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Apiculiura

Método
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EL MÉTODO DADANT EN APICULTURA


CARLOS DADANT
C. P. DADANT

EL M E T O D O
DADANT
EN ¿y
APICULTOR

VERSION DEL INGLES

•EMILIO M. MARTINEZ AMADOR

BARCELONA

G U S T A V O GILI, EDITOR
C a l l e de E n r i q u e Granados, 45

MCMXXVIII
ES PROPIEDAD
Copyright, 1928,
by Gustavo Gili

G U I N A R T y P U J O L A R , impresores; B r u c h , 63. — B a r c e l o n a
C A P Í T U L O PRIMERO

Primeros experimentos

Los que escriben tienen la costumbre de comenzar sus


libros con un prefacio que pocas personas leen. Como es de
desear que el estudiante de Apicultura lea este libro desde
la primera página, no ponemos prefacio alguno. Sin embargo,
es necesario explicar cómo nos hemos decidido a publicar esta
obrita después de haber dado al mundo apícola un tratado tan
completo como «La abeja y la colmena», de Langstroth y Dadant,
y un libro para los principiantes, titulado «Primeras lecciones
de Apicultura».
El sistema de colmenas inventado por Langstroth supone
el único cuadro práctico, es decir, un cuadro en el cual cada
panal adherido puede manejarse con facilidad gracias al espacio
de unos ocho milímetros que separa el cuadro del cuerpo de la
colmena, de suerte que no toca en la caja ni en el fondo, en los
extremos ni en lo alto. A esto se une un techo movible que
permite abrir la colmena sin dificultad y añadirle las alzas
que la ocasión pueda hacer necesarias. Todas las colmenas que
poseen estas dos particularidades, cualesquiera que sean sus
dimensiones de caja o cuadros, son colmenas sistema Langs-
troth. Las variaciones son innumerables.
Carlos Dadant emigró de Francia a América con su fami-
lia en 1863. En su juventud se había dedicado en Europa
i
MÉTODO DADANT

como pasatiempo a la apicultura, porque le agradaban en ex-


tremo la historia natural y los trabajos del campo. Solía decir
de sí mismo: «yo tenía gustos de aldeano». Había estudiado
Apicultura y ensayado
diversos modelos de col-
menas, que, por desgra-
cia, como la de Debeau-
voys, eran de manejo
difícil por no decir impo-
sible; de suerte que la
gran mayoría de los pro-
pietarios de abejas, en
aquella f e c h a , habían
vuelto al «bournac», a
la colmena de paja en
forma de campana, algu-
nas veces con un «cas-
quete o s o b r e p u e s t o »
para la miel sobrante.
En estas condiciones era
imposible examinar de-
b i d a m e n t e la cámara
del pollo.
En 1864, Mr. Da-
dant, que al llegar al Illi-
nois h a b í a t e n i d o la
intención de dedicarse
M o s e s Q u i n b y , 1810-1875. al cultivo de la vid, se
Inventor del cuadro (sistema L a n g s t r o t h )
adoptado por los D a d a n t . procuró dos colmenas de
abejas comunes en cajas
ordinarias. Vivía en una finca pequeña, en medio de los bos-
ques, lugar bastante acomodado a la apicultura. Con aquellas
dos colmenas fundó en pocos años un establecimiento que hoy
da de comer a gran número de familias, a las que suministra
PRIMEROS EXPERIMENTOS 3
una cómoda independencia. Mr. Dadant gustaba de referir cómo
aquellas dos colmenas habían coadyuvado al auge de su finca,
sin que fuera necesario echar mano de otros capitales.

i—;— !
1

L . L . L a n g s t r o t h , 1810-1895.
Inventor del cuadro movible que r e v o l u c i o n ó la A p i c u l t u r a .

Después de ensayar los viejos sistemas europeos, Mr. Da-


dant leyó en un periódico americano que Moses Quinby, del
Estado de Nueva York, había logrado producir 22000 libras
4 MÉTODO DADANT

de miel en una sola temporada. Compró la obra de Quinby,


«Los misterios de la Apicultura explicados», y poco después
el libro de Langstroth que, a petición de su autor, había de
revisar y escribir de nuevo veinte años después, con su hijo,
bajo el título de «La abeja y la colmena». En poco tieqipo se
convenció de que el modelo basado en el descubrimiento de

L a familia de C a r l o s D a d a n t . D e izquierda a d e r e c h a : L . G . S a u g i e r ,
M . G . D a d a n t , G . f. D a d a n t , H . C . D a d a n t y L . C . D a d a n t .

Langstroth antes mencionado era el más práctico de todos los


modelos de colmenas existentes, a causa de la intervención
completa que permite al apicultor en todas las manipulaciones
apícolas, así como sobre las abejas y sus panales.
La diferencia entre la colmena de Quinby y la de Langs-
troth no estribaba más que en las dimensiones de los cua-
dros: Quinby había adoptado el invento de Langstroth, con un
PRIMEROS EXPERIMENTOS 5
sistema de cuadros y colmenas de mayores dimensiones. La col-
mena ordinaria de Langstroth, con el cuadro que lleva su nom-
bre, tiene 8 ó 10 cuadros, más bajos y más cortos que los de
Quinby. En los Estados Unidos se la adoptó en gran escala por
dos razones: primero porque Mr. Langstroth había adquirido
patente de invención y tenía activísimos agentes, y segundo
porque los constructores de colmenas preferían las bajas a las
altas, ya que era más fácil encontrar a buen precio tablas estre-
chas para armarlas.
Gustaba Mr. Dadant de hacer experimentos. Ensayó, pues,
no sólo los modelos de Quinby y Langstroth, sino también
otros, y en 1868 poseía un número bastante crecido de colme-
nas, cuyos cuadros se asemejaban por su forma a los de las
colmenas Debeauvoys que se habían ensayado en Europa.
Estos cuadros le parecieron lo bastante prácticos para recomen-
darlos en Francia, en un tratadito que publicó en 1874. La
colmena De Layens está basada en un cuadro de estas dimen-
siones.
Después de ensayar durante unos treinta años estas col-
menas al lado de las de Langstroth y las de Quinby, en número
cada vez creciente, adoptó exclusivamente un modelo mucho
más grande que el de Quinby, pero con las mismas dimensiones
de cuadros. La altura de esta colmena, que es de unos cinco
centímetros más que la de Langstroth, le indujo a darle la pre-
ferencia, porque contiene más miel encima del grupo de abejas
en invierno y se presta mejor a la puesta de la reina en verano.
Esta colmena, que contiene de 9 a 11 cuadros, se conoce hoy
con el nombre de «Colmena Dadant».
El que escribe estas líneas, hijo de Carlos Dadant, fué
iniciado en la apicultura por su padre a la edad de 14 años;
pero hasta los 18 aproximadamente no vino a ser apicultor
activo. Mostraba gran timidez en el colmenar por temor a las
picadas. F u é menester una temporada melífera verdaderamente
próspera, en 1869, hallándose su padre enfermo de la hay fever
6 MÉTODO DADANT

(fiebre del heno, especie de asma de verano), para vencer su


repugnancia. A l ver las colmenas llenas de miel y observar que
las abejas llenaban de hermosos panales blancos las alzas que les
ponían, se entusiasmó, olvidó el temor a los aguijones y desde
entonces se convirtió en un apicultor casi tan ferviente como
su padre.
Aunque nuestro objeto no es, en este tratadito, describir
detalladamente la historia natural de la abeja, que hemos publi-
cado en las múltiples ediciones de «La abeja y la colmena», es
necesario hacer mención de algunos rasgos característicos de
las reinas, de las obreras y de los machos o zánganos, para
indicar lo indispensable para el más completo éxito de la apicul-
tura comercial.
La reina

La reina o abeja madre queda fecundada para toda su vida,


entre los cinco y los diez días de su nacimiento, si se encuentra
en circunstancias normales. Entonces se halla en estado de
poner huevos fecundos en tanto que sus ovarios los contengan.
Su emparejamiento con un
macho se efectúa en el aire.
Su puesta más abundante
: :
comienza al iniciarse la pri-
mavera, cuando es necesa-
rio que la colonia produzca
gran muchedumbre de abe-
jas obreras. Los escritores
de los siglos pasados afir-
F i g . 4 . - C a b e z a de l a reina (aumentada). m a b a n
Q u e u n a b u e n a r e i n a

puede poner de doscientos


a quinientos huevos diarios, y considerando esta fecundidad
excesiva, se preguntaban seguramente si sus lectores los cree-
rían bajo la fe de su palabra. Pero cuando el invento del cua-
dro movible práctico, debido a Langstróth, permitió al apicultor
PRIMEROS EXPERIMENTOS 7

estudiar los más recónditos secretos de la colmena, se observó


que una buena reina (y nunca deberíamos tener otras) podía
poner más de tres mil huevos diarios, durante semanas y aun
meses. Así lo afirmaron en primer término Langstroth y Quinby.
El primero aseguró que había visto a una reina, en una colmena
de observación, poner hasta seis huevos por minuto. Nos-
otros hemos observado también otro tanto, pero no es nece-
sario que una reina continúe su puesta con semejante rapidez,
porque en tal caso una jornada de diez horas daría un total de
3600 huevos.
Doolittle, uno de los más notables apicultores de la escuela
norteamericana (1870-1918), afirmó haber visto reinas que
ponían hasta cinco mil huevos en veinticuatro horas, durante
semanas. Es muy fácil al poseedor de abejas en colmenas de
cuadros movibles asegurarse del número de huevos puestos,
sin verse obligado a observar a las reinas. Se necesitan 21 días
para transformarse un huevo de obrera recién puesto en insecto
perfecto, es decir, para verle operar todas las metamorfosis:
de huevo a larva, de larva a crisálida, y de crisálida a insecto
alado. Así, pues, contando el número de celdas que contienen
pollo de todas las edades, durante el tiempo de la gran puesta,
si la reina es suficientemente prolífica y la colmena lo bastante
espaciosa, nos cercioraremos sin dificultad de que muchas reinas
ponen por lo menos 3500 huevos diarios durante muchas sema-
nas. Para contar el número de celdas de pollo basta medir la
superficie de los correspondientes panales, recordando que cada
decímetro cuadrado (cuatro pulgadas en cuadro) contiene un
promedio de 838 a 850 celdas de obreras. Como una puesta
de 3500 huevos da en 21 días 73500 celdas ocupadas, aquélla
supondría una superficie de unos 87 decímetros cuadrados
(unas 1350 pulgadas cuadradas). Se necesita, además del espa-
cio requerido para el pollo, como un 2 5 ° / de espacio adicional,
0

para las provisiones de alimentación del mismo.


La puesta activa de la reina no dura, por de contado, más
8 MÉTODO DADANT

que los meses de primavera y verano. En otoño disminuye y es


nula en invierno. Pero es importante que nuestras colmenas
posean el mayor número posible de obreras en el momento de
la cosecha. Como buenos generales, es menester que situemos
nuestras tropas en el campo de batalla en el momento favorable,
ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Esto es por lo menos
tan importante tratándose de abejas, como de soldados, porque
la duración de su período de utilidad es excesivamente limi-
tada. Para explicar esta parte de la cuestión necesitamos decir
algunas palabras de las

Abejas obreras

La abeja obrera es una hembra imperfectamente desarro-


llada. Si la hembra joven, al salir del huevo, se hubiera alimen-
tado, durante su estado de larva, con el manjar que se ha
llamado «gelatina real», y
si se la hubiera alojado en
una celda lo bastante es-
paciosa para permitir su
completo desarrollo, ha-
bría llegado a ser hembra
perfecta o reina. Pero no
hace falta más que una
reina en cada colmena,
salvo en el momento de la
F i g . 5.— C a b e z a de o b r e r a (aumentada).
enjambrazón. Las obre-
ras, pues, se crían en cel-
das más pequeñas y, como los zánganos, se alimentan, después
de los tres primeros días de su existencia, con una papilla más
basta que la real y, compuesta, según nos dicen los naturalis-
tas, de una mezcla de miel y de polen. Este tratamiento da un
resultado completamente distinto del que produce la cría de
las reinas.
PRIMEROS EXPERIMENTOS 9

1. La obrera no tiene sino ovarios imperfectos, que no


contienen nunca más que unas cuantas docenas de huevos.
No puede aparearse ni siente jamás el deseo de hacerlo. Sus
huevos no pueden producir más que zánganos.
2. Su cabeza es de forma diferente; sus mandíbulas son
más poderosas; sus antenas se elevan en el aire a la menor
alarma; tiene glándulas salivales que las reinas y los machos
sólo poseen en estado rudimentario; tiene órganos para la pro-
ducción de la cera que no existen en las otras dos clases de
insectos, y en las patas posteriores cuenta con dos cestas
de polen que le procuran la facilidad de transportar el polvo
fecundante de las flores. Estos órganos faltan en absoluto en
las reinas y en los zánganos.
3. Tiene carácter más resuelto, que la induce a arrojarse
sobre el intruso sin temor alguno, en tanto que la reina se
oculta a las miradas. Su aguijón es recto en lugar de ser curvo
como el de la reina, o le falta completamente como en el macho.
Recorre los campos en busca de alimento, cuida el pollo, limpia
la colmena y desempeña todos los deberes de una buena ama
de casa.
4. Siente gran respeto hacia la reina, a la que trata como
a una madre querida, en tanto que las reinas sienten unas por
otras un odio implacable y tratan de destruirse mutuamente.
Las obreras pasan del huevo a insecto alado en 21 días,
en las circunstancias ordinarias, y se ocupan en el interior de
la colmena, durante ocho días, antes de aventurarse fuera
de ella. Hacia la tarde del séptimo día hacen su primera salida,
que consiste en reconocer los alrededores de su vivienda, y des-
pués vuelven a pasar dentro de ella otra semana. Así, pues,
sólo al cabo de dos semanas de insecto alado, o sea cinco
semanas después de la puesta del huevo, es cuando realmente
la abeja puede salir a la pecorea. Esto es un hecho de impor-
tancia capital para que podamos saber la fecha en que nuestras
abejas estarán en disposición de salir al campo. Las fechas
10 MÉTODO DADANT

mencionadas pueden alterarse un tanto por circunstancias impre-


vistas, pero son precisas por regla general.
La obrera vive poco tiempo en la estación activa. Antes
de la introducción de la abeja italiana entre las de raza común,
nada fijo se sabía acerca de la longevidad de las abejas. Pero
la introducción de esta raza amarilla ha ayudado considerable-
mente a resolver este problema. En efecto, si el primero de
mayo se introduce una reina italiana en una colmena de abejas
comunes, después de matar a la reina, no quedará una sola
abeja de la raza común el primero de agosto, esto es, tres
meses después. A l quitar la reina negra había en las celdas
huevos recién puestos. Estos huevos necesitan 21 días para el
nacimiento de las abejas. Así, pues, en 71 ó 72 días, a contar
del nacimiento de las últimas abejas negras, éstas han desapa-
recido todas, lo cual da un promedio de 36 días de vida de las
abejas obreras durante los meses de verano. En otoño y en
invierno su vida es más larga, porque tienen menos fatiga,
menos peligros que correr y menos probabilidad de que las
maten el huracán, los avispones o el desgaste de sus alas, que
acaban no pudiendo ya sostenerlas.
Debemos, pues, calcular y prever la fecha en que nuestro
ejército de abejas ha de ser necesario para la gran cosecha de
miel, según lo que el país nos produzca en flores. Contamos,
según las localidades, con el trébol, la alfalfa, el pipirigallo,
el tilo, la salvia, el brezo, el trigo sarraceno o negro, el cáñamo
acuático, etc. Cada una de estas flores no dura sino pocos días.
Las cosechas de miel más persistentes se prolongan sólo algu-
nas semanas. Es menester, pues, que nuestras colonias estén
prontas precisamente para el tiempo de la cosecha. Si el general
conduce a sus soldados demasiado tarde al campo de batalla,
perderá la partida.
En otros términos, diremos, para servirnos de la frase
de uno de los mejores profesores de Apicultura, Mr. George
Demuth, que debemos criar a nuestras abejas para la cose-
PRIMEROS EXPERIMENTOS 11

cha de miel y no con ella. En esto estriba todo el secreto


del éxito.
Por otra parte, fácil es comprender que no es posible con-
tar con una fuerza considerable de abejas si la capacidad de la
cámara de cría de cada colmena es insuficiente para dar aco-
modo a la puesta de las reinas más prolíficas. Las reinas han
de contar con todas las facilidades posibles para la puesta en el
momento en que las abejas sean más necesarias.
CAPÍTULO II

Dimensiones de las colmenas

Las colmenas Quinby, fabricadas primitivamente por Moses


Quinby y adoptadas por nosotros, contenían ocho cuadros de
10 pulgadas y media por 18 pulgadas de superficie, dimensiones
americanas, en el interior del cuadro. Las colmenas Langstroth
de las dimensiones oficiales tenían 10 cuadros que medían en
lo interior 8 X 16 / pulgadas. La colmena primera abarcaba,
7
8

pues, una superficie de panales de 92 pulgadas cuadradas m¿s


que la última. Pero estas dos colmenas resultaban demasiado exi-
guas en primavera; y las reinas subían a las alzas para poner los
huevos, una vez que tenían llenos los panales de la cámara de
cría. Mr. Dadant padre ensayó colmenas Quinby de diferentes
tamaños, desde los ocho cuadros mencionados antes hasta 20.
Estas últimas colmenas resultaron demasiado espaciosas, y aun-
que hemos empleado como unas cuarenta durante varios años,
nos hemos visto obligados a convertirlas al sistema horizontal
(o sistema de De Layens), es decir, sin alzas, con el pollo y la
miel de repuesto en el mismo departamento. La reina ponía
algunas veces en todos los cuadros, de un extremo a otro de la
colmena, lo que nos forzaba a extraer miel de los cuadros que
contenían pollo, lo cual es poco de desear.
El lector habituado al sistema métrico universal o decimal,
se preguntará probablemente qué es lo que debe entender por
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 13

«pulgadas americanas», La pulgada tiene aproximadamente


25 milímetros. Este sistema de medidas es el inglés, y aunque
América es un país excesivamente progresista, en la fecha en

F i g . 6. — C u a d r o s de las dimensiones L a n g s t r o t h (arriba)


y Q u i n b y - D a d a n t (abajo).

que esto se escribe ni los Estados Unidos ni el Canadá han


proscrito enteramente dicho sistema. Ello llegará, tarde o tem-
prano. Entre tanto nos vemos obligados a dar a los lectores
14 MÉTODO DADANT

dimensiones que con frecuencia nos han embrollado. Más ade-


lante encontrarán las dimensiones de nuestras colmenas con
arreglo al sistema métrico decimal.
Ya hemos indicado que Mr. Dadant padre gustaba de hacer
ensayos. Para dar idea del número de sus experimentos, dire-
mos que ensayó hasta cuadros de 18 X 18 pulgadas, es decir, de

F i g . 7. — C o l m e n a de 20 cuadros e n s a y a d a por C a r l o s D a d a n t h a c i a 1870


y que r e s u l t ó demasiado e s p a c i o s a .

cuarenta y cinco centímetros de alto por otro tanto de ancho.


Estos panales resultaron también demasiado espaciosos, sobre
que se rompían fácilmente en tiempo caluroso y eran de manejo
difícil. También ensayó colmenas con cuadros en forma de
ataúd, porque había observado que las abejas dan al nido
de pollo la forma esférica, y que la reina aova ordinariamente
en círculo en torno de un centro. Las colmenas de cuadros en
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 15

forma de féretro daban buenos resultados, pero era imposible


añadirles alzas. También fueron descartadas, después de algu-
nos años de experimentación.
Finalmente, Mr. Dadant padre se decidió por una colmena
Quinby con 11 cuadros en el nido de pollo, que se reducían

F i g . 8. — M r . D a d a n t l l e g ó t a m b i é n a e n s a y a r c u a d r o s en forma de a t a ú d ,
para obtener l a forma c a s i redonda que l a s a b e j a s prefieren.

a 9 ó 10 cuadros, y alguna vez a menos para los enjambres


pequeños, mediante el empleo de una o dos tablas de tabique.
Como cada cuadro Quinby podía contener-unas 10500 celdas
de abejas obreras, se necesitan por lo menos 9 cuadros para la
puesta de una reina prolífica, teniendo en cuenta la necesidad
16 MÉTODO DADANT

de que haya también, en la cámara de cría, un número sufi-


ciente de celdas para la miel y el polen del consumo eventual.
A menudo se afirma que la cosecha de miel no depende de
la colmena. Esto es exactísimo. Pero el número de abejas
determina en un momento dado el éxito más o menos seguro de
aquélla. Una colmena pequeña es, pues, insuficiente, si no per-

F i g . 9. — C o m p a r a c i ó n de l a colmena L a n g s t r o t h de 8 c u a d r o s
y la c o l m e n a D a d a n t .

mite toda la puesta de que es capaz la reina para el momento


de la cosecha. En 1876 tuvimos una prueba evidente de la ver-
dad de este axioma. Un viejo apicultor del Missouri, llamado
Barlow, poseía un centenar de colmenas Langstroth, que nos
arrendó a cuenta y mitad para la producción de miel. Estas col-
menas recibieron de nosotros exactamente los mismos cuidados
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 17

que nuestras grandes colmenas. Ya en primavera nos vimos


obligados a ponerles alzas, que sus reinas invadieron inmediata-
mente para la puesta, mostrando a las claras que dichas colme-
nas eran harto exiguas para la cría del pollo en escala sufi-
ciente, en tanto que las reinas de nuestras grandes colmenas
Quinby-Dadant hallaban ancho campo para aovar.
Pruebas evidentes de la superioridad de una cámara de
pollo suficientemente capaz nos dieron más tarde los resultados
obtenidos. Sobre que los apicultores expertos hacen a una el
elogio de las colmenas grandes, aunque no sean más que sim-
ples cajas o cestos, pronto quedamos convencidos de que cuando
la reina puede aovar libremente, sin verse obligada a cambiar
de piso o a atravesar tabiques, la cosecha producida por una
población más numerosa aumenta sensiblemente.
Acaso la prueba más convincente que podemos citar fué la
que nos dió la mujer de un labrador en cuyo huerto habíamos
colocado uno de nuestros colmenares anexos, compuesto en
número igual de colmenas Langstroth y de grandes colmenas
Dadant, cuidadas por el mismo sistema. Dábamos a aquella
gente, por arriendo del colmenar, una parte de la cosecha.
La mujer, que era un tanto áspera, nos preguntó un día por qué
habíamos llevado las colmenas pequeñas a aquel colmenar,
y por qué no las conservábamos en nuestra casa. Consideraba
que no los tratábamos lealmente, porque veía a las claras que
las cosechas abundantes eran las producidas por las colmenas
grandes. Sin ambages ni rodeos nos dijo que, como no llevá-
ramos a su colmenar colmenas grandes, en lugar de las peque-
ñas, en lo sucesivo no consentiría que continuáramos en su casa
nuestra industria apícola. Nosotros habíamos reconocido ya por
experiencia propia la superioridad de las colmenas grandes, pero
nada nos hizo conocer dicha superioridad más vivamente que
aquella avariciosa reclamación.
Nosotros nos hemos visto precisados a tener abejas en col-
menas pequeñas o colmenas Langstroth, porque comerciábamos
2
18 MÉTODO DADANT

con abejas y, hasta estos últimos tiempos, en los Estados Unidos


ha sido punto menos que imposible vender otra cosa que colme-
nas Langstroth. Y sin embargo, el buen éxito, invariablemente,
se encontró en la producción de la miel de extracción con col-
menas suficientemente espaciosas para que la reina aovara en
un solo cuerpo.
Pueden, no obstante, obtenerse colonias fuertes con los
modelos bajos de Langstroth, empleando dos cuerpos de col-
mena en primavera, como lo hacía nuestro venerado amigo
el Dr. Miller, autor de varios tratados de Apicultura («Cincuenta
años entre abejas», «Mil respuestas a preguntas apícolas»). El
Dr. Miller ponía a las abejas dos pisos para la gran puesta de
primavera, y después, en el momento de la cosecha, reducía
la colonia a uno solo, poniéndole los mejores cuadros de pollo
escogidos entre los dos pisos y distribuyendo el resto entre las
colonias débiles de su colmenar. Añadiendo entonces varios
pisos de alzas con una rejilla para retener a la reina en el nido
de pollo, obtenía magníficas cosechas. Pero esto exigía mani-
pulaciones constantes para impedir una enjambrazón excesiva.
Necesitamos un nido de pollo de dimensiones convenientes, ni
demasiado exiguo ni demasiado capaz, es decir, suficiente para
dar a la reina más prolífica el lugar indispensable a su fertilidad
en el momento en que las obreras son más necesarias, sin lo
cual se vería obligada a aovar en las alzas destinadas al alma-
cenaje de la miel. En la colmena arriba mencionada es en la
que hemos hallado la solución de este problema.

Las colmenas pequeñas

Como acabamos de decir, la experiencia nos enseñó a las


claras que muchas colmenas son demasiado chicas para una pro-
ducción mayor de miel, porque no dejan bastante espacio para el
desarrollo de la puesta de la reina. Pero no es esto todo. Las
colmenas pequeñas dan origen a una enjambrazón excesiva,
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 19

pues no pueden contener bastante miel para la invernada de las


abejas en los países en que el invierno es largo y frío y tardía
la primavera. Siendo menos populosas, su grupo de abejas
corre más riesgos en los inviernos fríos. No permiten tan fácil-
mente como las colmenas grandes, discernir cuáles son las
reinas más prolíficas (cosa que el apicultor debe aprender,
si quiere dedicarse a la
cría de reproductoras
selectas), puesto que las
reinas se encuentran en
un espacio reducido. Dan
más enjambres que las
colmenas grandes, pero
estos enjambres son tam-
bién más pequeños. En
las colmenas pequeñas,
si se quiere impedir que
la reina ponga en las
alzas, es menester rele-
garla al nido de pollo
mediante el uso de te-
chos de zinc perforado,
que dejan pasar a las
obreras, pero retienen a
las reinas y a los machos
en el departamento que F i g . 1 0 . - L a c o l m e n a L a n g s t r o t h d e 8 c u a d r o s
ocupan. Ahora bien: es- en vuna a r i o s pisos es m á s difícil de a i r e a r que
c o l m e n a amplia de menos pisos.
tos techos son artefactos
muy incómodos que molestan a las abejas tanto para la ventila-
ción como para el libre paso de un piso a otro. En las colmenas
grandes rara vez son necesarios.
Las colmenas pequeñas, por ser generalmente más estre-
chas que las grandes, necesitan mayor número de alzas, aun
para una cosecha menor, que las grandes. Es preciso, pues,
20 MÉTODO DADANT

hacerlas de más pisos, y por esta razón son más difíciles de


airear; porque todo el mundo sabe que las abejas, durante los
calores, mantienen la pureza del aire y la media de temperatura
en la colmena formando líneas de activas obreras que orean
y mantienen una corriente de aire de un extremo a otro de la
colmena, y de arriba abajo, por la acción de las alas.
Por otra parte, es cierto que las colmenas pequeñas cues-
tan menos que las grandes. Pero dado que ocasionan más
enjambrazón y que necesitan a menudo más pisos, se necesita
un número mayor para sostener un colmenar. La economía es,
pues, más aparente que real. Otro tanto podría decirse de las
colmenas de panales fijos, que cuestan muy poco, pero no per-
miten ninguna de las ventajosas manipulaciones de un colmenar
moderno. La colmena de nuestros antepasados (colmena de cas-
quete, «bournac», etc.) puede compararse a la colmena de cua-
dros movibles como se compara la hoz con la segadora, o la
carreta con el automóvil.
Las colmenas pequeñas tienen, sin embargo, una ventaja
real, que se observa cuando es menester transportar el colme-
nar, ya sea para ponerlas en sótanos, ya para hacer apicultura
nómada. Es también más fácil que las señoras las manejen para
la enjambrazón o las divisiones.
Buen número de apicultores se imaginan que sus abejas no
producen si no obtienen por lo menos un enjambre natural por
colmena. Pero esos son más bien poseedores de colmenas que
apicultores. Cuantos más enjambres tienen, más satisfechos
están. Para estos entusiastas, la colmena pequeña es un bene-
ficio, porque enjambra mucho. Pero el apicultor comerciante,
que ha de ganarse la vida con la producción de miel, considera
esta cuestión desde otro punto de vista. Cuando ha aumentado
su colmenar hasta el límite razonable, quiere miel y pocos
enjambres. Necesita, pues, colmenas que den el mínimo de en-
jambres naturales. Lo mismo nos ocurrió a nosotros hace más
de cuarenta años.
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 21

La mejor cualidad de la colmena pequeña, para el dueño


de abejas, es su poco precio. Pero ¿qué diríamos de un agri-
cultor que al construir una granja la hiciera tan reducida que
no pudiera contener sino una pequeña parte de su mobiliario
rústico, de sus caballos, de sus vacas, etc.? Como solía decir
el llorado Mr. Langstroth: «Alojar a un enjambre numeroso en

mmm

F i g . 11. - L a c á m a r a de pollo baja (Heddon, R a d o u a n , etc.) s a t i s f a c e


a algunos a p i c u l t o r e s ; nosotros le vemos inconvenientes.

una colmena pequeña, es enganchar caballos vigorosos a un


cochecillo de niño, o aprovechar un potente salto de agua para
mover una rueda en miniatura».
He aquí, pues, las buenas cualidades y los defectos de las
colmenas pequeñas. Considerando los ensayos antes citados,
llegamos a la conclusión siguiente:
Un nido de pollo debe ser compacto, pero amplio, para la
22 MÉTODO DADANT

puesta de las mejores reinas y para el almacenaje de una can-


tidad de miel suficiente para la invernada y la puesta de pri-
mavera, al mismo tiempo que del polen para la cría de las
larvas.
Se puede hacer una ampliación de las colmenas pequeñas
añadiéndoles varios pisos de pollo, a la manera de las colmenas
de alzas. Ciertos apicultores aseguran que varios pisos bajos
superpuestos son preferibles a la cámara de pollo de un solo
piso. Otros añaden medios pisos tales como nosotros los em-

A
t
A
7

F i g . 12. — C o l m e n a s de a l z a s de modelos antiguos.

pleamos para la miel de repuesto, para agrandar la colmena


pequeña. Ni uno ni otro de estos sistemas nos ha satisfecho,
porque los hemos ensayado en grande.
La cámara de pollo baja, empleada por Radouan y Soria,
y más tarde por Heddon y Danzenbaker, fué 'calurosamente
encomiada por sus inventores, que le encontraban una infinidad
de ventajas. También satisfacía a muchos apicultores ingleses,
que recomendaban lo que llaman el «storifying» o división en
pisos, para dar acomodo a las reinas más prolíficas lo mismo
que a las mediocres. Uno de los más grandes apicultores de
Texas posee este modelo, que recomienda encarecidamente.
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 23

Pero pocos de sus vecinos adoptan su procedimiento. A nuestro


entender, he aquí la razón de ello.
Ya hemos dicho que el grupo de abejas, en primavera,
tiene forma de bola; de ello se convencerá fácilmente cualquiera
que abra una colmena, pues la bola es la mejor forma de un
grupo que quiere conservar el calor. La puesta de la reina
sigue este plan. La reina comienza a aovar en medio de las

F i g . 13. — C o l m e n a D e L a y e n s de un solo piso, l l a m a d a « c o l m e n a h o r i z o n t a l » .

abejas y continúa en círculo en torno de dicho centro. No hay


más que examinar un cuadro de pollo para convencerse de nues-
tro aserto.
Si reflexionamos un instante sobre el trabajo de la reina
para poner más de 3000 huevos diarios durante semanas y me-
ses, comprenderemos que no tiene mucho tiempo que perder.
Debe proceder con método. Si depositara sus huevos acá y
acullá, sin regularidad, no podría conseguirlo. Cuando va a
poner, mete la cabeza en una celda vacía para examinarla. Si
la celda está limpia, inserta en ella el abdomen, deja un huevo
y pasa a la siguiente. Esta acción debe continuarse metódica-
24 MÉTODO DADANT

mente durante horas y días, so pena de ver que quedan vacías


muchas celdas. Obra, pues, con mucha regularidad y los pana-
les de pollo llenos por una reina de buena calidad no tienen sino
un número limitado de celdas vacías. Las reinas viejas cuya
fertilidad se debilita tienen una puesta muy irregular.
En un cuadro bajo, la reina encuentra pronto, siguiendo el
círculo, el borde de madera de aquél, en lugar de celdas vacías.

r

F i g . 14. — U n panal de pollo bien lleno en un c u a d r o D a d a n t .

Esto interrumpe la puesta y fuerza al insecto a cambiar de


dirección, desandando a menudo lo andado para aovar en direc-
ción opuesta. Aunque en un cuadro no haya más que una barra
transversal, esto suele ser suficiente para hacerle cambiar de
dirección, de suerte que es frecuente encontrar un cuadro así
dividido con pollo en un lado solamente, tanto si la barra trans-
versal es horizontal como vertical. La reina vuelve más tarde,
y el apicultor observa con cierto asombro que el pollo de un
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 25

lado de la barra transversal no es de la misma edad que el


del lado opuesto. Cuando la reina tiene que pasar de un piso
a otro, pierde todavía más tiempo, porque primero encuentra
una barra transversal, luego un espacio vacío y luego otra
barra. En la temporada de puesta activa, las abejas obreras
la alimentan profusamente con gelatina real o con miel, y sus
huevos se desarrollan rápidamente. Si no quedan puestos en
celdas, porque la reina no las encuentra vacías con tanta faci-
lidad como desea, caen como frutos maduros. Se da uno cuenta
de esto cuando se recoge un enjambre, porque si se sacude
con la reina sobre un paño negro, es raro que no se encuentren
varios huevos perdidos por la reina en los pocos momentos que
ha necesitado para encontrar la entrada de la colmena vacía.
Así, pues, si queremos tener el mayor número posible de hue-
vos puestos por una reina prolífica, es preciso darle panales
con una superficie de celdas lo más grande posible, en los
cuales no se vea obligada a andar a tientas a cada instante,
sino que por el contrario pueda seguir la rutina de ir de una
celda a la contigua casi maquinalmente y dando una puesta
seguida.
La explicación anterior da la razón de que una reina depo-
site mayor cantidad de pollo en cuadros de tamaño grande
y celdas regulares que en cuadros pequeños superpuestos o
separados por barras o travesaños. También explica esto por
qué una reina que ha dejado el piso inferior titubea en volver
a él. Como las reinas gustan del calor, la veremos subir a un
tercer piso con más facilidad que volver a la planta baja. Si
dispone de grandes cuadros regulares, con espacio suficiente
para la puesta, subirá raras veces al piso superior, y tendremos
pollo más abundante y cosecha proporcional a él, con menos
enjambrazón.
El lector comprenderá, pues, la razón de que hayamos
obtenido mejores resultados con las colmenas de cuadros gran-
des que con los cuadros bajos y los nidos de pollo divisibles.
26 MÉTODO DADANT

Buen éxito en la invernada

Las ventajas de las cámaras de cría espaciosas no se deben


únicamente a la facilidad de puesta que procuran, y por consi-
guiente a una población más numerosa para la cosecha, sino que
nos ofrecen también mejores condiciones para la invernada.
El grupo de abejas en forma de esfera ocupa de cuatro a ocho
cuadros en el centro de la cámara de pollo. Este grupo tiene
ordinariamente de 17 a 20 centímetros de diámetro, siendo
a veces ligeramente alargado en el sentido de la longitud del
cuadro. Con un cuadro que no tenga más que 20 centímetros
de altura, la parte superior del grupo llegará o dos o tres cen-
tímetros del larguero superior del cuadro. El mismo grupo, en
un cuadro de 26 a 27 centímetros, estará alejado 8 ó 9 centíme-
tros de dicho punto. En el cuadro áffo habrá de 10 a 12 cen-
tímetros de miel depositados por las abejas en lo alto del panal.
En el cuadro bajo la cantidad de miel no subirá de 7 a 8 centí-
metros. Como en invierno las abejas apenas pueden moverse
horizontalmente por causa del frío, la colmena baja tendrá me-
nos miel al alcance de las abejas durante las temperaturas muy
bajas, y si el grupo se ve obligado a permanecer en la misma
posición durante tres o cuatro semanas, no podrá consumir
la miel que tiene encima. Con frecuencia hemos visto un grupo
de abejas muertas de hambre, teniendo provisiones a poca dis-
tancia, pero colocadas en tal posición que los insectos no podían
alcanzarlas a causa del frío. Esto nos explica por qué las col-
menas de cuadros grandes inviernan mejor que las otras en
inviernos muy rigurosos, como los de nuestros climas del norte.

Espaciamiento de los cuadros

Otra ventaja observada en los cuadros sistema Quinby


que hemos adoptado es el espaciamiento de los cuadros, que
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 27

es, en el panal de pollo, de 38 milímetros de centro a centro


(pulgada y media en medida americana). En esto Quinby siguió
el ejemplo del observador silesiano Dzierzon. Langstroth espa-
ciaba 35 milímetros sus panales, según Berlepsch y otros obser-
vadores. La diferencia no es grande, y cada cual creía estaren
lo cierto. A l adoptar el cuadro Quinby, nosotros adoptamos
también su espaciamiento. Cuando se puso la cuestión sobre
el tapete, quisimos remitirnos a las abejas mismas. Mas no fué
difícil darse cuenta de que los insectos espacian sus panales
muy irregularmente. Los de obreras están más próximos que
los de zánganos, y estos últimos a su vez se hallan más distan-
ciados que los panales en que las abejas se proponen almacenar
la miel. En estado de naturaleza, se encuentran panales espa-
ciados desde 30 milímetros a 5 centímetros. Pero los panales
de pollo de obreras tienen un promedio de espaciamiento de
35 milímetros de centro a centro.
Todo esto podrá parecer de poca importancia a los novi-
cios y, no obstante, las ganancias y pérdidas de la apicultura
dependen a menudo de detalles insignificantes en apariencia.
Los que sostienen el sistema del espaciamiento estrecho,
condenan-el ancho por la siguiente razón, dada por Julius
Hoffman, inventor del cuadro que lleva su nombre:
«Si .espaciárnos los panales 38 milímetros en lugar de 35,
tériemos entre los dos un espacio de 16 milímetros en lugar
de 13, como debe ser; se necesitará* pues, un número mayor de
abejas para llenar-este espacio y conservar, en él .el.'calor nece-
sário.-.En'el espacio, de T3-milímetros, las abejas que se encuen-
tran en las . dos caras: dé los, panales se: tocan por el dorso
1

y llenan todo el espacio entre ambos nidos de pollo..Cuando


es mayor la distancia les es más difícil conservar el calor, y se
necesita un número mayor de abejas en el mismo espacio para
mantener caliente el pollo. Esto supone pérdida en una prima-
vera fría y retrasada».
Este argumento es excelente, pero en la práctica los resul-
28 MÉTODO DADANT

tados no responden a él. Cuando termina la temporada, las abe-


jas almacenan una cantidad mayor de miel en panales más dis-
tanciados, puesto que tienen más espacio, y entonces no Ies es
necesario reducir las celdas al lugar estrictamente indispen-
sable al pollo, como en la época de la puesta. El panal de miel
de encima del grupo contiene mayor cantidad de alimento. Las
abejas se mantienen en mayor número, puesto que tienen más
espacio debajo de la miel, e inviernan allí con mejor resultado,
son más fuertes en primavera y el ciclo del año se completa
con mejor éxito.
¿Es esto una teoría? Sí, pero está basada en los hechos.
Las colonias con un gran panal de pollo y con cuadros espacia-
dos 38 milímetros son más fuertes, inviernan' mejor y se mul-
tiplican más rápidamente que en las colmenas pequeñas de
panales distantes menos de 35 milímetros, a igualdad de las
restantes condiciones. Se ruega al lector recuerde que estos
hechos quedaron demostrados antes que nosotros intentáramos
explicarlos en teoría. Una teoría no tiene fuerza sino cuando
puede sostenerse y apoyarse en hechos. Es preciso también
que la experiencia de estos hechos se haya hecho en escala
suficiente para estar a prueba de las posibles excepciones.
El ensayo de este punto en centenares de colmenas, en dife-
rentes colmenares, pero tratadas de la misma manera, no deja
lugar a duda en cuanto a la exactitud de las conclusiones. Un
ensayo hecho en media docena de colmenas solamente podría
dar resultados menos persuasivos.
El espaciamiento de los panales ejerce también influencia
en la enjambrazón de las abejas. Hablaremos de ello en otro
capítulo.
Las alzas

Las alzas que debemos emplear en la producción de miel


difieren según que nos propongamos venderla en panal o ex-
traída. Si la queremos vender en panales, es preciso que esté
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 29

almacenada en secciones que permitan una salida fácil por su


aspecto atractivo.
En los comienzos de nuestra experiencia apícola, las sec-
ciones pequeñas hechas de madera de tilo blanco plegado y con
medio kilogramo de miel aproximadamente, no se habían inven-
tado todavía. Nosotros teníamos cuadros pequeños, en los cuales
producíamos miel, cada uno de 1 a 2 kilogramos de peso. Había
también cajas de madera blanca ligera, con un cristal, de dimen-
siones suficientes para contener unos tres kilogramos de miel.
Cada caja tenía una abertura en su base de 5 a 8 centíme-
tros, que permitía a las abejas subir a ella, pero que no podía
suministrar suficiente ventilación. Se ponían de 6 a 8 en
cada colmena. La falta de aire, sobre todo en tiempo calu-
roso, hacía inhabitables dichas cajas; pero no habíamos apren-
dido aún que la necesidad de aire respirable es tan grande
para las abejas como para nosotros mismos. A nuestra costa
teníamos que llegar a conocer que nuestras cajas de miel
eran más adecuadas para impedir la cosecha que para alma-
cenarla.
Cuando se producen cosechas grandes, con alzas de dife-
rentes clases, se aprende forzosamente que las abejas no gustan
de las alzas de compartimientos pequeños. Nuestras abejas
almacenaban centenares de libras de miel en las alzas de los
grandes cuadros Quinby, al paso que sólo dejaban unas míseras
libras de repuesto en las cajas pequeñas.
Otros apicultores habían tenido al mismo tiempo que nos-
otros igual experiencia. Oliver Foster, a quien mencionamos en
«La abeja y la colmena», escribía lo siguiente:
«Cuando consideramos que el fin de las abejas al alma-
cenar la miel es tenerla al alcance para el consumo de invierno,
y que en invierno aquéllas se agrupan en forma de bola en
la medida de lo posible y permanecen en estado de semile-
targo, moviéndose poco, salvo para ir del centro a la super-
ficie y de la superficie al centro de la bola, podemos figu-
30 MÉTODO DADANT

rarnos la poca gracia que les hace dividir sus provisiones en


cuatro departamentos separados, sin comunicación directa unos
con otros».
Todos los experimentos nuestros nos condujeron a la con-
clusión de que, en los cuadros o semicuadros, colocados encima
de los de la cámara de cría, sin tabiques ni obstáculos al paso
libre de las abejas de un piso a otro, podíamos obtener dos

•i

F i g . 15.—El a l z a D a d a n t para miel e x t r a í d a e s mucho m á s e s p a c i o s a que el a l z a


Langstroth.

veces más miel extrayéndola por medio del extractor centrífugo


inventado en 1865, de la que produciríamos con el uso de cajas,
secciones, o alzas de tabiques.
El empleo para la miel de repuesto de cuadros llenos seme-
jantes a los del panal de cría, o el uso de semicuadros en las
alzas, en varios pisos, según la necesidad, fué un tema de ex-
perimentos nuevos para nosotros al principio, porque nadie
había hecho todavía el ensayo comparativo.
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 31

Estos experimentos se hicieron en gran número de colme-


nas, con el cuadro alto de Quinby lo mismo que con el de Langs-
troth. Con el primero, la cuestión se resolvió inmediatamente.
Los panales de pollo, muy convenientes para la puesta, eran,
cuando estaban llenos de miel, demasiado grandes y pesados
para manejarlos con comodidad; estaban además muy expuestos
a romperse bajo el peso de la miel. Además, un cuadro alto
tiene para la reina más atractivos que un cuadro bajo. Las rei-
nas, con estos cuadros en el alza, cambian de piso más fácil-
mente que con los semicuadros. Con el de Langstroth, las obje-
ciones contra un cuadro lleno en el piso superior no eran tan
palmarias, pero nos parecieron suficientes para condenarlo.
A menudo había excesivo sitio vacío encima del pollo cuando
se añadía un piso entero. Esta objeción es reconocida por buen
número de personas que, a menudo, para evitar la' pérdida de
calor ocasionada por una colmena vacía encima del pollo, colo-
can el piso adicional debajo en lugar de colocarlo encima. Ade-
más, estos mismos panales, aunque menos incómodos para la
extracción que los grandes cuadros Dadant, eran no obstante
algo menos fáciles de manejar que los semicuadros que adop-
tamos por consejo de Mr. Langstroth. Pero no deben ser dema-
siado bajos estos semicuadros. Los nuestros tienen una altura
bastante grande para alcanzar un peso satisfactorio cuando
están llenos, pero son lo bastante bajos para poder ser des-
operculados de un solo golpe del cuchillo. Aproximadamente
tienen las dos terceras partes de la superficie del cuadro lleno
de Langstroth. Ciertos apicultores dicen que no pueden admitir
dos tamaños de cuadros en sus colmenares, pero nosotros con-
sideramos preferible tener un tamaño para el panal de pollo
y otro para el alza. Todo esto lo hemos ensayado en centenares
de colmenas.
No ofrece la menor duda que las abejas prefieren un cuadro
libremente abierto al paso y a la ventilación, antes que las cajas
para el almacenaje. En Texas, donde muchos apicultores de
32 MÉTODO DADANT

gran producción poseen millares de colmenas, se entrega al


consumo miel en pedazos («bulk honey»); es decir, que los api-
cultores producen la miel de mesa en grandes panales y la cor-
tan en pedazos para venderla en cajas de hoja de lata, con miel
extraída vertida en cantidad suficiente para llenar los intersti-
cios entre los pedazos de panales. Durante una visita a Texas
en 1916, nos enteramos de que los apicultores consideran que
la cosecha se aumenta en una tercera parte por el uso de cuadros
en lugar de las secciones pequeñas ordinariamente usadas para
la miel en panal. Esto no es de extrañar. Además de las razones
alegadas por M r . Foster, que ya hemos citado, sobre las cos-
tumbres de las abejas, es indudable que el panal abierto es más
fácil de ventilar por las obreras, de más cómodo acceso para
depositar la cosecha y, en una palabra, más aceptable por todos
estilos. La «moral» de la colmena, por valemos de una expre-
sión de Mr. Demuth, se acrecienta con el empleo de estos
cuadros, porque las abejas se encuentran más «en su casa»
y trabajan con más entusiasmo. La única ventaja de las seccio-
nes pequeñas de medio kilogramo es una venta más fácil para
el consumo doméstico.
Para dar aún mayor peso a lo que acabamos de escribir,
nos bastará citar un experimento hecho por nosotros al poner
en varias colmenas secciones y semicuadros unas al lado de
los otros. Se sabe que las abejas comienzan siempre el alma-
cenaje de la miel lo más cerca posible del centro de la col-
mena, inmediatamente encima del pollo. Poniendo en el alza
secciones y semicuadros, probamos a disponerlos de manera
que tuvieran la mejor situación las secciones y colocando
a cada lado los cuadros largos. Invariablemente las abejas
demostraron su preferencia por los semicuadros comenzando
por éstos, aunque las secciones estaban colocadas en situación
más favorable. El apicultor curioso puede fácilmente hacer
el mismo experimento y convencerse del mayor valor de los
cuadros.
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 33

Almacenes de miel en los lados del panal de cría

En ün capítulo precedente hemos hecho mención de las col-


menas horizontales o muy anchas, tales como el modelo De
Layens. Se emplean colmenas de este género ert diferentes
localidades, pero sobre todo son las de cuadros muy altos las
preferidas para este sistema. Son colmenas de veinte cuadros
o más, de 30 centímetros de altura por lo menos. La principal
objeción que encontrábamos a este sistema era que la reina
podía poner de un extremo a otro. Puede, pues, tener un poco
de pollo en cada cuadro, y entonces la extracción de la miel
almacenada es desagradable. Nosotros hemos ensayado este
sistema y hasta cajas de almacenaje en lugar de cuadros en las
dos extremidades de la colmena. Las abejas prefieren siempre
almacenar su miel encima del pollo. Los almacenes de miel de
los costados son, pues, poco recomendables.

Rejas de reina

Varios procedimientos apícolas requieren el empleo de


rejas de reina entre el nido de pollo y ías alzas de miel. Es-
tas rejas, como se sabe, se hacen de manera que las obreras
puedan atravesarlas, pero no la reina madre ni los zánganos.
Se puede, pues, relegar a la reina a un solo piso, e impedirle
completamente que visite las alzas. Esto es casi indispensable
en las colmenas de pequeñas dimensiones, puesto que la reina
se encuentra demasiado estrecha para aovar. Cuando todas las
celdas están llenas de pollo o de provisiones, la reina busca
sitio en otra parte.
En estas condiciones la reja de reina da buenos resultados.
Hoy se fabrican de metal ligero, en lugar del palastro perforado
que excluía casi totalmente el paso del aire. Como la ventila-
ción de la colmena es de gran importancia, como las abejas son
3
34 MÉTODO DADANT

muchas en cada colmena durante el verano, y como a cada ins-


tante la población aumenta por los constantes nacimientos,

F i f í - 1 6 . — L a r e j a de r e i n a h a c e difícil l a v e n t i l a c i ó n de la c o l m e n a .

necesitan mucho aire. A menos que se les facilite la ventilación,


la temperatura del interior puede subir a un punto peligroso
y los panales pueden romperse al peso de la miel y poner a la
colonia en peligro. A las re-
jas de reina hechas de alambre
y cuya separación se mantiene
por un cuadro de metal y tra-
vesanos, no se les pueden
poner tantos inconvenientes
como a las antiguas. Sin em-
bargo, a nosotros no nos gus-
tan, porque a pesar de todo
constituyen un obstáculo para
F i g . 17.
L a s r e j a s de reina de l a a c t u a l i d a d son el paso del aire y de las abejas
preferibles a l a s antiguas, pero toda-
v í a incomodan a l a s a b e j a s . de un piso a otro. Además son
costosas, se deterioran fácil-
mente y es difícil quitarlas cuando las obreras las han embadur-
nado de propóleos. Nosotros no las empleamos, por las razones
indicadas.
Añadiremos que en las grandes colmenas es raro que la
DIMENSIONES D E L A S COLMENAS 35

reina suba a los pisos superiores, salvo que busque panales de


zánganos para poner los huevos, cuando no puede encontrarlos
en la cámara de cría. Si no hay tales panales en las alzas (y no
los habrá si se emplea la cera estampada), la reina no se que-
dará en ellos, en el caso de que les haga una breve visita.
Pronto se volverá a los cuadros espaciosos de la cámara de
cría, que le permiten una puesta menos interrumpida.
Es conveniente decir, no obstante, que las abejas hacen
pocas cosas en forma invariable y que de cuando en cuando
sucederá que una reina ponga en las alzas. Pero esto es tan
raro en circunstancias normales, que no hemos considerado
nunca que la reja de reina tenga valor recomendable. Esta cues-
tión ha sido también resuelta por nosotros después de ensayos
en gran escala.
En la producción de miel en secciones, con colmenas peque-
ñas, si ha de dar provecho, es a menudo necesario servirse de
la reja de reinas encima de las alzas; pues si por casualidad la
reina sube al piso superior y pone en él algunos huevos, las cel-
das así empleadas perderán su apariencia virgen y la miel que
contengan tendrá menos valor en el mercado, porque la miel en
secciones debe considerarse como un alimento de lujo. Pero
en la producción de miel extraída, el nacimiento de algunos
insectos en las celdas de las alzas no tiene grandes consecuen-
cias> la miel es también buena. Nosotros, pues, no tenemos
deseo ninguno de valemos de las rejas de reina, que considera-
mos instrumentos inútiles y perjudiciales, en la mayor parte de
los casos, para aquellos que siguen nuestro sistema.
C A P Í T U L O III

Los zánganos y su producción

«El zángano — escribía Butler en 1609 —es una mosca


grande sin aguijón, que pasa el tiempo dedicado a la glotonería
y a la pereza.» A l cabo de los trescientos años transcurridos,
sería difícil encontrar una descripción mejor. Sin embargo,
debemos reconocer, como decía Huber, que no es culpa suya si
el macho de las abejas es perezoso. En efecto, no posee ni los
órganos productores de la cera, ni las glándulas salivales, ni
las cestas de polen de la obrera. Tampoco tiene aguijón para
defenderse, ni para proteger la colmena. Es, pues, un caba-
llero holgazán, pues ni siquiera sabe ir a las flores en busca
de la miel. Su único fin en la existencia es la reproducción de
la especie.
Las abejas crían multitud de zánganos en las colmenas, en
estado de naturaleza, porque es preciso que la reina joven
encuentre uno sin buscar demasiado cuando emprende su vuelo
nupcial. En domesticidad, cuando se reúnen colmenas en gran
número en un solo lugar, los zánganos producidos por una o dos
colmenas serán suficientes para el centenar de reinas jóvenes
que busquen matrimonio, puesto que cada colmena puede pro-
ducir millares de machos y uno solo basta ordinariamente para
cada reina.
L O S ZÁNGANOS Y SU PRODUCCIÓN 37

Necesita veinticinco días el huevo que ha de producir un


zángano para sufrir las transformaciones que han de dar por
resultado un insecto perfecto, capaz de volar y de buscar el
himeneo. Entonces parte, en las horas de calor del día; vuela
a la ventura y vuelve a casa con buen apetito para la cena.
Existe un prejuicio harto arraigado en favor de los zánga-
nos entre los apicultores apegados a las ideas antiguas. Debe

: r

F i g . 18. - E s t e panal se ha construido s o b r e u n a tira e s t r e c h a de cera e s t a m p a d a .


D e e l l o r e s u l t a que contiene una m a y o r í a de c e l d a s de z á n g a n o s .

recordarse que hubo un tiempo en que a los machos se les


llamaba «empolladores», pues entonces se creía que servían
para* mantener caliente el pollo; muchos opinan que excitan la
actividad de las obreras, y se dice que la presencia del zángano
ejerce saludable influjo en la colonia. Se ve que las colonias
fuertes producen muchos machos, y se deduce de ello que si las
colonias prosperan es porque poseen gran cantidad de tan rui-
dosos individuos, cuando precisamente esto es todo lo contrario
38 MÉTODO DADANT

de la verdad. Es lo mismo enteramente que si cuando encontra-


mos a un caballero con levita y chistera sacáramos la conclusión
de que dicho indumento es la causa de su fortuna, siendo así
que es su fortuna la que da origen a su opulento atavío. Igual-
mente la colonia tiene muchos zánganos porque es fuerte, y e s
fuerte a despecho de esta producción inútil y no por causa de
ella. Es cierto que las abejas producen muchos zánganos cuando
son prósperas, pero no son necesariamente prósperas porque
los tengan en abundancia. Lo mismo ocurre por lo que respecta
a la utilidad de los zánganos para «empollar el pollo», como
las gallinas cluecas. Desgraciadamente para este argumento, los
zánganos se producen y se crían a fuerza de gasto, al principio
de la primavera, cuando las abejas nodrizas podrían con más
provecho alimentar y empollar obreras. Cuando los zánganos
nacen, podría imaginarse que van a servir a su vez para man-
tener el pollo caliente. Mas ¡ay! en el momento en que podría-
mos esperar verlos útiles para este fin, sobreviene un cambio
de tiempo, una borrasca que suspende la cosecha, y las obreras
comienzan en seguida a perseguir a los zánganos y los matan
despiadadamente. Si vuelve el buen tiempo, se los acoge otra
vez, o se empieza a criar una nueva nidada de esas bocas in-
útiles, que se ven de nuevo expulsadas al final de la temporada.
Esto, que da clara idea de su inutilidad, [Link] demostrado con-
cluyentcmente gracias a nuestros experimentos.
Eligiendo nuestras mejores colonias de producción, algunas
de éstas se dedican a la cría de las reinas. Otras se reservan
para la de zánganos, poniéndoles una cantidad bastante grande
de panales de machos para obtener buenos reproductores. Por
otra parte, quitamos todos los panales de zánganos a las colo-
nias cuya raza no tenemos empeño en conservar, sustituyén-
dolos por panales de obreras. Si no hubiéramos hecho esta sus-
titución, las obreras los habrían vuelto a construir para panales
de zánganos, como lo hicieron, en efecto, dondequiera que nos
olvidamos de dicha precaución. Las abejas prefieren construir
L O S ZÁNGANOS Y S U PRODUCCIÓN 39

panales de zánganos porque contienen menor número de celdas


y necesitan menos materiales y menos trabajo que los de obre-
ras. Por consiguiente, salvo que la reina desee panales de
obreras para la puesta (y al parecer se hace comprender
de las obreras) éstas construyen con preferencia panales de
zánganos en los lugares de donde los quitamos. Para convencer
a los incrédulos de que las abejas prefieren construir panales de
zánganos, les haremos observar que, en las colmenas privadas
de reina, no construyen en absoluto más que esta clase de
panales.
Hay siempre algunas celdas de zánganos, acá y acullá, en
los rincones de las colmenas mejor gobernadas, y aunque quite-
mos cuidadosamente todos los panales de machos, quedarán
aún probablemente de 200 a 300 zánganos en cada colmena en
el momento de la cosecha. Pero un número tan poco importante
no es nocivo en absoluto. Lo que debe proscribirse es la cría de
millares de zánganos, salvo en las pocas colmenas cuyos repro-
ductores deseamos. Nosotros hacemos enteramente lo mismo
que el ganadero que castra a todos los machos de que no cree
tener necesidad. El crítico que imagine que vamos contra la
naturaleza, debe censurar igualmente a todos los que guardan
únicamente el mejor toro, el mejor semental, el mejor morueco,
el mejor gallo.
Es, pues, clarísimo, para nosotros como para todo obser-
vador imparcial, que el impedir la producción de zánganos,
como nosotros la practicamos y preconizamos, en las colmenas
de que no queremos obtener reproductores, significa seguir la
línea del progreso. Nosotros hacemos el examen de todas nues-
tras colmenas, en primavera, para quitarles los panales de zán-
ganos y reemplazarlos por panales de obreras. La cera estam-
pada puede también emplearse para este fin, pero no es tan
segura, porque a veces hemos visto que las abejas construyen
panales de zánganos sobre una fundación de celdas de obreras.
Es verdad que se trata de un caso muy raro, pero se presenta
40 MÉTODO DADANT

en ocasiones, y hemos visto celdas de obreras en un lado del


panal y celdas de zánganos en la cara opuesta del mismo.
Hasta se nos ha asegurado que las abejas demolirían las
celdas de obreras para edificarlas de zánganos. Creemos que
esto procede de observaciones mal hechas, porque nosotros
hemos probado a alojar un enjambre en una colmena que no
contenía más que celdas de zánganos y hemos descubierto que
las abejas no comprenden la posibilidad de destruir un panal en
buen estado para edificar otro de distinta clase. En el caso
citado, las abejas, con harta repugnancia y lentitud, redujeron
la abertura de las celdas de zánganos a las dimensiones de las
de obreras, y la reina puso en ellas huevos de obreras. Es, pues,
improbable que cambien los panales en la dirección opuesta.
Este experimento no lo hemos hecho sólo nosotros, sino que lo
han ensayado también apicultores notables, como los señores
Drory, de Burdeos, Cowan, de Londres, y el Dr. Brunnich, de
Suiza. Los resultados que los mismos han obtenido han venido
a confirmar los nuestros.
Aunque sea difícil, por no decir imposible, dar en cifras
exactas la economía de miel que se obtiene al impedir la pro-
ducción de zánganos en las colmenas, en número de dos mil
a tres mil, el apicultor inteligente comprenderá fácilmente las
ventajas del sistema. Dos mil zánganos ocupan en un panal
tanto espacio como tres mil obreras. La cantidad de alimento
por cabeza es evidentemente mayor. Pero sobre todo después
del nacimiento es cuando se deja sentir la diferencia entre los
zánganos y las obreras. Las tres mil obreras forman un ejército
de trabajadoras activas, en tanto que los dos mil glotones, que
permanecen en la colmena las tres cuartas partes del tiempo,
estorban la labor de las obreras en las horas de la cosecha, con
su vuelo ruidoso y con su volumen.
Es verdad que no siempre podemos contar con tres mil
obreras en lugar de dos mil zánganos, porque la reina aova con
menos actividad cuando está fatigada de poner huevos fecun-
LOS ZÁNGANOS Y S U PRODUCCIÓN 41

dados; pero la economía que supone la reducción del número


de zánganos es tan manifiesta que el que lo intente no tendrá
sino motivos para felicitarse de ello. Nosotros pensamos que la
economía obtenida con la reducción del número de machos será
suficiente para pagar el gasto de un nuevo surtido de panales
cada tres años.
En estado de naturaleza, las abejas, aunque tuvieran a su
disposición un albergue inmenso, no continuarían almacenando
miel. Si son demasiado ricas, toleran más largo tiempo a los
zánganos. Estos acaban, pues, tarde o temprano, por comerse
las provisiones almacenadas. Se nos dice que las abejas han
sido creadas para alimentar a la raza
humana. ¡La verdad es que el hombre
es harto vanidoso! Se imagina que este
infinito universo fué creado exclusiva-
mente para él, y que todo, hasta las
estrellas, sirve sólo para su propio uso.
Olvida que la especie humana está redu- _
F i g 1 9 . L a t r a m p a d e z a n

cida a habitar un pequeño planeta entre s . un azote, sólo es


a n o s e s

conveniente en rarísimos
los que giran alrededor de un sol, el casos,

cual no es tampoco más que un punto


en lo infinito. Es tan poco lógico decir o creer que las abejas
han sido creadas únicamente para nuestro disfrute, como sería
decir que los árboles sólo han sido creados para servir de
alimento a las orugas. Pero la razón y el juicio se nos han dado
para que los empleemos en provecho nuestro. Hay algunos
países en que todavía se cree que el único medio de obtener
miel es matar a las abejas. Nosotros afirmamos, y lo demostra-
mos con nuestros éxitos, que se pueden obtener buenas cose-
chas i de miel sin hacer daño a los insectos, dirigiéndolos con
miras a nuestro provecho, como gobernamos a nuestros anima-
les domésticos, desembarazándonos de las bocas inútiles y ayu-
dando a la naturaleza mediante la selección de los mejores
ejemplares y de las razas más prolíficas. Es cierto que esto no
42 MÉTODO DADANT

puede hacerse con las colmenas viejas de panales fijos, por


lo menos en medida tan extensa como lo hacemos con nuestras
colmenas, que permiten la dirección absoluta de las colonias.
Se pretende hacer apicultura económica empleando simples
cajas, cestas, cilindros de tierra o troncos de árboles. Pero así
no se hace más que trabajar a la buena de Dios. No hay que
decir, pues, al agricultor, al campesino, que las colmenas mo-
dernas y los procedimientos del siglo xx son demasiado difíciles
para él. Es preciso darle a entender que puede muy bien aprer-
der y obtener buenos resultados con los procedimientos más
racionales, si se aplica a ellos con asiduidad y atención.
Hay gentes que consideran más cómodo, para desembara-
zarse de los machos, dejar que las abejas los críen y cogerlos
luego en lo que se llama una «trampa de zánganos» o «cazama-
chos». Pero esto es peor que el gasto que se trata de evitar.
El cazamachos molesta a las abejas a la entrada en la colmena
y a la salida de ella, e impide la ventilación: los zánganos se
amontonan en él y se mueren, de suerte que es preciso exami-
nar y vaciar el aparato todas las noches, so pena de exponerse
a la infección de esos insectos muertos, que en seguida dan mal
olor a consecuencia de la temperatura elevada de la estación.
Además, al fin y al cabo, esos machos que han llegado a su
pleno crecimiento han consumido ya una gran cantidad de ali-
mentos. Es, pues, un expediente desdichado el de las trampas,
bueno a lo sumo para impedir el encuentro de las reinas con
zánganos de una raza que no se desea, pero que están ya
criados.
Otro procedimiento, quizá todavía peor, empleado por los
que no se han tomado el trabajo de examinar los panales de
zánganos al comienzo de la temporada, consiste en cortar la
cabeza al pollo de zánganos antes de su metamorfosis final.
Como las celdas en que nacen los zánganos están cerradas con
un opérculo bombeado, que se parece al extremo de un balín de
revólver cargado, se las reconoce fácilmente, y un buen des-
LOS ZÁNGANOS Y S U PRODUCCIÓN 43

operculador permite cortar sin dificultad todas las cabezas de


ese pollo operculado. Pero ¿qué sucede entonces? Las abejas
se apresuran a echar fuera de la colmena a todo ese pollo
muerto; luego limpian las celdas, y uno o dos días más tarde la
reina vuelve a llenarlas de nuevo con sus huevos. De esta ma-
nera se ha duplicado el gasto sin llegar al fin que se desea.
Se ve, pues, que es importantísimo hacer, en los comienzos
de primavera, una visita al colmenar y quitar todos los pana-
les de zánganos, excepto los de las colmenas de que se desea
obtener reproductores. Pero es también absolutamente indis-
pensable reemplazar todos los panales que se quiten por otros
de celdas de obreras.

Selección de reproductores

¿Cuál debe ser nuestra elección, cuando queremos selec-


cionar reinas o zánganos como reproductores?
Dicho se está que lo que en primer término buscamos es la
gran producción de miel. Por consiguiente, comenzaremos nues-
tra selección entre las colmenas que nos hayan dado mejores
cosechas en los años anteriores. Después, necesitamos también
elegir las colonias de abejas menos irascibles, porque es conve-
niente obtener abejas que no ataquen a los transeúntes y que
no ahuyenten a los visitantes, como no sea que éstos las mane-
jen sin precaución. No se puede censurar a las abejas de una
colmena porque se porten mal, si el mismo operador es el pri-
mero en olvidar o descuidar las precauciones indispensables,
tales como ahumar la colmena por la piquera antes de abrirla
y no traquetearla o perturbarla si no se la quiere inspeccionar.
En general, las abejas italianas y de Carniola son más tratables
que las abejas negras comunes. Las mestizas de cualesquiera
razas no son de desear, sobre todo porque sus cualidades no
son fijas y cambian a cada generación.
Debemos, pues, obrar con discernimiento en la selección
44 MÉTODO DADANT

de nuestros reproductores y evitar la cría de reinas y machos de


próxima consanguinidad. Generalmente destinamos en un col-
menar dos colmenas a la producción de las reinas y tres a la
de zánganos.
Probablemente se nos objetará que, aunque elijamos cuida-
dosamente nuestros reproductores, tendremos matrimonios poco
deseables, ya que no podemos intervenir en la unión de las
parejas, pues ¡a fecundación se efectúa en el aire. Los zánganos
de las colmenas de nuestros vecinos tendrán ocasión de apa-
rearse con nuestras reinas, en tanto que las reinas de nuestros
vecinos podrán también, en proporción semejante, unirse con
nuestros zánganos selectos.
Todo esto es completamente exacto. Esto fué lo que nos
aconteció en el comienzo de nuestros esfuerzos por la mejora
de nuestras abejas. No había sino una solución posible: la de
obtener de nuestros vecinos que consintiesen en mejorar las
suyas. Esto fué difícil y, sin embargo, conseguimos lograrlo en
medida más amplia de lo que esperábamos. Todos nuestros
vecinos apicultores sabían que nosotros criábamos abejas ita-
lianas, que las considerábamos mejores y que cosechábamos
buenos productos. Las italianas son fáciles de conocer, sobre
las flores, debido a sus anillos amarillos. Todos, salvo raras
excepciones, deseaban tenerlas. Nosotros ofrecimos, a todos
los que poseían abejas en algunos kilómetros a la redonda, ita-
lianizar sus colmenas mediante una pequeña cantidad, matando
a la reina e insertando desde el día siguiente una celda de reina
selecta en la colmena que dejáramos huérfana. Esto no nos dió
un resultado perfecto, pero las abejas de raza pura se encon-
traron en mayoría en la región, lo cual coadyuvó grandemente
a mejorar todas las abejas en cierto radio en torno de nuestros
colmenares.
El que escribe estas líneas trabajó durante varias semanas,
dos años seguidos, en la obra de eliminar las reinas negras de
las colmenas del vecindario. Hasta en las colmenas fijas se
L O S ZÁNGANOS Y S U PRODUCCIÓN 45

cambiaron las reinas. Bastaba expulsar a las abejas, entera-


mente lo mismo que para un trasiego, encontrar la reina del
enjambre expulsado, devolver las abejas a la colmena e insertar
al día siguiente una celda de reina a punto de nacer. En ocasio-
nes como aquella, se ayuda uno a sí mismo al ayudar a sus
vecinos.
C A P Í T U L O IV

La colmena Dadant

La colmena Dadant es una colmena del sistema Langstroth,


pero cuyos cuadros tienen el tamaño de los de Quinby. El nom-
bre de Dadant que se le ha dado procede de que dicha colmena
fué cambiada y modificada por nosotros, con diferentes mejo-
ras, de suerte que no se parece ni a la de tipo Langstroth, ni a
la de tipo Quinby. Si no existiera más diferencia que ésta,
podría afirmarse, con De Layens, que lo dijo en su tratado de
Apicultura, que el nombre de colmena Dadant no está tan bien
elegido como el de colmena Langstroth. Es de toda evidencia
que Langstroth es el inventor primitivo del cuadro de panales
movibles, cualquiera que sea su forma, comprendiendo el cuadro
d é l a colmena De Layens. Ya hemos explicado, en las primeras
páginas de este libro, cómo llegamos a la colmena tipo Dadant.
Pero este nombre es hoy de aceptación general. No insisti-
remos más sobre este punto.
Las dimensiones de los cuadros y de las diferentes partes
de la colmena se han dado en las diversas ediciones de «La abeja
y la colmena», inglesas, francesas, españolas y rusas. En cuanto
a la colmena Dadant modificada existe una mala inteligencia,
debida a las diferencias entre el sistema métrico decimal y el
sistema inglés usado en América. La colmena Dadant modificada
LA COLMENA DADANT 47

o colmena Dadant-Blatt, descrita en un folleto especial, en


1895-97, por Eduardo Bertrand, tiene algunos milímetros menos
de ancho y de alto que la colmena Dadant modificada fabricada
en América. Hoy ya es demasiado tarde para tratar de reme-
diar esta diferencia. Pero es importante conservar, a cado lado
del Atlántico, las dimensiones que ya están actualmente esta-
blecidas. Damos, pues, las de la colmena Dadant-Blatt en milí-
metros, tal como las ha dado Mr. Bertrand. Damos también, en
pulgadas inglesas, las dimensiones de la colmena Dadant modi-
ficada, de los Estados Unidos, a fin de que nuestros lectores
canadienses adopten la colmena en uso en el Nuevo Continente.
Pero en vista de que nosotros hemos obtenido excelentes
resultados en apicultura con la colmena tipo Dadant, es conve-
niente que demos aquí su descripción y que expongamos sus
ventajas.

Colmena tipo Dadant

Dimensiones en pulgadas inglesas (fig. 20).— A, A, travesanos


que sostienen el tablero, 18 X 2 X 4. B, tablero, 25 X 17 , X /«- C, 3
8
7

tablilla inclinada, 10 X l 7 / X / . A A paredes delantera y tra-


3
8
7
8

sera de la colmena. 167a x 12'/4 X / . E, piquera, 8 X / I G . F, 7


8
5

segunda pared trasera, 17 / X 13 Vs X / . G, G, listones que sos-


s
8
7
8

tienen la tapa. / / , listón, '/s X 1 U, para ensanchar el borde superior


3

de la pared delantera. /, travesano superior del cuadro, 20 'A X U X 3

X Vs- Ji J, / i J> ranuras de V2 de ancho por / de altura, hechas en 5


8

las paredes anterior y posterior y provistas de tiras de hierro d e / 3


4

de ancho, que por arriba sobresalen / y sostienen los extremos de i


i

los travesanos superiores de los cuadros. Si las ranuras no están


provistas de dichas tiras de hierro, son de V X / . K, K, K, K 2
3
8

muestran cómo los montantes de los cuadros se ensamblan con el


travesano superior. M, travesano inferior del cuadro, 17 / X V X 7
8 a

X / .
7
8 N, montantes del cuadro, 11 /4 X / X / . P, P, caras 1 5
1 6
7
8

delantera y trasera de la tapa, 18 V2 X 9 X / . /?, /?, caras delantera 7


8

y trasera del alza, I6 /s¡ X 6 / X / . T, espacio vacío encima del


1 3
4
7
8

alza, 1 ¡ . A travesano superior del cuadro del alza, como el trave-


i
i

sano / . V, travesano inferior del cuadro del alza, como el travesano


M. F , Y, montantes del cuadro del alza, 6 X U X I$- Los travesa- l 7
48 MÉTODO DADANT

nos superiores de los cuadros se hacen un poco m á s anchos, l / * , 1

cuando se practican en ellos ranuras para la inserción de la cera


estampada.
El espacio entre M y B es aproximadamente de / ; entre D N, 1
2

N D, VI, RYe Y R debe ser de / . Se pueden construir colmenas


3
s

• v

I s

• E
Se- •

F i g . 20. — S e c c i ó n v e r t i c a l de la c o l m e n a tipo D a d a n t .

de diversos tamaños con arreglo a este diagrama, a condición de


hacer los espacios de la anchura indicada.
Dimensiones en milímetros, adoptadas en Europa. — A, A,
travesanos que sostienen el tablero, 435 X 100 X 25; colocados lon-
gitudinalmente, 800 X 100 X 25. B, tablero, 550 X 435 X 25. C,
tablilla inclinada, 250 X 435 X 25. D, D, paredes delantera y trasera
de la colmena, 420X314X25. E, piquera, 220x8. F, segunda pared
posterior, 339 X 470 X 25. G, G. listones que sostienen la tapa. H,
listón de 50 X 10 para ensanchar el borde superior de la pared
delantera. / , travesano superior del cuadro, 5 1 2 x l 8 / x 22 (el 3
4

grueso de 18 / se reduce a 7 \i en los extremos). J,J,J,


3
4
y
//ranuras
LA COLMENA DADANT 49

de 12 /-2 de ancho por HV2 de alto, hechas en las paredes delantera


1

y trasera y provistas de tiras de hierro de 20 de ancho, que sobre-


salen 6 por arriba, y en las cuales descansan los cuadros. Si las
ranuras no están provistas de dichas laminillas, son de 12^2 de
ancho por sólo 8'/a de alto. K, K, K, K muestran cómo los montan-

1
1

F i g . 21. — L a c o l m e n a D a d a n t v i s t a por abajo.

tes de los cuadros se ensamblan con el travesano superior. M, tra-


vesano inferior del cuadro, 460 X 11 */ X 22. N, N, montantes del
4

cuadro, 292 '/a X 7 '/a X 22. P, P, caras delantera y trasera de la


tapa, 472 X 225 X 10. P, P, caras delantera y t r a s é r a del alza, 420 X
X 169 X 25. r , espacio libre encima del alza, 31. U, travesano supe-
4
50 MÉTODO DADANT

rior del cuadro del alza, 512 X 17 V2 X 22. V, travesano inferior,


460 X 7 Va X 22. Y, Y, montantes, 152'/s x 7 ' / , x 22. Esta anchura
de 22 mm. se aumenta hasta 29 mm. cuando se emplea una ranura
en la barra superior para la inserción de la cera estampada.
El espacio entre M y B es aproximadamente de 13 mm.; entre
D N, N D, VI, R Ye r/?debe ser de 7 Va.

Como se ve por el grabado, el encaje del tablero se


obtiene por medio de una ranura o rebajo a media madera en
las dos tablas laterales, en tanto que la posterior es doble. La
trasera de la colmena, en nuestros colmenares, mira siempre al
norte, por lo cual conviene que esté protegida contra los vien-
tos fríos con un doble espesor, que además ayuda al buen
cierre. Este cierre es conveniente para impedir que la humedad
penetre, y contribuye además a evitar que las abejas se sirvan
de los costados para ir y venir cuando la colmena se levanta
del tablero en los grandes calores. Nosotros no nos servimos
más que de tableros movibles, y nuestras colmenas están siem-
pre ligeramente inclinadas hacia adelante para que las obreras
limpien el tablero con más facilidad. Las tablas del tablero
pueden clavarse a lo largo o a lo ancho. En este último caso
hay menos dificultades cuando la madera se hincha o se deseca,
porque un tablero a lo largo puede ser o demasiado ancho
durante la humedad o demasiado estrecho durante la sequía.
Los panales de las colmenas están siempre en ángulo recto con
la piquera, lo cual se ha convenido en designar con el nombre
de «panales fríos» en contraposición con los «panales calientes»,
colocados en el mismo sentido que aquélla. En el primer caso,
las abejas al entrar en la colmena alcanzan el extremo de varios
panales, en tanto que en el segundo caso el primer panal es el
único accesible desde la piquera. A nosotros nos ha dado siem-
pre buenos resultados el primero de estos procedimientos.
La guía de alambre que nosotros empleamos en la parte
baja de los cuadros no es necesaria en la colmena modificada,
porque, en esta última, el espaciamiento de los cuadros se
LA COLMENA DADANT 51

mantiene con el resalte de Hoffman. Este resalte, que nosotros


no hemos empleado nunca en nuestros principales colmenares,
es sin embargo bueno para los principiantes, que algunas veces
cometen el error de poner pocos o demasiados cuadros en una

I
í

F i g . 22.— C o l m e n a D a d a n t abierta, a, cuerpo de la colmena; b, tablero;


c, c i e r r e de l a piquera; el, tapa; e, e s t e r i l l a de p a j a ; / , t e l a ; ^ , cuadro provisto
de c e r a e s t a m p a d a .

colmena. El apicultor experto no cae nunca en esta equivoca-


ción. Para nuestro uso, después de haber empleado los cuadros
con resalte y los cuadros libres, preferimos estos últimos, aun-
que la demanda general, a la cual nos hemos acomodado, está
52 MÉTODO DADANT

por los cuadros Hoffman. Con los resaltes hay mucho más peli-
gro de aplastar abejas que con los cuadros libres.
En todas nuestras colmenas, cualesquiera que sean, nos da
buenos resultados el disponer tacos de soporte del tablero.
Estos tacos, además de afirmarlo, lo sostienen a suficiente dis-
tancia del suelo. En algunos colmenares hemos puesto sopor-
tes de cemento bajo los tableros. Esta es una mejora ligera-
mente dispendiosa, pero es un gasto que se hace de una vez.
Los soportes de cemento durarán más tiempo que las colmenas.
Cuando se emplean, los listones que unen las tablas del tablero
pueden ser muy ligeros, lo cual es conveniente cuando se trans-
portan las colmenas de un local a otro.
La tapa de telescopio de la colmena tipo Dadant, que no
existe sino en estado de mera cubierta en el modelo Dadant
modificado, tiene para nosotros gran utilidad. Como se obser-
vará, en lugar de pesar sencillamente sobre el piso inferior
y ser del mismo diámetro, queda sostenida encima de dicho piso
por listones clavados cerca de lo alto del cuerpo de colmena
y cubre a éste por completo. Una inmensa ventaja de esta tapa
es la de proteger la parte superior del cuerpo de la colmena,
que a menudo resulta más o menos deteriorada por el uso de
las herramientas que se emplean para quitar las cajas de alma-
cenaje o las alzas. Sucede muy a menudo, en las colmenas que
llevan varios años de uso, que el reborde queda deformado de
tal manera que atrae a las pilladoras. Con la tapa de encaje
o de telescopio, se oculta a las pilladoras todo este reborde
después de quitar las alzas, que es precisamente el momento en
que más se debe temer el pillaje. La tapa es útil también para
colocar nutridores o panales, reinas enjauladas, esteras de
paja, etc., en el espacio situado encima de la cámara de cría.
En la colmena modificada, es necesario servirse de un alza
vacía para semejantes usos.
Hay en el borde superior de la colmena tipo Dadant un
listón pequeño que sirve para ensanchar dicho borde. Este
LA COLMENA DADAMT 53

ensanchamiento tiene por objeto dar a la tela o a la estera de


paja un lugar suficiente para que cierre bien la colmena. Aun-
que pocas personas han adoptado nuestra estera de paja, la
consideramos muy ventajosa tanto para conservar el calor en
primavera como para proteger a las abejas contra el frío
en invierno.
El separador o tabique divisorio es para nosotros de uti-
lidad incontestable. Deberíamos llamarlo «tabla de disminución»,
porque nos sirve para reducir temporalmente el espacio cuando

F i g . 23. - T a b l a de s e p a r a c i ó n o d i s m i n u c i ó n .

tenemos enjambres débiles que no pueden ocupar la totalidad


del nido del pollo. En invierno, el espacio vacío de detrás de
dicha tabla de disminución se llena de sustancias no conductoras
del calor, como hojas de árbol secas, alfombras viejas, etc.
Es siempre útil no dar a una colonia de abejas más que el lugar
que puede mantener a temperatura normal. Un enjambre peque-
ño en una colmena grande estaría más incómodo aún que un
enjambre grande en una colmena pequeña.
Nuestras tablas de disminución son menos altas que la col-
mena. Esto es conveniente, porque podríamos matar abejas
sobre el tablero al cambiar dichas tablas de sitio. Los extremos
están recubiertos de hule. Si la tabla se hiciera del tamaño
54 MÉTODO DADANT

exacto del interior de la colmena en cuanto a la longitud, las


abejas la pegarían a la pared con propóleos. Si fuera más corta,
el calor se escaparía hacia los extremos y no conseguiríamos
nuestro fin de proteger el enjambre. Por esta razón hacemos la
tabla un poco más corta que la colmena, recubriendo sus extre-
mos con hule, que cede al menor esfuerzo del apicultor.
Nosotros empleamos siempre hule encima de los panales
y debajo de la estera de paja, salvo durante los fríos muy inten-
sos, porque hemos comprobado que esta cubierta impermeable
retiene en el nido del pollo la humedad que se condensa durante
el invierno. En la estación primaveral, el hule de buena calidad
es superior a una tabla de madera, porque se desprende con
más facilidad y cuando se quiere hacer un examen rápido
muchas veces no es preciso quitarlo del todo. Aconsejamos
encarecidamente el empleo de este hule. Las abejas lo roen
poco a poco, pero en caso necesario no es difícil reempla-
zarlo.
La parte superior de nuestras tapas está siempre recu-
bierta de una hoja de metal clavada y pintada. Hemos ensayado
diferentes cubiertas, de madera pintada, de tela espesa pintada
también, de cartón embreado, etc. El metal, clavado en tablas
de poco valor, es lo que nos ha dado mejores resultados.
Hemos hablado de la estera de paja, fabricada como las
que emplean los horticultores para proteger las plantas contra
las heladas, en Europa sobre todo. Nosotros la hacemos exacta-
mente de las dimensiones necesarias para cubrir el cuerpo de la
colmena en el interior y la colocamos siempre encima de ella,
tanto si tiene un piso, como dos, o hasta seis. Es una protección
contra los rayos demasiado calientes del sol, lo mismo que con-
tra el frío. No conocemos más que una sola persona que haya
seguido nuestro procedimiento de la estera: Chas. F. Muth,
apicultor eminente del siglo pasado, que obtenía excelentes
resultados en apicultura en el centro de la gran ciudad de
Cincinnati.
LA COLMENA DADANT 55

Nuestras alzas son, como puede verse, mucho más bajas


que los cuadros de la cámara del pollo. Ya hemos explicado que
las reinas gustan de los cuadros grandes para la puesta. Por la
misma razón, están menos propicias a ir a aovar en las alzas de
cuadros bajos. Además, los cuadros bajos son mucho más cómo-
dos para la extracción de la miel. Los nuestros son, por lo
demás, mucho más altos que los que vendían los fabricantes en
los comienzos del alza para extracción. Los nuestros se adop-
taron después de maduro examen y de hacer ensayos con dife-
rentes tamaños. Ciertos apicultores dicen que no quieren más
que un solo tipo de cuadros, lo mismo para el alza que para la
cámara de cría. Sin embargo, están muy dispuestos a aceptar
las secciones pequeñas. No se puede producir miel sin servirse
por lo menos de dos tipos de cuadros, si no quiere uno fatigarse
demasiado durante la extracción de la cosecha.
En las alzas, nosotros colocamos los cuadros más distan-
ciados que en el nido del pollo, y algunas veces espaciados
hasta 5 cm. (dos pulgadas) de centro a centro. Esto tiene dos
ventajas. La reina está menos dispuesta a aovar en ellos, puesto
que sería necesario que las abejas redujeran el tamaño de las
celdas Además, estos panales contienen más miel que los del-
gados y se necesita menos trabajo para desopercularlos, puesto
que el mismo número de celdas contienen mayor cantidad de
miel. Cuando los panales son nuevos, los colocamos a la dis-
tancia regular, y, a medida que las abejas los llenan y los espe-
san, los vamos separando. A menudo ocurre que no tengamos
más que 9 ó 10 panales en una colmena que puede contener 11.
Los panales nuevos y blancos son frágiles, pero cuando han
servido dos o tres veces se vuelven más resistentes, porque las
abejas los refuerzan a cada nueva cosecha.
En la colmena tipo Dadant, el alza es un tanto más
estrecha que el cuerpo de la colmena. Esto tiene por objeto
que el alza sea de más fácil ajuste y que la tapa la cubra
sin roce,
56 MÉTODO DADANT

Colmena Dadant modificada americana: las dimensiones


se dan en pulgadas

Cuerpo de la colmena: Paredes delantera y trasera, 17 pulga-


das de largo, 11 / de alto, / de grueso. Ranuras en el canto
3
4
1 3
1 6

superior de / de alto por


3
4 de ancho. Paredes laterales clavadas
3
8

en los cantos de las paredes


delantera y trasera, 19 /s X 7

I X 11 ¿, X '. :, , 3
)0

i Tablero, hecho de tablas


machihembradas, 17'/-2 de lar-
go, 22 7* de ancho, / , de 1 3
6

grueso, a voluntad, más o me


nos. Travesarlos para soste-
ner la colmena: d e t r á s uno
de / x A ; a los lados, de 3
4
1 3
6

22 7„ x / . Cada uno de es- , 3


1 6

tos travesanos tiene por un


lado una ranura de 7 de pul- 4

gada de fondo y del ancho


de las tablas del tablero, a
fin de encajarlo en el canto
Fig. 24.— C o l m e n a a m e r i c a n a D a d a n t de dicho tablero, / de pul- 1
4

modificada, con un a l z a . j de altura. Debajo del


g a ( a

tablero, por delante, se pone


un listón de / pulgada de grueso, que contribuye a formar un
3
8
d e

reborde de / con la parte inferior de los listones laterales, de suerte


3
8

que se puede, invirtiendo el tablero, tener una altura de / bajo los 3


8

cuadros en lugar de / , como cuando el tablero e s t á colocado en el


3
4

otro sentido. Esto sirve, tanto en invierno como en verano, para dar
mayor o menor ventilación. La piquera está abierta en toda la
anchura de la colmena. Pueden fabricarse cierres de piquera de
diferentes formas para reducir dicha anchura en caso necesario.
Tapa: 18 / X 2 7 X / i . ; lados 22 X 2 7 , X , ' i ; arriba 20 *U X
3
4 S
1 3
6
, 3
e

X 22 X j»; cubierta de cartón embreado, hierro galvanizado u hoja


3

de lata. En los países fríos es conveniente forrar de cartón la tapa.


En el interior de la misma, para el caso en que se quiera emplear
una colmena Langstroth como alza, se clava plano un cuadro hecho
L A COLMENA DADANT 57

de dos piezas de / X 18 / X /ic y dos piezas de 3'A X 18 Vá X /i«.


7
8
3
4
i3 l3

Esto permite que la tapa r

descanse plana en cierta Ion


gitud del alza.
Tabla de alimentación
y de expulsaabejas, 18 X |1
2

X 2 0 , e n tablas delgadas, con


un reborde de /s de grueso
s
I
X 1 pulgada de ancho en la _ ,
superficie.
Cuadros del cuerpo de
la colmena: Dimensiones ex-
teriores, 17 / X 11
5
8 di- ¡|
mensiones interiores, 1074 X !
Xl6 /
7
8 La anchura depen- j
de del modelo de cuadro que
se desee. Se necesita un es- ¡ - - — ~ : • - — ~ — J
pació de pulgada y media F i g . 23. - C u a d r o L a n g s t r o t h y c u a d r o
entre los cuadros de centro de la c o l m e n a Dadant modificada, c o m p a r a -
. , . dos. E l de'Dadant es G c e n t í m e t r o s m á s a l t o ,
a centro. La barra superior
es de 19 pulgadas, con su resalte en cada extremo, de un cuarto de

F j g . 2 6 . - L a c o l m e n a D a d a n t modificada es un 40 por ciento m á s g r a n d e


en l a c á m a r a de c r í a que l a c o l m e n a L a n g s t r o t h de 10 cuadros.
58 MÉTODO DADANT

pulgada de grueso. Los cuadros del alza o caja de almacenaje son


del mismo tamaño que los del cuerpo de la colmena, salvo en la

F i g . 27. - C o l m e n a D a d a n t modificada, con t a b l e r o que puede i n v e r t i r s e


y con tapa f o r r a d a de m e t a l .

altura de la barra vertical que es de 6 pulgadas solamente. E l alza


es de6 /s de altura, y del mismo tamaño que el cuerpo de la colmena
5

en las demás dimensiones.


i \ \ \

F i g . 28. — L a c o l m e n a D a d a n t modificada s e e m p l e a con c u a d r o s Hoffman


cuyo r e s a l t e forma l a s e p a r a c i ó n .

Recuérdese que debe quedar un espacio mínimo de / de 1


4

pulgada y máximo de /§ entre los cuadros y el cuerpo de la


3
L A COLMENA DADANT 59

colmena en todos los sentidos, para dar paso a las abejas y al


propio tiempo para impedir que embadurnen los cuadros con
propóleos.
Como podrá verse comparando la colmena Dadant modifi-
cada americana con la colmena tipo Dadant, la primera es de
forma simplificada y sus
cuadros tienen la longitud
de los de la colmena Langs-
troth, al propio tiempo que
conservan la altura de los
cuadros Quinby. Esta col-
mena ha llegado a adquirir
popularidad porque permite
al apicultor ya provisto de
colmenas Langstroth em-
plearlas como alzas en la
colmena Dadant. Como el
cuerpo de colmena no tiene
encaje para el tablero, se
pueden superponer estas
F i g . 29. — S e puede e m p l e a r la c o l -
colmenas como alzas, para mena L a n g s t r o t h como a l z a en l a colme-
hacer divisiones o reunio- n a D a d a n t modificada, porque tienen a m -
bas i g u a l longitud de c u a d r o s .
nes y para otras manipula-
ciones diversas. El cuerpo de la colmena no tiene tampoco
doble tabla por detrás, como protección. De todos modos, la
colmena americana modificada es también una colmena sim-
plificada.
La colmena Dadant modificada, tal como la describimos,
tiene, poco más o menos, tanta cabida como la colmena tipo,
con un cuadro más. Estos dos modelos se aceptan en todo el
mundo apícola como colmenas de manejo excesivamente fácil,
que el más ignorante puede aprender sin dificultad. La apicul-
tura no hará grandes progresos, sino cuando se hayan proscrito
enteramente las colmenas de panales fijos.
60 MÉTODO DADANT

Dimensiones, en milímetros, de la colmena Dadant


modificada o Dadant-Blatt, tal como se fabrica en Europa

Paredes delantera y trasera del cuerpo de la colmena: Longitud


450 mm., anchura 320 mm., espesor 27 mm. Ranuras de 12 Va mm.
de ancho por 14'/a de alto para que encaje en ellas la extremidad de
los cuadros o portapanales. En la pared delantera, muesca abajo,
de 220 X 8 mm. para la piquera.
Paredes laterales del cuerpo de la colmena: Longitud 504 mm.,
anchura 345 mm., espesor 27 mm., ranura de 25 X 10 mm., e n l a
cual debe encajar el tablero. Las paredes laterales están clavadas
sobre los cantos de las paredes delantera y trasera.
Segunda pared posterior: 504 X 345 mm., clavada sobre la p r i
mera pared posterior.
Tablas que sostienen la tapa: Previamente se clavará, por fuera,
en lo alto de la pared delantera, un listón de 504 X 50 X 12 /a mm.,
l

a fin de devolver a dicha pared el espesor que le ha quitado la


ranura que recibe los cuadros. A 20 mm. de lo alto se fijarán las
patas del soporte de la tapa. Las de delante y d e t r á s tienen 504 X
X 50 X 12 mm., y las de los lados 567 Va X 30 X 12 mm.
Tablero: 465 x 570 mm., con un plano inclinado delante de
465 X 250, poco m á s o menos, con travesanos de soporte indicados
en el grabado. Se puede poner la madera a contrafibra y al hilo los
travesanos de soporte.
Tapa: madera de 13 mm de espesor, fabricada de tamaño sufi-
ciente para que se apoye en las tablas arriba descritas. La tapa debe
tener un poco de holgura, a fin de que no sea demasiado difícil colo-
carla. No debe tener menor altura de 20 cm., pero puede hacerse
más alta por delante que por d e t r á s , con objeto de que haga las
veces de tejadillo para que escurra el agua. Se puede recubrir de
palastro o de cartón fuerte embreado, impermeable.
Alza o almacén de miel. Se hace de madera de I2 /a mm. de
1

espesor. Caras delantera y trasera: 450 X 152Va X 12Va mm. En su


borde superior es donde descansan las extremidades de los porta-
panales. Caras laterales 475 X 167 X 12 '/a; clavadas sobre los can-
tos, al ras de ellos por abajo, con lo cual sobresalen por arriba de
las caras anterior y posterior 14 Va mm. Estos 14V mm. se cierran
2

con un listón de 475 X 30 X 12 V2 mm., clavado arriba, por fuera,


y al ras de los cantos. Esto forma a s í los topes de los portapanales.
Abajo, para que el alza cierre más exactamente el cuerpo de la col-
L A COLMENA DADANT 61

mena en el lugar de las ranuras, se añade a uno de los extremos


un listón de 25 mm. x 10 de espesor.
Separadores o tablas de s e p a r a c i ó n : En las colmenas de este
g é n e r o , se emplean uno o dos, con once o diez cuadros, s e g ú n los
gustos. Son de 440 X 307 mm., con un hule clavado en semicilindro
en cada canto. Es necesario un paso para las obreras debajo de
dicha tabla. A este fin es más estrecha que el cuerpo de la colmena.
Véase el grabado.
Cuadros del cuerpo de la colmena: medidas exteriores 435 X
X 3 0 0 mm., medidas interiores 420 X 267 ,-2. Los listones de que
1

están construidos tienen 25 mm. de ancho, el superior y los dos late-


rales, y de 15 X 15 el interior.
Cuadros de las alzas: dimensiones exactamente iguales a los
de los cuadros inferiores, menos los listones laterales verticales,
que no tienen más que 152Vs de altura.
El cuerpo de la colmena tiene 12 cuadros si no se emplean sepa-
radores. E l alza no debe tener más de 11 cuadros, y algunas veces
sólo 10, pero espaciados con regularidad.
Para el espaciamento de los cuadros del cuerpo de la colmena,
como en Europa no se emplean los resaltes de Hoffman, se sujetan
unas pequeñas horquillas entre los cuadros en la ranura que los
sostiene. También se pone un dentado en la parte baja como en la
colmena tipo Dadant.
El t r a v e s a ñ o superior del cuadro es de 472 mm. de longitud,
con un resalte de unos 7 mm. de espesor, que descansa en las ranu-
ras hechas en los cantos del cuerpo de la colmena. La distancia entre
los cuadros es de 37 mm. de centro a centro. Para todos los demás
detalles, v é a n s e los grabados. R e c u é r d e s e que se necesita un espa-
cio de 7 mm. por lo menos entre los cuadros y el cuerpo de la col-
mena en todos sentidos.

La fabricación de las colmenas

El que escribe estas líneas ha fabricado millares de colme-


nas a mano, al principio con un cartabón, una sierra y un mar-
tillo, y más tarde con instrumentos más perfeccionados, sierra
circular de pedales, etc.
Sin embargo, la fabricación de las colmenas está mejor en
manos de las a s e r r e r í a s mecánicas importantes, porque se nece-
62 MÉTODO DADANT

sita una exactitud muy grande para fabricar todas las colmenas
del mismo tamaño sin variar ni aun en unos pocos milímetros.
Es fácil comprender que los cuadros de cada colmena deben
necesariamente adaptarse a todas las del colmenar. Muchas
personas no piensan en esto. Pero imagínese que hay que quitar
un panal de miel de una colmena muy poblada para regalárselo
a una colonia indigente. Si los cuadros no son exactamente de
las mismas dimensiones, el corto caerá al fondo de la colmena,
en tanto que el demasiado grande no podrá introducirse en la
colmena con la cual se hace el cambio. Si se transporta cierto
número de colmenas, las tapas resultarán infaliblemente mez-
cladas. Si hay una demasiado larga o demasiado corta, dema-
siado ancha o demasiado estrecha, se tropezará con inmensas
dificultades. Hablamos de esto con conocimiento de causa.
Recordamos muy bien las molestias que tuvimos cuando un car-
pintero poco exacto nos fabricó una treintena de colmenas a las
que les faltaban cinco milímetros de largo. Habría sido preciso
fabricar cuadros adrede para dichas colmenas y a cada instante
nos habríamos visto perturbados por la imposibilidad de inter-
cambiar los cuadros. Fué menester desmontar dichas colmenas,
con gran pesar nuestro, para emplear la madera en otros usos.
Si no se compran las colmenas en fábrica, es preciso asegurarse
de que el que las corta y las monta ha tomado y seguido las
medidas exactas.
Para los tableros hay que servirse de una madera que
soporte bien la humedad. En los Estados Unidos empleamos
el ciprés para los tableros y un abeto blanco para el cuerpo de
la colmena y los cuadros.
La fabricación de los cuadros debe dejarse también a las
grandes aserrerías, a fin de obtener gran exactitud de dimen-
siones. Todas las colmenas deben pintarse al óleo, si se quiere
que duren. Nosotros hemos seguido mucho tiempo la costumbre
de pintarlas de diferentes colores, pero esto no tiene gran
importancia.
CAPÍTULO V

Manejo de las abejas

Nosotros teníamos ya abejas en grandes colmenares antes


de la invención del ahumador práctico. Es verdad que ya exis-
tían ahumadores que se pueden ver descritos en los tratados de
Apicultura, tales como el «Cours Pratique» de Hamet, tratados
que aconsejaban el uso de colmenas de paja de panales fijos
como el non plus ultra de la apicultura. Estos ahumadores eran
enormes artefactos que no se podían manejar más que con las
dos manos, por lo que nosotros preferíamos un simple tapón de
tela enrollada, o mejor un pedazo de madera podrida, muy seco,
que, encendido por un extremo, emitía una ligera nube de humo,
sobre la cual se soplaba para dirigirla hacia las abejas que se
querían ahumar. Los alemanes empleaban y aun emplean a me-
nudo una pipa de tabaco. El que escribe estas líneas se acuerda
muy bien de haber quedado más de una vez aturdido por el tra-
bajo de enviar el humo soplando sobre la leña encendida.
Quinby inventó el ahumador de soplete, de una sola mano.
Pero su invento no era práctico. Bingham le introdujo mejoras
que hicieron el soplete indispensable a todo apicultor activo.
Aun existen en Europa muchos sopletes-ahumadores, mal fabri-
cados, que requieren un esfuerzo. Un ahumador bien construido
debe enviar una nube de humo con ligerísima presión de los
64 MÉTODO DADANT

dedos. Debe además mantener el fuego, cuando se pone en pie,


enteramente lo mismo que una chimenea que tire bien. Nuestros
jóvenes apicultores, acostumbrados al ahumador práctico, no
sabrán nunca qué esfuerzos ahorran estos instrumentos al ope-
rador que estaba ya habituado al procedimiento incómodo de
los tiempos de antaño.
Hay personas que no sufren con las picaduras, y otras
a quienes rara vez pican las abejas, que no necesitan velo ni
ahumador y que parecen no preocuparse por la cólera de los
insectos. Nosotros no pertenecemos a una ni a otra de estas
clases de prácticos. Tímidos en el colmenar en nuestros años
juveniles, no hemos creído nunca que podíamos prescindir ni
del ahumador ni del velo, aunque este último se puede omitir
en primavera, cuando las abejas son bien gobernadas por el
operador hábil. Un aguijonazo en la cara es siempre desagra-
dable. Nosotros llevamos, pues, el velo sobre el ala del som-
brero, recogido, a fin de poder echárnoslo en algunos segundos.
El apicultor tímido debe animarse, porque hay medios de evitar
casi por completo la cólera de las abejas.
Nosotros no hemos abierto jamás una colmena sin emplear
el humo. No es necesario producir una nube espesa. Algunas
bocanadas bien dirigidas en la piquera nos bastan siempre para
impedir que tome cuerpo la cólera de las guardianas. Debe
recordarse que cada colmena tiene, hacia la piquera, en prima-
vera casi continuamente, una o varias abejas que parecen des-
tacadas allí para guardar la puerta. A la menor alarma, se pre-
cipitan fuera, si no se les ha impedido que lo hagan asustán-
dolas con el humo. Muchos apicultores trastornan la colmena
y levantan la tapa, sin haber asustado antes a las guardianas.
El empleo del humo viene entonces demasiado tarde, porque
las guardianas, que se han lanzado a la descubierta, al primer
choque lo rodean, le amenazan, le pican, o lo acosan durante
horas. Yo he visto más de una vez a un apicultor muy versado
rodeado de abejas irritadas durante todo el día de su visita al
MANEJO D E L A S AÉÉJAS 65

colmenar, Sencillamente porque había omitido la precaución de


ahumar la piquera antes de comenzar dicha visita. Una vez
domadas las guardianas, no se necesita más que un poco de
humo en los panales de rato en rato, para obtener la ocupación
pacífica del colmenar. Si se encuentran varias colmenas en el
mismo soporte, es a veces necesario ahumarlas todas en la
piquera para obtener el mismo resultado, porque un choque
ligero, al manejar una colmena, puede estremecer las contiguas
lo suficiente para irritar a sus guardianas. Por esta razón nos-
otros no colocamos nunca más de una colmena en una mis-
ma base.
El que cree poder manejar abejas sin empleo de humo
puede crearse enemigos sin saberlo entre sus vecinos lo mismo
que entre los insectos, sobre todo si reside cerca de un camino
frecuentado o si hay otros habitantes muy próximos. Las
abejas acaso no le picarán a él mismo, pero irán a picar a los
vecinos o a los viandantes, o, peor aún, a los caballos de éstos.
Con respecto a este particular queremos referir una breve
anécdota.
En la vecina ciudad de Keokuk teníamos un antiguo amigo,
que ha fallecido ya hace mucho tiempo. Su casa estaba situada
cerca de la cumbre de la colina cortada a pico que domina el
Mississipi. No había un solo habitante entre su casa y el río,
que fluye a ochenta metros de profundidad. Pero encima, entre
su casa y la cúspide de la colina, las habitaciones de los vecinos
estaban bastante próximas. Nuestro amigo tenía la costumbre
de hacer sus operaciones apícolas, en su pequeño colmenar, sin
emplear humo, porque las abejas le picaban muy rara vez.
Un día nos refirió que iba a verse obligado a vender su colme-
nar, compuesto de una docena de colmenas, porque los vecinos
se quejaban de las picaduras, según decía; lo cual le asombraba
porque no creía malas a sus abejas; puesto que no le picaban
a él, ¿cómo iban a picar a los otros? Después de esto, fui-
mos juntos a dar una vuelta por el colmenar. Abrió él una col-
5
66 MÉTODO DADANT

mena, según su costumbre, sin valerse del ahumador. Dos o tres


abejas irritadas, en lugar de atacarle a él, se lanzaron sobre el
perro del vecino, a doce metros de distancia, subiendo la pen-
diente. La razón de las quejas del vecino era palmaria. Bastaba
ahumar las colmenas antes de abrirlas para impedir los ataques
a personas residentes a poca distancia. Comprendió nuestro
amigo la indicación, se sirvió del ahumador en lo sucesivo y no
tuvo ya más disgustos con los vecinos. Acepten esta lección
los prácticos, que no temen a las abejas y creen que todo el
mundo, como ellos, debería estar a prueba de sus dardos.
Si tienen disgustos con los vecinos échense a sí mismos la culpa;
cesen de abrir las colmenas sin precauciones y cesarán de oír
quejas.
Es verdad que existen abejas irritables por naturaleza y que
buscan gresca con todo transeúnte, aunque no se las moleste.
Nosotros tenemos la costumbre de cambiar cuanto antes las
reinas de dichas colmenas, que son ordinariamente de abejas
mestizas. Las italianas puras son de carácter extraordinaria-
mente pacífico cuando se las maneja con cuidado. Otro tanto
podemos decir de las de Carniola.
La mayor parte de nuestros tratados de Apicultura acon-
sejan ahumar las colmenas de manera que se obligue a las abe-
jas a atiborrarse de miel. Mr. Langstroth ha explicado, en
«La abeja y la colmena», que una abeja que tiene el buche bien
provisto es siempre pacífica, y que es fácil obligarlas a atibo-
rrarse de miel ahumándolas. Pero no es necesario llegar a este
extremo si se quiere solamente practicar un examen superficial
de la colonia. Bastan unas cuantas bocanadas de humo ocasio-
nalmente, si se ha asustado a las guardianas. Sin embargo,
debe evitarse el examen de las colmenas en tiempo tempestuoso
o cuando hace frío, o en la primera hora de la mañana, o ya
atardecido, cuando todas las obreras están en casa. Cuantas
más abejas haya en la colmena, mayor será el peligro de las
picaduras.
MANEJO D E L A S ABEJAS 67

Nosotros tenemos en cada colmenar un buen ahumador,


que renovamos en cuanto empieza a deteriorarse. Un ahumador
medio usado puede bastar a un aficionado que no posea más
que unas cuantas colmenas. Pero el práctico que tiene que tra-
bajar horas enteras en el colmenar, yendo de una colmena
a otra, necesita contar con un buen aparato.
CAPÍTULO V I

Nuestros colmenares

Nuestro colmenar central, en el cual tenemos abejas sin


interrupción desde 1864, no está situado en una localidad ideal
para la producción de miel. Suposición no es buena sino porque
se encuentra en un lugar resguardado de los vientos fríos del
norte, en suave pendiente hacia el sureste, bajo los árboles
de un bosque primitivo que no impiden que los rayos del sol
penetren a la puesta del mismo hasta las colmenas. La som-
bra de los árboles es, a nuestro ver, muy útil en un país tan
cálido como el Illinois en verano. Hubo un tiempo en que
creíamos tener demasiada sombra. Habíamos recogido varias
cosechas escasas seguidas, y alguien nos sugirió que nuestras
colmenas tenían exceso de sombra, lo cual impedía a las abejas
salir muy de mañana y disminuía su actividad. Mas antes que
se presentara la ocasión de talar una parte del bosque que les
daba la sombra, tuvimos en 1903 una de las cosechas más
abundantes que hemos recogido. Evidentemente una sombra
espesa no hace daño ninguno, en el país que habitamos, para el
buen éxito del colmenar. En invierno, después de la caída de
las hojas, el colmenar queda suficientemente asoleado y bien
resguardado contra el viento. Nosotros colocamos tejadillos de
quita y pon sobre las colmenas, para evitar el desgaste resul*
NUESTROS COLMENARE8 69

tante de las alternativas de lluvia y de sol. Esto es una econo-


mía, porque los tejadillos, hechos de tablas bastas, son de poco
coste. Jamás hemos empleado les colmenares cubiertos, que
consideramos harto dispendiosos.

F i g . 3 0 . - E l c o l m e n a r c e n t r a l de l a f a m i l i a D a d a n t , en el c u a l t e n í a m o s y a
a b e j a s 55 a ñ o s antes de l a p u b l i c a c i ó n de este libro.

Al erigir un colmenar, colocamos las colmenas en filas,


pero sin demasiada uniformidad, a fin de que las reinas nuevas,
lo mismo que las obreras jóvenes, puedan encontrar fácilmente
la colmena de que han salido. Si se ponen treinta o cuarenta
colmenas en hileras demasiado regulares, sin que haya un
arbusto, un árbol, o una irregularidad del terreno que las ayude
a orientarse, muchas abejas se equivocan a la primera salida y
entran en una colmena extraña. Esto se observa especialmente
70 MÉTODO DADANT

cuando se poseen abejas italianas y abejas comunes en colme-


nas contiguas. Algunos apicultores se quejarán de que su reina
italiana, que suponen pura, produce abejas negras, cuando se
debe sencillamente a un error el que estas abejas jóvenes hayan
entrado en la colmena italiana. Aunque las guardianas expulsan

-
-

F i g . 31. — C o l m e n a r anexo P o l a n d .

vigorosamente a las pilladoras, ordinariamente suelen tolerar a


las obreras jóvenes que vuelven inocentemente a su domicilio y
se equivocan de puerta. Pero no ocurre lo mismo con las reinas
nuevas, que pueden, al regreso de su viaje de novios, equivo-
carse de casa y entrar en una colmena que cuenta con una reina
fecunda; entonces la reina joven es casi siempre condenada a
muerte y su colmena se encuentra huérfana, por culpa del api-
F i g . 32. — O t r o c o l m e n a r Dadant: el colmenar a n e x o H o l l a n d .

F i g . 33. — O t r o colmenar Dadant; el colmenar L e M a i r e .


72 MÉTODO DADANT

cultor, que no ha sabido prever la posibilidad de un error.


Nosotros hacemos, pues, que acá y acullá haya un punto
de demarcación, un tronco de árbol, una mata, una colmena de
color diferente, una irregularidad cualquiera que permita a la
abeja joven orientarse bien. Algunos hombres de ciencia dirán

F i g . 34. - O t r o c o l m e n a r D a d a n t : el c o l m e n a r M i l l i k e n .

que las abejas no saben distinguir los colores. Pero no hay que
prestarles crédito, pues han hecho muchos experimentos en su
despacho y muy pocos en el colmenar. Los colores oscuros
tienen un inconveniente: absorben demasiado los rayos del sol
y hacen incómoda la colmena en verano, a no ser que esté
protegida por un tejadillo o una sombra lo bastante densa.

Colmenares anexos

Los colmenares anexos (llamados en inglés «outapiaries»)


son indispensables para los que se dedican a la apicultura en gran
NUESTROS COLMENARES 73

escala. Nosotros los tenemos desde 1870. Los hemos colocado


en muchas localidades distintas; cerca del Mississipi, donde el
gran río disminuía los pastos casi en la mitad; cerca de los bos-
ques; en medio de las llanuras del Illinois, entre trigales y mai-
zales; en las tierras bajas vecinas al río, donde las flores abun-
dan en otoño, y hasta a 150 kilómetros de nuestra residencia,
en los alrededores del río Illinois, en posición semejante a la de
las tierras bajas del Mississipi. No hemos encontrado nunca
una localidad ideal. Por doquiera se encuentran ventajas e
inconvenientes. A menudo hemos transportado colmenas,
durante los calores del estío, hasta 40 kilómetros, en camiones
enrejados, cuando las colonias tenían una población tan nume-
rosa que era preciso clavar telas metálicas encima y debajo de
la cámara del pollo, y hacer el recorrido de noche, para evitar
el calor del sol de agosto, que puede ablandar los panales y
romperlos. El lector debe recordar que en Illinois tenemos tem-
peraturas de 30 a 33° centígrados. En 1881 nos aconteció trans-
portar, en agosto, dos colmenares enteros desde las colinas
desecadas de nuestros contornos hasta las incultas tierras bajas
próximas al gran río, que se habían inundado en primavera y
en las cuales una vegetación inmensa prometía una cosecha de
otoño. El trayecto, al paso de los caballos, exigía 8 horas
de tiempo. Era, pues, menester, preparar las colmenas la vís-
pera, cerrarlas de noche, cargar los vehículos y partir antes de
las doce para llegar hacia las siete de la mañana. La cosecha
pagó los gastos y las molestias. Hoy, con dos camiones auto-
móviles, nuestros jóvenes recorren el mismo trayecto en dos
horas y llevan 80 colmenas de una vez. Nuestros nietos no
podrán apreciar jamás las dificultades vencidas por sus antece-
sores. Es verdad que las generaciones jóvenes aceptan trabajos
que nos habrían sido completamente imposibles a nosotros, y
las dificultades que encuentran, aunque de naturaleza distinta,
son probablemente tan penosas como las nuestras.
Los transportes de las colmenas en verano, aunque muy
74 MÉTODO DADANT

prácticos y provechosos cuando falta la cosecha en ciertas loca-


lidades, no son, sin embargo, recomendables con carácter gene-
ral. El cambio permanente de un colmenar de un local a otro se
hace mejor en primavera, antes que las abejas hayan recorrido
mucho el país. Es un hecho que se encuentran diferencias sen-

!. F i g . 35.— O t r o c o l m e n a r D a d a n t : el c o l m e n a r K o c h , en l a c o l i n a que domina


l a s t i e r r a s b a j a s del M i s s i s s i p i .

sibles y a menudo permanentes en localidades situadas a menos


de seis kilómetros de distancia. La calidad, la cantidad y el
color de la miel difieren de tal manera, que nos vemos obliga-
dos a reconocer que las abejas, por lo general, hacen su cosecha
a menos de tres kilómetros de la colmena. Hasta podríamos
afirmar que el grueso de la cosecha, en circunstancias ordina-
rias, se recoge por lo general en dos kilómetros a la redonda.
Pero nuestras abejas van más lejos siguiendo un valle, sobre
NUESTROS COLMENARES "* 75

todo cuando encuentran flores en todo el pámino, que pasando


por encima de un bosque o de una colina elevada. También van
más lejos en la dirección de la brisa que en sentido opuesto.
La brisa les trae el olor de las flores, y laiiípida a^ol-
ver al colmenar. &**JZr
Cuando transportamos colmenas de u n k a g j ^ a otra,
ponemos siempre delante de la piquera, a la llegada al nuevo
local, una plancha inclinada que les llama la atención y las obliga
a volverse para reconocer su posición. Una abeja vieja, acos-
tumbrada a su localidad, no se vuelve, al salir, sino cuando ve
algo insólito. Puede, pues, perderse cuando se la cambia de
paraje, si no se cuida de llamarle la atención con respecto al
cambio.
Cuando se transportan las colmenas a corta distancia,
como algunos centenares de metros, hay aún más riesgo de
perder abejas, las cuales, reconociendo los parajes, volverán a
su antigua morada. Entonces es preciso ahumarlas y trastor-
narlas, a fin de hacerles comprender, en el momento de darles
libertad, que ha ocurrido algo anormal en extremo. Así se puede
contar con que la mayor parte de ellas tomarán buena nota de
su nuevo domicilio.
CAPÍTULO VII

El colmenar. Cuidados de primavera

Es necesario advertir aquí que, con nuestro procedimiento,


las manipulaciones en el colmenar se reducen al mínimo. No es
que nosotros titubeemos en visitar las colmenas siempre que lo
consideramos útil; pero la apicultura en gran escala exige la
economía de trabajo, que permite cuidar el mayor número posi-
ble de colmenas.
Uno de los puntos importantes entre los primeros cuidados
que se deben dedicar al colmenar es asegurarse de que las col-
menas están bien horizontales, y a plomo, tanto por un lado
como por otro, con el fin de que los panales queden verticales
en los cuadros. Esto es necesario para la facilidad del manejo.
En cambio en el sentido de delante atrás buscamos una ligera
inclinación, con objeto de que las abejas no encuentren dificul-
tades al limpiar el tablero, al sacar las abejas muertas, etc. La
pendiente hacia el frente de la colmena no perturba en modo
alguno la verticalidad de los panales. Además, ayuda a que
escurra el agua de lluvia o de nieve que pueda haber penetrado
por accidente. En los colmenares en que tenemos soportes de
cemento debajo del tablero de cada colmena, es raro que nos
veamos obligados a nivelarla con tanta frecuencia como cuando
está colocada sobre soportes de madera.
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 77

El primer examen de primavera es superficial y tiene lugar


en el momento en que las abejas, al salir del invierno, comienzan
a retozar. Entonces sólo es preciso asegurarse de que las colme-
nas tienen provisión suficiente de miel para llegar hasta el flore-
cimiento de los árboles frutales. Debemos además limpiar de

F i g . 36. — O t r o c o l m e n a r Dadant, situado, como el anterior, en l a s c o l i n a s


que dominan el v a l l e del g r a n r í o .

abejas muertas las colmenas que hayan perecido, y cerrar éstas,


para impedir que se introduzcan en ellas pilladoras o polillas.
Las colmenas huérfanas no se buscan sino en la segunda
visita, cuando está en marcha la puesta abundante y cuando
han comenzado a nacer las flores precoces. Las colmenas débi-
les y las huérfanas se incorporan a otras. Nosotros realizamos
esta operación en las tardes frías. Después de haber reducido
78 MÉTODO DADANT

la colmena al número de cuadros más exiguo que pueda cubrir


el enjambre, no es difícil, hacia la noche, levantarlos todos jun-
tos y colocarlos detrás del separador o tabique divisorio de una
colmena más fuerte que no ocupe todo el espacio de su cámara
de cría, y que hallará ventajas en esta adición de abejas obre-
ras. También se pueden reunir colocando la colmena poco
poblada, sin tablero, encima de la colmena numerosa, con una
sencilla hoja de papel entre ambas. Este procedimiento, reco-
mendado por el Dr. Miller, es muy práctico. También puede
emplearse papel en lugar de tabla de separación. Las abejas lo
roen poco tiempo después de la operación y se reúnen sin pelea,
si están suficientemente provistas de municiones de boca para
no sentir hambre.
Cuando las colonias huérfanas no se encuentran débiles, y
esto sucede a menudo a fines de invierno, damos a cada una de
ellas una reina comprada a un criador del Mediodía. A l princi-
pio teníamos la costumbre de poner en cada una de estas col-
menas huérfanas pollo de menos de tres días, con el fin de per-
mitirles la cría de sus propias reinas. Cuando las colmenas son
muy pobladas, éste es un buen procedimiento, siempre que haya
zánganos al llegar la reina a insecto perfecto, porque se les
pone pollo procedente de una reina selecta. A menudo una sola
colmena huérfana, si es muy populosa, forma bastantes celdas
realeras para suministrar una a cada una de las otras colonias
huérfanas de un gran colmenar. Pero desde hace algunos años
tenemos ocupaciones tan variadas, que nos resulta provechoso
comprar las reinas a un criador activo y honrado que viva en
un paraje en que la cría de reinas pueda ser remuneradora
desde los comienzos de la temporada. Un criador de reinas, que
habite en una localidad privilegiada, como la Florida o la
Luisiana, en los Estados Unidos, o los alrededores de la Costa
Azul, en Francia, o las llanuras de Lombardía, puede suministrar
reinas a buen precio antes que hayan salido del frío del invierno
los colmenares de países menos favorecidos.
E L COLMENAR. CUIDADOS D E P R I M A V E R A 79

Como los criadores de reinas del Mediodía no se hallan


siempre en situación de suministrarlas inmediatamente de reci-
bir el correspondiente pedido, nosotros solemos hacérselo con
un mes de anticipación, encargando el número aproximado de
reinas necesarias para dotar de ellas a las colonias huérfanas.
Desde el momento en que nuestros colmenares alcanzaron
y rebasaron el número de quinientas colonias de abejas, fueron
menores nuestros esfuerzos por salvar las colmenas huérfa-
nas. Y sin embargo, cuando la colmena huérfana tiene suficiente
provisión de miel, de polen, de abejas y de panales de buena cali-
dad, es casi tan ventajoso sostenerla dándole una buena reina,
como incorporarla a otra colmena, para poner más tarde un
enjambre o una división en el espacio vacío que deja la colmena
reunida a otra vecina. A menudo nos ocurre dar a esta col-
mena, no sólo una reina, sino también un panal de pollo, tomado
de una colmena próxima. Esto no es siempre provechoso, por-
que a veces se corre el riesgo de debilitar una colonia que
habría sido fuerte en el momento de la recolección, en beneficio
de otra colonia que no puede hallarse en situación de almacenar
miel cuando viene la gran cosecha. Es preciso recordar que la
gran puesta de la reina debe preceder a la gran cosecha por
lo menos 35 días, si se quiere obtener el máximo rendimiento.
Cuando queremos examinar las colmenas para quitar los
panales de zánganos y reemplazarlos por panales de celdas de
obreras (cosa de gran importancia en todas las colmenas, salvo
en aquellas de que queramos obtener reproductores), hacemos
esta operación al abrirse las primeras flores, que son las de los
árboles frutales. También en este momento es cuando trasega-
mos las colmenas de panales fijos a colmenas de cuadros movi-
bles, o quitamos los panales alabeados que se encuentran a
veces en estas últimas. A menudo compramos cestas de abejas
a los apicultores atrasados del vecindario, a fin de evitar o
apartar el peligro del cruce con abejas de razas inferiores, y
también la posibilidad de enfermedades del pollo que no se
80 MÉTODO DADANT

pueden tratar eficazmente sino con colmenas de pañales moví-


bles. Como en dicho momento las abejas se encuentran con una
cantidad muy escasa de miel y de pollo, entonces es cuando se
pueden hacer los trasiegos reduciendo al mínimo las pérdidas y
el pillaje. En cuanto a los procedimientos de trasiego, véase
«La abeja y la colmena», párrafos 579 a 587.
En la localidad en que nosotros nos encontramos, hay un
intervalo, de unas cinco o seis semanas, entre la flor de los
frutales y la cosecha grande, que para nosotros es el trébol
blanco. En otras localidades, la una sigue de cerca a la otra.
Cuando se encuentra un intervalo largo, es necesario mantener
las colmenas dándoles provisiones, de manera que las reinas
puedan continuar la puesta. El sistema de acción debe, pues,
depender de las condiciones de la localidad, que varían de un
país a otro. En el Canadá, por ejemplo, donde la primavera es
muy activa, las cosechas se siguen de cerca. Debemos asegu-
rarnos que las abejas no han de reducir su cría, porque es indis-
pensable, como ya hemos dicho, criar nuestras abejas obreras
para la cosecha y no sobre la cosecha. Este axioma, que
nosotros seguimos desde hace muchos años, ha sido probable-
mente la causa de nuestros triunfos en apicultura.

La cosecha

Hemos tenido buen número de temporadas en las cuales el


trébol blanco, que origina la principal cosecha de nuestra loca-
lidad, se murió por causa de la sequía de la estación precedente.
En estas temporadas, nos damos por satisfechos si nuestras
abejas almacenan miel suficiente para bastarse a sí mismas, hasta
la cosecha de otoño, que comienza a mediados de agosto. En
los años de escasez como éstos es cuando acrecentamos el
número de nuestras colmenas, porque entonces tenemos muchas
abejas, pero poco trabajo para ellas.
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 81

Aumento del colmenar

Nosotros no gustamos de la enjambrazón natural y, como


es consiguiente, hacemos todo lo posible por prevenirla. Aunque,
según el Dr. Miller, «las abejas no hacen nada invariable-
mente», nosotros conseguimos tener poca enjambrazón, tan
poca, que no es provechoso vigilar los colmenares anexos.
Esto tiene su importancia, porque estamos excesivamente ocu-
pados en el momento de la enjambrazón natural, ya que no
somos solamente apicultores, sino comerciantes de artículos
apícolas y fabricantes de cera estampada o fundación, y tene-
mos que dirigir a gran número de obreros. Si nos viéramos obli-
gados en dicho momento a tener un guarda capaz de cuidar las
abejas constantemente, en cada colmenar anexo, sería un impor-
tante gasto adicional. Es verdad que hay estaciones apícolas
durante las cuales las abejas se nos adelantan en preparativos
y enjambran. Pero estas temporadas son rarísimas. En los cin-
cuenta últimos años transcurridos, no recordamos más que dos
temporadas en las cuales las abejas nos cogieran la delantera
de improviso y enjambraran, de manera que nos hicieron lamen-
tar no tener un guarda experto en cada colmenar. Más adelante
indicaremos nuestro sistema para impedir la enjambrazón natu-
ral. Antes vamos a describir nuestro procedimiento de aumento
del colmenar.
Hemos dicho en el capítulo «Cuidados de primavera», que
hoy nosotros no criamos nuestras reinas. Pero como durante
mucho tiempo nos hemos dedicado a esta cría, tanto para nos-
otros como para la venta, indicaremos aquí el método que
seguíamos, cuando no se conocían ni el procedimiento de
Doolittle ni el más moderno de Barbeau. El apicultor que desee
criar sus propias reinas por los procedimientos más modernos
debe recurrir a los tratados especiales sobre la materia. Tam-
bién encontrará informes precisos para la cría de reinas por el
6
82 MÉTODO DADANT

sistema Doolittle en «La abeja y la colmena». Aquí nos limi-


tamos a dar el método empleado en nuestros colmenares, que
es muy suficiente para el apicultor comercial.

Cría de reinas para las divisiones

Como ya hemos dado a entender, quitamos todos los años,


en lo posible, todos los panales de zánganos de las colmenas de

m
V
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9 •

F i g . 37. — L a s a b e j a s prefieren c r i a r s u s r e i n a s en l u g a r e s l i b r e s en que l a s


c e l d a s r e a l e r a s tienen mucho e s p a c i o . E l panal del g r a b a d o r e s u l t ó demasiado
alejado de s u v e c i n o , y l a s a b e j a s c o n s t r u y e r o n en él un panal suplementario.

que no deseamos obtener reproductores. No producimos, pues,


zánganos en gran número sino en dos o tres colmenas, elegidas
entre aquellas que nos han dado la mejor cosecha el año ante-
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 83

rior. Los queremos de pura raza italiana, porque la experiencia


nos ha demostrado, a pesar de algunas afirmaciones de apicul-
tores inexpertos, que los mestizos no transmiten las cualidades
que en ocasiones ofrecen accidentalmente, en tanto que las
razas puras se reproducen con fidelidad mucho mayor.
También preferimos la raza italiana a las otras razas exó-
ticas, porque con ella, gracias a su color, podemos reconocer
la menor mezcla de otras razas, en tanto que ciertas razas
grises, como la de Carniola o la caucásica, se aproximan de tal
suerte por el color a la raza común, que sería difícil, por no
decir imposible, reconocer una ligera mezcla. Las abejas italia-
nas, en nuestro sentir, han probado tan bien sus buenas cuali-
dades, que no buscamos nada mejor. Hay, no obstante, países
en que la raza italiana pierde una parte de su valor, por ejem-
plo, en Suiza, donde parece perder las ventajas adquiridas por
su industria, criando pollo ya muy avanzada la estación. Esto
es cuestión de localidades.
Por nuestro sistema de impedir la cría de zánganos en las
colmenas de que no queremos obtener reproductores, consegui-
mos una gran proporción de buenos apareamientos, porque las
colmenas a las que se han quitado en lo posible los panales de
zánganos para reemplazarlos por panales de obreras, rara vez
crían más de 200 a 300 machos, en tanto que las colmenas
seleccionadas en las que se fomenta la cría de machos crían
fácilmente de dos a tres mil. Y esto no sólo nos favorece a nos-
otros, sino también a todos los que poseen abejas en nuestro
vecindario. Finalmente esta mejora de los colmenares vecinos
redunda en beneficio nuestro, puesto que nuestras reinas
encuentran en los contornos mejores zánganos que si la cría
de éstos se dejara a la ventura. Los machos producidos en
sus colmenas son de raza mejorada, lo que no puede menos
de ceder en nuestro beneficio por la alianza de nuestras
reinas con buenos reproductores. Tratándose de abejas, lo
mismo que de los demás animales domésticos, es muy bene-
cS4 MÉTODO DADANT

ficioso elegir los reproductores buenos y sacrificar las razas


inferiores.
No es menester añadir que nosotros elegimos también las
mejores reinas para la cría de la nueva generación de éstas.
Las reinas cuya colmena ha dado mayor cantidad de miel el año
anterior son las que seleccionamos para suministrar el pollo en
el cual se crían nuestras reinas jóvenes.
Cuando llega el momento de la cosecha, privamos a una
colmena de su reina y cambiamos los panales de pollo de dicha
colonia por un número menor de panales de pollo joven de una
de nuestras mejores reinas. A l dar un número menor de pana-
les de pollo nos aseguramos de que este pollo ha de ser bien
cuidado. Esto es importante en la cría de reinas selectas.
Para obtener una cría de celdas en número bastante grande,
es conveniente seguir el sistema del Dr. Miller, que hemos
adoptado nosotros en nuestros colmenares. Consiste dicho sis-
tema en dar a la reina, cuyo pollo se tiene que tomar para la
cría de celdas, con algunos días de anticipación, uno o dos
panales nuevos de cera estampada no completamente llenos,
de manera que queden debajo de dichos panales espacios sufi-
cientes para la cría de las celdas realeras. Como estos panales
están colocados en el centro de la colmena, la reina aova en
ellos copiosamente. En cuanto muestran larvas recién nacidas
nos apresuramos a hacer el cambio antes mencionado. De esta
manera obtenemos hasta cincuenta o sesenta celdas realeras en
panales nuevos e incompletos, porque las abejas encuentran
espacios amplios en los cuales pueden erigir dichas celdas.
Cuando los panales están completamente construidos y sobre
todo cuando son viejos, las abejas encuentran muchas más difi-
cultades para alargar las celdas hasta darles el tamaño de las
realeras, y su número resulta restringido.
La colmena a que se ha privado de reina y a la que se ha
dado el pollo de que tratamos se apresura a construir celdas
realeras, sobre todo si se cuida de alimentarla ligeramente caso
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 85

de que la cosecha sea floja en aquel momento. Es muy impor-


tante que las abejas no se encuentren con escasez de provisio-
nes, porque la cantidad de gelatina real dada a las larvas es
proporcionada al alimento que las abejas encuentran en los cam-
pos. Cuanto más floreciente es la colmena, cuanto más caliente
y mejor aprovisionada está, mejores son las reinas que cría.
Un poco de jarabe diluido y caliente, suministrado cada noche
a una colonia criadora de reinas, es un gasto reproductivo.
A los nueve días de introducir en la colmena huérfana
panales de pollo se cuentan las celdas realeras y se hacen tantas
divisiones como celdas haya, salvo una que debe permanecer
en la colmena. Algunas veces dividimos nosotros la colonia
huérfana en tres o cuatro núcleos, con sendas celdas reale-
ras, con objeto de prevenir una enjambrazón intempestiva, por-
que hemos visto en ocasiones colmenas con celdas realeras que
enjambraban con la primera reina nacida, si por distracción se
había dejado en la colmena una celda sobrante. Estas divisiones,
reducidas a dos o tres panales, deben encerrarse en las colme-
nas en que se las aloja, durante veinticuatro horas por lo me-
nos, con objeto de que las abejas se habitúen a su nuevo domi-
cilio. Si hace calor las ponemos en el sótano durante algunas
horas, antes de colocarlas en un nuevo emplazamiento.
Al día siguiente, que es el décimo después de dejar huér-
fanas las colmenas, las celdas están maduras y las reinas a punto
de nacer. Entonces insertamos una en cada colmena sin reina.
Es preciso cerciorarse de que las colmenas divididas colo-
cadas en nuevo emplazamiento tienen bastantes abejas jóvenes,
porque un gran número de las viejas volverán a su casa ante-
rior. En cada colmena nueva se reduce el espacio con una tabla
divisoria. Por lo demás, se pueden hacer estos enjambres de
diferentes maneras. Muy a menudo nosotros hacemos un enjam-
bre de dos colmenas, tomando el pollo de una de ellas y las
obreras de otra y poniendo la colmena nueva sobre el emplaza-
miento de esta última, que se transporta a un puesto vacío del
86 MÉTODO DADANT

colmenar. De esta manera las tres colonias son inmediatamente


de fuerza suficiente para sostenerse.
Las divisiones flojas se refuerzan, cuando su reina aova,
dándoles pollo y miel tomados de otras colmenas, de manera

F i g . 38. — S e reduce el e s p a c i o de u n a c o l o n i a d é b i l mediante el uso de un


s e p a r a d o r . No s e le d e j a m á s que e l n ú m e r o de p a n a l e s que l a s a b e j a s pueden
cubrir.

que las eleven a una fuerza suficiente para el fin de la tempo-


rada. Pero si se tiene en perspectiva una segunda cosecha de
miel, como ocurre en cierto número de nuestros colmenares, es
buena práctica hacer divisiones muy fuertes. Así consideramos
que el enjambre hecho con otras dos colmenas, a que nos refe-
rimos en el párrafo anterior, es el más satisfactorio.
Citamos el noveno día como aquel en que deben hacerse
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 87

las divisiones. La razón de ello es que las reinas comienzan


a nacer hacia el final del día décimo, y se necesitan veinticuatro
horas para que las abejas de una colmena dividida tengan
tiempo de asegurarse positivamente de que están privadas
de reina.
Algunos apicultores se quejan de no poder realizar la ope-
ración de insertar celdas realeras en las colmenas huérfanas,
pues las abejas las destruyen para criarlas con su propio pollo.
En esto debe de cometerse alguna equivocación. La celda rea-
lera debe separarse con precaución (cortando en forma de V el
panal que la rodea) e insertarse en el centro de un panal de
pollo. Debe manejarse con mucho cuidado y no dejarla al fresco
o expuesta al sol en el intervalo. Algunos apicultores cubren la
celda con un protector West, de alambre. Esta es una precau-
ción que sólo cuesta un poco más de trabajo.
La cría de celdas realeras en la forma expuesta tiene dos
ventajas. Sobre darnos reinas hijas de nuestras mejores produc-
toras, economiza en la mayor parte de los enjambres la pérdida
de los nueve días, durante los cuales ciertas colonias crían
celdas de selección. Las reinas jóvenes nacen prontamente des-
pués del décimo día y algunas veces la misma noche, y antes
de terminar la siguiente semana están fecundadas y aovan.
Hemos dicho que metemos en sótanos las divisiones que
deben ocupar un nuevo emplazamiento. Esto obedece a que di-
chas divisiones perderían demasiadas abejas si las dejáramos
sin encerrarlas en dicho emplazamiento nuevo, pues muchas
obreras volverían a la colmena madre. El Dr. Miller tenía la
costumbre de cerrar sencillamente dichas divisiones con un
tapón de hierba fina en la piquera. A l cabo de uno o dos días
las abejas se desembarazaban de dicho tapón, pero entonces ya
estaban lo bastante habituadas a su nuevo domicilio para no
buscar la colmena madre. Este procedimiento no nos dió resul-
tado, porque en la localidad en que nosotros habitamos hace
demasiado calor para dejar las colmenas enteramente cerradas
88 MÉTODO DADANT

en el colmenar durante un día entero. Nos ha ocurrido encon-


trárnoslas ahogadas. La colocación en él sótano durante 24 ho-
ras evita este inconveniente. En un país menos cálido el proce-
dimiento del Dr. Miller puede dar buenos resultados. El doctor
Miller vivía a 300 kilómetros al norte de nuestra localidad.
Cuando se hace un enjambre de otras dos colmenas, po-
niendo la que debe suministrar las abejas en un emplazamiento
nuevo, se sobrentiende que dicha colmena perderá todas sus
obreras en beneficio del nuevo enjambre. Entonces es curioso
observar que las abejas jóvenes de dicha colmena, que se ve
privada de todas sus pecoreadoras viejas, constituyen inmedia-
tamente una excepción de la conocida regla que ordena que una
abeja haga su primera salida a la edad de ocho días y vuelva
a la colmena para permanecer en ella una semana más antes de
convertirse en pecoreadora titular. Evidentemente se dan cuen-
ta de la necesidad de la colmena de tener obreras trabajando;
empiezan, pues, a salir desde los primeros días, en lugar de
permanecer en la colmena hasta que cuenten quince de edad,
como pide la ley natural. ¡Y aun hay gentes que dicen que las
abejas no razonan! Nosotros les encontramos, por el contrario,
una inteligencia superior a la de muchos seres humanos en cier-
tas circunstancias.
Para cerrar este capítulo necesitamos decir que no obte-
nemos nuestras divisiones de las mejores colmenas, pues éstas
quedan reservadas a la producción de miel. Criamos nuestras
reinas con pollo de las colmenas más productivas de la tempo-
rada anterior. Pero tomamos las abejas, los panales y el pollo
a las colmenas que, aunque de fuerza media, no se hallan en
estado de aprovecharse de la gran cosecha. En otros términos,
las colmenas que han tenido buen éxito en la cría de obreras
para la cosecha en gran número, se convierten en colmenas de
producción, en tanto que aquellas que, aun siendo fuertes, han
llegado a serlo demasiado tarde, son muy convenientes para
suministrar los enjambres. De este modo el aumento del número
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 89

de nuestras colmenas hace mucho menos daño a la cosecha de


miel que si dividiéramos las colmenas fuertes lo mismo que las
otras. Pero no se vaya a creer que dividimos las colmenas
débiles. Si tenemos de éstas, reemplazamos su reina cuanto
antes y hacemos todo lo posible por robustecerlas para la tem-
porada siguiente.

Reemplazo de las reinas

Si se deja que las abejas reemplacen por sí mismas a sus


reinas, por lo general lo harán a tiempo. Pero a veces sucede
que se olvidan de este deber y que la colmena se encuentra sin
reina y se debilita y perece rápidamente. Nosotros, desde hace
algún tiempo, tenemos la costumbre de reemplazar a todas las
reinas de más de dos años y a todas las que parecen haber
pasado de su período de actividad. Hay personas que sustituyen
las reinas todos los años. Nosotros creemos que, en general,
una reina es mejor el segundo año que el primero. En los países
cálidos, donde las reinas aovan todo el año, es posible que al
final del primero comiencen a decaer. Las hay también que no
son nunca muy prolíficas. Entonces es preciso reemplazarlas
lo más pronto posible.
Ahora tenemos nosotros la costumbre de comprar nuestras
reinas a criadores de garantía de los Estados del Sur, los cuales
están en mejor situación que nosotros para producirlas a buen
precio. Pero no cabe duda de que un apicultor puede criar sus
propias reinas, de las mejores colonias de su colmenar, y obte-
ner de ello gran provecho, porque algunas veces las reinas
enviadas por correo están más o menos cansadas del viaje y no
vuelven a recobrar la fertilidad que habrían tenido de no haber
viajado.
Al criar nuestras reinas, sabemos exactamente cuál es su
alcurnia por parte de madre, y si hemos encontrado medio de
italianizar los colmenares de nuestros vecinos con abejas selec-
90 MÉTODO DADANT

tas, tendremos zánganos en cantidad, porque muy pocos apicul-


tores se preocupan por impedir la cría al por mayor de los zán-
ganos en cada colmena. Tienen, pues, más que nosotros, y esto
es una ventaja. Con un poco de diplomacia, un apicultor encon-
trará medio de obtener de sus vecinos que le permitan mejorar
sus colmenares mediante una ligera remuneración, y esto me-
jorará el suyo. Las reinas tienen tantas ocasiones de aparearse
con los zánganos establecidos a un kilómetro o más de distancia
como con los de su propio colmenar. El zángano recorre, en
nuestra opinión, la mayor parte del trayecto.
Ciertos apicultores crían sus reinas en las colmenas más
productivas del colmenar, sin preocuparse de su pureza. Nos-
otros no seguimos este sistema. La experiencia nos ha enseñado
que las cualidades fijas que pueden transmitirse de madre a hija
no existen tan regularmente en las abejas mestizas como en las
puras. Por otra parte, las mestizas en general son de carácter
irascible. Las italianas puras merecen nuestra preferencia, aun-
que hay otras razas igualmente buenas, tales como la caucá-
sica. Pero estas últimas son abejas grises que se parecen mucho
a la raza negra, y es difícil conocer las mestizas. Lo mismo
ocurre con las abejas de Carniola. También hemos hecho ensa-
yos con las chipriotas, pero éstas tienen un carácter tan vio-
lento que no se las puede manejar sin peligro. Las de Carniola
enjambran demasiado. En resumen, nuestra preferencia está
resueltamente por la raza italiana.

La introducción de las reinas

Se preconizan toda suerte de procedimientos para la intro-


ducción de las reinas. Ciertos apicultores afirman que se puede
introducir una reina sin peligro quitando la vieja, ahumando
completamente a las abejas unos minutos y dejando a la reina
nueva en la piquera, que se cierra también durante pocos minu-
tos. Este procedimiento puede ser bueno en tiempo de cosecha,
E L COLMENAR. CUIDADOS D E PRIMAVERA 91

cuando las abejas aceptan ordinariamente sin irritarse a las


recién llegadas. Otros consideran conveniente dejar huérfana
a la colonia unos días antes. Nosotros no somos de este pare-
cer. No quitamos la reina vieja sino cuando tenemos ya en la
mano la reina nueva. Es buena práctica poner en una jaula a
la reina vieja y tenerla en la colmena una o dos horas antes de
matarla, para introducir después la reina joven. Entonces la
jaula ha adquirido el olor de la vieja y hay menos peligro de
que las abejas tomen a la otra por una extraña. Ya es sa-
bido que las abejas reconocen a su reina lo mismo que se reco-
nocen unas a otras, por el olor.
Nosotros colocamos la reina nueva en la jaula de introduc-
ción, entre dos panales, en el centro de la colmena, cerca de
la cría. A l cabo de 48 horas la libertamos, dejando que las abe-
jas quiten un tapón, bien de azúcar cande, bien de miel, lo cual
les permite unirse con ella. Es conveniente no abrir la colmena
durante algunos días si hay peligro de pilladoras, porque algu-
nas abejas que no se hayan reconciliado enteramente con la
reina nueva podrían irritarse por la presencia de las pilladoras
y tratar a la extraña como a una enemiga. Hay otros procedi-
mientos de introducción, por ejemplo, el de soltar a la reina
sobre panales que contengan abejas naciendo, pero el procedi-
miento arriba indicado nos ha dado resultados excelentes para
la introducción de reinas importadas de Italia, de las cuales
hemos recibido centenares durante años seguidos.
CAPÍTULO VIII

Prevención de enjambres

Hay buen número de procedimientos para impedir la enjam-


brazón natural, pero casi todos ellos requieren cuidados cons-
tantes e infinitas manipulaciones, en un momento en que el api-
cultor está excesivamente ocupado. Nosotros nos dimos cuenta
muy pronto de la necesidad de impedir la enjambrazón natural
y nos esforzamos por seguir un sistema que no requiere mani-
pulación ninguna, salvo las que son siempre necesarias en el
período de la cosecha de miel. Es, hablando en rigor, un proce-
dimiento de abstención.
Ya en 1870 nos encontrábamos con un número de colmenas
suficientes para hacernos desear la prevención de los enjam-
bres. El aumento intempestivo del colmenar ya bien provisto,
el exceso de trabajo que la enjambrazón ocasiona, la dificultad
de vigilar los colmenares anexos más o menos lejanos, la nece-
sidad de tener de repuesto un gran número de colmenas vacías
para los enjambres que pueden producirse, son otras tantas
razones para que deseemos impedir en lo posible la enjambra-
zón natural. Entonces fué cuando adoptamos el sistema que
vamos a describir y en el cual hemos introducido mejoras de
cuando en cuando. No queremos decir con esto que impidamos
enteramente la producción de enjambres naturales. Debemos
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 93

confesar también que obtenemos mejores resultados produ-


ciendo miel de extracción que si produjéramos miel en seccio-
nes. Pero el buen éxito de nuestro sistema desde hace gran
número de años demuestra que son ciertos los principios que
vamos a exponer. La temporada de 1916 nos dió una prueba
positiva del valor de nuestro procedimiento, comparado con
otros. Con varios colmenares, que contenían en total 525 col-
menas, en primavera, tuvimos menos de 30 enjambres en tota-
lidad, pero la cosecha fué de más de 100 kilogramos por colmena,
en tanto que un apicultor que tenía cinco colmenas, a menos de
tres kilómetros de nuestro colmenar central, tuvo doce enjam-
bres naturales y no recogió miel almacenada, porque había
descuidado los detalles más elementales para impedir la enjam-
brazón. Las condiciones que deben reunirse son las siguientes:
1. Tener un nido de pollo lo bastante capaz para cubrir
las necesidades de las reinas más prolíficas. Cuando la reina
encuentra limitaciones a la puesta, en una colmena pequeña,
bien sea por rejas de reina, bien por separaciones más o menos
definidas, las obreras se dan cuenta instintivamente de sus difi-
cultades y se preparan a emigrar criando celdas realeras. Los
nidos de pollo de grandes proporciones y con alzas de fácil
acceso, que empleamos nosotros, favorecen la supresión de la
enjambrazón natural. Sin embargo, aun con panales de pollo
pequeños, las reinas prolíficas se pueden encontrar a gusto,
siempre que se les pueda dar uno de estos panales suplementa-
rios inmediatamente encima del suyo y completamente accesible
de extremo a extremo. Así es como el Dr. Miller, con col-
menas Langstroth de ocho cuadros, encontraba medio de sumi-
nistrar a sus mejores reinas un espacio suficiente para la puesta.
Como corolario de la proposición que precede, debe haber
espacio para una gran cantidad de miel. Ciertos prácticos con-
sideran suficiente un alza pequeña. Pero si se tienen reinas muy
prolíficas, si la puesta sobreviene en un momento, si la colmena
rebosa de abejas y si las flores son abundantes y conveniente
94 MÉTODO DADANT

el tiempo, se puede en ocasiones conseguir una inmensa cose-


cha, si las abejas están provistas de alzas capaces. Por eso
alguna vez hemos colocado dos alzas desde el comienzo de la
temporada en colonias de gran población, que nos daban mucha
miel, en lugar de despedir uno o varios enjambres naturales.
Es verdad que muchas gentes no están satisfechas sino cuando
sus colmenas enjambran por lo menos una vez. Pero no es para
ellas para quienes escribimos.
2 El empleo de la cera estampada o fundación, en hojas
enteras en los cuadros, o mejor aún, de panales ya construidos
en las alzas de extracción, es importante para prevenir la en-
jambrazón natural. Los panales construidos son preferibles a la
cera estampada, porque en ocasiones la cosecha empieza de
pronto. Las abejas están atiborradas de miel desde el primer
día; el néctar chorrea en las celdas y es menester que las obre-
ras se apresuren a producir cera. Si no encuentran un número
suficiente de celdas vacías, es posible que se decidan a emigrar.
Con algunos panales vacíos y hojas de cera estampada en todo
el espacio de las alzas, las abejas encuentran todo el espacio
que necesitan a la espera de que las obreras jóvenes hayan
producido cera para alargar los panales. Las cosechas súbitas,
aunque raras, se producen algunas veces después de días llu-
viosos y cálidos, cuando abundan las flores en los prados.
Es menester, por de contado, que se pongan las alzas en
la colmena antes del comienzo de la cosecha, porque basta un
día de hacinamiento para determinar lo que se ha convenido
en llamar la «fiebre de enjambrazón». Entonces sería ya inútil
tratar de impedirla.
3. Es también inútil tratar de impedir la enjambrazón, así
como contar con que las abejas van a llenar las alzas, si la ven-
tilación de la colmena es insuficiente para las necesidades de
una población que cada día se aumenta en millares de abejas
jóvenes. Todos los que han observado colmenas en el momento
de la cosecha, han visto el esfuerzo impuesto a las abejas por
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 95

el crecimiento simultáneo del calor interior y exterior y la nece-


sidad de que llegue aire respirable a todas las partes de la col-

F i g . 39. — V e n t i l a c i ó n . C u a n d o h a c e mucho c a l o r en nuestro Illinois, l e v a n -


tamos l a colmena sobre un t a c o y e c h a m o s l i g e r a m e n t e h a c i a a t r á s las a l z a s
p a r a que l l e g u e una c o r r i e n t e de a i r e a l a c á m a r a del pollo.

mena. Y, sin embargo, pocos apicultores piensan en ensanchar


la piquera y en crear otras para coadyuvar a la ventilación.
96 MÉTODO DADANT

Hasta hemos encontrado prácticos que, con pretexto de que en


estado de naturaleza la piquera es siempre de las mismas
dimensiones, encuentran mal que se aconseje dar a las abejas
un ensanchamiento de su entrada. Millares de colonias se ven
obligadas a dejar ociosas a una parte de sus pecoreadoras,
haciendo la barba durante días y a veces durante semanas
enteras, porque la colmena no tiene bastante espacio ni bas-
tante aire para que todas estén ocupadas. Es menester recordar
que todos los rincones de la colmena y de las alzas deben reci-
bir una corriente de aire suficiente para mantener la pureza del
mismo por la acción de regimientos de ventiladoras que desde
la mañana hasta la noche, y aun durante ésta, agitan las alas
en líneas compactas y atraen continuamente aire puro, al pro-
pio tiempo que expulsan el aire viciado. En muchos colmenares
cuyos propietarios creen tener todo el cuidado necesario, no se
ve en cada colmena sino una piquera estrecha, muy a menudo
obstruida en parte por las abejas suspendidas fuera y que se
mantienen arracimadas sólo para evitar el hacinamiento. Y tal
vez se encuentran también, en el interior de las colmenas, sepa-
raciones, rejas de reinas, murallas que impiden la fácil circu-
lación del aire. Nosotros levantamos nuestras colmenas del
tablero sobre que se encuentran, de dos a cinco centímetros, en
cuanto sospechamos que la ventilación es insuficiente. Es me-
nester que las abejas no hagan la barba cuando hay cosecha.
Es preciso que todas puedan vivir en la colmena, yendo y v i -
niendo, sin verse incomodadas ni por el calor ni por la falta de
aire. Como ya hemos dicho, nos aconteció suministrar a las col-
menas, encima de un techo perforado de agujeritos, cajas de
almacenaje de forma cuadrada y de unos 12 a 15 centímetros,
en los cuales una sola abertura de unos cinco centímetros daba
acceso a las abejas y a la ventilación. Nos preguntábamos por
qué dichas cajas no resultaban nunca llenas, en tanto que los
panales de las alzas, encima del nido de pollo, quedaban reple-
tos inmediatamente. Era muy sencillo: habíamos olvidado que
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 97

nuestras abejas, lo mismo que nosotros, necesitaban respirar.


Todo apicultor que haga la prueba se dará fácilmente cuenta de
que un alza de panales de fácil acceso se llena mucho más rápi-
damente que otra alza demasiado aislada.
4. Como auxiliar de la ventilación de las colmenas y para
comodidad de las abejas, disminuyendo la temperatura, es nece-
sario un tejadillo cuando las colmenas están expuestas al sol, y
sobre todo en las localidades de temperatura elevada. Nosotros
nos servimos de tejadillos de tablas bastas, aun cuando nues-
tras abejas se encuentren en lugar de sombra. Para este objeto
deshacemos cajas de gran tamaño, arrumbadas después de
haber servido para el embalaje de mercancías, y compradas a
bajo precio. Las tablas se juntan por medio de dos travesanos,
de cinco centímetros de grueso en uno de los extremos y de
diez centímetros en el otro, de manera que haya un poco de pen-
diente para que escurra el agua de lluvia. Los hacemos más
largos y más anchos que la tapa de la colmena. Ciertos apicul-
tores disponen tejadillos de dos vertientes muy coquetones.
Otros hacen la tapa en forma de tejado de vertiente doble.
Nosotros buscamos la economía en este punto como en otros
muchos.
5. La reina de cada colmena debe ser joven. Ciertos api-
cultores encuentran conveniente el reemplazo de las reinas
cada año, después de la cosecha. A nosotros esta medida nos
parece sobrado radical y creemos que verdaderamente una
reina alcanza a menudo su máximo de fertilidad en su segundo
año. Nos costaría mucho decidirnos a matar una reina de menos
de dos años, si es buena ponedora y si sus abejas son activas y
producen una cosecha satisfactoria. Pero cuando una reina no
es de buena producción, la cambiamos cuanto antes. No quere-
mos más que reinas prolíficas. Las reinas de más de dos años
pierden con frecuencia su fertilidad en el período más activo de
la tercera temporada. No bien su puesta comienza a disminuir,
las abejas, al percatarse de ello, se preparan a reemplazarla
98 MÉTODO DADANT

construyendo celdas realeras. La reina lo ve, se incomoda,


trata de destruir a sus futuras rivales, y como las abejas no se
lo permiten, parte con un enjambre, si la estación es buena.
Esta es, pues, una causa muy frecuente de enjambrazón, y la
razón de que nosotros reemplacemos nuestras reinas viejas
al final de cada temporada.
6. Un número muy grande de zánganos es también una
causa frecuente de enjambrazón, cuando se reúnen a ella otros
motivos. En el capítulo sobre «Los zánganos y su producción»
hemos dicho que las abejas, en estado de naturaleza, crían
millares de zánganos en cada colmena, lo cual es una precau-
ción ocasionada por la necesidad, que exige que la reina salga
para encontrar uno en el aire, y es preciso que haya zánganos
en gran número en los alrededores, con el fin de que la reina
no se vea obligada a empezar de nuevo su viaje nupcial, por-
que la existencia de la colonia depende de la vida de la reina,
y es preciso que ésta no corra grandes riesgos. Pero los zán-
ganos de dos o tres colmenas son suficientes para todas las
reinas del colmenar. Debemos, pues, impedir la cría de zánga-
nos en grande; así evitaremos la existencia de esas bocas in-
útiles, que permanecen en casa todo el día, salvo en las horas
en que las pecoreadoras son más activas. Desde las 10 de la
mañana a las 4 de la tarde, los zánganos retozan y zarandean
a las obreras al entrar y al salir. El Dr. Brunnich nos dice que
las abejas tienen inclinación fraternal hacia esos gandulones.
Esto parece verdadero cuando se ve con qué indulgencia
consienten su baraúnda y su voracidad. Pero cuando viene
la escasez de néctar en los campos, esta amistad se trueca en
odio y las obreras los expulsan sin piedad. Es un hecho,
no obstante, que las colmenas que más zánganos tienen son
las que más enjambran; y nosotros creemos, después de
ensayos repetidos, que la enjambrazón es mucho menos fre-
cuente cuando la colmena no ha criado sino un número limi-
tado de zánganos. El lector debe releer el capítulo que acaba-
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 99

mos de citar, y probablemente se convencerá de que estamos


en lo cierto.
Debemos recordar que si dejamos a las abejas el cuidado
de decidir cuántos panales de zánganos debe contener la col-
mena, construirán de ellos como una octava parte (de la sép-
tima a la décima) de la superficie total de los panales. Si quita-
mos los de zánganos sin reemplazarlos por panales de obreras,
los volverán a construir de iguales dimensiones, por la misma
razón que las ha inducido a construir panales de celdas grandes.
Cuando las reinas tienen panales vacíos para la puesta, en can-
tidad suficiente, las abejas construyen de mejor gana panales
de celdas grandes. Por esto un enjambre alojado en colmena
completamente vacía construirá sobre todo celdas de obreras,
en tanto que un enjambre al que se haya dado cierta cantidad
de panales ya construidos se pondrá casi inmediatamente a
construir panales de zánganos. Es, pues, importante poner en
cada colmena fundaciones o ceras estampadas con base de cel-
das de obreras. Es verdad que a veces las abejas, si quieren
panales de zánganos, desdeñan seguir el modelo que se les da,
y construyen a pesar de todo celdas de gran tamaño sobre las
bases de tamaño pequeño, lo cual da a las celdas una forma
irregular. Pero esto es extraordinariamente raro. Nosotros no
lo hemos visto más que tres veces. En ocasiones se debe a una
irregularidad en la cera estampada, que se ha laminado mal y-
resulta ligeramente alargada. En una reunión apícola, en
Middlebury, Estado de Vermont, Mr. Crane, uno de los apicul-
tores más expertos de los Estados Unidos, hizo mención de esta
anomalía que había observado en una docena de hojas de cera
estampada en un total de más de 2000 que había dado a sus
abejas durante la temporada de 1915. Estos panales deben ser
reemplazados por el apicultor en cuanto se dé cuenta de su
irregularidad.
Nosotros, pues, todas las primaveras quitamos en lo posi-
ble los panales de zánganos en todas las colmenas de que no
100 MÉTODO DADANT

deseamos reproductores, y los reemplazamos por panales de


celdas pequeñas. De todos modos es una economía y ayuda a
impedir la enjambrazón.
7. Queda aún una condición muy importante para coadyu-
var a dirigir la enjambrazón, y es la que mencionamos en el
capítulo referente al «espaciamiento de los cuadros». Ya hemos
explicado que nuestros panales en las colmenas están espaciados
38 milímetros de centro a centro (pulgada y media) en tanto
que muchos apicultores que poseen colmenas de cuadros movi-
bles no los separan más que 35 milímetros. Esta diferencia
puede parecer insignificante. Pero si consideramos que esto da
a las abejas, entre los panales de una colmena, unos 300 centí-
metros cúbicos de espacio adicional para ir y venir, respirar y
ventilar la colmena, comprenderemos fácilmente el efecto de
este espacio en la cuestión de la enjambrazón. Ya en 1885, en
«La abeja y la colmena», recomendamos el espaciamiento
de 38 mm., y decíamos, en el párrafo 343, que este espacia-
miento, elegido por Quinby, tenía la ventaja de facilitar las
manipulaciones de los cuadros, dejar más espacio para las irre-
gularidades posibles y ofrecer a las abejas un lugar más amplio
para agruparse en invierno. No habíamos pensado entonces en
la ventaja de este espaciamiento para impedir la enjambrazón.
Fué en 1916, en un congreso apícola del Colegio de Storrs,
Connecticut, donde Mr. Allán Latham, apicultor muy experto,
llamó la atención de sus colegas sobre el hecho de que el espa-
ciamiento de 35 milímetros era un estímulo para la enjambra-
zón. Entonces comprendimos inmediatamente por qué alcanzá-
bamos mejores resultados que otros en la prevención de los
enjambres, y por qué muchos apicultores que habían ensayado
nuestro sistema n.o podían lograr, como nosotros, la disminución
del número de aquéllos. Es fácil comprender la gran utilidad
que procura el espacio adicional de 3 milímetros entre todos los
cuadros de pollo de una colmena, para hacer ésta más cómoda.
Esto salta a la vista cuando se reflexiona un momento.
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 101

No se crea, empero, que nosotros pretendemos impedir


completamente la enjambrazón. Como ya hemos dicho, tenemos
por lo general un promedio de cinco a seis por ciento de enjam-
bres, pero cuando vemos a apicultores prácticos perturbados en
su industria por una enjambrazón intempestiva, hasta llegar a
ver, como uno de nuestros buenos prácticos, 18 enjambres que
salían el mismo día y a la vez, creemos prestar un buen servicio
al dar un procedimiento que reduce la enjambrazón al mínimo,
sin exigir manipulaciones constantes, como la de destruir las cel-
das realeras una o dos veces por semana. A este propósito, el
autor de estas líneas recuerda que, en su juventud, creía haber
dado con el modo de impedir totalmente los enjambres mediante
la supresión de las celdas realeras. Habiendo aceptado el
encargo de dirigir un colmenar de unas sesenta colmenas, en
casa de un aldeano apicultor de las inmediaciones, había pasado
un día entero examinando cuidadosamente las colmenas y qui-
tando todo rastro de celdas maternas. Ocho días más tarde, el
aldeano le volvió a llamar y le dijo riendo: «Amiguito, en
cuanto volvió usted la espalda mis abejas volvieron a comenzar
la enjambrazón». Es un hecho que cuando las abejas han con-
traído lo que se llama la «fiebre de enjambrazón», todas las
precauciones que pueden tomarse se reducen a la nada. Lo
necesario es impedir esta fiebre de enjambrazón, con precau-
ciones como las que acabamos de mencionar, que no exigen
gran trabajo y que son ventajosas por todos estilos, tanto si
existe peligro de enjambrazón como si no existe.
Los procedimientos, preconizados por diferentes prácticos,
de quitar el pollo para situarlo en un piso superior, de poner a
la reina en una jaula, de cambiar las colonias de sitio, de devol-
ver los enjambres a la colmena, etc., ocasionan un exceso de
trabajo y no producen más que un alivio relativo. Nuestro sis-
tema nos permite ir de un colmenar a otro sin perder tiempo, y
sostenernos al nivel de la cosecha con seis u ocho colmenares.
Esto es cosa imposible con cualquier otro procedimiento. Los
102 MÉTODO DADANT

que ensayan nuestro sistema pueden encontrar aún otras con-


diciones adicionales que favorecen la prevención de la enjam-
brazón natural, pues no tenemos la pretensión de recabar el
dictado de perfectos para nuestros procedimientos. En todo hay
ocasiones infinitas de progreso.

Colocación de las alzas

Nuestros lectores habrán comprendido, por lo que precede,


que somos productores de miel extraída. En efecto, aunque la
miel superfina en secciones pequeñas se vende a precio mucho
más elevado, para nosotros no ofrece duda que se puede pro-
ducir la miel extraída con bastante economía para que la indus-
tria sea mucho más provechosa que la producción en panales;
y ya no hay más que algunos retrógrados, echados al surco,
que tengan el valor de sostener, como M . Hamet, que el extrac-
tor centrífugo es un «juguete inútil».
Todo apicultor sabe hoy, gracias a Huber y a algunos de
sus precursores, que la cera se produce en el cuerpo de la
abeja obrera por medio de órganos especiales que obran auto-
máticamente, como los de la producción de leche en la vaca o
los de la grasa en los cerdos o los bueyes. Su cantidad no es
fija, sino que depende del consumo de miel y de las condicio-
nes en que la secreción se produce. Es preciso que la abeja
absorba un exceso de alimento antes que este alimento se
transforme en cera. Según los experimentos de los hombres de
ciencia, las abejas consumen un promedio de diez libras de miel
para producir una libra de cera. Algunos que se llaman observa-
dores han afirmado que sus experimentos demostraban que una
libra de cera no cuesta a la colmena más que unas dos libras de
miel. Pero en todos los casos en que se ha hecho semejante
afirmación, el experimentador había olvidado detalles impor-
tantes que habrían cambiado totalmente el resultado. Es muy
cierto que la cera cuesta tanto en miel como la grasa del ani-
PREVENCIÓN D E ENJAMBRES 103

mal cuesta en grano y en heno. Si la miel vale una peseta


cincuenta céntimos el kilogramo, podemos calcular que la cera
nos cuesta 15 pesetas.
Es preciso recordar que para la producción de la cera no
se exige sólo el gasto de miel, sino que a menudo hay pérdida
de tiempo. Las abejas producen cera automáticamente, pero
para ello es preciso que tengan el buche Heno y que se man-
tengan suspendidas en racimos en la colmena durante 24 horas
por lo menos. Es verdad que son las abejas jóvenes las que
desempeñan ordinariamente este papel, pero cuando la colmena
se encuentra súbitamente llena por una cosecha repentina, que
suele seguir a oportunas lluvias, las pecoreadoras viejas se ven
también obligadas a permanecer en la colmena hasta que haya
sitio, esto es, panales nuevos, si no se les pueden dar. Es,
pues, muy ventajoso guardar los panales de las alzas de un
año para otro, intactos, con objeto de dárselos a las abejas en
el momento de la recolección. Los que no hayan ensayado
nunca este procedimiento, como el de variar los panales una
vez que la miel está madura, para hacerlos llenar de nuevo, no
tienen idea del gran aumento de cosecha que esto significa.
Además, la producción de la miel extraída, que nos permite
dar constantemente a las abejas panales vacíos que llenar,
ayuda a impedir la enjambrazón natural. Aunque el procedi-
miento que acabamos de dar para impedir la enjambrazón es
práctico aun tratándose de la producción de la miel en pequeñas
secciones, resulta mucho mejor y se obtiene mucho más fácil-
mente una prevención casi total de la enjambrazón cuando se
produce miel extraída, puesto que se guardan de un año para
otro los panales vacíos. Nosotros tenemos panales de alza que
están en uso desde hace más de cuarenta años y que por este
mismo uso son mejores que los panales nuevos, pues las abejas
los refuerzan un poco todos los años. Sin embargo, no vaya a
imaginarse, como escribía un supuesto práctico en una revista,
que los panales nuevos son demasiado frágiles para pasar al
104 MÉTODO DADANT

extractor sin romperse. Basta con tener la primera vez un poco


de precaución. Después, cada año serán más fuertes.
Se dice que la producción de miel de extractor obliga a las
abejas a perder cera, porque siempre la producen en el momento
de la cosecha. Pero siempre se necesita un poco para alargar
las celdas, y cuando las abejas no se ven obligadas a permane-
cer durante días enteros con el buche lleno, la cantidad de cera
producida es mínima. Nosotros afirmamos que, por el contrario,
hay pérdida de cera mucho más importante cuando las abejas
se ven constreñidas a edificar constantemente en el período de
la cosecha. Puede adquirirse el convencimiento de ello exami-
nando los tableros de las colmenas que han de construir todos
•los panales, y comparándolos con los de aquellas en que se
ponen panales ya construidos, pues en los primeros se encon-
trarán muchas más migajas de cera, que se les han escapado a
las obreras. Acerca de este punto tenemos una experiencia
práctica que está de acuerdo con el razonamiento y con la
teoría.
La colocación de las alzas tiene lugar al comenzar la
cosecha. Esto es quizá un tanto ambiguo para el principiante.
Pero se necesita experiencia para juzgar del comienzo de la
cosecha, que no corresponde siempre al momento de abrirse
las flores. Un principiante puede poner las alzas demasiado
tarde o demasiado temprano. Si las colmenas son fuertes, vale
más esta última alternativa. Es a veces conveniente, en una
cosecha poco activa, esperar a que las abejas hayan blanqueado
con cera nueva el borde superior de los panales de miel. Pero
si la cosecha empieza precipitadamente, se nos anticiparían las
abejas, y podrían hacer preparativos de enjambrazón que no
nos sería dable impedir. Esto debe dejarse al juicio del apicul-
tor, que procederá según la fuerza de las colonias y la promesa
de la flora.
A las colonias muy fuertes les ponemos a menudo dos
alzas desde el primer día, aunque en general no colocamos la
PREVENCIÓN DK ENJAMBRES 105

segunda, debajo de la primera, sino cuando ésta contiene ya


cierta cantidad de miel.
Las alzas llenas de panales del año anterior son muy atrac-
tivas para las abejas, que las ocupan prontamente. Los que
producen miel en secciones y siguen el procedimiento de Miller
ponen las secciones llenas ya en parte, a manera de cebo, en
cada alza. De esta manera tienen ocasión de reconocer el gran
aliciente que ofrecen a las obreras los panales ya construidos.
Un alza de panales construidos se llena por lo menos dos veces
más pronto que un alza vacía en la cual tienen que construir las
celdas. Nosotros hemos puesto a menudo tres alzas en colme-
nas muy pobladas, desde el comienzo de la cosecha, y dichas
alzas estaban ocupadas de extremo a extremo antes que las
abejas que se veían obligadas a construir hubieran obrado ni
siquiera una cuarta parte de los panales de la primera alza.
Nosotros visitamos los colmenares durante la cosecha, de
cuando en cuando, y estas visitas son más o menos frecuentes
según las condiciones de aquélla. El tiempo, las lluvias, la
sequía, tienen gran influencia sobre los resultados. Recorda-
mos una temporada en la cual incesantes lluvias pusieron a las
abejas a dos dedos de morir de hambre, después de la coloca-
ción de las alzas y cuando esperábamos una cosecha excelente.
Fué preciso alimentar a los insectos, dándoles panales de alza
en parte llenos y conservados del año anterior. Pero en los tres
días que siguieron cambió el tiempo, y las abejas, en lugar de
vaciar aquellos panales, les añadieron miel fresca. La cosecha
había empezado súbitamente.
Cuando añadimos más alzas, las solemos poner muchas
veces debajo de la primera, sobre todo si la miel está alma-
cenada en forma compacta. Pero si está esparcida en las celdas
de un extremo a otro del alza, no tiene ninguna ventaja el
levantar la primera para poner la segunda en su lugar.
Cuando la cosecha toca a su fin, es a menudo ventajoso
igualar las alzas, con objeto de encontrarlo todo lleno cuando
106 MÉTODO DADANT

llega el momento de la extracción. Por ejemplo, podemos en-


contrar una colmena mediocre que no haya llenado sino parcial-
mente una sola alza, en tanto que su vecina, fuerte y muy
activa, tiene sus tres alzas poco menos que llenas. Entonces
permutamos dos o tres panales de ambas. Algunas veces llega-
mos a cambiar un alza casi vacía de una colmena mediocre con
un alza casi llena tomada de una colonia fuerte. Las dos alzas
estarán muchas veces repletas pocos días después.
En estos cambios de alzas, durante la cosecha, no es nece-
sario quitar las abejas, porque rara vez se pelean cuando llegan
las extrañas con el buche lleno. Se parecen mucho a los seres
humanos. Todos acogemos con una sonrisa agradable al que
viene a nosotros con regalos; pero el mendigo, a menos
que pueda llegar a interesarnos por una desgracia verdadera,
no obtiene nuestras simpatías y no debe esperar sino una fría
acogida.
Es preciso, no obstante, cerciorarse de que en estos cam-
bios no se truecan también las reinas, porque habría gran peli-
gro en ello, sobre todo al dar una reina a una colmena que
tuviera ya la suya. Entonces correría el riesgo de que la mata-
sen las abejas de la colmena extraña.
CAPÍTULO IX

Extracción de la miel

Nosotros preferimos extraer la miel, generalmente, en


cuanto está madura, y, en la medida de lo posible, antes del fin
definitivo de la cosecha.
La razón de ello es evi-
dente. Es mucho menos
agradable hacer la ex-
tracción en tiempo de
carestía que en tiempo
de abundancia, pues las
abejas son menos dóciles
y las pilladoras más ac-
tivas. Pero no hay más
remedio que dejar en las
colmenas una parte de F i g . s40. — E l e x p u l s a a b e j a s permite a los i n -
e c t o s s a l i r del a l z a , pero no e n t r a r .
la miel no madura aún
hasta el fin de la cosecha. Esta miel demasiado poco evaporada
no se conservaría y se vendería mal.
En la tarde que precede a la extracción ponemos en las
colmenas los expulsaabejas. Esta operación se practica rápida-
mente y con poco trabajo siguiendo el procedimiento que nos-
otros empleamos y que no nos obliga sino a levantar las pilas
de alzas por un lado; hecho esto los depositamos sobre un,
108 MÉTODO DADANT

travesano para colocar la tabla del expulsaabejas encima de

i;

F i g . 41. — P a r a c o l o c a r el e x p u l s a a b e j a s sin d e m a s i a d o trabajo, nos vale-


mos de un taco con e s c o t a d u r a s que s o s t i e n e las a l z a s mientras se d e s l i z a el
e x p u l s a a b e j a s bajo l a pila de a l z a s , encima de l a c á m a r a de cría.

la cámara del pollo, como se puede ver en el grabado 41.


EXTRACCIÓN D E L A MIEL 109

Ciertos apicultores no son partidarios del expulsaabejas.

•i

F i g . 42. — C o m o e l v i e j o c a s t r a d o r f r a n c é s , en c a s o de n e c e s i d a d tapamos
con a r c i l l a l a s g r i e t a s de las c o l m e n a s v i e j a s , y a d e t e r i o r a d a s por el largo uso.

Lo mismo nos ocurría a nosotros antes de aprender a servir-


110 MÉTODO DADANT

nos de él. Hoy tenemos en cada colmenar un número de arte-


factos de esta clase suficiente para poner uno en cada colmena,
porque sabemos que nos ahorra mucho tiempo. No se necesitan
más que de siete a catorce horas para que casi todas las abejas
hayan abandonado el alza o las alzas, aun cuando éstas sean
cuatro. Entonces no quedan nunca más de diez o doce abejas
en las alzas, salvo que la reina se encuentre en ellas, o salvo
que contengan pollo, pues en tales casos las obreras estiman
evidentemente que su deber es no abandonar el departamento.
Esto revela el mucho juicio de los insectos.
Cuando se colocan los expulsaabejas en las colmenas, es
preciso tener gran cuidado, sobre todo en tiempo de carestía,
con no dejar ninguna abertura, ninguna grieta por la cual puedan
introducirse pilladoras en el alza, porque entonces no habría
nadie que les impidiera apoderarse de la miel. Esto puede suce-
der cuando se tienen, como nosotros, alzas que llevan muchos
años de uso y cuyos bordes están más o menos redondeados,
de manera que impiden su buen ajuste. Un poco de tierra arci-
llosa lavada, aplicada a la grieta, es suficiente para cerrar una
abertura de ese género durante la noche. Un principiante acaso
se ría de este económico expediente. Pero llegará momento en
que reconozca que tales recursos dan buenos resultados. El
viejo castrador francés se sirve de boñiga de [Link]
con arcilla para cerrar las hendiduras de sus colmenas de paja
o «bournacs» de una manera permanente. Nosotros sólo nece-
sitamos un cierre temporal.
En nuestros países, de temperatura excesiva, no nos atre-
vemos a poner los expulsaabejas demasiado pronto en los días
muy calurosos. Basta colocarlos al atardecer, cuando ya no
hay peligro de que el calor haga desmoronarse los panales,
a los cuales se quita la ventilación.
Al día siguiente, día de la extracción, se necesita poco
tiempo para quitar las alzas llenas de miel y limpias de abejas.
Si la cosecha sigue produciendo, se vuelven a poner las alzas
EXTRACCIÓN D E L A M I E L 111
en las colmenas a medida que se van vaciando, porque no hay
peligro de pillaje, y las abejas tienen necesidad de espacio para
su botín. Si la cámara de cría estuviera completamente llena,
se quedarían ociosas. Nosotros hemos visto, en una cosecha
extraordinaria, alzas devueltas a las abejas después de la ex-
tracción, que se encontraban repletas de. miel en todas las cel-
das al cabo de dos días de cosecha. Estas ocasiones son raras.
Si tenemos algunas alzas vacías por anticipado, economizamos
tiempo poniéndoselas a las colmenas a medida que quitamos las
alzas provistas de miel. A menudo están llenas todas las alzas.
Entonces las primeras que se vacían sirven para reemplazar
las que se van quitando durante el curso del día.
Si la temporada ha terminado, si no hay ya miel en los cam-
pos, se corre el peligro de excitar el pillaje si se devuelven
inmediatamente a las abejas los panales vacíos, que están toda-
vía relucientes de miel. Entonces deben almacenarse en la
cámara de extracción hasta la puesta del sol. En este momento
todos prestan ayuda, y las alzas se devuelven a las colmenas
en algunos minutos. La excitación que de esto resulta no puede
durar, porque la noche se acerca, y cuando llega el día todo
está en orden en cada colmena.
Si la miel no parece suficientemente espesa, la ponemos
en cubas que colocamos en lugar caliente para permitir su eva-
poración ulterior, Esto no sería quizá tan práctico en un país
de temperatura baja, y probablemente se necesitaría un poco de
calor artificial. Por lo demás, es raro que la miel no esté com-
pletamente madura. Cuando lo está, la envasamos en barriles
o toneles bien secos, de unos doscientos litros de cabida, para
transportarla al colmenar central, donde se trasiega a recipien-
tes de diferentes clases, según los pedidos del consumidor.
A veces resulta necesario llevar a vaciar las alzas al col-
menar central. Muchos apicultores prefieren este procedimiento
porque allí tienen mayores facilidades para la extracción, sobre
todo si emplean una fuerza motriz artificial para mover el ex-
112 MÉTODO DADANT

tractor. Aunque nosotros no gustamos de transportar las alzas


llenas, este sistema tiene ciertas ventajas sobre la extracción
en cada colmenar, porque ordinariamente se dispone de mejor
instalación. La objeción principal contra este procedimiento es
la necesidad de transportar todas las alzas para vaciarlas y vol-
verlas a llevar en seguida al colmenar anexo. A menudo la miel
se enfría y espesa durante el transporte, y es menester calentar
la sala de extracción para poder manipularla con menos dificul-
tades. Ciertos apicultores llevan sus alzas al colmenar central
y calientan la cámara de extracción toda la noche, con el fin de
que la miel esté lo bastante caliente para que la extracción sea
fácil. Todo esto es cuestión de latitud. En los países de noches
calurosas no se presentan estos inconvenientes.

Instrumentos y utensilios para la extracción

Carlos Dadant tenía ya abejas en número bastante grande


cuando Hruschka, de Dolo, cerca de Venecia, inventó el extrac-
tor de miel centrífugo, en 1865. Este invento no se describió
hasta 1868 en el American Bee Journal. Un estudiante mo-
derno se asombrará de que un descubrimiento tan importante
como éste tardara tres años en atravesar el océano; pero en
aquella época contábamos con muy pocos periódicos apícolas;
no había uno solo en Italia, y los cables transatlánticos estaban
a la sazón comenzando su trabajo de telegrafía cotidiana. Se
comprende, pues, fácilmente que una industria tan modesta
como era entonces la de los productores de miel quedara rele-
gada a segundo término.
No había entonces ni fabricantes de utensilios apícolas,
salvo algunos de colmenas de paja, ni cera estampada, ni ahuma-
dores. El único procedimiento de obtener un extractor de miel
del nuevo sistema era fabricárselo uno mismo, con arreglo al
grabado que había publicado el American Bee Journal, en la
página 189 de su tercer volumen, El hojalatero de la ciudad
E X T R A C C I Ó N D É L A Mi E L 113

nos'fabricó, de hoja de lata, la cuba del extractor. El herrero hizo


la montura. La tela metálica de que nos valimos era demasiado
débil para el uso a que
la destinábamos; los ces-
tos de cuadros se defor-
maban y los panales se
rompían. Añádase a esto
que no teníamos aún al-
zas de cuadros bajos,
que hacíamos la extrac-
ción de los panales gran-
des y que los panales no
estaban construidos tan
rectos en los cuadros
como lo están hoy, y se
comprenderá fácilmente
con cuántas dificultades
tropezábamos para la
extracción de la miel du-
rante los primeros años.
Pero la miel obte-
nida era tan hermosa y
estaba tan limpia, com-
parada con la miel de
prensa, que al princi-
pio resultó dificilísimo
venderla; el primer co-
merciante a quien se la
ofrecimos respondió se- F i g . 43. — E l primer e x t r a c t o r c e n t r í f u g o
fabricado por H r u s c h k a .
camente que no com-
praba jarabe simple, y que si lo necesitaba sabría prepararlo
tan bien como nosotros; él conocía el aspecto de la miel y no la
había visto nunca de aquel color claro y transparente. Esto era
un poco descorazonador.
114 MÉTODO DADANT

La imperfección de nuestro primer extractor no fué el único


punto desagradable de la extracción, en los comienzos. No
teníamos utensilios adecuados para el uso de dicha máquina.
Un cuchillo de cocina, y poco después un cuchillo de hoja muy
delgada, fueron nuestros primeros instrumentos para desopercu-
lar los panales. Aun recordamos el alivio que nos trajo el des-

¡
:
------

F i g . 44.— Modelo con a r r e g l o a l c u a l se c o n s t r u y ó nuestro primer e x t r a c t o r .

operculador Bingham, cuyo bisel permite desprender entera-


mente los opérculos que, con los primeros cuchillos, volvían
a adherirse al panal inmediatamente. Un gran balde de hoja de
lata fué nuestro depósito de opérculos durante bastantes años.
Era necesario vaciarlo a cada instante cuando se tenía una
cosecha un poco activa.
Al cabo de cuatro o cinco años de este procedimiento
infantil, fabricamos un receptáculo de opérculos que podía con-
EXTRACCIÓN D E L A MIEL 115

tener los de un día entero de trabajo. Era la cuba cuyo grabado

• ••••

!

I
]

I
11 i

F i g . 45. — N u e s t r o s i s t e m a de d e s o p e r c u l a r el panal de un s o l o tajo


es posible g r a c i a s a l a a p r o p i a d a profundidad de los c u a d r o s de l a s a l z a s .

damos. Los fabricantes de extractores habían comenzado la


116 MÉTODO DADANÍ

manufactura de máquinas de diferentes géneros y fué uno de


ellos el que construyó, siguiendo nuestras instrucciones, la pri-
mera cuba de opérculos que ha existido y que nos sirve desde
hace cincuenta años. Se compone de dos cubas de metal, una
dentro de otra. La interior tiene el fondo de tela metálica muy
fuerte, cuyo centro se apoya en un pivote, y el reborde de la

. . ... ..

"1

F i g . 46. — T e l a p a r a proteger las a l z a s c o n t r a l a s p i l l a d o r a s durante


la e x t r a c c i ó n .

cuba interior descansa en el borde superior de la de fuera.


Hay un espacio de 25 centímetros entre el fondo de las dos
cubas, para recoger la miel que escurre por la tela metálica.
Desde hace muchos años poseemos varias cubas semejantes,
porque a menudo tenemos varios equipos de obreros ocupados
en la extracción simultáneamente en los diversos colmenares.
EXTRACCIÓN D E L A MIEL 117

No hemos visto nunca la necesidad de caballetes de cuadros


para desopercular los panales.
Se fabrican cubas o artesas de opérculos de diferentes cla-
ses. También se construyen cubas para fundir los opérculos
y separarlos de la miel
conforme se va traba-
jando. Nosotros preferi-
mos la cuba redonda que
hemos descrito, porque
es de cómodo transporte
y de fácil limpieza.
En cuanto a las cu-
bas de fundir opérculos
que los americanos lla-
man «capping melters»
(fundidoras de opércu-
los), no nos resultan sa-
tisfactorias, porque el
calor necesario para la
fusión estropea la miel
recalentándola, y tam-
bién porque el calor
necesario para fundir
la cera es desagradable
para el operador duran- f a b rFi ci ag d. [Link]—1878,
L a primera c u b a de o p é r c u l o s ,
y que p r e s t a t o d a v í a s e r v i -
te la extracción. Nos- cio en nuestros c o l m e n a r e s .
otros preferimos echar
al fin de cada jornada los opérculos en un tonel desfondado por
un lado, y fundirlos todos en una sola sesión. Si aun hay miel en
la cuba al final de la jornada, se agita la masa con un palo pun-
tiagudo o con un cuchillo largo antes de verterlo todo en el
tonel. La miel se deposita en el fondo y más tarde se escurre.
Al final de la temporada fundimos todos los opérculos en una
sola operación, después de lavarlos con agua caliente para qui-
118 MÉTODO DADANT

tarles todo vestigio de miel. El agua azucarada así obtenida


sirve para hacer hidromel o vinagre. Por consiguiente, no se
pierde nada.
La cera de opérculos que obtenemos es aproximadamente
un uno por ciento del peso total de la miel cosechada. Es decir,
que cuando la cosecha de miel es de 25000 K g . , podemos contar
aproximadamente con 250 K g . de cera de opérculos, de calidad
superior una vez fundida y refinada. Hubo un tiempo en que obte-
níamos mayor cantidad de esta cera, pero esto era antes del em-
pleo de la fundación, cuando teníamos gran cantidad de panales
combados que era preciso cortar y enderezar. Luego nuestros
panales han venido siendo rectos y planos como tablas, y la des-
operculación con el cuchillo es mucho más fácil. Raras veces rom-
pemos un panal, y de todos modos el trabajo es más atractivo.
Ponemos menos panales en el alza que en la cámara de cría,
porque pueden ser mucho más gruesos. Cuando son nuevos, es
preciso poner el mismo número. Pero a medida que las abejas
los alargan se pueden colocar más distanciados, porque aquéllas
les añaden cera a cada nueva cosecha. También refuerzan
su espesor, de suerte que corren cada vez menos peligro de
deteriorarse en la extracción. A l cabo de algunas estaciones
melíferas, un alza de colmena de 11 panales no contendrá ya
más que nueve en el mismo espacio. Esto suministra pana-
les más gruesos, de más cabida, y que exigen menos trabajo al
desopercular, para obtener la misma cantidad de miel. Estas
celdas hondas tienen también la ventaja de que la reina no
puede poner en ellas, a menos que las abejas las acorten.
El peligro, pues, de tener pollo en el alza disminuye consi-
guientemente. Ya hemos hablado de esto.

El pillaje

Hemos hablado en dos o tres ocasiones del pillaje y de la


molestia que dan las abejas pilladoras. Aunque la mayor parte
EXTRACCIÓN D E L A MIEL 119
de los apicultores prácticos que lean este libro tienen ya expe-
riencia sobre la cuestión, es conveniente poner en guardia a los
novicios, que algunas veces pierden buenas colonias por el
pillaje, y más a menudo pierden colonias débiles que habrían
debido salvarse.

F i g . 48. — L a s a l z a s c o l o c a d a s de n u e v o en l a s c o l m e n a s d e s p u é s de
l a e x t r a c c i ó n de l a miel.

Cuando volvemos a poner las alzas en las colmenas, des-


pués de la extracción, los panales están más o menos relucien-
tes de miel, en cantidad mínima, es verdad, pero lo bastante
esparcida por su superficie para atraer a las pecoreadoras si no
queda ya miel en las flores. He aquí por qué, si la temporada
de la miel ha terminado en el momento de la extracción, no vol-
vemos a poner los panales en las colmenas hasta la noche. Hay
120 MÉTODO DADANT

apicultores que guardan estos panales untados de miel hasta la


estación siguiente, sin dejar que los limpien sus abejas. Este
procedimiento no es de nuestro gusto, por varias razones que
vamos a exponer:
1. La miel es un líquido higrométrico, es decir, que ab-
sorbe fácilmente la humedad del aire. A veces hemos visto miel

Ü
• P

F i g . 49. — P a n a l e s que h a n s e r v i d o para l a c o s e c h a d u r a n t e m á s de c i n c u e n t a


a ñ o s y que son m e j o r e s que p a n a l e s n u e v o s .

fermentada en los panales a la temporada siguiente, porque las


abejas no habían tenido ocasión de limpiarlos enteramente en
otoño, y cierta cantidad de miel, aunque mínima, había quedado
en las celdas, y absorbiendo la humedad había ayudado a fer-
mentar la miel nueva.
2. Los panales más o menos viscosos de miel atraen
mucho más a los ratones y a las abejas que los completamente
EXTRACCIÓN D E L A MIEL 121

secos, y son por consiguiente más difíciles de guardar durante


la estación de calma.
3. El mismo inconveniente puede presentarse en prima-
vera cuando colocamos estos panales en las colmenas. Si no se
ha iniciado aún la temporada de miel, atraerán a las pilladoras
con su olor y ocasionarán el peligro de batallas en el colmenar
hasta que estén limpios.
Ciertos apicultores exponen al aire las alzas cuya miel se
ha extraído, en un rincón del colmenar, a fin de que las abejas
las limpien, en lugar de devolverlas a las diferentes colmenas.
Esto tiene el inconveniente de ocasionar una actividad febril
en el colmenar y de ser un estímulo para el pillaje. Por otra
parte, las abejas del vecindario pueden acudir lo mismo que
las nuestras, y aunque nos gusta tratar bien a nuestros
vecinos, no queremos alimentar sus colmenas sin saberlo y sin
necesidad.
El pillaje en el colmenar es una abominación. Cuando una
colonia débil se encuentra atacada, en tiempo de carestía, la
incorporamos a cualquier otra colmena, porque muchas veces
se pierde el tiempo al tratar de salvarla. Cuando la colmena en
cuestión vale la pena de protegerla, nuestro procedimiento
favorito consiste en encontrar la colmena, pilladora y hacer el
cambio de una por otra, es decir, poner la pilladora en el lugar
de la saqueada, y viceversa. Esto pone fin de una vez al pillaje.
Es fácil encontrar la colmena pilladora espolvoreando con un
poco de harina a sus abejas cuando salen de la colmena sa-
queada. Algunas veces son dos o tres las colmenas pilladoras,
pero por lo general hay una más fuerte que las otras, que se
descubre fácilmente. Esta colmena, colocada en el sitio de la
saqueada, se defenderá bien, si su piquera no está demasiado
abierta.
Cuando el pillaje está sólo en sus comienzos, basta habi-
tualmente echar un poco de hierba fina en la piquera de la col-
mena saqueada. Las guardianas de ésta se instalan entre las
122 MÉTODO DADANT

briznas de hierba y cogen a las pilladoras a medida que se


presentan.
Pero es mucho más fácil prevenir el pillaje que ponerle
coto una vez comenzado. Nosotros tomamos, pues, toda clase
de precauciones para impedirlo, cada vez que manipulamos
miel en el colmenar. Por ejemplo, cubrimos las alzas, durante el
transporte desde el colmenar a la cámara de la miel, con lo que
llamamos «tela de pilladoras». Si hay el menor peligro de
chorreo, nos servimos de planchas de hoja de lata bajo las alzas
para transportarlas de un lugar a otro. Desde que empleamos
la cera estampada en todos nuestros cuadros, no hay apenas
panales deteriorados; sólo cuando las abejas han construido
contrafuertes entre los panales y entre los pisos y han llenado
todos esos rinconcitos de panales de miel, es cuando se rompen
algunas celdas. Pero esto no ocurrirá si se les da espacio
suficiente.
En todo es preciso tomar precauciones. Una hora de pillaje
en un colmenar puede hacer mucho daño. Cuando trabajamos en
las colmenas, si las abejas están excitadas y nos siguen de una
a otra, a menudo las despistamos yendo a trabajar al extremo
opuesto del colmenar. A veces es conveniente suspender el tra-
bajo durante una hora o dos si hay pilladoras activas, que fácil-
mente quedan chasqueadas.
El peor peligro de las pilladoras es la existencia de la peste
o loque en un colmenar, pues entonces pueden atiborrarse de
miel que contenga bacilos y transportar la enfermedad con su
botín. Hablaremos de esto en el capítulo de las enfermedades.

Las diferentes cosechas

No podemos dar al lector ninguna indicación acerca de las


diferentes cosechas, de las distintas fuentes de la miel, que
difieren en cada país. Es preciso aprender a conocer la localidad
y los recursos que la cosecha ofrece, así como las fechas pro-
E X T R A C C I Ó N D E L A M I E L 123
bables de esta última. Aquí tenemos dos cosechas distintas,
una de miel blanca en junio y otra de miel amarilla, ambarina
y aun parda en agosto y septiembre. A veces hay carestía
absoluta entre las dos cosechas. También ocurre que una de
ellas falta por completo. Estamos, pues, obligados a vigilar
nuestras colmenas y a alimentar a las indigentes cuando se
encuentran con escasez de alimento.
CAPÍTULO X

Apicultura nómada

Sucede algunas veces, después de la primera cosecha, que


en nuestra localidad el tiempo queda tan seco que la floración
de agosto es muy insegura. También ocurre que la primera
cosecha se resiente de la sequía, porque casi todas nuestras
carestías de miel se han debido a la falta de agua. Nuestro
único recurso entonces es transportar nuestras colmenas a los
terrenos húmedos cercanos al Mississipi. Esto es lo que llama-
mos «apicultura nómada», porque los colmenares así transpor-
tados no se quedan permanentemente en su nuevo emplaza-
miento. Esto difiere un poco de lo que se llamaba «apicultura
pastoril» y que consistía, según se dice, en transportar las col-
menas cada día a algunos kilómetros de distancia, para seguir
la floración, empleando sobre todo barcos. No sabemos si esto
era provechoso. Pero a menudo hemos ganado una cosecha
haciendo apicultura nómada, llevando nuestras colmenas a luga-
res donde las flores abundan, para volverlas a traer al colmenar
permanente a fin de temporada, cuando ya faltaba la cosecha
en dicha localidad.
Nuestro primer ensayo de transporte de las colmenas a los
pastos prósperos se hizo en la estación apícola de 1881. Aquel
verano todo se había agotado por el calor y la sequía en torno
de nuestros colmenares situados en las colinas, a contar del
mes de junio. Las tierras bajas del Mississipi, por el contrario,
se habían anegado por una crecida que duró hasta mediados de
APICULTURA NÓMADA 125

julio. Él lector debe recordar que dicho río tiene su origen


a unos ochocientos kilómetros al norte de nuestra localidad, y
que recibe el tributo de innumerables arroyos.
Inmediatamente después del descenso de las aguas, las
tierras bajas estaban llenas de una vegetación exuberante;

•t

••••

F i g . 50.—Las t i e r r a s b a j a s del M i s s i s s i p i , v i s t a s desde el colmenar K o c h .


E l -valle tiene u n a a n c h u r a de 10 k i l ó m e t r o s a p r o x i m a d a m e n t e .
E n é l abundan las flores de o t o ñ o .

poligonáceas, cáñamos acuáticos, eupatorio y otras plantas me-


líferas que formaban extensos campos de colores variados.
Nuestro primer ensayo se hizo con un centenar de colme-
nas transportadas en carretas de heno, en el momento más calu-
roso del verano, a una distancia de unos cuarenta kilómetros.
126 MÉTODO D A D A N T

Por fortuna las noches eran relativamente frescas y las colme-


nas no tenían casi provisiones, de suerte que eran muy ligeras

Norte

Sherwood

95

Granja

Í00
Grubb
105

50

SacK
K 85

60

Sur

F i g . 51. — L o s c o l m e n a r e s D a d a n t en 1880. C a d a c í r c u l o tiene 4 m i l l a s


de d i á m e t r o . L a m i l l a es i g u a l a 1600 metros.

y los panales no corrían gran peligro de romperse por el camino.


El transporte se hizo durante la noche. Se necesitaban aproxi-
A P I C U L T U R A NÓMADA 127

madamente ocho horas para cerrar las colmenas, clavarlas para


evitar accidentes y conducirlas a su destino. El resultado fué

Uoliand
Mil iken

Granja

!íf??f ¡Abandonado
-P&C

KocK

Le Maire
Sack
i—i
Oh

Gillom
—I

Kirlin Hi

o o Spence

Jenkins

F i g . 52. — L o s c o l m e n a r e s D a d a n t en 1919.

tan provechoso, que no lamentamos haber hecho el correspon-


diente gasto.
Desde aquella fecha no volvimos a tener carestías absolu-
tas hasta 1918, o sea 37 años más tarde, cuando se nos pre-
sentó la misma ocasión. Pero entonces fué preciso ir mucho
128 MÉTODO D A D A N T

más lejos, porque los terrenos próximos que solían inundarse


habían sido entre tanto protegidos con diques o terraplenes.
Por otro lado, ya contábamos con camiones automóviles en vez
de carretas de heno tiradas por caballos, lo cual nos permitía
mayor rapidez en el transporte y mayor seguridad, ya que el
automóvil no se preocupa por las picaduras de las abejas cuando

wm

• :: -

F i g . 53. — T r a n s p o r t e de a b e j a s en c a m i o n e s a u t o m ó v i l e s .

se escapan. Ya no fué necesario viajar de noche. Saliendo de


madrugada se podían recorrer 50 kilómetros antes de lo fuerte
del calor. Desde entonces, casi todos los años hemos transpor-
tado abejas a los pastos de otoño (cuatrocientas colmenas
en 1919), y siempre con un provecho creciente que nos incitaba
a continuar.
Verdaderamente la aparición de los camiones automóviles .
A P I C U L T U R A NÓMADA 129

ha determinado una revolución en la apicultura nómada, pues


un apicultor puede fácilmente transportar un colmenar, aun de
colonias ricas en provisiones, de un lugar a otro, sin peligro,
con tal que se observen las condiciones necesarias. Nosotros

* V

F i g . 54. — C u a d r o s de t e l a m e t á l i c a en l u g a r de tapas, p a r a el t r a n s p o r t e .

cerramos completamente la entrada de las colmenas, porque


nos hemos convencido de que las abejas se fatigan tratando de
escapar por ellas cuando se les pone una alambrera, pues es
por allí por donde tienen costumbre de salir. Quitamos la tapa
9
130 MÉTODO D A D A N T

y las alzas y las transportarnos por separado. Luego cubrimos


la cámara de cría con un cuadro de madera alambrada, con tra-
vesarlos que protegen la tela metálica. De esta manera trans-
portamos nuestras 400 colmenas a una cincuentena de kilóme-
tros sin ninguna pérdida, saliendo del colmenar al romper el
alba, para llegar al paraje elegido poco después de salir el sol.
Las mismas colmenas fueron transportadas de nuevo al colme-
nar de origen después de las primeras heladas, al final de la
cosecha. En tal momento casi no se necesita ventilación.
Además de la ventaja que ofrece el llevar'abejas a unos
pastos más ricos, nos parece que se sale ganando en lo que
Mr. Demuth llama la «moral» de las pecoreadoras después del
transporte. A menudo hemos observado que las abejas de las
colmenas transportadas a una localidad nueva, ora en prima-
vera, ora en verano, parecen adquirir mayor actividad, tal vez
porque se ven obligadas a trabar conocimiento con un nuevo
recorrido. Parece que las estimula la necesidad de tratar de
orientarse en campos nuevos. No somos nosotros los únicos
que con Mr. Demuth nos hemos percatado de esto. Otros api-
cultores han hecho la misma observación. El transporte parece
influir sobre ellas como sobre exploradores que avanzan por
países nuevos; porque nosotros creemos que gran parte de la
energía de las naciones norteamericana y canadiense se debe
a la necesidad de establecerse en países completamente inexplo-
rados. Las abejas pueden verse estimuladas a una actividad
creciente de muchas maneras, y ésta, a nuestro entender, es la
más segura.
Un argumento semejante se debe a un apicultor de Holanda.
Después de describir los procedimientos nómadas de ciertos
apicultores, que conducen todos los años sus colmenas a los
brezales, afirmó que este transporte aumentaba la actividad de
la colmena y la puesta de la reina. Podríamos citar opiniones
semejantes de varios apicultores prácticos.
CAPÍTULO XI

Cuidados de otoño

Cuando la cosecha toca a su fin, nosotros procuramos cer-


ciorarnos de que las abejas tienen provisiones suficientes para
el invierno en la cámara de cría.
Si se produce miel en secciones pequeñas, se observa
a menudo que las abejas depositan excesiva cantidad de ella en
los panales de cría, de tal manera que a la reina le falta espacio
para aovar. Esto proviene de que las obreras sienten repug-
nancia muy marcada hacia los compartimientos pequeños sepa-
rados por tabiques. Entonces la fuerza de la colmena disminuye,
sobre todo si la recolección dura hasta fines de otoño.
En la producción de miel de extracción por nuestros proce-
dimientos, como las abejas tienen acceso libre a las alzas, el
resultado es completamente contrario, y si las dejáramos, a
menudo tendrían muy poca miel en los panales de la colmena
que han de ocupar en invierno. Nosotros gustamos de ver gran
cantidad de miel para la invernada, por lo menos 20 K g . , para
que las abejas no escatimen nada en la cría del pollo a la pri-
mavera siguiente. Para llegar a este resultado suele ser nece-
sario hacinarlas un tanto, es decir, darles un poco menos de
espacio que el que les damos en primavera, cuando hay peligro
de enjambrazón. Esto las obliga a almacenar una cantidad
132 MÉTODO D A D A N T

mayor de miel en la cámara de cría, sin restringir no obstante


demasiado la puesta de la reina, que no necesita ya ser tan
abundante como al comienzo de la temporada. Más vale tener
25 kilogramos de miel que 15 en el cuerpo de la colmena. Sin
embargo, no hay que hacinarlas demasiado para impedir la cría
de un pollo demasiado numeroso para una buena invernada. No
conviene que una colmena se vea obligada a invernar con una
proporción muy grande de viejas pecoreadoras. Hemos obser-
vado que la colmena que invierna con abejas jóvenes en can-
tidad suficiente, sale mejor del paso que la que no tiene apenas
más que obreras viejas. Esto requiere discreción por parte del
apicultor, y hasta un hombre experimentado cometerá en oca-
siones faltas sobre este punto. Las condiciones dependen tam-
bién de la cosecha más o menos abundante y más o menos
tardía, y de las noches más o menos frescas al final de la tem-
porada. Si las noches son frescas cuando la cosecha toca a su
término, las abejas almacenarán la miel más cerca del pollo que
si la temperatura es calurosa. No se puede, pues, fijar ninguna
regla positiva respecto a este extremo.
CAPÍTULO X I I

L a invernada

Más que cualquier otro detalle de la apicultura, la inver-


nada depende de la localidad. Si tenemos bastante miel en los
panales del cuerpo de la colmena y bastantes abejas jóvenes en
dichos panales, hemos conseguido las condiciones más favora-
bles para la invernada, con tal que la miel sea de buena calidad.
Hemos hecho experimentos excesivamente costosos debido
al almacenamiento, en el cuerpo de la colmena, de mieles de
baja calidad, como ligamaza de pulgones, recogida por las abe-
jas en julio, o zumo de frutas (manzanas, uvas), cosechado en
lugar de miel en septiembre y octubre, en las estaciones de
carestía. La temporada de 1879 fué singularmente desconsola-
dora, pues, aunque nuestras abejas no pudieron perjudicar los
frutos intactos, recogieron bastante zumo de uvas picoteadas
por los pájaros o por las avispas para aprovisionar sus colmenas
de líquidos, que fermentaron y mataron muchas abejas en el
invierno siguiente. Es más; muchos de nuestros vecinos se ima-
ginaron que nosotros nos estábamos enriqueciendo a costa de
sus manzanas y sus uvas. Es sin embargo positivo que una
abeja no puede atravesar la piel de un fruto intacto. Para ase-
gurarse de ello basta poner en el centro de una colmena un
racimo de uvas maduras, de las cuales se hayan abierto dos
134 MÉTODO D A D A N T

granos. A l cabo de 48 horas se encontrará el racimo entero,


salvo los dos granos cuyo zumo habrán sorbido las obreras.
Si las uvas no se pudren, los insectos acabarán por embadur-
narlas de propóleos, como hacen con todo lo que no pueden
quitar. Nosotros perdíamos, pues, más que nuestros vecinos,
porque el zumo de sus frutos estropeados no valía nada para
hacer vino o sidra, en tanto que nuestras abejas enfermaban al
recoger aquel zumo medio fermentado y malsano. Y aunque
nosotros quitamos la mayor parte de aquel líquido fermentado,
todavía quedó el suficiente para hacer daño a las abejas, y
nuestra pérdida aquel invierno fué mayor que en otro cualquier
año. Felizmente estas condiciones anormales rara vez se en-
cuentran.
La ligamaza de los pulgones, los zumos de frutas, los jara-
bes de mala calidad, melaza, etc., contienen muchas materias
extrañas. Las mieles de baja calidad abundan en granos de
polen. Todas estas materias cargan el intestino de las abejas
durante las largas detenciones del invierno, y les producen
diarrea. Como las abejas se ven obligadas a consumir mucha
miel cuando hace mucho frío, con objeto de conservar el calor
necesario, cuanto más pura es la miel contenida en la colmena
tanto mejor pasan el invierno. Todos los alimentos que contie-
nen ácidos, materias vegetales, gomas, féculas, etc., dejan en
sus intestinos un residuo que se ven obligadas a descargar al
exterior, al vuelo, so pena de verse atacadas de disentería o de
diarrea que las obliga a vaciar los excrementos en el interior.
Esta es la razón de que muchos apicultores, sobre todo en los
países de invierno largo como el Canadá, den a sus abejas una
cantidad bastante grande de jarabe de azúcar blanco para com-
pletar sus provisiones del invierno. Este es un buen sistema,
si no se exagera. Algunos apicultores, cuya práctica se reduce
a estudios de laboratorio, pretenden que el jarabe de azúcar es
malsano. Esto es verdad por lo que se refiere al alimento del
pollo en primavera, porque el pollo necesita cierta cantidad
L A I N V E R N A D A 135

de materias sólidas que ayudan a formar el cuerpo de la abeja


joven. Pero las abejas adultas, que ya no necesitan crecer,
exigen el alimento sacarino más puro. Los que consideren que
hacemos mal al tratar de mejorar las condiciones naturales, con
arreglo a lo que la razón nos dicta, deberían volver al alimento
de bellotas de sus antepasados los galos. Nosotros hemos hecho
siempre todo lo posible por librar a nuestras abejas de todo ali-
mento inferior a la miel de primera calidad, y siempre hemos
quedado satisfechos del resultado.
Si las abejas andan escasas de víveres para el invierno,
las alimentamos, en octubre, con jarabe de buen azúcar (dos
partes de azúcar con una parte de agua caliente), servido en
bidones o cajas de hoja de lata boca abajo y con una infinidad de
agujeritos en la tapa. Ponemos esto encima del grupo de abe-
jas. Cuando no toman este alimento con demasiada rapidez,
cambian con la saliva la naturaleza del líquido lo suficiente para
impedir que cristalice. Si hay peligro de cristalización, le mez-
clamos una quinta parte de miel cuya procedencia nos conste,
porque es muy importante no darles miel procedente de colme-
nas con loque, la cual podría transmitir la enfermedad.
En toda nuestra experiencia no hemos visto más que cinco
o seis inviernos en los cuales fué insuficiente la cantidad de miel
cosechada por las abejas. En cada uno de estos casos el jarabe
fué nuestro remedio, y nunca hemos tenido que arrepentimos
de su empleo. Cuando es preciso alimentar a las abejas en
invierno, no vacilamos en recomendar el jarabe, a condición
de que sea de azúcar excelente.
Cualesquiera que sean las condiciones, queremos tener las
colmenas dispuestas para el invierno en los comienzos del otoño,
cuanto antes después del final de la cosecha. Es preciso que
cesen de producir pollo al principio del invierno y que estén lo
más tranquilas posible. Las queremos fuertes para el invierno,
pero no queremos que durante él continúen produciendo abe-
jas jóvenes. Esto no debe volver a empezar hasta la pri-
136 MÉTODO D A D A N T

mavera. En invierno, cuanto más sosegadas están, mejor lo


pasan.
El lector debe recordar que estamos en Illinois, un país en
que los inviernos son duros y muy largos. Pero entre los que
lean estas líneas habrá apicultores canadienses que tienen in-
viernos todavía más largos, en tanto que otros, en el sur de
Francia, por ejemplo, no conocerán jamás los peligros de la
invernada. Cada cual debe juzgar de estas condiciones según
su localidad. Para los apicultores de los países fríos vamos
a decir algo de la invernada en sótanos, que hemos practicado
durante 18 años, para acabar por abandonarla. En nuestra lati-
tud hay muchos inviernos en los cuales se presentan días cálidos
con bastante regularidad para hacernos lamentar el haber puesto
a las abejas bajo llave. Si pudiéramos prever la temperatura
de cada invierno, abrigaríamos a nuestras abejas en sótanos en
los inviernos fríos y las dejaríamos al aire libre en los inviernos
templados.

La invernada en sótanos

En 1875 construímos una casa para sustituir a nuestra pri-


mera cabana de troncos de árboles, parecida a todas las que
construyen los exploradores que comienzan en un país nuevo,
y llamadas «log-houses». La casa nueva, construida con cierto
confort moderno, tenía un sótano bastante capaz, con una
estufa. Un tabique de pared doble servía para separar un espa-
cio de 4 metros por 7 (12 pies por 21) destinado a servir de
sótano a las abejas. Allí fué donde pudimos ensayar la inver-
nada en sótanos en las mejores condiciones posibles, pues el
aire frío podía entrar en el sótano por dos tragaluces, y el aire
caliente se podía dirigir fácilmente allí abriendo la puerta de
comunicación. Era necesario consultar un termómetro colgado
de la pared para asegurarnos de la temperatura, que podía
reducirse abriendo uno de los tragaluces, y aumentarse abrien-
L A I N V E R N A D A 137

do la puerta de comunicación. No fué difícil averiguar el grado


de temperatura deseable. Bastaba observar con cuál estaban
las abejas más tranquilas. Era entre los 6 y 7 centígrados
o

o 42 a 46° Fahrenheit. Los Sres. Phillips y Demuth, de la Ofi-


cina de Entomología de Washington, han hecho buen número
de experimentos, que dan los 50° F. como temperatura más con-
veniente para las abejas en sótano, y no sería razonable diferir
de sus conclusiones. Pero nosotros tomábamos la temperatura
en el termómetro, colgado a la altura de los ojos en la pared
del sótano. Es probable que la temperatura de las colmenas se
aproximara al grado que dichos señores indican. Hay, por otra
parte, un procedimiento muy sencillo para que el apicultor en-
cuentre el grado conveniente. Téngase un termómetro en el
sótano. Büsquese el grado de temperatura en el cual están más
tranquilas las abejas y manténgase siempre dicho grado. Cuando
las abejas están satisfechas de las condiciones en que se en-
cuentran, exhalan un zumbido suave que se parece mucho al
murmullo de las hojas del bosque cuando la brisa es suave,
o al rumor lejano de las olas en los guijarros de la playa.
Como dejamos dicho anteriormente, hemos hecho invernar
abejas durante 15 a 18 años. Todo fué bien en los inviernos
crudos. Sólo en los inviernos benignos era cuando los insectos
se agitaban y sufrían, porque era fácil darles calor artificial,
pero difícil enfriarlas cuando el calor subía. El ensayo de blo-
ques de hielo para enfriar el aire del sótano nos dió poco resul-
tado, y por fin tuvimos que abandonar la invernada en el
sótano. En el Canadá, donde hay apicultores prácticos con col-
menares en localidades donde el invierno es durísimo y muy
espesa la nieve, la invernada en sótanos da excelente resultado.
Mr. Verret, de Charlesbourg, cerca de Quebec, nos ha dicho
que conservó sus colmenas en sótanos 185 días, desde el 1.° de
noviembre al 5 de mayo, en perfecto estado. Ciertos apiculto-
res del Minnesota y del Wisconsin hacen invernar a sus abejas
en sótanos situados a la mitad de una colina, de tal manera que
138 MÉTODO D A D A N T

la entrada se halla en la falda. Se hace entonces una antecá-


mara con puerta doble para resguardo contra la entrada del
frío. No debe olvidarse la ventilación, porque las abejas nece-
sitan el aire lo mismo que las personas.
También hemos ensayado la invernada en silos. Esto da
buenos resultados cuando el invierno es crudo y la tierra está
constantemente helada, de manera que impide la humedad.
Un invierno húmedo que permitió llegar el agua de las lluvias
a nuestro silo puso fin a nuestra desdichada probatura. Los
panales se enmohecieron y pereció gran número de abejas.

La invernada al aire libre

Este fué al fin y al cabo el procedimiento que adoptamos


para todos nuestros colmenares. Un ensayo de invernada bajo
un cobertizo nos dió buen resultado cuando cerrábamos la parte
delantera del mismo durante los fríos para volverla a abrir en
los días calurosos. Pero los cobertizos para varios centenares
de colmenas no son prácticos, sobre todo cuando se instalan los
colmenares anexos en el terreno de un agricultor que puede
cambiar de opinión y pedirle a uno que se lleve sus colmenas.
También ensayamos el uso de grandes cajas compradas de
lance y que tapaban las colmenas durante los fríos. Cinco col-
menas en una estufa o invernadero pequeños invernaron per-
fectamente.
También ensayamos las colmenas de paredes dobles, con
cinco centímetros de aserrín entre las maderas. Pero tales col-
menas son demasiado pesadas y caras. Una colmena doble,
sistema Dadant, pesaba en vacío 36 K g . Además ocurría que
las abejas alojadas en estas colmenas dobles no se daban cuenta
de cuándo llegaba un día de calor, y no salían con la frecuencia
bastante para estar buenas, en tanto que las abejas de colme-
nas de menos espesor salían a esparcirse todas las veces que el
tiempo era lo bastante caluroso. Se necesitaba más tiempo para
LA INVERNADA 139

calentar una de esas colmenas de paredes dobles que las col-


menas ordinarias.
Hemos acabado por adoptar el sistema que nos ocasiona el
menor gasto, al propio tiempo que nos procura una invernada
bastante buena para nuestra región. Nuestras colmenas Dadant

.;

F i g . 55. — C o l m e n a s r o d e a d a s de h o j a s de á r b o l e s s o s t e n i d a s por a l a m b r e r a s ,
como p r o t e c c i ó n c o n t r a el invierno.

tienen una pared doble por detrás, que es siempre el lado frío,
el norte; los otros lados quedan protegidos por hojas de árbol
amontonadas y sostenidas por una alambrera, como las que se
emplean en los gallineros. Previamente se reduce el nido de
pollo al espacio ocupado por las abejas, con la tabla de separa-
ción. Se quita la tela, que constituiría una cubierta impermeable
140 MÉTODO D A D A N T

encima del grupo, y se pone la estera de paja directamente


sobre los cuadros. Luego se llena de hojas la tapa. De esta
manera nuestras abejas se encuentran como una persona que
duerme bajo una manta de lana. Ciertos apicultores que siguen
nuestro sistema emplean a menudo esteras viejas en lugar de
la de paja. Es preciso que la humedad que se escapa del grupo

F i g . C6. — T r e s colmenas en un s o l o c a j ó n de i n v e r n a d a .

se pierda en la cubierta, en lugar de condensarse y volver


a caer sobre las abejas, como ocurre en muchas ocasiones en
colmenas mal cuidadas.
Nuestras colmenas están siempre colocadas de manera que
miren al sur, al sureste o al suroeste. Esto nos parece nece-
sario en el clima de nuestra región. En otros climas la orienta-
ción al norte es preferible, esto es, en las localidades en que el
invierno es poco riguroso y donde no se desea que las abejas
L A INVERNADA 141

emprendan el vuelo a cada rayo de sol. La invernada es cues-


tión de localidad. Aquí, las abejas tienen ocasión de emprender
el vuelo dos o tres veces al mes, y para ello queremos darles
toda clase de facilidades, porque vacían los intestinos y pueden
sostener de nuevo un sitio de varias semanas sin resentirse.
La nieve abundante no les hace daño, aunque las colmenas
queden completamente enterradas bajo ella; salvo que se derrita
o forme hielo que pueda cerrar enteramente todas las aberturas
por donde entra el aire en la colmena. Nosotros gustamos de
ver la nieve amontonada detrás de las colmenas y aun por en-
cima de la tapa, porque esto las protege, si la piquera no queda
cerrada. Muchas personas temen que las abejas salgan a espar-
cirse en un día de sol, cuando la nieve cubre la tierra. Nosotros
no hemos visto nunca mal en ello, y observamos que las colme-
nas que parecen haber perdido más obreras sobre la nieve están
en general por lo menos tan fuertes como las otras al terminar
el invierno. Esto procede probablemente de que son las colme-
nas más fuertes las que así salen. Pero si la salida determina la
pérdida de abejas en la nieve, esta pérdida se compensa por
el alivio que obtienen gran número de abejas que han podido
salir y volver a su domicilio. Así como así, también se per-
derían las abejas que se encuentran desazonadas hasta el ex-
tremo de tener necesidad de salir cuando el tiempo no es
propicio.
Muchos apicultores depositan su confianza en lo que se
llama «sealed covers» o sea cubiertas herméticas que no dejan
paso alguno al aire o a la evaporación de la humedad. La razón
que dan para esta confianza es que las abejas dejadas a su pro-
pio impulso embadurnan de propóleos todos los rincones, todas
las rendijas de su habitación. Esto es cierto. Pero nosotros
hemos hecho involuntariamente, aunque de un modo positivo,
la comparación entre estas cubiertas herméticas y las cubiertas
permeables que absorben la humedad producida por la respira-
ción y la transpiración del grupo. En el invierno de 1884-85, uno
142 MÉTODO D A D A N T

de los más rigurosos que hemos pasado, aconteció que gran


número de nuestras colmenas tenían telas deterioradas, en tanto
que las otras tenían telas absolutamente impermeables. Todas
aquellas que contaban con cubierta impermeable fueron atrave-
sadas de un modo lastimoso por el derretimiento del hielo que
se había formado en los alrededores del grupo, en tanto que las
de cubierta permeable estaban completamente sanas y enjutas,
porque la humedad se había escapado lentamente hacia las hojas
secas amontonadas en la tapa. Dichas hojas ya no estaban se-
cas, porque habían absorbido una cantidad grande de humedad,
que a no ser por ellas habría vuelto a caer sobre el grupo.
En las localidades en que el invierno no es muy largo ni
muy frío esta cuestión no tiene la importancia que reviste en
los países de invierno riguroso, pues aun aquí, donde los invier-
nos son en ocasiones muy benignos, sólo rara vez vemos a las
abejas sufrir en la forma arriba indicada. Pero la experiencia
obtenida en aquella terrible temporada de invierno nos dió una
lección imposible de olvidar.
No vaya a imaginar el lector que, cuando recomendamos
cubiertas impermeables, equivale a recomendar una corriente
de aire encima del grupo. No queremos dar a las abejas más de
lo que buscamos para nosotros mismos en las noches de invier-
no, a saber, una cubierta cálida y absorbente que deje escapar
la humedad y retenga el calor. Si hay que poner en las colme-
nas un techo impermeable, es necesario procurarles enérgica
ventilación por debajo. Hemos visto colmenas de panales fijos
cuyo tablero se había quitado del todo, sujetas sobre dos trave-
sanos, a 25 centímetros del suelo, que invernaban bastante
bien, pero consumiendo las abejas una cantidad enorme de miel
para conservar el calor. La humedad se había evaporado con-
densándose, a causa del gran espacio abierto debajo de los
panales.
Al terminar el capítulo sobre la invernada, no queremos de
ningún modo recomendar nuestro sistema. En ella, más que en
L A I N V E R N A D A 143

otro cualquier pormenor, todo depende de la localidad. Cada


cual debe juzgar por sí mismo lo que su país requiera.
Se hacen cajones de invernada, para resguardar a una,
dos, tres y hasta cuatro colmenas a un tiempo. Estos cajones
son fáciles de montar y desmontar y se ponen aparte en la esta-
ción de actividad. Recomendamos sobre todo cajones que pue-
dan contener dos colmenas, porque permiten dejar las dos en
el mismo pedestal para el verano. Siempre se ocasionan pérdi-
das al cambiar las colmenas de sitio para el invierno, porque
las colonias débiles pierden abejas que «derivan» hacia las
colonias fuertes. La palabra americana «drift» explica exacta-
mente lo que sucede. La deriva de las abejas de las colmenas
débiles recuerda el dicho: «La piedra siempre va al montón».
El ruido más fuerte que hacen a cada salida las colmenas muy
pobladas es lo que muchas veces extravía a las abejas de las
colonias débiles. Esto no ocurre sólo en invierno, sino en todas
las manipulaciones durante las cuales se cambian las colmenas
de sitio; pero en invierno es más peligroso, porque las colme-
nas débiles necesitan de todas sus fuerzas, en tanto que las
fuertes ganan lo que pierden las débiles.
Si se pudiera embalar cada colmena, con su tablero, de
manera que las abejas no pudieran sentir los cambios de tempe-
ratura, se obtendría una situación ideal en los países de invierno
frío. Nuestro sistema, que es bastante económico, nos ha per-
mitido hacer la invernada con un promedio de cinco por ciento
de pérdida, desde el comienzo.
C A P Í T U L O XIII

Enfermedades de las abejas

Si alguien nos hubiera preguntado, en 1900, lo que se debía


temer de las enfermedades de las abejas, habríamos contestado,
probablemente encogiéndonos de hombros, que la cuestión era
insignificante, y que de la posible pérdida no valía la pena de
preocuparse. Durante más de cuarenta años después de haber
comenzado la apicultura comercial, la única enfermedad que
vimos en el colmenar y que valga la pena de mencionarla era
la diarrea, que las abejas padecen de cuando en cuando al final
de los inviernos largos y fríos, cuando su alimentación resulta de
mala calidad. Esto daba también por resultado la despobla-
ción de primavera, que mataba algunas colmenas, y después el
mal de mayo o parálisis. Este no aparecía sino cuando las col-
menas estaban debilitadas por una mala invernada. Las colme-
nas fuertes lo resistían siempre.
Conocíamos de nombre y de fama la peste o loque viscosa,
pero no la habíamos visto nunca. En 1903 el que escribe estas
líneas hizo el viaje del Colorado, a unos 1600 kilómetros de nues-
tra residencia, para ver allí algunos casos raros de loque; raros
porque los apicultores la combatían constantemente y la tenían
contenida. Hasta 1908 no llegamos a verla en nuestros colme-
nares. Habíamos alimentado a nuestras abejas en primavera con
E N F E R M E D A D E S D E L A S A B E J A S 145

miel adquirida lejos, magnífica y muy madura. Nuestras abejas


necesitaban ayuda, y como la estación de la cosecha no estaba
lejos, contábamos con recuperar aquella miel con intereses.
No sabemos si la miel causó la enfermedad o si ésta se debió
únicamente a que la loque, que en aquel momento estaba muy
esparcida en diferentes localidades de nuestro Estado de Illi-
nois, vino a alcanzarnos de otra manera. El caso es que la en-
fermedad apareció en nuestros colmenares, desparramada acá
y acullá, aunque no había más que algunas celdas atacadas en
cada colmena enferma.
No había que vacilar. Inmediatamente tomamos medidas
para trasegar todas nuestras colmenas por los mejores procedi-
mientos recomendados en los tratados más modernos. Es me-
nester decir que el estudio de la loque hacía entonces rápidos
progresos y que la Oficina de Entomología de Washington
tenía observadores de extraordinario celo, que nos indicaban
el camino.
Queda descartado el sistema de tratamiento con drogas.
Este sistema, que había dado buenos resultados a M . Bertrand,
de Suiza, exige muchos y minuciosos cuidados y no es lo
bastante rápido. He aquí un tratamiento que nos da buen
resultado:
Vamos a la primera colmena que queremos tratar, la quita-
mos de su sitio y ponemos en su lugar una colmena vacía con
algunas tiras estrechas de cera estampada en los cuadros.
Sacudimos inmediatamente las abejas y la reina en la colmena
nueva, tratándolas enteramente lo mismo que a un enjambre
natural. Se quita el contenido de la colmena vieja, se quema el
pollo, y el resto de los panales se funde para obtener miel
y cera. La miel se calienta por lo menos durante media hora a
la temperatura del agua hirviendo, para matar los gérmenes de
los bacilos que se encuentren en ella. Cuando la colmena está
vacía se la socarra con una lámpara de bencina, como la que
usan los plomeros y los hojalateros para soldar los metales.
10
146 MÉTODO D A D A N T

Luego, una vez que se la ha provisto de cuadros con cera


estampada como a la colmena anterior, está ya dispuesta a ser-
vir, sin más requisitos, para trasegar a ella otra colonia. Cuando
mejores resultados da este trabajo es cuando se realiza, como

F i g . 57.—Tratamiento de la loque. S e p a s a l a l l a m a de una l á m p a r a de b e n c i n a


por todo el interior de l a c o l m e n a v a c í a .

nosotros, precisamente en el momento de comenzar la cosecha


de miel y antes de poner las alzas.
Al cabo de 48 horas, cuando las abejas de la colmena así
tratada han consumido toda su miel en la construcción de pana-
les, se las trasiega de nuevo, esta vez sobre hojas de cera
estampada de tamaño entero o sobre panales de cera, si se
tienen no contaminados. Es el procedimiento llamado «sistema
E N F E R M E D A D E S D E L A S A B E J A S 147

del hambre» que nos ha sido transmitido por Schirach, el cual


lo describió en 1771 en su libro «Historia natural de la reina de
las abejas»; procedimiento más rápido y mucho más seguro que
todos los ensayados posteriormente.
Acaso sería conveniente describir aquí la loque viscosa,
porque hay dos especies de loque. La viscosa se origina por un
bacilo, denominado «bacillus larvae» por el Dr. White, bacterió-
logo de Washington. Las larvas mueren aproximadamente en
el momento en que las abejas se disponen a opercular la celda.
La larva muerta toma color de café oscuro, exhala un olor
absolutamente semejante al de la cola, y cuando se hinca en el
cadáver podrido la punta de una varilla, la materia es de tal
modo viscosa que se extiende en la punta de la varilla, cuando
se retira, como un hilo de goma, hasta cinco o seis centímetros.
Estos tres síntomas, cuando se encuentran juntos, dan una indi-
cación positiva de la enfermedad, que se llama comúnmente
loque americana, porque fué descrita primitivamente en los
Estados Unidos.
El procedimiento arriba indicado nos da resultados tan ex-
celentes que en 1916, o sea ocho años después, recogíamos la
cosecha más grande que hemos tenido nunca. Pero desde que
la enfermedad existe en nuestro país, es menester vigilar cons-
tantemente las colmenas y, a la primera alarma, tratar las en-
fermas, sin dejar que el contagio se extienda. Los vecinos
nuestros que no juzgaron conveniente vigilar sus colmenas se
encontraron con los colmenares despoblados en muy poco
tiempo. Y, sin embargo, la apicultura no ha sido nunca tan
provechosa como desde que exige más vigilancia. Tal vez
algún día, dentro de algunos años, la enfermedad desapa-
rezca del mismo modo que se presentó. Los seres humanos
han padecido el cólera y la viruela, y han logrado vencer
estas enfermedades que, sin embargo, reaparecen de cuando en
cuando. Lo mismo ocurrirá probablemente con las enfermeda-
des del pollo.
148 MÉTODO D A D A N T

También tenemos que combatir la loque llamada europea,


cuya causa es igualmente un bacilo, denominado por White «baci-
llus pluton». Este misterioso bacilo ataca a las larvas cuando
son todavía pequeñas y están hechas un ovillo en el fondo de
la celda. Algunos apicultores dicen que esta loque tiene fuerte
olor a carroña y la llaman «loque hedionda». Pero el Dr. White,
que ha hecho un estudio profundo de estas enfermedades, afir-
ma que el olor se debe a otro bacilo, el «bacillus alvei», des-
crito por Cheshire, que no se presenta sino cuando la larva
está muerta: un bacilo de putrefacción muy semejante al que
invade los cuerpos de los animales muertos. El bacilo pluton
que causa la loque europea no emite olor, o a lo sumo da un
olor agrio; por lo menos nosotros no hemos podido nunca per-
cibir un olor muy pronunciado, probablemente porque no hemos
dejado que esta loque se desarrolle hasta un extremo peligroso.
El mejor remedio para esta enfermedad, que difiere de la
loque viscosa, se debe a Alexander, un apicultor muy práctico
del siglo pasado. El Dr. Miller, que también lo ha empleado con
buen éxito, nos dió la receta. Consiste en quitar la reina de la
colmena que se va a tratar y ponerla en una jaula durante un
espacio de tiempo que permita a las abejas limpiar los panales
y quitar todas las larvas muertas, porque en esta enfermedad
es posible a las abejas limpiar las celdas, lo que no pueden
hacer con la loque viscosa, pues en ésta las larvas se pegan
a los panales. Es preciso, en todos los casos, que las colmenas
sean fuertes, a fin de que sus abejas puedan resistir. Las colo-
nias débiles deben juntarse. Las abejas italianas han mostrado
más vitalidad que las comunes para resistir la loque europea.
En el Canadá hubo localidades enteras que sufrieron esta enfer-
medad, la cual no desapareció hasta que estuvieron italianiza-
das todas las abejas.
Aquí es preciso poner al principiante en guardia contra el
pillaje, que es aun más peligroso cuando existe la loque en una
localidad. Es preciso no dejar al aire nada que atraiga a las
E N F E R M E D A D E S D E L A S A B E J A S 149

abejas de una colmena a otra, y si las manipulaciones nece-


sarias pueden hacerse hacia la puesta del sol, a la hora
en que las abejas vuelven a su morada, habrá menos peli-
gro. Por esta razón nosotros preferimos tratar las enfermeda-
des del pollo al comienzo de la cosecha, cuando no hay temor
de pillaje.
La loque viscosa es más fácil de curar que la europea,
porque sabemos que se transmite en la miel, en tanto que es
todavía misterioso el origen de la otra enfermedad. Pero es pre-
ciso vigilar las colmenas constantemente cuando hay peligro de
loque, a fin de atacar la enfermedad en sus principios. No hay
motivo para desanimarse cuando se la encuentra, y eso que
cuesta mucho trabajo llegar a dominarla. Es probable que llegue
un momento en que se pueda decir lo que nosotros decíamos
en otro tiempo: «No he visto nunca un caso de loque». Dzierzon,
Berlepsch y Schirach vieron sus colmenares destruidos por la
loque antes de encontrar remedios prácticos contra ella.
Hay también enfermedades de las abejas adultas: el mal de
la Isla de Wight, la parálisis, etc. Estas enfermedades no nos
han hecho nunca daño.
Para una descripción más completa de las enfermedades de
las abejas, remitimos al lector al libro «La abeja y la colmena».
Pero queremos poner al apicultor en guardia contra la práctica
de alimentar a las abejas con miel cuya procedencia no se
conozca. La miel contaminada de bacilos es absolutamente sana
para el hombre, pero transmitiría la enfermedad rápidamente
en cuanto se encontrara en condiciones propicias, esto es,
cuando fuera empleada por las abejas adultas para la nutrición
del pollo. Es evidente que las enfermedades de éste se propa-
gan por el transporte de miel contaminada de un país a otro.
Lo peor del caso es que, aun con examen microscópico, es
difícil decir si la miel está indemne, porque basta un germen en
un barril para contagiar la enfermedad a un distrito entero,
si las condiciones son favorables para su desarrollo. Estos gér-
150 MÉTODO D A D A N T

menes se propagan con una rapidez espantosa cuando se


encuentran en condiciones favorables. Por esto decimos a los
apicultores: «Absteneos de alimentar con miel a vuestras abe-
jas indigentes, a no ser que sea de vuestra propia producción.
Más vale recurrir al azúcar de la mejor calidad, sobre todo
para la invernada».
CAPÍTULO X I V

Los enemigos de las abejas

No hemos encontrado enemigos de las abejas peores que


nosotros mismos, cuando somos negligentes o demasiado ávi-
dos. A veces nos ha ocurrido quitar demasiada miel de las col-
menas, de lo cual nos hemos arrepentido más tarde.
Las polillas no han hecho nunca gran mal en nuestros col-
menares, porque aceptamos pronto la afirmación de Mr. Langs-
troth de que hay tan poco peligro de que una colmena sana
y fuerte sea destruida por las polillas, como lo hay de que una
vaca sana muera de los picotazos de las moscardas de la carne;
pero una colonia sin reina y cuyo enjambre se debilita todos los
días, está tan en peligro de verse atacada por las polillas como
lo está de verse destrozado por las larvas de la moscarda el
cadáver de una vaca abandonado en pleno campo. En los dos
casos estos insectos, considerados como depredadores, son los
que limpian, los que purifican lo que se pierde o se estropea.
Basta, pues, sostener nuestras colmenas con una población
suficiente para los panales que tienen que guardar.
Nosotros mantenemos nuestros panales vacíos, de un año
a otro, durante el invierno, en una cámara de miel lo bastante
fría para que no haya ningún peligro. En el país de nuestra
residencia, donde los fríos del invierno son casi tan rigurosos
152 MÉTODO D A D A N T

como en Siberia, en tanto que los calores del verano son casi
tan insoportables como en el Senegal, hiela en todo local en
que no se encienda fuego. N i las larvas ni los huevos de la
polilla pueden soportar un frío que llega a menudo hasta 18°
bajo cero. Por otra parte, en verano, si la puerta de la cámara
de miel está cerrada, no se corre tampoco peligro. Además, en
verano nuestros panales están en general todos colocados en las
colmenas y protegidos por las abejas mejor de lo que podríamos
protegerlos nosotros mismos. Sólo las colmenas cuyas abejas
han perecido después de los grandes fríos, como ocurre algunas
veces, son las que corren el riesgo de ver sus panales des-
truidos, porque la polilla, si bien en pequeño número, puede
haber invernado en tales colmenas. Nosotros, pues, tenemos
gran cuidado de fumigarlas con una mecha azufrada, en local
cerrado, antes de almacenarlas en la cámara que nos sirve al
efecto. Tenemos la precaución de poner una o dos alzas vacías
inmediatamente encima del plato o de la escudilla que nos sirve
para quemar el azufre. La cantidad de este ingrediente que
debe emplearse depende del espacio que se quiera fumigar.
Vale más pecar por exceso que por defecto. Nosotros no hemos
medido nunca la cantidad que empleamos. Pero Mr. Paddock
ha hecho en Texas ensayos respecto a este punto, y recomienda
unos tres decigramos por decímetro cúbico de espacio. Ordina-
riamente, si la dosis empleada en una cámara bien cerrada asfi-
xia a las moscas que se encuentran en ella, es suficiente para
matar las polillas, salvo que haya huevos de este insecto recién
puestos en los panales. La dosis mencionada es más bien
demasiado fuerte.
Se emplea también el bisulfuro de carbono. Nosotros lo
vertemos sobre un trapo que colocamos en lo alto de la pila de
panales que queremos fumigar. Este líquido se convierte en
gas instantáneamente y, como es más pesado que el aire, baja
por entre los panales. Es preciso, por de contado, que estos
panales estén en alzas bien cerradas. No se debe acercar luz
LOS ENEMIGOS D E L A S A B E J A S 153
ni fuego de ninguna clase, porque el sulfuro de carbono es
inflamable y hace explosión.
Es inútil intentar desembarazarse de las polillas poniéndoles
trampas, como recomiendan ciertos tratados de los dichosos
tiempos antiguos. Pero si se disponen alambreras en las puertas
y ventanas de la cámara de miel, como hacemos nosotros en
todos nuestros colmenares, se prevé el riesgo de invasión de
dicho local por las polillas, las abejas pilladoras, las mos-
cas, etc.
Los demás enemigos de las abejas son harto insignificantes
para que les demos puesto en este libro.
CONCLUSIÓN

Algunas reglas que consideramos necesarias

No se vuelva nunca la piquera hacia el norte, en los países


en que el frío puede entumecer a las abejas que salen para
vaciar el intestino.
No se cambie nunca una colmena de sitio, ni aunque sea
a distancia de unos pocos centímetros, sin poner temporalmente
una tabla inclinada delante de la piquera, a fin de llamar la
atención a las abejas sobre el cambio de lugar.
Cuando se transportan colmenas en gran número a escasa
distancia, menos de cuatro kilómetros, si se puede hacer sin
excesivo gasto es mejor transportar primero las más fuertes.
Si algunas abejas vuelven, se refugian en las colmenas que
quedan en el antiguo emplazamiento. Dejando siempre a las
débiles para el último transporte se pueden reforzar las colme-
nas menos fuertes, y cuando se transporta la última no se pier-
den más que algunas abejas.
Nosotros no perturbamos nunca las colmenas cuando hace
mal tiempo.
Nosotros no hacemos invernar nunca una colmena que con-
tenga menos de seis cuadros de panales y de miel. Las colonias
más débiles las reunimos de dos en dos.
Nosotros no encerramos nunca a las abejas en la colmena,
salvo para transportarlas, y entonces nos cercioramos de que
tienen bastante aire para no ahogarse. Cuando se las encierra,
bastantes se matan buscando la manera de salir, y su número
A L G U N A S R E G L A S Q U E CONSIDERAMOS N E C E S A R I A S 155

puede igualar a las que podrían morir en la nieve o bajo la lluvia.


Nosotros no nos servimos nunca de trampas de zánganos
ni de polillas, ni de separadores para las secciones, ni de rejas
de reina, ya sea en la piquera ya en el interior de la colmena.
Estos instrumentos son útiles en ciertos sistemas, pero no en
el nuestro.
Nosotros no cortamos nunca las alas a nuestras reinas.
Esta práctica es buena en las localidades y con los sistemas que

§ÉÉ

F i g . 58. - T e r r e n o s llanos, h ú m e d o s y r i c o s , buenos p a r a la p r o d u c c i ó n


melífera.

no permiten vigilar la enjambrazón. En nuestras colmenas son


tan pocos los enjambres, que carecen de importancia para nos-
otros. Sin embargo, reconocemos que el corte de las alas, hecho
de cierta manera y cada año en forma distinta, permite asegu-
rarse de la edad de cada reina así tratada. El Dr. Miller, que
era uno de los apicultores más prácticos del comienzo del
siglo x x , cortaba invariablemente las alas a todas sus reinas, no
bien estaban fecundadas.
156 MÉTODO D A D A N T

La colmena Dadant y las de otros sistemas

Al describir el método Dadant, quede bien entendido que


no aconsejamos en modo alguno a los prácticos que den de lado
a sus colmenas de cuadros de sistemas distintos para aceptar
las nuestras. No somos intransigentes. Reconocemos que otros
sistemas dan buenos resultados también. Hay millares de api-
cultores que poseen colmenas De Layens, horizontales y de un
solo piso. Hay decenas de millares que con la colmena Langstroth,
de ocho a diez cuadros, recogen mucha miel. Hay otros que
siguen sistemas distintos y obtienen buenos resultados.
Lo que ha impulsado a los apicultores a pedirnos la des-
cripción de nuestro método es que se ha observado que, desde
hace tres generaciones, la familia Dadant obtiene grandes bene-
ficios de la apicultura. Se nos ha pedido que describamos nues-
tros procedimientos, y esto es lo que nos ha inducido a publicar
este libro. No tenemos necesidad de excusa, pero tampoco sen-
timos el deseo de convencer a los que nos lean de que es nece-
sario cambiar de sistema. Lo único que consideramos indispen-
sable, en apicultura comercial y progresiva, es tener las abejas
en colmenas de cuadros cuya cámara de cría sea de capacidad
suficiente para la puesta de las reinas más prolíficas.
El método que acabamos de describir da buenos resultados,
representados por una cosecha máxima de miel de extracción,
con menos manipulaciones que cualquier otro sistema de los
existentes en la actualidad. Se puede cuidar mayor número de
colmenas y se puede obtener mayor cantidad de miel con menor
esfuerzo. Hemos dado las razones que nos han hecho adoptar
este sistema. Que esto sea suficiente, y que el lector decida por
sí mismo el procedimiento que debe seguir.
ÍNDICE

C A P Í T U L O PRIMERO

Primeros experimentos
Págs.

Historia • 1
La reina 6
Abejas obreras 8

C A P Í T U L O II

Dimensiones de las colmenas

Historia 12
Las colmenas p e q u e ñ a s 18
Buen éxito en la invernada 26
Espaciamiento de los cuadros 26
Las alzas 28
Almacenes de miel en los lados del panal de cría . . . . 33
Rejas de reina 33

CAPÍTULO III

Los zánganos y su producción

Significación del z á n g a n o en la colmena 36


Selección de reproductores 43
158 ÍNDICE

C A P Í T U L O IV

La colmena Dadant
Págs.

Dimensiones de la colmena Dadant 47


Colmena Dadant modificada 56
Fabricación de las colmenas 61

CAPÍTULO V

Manejo de las abejas

Precauciones para evitar la cólera de las abejas . . . . 63

CAPÍTULO VI

Nuestros'colmenares
Disposición de los colmenares 68
Colmenares anexos 72

CAPÍTULO VII

Cuidados de primavera
Cuidados de primavera . 76
La cosecha 80
Aumento del colmenar 81
C r í a de reinas para las divisiones 82
Reemplazo de reinas 89
Introducción de las reinas 90

C A P Í T U L O VIII

Prevención de enjambres
Prevención de la enjambrazón natural • . 92
Colocación de las alzas 102
ÍNDICE 159

CAPÍTULO IX

Extracción de la miel
Págs.

Forma de practicar la extracción 107


Instrumentos y utensilios para la extracción 112
E l pillaje 118
Las diferentes cosechas 122

CAPÍTULO X

Apicultura nómada

Transporte de los colmenares a los pastos p r ó s p e r o s . , 124

CAPÍTULO X I

Cuidados de otoño

Regulación de las provisiones 131

CAPÍTULO XII

La invernada

El alimento de invierno 133


La invernada en sótanos . 136
La invernada al aire libre 138

CAPÍTULO XIII

Enfermedades de las abejas

Invasión y tratamiento de las enfermedades principales . . H4


160 ÍNDICE

CAPÍTULO XIV

Los enemigos de las abejas


Págs.

Manera de combatir la polilla 151

CONCLUSIÓN

Algunas reglas que consideramos necesarias 154


La colmena Dadant y las de otros sistemas 156
GUSTAVO GILI, EDITOR
C a l l e de Enrique G r a n a d o s , 45, BARCELONA

La abeja y la colmena, por L . LANGSTROTH y C . DADANT.


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ginas, de 20 X 13 cms., con 221 grabados.

Primeras lecciones de Apicultura, por C . P. DADANT. U n


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20 X 13 cms., con 177 grabados.

Cuidados del colmenar. Calendario del apicultor, indispensable


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abejas, por E . BKRTRAND. 3. ed., corregida. U n volumen de
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340 p á g s . , de 2 0 x 1 3 cms., con 101 grabados y dos l á m i n a s .

Manual práctico de Avicultura, por J. TREVISANI, premia-


— do por el gobierno e s p a ñ o l .
U n volumen de 286 p á g s . , de 20 X 13 cms., con 107 grabados.

Cuidado de los animales agrícolas, sanos y enfermos. Guía


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U n volumen de 5U6 p á g s . , de 20 X 13 cms., con 98 grabados
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bados y dos l á m i n a s .
11
Tratado de Fruticultura, por e l D r . D . TAMARO. E S la mejor,
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Manual de Horticultura, por e l D r . D . TAMARO. U n volumen


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l o g í a de A l b a . U n volumen de 928 p á g s . , de 24 X 15 cms.,
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— de l a 7. ed. alemana. U n volumen de
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820 p á g s . , de 25 X 16 cms., con 240 grabados.

Elementos de Ciencias físicas y naturales,


por el D r . E . FONT-
1
SERÉ. 4. ed. U n a

volumen de 294 p á g s . , de 20 X 14 cms., con 774 grabados.


La Física y sus aplicaciones, por el D r . L . G R A E T Z , profe
sor de l a Universidad de M u -
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Tratado popular de Física. Manual al alcance de todo el mundo,
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problemas resueltos, de aplicación a la industria y a la vida
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Compendio de Radiotelefonía. Fundamento, construcción y
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aficionado, por L . F . K E N D A L L y R . P . K O E H L E R . U n v o l u -
men de 312 p á g s . , de 20 X 13 cms., con 108 grabados.

Tratado de Galvanotecnia, por e l D r . W . PFANHAUSER. T r a -


d u c c i ó n de la 6 . ed. alemana. U n
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volumen de 798 p á g s . , de 25 X 16 cms., con 335 grabados.

Manual práctico del automovilista, por e l D r . G . P E D R E T T I .


3. ed. U n volumen de
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752 p á g s . , de 18 X 13 cms., con 922 grabados.


El motor de explosión, por E . P E T I T , ingeniero. 2. edición,
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Curso de Electrotecnia. Producción y aprovechamiento indus-
; trial de la corriente eléctrica, por
E . KOSACK, ingeniero. U n volumen de 430 p á g i n a s , de
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Elementos de Electricidad industrial, por P . ROBERJOT, pro-
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IV. Instalaciones interiores. 390 p á g s . , con 478 grabados.
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Recetario del automovilista. Colección práctica de procedimien-
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ingeniero. U n volumen de 396 p á g s . , de 20 X 13 cms., con
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:— jas, por I . C A S A L I . 4 . edi-
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Tratado práctico de edificación, por E . BARBEROT, arquitecto.


2 . ed. U n volumen de 834 pá-
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ginas, de 25 X 16 cms., con 1870 grabados.

Tratado práctico de carpintería, por E. B A R B E R O T , arquitec-


—; 1
to. U n volumen de 840 p á g s . ,
de 25 X 16 cms., con 2215 grabados.

A B C de la Fotografía, por el D r . L . S A S S I . U n volumen de


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Tratado de Topografía, por CLAUDIO PASINI. U n volumen de


— — — — — — — — — 6 2 0 p á g s . , de 2 3 X 15 cms., con 275 gra-
bados.

Guía práctica de Topografía usual, por E . L I G E R . U n volu-


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men de 152 p á g i n a s , de
20 X 13 cms., con 56 grabados.
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doctor I , B -AS. U n v o l u m e n de
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LANGÜTROIH-DADANT. — La abeja y la colmena. Ptas. 16
D^DANT.—Primeras lecciones de Apicultura . » 7
DADANT.—El método Dadant en Apicultura. . » 6
BSRTRAND,—Cuidados del colmenar . . . . » 10
E V R A R D . — E l mundo de las abejas . . . . . . » 8

Todos los tratadistas agrícolas están de acuerdo en que la Apicultura es


una de las pequeñas industrias rurales llamadas a adquirir mayor desarrollo.
Sólo el paciente estudio de inteligentes observadores antiguos y modernos ha
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aumentar la productividad de sus colonias mediante una explotación racional
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GUSTAVO GILI, EDITOR


C A L L E DE ENRIQUE GRANADOS, 45 BARCELONA
L. L. Langstroth y C . Dadant
15


i
L A A B E J A
í
Y
LA COLMENA
1)
f
1
:

OBRA R E V I S A D A Y C O M P L E T A D A POR

C . P. D A D A N T
T r a d u c c i ó n de M . PONS FÁBREGUES. — Segunda edición.
U n volumen de 6 4 4 p á g s . de 2 0 X 1 3 cms., con 2 2 1 grabados.
En r ú s t i c a , ptas. 14; en tela, ptas. 16

«La obra m a e s t r a de l a apicultura moderna es, sin disputa, e l interesante libro en


que L o r e n z o L a n g s t r o t h , e l inventor de l a colmena de c u a d r o s m ó v i l e s , v e r t i ó la expe-
r i e n c i a adquirida por é l en l a r g o s a ñ o s de p r á c t i c a a p í c o l a , y en que los s e ñ o r e s D a d a n t ,
padre e hijo, han incluido d e s p u é s los m á s brillantes p r o g r e s o s de e s t a rama de l a econo-
mía rural.
»La a p a r i c i ó n de La abeja j? la colmena en c a s t e l l a n o r e p r e s e n t a un progreso positivo
i l a l i t e r a t u r a a g r í c o l a de nuestro p a í s , s i n g u l a r m e n t e a v a l o r a d o por la i n t e r v e n c i ó n
d i r e c t a del s e ñ o r C . P . D a d a n t , quien h a r e d a c t a d o p a r a e s t a e d i c i ó n g r a n n ú m e r o de
p á r r a f o s nuevos, e s p e c i a l m e n t e en l a parte referente a l tratamiento de l a s enfermedades
de l a s a b e j a s , en v i s t a de los ú l t i m o s t r a b a j o s de los l a b o r a t o r i o s de a p i c u l t u r a estable-
cidos por e l gobierno de los E s t a d o s U n i d o s .
« D i f í c i l m e n t e se p o d r í a e x p o n e r en forma m á s a m e n a , a l propio tiempo que c i e n t í -
fica, cuanto a l apicultor interesa c o n o c e r . L o s p r i m e r o s c a p í t u l o s e s t á n d e d i c a d o s a l a
a n a t o m í a de l a s a b e j a s , al estudio de sus costumbres, de sus c o n s t r u c c i o n e s y de su r é g i -
men, y a l de los d i v e r s o s s i s t e m a s de colmenas, desde los modelos primitivos h a s t a las
c o l m e n a s de c u a d r o s m á s p e r f e c c i o n a d a s . E s t ú d i a n s e d e s p u é s l a s operaciones de la
e n j a m b r a z ó n y de la c r í a de r e i n a s y de z á n g a n o s , l a s e l e c c i ó n de l a s r a z a s , los m é t o d o s
de e x p o s i c i ó n , t r a n s p o r t e e i n s t a l a c i ó n de c o l m e n a r e s , l a s o p e r a c i o n e s inherentes a l a
i n v e r n a d a , l a p r o d u c c i ó n y v e n t a de miel y de c e r a en g r a n d e e s c a l a , y l a s enfermedades
de l a s a b e j a s y su remedio, terminando el libro con un c a l e n d a r i o a p í c o l a y un r e s u m e n de
c o n s e j o s p r á c t i c o s en forma de aforismos s e n c i l l o s . U n í n d i c e a l f a b é t i c o muy completo
permite a c l a r a r en un momento c u a l q u i e r duda que se presente a l a p i c u l t o r . » — Resumen
de Agricultura, de B a r c e l o n a .

ÍNDICE DE CAPÍTULOS
H i s t o r i a n a t u r a l de l a s a b e j a s : l a r e i n a , l a s o b r e r a s , los z á n g a n o s . - C o n s t r u c c i o n e s
de l a s a b e j a s . — A l i m e n t a c i ó n de las a b e j a s . — H a b i t a c i o n e s de l a s a b e j a s . — M a n e j o y
c ó l e r a de l a s a b e j a s . — E n j a m b r a z ó n n a t u r a l . - C r í a de l a s r e i n a s . — E n j a m b r a z ó n a r t i f i c i a l
o d i v i s i ó n . — L a s diferentes r a z a s de a b e j a s . — E x p e d i c i ó n y t r a n s p o r t e de a b e j a s . — E l
colmenar. — A l i m e n t a c i ó n de l a s a b e j a s . — I n v e r n a d a y d e s p o b l a c i ó n de p r i m a v e r a . —
E l pillaje y s u p r e v e n c i ó n . — L a c e r a e s t a m p a d a o f u n d a c i ó n . — F l o r a m e l í f e r a y n ú m e r o
de c o l m e n a s que puede s o s t e n e r un t e r r i t o r i o . — L a p r o d u c c i ó n de l a m i e l . — E n f e r m e d a d e s
de l a s a b e j a s . — E n e m i g o s de l a s a b e j a s . — P r e p a r a c i ó n de la miel. - S u v e n t a y s u s usos.—
L a c e r a y s u e m p l e o . - L a s a b e j a s , los frutos y l a s f l o r e s . - C a l e n d a r i o de a p i c u l t o r e s .
PRIMERAS L E C C I O N E S
DE

APICULTURA (

POR 6. P. D A D A N T
T r a d u c c i ó n de la 5 . edición inglesa por
a

E. M . M A R T Í N E Z A M A D O R . — Un vol. de
228 p á g s . de 20X14 cms., con 177 graba-
d o s , — E n c u a d e m a c i ó n en c a r t o n é , ptas. 7.
E l nombre del autor de este manual es y a una g a r a n t í a del a c i e r t o de este librito que
comentamos, que h a sabido r e c o g e r depuradas todas l a s e n s e ñ a n z a s de L a n g s t r o t h y
a d a p t a r l a s a l o s nuevos p r o g r e s o s de e s t a c i e n c i a , a los que tanto ha contribuido l a fami-
lia D a d a n t . E l l e c t o r e n c o n t r a r á en e s t a obrita cuantos conocimientos indispensables
desee c o n o c e r para l a i n i c i a c i ó n o r e c o r d a t o r i o de los estudios a p í c o l a s . J u n t o a l a histo-
ria n a t u r a l de l a abeja y s u s procedimientos de c r í a expone e l autor l a i n s t a l a c i ó n del
c o l m e n a r y estudio de l a s c o l m e n a s , el e n j a m b r a z ó n y c r í a de r e i n a s , los procedimientos
de m e j o r a , etc. E s t a m b i é n p a r t i c u l a r m e n t e i n t e r e s a n t e l a e x p o s i c i ó n que h a c e de la c e r a
(coste, manufactura, c o n s e r v a c i ó n , etc.) y de s u s diferentes c a l i d a d e s , d e t e n i é n d o s e en l a
p r o d u c c i ó n de l a miel s e l e c t a . O c u p a n otros c a p í t u l o s del libro: l a i n v e r n a d a y alimenta-
c i ó n de l a s a b e j a s , l a f l o r a m e l í f e r a , c o l m e n a s de o b s e r v a c i ó n , e n e m i g o s de las a b e j a s ,
enfermedades y su tratamiento, y c o m e r c i o de l a m i e l . F i n a l m e n t e , t e r m i n a el autor e l
estudio de e s t a i n t e r e s a n t e c u e s t i ó n con un c a p í t u l o c o n s a g r a d o a l a miel como alimento.
E n suma, l a obrita de D a d a n t es uno de los m a n u a l e s de m a y o r i n t e r é s que pueden r e c o -
mendarse p a r a el estudio de l a A p i c u l t u r a —La Nueva Zootecnia, de B i l b a o .

E L MÉTODO DADANT
EN

Apiculi lira
APICULTURA
é í o d o POR e. P. D A D A N T
D A D
U n v o l . de 20X14 cms., con 58 grabados.
E n c u a d e m a c i ó n en c a r t o n é , pesetas 6.
E s t e librito, editado con el mismo g u s t o y esmero que
las d e m á s o b r a s de l a c o l e c c i ó n G i l i , es e l complemento
del a n t e r i o r . E s t á dedicado a l a d e s c r i p c i ó n minuciosa y
c l a r a del m é t o d o Dadant, aceptado como insustituible por todos los a p i c u l t o r e s del
mundo. D e d i c a sus primeros c a p í t u l o s al estudio de la r e i n a y o b r e r a s ; p a s a d e s p u é s de
t r a t a r de l a s dimensiones de l a s c o l m e n a s y s u s p o r m e n o r e s al estudio de los z á n g a n o s y
s e l e c c i ó n de los r e p r o d u c t o r e s , a l manejo de l a s a b e j a s y d i s p o s i c i ó n de los c o l m e n a r e s ,
c u i d a d o s de p r i m a v e r a y p r e v e n c i ó n de e n j a m b r e s , etc., h e c h o s que expone con la c l a r i -
dad y c o m p e t e n c i a que el nombre del autor nos h a c í a p r e s u m i r . E l librito, sumamente
instructivo como decimos, t e r m i n a dedicando diferentes c a p í t u l o s a l a e x t r a c c i ó n de l a
miel, a l a a p i c u l t u r a n ó m a d a , a los cuidados de o t o ñ o , a l a i n v e r n a d a y, por fin, a l a s enfer-
medades de l a s a b e j a s . — La Nueva Zootecnia, de B i l b a o .


CUIDADOS DEL COLMENAR POR

EDUARDO BERTRAND
A N T I G U O D I R E C T O R D E L A «REVISTA I N T E R N A C I O N A L D E APICULTURA»

CALENDARIO DEL T r a d u c c i ó n por


APICULTOR.-Indis M . PONS FÁBREGUES
[Link].l
pensable a cuantos Publicista apícola

se dedican al cultivo (Buidados U n v o l . de 332 pági-


del
8

nas, de 20X13 cms.,


de las abejas. colmenar
con 101 grabados y
Tercera edición au- dos láminas.
mentada con arreglo En r ú s t i c a , ptas. 8.
a la 13. francesa. a
En tela, pesetas 10.

« P a r a h a c e r cumplido elogio de e s t e libro b a s t a r í a el hecho de h a b e r s e difundido en


poco tiempo por toda E u r o p a t r e c e ediciones f r a n c e s a s de e s t a m a g n í f i c a obra y de haber
sido t r a d u c i d a al italiano, a l ruso, al a l e m á n , al d a n é s , al b ú l g a r o , etc.
» D o s p a r t e s forman el libro: l a p r i m e r a , que el autor l l a m a Calendario del apicultor,
es u n a e x p o s i c i ó n m e t ó d i c a de l a s o p e r a c i o n e s a que é s t e ha de atender, s e g ú n las é p o c a s
del a ñ o , de mes en mes; una e s p e c i e de b r e v i a r i o c a t e g ó r i c o y sencillo, un conjunto de
r e g l a s a l a s c u a l e s ha de a t e n e r s e p a r a l l e v a r a buen t é r m i n o l a p r o d u c c i ó n de s u s colo-
nias. E n l a s e g u n d a parte s e exponen, en forma r a z o n a d a y con prolijidad de d e t a l l e s
p r á c t i c o s , l a s condiciones del m a t e r i a l , los procedimientos, l a s e n f e r m e d a d e s y s u s reme-
dios; en u n a p a l a b r a , todo lo que al apicultor puede s e r de alguna utilidad efectiva.
»La e d i c i ó n e s p a ñ o l a ha sido e s p e c i a l m e n t e aumentada con v a l i o s o s datos a c e r c a
del tratamiento de l a loque o p u t r e f a c c i ó n de l a c r í a , a s í como a c e r c a de l a c r í a de r e i n a s ,
puntos ambos de l a mayor importancia en los c o l m e n a r e s i n d u s t r i a l e s . A l confeccionar
e s t a e d i c i ó n s e l a h a hecho f á c i l m e n t e adaptable, no s ó l o a las n e c e s i d a d e s de los colme-
n e r o s e s p a ñ o l e s , sino t a m b i é n a l a s c o n v e n i e n c i a s de los c r i a d o r e s r e s i d e n t e s en las R e p ú -
b l i c a s h i s p a n o a m e r i c a n a s . » — La Industria Pecuaria, de M a d r i d .

EL MUNDO DE LAS ABEJAS POR

EUGENIO EVRARD
T r a d u c c i ó n de E . M . M A R T Í N E Z A M A D O R . Un volumen de
400 p á g s . , de 20X13 cms. En rústica, ptas. 6; en tela, ptas. 8.
«La g r a n d i o s a p o e s í a de l a v i d a y el t r a b a j o de las a b e j a s d i f í c i l m e n t e h a l l a r á quien
l a comprenda y explique con m á s e x a c t i t u d y b r i l l a n t e z que el autor de e s t e hermoso
libro. I n s t r u i r deleitando es su finalidad, y la a l c a n z a de modo cumplido, pues el l e c t o r es
l l e v a d o c a s i sin d a r s e cuenta a contemplar el h e r m o s o panorama que constituye la v i d a de
las a b e j a s , aprendiendo al mismo tiempo l a c o m p l e j i d a d de s u o r g a n i z a c i ó n , l a m á s prodi-
g i o s a de c u a n t a s nos ofrece l a vida de los i n s e c t o s . Aunque l a finalidad de l a o b r a de
E V R A R D no s e a el estudio de l a e x p l o t a c i ó n a p í c o l a desde el punto de v i s t a t é c n i c o , el
apicultor h a l l a r á en sus p á g i n a s c o n s e j o s atinados y en p a r t i c u l a r o b s e r v a c i o n e s j u s t a s y
documentadas a c e r c a de l a s c o s t u m b r e s de l a s a b e j a s y de muchas p a r t i c u l a r i d a d e s de su
o r g a n i z a c i ó n . » - La Nueva Zootecnia, de B i l b a o .


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