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URSS había desaparecido sin dejar rastro. Después de ser destituido como representante
de su nación y prácticamente echado a la calle por Rusia, el poderoso ex-país se encontró
deambulando en un mundo que ya no le necesitaba.
Un mundo que ya no le pertenecía…
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que dejó de ser el representante de su nación.
Podrían haber sido meses o incluso años. Gracias a la oscuridad que lo envolvía, el tiempo
a su alrededor carecía de sentido.
Sin rumbo, sin propósito, había vagado por tierras desconocidas; recuerda vagamente
pasar por tundras, desiertos de nieve blanca que nunca tenian fin.
Los poderosos vientos de invierno casi le arrebatan su ushanka una vez.
Recuerda… fríos paisajes desolados. Cruzó montañas interminables y grandes trozos de
bosque verde y oscuro; todos eran sofocantes.
El odio casi lo hacen detenerse, pero no detuvo su andar.
No supo porqué, simplemente quería alejarse lo más que podía de su territorio, o mejor
dicho, lo que fue su territorio.
Se alejó de la civilización y de aquellos que alguna vez lo reconocieron como un gigante,
como una potencia a la que temer.
Ya no tenía un hogar, ya no tenía a donde ir…
Las hojas secas crujen bajo sus botas. Es el único sonido que URSS escucha mientras
avanza entre los árboles.
Es lo último que ha escuchado los últimos meses.
—Mierda… —maldice su suerte y al lodo que casi le roba una bota, a las raíces de los
árboles que no ayudaban en su andar. Y a todo lo demás.
Hace meses que dejó atrás la sociedad que tanto repudiaba. Lejos de las miradas que lo
reconocen y de las expectativas que lo ahogaban. Caminó por los rincones más recónditos
del mundo, cruzó por más países de los que nunca hubiera imaginado.
Ahora, sin ser el representante de su nación, sin las responsabilidades que una vez lo
definieron… URSS siente… nada.
1
Lo único que queda es el vacío.
—... —cada respiración es baja y profunda. Odiaba admitir que está vez el cansancio está
haciendo mella en su cuerpo.
No recuerda la última vez que descansó al menos unos minutos…
El bosque que lo rodea es espeso, las sombras de los árboles altos se alargan en el suelo
mientras el sol comienza a ponerse. Las aves que no recoce comenzaron hace minutos a
trinar sin parar porque la oscuridad subía.
Eso era un fastidio… Pero siguió su camino. El camino que nunca definió y que sabe que no
existe.
La noche se acercaba. La penumbra es su aliada; le gusta la tranquilidad que trae, el
silencio, la falta de humanos.
Humanos… piensa.
Los odia.
A matado a más de los que recuerda. Cuando era representante de su territorio y después
de serlo. Era fácil…
Muchos humanos hacen preguntas, preguntas estúpidas que no merecían su tiempo. Le
temen… ¿Y por qué no lo harían? Él los asesina. Si no son útiles, sí uno se acerca de más,
si siente que podrían delatar su presencia... Morían. Era más fácil así.
Sólo caminar… caminar… y caminar…
—Ugh… —sus pasos temblaban cada vez más frecuentemente. La molestia y el cansancio
de nuevo, más fuerte.
Sin embargo, algo más lo molesta. Una presencia, una edificio a la lejanía, algo que parece
romper la soledad que tanto ha buscado.
Y sigue caminando, pero sus pasos son más pesados, cautelosos, como si algo lo
observase.
Un pájaro oscuro suelta un graznido a su derecha, arriba. Las aves en las ramas altas de
los árboles lo vigilan, veían sus pasos. Cómo si esperarán, como si temieran, que se
acercara al lugar.
URSS los ignora. Sigue un camino de piedras deshecho entre la hierba. Y entonces la ve.
Al principio parece solo una ruina entre la vegetación densa, pero a medida que se acerca,
los contornos de una pequeña iglesia antigua comienzan a definirse.
2
Las paredes de piedra están cubiertas de musgo, y lo que parecían… ¿Flores? Un muro de
flores rosas y moradas alrededor de los muros. La maleza crecía por doquier, pero la
estructura permanecía firme, como si se negara a sucumbir al paso del tiempo.
Al menos la estructura está intacta. No es una ruina. El lugar parece abandonado, pero no
en desuso. Alrededor de la iglesia, los árboles y los arbustos florales se apartan un poco,
dejando un pequeño claro.
El aire aquí se siente más fresco, más puro. URSS se permite respirar un poco mientras
observa. Sopesando si debía entrar.
Ha pasado demasiado tiempo vagando… Al diablo.
Se acerca al edificio, atento a cualquier ruido, cualquier movimiento. Nadie parece estar
alrededor. Se mueve con sigilo hacia una ventana lateral, apenas suficiente para ver el
interior. El cristal de diferentes colores intrincados no dejaban mucho que ver, mas que
sombras.
Y ahí, frente al altar, hay una figura. Un hombre joven por lo que puede intuir, canta
suavemente, con los ojos cerrados. Sus manos descansan sobre su regazo, sin mirar frente
las figuras religiosas, que para sorpresa de nadie, también estaban llenas de flores como
ofrenda. Aunque estás son menos coloridas.
El soviético regresa su mirada hacia el humano. Su voz, aunque apenas audible desde
donde está URSS, tiene un tono cálido, casi familiar.
El lugar parece tan solitario como él, nada más que el humano y muchas bancas de madera
vacías en la capilla… y por alguna razón, eso lo calma. Se queda observando unos minutos
más, extrañamemte cautivado por la serenidad de la escena.
URSS aparta la mirada con disgusto. Era demasiado calma… No hay nadie más…
Esa no era buena señal.
Aunque no confía en este extraño, no siente peligro, y prefiere ver más a fondo el edificio
por dentro. La iglesia no es su cosa preferida en el mundo pero tomará un refugio temporal
siempre y cuando sea suficientemente aceptable.
La noche cae rápido en el bosque, y el cansancio que sentía empieza de nuevo a hacer
mella en su cuerpo. Decide que es mejor entrar a la iglesia, por muy extraña que sea.
Servirá como refugio temporal. Al menos hasta que tenga fuerzas para continuar su viaje al
amanecer.
Camina hacia la parte trasera de la iglesia, descubriendo una puerta medio oculta por las
ramas. Las puertas estaban desvencijadas, pero aún se mantenían en su lugar. La empuja
suavemente, sin hacer ruido y, sin dudarlo, URSS se cuela en el interior.
3
Estaba en lo que parecía un almacén olvidado. En frente, pobremente iluminado, habia otra
puerta. Está vez una puerta doble.
La penumbra en el interior lo envuelve, pero URSS está acostumbrado a moverse en la
oscuridad.
Empuja una de ellas, que cruje en protesta, revelando el interior oscuro y bien cuidado del
antiguo edificio. El aire dentro estaba cargado de una tranquilidad que URSS encontró
sospechoso pero no le da demasiadas vueltas.
El lugar está envuelto en un estado reverente, como si estuviera esperando su llegada
durante siglos.
Ignora esa sensación.
Camina hasta encontrar la sala principal, donde está el altar. Puede verlo todo desde ahí en
el pasillo. No hizo ruido, manteniéndose oculto en las sombras mientras observaba al
hombre continuar con sus rezos.
URSS no esperaba encontrar a nadie allí. Especialmente en medio de un extenso bosque y
montañas. Pero en la penumbra de la capilla, una figura se movía con calma entre las velas
y flores. El hombre pequeño, seguía ahí frente al altar, susurrando palabras en un idioma
que URSS no comprendía, pero no estaba interesado en entender.
La voz del hombre parecía contener una profunda devoción. Cómo si de verdad creyera en
un dios.
URSS resopla con burla. Pero no se detiene para ver más. Sólo quería descansar y
después se largaría.
Los rayos de luz que se filtraban por las ventanas llenas de imágenes religiosas iluminaban
su cabello, dándole raros tintes.
Puede jurar que el cabello de ese humano se veía de tonos azules… Pero está demasiado
cansado para pensar en ello.
URSS no se interesó más, la poca energía y el atardecer no ayudaban.
El lugar estaba demasiado calmado. Una serenidad que URSS había olvidado que existía.
Sintió una extraña curiosidad por eso, pero no dejó que esa curiosidad vagará por su
cabeza mucho tiempo.
A pesar de todo, había una paz en él que hizo que los pensamientos erráticos del soviético
pararan un segundo. La paz lo hizo sentirse incómodo e intruso.
Aunque sabía que era un intruso, lo que lo incómoda fue caer en cuenta que se sentía como
tal.
4
Él nunca había sentido incomodidad al ser un posible intruso en la vida de alguien.
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URSS encuentra un rincón alejado, en una sala lateral de la iglesia, que parece lo
suficientemente aislada. Sólo hay una cama vacía muy pequeña en la otra esquina, muy
gastada como para utilizarla.
Se sienta en el suelo, su espalda apoyada contra la fría pared de piedra. Desde donde está,
puede escuchar la voz del hombre que sigue cantando, ahora en un murmullo bajo.
Al parecer la habitación que escogió estaba detrás del altar. Qué mala suerte…
URSS hace una mueca y cierra los ojos. El cansancio y la molestia se apoderan de él
mientras sus pensamientos se desvanecen, dejándolo en un estado de vigilia ligera.
No confía en este lugar, ni en el hombre en la habitación próxima, pero algo en la atmósfera
tranquila del lugar lo adormece, permitiéndole relajar la guardia.
"Solo por esta noche", se repite, mientras la oscuridad lo arrastra finalmente al sueño
intranquilo.
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La capilla es silenciosa al amanecer, con solo el sonido del viento moviendo las ramas de
los árboles y el lejano canto de un gallo rompiendo la calma.
Su única fuente de luz es una pequeña ventana alta en la pared a su derecha, y esa
apacible pero molesta luz despierta a URSS en el rincón más oscuro de la sacristía, donde
se había refugiado la noche anterior.
La piedra fría bajo su cuerpo le recuerda que no está en un lugar seguro. No puede
quedarse demasiado tiempo.
Pero necesita respuestas.
Estira los músculos doloridos y se prepara. Con movimientos calculados, abandona su
escondite y se desliza hacia la puerta principal. Desde allí, observa el exterior.
A unos metros de la capilla, un sendero de piedra lleva a la hacienda. El edificio colonial
parece viejo pero bien mantenido, con paredes encaladas y tejas rojas que brillan bajo la luz
de la mañana.
El dueño del lugar desapareció anoche, pero ahora parece estar despierto. Deduce que ya
pasó la hora del desayuno. Lo escucha cantar en voz baja desde ahí.
¿Tan temprano, y ya estaba de buen humor?
5
Eso pone de mal humor a URSS.
URSS decide esperar desde una distancia considerable. No está seguro de quién vive allí,
pero ya tiene un plan en mente. Si es alguien débil, tomará lo que necesite y seguirá su
camino. Si es una amenaza... bueno, no le temblará la mano al usar su vieja hoz.
Entonces lo ve.
El hombre joven aparece desde el interior de la hacienda. No parece tener prisa en su rutina
matutina.
No es particularmente alto ni fuerte, y hay algo en su expresión —esa tranquilidad
inexplicable— que hace que URSS frunza el ceño.
Pero lo que realmente le sorprende es que en realidad no es humano, es un País, al igual
que él. Y lo más extraño de este representante es su rostro: Ojos cerrados y sonrisa serena
mientras camina con cuidado.
Algo en las pestañas blancas brillando bajo el cielo matutino le resulta familiar a URSS.
Observa cómo el joven se detiene en el patio y levanta la cabeza hacia el sol, como si
pudiera verlo.
"El Salvador”
La revelación llega de golpe. Claro que lo reconoce, aunque apenas lo recuerde. Es uno de
esos Países pequeños que siempre estuvo en el fondo de su mente, insignificante y fácil de
olvidar.
—Hoy me le toca a los hibiscos… —reflexiona en voz alta.
Cada paso que da desde la cocina parece una coreografía ensayada cientos de veces. Su
mano se aferra al pretil decorativo, asegurándose que al bajar las gradas no se caiga.
Descalzo —esto confunde al soviético—, se arremanga el pantalón ancho de algodón que
lleva y deja que sus pies desnudos toquen el suelo. Tanteando si puede caminar sin
tropezar.
Al ver qué tiene el camino libre, sonríe y se dirige al frente.
—... —eso ... .es extraño, piensa URSS.
Llega al camino de piedra. Da pasos lentos por la superficie. Sus manos, que no tienen algo
a lo que sujetarse, terminan juntas en su regazo. Cómo si fuera una señorita de alta clase
caminando.
URSS inclina la cabeza al ver todo eso.
Los labios del tipo parecen murmurar algo…
6
—Catorce… Quince… ¡Dieciséi’..! —sus labios se curvan en una sonrisa de triunfo al contar
correctamente desde la entrada hasta donde está la regadera cerca de la fuente.
El sonido del agua cayendo por la fuente también fue una buena ayuda. El Salvador se
inclina para recoger la regadera y llenarla de agua fresca.
Desde su escondite tras un muro destartalado, URSS observa cómo El Salvador sale al
jardín, llevando una pequeña regadera en una mano.
Mientras lo observa, URSS nota algo peculiar: el joven País parece moverse con una
precisión casi instintiva, pero nunca mira directamente hacia lo que está haciendo.
"No abre los ojos… Está ciego…", deduce.
Su caminar es despreocupado, pero sus movimientos son precisos. No se tambalea ni
duda, a pesar de que no puede ver.
Eso cambia las cosas. Si es verdad, este hombre no puede ser una amenaza para él. Sin
embargo, la ceguera no explica la manera en que se mueve con tanta confianza. Es como si
conociera cada rincón de este lugar, cada detalle, como si no necesitara ver para
entenderlo.
El Salvador se agacha a la altura de un arbusto que apenas va floreciendo por la hora.
—Buenos díyas, bonitas… —dice El Salvador con una calidez que URSS no comparte. Su
cara hacia abajo, susurrando.
URSS se tensó de inmediato y aprieta los dientes, su mirada fija en el joven que ahora
parece hablar con alguien.
El expaís frunce el ceño desde las sombras. ¿Con quién está hablando?
El Salvador se arrodilla frente a una maceta de flores que brillan con tonos naranjas y
amarillos. Pasa una mano por encima de los pétalos, como si pudiera verlos a través del
tacto.
—Tan chulas… —dice con una sonrisa suave—. Aunque vos —toca un capullo más
pequeño que los demás—, estás bien tiernita. ¡Necesitás un poco más di’agua!
Pero no hay nadie que le conteste. No hay nadie más en el jardín…
Excepto URSS, que lo mira como un gato casero mira a un ave por la ventana, y él
obviamente no le contestará.
Aún así, el pequeño País actúa como si estuviera en medio de una conversación animada.
7
El soviético se cruza de brazos, apoyándose contra la pared de piedra. La escena le resulta
incomprensible.
¡El Salvador habla como si esas flores fueran seres vivos con pensamientos propios!
—¿Cómo están bonitas? —sus dedos tocan con delicadeza los pétalos de otra flor que
URSS no reconoce—. ¿Hoy no tienen fríyo?
Es extraño, inquietante incluso.
“No, no tienen frío”, murmura el comunista con sarcasmo para sí mismo. “Las flores no
tienen frío porque son unas malditas plantas…”
A pesar de sus palabras, URSS no aparta la vista. Algo en la manera en que El Salvador
interactúa con las flores le resulta extremadamente atrayente.
—¡Oh, hay más azucenas qui’ayer! —el pequeño País se emociona al ver más flores
blancas en una esquina.
Y URSS suspira cansado, ya tenía suficiente. Se aparta un poco de la escena. Necesita un
descanso de todo…
Se da la vuelta para buscar algo útil.
—Ay… ¡Se me olvidó tr’erles más tierra!
¡¿En serio le sigue hablando a las plantas?!
Por un momento, URSS contempla volver a su plan original, pero algo lo detiene. Este
pequeño País ciego no parece ser una amenaza, ni siquiera parece darse cuenta de que
alguien lo está observando por su obvia condición.
Sin embargo, hay algo en él que lo hace dudar.
Decide esperar. Quizá pueda conseguir información o algo interesante de este tipo.
URSS solo se detiene en robar una manzana de un frutero y sigue su labor. Esa manzana le
bastaría para todo el día.
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Después de dejar un cántaro y la regadera junto a un jardín más pequeño, el salvadoreño
comienza a inspeccionar otras plantas, murmurando cosas en voz baja como si hablara con
ellas.
URSS lo sigue a distancia, moviéndose entre las sombras con el sigilo de un depredador.
Mastica lo último de su manzana y escupe unas semillas sobre un arbusto.
8
Cada gesto, cada movimiento, le desconcierta.
¿Por qué este… este intento de País, parece tan... en paz?
Los países no son así, no después de todo lo que han vivido.
Y URSS sabe un poco de la historia detrás de El Salvador… no debería ser así.
El Salvador termina yendo a una pequeña bodega al lado de la hacienda, donde parece
estar ordenando herramientas y sacos de tierra.
URSS lo sigue durante toda la mañana, tomando nota de cada lugar que visita y cada tarea
que realiza.
El Salvador inspecciona otro jardín diferente. Las flores lo reciben reventando con formas
variadas y olores sutiles. Luego, recoge leña —aunque sólo eran unas cuentas ramas
escuálidas que URSS no encuentra tan útiles para un buen fuego—; y después, regresa a la
cocina de la enorme hacienda, donde comienza a preparar algo que huele delicioso.
URSS sacude la cabeza ante ese último pensamiento. No necesita nada de aquí, y menos
algo que ofrezca el Territorio ajeno.
Es irritante. Nadie debería estar tan tranquilo. Mas El Salvador.
Cuando El Salvador desaparece dentro de la casa, URSS decide aprovechar el momento
para explorar más a fondo. Se mueve por el patio, inspeccionando cada rincón con la
mirada de un estratega.
El lugar es más grande de lo que pensó al principio. Hay un granero pequeño al fondo, una
huerta al lado del jardín, y varias herramientas para jardinería esparcidas aquí y allá.
No hay algo con lo que dar un golpe contundente o lo suficientemente afilado para llevar a
cabo su plan.
No usaría su hoz, seria fácil de detectar. Y los cuchillos están fuera de discusión. Están
dentro de la casa que es demasiado pequeña para su cuerpo, y sabe que terminaría
chocando o botando algo, y esto alertaría al dueño.
Sí que tenía mala suerte…
Todo lo demás parece estar en uso constante, pero no hay señales de otras personas en el
lugar.
URSS toma nota de eso.
9
Se acerca al jardín donde El Salvador había estado trabajando antes. Las plantas están
bien cuidadas, pero no de una manera ostentosa. Es funcional, eficiente, y de alguna
manera, cálido en su estado.
URSS las deja con un movimiento despreciativo.
Encuentra un banco de hierro forjado bajo un árbol, con marcas visibles de haber sido
usado frecuentemente. Hay una pequeña manta doblada encima, y por un momento, URSS
se queda mirándola, como si fuera un rompecabezas que no puede resolver.
URSS resopló con aburrimiento y algo de irritación. Nada aquí le es de ayuda. Sigue su
camino y busca algo más.
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Cuando el sol está en lo más alto, El Salvador regresa al patio, llevando un plato de comida
en las manos. Se sienta en la mesa bajo el árbol, exactamente donde URSS había estado
observando minutos antes.
El expaís se oculta detrás de un pilar del corredor más cercano, estudiándolo con atención.
El Salvador come lentamente, con una sonrisa tranquila en el rostro. No hay nadie más
alrededor, pero eso no parece molestarle. Incluso comienza a tararear una melodía suave,
una canción que URSS no reconoce.
Es extraño. URSS ha pasado toda su vida rodeado de caos, desconfianza y guerra. La
tranquilidad de este País lo pone incómodo. Le hace preguntarse si todo esto es una
fachada, una máscara que caerá en cualquier momento.
Pero no hay señales de eso.
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El calor de la tarde envuelve la hacienda con una pereza aplastante, y URSS, escondido
entre los árboles, observa el ir y venir de El Salvador a través de las ventanas abiertas.
El Salvador solo pasó ordenando y ordenando dentro de las habitaciones. Y URSS que no
podía estar dentro, estuvo tentado a irse o atacar, pero simplemente se mantuvo lejos, en
su sitio, vigilando.
Adentro, el pequeño país parece incansable, moviéndose de una habitación a otra,
limpiando, organizando y ajustando cada pequeño detalle.
Desde su posición, URSS se cruza de brazos, malhumorado. El día había sido largo y
aburrido. Al menos por la mañana, El Salvador había hecho algo interesante al hablar con
flores y cargar sacos de hojas. Pero esto... esto es tedioso.
10
Cada cierto rato, El Salvador murmura para sí mismo, hablando con los muebles como si
fueran compañeros de conversación.
—Pero bueno, si sólo yo paso aquí… ¿Por qué está tan sucio? —dice mientras frota un
trapo sobre la mesita—. Mirá, así ya’stás más bonita.
URSS rueda los ojos. ¿Realmente está hablando con una mesa?
De verdad que el País está solo… Y la ceguera lo tiene atado ahí. Sin nadie que lo vea útil.
Más tarde, el salvadoreño tropieza con una alfombra mal colocada, y su caída es inevitable.
Va directo al suelo con un sonido sordo, pero en lugar de quejarse, se voltea cara al techo, y
suavemente se frota el brazo aún tirado encima de la alfombra.
—Ay… Creo que alguien me la está deseando… —dice con un tono de broma.
Desde su escondite, URSS suelta un resoplido dándole la razón, Aunque no entiende del
todo la frase. Es un sonido tan bajo que apenas se escucha, pero lo suficiente como para
que él mismo se dé cuenta.
¿Se acaba de reír?
Sacude la cabeza, reprimiendo una sonrisa que amenaza con formarse. No tiene sentido.
No hay nada gracioso en esa escena.
Aunque ver el sufrimiento del otro es divertido.
Un rato después, la paciencia de URSS se pone a prueba de nuevo. El Salvador, que ahora
está en lo que parece ser una especie de sala de estar, intenta mover un mueble pesado.
La pieza no cede, y el salvadoreño empieza a gruñir entre dientes mientras le habla al
enorme librero.
—¡No te podés quedar allí para siempre! —exclama, empujando con todas sus fuerzas—.
¡Aaah, ésto lo hacés a propósito, ¿verda?! —grita señalando al techo.
URSS entrecierra la mirada. ¿Le está reclamando a Dios…?
El Salvador se cruza de brazos infantilmente, refunfuñando, antes de volver a intentarlo. Él
empuja inútilmente y el mueble cruje, pero no se mueve ni un centímetro.
URSS observa, incrédulo. El Salvador parece estar teniendo una disputa seria con el
mueble, y con Dios.
—Está carambada… —dice en voz baja, plantando las manos en las caderas—. ¡Y no se lo
digo a usté! —vuelve a señalar el techo.
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Pasa un buen rato tratando de hacer ceder el mueble, antes de mirarlo con verdadera
frustración. El Salvador reconoce su derrota. Le da una patada al librero y se va a ordenar
otra cosa.
—Esa babosada… —continúa el pequeño país—. ¡No lo hago leña porque juro que Dios me
da paciencia..!
Sigue hablando y maldiciendo al mueble desde otra zona de la hacienda.
URSS se lleva una mano al rostro, tratando de fingir que era para frotar su cien y no por una
sonrisa. El País es tan ridículo que por un momento olvida su incomodidad y su irritación
habitual.
Quizá sí está loco… Piensa para sí mismo, sin apartar la vista de la escena. Tal vez matarlo
sea una buena opción…
Hubiera podido mover el mueble con más facilidad si antes quitaba todos los libros de los
estantes. Pero El Salvador es terco y bastante distraído…
También hubiera funcionado qué URSS le ayudará. Tenía fuerza de sobra y el librero no era
un gran desafío para él. Pero URSS rechazó el pensamiento de mostrar su presencia antes
de poder considerarlo de verdad.
—¡Lo muevo porque lo muevo!
El Salvador vuelve frente al librero con pasos decididos. intenta moverlo pero al empujarlo
con enojo, todos los libros le caen encima.
—... —quizá demasiado fácil de matar…
URSS se ríe en silencio. Decide no matarlo por ahora; quizá el pequeño País termine
haciéndolo por accidente.
La tarde pasa así, de un florero sin agua, a estantes polvorientos y cacerolas sucias. El
Salvador se entretiene solo hablando consigo mismo.
Hasta que el Sol se cuela por una ventana y le da en la cara.
—¡Ah, ya es hora de que me bañe! —el calor le da la hora precisa.
El Salvador se alegra y deja las cosas de limpieza de hogar. Se va a su habitación al fondo
para quitarse la ropa y comenzar su baño diario.
—... —URSS voltea el rostro.
Bien, es su señal para irse a otro lado. No necesitaba ver al azulado bañándose…
Luego de eso, URSS no encuentra algo interesante que hacer…
12
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Cuando cae la noche, la cena no es la gran cosa, y ambos regresan a la capilla. Cada uno
por su lado.
URSS toma un desvío para evitar ser visto —aunque sabe que no lo verá—. Se sienta en el
suelo de su ahora habitación, y se cruza de brazos, sumido en sus pensamientos.
El Salvador no parece una amenaza, pero tampoco es lo que esperaba. Hay algo en él, algo
difícil de describir, que lo hace reconsiderar sus planes.
Quizás debería quedarse una noche más…
Solo una. Ese día había sido solo eso, un día. Necesita saber la rutina del País, no iba a
dejar cabos sueltos y dejar posibles pistas de su presencia ahí.
No puede evitar sentir que este lugar tiene algo que no comprende del todo. Algo que le
atrae, aunque no quiere admitirlo.
Pero sacude de nuevo la cabeza, y atribuye esas ideas a los días de tanto caminar.
Mientras la luz del día se desvanece, URSS se recuesta en el rincón más oscuro de la
sacristía, su mirada fija en el techo.
Desde la habitación contigua un canto suave lo adormece.
El Salvador está cantando frente el altar.
—Kanka tiaw shuret? —un eco lejano de una vos extraña—. Nikita ka tikwika mukimil…
—URSS no comprende el idioma—. Tesu tatka tiu-tinechilwia?
No era latín, de eso estaba seguro.
—... —URSS sin darse cuenta suelta un bostezo.
Mañana, tal vez, encuentre las respuestas que busca... Pero por ahora, decide esperar.
—Yek nemi ma kienej su tikneki… —URSS poco a poco va cayendo en un sueño. Pero se
obstina en seguir despierto, y divaga en lo ocurrido en el día.
Lo único que consiguió fue exasperarse. Vaya que el modo de hablar de El Salvador casi le
da un dolor de cabeza...
No sólo su español es difícil de entender. Demasiadas frases inentendibles…
¡Pero lo que le cabrea es su forma de entender el mundo!
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¡Y ni siquiera puede ver!
Aunque ciego, El Salvador no parece tener problemas con ello. Eso lo desconcierta. Pero él
no quiere perder tiempo pensando en ello.
—Shikmaka ma tzijtzilika mutentzikaw —El Salvador se pasea entre los bancos antes de
salir. URSS puede escuchar sus pasos alejándose de su habitación—, melka nikmati ka ipal
tet ne muishkalyu…
El canto lejano sigue ahí.
—Puruj mujmumey…
URSS se duerme, por primera vez en meses, sin tener pesadillas.
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¡Encontré el primer machote del capítulo inicial!
Yeeiii
No me convence del todo… pero igual lo dejo. Ahora solo debo encontrar a los demás…
Quizá suba otro capitulo de headcanon al azar.
14