conocer al general Auchinleck. Lo que era evidente era
que no adelantaríiamos mucho discutiendo los asuntos por correspon-
dencia.

Primer Ministro al general Auchinleck. 23-VIL-41


Todos los telegramas cruzados entre usted y nosotros dernuestran la ne:
cesidad de que celebremos una conversación. Los jefes de Estado Mayor
tienen mucho interés en ello. A menos que las perspectivas inrnediatas de la
situación militar le impidan abandonar su puesto, esperamos que usted ven-
ga en seguida, haciéndose acompañar por uno o dos de sus altos oficiales
de Estado Mayor. En su ausencia, que debería guardarse en secreto, Blamey
le sustituiría en el mando.

Auchinleck se mostró dispuesto al viaje. Su breve estancia en Londres


fue fructífera en muchos aspectos. Estableció cordial contacto con los
miembros del Gabinete de Guerra, con los jefes de Estado Mayor y con el
Ministerio de la Guerra. Estuvo conmigo todo un fin de semana en Che-
quers. A medida que ibamos conociendo mejor a este distinguido jefe mi-
litar, de cuyas cualidades iba a depender a la sazón nuestra suerte en tan
gran manera, y al ir familiarizándose él con las altas esferas de la máqui-
na de guerra británica, cuyos engranajes vio funcionar con perfecta sua-
vidad, fue en aumento la confianza mutua. Por otra parte, jamás logra-
mos inducirle a desistir de su idea de mantener abierta una prolongada
pausa a fin de preparar una ofensiva con toda regla para el día 1.* de no-
viembre. Esta operación había de denominarse «Cruzado» y había de ser
la mayor de cuantas habíamos emprendido hasta entonces. Auchinleck,
desde luego, convenció a mis consejeros militares gracias a los minuciosos
argumentos que adujo. Yo, sin embargo, no me dejé convencer. Pero la
incuestionable capacidad del general Auchlinleck, su fuerza de exposición,
y su alta, digna y enérgica personalidad, me dieron la impresión de que,
después de todo, él podía tener razón, y que, aun en el caso de estar equi-
vocado, seguía siendo el hombre más idóneo del momento. En conse-
cuencia, me avine a la fecha de novlembre propuesta para la ofensiva, y
apliqué mis energías a que ésta se convirtiera en un triunfo. Todos la-

34
o el momento,
mentamos no poder persuadirle a confiar la batalla, llegad
Cunni ngham , cuya reputa-
al general Maitland Wilson. Él prefería a Alan
a consec uencia de nuestr as victori as en Abisinia.
clón había subido mucho
en la medid a de lo posible, y
Teníamos que contribuir todos el triunfo
a medias, compartimos la
como estas cosas no se hacen bien si se hacen
responsabilidad de sus decisiones.

los altos jefes militares


Ahora sabemos perfectamente lo que opinaban
Le admira ban grandemente por
alemanes sobre la situación de Rommel.
su audacia y por los increíb les éxitos que le habían coronado, pero, no
e peligro. Le pro-
obstante, consideraban que estaba desafiando un enorm
n riguro sament e correr nuevos riesgos hasta que pudiera recibir
hibiero
Valién dose de su prestig io, acaso podía falsear la
importantes refuerzos.
hasta que
precaria situación en que se encontraba y tenernos engañados
desde Alemania estuvieran en condiciones de mandarle el máximo soco-
rro posible. Su línea de comunicaciones con Trípoli tenía una longitud de
mil millas. Bengasi era un valioso atajo para la llegada de cuando menos
una parte de sus abastecimientos y tropas de refresco, pero hacía falta pa-
gar un tributo cada vez más caro por el transporte naval destinado a es-
tas dos bases. Las fuerzas británicas, ya muy superiores en número,
iban creciendo de día en día. La superioridad alemana en tanques estri-
baba únicamente en calidad y organización. En el aire, los alemanes eran
más débiles que nosotros. Andaban muy escasos de municiones de artille-
Tía y temían verse obligados a disparar muy pronto el último cartucho.
Tobruk se cernía como una amenaza mortal en la retaguardia de Rom-
mel; sus defensores podían efectuar una salida en cualquier momento y
cortar su línea de comunicaciones. El alto mando alemán ignoraba cuáles
eran nuestros planes ofensivos, ora desde Tobruk, ora mediante el avan-
ce del grueso de nuestras unidades. Sin embargo, mientras nosotros per-
manecíamos inmóviles, ellos podían dar gracias por cada día que trans-
curría.
El 2 de junio de 1941, en una conferencia que había tenido lugar en el
aa del Brenner, a la que habían asistido el mariscal de campo Keitel y
Peli resida manifestó que antes de otoño no cabía pensar
es aÑ ofensiva contra Egipto. En todo caso, había de ser

A rc
a por una gran masa de combatientes, sino por un nú-

Manas, y tres dispones mot ed sE Moo dy pt e an


para hombres su erfluos, o leledl ne monté de Afica no habia lugar
ra destíneral eo El ies a dEl para cuantos combatientes cupie-
nes italianas que a e A genera ri ero puso de relieve que las divisio-
taba 0 a sazón actuaban a las órdenes del Afrika Corps, es-
n agotadas; habían perdido de un 40 a un 60 por cient d
nal yPaolo
den material. leo
La situación en _materia
materi d de vehículos
E a La divi-
era pésima:
epica ás que veintisiete camiones.
a E a as una necesidad más apremiante era la provisión
rea y de costa con que protegerse contra los ataques

35
enemigos a los puertos de abastecimiento y a los almacenes de suministros,
En segundo término, era de gran importancia que se llevaran refuerzos de
artillería al Afrika Corps, ya que una de las primeras condiciones a que se
subordinaban las operaciones del futuro había de ser la toma de Tobruk. A
la sazón, las tropas alemanas e italianas no podían alcanzar esta localidad
sin artillería pesada. Aparte de aprovisionar a las tropas combatientes, era
absolutamente necesario hacer grandes repuestos de suministros Y prepa-
rar columnas de transportes antes del comienzo de la ofensiva. Los sumi-
nistros requeridos tan sólo por el Afrika Corps alemán ascendían a unas
40.000 ó 50.000 toneladas por mes. A éstas había que añadir los suminis-
tros para los italianos. Los transportes aéreos alemanes disponían de muy
poco espaclo. La protección del tráfico marítimo y de cabotaje corría a car-
go exclusivo de los italianos, ya que a la sazón las fuerzas aéreas alemanas
de Sicilia se estaban retirando. Unidades más potentes de la Luftwaffe esta-
ban siendo instaladas en el norte de África a fin de proteger la costa y los
transportes por mar. El general Cavallero agradeció esta declaración al jefe
alemán. Tanto él como el Duce compartían sus opiniones. La tarea primor-
dial de Italia en aquellos momentos era mantener sus posiciones. Las de-
fensas en el África septentrional eran demasiado exiguas. Las tropas que
actuaban en el sitio de Tobruk necesitaban un relevo para descansar. La si-
tuación de Sollum era de incesante peligro.
En agosto, el Estado Mayor de Operaciones de la Luftwaffe publicó el
siguiente comunicado:

La 1ensión que pesa sobre la situación de nuestras fuerzas en África del


Norte en cuanto a suministros, es sobradamente conocida... Hasta la fecha
no se ha hecho pleno uso de la capacidad del puerto de Bengasi. Desde la
reocupación de Derna, no se ha hecho nada en la zona portuana por repa-
rar los daños causados por los ingleses... El puerto de Bardia también exige
reparaciones. En consecuencia, requerimos con toda urgencia, para que se
notifique a los italianos, la necesidad de que emprendan inmediatamente los
trabajos que hagan falta. Es absolutamente indispensable utilizar Bengasi.
Demna y Bardia para nuestro suministro, ya que así se aliviará el peso que
hoy recae sobre Trípoli y al mismo tiempo se eliminarán los peligros del trá-
fico de cabotaje entre Trípoli y Bengasi. Todo ello es aún más vital si tene-
mos en cuenta la gravísima situación que atraviesan nuestros transportes en
Africa, que hace más difícil que nunca el empleo de la carretera que va de
Trípoli a Bengasi.
El refuerzo de la Luftwaffe en la zona del Mediterráneo es imposible has-
ta después del cese de las operaciones en el este.

A finales de agosto, en una conferencia celebrada por Keitel y el gene-


ral Cavallero en el Cuartel General de Hitler en el frente ruso, Keitel dijo
que la situación en el norte de Africa no podía considerarse estable hasta
que hubiese caído Tobruk. Si todo se desarrollaba bien en lo tocante al
transporte al Africa, las fuerzas alemanas escogidas para el ataque esta:
rían en forma a mediados de septiembre. El general Cavallero manifestó
que el Duce había ordenado que se aceleraran los preparativos para el
ataque a Tobruk. Era evidente que los italianos no estarían en condicio-
nes para una ofensiva de ninguna clase a mediados de septiembre; proba-
blemente no lo estarían hasta finales de dicho mes.

36
tampoco lo estuvieron, ni lo estu-
En realidad, a finales de septiembre
itali anos en octub re. Ni tampoco en e
vieron los alemanes o los de que les hubiera sido imposible
De haber sido atacados, no cabe duda
oponer la menor resistencia.
n llegaron, el 29 de agosto, al
Los Estados Mayores ita liano y alemá
acuerdo de que:
inmediato ninguna clase de
No hay perspectivas de prepa rar en el futuro
a contra el can al de Suez partie ndo de Libia. Aun en el
operación ofensiv
fuera conqui stada en el otoño, el equilibrio de fuerzas
caso de que Tobruk n a cualquier ataque
la ofensiv a. Esto se ap lica tambié
no permitiría pasar a el este empeora la
o, ya que cualqu ier au ance hacia
con un objetivo limitad favore ce la de los in-
precaria situación de nuestr os suminis tros, mi entras
gleses.

Enlace describía la
El 9 de septiembre, el Estado Mayor alemán de
situación en estos términos:
italianas, no se
A pesar de las constantes incursiones aéreas alemanas e
el presente,
registra ningún cambio general en la situación de Tobruk. Hasta
onamiento
no hemos siquiera logrado una paralización efectiva del aprovisi
que todas las noches efectúan destructores y vapores de pequeño tonelaje
en el puerto de la fortaleza... Según declaraciones hechas por el cuartel
general de la aviación en África, las defensas antiáereas de Tobruk son tan
potentes que nada tienen que envidiar a las de Malta... Las muchas irrup-
ciones, ora débiles, ora fuertes, que la guamición hace contra Nuestras
líneas, parecen tener como objetivo descubrir los puntos flacos del cerco,
y esto no puede perseguir otra finalidad que la ruptura del mismo, cuyo ir
tento es de esperar que se haga simultáneamente con la próxima ofensiva
en el frente meridional...

Después de dar cuenta de la discutibilidad, desde el punto de vista mili-


tar, de la demora de la ofensiva, debo hacer constar mi convicción de que
el aplazamiento de cuatro meses y medio observado por el general Au-
chinleck antes de que se decidiera a atacar al enemigo en el desierto, fue
tanto un error como una desgracia. Este capítulo debe incluir también el
relato de nuestras diferencias con el gobierno de Australia, cuyas valientes
tropas desempeñaron un papel vital en toda la defensa de Egipto.

El señor Menzies, primer ministro australiano, se despidió de nosotros


en mayo de 1941. Su larga estancia en Inglaterra había sido sumamente
valiosa. Durante dos meses críticos había asistido a las reuniones del Ga-
binete de Guerra y había intervenido en la adopción de muchas de nues-
tras más difíciles decisiones. Dos cosas no le habían satisfecho: la organi-
zación del Gabinete y mi ejercicio de poderes tan amplios en la dirección
de la guerra. En diversas ocasiones me planteó ambos problemas, y yo le
expliqué las razones por las cuales no estaba de acuerdo con él. El señor

37
Menzies deseaba la formación de un Gabinete de Guerra imperial en el
que estuviesen representados los cuatro Dominios autónomos. A su paso
por el Canadá, durante el viaje de regreso a Australia, el señor Menzies
sometió oficialmente y por escrito sus propuestas al señor Mackenzie
King, al general Smuts y al señor Fraser. Ninguno de ellos, sin embargo,
se mostró partidario del cambio sugerido, y especialmente el señor Mac.
kenzie King adujo argumentos constitucionales de mucho peso contra la
idea de que el Canadá hubiese de quedar ligado, por un representante
suyo, a las decisiones de un Consejo establecido en Londres.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 19-Vill-41


No me hace falta decir que en el caso de serle posible efectuarnos otra
visita como primer ministro, su presencia en nuestros consejos mientras
pudiera permanecer entre nosotros sería muy bien acogida. Siempre acoge-
remos complacidos a todos los primeros ministros de los Dominios que
quieran compartir de esta manera las responsabilidades que pesan sobre
nosotros. La asistencia a las reuniones del Gabinete de Guerra de un minis-
tro de un Dominio no cabe juzgarla como posible a menos de tratarse del
mismo primer ministro, ya que ello implicaría la necesidad de que en las
citadas reuniones estuvieran representados los cuatro Dominios, con lo que
se agregaría un número excesivo de representantes a nuestras reuniones.
Esto, a su vez, llevaría aparejados cambios estructurales de vasto aicance
que actualmente no son de desear. Por las averiguaciones que he hecho,
tengo la impresión de que ninguno de los otros Dominios daría su conformi-
dad a que un ministro de uno solo de ellos les representara en el Gabinete
de Guerra. Espero que querrá tener todo esto en cuenta cuando haga sus
planes. Amistosos saludos.

Sin embargo, no tardaron en tener lugar importantes cambios en el


gobierno australiano. Como era natural tras la larga serie de desventuras
que habíamos sufrido, había serias divergencias de opinión en el seno del
gabinete de la Commonwealth en cuanto a la dirección de la guerra. El
Partido Laborista australiano votó en contra de una proposición aproban:
do la visita del señor Menzies a Londres, el cual, en vista de estas mani-
festaciones políticas, tanto dentro como fuera del gobierno, puso su dimi-
sión en manos de sus colegas y se ofreció a colaborar en un gabinete de
coalición nacional. El 25 de agosto, el Partido Laborista australiano
rechazó esta proposición y exigió la dimisión del gobierno. El 28, el señor
Menzies dimitió, y le sucedió en el cargo su delegado, el señor Fadden. El
gobierno australiano, debilitado por la pérdida de su figura más destaca-
da, sólo contaba con una mayoría de uno y tuvo que arrostrar en este pe-
noso período a una oposición ávida de conquistar el poder. A pesar de las
diferencias que antes he mencionado, me enteré con hondo pesar de la
caída del señor Menzies, ya que, aun siendo serias nuestras discrepancias,
nuestras relaciones habían sido sumamente amistosas. Pensé que era una
gran lástima que todo el conocimiento que él había adquirido de nuestros
asuntos durante los cuatro meses que había asistido a las reuniones del
Gabinete de Guerra y a los muchos contactos que todos habiamos esta-
blecido con él, tuvieran que desperdiciarse tan lamentablemente. Le envié
el siguiente telegrama:

38
28-Vill-41
Primer Ministro a Mr. Menzies.
de toda injerenc ia en la a
Mientras me abstengo escrupulosamente
cuánta contrarieda
australiana, no puedo por menos de manifestarle con
en el timón durante
he recibido la noticia de su dimisión. Usted ha estado
a nuestro lado aquí,
esos terribles dos años de tormenta y usted estuvo
Australi a afrontab a los mayores peligros que ha conocido. Todos
mientras
altament e agradeci dos por el valor demostr ado por usted y por
le estamos he ls ga
nos ha dado. Con nuestra amistad personal , yo
la ayuda que do de
por una experien cia análoga cuando fui destitui
nancioso. Yo pasé Anzacs EE
moment o en que pude haber dado a los
Almirantazgo en el
es un consuelo
buena probabilidad de victoria en los Dardanelos. Siempre
o con el deber
en estas circunstancias tener la seguridad de haber cumplid
envían sus sa-
con las mejores fuerzas de uno. Mi esposa y mi familia le
ludos.

Por mi parte, me apresuré a entablar íntimas relaciones personales con


el señor Fadden y a poner en su conocimiento los argumentos que yo es-
grimía en pro de la estructura actual del Gabinete de Guerra, asi como
acerca del peligro japonés.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 29-VI!H- 41


Ahora que usted ha tomado posesión de la jefatura de su gobierno, le
expreso mis más cordiales y mejores votos por su éxito, así como deseo ha-
cerlc presente que yo y mis colegas haremos cuanto esté a nuestro alcance
por trabajar con usted con el mismo espíritu de camaradería y buena volun-
tad con que trabajamos con Mr. Menzies, quien, celebramos ver, actúa a sus
órdenes como ministro de Coordinación de la Defensa.

A continuación le hice una exposición detallada de los aspectos impe-


riales y constitucionales de los problemas que el señor Menzies había sus-
citado.
Nuestras relaciones con el gobierno del señor Fadden, y después con
el gabinete laborista del señor Curtin, no fueron tan cordiales como lo
habían sido con sus predecesores, y, entre otras, se produjo una áspera di-
vergencia altamente perjudicial a nuestro esfuerzo de guerra. El nuevo
gobierno, sometido a dura presión por sus adversarios políticos, puso de
relieve su grave preocupación por la situación de la división australiana
sitiada en Tobruk. Su deseo era agrupar a sus tropas de Oriente Medio
en
un solo contingente a fin de darles oportunidad de descansar, restablecer
la disciplina, atender al rearme y satisfacer a la opinión pública
australia-
na. También se mostraban especialmente inquietos sobre la «mengua
resistencia fisica» de sus tropas acantonadas en la fortaleza, de
así como por
el peligro de una catástrofe derivada de dicha causa y a la posible
incapa-
cidad que de ello resultaría para resistir a un asalto decidido
del enemigo.
En consecuencia, solicitó el inmediato relevo de las fuerzas
australianas
por otras. Auchinleck protestó enérgicamente contra
esta pretensión, re-
saltando las dificultades del relevo y el desbarajuste
que implicaría en sus
planes para la nueva ofensiva. Yo traté de tranquilizar al general.

39
Primer Ministro al general Auchinleck. 6-1X-41
Estoy casi seguro que los australianos se allanarán a razones Apela5
ponen los hechos con toda lealtad. Nosotros no queremos queel a e
miento de Tobruk, ni los demás preparativos de usted, sufran interrupcio
nes. Si el atender a la petición de relevo ha de suponer algu na dai
sirvase facilitarme los datos para poder exponérselos. Australia no toleraría
jamás que nadie jugara sucio. Por supuesto, si ello no ha de implicar graves
cambios en sus planes, deberíamos satisfacer sus deseos.

A instancias mías, el general Auchinleck accedió a relevar una de las


brigadas de infantería australianas de Tobruk y reemplazarla por la Briga-
da Polaca. La operación trajo aparejada consigo considerables riesgos
navales, ya que casi todos los buques fueron atacados por la aviación
enemiga. No tardó el comandante en jefe en dar a conocer los motivos
que le impulsaban a suspender la operación, declarando que ésta podría
significar «un nuevo aplazamiento de la ofensiva en el desierto occiden-
tal». «Propongo, por lo tanto —añadía , abandonar definitivamente la
idea de un nuevo relevo en gran escala del personal australiano de To-
bruk, y, en cambio, reforzar inmediatamente la guarnición con un batallón
de tanques “I”.» Transmití este telegrama al señor Fadden junto con el si-
guiente llamamiento:

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 11-1X-41


1. Con la presente le envío, integro, el telegrama personal
que el general
Auchinleck me ha dirigido sobre el relevo de las tropas australianas de
Tobruk. Lo hago confiando totalmente en su discreción.
El telegrama del
general Auchinleck es fruto de prolongadas consultas con
los comandantes
en Jefe naval y aéreo de Oriente Medio.
2. Como verá por el telegrama, si usted insiste en el
relevo de los austra-
lianos de Tobruk, es físicamente imposible complet
arlo a tiempo para que
usted pueda hacer ante el Parlamento de ese
Dominio la declaración que
tiene proyectada para mediados de este mes.
En realidad, sólo se podría
evacuar la mitad de las tropas durante el periodo
de luna nueva de septiem-
bre, y la otra mitad tendría que ser evacuad
a en la segunda quincena de
octubre, que es cabalmente la época en que los preparat
va serán más intensos y cuando la labor ivos para la ofensi-
preliminar de las fuerzas aéreas
exigirá la absoluta concentración de éstas en
las zonas de retaguardia del
enemigo, bases de aprovisionamiento y aeródromos. Por lo
gún caso usted podría hacer una declaración demás, en nin-
al Parlamento, porque cual-
quier insinuación hecha en público sobre
la inminencia del relevo podría
atraer fuertes ataques aéreos contra el puerto
de Tobruk y a todo lo largo
de la costa en los días en
que sus tropas australianas
Si a pesar de todo usted insiste en que las tropas han de ser evacuadas.
evacaudas, se dictarán las órdenes oportun
australi anas han de ser
as sin tener en cuenta lo que la
Operación pueda costarnos y el daño que pueda
causar a las acciones en
perspectiva. Confío en que usted medirá cuidado
samente la inmensa res-
ponsabilidad que asumiría ante la Historia al privar
a Australia del honor de
defender Tobruk hasta la hora del triunfo, el
cual, de otro modo, y con la
ayuda de Dios, les pertenecerá etemamente.
la importancia vital
3, Me considero obligado una vez más a insistir sobre o movimien-
o secreto sobre Operaci ones futuras
| de guardar el más absolut
sus fuerzas ha obligado al
tos de tropas que la cuestión del relevo de
comandante en jefe a revelarnos.

responder.
Todo fue inútil y no tuve más opción que
15-1X-41
Primer Ministro a Mr. Fadden.
con su decisión. El
Se cursarán inmediatamente órdenes de acuerdo
es en los present es moment os de una importan-
mantenimiento del secreto
cia suprema.

Al general Auchinleck le telegrafié lo siguiente:


17-1X-41
Primer Ministro al general Auchinleck.
las peligro-
Me apena la actitud australiana, pero hace tiempo que temo
del
sas reacciones de la opinión pública tanto de Australia como del resto
ante la aparienci a de que todas nuestras batallas de Oriente Medio
mundo,
las libramos exclusivamente con tropas de los Dominios. Por este motivo,
s
aparte de mi deseo de procurarle refuerzos, he estado haciendo constante
gestiones por enviarle algunas divisiones británicas de infantería. Su deci-
sión de situar a la 502 División Británica en Chipre, como usted ya sabe,
nos contrarió. Ya sé que cuando usted la destinó allí, estaba convencido de
que Chipre era un lugar especialmente amenazado, pero la situación ha
cambiado con la guerra de Rusia, y estoy seguro de que usted no tendrá
inconveniente en revisar su acuerdo de emplear a esta división británica
en una misión al parecer meramente defensiva...
] Confío en que la evacuación de los australianos no retrasará más la ofen-
siva en proyecto. La situación ya ha empeorado. El enemigo está ahora mu-
cho mejor provisto de gasolina. El Afrikan Panzer Corps se denomina aho-
ra Afrikan Panzer Gruppe. Si usted espera a tener una nueva brigada, pue-
de muy bien encontrarse con que ha de hacer frente a una nueva división.
Sus movimientos de transportes y la formación de acumulaciones de pertre-
chos, el enemigo debe haberlos notado ya. Están en juego todo el porvenir
ON de 1942 en Oriente Medio y nuestras relaciones con Turquía
ia.

Mo su parte, el general Auchinleck se sintió tan profundamente herido


E su amor propio por la insistencia del gobierno Fadden en su demanda,
rispil a su a fundándose en que no gozaba de la con-
gobierno australiano. Esto hubiera sido a la sazón
todos los puntos de vista. Pies
Recurrí
r a los buenos ofici
cios de Mr. Oliver
i Lyttelt ini
a la sazón residente en El Cairo. AR

Primer Ministro al ministro de Estado. 18-1X-41


pao que Auchinleck deba suponer que no estamos de acuerdo
E Posee Draco en Tobruk]. Todos mis telegramas. incluyen-
E arab nte el de 11 de septiembre dirigido a Fadden, que retransmití
inleck y ahora se lo retransmito a usted, demuestran cuán enérgica-

41
mente nos hemos opuesto a la resolución australiana de abandonar la línea
de fuego en la presente coyuntura. Además, cuando Auchinleck estuvo en
la metrópoli, le señalé la conveniencia de no debilitar la defensa de Tobruk
haciendo un relevo innecesario.
2. Me asombró la decisión del gobierno australiano, ya que estaba seguro
de que el pueblo de Australia la repudiaría si pudiese conocer toda la ver-
dad. Sin embargo, hay que hacer concesiones a un gobierno que cuenta
sólo con una mayoría de uno y tiene frente a sí una oposición violenta, for-
mada en parte por aislacionistas decididos.
3. Es de todo punto imperativo que no surja ninguna controversia abier-
ta entre la Gran Bretaña y Australia. Todos los sentimientos personales
deben ser subordinados, por consiguiente, a mantener una apariencia de
unidad. Bastantes disgustos hemos tenido ya por no haber utilizado divisio-
nes británicas de infantería en los diversos combates, induciendo con ello al
mundo entero y a Australia a suponer que libramos nuestras batallas exclu-
sivamente con tropas de los Dominios.
4. Telegrafío hoy mismo a Auchinleck para reiterarle la absoluta confor-
midad de los jefes de Estado Mayor con su criterio militar.

Limadas de esta manera y por el momento las asperezas personales,


sólo quedaba peridiente la operación de evacuar a los últimos australia-
nos en el mes de octubre.

Primer Ministro al general Auchinleck. 29-1X-41


Ahora todo depende de la batalla. Es posible que el enemigo le conceda
el tiempo que usted necesita. Pero cada día que pasa tenernos que pagarlo
muy caro en una esfera mucho más amplia. El premio es Turquía, cuya
actitud pudiera muy bien quedar determinada por una victoria nuestra en
Cirenaica.
Espero persuadir al gobierno australiano de que no estorbe la acción de
usted obligándole a retirar sus dos últimas brigadas de Tobruk en el período
de luna nueva de octubre.

Expuse entonces al serior Fadden el conjunto de la situación, dirigién-


dole otro enérgico llamamiento. La respuesta fue inexorable, pero en
aquellos días el gobierno Fadder: fue derrotado en un debate sobre el pre-
supuesto, y se formó un gobierno laborista australiano, también con una
mayoría de uno, bajo la presidencia de Mr. Curtin. Me apresuré a poner-
me en amistoso contacto con el nuevo Primer Ministro, quien ya se me
había dirigido por cable.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 8-X-41


Gracias por su telegrama al posesionarse de la dirección de los asuntos
de la Commonwealth australiana, y correspondo cordialmente a los buenos
deseos que contiene. Puede tener la seguridad de que trabajaremos con
usted a base de una íntima confianza y carnaradería.

No obstante, el nuevo gabinete se mostró igualmente opuesto a nuestra


demanda, y será pertinente completar aquí el relato del desdichado episo-
dio. El 5 de octubre telegrafié al general Auchinleck:

42
Primer Ministro al general Auchinleck. 5Xx-41
Larnento no haber logrado una respuesta favorable del destituido gobierno
australiano sobre evitar un nuevo «Supercarga» [relevo de los australia-
nos de Tobruk], y todavía no he establecido ningún contacto con el nuevo
gobierno. Sin embargo, confío en que no se producirá ningún nuevo aplaza-
miento de «Cruzado».

Transcurrido un intervalo prudencial me dirigí a Mr. Curtin sobre la


cuestión de Tobruk.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 14-x-41


Considero mi deber rogarle a usted que vuelva a estudiar el problema
planteado en mi telegrama a su predecesor. He vuelto a tener noticias del
general Auchinleck en el sentido de que sería para él de gran ayuda y con-
veniencia que las restantes tropas australianas permanecieran en Tobruk
hasta que se decida el resultado de la batalla que se está avecinando. No
repetiré los argumentos que ya empleé entonces, pero sí añadiré que si us-
ted se considera en condiciones de acceder, no expondiía a sus tropas a
peligros innecesarios ni exagerados, y al mismo tiempo lo interpretaríamos
como un gesto de generosa camaradería en la lucha actual.

Primer Ministro al general Auchinleck. 14-x-41


En vista de su declaración de que sería de una gran ayuda para usted
que el relevo de los restantes australianos pudiera aplazarse hasta después
de «Cruzado», he enviado esta mañana el telegrama adjunto al gobierno
australiano. Cabe en lo posible que el nuevo gobierno esté dispuesto a facili-
tarle el desahogo que usted desea. Me alegraría que fuese así, por el bien de
Australia y de la Historia. Dentro de un día o dos conoceré su decisión y se
la comunicaré.
2. Las noticias de Rusia son cada vez más graves. Ahora todo gira alre-
dedor de usted.

El gobierno Curtin se adhirió a la decisión de sus predecesores, y yo me


vi obligado a comunicar al general Auchinleck que procediera al relevo
sin más tardanza.

Durante todo el asedio, Tobruk se sostuvo gracias al apoyo de nuestra


flota, que tuvo que desafiar constantemente ataques aéreos cada vez
más
fuertes y violentos. Además, era imposible proteger el puerto
con aviones
de caza, ya que nuestros aeródromos se encontraban demasiad
o lejos al
este. La ruta marítima desde Egipto pronto se hizo impracticable
para los
mercantes corrientes, y todo tuvo que ser transportado a bordo
de des-
tructores y navíos más pequeños en las noches de luna nueva. A partir
de
jullo, el servicio de aprovisionamiento de Tobruk ganó una notable ayuda
con la adición: de los dos minadores rápidos, «Abdiel» y «Latona». Aparte
del mantenimiento de los suministros de municiones y víveres, había que

43
realizar algunos movimientos masivos de tropas para la asediada fortale-
za, a la que también había que llevar toda clase de armas nuevas, incluso
tanques. En conjunto, la armada entregó a la guarnición, aparte de trein-
ta y cuatro mil hombres, setenta y dos tanques, noventa y dos cañones y
treinta mil toneladas de repuestos. Efectuó asimismo la evacuación de un
número igual de soldados, además de los heridos y los prisioneros de
guerra enemigos. Esta ardua pero indispensable labor costó a la armada
un minador, dos destructores y veintidós navíos menores hundidos, ade-
más de dleciocho seriamente averiados. También fueron hundidos o ave-
riados nueve mercantes y dos buques hospital. Estos sacrificios permitie-
ron que la guarnición de Tobruk sobreviviera a un incesante ataque por
espacio de doscientos cuarenta y dos días. Durante todo este período, la
fortaleza desempeñó un papel activo y conspicuo en la estrategia de toda
la campaña, especialmente de la ofensiva que se avecinaba.

La noche del 25 de octubre se intentó finalmente la operación tan viva-


mente deseada por ambos partidos australianos; pero lo fue en circuns-
tancias altamente peligrosas y no sin sufrir bajas de consideración. Tele-
grafié la noticia al señor Curtin.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 26-X-41


El nuevo minador rápido «Latona» resultó hundido y el destructor «Hero»
averiado por la acción aérea enemiga, al dirigirse ambos anoche a recoger
los últimos 1.200 australianos que quedaban en Tobruk. Providencialmente
estos hormbres no se encontraban a bordo. Todavía desconozco nuestras
bajas. El almirante Cunningham me informa que será imposible evacuar a
estos 1.200 hombres hasta el nuevo período de luna nueva, en noviembre.
Hemos hecho todo lo humanamente posible por satisfacer los deseos de
ustedes.

Primer Ministro al primer ministro de Australia. 27-X-41


Afortunadamente, el minador «Latona» sólo llevaba a Tobruk a treinta y
ocho hombres. El resto, en número aproximado de mil. viajaban en los tres
destructores de escolta. Quince ataques con bombas en vuelo rasante entre
las 19.00 y las 22.30. Bajas: H. M. S. «Latona». Oficiales navales, cuatro
desaparecidos, uno herido; marinos, veinticinco desaparecidos, diecisiete
heridos. Oficiales del ejército, seis heridos; soldados, siete desaparecidos, un
herido. H. M. $. «Hero»: Ninguna baja. Debernos estar agradecidos que esos
ataques aéreos no empezaran en las operaciones preliminares del relevo.

Me ha sido doloroso tener que relatar este incidente. Suprimirlo indefi-


nidamente hubiera sido Imposible. Además, el pueblo australiano tiene el
derecho de conocer cuánto ocurrió y por qué. Por otra parte, hay que re-
cordar que, aparte de las limitaciones que impone su rígido sistema de
partido, los gobiernos australianos tenían escasos motivos para depositar
su confianza en la dirección británica de la guerra. Hay que recordar tam-

44
bién que cuando el enemigo hundió nuestro flanco del desierto, al Igual
que en la campaña de Grecia, los australianos habían arrostrado enormes
riesgos. Todo ello había de pesar considerablemente en el ánimo del
gobierno de Australia. Nunca podremos olvidar el noble impulso de este
Dominio al enviarnos sus únicas tres divisiones completas, la flor de su
juventud, para luchar en Oriente Medio, ni podremos olvidar la bravura
con que desempeñaron su misión en todas las batallas.
“e1gI7 u9 eaisuojo epunbas ej
ue¡ojuj SeDjugpiag sopepjun sajuajod — *Lp6l BP SJquia]aou Sp 8l
- 3 El almirante Sir Andrew
B. Cunningham.

De izquierda a derecha: los comandantes aliados: mariscal del Aire


Longmore, general Wavell, general De Gaulle y general Cetroux.
CAPÍTULO IM
MI ENCUENTRO CON ROOSEVELT
Una discrepancia sobre estrategia en nuestro círculo militar. — El proble-
ma de la invasión en 1941. — El documento de sir John Dill de 6 de
mayo. — Potencial y calidad de nuestras fuerzas blindadas de la metró-
poli. — Nuevos motivos de ansiedad. — Mi respuesta del 13 de mayo. =—
Prevalece mi punto de vista. — Segunda visita de Harry Hopkins. > In-
quietud americana sobre la invasión, y dudas sobre nuestro interés por
defender Oriente Medio. — Nuestra conferencia del 24 de julio. — Crite-
nos de los altos oficiales norteamericanos. — Solidaridad británica. —
¿Singapur o El Cairo? — La misión de Mr. Duff Cooper en Extremo
Oriente. — Proyecto de instalación de un ministro de Estado en Singa-
pur, igual que en El Cairo. — Presiones sobre el Japón. — Plan para reu-
nirme con el Presidente en Terranova. — La misión de Hopkins en Mos-
cú. — Un viaje agradable. — Arribada del «Prince of Wales» al lugar
de reunión. — Encuentros con el Presidente. — La mañana del domingo,
10 de agosto.

El tema de la invasión de la Gran Bretaña ha sido tratado a menudo


en este y en volúmenes anteriores, pero en mayo de 1941 sir John Dil,
jefe del Estado Mayor General Imperial, volvió a abordarlo con indiscuti-
ble autoridad. El día 6 de mayo me presentó el documento que transcribo
más abajo, del que envié copias a sus colegas de la armada y el arma
aérea y al general Ismay. La sumisión a las conclusiones consignadas en
dicho documento hubiera significado un regreso total a la posición de-
fensiva. Hubiera sido imposible mandar a Oriente Medio y Extremo
Oriente refuerzos de ninguna clase, excepto reclutas bisoños. No hubiéra-
mos dispuesto de nada con que tomar la iniciativa. Es más, habida cuenta
de que nuestras unidades blindadas de Oriente Medio no hubiesen recibi-
do más repuestos que los correspondientes al desgaste normal de cin-
cuenta tanques por mes, el. general Auchinleck, muy lejos de poder
atacar, se hubiera podido encontrar muy bien en franca inferioridad.

IMPORTANCIA DEL ORIENTE MEDIO CON RELACIÓN


A LA SEGURIDAD DEL REINO UNIDO
6-V-41
1. La probabilidad de una invasión parece haberse alejado por el presen-
te, pero las fuerzas alemanas de tierra y aire podrían concentrarse para di-
cho propósito dentro de las seis u ocho semanas siguientes a su relevo del
teatro balcánico. A medida que vaya en aumento la ayuda americana, el

47
enemigo deberá ser observado de cerca por si se le presenta una oportuni-
dad favorable para desencadenar la campaña que le haría ganar la guerra.
2. Los triunfos alemanes tanto en los Balcanes como en Libia, que son
dos terrenos notoriamente diferentes, prueban una vez más la suprema-
cía de las fuerzas blindadas, apoyadas por una aviación potente. En todo lo
en
que va de guerra, la combinación de blindados y aviones ha dominado
todos los campos de batalla. La defensa, dado que no cabe predecir los
puntos de ataque, ha de sufrir forzosamente la desventaja de la dispersión,
y debe depender primordialmente para su éxito del mantenimiento de gran-
des reservas de tanques para el contraataque, armas antitanque y aviones.
3, Los jefes de Estado Mayor, tras exhaustivos estudios, han calculado
últimamente que la escala de ataque blindado contra la isla británica se
efectuará con una fuerza de 6 divisiones blindadas, o sea, en conjunto, unos
2.400 tanques. Según el criterio del comandante en jete de las fuerzas me-
tropolitanas, con el cual estoy de completo acuerdo, se requieren un total
de seis divisiones blindadas y cuatro brigadas de tanques del Ejército lo sea,
unos 2.600 tanques) para hacer frente en la Gran Bretaña a un ataque de
la magnitud indicada. De dichas unidades señaladas últimamente, dos divi-
siones blindadas y dos brigadas de tanques tendrían que estar distribuidas
en cada uno de los mandos del este y el sudeste a fin de contraatacar a
cualesquiera fuerzas invasoras que intentaran una penetración a través de
East Anglia y las costas de Kent y Sussex, respectivamente. Las dos divisio-
nes blindadas restantes serían guardadas en reserva, con una de ellas reser-
vada eventualmente para ser utilizada en el norte.

A continuación exponía el estado en que se encontrarían las formacio-


nes blindadas de la metrópoli en junio de 1941, por las que probaba que
nuestro potencial total de tanques para la defensa metropolitana consisti-
ría en unos 1.250 tanques, con inclusión de 150 vehículos ligeros y 490
tanques en centros de instrucción, etc., de los cuales unos 360 estarian
adaptados para el combate tras un plazo de tres semanas. Insistía repet-
damente en la necesidad de dar un adiestramiento especial a las fuerzas
blindadas, y proseguía:

6. Las formaciones de infantería que guardan nuestro extenso y vulne-


rable litoral marítimo, están dispuestas en sectores de gran amplitud. Una
división que cubre 45 millas de costa, forzosamente ha de tener poquisima
profundidad. Nuestras obstrucciones en las playas son buenas pero las divi-
siones poseen menos de la mitad de su asignación completa de cañones an-
titanque, y andan escasísimas de minas antitanque. Las fuerzas blindadas
alemanas, transportadas en embarcaciones especiales, no encontrarán nada
que les impida desembarcar. Las Reales Fuerzas Aéreas tendrán muchas
misiones que atender, y carecemos de aviación concebida y adiestrada
para el bombardeo de precisión en cooperación con el ejército. La Luftwaffe
lo arriesgará todo con tal de lograr la superioridad aérea sobre las zonas de
invasión. Por lo tanto, nuestra defensa terrestre descansará primordialmen-
te en nuestra capacidad para librar prontos y potentes contraataques blin-
dados. Sin embargo, teniendo en cuenta el factor adiestramiento, yo calculo
que las fuerzas blindadas que habrá en esta isla en el mes de junio, as-
cenderán al equivalente de tres divisiones totalmente equipadas, contra las
seis divisiones blindadas del enemigo.
7. Es peligroso descontar la posibilidad de un fuerte ataque blindado
fundándose en que Alemania no tiene el dominio del mar, que nuestra
aviación destrozaría a la expedición antes de zarpar y luego en las playas
de desembarco, o que barrería del cielo a la aviación enemiga, ni cabe
argúir que las dificultades técnicas de un desembarco en tan gran escala
serían insuperables. Harían falta de cinco a siete días para que poc
concentráramos en aguas metropolitanas las fuerzas navales adecua-
que seis
das. Nuestros bombarderos no pueden atacar efectivamente mas
puertos de invasión, y sólo cuando el tiempo es favorable. No ario
confiar enteramente en los ataques aéreos para impedir un desembarco,
del mismo modo que la aviación enemiga fue impotente para impedir o
a le-
tro embarque en Dunquerque. Nuestros cazas no neutralizarán por
las E
to a los bombarderos del enemigo si éste está dispuesto a arrostrar
tes pérdidas en que deberá incurrir desde luego, y no cabe la dle Fs a
de que el plan alemán contiene provisiones mediante las cuales ade E se
y destruir a nuestros cazas en sus mismas bases. En cuanto a las dificultades
técnicas del desembarco, los alemanes han dado abundantes pruebas de E
destreza y capacidad en la elaboración de planes y en la Nr de
equipos técnicos especiales. Además les ha sobrado tiempo para perfeccio-
nar todos sus dispositivos. El mantenimiento y sostén de las fuerzas epi
barcadas no gravaría sus recursos en la medida en que cabe suponer, las
cantidades de víveres y combustible que las formaciones blindadas necesitan
para un período breve son comparativamente pequeñas, y el enemigo pue-
de encontrar en esta isla bastantes cosas con que atender a sus necesi-
dades. 7
8. En Noruega y Bélgica exageramos nuestra subestimación de la capa-
cidad de los alemanes para vencer las dificultades más formidables, cosa
que los recientes acontecimientos de Libia y los Balcanes han vuelto a de-
mostrarnos. Ñ
9. La pérdida de Egipto sería una calamidad que no me atrevoa consi-
derar como probable, pero a la cual no deberíamos resignarnos sin haber
opuesto antes una lucha desesperada. Con todo, no significaría el fin de la
guerra. La única amenaza de una derrota definitiva proviene del lado de
una invasión llevada a cabo con fortuna. Por consiguiente, es el Reino Uni-
do y no Egipto el punto vital, y la defensa del Reino Unido debe anteponer-
se a todo. Egipto no ocupa ni siquiera un segundo lugar en la lista de priori-
dades, porque ya es un principio aceptado en nuestra estrategia el que, en
última instancia, la seguridad de Singapur es antes que la de Egipto. Sin
embargo, las defensas de Singapur siguen estando muy por debajo de lo
que deberían ser.
10. En la guerra hay que correr riesgos, pero han de ser riesgos calcula-
dos. No debemos caer en el error de ir cercenando poco a poco la seguridad
de los puntos vitales. Si hace falta, debemos reducir nuestras pérdidas en los
lugares de menor importancia vital antes de que sea demasiado tarde.
11. Creo que hemos alcanzado el límite, si no lo hemos rebasado ya, en
lo que concierne a la seguridad de la Gran Bretaña, con la cual están estre-
chamente ligadas la defensa de irlanda y la ocupación de las islas del Atlán-
tico. A mi modo de ver, no tendría justificación que en el transcurso de los
tres meses venideros nos arriesgáramos a enviar fuera de la isla más de una
adecuada reserva de sostén para los tanques que ahora se encuentran en
Oriente Medio o están en camino, Esto solo, atribuyéndole un desgaste
mensual de un 10 por ciento, implicaría la expedición mensual de unos cin-
cuenta tanques.

Me asombró recibir este documento, al que contesté una semana des-


pués en términos de controversia.

49
Primer Ministro al jefe del Estado Mayor General Imperial. 13-V-4]
1. En su documento del 6 del corriente hay muchas cosas con las cuales
estoy de acuerdo. También hay muchos asertos que no me convencen en lo
más mínimo. Estoy enteramente conforme con usted en el párrafo 8, de
que nuestros consejeros militares subestimaron a los alemanes en Noruega,
Bélgica y Libia. El caso de Bélgica es el más notable. Sin embargo, no
recuerdo haber oído nunca a un solo soldado británico señalar los puntos
débiles de la linea Sub-Maginot o censurar nuestra ocupación de Bélgica.
Digo esto nada más que para dernostrarle que la opinión profesional de los
peritos más expertos puede a veces divagar en medio de las muchas incerti-
dumbres de la guerra.
2. ...Colijo que usted estaría dispuesto a afrontar la pérdida de Egipto y
del valle del Nilo, junto con la rendición o la destrucción de un ejército de
medio millón de hombres que hemos concentrado en aquellos parajes, an-
tes de perder Singapur. No comparto este punto de vista, ni creo que el di
lerna se nos llegue a plantear. La defensa de Singapur es una operación
que requiere sólo una pequeñísima fracción de las tropas que hacen falta
para defender el valle del Nilo contra los alernanes y los italianos. Ya le he
expuesto los datos políticos que han de servir de fundamento para las dis-
posiciones militares encamindas a defender Singapur, o sea, que si el Japón
entraba en la guerra, los Estados Unidos se pondrían inmediatamente de
nuestra parte, y que en cualquier caso el Japón no intentará probablemente
el asedio de Singapur al inicio de sus operaciones, ya que con ello correría
un peligro enorme, sin que nos causara a nosotros un daño mayor que el
que podría infligirnos desplegando sus cruceros y cruceros de batalla por las
rutas Comerciales de Oriente.

A la sazón, por supuesto, los japoneses aún no habían entrado en


Indochina.

3. Dudo que la campaña alemana de los Balcanes pueda citarse como


un ejemplo de «su capacidad para vencer los obstáculos más formidables».
Como mero ejercicio en la apreciación de las perspectivas históricas, yo di-
ía que más bien es verdad todo lo contrario. Se les dejó que acumularan
poderosísimas fuerzas, que no hallaron resistencia, para atacar a Yugoslavia
antes de que ésta movilizara y valiéndose de que el país había sido traicio-
nado por su gobierno. Grecia estaba exhausta y a merced del ejército italia-
no. Nosotros nos quedamos prácticamente solos, con sólo una quinta parte
de vehículos blindados y sin aviación con que hacer frente a su arrollador
avance. El hecho de que, contando con todas estas ventajas ganadas a pre-
cio tan barato, los alemanes fueran impotentes para retardar el despegue
y reembarque de nuestras fuerzas, me inspira más confianza que no apren-
sión.
4. Los aforismos contenidos en el párrafo 10 dependen del modo cómo
se aplican a las circunstancias. Pero espero que la última frase no pretende
ser una alusión a la situación actual de Egipto.

Muchos gobiernos he conocido que se hubieran amedrentado ante


tan grave pronunciamiento por parte de la más alta autoridad profesional
militar, mas yo no tuve dificultad alguna en convencer de lo contrario a
mis colegas políticos, y desde luego tuve el apoyo de los jefes de la armada y
del ejército del aire. Por consiguiente, fue mi criterio el que prevale-
ció, y el envío de refuerzos a Oriente Medio continuó sin descanso. Obsér-

50
vese que ni siquiera creí necesario repetir mis argumentos contra la pro-
babilidad de una invasión afortunada de la Gran Bretaña. Sir John Dill
debió de percatarse de que el consenso de opinión le era desfavorable en
este aspecto, por lo que tras haber dado la nota de aviso, no volvió a refe-
rirse más al asunto.
Sin embargo, la cuestión volvió a surgir inesperadamente por otro lado.
A mediados de julio, llegó a Inglaterra Mr. Harry Hopkins en su segunda
misión en nombre del Presidente. El primer tema de conversación que
abordó fue la nueva situación creada por la invasión hitleriana de Rusia
y su reacción sobre todos los suministros de Préstamo y Arriendo proce-
dentes de los Estados Unidos, con los cuales contábamos. En segundo lu-
gar, un general americano, a quien se habían dado las máximas facilida-
des para efectuar una inspección, había redactado un informe en el cual
expresaba graves dudas sobre nuestra capacidad para resistir a una inva-
sión. Esto había causado hondas inquietudes en el ánimo del Presidente.
En tercer lugar, y en consecuencia, se habían agudizado los menciona-
dos temores del Presidente sobre la pertinencia de defender Egipto y
Oriente Medio. ¿No nos arriesgábamos a perderlo todo intentando hacer
demasiadas cosas a la vez? Por último había la cuestión de arreglar un
encuentro entre el Presidente y yo, fuera como fuera, en cualquier lugar,
y pronto.
Esta vez Hopkins no estaba solo. Se encontraban en Londres numero-
sos altos oficiales de la armada y el ejército de los Estados Unidos, oficial-
mente ocupados en cuestiones relacionadas con el Préstamo y Arriendo,
y entre ellos figuraba el almirante Ghormley, que trabajaba cotidianamen-
te con el Almirantazgo en el estudio de los problemas del Atlántico y la
participación americana para la solución de los mismos. Celebré una reu-
nió con Hopkins y su círculo y los jefes de Estado Mayor el día 24 de julio
por la noche en Downing Street. Acompañaban a Hopkins, además del
almirante Ghormley, el mayor general Chaney, en calidad de «observador
especial», y el general de brigada Lee, agregado militar americano. Averell
Harriman, que acababa de regresar de una gira por Egipto, en donde por
recomendación mía había sido informado detalladamente de todo, com-
pletaba la reunión.
Hopkins dijo que «los hombres que ocupaban los lugares de responsa-
bilidad en los Estados Unidos y tomaban decisiones sobre cuestiones de
defensa» sostenían la opinión de que el Oriente Medio era una posición
indefendible para el Imperio británico, y que su mantenimiento nos exigía
cuantiosos sacrificios. En su opinión, la Batalla del Atlántico sería la bata-
lla definitivamente decisiva de la guerra, y todo debía concentrarse en ella.
Dijo que el Presidente se sentía más inclinado en favor de la lucha en el
Oriente Medio, pues creía que hay que luchar con el enemigo dondequie-
ra que se le encuentre. El general Chaney planteó a continuación los cua-
tro problemas del Imperio británico por el siguiente orden: defensa del
Reino Unido y de las rutas del Atlántico; defensa de Singapur y de las
rutas marítimas de Australia y Nueva Zelanda; defensa de las rutas oceá-
nicas en general, y, cuarto, defensa de Oriente Medio. Todos eran impor-
tantes, pero él los puso en el orden expresado. El general Lee estuvo de
acuerdo con el general Chaney. El almirante Ghormley expresó algunas

51
inquietudes sobre la ruta de aprovisionamiento de Oriente Medio, si había
que enviar a dicho teatro municiones americanas en gran cantidad. ¿No
podría repercutir ello en una debilitación de la Batalla del Atlántico?
A continuación pedí a los jefes de Estado Mayor británicos que expre-
saran sus puntos de vista. El Primer Lord del Mar explicó por qué tenía
más confianza en destruir un ejército invasor este año que el anterior. El
jefe del Estado Mayor Aéreo mostró que la RAF era mucho más fuerte
en comparación con la Luftwaffe que en septiembre de 1940, y habló del
aumento de nuestra capacidad de ataque contra los puertos enemigos de
invasión. El jefe del Estado Mayor General Imperial habló también en
sentido optimista y. dijo que el ejército era inconmensurablemente más
fuerte que en septiembre pasado. Yo intervine para explicar las medidas
especiales que habíamos tomado para defender los aeródromos, después
de la lección de Creta. Invité a nuestros visitantes a inspeccionar cualquier
aeródromo que les interesara. «El enemigo puede emplear gases, pero si
llega a hacerlo será para desventaja suya, ya que lo tenemos todo dis-
puesto para tomarnos represalias inmediatas y él mismo nos ofrecería es-
tupendos blancos en cualesquiera concentraciones que hiciera en la costa.
La guerra de gases también sería llevada a su propio territorio.» Pedí
a continuación a Dill que hablara de Oriente Medio. Sin expresar ninguna
opinión contraria a su informe del mes de mayo, expuso en forma convin-
cente algunos de los motivos que hacían aconsejable nuestra permanen-
cia allí.
Mi impresión general, al terminar la reunión, fue que nuestros amigos
americanos habían quedado convencidos por nuestras declaraciones e im-
presionados por la solidaridad que existía entre nosotros.

Sin embargo, la confianza que sentíamos en cuanto a la defensa de la


metrópoli, no se hacía extensiva al Oriente Medio, en el caso de que dJa-
pón nos declarara la guerra. Estas inquietudes intranquilizaban también a
sir John Dill. Saqué la conclusión de que en su ánimo Singapur gozaba
de prioridad por encima de El Cairo. Éste era en verdad un dilema trági-
co, como si uno tuviera que elegir entre la muerte de un hijo o de una
hija. Por mi parte, yo no creía que nada de lo que pudiera ocurrir en Ma-
lasia equivaliera jamás a una quinta parte de lo que supondría la pérdida
de Egipto, el canal de Suez y el Oriente Medio. No podía tolerar siquiera
la idea de abandonar la lucha en defensa de Egipto, y estaba dispuesto
a pagar el precio que fuese necesario en Malasia. Mis colegas compartían
en todo mi parecer.
Creí conveniente repetir en el Extremo Oriente la institución de un mi-
nistro de Estado, el cual, en íntimo contacto con el Gabinete de Guerra,
relevara a los comandantes en jefe y a los gobernadores locales de algu-
nas de sus tareas más engorrosas y les ayudara a resolver los graves pro:
blemas políticos que allí se planteaban cada vez con mayor frecuencia. En
Mr. Duff Cooper, a la sazón ministro de Información, yo tenía un amigo
y un colega que desde su importante cargo conocía bien el panorama
general político-militar. Su firmeza de carácter, que le había inducido

52
a dimitir su puesto de Primer Lord del Almirantazgo después del pac-
to de Munich de 1938, sus dotes personales de orador y escritor, su
hoja de servicios como oficial de la Guardia de Granaderos durante
la guerra de 1914-18, se combinaban en él para otorgarle las mejores
calificaciones. El 21 de julio fue designado Canciller del Ducado de Lan-
caster, sucediéndole Mr. Brendan Bracken en el puesto de ministro
de Información. A principios de agosto, acompañado de su Ne
lady Diana, partió para el Extremo Oriente, vía Estados Unidos. No A
hasta finales de octubre que remitió su informe desde Singapur, adonde
había regresado.

Por espacio de varios meses, los gobiernos británico y americano


habían estado actuando estrechamente de acuerdo en relación con el ee
pón. A finales de julio, los japoneses terminaron la ocupación militar de
Indochina. Mediante este descarado acto de agresión, sus fuerzas queda-
ban magníficamente situadas para atacar a los británicos en Malasia, a E
americanos en las Filipinas y a los holandeses en las Indias Orientales. E
24 de julio, el presidente Roosevelt pidió al gobierno japonés, como prelu-
dio a un acuerdo de carácter general, que Indochina fuese neutralizada,
retirándose las tropas japonesas. Para dar mayor fuerza ejecutiva a esta
propuesta, ordenó la congelación de todos los bienes japoneses en los. Es-
tados Unidos. Esto paralizó por completo el comercio entre ambos países.
Simultáneamente, el gobierno británico tomó idéntica medida, que dos
días después fue imitada por Holanda. La adhesión de los holandeses sig-
nificaba que el Japón quedaba de un solo golpe privado de sus suminis-
tros vitales de petróleo.

Una tarde, hacia finales de julio, Harry Hopkins entró en el jardín


de Downing Street y se sentó a mi lado a tomar el sol. Minutos después
me dijo que al Presidente le gustaía mucho celebrar conmigo una reu-
nión en alguna bahía solitaria o lugar parecido. Contesté en seguida
que estaba seguro de que el Gabinete me autorizaría a salir del país.
Así, pues, todo quedó convenido en cuestión de pocos días. El lugar esco-
Sido fue la bahía de Placentia, en Terranova, y la fecha el 9 de agosto.
Nuestro acorazado de más reciente construcción, el «Prince of Wales»,
recibió órdenes de prepararse para el viaje. Yo sentía los más vivos de-
seos de entrevistarme con Mr. Roosevelt, con quien llevaba carteándome
cerca de dos años en términos de creciente intimidad. Además, una confe-
rencia entre nosotros proclamaría la cada vez más íntima asociación de la
Gran Bretaña y los Estados Unidos, causaría desconcertantes inquietudes
en nuestros enemigos, haría meditar al Japón y alegraría a nuestros ami-
gos. También había muchos otros asuntos pendientes que resolver sobre
la intervención americana en el Atlántico, la ayuda a Rusia, nuestro pro-
pio aprovisionamiento y, por encima de todo, la creciente amenaza japo-
nesa.

53
Una ex personalidad naval al presidente Roosevelt. 25-VIl-41
El Gabinete me ha dado permiso para salir del país. Tomo las necesarias
disposiciones, suponiendo que merecerán su aprobación, para zarpar el 4 de
agosto, reuniéndome con usted el 8, 9 ó 10. El lugar de reunión no es me-
nester fijarlo hasta más adelante. El Almirantazgo propondrá los detalles a
través de los conductos acostumbrados. Me acompañan el Primer Lord del
Mar, almirante Pound, el jefe de Estado Mayor General Imperial. Dill, y el
vicejefe del Aire, Freeman. Aguardo con impaciencia el momento de nues-
tras conversaciones, que podrán ser de un valor inmenso para el futuro.

Al general Ismay le dije: «Usted y Portal deben quedarse en casa, a vi-


gilar la tienda.»
También me hice acompañar por sir Alexander Cadogan, del Ministe-
rio de Asuntos Exteriores, lord Cherwell, los coroneles Hollis y Jacob, de
la Oficina de Defensa, y mi servicio personal. A éstos hay que añadir un
cierto número de altos oficiales de las ramas técnica y administrativa y del
departamento de planificación. El presidente Roosevelt dijo que le acom-
pañarían los jefes de los servicios armados de los Estados Unidos y Mr.
Summer Welles, del Departamento de Estado.
Era menester el más riguroso secreto a causa del gran número de sub-
marinos alemanes que a la sazón actuaban en el Atlántico septentrional.
Para garantizar el mantenimiento del secreto, el Presidente, que estaba
oficialmente realizando un crucero de vacaciones, efectuó un trasbordo en
alta mar al crucero «Augusta». y dejó atrás su yate a guisa de pantalla.
Entre tanto, Harry Hopkins, cuya salud distaba mucho de ser normal,
consiguió el permiso de Roosevelt para dirigirse a Moscú en avión, reali-
zando un penoso y agotador viaje por encima de Noruega, Suecia y Fin-
landia, al objeto de conocer por el propio Stalin la verdadera situación
de la Unión Soviética y las necesidades de ésta. Mr. Hopkins tenía que
reunirse conmigo a bordo del «Prince of Wales» en Scapa Flow. El tren
especial, en el que viajaban cuantos me acompañaban, incluyendo a un
numeroso grupo de técnicos de los servicios de cifra, me recogió en la
estación de Chequers. En Scapa Flow subimos a bordo de un destructor
que nos llevó hasta el «Prince of Wales».
Antes del anochecer del 4 de agosto, el «Prince of Wales» cor: su escol-
ta de destructores se hizo a la mar. Encontré a Harry Hopkins sumamen-
te agotado por su viaje aéreo y por las inacabables conferencias celebra-
das en Moscú. En realidad, había llegado a Scapa Flow dos días antes en
un estado físico tan deprimido, que el almirante le hizo acostarse en se-
guida y le prohibió abandonar el lecho. Sin embargo, seguía estando tan
alegre como siempre, y a medida que fue recuperando fuerzas en el curso
del viaje me contó todas las incidencias y detalles de su misión.

Una ex personalidad naval al presidente Roosevelt. 4-5-VIII-41


Harry ha regresado de Rusia pulverizado, pero vuelve a estar animoso.
En lo que queda de viaje le dejaremos en forma. Acabamos de zarpar. Hoy
se cumplen veintisiete años del comienzo de la última guerra. Esta vez
hemos de hacer un trabajo más completo. Dos escarmientos habrían de
bastarles. Aguardo anslosamente nuestro encuentro. Amistosos saludos.
Los espaciosos camarotes situados encima de las hélices, que son tan
confortables mientras el buque está en el puerto, resultaron poco menos
que inhabitables debido a la vibración y a la mar gruesa, por lo que me
trasladé a la cámara del almirante, en el puente, para trabajar y dormir.
Simpaticé mucho con nuestro capitán, Leach, un hombre encantador y
agradable y todo lo demás que debe ser un marino británico. Por desgra-
cia, cuatro meses después, él y muchos de sus camaradas, así como su
espléndido buque, se hundieron para siempre en las profundidades del
mar.
Al segundo día de viaje, el tiempo empeoró tanto que tuvimos que es-
coger entre reducir la marcha o abandonar nuestra escolta de destructo-
res. El almirante Pound, Primer Lord del Mar, decidió sin vacilar. Segui-
ríamos adelante, solos, a toda marcha. Nos habían señalado la presencia
de varios submarinos alemanes, a los que evitamos dando amplias borda-
das y complicados zigzags. Nuestros aparatos inalámbricos guardaban un
silencio completo. Podíamos recibir mensajes, pero por el momento no
podíamos transmitir más que a intervalos determinados. De este modo se
produjo en mi ajetreo cotidiano una pausa inusitada y una singular sensa-
ción de ocio como no había experimentado desde que había empezado la
guerra. Por primera vez durante muchos meses pude leer un libro por el
placer de leer. Oliver Lyttelton, ministro de Estado en El Cairo, me había
regalado El Capitán Hornblower, de la Marina Real,1 que me resultó muy
entretenido. En cuanto tuve ocasión, le mandé un telegrama diciendo:
«Homblower me parece admirable», lo cual causó un gran revuelo en el
Cuartel General de Oriente Medio, en donde imaginaron que Hornblower
era el nombre cifrado de alguna operación militar especial de la que ellos
no tenían conocimiento.
Con la mar muy movida y el alcázar inservible, encontré, no obstante,
el medio de hacer bastante ejercicio recorriendo tres o cuatro veces al día
todos los compartimientos del buque y subiendo y bajando todas las esca-
las que daban acceso al puente. Por la noches celebrábamos excelentes
sesiones de cine, en las que teníamos ocasión de ver las mejores y más
recientes películas. A estas sesiones asistían mis acompañantes y los oficia-
les libres de servicio. Copio a continuación unas notas del diario personal
de sir Alexander Cadogan: «Después de cenar, proyección de la película
Lady Hamilton. Excelente. El Primer Ministro la ha visto por quinta vez,
y se ha sentido profundamente emocionado. Al terminar se dirigió a los
reunidos: Señores, creí que esta película les interesaría; en ella se narran
grandes acontecimientos, análogos a aquellos en que ustedes han estado
tomando parte.»
El viaje constituyó un agradable interludio.

Descansando en mi pequeña pero cómoda cámara en el puente, medi-


té sobre la futura batalla del desierto a la luz de los comunicados de los

1. Novela original de C. S. Forester. (Publicada por José Janés en su colección «Los Escrito-
res de Ahora».)

55
combates ocurridos en la primavera anterior, que había estudiado atenta-
mente. A consecuencia de este estudio redacté un memorándum para los
jefes de Estado Mayor, de cuya primera frase me sentí muy complacido:
«Gran renombre aguarda al general que sea el primero en reponer a la
artillería en su lugar adecuado en el campo de batalla, de donde la han
desahuciado los vehículos blindados superpesados.» Este memorándum
aparecerá en su debido lugar en la presente narración.
Mr. Attlee, que en ausencia mía actuaba como Primer Ministro Delega-
do, se sentía inquieto sobre mi inseguridad personal. Temía que el «Tir-
pitz» fuese enviado en busca y captura del «Prince of Wales» si se produ-
cía la menor filtración de noticias confidenciales.

Primer Ministro al Lord del Sello Privado. 6-Vili-41


No acierto a ver mucho daño en una filtración de noticias. Si le hacen
preguntas [en la Cámara), hay que pedir al interpelante que retire su pre:
gunta, y si insiste, la respuesta debe ser: «No creo necesario prestar atención
a un simple rumor.» En cuanto al «Tirpitz», temo que no tendremos esa
suerte, No tenga la menor duda de que Rooseveit se despedirá de nosotros
cuando emprendamos el viaje de retorno. Acabamos de reunirnos con una
hueva escolta de destructores.

Antes de salir de viaje creí que sería mejor que lord Beaverbrook trata-
ra por cuenta nuestra la cuestión relativa a los suministros americanos
para Rusia. Yo temía la pérdida de los géneros y materiales que habíamos
estado esperando y de los que teníamos tan apremiante necesidad. En
consecuencia, había dejado dispuestas las instrucciones siguientes:

Primer Ministro a sir Edward Bridges,


el general Ismay y la Oficina Privada. 3-Vlil-41
El día 10 del corriente, o fecha aproximada, un avión vendrá a reunirse-
nos, llevando seguramente a bordo a lord Beaverbrook. Éste debe traer
parte de las cartas y documentos urgentes, una selección de los telegramas
más importantes del Ministerio de Asuntos Exteriores, preferiblemente pa-
rafraseados. La selección deben hacerla personas competentes, y los pape-
les han de ser guardados en una caja lastrada a fin de que se vaya al fondo
rápidamente si algo le ocurriera al avión.
Sírvanse cuidar de que esto se ejecute.

Desde alta mar, telegrafié:

Primer Ministro a lord Beaverbrook. 7-Vill-41


Si está dispuesto a venir, cosa que me complacería enormemente, prepá-
rese a salir el 11 por la tarde o el 12 por la mañana; pero no corra innece-
sarios riesgos, se lo ruego. Tal vez sea aconsejable que usted se quede algún
tiempo en América.
Llegamos a la bahía de Placentia, en Terranova, a las 9 de la mañana
del sábado 9 de agosto.

Primer Ministro a Su Majestad el Rey. 9-VIII-41


Cumpliendo mí deber, he llegado sin percance, y me entrevistaré esta
misma mañana con el Presidente.

Una vez realizadas las cortesías navales de rigor, pasé a bordo del
«Augusta» y saludé al presidente Roosevelt, que me recibió con todos los
honores. Se mantenía en pie, apoyándose en el brazo de su hijo Elliot
mientras tocaban los himnos nacionales, y luego me dispensó la más ca-
lurosa de las bienvenidas. Yo le entregué una carta del Rey y le presenté
a los miembros de mi séquito. Las conversaciones entre el Presidente y yo
empezaron inmediatamente, junto con Mr. Sumner Welles y sir Alexan-
der Cadogan y los oficiales del Estado Mayor de ambos paises. Estas
conversaciones prosiguieron casi sin interrupción durante los restantes
días de nuestra visita, unas veces con carácter íntimo y otras en conferen-
cias más amplias.
El domingo 10 de agosto por la mañana, Roosevelt subió a bordo del
«Prince of Wales» y junto con sus oficiales de Estado Mayor y varios cen-
tenares de representantes de todas las categorías y grados de la Marina e
Infantería de marina de los Estados Unidos, asistió al servicio religioso que
se celebró en el alcázar. La ceremonia resultó profundamente emocionante
por cuanto expresaba la unidad de la fe de nuestros dos pueblos, y ningu-
no de cuantos asistieron a ella olvidará jamás el espectáculo que presen-
taba el alcázar atestado de hombres, bajo el sol matinal, con la bandera
de la Gran Bretaña y la bandera estrellada de los Estados Unidos simbóli-
camente enlazadas a ambos lados del púlpito. No olvidarán tampoco
a los sacerdotes británico y americano alternándose en la lectura de las
oraciones, a los jefes supremos de las fuerzas de tierra, mar y aire de la
Gran Bretaña y los Estados Unidos agrupados como un solo hombre de-
trás del Presidente y de mí, las apretadas filas de los marinos, leyendo en
los mismos libros y uniéndose con fervor en las plegarias y los himnos
familiares a unos y a otros.
Yo mismo elegí los himnos: «Por los que están en peligro en el mar»
y «Adelante, soldados de Cristo». Terminamos con el: «¡Oh, Dios, ayuda
nuestra en todos los tiempos!», himno que, según Macaulay nos recuerda,
cantaban los Ironsides mientras conducían el cadáver de John Hampden
a la tumba. Cada palabra nos llegaba hasta lo más profundo del corazón.
Fue una hora inolvidable. Casi la mitad de los que cantaban allí no ha-
bían de tardar en morir.
CAPÍTULO IV
LA CARTA DEL ATLÁNTICO

Mi proyecto original para la Carta del Atlántico. — en pa


tas por el Presidente. — Nuestras discusiones del día 11 — es a
de salvaguardar la preferencia imperial. — Mis comunicados a pa
Office y al Gabinete. — La pronta respuesta del Gabinete. — Las islas
del Atlántico. — Nuestro acuerdo sobre la política respecto del Japón. —
Texto definitivo de la Carta del Atlántico. — Un mensaje conjunto an-
gloamericano a Stalin. —— Mi memorándum sobre los suministros america-
nos. — Mr. Purvis muere en un accidente de aviación. — Informe del 12
de agosto al Gabinete. — Felicitaciones del Rey y del Gabinete. — Infor-
me al Primer Ministro australiano. — Viaje a Islandia. — Mi regreso a
Londres, 19 de agosto.

El presidente Roosevelt me dijo en una de nuestras primeras conver-


saciones que pensaba que sería acertado que pudiéramos redactar una
declaración conjunta sentando determinados principios generales que sir-
vieran de guía para la futura política de nuestros dos países a lo largo de
la senda común. Deseoso de dar cumplimiento a tan interesante sugeren-
cia, al día siguiente, 10 de agosto, le entregué un esbozo preliminar de la
expresada declaración. Mi texto era como sigue:

DECLARACIÓN CONJUNTA ANGLOAMERICANA


DE PRINCIPIOS
El presidente de los Estados Unidos de América y el Primer Ministro, Mr.
Churchili, en representación del gobierno de Su Majestad del Reino Unido,
habiéndose reunido para resolver y concertar los medios para garantizar la
seguridad de sus respectivos países ante la agresión nazi y los peligros que
de ella se derivan para todos los pueblos, consideran conveniente proclamar
determinados principios que ambos aceptan como guía para la estructura-
ción de su política y en las cuales fundar sus esperanzas para un
mundo
mejor para el futuro.
Primero: Sus respectivos países no aspiran a engrandecimiento
alguno,
ya sea territorial o de otra indole.
Segundo: Desean que no se realicen modificaciones territoria
les que no
estén de acuerdo con la voluntad libremente expresada de
los pueblos inte-
resados.
Tercero: Respetan el derecho de todos los pueblos a escoger
la forma de
gobierno bajo la cual quieren vivir. Sólo tienen
interés por defender los
derechos de la libertad de palabra y de pensamiento,
sin los cuales tal elec-
ción sería llusoria.

59
Cuarto: Se esforzarán por llevar a cabo una distribución leal y equitativa
de los productos esenciales, no solamente dentro de sus fronteras territoria-
les, sino entre todas las naciones del mundo.
Quinto: Aspiran a una paz que no sólo acabe para siempre con la tiranía
nazi, sino que mediante una organización internacional eficaz, proporcione
a todos los Estados y pueblos los medios de vivir seguros dentro de sus pro-
pias fronteras, y cruzar los mares y los océanos sin temor a agresiones ilega-
les y sin necesidad de mantener gravosos armamentos.

Teniendo en cuenta todas las fábulas circuladas acerca de mi ideología


reaccionaria, vaciada en los moldes del Viejo Mundo, así como la penosa
impresión que, según se dice, esto causaba en el ánimo del Presidente, me
es grato hacer constar que la sustancia y el espíritu de lo que luego reci-
bió el nombre de «Carta del Atlántico» fue en su proyecto original hechu-
ra británica moldeada con mis propias palabras.
El 11 de agosto prometía ser una jornada de intenso trabajo.

Primer Ministro al Almirantazgo. 11-VII-41


Pongan la máxima urgencia en el descifrado de los telegramas que lle-
guen desde aquí en las próximas veinticuatro horas.

Al reunirse conmigo por la mañana, el Presidente me dio un borrador


revisado, que utilizamos como base de discusión. La única diferencia
sustancial que había en él respecto de lo que yo había escrito se refería
al punto cuarto (acceso a las materias primas). El Presidente quería aña-
dir las palabras «sin discriminación y en igualdad de condiciones». Asimis-
mo, el Presidente proponía dos nuevos párrafos.

Sexto: Aspiran a una paz que establezca la seguridad para todos en los
mares y en los océanos.
Séptimo: Consideran que todas las naciones del mundo deben orientarse
por convicción hacia el abandono del empleo de la fuerza. Dado que no
será posible mantener la paz futura si las naciones que amenazan, o puedan
amenazar, con emplear la fuerza allende sus fronteras siguen utilizando
armamentos terrestres, marítimos o aéreos, creen, por lo tanto, que es ts«h
cial desarmar a dichas naciones. Asimismo propugnarán la adopción de to
das aquellas otras medidas practicables que puedan aliviar de la abrumado
ra carga de los armamentos a los pueblos amantes de la paz.

Antes de que discutiéramos este documento, el Presidente explicó que


su idea era que acaso sería oportuno publicar simultáneamente desde
Washington y Londres, el 14 de agosto, una breve declaración en el senti-
do de que el Presidente y el Primer Ministro habían celebrado conversa-
ciones en el mar, que les habían acompañado miembros de sus respectivos
Estados Mayores, que éstos habían estado discutiendo la forma de prestar
ayuda a las democracias al amparo de la Ley de Préstamo y Arriendo, y
que estas conversaciones navales y militares no guardaban la menor rela-
ción con los eventuales compromisos del futuro, excepto los autorizados
por un acuerdo del Congreso. Dicha declaración añadiría que el Primer
Ministro y el Presidente habían estado discutiendo determinados pnnci-
pios referentes a la civilización del mundo y que habían convenido una

60
declaración sobre los mismos. Yo reprobé el énfasis que una declaración
redactada en tales términos otorgaría a la ausencia de todo compromiso.
Esto podía dar materia de comentarios a la propaganda alemana y podría
al mismo tiempo ser causa del desallento de muchos neutrales y de los
países vencidos. Nosotros mismos no lo encontrábamos del todo satisfac-
torio. Esperé confiadamente, por lo tanto, que el Presidente se avendría a
limitar la declaración a su aspecto positivo, referente a la ayuda a las de-
mocracias, con mayor razón cuanto que se había escudado tras la alusión
a la Ley de Préstamo y Arriendo. El Presidente accedió.
A continuación siguió una detallada discusión del texto revisado de la
declaración conjunta. Nos pusimos rápidamente de acuerdo sobre diver-
sas modificaciones de poca monta. Las dificultades principales surgieron
a propósito de los puntos 4 y 7, en especial el primero de ellos. Referente
al mismo, hice resaltar en seguida que las palabras «sin discriminación»
podrían dar lugar a que quedaran en entredicho los acuerdos de Ottawa,
por lo cual no me consideraba autorizado para aceptarlas. Este texto de-
bía pasar necesariamente a estudio del Gobiemo británico, y, si se desea-
ba conservarlo en la forma propuesta, habría que someterlo a la aproba-
ción de los gobiernos de los Dominios. Por mi parte, abrigué pocas espe-
ranzas de que fuera aceptado. -
Mr. Sumner Welles puntualizó que aquello era precisamente el núcleo
de la cuestión y que el párrafo de referencia encarnaba el ideal por el cual
el Departamento de Estado había estado luchando durante los últimos
nueve años. No pude por menos de aludir a la experiencia británica de
seguir adicta al librecambismo por espacio de ochenta años frente a las
tarifas aduaneras cada vez más elevadas de Norteamérica. Habíamos per-
mitido que todas nuestras Colonias importaran sin limitación. Incluso el
tráfico de cabotaje en torno a la Gran Bretaña había permanecido abierto
a la competencia mundial. Todo lo que habíamos logrado en reciprocidad
fue un aumento constante del proteccionismo americano. Mr. Sumner
Welles pareció un poco cogido por sorpresa. Entonces dije que si se po-
dían insertar las palabras «con el debido respeto a sus obligaciones exis-
tentes», y si las palabras «sin discriminación» podían desaparecer, y
«Comercio» ser substituido por «mercados», yo estaría en condiciones de
someter el texto al gobierno de Su Majestad con algunas esperanzas de
que éste lo aceptara. El Presidente quedó evidentemente impresionado.
En los sucesivo, no volvió a insistir sobre este punto.
En cuanto a las líneas generales del punto 7, hice resaltar que, mien-
tras yo aceptaba el texto, la opinión pública inglesa se sentiría decepcio-
nada ante la ausencia de toda intención de establecer una organización
internacional para salvaguarda de la paz después de la guerra. Prometí esfor-
zarme por encontrar una modificación adecuada, y aquel mismo día, más
tarde, sugerí al Presidente la adición de las siguientes palabras a la segun-
da frase: «Hasta que se establezca un sistema más amplio y permanente
de seguridad general.»

Al mismo tiempo tenían lugar continuas conferencias entre los jefes


militares y navales, que desembocaron en multitud de acuerdos de amplio

61
alcance. Yo había destacado al Presidente los peligros de una incursión
alemana en la península Ibérica, y le había explicado nuestros planes
para la ocupación de las Islas Canarias —operación «Peregrino»— a fin
de contrarrestar este golpe. A continuación envié a Mr. Eden un resumen
de esta discusión:

Primer Ministro al Foreign Office. 11-ViII-41


1. El Presidente ha recibido una carta del Dr. Salazar, en la que declara
que considera las Azores como un lugar adonde retirarse él y su gobierno
en el caso de una agresión alemana contra Portugal, y que la antiquísima
alianza de su país con Inglaterra le induce a contar con la protección britá-
nica durante su forzada permanencia en dichas islas.
2. Sin embargo, si la Gran Bretaña estuviera demasiado ocupada en
otros lugares, estaría dispuesto a aceptar, en cambio, la ayuda de los Esta-
dos Unidos. El Presidente estaría muy bien dispuesto a acceder a este llama-
miento, y desearía que la Gran Bretaña, en las circunstancias previstas, pro-
pusiera al Dr. Salazar la transferencia de responsabilidades. Lo anterior se
aplicaría también a las islas de Cabo Verde.
3. Dije al Presidente que considerábamos como probable la operación
denominada «Peregrino»; que tal vez podríamos vernos forzados a interve-
nir antes de que los alemanes hubieran violado de hecho la península Ibéri-
ca, y que mientras todo esto estaría llevándose a cabo, andaríamos atareadí-
simos. Le hice resaltar que «Peregrino», posiblemente, aunque no con abso-
luta certeza, provocaría una crisis en la Península, y le pregunté si el hecho
de haber puesto nosotros en marcha los acontecimientos a causa de «Pere-
grino», podría significar algún impedimento para que aceptara la responsa-
bilidad que señalo en el párrafo 1. Contestó que ya que «Peregrino» no
afectaba para nada a Portugal, no implicaría diferencia alguna en su deter-
minación.
4. Encontraría perfectamente justificada su intervención si las islas por-
tuguesas corrieran algún peligro, y convinimos en que desde luego lo corre-
ñan si algún día llegara a ponerse en práctica el plan «Peregrino», ya que
los alemanes tendrían mucha mayor necesidad de anticipársenos.
5. En estas circunstancias no estaría menos dispuesto a acudir en ayuda
de Portugal, en las islas del Atlántico, y que a este efecto guardaría en
reserva las fuerzas necesarias.
He leído todo lo antedicho al Presidente, quien confirma que es una
exposición correcta de los hechos,

Aquel mismo día pasamos al estudio de los problemas de Extremo


Oriente, La imposición de sanciones económicas decretadas el 26 de julio
había causado un hondo trastorno en Tokio. Posiblemente ninguno de
nosotros se había dado plena cuenta de la importancia y el alcance de di-
cha medida. El príncipe Konoye trató inmediatamente de reanudar las
conversaciones diplomáticas, y el 6 de agosto el almirante Nomura, envia-
do especial japonés en Washington, presentó al Departamento de Estado
una proposición de acuerdo general. El Japón se comprometía a no reali-
zar nuevos avances en el sudeste de Asia, y se brindaba a evacuar Indo-
china en cuanto quedara zanjado el «incidente de China» (tal era el térmi-
62
no con que los japoneses describían la guerra que venían haciendo en
China desde seis años atrás). A cambio de ello, los Estados Unidos habían
de reanudar las relaciones comerciales y habían de ayudar al Japón a
conseguir todas las materias primas que necesitara del sudoeste del Pací-
fico. Era evidente que con esta serie de ofertas, concebidas en términos
por
muy suaves, el Japón pretendía consegulr cuanto le era dable lograr
sin dar nada a cambio en el futuro. A buen seguro, esto fue
el momento,
a nues-
lo máximo que Konoye logró conseguir de su gabinete. En torno
tra mesa de conferencias, a bordo del «Augusta», no hubo necesidad de
des-
discutir sobre las cuestiones de principio. Mi telegrama a Mr. Eden
a este respecto:
pués de la reunlón da cuenta exacta de lo que tratamos

Primer Ministro al ministro de Asuntos Exteriores. 11-VII-41


La posición respecto del Japón es como sigue: - o
la Pe o ral
1 El Presidente propuso hace algún tiempo al Japón
Unidos, el Ja-
de Indochina y Siam bajo la garantía conjunta de los Estados
pón, la Gran Bretaña, China y otros. La respuesta japonesa, que le será ca-
hayan
blegrafiada íntegramente tan pronto otros mensajes más urgentes
se aviene al principio de no intrusión en Siam y evacuaci ón
sido enviados,
de Indochina , pero añade un número de condicion es fundamen tal-
militar
mente inaceptables. Por ejemplo: la evacuación sólo tendrá lugar después
de haber zanjado el incidente de China, lo cual significaría la estrangulación
de Chiang Kai-shek y, más adelante, implicaría el reconocimiento de la po-
sición preponderante del Japón en dichas regiones, lo cual exigiría que los
Estados Unidos se abstuvieran de toda clase de preparativos miliares. El ob-
jeto esencial es el levantamiento de las sanciones económicas. Ñ
2. La idea del Presidente es negociar en torno a estas condiciones ina-
ceptables y procurarse así una moratoria de unos treinta días, pongamos
por caso, durante los cuales nosotros podamos mejorar nuestras posiciones
de la zona de Singapur mientras los japoneses estén condenados a perma-
necer inmóviles. Pero pondrá como condición que, entre tanto, los japone-
ses no lleven más adelante su penetración ni utilicen a Indochina como una
base para atacar a China. Mantendrá en pleno vigor las medidas económi-
cas dirigidas contra el Japón. Estas negociaciones ofrecen escasas probabili-
dades de éxito, pero el Presidente considera que el mes que con ello se
ganará, será luego de un valor incalculable. Yo le hice resaltar, desde luego,
que los japoneses faltarían a su palabra y tratarían de atacar a China o de
cortar las comunicaciones con Birmania. No obstante, puede darse por se-
guro que considerarán conveniente empezar las negociaciones sobre los tér-
minos que dejo indicados, y en vista de lo que ha ocurrido entre los Estados
Unidos y el Japón, será necesario que aceptemos este hecho.
3. En el curso de las negociaciones, el Presidente reiteraría sus propues-
tas para la neutralización de Siam, así como la de Indochina.
4. Al final de la nota que el Presidente entregará al embajador japonés
al regreso de su viaje, o sea dentro de una semana, añadirá el siguiente pá-
rrafo, sugerido por mí:

«Cualquier nueva intrusión del Japón en el sudoeste del Pacífico crea-


ría una situación tal, que el gobierno de los Estados Unidos se vería obli-
gado a adoptar contramedidas, aunque éstas pudieran conducir a la gue-
rra entre los Estados Unidos y el Japón.»

También añadirá algo en el sentido de que, siendo la Unión Soviética una

63
potencia amiga, el gobierno de los Estados Unidos estará igualmente intere.
sado en cualquier conflicto similar que surgiera en el noroeste del Pacífico,
5. Creo que todo esto en conjunto está bien, y que deberíamos asociar.
nos a ello e intentar la plena adhesión de los holandeses, ya que, o bien el
Japón rechazará las condiciones impuestas por el Presidente —es decir,
prosecución de las sanciones económicas e inmovilidad absoluta por parte
de los japoneses y no invasión de Siam—, o bien seguirá adelante con su
acción militar, negándola al mismo tiempo en el terreno diplomático.
En tal caso, la situación indicada en el otrosí final, que acabo de transcri-
bir en el párrafo 4, quedaría automáticamente creada, y se conseguirían los
mismos efectos de una declaración paralela a la norteamericana. El gobier-
no soviético debería estar informado de ello. En cuanto al gobierno chino,
sería peligroso comunicarles lo que estamos haciendo por ellos, aunque po-
dría garantizárseles en términos generales que, al hacer todo esto, hemos
tenido constantemente en cuenta los intereses de su seguridad.
6. Considerando todo lo que antecede, opino que deberíamos secundar
el plan de acción propuesto, y que deberíamos informar de ello a los Domi-
nios, haciendo resaltar que es un gran paso adelante hacia la paralización
de la agresión japonesa.

A Mr. Attlee le envié un sumario conteniendo los puntos principales en


discusión.

Primer Ministro al Lord del Sello Privado. 11-VIII-41


1. He llegado a un arreglo satisfactorio sobre el Plan Naval número 4
[por el cual la armada de los Estados Unidos asume el control de la ruta
marítima América-Islandia].
2. El Presidente está dispuesto a emprender cualquier acción auxiliar
que sea menester, simultáneamente o a consecuencia de nuestra operación
«Peregrino».
3. Tiene el propósito de negociar con el Japón a base de una moratoria
de, digamos, un mes, en el transcurso del cual el Japón no realizaría nuevos
movimientos militares en Indochina ni se inmiscuiría en Siam. Ha accedido
a cerrar su comunicación a los japoneses con una advertencia muy severa,
cuyo proyecto he elaborado yo.
4. El Presidente desea hacer pública en el momento de anunciar la ce-
lebración de nuestra entrevista, o sea el 14 o el 15 del corriente, una Decla-
ración conjunta firmada por él y por mí, en nombre del gobierno de Su Ma-
jestad, sobre los principios generales que animan a los Estados Unidos y a la
Gran Bretaña en estos momentos. Junto con la presente le envío el borra-
dor de la declaración, el cual, como usted podrá observar, no se libra de las
dificultades inherentes a esta clase de proclamaciones. La cuarta condición
necesitará, desde luego, algunas enmiendas a fin de salvaguardar las obli-
gaciones que contrajimos en Ottawa y no dañar el futuro de la Preferencia
Imperial. El problema que esto plantea podría resolverse después de la que-
rra mediante un reajuste económico general, con una rebaja decisiva de las
A tarifas aduaneras y de las barreras comerciales que hoy existen en el mun-
do. Por el momento, sin embargo, no cabe arreglarlo. Yo confío en que el
Presidente no dufará en aceptar nuestras enmiendas, llevado de su deseo
de que el acuerdo sea establecido cuanto antes.
El párrafo séptimo es notabilísimo por su realismo. No cabe duda de que
el Presidente tiene el propósito de desarmar a las naciones culpables, al
mismo tiempo que mantener los armamentos de los Estados Unidos y la
Gran Bretaña en una escala de máxima potencia tanto en el mar como en
el aire, y por un período indefinidamente largo.
Habida cuenta de nuestros puntos de vista sobre la Sociedad de Naciones
u otras organizaciones internacioanales, yo sugeriría la siguiente enmienda
después de la palabra «esencial»:

«mientras está pendiente el establecimiento de un más amplio y perma-


nente sistema de seguridad general».

El Presidente no quedará muy complacido por esto, pero concede tanta


importancia a la Declaración conjunta, al extremo de estar seguro de que
afectará por completo el movimiento de la opinión norteamericana, que
creo que al final accederá.
Sería muy imprudente por nuestra parte suscitar dificultades innecesa-
rías. Hemos de considerar este documento como una declaración provisio-
nal y parcial de los fines de querra destinada a convencer a todos los países
de la lealtad de nuestros propósitos, y no como la estructura definitiva de la
organización que deberemos edificar después de la victoria.
Debería usted convocar a todo el Gabinete de Guerra, junto con cuales-
quiera otras personas que estime necesarias, para esta noche, y le ruego
que me comunique los acuerdos del mismo sin la más breve dilación. Entre
tanto, le envío una relación completa de todos los puntos que se han trata-
do, junto con el informe de Cadogan sobre las conversaciones. Temo que el
Presidente se sentiría vivamente contrariado si no se hiciera pública la De-
claración conjunta y creo que ello podría afectar gravemente a intereses de
una importancia vital.
Tenía el propósito de emprender el regreso el día 12 por la tarde, pero
ambos hemos aplazado la partida otras veinticuatro horas.

Acabé de dictar los telegramas cuando apenas eran las dos de la tarde,
y el hecho de que en el transcurso de las doce horas siguientes, tuviera en
mis manos la respuesta favorable del Gabinete de Guerra habla muy alto
en favor de cuantos intervinieron en aquel asunto. Ulteriormente, me en-
teré de que mis telegramas no habían llegado a Londres hasta pasada la
medianoche, cuando muchos de los ministros ya estaban acostados. Sin
embargo, se convocó una reunión del Gabinete de Guerra para las dos
menos cuarto de la madrugada, a la cual nadie dejó de acudir, incluyendo
a Mr. Peter Fraser, primer ministro de Nueva Zelanda, que a la sazón se
encontraba en Inglaterra. Como resultado de la discusión me enviaron un
telegrama poco después de las cuatro de la mañana, aprobando la propo-
sición y sugiriendo una nueva versión del punto 4 (comercio mundial sin
discriminación) y la inserción de un nuevo párrafo referente a la seguri-
dad social. Entre tanto, supe que el Presidente había aceptado todas las
enmiendas que yo le había sugerido el día 11 de agosto.

El día 12 de agosto, hacia mediodía, fui a ver al Presidente para con-


certar con él el texto definitivo de la Declaración. Mostré a Mr. Roosevelt
la versión del punto 4, revisada por el Gabinete, pero él prefirió seguir fiel
a la forma ya convenida, y no quise insistir más sobre el particular. Acep-

65
tó gustoso la inserción del nuevo párrafo sobre seguridad social, que el
Gabinete deseaba. También convinimos algunas enmiendas estrictamente
verbales, y la Declaración cobró finalmente su forma definitiva.

DECLARACIÓN CONJUNTA DEL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS


UNIDOS Y EL PRIMER MINISTRO DE LA GRAN BRETANA
12 de agosto de 1941
El presidente de los Estados Unidos de América y el Primer Ministro, Mr.
Churchill, en representación del gobierno de Su Majestad del Reino Unido,
habiéndose reunido, consideran conveniente dar a conocer ciertos principios
comunes a las políticas nacionales de sus respectivos países en los que fun-
damentan sus esperanzas de un futuro mejor para el mundo. ,
Primero: Sus respectivos países no aspiran a engrandecimiento alguno,
ya sea territorial o de otra índole. .
Segundo: Desean que no se realicen modificaciones territoriales que no
estén de acuerdo con la voluntad libremente expresada de los pueblos inte-
resados.
Tercero: Respetan el derecho de todos los pueblos a escoger la forma de
gobierno bajo la cual quieren vivir; desean el restablecimiento de los dere:
chos soberanos y de autodeterminación de aquellas naciones que han sido
privadas de los mismos por la fuerza.
Cuarto: Se esforzarán, con el respeto debido a sus actuales obligaciones,
a extender el disfrute, por parte de todos los Estados, grandes o pequeños,
vencedores o vencidos, del acceso en iguales condiciones al comercio y a las
materias primas de todo el mundo que necesitan para su prosperidad eco-
nómica.
Quinto: Desean implantar la máxima colaboración entre todas las nacio-
nes en el terreno económico, con objeto de asegurar a todos mejoras en los
sistemas de trabajo, en la economía y en la seguridad social.
Sexto: Una vez destruida definitivamente la tiranía nazi, aspiran a ver es-
tablecida una paz que proporcione a todas las naciones los medios de vivir
seguras dentro de sus fronteras, y que procure a todos los hombres de todas
las tierras la seguridad de que podrán vivir sus vidas libres del temor y de la
necesidad.
Séptimo: Una paz así establecida habría de permitir a todos los hombres
atravesar sin restricción todos los mares y los océanos.
Octavo: Creen que todas las naciones del mundo, lo mismo por razones
espirituales que realistas, deben abandonar el empleo de la fuerza. Dado
que no será posible el mantenimiento de la paz futura si las naciones que
amenazan, O puedan amenazar, con emplear la fuerza allende sus fronteras,
siguen utilizando armamentos terrestres, marítimos o aéreos, creen, por lo
tanto, y mientras está pendiente el establecimiento de un más amplio y per-
manente sistema de seguridad general, que es esencial desarmar a dichas
naciones. Asimismo propugnarán todas aquellas otras medidas practicables
que puedan aliviar de la abrumadora carga de los armamentos a los pue-
blos amantes de la paz.

No fue hasta haber llegado a este acuerdo, cuando recibí el telegrama


dándome cuenta de los acuerdos de una nueva reunión del Gabinete, ce-
lebrada durante la mañana del 12 de agosto. Este telegrama exponía con
toda claridad los motivos de los temores que el Gabinete sentía a propósi-
to del punto 4. Pero yo tuve la convicción de que el texto definitivo, con

66
las palabras «con el respeto debido a sus actuales obligaciones», por ser la
clave del párrafo, salvaguardaban suficientemente nuestra posición.
La profunda y trascendental importancia de esta Declaración conjunta
era evidente. El simple hecho de que los Estados Unidos, a la sazón téc-
nicamente neutrales todavía, se unieran con una potencia beligerante
para hacer una declaración en tal sentido, ya era de por sí bastante Sd
broso. La inclusión en la misma de una referencia a «la destrucción defi-
mi pro-
nitiva de la tiranía nazi» (basada en una frase que aparecia en
a
yecto original) equivalía a un reto que en tiempos normales hubiese
plicado una acción de guerra. Finalmente , no menos sorprenden te era e
realismo del último párrafo, que constituía una clara y audaz afirmación
de que, después de la guerra, los Estados Unidos se unirian a nosotros en
la tarea de regir los asuntos mundiales hasta el establecimiento de un
orden mejor.

El Presidente y yo también redactamos un mensaje conjunto dirigido a


Stalin.

12-VIII-41
Hemos aprovechado la oportunidad que nos ha ofrecido el estudio del in-
forme de Mr Harry Hopkins a su retorno de Moscú, para decidir conjunta-
mente el mejor medio por el cual nuestros dos países pueden ayudar al
suyo en la magnífica defensa que está llevando a cabo contra la agresión
nazi. Por el momento, estamos coordinando nuestras disponibilidades para
procurarle el máximum asequible de los suministros que ustedes necesitan
con mayor urgencia. Muchos buques han salido ya de nuestros puertos con
rumbo a los suyos, y más zarparán en el futuro inmediato.
Ahora debemos consagrar nuestro pensamiento al estudio de una política
de más largo alcance en el tiempo, ya que el camino que hay que recorrer
antes de alcanzar la victoria, sin la cual nuestros esfuerzos y sacrificios se-
fían en vano, es largo y penoso.
Se lucha en muchos frentes, y antes de que la guerra acabe es posible
que surjan otros frentes que hoy aún no existen. Nuestros recursos, aunque
inmensos, son limitados, y nuestro principal problema consiste en saber en
dónde y cuándo se puede sacar mejor partido de dichos recursos para llevar
adelante nuestro común esfuerzo. Esto se aplica por un igual a los surninis-
tros de guerra y a las materias primas.
Las necesidades y demandas de sus servicios armados y de los nuestros
sólo cabe determinarlas a la luz del pleno conocimiento de los muchos fac-
tores que hay que tener en consideración en las decisiones que adoptemos.
A fin de que todos podamos estar en situación de llegar a decisiones rápidas
en cuanto al reparto de nuestros recursos conjuntos, sugerimos que prepa-
remos una reunión, a celebrar en Moscú, a la que mandaríamos altos repre-
sentantes facultados para discutir estas cuestiones directamente con usted.
Si la idea de esta conferencia le agrada, deseamos hacerle presente que,
mientras aguardamos las decisiones de la misma, continuaremos mandán-
dole suministros y materias primas con toda la rapidez posible.
No se nos oculta la importancia vital que tiene para la derrota del hitle-
rismo la bravía y tenaz resistencia de la Unión Soviética, y, por consiguient
e,
estamos percatados de que en ninguna circunstancia debemos dejar de

67
obrar con rapidez e inmediatemente en esta cuestión de planear el progra-
ma de las futuras adjudicaciones de nuestros recursos reunidos.

Lord Beaverbrook no tardó en comunicarme que aceptaba la invita-


ción que le mandé al partir de viaje. Al mismo tiempo, yo tenía necesidad
de la presencia de Mr. Purvis, que de todos modos tenía que regresar a
Washington. Consideré que la combinación de Beaverbrook y Purvis, que
en muchos aspectos representaba al Canadá, nos ofrecería una inmejora-
ble ocasión para contender con el reparto de suministros entre la Gran
Bretaña y la Unión Soviética, reparto que era deseable al mismo tiempo
que inevitable. Yo confiaba asimismo en que Beaverbrook sería capaz de
estimular y engrandecer la escala de la producción americana. Anticipán-
dome a la llegada de ambos, redacté un memorándum.
Beaverbrook y Purvis partieron de Prestwick a bordo de diferentes
aviones, con unas horas de intervalo. Fue cosa de puro azar el que cada
uno de ellos embarcara en el avión que les transportó. Beaverbrook llegó
sin percance al aeropuerto de Terranova y, tras un largo viaje por ferro-
carril, se reunió conmigo el día 12 temprano por la mañana. En cambio,
Purvis y cuantos le acompañaban murieron en uno de esos siniestros aza-
res de la fortuna que hacen que un avión choque con una montaña, vo-
lando todavía a poca altura, a los pocos minutos de haber despegado. La
muerte de Purvis significó una pérdida dolorosísima, por cuanto tenía en
sus manos los hilos de muchas cuestiones vitales de la Gran Bretaña, Es:
tados Unidos y el Canadá, y él había sido el cerebro director de su armo:
niosa combinación. Cuando Max llegó, le comuniqué la espantosa noticia.
Guardó silencio durante unos momentos, pero no hizo comentario algu-
no. Estábamos en guerra.

El telegrama siguiente resume el resultado de nuestra conferencia final:

Primer Ministro al Lord del Sello Privado. 12-VII-41


1. Sírvase dar las gracias al Gabinete por su respuesta tan asombrosa-
mente rápida. Expuse al Presidente su enmienda a la cláusula 4, pero prefi-
rió mantenerse fiel al texto ya convenido. Por mi parte, no acierto a ver nin-
guna diferencia esencial. La frase «el respeto a las actuales obligaciones»
pone a salvo nuestras relaciones con los Dominios. No acertamos a ver el
modo de insertar lo de la competencia por baratura de la mano de obra, ya
que todos los países se reservan el derecho de mantener o imponer tarifas
nacionales, según les convenga, a falta de mejores soluciones.
2. El Presidente ha aceptado cordialmente su nuevo párrafo 5, pero us-
ted observará que la referencia a la «necesidad» aparece precisamente en el
lugar donde el Presidente la quiso desde un principio, o sea, al final del pá-
rrafo 6, Se han añadido algunas florituras verbales que no afectan para
nada a la sustancia de la declaración.
3. Hernos otorgado especial importancia a la advertencia al Japón, que
constituye el meollo de la comunicación del Presidente. Era de temer que el

68
Departamento de Estado quisiera atenuarlo un poco, pero el Presidente ha
prometido concretamente emplear un lenguaje duro. ,
4. La llegada de Rusia en calidad de invitado bien venido a una mesa
mal provista así como la necesidad de grandes programas suplementarios
tanto para nosotros como para los Estados Unidos, nos obliga a considerar
como cosa imperativa la revisión y la expansión de la capacidad productora
de los Estados Unidos. El Presidente se propone pedir en breve al Congreso
otros cinco billones de dólares para la Ley de Préstamo y Arriendo, y cele-
bra la llegada de Beaverbrook a Washington. Estoy convencido de que éste
ha sido un paso práctico altamente beneficioso. Vea usted también el men-
saje conjunto Roosevelt-Churchill a nuestro amigo el viejo Joel. Creo que
los arnericanos enviarán a Harrigan como representante suyo, y yo propon-
dría que Beaverbrook fuera en nombre nuestro a Moscú, o dondequiera
que esté el gobierno ruso. No deseamos que la conferencia de Rusia empie-
ce antes de la segunda quincena de septiembre, para cuya fecha se supone
que ya sabremos en qué parajes se habrá estabilizado al frente ruso para el
invierno próximo.
5. Van a mandarnos inmediatamente otros 150.000 fusiles, y confío en
asignaciones aumentadas de bombarderos pesados y tanques. También
confío en que los americanos se harán cargo de los servicios de transportes
de una a otra orilla del Atlántico, y que la entrega de mercancías la efectua-
rán pilotos americanos tanto en Inglaterra como en África Occidental. Mu-
chos de dichos pilotos pueden quedarse entre nosotros para finalidades de
adiestramiento.
6. Su prontitud en contestarme me ha permitido emprender el regreso
hoy, día 12. El Presidente ha mandado que nos acompañe una escolta de
destructores norteamericanos, y aunque oficialmente no se les considera es-
colta, echarían su cuarto a espaldas si se terciara la ocasión. Franklin Junior
presta servicio en uno de ellos y ha sido designado oficial de enlace adjunto
a mi persona para mi estancia de un día en Islandia, en donde se efectuará
una revista conjunta de las fuerzas británicas y americanas.
7. Lord Beaverbrook sigue viaje por vía aérea hacia los Estados Unidos,
acompañado por Harriman.
8. Confío en que mis colegas considerarán que mi misión ha sido fructí-
fera. Por mi parte, estoy seguro de haber establecido calurosas y profundas
relaciones personales con nuestro gran amigo.

Antes de zarpar con dirección a la Gran Bretaña, recibí un mensaje de


felicitación del Rey. Durante el viaje contesté a éste y a otros telegramas.

Primer Ministro a Su Majestad el Rey. 13-VIN-41


Agradecidísimo a Vuestra Majestad por sus buenos deseos. El Lord del
Sello Privado le dará a conocer el texto completo de todos los telegramas
que resumen la conferencia celebrada, He establecido con el Presidente las
más cordiales relaciones personales, y confío en que Vuestra Majestad con-
currirá en que los resultados justifican mi misión. El Presidente me ha dado
una carta personal que espero entregar a Vuestra Majestad el martes, 19, a
la hora del almuerzo.

A Mr. Attlee, que me telegrafió en nombre del Gabinete, le comuniqué


lo que sigue:
:

1. Desde juego, José Staitn.

69
Primer Ministro al Lord del Sello Privado. 13-VII-41
1. Muchas gracias por su amable mensaje. Estoy encantado de que usted
difunda personalmente por radio la Declaración conjunta. Sírvase hacer re-
saltar la diferencia entre la declaración preliminar y el texto en sí, diciendo:
«Ahora voy a leer el texto oficial de la Declaración conjunta.» No creo que
haga falta incluir ningún comentario mío, ya que el anuncio se basta por sí
solo a llenar los periódicos. Yo podría hablar por radio la noche del domin-
go siguiente a mi retorno, cuando ya se conozca la reacción de los Estados
Unidos ante nuestra reunión y la Declaración conjunta. .
A la prensa se le pueden dar confidencialmente algunas instrucciones
complementarias, pero desde luego los periodistas no dejarán de advertir
que una declaración conjunta que propone la destrucción definitiva del po-
derío nazi y el desarme de las naciones agresoras, mientras los Estados Uni-
dos y la Gran Bretaña permanecen armadas, es un acontecimiento de pri-
mera magnitud. Bien estará que amigos y enemigos se empapen de esto.
2. Para información secreta de usted, sepa que el Presidente permanece-
rá en alta mar hasta terminar esta semana, al objeto de disimular mi retor-
no. Yo dije que esto era totalmente innecesario, pero él insistió.
3. Tendré mucho interés en saber cómo se reciben estas noticias.
4. He leído complacido su admirable declaración al final de la sesión.

También envié el siguiente mensaje a Mr. Menzies, primer ministro de


Australia:
15-VIII-41
Supongo que habrá visto los telegramas auténticos sobre la reunión del
Atlántico. Confío en su aprobación de lo llevado a cabo. El Presidente me
ha prometido dar el aviso al Japón en los términos convenidos. Una vez se-
pamos que lo ha hecho, debemos alinearnos a su lado y manifestar clara-
mente que si el Japón emprende una guerra contra los Estados Unidos, es-
tará también en guerra con la Gran Bretaña y la Comunidad Británica de
Naciones. Los detalles de esta cuestión los arreglaré con Eden, y se los noti-
ficaré por los conductos acostumbrados. Debe usted notar que la adverten-
cia del Presidente incluye la eventualidad de un ataque a Rusia, de suerte
que es posible que Stalin también se alinee a nuestro lado, lo mismo que los
holandeses, por supuesto. Si se puede establecer este frente combinado, que
abarcará también a China, tengo la confianza de que el Japón se estará
quieto algún tiempo. Sin embargo, es esencial emplear el lenguaje más fir-
me y la actitud más enérgica.
2. La armada de los Estados Unidos va a hacerse cargo del trayecto
atlántico que va de América a Islandia, lo que relevará a unos cincuenta
destructores y corbetas nuestros, que pronto estarán disponibles para actuar
en aguas metropolitanas y en el Atlántico del Sur.

El viaje hasta Islandia transcurrió sin incidentes, si bien en un punto fue


menester alterar el rumbo debido a haber sido señalada la presencia de
submarinos alemanes en las proximidades. Nuestra escolta incluía a dos
destructores de los Estados Unidos, a bordo de uno de los cuales prestaba
servicio el alférez Franklin D. Rooselvelt, Jr., hijo del Presidente. El día 15
nos reunimos con un convoy combinado de setenta y tres buques, con
rumbo a Inglaterra, que navegaban en perfecto orden y formación tras
una afortunada travesía del Atlántico. Fue un espectáculo alentador, y los
mercantes se regocijaron al ver de cerca al «Prince of Wales».

70
Arribamos a la isla el sábado, 16, por la mañana, y anclamos en el fior-
do de Hvals, desde donde nos trasladamos a Reykjavik a bordo de un
destructor. Al tocar el puerto, fue objeto de una bienvenida notablemente
calurosa y sonora por parte de una gran multitud, cuyas amistosas acla-
maciones fueron repetidas dondequiera que se advirtió nuestra presencia
durante nuestra estancia. El entusiasmo culminó en las escenas de nues-
tra partida, por la tarde, con un acompañamiento de gritos y aplausos tan
extraordinario como, según me aseguraron, pocas veces se había oído en
las calles de Reykjavik.
Después de una breve visita al Althingishus, en donde saludamos al
Regente y a varios miembros del gabinete islandés, procedí a revisar con-
juntamente a las fuerzas británicas y americanas. Éstas marcharon en una
larga formación en fondo de a tres, en el curso de la cual las notas del
himno de la Infantería de Marina de los Estados Unidos se grabaron tan
intensamente en mi memoria que no pude apartarlas de mi mente. Aún
dispuse de tiempo para visitar los aeródromos en construcción, asi como
los maravillosos manantiales termales y los invernaderos que éstos surten
de agua caliente. Esto me hizo pensar que se deberían usar para surtir
de calefacción pública a la capital. y hasta intenté llevar esta plan a la
práctica durante la querra. Me alegra saber que ahora ya es una realidad.
Saludé a la bandera con el hijo del Presidente a mi lado, y el desfile
constituyó nuevamente una notable demostración de la solidaridad ameri-
cana.
Al regresar al fiordo de Hvals, visité el «Ramillies» y pronuncié un dis-
curso a los representantes de las tripulaciones de los buques británicos y
americanos que estaban al ancla, entre ellos los destructores «Hecla» y
«Churchill».
Cuando las tinieblas cayeron al final de esta larga y fatigosa jornada,
zarpamos con rumbo a Scapa, a donde arribamos sin más incidentes el
día 18 temprano por la mañana. Al día siguiente llegué a Londres.
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Agosto de 1941, a
bordo del Prince of
Wallos. Roosoveit y
Churchid' cantan him-
nos roligiosos durante
ol sorviclo divino ce-
lobrado com motivo
dol encuentro de am
bos estadistas,
Roosevelt
Churchill
y después
de
la
firma
Carta
la
de
Atlán-
deltico,
CAPÍTULO V
LA AYUDA A RUSIA
El brío ruso y el invierno. — Lord Beaverbrook, adalid de la causa rusa.
— Nuestros sacrificios en municiones vitales. — La misión Beaverbrook-
Harriman. — Mi carta a Stalin del 29 de agosto. — Su respuesta. — En-
trevista con el embajador Maisky. — Un tono de amenaza. — Mi contes-
tación a Stalin. — Comunico mis inquietudes a Roosevelt. — Carta a sir
Stafford Cripps: 5 de septiembre. — Otro mensaje de Stalin. — Una su-
gestión fantástica. — Mi respuesta. — Lord Beaverbrook zarpa para Ár-
kangel a bordo del «London». — Mi carta a Stalin, del 21 de septiembre.
— La misión Beaverbrook, en Moscú. — Una recepción glacial. — Cor-
diales contactos con América. — Protocolo para los suministros a Rusia.
— Una cadena ininterrumpida de convoyes para Arkangel — Mr. Attlee
va a Washington. — Insistentes demandas de Moscú por un segundo
frente. — La crisis de la lucha en Rusia. — Mi telegrama a sir Stafford
Cripps: 28 de octubre. — Una declaración sin equívocos. — El invierno
extiende una coraza protectora para los ejércitos rusos. — El fondo
«Ayuda a Rusia» creado por mi esposa.

Dos meses habían transcurrido desde la creación del frente ruso. Los
ejércitos alemanes habían descargado pavorosos golpes contra la Unión
Soviética, pero ahora ya no todo eran rosas para los agresores. Á pesar
de sus aterradoras pérdidas, la resistencia rusa seguía siendo dura e infle-
xible. Sus soldados luchaban hasta la muerte, y sus ejércitos iban ganan-
do diariamente en experiencia y destreza. Surgían querrilleros detrás de
las vanguardias alemanas, que destruían las comunicaciones en una lu-
cha implacable y sin cuartel. La red ferroviaria rusa capturada por los ale-
manes era inservible; las carreteras se despedazaban bajo el intenso tráfi-
co, de tal suerte que después de unas lluvias éste se hacía de todo punto
imposible. Los vehículos de transporte no habían tardado en dar señales
de desgaste. Quedaban apenas tres meses antes de la llegada del temible
invierno ruso. ¿Se podría conquistar Moscú en este intervalo? Ésta era la
fatídica cuestión. Aunque Hitler seguía exultante y ensoberbecido por la
victoria de Kiev, los generales alemanes empezaban a opinar que sus pri-
mitivos temores estaban justificados. Había habido una demora de cuatro
semanas en la formación de lo que ahora se había convertido en el frente
decisivo. La tarea de «aniquilar a las fuerzas del enemigo en Rusia Blan-
ca», que había sido encomendada al Grupo de Ejércitos del Centro, se-
guía todavía sin acabar.
Pero a medida que se acercaba el otoño y con él la amenaza de una

73
crisis suprema en el frente ruso, las demandas soviéticas se hicieron cada
vez más insistentes.

Lord Beaverbrook retornó de los Estados Unidos habiendo estimulado


las ya poderosas fuerzas que propugnaban un acrecentamiento de la pro-
en el
ducción americana. No tardó en convertirse, en el seno del Gabinete,
campeón de la ayuda a Rusia. En este aspecto, lord Beaverbrook prestó
valiosísimos servicios a la causa común. Cuando recordamos las estreche-
libi-
ces que nos agobiaban mientras preparábamos la batalla del desierto
co, y la profunda ansiedad que nos ensombrecía pensando en la amenaza
lo
japonesa que gravitaba sobre Malasia y Extremo Oriente, y que todo
que mandábamos a Rusia lo sustraíamos de las necesidade s vitales del
pueblo británico, hace falta admitir que la causa de Rusia estuvo muy
brava y vehementemente defendida para que nos aviniéramos a situarla
en la cúspide de nuestro pensamiento. En aquella época procuré siempre
que todos los problemas de la guerra pesaran por un igual en mi ánimo, y
siempre compartí con mis colegas las mismas cargas que les abrumaban
a todos. Todos aceptamos con igual resignación la desagradable tarea de
exponer la seguridad de nuestras vidas y proyectos al fracaso, en benefi-
cio de nuestro aliado —arisco, insidioso, rapaz, indiferente a nuestra su-
pervivencia...
Durante el viaje de regreso de Islandia se me ocurrió pensar que cuan-
do Beaverbrook y Averell Harriman retomaran de Washington y tuviéra-
mos ocasión de dar una ojeada a las perspectivas de municiones y sumi-
nistros, ambos podrían ir a Moscú a ofrecer las cosas de que buenamente
podríamos desprendernos. Prolongadas y laboriosas discusiones tuvieron
lugar acerca de los detalles de nuestra oferta conjunta del 12 de agosto.
Los departamentos de los servicios armados decían que esto equivalía a
dejarse arrancar jirones de su propia piel. Sin embargo, nosotros reuni-
mos cuanto estuvo a nuestro alcance, y consentimos en amplias diver-
siones de suministros americanos a Rusia, suministros que nosotros nece-
sitábamos desesperadamente, pero que no vacilamos en prestar como
contribución efectiva a la resistencia de los soviets. El 28 de agosto expuse
a mis colegas de Gabinete el proyecto de enviar a lord Beaverbrook a
Moscú. El Gabinete se mostró muy dispuesto a que él presentara el caso
a Stalin, y el Presidente se consideró bien representado por Harriman.
En consecuencia, informé a lord Beaverbrook.

Primer Ministro a lord Beaverbrook. 30-VIII-41


Deseo que usted vaya a Moscú con Mr. Harriman a fin de convenir el su-
ministro a largo término de los ejércitos rusos. Este aprovisionamiento sólo
puede conseguirse descansando casi íntegramente en los recursos america-
nos, aunque nosotros tenemos aigunas disponibilidades de caucho, botas,
etcétera. Hay que hacer un nuevo pedido en gran escala a los Estados Uni-
dos. Ei ritmo del aprovisionamiento depende, ciaro está, de los puertos de
entrada y de la carestía de la navegación. Una vez ei ferrocarril de vía
estrecha de Basora al Caspio haya sido modificado en la “primavera, dis-
pondremos de una vía importante de suministro. Nuestro deber y nuestro

74
interés estriban en prestar a los rusos la máxima ayuda posible, incluso a
costa de costosos sacrificios por nuestra parte. Sin embargo, no se logrará
una gran afluencia de pertrechos y víveres hasta mediados o finales del año
1942, de suerte que los planes importantes han de referirse al año 1943. Su
misión no solamente estribará en contribuir a la formación de los planes de
ayuda a Rusia, sino en asegurarse de que con este motivo no nos desangre-
mos nosotros, y aun en el caso de que usted se deje influenciar por el am-
biente ruso, yo, desde aquí, procuraré mantenerme lo más inflexible que sea
menester. No obstante, creo que usted es el hombre adecuado para esta ta-
rea, y el instinto público ya me ha dado la razón. ,
La decisión de enviar a Harriman significa que Hopkins no se encuentra
bastante bien de salud para ir personalmente. Por el momento, no será
cuestión de mandar nosotros a Mr. Eden.
En cuanto a la fecha, estamos en manos de los americanos, pero debe-
mos procurar obrar con un espíritu de buena fe y no dar ocasión a nadie
para decir que hemos engañado a los rusos o jugado a ganar tiempo. La fe-
cha de la conferencia será menester fijarla dentro de pocos días. No creo
que quincena más o menos importe mucho, ya que el 90 por ciento del tra-
bajo de la misma consistirá en planes a largo término.

Como prefacio de esta misión, describí en términos generales la situa-


ción en una carta que dirigí a Stalin.

29-VITI-41
1. He estado indagando el modo de prestarle ayuda en su espléndida re-
sistencia, mientras aguardamos los convenios a largo término que estamos
discutiendo con los Estados Unidos, y que constituirán el tema de la Confe-
rencia de Moscú. Maisky me ha resaltado que lo que se necesita con gran
urgencia son aviones de caza, habida cuenta de las grandes pérdidas que
ustedes sufren. Vamos a expedirles los doscientos Tomahawks acerca de los
cuales le telegrafié la última vez. Nuestras dos escuadrillas deberían llegar a
Murmansk hacia el 6 de septiembre, con un total de cuarenta Hurricanes. Es-
toy seguro de que usted querrá tener presente que la aviación de caza es la
piedra angular de nuestra defensa metropolitana, además de la cual esta-
mos intentando conseguir la superioridad aérea en Libia, sin olvidar nues-
tros compromisos en Turquía, a la que deseamos atraer a nuestro lado. Sin
embargo, podria mandarle otros doscientos Hurricanes, con lo cual el total
ascendería a cuatrocientos cuarenta cazas, si sus pilotos están en situación
de emplearlos con toda eficacia. Estos últimos Hurricanes serían del tipo
equipado con cañones del 8 y del 12, que han demostrado ser fatales
para
el enemigo. Podríamos enviarle cien ahora, y dos remesas de
cincuenta
poco después a Arkangel, junto con mecánicos, instructores,
repuestos y
equipo. Entretanto, habría que tomar disposiciones para que sus
pilotos y
mecánicos empezaran a acostumbrarse al nuevo tipo de aparato,
mandán-
dolos a las escuadrillas aéreas de Murmansk. Si esto le parece
viable, desde
aquí cursaremos las órdenes pertinentes, y, entre tanto,
mandamos por tele-
grama un memorándum técnico completoa nuestra misión militar.
2. La noticia de que los persas han decidido cesar en la resistenc
ia es al-
tamente halagadora. Más que por salvaguardar los yacimien
tos petrolíferos,
nuestro objeto al penetrar en Persia ha sido procurarnos
Una nueva ruta,
que el enemigo no pueda interceptar, para establecer
contacto con ustedes.
A este propósito, hemos de reformar y mejorar el ferrocarril
que va del gol-
fo Pérsico al Caspio, y asegurarnos de que funcione con toda
regularidad
mediante refuerzos de material ferroviario sacado de la India.
El ministro de

75
Asuntos Exteriores ha dado a Maisky, para que éste las transmita a usted,
las condiciones del convenio que nos gustaría concluir con el gobierno per-
sa, a fin de tener a un amigo más y no vernos obligados a malversar varias
divisiones nada más que para la vigilancia de la línea férrea. Desde la India
se envían víveres, y si los persas se avienen a nuestras condiciones, reanu-
pe-
daremos el pago de los derechos de participación de las explotaciones
vanguar-
trolíferas que adeudamos al Sha. Damos instrucciones a nuestras
dias en el sentido de que sigan adelante hasta darse la mano con las fuerzas
fijar en algún
soviéticas en un punto que los comandantes militares pueden
el mundo se
lugar entre Hamadan y Kasvin. Sería también excelente que
estableder con-
enterara de que las fuerzas rusas y británicas han llegado a
el momento que
tacto físico. Según nuestro punto de vista, sería mejor por
ya que lo que nos
ninguno de los dos entráramos por la fuerza en Teherán,
cons-
interesa es la ruta que atraviesa el país de sur a norte. Estamos puerto
en un
truyendo una vasta base en Basora y confiamos convertirla
los cuales
bien equipado para la recepción de los suministros americanos,
Volga.
podrán así llegar sin percance a la región del Caspio y del
británica por
3. Debo expresarle nuevamente la admiración de la nación
los crimina-
la maravillosa lucha que los ejércitos y el pueblo rusos oponen a
por lo
les nazis. El general Macfarlane quedó inmensamente impresionado
Hitler no
que vio en el frente. Duros tiempos se avecinan para nosotros, pero
pasará un buen invierno bajo nuestros bombardeos cada vez más potentes.
al
Me dio gran satisfacción conocer la firmísima advertencia que usted hizo
Japón con referencia a los suministros vía Vladivostok. El presidente Roose-
velt, cuano yo le vi, parecía dispuesto a adoptar una actitud inflexible contra
nuevas agresiones japonesas tanto en el sur como en el noroeste del Pacífico,
y me apresuré a declararle que, en caso de guerra, nos encontraría a su lado.
Estoy muy deseoso de hacer en favor de Chiang Kai-shek más de lo que has-
ta ahora hemos sido capaces de hacer. No queremos entrar en guerra con el
Japón, y estoy seguro de que el único modo de evitarlo consiste en hacer ver
a esa gente, que están divididos entre sí y distan mucho de estar seguros de sí
mismos, qué clase de enemigo se encontraría enfrente.

El 4 de septiembre por la noche, M. Maisky vino a visitarme para


entregarme la respuesta de Stalin. Este fue su primer mensaje personal
desde el mes de julio. z

Stalin al Primer Ministro. 4-1X-41


Mensaje personal del premier Stalin al premier Churchill.
Le agradezco su promesa de vender! a la Unión Soviética otros 200 ca-
zas aparte de los 200 prometidos con anterioridad. No dudo de que los
aviadores soviéticos no tardarán en aprender su manejo y en ponerlos en
servicio.
Sin embargo, debo hacerle observar que estos aviones, que aparente-
mente no podemos hacer entrar rápida e inmediatamente en servicio, sino
en distintas etapas y en grupos separados, serán impotentes para producir
cambios apreciables en el frente oriental. Serán impotentes no solamente a
causa de la vasta escala en que se desarrolla la guerra, que exige el suminis-
tro continuo de gran cantidad de aviones, sino principalmente porque la si-
tuación de las fuerzas soviéticas en el transcurso de las tres últimas semanas
ha empeorado considerablemente en zonas tan importantes como Ucrania
y Leningrado.

1 Cursiva del autor.

76
El hecho cierto es que la relativa estabilización del frente que logramos
realizar hace unas tres semanas, se ha descompuesto en el curso de la pasa-
da, debido al traslado al frente oriental de 30 a 34 divisiones alemanas de
infantería de refresco y de una enorme cantidad de tanques y aviones, asi
como un gran incremento en la actividad de las 20 divisiones finlandesas y
las 26 rumanas. Los alemanes consideran la amenaza procedente del oeste
como una farsa, y están transfiriendo impunemente todas sus fuerzas al
este, convencidos de que en el oeste no hay ningún segundo frente, ni lo
habrá. Los alemanes creen perfectamente factible aplastar a sus £nemigos
uno por uno: primero Rusia, después los ingleses.
Como consecuencia, hemos perdido más de la mitad de Ucrania, y por
añadidura el enemigo se encuentra a las puertas de Leningrado.
Estas circunstancias han redundado en la pérdida de la cuenca de mineral de
hierro de Krivoi-Rog y un buen número de fábricas siderúrgicas de Ucrania;
hemos evacuado una fábrica de aluminio en el río Dnieper y otras en Tikhvin,
una fábrica de motores y dos de aviones en Ucrania, dos de motores y dos de
aviones en Leningrado. Todas estas fábricas no podrán volver a funcionar en
sus nuevos emplazamientos en menos de siete u ocho meses. ee 2
Esto ha debilitado nuestra capacidad defensiva y coloca a la Unión Sovié-
tica frente a una amenaza mortal. Surge, pues, el problema de cómo salir
de esta situación más que desfavorable. )
Creo que no hay más que un medio de salir de esta situación: establecer
en el curso de este año un segundo frente, bien sea en los Balcanes o en
Francia, capaz de sustraer del frente oriental de 30 a 40 divisiones alema-
nas, y al mismo tiempo asegurar el envío a la Unión Soviética de 30.000 to-
neladas de aluminio para primeros del próximo octubre y un socorro míni-
no mensual de 400 aviones y 500 tanques (pequeños o semipesados).
Sin estas dos formas de ayuda, la Unión Soviética será vencida o bien
quedará debilitada a tal extremo que por durante mucho tiempo perderá
toda capacidad de prestar la menor asistencia a sus aliados mediante opera-
ciones efectivas en los frentes de lucha contra el hitlerismo.
Me doy perfecta cuenta de que el presente mensaje llevará el desaliento
al ánimo de usted. Pero, ¿qué otra cosa cabe hacer? La experiencia me ha
enseñado a mirar a los hechos cara a cara por desagradables que sean, y a
no temer decir la verdad por mal acogida que pueda ser. El asunto persa se
ha resuelto muy bien. Las operaciones conjuntas de las fuerzas británicas y
soviéticas predeterminaron el desenlace. Así será en el futuro, mientras
nuestras fuerzas obren de común acuerdo. Pero lo de Persia no es más que
un simple episodio. El resultado final de la guera no se resolverá, por su-
puesto, en Persia.
La Unión Soviética, lo mismo que Inglaterra, no desea la guerra con el
Japón. La Unión Soviética no acierta a ver la posibilidad de violar los trata-
dos, entre ellos su tratado de neutralidad con el Japón. Pero si el Japón vio:
la este pacto y ataca a la Unión Soviética, encontrará la respuesta adecuada
por parte de las fuerzas soviéticas.
Finalmente, permítame que le manifieste mi agradecimiento por la admi-
ración que usted ha expresado por las gestas de las fuerzas soviéticas que
están librando una guerra sangrienta con las villanas hordas de bandidos
hitlerianos en pro de nuestra causa común de liberación.

El embajador soviético, a quien acompañaba Mr. Eden, estuvo conver-


sando conmigo por espacio de una hora y media. Puso de relieve en tér-

717
minos ásperos el hecho de que desde hacía once semanas Rusia había es-
tado soportando virtualmente sola el empuje de la arremetida alemana.
Los ejércitos rusos estaban a la sazón sufriendo el peso de un ataque de
una magnitud sin precedentes. Dijo que no quería emplear expresiones
dramáticas, pero insistió en que tal vez este momento podía ser crucial en
la Historia. Si la Rusia soviética era derrotada, ¿cómo podríamos nosotros
ganar la querra? Maisky resaltó la extrema gravedad de la crisis del frente
ruso con palabras patéticas que me conmovieron hasta lo más profundo.
Pero al presentir, de pronto, en su llamamiento un tono velado de ame-
naza, la emoción se estumó para dar paso a la cólera. Dije, pues, al emba-
jador, a quien conocía desde hacía varios años: «Recuerde usted que hace
aca-
sólo cuatro meses, aquí, en esta isla, no sabíamos siquiera si ustedes
A
barían entrando en la guerra contra nosotros y al lado de los alemanes.
decir verdad, lo considerábamos probabilísimo. Aun así, estábamos segu-
nuestra
ros de que al final ganaríamos nosotros. Nunca hemos creído que
u
supervivencia dependiera de que ustedes se inclinaran por Un bando
otro. Pase lo que pase, hagan lo que hagan, ustedes son los que menos
derecho tienen a hacernos reproches.»
Como yo me acalorara, el embajador exclamó: «Modérese, por favor,
querido Mr. Churchill», pero a partir de este momento cambió de tono os-
tensiblemente.
La discusión prosiguió sobre cuestiones ya tratadas en nuestro inter-
cambio de telegramas. El embajador abogó por un inmediato desembarco
en la costa de Francia o de los Países Bajos. Yo le expuse las razones mi-
litares por las cuales tal cosa era imposible, añadiendo que nunca signifi-
caría la menor ayuda a Rusia. Le dije que aquel mismo día había pasado
cinco horas analizando con nuestros técnicos los medios para acrecentar
notablemente la capacidad del ferrocarril transiraniano. Hablé de la
misión Beaverbrook-Harriman y de nuestra resolución de enviar a Rusia
todos los suministros de que pudiéramos disponer y transportar. Final-
mente, Mr. Eden y yo le dijimos que, por nuestra parte, estábamos dis-
puestos a significar a Finlandia nuestro propósito de declararle la guerra
si sus tropas penetraban en Rusia más allá de sus fronteras de 1918.
Maisky, naturalmente, no pudo renunciar a su llamamiento en pro de un
segundo frente, por lo que resultó inútil seguir discutiendo.

Sin pérdida de tiempo, consulté al Gabinete sobre las cuestiones plan-


teadas en esta conversación y en el mensaje de Stalin, y aquella misma
noche mandé a éste mi respuesta.

Primer Ministro a Stalin. 4-1X-41


1. Contesto en seguida ateniéndome al espíritu de su mensaje. Aunque
no nos arredran las dificultades, no hay en realidad posibilidad alguna para
una pronta acción británica en el oeste, excepto los ataques aéreos, suscep-
tíbles de obligar a los alemanes a retirar contingentes del frente oriental an
tes de la llegada del inviemo. No existe tampoco la menor posibilidad
formar un segundo frente en los Balcanes sin la ayuda de Turquía. Si .

78
lo desea, le expondré todos los motivos que han llevado a nuestros jefes de
Estado Mayor a estas conclusiones. Estos motivos ya han sido discutidos
hoy con su embajador en una conferencia a la que han asistido el ministro
de Asuntos Exteriores y los jefes de Estado Mayor. Cualquier acción, por
bien intencionada que fuera, pero sólo conducente a costosos fracasos, no
sería de ayuda para nadie más que para Hitler.
2. La información de que dispongo me da la impresión de que el punto
álgido de la violencia de la invasión alemana ya ha pasado, y que el invier-
no concederá un respiro a sus heroicos ejércitos. Esto, desde luego, no es
más que una opinión personal.
3. Suministros. Estamos perfectamente percatados de las gravosas pérdi-
das sufridas por la industria rusa y hemos hecho y se harán los máximos
esfuerzos por ayudarles. He cablegrafiado hoy al presidente Roosevelt para
que active la llegada a Londres de la misión de Mr. Harriman, y antes de la
Conferencia de Moscú procuraremos comunicarle el número de aviones y
vanques que podemos prometer enviarles conjuntamente todos los meses,
junto con los suministros de caucho, aluminio, tejidos, etc. Por nuestra par-
te, estamos dispuestos a enviarle, restándola de la producción británica, la
mitad del total mensual de aviones y tanques que usted pide. Confiamos en
que los Estados Unidos suplirán la otra mitad de sus demandas. Haremos
cuanto esté en nuestra mano por empezar inmediatamente el envío de
pertrechos a ustedes.
4. Ya hemos cursado las órdenes para proveer al ferrocarril de Persia del
material rodante a fin de elevar su actual capacidad de dos trenes diarios
en ambos sentidos, a su capacidad total, o sea, doce trenes diarios en am-
bos sentidos. A esto se llegará hacia la primavera de 1942, y entre tanto
irá mejorando incesantemente. Las locomotoras y el material rodante tie-
nen que ser enviados desde aquí rodeando El Cabo, después de adaptar
a aquéllas los dispositivos quemadores de petróleo. Asimismo, hay que
mejorar el suministro de agua a lo largo de la vía férrea. Las primeras cua-
renta y ocho locomotoras y cuatrocientos vagones de acero están a punto
de zarpar.
5. Estamos dispuestos a establecer con ustedes planes conjuntos. El que
los ejércitos británicos sean lo bastante fuertes para invadir el continente
europeo en el año 1942 debe depender de acontecimientos imprevisibles.
Sin embargo, cabe en lo posible asistirles a ustedes en el extremo norte, en
cuanto se alarguen las horas de oscuridad. Esperamos elevar a nuestos
ejércitos de Oriente Medio a un potencia de tres cuartas partes de un millón
de hombres antes de fines del presente año, y a un millón en el verano de
1942. Una vez las fuerzas germanoitalianas de Libia hayan sido destruidas,
todos estos hombres estarán disponibles para alinearse en el flanco menidio-
nal de ustedes, y con ellos confiamos en alentar a Turquía a observar cuando
menos una rigurosa neutralidad. Entre tanto, continuaremos machacando a
Alemania desde el aire con creciente dureza, así como procuraremos
conservar abiertas las rutas de los mares y la vida en esta isla.
6. En su primer párrafo, usted emplea la palabra «vender». No había-
mos enfocado la cuestión en tales términos, ni hemos pensado jamás en el
pago. Cualquiera ayuda que podamos prestarles, preferimos asentarla
sobre la misma base de camaradería en que descansa la Ley americana de
Préstamo y Arriendo, en la cual no se llevan cuentas oficiales de carácter
pecuniarjo,
7. Estamos dispuestos a ejercer sobre Finlandia cualquier presión que
esté en nuestra capacidad, incluso notificarle que le declararemos la guerra
si avanza más allá de sus antiguas fronteras. Pedimos a los Estados Unidos
que realicen todas las gestiones que puedan para convencer a Finlandia.

79
Atribuí tanta importancla a toda esta cuestión, que ue dci
cursé el slguiente telegrama al presidente Roosevelt mientras la imp
sión seguía viva en mi ánimo:

Una ex personalidad naval al presidente Roosevelt. 51X-41


Anoche el embajador soviético nos trajo a mí y a Mr. Eden el mensa
que transcribo al final, y empleó un lenguaje deliberadamente vago co pla
gravedad de la situación y el carácter decisivo que concedería a E a
Puesta. Aunque por sus palabras no cabía confirmar tal dear 1 sl ra
mos por menos de tener la impresión de que acaso los rusos podría ba
pensando en una paz separada. El Gabinete ha creído E a envi a
respuesta que también adjunto. Espero que usted no objetará nada a nu a
tras alusiones a la posible ayuda americana. Creo que la hora presente
Puede ser decisiva. Debemos hacer cuanto nos sea posible.
Con amistosos saludos.

El llamamiento soviético encontró, desde luego, el apoyo de nuestro


embajador en Moscú, a quien también envié una respuesta que me pare-
ció que podría procurarle nuevos argumentos en futuras decisiones.

Primer Ministro a sir Stafford Cripps. 5-1X-41


1. Si entrara dentro de lo posible el realizar con éxito cualquiera diver-
sión en las costas francesas o de los Países Bajos, capaz de obligar a la reti-
rada de tropas alemanas de Rusia, mandaríamos ejecutarla incluso a costa
de las más gravosas pérdidas. Todos nuestros generales están, empero, con-
vencidos de que lo único que conseguiríamos sería ser rechazados sangrien-
tamente o que aunque lográramos pequeñas infiltraciones, tendríamos que
retirarnos al cabo de pocos días. La costa francesa está fortificada hasta el
límite, y los alemanes siguen teniendo en el oeste más divisiones de las que
nosotros tenemos en lo Gran Bretaña,* aparte de un formidable apoyo de
la aviación. Los barcos necesarios para transportar a un gran ejército al
continente no existen siquiera, a menos que empleáramos muchos meses
en la maniobra. La diversión de nuestras flotillas a una operación de esta ín-
dole traería aparejada consigo la paralización del apoyo naval a nuestros
ejércitos de Oriente Medio, así como un trastorno fatal a todo el tráfico
atlántico. Significaría también la pérdida de la Batalla del Atlántico
y el
hambre y la ruina de las Islas Británicas. Nada de cuanto podríamos hacer
o
haber hecho conseguiría afectar en lo más mínimo a la lucha
en el frente
oriental. Desde el primer día en que Rusia fue agredida, no
he cesado de
presionar a los jefes de Estado Mayor para que analizaran todas
las formas
posibles de entrar en acción, pero todos se manifestaban unánimes
en el cri-
terio que he expresado más arriba.
;
2. Cuando Stalin habla de un frente en los Balcanes
, usted debería re-
cordar que incluso con los buques entonces disponibles en
el Mediterráneo,
nos fueron menester siete semanas para transportar a dos divisione
s ya
una brigada blindada a Grecia, y que desde que fuimos arrojado
s de allí, to-
dos los aeródromos de Grecia y muchos de los de las islas han
sido ocupa-
dos por las aviaciones alemana e Italiana, y están fuera
del radio de acción
de nuestras escuadrillas de caza. Me pregunto si cabe haber
olvidado las
pérdidas que sufrimos en buques mercantes y de guerra durante
las eva-
cuaciones de Grecia y Creta. La situación es mucho peor ahora
que enton-
Ces, y nuestra potencia naval es más reducida.

1. Cursiva del autor.

80
3, Cuando usted habla de un «esfuerzo sobrehumano», supongo que
quiere decir un esfuerzo superior al espacio, al tiempo y a la geografía. Des-
graciadamente, estos atributos nos están denegados.
4. La situación en el oeste sería totalmente distinta si subsistiera el frente
francés, porque en tal caso no cabe la menor duda de que la invasión de
Rusia habría sido imposible en razón de los numerosos contraataques que
nos cabría desencadenar inmediatamente. Nadie quiere recriminar nada a
nadie, pero no fue por culpa nuestra que Hitler pudo destrozar a Polonia
antes de lanzar a sus fuerzas contra Francia, o de destrozar a Francia antes
de lanzarlas contra Rusia.
5. Los cuatrocientos cincuenta aparatos de caza que hemos extraído de
nuestras reservas, hoy alarmantemente exiguas, constituyen sin duda una
gota de agua en comparación con las pérdidas sufridas por la aviación rusa.
Sin embargo, representan un doloroso y peligroso sacrificio por nuestra par-
te. Los ataques que las Reales Fuerzas Aéreas realizan día y noche se man-
tienen con nuestro potencial máximo, y el carácter nivelado de los combates
aéreos sobre la costa francesa pone de relieve el alto grado de potencia
aérea de que los alemanes disfrutan todavía en el oeste. o
6. Nada de cuanto podríamos hacer o haber hecho afectaría lo más míni-
mo la terrible batalla que se está desarrollando en los frentes rusos. Aún
estamos a tiempo de establecer convenios para proveer a la campafía de
1942. La ruta establecida a través de Persia quedará abierta y expedita muy
pronto, y todo cuanto podamos distraer de los recursos británicos, así como
de los americanos que de otro modo vendrían a parar a la Gran Bretaña,
será enviado a toda marcha. Estoy presionando al presidente Roosevelt
para que nos envíe cuanto antes a Mr. Harriman a fin de que los rusos se-
pan qué ayuda pueden esperar para 1942, con la que compensar las pérdi-
das sufridas por sus industrias de municiones y elaborar sus planes sobre
esta base. Entre tanto, contesto al telegrama de Stalin, de fecha de hoy, y
este mensaje se lo mando a usted meramente como guía. Me doy perfecta
cuenta de sus sentimientos al tener que asistir de cerca a la agonía de Rusia,
pero ni la emoción ni la simpatía pueden vencer la clase de hechos que
tenemos que arrostrar.

Atendiendo a una petición de Stalin, el 9 de septiembre envié el


siguiente telegrama a nuestro embajador en Moscú: E

Sírvase informar a M. Stalin de parte del Primer Ministro que estamos


disponiendo el suministro de 5.000 toneladas de aluminio del Canadá tan
pronto se completen los preparativos para el embarque. A continuación
efectuaremos un suministro mensual de 2.000 toneladas. Los primeros em-
barques irán vía Vladivostok, a menos que el gobierno ruso prefiera la ruta
del golfo Pérsico.

El 15 de septiembre recibí otro telegrama de Stalin:

En mi último mensaje, le expuse el punto de vista del gobierno soviético


en el sentido de que el establecimiento de un segundo frente es el remedio
fundamental para mejorar la situación con referencia a nuestra causa
común. En contestación a su telegrama, en el que usted pone una vez más
de relieve la imposibilidad de un segundo frente en estos momentos, sólo
puedo reiterarle que la ausencia de un segundo frente no hace más que
favorecer los designios de nuestro enemigo común.
No me cabe la menor duda de que el gobierno británico desea la victoria

8l
de la Unión Soviética y que busca los medios y maneras de lograr dicho fin.
Si, como ustedes opinan. es imposible en estos momentos la apertura de un
segundo frente en el oeste, ¿no habría algún otro sistema mediante el cual
prestar una ayuda militar activa a la Unión Soviética?
A mi entender, la Gran Bretaña podría desembarcar sin el menor riesgo
en Arkangel de veinticinco a treinta divisiones, O transportarlas a través del
Irán a las regiones meridionales de la URSS. De esta manera se podía esta-
blecer la colaboración militar de las tropas soviéticas y británicas en el terr-
torio de la URSS. Durante la última guerra existió una situación muy pare-
cida en Francia. La expresada medida constituiría una ayuda muy impor-
tante, al mismo tiempo que un duro golpe para la agresión hitleriana.

Es casi increíble que el jefe del gobierno ruso, con todo el asesoramien-
to de sus técnicos militares, hubiera sido capaz de escribir semejantes
absurdos. Desde luego, se hizo evidente que era inútil discutir con un
hombre en cuya mente tenían cabida conceptos tan irreales. Su telegrama
seguía diciendo así:

Le agradezco mucho su promesa de ayudarnos mediante las entregas


mensuales de aluminio, tanques y aviones.
No puedo por menos de acoger complacido la intención del gobierno bri-
tánico de prestar esta ayuda, no en la forma comercial acostumbrada, sino
sobre una base de camaradería y colaboración. Espero que el gobierno bri-
tánico tendrá oportunidades sobradas para convencerse de que el gobiemo
soviético sabe agradecer la ayuda recibida de su aliado.
Deseo hacerle una observación en relación con el memorándum entrega-
do por el embajador británico en Moscú, sir Stafford Cripps, a M. Molotov
el 12 de septiembre. En este memorándum se dice: «Si el gobierno soviético
se viera obligado a destruir las unidades navales surtas en Leningrado, a fin
de impedir que cayeran en manos del enemigo, el gobierno de Su Majestad
reconocería después de la querra el derecho dei gobierno soviético a cierta
compensación por parte del gobierno de Su Majestad, para la restauración
de los buques destruidos.»
El gobierno soviético comprende y agradece la buena disposición del go-
bierno británico a ofrecer compensaciones parciales por los daños sufridos
por la Unión Soviética en el caso de que hubiera que destruir los navíos so-
viéticos de Leningrado. Ni que decir tiene que se recurriría a tal expediente
si la necesidad obligara a ello. Sin embargo, la responsabilidad de dicha des-
trucción no sería imputable a la Gran Bretaña, sino a Alemania. Por consi-
guiente, considero que, después de la guerra, la compensación por los
daños debemos procurárnosla a expensas de Alemania.

Contesté a este telegrama lo mejor que pude.

Primer Ministro a Stalin. 17-1X-41


1. Muchas gracias por su telegrama. La misión Harriman ha llegado y
está trabajando con Beaverbrook y sus colegas. El objeto de estas conversa-
ciones es echar un repaso a todas las disponibilidades de recursos con el fin
de estar en condiciones de elaborar con ustedes un programa concreto de
remesas mensuales por cualesquiera rutas practicables, y de este modo con-
tribuir a compensar, dentro de lo que quepa, las pérdidas sufridas por las
industrias soviéticas de municiones. La idea del presidente Rooselvelt es que
este plan abarque hasta fines del mes de junio próximo, pero, naturalmente,

82
seguiremos aplicándolo en favor de ustedes hasta la victoria. Espero que la
Conferencia pueda inaugurarse en Moscú el 25 de este mes, pero no debe
dársele publicidad hasta que todos estén reunidos y a salvo. Las rutas y el
sistema de viaje de la Misión los acordaremos más adelante.
2. Concedo gran importancia a la apertura de la ruta directa del golfo
Pérsico al Caspio. no solamente por ferrocarril, sino mediante una gran
carretera, en cuya construcción esperamos asociar las energías y la organi-
zación norteamericana. Lord Beaverbrook le expondrá el plan general de
suministros y transportes; tiene estrecha relación de amistad con Harriman.
3, Todos los teatros posibles en los cuales podríamos cooperar militar-
mente con ustedes han sido analizados por los Estados Mayores. Los dos
flancos, norte y sur, presentan desde luego las perspectivas más favorables.
Si pudiéramos actuar con éxito en Noruega, la actitud de Suecia se vería
enormemente influenciada, pero en la actualidad carecemos tanto de tropas
como de barcos para la realización de este proyecto. En el sur, el gran obje-
tivo político sigue siendo Turquía. Si lográramos ganar a Turquía para
nuestra causa, dispondríamos de otro ejército potente. A Turquía le gustaría
estar a nuestro lado, pero tiene miedo, no sin motivo. Cabe la posibilidad de
que la promesa de enviar considerables fuerzas británicas y suministros de
material técnico, del que los turcos andan escasos, ejerza sobre ellos una in-
fluencia decisiva. Estudiaremos con ustedes cualquier otra forma de ayuda
eficiente, con el exclusivo objeto de aportar el máximo de energía a la lucha
contra nuestro enemigo común.
4. Estoy enteramente conforme en que las compensaciones que ustedes
consideren justas para atender a la reconstrucción de su marina de guerra
se obtengan a expensas de Alemania. La victoria nos dará sin duda el con-
trol de importantes navíos de guerra alemanes e italianos, y a nuestro pare-
cer éstos servirían admirablemente para reparar las pérdidas de la flota
rusa.

El 25 de octubre contesté a nuestro embajador refiriéndome a la fan-


tástica proposición de desembarcar de veinticinco a treinta divisiones bri-
tánicas en Arkangel o Basora.

Primer Ministro a sir Stafford Cripps [en Moscú). 25-X-41


1. Desde luego tenía usted razón en decir que la idea de enviar a «veinti-
cinco o neinta divisiones a luchar en el frente ruso» es un absurdo físico.
Necesitamos ocho meses para reunir diez divisiones en Francia, al otro lado
del canal, cuando había abundancia de barcos y pocos submarinos enemi-
gos. El envío de la 50. División a Oriente Medio nos ha costado seis meses
de luchar contra inmensas dificultades. Apelando a medidas extraordinarias.
ahora vamos a mandar a la 18. División. Todos nuestros buques están ocu-
pados, y cualquier deducción que hiciéramos para destinar algunos a otros
menesteres, tendría que hacerse a expensas de nuestros convoyes de man-
tenimiento de Oriente Medio, que son de una importancia vital, o bien a
expensas de los buques que llevan los suministros a Rusia. El margen de
navegación merced al cual vivimos y fabricamos material de querra, lo
mantenemos con angustiosas estrecheces. Además, cualesquiera tropas que
ahora mandáramos a Murmansk, quedarían inmovilizadas por todo el in-
vierno.
2. La situación del flanco meridional es la siguiente: los rusos tienen cin-
co divisiones en Persia, que nosotros estamos dispuestos a relevar. Desde

83
luego, estas divisiones deberían pasar a defender a su propio país antes de
que nosotros inutilicemos una de las escasas líneas de suministros existentes
por causa del envío y mantenimiento de nuestras fuerzas hacia el norte. Por
lo demás, sacar de aquí dos divisiones británicas completamente armadas y
situarlas en el Cáucaso o en el norte del Caspio, requeriría cuando menos
tres meses. Para entonces, no pasarían de una gota de agua más en el cubo.

Entre tanto, se celebraron en Londres las conversaciones Beavetbrook:


Harriman, y el 22 de septiembre la misión angloamericana zarpó de Sca-
pa Flow a bordo del crucero «London» con rumbo a Arkangel vía Ártico,
para proseguir después el viaje hasta Moscú en avión. Muchas cosas de-
pendían de esta misión. Di a lord Beaverbrook las instrucciones de carác-
ter general, que habían sido aprobadas por mis colegas del Gabinete de
Guerra pertenecientes al Comité de Defensa. Entregué asimismo a lord
Beaverbrook la siguiente carta para que la pusiera personalmente en ma-
nos de Stalin:

21-1xX-41
Mi querido Premier Stalin:
Las Misiones británica y americana han salido ya, y esta carta le será
entregada por lord Beaverbrook. Lord Beaverbrock goza de la plena con-
fianza del Gabinete y es uno de mis más antiguos e íntimos amigos. Ha esta-
blecido estrecho contacto con Mr. Harriman, que es una alta personalidad
americana que ha consagrado todas sus energías a la victoria de la causa
común. Uno y otro expondrán a usted todo lo que ha sido posible concertar
en el curso de activas consultas habidas entre la Gran Bretaña y ¡os Estados
Unidos.
El presidente Roosevelt ha decidido que nuestras propuestas se refieran,
ante todo, a los cupos mensuales que enviaremos a ustedes en el período de
nueve meses comprendido entre octubre de 1941 y junio de 1942, ambos
inciusive. Ustedes tienen derecho a saber exactamente lo que nos será posi-
ble remitirles cada mes, a fin de que puedan administrar debidamente sus
reservas.
La propuesta americana no abarca más allá de fines de junio de 1942,
pero yo no dudo que a partir de dicha fecha ambos podremos suministrar
cupos considerablemente más grandes, y ustedes pueden tener la seguridad
de que harernos todo cuanto esté a nuestro alcance por reparar en la medi-
da de lo posible las gravosas mutilaciones que sus industrias de guerra han
sufrido a consecuencia de la invasión nazi. No quiero anticiparme a lo que
lord Beaverbrook le dirá sobre este asunto. Observará usted que los cupos
correspondientes hasta fines de junio de 1942 se deducirán casi enteramen-
te de la producción británica, o bien de la producción que los Estados Uni-
dos nos habrían destinado en razón de compras efectuadas por nosotros o
como resultado de la Ley de Préstamo y Arriendo. Los Estados Unidos nos
habían comunicado su decisión de damos virtualmente todo su sobrante
exportable, y no les resulta fácil, dentro del indicado período de nueve me-
ses, explotar efectivamente nuevas fuentes de suministro. Tengo la esperan-
za de que se va a dar otro nuevo gran impulso a la producción industrial de
los Estados Unidos, y que en el año 1943 la poderosísima industria america-
na se habrá sumado íntegramente al esfuerzo de guerra. Por nuestra parte,
seguiremos no solamente realizando aportaciones sustancialmente acre-
centadas de elementos extraídos de nuestra producción tal como ahora la
tenemos prevista, sino que intentaremos conseguir que nuestro pueblo mul-
tiplique sus esfuerzos para atender a nuestras necesidades comunes. Usted
y en
comprenderá, no obstante, que nuestro ejército y su material, existente
programa, asciende tan sólo a una quinta o sexta parte de los de ustedes o
los de Alemania. Nuestro primer deber y necesidad es mantener abiertas las
comunicaciones marítimas: nuestro segundo deber es lograr la superioridad
decisiva en el aire. Lo antedicho tiene preferencia a todo lo demás por lo
que
que se refiere a disponer del potencial humano de las Islas Británicas,
o
es de 44 millones de almas. No podemos esperar nunca poseer un ejército
militares
una industria de guerra comparables a los de las grandes potencias
por ayu-
del continente. Con todo, haremos cuanto está a nuestro alcance
dar a ustedes.
Estado
El general Ismay, que me representa en el Comité de jefes de
mili-
Mayor y que conoce a fondo todo lo que concierne a nuestra política
pla-
tar, está autorizado para estudiar con el alto mando ruso cualesquiera
nes de cooperación práctica que dicho mando crea conveniente sugerir.
Si podemos limpiar de enemigos nuestro flanco occidental de Libia, dis-
pondremos de fuerzas considerables, de tierra, mar y aire, para cooperar en
el flanco meridional del frente ruso. Es mi opinión que la ayuda más rápida
y efectiva nos la proporcionaría Turquía si pudiéramos inducir a ésta a re-
sistirse a cualquier demanda alemana de paso de sus tropas por su territo-
rio, o mejor aún, si estuviera dispuesta a entrar en la guerra a nuestro lado.
Confío en que usted querrá meditar sobre esto.
Siempre he compartido las simpatías de ustedes por el pueblo chino en
su lucha por defender a su patria contra la agresión japonesa. Naturalmen-
te, no tenemos deseos de que el Japón se sume a nuestros enemigos, pero
la actitud de los Estados Unidos, resultante de mi conferencia con el presi-
dente Roosevelt, ha impuesto al gobierno japonés un punto de vista menos
eufórico que el de antes. Yo me apresuré a declarar en nombre del gobier-
no de Su Majestad que, de verse los Estados Unidos empujados a una gue-
rra con el Japón, la Gran Bretaña se alinearía inmediatamente a su lado.
Creo que nuestros tres países deberían continuar prestando ayuda a China
en la medida de lo posible, y opino que esto puede realizarse con cierta
extensión sin provocar una declaración japonesa de guerra.
No cabe duda de que nuestros pueblos se encuentran ante un largo pe-
ríodo de lucha y de sufrimientos, pero tengo grandes esperanzas de que los
Estados Unidos entrarán en la guerra como beligerantes y que en tal caso
nos bastará resistir para salir victoriosos.
Confío que a medida que avance la guerra, las grandes masas de los
pueblos del Imperio Británico, la Unión Soviética, los Estados Unidos y
China, que comprenden las dos terceras partes de toda la raza humana, se
encontrarán avanzando juntas contra sus actuales perseguidores, y estoy
convencido de que este camino ha de conducirles a la victoria.
Con fervientes deseos por el triunfo de los ejércitos rusos y la ruina de los
tiranos nazis, soy de usted sinceramente suyo,

WINSTON S. CHURCHILL.

¡ El 28 de septiembre nuestra misión llegó a Moscú. La acogida que se le


dispensó fue harto fría y el tono de las conversaciones no tuvo nada de
amistoso. Hublérase dicho casi que nosotros éramos los responsables del

85
apuro en que se encontraban los soviets. Los generales y funcionarios so-
viéticos no dieron ninguna clase de información a sus colegas británicos y
americanos. No les informaron siquiera de las bases que habían servido
como cálculo de las necesidades referentes a nuestro valioso material de
guerra. La misión no fue objeto de ningún agasajo oficial hasta casi la vis-
pera de su regreso, en que los componentes de la misma fueron invitados
a cenar en el Kremlin. Seña pueril creer que una ocasión de esta natura
leza, como es una cena entre hombres ocupados en los asuntos más gra-
ves del momento, no tiene nada que ver ni en nada puede afectar el pro-
greso de los asuntos en cuestión. Al contrario, muchos de los contactos
particulares que nacen de tales ocasiones contribuyen a crear el ambiente
necesario para llegar a un acuerdo. Pero a la sazón, este ambiente tenía
pocos partidarios. Parecía que éramos nosotros los que habíamos ido
a pedir favores.
Una anécdota que me contó el general lIsmay en forma apócrifa y un
tanto picante me sirve admirablemente para ilustrar este relato. Su asis
tente, un soldado de infantería de marina, recorría Moscú admirando las
vistas, acompañado por un guía del Intourist. «Esto —iba diciendo el
ruso— es el Hotel Eden, antes Hotel Ribbentrop. Aquella es la calle
Churchill, antes calle de Hitler. Allí hay la estación Beaverbrook, antes
estación Goering. ¿Quieres un cigarrillo, camarada?» A lo que el soldado
de infantería de marina replicó: «¡Gracias, camarada, antes marrano!»
Aunque en broma, este cuento no deja de reflejar con toda fidelidad el
singular ambiente de aquellas reuniones.

En contraste con todo esto, mis contactos americanos eran cada vez
más cordiales.

Una ex personalidad naval al presidente Roosevelt. 22-1X-41


Su animoso cable [a Mr. Harriman] referente a ios tanques liegó en un
momento en que nos sentíamos meiancólicos a propósito de lo que tenía-
mos que ceder a Rusia. La perspectiva de casi doblar las cifras previstas
alentó a todos. Las misiones han partido en una atmósfera de excelente
buena voluntad y camaradería.
Con amistosos saiudos.

Primer Ministro a Mr. Harry Hopkins. 25-¡X-41


1. Ahora que las misiones se encuentran camino de Moscú, tai vez sea
provechoso repasar el alcance abarcado por las conversaciones de Londres.
2. Las ofertas que ambos estamos haciendo a Rusia son necesarias y
cuantiosas. Sin embargo, no cabe desfigurar el hecho de que significan gra-
vosas mermas en lo que ustedes necesitan para la ampliación de sus fuerzas
y lo que necesitamos nosotros para intensificar nuestro esfuerzo de guerra.
Usted ya sabe por dónde nos va a doier más el zapato durante esos nueve
meses que se avecinan.
Ingleses y americanos debemos aplicar nuestros esfuerzos a salvar los ba-
ches que inevitablemente se producirán. Aquí no es probable que podamos
ampliar nuestros programas más de lo que ya tenemos previsto, pero espe-
ro con afán que ustedes podrán elevar el nivel general de los suyos median-
te un esfuerzo inmediato a plazo corto.
3, Seguramente usted ya estará enterado de que se hicieron notables
progresos en las discusiones sobre pedidos esenciales de guerra. Se redactó
un memorándum conteniendo un cálculo de las demandas eventuales, en lo
n.
que cabe preverlas, y ahora el general Embick lo va a llevar a Washingto
Todo trabajo ulterior sobre esto habrá que realizarlo en Washingto n, tenien-
do en cuenta que a lo calculado habrá que añadir lo que los rusos pedirán
para sostener su resistencia. ¿Sería posible alcanzar en la segunda mitad de
1942 la cifra de producción que ahora planeamos para la primera mitad
no solamente
de 1943? Si se triunfara en un intento de esta envergadura,
que ade-
quedarían echados los cimientos del programa de la victoria, sino
más se contribuiría en mucho, y con una rapidez que de otro modo no cabe
siquiera soñar, a satisfacer las necesidades más imperiosas de ustedes y
te la
nosotros. Al mismo tiempo nos facultaría para incrementar notablemen
ayuda a los rusos en la segunda mitad de 1942.

El 2 de octubre recibí noticias del Presidente sobre los planes america-


nos tocantes a la futura producción de tanques y aviones. De julio de
1942 a enero de 1943, los Estados Unidos adjudicarían 1.200 tanques al
mes a Inglaterra y Rusia conjuntamente, y durante el semestre siguiente
2.000 tanques al mes. La misión americana de Moscú había recibido con-
signas de prometer a los rusos 400 tanques al mes a partir de 1.* de julio,
y un aumento sobre esta cifra después de esta fecha, a consecuencia de
una conversación celebrada con nuestros representantes.
Los Estados Unidos estarían en situación de cumplir este compromiso
ampliado, ya que su producción de tanques iba en camino de duplicarse
al objeto de alcanzar la cifra de más de 2.500 tanques al mes.
El Presidente también me informó que se había comprometido a sumi-
nistrar a Rusia 3.600 aviones de primera línea entre 1.* de julio de 1942
y 12 de julio de 1943, además de los que ya había convenido.

Finalmente se llegó a un acuerdo amistoso en Moscú. Se firmó un pro-


tocolo que establecía los suministros que la Gran Bretaña y los Estados
Unidos podrían poner a disposición de Rusia en el período comprendido
entre octubre de 1941 y junio de 1942. Esto implicaba un notable trastor-
no de nuestros planes militares, ya coartados por la angustiosa escasez de
municiones. Todo el peso recaía en rigor sobre nuestros hombros, ya que
no sólo cedíamos nuestra propia producción, sino que habíamos de re-
nunciar a importantísimas expediciones de material que de otro modo los
americanos nos hubieran enviado a nosotros. Ni los americanos ni noso-
tros prometimos nada sobre el transporte de estos suministros a través de
las difíciles y peligrosas rutas del Atlántico y del Ártico. Formando con-
traste con los insultantes reproches proferidos por Stalin cuando insinua-
mos la convenlencia de que los convoyes no zarparan hasta después del
deshlelo, nótese que todo cuanto garantizamos fue que los suministros
«estarían disponibles en los centros británicos y norteamericanos de pro-
ducción». El preámbulo del protocolo terminaba con estas palabras: «La

87
Gran Bretaña y los Estados Unidos ayudarán a realizar el transporte de
estos materiales a la Unión Soviética.»
El 4 de octubre, Lord Beaverbrook me telegrafió:

Este acuerdo ha reforzado extraordinariamente la moral de Moscú. Ei


mantenimiento de esta moral dependerá de la llegada del material a su
destino.
No considero demasiado segura la situación de aquí durante los meses de
invierno. Creo firmemente que la moral será una garantía de mayor segu-
ridad.

Cedimos nuestros tesoros y éstos fueron aceptados por quienes esta-


ban luchando por su propia existencia.

Primer Ministro a lord Beoverbrook (en Moscú). 3-X-41


Cordialísimas felicitaciones a usted y a todos. La unidad y el triunfo pro-
clamados son de un valor inmenso. Nadie hubiese podido hacerlo mejor
que usted. Ahora vuelva a casa [sigue un grupo indescifrable]. Imposible
reprimir la sensación de optimismo que sentimos aquí.

Primer Ministro a lord Beaverbrook (en alta mar). 6-X-41


No hemos perdido una sola hora en dar cumplimiento a los compromisos
contraídos por usted. Acabo de mandar a Stalin el siguiente telegrama:

Primer Ministro al Premier Stalin. 6-X-41

1. Me complace enterarme por lord Beaverbrook del éxito de ia Confe-


rencia Tripartita de Moscú. Bis dat qui cito dat. Es nuestra intención mante-
ner una cadena ininterrumpida de convoyes que zarparán de aquí cada diez
días. Ya están en camino y ilegarán a Arkangei ei 12 de octubre:
20 tanques pesados.
193 cazas (cupo anterior a octubre).
Lo siguiente zarpará el 12 de octubre y llegará el 29:
140 tanques pesados.
100 Hurricanes.
200 portacañones Bren.
200 fusiles antitanque con su munición.
50 cañones de 2 libras con su munición.
El 22 de octubre zarparán:
200 cazas.
120 tanques pesados.
Estas cifras forman el total del cupo de octubre de aviones. 280 tanques
llegarán a Rusia hacia el 6 de noviembre. El cupo de octubre de portacaño-
nes Bren, fusiles antitanque y cafíones antitanque de 2 libras, llegará todo
en octubre. Hemos embarcado veinte tanques vía Persia, y otros quince es-
tán a punto de embarcar desde el Canadá vía Vladivostok. El total de tan-
ques embarcados será, por lo tanto, de 315, o sea, diecinueve menos del
cupo completo. De este déficit nos resarciremos en noviembre. El programa
expuesto no incluye los suministros procedentes de los Estados Unidos.
2. Al proyectar esta cadena regular de convoyes, contamos con que el
puerto de Arkangel podrá recibir el grueso de las entregas. Supongo que
usted ya está haciendo los preparativos del caso. Con mis mejores deseos.
Aunque el general Ismay estaba facultado y calificado para discutir y
explicar la situación militar en todas sus variantes a los cabecillas soviéti-
cos, Beaverbrook y Harriman decidieron no complicar su tarea en cues-
tiones sobre las cuales era imposible llegar a ningún acuerdo. Este aspecto
no fue, por lo tanto, tratado en Moscú. Oficiosamente, los rusos continua-
ron insistiendo en la inmediata apertura del segundo frente y parecía su-
perfluo esgrimir argumentos demostrativos de su impracticabilidad. Los
sufrimientos que les imponía la guerra les servian de excusa. Nuestro
embajador tenía que apechar con una situación delicadísima.
A la sazón corrían ya los últimos días de otoño. El 2 de octubre, el Gru-
po de Ejércitos del Centro, al mando de von Bock, reanudó el avance ha-
cia Moscú, con sus dos ejércitos marchando directos sobre la capital desde
el suroeste, y un grupo de Panzers trazando un amplio arco en ambos
flancos. Orel fue conquistado el 8 de octubre, y una semana después lo
fue Kalinin, en la carretera Moscú-Leningrado. Con sus dos flancos ame-
nazados y bajo la fuerte presión del avance alemán por el centro, el ma-
riscal Timochenko retiró sus fuerzas a una línea a cuarenta millas al oeste
de Moscú, en donde se atrincheró de nuevo para luchar. La situación de
Rusia en estos momentos era en extremo grave. El gobierno soviético, el
cuerpo diplomático y todas las industrias que fue posible desmontar, eva-
cuaron Moscú trasladándose a Kuibyshev, más de quinientas millas al
este de la capital. El 19 de octubre, Stalin proclamó el estado de sitio de
ésta y publicó una orden del día con el título «Moscú será defendida hasta
el último momento». Sus órdenes fueron fielmente obedecidas. Aunque el
grupo blindado de Guderian que conquistó Orel logró avanzar hasta
Tula; aunque Moscú quedó rodeado en tres cuartas partes y sufrió algu-
nos bombardeos aéreos, los últimos días de octubre señalaron una nota-
ble vigorización de la resistencia rusa y un paro discernible del avance
alemán.

Por mi parte, seguí animando a nuestro embajador en su tarea ingrata


y agotadora, que tenía que llevar a cabo solo y afrontando enormes difi-
cultades.

Primer Ministro a sir Stafford Cripps (Kuibyshev). 28-X-41


1. No dejo de apreciar el mérito que representa mantenerse en su difícil
situación, y todas mis simpatías van por el pueblo ruso en esta hora de
grandes sufrimientos. Desde luego, los rusos no tienen derecho a reprochar-
nos nada. Sus adversidades se las crearon ellos mismos cuando, firmando
un pacto con Ribbentrop, dejaron a Hitler suelto en Polonia y desencadena-
ron la guerra. Ellos mismos eliminaron la posibilidad de un segundo frente,
asistiendo impávidos a la destrucción del ejército francés. Si con anterioni-
dad al 22 de junio hubiesen consultado con nosotros, se hubieran podido fi-
jar muchos acuerdos para llevarles antes la ayuda que ahora les estamos
prestando en materia de municiones. Hasta que Hitler les atacó, nosotros
no sabíamos siquiera si ellos lucharian, ni en qué bando. Durante un año
entero hemos sido abandonados a nuestra suerte mientras del primero al
último los comunistas ingleses, siguiendo ódenes de Moscú, se afanaban por

89
sabotear nuestro esfuerzo de guerra. Si nos hubieran invadido an e
agosto de 1941, o hubiéramos muerto de hambre por perder bis al5 a 5
Atlántico, los rusos hubieran permanecido absolutamente indiferen a i
ellos hubiesen intervenido cuando el ataque a los Balcanes. mucho ubie-
sen podido hacer en evitación de grandes catástrofes. Pero los rusos sem:
pre dejaron que Hitler escogiera su momento y sus enemigos. Que un 0d
biemo con semejante historial pretenda acusarnos de intentar hacer con
quistas en Africa o ganar ventajas en Persia a expensas suyas, o o
estamos dispuestos a «luchar hasta el último ruso», me deja absolutamente
frío. Si abrigan sospechas de nosotros, no es más que porque en su corazón
sienten el peso y el remordimiento de sus propias culpas.
2. Nosotros hemos obrado siempre con escrupulosa honradez. Hemos
hecho más de lo que hemos podido por ayudarles, a costa de desbaratar
nuestros planes de rearme y exponiéndonos a graves riesgos para cuando
se acerque la primavera. Haremos cuanto esté a nuestro alcance que sea
razonable, pero sería una locura mandar a dos o tres divisiones británicas
o indobritánicas a tierras de Rusia para que quedaran copadas allí y hechas
pedazos en guisa de sacrificio simbólico. Rusia nunca ha sufrido escasez de
material humano y ahora tiene millones de soldados adiestrados para los
que hace falta armamento moderno. Este armamento moderno es lo que
nosotros enviamos y seguiremos enviando al límite máximo de nuestros
puertos y comunicaciones.
3. Entre tanto, nosotros seguiremos luchando con arregio a los planes
que llevamos elaborados desde hace tiempo, y que sería una locura tras
tornar. Nos hemos ofrecido a reievar las cinco divisiones rusas de Persia
septentrional mediante unidades de tropas indias capacitadas para el man-
tenimiento del orden interior, pero sin el armamento que hace falta para
plantar cara a los alemanes. Lamento que Moiotov rechace nuestra idea de
mandar fuerzas modestas al Cáucaso. Nosotros hacemos lo que podemos
para que Turquía no abandone su neutralidad amistosa y no se deje tentar
por las promesas alemanas de ganancias territoriales a costa de Rusia.
Naturalmente, no esperamos ninguna clase de gratitud de hombres que
están sufriendo tan pavoroso baqueteo y que de paso luchan con tanto
coraje, pero tampoco hemos de dejarnos inquietar por sus reproches. Por
supuesto, no hace falta que usted restriegue las heridas de ¡os rusos con la
sal de estas verdades, pero cuento con usted para hacer cuanto sea posible
en el sentido de convencer a los rusos de ia lealtad, la integridad y el valor
de la nación británica.
4. No creo que sirviera de nada que usted y Macfariane [jefe de nuestra
misión militar en Rusia] vinieran a Londres. Yo sólo podría repetirles lo que
he dicho más arriba, y espero que nunca me será exigido que discuta estas
cuestiones en público. Estoy seguro de que el deber de usted es permanecer
al lado de esa gente en estos momentos de prueba, de los que tengo la con-
vicción van a salir victoriosos. Cualquier día de éstos, Hitler puede dar el
alto en el este y volver todas sus fuerzas contra nosotros.

Y al llegar aquí podemos dejar por el momento la continuación del


drama Hitler-Stalin. El invierno cuidó de proteger a los ejércitos rusos con
la coraza de sus rigores.

Mi esposa observaba con Inquietud que nuestra incapacidad por pres-


tar la menor ayuda militar a Rusia causaba una sensible ansiedad en la

90
opinión pública, ansiedad que iba en aumento a medida que transcurrían
los meses y que las tropas alemanas avanzaban por la estepa. Yo le dije
que un segundo frente era cosa impracticable y que todo cuanto nos sería
dable hacer durante mucho tiempo, se limitaría al envío de suministros de
todas clases y en gran escala. Mr. Eden y yo la alentamos a estudiar la
posibilidad de recaudar fondos, mediante suscripciones voluntarias, para
el envío de medicamentos y material sanitario. En este aspecto, la Cruz
Roja británica y el Hospital de St. John ya habían desplegado sus activi-
dades, y mi esposa fue invitada por la comisión mixta a presidir la campa-
ña «pro ayuda a Rusia». A fines de octubre, bajo dichos auspicios, mi
esposa publicó el siguiente llamamiento:

No hay nadie en este país que no haya sentido su corazón conmoverse


hasta lo más hondo ante el drama aterrador que está teniendo lugar en
Rusia. Todos nos asombramos ante la potencia de la defensa rusa y ante la
habilidad con que ésta es dirigida. El valor, la tenacidad y el holocausto pa-
triótico del pueblo ruso han ganado nuestra admiración. Pero por encima
de todo nos hemos estremecido de horror y de compasión ante los vastos
sufrimientos humanos que esta lucha representa.

Entre los envíos que hemos efectuado a Rusia, figuran 53 equipos qui-
rúrgicos de urgencia, 30 aparatos para transfusiones sanguíneas, 70.000
agujas quirúrgicas de varias clases y un millón de tabletas de M. £: B. 693.
Este fármaco es el nuevo antiséptico maravilloso que ha revolucionado el
tratamiento de muchas enfermedades causadas por gérmenes. Hemos aña-
dido, además, media tonelada de fenacetina y unas siete toneladas de algo-
dón hidrófilo. Esto, desde luego, no es más que el comienzo.

Hemos fijado nuestra meta en un millón de libras esterlinas y hemos em-


pezado con buen pie. El fondo actual es de 370.000 libras, y sólo hace doce
días que hemos empezado. Nuestros graciosos y amados monarcas, al en-
tregar otras 3.000 libras a la Cruz Roja la semana pasada, expresaron el
FR7
¿mea
E, deseo de que 1.000 libras de su donativo fuesen adjudicadas al Fondo de
Ayuda a Rusia. Con ello han sentado un ejemplo magnífico.
Los patronos pueden ayudarnos enormemente, y en este sentido deseo
decir lo siguiente: Dondequiera que el patrono dé facilidades para empezar
la recaudación de fondos, los obreros acuden gustosos a entregar sus mo-
destos óbolos semanales. Así, desde el Rey y la Reina hasta el más humilde
asalariado, todos podemos tomar parte en este mensaje de buena voluntad
y compasión. Entre la cabaña y el palacio, entre aquellos que sólo pueden
donar unos peniques y un gran benefactor como lord Nuffield —que ha sa-
bido enviar un cheque por 50.000 libras—, hay millones de personas que
desean aportar su contribución a este homenaje al pueblo de Rusia.

La respuesta fue inmediata y generosa. Durante los cuatro años que


siguieron, mi esposa se consagró a esta tarea con entusiasmo y responsa-
bilidad. En total se recaudaron cerca de ocho millones de libras, proceden-
tes de donativos de ricos y pobres por un igual. Muchas personas acauda-
ladas contribuyeron con donativos magníficos, pero el grueso de la
suscripción provino de las aportaciones semanales de la masa trabajadora

91
de la nación. Así, mediante la poderosa organización de la Cruz Roja y el
Hospital de St. John, y a pesar de las muchas pérdidas sufridas por los
convoyes árticos, gran cantidad de suministros médicos y quirúrgicos, ma-
terial clínico e instrumentos especiales llegaron ininterrumpidamente, ven-
ciendo heladas extensiones de océano en donde la muerte acechaba a
cada paso, hasta el pueblo y los valerosos ejércitos rusos.
CAPÍTULO VI
PERSIA Y ORIENTE MEDIO

Verano y otoño de 1941

Pretensiones anglosovléticas en Persia. — Necesidad de una acción con-


junta. — Enérgico punto de vista del general Wavell. — La minuta de Mr.
Eden: 22 de julio. — Mis recelos e indagaciones. — Informe del Comité
presidido por el Lord Presidente. — Decisión de obrar de acuerdo con
Rusia. — Fuerzas contendientes. — Empieza la lucha. — El Sha se some-
te. — Condiciones impuestas al gobierno persa. — Abdicación del Sha y
advenimiento de su hijo. — Acuerdos anglosoviéticos. — Ampliación de
la nueva ruta de aprovisionamiento de Rusia. — Convoyes para Malta. —
Visión alemana de la lucha en el Mediterráneo. — Necesidad de disponer
de unidades de superficie en Malta. — Nacimiento de la «Fuerza K». —
Proyectos para una reserva móvil. — Hago un llamamiento al Presidente.
— Transportes americanos para dos divisiones británicas. — Pronta res-
puesta del Presidente. — Su ayuda en el Atlántico. — Creciente poten-
cia del ejército del Nilo. — Inquietudes de los jefes de Estado Mayor. —
Mi nota del 18 de septiembre. — Prioridad en favor de la batalla del de-
sierto. — Mi telegrama del 20 de septiembre al general Smuts. — Mi
nota sobre tácticas de batalla. — Restablecimiento de la artillena. —
Cañones contra tanques. — Protección antiaérea para las tropas de tie-
rra. — Relaciones de los jefes del ejército y de la aviación durante la
batalla.

La necesidad de expedir municiones y suministros de todas clases al


gobierno soviético y las dificultades extremas de la ruta del Artico, junto
con el cálculo de futuras posibilidades estratégicas, hicieron eminentemen-
te deseable emplear hasta el máximo las comunicaciones con Rusia a tra-
vés de Persia. Las explotaciones petrolíferas persas constituían un objeti-
vo de guerra primordial. Una activa y nutrida misión alemana se había
instalado en Teherán, y el prestigio alemán se mantenía firme y alto. La
represión de la revuelta del Irak y la ocupación anglofrancesa de Siria,
por más que se lograron por un margen muy angosto, desbarataron los
planes de Hitler en Oriente. Acogimos con satisfacción la oportunidad de
darnos las manos con los rusos y les propusimos una campaña conjunta.
Yo no me sentía libre de temores en cuanto a lanzarnos a una posible
guerra en Persia, pero los argumentos que la aconsejaban eran compulsi-
vos. Celebré mucho que el general Wavell se encontrara en la India para
dirigir los movimientos militares.

93
El 11 de julio de 1941, los jefes de Estado Mayor recibieron del Comité
de Defensa del Gabinete de Guerra la petición de estudiar la conveniencia
de una acción militar conjunta en cooperación con los rusos en Persia, en
la eventualidad de que el gobierno persa se negara a expulsar del país a
la colonia alemana a la sazón residente allí. El 18 de julio, los jefes de
Estado Mayor recomendaron que debíamos adoptar una actitud inque-
brantable al tratar con el gobierno persa. Este punto de vista también lo
sostuvo enérgicamente el general Wavell, el cual el día anterior había tele-
grafiado al Ministerio de la Guerra en los términos siguientes:

La complaciente actitud que se propone adoptar sobre Irán, me parece


incomprensible. Es esencial para la defensa de la India que el Irán quede
limpio de alemanes inmediatamente. Un fracaso en este sentido puede con-
ducirnos a una repetición de los acontecimientos que en el Irak contrarres-
tamos apenas con el tiempo justo. Es esencial que nos demos las manos
con Rusia a través del Irán, y si el actual gobierno no está dispuesto a dar
facilidades para ello, hay que obligarle a ceder el puesto a uno que lo esté.
A este fin, hay que ejercer la máxima presión posible mientras siga siendo
dudoso el desenlace de la lucha entre alemanes y rusos...

El 21 de julio, contesté al general Wavell:

El Gabinete estudiará mañana la situación persa. En general estoy de


acuerdo con su modo de ver, y desearía presentar un ultimátum a los per-
sas en nombre de la Gran Bretaña y Rusia, para que el país quede despeja-
do de alemanes sin demora, o asumir las consecuencias. La cuestión estriba
en qué fuerzas tenemos disponibles para el caso de una negativa.

Los jefes de Estado Mayor aconsejaron que la acción militar quedara


confinada a la parte sur de Persia, y que al menos necesitaríamos una di-
visión, apoyada por un pequeño destacamento de aviación, para apode-
rarnos de las explotaciones petrolíferas. Esta fuerza tendría que penetrar
en Persia desde el Irak, en donde nuestras tropas ya eran insuficientes
hasta el mantenimiento del orden interior. Concluían que si en los tres
meses siguientes había que enviar fuerzas a Persia, habría que deducirlas
de las de Oriente Medio.
En una minuta de fecha 22 de julio, el ministro de Relaciones Exterio-
res me dio a conocer sus puntos de vista sobre la situación:

He estado meditando nuevamente esta mañana sobre el problema


de
ejercer presión en el Irán (Persia). Cuanto más analizo las posibilidades
de
hacerlo, tanto más claro se me aparece que todo depende de
nuestra capa-
cidad en concentrar una fuerza suficiente en el lrak para la protección
de
las explotaciones petrolíferas del Irán. Sería altamente peligroso empezar
siquiera ejerciendo presiones económicas en espera de encontrarnos militar-
mente en posición de llevar a cabo lo antedicho, porque el Sha
conoce per-
fectamente el valor que para nosotros representan las explotacio
nes petrolí-
feras, y si ve nubes amenazadoras cernirse por nuestro lado,
es probable
que sea él quien dé el primer paso.
Han llegado hasta nosotros informes al parecer verosímiles sobre
concen-
traciones iranianas junto a la frontera rusa, en la frontera del Irak y en la
región de los pozos. Espero que no se regatearán esfuerzos por reforzar

94
cuanto antes a nuestras tropas del Irak. Si esto lo hacemos antes de que los
rusos sufran un revés grave en el sur, existen razonables probabilidades de
poder imponer nuestra voluntad a los persas sin recurrir a la fuerza. Pero
no debemos adelantarnos en el terreno diplomático más allá de lo que per-
mltan nuestras fuerzas militares, pues lo contraño equivaldría a pedir un
desastre a gritos.
Hay otro factor que resalta la necesidad de un pronto refuerzo del Irak.
De verse Rusia derrotada, tendríamos que encontrarnos a punto para Ocu-
par nosotros solos las explotaciones petrolíferas del Irán, porque en. tal
coyuntura se haría irresistible la presión alemana sobre el gobierno iraní en
el sentido de intentar arrojarmos del país.

Yo no acababa de estar convencido de que esta operación persa hubie-


ra sido objeto del estudio coordinado esencial para su eventual éxito. En
consecuencia, el 31 de julio, en la víspera de mi viaje a Placentia, cursé
instrucciones para que se creara a este fin un comité especial bajo la jefa-
tura del Lord Presidente.

Tengo la impresión de que esta operación, referente a una guerra con


Persia en el caso de la no sumisión de ésta, no ha sido estudiada con la
atención que su trascendental carácter exige. Mientras convengo en su ne-
cesidad, considero que toda esta cuestión requiere análisis, concertaciones
y acoplamientos en distintos terrenos y aspectos, como, por ejemplo, entre
el Foreign Office y el Ministerio de la Guerra, entre el mando de Oriente
Medio y el gobierno de la India. No debemos dar un solo paso adelante sin
tener planes concretos y claros para las varias eventualidades que pueden
presentarse. Por ejemplo: ¿qué ocurriría si las tropas persas estacionadas en
las cercanías de los pozos de Ahwaz secuestraran a todos los empleados de
la Anglo-Persian y los guardaran como rehenes? ¿Cuál es la actitud que se
supone adoptarán los Bahktiari y los habitantes locales? ¿Qué ocurrirá con
los residentes británicos en Teherán? ¿Existe el peligro de que destruyan las
explotaciones petrolíferas antes de que éstas caigan en nuestro poder? Te-
memos que andarnos con mucho cuidado de no cometer una atrocidad
bombardeando Teherán. Las fuerzas disponibles, ¿son lo bastante numero-
sas para ocupar los pozos de Ahwaz en caso de oposición local y oficial del
gobierno persa? ¿Hasta dónde hemos de llegar en nuestro avance ai norte?
¿De qué aeródromos disponemos? ¿Cómo asegurar el funcionamiento del
ferrocarril si los persas rehúsan ayudarnos?
Estas y otras muchas preguntas exigen ser meditadas. Sería pertinente,
pues, que el lord Presidente con los ministros de Asuntos Exteriores, Guerra
y de la India revisaran toda ia cuestión e informaran al Gabinete de Guerra
a principios de la semana próxima. Entre tanto, todas las acciones necesa-
rias de carácter preparatorio deben proseguir sin demora. Yo soy partidario
de esta política, pero su gravedad exige que no la apliquemos hasta que
hayamos estudiado detenidamente las posibles consecuencias y las situacio-
He alternativas, y hayamos elaborado y aprobado planes concretos y deta-
lados.

Temí que la similitud de nombres, Irán e lrak, fuera motivo de confu-


siones.

95
Primer Ministro al ministro de Asuntos Exteriores,
sir Edward Bridges, y el general Ismay. 2-VilI-41
En toda la correspondencia sería más conveniente emplear la palabra
«Persia» en lugar de «Irán», pues de otro modo pueden producirse peligro
sos errores debido a la similitud de Irán e Irak. En los casos en que sea pre-
ciso, la palabra «lrán» puede ponerse entre corchetes detrás de «Persia».
La correspondencia oficial con el gobierno persa debe, por supueslo,
efectuarse en la forma en que ellos prefieran.

Después amplié estas intrucciones:

Primer Ministro al ministro de Información. 29-VItI-41


Procure ir cambiando paulatinamente y sin causar confusiones la palabra
«Irán» por «Persia».

Mucho celebro que recientemente (1949) el gobierno persa haya acep-


tado oficialmente este cambio de nombre.
Durante mi ausencia, el citado comité me comunicó por telegrama los
resultados de su trabajo, que entre tanto había merecido la aprobación
del Gabinete de Guerra. En su mensaje del 6 de agosto, manifestaron cla-
ramente que los persas no se allanarían a nuestros deseos en cuanto a la
expulsión de los agentes y residentes alemanes, y que tendríamos que re-
curtir a la fuerza. La etapa siguiente consistía en coordinar nuestros pla-
nes, diplomáticos y militares, con los de Rusia. El 13 de agosto, Mr. Eden
recibió a M. Maisky en el Foreign Office, y ambos acordaron los términos
de nuestras respectivas notas a Teherán. La gestión diplomática había de
ser nuestra última palabra. M. Maisky manifestó al ministro de Asuntos
Exteriores que «después de la presentación del memorándum, el gobierno
soviético estaría dispuesto a emprender una acción militar, pero que no
la emprendería sin hacerlo conjuntamente con nosotros». A la recepción
de esta noticia, yo repliqué con un mensaje, fechado el 19 de agosto, que
decía así: «Creo que ei criterio ruso es razonable y que debemos obrar de
consuno mientras aún estamos a tiempo.»
En consecuencia, nos vimos comprometidos a obrar. En el caso de cho-
car por parte de los persas con una resistencia más fuerte de lo que ha-
bíamos anticipado, debíamos estudiar la posibilidad de reforzar en mayor
extensión la región de Oriente Medio. El 24 de agosto, en la víspera del
día fijado para nuestra penetración en Persia, envié la siguiente minuta a
los jefes de Estado Mayor:

Es esencial que inmediatamente se pongan en movimiento más refuerzos


en dirección este. ¿Es cierto que la 10. División de la India no contiene un
batallón británico por cada brigada? De serlo, hay que enviar por la ruta
más rápida tres batallones de tropas británicas para que se reúnan con el
general Quinan. Comoqulera que el general Auchinleck se propone per
manecer inactivo durante varias semanas en el desierto occidental, hay que
cursarle órdenes para que expida al este mayor número de fuerzas que las
que están convenidas. Hay que poner en movimiento ahora mismo cuando
menos el equivalente de una división extra, incluyendo los tres batallones
británicos ya citados. Si todo va bien, costará poco hacerles volver a su pun-
to de origen. Comuníquenme qué fuerzas estarán probablemente AnónE
bles en Egipto. ¿Dónde se encuentra la última brigada de la 502 División?
Desde luego, Chipre no se encuentra en peligro inmediato.

En vista de la obstinación del gobierno persa, el general Quinan, que


ostentaba el mando de Irak, había recibido órdenes el 22 de julio de
aprestarse a ocupar la refinería de Abadán y los pozos petrolíferos dd
guos, junto con otros situados 250 millas más al norte, cerca de Khana-

MAR CASPIO

OPERACIONES EN PERSIA

quin. La nota conjunta anglosoviética del 17 de agosto recibió una réplica


negativa, y la fecha de la entrada de las fuerzas rusas y británicas en Per-
sia se fijó para el día 25. Las fuerzas imperiales del sector de Abadán,
al
mando del general Harvey, se componían exclusivamente de la 83 Divi-
sión de Infantería india; en el sector de Khanaquin, al mando del general
Slim, consistían en la 9.2 Brigada Blindada, un regimiento de tanques
de
la Indla, cuatro batallones británicos y un regimiento de artillería británica.
Las fuerzas aéreas de apoyo consistían en un grupo de cooperación,
un

97
caza y una escuadrilla de bombarderos. El primer objetivo era la captura
de la explotaciones petrolíferas; el segundo, penetrar en Persia y, en coo-
peración con los rusos, dominar la red de comunicaciones del país y ase-
gurar una ruta directa al Caspio. En el frente meridional se podía esperar
la oposición de dos divisiones persas, con dieciséis tanques ligeros, y la de
tres divisiones en el norte. .
La toma de la refinería de Abadán fue llevada a cabo por una brigada
de infantería que embarcó a bordo de una unidad naval en Basora y fue
desembarcada el 25 de agosto al amanecer. Las fuerzas persas fueron co-
gidas por sorpresa, pero escaparon en camiones. Hubo alguna lucha en
las calles y se capturaron algunas pequeñas unidades navales de la flota
persa. Al mismo tiempo, otras tropas de la 82 División capturaron el
puerto de Khurramshahr atacando desde tierra, mientras otras fuerzas
eran enviadas al norte en dirección a Ahwaz, y al llegar a las cercanías de
esta localidad se recibió la noticia del «alto el fuego» dado por el Sha, por
lo que el general persa ordenó a sus tropas que regresaran a sus cuarte-
les. En el norte, la captura de las explotaciones petrolíferas se llevó
a cabo con suma facilidad, y las fuerzas del general Slim avanzaron 30
millas por la ruta de Kermanshah, hasta encontrarse en las inmediaciones
del formidable Paso de Pai-tak, el cual, de hallarse guarnecido por un pu-
ñado de hombres resueltos, acaso hubiese constituido un obstáculo insu-
perable. Al objeto de salvar esta eventualidad, fue enviada una columna a
rodear la posición por el sur. Tras vencer oposición, estas tropas alcan-
zaron Shahabad, situada en el interior de las líneas persas de defensa, el
27 de agosto. Este movimiento, combinado con algunos bombardeos, re-
sultó excesivo para los defensores del Paso, los cuales se apresuraron a
abandonar la posición. Se reanudó el avance hacia Kermanshah, y el día
28 se volvió a encontrar al enemigo apostado en una posición que atrave-
saba la carretera. Pero precisamente en el momento en que iba a lanzarse
el ataque, se presentó un oficial persa con bandera blanca, y la campaña
terminó al instante. Nuestras bajas fueron 22 muertos y 42 heridos.
Así acabó este breve y fructífero ejercicio en que poderosas fuerzas fue-
ron movilizadas contra un país débil y envejecido. La Gran Bretaña y
Rusia luchaban por su existencia. Inter arma silent leges. Podemos con-
gratularnos de que gracias a nuestra victoria, Persia haya conservado su
independencia.

La resistencia de Persia se derrumbó de modo tan fulminante, que


nuestros contactos con el Kremlin volvieron a ser casi exclusivamente po-
líticos. Nuestro principal objetivo al proponer la campaña conjunta anglo-
rrusa en Persia había sido abrir las comunicaciones desde el golfo Pérsi-
co al mar Caspio. Mediante esta cooperación directa de las fuerzas britá-
nicas y soviéticas, confiábamos asimismo establecer relaciones amistosas y
más íntimas con nuestro nuevo aliado. Habíamos convenido unánime-
mente, desde luego, la expulsión de Persla, o su captura, de todos los ale-
manes, así como barrer toda influencia alemana y acabar con las intrigas
de Teherán y otras partes. Las cuestiones más profundas y delicadas, re-

98
lativas al petróleo, la expansión del comunismo y el futuro de Persia, que-
daban pendientes y sin abordar, y a mi entender no había motivo para
que fueran un obstáculo a nuestra buena voluntad y espíritu de camara-
dería.

Primer Ministro al general Ismay,


para el Comité de jefes de Estado Mayor. 27-VHI-41
Ahora que es aparente que la oposición persa no será fuerte, deseo saber
cuáles son los planes para seguir adelante y darnos las manos con los rusos,
así como garantizar el funcionamiento del ferrocarril que ha Soo
nuestro poder. El objetivo que perseguimos no es el de quedarnos o
vigilando los pozos, sino asegurar una comunicación directa con Rusia. e
mos hecho ciertas proposiciones al Sha, pero puede rechazarlas, o puede
también que los rusos no estén conformes con ellas. En consecuencia, ¿cuá-
les son los planes para entrar en contacto con los rusos, Y cuáles son los
movimientos de tropas previstos para la semana próxima?

Primer Ministro al general Wavell. 30-VIII-41


Celebro muchísimo que la aventura persa haya prosperado. Ahora no
hay motivo que le impida volver aquí, como usted propone. Estoy muy inte-
resado en sus proyectos ferroviarios, los cuales están siendo diligentemente
estudiados aquí. 0
Todos estamos encantados de que usted haya logrado otro éxito.

La visita del general Wavell a Londres, sin embargo, tuvo que sufrir un
aplazamiento, debido a ser su presencia necesaria en Teherán. Por otra
parte, yo esperaba que gracias al hecho de hablar el ruso con facilidad,
como lo hablaba, el general se convertiría en un importante enlace con el
alto mando soviético.

Primer Ministro al general Wovell. 1-1X-41


Convengo con los jefes de Estado Mayor en que su presencia en Teherán
en estos momentos será de gran ayuda para Bullard [el ministro británico]
al tratar cuestiones militares y al procurar que la influencia rusa no rebase
unos límites razonables.

Primer Ministro a sir R. Bullard (Teherán). 3-1X-41


No podemos prever qué rumbo puede tomar la guerra en esas regiones,
pero es preciso trabajar a toda velocidad, y cueste lo que cueste, en la cons-
trucción de la mejor ruta posible que enlace directamente el golfo Pérsico
con el mar Caspio, a tin de aprovisionar a Rusia. Es muy probable que en
1942 grandes contingentes británicos operen en Persia, o desde ella, y desde
luego vamos a instalar en el país una aviación potente.
Esperamos que, cuando menos por el momento, no hará falta una ocu-
pación anglorrusa de Teherán, pero el gobierno persa debe prestarnos leal
y
fiel ayuda, así como mostrarse diligente, si quiere evitarla. Hasta el presente,
no hemos hecho nada en contra del Sha, pero estamos dispuestos a
pasarle
las cuentas de su mal gobierno, a menos que acceda a nuestras
pretensio-
nes. Aunque lo que deseamos nos gustaría conseguirlo por vía de un
acuerdo con el gobiemo persa y no queremos empujar a éste a una hostili-
dad activa, nuestros requerimientos han de ser atendidos sea como sea, y

99

pe
Pb
a
debería serle factible a usted ir consiguiendo poco a poco las facilidades que
pedimos, usando como palanca una posible ocupación rusa de Teherán. No
es menester temer indebidas intrusiones rusas, ya que su deseo supremo
será el de abrir la ruta directa para los suministros americanos.

Primer Ministro al Premier Stalin. 16-1X-41


Estoy sumamente deseoso de fijar de una vez nuestra alianza con Persia
y estabiecer un sistema de trabajo eficaz para las tareas conjuntas que
aguardan a nuestras respectivas fuerzas en Persia. Hay en este país señales
de graves desórdenes entre las tribus del interior, y es evidente el desmo-
ronamiento de la autoridad. Si se extiende el desorden, tendremos que mal-
gastar divisiones conteniendo a esa gente, lo cual significa a su vez acrecen-
tar la carga que pesa actualmente en las comunicaciones por carretera y
ferrocarril, con movimientos de tropas y suministros, cuando lo que nos in-
teresa es mantener las líneas expeditas, así como mejorarlas hasta el máxi-
mo para que los suministros lleguen hasta ustedes sin tropiezos. Nuestro
objetivo habría de ser lograr que los persas estuvieran en paz entre sí, mien-
tras nosotros proseguimos la guerra. Las decisivas indicaciones que usted
quiera cursar en este sentido apresurarán sin duda la marcha ya favorable
de nuestros asuntos en aquella región.

. . .

Primer Ministro a lord Beaverbrook (en misión en Rusia). 21-1x-41


El general Wavell se propone ir a Tiflis vía Bagdad en su viaje de retorno
a la India. Conoce y habla ei ruso, y, por lo tanto, le tengo como candidato
para dirigir, o posiblemente mandar, si las fuerzas se ampliaran a la magni-
tud suficiente, la mano derecha que vamos a prestar a los rusos en la cuen-
ca del Caspio y sus inmediaciones en la campaña que se avecina. Por lo
tanto, sería deseable que el general Wavell conferenciara con las altas auto-
ridades militares rusas acerca de la posición de su flanco meridional y de la
situación en Persia.
Este tema puede introducirlo en sus conversaciones, y procurar sacar el
máximo partido del mismo.
Primer Ministro al Premier Stolin. 12-X-41
Nuestros únicos intereses en Persia son, primero, formar una barrera
contra la penetración alemana en Oriente, y, segundo, dejar expedita la ruta
directa para los suministros destinados a la cuenca del Caspio. Si usted de-
sea retirar las cinco o seis divisiones rusas para emplearlas en el frente de
batalla, nosotros asumiremos toda la responsabilidad para el mantenimiento
del orden y la conservación y mejoras de la ruta de aprovisionamiento. Em-
peño el honor de Gran Bretaña en el sentido de que no intentaremos Ganar
ventajas en beneficio propio a expensas de cualesquiera intereses legítimos
de Rusia, ya sea durante la guerra o al final de la misma. Sea como sea, es
urgente la firma de un tratado tripartito a fin de evitar que crezca el desor-
den interior, con el consiguiente peligro de estrangular la ruta de aprovisio-
namiento. El 18 de octubre el general Wavell llegará a Tiflis y discutirá con
los generales soviéticos cualesquiera cuestiones que usted desee que le sean
sometidas,
Las palabras no me sirven para expresar lo que sentimos ante su heroica
lucha. Confiamos poder atestiguarlo muy pronto con la acción.
. . *

100
APÉNDICES
APENDICES

A Minutas y telegramas del Primer Ministro ... ... .


B Telegramas del Primer Ministro al Gobierno de Ai
tralla! ss
0 La comisión británica de pias a % pe a a
D La Conferencia Anglo-Ruso-AmericaMa ... 0... ... ...
E El dispositivo de la flota del Océano Indico... ... ... ...
F = Tanques para Oriente Medio ... ...
G = Directrices y minutas navales... emo
H = Nombramientos ministeriales en el año 1941 .
APÉNDICE A

MINUTAS Y TELEGRAMAS PERSONALES DEL PRIMER MINISTRO

Julio - Diciembre 1941

JULIO

Primer Ministro al Rey de Grecia. 1-V11-41.

He estado pensando con gran frecuencia en Vuestra Majestad durante


estos meses de tensión, de peligro y de adversidades, y ahora deseo co-
municarle cuánto ha admirado a sus muchos amigos de Inglaterra, así
como a la nación entera, el sereno comportamiento de Vuestra Majestad
en medio de semejantes vicisitudes. Una cálida acogida aguarda a Vues-
tro Majestad en esta tierra, en donde todos estamos resueltos a triunfar
o a morir. Es mi más ferviente esperanza que en los días victoriosos que
vendrán, la gloria que Grecia ha conquistado servirá para cicatrizar el
recuerdo de sus actuales sufrimientos.

Primer Ministro al general Ismay. 1-VI-41.

Los alemanes hacen mucho uso de los lanzallamas. ¿Cómo an-


damos nosotros en esta materia?

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al Primer Lord y al Primer Lord del Mar.
1-VIT-41.

Supongo que se han tomado las disposiciones efectivas para


impedir el refuerzo por mar de las fuerzas de Vichy en Siria. ¿En
qué estado se encuentra esta cuestión?

1005
Primer Ministro al ministro del Aire.
1-VIL41.
Observo que la cifra efectiva de bombas utilizadas por usted
en mayo, 2.920 toneladas, ha sido menos de la mitad de lo que
calculamos como gasto mensual para el segundo trimestre del co-
rriente año, y que a este promedio de utilización, las existencias
de que usted dispone representan el suministro de 30 meses.
Lo último que deseamos, desde luego, es encontrarnos sin borm-
bas disponibles en el momento en que ustedes estén en situación
de arrojarlas en cantidad. Pero a la luz de las cifras anteriores, es
posible que usted desee revisar los números en que ustedes cifran
sus necesidades, que a mi modo de ver pueden atribuirse en gran
parte al deseo de acumular una reserva de seis meses.
A menos que usted tenga una seguridad «absoluta de que se va
a hacer un empleo total de esas grandes cántidades, deberíamos
estudiar la conveniencia de transferir a otros usos una parte de
la capacidad de producción representada por las repetidas cifras.

Primer Ministro al ministro de la Alimentación. 2-VII-41.

Me alegro de que ese plan sobre los huevos que atribuyen a usted
no sea el plan que usted tenía pensado. Siempre es difícil conser-
var el equilibrio entre la necesidad de aumentar el total de los
suministros de víveres y la necesidad de mantener una distribución
equitativa. No deberíamos ser demasiado duros con el individuo
particular que aumenta sus suministros gracias a sus propios es-
fuerzos productivos.
Es muy satisfactorio que mejoren las perspectivas de la carne,
y espero que las presiones que hacemos cerca de los Estados Uni-
dos para que incrementen su producción de carne de cerdo nos per-
mitirán aumentar la ración dentro de poco sin el riesgo de tener
que reducirla después.
No queremos crear resentimientos entre los campesinos obli-
gándoles a matar ganado que pueden engordar sin recurrir a pro-

1006
ductos alimenticios de importación. Por otra parte, desde luego,
no es justo que el país pase hambre sólo porque a los campesinos
no les dé la gana de Jlevar sus bestias al mercado. No cabe duda
de que, junto con el Ministerio de Agricultura, y ajustándose a
una política de precios preparada con cuidado, cabría elaborar un
plan mediante el cual asegurar la máxima continuidad posible
del suministro de carnes, compatible con los factores de estación.
En cuanto al trigo, la cuestión que yo tenía en el pensamiento
no se refería tanto a las existencias como al peligro de caer en
un círculo vicioso: la gente come más pan debido a la escasez
de carne, y en consecuencia le obligan a usted a importar más
trigo, con lo que se reduce el espacio disponible en los buques para
otros víveres. No creo que exista el peligro de que el enemigo
destruya las cosechas de este año. Hemos comprobado que es muy
difícil prender fuego a las cosechas, y si usted pregunta al Mi
nisteria del Aire, le explicarán por qué el rocío dificulta más la
tarea en este país que en el Continente.

Primer Ministro al ministro de la Guerra y al jefe del Estado


Mayor General Imperial. 3-VII-41.

1. Al formar una gran fuerza blindada como la que tenemos


en proyecto, sin que al mismo tiempo discontinuemos nuestro es-
fuerzo de guerra, hace falta un gran elemento de improvisación,
y éste se aplica de un modo especial a las formaciones más atra-
sadas. Cabe dudar que la organización divisional sea la adecuada
para las tropas blindadas, y acaso sería mejor, tanto operativa como
administrativamente, un sistema de grupos de brigada, completos
cada uno por sí. Fácilmente se ve lo defectuoso del sistema divi-
sional cuando la 7.* División Blindada, una de nuestras unidades
blindadas mejor adiestradas, entra en fuego «con una brigada me-
nos», cuando de hecho sólo consta de dos, más ciertos elementos
complementarios. Sin embargo, dondequiera que las formaciones
divisionales se han ido formando y aguerriéndose, las condiciones
en que se desarrolla la guerra desaconsejan las confusiones deriva
1007
bles de un cambio. El caso es, empero, diferente en
lo que atañe
a las formaciones atrasadas. Estas habrían de formarse
cohetren-
temente en calidad de grupos de brigada, pertrechados
con las
mejores armas de que a la sazón se disponga, y
adiestrados gra-
dualmente mediante el aumento de su cupo de vehículos blindados
de último modelo. Habría que cuidar de un modo especial que en
cada una de las fases de su adiestramiento, estos grupos adquirie-
ran un valor combativo definido. Es posible que
no quepa dar
a todos los grupos blindados de brigada el mismo equipo al mismo
tiempo. No tendrán más remedio que aceptar lo que les den y
sacar de ello el máximo partido. Por ejemplo, al formar una bri-
gada nueva o atrasada en este país, ésta debería recibir ante todo
un complemento entero de carros blindados o portacañones Bren,
e inmediatamente habría de formarse un «espíritu de brigada».
Habría que adiestrarlos en ejercicios regimentales y de brigada
exactamente como si se tratara de formaciones blindadas equipa-
das al completo. Esto es especialmente importante en lo tocante
a todos los servicios de telegrafía inalámbrica. En un caso de
apuro, estos servicios deberían actuar como una unidad motoriza-
da de ametralladoras. A medida que los tanques adecuados estén
disponibles, habría que destinarlos a los regimientos: como si se
tratara de una célula o núcleo destinado a crecer, hasta que final-
mente los hombres estén acostumbrados a cuidar de sus vehículos
y se hayan adiestrado perfectamente en maniobras de formaciones
compuestas por brigadas blindadas. Eventualmente serían equipa-
dos al completo con cualesquiera tanques que hubiera disponibles,
los cuales serían substituídos después por modelos más recien
tes
a medida que nos fueran entregados o les sean transferidos
desde
otras formaciones mejor equipadas. De esa suerte eliminaría
mos
gradualmente a todo el personal no acostumbrado a los tanque
s,
se incrementaría la instrucción en la táctica tamquista y las
for-
maciones mantendrían un valor permanente práctico para
el caso
de cualquier necesidad imprevista.
2. Distintas son, empero, las circunstancias que califican el
caso de la División de Caballería, que ha permanecido tanto tiempo
en Palestina, inefectiva como factor militar. Esta División de Ca-

1008
ballería habría de ser reorganizada, tan pronto lo permitieran las
circunstancias anormales de la guerra, en dos brigadas, cada una
de las cuales habría de constar de tres regimientos tanquistas, doce
cañones motorizados, un regimiento motorizado de ametralladoras
y servicios auxiliares. La formación de dichas dos brigadas blinda-
das habría de gozar de alta prioridad, anticipándose desde luego a
las de cualesquiera otras unidades blindadas británicas más atra-
sadas, Sería altamente conveniente que estas dos brigadas pudieran,
ante todo, transformarse de meras unidades motorizadas de ame-
tralladoras en unidades tanquistas mediante la recepción de algu-
nos de los tanques ligeros semipesados que han empezado a llegar
de los Estados Unidos. El presidente Roosevelt me ha informado
de que ha adjudicado (aparte de los sesenta ya en camino y otros)
200 tanques ligeros de crucero para embarcar en buques america-
nos con destino a Suez, en el transcurso de los próximos meses.
El resto de los diversos regimientos podría continuar utilizando
pro tem. los carros blindados o portacañones Bren con que han
empezado a trabajar. El acoplamiento de estas excelentes tropas y
de ese regalo de 200 tanques ligeros de crucero americanos, con
que no contábamos, habría de resultaz en la creación de dos uni-
dades de brigada blindadas magníficamente adaptadas para la gue-
rra en Palestina, Siria e Irak, en una fecha muy anterior a la que
cabría esperar de cualquier otra unidad de un valor combativo
igual.

Primer Ministro al Mayor Morton. 6-VIT41.


Sirvase comprobar que se haga una lista de los jóvenes franceses
sentenciados por los tribunales de Vichy a encarcelamiento por
sus
simpatías degaullistas en Francia y en Marruecos, de suerte
que
más adelante podamos ocuparnos de ellos,

11-33 1009
Todos los acuerdos en que participó Rusia se establecieron pronto y sin
tropiezos. Las condiciones impuestas a los persas eran, principalmente, el
d en
cese de toda resistencia, la expulsión de los alemanes, neutralida
la guerra y la utilización, por parte de los aliados, de la red de comunica-
ciones de Persia para el tránsito de suministros de guerra a Rusia. Las
y
fuerzas británicas y rusas establecieron contacto sin el menor incidente
conjuntamente ocuparon Teherán el 17 de septiembre. La víspera, el Sha
había abdicado en favor de su hijo, un joven de veintidós años, inteligente
y dotado. El 20 de septiembre, el nuevo Sha, siguiendo un consejo de los
aliados, restauró la monarquía constitucional, y poco después su padre
de
partió para el destierro, en Johannesburgo, en donde murió en elmes
julio de 1944. La mayoría de nuestras fuerzas se retiraron del país, dejan-
do tan sólo destacamentos para la vigilancia de las comunicaciones, y
Teherán fue evacuada por británicos y rusos el 18 de octubre. Subsiguien-
temente, nuestras fuerzas, mandadas por el general Quinan, trabajaron
in-
activamente en la construcción de defensas para prevenir una posible
cursión de los ejércitos alemanes desde Turquía o el Cáucaso, y en la pre-
paración de las medidas administrativas necesañas para los grandes
refuerzos que sería menester trasladar a Persia en el caso de que la incur-
sión pareciera inminente. ]
Nuestro objetivo primordial fue la creación de una ruta de gran capaci-
dad para el aprovisionamiento de Rusia partiendo del golfo Pérsico. Mer-
ced a la circunstancia de ser el gobierno de Teherán un aliado virtual, los
puertos persas fueron ampliados, las comunicaciones fluviales mejoradas,
se construyeron carreteras y reconstruyeron los ferrocarriles. Habiendo
empezado en septiembre de 1941, esta empresa, iniciada y fomentada por
el ejército británico, y después adoptada y terminada por los Estados Uni-
dos, nos permitió enviar a Rusia, durante un período de cuatro años
y medio, cinco millones de toneladas de suministros.

Ahora podemos volver al teatro de guerra principal, o sea, el Medite-


rráneo.
Ambos bandos aprovecharon el verano para reforzar a sus ejércitos del
desierto líbico. Para nosotros, era de una importancia vital el aprovisiona-
miento de Malta. La pérdida de Creta había privado a la flota del almi-
rante Cunningham de una base de repostación lo bastante cercana para
permitir a nuestras unidades navales de protección tomar parte en las ac-
ciones de guerra. Por otra parte, aumentaba de día en día la posibilidad
de que el enemigo efectuara contra Malta un asalto partiendo de ltalia o
de Sicilia; sin embargo, ahora sabemos que hasta 1942 Hitler y Mussolini
no dieron su aprobación a semejante plan. Las bases aéreas enemigas,
tanto de Creta como de Cirenaica, amenazaban a la ruta seguida por los
E
SS
SS
AS
convoyes de Alejandría a Malta, y esta amenaza llegó a revestir caracteres
tan alarmantes. que hubimos de depender por completo de la ruta opues-
a ta, o sea, la que tenía origen en puertos del Mediterráneo occidental, para
el paso de suministros destinados a Malta. En esta tarea prestó distingui-
dos servicios el almirante Somerville, con su Fuerza H, basada en Gibral-

101
(A ejecutar boy mismo.)
Primer Ministro al jefe del Estado Maycr General Imperial.
6-VIL-41.
1. Hace ya casi seis meses que usted y el señor Eden fueron
a El Cairo, con el encargo, inter alía, de emitir un informe sobre
la economía interior del Ejército de Oriente Medio. Sin embargo,
hoy la situación es deplorabilísima, y nuestros conocimientos, lle-
nos de lagunas. El Ministerio de la Guerra debería poseer un cua-
dro completo del desarrollo de las formaciones combatientes, y
sin él, desde luego, yo no puedo cumplir debidamente con mis res-
ponsabilidades.
2. No es mucho pedir que cada división o cada brigada envíe
un inventario mensual de sus principales armas de equipo. No
acierto a imaginarme a un general competente que no sepa, sema-
na por semana, cual es su situación a este respecto. De hecho, le-
bería conocerla al día.
3. Deberíamos tener un inventario mensual, habida cuenta
del inmenso trasiego cotidiano, con inclusión de las minucias de la
Aviación.
La organización del general Haining debería conocer toda la
situación, y no debería haber dificultades en cuanto a que la misma
nos tuviese al corriente de todo.
Usted se equivoca al suponer que el citado inventario nos hace
£alza a efectos de estadística tan sólo. Sin una visión clara y al día
del estado de las formaciones del Oriente Medio, es imposible
tomar decisiones o adoptar criterios en el seno del Comité de De-
fensa o el Gabinete de Guerra. La alternativa es continuar en el
estado de ignorancia y confusión que no puede sino conducirnos
al desastre.
Si bien estoy de antemano dispuesto a aceptar algunas peque-
fas simplificaciones de detalles, si tiene a bien proponérmelas, debo
insistir en conocer todos los hechos esenciales,
Referencia: Minuta del J. del E. M. G. L de S-VIT-41 contestando a
la petición del Primer Ministro para una lista detallada de la distribución
de los equipos, según las formaciones, en Oriente Medio.
1010
(A ejecutar hoy mismo.)
Primer Ministro al ministro de la Guerra. 6-VIL-41.

¿Por qué no nos han dicho aún que los Blues, los Life Guards
y la Yeomanry de Essex tomaron parte en la captura de Parmyra?
Estas unidades debieron de haber sido identificadas por contacto
desde hace mucho tiempo, y no puede haber ya razones militares
para no revelar esta interesante noticia al público británico.
Esta clase de abusos de la censura en nombre del secreto de
las operaciones, es lo que enoja justamente a la Cámara lo mismo
que a la Prensa y hace más difícil de sostener las posiciones más
importantes,

Primer Ministro al ministro de Alimentación 7-VIT-41.

Celebro que usted esté preparando para las autoridades ameri-


canas un Cálculo de nuestras necesidades en carne de cerdo y pro-
ductos lácticos, y que les haya pedido un gran aumento en el pro-
grama de producción huevera. Confío que la cifra total de las im-
portaciones de víveres americanos será mucho mayor de la actual-
mente calculada, de un millón y un tercio de toneladas. Si les
advertimos con tiempo, estoy seguro de que los americanos, sin
recurrir ellos al racionamiento, podrían producir muchos más ví-
veres para la exportación a nuestro país. (La producción de carne
de cerdo en los Estados Unidos frecuentemente oscila alrededor de
medio millón de toneladas, de un año para otro.)
Confío en que no se regatean esfuerzos para proveernos de
carne desde puntos más cercanos, Con la debida antelación y ga-
rantía, tal vez la Argentina podría incrementar también su pro-
ducción de carne.
El aceite y las semillas oleosas deben de obtenerse sin duda del
Africa, todo lo más lejos, y su importación debe de efectuarse en
buques de vuelta del Oriente Medio. Difícilmente nos cabe dispo-
ner ahora de buques para mandar a la India o al Pacífico para
estos menesteres.

1011
Primer Ministro al ministro de Asuntos Exteriores. 9-V1I-41.

Habría que expedir al ministro de Estado, para su informa-


ción, algo así como lo siguiente:
Instrucciones del Primer Ministro. Personal y secreto. Empie-
za. Un agente que, según creemos, es de confianza, se presentó
hace dos semanas al objeto de establecer un enlace entre nos-
otros y Vichy. Nuestras conversaciones con él quedaron estanca-
das. Ahora nos envía el mensaje siguiente, fechado en 3 julio:

«1. El Gobierno francés ha cursado las siguientes imstruc-


ciones al general Dentz:
»Una vez Siria esté ocupada por los británicos, los funcio-
narios civiles franceses deben permanecer en sus puestos y con-
tinuar cumpliendo su obligación en colaboración con las fuerzas
de la Francia Libre.
»2. Me requieren para que le suplique con todo el encare-
cimiento para que usted tome buena nota de estas instrucciones.
El asentimiento de usted en esta ocasión causará una impresión
inmejorable.
»3. En el caso de mo cumplir con estas instrucciones, el
primer deseo expresado por mi Gobierno, inmediatamente Jes-
pués de mi retorno, surtiría una influencia nociva en mis futuras
acciones.»

Esto debe ser estudiado en relación con la petición oficial de


un armisticio que usted ya debe de conocer. Nos proponemos con-
tesrar al agente de Pétain y Hutzinger que:
1. Inglaterra no tiene otros intereses en Siria que el de ganar
la guerra.
2. La independencia árabe es una cuestión primordial y nada
debe oponerse a ella.
3. Por supuesto, De Gaulle debe, dadas las circunstancias,
representar los intereses de Francia en Siria en el interín. De este
modo estará perfectamente avisado de que, sin perjuicio de la in-
1012
dependencia árabe, Francia gozará de una posición dominante y
privilegiada en Siria entre todas las naciones europeas.
4. Entre tanto, debe hacerse todo lo posible por suavizar
(adoucir) las relaciones entre De Gaulle y los partidarios de Fran-
cia. Todos nos hemos comprometido a garantizar Ja independencia
árabe, pero creemos que Francia podría aspirar a gozar en Siria,
después de la guerra, de la misma clase de posición que nosotros
establecimos en Irak durante el período comprendido entre las
dos guerras.
5. No olvide que cuando ganemos, que ganaremos, no tole-
raremos ninguna separación de Alsacia-Lorena o de ninguna colo-
nia de Francia. En consecuencia, [Link] hacer lo mejor que pueda
en medio de las odiosas dificultades que en estos momentos nos
afligen.

Primer Ministro al general Ismay. 10-VIL-41.

En lo sucesivo, la palabra «desembarco» se aplicará exclusiva-


mente a los desembarcos efectuados por mar. Todas las incursio-
nes efectuadas desde el aire serán descritas como «descensos», y
esta terminología regirá para toda la correspondencia oficial.

Primer Ministro al comandante en jefe de las Fuerzas Metropoli


tanas y al general Ismay para el Comité de jefes de Estado
Mayor. 10-VIL41.
EJERCICIOS DE PARACAIDISTAS

1. Se desprende que el ataque se efectuará al amanecer. Sin


embargo, esto no implica que todas las tropas paracaidistas y de
planeadores lleguen simultáneamente al alba. El movimiento de,
digamos, 1.000 aviones para transporte de tropas, o su equivalente,
desde bases francesas, belgas y holandesas, exigiría varias horas,
al menos cinco o seis, o sea, todas las horas de oscuridad de
1013
las noches de esta estación. En consecuencia, y como el viaje es
corto, lo más probable es que llegaran a oleadas, acaso en el
curso de la noche (en cuyo caso la hora cero sería probablemente
la una), o si las primeras llegaran al alba, el resto se iría despa-
rramando durante las restantes horas del día. En este último caso,
serían despedazados por nuestros cazas. Hay que descartar toda
posibilidad de la llegada de remesas de paracaidistas durante el día.
Es de notar que los alemanes nunca hayan ensayado estos des-
censos por la noche. Existen muchas dificultades para localizar los
sitios exactos sobre los cuales efectuar descensos nocturnos desde
pcca altura,
El Estado Mayor Aéreo debe ser con: 1ltado sobre todos esos pro-
blemas vitales, Sería inútil iniciar ejercicios de personal o estudios
de esta clase, que entrañan tanto desbarajuste consigo, fundándonos
en una base irreal e imposible. Es muy fácil decir: «Al alba cae-
rán 12.000 paracaidistas. ¿Qué haría usted?»; pero una frase de
esta clase carece de significado si no va acompañada de un análi-
sis detallado de los movimientos que he indicado más arriba.
2. En cambio, un ataque en escala menor podría muy bien
ser más peligroso. Quinientos hombres desesperados, caídos del
cielo sin el más leve indicio preliminar, podrían descender de día,
o cuando menos a la media luz del alba, en el barrio de los mi-
nisterios, o muy cerca de él. Claro que serían apresados en se-
guida por los R. D. F., y correrían el riesgo de verse anulados por
la noche o ir a una destrucción segura a la luz del día. Sin em-
bargo, la sorpresa tiene tan soberanas virtudes en la guerra, que
la proposición debería examinarse atentamente. Los centros del go-
bierno y de control ejecutivo deberían, de todos modos, estar razo-
nablemente inmunizados contra un ataque imprevisto de esta in-
dole si, luego de analizado éste, pudiera adjudicársele alguna vero-
similitud. La primera hora es la única hora que importa, y los pri-
meros diez minutos son los más decisivos de todos,
3. Celebraré que las Fuerzas Metropolitanas consulten con
el Estado Mayor Aéreo y me procuren respuestas claras y objeti-
vas a las preguntas y sugerencias contenidas más arriba. Dos O t1cs
días habrían de bastarles para dicho estudio.
1014
Primer Ministro al comandante en jefe de las Fuerzas Metropoli-
tanas y al general Ismay para el Comité de jefes de Estado
Mayor. 10-VILA41.
¿En qué situación estamos en cuanto al camuflaje estratégico
y táctico de las defensas contra ataques enemigos a los aeródro-
mos? ¿Qué organización se ha encargado de estudiar las lecciones
de Maleme y las baterías adyacentes?
Desde luego, es urgente obrar en dos cosas, a saber:

4) La ocultación de los cañones auténticos y la colocación en-


gañosa de los cañones falsos. Podría haber muy bien
dos o tres cañones falsos, y hasta más, para cada cañón
de verdad.
b) El mejor camuflaje de todos consiste en una gran varie-
dad, conducente a la confusión, de posiciones, de suerte
que uno no pueda distinguir las auténticas de las falsas.

La táctica de retener el fuego de determinadas baterías durante


las fases iniciales de un ataque, sin duda está siendo estudiada.
Sírvase facilitarme un informe pata el próximo sábado.

Primer Ministro a sir Edward Bridges. 11-VIL41.

Tome los Hansards (1) de los días de debate sobre la produc-


ción y haga extractar todos los pasajes que afecten a cada minis-
terio, y sírvase luego enviarlos a los mismos pidiéndoles una res-
puesta para el 19 de julio.
Separe asimismo los pasajes que afecten a la dirección general
de la guerra y facilítemelos.
Me parece que se suscitaron puntos bonísimos.

(1D) Resúmenes taquigráficos de los debates parlamentarios británicos.


Reciben este nombre por ser el apellido de los primeros compiladores de
los mismos, (T7.)

1015
Primer Ministro al ministro del Aire. 11-VIL41.

Aunque el rayo guía radiogoniométrico utilizado por los ale-


manes para sus bombardeos fué neutralizado el pasado invierno,
parece que ahora el enemigo está reequipando a todas sus anti-
guas fuerzas de bombarderos con radiorreceptores perfeccionados,
y confía en desbaratar nuestras contramedidas el próximo invierno
mediante la multiplicidad de las estaciones emisoras de rayos guía.
Desde luego, no existen sistemas radiotécnicos para impedir
que los alemanes localicen y bombardeen objetivos como Coventry
y Birmingham en noches de luna. Pero es precisamente en estas
noches cuando nuestra defensa mocturna debería actuar con más
eficacia. Nuestro mayor peligro radicará en las noches oscuras y
nubosas, y deberíamos, por lo tanto, hacer prepaartivos para anular
los rayos guía del enemigo, cuyas posiciones y longitudes de onda
conocemos desde ahora.
Me dicen que el equipo que hace falta difiere mucho del que
se emplea en la práctica corriente comercial, de suerte que cabría
conseguirlo de América aun en el caso de que no se pudiera fa-
bricar aquí. Todo debería estar a punto en otoño. Sírvase comu-
nicarme cuál es la situación exacta y qué medidas se tienen entre
manos para contrarrestar los perfeccionamientos enemigos.

Primer Ministro al ministro de Alimentación. 12-VII-41.

Me complace saber que la cantidad de víveres «requisados» en


los Estados Unidos es ahora muy superior a la cifra citada en su
informe del mes de mayo. Tengo entendido que el programa de
nuestras necesidades alcanza cifras mucho más altas que las «re-
quisas» efectuadas hasta ahora. Estoy convencido de que, avisando
con la suficiente antelación, América puede y querrá producir, o
proveer sea como sea, una importantísima fracción de los víveres
de que estamos tan necesitados. Si no cabe importarlos con ut-
gencia, deberíamos disponer de los buques para el transporte de
casi todo lo que hemos pedido.
1016
El único punto dudoso es si usted ha pedido la suficiente carne
de cerdo. América tendría dificultades en proveernos de ternera
o cordero, pero los suministros de cerdo se pueden ampliar fá-
cilmente, y, si es menester, cabe imporrarlos en buques no refrige-
rados.

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al ministro de Producción Aeronáutica, sir Char-
les Craven, el ministro del Aire, el jefe del Estado Mayor
Aéreo (el general Ismay deberá cumplimentar o comunicar
dentro de una semana) y lord Cherwell. 12-VIT-41.

1. Mesiento profundamente preocupado ante los nuevos pro-


gramas del Ministerio de Producción Aeronáutica, que ponen de
manifiesto una condición estática para los siguientes doce O die-
ciocho meses en lo que atañe al número de aparatos. Es indudable
que la nueva producción se ampliará en la fase ulterior. He pedi-
do que estas cifras sem sometidas al análisis de las horas-hombre
que representa cada tipo de aparato. Este análisis pone ciertamente
de relieve una mejora de un cincuenta por ciento en lo que atañe
a la parte británica, a observar dentro del doceavo mes a contar
desde ahora. Las cifras americanas superan los cálculos tanto desde
los puntos de vista del número de aparatos como de las horas-
hombre, y casi cabría asegurar que la producción para el mes de
julio de 1942 sería, en relación con el actual, como 1 es a 1'75.
2. Con todo, no acabo de convencerme de que eso baste.
Nuestros cálculos sobre la producción snensual alemana arrojan
la cifra de 2.100 aparatos, que es el nivel numérico en que nos-
Otros nos mantendremos hasta julio de 1942, e incluso después,
descontando los nuevos proyectores. Debemos suponer que los ale-
manes también han de encontrar mejoras con la conversión del
número de aparatos en horas-hombre. Es posible, como también
cabe que no, que como consecuencia amplíen similarmente el nú-
mero y la calidad de sus aviones. Grosso modo, por las cifras que
tengo ante mí, se saca la impresión de que ambos vamos a esta-

1017
cionarnos en un nivel igual durante los doce meses venideros, en
lo que se refiere a la construcción británica y alemana; cualquier
incremento nuestro deberá provenir de la parte que nos toque de
la producción de los Estados Unidos. Además, esto no tiene “para
nada en cuenta la advertencia del M. de P. A. en el sentido de
que sus cálculos puedan reducirse en un 15 por ciento.
3. No podemos declararnos satisfechos con la situación ex-
"puesta, que, por otra parte, excluye toda posibilidad del decistvo
predominio, indispensable para la victoria. En consecuencia, deseo
que estos programas sean vueltos a examinar, y que los tres méto-
dos de ampliación que siguen, junto con cualesquiera otros que se
quiera sugerir, sean estudiados a fondo por las autoridades afec-
tadas. Dichos tres métodos son:

2) Ampliación de las cifras actuales mediante la aceleración


y la mayor explotación de las máquinas-herramientas,
o cualesquiera otras medidas adoptadas dentro de la
esfera del Ministerio de Producción Aeronáutica.
b) Construcción de nuevas fábricas e instalaciones de mon-
taje, O reocupación, o plena ocupación, de los talleres
evacuados por razones de dispersión. Esto último que-
daría perfectamente justificado por nuestro creciente do-
minio del aire en las islas británicas, durante el día, y
por el perfeccionamiento de las armas de defensa noc-
turna.
c) Reclasificación del programa de bombarderos con el ob-
jeto de asegurar una mayor entrega de los tipos de pro-
bada eficacia.
La aviación de caza debe esforzarse por asegurar-
se el dominio de la situación, y acaso sean imperati-
vos rápidos cambios en los diseños y proyectos. Por
lo que toca a las fuerzas de bombardeo, una gran pro-
porción de las mismas va a ser empleada, durante los
próximos doce meses, en condiciones estables y en ra-
dios de acción moderados. Mientras los bombarderos
utilizados para largas distancias o grandes alturas o

1018
acciones diurnas habrán de sujetarse a un perfeccio-
namiento intensivo, una vasta proporción de las fuer-
zas de bombarderos seguirá llevando su carga nocturna
de bombas al Ruhr, pongamos por caso, u otros obje-
tivos cercanos. Parece, por lo tanto, necesario que el
Estado Mayor del Aire divida sus actividades en bom-
bardeos cercanos y bombardeos lejanos, y que a base
de ello se otorgue a ciertos aspectos de la producción,
que aun no han alcanzado su máximo, una mayor con-
tinuidad en el mantenimiento de dicho máximo, lo que
entrañaría un aumento substancial en el número de
aparatos. Este caso parece aplicarse de un modo espe-
cial, por ejemplo, al Blackpool Wellington, que es de
nueva entrega, y cuya cifra máxima de producción no
se alcanzará hasta noviembre, y sólo se mantendrá en
dicho nivel por espacio de seis meses. Si se lograra
una estabilización de doce meses de la cifra máxima,
cabría esperar como posible una mayor entrega de
aviones a partir de noviembre.

4. El criterium de las fuerzas de bombardeo se basa en el


peso de las bombas susceptibles de ser arrojadas mensualmente
sobre los blancos razonablemente previsibles de Alemania e Ita-
lia. Los planes del Estado Mayor del Aire, ¿han sido ya estable-
cidos con arreglo a las cifras de producción con vistas a dicho cri-
terium? Cabe en lo posible que una carga más pesada, transpor-
tada por un aparato de tipo nuevo, nos dé resultados mejores. Pero
un aparato que ha demostrado ser capaz de Hevar dos toneladas
de bombas al Rubhr, habría de gozar de mayor continuidad en la
producción antes de ser descartado por anticuado. Indudablemente,
debe haber otros ejemplos. He pedido al Ministerio de Producción
Aeronáutica que revise sus programas con arreglo a lo dicho, po-
niendo especial cuidado en las gravosas pérdidas a que podrían
dar lugar cambios demasiado repentinos.
5. El nuevo programa es substancialmente inferior a las ci-
fras del mes de marzo, y mucho más aún respecto de las de oc-
1019
tar. La ruta que el Almirantazgo había juzgado como la más peligrosa,
fue la única que jamás sufrió intercepción. Afortunadamente, las exigen-
cias a la sazón dimanantes de la invasión de Rusia, obligaron a Hitler a
retirar a sus fuerzas aéreas de Sicilia, lo que dio a Malta una pausa para
respirar y al propio tiempo nos devolvió el dominio del aire sobre el canal
de Malta. Como consecuencia, no solamente fue más fácil el acceso de
los convoyes procedentes del Mediterráneo occidental, sino que nos per-
mitió asimismo asestar duros y contundentes golpes a los buques de
transporte y aprovisionamiento encargados de reforzar a Rommel.
Fue particularmente brillante la acción realizada contra dos convoyes
muy nutridos, a los que se infligió un castigo muy duro. Ambas operacio-
nes constituyeron sendas acciones navales de gran envergadura. En julio,
arribó a Malta un convoy con seis buques con suministros, y partieron sie-
te de vacio. Dos noches después, los italianos lanzaron contra el puerto de
La Valetta su único ataque de alguna importancia, empleando unos vein-
te buques E y siete submarinos enanos. Las defensas del puerto, guarneci-
das casi exclusivamente por malteses, destruyeron cerca de la totalidad de
las fuerzas atacantes, pese a la audacia de éstas. En septiembre, llegó un
convoy de nueve transportes con la pérdida de un solo buque, protegido
por una escolta muy potente, constituida por los acorazados «Prince of
Wales» y «Rodney», el portaaviones «Ark Royal», cinco cruceros y diecio-
cho destructores. Además de los grandes convoyes, numerosos buques
menores de aprovisionamiento arribaron regularmente. De treinta y cua-
tro, treinta y dos pudieron llegar sin percance tras vencer muchos peli-
gros. Las provisiones de toda clase transportadas por convoyes y buques
aislados no solamente permitieron que la fortaleza se defendiera admira-
blemente, sino que hasta la capacitaron para devolver los golpes. En el
curso del trimestre junio-septiembre de 1941, cuarenta y tres buques del
Eje, con un total de 150.000 toneladas, además de sesenta y cuatro em-
barcaciones pequeñas, fueron hundidos en la ruta africana por los avio-
nes, submarinos y destructores británicos partidos de la base de Malta.
En octubre, más del 60 por ciento de los suministros de Rommel fueron a
parar al fondo del mar. Todo ello debió sin duda de influir sensiblemente
en la lucha en el desierto durante el año 1941.

Por documentos llegados a nuestro poder después de la guerra, sabe-


mos que, en septiembre de 1941, el almirante alemán adjunto al alto
mando italiano comunicaba a su gobierno:

Ahora como siempre, ia flota británica domina en ei Mediterráneo... La


flota italiana ha sido impotente para entorpecer ias operaciones, gracias a la
acción de las fuerzas navales enemigas, pero, con ia cooperación de ia avia-
ción militar italiana, ha conseguido impedir el empieo de la ruta dei Medite-
rráneo para ei tráfico reguiar de ios convoyes británicos...
El arma más peligrosa de los ingieses es ei submarino, particularmente
los submarinos con base en Maita. En el período [a que se refiere este docu-
mento] se han producido veintiséis ataques submarinos, diecinueve de ellos
con éxito... Debido a ia debilidad de las fuerzas aéreas italianas en Sicilia, la

102
tubre de 1940. Sin embargo, se han acumulado muchos materia-
les basándose sobre los cálculos de octubre. En consecuencia, habría
de ser posible un incremento substancial si todos los factores se
ajustaran debidamente. El Ministerio del Aire habría de poner de
manifiesto de qué modo su último programa, aparte de los consa-
bidos incrementos, se ajusta a la producción de pilotos para los
doce meses venideros, habida cuenta, por una parte, de la reducida
escala de pérdidas demostrada por la experiencia, y, por otra parte,
de la mayor vastitud de las necesidades en materia de personal
que ahora se acredita como necesaria en proporción al número de
aparatos. Bombas, explosivos, ametralladoras y demás accesorios
deben ser calculados en razón mo solamente de los programas vi-
gentes, sino con arreglo a los incrementos indispensables. No obs-
tante, en principio debemos aspirar nada menos que a poseer una
aviación de guerra dos veces más fuerte que la aviación alemana,
y ello ba de conseguirse hacia finales de 1942. Este objetivo no
es imposible si abora se hace un renovado y vasto esfuerzo. Es lo
menos a que podemos aspirar, ya que basta ta fecha éste es el único
medio que tenemos de ganar la guerra.

Primer Ministro al ministro del Atre. 16-VIL41.

Investigaciones llevadas a cabo por el Ministerio de Seguridad


Interior en cuanto al efecto de las bombas alemanas de gran poten-
cia, han demostrado que la mayor parte de los daños son debidos
a la expansión del aire, que destruye edificios, etc., más que a la
metralla, la cual desperdicia casi toda su eficacia, especialmente de
noche, porque la mayoría de la gente se encuentra en los refugios.
| A mayor proporción de explosivo de alta potencia en el casco
de la bomba, corresponde una mayor potencia en la expansión del
aire. Si se aumenta el peso del casco, aumenta la metralla.
Nuestras bombas están construidas en una proporción de carga-
peso de 30 a 70. Los alemanes trabajan a base de una proporción
mayor, 50 a 50. Sus bombas no solamente son más eficaces para
la destrucción de ciudades; también son más baratas.
1020
En estas circunstancias, sería conveniente revisar la proporción
carga-peso de nuestras. bombas, especialmente ahora que el Minis-
terio del Aire ha programado una tan vasta expansión de la pro-
ducción.

Primer Ministro al ministro del Atre. 16-VIL-41.

Desearía que usted se sirviera enviarme un breve informe sobre


los progresos realizados en materia de aterrizaje a ciegas, indicán-
dome al mismo tiempo hasta qué punto la R. A. F. está equipada
con los mecanismos adecuados.

Primer Ministro a sir Edward Bridges. 17-VIT41.

Tengo la sensación de que el Parlamento no se hace cargo


del gran adelanto que se ha conseguido en la cuestión de la prio-
ridad de las preguntas mediante el desarrollo del principio de ad-
judicación. Sírvase procurarme una nota sobre esto, que no exceda
de una página. En rigor, opino que en la actualidad tenemos muy
pocas interpelaciones sobre prioridades. De vez en cuando se pro-
duce un punto focal, pero, hablando en general, ¿no tengo razón
al suponer que todo marcha sobre ruedas? Vea, por ejemplo,
lo bien que ha caído en el terreno psicológico la otorgación de
Prioridad Preferente a la fabricación de tanques. En la actualidad,
las prioridades se resuelven por sí solas. Nadie goza de prioridad
absoluta en detrimento de los demás. Ultimamente no se han pro-
ducido conflictos. El próximo viernes sírvase hacerme un comen-
tario sobre esto.

Primer Ministro al general Ismay, para los departamentos


afectados. 17-VIT41.

¿Cuál es la causa del fallo que se observa en la producción


de bidones para el mes de junio? Que de las 1.500 toneladas pre-

1021
vistas sólo se hayan fabricado 500, no solamente es bochornoso
sino que es una violación de las instrucciomes expresas dictadas
por el Gabinete en el curso de varios meses. ¿Quién es el res-
ponsable? Hay que hacer el máximo esfuerzo, ejercitando razones
de prioridad, para que se fabriquen, almacenen y llenen bidones
para gasolina en la mayor cantidad posible.
Sírvase comunicarme exactamente quién es el responsable de
este fracaso.
Los peligros que del mismo se derivan pueden amenazarnos
de un momento a otro. Hay que preparar documentos para dis-
cutirlos en el Gabinete la semana próxima.

Primer Ministro al ministro del Interior. 19-VIL41.

Desearía que se hiciera constar mi opinión de que esa sen-


tencia (de 5 años de presidio, dictada contra miss Elsie Orrin por
haber dicho a dos soldados que Hitler era un excelente gobernante
y un hombre mejor que Mr. Churchill) es demasiado fuerte cuan-
do se aplica a la expresión de opiniones, por perniciosas que sean,
no acompañada de un acto conspiracional. No hay nada en la si-
tuación interna del país que justifique tan irrazonable severidad.
Considero que tan excesiva sentencia va en contra de los mismos
fines que defiende.

(A ejecutar boy mismo.)


Primer Ministro al Primer Lord del Mar y al general Ismay (para
el Comité de jefes de Estado Mayor). 20-VIL41.

Insisto en que este buque Glen no sea traído a aguas metropoli-


tanas. Enviamos a esos tres barcos por la ruta de El Cabo, llevados
de las esperanzas que habíamos puesto en la operación «Mandí-
bulas» y otros ataques contra las islas. Los comandos han sido -

diseminados, y en la actualidad se encuentran totalmente disgre-


gados. El régimen imperante hasta hace poco en Oriente Medio

1022
demostró su escasa aptitud para poner en ejecución operaciones com-
binadas, No existía ningún director de operaciones combinadas,
y sí sólo un comité muy tibio y falto de influencia. No obstante,
no podemos descartar la necesidad, en el futuro, de operaciones de
desembarco. Los otros dos buques Glen están siendo reparados, y
sería un error llevarse a éste a otra parte. En consecuencia, con-
fío que los jefes de Estado Mayor estudiarán la cuestión en todos
sus aspectos.

(A ejecutar boy mismo.)


Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 21-VIT-41.

Con arreglo a las consignas dictadas al declararse en marzo


la Batalla del Atlántico, la Comandancia de Guardacostas recibió
una cantidad especial de refuerzos. Tengo entendido que, obede-
ciendo a dichas consignas, todas las Fortalezas Volantes y B.24s,
que han llegado recientemente de los Estados Unidos, fueron en-
viadas a la Comandancia de Guardacostas. En los Estados Unidos
estos aparatos están considerados como los bombarderos ideales
para Berlín, etc. Mr. Hopkins ha estado preguntándome acerca
del uso que se hace de los mismos, y me pareció que estaba sacando
la impresión de que estos aparatos están permaneciendo ociosos
porque no tenemos tripulaciones capacitadas para su manejo. Yo
procuro corregir esta impresión, pero es mi criterio que sería mu-
cho más acertado que estos grandes aviones fuesen utilizados con-
tra Alemania en incursiones de bombardeo. Por otra parte, la Co-
mandancia de Guardacostas ha sido reforzada con sesenta y cinco
Catalinas y mumerosos Sunderlands, mientras que la Batalla del
Atlántico ha remitido sensiblemente después de los últimos en-
Cuentros, así como a consecuencia de la ocupación de Islandia por los
Estados Unidos, de la que el Primer Lord de Mar les dará detaJles.
Sírvase comunicarme su opinión.
El comandante en jefe de la Comandancia de Bombarderos me
comunica que anda escaso de aparatos y que no hay perspectiva
de incrementación. :
Primer Ministro al general Ismay para el Comité de jefes de Es-
tado Mayor. 23-VIL41.

Deseo que se reconstituyan cuanto antes los comandos de


Oriente Medio. En vez de ser mandados por un comité de oficia-
les sin mucha autoridad, habría que nombrar Director de Operacio-
nes Combinadas al brigadier Laycock. Los tres buques Glen y el
Director de O. C., junto con sus fuerzas, habrían de ser colocados
directamente a las órdenes del almirante Cunningham, a cuyo
cargo deberían correr todas las operaciones combinadas que im-
plicaran el uso de transportes marítimos y cuya fuerza no excediera
de una brigada. El mando de Oriente Medio ha malversado y des-
perdiciado unas fuerzas valiosísimas.

Primer Ministro al general Ismay. 25-VIL41.

Sírvase explicarme en una sola hoja de papel la fuerza exacta


y demás detalles de los refuerzos y repuestos que llegaron recien-
temente a Malta, así como la fuerza a que anteriormente ascendía
la guarnición de dicha isla.

Primer Ministsro al coronel Jacob. 25-VIL41.

Sírvase facilitarme un breve informe sobre: lo ocurrido en


nuestra producción de fusiles. ¿Cuáles eran los cálculos en sep-
tiembre de 1939? ¿Qué resultados se han conseguido? ¿Qué cifra
de pérdidas se ha atribuido a daños por bombardeo? ¿Cuáles son
las nuevas previsiones hasta finales de 1941?

Una ex personalidad naval al presidente Roosevels. 25-VIL41.

Le estoy muy agradecido por su mensaje sobre el programa de pro-


ducción de tanques. Este aumento de nuestras disponibilidades en los
críticos meses que se acercan, es una cosa espléndida. En cuanto a la

1024
a
política de largo plazo, la experiencia que hemos acumulado demuestr
batallas modernas exigen vehículos cada vez más armados y de
que las
blindaje más espeso, y en consecuencia deberíamos hacer planes para
aumentar la producción de tanques semipesados a expensas de los tanques
aero-
ligeros, pero no desde luego a expensas del programa de fabricación
náutica.
2. Me interesa extraordinariamente su sugestión de que los hom-
bres de nuestro Cuerpo Tanquista sean adiestrados en los Estados Unidos.
deci-
Esta proposición está siendo estudiada, y le comunicaremos nuestra
sión tan pronto sea posible.
e
3. Hemos estado estudiando nuestros planes de guerra, no solament
d
para la lucha en el año 1942, sino hasta para 1943. Atendida la segurida
de las bases esenciales. es menester planear en la máxima escala posible
las fuerzas indispensables para la victoria. En general, debemos señalar-
nos ante todo como objetivo la intensificación del bloqueo y de la
propaganda. Después, debemos someter a Alemania e Italia a un bom-
bardeo aéreo incesante y cada vez más intenso. Estas medidas pueden
producir un colapso c convulsión interior. Pero también hay que hacer
planes para acudir cn ayuda de las poblaciones conquistadas mediante el
desembarco de ejércitos de liberación a medida que se presente la opor-
tunidad. A este propósito hará falta disponer no solamente de un gran
número de tanques, sino también de embarcaciones capaces de trans-
portarlos y desembarcarlos directamente en playas. A usted no habría
de serle difícil introducir las reformas necesarias en algunos de los
buques mercantes que ustedes están construyendo en tan vasta cantidad,
adaptándolos para el desembarco rápido.
4. Si usted coincide conmigo en la necesidad de hacer postrar a
Alemania, no deberíamos perder un momento en:
a) Esbozar un cálculo combinado de nuestras necesidades conjuntas
en materia de armas esenciales de guerra, v. g., aviones, tan-
ques, etc.
b) Estudiar a continuación la manera cómo estas necesidades ha-
brán de ser satisfechas por nuestros respectivos medios de
producción.
Si Entre tanto, propOngo
que nuestros Estados Mayores combinados,
establecidos en Londres, empiecen a trabajar en el epígrafe a), y que
después nuestros peritos y técnicos las emprendan con el epígrafe b).

Primer Ministro al general Ismay y el coronel Hollis, para el Co-


mité de jefesde Estado Mayor. 26-VILA1.

Hay que conceder gran importancia a proveer al comandante


en ¡efe de las Fuerzas Metropolitanas de un número mucho mayor
1025
de baterías antiaéreas móviles, especialmente cañones de techo
bajo, a fin de agregarlas a las divisiones de campaña y a las tropas
y columnas blindadas.
Los alemanes no andan desacertados manteniendo siempre en
primera línea a su flak (1). Nunca se debería reunir un cuerpo
de tropa, ni marchar éste en línea, sin el acompañamiento de ba-
terías móviles Bofors.
¿Debo entender que los 218 cañones se emplearán en este sen-
tido? En el caso afirmativo, opino que la disposición es muy acer-
tada. En el caso negativo, desearía que los jefes de Estado Mayor
estudiaran este asunto.
Por otra parte, convengo plenamente con el despliegue recien.
temente propuesto.

Primer Ministro al ministro de Alimentación. 27-VIP41.

Tengo entendido que usted tiene en estudio un sistema muy


flexible de cupones para el caso de que fuese necesario racionar
los alimentos secundarios, merced al cual los cupones servirían para
la compra de un número variable de artículos a escoger, evitando
al mismo tiempo la necesidad de que el consumidor tuviera que
inscribirse en una tienda determinada. Aunque un racionamiento
muy rígido habría de ser más fácil de administra, me parece mucho
mejor encontrar algún sistema mediante el cual se conceda al con-
sumidor una cierta libertad d. elección. Los gastos individuales
cambian con frecuencia. Además, el hecho de que usted pueda mo-
dificar los precios de los diferentes artículos tanto en dinero como
en cupones, ha de otorgarle forzosamente un gran control sobre
la demanda.
Si usted decidiera que la ampliación del racionamiento es inevi-
table, creo que el sistema flexible de cupones se recomendaría por
sí solo. Espero que me comunique su criterio sobre esto en su día.
(1) Abreviación de Flugezeugabwehrkanone, O artilleria antiaérea. El
término “flak” fué adoptado por todos los bandos beligerantes para desig-
nar el fuego de defensa antiaéreo. (T.)

1026
Primer Mamistro al Lord Presidente del Consejo, el ministro del
Trabajo y Servicios Nacionales y el ministro de la Guerra.
27-VILA1.

Cada día se acumulan más pruebas de que la cifra de 2.195.000


hombres es insuficiente para atender a las necesidades del Ejército,
y que este número debe ser incrementado cuanto antes. El mi-
nistro de la Guerra se ocupa actualmente en examinar con todo
detalle los requerimientos adicionales.
2. En consecuencia, hay que llevar adelante y a toda máqui-
na la revisión total que el Gabinete de Guerra encomendó al Co-
mité de Movilización. Tan pronto como los hechos más sobresa-
lientes hayan sido anotados, y sin esperar un informe más extenso,
desearía que el Lord Presidente del Consejo, de acuerdo con los
ministros interesados, otorgara toda su atención, con carácter de
urgencia, a los requerimientos adicionales del Ejército a la luz de
la situación de nuestras disponibilidades de personal y mano' de
obra, y comunicarme las medidas que harán falta para atender a
dichos requerimientos.

Primer Ministro al ministro de Producción Aeronáutica.


30-VIL41.

Espero con interés el éxito, o lo que sea, de las pruebas del


motor Whittle, dentro de la próxima quincena. Confío en que
serán favorables, pero por lo que usted me dijo colegí que las
actuales palas de turbina sirven lo mismo. No hemos de permitir
que las ganas de los proyectistas de introducir nuevos perfecciona-
mientos nos hagan perder mucho tiempo. No hay que regatear es-
fuerzos para que estos aviones formen ya escuadrillas el próximo
verano, cuando probablemente el enemigo empezará a bombardear-
nos desde grandes alturas,

1027
Primer Ministro al general Ismay. 31-VIL41.

Deseo que me manden abundantes fotografías de Port-Sudán,


Massaua, el nuevo puerto que se está construyendo en el mar Rojo,
Asmara, Basora, Tobruk, etc.

AGOSTO

Primer Ministro al Lord Presidente. 9-VII1-41.

Tengo entendido que existe una proposición para que se con-


sidere como delito el que un automovilista que goce de raciones
suplementarias de gasolina, no lleve un diario en el que anote todos
los viajes que efectúe.
Crear y multiplicar delitos que no están condenados por la opi-
nión pública, que son difíciles de averiguar y que sólo pueden cas-
tigarse a capricho, mo es político. Considerar como delito penal el
no llevar los automovilistas un cuaderno de bitácora, puede muy
bien entrar dentro de lo que acabo de señalar, habida especial cuen-
ta de que el hecho sólo afecta a una veinticincoava parte de nuestro
consumo de gasolina.
Tengo entendido que existe otra proposición, alternativa de
la anterior, en el sentido de advertir a los automovilistas que a me-
nos que presenten un cuaderno de bitácora, correrán el riesgo de
ver denegada o reducida su ración suplementaria de gasolina. ¿No
bastaría con esto?

Primer Ministro al Presidente de la Junta Superior de 1mportaciones.


9-VIEL-41.
Tengo entendido que la Junta Superior de Importaciones va
a estudiar en breve las disposiciones tomadas para proveer de car-
gamento a los buques complementarios que los Estados Unidos pon-

1028
drán a nuestro servicio dentro de poco. Es de primerísima importan-
cia que todo el espacio de que dispongamos en los buques, tanto de
los procedentes de América como de los resultantes de una mejora
en nuestra situación naval, sea utilizado al completo en el transpor-
te de mercancías destinadas a acrecentar nuestro esfuerzo de guerra
y a procurar al pueblo una dieta más saludable y variada.
2. Los cargamentos deben encontrarse en disposición de em-
barque inmediato a medida que se presente la oportunidad, y ha-
bría que preparar inmediatamente un informe en el que se divul-
garan los acuerdos tomados a este fin, ya sea mediante el aumento
de nuestros pedidos, ya sea mediante la acumulación de existencias
de reserva en las cercanías de los puertos de Ultramar.
3. Observo que hay una proposición para importar 748.000
toneladas de maderas blandas y 422.000 toneladas de maderas du-
ras durante la segunda mitad de este año. Esto rebasa en mucho las
cifras que se mencionaron en una reciente reunión de la Batalla del
Atlántico. Esta enorme importación de maderas, ¿obedece acaso al
hecho de que no se encuentran disponibles otros cargamentos más
útiles? ¿Se ha dado al ministro de Agricultura ocasión de sugerir
alguna alternativa? Por ejemplo, medio millón de toneladas de
maíz (fácilmente conseguibles en los Estados Unidos) serían de un
gran valor para que no decreciera el censo de nuestro ganado aviar.

Primer Ministro al Primer Lord del Almirantazgo, el ministro del


Aire y el ministro de Producción Aeronáutica. 16-VII-41.

Esto produce tristeza. Por la lectura de las minutas, ustedes ob-


servarán que nos prometieron aparatos Grummans de alas plega-
bles, a razón de veinte por mes, empezando en abril. Seguimos sin
tener ni uno y lo único que nos prometen es el plan de entregas que
señala la minuta del Primer Lord, de fecha 26 de julio (1).
2. Considero de primordialísima importancia que se suminis-
tren de seis a doce Grummans al «Victorious» y al «Ark Royal». Es-

(1D) Sobre entregas de aparatos Martret IT.

1029
amenaza de Malta a la ruta marítima germanoitaliana del norte de Africa
se ha acrecentado en las últimas semanas... Además, desde Malta se efec-
túan ataques a diario contra Trípoli, y recientemente los puertos italianos de
Sicilia han recibido la visita de la aviación británica con más frecuencia que
antes... Las formaciones de las fuerzas aéreas italianas actualmente estacio-
nadas en Sicilia y el África septentrional son insuficientes para pi
a las fuerzas aéreas británicas y las operaciones navales... Debo prevenir de
nuevo en el sentido de que no se sigan subestimando los peligros que pue-
den surgir de la situación naval del Mediterráneo.

Mis inquietudes a propósito del aplazamiento de la ofensiva en el de-


sierto y de los refuerzos que seguía recibiendo Rommel no cesaban con
estas noticias halagadoras, y, en consecuencia, insté nuevamente al Almi-
rantazgo para que multiplicara sus esfuerzos. Yo deseaba de un modo es-
pecial que una nueva fuerza de superficie fuera instalada en la base de
Malta.

Primer Ministro al Primer Lord del Mar. jar


El general Ismay debe tomar conocimiento de la presente. 22-VIII-
1. Tenga la bondad de estudiar la posibilidad de enviar cuanto antes una
flotiila, y, de ser factible, uno o dos cruceros a Malta. .
2. Debemos hacer un repaso retrospectivo al objeto de comprobar qué
es lo que ha sido torcido de los planes que elaboramos inicialmente. Había,
por ejemplo, el plan, que usted consideraba primordial, de bloquear el puer-
to de Trípoli, para cuya misión íbamos a sacrificar al «Barham». Había la
propuesta alternativa, más bien desesperada, del comandante en jefe, en el
sentido de bombardearlo, cosa que después se hizo sin la pérdida de un solo
hombre y sin sufrir daños ningún buque. Hubo la llegada a Malta de la floti-
lla de Mountbatten. Todo esto tuvo lugar hace varios meses. Sería intere-
sante conocer las fechas. ¿Cómo es que la urgencia de estas cuestiones ha
dejado de ser tal? ¿Cómo es que ahora nos alegramos de contemplar lo
que antes creíamos irresistible, aunque sigue siéndolo y cada vez en mayor
escala?
3. El motivo por el cual la flotilla de Mountbatten fue retirada de Malta
fue menos por el peligro que por las exigencias del asunto de Creta, en
donde la flotilla quedó prácticamente aniquilada. De esta manera hemos
perdido de vista la finalidad de nuestro objetivo, en cuya fijación hubo una-
nimidad de criterios, y en cuya consecución el Almirantazgo se mostraba
tan decidido y empeñado.
4. Entre tanto, han ocurrido tres cosas. En primer lugar, la defensa de
Malta ha sido reforzada notablemente con aviones y cañones antiaéreos,
mientras las fuerzas aéreas alemanas han sido trasladadas en gran parte
a Rusia. En segundo lugar, la Batalla del Atlántico ha tomado un sesgo
decididamente en favor nuestro; disponemos de más unidades antisub-
marinas y nos cabe esperar un desahogo sustancial al oeste del meridiano
26*, en lo tocante a destructores y corbetas, gracias a la ayuda americana.
En tercer lugar, el general Auchinleck no es partidario de atacar antes de
noviembre.
5. Por lo tanto, ¿vamos a quedarnos con los brazos cruzados mientras se
acumulan en Libia refuerzos cada vez mayores, especialmente italianos, y
suministros? En tal caso, el general Auchinleck, el día en que se considere

103
pecialmente este último, por tratarse de un portaaviones
que Opera
en el Mediterráneo. La sorpresa que se causará al enemi
go cuando
estos cazas tan veloces se remonten para presentarles combate, es
susceptible de concedernos un considerable desahogo, cuyos efectos
podrán apreciarse casi inmediatamente.
El impedir los ataques de los bombarderos enemigos en el mar,
rebasa en importancia y urgencia a cualquier otra misión que quepa
confiar a un portaaviones en el Mediterráneo. Aún en el caso de
que sólo puedan operar dentro de un radio de cuarenta a cincuenta
millas lejos del buque base, esos aviones poseen una capacidad asaz
adecuada. Hay que inculcar al enemigo el temor de que acercarse
a un buque convoyado por un portaaviones, equivale a incurrir en
pérdidas aéreas tan gravosas como si el ataque proviniera de cazas
basados en tierra firme.
3. Actualmente no tenemos portaaviones en el Mediterráneo
oriental. En consecuencia, es ocioso enviar ahora allí Grummans de
alas plegables. Los cupos de Grummans correspondientes a agosto,
septiembre y octubre, actualmente asignados al Reino Unido (en
total 22), y los 24 que ahora se asignan a Oriente Medio según los
cupos de septiembre y octubre (en total 46), habrían de ponerse
a la disposición del Reino Unido para equipar a nuestros portaavio
-
nes. Las entregas a Oriente Medio con posterioridad a octubre, ha-
brán de estudiarse más adelante.
Sírvase facilitarme un informe mensual de los Grummans con
que se equipe a los portaaviones.
4. ¿Cuándo dispondremos de nuestro nuevo portaaviones,
«Indomitable» ?
5. Á menos que exista una razón en sentido contrario
de la
que yo no esté advertido, habría que circular inmediatamente
las
siguientes Órdenes:
«Las entregas de doce Grummans con alas plegables, co-
rrespondientes a septiembre y octubre, habrán de ser enviadas
al Reino Unido, y no (repito 20) a Oriente Medio.»
Primer Ministro al general Ismay. 16-VIIL41.

COMANDOS

1. He convenido con el general Auchinleck que los tres bu-


ques Glen han de quedarse todos en Oriente Medio y ser reacon-
dicionados cuanto antes para operaciones anfibias.
2. Que los comandos sean reconstituídos en la medida de lo
posible a base de voluntarios, reintegrando a estas tropas a cuales-
quiera de sus antiguos componentes que deseen volver a las unida-
des a que pertenecieron en el momento de la dispersión. También
he convenido que el brigadier Laycock ostente el mando y sea nom-
brado Director de Operaciones Combinadas.
3. El Director de O. C. y los comandos estarán bajo el mando
directo del general Auchinleck. Esto anula la anterior disposición
en la que propuse que dependieran del Comandante en Jefe naval.

(A ejecutar boy mismo.)


Primer Ministro al ¡efe de Estado Mayor General Imperial y al
general Ismay, para el Comité de jefes de Estado Mayor.

19-VIIL41.
Lo importante no consiste tanto en reducir a nuestras tropas de
Islandia como en convertir a esta isla en campo de entrenamiento
para las unidades alpinas. ¿No podrían ustedes dar algunos ca-
ñones de montaña a la artillería, en lugar de retirárselos? Sírvanse
facilitarme un plan para procurar esquíes, botas de nieve, etc., al
máximo múmero de hombres que quepa adiestrar en la guerra de
alta montaña, a temperaturas glaciales. El hecho de que haya lle-
gado a Islandia un nuevo contingente de americanos, no hace sino
facilitar el adiestramiento. Considero la creación de esas unidades
alpinas como algo esencial para nuestra organización. Suplico que
esta cuestión sea resuelta con el máximo entusiasmo,

1031
Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 19-VIIL41.

Muchísimas gracias por las explicaciones que me facilita (1).


Incluso en el caso de que los aviadores hubiesen cometido un error,
no se les habría podido echar nada en cara, ya que es el sistema el
que es defectuoso. La falta de contacto efectivo e íntimo entre las
fuerzas aéreas y terrestres está pidiendo una reforma radical. Las
necesidades del Ejército habrían de ser atendidas por parte del Mi-
nisterio del Aire con el máximo espíritu de cooperación. Ahora que
nuestros recursos van en aumento, es un deber y una responsabi-
lidad de las fuerzas aéreas el satisfacer las demandas del Ejército.
Confío en que puedo contar con su palabra de que usted trabaja
día y noche por acabar con este lamentable defecto de nuestra má.-
quina guerrera. No hace falta que volvamos sobre lo pasado, pero
si en lo sucesivo el Ejército no recibe un trato equitativo, el Minis-
terio del Aire habrá dejado de cumplir una parte esencial de sus
deberes.

(A ejecutar boy mismo.)


Primer Ministro al ministro de Aprovisionamiento. 20-VIIL41.

Sírvase estudiar el documento adjunto (sobre gases de guerra)


redactado a instancias mías por lord Cherwell. Debemos conside-
rar como posible la guerra de gases en una escala colosal. Puede
irrumpir de un momento a otro. Sírvase examinar las alarmantes
restricciones que se han impuesto a la fabricación del gas mostaza,
y averigiie también la razón de las mismas. ¿Qué se propone el
Ministerto del Aire al ordenar el cese de la carga de las bombas
de 250 libras? Esta disposición me parece Inoportunísima, y es
contraria a numerosas decisiones del Gabinete que tienden a que se
produzca y conserve en los envases adecuados la máxima cantidad
posible de gas tóxico.

(1) Sobre la actuación de la 2.% División Blindada durante la retirada


de Cirenaica, en marzo y abril de 1941.

1032
Le invito a que dedique a este problema su atención personal.
Es un asunto sumamente peligroso y urgente en alto grado.

Primer Ministro al Lord Presidente. 20-VIML-41.


Disto mucho de estar convencido de que existan razones sufi-
cientes para imponer esta nueva obligación (de que los automovi-
listas lleven un cuaderno de bitácora) al público. «Se observa una
creciente y justificada impaciencia cada vez que se multiplican los
formularios e impresos que hay que llenar, creando así nuevos Ci-
mientos sobre los cuales sucesivas promociones de funcionarios po-
drán edificar sus tingladillos, Si usted considera que no hay otro
medio de lograr su objetivo, sería preferible traer el asunto al es-
tudio del Gabinete.

Primer Ministro al ministro de la India. 20-VIM41.


Desde luego, envíe esa invitación, siempre y cuando, en gene-
ral, usted vea a U Saw.

Esta minuta se refiere a otra de Mr. Amery sobre la situación de


Birmania y un proyecto de visita del Premier birmano, U Saw, a la
Gran Bretaña.

Primer Ministro al Primer Lord del Mar. 25- VIIL-41.

¿Quiere usted tener la bondad de facilitarme en una hoja de


papel una lista de la flota efectiva y las flotillas del Japón, con
fechas de construcción y los buques que hoy están a punto de en-
trega?

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al ministro de Agricultura. 26-VII41.
Recibo malas noticias sobre la cosecha. ¿Cuál es la situación
exacta? Ya han transcurrido cuarenta días desde San Swithin (1).

(1) 15 de julio.

1033
Si tenemos buen tiempo, ¿qué pronósticos puede usted hacer? ;¡Ay,
todos hablamos demasiado prematuramente!

Primer Ministro a la Junta Superior de Producción. 26-VULA41.

No puedo por menos de preocuparme ante las cifras exagera-


das de mano de obra y materias primas que continúan empleándose
en trabajos de edificación. El programa de obras públicas y de cons-
rrucciones absorbe 2 1/4 millones de toneladas de materiales de
importación al año (hierro, acero y madera) y tres cuartos de mi-
llón de hombres.
¿No ha llegado ya el momento de suspender todos los nuevos
proyectos de construcciones de fábricas, salvo casos muy excepcio-
nales? ¿Podemos justificar la continuación de tan enormes dispen-
dios cuando tantísimos edificios industriales están siendo utilizados
sólo a medias? ¿No sería preferible emplear los materiales de cons-
trucción en la edificación de hoteles y centros de recreo para los
trabajadores que hacen falta para llenar los tres turnos de las fá-
bricas ya existentes?
. Es asimismo imperativo que se persiga la máxima economía en
la atención de las necesidades de los servicios armados, las cuales
propenden siempre a expresarse en una escala mucho más dispen-
diosa que lo que las necesidades del momento y los recursos dis-
ponibles justifican.
Confío en que debe de existir alguna provisión merced a la
Cual se descarten automáticamente cuantos proyectos implique un
despilfarro innecesario de materiales importados.
Sírvase informarme de las medidas preventivas dictadas por
usted a fin de:
a) Asegurarse de que las nuevas fábricas o edificios de nueva
construcción sean realmente esenciales.
b) Que los planes y proyectos de tales obras tengan un ca-
rácter básicamente económico.
£) Que se saque el máximo partido posible de la mano de
Obra,
10534
Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 27-VIIA1.

Mi-
Desde luego sostengo la opinión de que. tiempo atrás, el
ble y poco cooper ativa
nisterio del Aire observó una actitud inflexi
de atender
respecto del Ejército y de la Marina cada vez que se trató
logró emanci parse
a las demandas especiales de ambos. La Marina
iendo la sensa-
antes de la guerra, pero en el Ejército sigue persist
Hasta cierto
ción de que se les ha negado la debida asistencia aérea.
nto de que
punto, todo ello podría excusarse esgrimiendo el argume
import ancia
la necesidad de incrementar a la R. A. F. era de una
confío
suprema. Ahora que esta necesidad ya no €s tan absorbente,
en que las quejas del Ejército serán atendidas.
Existe la creencia muy extendida de que en su día descuidamos
la fabricación de los bombarderos en picado porque el Ministerio
del Aire abrigaba el temor de que un arma de esta naturaleza,
especialmente asociada al Ejército, pudiera conducir a la formación
de una ala independiente del Ejército.
Todas estas cosas ocurrieron antes de que usted ocupara su ac-
tual cargo, pero las consecuencias las estamos tocando ahora.

Primer Ministro al Forezgn Office. 27-VHI-41.

Explíqueme en unas cuantas líneas las razones por las cuales


Siam ha cambiado su nombre por el de Thailandia. ¿Cuáles son
los méritos históricos de ambos nombres?

Primer Ministro al general Ismay, para el Comité de jefes de


Estado Mayor. 27-VII41.

En algunos círculos se observan indicios de un movimiento ale-


mán contra Murmansk. Según parece, aunque cuando realizamos
nuestro abortado ataque aéreo no se avistaron transportes, gran
número de tropas se encuentran actualmente en movimiento. ¿Qué
1035
hemos de hacer? ¿Se da por descontado que no podemos hacer
nada más en el Norte? ¿Cuándo llegarán nuestras dos escuadrillas
a Murmansk? ¿Cabe hacer algo en el aspecto naval para entorpe-
cer el movimiento de los transportes alemanes?

Primer Ministro al ministro de Hacienda. 28-VIL41.

¿Cuánto oro nos queda exactamente en esta isla, o bajo nuestro


control en Sudáfrica? No se alarme: no le voy a pedir nada.

Primer Ministro a sir Edward Bridges. 28-VIIT41.

1. Mr. Harcourt Johnstone presidirá un comité interministe-


rial compuesto de representantes de los organismos interesados,
cuya finalidad será instrumentar el mejor plan posible para un
cese relativo de las restricciones del apagón, durante la actual pausa
que se observa en los ataques aéreos enemigos. Estas restricciones
se refieren a:
a) Los vehículos requisados para servicios de guerra, y
b) Para fábricas y puertos.
La finalidad es garantizar un máximo de producción para fines
de guerra.
2. Este comité deberá estudiar, inter alía:
a) Las categorías de los vehículos cuya requisa deberá cesar;
b) La potencia del alumbrado que se les permitirá para que
puedan circular a velocidades razonables;
c) Las rutas especiales y las zonas en donde el cese de las
restricciones respondan a demandas especiales del Mi-
nisterio de Aprovisionamiento, el Ministerio de Pro-
ducción Aeronáutica y el Almirantazgo; y, finalmente,
d) El sistema para volver rápidamente al régimen actual siem-
pre y cuando esta medida sea necesaria en razón de
nuevos ataques enémigos en un distrito determinado
o en todo el país.

1036
3. Dicho comité deberá elevar un informe semanal al Primer
Ministro. Se espera de todos los Ministerios el máximo de coopera-
ción en interés del público. La preparación del mejor plan posible
debe revestir un carácter de estudio técnico, a fin de queno implique
la adopción por parte de los jefes ministeriales de los Departamen-
tos. La adopción de dicho plan habría de ser facultativa de un
comité compuesto por ministros del Gabinete de Guerra.

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al ministro de la Guerra. 29-VHI41.

Debo llamar su atención sobre el estado de los tanques crucero


[en la Gran Bretaña]. Esta semana, de 408, hay menos de utili-
zables que de estropeados. Esta cifra y el régimen causante de la
misma necesitan evidentemente que alguien meta mano fuerte. La
proporción de los tanques estropeados empeora de semana en
semana,
Comuníqueme quién es el responsable, y qué se propone usted
hacer.

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aérco. 29-VIIL41.

La pérdida de siete Blenheims de los diecisiete que realizaron el


ataque diurno contra la navegación mercante y el puerto de Rot-
terdam, es desproporcionada. Pérdidas así cabe aceptarlas cuando
se ataca al «Scharnhost», al «Gneisenau» o al «Tirpitz», o a un
convoy con rumbo a Trípoli, ya que, aparte del daño que se causa,
se consigue un objetivo estratégico de primera importancia. Pero
cuando se trata de atacar a buques mercantes no empleados en lí-
neas vitales de suministros, estas cifras, repito, me parecen despro-
porcionadas. Nuestras pérdidas de bombarderos han sido muy fuer-
tes este mes, y el número de estos aparatos no se incrementa en la
cifra que todos esperábamos. Aunque no dejo de admirar grande-

1037
mente la bravura de los pilotos, no quiero que se les exija dema.
siado. Es preferible escoger blancos más vulnerables, que arrojen
una Cifra de daños mucho más elevada que la de las pérdidas.
Sírvase facilitarme un estadillo de los bombarderos dados de
baja durante el mes de agosto, por cualesquiera causas, incluyendo
los averiados al tomar tierra. Deseo conocer también el número de
bombarderos facilitados por el Ministerio de Producción Aeronáu-
tica, y el número de los fabricados y el de los importados.

CA ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 30-VIIT-41.

¿Qué se hace para perfeccionar los cazas de defensa nocturna


de Oriente Medio? Por los datos que poseo, colijo que no están
al día en materia de perfeccionamientos, similares a los que tent-
mos aquí; con todo, Alejandría, Suez y el canal son lugares de
primerísima importancia.
Le ruego que me facilite un breve informe. El general Pile
podría ayudarle haciendo una lista para una remesa de dispositi-
vos especiales para los cazas mocturnos, la organización de éstos
y sus suministros. Todo esto es muy importante. La rapidez es
vital,

Primer Ministro al jefe del Estado Mayor Aéreo. 30-VIIL41.

Ese cálculo de 1.700 aviones alemanes derribados en el frente


ruso, habríamos de estudiarlo comparándolo con las cifras finales
del segundo informe Singleton, referente a las relativas fuerzas
aéreas británicas y alemanas en todos los teatros de la guerra.
Sírvase darme a conocer el resultado cuando tenga por con-
veniente.

1038
Primer Ministro al subjefe del Estado Mayor Aéreo. 30-VIULA1.

Bien.
«La abnegación y la bravura demostradas en los ataques con-
tra Rotterdam y otros objetivos, desafían todo elogio. La carga de
la Caballería Ligera en Balaclava palidece al lado de estos actos
de valor casi cotidianos. »
Comuníquelo así a las escuadrillas, y publíquelo si le gusta (1).

Primer Ministro al general Ismay para el Comité de jefes de Es-


tado Mayor. 30-VIT-41.

Aunque personalmente debo declararme satisfecho con los ac-


tuales explosivos, creo que no debemos atravesarnos en el camino
del progreso, y, en consecuencia, soy de la opinión que habría
que poner en práctica lo propuesto por lord Cherwell, y que el
ministro del Gabinete responsable debería ser sir John Ander-
son (2).
Celebraré conocer qué es lo que piensa el Comité de jefes
de Estado Mayor.

Primer Ministro al Primer Lord del Mar. 31-VI41.

Si usted lo cree oportuno, y los buques se encuentran a salvo


en los puertos, sírvase transmitir al Centro de Operaciones del
Almirantazgo, Departamento de la Marina Mercante, el Coman-
dante en jefe de los Accesos Occidentales, la Comandancia de
Guardacostas y demás interesados, mis más cumplidos plácemes
por la vigilancia, ingenio y flexible organización que, en el curso

(0 Esta minuta alude a otra relacionada con los ataques de los


Blenheims contra la navegación enemiga en Rotterdam.
(2) Alusión a los primitivos planes para las investigaciones de la
bomba atómica, para los cuales utilizamos la palabra clave “Tubos de
Aleación”, j

1039
en condiciones de atacar, no se encontrará, en comparación con el enemi-
go, en una situación mucho mejor que la actual.

6. Celebraría que usted me contestara a todo lo expuesto durante el pró-


ximo fin de semara, al objeto de que podamos discutirlo en la reunión del
Estado Mayor, que tendrá lugar el lunes por la noche.

Esta propuesta fue aceptada, si bien fue menester algún tiempo para
llevarla a la práctica. En octubre, se formó en Malta una fuerza naval de
ataque, conocida por «Fuerza K», compuesta por los cruceros «Aurora» y
«Penelope» y los destructores «Lance» y «Lively», que no tardó en prestar
relevantes y oportunos servicios.

En la época a que me estoy refiriendo, mis miras eran, empero, mucho


más amplias. En la guerra siempre es deseable, aunque no siempre posi-
ble, adelantar planes. La pausa que siguió a la decisión de Auchinleck de
aplazar su ofensiva y la afortunada campaña de Persia, me ofrecieron
una oportunidad para ello. Desde todos los puntos de vista, me había pa-
recido deseable reforzar a nuestras formaciones de Oriente empleando al
máximo los buques de que disponíamos. Era imposible predecir qué ocu-
rriía en la inminente batalla del desierto, o cuánto aguantaría el frente
ruso del Cáucaso. Además, siempre había la amenaza del Japón, con el
peligro potencial que aquélla significaba para Australia y Nueva Zelanda.
Yo quería que otras dos divisiones británicas fueran trasladadas a Orien-
te, y en el supuesto que el viaje pudiera efectuarse de forma que ambas
divisiones doblaran el Cabo de Buena Esperanza hacia finales de año, dis-
pondríamos de algo sustancial al alcance de la mano mediante lo cual
hacer frente a contingencias imprevisibles. Con ellas, de hecho, podíamos
constituir la reserva móvil, la «masa de maniobra» que es la única que en
momentos de necesidad puede ofrecer buenas alternativas de éxito. Yo
había aprendido todo esto en una dura escuela, en donde las lecciones a
menudo sólo se reciben una vez.
Por consiguiente, ambicioné ir doblemente sobre seguro, y para ello,
además de sumar dos nuevas divisiones al ejército del desierto, procedí a
constituir una reserva móvil para cualesquiera necesidades o contingen-
cias que pudieran surgir en Oriente Medio. Pero nos faltaban buques. Los
que podíamos sustraer a la lucha en el Atlántico, los utilizábamos para
los convoyes que rodeaban el Cabo de Buena Esperanza o que cubrían la
ruta de Australia o la India. El propio Leathers era impotente para ofre-
cerme solución alguna. Pero yo abrigué la convicción, merced a la cre-
ciente cordialidad de mi correspondencia con el presidente Roosevelt, de
que éste no se negaría a prestarme algunos buques rápidos americanos
de transporte. Como se verá, mis esperanzas no andaban equivocadas.
Desde luego, aun en el caso de conseguirlo, era imposible ponerlo en
práctica antes de muchos meses, pero yo deseaba con afán tener algo a
mano en la ruta del océano Indico para que no nos cogieran despreveni-
dos las probables coyunturas desfavorables que era forzoso admitir en
nuestros cálculos.

104
de la semana pasada, permitieron que tan gran número de buques
arribaran sin percance, después de haber atravesado zonas excep-
cionalmente infestadas de concentraciones de submarinos ene-
migos.

Primer Ministro al ministro de Información. 31-VIIT-41

1. ¿Cómo marcha nuestra gran estación radiodifusora, «ue


ha de eclipsar a las emisoras extranjeras? Mucho retraso hubu
ya en la puesta a punto del proyecto, pero tengo entendido que
éste ha gozado de las máximas prioridades. Sírvase facilitarme un
informe de media página.
2. Opio que es muy importante que las películas alema-
nas de la invasión de Rusia se exhiban en Inglaterra, así como
que sean enviadas a los Estados Unidos. Mr. Winant está ple-
namente de acuerdo conmigo en este extremo. La semana pas2-
da le escribí diciéndole que, a mi modo de ver, diez minutos de
atrocidades alemanas constituirían el mejor preludio posible para
jos reportajes cinematográficos de la reunión del Atlántico y mi
visita a Islandia. ¿Qué se ha hecho en este sentido?
3. ¿Han recibido los islandeses una copia de la película que
trata de su país?

SEPTIEMBRE

Primer Ministro al jefe del Estado Mayor General Imperial.


8-IX-41.

Sírvase facilitarme un informe breve sobre la situación en que


actualmente mos encontramos en cuanto a espoletas de acción re-
tardada.
Al final de la guerra pasada, los alemanes las emplearon con
profusión para hacer imposible la explotación de las líneas fe-
rroyiarias, una vez se retiraron de Francia

1040
La duración de la retardación debería variar de unos cuantos
días a varios meses, de suerte que la incertidumbre nunca estuviera
ausente y los destrozos de las líneas se produjeran de un modo
continuo. Tengo entendido que el sistema más corriente se basaba
en una pequeña caja de metal, no mayor que una caja de ciga-
rros, en la cual un ácido corroía gradualmente un alambre, es-
tableciendo así un contacto magnético o abriendo un orificio. Es
indudable que entre tanto habrán tenido lugar muchos perfeccio-
namientos.
En conjunto, la perspectiva de nuestra situación en Oriente
me inclina a creer que sería conveniente emprender la fabrica-
ción en gram escala de esta clase de artefactos. Estamos constru-
yendo aeródromos en Anatolia, Siria, Persia, Chipre, etc., y los fe-
rrocarriles y carreteras son objeto de mejoras y de ampliaciones.
Por lo tanto, deberíamos disponer de los medios necesarios para
hacerlos inutilizables para el enemigo, por un período considera-
ble de tiempo, en el caso de vernos obligados a abandonarlos.
El mejor sistema para ello consistiría en fabricar y colocar las
minas de antemano, comunicándolas entre sí por medio de con-
ducciones secretas en las cuales, en el momento de surgir la ne-
cesidad de armar dithas minas, cupiera colocar las espoletas ade-
cuadas. En cada aeródromo debería haber veinte o treinta minas;
si fuese menester evacuarlo, bastaría con colocar las espoletas en
su sitio y apisonar la tierra, El período de peligro debería durar
desde luego seis meses como mínimo, y los ferrocarriles (cuando
menos en sus iamales terminales) deberían estar minados a in-
tervalos de tres o cuatro minas por cada milla. Los puentes y tú-
neles también deberían estar minados. La incertidumbre del mo-
mento en que una línea ferroviaria o una carretera pueden esta-
llar y hacerse inservibles, es de efectos más desmoralizadores que
el de una devastación general, la cual suele hacerse siempre de
una sola vez y no tiene repetición.
Le ruego que me comunique qué es lo que piensa sobre esto.

MI - 34 1041
Primer Ministro al ministro del Trabajo. S-IX-41

¿Hay alguna verdad en las alegaciones publicadas en los pe-


riódicos de que muchos de Jos llamados Testigos de Jehová sen
individuos jóvenes, fuertes y sanos, que no toman parte en el es-
fuerzo de guerra?

Primer Ministro al ministro de Aprovisionamiento. 10-1X-41.


(Con copia para el ministro del Aire.)

En su minuta del 29 de agosto usted me comunica que el


pedido para 50.000 bombas Jefferis no puede ser atendido, y que
sólo puede ofrecerme 10.000.
Yo lo atribuyo a escasez de explosivos. Me informan que el
contenido de nueve bombas adherentes sirve para cargar dos bom-
bas Jefferis. En consecuencia, cabría fabricar las restantes 40.000
Jefferis aplazando la carga de 180.000 adherentes. Tengo enten-
dido que esto significaría unas seis semanas en razón del actual
promedio de fabricación, y, en consecuencia, convengo en que de-
bemos aplazar la carga en el sentido que indico.
La fabricación de la bombarda debe seguir adelante sin me-
noscabo.

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al jefe del Estado Mayor General Imperial.
10-1X-41.

Sírvase examinar el documento adjunto, redactado por lord


Beaverbrook (sobre el ferrocarril tansiraniano). En vista del peli-
gro que amenaza a Murmansk y de las masas de mercancías que
estamos proyectando enviar a Rusia, y habida cuenta de las di-
ficultades con que tropezamos para mejorar el ferrocarril que atra-
viesa Persia y al mismo tiempo no cesar en su explotación, me
1042
parece urgentísimo que se exploren inmediatamente las posibili-
dades de recurrir al transporte por carretera. Yo podría cablegra-
fiar a Mr. Hopkins pidiéndole los camiones necesarios, con sus
conductores y mecánicos si fueran menester, y no me cabe duda
de que los Estados Unidos los embarcarían rumbo a Basora con
bastante rapidez. No sé nada de las carreteras, pero toda esta
cuestión ha de ser examinada a fondo junto con un plan para
la mejora de las mismas mientras los vehículos llegan de América.
Sírvase comunicarme su criterio sobre este punto, si es posi-
ble mañana mismo, a fin de que yo pueda decidir.

Primer Ministro al general Ismay para el Comité de jefes de Es-


tado Mayor. 12-IX-41.
1. Será inadmisible que todo el Ejército británico (salvo los
hombres que se encuentran en Oriente Medio) permanezca in-
definidamente ocioso y pasivo en concepto de guarnición de esta
isla, para prevenir cualquier invasión. Tal contingencia, aparte de
las consideraciones de carácter militar, entrañaría consigo el des-
crédito del Ejército. No creo que haga falta que me extienda sobre
esto.
2. Es menester organiza, una Fuerza Expedicionaria, equi-
valente a seis divisiones, para entrar en acción fuera de esta isla.
3. A menos que acontecimientos inesperados provoquen la
apertura de un nuevo teatro bélico en el Continente o en Marrue-
cos, O a menos que la invasión sea inminente, debemos intentar
la liberación de Noruega en el momento más pronto y oportuno.
4. Deben prepararse planes para actuar en dondequiera que
se considere el lugar mejor. Estos planes habrán de ser sometidos
al Comité de Defensa antes de finales del corriente mes.

Primer Ministro a sir Edward Bridges y el general Ismay.


13-1X41.
Es de prever que surgirán confusiones entre Bandar Shahpur
y Bandaz: Shah, a ambos términos del ferrocarril transiraniano. En

1043
consecuencia, para todas las cuestiones oficiales británicas, dichos
lugares serán llamados Bandar Caspio y Bandar Golfo, respectiva-
mente. Le ruego que dicte órdenes en este sentido.

Primer Ministro al general Ismay. 13-1X-41,


Ciertamente es necesario que este enjuiciamiento (sobre la es-
trategia general, para ser comunicado a los Primeros Ministros
de los Dominios), sea puesto al día. En él no se mencionan para
nada nuestra ocupación de Persia ni la importancia de la ruta a
través de dicho país mediante la cual nos damos las manos con
Rusia. A finales de septiembre o a mediados de octubre será mucho
más fácil enfocar las perspectivas de la guerra en Rusia. Tampoco
se hace ninguna referencia a un posible ataque contra Turquía,
o a presiones sobre este país, ni a las consecuencias derivables.
¿Qué prisa hay en redactar este documento? En su forma
actual no haría más que llevar la confusión y el temor a los Do-
minios. Vea, por ejemplo, la sugerencia de que una de las razo-
nes por las cuales defendemos Egipto estriba en impedir que la
escuadra italiana irrumpa a través del Canal para arrojar del Océano
Indico a la Marina británica. Me parecería muy lastimoso que
semejante argumento fuese la única base en pro de nuestra defen-
sa de Egipto.

Primer Ministro al general Ismay para, el Comité de jefes de Es-


tado Mayor. 13-1X-41.

Yo nunca pedí [que los buques americanos destinados a con-


voyar los refuerzos de Oriente Medio] realizaran un segundo viaje,
aunque siempre esperé que sería así. Sería de un gran alivio apro-
vechar este segundo viaje para transportar a Oriente Medio las
masas de tropa que hace tiempo deberían ya estar allí. La noticia
es muy halagijeña, y me gustaría conocer los detalles para dar las
gracias a quien fuese. Sírvase comunicarme qué otros problemas
nos ayuda a resolver este segundo viaje.
1044
Primer Ministro al ministro de Información. 13-1X-41.

Desde luego, habría que hacer más agitación en torno al fu-


silamiento de sindicalistas noruegos perpetrado por Hitler, así como
la condena de otros a largas sentencias en presidio: ¿No cree que
las Trade Unions deberían acordar un voto de simpatía? ¿Por
qué no se pone usted en contacto con Citrinc y organizan protes-
ras continuas? Los nombres de las dos víctimas habrían de ser
divulgados como los de dos mártires,

Primer Ministro a sir Andrew Duncan. 13-1X-41.

A petición mía lord Cherwell ha preparado una nota sobre


las importaciones previsibles. Usted se encuentra estudiando ahora
los programas, según el criterio de la Junta Superior de Impor-
taciones, Yo trabajo a base de años del calendario, y el presupuesto
de importaciones que deseo hacer debe abarcar el año 1942. De-
searía tener terminado este presupuesto en noviembre a más tar-
dar. Entre tanto, serán muy útiles las comparaciones entre el pri-
mer y el segundo años de la guerra y las previsiones para el
tercero.
Usted debe tener siempre presente que yo puedo verme obli-
gado a hacer muevas y más importantes demandas de transportes
marítimos, en el supuesto de que haya que despachar a una Fuer-
za Expedicionaria. Tal vez usted querrá comunicarme sus ideas
preliminares sobre la materia, que supongo deben coincidir con
las del Profesor.

Primer Minsstro a lord Cherwell, 13-1X-41.

Será indispensable impedit para 1942 la más pequeña dis


minución del potencial del Ejército, y a fin de asegurarlo será
preciso adoptar medidas muy especiales. Queda descartada toda
1045
idea de suspender temporalmente la fabricación de municiones
para el Ejército. Acabo de pedir que se prepare una Fuerza Expe-
dicionaria de seis divisiones, además de las dos que van a parti:
para Oriente. Adónde irá dicha fuerza, dependerá de los accn-
tecimientos. Lo que nos quedará, bastará apenas a cubrir las ne-
cesidades de la seguridad de la metrópoli.
La provisión del necesario potencial humano va a ser causa
de grandes dificultades. Sin embargo, confío que la A. D.G.B,
la A. R. P., la Defensa Costera y la artillería pesada, junto con
algunos servicios de retaguardia, podrán cedernos dos o trescien-
tos mil hombres. Movilizaremos extensamente al personal ocupa-
do en profesiones especializadas. En estos momentos existe el grave
peligro de tener que disgregar varias divisiones.

(A ejecutar hoy mismo.)


Primer Ministro al general Ismay, para el Comité de jefes de Es-
tado Mayor. 14-IX-41.

1. La petición elevada por la R. A. F. muestra el despilfarto


que se hace del personal de tierra. Estamos proyectando situar die-
ciocho escuadrillas en Oriente Medio para la primavera de 1942.
AMí hay ya 45.000 soldados del personal de tierra, y ahora se pro-
ponen enviar otros 40.000, haciendo un total de mucho más
de 1.000 hombres por cada escuadrilla de dieciséis aviones de pri-
mera línea. Es evidente que hay que efectuar una encuesta a fondo
en esos repartos de personal, que, de seguir a semejante ritmo, van
a malograr todo nuestro esfuerzo de guerra.
Entre tanto, sólo se podrán incluir 20.000 hombres para el per-
sonal de tierra de la R. A. F. en los convoyes que partirán hasta
finales de diciembre. :
Debe hacerse constar que desde aquí sólo se envían trece es
cuadrillas, y no diecisiete como consignan esos documentos.
2. Las divisiones complementarias, de acuerdo con lo que yo
pedí al Presidente, deberán marchar intactas. El Presidente nunca
me hubiese concedido esos transportes extra, si no le hubiese atraído
1046
la idea de situar dos potentes divisiones completas en Oriente Me-
dio. No puedo presentarme ante él pidiéndole que me deje utilizar
sus barcos para menudencias y personal no combatiente,
3. Las cifras mencionadas más arriba suman un total .le
60.000. Las tropas para la India, al parecer, habrían de venir
en segundo lugar, en vista de las cuatro divisiones extra a que ha-
brían de ascender. La artillería antitanque y antiaérea gozarían,
naturalmente, de precedencia respecto de la de campaña y seni!-
pesada, de las que Oriente Medio ya está abundantemente pro-
visto. Un