Antonio Buero Vallejo: LA FUNDACIÓN
Esta obra pertenece al dramaturgo Antonio Buero Vallejo, figura capital dentro del teatro posterior a la guerra civil,
tanto por su calidad técnica, como por sus aspectos renovadores. La obra se estrena en 1974, momento en que Buero
Vallejo ya contaba con el apoyo y beneplácito del público y de la crítica.
Con la obra, Buero Vallejo pretende provocar una catarsis en el espectador y que este reflexione sobre el cruel mundo
de la prisión, la cárcel, la tortura, la delación y la muerte. Con todo, el principal valor de la obra es su perdurabilidad
en el tiempo. Lejos está ya España de la vigencia de la pena de muerte, pero el público sigue estremeciéndose, sigue
solidarizándose y sigue conmoviéndose ante el horror que plantea la obra de Buero Vallejo y preguntándose si “otra
“Fundación” seguirá abriendo sus puertas a nuevos “inquilinos”.
1. ARGUMENTO Y TEMAS FUNDAMENTALES
El ARGUMENTO de la obra es el siguiente:
Desde que se levanta el telón creemos estar ante una serie de investigadores becados por una fundación que les
permite trabajar en distintos ámbitos. En este escenario se mueve Tomás, personaje de cuya mano avanzaremos hasta
conocer la realidad. La fundación no existe como tal fuera de la mente de Tomás, que ha construido una realidad
paralela para evadirse de la triste realidad: él y sus compañeros se encuentran en una cárcel por motivos políticos.
Con la ayuda de sus compañeros y un poco de sobrealimentación consigue recuperar la cordura y asumir la situación
que le rodea. Asimismo, conocemos el plan de fuga que traman entre unos cuantos presos, plan que se verá abocado
al fracaso por culpa de la delación de uno de los compañeros de celda, Max. Uno de los personajes será fusilado a lo
largo de la obra, otro de ellos se suicidará para no delatar, bajo presión, el plan de fuga de sus compañeros, el delator
será empujado escaleras abajo… Con todo, el final abierto de la obra deja abierta una puerta a la esperanza: unos
guardias vienen a llevarse a los dos compañeros que quedan y no sabemos si los conducirán a la celda de castigo-
donde quizás puedan llevar a cabo el plan de fuga- o si, por el contrario, los llevarán ante el pelotón de fusilamiento.
En cuanto a los TEMAS, podemos establecer dos bloques relacionados con la política y con la ética.
RELACIONADOS CON EL ÁMBITO POLÍTICO, de plena actualidad en el momento del estreno (1974: dictadura
franquista, pena de muerte, asesinato de Carrero Blanco…)
1. La lucha por la libertad. Al final de la obra se llega a la conclusión de que el ser humano es un prisionero (como el
ratón de Berta, llamado Tomás, igual que el protagonista), encerrado en una sociedad engañosa, con apariencia de
mundo feliz (igual que la fundación imaginada por Tomás).
Partiendo de esta premisa, Tomás (ya cuerdo) y Asel debaten si merece la pena luchar por la libertad, arriesgarse a
intentar la fuga, siguiendo un plan laborioso y con pocas posibilidades de éxito, diseñado por Asel. Este consiste en
excavar un túnel desde las celdas de castigo.
● Tomás, al principio, huye de la lucha. Primero porque se engañaba a sí mismo al negarse a admitir que vivía en una
cárcel. Ahora, ya consciente de la realidad, sigue mostrándose reacio al plan de Asel, porque ese túnel “no es libertad,
sino el infierno” (p.150). Pero, finalmente, los argumentos, y sobre todo, la muerte de Asel lo obligan a actuar, a
“excavar el túnel espantoso hacia la libertad” (p.171).
● Asel, en cambio, es partidario de luchar siempre. Convence a Tomás diciéndole: “No dejes de actuar. No podemos
despreciar las pequeñas libertades engañosas que anhelamos, aunque nos conduzcan a otra prisión” (p.155). Merece
la pena el sacrificio para “deambular sin trabas, beberme el sol, leer, disfrutar, engendrar un hijo” (p.155).
2. La crítica frente a la violencia se condensa en la intervención de Asel en la 2ª parte, cuadro 1, pág. 133: “Vivimos
en un mundo civilizado al que le sigue pareciendo el más embriagador deporte la viejísima práctica de las matanzas.
Te degüellan por combatir la injusticia establecida, por pertenecer a una raza detestada; acaban contigo por hambre
si eres prisionero de guerra, o te fusilan por supuestos intentos de sublevación, te condenan tribunales secretos por
el delito de resistir en tu propia nación invadida... Te ahorcan porque no sonríes a quien ordena sonrisas, o porque tu
Dios no es el suyo, o porque tu ateísmo no es el suyo... A lo largo del tiempo, ríos de sangre. Millones de hombres y
mujeres (...) Y niños... Los niños también pagan. Los hemos quemado ahogando sus lágrimas, sus horrorizadas llamadas
a sus madres durante cuarenta siglos. Ayer los devoraba el dios Moloch en el brasero de su vientre; hoy los corroe el
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napalm Y los supervivientes tampoco pueden felicitarse: niños cojos, mancos, ciegos... A eso les hemos destinado sus
padres. Porque todos somos sus padres... (Corto silencio).
Tomás y sus compañeros son víctimas de la violencia en sus distintas manifestaciones: la tortura, el hambre
y las matanzas.
• La tortura resulta insufrible para cualquiera. Para escaparse de ella solo existen dos vías: delatar a los
compañeros, como hizo Tomás, o suicidarse (la opción de Asel). Todos los presos saben lo irresistible que resulta
el dolor. Por eso perdonan al traidor, e incluso lo ayudan a recuperarse de su demencia, producto del trauma
causado por sus remordimientos. Por otra parte, el suicidio de Asel no se considera un acto de cobardía, sino
un sacrificio altruista.
• El hambre no solo ha causado la muerte por inanición de uno de los presos, sino que ha dado lugar a
situaciones indignas por parte de sus hambrientos compañeros: no dan parte de la muerte para apropiarse
durante unos días, del rancho del cadáver.
• Los crímenes. Prueba de que la violencia solo engendra violencia la tenemos en el asesinato de Max a manos
de su compañero Lino. Los propios presos, víctimas de la violencia, se convierten así en verdugos. A pesar de los
atenuantes (Max es el culpable de la muerte de Asel, pues había pasado información a los guardias), Tomás
condena el crimen de Lino: “ha sido una atrocidad inútil” p.170). “Si no acertamos a separar la violencia de la
crueldad seremos aplastados” (p.171)
3.La crítica frente a la pena de muerte. Las situaciones planteadas en La Fundación (la angustia de la espera, los planes
de fuga, los conflictos entre compañeros, ocultar la muerte de uno para apropiarse de su comida…) fueron vividas por
Buero Vallejo en primera persona, ya que estuvo condenado a muerte al terminar la Guerra Civil. Finalmente, tras
haberle conmutado la pena por cadena perpetua, fue excarcelado en 1946.
TEMAS DE INTERÉS ÉTICO, RELACIONADOS CON EL SENTIDO DE LA EXISTENCIA HUMANA. Los motivos que articulan
la obra son el contraste entre: locura /cordura; ficción / realidad; mentira / verdad (1ª parte / 2ª parte)
1. Contraste entre locura y cordura.- La locura de Tomás es muy parecida a la de don Quijote (también Tomás es el
protagonista de El licenciado Vidriera). Consiste en transformar la realidad que no le gusta para crear un mundo idílico.
Así:
● La cárcel se convierte en una fundación dedicada a la investigación.
● La celda inmunda, dotada únicamente de un retrete, se transforma en una confortable habitación, con vistas al
campo, electrodomésticos (nevera, televisión, teléfono), muebles de maderas nobles (estanterías, cinco sillones…) y
delicado menaje.
● A sus compañeros, los presos políticos, les cambia la profesión para adaptarlos a su papel de investigadores de la
Fundación: el ingeniero Asel pasa a ser médico, el tornero Lino a ingeniero, el contable Max a matemático. Únicamente
el protagonista y Tulio conservan sus verdaderas profesiones: escritor y fotógrafo, respectivamente.
● Los carceleros burlones actúan y visten en la mente de Tomás como complacientes camareros.
● Llega, incluso, a crear a una novia ideal. La Berta de Tomás es, como la Dulcinea de D. Quijote, un producto de la
imaginación del protagonista (por eso les corresponde a ambos el mismo número de identificación: el 72), aunque en
la vida real sí que existió Berta.
2.Contraste entre la ficción y la realidad.- El simbolismo, tanto de los hologramas, como de la Fundación o los ratones,
sugiere que la diferencia entre la realidad y ficción es más leve de lo que parece a simple vista.
Los hologramas son imágenes proyectadas en el aire. Tulio, el escéptico del grupo y experto en hologramas,
reconoce que los hologramas se confunden fácilmente con la realidad (él mismo llegó a perseguir un
holograma pensando que era su novia).
La Fundación representa a la sociedad actual, donde el ser humano vive tan engañado como Tomás en su
Fundación. Vivimos en un mundo engañoso que pretende ocultarnos la cara trágica de la vida: la muerte, el
hambre, las injusticias…Nuestra sociedad consumista es una cárcel con apariencia de mundo feliz.
El ratón de Berta, Tomás, representa al propio Tomás y al ser humano en general: un prisionero cuyo destino
es la muerte.
3. Contraste entre mentira y verdad.- Ante la locura de Tomás, Asel y Tulio mantienen posturas contrastadas.
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• Asel defiende la postura de seguirle la corriente al loco para no causarle más sufrimiento. Piensa que se irá
curando lentamente al mejorar su condición física (con la ración extra de comida) y al ir descubriendo, por sí
mismo, la verdad. Así pues, siguiendo las instrucciones de Asel, todos los presos mienten. Para no desengañar
al loco, fingen extender manteles, beber copas o contemplar cuadros inexistentes.
• Tulio, en cambio, es partidario de decir siempre la verdad, aunque esta resulte dolorosa. Acepta a
regañadientes el plan de Asel. Pero no le gusta actuar, por eso se muestra tan antipático con el protagonista en
los primeros diálogos.
2. TÉCNICAS Y RECURSOS DRAMÁTICOS
Como en toda la producción de Buero Vallejo, la obra cuenta con múltiples ACOTACIONES, largas y
pormenorizadas, que tienen gran relevancia, pues la presencia y posterior ausencia de elementos explican el paso
desde la supuesta fundación hasta la cárcel real y son fundamentales para entender el desarrollo de la obra. Es,
precisamente, a partir de la desaparición de elementos (vasos, botellas, camas…), o la aparición de otros (cabe
destacar que la luz, simbólicamente, se hace más fuerte a medida que se hace la luz en la mente de Tomás), cuando
Tomás cobra conciencia de su verdadero estado.
Las acotaciones más extensas se encuentran al inicio de cada una de las dos partes de La Fundación. La primera,
que abarca más de dos páginas, describe meticulosamente el escenario irreal de la Fundación. Mientras que las de la
segunda parte, especialmente en las del segundo cuadro, se describe nítidamente el escenario de la cárcel. Así pues
las acotaciones proporcionan información sobre:
• El espacio. La fundación de la 1ª parte se describe como una “vivienda funcional”, dominada por un ventanal
desde el que se contempla un “maravilloso paisaje”. A pesar de los electrodomésticos nevera, televisor, teléfono, una
gran lámpara), el mobiliario (estanterías “de finas maderas”, “cinco acogedores silloncitos” y la cama “de línea
moderna”),las figuras decorativas, los libros y el menaje exquisito (“finas cristalerías, vajillas, plateados cubiertos, finos
manteles”),se aprecian ya algunos elementos discordantes: la sensación de angostura, los muros grises, el suelo de
cemento, la taquilla de hierro de pobre aspecto, los seis talegos y los tres bultos recubiertos por arpilleras.
En la segunda parte (1ª acotación: p.99) desaparecen los elementos asociados al lujo y al confort (los silloncitos,
los muebles de finas maderas, el menaje, los electrodomésticos).En la acotación del segundo cuadro desaparece el
ventanal y todo el mobiliario. Solo se mantiene la cortina que oculta el retrete. Finalmente, en la de la p.142, se
describe la celda con toda su crudeza cuando se eleva la cortina para mostrar el rincón que permanecía oculto, “sucio
y costroso de humedad”, donde “no hay más que un retrete”.
• La pintura, que tiene como finalidad sugerir al espectador que algo raro está sucediendo, al producirse hechos
inexplicables, incongruentes (como el que Tomás lea Terborch en lugar de Vermeer, o que no encuentre su cajetilla
de tabaco), que van marcando el proceso de “recuperación”.
• La luz, irisada al principio y nítida, hasta llegar a resultar cruda, cuando se descubre la realidad de la cárcel.
• La descripción de los personajes y su vestimenta .Tomás es en la primera acotación “un mozo de unos veinticinco
años, de alegre semblante, que usa pantalón oscuro y camisa gris” (p.45). En cambio, en la acotación que inicia el
cuadro II de la segunda parte “Su pantalón gris es idéntico al de los otros; su blusa, por fuera” (p.136).
• Movimientos, gestos y tono de voz de los actores, en acotaciones, muy breves, intercaladas en medio de los
diálogos. Sirvan como ejemplos las del final de la obra (p.171): “(Irónico)”, “(Se acerca y le oprime el hombro)”, “(Baja
la voz)”, “(Levanta su rostro sonriente)”.
Además, tienen especial importancia algunos recursos como la MÚSICA, ya que la obra comienza y acaba con
Guillermo Tell de Rossini. Esta música, al comienzo, crea el ambiente adecuado para la presentación de una
alucinación; mientras que al final, un final abierto, abre el camino a la esperanza y a la aparición de nuevas situaciones
que afectan al espectador.
Pero si algo caracteriza esta obra, y, en general, la obra de Buero Vallejo, es el uso del llamado EFECTO
INMERSIÓN: el espectador es “engañado” por el autor que lo hace participar, en cierta medida, de los pensamientos
de uno de los personajes , ya que el público ve lo que ve, en este caso, Tomás, y solo descubre la realidad a medida
que este la descubre; el público, de la mano de Tomás, se traslada desde la apacible situación inicial de esta fundación
idílica, paso a paso, al mismo tiempo que el protagonista, hasta el desvelamiento final de la celda, de la que nunca se
ha salido. Tomás reina sobre el escenario y el público ve lo que él ve, razona al mismo tiempo y llega a la revelación
final simultáneamente. El personaje se ve involucrado en la obra abruptamente con ese comienzo “in medias res”,
cuando ya ha sucedido el grueso de acontecimientos y se sitúa casi al final del periplo carcelario. La historia se revela
lentamente y se complica rápidamente al final y solo al final del cuadro primero de la segunda parte el escenario se
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presenta como lo que de veras es: la celda de una cárcel, y a partir de este momento el espectador descubre que su
percepción de lo que estaba ocurriendo en el escenario era tan falsa como la del protagonista. También el espectador
ha creído que era “real” algo ficticio.
Por otro lado, la obra no sigue la DIVISIÓN tradicional en tres actos que se corresponden con presentación- nudo-
desenlace, sino que se divide en dos partes, divididas a su vez en dos momentos y prescinde de la división en escenas.
El propio Buero ha definido la obra como “fábula en dos partes” y esta división se corresponde con la locura de Tomás
y su “curación”. Recordemos las palabras con que se cierra la primera parte: “ TOMAS.- ¿Dónde estamos, Asel? […]
ASEL.- Tú, Tomás lo sabes y lo recordarás”. Y, efectivamente, a lo largo de toda la segunda parte Tomás recordará el
motivo de su encarcelamiento y nos hará partícipes de sus recuerdos.
Quizás el motivo por el que se prescinde del primer acto y la acción se nos presenta “in medias res” sea el hecho
de que, si hubiese primer acto, en este se nos deberían presentar los personajes, y tendríamos que saber algo de su
situación y sus circunstancias, con lo que el factor sorpresa desaparecería y el efecto inmersión no tendría sentido. La
organización típica de la trama en exposición/nudo/desenlace queda pues sustituida por un avance gradual hacia la
consciencia anticipado por variados indicios como por ejemplo el olor que produce el muerto, la televisión y la radio
que no se encienden, el paisaje que va cambiando, dice Tomás: “Cuando han abierto la puerta... no se ha visto el
campo".
Tipográficamente la obra aparece organizada en dos partes, rotuladas 'Primera” y "Segunda" entre ambas han
transcurrido tres días. A su vez, cada una de ellas se divide en dos partes simplemente numeradas con romanos. La
función de estas subdivisiones es fundamentalmente escenográfica: en cada una de ellas se producen cambios en la
decoración en ese laborioso itinerario desde la fundación a la cárcel o desde la alucinación a la verdad en la mente de
Tomás.
Decíamos antes que la obra tiene un FINAL ABIERTO: no sabemos si los personajes que quedan vivos al final de la
obra (Tomás y Lino) son llamados a declarar, y de ahí a la celda de castigo, desde donde tienen una opción de escapar,
o si serán ajusticiados como Tulio. La obra también presenta una estructura circular dado que la música que suena al
principio es la misma que suena al final y el hecho de que reaparezca el “mayordomo” disponiendo las “suites” para
futuros “huéspedes” nos lleva de nuevo a la situación inicial. Con ello quizás el Buero más pesimista deje entrever que
tras una “fundación” siempre habrá otra, que siempre habrá alguien, o una Institución, en algún lugar, anulando
personalidades y coartando libertades.
Los PARLAMENTOS son, en general, rápidos y fluidos lo que proporciona ritmo a la obra. No obstante, hay algunas
intervenciones más largas y morosas, aquellas en las que el autor deja caer su opinión sobre algunas actitudes que
pueden suscitar polémica: la división entre verdugos y víctimas, las torturas, la libertad…
3. ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES
Una constante en el teatro de Buero es el enfrentamiento entre personajes activos y contemplativos.
Los primeros se caracterizan por su materialismo y su falta de escrúpulos para alcanzar una meta que puede ser el
ascenso social o simplemente la supervivencia.
Los contemplativos, por el contrario, se definen por el idealismo y la defensa de los principios éticos, pero carecen
de voluntad para imponerlos. Permanecen pasivos, aislados de la realidad.
Los personajes de La Fundación no encajan completamente en estos dos prototipos porque van evolucionando
(especialmente el protagonista). Aun así, haciendo muchas matizaciones podemos clasificarlos así:
TOMÁS es el personaje inicialmente contemplativo, es quien soporta todo el peso de la obra y gracias a él los lectores
o los espectadores conocen el significado pleno del drama. Tomás nunca abandona la escena. Cree residir en una
moderna fundación, becado junto a sus compañeros para desarrollar investigaciones varias (o, en su caso, escribir una
novela). Poco a poco, y nosotros con él, irá percibiendo la dolorosa realidad. Recupera el juicio por completo al final
de la obra (al igual que D. Quijote), convirtiéndose así en personaje activo.
Los cuatro acontecimientos clave en este proceso evolutivo serán:
a) Descubrir que el hombre que él creía enfermo era, en realidad, un cadáver (final de la 1ª parte). Es el primer indicio
de que no vive en un mundo feliz, sino que existen el hambre y las mentiras.
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b) Descubrir que a Tulio se lo llevan para ejecutarlo (inicio de la 2ª). Es el momento decisivo para la curación de Tomás:
por primera vez admite que vive en una cárcel y que él como todos sus compañeros están condenados a muerte. Va
recordando, con ayuda de Asel, las causas de su encarcelamiento y su locura.
c) El suicidio de Asel (final de la 2ª parte).Es el momento clave para la evolución del protagonista: el Tomás
contemplativo deja paso a un Tomás activo, dispuesto a luchar y a ejecutar los proyectos de fuga diseñados por su
amigo.
d) El asesinato del traidor Max a manos de su propio compañero Lino (casi al final de la obra).
A pesar de haberse convertido en un personaje activo (realista, dispuesto a actuar para conseguir una meta: la fuga),
Tomás sigue defendiendo los principios éticos característicos de los contemplativos: rechaza la violencia y condena el
crimen de Lino.
ASEL es uno de los personajes más complejos del teatro de Buero. Al igual que Tulio, ha superado, como
hombre de acción, los límites de los “activos” y, como los “contemplativos”, es capaz de soñar con un mundo mejor e
intentar transmitir sus deseos a los demás. Es quien impulsa la acción dramática: es él el que ha ideado la terapia para
que Tomás vuelva a la realidad, y es él quien ha preparado el proyecto de fuga. Al igual que los “contemplativos” se
rige por unos principios éticos basados en la comprensión, la generosidad y el rechazo de la violencia. Vemos cómo
los pone en práctica con el “traidor” Tomás. Aunque este sea el culpable de que estén todos en la cárcel, no sólo no
toma represalias contra él, sino que lo ayuda a recuperarse. Además, Asel confiesa en la segunda parte que él también
ha delatado a sus compañeros en el pasado y eso costó, al menos, una vida. Finalmente, la máxima tensión dramática
de la obra llega cuando Asel decide suicidarse para no hablar y hacer posible aún la fuga de sus compañeros, Tomás y
Lino.
La actitud final de Asel, al igual que la de Tulio, parecen contagiadas por la fantasía de Tomás, como si de un proceso
de “quijotización” se tratase. Asel afirma dos veces que el paisaje que veía Tomás es verdadero. El propósito de esto
es sugerirnos que debemos soñar con ese mundo idílico, que debemos luchar por esa aspiración a algo absoluto e
imposible, tal como han hecho siempre los “contemplativos” en las obras de Buero.
TULIO es, en un principio, colérico, caracterizado por su hosquedad e intransigencia. Pero todo queda
compensado por su personalidad soñadora. Tulio se nos presenta con una primera impresión engañosa, ya que al
principio se muestra reacio a seguirle la corriente a Tomás, pero acaba siendo el que en mayor grado se identifica con
él al final de la historia, por lo que, dada su humanidad, su ejecución resulta más dolorosa.
MAX está caracterizado por su bajeza moral ya que se entrega a fáciles compensaciones a cambio de una
traición.
LINO, apático en un principio, hombre de acción más tarde, es el que mata a Max, en un acto de violencia
gratuita censurado por el protagonista
BERTA es un personaje atípico, fruto de la imaginación de Tomás. El verdadero sentido de los diálogos de
Tomás y Berta no puede ser entendido por el público hasta el final de la obra. Se trata de un desdoblamiento de la
personalidad de éste, un reflejo subconsciente que experimenta los primeros atisbos de la realidad.
Cada uno a su manera, estos personajes representan formas de actuar ante situaciones límite: Asel la asume con
dignidad, tolerancia y comprensión; Tulio pasa de la intransigencia a la envidia que siente por Tomás que ha
conseguido evadirse de la amarga realidad que los circunda; Lino también es un soñador, inocente; evolucionará de
un papel de mero observador a la acción desesperada, y Max representa la solución fácil y rastrera: el que vende a sus
amigos a cambio de recompensas materiales.
Pero estas posturas se revelan insuficientes para escapar del poder que ejerce la fundación. El desenlace es trágico
para la mayoría de ellos, pero el final abierto hace que el espectador, absolutamente conmocionado y conmovido por
lo que está presenciando, desea que se resuelva positivamente para los supervivientes y que los lleven a la celda de
castigo.
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4. LUGAR, TIEMPO Y ACCIÓN
Por lo que respecta al espacio y tiempo en que se enmarca la acción, conscientemente Buero Vallejo evita situar su
acción en un país y en una época determinada (aunque el espectador puede ver reflejada la época franquista con toda
su crudeza, que Buero vivió en sus propias carnes con su paso por prisión y condenado, como sus personajes, a muerte
por el régimen franquista, pena que le fue conmutada y finalmente salió de prisión en 1946). Buero, evitando la
censura, plantea la acción en un “país desconocido”, pero al mismo tiempo consigue universalizar su objetivo: criticar
el poder de los gobiernos autoritarios, la represión, la bruteza policial, la censura, la incapacidad de reunirse o
sindicarse…dondequiera que estos hechos se produzcan. Con todo, podemos analizar separadamente estos dos
elementos.
Lugar:
La obra mantiene unidad de lugar, ya que toda la acción transcurre en un único espacio, aunque este varíe su
configuración a lo largo de la obra, al pasar de ser la habitación confortable de una fundación a la celda de una cárcel.
Podríamos decir que el escenario está situado en la mente de Tomás o al menos que lo vemos a través de sus ojos, y
es un elemento de importancia trascendental en el desarrollo de la historia, ya que el proceso mental que se produce
en el personaje al ir acercándose a la realidad se refleja en la transformación paulatina del escenario. Así, los sillones
se transformarán en petates, las librerías en paredes desnudas, etc.
El tiempo:
En la obra no hay indicaciones temporales muy precisas, pero los cuatro “cuadros” en que se divide
transcurren, sin saltos cronológicos internos, en pocos días. En la primera parte, el primer cuadro tiene lugar una
mañana poco antes de comer. El cuadro segundo transcurre esa misma tarde. En la segunda parte, el tercer cuadro se
desarrolla tres días después, cuando los presos acaban de cenar. En el último cuadro han pasado pocos días, quizá uno
sólo. Toda la obra comprende, pues, cuatro días o poco más, tiempo mínimo imprescindible para poder explicar el
proceso mental que experimenta Tomás.
Este es el tiempo de la acción dramática, pero la historia abarca un tiempo más amplio. A medida que los
diferentes elementos del escenario van recuperando su condición carcelaria, es decir, a medida que el protagonista
va aproximándose a la realidad, se suministran al espectador los datos referentes al tiempo pasado y que explican la
situación presente: la delación de Tomás, la condena a muerte, etc.
La acción:
La historia es suministrada al espectador con la misma lentitud con que la conoce el protagonista, a medida
que éste va pasando de la ficción a la realidad, y se complica rápidamente al final al desvelarse los proyectos de fuga
y la nueva existencia de un delator que se resuelve fatalmente. Veámoslo con más calma.
En general la acción no incluye muchas peripecias, al menos hasta el final, ya que se trata principalmente de
un drama de situación.
Durante toda la primera parte y casi todo el primer cuadro de la segunda, la acción se centra en el progresivo
desmoronamiento del mundo inventado por Tomás y su sustitución por el real. Los únicos instantes de tensión son el
descubrimiento del cadáver por los carceleros y la salida de Tulio para su ejecución.
Hay otro nudo de acción al que apenas se alude en toda la primera parte, y que toma fuerza en la segunda: el
proyecto de evasión a través de un túnel. Así, en la segunda parte el centro de atención se desdobla y la tensión
dramática se concentra en el último cuadro.
Estos dos ejes de acción se entrecruzan y se yuxtaponen, y es Asel el desencadenante de ambas. Así, por
ejemplo, la ocultación de la muerte del Hombre es planeada por Asel con una doble intención: por una parte, se puede
aumentar la dieta de Tomás, lo que influye mucho en su recuperación; y, por otra, se espera que como consecuencia
de este hecho sean llevados a celdas de castigo desde donde puedan intentar la huida.