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LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS - Joaquín Bochaca

Desde hace treinta y siete años, vivimos en plena falsificación histórica. Una falsificación muy hábil: para empezar, arrastra a las imaginaciones populacheras; luego se apoya sobre la conspiración de esas mismas imaginaciones. Se empezó por decir: he aquí cuan bárbaros eran los vencidos de la última guerra mundial que, además, se desató por su culpa exclusiva. Luego se añadió: acordaos de cuánto habéis sufrido, los que padecisteis su ocupación, y de cuanto pudierais haber sufrido, los que no fuisteis invadidos por haber preservado vuestra neutralidad los nobles Aliados. Se inventó, incluso, una filosofía de esa falsificación. Consiste en explicarnos que lo que unos y otros eran realmente no tiene ninguna importancia; que sólo cuenta la imagen que se había creado, y que esta transposición es la única realidad. Un par de centenares de vividores de la prensa, la radio y la televisión, creadores a tanto alzado de la llamada Opinión Pública Mundial quedaban, de esta guisa, promocionados a la existencia metafísica.
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LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS - Joaquín Bochaca

Desde hace treinta y siete años, vivimos en plena falsificación histórica. Una falsificación muy hábil: para empezar, arrastra a las imaginaciones populacheras; luego se apoya sobre la conspiración de esas mismas imaginaciones. Se empezó por decir: he aquí cuan bárbaros eran los vencidos de la última guerra mundial que, además, se desató por su culpa exclusiva. Luego se añadió: acordaos de cuánto habéis sufrido, los que padecisteis su ocupación, y de cuanto pudierais haber sufrido, los que no fuisteis invadidos por haber preservado vuestra neutralidad los nobles Aliados. Se inventó, incluso, una filosofía de esa falsificación. Consiste en explicarnos que lo que unos y otros eran realmente no tiene ninguna importancia; que sólo cuenta la imagen que se había creado, y que esta transposición es la única realidad. Un par de centenares de vividores de la prensa, la radio y la televisión, creadores a tanto alzado de la llamada Opinión Pública Mundial quedaban, de esta guisa, promocionados a la existencia metafísica.
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LOS CRMENES DE LOS "BUENOS"

Joaqun Bochaca

(c) Editorial Bau, Barcelona

texto originalmente publicado por AAARGH (en version .pdf)

adaptacin internet:

Colectivo Tropical de Revisionismo CTR 2005 direccin de esta pagina: http://www.revisionismo.net/es/lnk/bochcb.htm libro completo (580 kb) : http://www.revisionismo.net/es/lnk/bochcb.zip ltima actualizacin : Wed, 17 Aug 2005 16:09:12 GMT

PRIMERA PARTE
NDICE PROLOGO PARTE I

SEGUNDA PARTE

TERCERA PARTE

LA RESPONSABILIDAD DE ALEMANIA EN EL DESENCADENAMIENTO DE LA GUERRA JUDASMO Y III REICH OFENSIVA DIPLOMTICA DEL SIONISMO CONTRA ALEMANIA INTENSIFICACIN DE LA OFENSIVA SIONISTA Y PRESIN SOBRE VARIOS GOBIERNOS LA POLTICA EXTERIOR DE HITLER EL PACTO FRANCO-SOVITICO LAS DEMOCRACIAS ECHAN A MUSSOLINI EN BRAZOS DE HITLER REMILITARIZACION DE RENANIA 1937: AO DE TRANSICIN EL "ANSCHLUSS" DEL DISCURSO DE LA CUARENTENA A LA CONFERENCIA DE EVIAN RADICALIZACIN DE POSICIONES EN 1938 CHECOESLOVAQUIA: ROMPEACABEZAS GEOPOLITICO EL PACTO DE MUNICH EL FIN DE CHECOESLOVAQUIA Y EL SALTO A PRAGA LA "KRISTALLNACHT" EL CLAN BELICISTA EL GIRO COPERNICANO DE LA CITY Y LA "DRANG NACH OSTEN" MANIPULACIN DE PATRIOTISMO POLACO EL CHEQUE EN BLANCO PO XII, EL PPA DE LA PAZ CUATRO MILLONES Y MEDIO DE REHENES UNA CARRERA CUYA META ES MOSC

LA CUENTA ATRS POLONIA, POLONIA ...!!! COMO SE DECLARA UNA GUERRA DEMOCRTICAMENTE PORQUE ? LA GUERRA IDIOTA LA GUERRA CONTRA LOS NEUTRALES ATAQUE ALEMN A RUSIA ELIMINACIN DEL CONCEPTO DE NEUTRALIDAD LAS MANIOBRAS DE ROOSEVELT LA CARTA DEL ATLNTICO LA ENCERRONA DE PEARL HARBOUR LA GUERRA MUNDIAL PARTE II LOS CRMENES DE GUERRA EL CALVARIO DE LOS CIVILES ALEMANES EN POLONIA EL ATAQUE A LA ESTACIN DE GLEIWITZ MANDEL, ASESINO DE PRISIONEROS VARSOVIA Y ROTTERDAM. O LA GUERRA DE FRANCO-TIRADORES LA GUERRA DEL HAMBRE CRMENES NAVALES LOS ALIADOS Y LAS LEYES DE LA GUERRA EL TERRRORISMO AEREO LA GUERRA DE PARTISANOS

MATANZAS DE PRISONEROS MATANZAS DE CIVILES PARTE III LOS CRMENES CONTRA LA HUMANIDAD EL SAQUEO DE ALEMANIA LOS CONSEJOS DE LA VENGANZA DOS ACTITUDES SEVICIAS CONTRA LA POBLACIN CIVIL DEPORTACIONES MASIVAS DE ALEMANES EN EL ESTE DE EUROPA LA " REEDUCACIN " DE ALEMANIA EL CASO WIESENTHAL TRAFICO DE ESCLAVOS EN EL SIGLO XX PATTON Y MORGAN LOS "AUSLANDSDEUTSCHE" LOS EXPOLIOS TERRITORIALES EL EXTRAO CASO DE AUSTRIA LA OPERACIN "KEELHAUL " LA LIBERACIN DE EUROPA EL CASO DE ITALIA LAS PARADOJAS INGLESAS RESUMEN NUMRICO DE LOS CRMENES DE LOS BUENOS LOS BUENOS Y LOS INTELECTUALES FINIS CORONAT OPUS

EPILOGO: LOS ZNGANOS BIBLIOGRAFA NDICE

3 PROLOGO Desde hace treinta y siete aos, vivimos en plena falsificacin histrica. Una falsificacin muy hbil: para empezar, arrastra a las imaginaciones populacheras; luego se apoya sobre la conspiracin de esas mismas imaginaciones. Se empez por decir: he aqu cuan brbaros eran los vencidos de la ltima guerra mundial que, adems, se desat por su culpa exclusiva. Luego se aadi: acordaos de cunto habis sufrido, los que padecisteis su ocupacin, y de cuanto pudierais haber sufrido, los que no fuisteis invadidos por haber preservado vuestra neutralidad los nobles Aliados. Se invent, incluso, una filosofa de esa falsificacin. Consiste en explicarnos que lo que unos y otros eran realmente no tiene ninguna importancia; que slo cuenta la imagen que se haba creado, y que esta transposicin es la nica realidad. Un par de centenares de vividores de la prensa, la radio y la televisin, creadores a tanto alzado de la llamada Opinin Pblica Mundial quedaban, de esta guisa, promocionados a la existencia metafsica. Pero yo creo, tozudamente, estpidamente, en la Verdad. Quiero creer en la Verdad. Me empeo en creer que acaba por triunfar de todo, incluso de la imagen que se ha creado industrialmente. Y que triunfara cuando llegue el Nuevo Amanecer, que probablemente no veremos, ni esta generacin ni la prxima, ante el maniquesmo imperante en nuestra poca, con unos ngeles de la Virtud y unos rprobos derrotados por aquellos. El proceso que se abri, y que an contina abierto, contra Alemania, o, ms exactamente, contra el nacional-socialismo y las doctrinas ms o menos afines que intentaban derrocar el ideado poltico del siglo XIX -- el siglo de Marx y Stuart Mill -- tiene una base slida; mucho ms slida de lo que generalmente se cree. Pero no es la que se proclama oficialmente urbi et orbi. Y las cosas, en verdad, son mucho ms dramticas de lo que se dice; el fundamento, el mvil de la acusacin es mucho ms tenebroso e inconfesable para los vencedores. Los tribunales de los procesos de Nremberg y de los centenares de procesos contra los vencidos afirmaron -- y afirman, pues la farsa pseudo-Jurdica contina hoy, treinta y siete aos despus del final de la contienda -- que se haban erigido en Jueces porque ellos representaban a la Civilizacin y al Derecho. Esta es la explicacin oficial, el sofisma oficial, pues consiste en adoptar, como base axiomtica, lo que se halla, precisamente, en discusin. Los vencedores desplazaron a sus ms doctos Juristas, heraldos de su propaganda, para sostener, impvidos, este razonamiento de criaturas:

"Durante seis aos de guerra ideolgica y otros seis de guerra real, nuestra radio y nuestros peridicos han repetido que sois unos brbaros; habis sido vencidos, luego sois unos brbaros". Pues es evidente que los Jueces de Nremberg y sus sucesores no han dicho, no dicen otra cosa cuando se presentan como abanderados de la indignacin unnime del mundo civilizado, indignacin que su propia propaganda ha provocado, dirigido, sostenido y atizado y que, desde 1945 hasta hoy ha sido -- con la intensidad requerida por los diferentes casos -- provocada, sostenida, dirigida y atizada, a voluntad, como una plaga de saltamontes, contra todo pas que no se plegaba a la nueva religin laica de la poca: la Democracia, ya liberal, ya "popular". Pero no nos engaemos. Esta indignacin prefabricada ha sido, y es an, el principal fundamento de la acusacin permanente contra los vencidos. Es la indignacin del mundo civilizado la que impone el proceso continuo, martilleando retinas y cerebros masificados a travs de prensa, radio y televisin a beneficio de las nuevas generaciones. Es esa indignacin, finalmente, la que crea la verdad de los que gustan de autodenominarse demcratas, quien canaliza la persecucin judicial de los supervivientes y los sucesores nostlgicos de los vencidos, y es ella, para resumir, quien lo es todo: los jueces de Nremberg no son ms que los escribas de esta unanimidad. Se 4 nos coloca, a la fuerza, unas antiparras verdes y se nos invita, a continuacin, a declarar que las cosas son verdes, del color de la esperanza. He aqu la realidad; he aqu, tambin, el programa de nuestro futuro. Pero la verdad sin adjetivos es otra. Los verdaderos fundamentos del Proceso de Nremberg y de los miles de procesos que a su imagen y semejanza se repiten desde entonces, son otros. Por una parte, es el miedo de los vencedores polticos -- es decir, los vencedores autnticos -- de la ltima guerra. Por otra, el miedo de los vencidos polticos, antiguos aliados de aquellos. Miedo de los vencedores polticos, de los vencedores reales, es decir, de la Rusia Sovitica y del Comunismo que ella encarna, que todava recuerda cmo un adversario que deba atender mltiples frentes a la vez, le puso al borde de la derrota y le inflingi tremendos golpes pese a una apabullante inferioridad numrica y material; un adversario cuyo renacer hay que impedir por todos los medios, pues sera el ncleo del nico adversario que podra con l... ncleo de una Europa autntica, que nada tiene que ver con los tenderos del Mercado Comn. Y para ello hay que desacreditarlo a los ojos de esta generacin y de las que vendrn. Miedo, tambin, de los vencidos polticos; de las democracias occidentales europeas, lderes mundiales hace cuarenta aos y segundones vergonzantes hogao, y tambin de la "Gran Democracia" americana, receptora de ms bofetadas diplomticas, polticas y militares -- Viet Nam -- que un payaso de feria. Es el miedo patolgico de los viejos, el pnico senil; es el espectculo de las ruinas, el pnico de los vencedores militares, de los cuarenta aviones contra uno, de los tres mil barcos contra quince submarinos, de las cuarenta naciones contra una, a la que han ido abandonando, uno tras otro, sus dbiles aliados. Es el contemplar Hamburgo, Dresde, Colonia, Stuttgart. Es preciso que los vencidos sean unos malvados. Es indispensable que lo sean pues, si no lo fueran, si no

fueran unos monstruos, cmo justificar las ciudades arrasadas, las zonas residenciales incendiadas? cmo justificar las bombas de fsforo ante las tropas de ocupacin, ante los soldados del contingente de movilizados conscriptos, ante esos electores que un da volvern a sus hogares y hablarn con sus familiares, electores tambin? El horror de los vencedores militares, el inters de los vencedores polticos, la venganza vesnica de los pastores espirituales del Sionismo: he aqu los motivos verdaderos de la tramoya que a escala mundial se ha levantado y se sostiene con diablica perseverancia. Este horror, este inters y esta venganza imponan transformar los bombardeos de fsforo contra ancianos, mujeres y nios en una Cruzada. As se invent, a posteriori, un derecho a la matanza, ms an, un deber a la matanza en nombre del respeto a la Humanidad, y una Ley de Lynch en nombre del respeto a la Justicia. Los que mataron, se nombraron a s mismos, policas, fiscales, jueces y verdugos a la vez. Esta es la realidad. Esta es la nica realidad. No hay otra, para el hombre masificado, sometido a un permanente lavado de cerebro por los llamados mass-media. Y, no obstante, debe haber otra realidad. Hay otra realidad. Y es que frente a los crmenes, reales o inventados, exagerados en progresin geomtrica las ms de las veces, de los vencidos, algo se echa en falta. Incluso para el espritu ms mediocre parece evidente que algo ms debe haber; que ante los demonios del Nazismo hubo, no ngeles, sino seres humanos, muy humanos, demasiado humanos, que cometieron torpezas y crmenes. Hemos resuelto narrar estos crmenes, o, por lo menos, los que nos han parecido ms relevantes. Pero no hemos querido limitarnos a una relacin cronolgica de abusos militares o civiles propiciados por los polticos del bando Aliado, en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Nuestra relacin abarca los crmenes cometidos por los "buenos" en el perodo histrico comprendido entre 1933 y 1982, es decir, en casi medio siglo de "fascismo" o lo que los mass media denominan tal. Los "buenos" son, evidentemente, los que como tal son presentados en este lapso de tiempo por prensa, radio y televisin. Son los "demcratas" -tanto los del Este como los del Oeste -- entre 1933 y 1945; son los "anticolonialistas", integrantes de los llamados "movimientos de liberacin nacional" en las antiguas colonias de los "buenos" precedentes, desde 1945 hasta hoy. Naturalmente, muchos de los "buenos" de antao -- de hecho, y prcticamente, todos los pases europeos y Amrica -- han perdido ya tal categora en beneficio de lo que, genricamente, se denomina "la izquierda". El "Viento de la Historia", en expresin del General De Gaulle, sopla, aceleradamente, en direccin a la izquierda, y as el General Patton, que era de los "buenos" en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, se volvi "malo" al poco tiempo, como se volveran igualmente "malos" el General Wedemeyer, el General Clark, el General Mac Arthur, el Senador McCarthy, el General-Presidente Chiang-Kai-Chek, el General De Gaulle, el Presidente Nixon y un largusimo et ctera. Los crmenes de los "malos" ya han sido exhaustivamente relatados, fotografiados, disecados, expuestos, retocados, exhibidos y, sobre todo, exagerados, cuando no puramente inventados. Consideramos, pues, de todo punto suprfluo, epilogar nuevamente sobre ellos. En

5 otro lugar nos hemos ocupado de algunos aspectos del tema [1]. En las pginas que siguen, y dentro de la tnica general de nuestra poca, de "desmitificacin" de los dolos, con el objeto suplementario de contribuir a desarrollar la virtud de la modestia entre los vencedores, presentamos, basndonos no en testimonios emanados de los miserables vencidos, sino de los virtuosos vencedores, los crmenes de los "buenos". De los consagrados por la Opinin Pblica -- es decir, por un par de centenares de escribas mercenarios -- como portadores de la espada flamgera de la Acusacin en nombre de la Humanidad. Hay un aforismo jurdico que afirma que "a confesin de parte, exclucin de prueba". Lo que sigue no es, pues, un alegato fiscal, sino una sentencia de la Justicia inmanente, pues de ninguno de los testimonios que citamos puede decirse que fue forzado o coaccionado. Esa sentencia, empero, no puede dirigirse contra los soldados que noblemente lucharon por una causa que creyeron justa ni contra las poblacin civiles que, desde la retaguardia y en medio de penalidades y sufrimientos inherentes a toda contienda, les respaldaron con su aliento. Se dirige contra los fautores y beneficiarios de la II Guerra Mundial, que si oficialmente empez en septiembre de 1939, realmente se inici en 1933 y todava contina, hoy en da, en plena paz... relativa, pues desde el 9 de Mayo de 1945, fecha oficial de la capitulacin del III Reich, el incendio blico no se ha apagado totalmente, surgiendo en cualquier punto del Planeta tan pronto como se apagaba en otro punto el incendio precedente. Esos fautores y provocadores de guerra son los autnticos culpables de los crmenes cometidos por sus ocasionales aliados, manipulados a su pesar y en contra de sus autnticos intereses. Y muchas veces, all donde el estallido de las bombas ahogaba el bisbiseo enervante y azuzador del Gran Parsito, se llevaron a cabo acciones de noble generosidad, de uno y otro lado; acciones que los desgraciados polticos occidentales alentaron cuando les fue posible por no cuadrar en el esquema que su propaganda maniquea haba trazado. La lucha en el desierto de frica del Norte, por ejemplo, fue, hasta la llegada de Montgomery, una "guerra entre caballeros". A las tropas italianas del Duque de Aosta, que, cercadas en Etiopa, debieron rendirse, les rindieron honores militares las tropas rhodesianas del Ejrcito Britnico que las haban vencido. Para citar acciones parejas en la lucha fraticida y estpida entre europeos hay lo que los franceses llaman "Lembarras du choix". Ah est el caso del as de la Aviacin Britnica, Bader, que, al ser derribado su avin sobre el suelo alemn, se lanz en paracadas, enganchndosele una de las piernas ortopdicas en el aparato. Los alemanes se lo comunicaron por radio a los ingleses, los cuales enviaron un avin que lanz, en paracadas, una pierna ortopdica de repuesto para Bader. El avin ingls fue escoltado, durante todo el vuelo, por dos "cazas" de la Luftwaffe. Las tropas de la Segunda Divisin de Paracaidistas, al mando del General Hermn B. Ramcke, resistieron cercadas, en Brest hasta finales de septiembre de 1944.B General Troy H. Middleton que mandaba las tropas norteamericanas sitiadoras le conmin a rendirse: "Con sus oficiales y soldados, que por usted lucharon valientemente, pero que ahora son prisioneros, hemos hablado sobre la dotacin de Brest... Usted ha cumplido plenamente con su deber para con su patria. Por lo expuesto, requerimos de usted, de soldado a soldado, poner fin a esta lucha desigual. Esperamos que usted, que ha servido con honor y que aqu ha cumplido con su deber, dar a esta propuesta su mejor atencin". Ramcke fue explcito

en su respuesta: "Rechazo su propuesta". Middleton una vez vencido le rindi honores militares y le permiti despedirse de sus tropas que respondieron al "Sieg Heil" de su General, con prolongados "Heil". El ms famoso de los generales alemanes de las fuerzas paracaidistas, el General Student fue juzgado ante un tribunal britnico por su ocupacin de Creta. El Fiscal peda la pena de muerte en la horca, pero inesperadamente se present en la sala el general neozelands Inglis, Jefe de las fuerzas britnicas en Creta, quien ante la sorpresa del tribunal declar que si Student era juzgado tambin tendra que serlo l. La lucha -- dijo -- haba sido muy dura pero ambos bandos haban combatido con lealtad. Student fue condenado a 5 aos de crcel. En Arnhem (Holanda), el General de la SS Bittrich concedi una tregua a los ingleses cercados para permitir a los camilleros de la Cruz Roja Britnica que evacuaran a 2.200 heridos que pudieron, as, salvar sus vidas. En Cherburgo, las tropas alemanas, cercadas, resistieron, al igual que en Brest, hasta el final de la guerra. En vista de la catica situacin de la plaza, el mando alemn pidi permiso a Berln para capitular. Como Cherburgo era un puerto importante que interesaba no cayera en manos de los Aliados, el permiso fue denegado. En tales circunstancias, y ante la ausencia absoluta de medicamentos para atender a los miles de heridos y enfermos que se encontraban en la plaza, un capitn ingls que estaba en Cherburgo, prisionero de los alemanes, se ofreci para atravesar la lnea de frente y regresar a Cherburgo 6 con un cargamento de medicinas. As se hizo. Jugndose la vida, el oficial britnico lleg a las lneas aliadas y cumpli su misin; trajo las medicinas y se constituy, nuevamente, prisionero. El espritu de la Cultura Occidental, con sus valores de generosidad, caballerosidad e hidalgua se puso de manifiesto a menudo en la contienda. Somos conscientes de ello, y nos interesa ponerlo de manifiesto para que quede bien claro que las pginas que siguen no constituyen en Acta de Acusacin contra ninguno de los nobles pueblos que intervinieron, a su pesar, en ella, sino contra el Gran Parsito que les manipul, en su provecho y que utiliz, a tal fin, al desecho biolgico de sus pueblos-husped. El Tribunal Militar Internacional de Nremberg, que juzg a los "Malos", tipific tres clases de delitos mayores, a saber: - Los crmenes contra la Paz. - Los crmenes de Guerra. - Los crmenes contra la Humanidad, y otras tres clases de delitos (relativamente) menores, a saber:

- El complot nazi. - La pertenencia a las SS. - El delito de opinin. Naturalmente, los "buenos" no cometieron esos delitos menores. Pero lo compensaron largamente con una comisin impresionante, a nivel industrial, de delitos mayores. Vamos a empezar por la responsabilidad en el desencadenamiento de la guerra que debe ser, segn Perogrullo, -- personaje que goz de gran fama en pocas menos moralizantes y cultas que la actual -- el mayor crimen que se puede cometer contra la paz. 7 Primera Parte 8 LA RESPONSABILIDAD DE ALEMANIA EN EL DESENCADENAMIENTO DE LA GUERRA "La guerra es la continuacin de la poltica, con otros medios". Clausewitz Con no poca razn el llamado hombre de la calle comulga con la creencia de que el principal "crimen de guerra" es el desencadenamiento de la guerra misma. Es evidente que los denominados "crmenes de guerra" no se hubieran producido si sta no hubiera estallado. La responsabilidad de una guerra, incumbe, en primer lugar, a los que la provocan. El hecho material de la declaracin de hostilidades es, as, secundario. Que quien declara una guerra puede ser "culpable" de la misma, o, simplemente, haber cado en una celada o en una provocacin del adversario es evidente. Pero no parece menos evidente que quien declara, formalmente, una guerra, por fuerza tiene un grado -- mayor o menor -- de responsabilidad en su desencadenamiento. Utilizamos, ex-profeso, el lenguaje teolgico de la poltica-ficcin de nuestra poca, cultivadora del gnero moralizante ad nauseam, que necesita coartadas morales para justificar ante sus sbditos -- y nunca mejor empleada esa palabra -- la progresiva invasin de las competencias particulares. As, mientras se perora interminablemente sobre la Justicia, la humanidad y la tolerancia, los, medios de destruccin, de opresin y de tortura, tanto de individuos como de pueblos y etnias llegan a un grado de perfeccionamiento jams alcanzado ni imaginado. Y utilizamos el mismo lenguaje, con fines puramente polmicos, para situarnos en el mismo terreno en que se colocan los fautores de la Opinin Pblica, escritorzuelos a tanto alzado que siguen, lo sepan o no, lo quieran o no, un programa que les ha sido trazado por quienes les pagan y, por consiguiente, les mandan. Si Clausewitz no erraba al afirmar que la guerra es la continuacin de la poltica con otros medios, es evidente que ms que hablar de la responsabilidad formal en el

desencadenamiento de la guerra, habra que hacerlo refirindose a la puesta en marcha de una poltica belicista cuyo corolario final fue el estallido formal de hostilidades, en Septiembre de 1939. JUDAISMO Y III REICH Es innegable que el enemigo nmero 1 del Judasmo Internacional era, a principios de los aos treinta, Adolfo Hitler. El, y su Partido Nacionalsocialista Obrero Alemn imputaban a los judos alemanes la derrota de 1918 y hacan del antisemitismo poltico y racial uno de los "leitmotiv" de su programa. As, es de suponer el suspiro que debi exhalarse en las sinagogas de todo el mundo -- y no solamente de Alemania -- cuando el 8 de Noviembre de 1932 pudo leerse en Le Populaire, rgano oficial del Partido Socialista francs, esta frase de Len Blum: "Ahora ya se puede decir que Hitler est excluido del poder. Hasta me atrevera a decir que est excluido de la esperanza de llegar al poder". Las antiparras del millonario socialista tenan los cristales empaados. Tres meses escasos despus de la publicacin del artculo en cuestin, Hitler tomaba el poder. Y lo tomaba merced a una victoria electoral, de cuya pureza democrtica nadie discuti. El 30 de Enero, Hitler era nombrado Canciller del Reich. El 7 de Abril se promulgaba la ley que introduca en el estatuto de 9 los funcionarios la llamada "clusula aria", por la cual se denegaba a los ciudadanos israelitas la calidad de "ciudadanos alemanes", quedando sometidos al rgimen de extranjera, quedando, por tal motivo, excluidos de las funciones pblicas. El 25 de Abril se introduca el "numerus clausus" en las escuelas de enseanza secundaria y en la Universidad. Unos das ms tarde aparecan las prohibiciones a los judos alemanes de dedicarse a determinadas profesiones, tales como abogados, periodistas, empleados de banca, y militares. Por otra parte, quedaban excluidos del Servicio Militar. Los judos prominentes -- no todos ellos, pero s la mayora -- emprenden el camino del destierro. En Londres, en Nueva York y en Pars encuentran a compatriotas -- o, si se prefiere, corraciales -- aterrados. Alemania haba sido, hasta entonces, junto con Inglaterra y los Estados Unidos, una de las "tierras de Canaan" preferidas por los judos. No solamente constituan all una colonia numerosa, sino que, adems, eran prcticamente omnipotentes. Sus capitanes de industria llevaban el timn de la industria -- relativamente - y del comercio y la finanza -- absolutamente -- mientras sus profetas fabricaban la opinin de las masas obreras. Alemania era el pas de Rothschild y del Sindicato RhenanoWestfaliano, uno de los principales financiadores de la Revolucin Rusa, era el pas de Marx, de Engels y de Lasalle. Albert Ballin haba sido el amigo y consejero de Guillermo II, aunque al final, segn la opinin de Hindenburg, le traicionara. Rathenau, el magnate de las industrias elctricas, haba llegado a presidir el destino de una Alemania vencida. Y an haba hecho ms. Haba contribuido poderosamente a la consolidacin del rgimen sovitico en Rusia con la firma del Tratado de Rapallo, verdadera traicin a los intereses,

no slo de Alemania, sino de todo el Occidente. Y he aqu que ese pas que se consideraba conquistado por Israel, he aqu que esa fortaleza de Jud, era el teatro de una serie de medidas discriminatorias contra los ciudadanos alemanes de origen racial judo. Evidentemente, para juzgar los hechos hace falta una perspectiva histrica. No es vlido valorar una situacin determinada, acaecida en un determinado pas hace cuarenta y cinco aos, basndonos en los criterios que los mass media han impuesto como "naturales" hogao. Las medidas tomadas por Hitler y su rgimen contra los Judos alemanes podrn ser todo lo aberrantes que quiera. Pero lo que no admite discusin alguna es que, entonces, numerosos pases tomaban medidas similares -- o, en algunos casos, peores -- contra determinados ciudadanos suyos por los motivos ms dispares. As, resulta que en la democrtica Inglaterra, un Rey -- Eduardo VIII -- deba dimitir por pretender casarse con una divorciada. Pero si hubiera sido catlico no hubiera sido, siquiera, coronado monarca. Y no slo discriminaba contra divorciados y catlicos la Corona inglesa; no slo se impeda y se pona trabas al libre ejercicio del derecho al voto -como se sigue haciendo hoy da -- a los cafenas del Ulster. En todo el Imperio Britnico se ejercan discriminaciones contra millones de sbditos. As, por ejemplo, en el Dominio de Sudfrica, los matrimonios entre miembros de las distintas comunidades blanca, negra e india estaban prohibidos. En la Colonia del frica del Sudoeste, una ley del 18 de Julio de 1934, y que continu en vigor durante casi treinta anos, es decir, hasta mucho despus de la muerte de Hitler, consideraba delito, no ya el matrimonio, sino las relaciones extraconyugales entre blancos y negros, imponindoles una pena de cinco aos de crcel o la expulsin del pas. En el Dominio de la India, exista -- y, hasta cierto grado contina existiendo hoy da -- una complicada organizacin de castas; los parias, por ejemplo, tenan escasamente ms derechos que un animal y hasta les estaba vedado cambiar de residencia sin permiso de sus amos. La situacin de estos desgraciados, diez veces ms numerosos que los Judos en Alemania, era infinitamente peor; al fin y al cabo, a parte de estarle vedado el acceso a determinadas profesiones por considerarles extranjeros, los Judos gozaban de los dems derechos, incluidos el de libre desplazamiento. De hecho, lo que deseaban las autoridades alemanas era que migraran fuera del pas. En todas las Colonias de Su Majestad estaba prohibido, por prctica y por ley, el acceso de los nativos a cargos polticos de algn relieve, y en el Dominio del Canad se descriminaba y se continuaba discriminando hasta hace pocos aos, contra la poblacin francfona, a pesar de constituir casi el 40 % de la poblacin. En los Estados Unidos de Amrica, otro bastin de la Democracia, a los indios aborgenes, supervivientes del mayor "genocidio" colectivo del que habla la Historia, se les aparcaba en "reservas", cobrndose una "entrada" a los que deseaban visitar aquel Zoolgico humano. En trece estados del Sur de la Unin estaba prohibido por la Ley el matrimonio entre blancos y negros, a los que incluso se obligaba a viajar en compartimentos reservados y a comer en restaurantes separados. Los negros no podan mandar a sus hijos a las Universidades de los blancos ni podan ser elegidos representantes del Pueblo. Adems, incluso les estaba prohibido, en nueve estados, el ejercicio del derecho al voto. Es ms, en plena "Guerra de la Democracia",

10 en Junio de 1944 estall una huelga en el Estado de Ohio porque una fbrica de aereoplanos de doce mil obreros admiti por primen vez, a siete negros. En los trece departamentos franceses de Argelia a los rabes aborgenes les estaba vetado el ejercicio del derecho de voto. No as a los "pied-noirs" blancos y a los judos. En el territorio metropolitano estaba en vigor la llamada "Ley Marchandeau" que prohiba todo ataque especifico contra los judos, de cualquier nacionalidad. Esa era una ley de privilegio, toda vez que la Ley francesa autorizaba cualquier ataque contra cualquier grupo racial, religioso, o nacional determinado. En la llamada -- sin sonrer -- "Democracia" Sovitica, la ley ejerca corta pisas discriminatorias contra ciudadanos en razn de su posicin social o religiosa. Para estudiar determinadas carreras en la Universidad era, -- y contina siendo -- preciso pertenecer al Partido Comunista. Esta medida ya discrimina contra casi el noventa y cinco por ciento de los ciudadanos soviticos. Por otra parte, y sancionadas o no por la Ley, existan numerosas prcticas corrientes en la vida poltica de aqulla singular democracia, no siendo la menor la llamada "Ingeniera Social" consistente en la mutacin forzosa de poblaciones, tal como se hizo con dos millones de ucranianos en 1938 y con medio milln de alemanes del Volga, llevados en condiciones infrahumanas a Siberia, donde desaparecieron sin dejar rastro. El cargo principal que hacan los alemanes a su comunidad juda consista en la actitud de los lderes espirituales de la misma, denigradores de todo lo alemn sin excepcin alguna conocida y partidarios de la intangibilidad de Tratado de Versalles. Se quejaban, tambin, los jerarcas nazis, del absolutamente desproporcionado predominio de los judos en la vida social y poltica de Alemania, de su control total de los partidos Marxistas y de su preponderancia en las estadsticas de delitos comunes y sociales. El rgimen nacionalsocialista, en fin, abogaba por un estado ario al frente de una nacin aria, entendiendo por "ario" blanco o "indoeuropeo", y no necesariamente nrdico germnico como ha pretendido ex post facto la propaganda aliadfila para indisponer a los alemanes junto con el resto de europeos. Un judo, era a todos los efectos, considerado, no-alemn, es decir, extranjero, y en todos los pases del mundo se establecen una serie de medidas restrictivas contra los extranjeros. No hay, pues, nada de extraordinario en las medidas excepcionales adoptadas por el Nacional-Socialismo contra los judos alemanes. Medidas, por otra parte, totalmente democrticas, toda vez que la mayora de alemanes que dieron sus votos a Hitler conocan perfectamente -- no podan ignorarlos -- los puntos programticos del joven Partido; concretamente los puntos 4, 5, 6, 8,18 y 23 aducan a la supresin de la influencia juda y de su participacin como co-nacionales en la vida estatal. No vamos a entrar, ahora, en la polmica de si las adjetivadas aprensiones de Hitler sobre los judos eran fundadas o no. En otra obra nos ocupamos de ello [2]. Ahora bien, lo que debe forzosamente llamar la atencin es la atona de los mass media de la poca ante discriminaciones flagrantes como las que mencionamos ms arriba; en vez de ocuparse de las discriminaciones raciales y religiosas existentes en el Imperio Britnico, los medios de comunicacin ingleses se preocupaban de la suerte de los Judos alemanes. Los peridicos y emisoras de radio

norteamericanas, francesas y rusas no decan nada -- entonces -- de nueve millones de negros, un milln de indios pieles rojas, siete millones de rabes argelinos y docenas de millones de rusos; lo nico que turbaba la buena digestin de sus banquetes democrticos era la situacin de medio milln de judos alemanes los cuales, si no estaban aparcados en reservas y tenan muchos ms derechos reconocidos que un paria, un negro y un sovitico, s podan emigrar a otros pases, vedado esto a decenas de millones de sbditos de pases democrticos, empezando por la democracia sovitica. Que un estado soberano dicte normas excepcionales contra una parte de sus habitantes podr ser -- o parecer -- moral o no. La cuestin no es esa. La cuestin estriba en la legalidad y la legitimidad de tales medidas, que slo discuti la Gran Prensa Mundial cuando el III Reich las aplic contra sus judos, guardando atronador silencio, de momento, sobre sus respectivos casos particulares, actualizando la bblica parbola de la paja y la viga. OFENSIVA DIPLOMTICA DEL SIONISMO CONTRA ALEMANIA El 3 de Abril de 1933, el Canciller del Reich reciba un telegrama concebido en los siguientes trminos: "Los representantes calificados de las organizaciones abajo firmantes declaran al Gobierno del Reich estn decididas a poner en marcha todas las medidas posibles de represalias econmicas y financieras, y especialmente a llevar a cabo y a generalizar el boycot 11 sistemtico de los productos alemanes, hasta que no se haya devuelto a los Judos de Alemania todas las facilidades, que les han sido arrebatadas, de existencia moral, y no hayan sido restituidos en la integridad de derechos de los dems ciudadanos alemanes." Firmaban el documento, la Liga Internacional contra el Antisemitismo; un titulado Comit de Defensa de los Judos Perseguidos en Alemania; el Comit Francs en Pro del Congreso Mundial Judo y la Asociacin de Antiguos Combatientes Voluntarios Judos. Una observacin: Dejando aparte la Liga Internacional contra el Antisemitismo que, aunque radicada legalmente en Pars puede invocar un carcter supranacional, y el Comit de Defensa de los Judos Perseguidos en Alemania, cuyos miembros eran, en su casi totalidad, de nacionalidad alemana de origen, las otras dos asociaciones eran, indudablemente francesas y, por consiguiente, sometidas a la legislacin francesa. Su telegrama, dirigido a un jefe de estado vecino, oficialmente amigo -- puesto que Francia mantena relaciones diplomticas normales con el III Reich -- y soberano, constitua una flagrante ingerencia en los asuntos internos del mismo. Imaginmonos la barahnda internacional que se hubiera armado entonces si el Canciller Hitler llega a mandar un telegrama al Presidente de la Repblica Francesa -- o si tal telegrama lo hubiera redactado el Jefe de las SA -- anunciando un boycot de los productos franceses en Europa Central por dar acogida en Francia a refugiados judos, enemigos polticos de Alemania. O, dando un salto en el espacio y en el tiempo, si la Reina de Inglaterra -- o el Lord Chambeln de la Orden del Bao -- le mandara un telegrama redactado en parecidos trminos a Brejnev en protesta por el tratamiento dado por los soviticos a la comunidad de musulmanes kirghizes en el Turkestan Ruso. Y otra observacin: esas cuatro organizaciones judas, con su actitud,

dan la razn, paradjicamente, al Canciller Hitler y al Profesor Herzl, quien afirmaba que un judo, independientemente de su lugar de nacimiento, era siempre judo; por encima de todo, judo. Esa solidaridad juda no tiene parangn en el mundo. Inglaterra ha tenido -- y tiene -- diferencias con los irlandeses, pero nunca la comunidad irlandesa de los Estados Unidos, numricamente tan importante como toda la Judera mundial, ha amenazado con boycots al Imperio Britnico, ni siquiera ha intervenido en un plan formal, limitando su accin a enviar medicamentos y alimentos, en contadas ocasiones. Los Estados Unidos han tenido problemas con las -- ms o menos -- "hispnicas" Cuba, Puerto Rico y Mxico, sin problemas con Espaa. Nunca una minora halgena, a lo largo y ancho de toda la historia del Mundo ha creado tantos problemas a los ms diversos pases con su sentido de la cohesin y la solidaridad racial que hace caso omiso de las fronteras y las nacionalidades oficiales. En Agosto de 1933, se reuna en Praga el Congreso de Organizaciones Sionistas Mundiales, que se irrogaba, con razn o sin ella, la representatividad de siete millones de judos esparcidos por todo el mundo, fieles todos ellos al ideario sionista. Este Congreso pide a Inglaterra que facilite la inmigracin de tres millones de judos a Palestina, entonces Mandato Britnico. El Gobierno Britnico, no se da por aludido; es ms, pese a mantener inhabitados y hasta inexplorados inmensos territorios de su Imperio, ni siquiera ofrece una solucin de recambio a los sionistas. El Congreso Mundial Judo aprovecha, tambin, la oportunidad para lanzar una violenta diatriba contra Hitler, que tampoco se da por aludido ni siquiera presenta una protesta diplomtica formal ante el Gobierno Checoeslovaco, lo que hubiera estado perfectamente justificado. A principios de 1934, en Nueva York, Samuel Untermeyer crea un organismo supranacional denominado "Boycot Internacional contra los Productos Alemanes", que empieza a actuar con notable eficacia. El sionista Untermeyer afirmaba representar a ms de dos docenas de asociaciones judas de veintisiete naciones, cuyos miembros totalizaban ocho millones. El tal Untermeyer se movi, durante aos, a travs de ms de medio mundo; con discrecin en algunos pases, sin ella en otros, como en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. El Gobierno Alemn hubiera estado en su perfecto derecho al presentar notas de protesta diplomtica, pero no lo hizo. Casi simultneamente, la titulada "Conferencia Nacional de Judos y Cristianos", reunida en Nueva York bajo la doble presidencia del Gentil Carlton J. Hayes y del Judio Roger W. Strauss, organizaba un boycot contra las lneas martimas y compaas de viajes alemanas, as como un comit para "vigilar las actividades de los norteamericanos de origen alemn en los Estados Unidos." Las declaraciones de personajes judos de autntico rango y representatividad, en contra de Alemania y su rgimen son innumerables. El Rabino Stephen Wise, sionista y miembro del "Brains Trust" del Presidente Roosevelt, manifest, el 8 de Mayo de 1933: "Soy partidario de la Guerra Santa contra Hitler. Quiero la Guerra!" [3]. Similares declaraciones, aunque ms veladas en la forma, hacen personalidades del relieve de Louis D. Brandis, Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos; Bernard Mannes 12

Baruch, el llamado "Procnsul de Jud en Amrica", hombre que, aunque nunca fue votado por el pueblo Norteamericano, tuvo un poder omnmodo, siendo sucesivamente "Consejero" de los Presidentes Woodrow Wilson, Hoover, Roosevelt, Truman y Eisenhower; Flix Frankfurter, Ministro de Justicia y Henri Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro (Ministro de Hacienda) y Samuel Rosenman, el redactor de los discursos del Presidente Roosevelt. Morgenthau tuvo la franqueza de declarar la guerra a Hitler, incluso antes de que las medidas discriminatorias del Nacional-Socialismo contra el Judasmo alemn se hicieran pblicas: "Los Estados Unidos han entrado en la fase de la Segunda Guerra Mundial" [4]. En Francia, los emigrados Judos tambin alborotan lo suyo, desde escritorzuelos como Remarque y Arnold Zweig hasta autores de categora, como Thomas Mann, pasando por cientficos de innegable relieve, como Albert Einstein. Victor Basch, un hebreo de nacionalidad francesa, que ostenta la presidencia de la "Liga Mundial de la Paz", organizacin cripto-comunista, insulta groseramente a Hitler y le vaticina que, lo quiera o no, tendr una guerra antes de cinco aos. Basch, ciudadano francs, est cometiendo un delito de acuerdo con el Cdigo Penal del pas en que reside, al insultar a un jefe de Estado extranjero con el que su (su?) patria mantiene relaciones diplomticas normales. Pero la Justicia Francesa le deja tranquilo. La Embajada Alemana se limita a cursar una protesta formal a la que el Quai d' Orsay ni se digna contestar. En Inglaterra, el Capitn Sean, un judo, arranca la corona que un emisario de Hitler ha colocado en el monumento a los muertos en la Primera Guerra Mundial, y la arroja al Tamesis. De acuerdo con el Cdigo Civil, el Penal y el de Justicia Militar vigentes en el Reino Unido en aqul entonces, a ese Capitn le correspondan, como mnimo, seis meses de arresto. En lugar de ello, unos das despus logra un ascenso en el escalafn. Es Ministro de la Guerra del Imperio Hore Belisha, un judo; el primero de su raza que logra alcanzar tal rango. Las provocaciones son constantes y, por lo que atae a la comunidad juda de Alemania, no sirven ms que para agravar su situacin. Los nazis en efecto, afirman que, tal como aseguraba Herzl, el padre del Sionismo moderno, e infinidad de prohombres de su raza, el judo es, antes que nada y por encima de todo, judo, independientemente de su nacionalidad de pasaporte. Se comprenden las protestas de los judos alemanes contra el Nazismo; puede, hilando muy delgado, admitirse una corriente de simpata de los judos del resto del mundo hacia los judos alemanes y, por va de consecuencia, de antipata, contra el gobierno legal de Alemania. Pero lo que no puede admitirse, desde el punto de vista de un patriota holands belga, francs, ingls o turco, es que un conciudadano suyo, por el mero hecho de pertenecer a la comunidad juda, pretenda involucrar a su patria oficial en sus querellas supra-nacionales con otro pas. He aqu el quid de la cuestin: Segn Hitler y segn Herzl, segn Goebbels y segn Chaim Weizmann, un judo es antes judo que alemn. Hitler y Goebbels no lo pueden tolerar en Alemania, y, aprobados por la mayora democrtica de su pueblo, deciden colocarles en el lugar que, a su juicio les corresponde: el de extranjeros, a los cuales les est vedado el acceso a determinados cargos y empleos, aunque, paralelamente, tampoco se les exija -como extranjeros -- la contraprestacin de determinadas obligaciones como el servicio militar. Y los judos del mundo entero, al reaccionar con tal vehemencia y unanimidad,

parecen darle la razn al Fhrer y no hacen ms que agravar el caso de los judos residentes en Alemania. INTENSIFICACIN DE LA OFENSIVA SIONISTA Y PRESIN SOBRE VARIOS GOBIERNOS El infatigable Samuel Untermeyer convoc, en Holanda, otra "Conferencia Juda Internacional del Boycot contra Alemania", el 7 de Agosto de 1933, desde las antenas de la emisora de radio W.A.B.C. en su calidad de Presidente de la "Federacin Mundial Econmica Juda" Untermeyer declaraba, en nombre de los organismos que representaba, la guerra a Alemania. As de concreto: una guerra econmica, diplomtica e ideolgica, pero guerra al fin. Unas semanas despus, fundaba la titulada "Non-Sectarian Boycot League of America", cuya finalidad consista en vigilar a los ciudadanos norteamericanos que comerciaban con Alemania, con objeto de intimidarles mediante medidas econmicas y de presin social. En Enero de 1934, Wladimir Jabotinsky, fundador del Movimiento Sionista Revisionista Polaco, escriba en la revista "Nacha Recht": 13 " La lucha contra Alemania ha sido llevada a cabo desde hace varios meses por cada comunidad, conferencia y organizacin comercial Juda en todo el mundo. Vamos a desencadenar una guerra espiritual y material en todo el mundo contra Alemania". Se trata de una confesin de talla, hecha por una figura poltica de talla, al menos en el mundillo poltico Judo. En el curso de 1934 se intensific la ofensiva sionista contra Alemania. Esta ofensiva era multilateral, abarcando las ms variadas facetas. Desde la elaboracin de listas negras de empresas que trabajaban con Alemania, hasta el boycot contra la participacin de un equipo de atletas alemanes en un torneo londinense [5]. David A. Brown (a) Braunstein, Presidente de la "United Jewish Campaign" en los Estados Unidos dijo al escritor Edmondsson: "Los Judos vamos a hacer la guerra sin cuartel a Alemania" [6]. En Inglaterra se cre un "Consejo Representativo Judo para el Boycot de los Bienes y Servicios Alemanes". Ese organismo tena por misin hacer el vaco comercial a las firmas inglesas que, a pesar de todos los obstaculos, seguan trabajando con el Reich. Por otra parte, dos prohombres judeo-britnicos. Lord Melchett, Presidente del mastodntico trust "Imperial Chemical Industries", y Lord Nathan, fundaban un "Joint Council of Trades and Industries", cuya finalidad era extender a todo el mundo las mismas actividades que en un mbito puramente ingls llevaba a cabo el ya mencionado "Consejo Representativo Judo". Tambin apareci una "Women's Shoppers League", que boycoteaba los productos

agrcolas alemanes, y un "British Boycot Organization", fundada por el israelita Capitn Webber, que pretenda organizar una guerra econmica antialemana en pases en que predominaba la influencia poltica inglesa. La influencia Juda tambin se manifestaba en la forma de presiones a Los gobiernos democrticos occidentales. Esa influencia, derivada del prepotente podero econmico y financiero de las respectivas comunidades judas explica decisiones tan incomprensibles como la tomada por el Gobierno Britnico, al enviar a tomar parte en las negociaciones financieras anglo-alemanas, celebradas en Berln en Noviembre de 1934, al judo S. D. Waley. Se objetar, no sin razn, que un gobierno soberano, en ese caso el gobierno ingls, est en su perfecto derecho de mandar al extranjero, representantes suyos, a miembros de las razas o religiones que considere oportuno. Nadie podr discutir ese derecho. Ahora bien: lo que es discutible, empezando por el punto de vista del propio inters ingls y siguiendo por el de la cortesa, es la procedencia de mandar a Waley, un sionista notorio, a discutir con los jerarcas nazis. Es como si, en la actualidad, el gobierno norteamericano mandara de embajador en la Arabia Saudita a un rabino, o de cnsul en Hiroshima al piloto del avin que arroj sobre aqulla ciudad la primera bomba atmica. rabes y japoneses tomaran tales nombramientos como calculados bofetones diplomticos, y nadie podra culparles por ello. En Abril de 1934, Herbert Morrisson, Alcalde de Londres y Lder del Partido Laborista, habl en un mitin celebrado para recaudar fondos para el "Jewish Representative Council for Boycot of German Goods and Services". Dijo: "Es un deber de todos los ciudadanos britnicos amantes de la Libertad boycotear los bienes y servicios alemanes". Bella leccin de amistad nacional....! La poltica inglesa nunca fue simple. Hyppolite Taine deca que no es "una teora de gabinete aplicable instantneamente a la prctica, enteramente y de un slo golpe, sino ms bien un asunto de tacto en el que se debe proceder solamente a base de moratorias, transacciones y compromisos. [7] Pero raramente fue esa poltica tan compleja y desconcertante, para un observador superficial, como en el curso de los aos 1933 a 1939. En ese perodo todo son manifestaciones contradictorias, giros copernicanos, sbitos accesos de fiebre que siguen a momentos de depresin o de inmovilidad total. Si se quiere comprender algo, si se quiere desentraar el misterio de esa inslita curva de temperatura, es preciso entrar en el detalle de las cosas. As, por ejemplo, en el seno de la entonces todopoderosa City -- la clebre milla cuadrada que contiene a los bancos, compaas de seguros y financieras y grandes empresas navieras del Imperio -- confluyen dos corrientes: una, pacifista, la otra belicista. A la cabeza de las grandes sociedades haban ingleses. Haban tambin y sobre todo, muchos judos. Los Rothschild, los Lazard, los Sassoon, los Hambro, los Mosenthal, los 14

Bergson, los Lewis, los Hess, los Neumann, los Sieff, los Isaacs, y mil ms, pues slo hemos citado unos nombres al azar. Enumerar a todos los grandes financieros de la City en aqulla poca exigira pginas y ms pginas, y si se pretendiera inscribir, frente a cada nombre, los consejos de administracin a que pertenece el interesado, preciso sera redactar un libro. Champeaux, documentadsimo publicista francs, cita el caso de Issac Lewis, que no figuraba entre los cincuenta Judos ms ricos de Inglaterra, el cual formaba parte de veintids consejos de administracin de bancos, navieras, minas de oro y de diamantes, empresas exportadoras y destileras de alcohol, ubicadas en Inglaterra y media docena de colonias y dominios [8]. La importancia de los judos en la City est, por otra parte, corroborada por el lugar que ocupan en la sociedad. Empezando por Lord Rothschild, y continuando por Lord Reading (Rufus Isaacs), Lord Burnham (Levy-Lawson), Lord Melchett (Alfred Mond), Lord Astor, Lord Goschen, Lord Swaythling (Samuel Montagu), Lord Wandworth (Sydney Stern), Lord Michelham (Herbert Stern), Lord Montefiore y terminando por la legin de judos y Judas emparentados con miembros de la ms rancia nobleza britnica, pasando por el centenar largo de judos que tenan, entonces, derecho a usar el ttulo de " Sir " [9]. Los judos ocupan puestos polticos muy importantes. En 1867, Disraeli, al que luego se dara el ttulo de Lord Beaconsfield, fue el primer judo que alcanz la Jefatura de un gobierno europeo, y desde entonces una infinidad de Judos han sido ministros, embajadores, virreyes y miembros del llamado "Consejo Privado", que diriga, hasta 1939, la alta poltica inglesa, por encima del "democrtico" Parlamento. Un hebreo originario de Alemania, Ernest Cassel, haba sido el hombre de confianza de Eduardo VII y su nieta se cas con Lord Louis Mountbatten, sobrino del Rey. Si, desde 1933 hasta 1939 se observa como una irresolucin, unas dudas crnicas en la poltica de los gabinetes conservadores, ser preciso tener muy en cuenta que la City -- de la cual los gobiernos no son ms que el instrumento -se halla dividida. Los ingleses autnticos, los anglosajones, son pacifistas a cualquier precio, Los judos ingleses admiten la idea de la guerra contra Hitler y muchos de ellos -los ms prominentes, precisamente -- consideran necesaria. La historia de los gobiernos britnicos, desde 1933 hasta 1940, es la historia de la lucha de la influencia inglesa y la influencia juda. Esta lucha terminar con la destitucin prctica de Sir Neville Chamberlain, y su substitucin por Churchill, el campen del clan belicista. Si, en 1934-35, gobiernan los conservadores, entre los que predomina el elemento puramente anglosajn, con Chamberlain, Sir Samuel Hoare, Runciman, Butler y Sir John Simon a la cabeza, la oposicin, por su parte se compone de los liberales, seguidores de Lloyd George, y de los laboristas. Estos profesan un odio mortal a los regmenes totalitarios, cuya eliminacin de la faz del mundo exigen. Aqullos han incorporado a su programa los rencores de Lloyd George, el viejo abogado del Movimiento Sionista de Inglaterra. Por otra parte, Lloyd George debe actuar como lo exige la regla no escrita de la Democracia Moderna: si el Gobierno fuera belicista, l le reprochara su imprudencia; como piensa, por el momento, exclusivamente en Ingles, y el pacifista, deber reprocharle su tibieza. A estos dos elementos fundamentales de la Oposicin se ha aadido, poco a poco, el elemento llamado "joven conservador", que exhibe unas ideas "avanzadas" en

poltica exterior. Los jvenes conservadores estn tan convencidos como los viejos de la necesidad de "conservar" sus privilegios de clase, que consideran intangibles. Pero en lo tocante a poltica exterior, flirtean a menudo con los laboristas. Los jvenes conservadores son "antifascistas". El ms inquieto de esos Jvenes es Anthony Edn, sptimo barn de este nombre, y casado con una hija de Sir Gervase Beckett, miembro del consejo de Administracin de la "Westminster Bank", y hermano del Presidente de ese mismo banco, Rupert Beckett. Junto a l, algo menos joven est Winston Churchill, hombre verstil, que, en esa poca, es anticomunista, pero tambin antinazi, aunque en 1936, con ocasin de la Guerra de Espaa se volver pronazi, escribiendo, en sus libros Step by Step y Great Contemporaries, frases muy laudatorias sobre Mussolini y Hitler. *** El clan belicista -- con ese nombre se le denomina corrientemente -- influye poderosamente en las Trade Unions, los sindicatos ingleses. El problema italo-etope les facilita una excusa para intervenir en poltica exterior, algo que, en teora, le est vedado a un 15 movimiento obrerista. El 3 de Septiembre de 1934, las Trade Unions celebran su Congreso Nacional en Margate, y su Secretario General, el hebreo Sir Walter Citrine, manifiesta inslitamente: "Para detener la agresin italiana contra Etiopa no hay otra salida que las sanciones, aunque stas lleven en s mismas el germen de la guerra". Cuando la ovacin termina, aade: "Esas sanciones debern ser igualmente aplicadas contra la Alemania de Hitler". Hitler responde, desde Berln, que los sindicalistas ingleses ocuparan mejor su tiempo si lo emplearan en solucionar los problemas de los afiliados a sus propios sindicatos. El clan belicista acta diligentemente en las colonias y dominios del Imperio Britnico. As, por ejemplo, el General Smuts, Presidente de la Unin Sudafricana, manifest en un discurso pronunciado en Capetown el 18 de Abril de 1934 que "...el mundo no puede permitir que el judo sea considerado un ciudadano de segunda fila". Es curioso que nadie parezca darse cuenta, en todo el Imperio, que, en el momento en que el General-Presidente Smuts pronuncia esa frase, en su propio pas, la Unin Sudafricana quince millones de negros y tres millones de indios son, efectivamente, ciudadanos de segunda fila" puesto que, al igual que los Judos en Alemania, no se les permite ocupar ciertos cargos en la Administracin y en la vida del pas, ni votar ni ser elegidos. A indios y negros no se les permite convivir con los blancos en restaurantes, autobuses ni lugares pblicos, algo que no les est vedado a los Judos alemanes por el momento. No estamos haciendo una crtica del Apartheid; nos limitamos a dejar constancia de un hecho. El hecho de que para Smuts los problemas domsticos de Alemania son ms importantes que los de la Unin Sudafricana.

El rgano oficial de la Judera Inglesa, Jewish Chronicle, al redactar una gacetilla obituaria sobre Jacob E. Marcovitch, un correligionario que es el "patrn" de los mas importantes peridicos egipcios, hace esta estupenda confesin de parte: "El difunto Marcovitch convirti a toda la prensa egipcia en un verdadero campo de batalla contra el hitlerismo" [10]. Algo similar ocurre en el Canad y Australia, donde las influyentes comunidades Judas locales, apoyadas por Londres, agitan en contra de Alemania. Pero esto no es nada comparado con lo que ocurre en los Estados Unidos. Roosevelt, que acaba de ganar las elecciones a la Presidencia, se rodea de un "Brains Trust" cuya obsesin, ms que preocuparse por los Estados Unidos, consiste en atacar al rgimen que gobierna en Alemania. Este "Brains Trust", o Trust de los Cerebros, es un conglomerado de hombres de confianza del Presidente, que los ha nombrado a dedo. Ninguno de ellos ha sido elegido por el Pueblo Americano, pero tiene ms influencia que cualquier alto funcionario legal. Este es un hecho que es intil sbrayar, por sabido. He aqu los miembros de este inslito arepago: Fiorello La Guardia, alcalde de Nueva York; Herbert Lehmann, Senador del Estado Nueva York; Henry Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro; Harold J. Ickes, Secretario del Interior; el Juez Louis Dembitz Brandis; el profesor Flix Frankfurter, Presidente del Tribunal Supremo; Samuel Rosenmann, que escriba los discursos presidenciales; el omnipotente Bernard Mannes Baruch, titulado "Asesor Especial de la Presidencia"; Jerome N. Frank; Mordekai Ezekiel; Donaid Richberg, de la Comisin de Inmigracin; Ben Cohen; David Lilienthal; Nathan Margold; Isador Lubin; Gerald Swoope, prominente banquero; David K. Niles; el Juez Cardozo, del Tribunal Supremo; Joseph E. Davies, que sera Embajador en Mosc y Lewis L. Strauss. Todos estos individuos eran judos y sionistas. Entre los Gentiles del "Brains Trust formaban Miss Frances Perkins, simpatizante del Partido Comunista y, durante unos meses, Secretario de Trabajo; el General Hugh S. Johnson, vinculado a la Alta Banca; el secretario de estado, Cordell Hull (casado con la hermana del multimillonario judo Julius Witz) y Harry Hopkins [11] Secretario de Comercio. Precisamente a propuesta de Hopkins ingresaron en 1936 en el Brains Trust Tom Corcoran, un aventurero irlands, de psimos antecedentes; Maurice Karp, un multimillonario judo, fabricante de armamentos y hermano de la esposa del famoso Ministro de Stalin, Molotoff; Samuel D Dikcstein y su correligionario Samuel Untermeyer, el sionista que presida la "Federacin Mundial Econmica Juda", al que ya hemos aludido en ms de una ocasin. El Brains Trust ejerca una influencia considerable, ya directamente, prevalindose de la posicin individual de sus hombres y de las Fuerzas Polticas y Sociales que stos representaban, ya indirectamente, presinanado sobre el Presidente Roosevelt. Pero, quin era Roosevelt?. Segn investigaciones del Doctor Laughlin, del Instituto Carnegie, Franklin Delano Roosevelt perteneca a la sptima generacin del hebreo Martenszen Van Roosevelt, expulsado de Espaa en 1620 y refugiado en Holanda, de donde emigr, en 1650 o 1651, a las colonias

16 inglesas de Amrica. El publicista judo Abraham Slomovitz public en el Detroit Jewish Chronicle que los antepasados judos residan en Espaa en el siglo XVI y se apellidaban Rosacampo. La familia Rosacampo -- Van Roosenvelt -- Roosevelt slo se mezcl, desde su llegada a Amrica con Jacobs, Isaacs, Abrahams y Samuels [12]. Cuando muri la madre del Presidente Sarah Delano, el peridico " Washington Star "public un artculo sobre las actividades de la familia Roosevelt desde su llegada a Amrica, que coincida plenamente con los testimonios que acabamos de citar. El muy acreditado y filosemita New York Times recoga unas manifestaciones [13] de Roosevelt en las que reconoca su origen hebreo. A mayor abundancia de detalles, la esposa del Presidente, Eleanor Roosevelt, prima suya, era igualmente juda y fervorosa sionista, tal como proclam ella misma en infinidad de ocasiones. Y si Roosevelt, de origen judo y asesorado por judos, dependa, en ltima instancia, del Money Power -- el Poder del Dinero -- representado por banqueros como Warburg, Kuhn, Loeb, Otto H. Kahn y Rockefeller, tambin directamente dependa de los hombres y las Fuerzas que haban financiado su aparatosa campaa electoral. El documentadsimo Henry Coston los menciona: Bernard Mannes Baruch -- decididamente omnipresente -- y su hermano Hermann; William Randolph Hearst (Hirech) el magnate de la Prensa; los banqueros Guggenheim y Vanderbitl; los hermanos Percy y Jesse Strauss, de los mastodnticos almacenes Macy's; Joseph E. Davies, de la General Motors; Joseph P. Kennedy; la United States Steel; la familia Morgenthau; los prohombres sionistas Untermeyer y John J. Raskob; Morton L. Schwartz; Averell Harrimann y la R.J. Reynolds Tobacco. Exceptuando al irlands Kennedy y -- parcialmente -- a la R. J. Reynolds Tobacco, los dems Individuos y entidades citados son Judos. Entre los financiadores de menor cuanta la proporcin de Judos, especialmente sionistas, era abrumadora. [14] La presin que el Gobierno Americano ejerci sobre Alemania fue, desde el primer da, agobiante. Esto se manifest en mil detalles de la vida cotidiana, a parte de la tolerancia oficial con los organismos de boycot ant-alemn en suelo norteamericano, a pesar de que stos, con su actitud, infringan la ley del pas. Como detalle revelador de esta actitud debemos mencionar el incidente del "Bremen". El 27 de Julio de 1935, este paquebote alemn, amarrado en la rada de Nueva York, no pudo desembarcar a sus pasajeros en vista de la actitud hostil de un millar de sionistas. Cuando el "Bremen" se dispona a partir, algunos manifestantes lograron subir al barco, por la parte de proa y, arrancando la bandera con la cruz gamada, la arrojaron al ro Hudson. A consecuencia de este incidente, cinco personas fueron procesadas. El Juez Brodsky, Judo, les declar absueltos. He aqu algunos de los considerandos de la inslita sentencia: "Es muy posible que los acusados hayan arrancado la cruz gamada porque estimarn, con razn o sin ella, que este emblema simboliza todo lo que es contrario a los ideales americanos, cual son la libertad y el derecho a la vida". " Es muy posible, tambin, que los acusados, con razn o sin ella, hayan atribudo a ese emblema el simbolismo del pabelln de un barco de piratas navegando audazmente en el puerto de una nacin a la que acaban de hundir uno de sus barcos." Por otra parte, no est

demostrado que esta manifestacin puede ser considerada ilegal, pues el derecho a discutir libremente y pblicamente asuntos que incumbieran a sus intereses fue reconocido por la Petition of Rights y por el Bill of Rights que constituyen los fundamentos de la Constitucin Inglesa, sobre la cual se fundamenta la nuestra." No consideramos til aadir comentario alguno. Nos permitimos invitar al lector amigo a releer un par de veces este texto inslito. Para nosotros, esta sentencia, sencillamente, no es terrestre. El Embajador de Alemania, Herr Luther, protest oficialmente ante Cordel Hull, Secretario de Estado, por insultos al emblema nacional socialista. Las excusas de Hull, que subray que el Juez Brodsky no era portavoz del Gobierno Norteamericano, parecieron dar por concluido el Incidente. Pero, en realidad, slo lo parecieron. La sentencia del Juez Brodsky es del da 6 de Septiembre. Las excusas de Cordell Hull son del 16. Pero, tres das antes de tales excusas, Hull haba dado un paso de la mxima trascendncia, y en sentido diametralmente opuesto. El da 13 de Septiembre Luther haba sido informado por Hull que, a partir del da 15 17 de Octubre, las importaciones alemanas pagaran unos derechos de Aduanas sesenta por ciento ms elevados. Los medios industriales y comerciantes de los Estados Unidos haban aprobado esta medida. No olvidemos que Amrica estaba an, bajo los efectos de la crisis de 1929, iniciada precisamente en la Bolsa de valores de Nueva York, que haba colocado al pas al borde de la ruina y el colapso econmicos. El Big Business norteamericano vea en una "Gran Cruzada Democrtica" contra los fascismos autrquicos europeos una posible salida a sus problemas econmico-financieros. La guerra acelerara el ritmo de la mquina que, desde 1929, funcionaba con lentitud. La guerra aduanera -- que, como ya hemos mencionado -- completaba oficialmente las medidas tomadas privadamente por organismos tales como la "Federacin Mundial Econmica Juda", poda ser el primer paso. El segundo paso lo constituy la dimisin de George Peek, Consejero Especial de Roosevelt para el comercio con el Extranjero. En los ltimos meses de 1934 haba iniciado gestiones para la conclusin de un acuerdo de trueque con el III Reich. Se trataba del barter (intercambio) de algodn norteamericano contra productos qumicos alemanes. Cordell Hull se haba opuesto al proyecto. Peek, sostenido por un sector de la industria americana, esperaba lograr sus propsitos, pero el da 31 de Octubre Bernard M. Baruch haca unas declaraciones a la prensa afirmando que Peek ya no gozaba de la confianza del Presidente, y tres das despus deba dimitir. Los belicistas haban conseguido marcar un tanto importante. LA POLITICA EXTERIOR DE HITLER La mayora del electorado alemn que dio sus votos a Hitler conoca perfectamente los puntos programticos de su Partido. En lo que atae a la poltica exterior, se trataba de borrar las secuelas del Tratado de Versalles que en Alemania todos -- y no slo los nazis -denominaban el "Diktat". Hitler, en realidad, se apoyaba en los trminos del propio Tratado. Por ejemplo, la clusula relativa al Desarme, que haba sido impuesta por el Presidente norteamericano, Woodrow Wilson, y que obligaba a todos los signatarios del Pacto, y no slo a los vencidos alemanes. En la Conferencia de desarme, el Delegado

alemn aprueba sin reservas el Plan Mac Donald, presentado por la Delegacin Inglesa. He aqu la substancia de ese Plan: Alemania tendr el derecho a duplicar los efectivos de la Reichswehr, que pasar, as, de 100.000 a 200.000 hombres. Francia ser invitada a rebajar sus efectivos millitares hasta la misma cifra de 200.000 soldados. Pero a esos 200.000 hombres para la defensa de su metrpoli, Francia podr agregar otros 200.000 para la defensa de su Imperio. A Italia se le reconoce el derecho a un ejrcito de 200.000 hombres ms otros 50.000 para sus colonias. Polonia -- cuya poblacin es inferior a la alemana en un 50 por ciento -- tendr, Igualmente, derecho a un ejrcito de 200.000 hombres. Checoslovaquia 100.000 y la Unin Sovitica, 500.000. Adicionando las fuerzas de Francia y sus aliados en Europa, es decir, Polonia, Blgica, Rumania, Checoslovaquia y Yugeslavia, se llega a un total de ms de un milln de hombres, opuestos a los 200,000 de la Reichswehr, o nueva Wehrmacht. Esta disparidad se ver an ms acentuada por el hecho de que Alemania continuar, de momento, sin derecho a poseer una aviacin de combate, mientras a Francia se le autorizan 500 aviones, a Polonia 200, a Blgica 150 y a la llamada "Pequea Entente", liada por un pacto militar con Francia (Checoslovaquia, Yugeslavia y Rumania) nada menos que 550. Este plan deber realizarse por etapas, durante un perodo de cinco aos. Inglaterra, la promotora del Plan, se reserva, como es lgico, la parte del len. Un ejrcito de 300.000 hombres para su metrpoli y de 600.000 para el Imperio. Naturalmente, los ejrcitos Imperiales de los Dominios, tales como Australia, Nueva Zelanda, Canad, Sudfrica y la India, no estn incluidos en el Plan. No obstante, el Plan MacDonald recibe el beneplcito general. Se acuerda que, una vez llevado a la prctica, al cabo de cinco aos, volver a estudiarse con objeto de proseguir, en una segunda etapa, el camino hacia el desarma general. En un discurso pronunciado ante el Reichstag, Hitler da su acuerdo al Plan MacDonald, pero formula una advertencia: "Si la demanda de Alemania relativa a la igualdad de trato con las otras naciones, y concretamente, en el caso que nos ocupa, en el plano de los armamentos, no fuera satisfecha, preferira retirarse de la Conferencia del Desarme y de la Sociedad de Naciones". En una palabra: el Fhrer aceptaba el Plan de Desarme ingls, como un primer paso hacia la igualdad militar entre los grandes pases de Europa. El propio Plan MacDonald prevea una 18 segunda etapa hacia esa igualdad, al cabo de cinco aos. El discurso hitleriano tuvo un efecto afortunado: sugiri a Mussolini y al Embajador de Francia en Roma, Henry de Jouvenel, la firma de un Pacto de los Cuatro (Italia, Francia, Inglaterra y Alemania) susceptible, por la solidaridad de las cuatro potencias, de "afirmar su confianza en la Paz". La idea era buena. El Pacto fue firmado por los representantes de los cuatro pases en el Palazzo Venezia, pero, desgraciadamente, tal Pacto nunca fu ratificado, por la oposicin

que encontr en los Parlamentos ingls y francs. El clan belicista de Pars, an ms activo que el de Londres en esta ocasin, logr impedir que el Pacto se ratificara, y, en consecuencia, nunca lleg a entrar en vigor. No fue slo en la Asamblea Nacional donde se boicote el Pacto de los Cuatro. El propio delegado francs en la Conferencia del Desarme, Paul Boncour, fue el mximo adalid en contra del mismo, al torpedear el Plan MacDonald, al que, en un principio, se haba adherido Francia. Paul Boncour exigi que, antes de firmarse el acuerdo sobre el Desarme, se estudiara el control que se ejercera sobre Alemania. Nadolny, el delegado alemn, repuso que slo estara de acuerdo si tambin se estudiara un control igual sobre todos los consignatarios del Tratado, y, especialmente, Francia. No hubo acuerdo y Sir John Simn, Jefe de la Delegacin Britnica, inform Nadolny, de la Delegacin Alemana, de "la imposibilidad de admitir un rearme de Alemania y de la necesidad de hacer pasar el funcionamiento del control por un perodo de ensayo". Ese perodo de ensayo, adems, no se fijaba, ni en su inicio, ni en su duracin. Por otra parte, no se deca una palabra ms del Plan MacDonald ni del desarme de los dems pases. En otras palabras, a pesar de haberse comprometido a desarmarse todos los consignatarios del Tratado de Versalles, los antiguos vencedores (los Aliados) se negaban a hacerlo; adems pretendan que Alemania continuara indefinidamente desarmada y queran controlarlo. Esto era una clara violacin de los trminos del Tratado de Versalles y, en la prctica completamente imposible. Ningn estado soberano del mundo aceptar jams permanecer desarmado, rodeado por un anillo de estados hostiles que, a su ve se arman cuanto quieren. Francia tena un tratado de asistencia militar recproca con los pases de la pequea Entente y otro con Polonia. Tropas "irregulares, polacas e incluso lituanas violaban constantemente las fronteras del Reich. Tales violaciones no eran platnicas, sino sumamente prcticas. En 1921, por ejemplo, las tropas "irregulares" de Korfanty modificaron la frontera germano-polaca en Alta Silesia, ocupando dos mil kilmetros cuadrados de territorio, a pesar de que el plebiscito haba mostrado claramente la voluntad de la mayora de la poblacin de continuar perteneciendo a Alemania, y no a Polonia. Korfanty, con las fuerzas que le seguan, logr que aqul territorio pasara bajo dominio polaco, pese a las no demasiado enrgicas protestas de la Comisin Aliada de Control, que toler, "de facto", el desafuero [15]. La respuesta del Gobierno Alemn no se hizo esperar. Dos das despus de la negativa de Sir John Simn, prcticamente forzada por la actitud de la Delegacin Francesa en la Conferencia del Desarme, Alemania anunciaba que se retiraba, simultneamente, de la citada Conferencia y de la Sociedad de Naciones. Aquella noche, Hitler pronuncia un largo discurso transmitido por radio para justificar su decisin. He aqu el fragmento que consideramos esencial: "Se ha dicho que el pueblo y el gobierno alemanes han pedido que se les deje poseer un ejrcito ms numeroso y fuerte: es absolutamente falso. Hemos pedido solamente la igualdad de derechos. Si el mundo decide destruir las armas, hasta la ltima ametralladora, estamos dispuestos a suscribir a un tal acuerdo. Si el mundo decide que ciertas armas deben ser destruidas, estamos dispuestos a renunciar a ellas. Pero si el mundo concede a cada

pueblo el uso de ciertas armas, nosotros no estamos dispuestos a dejarnos excluir de su empleo, como si furamos un pueblo de segunda fila. "Estamos dispuestos a tomar parte en todas las conferencias; estamos dispuestos a suscribir a todas las convenciones, pero slo a condicin de gozar de derechos iguales a los de los dems pueblos. Como hombre privado, nunca me he impuesto a una sociedad que no deseaba mi presencia o que me consideraba como un inferior. Nunca he obligado a nadie a recibirme y el pueblo alemn no tiene menos dignidad que yo. O bien dispondremos de derechos iguales a los de los dems pueblos, o bien el mundo no volver a vernos en ninguna conferencia. "Ser organizado un plebiscito para que cada ciudadano alemn pueda decir si tengo razn o si me desaprueba.'' 19 Como se ve, Hitler no pide otra cosa que la Igualdad de Derechos. Se lo pide a los representantes de unos gobiernos democrticos, para los que la "Igualdad", al mismo ttulo que la "Libertad" y la "Fraternidad" constituye un dogma intangible de su arsenal ideolgico. Hitler pide igualdad de trato para Alemania, y, en la prctica, al aceptar el Plan MacDonald reconoce la situacin de facto y las obligaciones a que debe hacer frente Francia como potencia colonial, y acepta que sta, de hecho, se vea reconocido el derecho a poseer un ejrcito con el doble de efectivos que el alemn, y adems dotado del apoyo de una aviacin de combate. El argumento que se hizo valer -- como siempre, y en todos los casos -- es que Hitler menta. El argumento no vale nada. Si se crea que Hitler menta, razn de ms para aceptar su plan que, para colmo de irona, no era su plan, sino el plan ingls, elaborado por el lder laborista britnico MacDonald. Si ste se llevaba a la prctica, evidentemente habra un control de la Comisin de Desarme, y de resultas de tal control se comprobara que la "Igualdad" resultante dejara a Alemania con un ejrcito de 200.000 hombres y sin aviacin de combate, y a Francia con 400.000 con aviacin y a los miembros de la Pequea Entente con 625.000 y 550 aviones, y a Polonia con 200.000 y 125 aviones. Quedaran las democracias britnica y sovitica con 900.000 y 500.000 hombres, respectivamente. Y esto al cabo de cinco aos, tras los cuales se reanudaran las conversaciones para continuar limitando, por etapas los ejrcitos de los consignatarios. Si resultaba que Hitler haba mentido al aceptar el Plan britnico de desarme, es evidente que las comisiones de control se apercibiran de ello y entonces los Aliados tendran las manos libres para denunciar los acuerdos e incluso para tomar las medidas punitivas que consideraran necesarias. La Historia nos dice que los Aliados, los campeones tericos de la Democracia, es decir de la Igualdad, rehusaban aplicar sus propios principios cuando se trataba de Alemania. Esto ha de ser siempre inaceptable para cualquier pas, y ms an para un gran pas, el primero de Europa en poblacin, excluyendo a Rusia y que slo pide a sus "partenaires"

que apliquen los acuerdos sobre el desarme general que ellos mismos impusieron en el Tratado de Versalles. Resulta incluso sorprendente la aceptacin del Plan MacDonald por Hitler, por cuanto sancionaba, durante cinco aos por lo menos, una situacin de "Igualdad " formal pero que, en la situacin poltica de entonces dejaba a Alemania con un ejrcito cinco veces menor que el de Francia y sus Aliados de la Pequea Entente. Si se contaba a Polonia, Alemania se encontraba rodeada por efectivos que sextuplicaban los suyos, y sin fuerza area que oponer a los 1.200 aviones del frente poltico francfilo. Hitler sin duda acept por cuanto significaba un paso adelante y con una fuerza armada, pequea pero bien entrenada, sucesos como la ocupacin militar de la rivera izquierda del Rhin, llevada a cabo por los franceses diez aos atrs, no se podran reproducir, a la vez que las tropas "irregulares" polacas deberan tambin de cesar en sus actividades incontroladas. Hitler saba que la Naturaleza rechaza el vaco. Le constaba que un territorio indefenso excita la codicia del vecino armado. Un territorio indefenso slo estar en seguridad si el vecino est desarmado. Nos excusamos por escribir esta perogrullada, pero nos vemos forzados a ello por el olvido general de una verdad tan elemental. El plebiscito anunciado por Hitler tuvo lugar el 12 de Diciembre de 1933. Por 40.601.577 votos, es decir, el 95,2 % de los electores inscritos, Alemania se coloc al lado del jefe que ella misma se haba dado, democrticamente. Se ha dicho que ese resultado fue obtenido bajo coaccin. Nos resistimos a creer que los ciudadanos fueran llevados a votar a la fuerza; la nica coaccin posible era la moral, es decir, el martilleo de la propaganda a travs de la prensa y radio, pero esto se hace todos los das en los pases oficialmente democrticos, y nadie lo llama coaccin. El General De Gaulle fue plebiscitado en varias ocasiones, y en las elecciones generales americanas y britnicas el pblico es invitado a pronunciarse, en la prctica, por dos candidatos o dos partidos; en definitiva, por dos alternativas. En el plebiscito del 12 de Diciembre de 1933, los alemanes tenan, tambin, dos alternativas: votar "SI" o votar NO". El 95,2 % de los electores -- y no el de los votantes como se ha dichoi -- votaron "SI". Un escritor Judo y ant-nazi, William Shirer, ha escrito: En el campo de concentracin de Dachau, 2.154 de los 2.242 detenidos polticos votaron por el Gobierno que les haba encarcelado". Esos detenidos, segn Shirer, eran sindicalistas y militantes social-demcratas y comunistas. Se trataba de "duros", es decir, de la contrapartida popular de los diputados social-demcratas que el 17 de Mayo precedente haban aprobado el discurso de Hitler por unanimidad, y sin que ninguna presin fuera ejercida sobre ellos por el Poder [16]. 20 Este escrutinio fue la verdadera intronizacin popular y solemne de Hitler en el Poder. En las elecciones que le dieron el Poder, Hitler haba obtenido el 52 % de los sufragios; era ya mucho. Esta vez, tena tras l a la casi unanimidad del pueblo alemn. Ya no se podra decir que impona su Voluntad a todo un pueblo mediante mtodos-terroristas; al contrario, era llevado materialmente en volandas por todo un pueblo que no poda admitir ser tratado en un plan de desigualdad, con respecto a los dems. He aqu los resultados de la poltica de

los Aliados contra Alemania: Hitler era consolidado en el Poder gracias a las mismas medidas tomadas para ponerle en dificultades. *** Puede decirse que el "leit motiv" de la Poltica Exterior hitleriana es la aplicacin general -y no slo unilateral y contra Alemania, como ha venido sucediendo desde 1919 -- del Tratado de Versalles. El Gobierno Alemn solicita que se aplique, a todos, el Desarme, progresivo, inmediato, parcial, total o como se prefiera, pero sobre la base de la sacrosanta "Igualdad" democrtica para todos. Solicita igualmente que se aplique el Artculo 19 del Tratado, que permite la Revisin pacfica de ciertas clusulas, econmicas y territoriales, del mismo. La nica reclamacin que hace Alemania a sus antiguos vencedores y consignatarios de Versalles, es la de colonias. El Punto III del Programa del Partido Nacional-Socialista reclama "colonias para la alimentacin de nuestro Pueblo y el afincamiento de nuestro exceso de poblacin". Obsrvese que no Se piden antiguas colonias alemanas, arrebatadas al Reich por los vencedores en virtud del Tratado de Versalles, sino nicamente "colonias" sin especificar. Ms tarde, en una nota enviada por la Wilhelmstrasse, se sugera al Foreign Office y al Quai d 'Orsay, que se consultara a los indgenas de los antiguos territorios coloniales de Alemania, si deseaban continuar bajo la administracin anglofrancesa o bien volver a depender de la soberana alemana. La propuesta alemana fue presentada sin gran conviccin y slo tras el silencio con que respondieron Londres y Pars a las demandas coloniales anteriores. Pero lo curioso es que en Londres encontraron la peticin Germana muy razonable pues, segn un testimonio de tanta calidad como el de Lloyd George, el antiguo Primer Ministro, la guerra estallara ms pronto o ms tarde si no se atendan las propuestas alemanas en materia colonial. Pero en los medios polticos influyentes de Londres se consideraba que quien deba ceder sus colonias -- concretamente el Camern y el Togo -- era Francia. Esto caus en Pars el imaginable revuelo y, por fin, en una reunin entre Bonnet y Simn, los dos Ministros de Asuntos Exteriores, se acord, en una nota enviada a la Wihelmstrasse, que se estudiara la cesin a Alemania de territorios coloniales portugueses, holandeses y belgas. Esto era una manera de decir no al Reich y, de paso, colocar a esos pequeos pases en la rbita antialemana. En vista del escaso -- o nulo -- xito de la peticin, en Berln no se insisit ms sobre ese punto. *** Creemos que Hitler puso sobre el tapete la Cuestin de las colonias contando con una negativa que le pondra a l en mejor posicin en ulteriores discusiones con las democracias occidentales. Hitler, es cierto, reclamaba "espacio vital" (Lebensraum) para su pueblo, pero no era un entusiasta de las colonias, al menos en la forma en que se entenda entonces la estructura interna y el funcionamiento de las mismas. El coloniaje, segn expona el propi Hitler en su Mein Kampf, hace imposible la unin sangre-tierra, base de la poltica racista del III Reich.

"Las colonias slo sirven para chupar la mejor sangre de la Nacin", afirmaba. Si hay algo de claro, de difano, en la poltica internacional de los aos treintas y principios de los cuarentas, es el deseo de Hitler de que Alemania crezca territorialmente a costa del Comunismo Sovitico. La estallante Demografa alemana debe extenderse por las tierras del Este del Bltico y del Occidente de Rusia, una vez arrebatadas a los soviticos, que pasaran a desaparecer como amenaza potencial para Alemania en particular y para todo el Occidente en general. Para desarrollar esa poltica necesitaba la amistad -- si posible -- o al menos la benvola neutralidad, de Inglaterra y Francia. Ello explica la escasa insistencia de la Wilhelmstrasse en lo tocante al asunto de las Colonias. Pero tambin explica el Tratado Naval Anglo Germano, concluido el 18 de Junio de 1935, por el que el III Reich se comprometa a que el tonelaje de su flota de guerra no sobrepasara el 35 por ciento del de la britnica. Era un acuerdo de contrapartida. Inglaterra no se comprometa ni se obligaba a nada. Sinplemente, era Alamania la que se impona la obligacin, sancionndola solemnemente mediante un tratado Internacional, a que su Flota, en el mejor de los casos, 21 fuera, aproximadamente, equivalente en tonelaje a un tercio de la Inglesa. Este acuerdo era un seguro ofrecido, gratuitamente, a Inglaterra, para que no se sintiera amenazada. Su insularidad, protegida tras una "Home Fleet" que es, entonces, la primera fuerza naval del mundo, es una garanta contra cualquier invasin. Sin una Flota de Guerra superior o, al menos igual a la Inglesa, tal invasin es imposible. Hitler, en numerosos discursos ha dicho que no tiene nada que pedir a las democracias occidentales. Ahora completa sus declaraciones con un hecho altamente significativo: al Tratado Naval demuestra que no existen intenciones agresivas contra Inglaterra. Es ms, en la practica Hitler an ir mas lejos su "Kriegsmarine" no representa, de hecho, no ya el 35 por ciento del tonelaje de la "Home Fleet", sino ni siquiera el 10 por ciento. El "Intelligence Service", siempre bien Informado, no puede ignorar que, a parte al "Bsmarck", Alemania se limita a construir cuatro acrazados ligeros, los llamados "acorazados de bolsillo". Cuando la guerra estalla en 1939, la Flota da Guerra Francia es, en tonelaje , casi cinco veces superior a la alemana. Hitler, por otra parte, siempre manifest que al Imperio Britnico era un baluarte contra el caos en el mundo y que los intereses de Inglaterra y los de Alemania no eran contrarios el uno al otro, sino complementarios. En cuanto a Francia, con la renuncia definitiva por parte de Alemania a Alsacia y Lorena, desaparecan entre las dos naciones cualquier motivo de friccin. Slo quedaba el Sarre. Segn los trminos de una de las clusulas del Tratado de Versalles, en Enero de 1935 deban llevarse a cabo consultas populares en el territorio del Sarre, para poner en claro si la poblacin de ese territorio deseaba pasar a ser un Departamento Francs o si prefera retornar a la soberana del Reich. Tambin se les ofreca a los sarresas la posibilidad del "statu quo", es decir, de optar por una posicin intermedia, quedando en estado independiente, o incluso parcialmente dependiente de Francia y Alemania a la vez. Pero, dos meses antes de la convocatoria de las elecciones en ese territorio, Francia

concentr cuatro divisiones de infantera junto a la frontera, pretextando posible motines ante las elecciones. El Gobierno Alemn protest enrgicamente por esa extempornea demostracin de fuerza, la cual constitua, ciertamente, una coaccin hacia los electores. Tras un intercambio de notas de protesta entre la Wilhelmstrasse y el Quai dOrsay, la Sociedad de Naciones envi una fuerza de polica internacional que permitiera y garantizara la celebracin normal del plebiscito. Este tuvo lugar, bajo control internacional, el 13 de Enero de 1935. Se preguntaba a los sarreses si, tras sus quince aos de experiencia al formar parte de la Repblica Francesa, deseaban unirse libremente a esta. Tambin tenan la alternativa de volver a formar parte del Reich, o bien de continuar en el statu quo, es decir, ser independientes. Pese a quince anos de propaganda francfila y pese a proponrseles a los sarreses una serie de ventajas de tipo fiscal y aduanero si deseaban pasar a formar parte de Francia, slo votaron por sta el 0,4 por ciento de los electores; el 8,85 por ciento prefirieron independencia del Sarre, y el 90,75 por ciento la unin con el Reich. Quince aos de propaganda francfila y germanfoba; quince aos de promesas a los sarreses para que se convirtieran en franceses "de clase primera especial" y dos aos de propaganda antihitleriana en el Sarre, todo ello reforzado con la presencia militar y policial, para obtener, slo, un 0,4 por ciento de los sufragios. Estridente fracaso de la poltica francesa!... Y, sin embargo, las cosas; pudieron haberse solucionado de manera menos favorable a Alemania, aunque tal vez ms favorable al entendimiento general entre los pueblos de Europa. En Noviembre de 1934, dos meses antes del plebiscito sarres, Hitler entreg una nota diplomtica al Embajador de Francia, Francois-Poncet proponindol solucionar el conflicto de una manera amistosa y sin recurrir a las urnas: el Sarre volvera al seno del Reich, pero un tratado econmico permitira a la industria francesa continuar beneficindose de sus recursos como lo haba hecho desde 1919 hasta 1934. Pero el Gobierno Francs declin la oferta, en la que no vio ms que un confesin de impotencia de Hitler, que slo la propona por estar seguro de la hostilidad del pueblo sarres a Alemania y al rgimen nacional-socialista. El plebiscito sarros, que tuvo lugar bajo el control de la Sociedad de Naciones, es decir sin que Alemania pudiera intervenir ni en las operaciones de voto ni en la proclamacin de los resultados, sin que Alemania pudiera realizar propaganda favorable a su tesis ms que durante dos meses mientras que los franceses pudieron emplear para ello quince aos, sirvi para demostrar que Hitler obtena el mismo porcentaje de sufragios favorables que en Alemania bajo su control. Ya era ms difcil pretender que elecciones y plebiscitos que llevaba al poder a Hitler y le consolidaban en l estaban trucados Slo haca unos meses que el 88,9 por ciento de los electores inscritos, es decir, casi el 96 por ciento de los votantes haban aprobado el decreto por el que, a la muerte de Hindenburg, las funciones de Presidente del Reich se fusionarian con las de Canciller y que, por va de consecuencia "todas las atribuciones y prerrogativas del Presidente serian transferidas al Canciller, Adolf Hitler". 22 El Plebiscito sarrs indicaba claramente, que se quera evitar que otras minoras tnicas alemanas, que se encontraran probablemente en las mismas disposiciones de espritu que los electores sarreses, tal como ocurra en los Sudetes, en Posen, en la Alta Silesia, en

Dantzig, Memel o la propia Austria, reclamaban su anexin al Reich, las democracias occidentales, Inglaterra, Francia y la Amrica de Roosevelt no tenan a su disposicin otro medio que la fuerza. El primero de mayo de 1935, las fuerzas de polica de la Sociedad de Naciones entregaban oficialmente la administracin del Sarre a las autoridades alemanas, y Hitler declaraba ante el Reichstag: "Alemania renuncia solemnemente a toda reivindicacin sobre la Alsacia y la Lorena; tras el reintegro del Sarre, la frontera franco-alemana puede ser considerada como definitivamente trazada". Pero el mismo da, el Mariscal Ptain publicaba un artculo en una revista oficiosa y de gran predicamento en los medios militares [17] acentuando la necesidad de la reimplantacin del Servicio Militar obligatorio por un perodo de dos aos. Cinco das despus, Pierre-Etienne Flandin, Ministro de Asuntos Exteriores, presentaba un proyecto de ley en tal sentido ante el Congreso de los Diputados. Este proyecto de ley era aprobado, tras un apasionado debate, por la cmara, el 16 de marzo. Slo cuatro horas ms tarde el Fhrer entregaba a su Consejo de Ministros un Decreto que restableca el Servido Militar Obligatorio en Alemania, estableciendo que la Reichswehr se compona, en tiempo de paz, de doce Cuerpos de Ejrcito y treinta y seis divisiones. Con ese Decreto-Ley, Hitler destrua lo que an quedaba vigente de la Parte V del Tratado de Versalles, recuperando su libertad de accin. Se ha sostenido, a posteriori, que si Francia no hubiera reestablecido el Servicio Militar Obligatorio, Hitler lo habra hecho, ms pronto o ms tarde. Esto es imposible de aclarar. Nadie sabe lo que Hitler hubiera hecho si Francia no hubiera reimplantado el servicio militar. Nadie podr saberlo nunca, y, en ese terreno, todo son hiptesis. Lo que s sabemos, a ciencia cierta, es que, cronolgicamente, Francia fue la primera nacin de Europa que reimplant el servicio militar, a parte, naturalmente, de la Unin Sovitica. Aqu deseamos hacer un inciso importantsimo: Hemos dicho que Francia reimplant el Servicio Militar Obligatorio, tras la Unin Sovitica. Pero esto no implica que otras naciones europeas y extra-europeas no lo hubieran reinplantado por la sencilla razn de haberlo tenido siempre en plena vigencia. La decisin de Hitler de instituir el Servicio Militar obligatorio llegaba cuando ya tenan tal institucin en funcionamiento los Estados Unidos, Italia, Polonia, Inglaterra y sus Colonias y Dominios y -- desde haca cuatro horas - Francia. Hitler, simplemente, tomaba nota de los hechos tal cual eran, y en Vista de que las dems naciones no daban paso poltico alguno para desarmarse, y que Francia, Incluso, restitua el Servicio Militar, lo reinstitua l tambin en Alemania. Los precedentes aludidos de la Invasin de la cuenca del Ruhr por los franceses en 1923 -- con una ocupacin parcial que dur siete aos --, o de la anexin de la Alta Silesia por los "Incontrolados" de Korfanty en beneficio da Polonia, no podran, as repetiste impunemente. EL PACTO FRANCO-SOVITICO El Delegado da Francia en la Sociedad da Nacional, Paul Boncour, que ya haba hacho fracasar al Plan MacDonald sobre el Desarme, puso la primera piedra al, por los comunistas franceses, llamado monumento a la paz que deba ser la alianza poltico-militar que deban firmar Francia y la URSS. Fue en los pasillos de la Sociedad de Naciones donde Pal Boncour hizo la Propuesta sin ambages al embalador sovitico, Litvinov [18]. Pero fue

Barthou, entonces ministro de Asuntos Exteriores, quien ya el 17 de Abril de 1934 Inici su maniobra de careo de cerco de Alemania mediante la adhesin de la URSS a la Sociedad de Naciones. No fu fcil. En primer lugar, por que Stalin consideraba a la S. de N. como una "liga de bandidos" -- y l, antiguo atracador, deba saberlo muy bien ! -- y el Tratado de Versalles, del que naci aquella, como un "dictado de odio y de latrocinios", que urga derogar cuanto antes. En segundo lugar porque la URSS estaba en psimas relaciones con varios de sus miembros tales como Polonia, Rumania, Checoslovaquia y Hungra, a todas las cuales reclamaba territorios, amn de acusarlas de no ser otra cosa que un cordn sanitario, o una alambrada 23 dispuesta ante ella por la S. de N. finalmente, el Ministro Barthou no pareca el ms indicado para llevar a cabo esa operacin, pues, en 1932, cuando un tratado de amistad y de asistencia mutua, vlido por dos aos, acababa de ser firmado entre Francia y la URSS, actuando de "comadronas" Herriot y el embajador sovitico en Pars, Dovgalewski, el aludido Barthou se haba pronunciado en contra, alegando que los caballeros no firmaban pactos con los bolcheviques. Pero nada de esto arredraba a Monsieur Barthou, tal vez por padecer amnesia o quiz por no considerarse l mismo un caballero, y pronto consegua que Rumania y Checoslovaquia establecieran relaciones diplomticas normales con la URSS. De momento no logr igual xito con Polonia, negndose Pilsudski a entrar en el juego. Pero el reconocimiento de Jure de la Unin Sovietica por Checoslovacos, Rumanos place a Stalin, que se siente amenazado en el oeste por la resurreccin econmica y poltica de Alemania cuyo Fhrer, Hitler ha declarado la guerra al comunismo y ha internado a los lderes comunistas e incluso socialistas en los campos de concentracin, y al Este por el pujante Japn, que ha conquistado posiciones vecinas en Manchuria y Mongolia. A Stalin le conviene que fascismo y democracias occidentales se enemisten entre s. Para los soviticos, Monsieur Barthou se convierte en un gran hombre, y cuando sugiere a Stalin que la URSS entre en la S. de N. este accede. Una vez conseguido su primer objetivo de hacer entrar a la URSS, como miembro responsable de la comunidad de los pueblos, en la S. de N., Barthou Quiere revalidar el pacto Franco-Sovitico, pero amplindolo y convirtindolo ahora en una alianza ofensivodefensiva. Para esconder su juego emprende una segunda tourne diplomtica, en la que lanza la idea que a l le consta que no puede tener xito alguno: un pacto de Este, asociando a todos los pases de Europa central incluyendo a Alemania y la URSS. Se tratara de una especie de Locarno oriental. Los consignatarios se garantizarn mutuamente sus fronteras. Por supuesto Hitler responde que Alemania no se adherir a un tal Pacto, y que no tiene ninguna Intencin de firmar un tratado que le obligue a prestar asistencia a la URSS y a defender al rgimen sovitico si este fuera atacado. Pero Barthou quiere creer que ha demostrado al mundo que sus esfuerzos diplomticos no se dirigen contra Alemania y que

ha logrado, si se nos permite el galicismo, "salvar la cara". La demanda de adhesin de la URSS en la S. de N. es aprobada por 38 votos a favor, 3 en contra y 7 abstenciones. A partir de este momento la S. de N. ya no es para los comunistas del mundo entero "una liga de bandidos" y a sus ojos, el Tratado de Versalles, "dictado de Odio y de Latrocinio", la transforma en un Tratado altamente equitativo y razonable. Aunque Barthou es asesinado en Marsella por un terrorista croata que alcanza tambin al Rey Alejandro de Yugoslavia, las negociaciones por l iniciadas son continuadas por Pierre Laval, que le sucede en el cargo El 2 de Mayo de 1935, Francia y la URSS firman un trato da Asistencia Mutua, Poltica y militar, y el 14 de Junio Laval se traslada Mosc, de donde regresa con la clebre declaracin de Stalin que desarma al Partido Comunista Francs en su lucha contra los presupuestos militares y hace que todos los Comunistas del mundo pasen al clan belicista y antialemn. Stalin, que slo Tres meses antes trataba de asesinos y gangsters de la poltica a los gobernantes de Pars manifiesta que: "Francia tiene el deber de armarse hasta los niveles que ella misma considere necesarios para su seguridad". Como por arte de magia, las huelgas en la industria pesada y de armamentos francesa desaparecen. El 15 de junio de 1935, el Pacto Franco-Sovitico es completado con un Pacto rusochecoeslovaco. Recordemos, de paso, que, en estos momentos histricos, Francia, a parte de su Pacto con la URSS, dispone de otro Pacto con Polonia y otro con la Pequea Entente, es decir, con Checoslovaquia Yugoeslavia y Rumania, amn de su Pacto con Blgica. La URSS est unida con pactos militares con Checoslovaquia, y de amistad y cooperacin con Rumania y Polonia, a parte del Tratado, recientemente firmado con Francia. La vieja poltica de Richelieu, consistente en crear sistemas de alianzas alrededor de Alemania, ha sido emprendida con xito. En respuesta a esas medidas, el gobierno alemn promulga, el 21 de mayo la ley anunciada en el decreto del 16 de marzo sobre la reconstruccin de la Wehrmacht. Los aviones pesados de bombardeo Junker 52, los ligeros de bombardeo Heinkel 70, los de reconocimiento martimo Dornier 22 y Ios de caza Arado 65 hacen su aparicin sobre los cielos de Alemania en la semana que sigue a la firma del Tratado Franco-Sovitico. Empieza la construccin del acorazado "Bismarck" y de los acorazados ligeros "Graf von Spee, "Scharnhorst", as como de cuatro torpederos y once submarinos. Y en el primero de octubre de 1935, los efectivos de la Wehrmacht llegan a la cifra de 650.000 hombres. Es preciso reconocer que, ya desde abril de 1934, figuraban en los presupuestos militares alemanes crditos para la construccin de esos aviones y navios. Pero hay que recordar que, por 24 una parte, fue el 14 de octubre de 1933 cuando Alemania se retir de la S. de N. ante la negativa de sta a concederle la igualdad de derechos militares, recuperando, con tal retirada, su libertad de accin, y, por otra, que en el curso de 1934 todos los pases de alguna idetidad militar haban tomado medidas de rearme terrestre, naval o areo tanto o

ms importantes que las adoptadas por Alemania. Por ejemplo, Inglaterra el 19 de agosto de 1934, anunciaba el refuerzo de su flota area con la creacin de 42 nuevas escuadrillas [19]. Esta decisin difcilmente poda ser motivada por Alemania entonces, sino ms bien -- o, al menos, tambin -- por la expansin japonesa en Extremo Oriente, que amenazaba a los intereses Britnicos. El 23 de Julio, los Estados Unidos anunciaban la puesta en marcha en sus astilleros, de 360.000 toneladas de unidades navales, y poco despues de 2.300 aviones [20]. El primero de marzo de 1935, el Primer Ministro, Baldwin, haba propuesto al Parlamento un vasto plan de rearme terrestre, naval y martimo, para el cual haba obtenido crditos prcticamente ilimitados. El motivo de esa carrera de armamentos no era otro que la guerra talo-etope. LAS DEMOCRACIAS ECHAN A MUSSOLINI EN BRAZOS DE HITLER En 1935, seis potencias europeas se repartan el dominio poltico de continente africano: Inglaterra, Francia, Portugal, Blgica, Espaa e Italia. Slo eran Independientes Liberia -prcticamente, a efectos polticos, una colonia norteamericana -- y Etiopa. El 18 de Marzo de 1934, Mussolini haba declarado ante la II Asamblea del Partido Fascista que Italia necesitaba una expansin en frica. Sus territorios de Libia y Cirenaica, ms los yermos parajes de la Somalia y Eritrea no bastaban a su demografa. El nombre de Etiopa no se haba pronunciado, pero nadie poda dejar de darse por enterado, por ser ste pas el nico territorio africano independiente que tena fronteras -- por Somalia y Eritrea -- con territorios italianos. Naturalmente, Inglaterra se puso en guardia. El Nilo Azul tiene sus fuentes en Etiopa, y del Nilo Azul depende la prosperidad de Egipto, "glacis" protector del Canal de Suez, a su vez clave de bveda de todo El imperio Britnico. Londres teme que los italianos puedan cambiar el curso del ro. Por otra parte, si Italia se apodera de Etiopa, el Sudan Anglo-Egipcio quedar emparedado entre dos territorios italianos: Libia, al Oeste; Etiopa, soldada con Eritrea y la Somalia Italiana, al Este. Un poderoso imperio colnial europeo se instalar, as, peligrosamente cerca de la vieja Ruta Imperial Britnica, es decir, por la lnea que partiendo de Gibraltar, contina por Malta, el Canal de Suez, Aden, Socotra, Ceyln y Singapur, para terminar en Hong Kong. Es evidente que Inglaterra no lo puede permitir. El sagrado egosmo nacional ingls no puede tolerar que Italia se apodere de Etiopa. De manera que Londres ayuda comercial y militarmente al Negus de Etiopa, mientras en la S. de N. hace aprobar todo un programa de sanciones internacionales contra Italia. Antes de producirse este enfrentamiento indirecto anglo-italiano, Mussolini muy sensible a la amistad con Inglaterra y Francia. Tambin haba recibido a Hitler quien, la primera vez, si hemos de creer el testimonio del Conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores y yerno del Duce, le haba causado una pobre impresin [21]. Mussolini era muy amigo de Dollfuss, el Primer Ministro Austraco, cuya muerte a manos de los nazis austracos, le haba causado una penosa Impresin. Adems, se opona al "Anschluss", o unin de Austria y Alemania, y haba tomado medidas ciertamente discriminatorias contra las minoras tnicas de Tirol del Sur, llamado por los italianos Alto Addige. Para colmo, Mussolini particip en la Conferencia de Stresa, que no era otra cosa ms que una alianza mutua entra

Inglaterra, Francia a Italia. El pacto de Stresa, firmado al 11 de enero de 1935, deba completar al cerco mlitar y poltico de Alemania por el Sur. Pero al llamado Frente de Stresa tendr una vida efmera, pues no resistir los efectos de la guerra Italo-Etope. Mussolini denuncia los acuerdos de Stresa, mientras Hitler le tiende una mano diplomtica, sostenindole moral y materialmente ante la presin directa e Indirecta de Inglaterra. Al embargo del petrleo que los ingleses Imponen a los italianos responde Mussolini comprando carburantes sintticos a Alemania. Esto permitir a los italianos terminar victoriosamente la guerra al 5 de mayo de 1936, con la ocupacin de Addis-Abeba, mientras el Negus se refugia en Londres. 25 Por otra parta, en Francia gobierna el Frente Popular, con Len Blum a la cabeza. Para Blum, Mussolini no es un jefe de Estado sino nicamente el asesino del socialista Mateotti", y se negar a entrevistarse con el Duce, que le haba solicitado audiencia. La bofetada diplomtica es demasiado fuerte. Mussolini se vuelve hacia Alemania, cuyo rgimen presenta numerosos puntos de contacto ideolgico con el Fascismo, Las democracias occidentales han echado a Mussolini en brazos de Hitler. La amistad germano-italiana la fomentar con ocasin de la guerra de Espaa, en que Roma y Berln ayudaran a las tropas nacionalistas del General Franco, mientras los gobiernos de Pars, dominados por el Frente popular se inclinaran del lado gubernamental. Al lado de Pars se colocar resueltamente Mosc, y, en menor escala, Washington. En cuanto a Londres mostrar una muy ligera -- y en todo caso platnica -- amistad hacia los republicanos. REMILITARIZACION DE RENANIA El Pacto Franco-Sovitico haba oficializado una situacin de hostilidad entre la Repblica Francesa y el Tercer Reich. En efecto, un postulado fundamental de la poltica de Hitler consiste en su idea de la Drang nach Osten, la Marcha hacia al Este, vocacin natural del pueblo germnico desde los Caballeros de la Orden Teutnica, e incluso desde Carlomagno. Es difcil ver como podra llevarse a cabo una tal poltica sin recurrir a la Guerra, a menos que la provocara al hundimiento de la URSS aislndola poltica, militar y comercialmente, y sosteniendo, al mismo tiempo a los movimientos irredentistas de Ucrania. Esta poltica fue la seguida inicialmente por Hitler, que suea en un vasto territorio a colonizar, con ucranianos y Bielorusos bajo tutela germnica. Los inmensos espacios del Este europeo quedaran as abiertos a la expansin colonizadora de Alemania. Ya en Mein Kampf, Hitler anuncia sus esperanzas en ese programa; el coloso Bolchevique es un gigante con pies de arcilla que slo se mantiene en el poder merced al terror policaco ayudado por el fatalismo oriental. Pero existe la posibilidad que la poltica de aislamiento de la URSS y de apoyo a los ucranianos y bielorusos que preconiza Hitler no sea infundada para provocar el derrumbamiento del coloso y que llegue el da en que sea necesario enfrentarse militarmente con el: he aqu el motivo por el cual Hitler desea hacer la paz -- la paz real y

no slo una paz armada -- con Occidente, al que no reclama nada. Para una intervencin militar en el Este, Hitler necesita las manos libres, es decir, no verse forzado a hacer la guerra en dos frentes. A tal fin se firm el Pacto de Locarno, por el que ingleses e italianos venan a dejar las manos libres a Alemania, as como los franceses, an cuando la poltica reticente de stos y sus coqueteos con Polonia y la Pequea Entente ensombrezcan un poco el cuadro que, de otro modo, aparecera muy claro para el Reich. Contra esta poltica, el Pacto Franco-Sovitico surge como un obstculo que, junto con el pacto Ruso-Checo que lo complementa, instala polticamente el Bolchevismo en Europa Central, y adems quita a Hitler toda posibilidad de impedir que se siga extendiendo por toda Europa si no es mediante el recurso de una guerra en dos frentes. La diplomacia francesa no solamente instala, mediante sus tortuosas alianzas, al Comunismo en el centro de Europa y le tiende un puente con occidente mediante su alianza con la pequea entente, sino que, al mismo tiempo, le otorga una patente de respetabilidad de la que hasta ese momento, careca. Lgico es, pues, que Stalin acoja el Pacto como una bendicin y, en reciprocidad, ordena a los comunistas franceses que cesen sus huelgas y algaradas que tanto mal han hecho a la economa francesa. He aqu cul era la posicin adoptada por el Reich ante esa autntica agresin diplomtica que representaba el Pacto Franco-Sovitico: A) Al comprometerse a Intervenir en favor de la URSS, incluso si el Consejo de la sociedad de naciones no anunciara ninguna recomendacin, Francia tomaba con respecto a aquella potencia unos compromisos que sobrepasaban con mucho las obligaciones que le incumban en virtud del articulo de la S. de N. pues Francia, literalmente, "se reservaba el derecho a determinar quin sera el agresor, lo cual si desde el punto de vista de la poltica es una monstruosidad. B) Por el Tratado de Locarno, Francia se haba comprometido a no llevar a cabo operaciones militares contra Alemania, salvo en caso de legitima defensa o si Polonia y Checoslovaquia, con las que Francia tena en vigor Pactos de mutua asistencia, fueran atacadas por el Reich. Dejando aparte estos casos precisos, Francia renunciaba a todo recurso a las armas con respecto a Alemania, a cambio de una promesa similar por parte de Alemania y de la creacin de una zona desmilitarizada en Renania, en la rivera izquierda del Rhin. 26 C) A parte de las circunstancias especificadas en el Tratado de Locarno el Pacto FrancoSovitico introduca en la legislacin internacional, y por la exclusiva voluntad de dos de sus miembros, Francia y la URSS, es decir de una nfima minora, un tercer caso: aqul en que Alemania se encontrara en lucha con la Unin Sovitica, precisando que, en este caso, Francia se reservaba el derecho a determinar que el agresor era Alemania y que le incumbira, no slo el derecho, sino el deber de intervenir, atacando a Alemania. Algunos exgetas cultivadores del humorismo involuntario han pretendido que el Pacto Franco-

Sovitico no se diriga contra Alemania [22]. Si el Pacto no se diriga contra Alemania contra quin se diriga, entonces? Por que no cabe duda razonable: un Pacto de ayuda militar se dirige forzosamentte, por definicin contra alguien.. Contra quin poda ser, en la situacin dada? No poda, ciertamente, ser contra Polonia, aliada con Pactos con la URSS y, desde su restauracin como nacin independiente, en 1919, con Francia. Tampoco poda ser contra Checoslovaquia, que acababa de suscribir un pacto de ayuda mutua con Stalin. Ni contra Rumania, que, al igual que Yugoslava, miembro de la Pequea Entente, tena un pacto militar con Francia... A menos de creer que Francia prometa su ayuda a la Unin Sovitica en caso de ser agredida por Estonia, Letonia, Lituania o Finlandia, no quedaba, fisicamente, otra posibilidad que un enfrentamiento armado con Alemania. Es ridculo, pues, negar que el Pacto Franco-Sovitico estaba concebido contra el Reich. Por consiguiente, el 25 de mayo, el gobierno alemn enviaba una nota al francs, resumiendo esta posicin: "Toda intervencin de Francia en aplicacin del Pacto FrancoSovitico sera contraria al artculo 16 del Pacto de la S. de N. y significara una violacin del Tratado de Locarno. Hitler slo mencionaba el artculo 16 del Pacto de la S. de N. incidentalmente. En realidad, insista en lo referente a la violacin del Tratado de Locamo, que l haba calificado como "el nico tratado verdaderamente claro y estimable que existe en Europa" [23]. Francia se tom nada menos que un mes en contestar al memorandum alemn. El 25 de Junio de 1935 la nota francesa tiene la audacia de afirmar que "el Pacto Franco-Sovitico no es un compromiso militar". La respuesta francesa no resiste el ms somero examen; el texto del Pacto dice, expresamente: "En el caso en que Francia o la URSS fueran objeto de una agresin no provocada por parte de un citado europeo, la URSS y recprocamente Francia se prestarn inmediatamente ayuda y asistencia". Y repetimos: los firmantes sern nicos Jueces para determinar quin es el agresor, independientemente de lo que en tal sentido pueda dictaminar la S. de N., de la que ambos forman parte Blum hace ms. Quiere obtener la caucin moral de los consignatarios; del Tratado de Locarno y les formula a todos la misma pregunta: "Consideran que el Pacto Franco-Sovitico contiene implicaciones militares? Londres, Roma y Bruselas piden aclaraciones sobre la pregunta. Pars la formula en otros trminos: "Creen que el Pacto Franco-Sovitico se opone al Pacto de Locarno?". Despus de mucho hacerse rogar, Londres responde el 5 de Julio. "La firma del Pacto Franco-Sovitico no modifica en nada las obligaciones contraidas por la Gran Bretaa "... pero no da su aprobacin. Algo muy ingls. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Roma y Bruselas responden del mismo modo. Esto endurece an ms la posicin de Alemania, y al ser anunciado, el 7 de enero de 1936, que la discusin sobre la ratificacin del Pacto en el Parlamento francs tendr lugar el 12 de febrero, Hitler hace saber al Gobierno Francs, a travs de su Embajador en Pars, que el Reich "considerar la ratificacin del Pacto FrancoSovitico por el Parlamento Frances como un gesto hostil hacia Alemania, e incompatible con las obligaciones del Pacto de Locarno, cuyo texto y espritu habra violado Francia".

El debate sobre la ratificacin dur quince das. El conocido periodista Bertrand de Jouvenel, de la revista Paris-Midi, logr que Hitler le concediera una intervi el 21 de febrero, en pleno debate. Jouvenel pregunt a Francia sobre su sinceridad cuando afirmaba buscar la amistad con Hitler cuando en Mein Kampf aparecen dos o tres diatribas bastante duras contra los franceses. Hitler respondi: 27 "Estaba en presin cuando escrib ese libro. Las tropas francesas ocupaban el Ruhr. Era el momento de mayor tensin entre nuestros dos pases. S. ramos enemigos. Y yo, naturalmente, estaba al lado de mi pas, contra el vuestro, del mismo modo que estuve al lado de mi pas, contra el vuestro, durante cuatro aos, en las trincheras. Me despreciara a m mismo si no fuera, ante todo, Alemn cuando llega la guerra. Pero, ya no hay razn alguna de conflicto entre nuestros dos pases. Qu quereis? Que haga correcciones en mi libro como un escritor que prepara una nueva edicin de sus obras...? Yo no soy un escritor; yo soy un poltico Mi rectificacin? La hago cada da en mi poltica exterior, buscando siempre la amistad con Francia... MI rectificacin la escribo en el gran libro de la Historia". Jouvenel le plante, entonces, otra pregunta: "Deseais el acercamiento franco-alemn. Es que el Pacto Franco Sovitico no va a comprometerlo?" Respuesta de Hitler: "Mis esfuerzos personales hacia un acercamiento persistiran siempre. No obstante, en el plano de los hechos, este desdichado Pacto creara, naturalmente, una situacin nueva". Hitler remarc la frase diciendo: "Os dajais arrastrar en el juego diplomtico de una potencia que todo lo que desea es crear el desorden en las grandes naciones europeas; desorden de el que ella sera la gran beneficiaria. No daba perderse de vista al hecho que le Rusia Sovitica es un elemento poltico que dispone de una revolucionaria explosiva y de armamentos gigantescos. Como alemn, estoy en el deber de tomar nota de una tal situacin. El Bolchevismo no tiene posibilidad alguna de tener xito en Alemania. Pero hay otras grandes naciones que estn menos inmunizadas que nosotros contra el virus bolchevique... Hariais bien en reflexionar seriamente en mis ofertas de entendimiento. Os propongo lo que ningn otro gobierno alemn os habra podido proponer: un entendimiento que ser aprobado por el 90 por ciento de la nacin alemana noventa por ciento que me sigue. Os ruego que tengais en cuenta esto: hay en la vida de los pueblos, ocasiones decisivas. Hoy, Francia puede, si quiere terminar para siempre con este peligro alemn que vuestros hijos aprenden, de generacin en generacin, a temer. Podis, de una ves, levantar esa hipoteca que pesa sobre la historia de Francia. tenis esa suerte. Si no lo Hacis pensad en la responsabilidad que contraeris ante vuestros hijos. Tenis ante vosotros a una Alemania, cuyas nueve dcimas partes confan en su jefe y ese jefe os dice: Seamos amigos" [24]. Eran unas declaraciones muy hbiles y, aparentemente al menos, sinceras habida cuenta de la poltica exterior de Hitler hasta entonces. Esas declaraciones eran susceptibles de modificar la decisin del Parlamento. Y, si ste no ratificaba al Pacto Franco-Sovitico, ste quedaba sin efecto, el gobierno frentepopulista se derrumbaba y la URSS reciba una verdadera bofetada diplomtica. No obstante la intervi de Jouvenel a Hitler no fue

publicada hasta siete das despus de haber tenido lugar, es decir, eI 28 de febrero. Exactamente el da siguiente de la votacin de rectificacin en el Parlamento. La intervi apareci demasiado tarde, ante la sorpresa mayscula de los frances y la Indignacin de Hitler, que quedaba en desairada postura, cual si hubiera cedido ante la votacin, que, como es sabido, fue favorable a la ratficacin del Pacto por 353 votos a favor y 164 en contra. Los discursos pronunciados en el Parlamento por el lder radical Edouard Herriot citando repetidamente las frases antifrancesas de Mein Kampf fueron decisivas para arrastrar al centenar de diputados centro-derechistas al campo de la ratificacin del Pacto. Cmo fue posible que unas declaraciones de tan sensacional importancia fueran disimuladas al pblico durante siete das? Se han dado dos versiones. Segn GaltierBoissire, se produjo una intervencin del Gobierno ante la direccin de Paris-Midi para presionarle en el sentido de que las declaraciones de Hitler fueran publicadas despus de la votacin [25]. Es muy probable que as fuera pues las ofertas de Hitler y sus explicaciones sobre los clebres pasajes antifranceses de Mein Kampf hubieran tenido ciertamente impacto entre la opinin pblica y entre el centenar de radicales y nacionalistas. En el colmo del impudor, Herriot declar ante sus colegas: "Crees que si Hitler no fuera sincero en sus sentimientos contrarios a Francia, dejara de desmentir los pasajes de su libro, o, al menos, no nos dara alguna explicacin al respecto?. 28 El caso es que esas "explicaciones" que peda Herriot las haba dado Hittler das antes y que, segn el citado Galtier-Boissire y otros tratadistas franceses [26], el gobierno francs las conoca, hurtndolas a la opinin pblica. Y si el gobierno francs las ignoraba, entonces la responsabilidad recaera en la direccin de Paris-Midi. Pero cuando en Alemania se enteraron de la maniobra se elevaron protestas, que no pudieron en modo alguno pasar desapercibidas al gobierno francs que, no obstante, no tom medidas contra la revista por su flagrante manipulacin informativa. En cualquier caso, el clan belicista francs, con los frentepopulistas y una gran parte de los "chauvins" derechistas, haba conseguido montar el mismo dispositivo estratgico que se logr con el Pacto Franco-Ruso de 1891, que casi hizo estallar la guerra en 1907 y luego en 1911, logrndolo finalmente en 1914. El gobierno francs y la mayora de parlamentarios que ratific el Pacto, empero, ignoraban, o parecan ignorar, que la Rusia Zarista y la Rusia Bolchevique eran dos realidades muy diferenciadas. La respuesta de Hitler se produjo una semana despus. El da 7 de Mayo, Hitler ordenaba la remilitarizacin de Renania, comunicando oficialmente a los pases consignatarios del Tratado de Locarno, Blgica, Francia, Inglaterra e Italia, que habiendo violado Francia dicho Tratado, cuyas obligaciones eran incompatibles con el nuevo Pacto Franco-Sovitico, se consideraba desligado del mismo. La remilitarizacin de la margen izquierda del Rhin era, indiscutiblemente, una violacin de las disposiciones de la Parte V del Tratado de Versalles, as como del Tratado de Locarno. Pero no era ms que una rplica a una violacin anterior de esos dos tratados por Francia. En Derecho Internacional -- como, por

otra parte, en Derecho Privado -- un tratado no es nada ms que el compromiso recproco de cumplir determinadas obligaciones entre dos o mas partes. Cuando una de las partes falta a sus obligaciones, la otra o las otras quedan automticamente desligada de las suyas. La reaccin de Francia ante la remilitarizacin de Renania fue muy viva, tanto en el plano diplomtico como en el de su desorientada -- por no decir demasiado orientada -- opinin pblica. Pero Alemania se mantuvo firme; Hitler saba, por la nota inglesa del 5 de Julio y la italiana del 15 de Julio, respondiendo a la consulta francesa sobre su -- entonces -proyecto de Pacto Franco-Sovitico, que ninguna de esas dos potencias intervendra, y que Francia quedara sola ante Alemania. Cuando Francia se dirigi a Polonia y a la Pequea Entente, recibi como respuesta la promesa de ayuda por parte de Checoslovaquia, Yugoeslavia, Rumania y Polonia, pero slo a condicin de que Francia llevara la iniciativa de las operaciones y siempre y cuando Inglaterra e Italia se unieran a la coalicin. Es decir, en lenguaje diplomtico, sus aliados dejaban sola a Francia. El 12 de Marzo, se reunan en Londres los Ministros de Asuntos Exteriores de los consignatarios del Tratado de Locarno. Hitler puso como condicin para enviar a su representante a que ste tuviera el mismo derecho al uso de la palabra que sus colegas; que se estudiara la previa violacin de los trminos del Tratado por parte de Francia y que las dems delegaciones se avinieran a entrar inmediatamente en negociaciones sobre nuevas propuestas alemanas. Al ser rechazadas tales peticiones por Francia y Blgica -- que, en aquellos momentos, era, polticamente, un satlite francs -- Alemania se abstuvo de mandar un representante a la conferencia de Londres. En la misma, se constat que el tratado de Locarno haba muerto, de muerte natural. Al notar que su posicin es fuerte, Hitler piensa que la tribuna de la S. de N. puede constituir un buen escaparate publicitario; una caja de resonancia diplomtica y, aprovechando que ha sido invitado a comparecer ante el Consejo, Hitler manda all a Von Ribbentrop, que llega el 19 de Marzo y hace la declaracin siguiente: " El Canciller Hitler ha formulado toda una serie de proposiciones en favor de la paz. No han sido tenidas en cuenta. " Ha propuesto el desarme general: ha sido rechazado. " Ha propuesto un armamento paritario, basado sobre ejrcitos de 200.000 hombres: ha sido rechazado. " Ha propuesto elevar la cifra a 300.000: ha sido rechazado. " Ha propuesto un pacto areo: ha sido rechazado [27]. 29 " El 21 de Mayo de 1935 propuso un conjunto de medidas destinadas a asegurar la paz en Europa: fueron rechazadas, excepcin hecha de las disposiciones relativas al desarme naval, que sirvieron de base al acuerdo germano-ingls.

" El Canciller del Reich ha reiterado numerosas veces sus ofertas de paz y -- permitidme decirlo aqu -- l mismo y toda Alemania han esperado que el Pacto Franco-Sovitico no sera ratificado. " Cuando, haciendo caso omiso de sus ofrecimientos y advertencias el Parlamento Francs ha ratificado ese Pacto, el Canciller del Reich, consciente de sus graves responsabilidades hacia el pueblo alemn, ha extrado del mismo la nica conclusin que se impona. Ha restablecido la sobrerana alemana sobre todo el territorio del Reich. " Al actuar as, el Gobierno alemn se ha fundado en los hechos siguientes: " 1.- A consecuencia de la accin unilateral de Francia, el espritu y la letra del Pacto de Locarno han sido tan radicalmente falseados, que dicho Pacto ha perdido su validez y vigencia. " 2.- A consecuencia de la nueva alianza militar concluida entre Francia y la Unin Sovitica, Alemania se ha visto obligada a recurrir, sin demora, al elemental derecho que tiene toda nacin a asegurar la seguridad de su propio territorio. " Por este motivo el Gobierno del Reich rechaza categricamente, como desprovista de todo fundamento, la acusacin de haber violado unilateralmente el Tratado de Locarno. Es materialmente imposible violar un acuerdo que los actos de otro signatario han convertido en caducos. " El contenido y el mbito de las proposiciones alemanas no necesitan comentarios. Son tan amplios y completos que todo hombre de citado animado de un sincero amor a Europa slo puede desear su rpida aplicacin. " Ojala pueda el Consejo de la Sociedad de Naciones, amparando sus actuales sentimientos, tomar conciencia de su significacin histrica, y reconocer que tiene en sus manos, los Instrumentos merced a los cuales es posible rechazar el espectro de la guerra y llevar a una Europa Inquieta al camino de la Paz" [28]. La argumentacin de Von Ribbentrop parece irrecusable. Y prueba de ello es que nadie Intent rebatirla. No hubo discusin, a pesar de que el plenipotenciario alemn pareca, viablemente, aguardar una respuesta. No la hubo. Todos los miembros del Consejo parecan turbados [29]. En su nombre, el Presidente de la Asamblea, al britnico Bruce, toma acta de las palabras de Ribbentrop y levanta la sesin. Por la tarde, en ausencia de Ribbentrop, al que, Islitamente, ni se avisa siquiera [30] el Consejo se limita a declarar sin discusin previa y sin mas comentarios que "el artculo 43 del Tratado de Versalles ha sido violado por Alemania". No se habla de la intervencin militar, ni de represalias ni de ninguna clase de sancin. Al levantar la sesin, Bruce pronuncia una corta alocucin que contiene la siguiente frase: El Canciller Hitler ha renovado su voluntad de cooperacin: nos ha sido confirmado esta misma maana por su representante personal. Estoy convencido pues, que se encontrar una solucin ".

Esto era, de hecho, una especie de "visto bueno" dado, inesperadamente a Hitler, por Bruce, conservador ingls opuesto al clan belicista que representaban en su pas los laboristas y los llamados jvenes conservadores de nos ya nos hemos ocupado. Unos das despus, el 29 de Marzo, un referendum "aprobaba la obra llevada a cabo por el Fhrer en el curso de los tres ltimos aos", por 44.411.911 votos, es decir, el 99 % del conjunto de los inscritos, es decir, la ms fuerte de las mayoras que nunca obtuviera. La inmensa mayora de los periodicos y revistas de las democracias occidentales, empero, hablaron de "plebiscitos trucados ". Olvidaban que en el Sarre, bajo control de la S. de N., Hitler obtuvo nada menos que un 90,75 % de los votos, tras quince aos de propaganda francesa. No parece, pues, descabellado, que sin propaganda sistemticamente adversa y con el buen trabajo del Doctor Goebbels desde el Ministerio de Propaganda, se obtuvieran mejores resultados, llegando, en la ocasin que nos ocupa, al 99 %. Hitler haba ganado en toda la lnea, pero el clan belicista haba logrado, mediante la bombstica utilizacin de sus recursos propagandsticos a escala mundial, que el Fhrer apareciera a ojos de una parte cada vez mayor de la opinin pblica como un incumplidor de 30 pactos y tratados, cuando, en el caso presente, parece fuera de toda duda razonable que el incumplidor fue el gobierno francs, y no el alemn. 1937: AO DE TRANSICIN Tres hechos principales caracterizan el ao 1937 desde el punto de vista diplomtico: la consolidacin del Eje Roma-Berln; la tentativa del acercamiento anglo-alemn tras la subida al poder, en Inglaterra, de Chamberiain, y el hundimiento de la Pequea Entente. La consolidacin del Eje se configura el 5 de Mayo con la visita que Von Neurath hace al Duce. Las conversaciones de los dos hombres de estado confirman, dice un comunicado alemn "el estrecho paralelismo de intereses y de identidad de intenciones de ambos pases". El 25 de Septiembre, Mussolin, recibido solemnemente por el Fhrer en Munich, le entrega un documento, en el que, entre otras cosas, se dice: "Defensor y guardin de la cultura europea contra toda tentativa subversiva, el Fhrer ha dado a Italia, en sus horas de lucha, su plena solidaridad y su amistad sincera". Ms adelante veremos que este entusiasmo, que un nrdico adjetivara "latino", no est exento de reservas mentales. De momento, limitmonos a mencionar que el 6 de Noviembre se firma un protocolo anticomunista por el cual Italia se adhiere al protocolo germano-nipn, suscrito en Noviembre de 1936. Esto da luz al Eje Berlin-Roma- Tokio. Sir Neville Chamberlain sucede a Baldwin como Primer Ministro ingls en Mayo de 1937. Baldwin debi dimitir a causa de haber adoptado el punto de vista del Arzobispo de Canterbury sobre la cuestin del matrimonio morgantco de Eduardo VIII. Al convertirse en el campen de la abdicacin de ste, se haba autoexcludo del poder, pues el prestigio de la Corona Britnica no poda permitir que el nuevo soberano, Jorge VI, le debiera el trono. El sucesor de Baldwin es un burgus, tpicamente ingls, hombre de negocios,

bsicamente un "gentleman" y con un excelente sentido del humor. Antes de llegar a la ms alta magistratura de la poltica britnica, haba sido Canciller del Exchequer (Ministro de Finanzas), logrando parchear la economa inglesa, maltrecha tras la nefasta gestin del socialista MacDonald. Es, segn sus adversarios, un cnico, y segn sus partidarios, un realista, con un agudo sentido de las realidades, muy gil en las negociaciones y "muy ingls". Su fortuna personal parece ponerle al socaire de las presiones.....pero slo lo parece. En su momento, como ms adelante veremos, deber ceder precisamente en el terreno que se supona el ms invulnerable para l. Lo primero que hace Chamberlain es mandar a Lord Halifax, Lord Presidente del Consejo, a Berln, donde se entrevista con Goering. El pretexto es una exposicin cinegtica. Luego visita a Hitler en Berchtesgaden. No trasciende nada del resultado de sus entrevistas, pero el peridico The Observer, rgano de la City y de los intereses exclusivamente anglosajones, publica [31] un sensacional artculo en el que expone que "la unin de Austria con Alemania le parecera la cosa ms natural del mundo" ... "Gran Bretaa", deca el artculo "no va a hacer la guerra ni enemistarse con el Reich para asegurar la independencia de Austria o Checoslovaquia". El artculo est firmado por Garvn, diplomtico de primer rango. Aunque es posible que su artculo no refleje ms que la opinin del autor, para los que conocen el grado de intimidad entre Garvn y el Primer Ministro Chamberlain y con las primeras figuras del Partido Conservador en su versin no-belicista, tales como Sir Samuel Hoare, Runciman, Simn, Brendan-Bracken y Butler no quedan dudas de que desde Noviembre de 1937 Chamberlain ha dado, a Hitler, luz verde para su predominio en Europa Central, solucionando a su manera los problemas austraco y checoeslovaco - siempre y cuando Inglaterra arbitre la situacin - y dejando, de este modo, manos libres a Alemania en el Este de Europa, ante la URSS. El artculo citado terminaba, significativamente, con una feroz diatriba anticomunista. Causan tal sensacin las afirmaciones de Garvin que toda la prensa inglesa se hace eco de ellas. El clan belicista britnico reacciona violentamente y se acusa a Chamberlain de pactar, secretamente con Hitler, dejndole fortalecerse para que pueda atacar a la URSS. Los laboristas y todo el Movimiento Sionista son los abanderados de las crticas contra Chamberlain, pero tambin los llamados "jovenes conservadores" se distinguen por la dureza de sus ataques al Primer Ministro. El tercer hecho crucial de 1937 es, como hemos dicho, el hundimiento de la Pequea Entente, alianza poltico-militar que una a Francia directamente con Yugoeslavia, Rumania y Checoslovaquia, y las tres ltimas indirectamente con Polonia, pas que a su vez tena un pacto de amistad y ayuda mutua con Francia. 31 El fin de la Pequea Entente haba empezado en Junio de 1935. Stojadinovich, el Ministro de Economa, haba sido llamado por el Regente de Yugoeslavia para que presidiera el nuevo Gobierno de aqul pas. Partidario de colaborar con el Reich en la poltica econmica del barter (trueque) que ste patrocina, los lazos con Alemania se fortalecen en la misma medida que se debilitan los que unen a Yugoeslavia con Francia. Un ao antes, en Agosto 1936, Titulesco, haba debido dimitir de su cargo de Ministro de Asuntos exteriores [32], en Rumania, al subir, democrticamente, al poder, el Primer ministro Octavian Goga quien, por cierto, sera depuesto un ao despus, dictatorialmente, por el Rey Carol, ante el

aplauso de las llamadas democracias. Goga inici una poca de cooperacin econmica con Alemania. Ya desde Principios de 1937 se estableci una doble corriente de intercambios econmicos entre Yugoeslavia y el Reich, por una parte, y entre el Reich y Rumania por otra. Yugoeslavia y Rumania enviaban sus productos agrcolas y ganaderos a Alemania, la cual les pagaba en productos qumicos, maquinaria y artculos manufacturados. El Reich estaba apoderndose de los mercados industriales yugoeslavo y rumano, de la misma manera que ya anteriormente se haba hecho con los mercados hngaro y blgaro. Pero los gobiernos de Belgrado y Bucarest deban ir mucho ms lejos en la desautorizacin de la poltica pro-francesa sostenida por sus antecesores. El 24 de Enero de 1937, Stojadinovich y Kusseivanov, Presidente del Gobierno Blgaro, firmaban un Tratado de paz y amistad entre sus pases, y dos meses despus el mismo Stojadinovich firma otro tratado con Italia. En virtud del mismo Italia y Yugoeslavia se garantizaban mutuamente el respeto de sus respectivas tierras y se comprometan a actuar de acuerdo en el caso de complicaciones Internacionales que pusieran en peligro sus intereses. Cuando Yvon Delbos, plenipotenciario francs, se presenta en Belgrado para renovar la alianza franco-yugoeslava de la Pequea Entente, Stojadinovich se encuentra en Roma. en visita oficial. Delbos es recibido, framente, por un secretario de embajada. Yugoeslavia ha cambiado de campo definitivamente: sus intereses estn, ahora, ligados con los de las Potencias del Eje. EL "ANSCHLUSS" Los Tratados de Versalles y de Saint Germain haban despedazado prcticamente el antiguo Imperio Austro-Hngaro. Austria quedaba, a consecuencia de ellos, reducida a un pequeo territorio de unos seis millones de habitantes, de los cuales casi un tercio se concentraba en su capital, Viena. El nuevo estado pareca, en las circunstancias de entonces, como inviable. El Anschluss (unificacin con Alemania) era reclamado, desde Noviembre 18, por el Partido Socialista Austraco, a cuyo frente se hallaban, por cierto, dos hebreos, Victor Adler y Otto Bauer. El 12 de Noviembre del mismo mes, los diputados del Reichsrtag austraco constituidos en Asamblea Nacional, adoptaban un proyecto de ley tendente a la proclamacin de una repblica germano-austraca. El articulo tercero estaba concebido en los siguientes trminos: Austria-Alemania constituye parte integrante de la Repblica Alemana". El 25 de Diciembre, Otto Bauer - repetimos, un socialdemcrata judo, no un nazi alemn Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Provisional de la joven Repblica de Austria, entregaba al Cuerpo Diplomtico una nota en la cual invocaba en favor de la tesis del Anschluss, el principio, tan caro al Presidente Wilson, del "derecho de los pueblos a disponer de si mismos". Bauer afirmaba, con toda lgica, en la aludida nota: "Los Estados Unidos y la Entente han combatido por defender el derecho de las nacionalidades a ser independientes o a unirse entre si. No se puede rehusar a AustriaAlemania un derecho que ha sido reconocido a los polacos, a los eslavos y a los italianos".

El Anschluss parece, en esos momentos, tan probable e irreversible que una parte de la poblacin del Vorarlberg y del Sud-Tirol que no lo desea, pide oficialmente su incorporacin a la Confederacin Helvtica. El 4 de Marzo de 1919, la Asamblea Constituyente preconiza por mayora abrumadores de votos el Anschluss y doce das despus una ley constitucional, cuyo articulo segundo establece que " Austria forma parte de la Repblica Alemana ". El 19 de Marzo, el Canciller Austraco Renner, declara ante la Cmara: "Nuestra poltica exterior continuar la Idea directriz de la reunin con la madre patria. El Gobierno continuar enrgicamente las conversaciones con el Gobierno Alemn y har todo lo posible para que stas obtengan cunto antes un resultado positivo ". 32 A pesar de que los Aliados occidentales se oponen al Anschluss amparndose en las clusulas de los Tratados de Versalles y Saint-Germain, la Asamblea Nacional Austraca, por unanimidad, decide organizar, en un plazo mximo de seis meses un plebiscito a propsito de la reunin con el Reich. La primera provincia en ser consultada ser precisamente el Tirol del Norte. La votacin tiene lugar el 24 de Abril de 1921. El 98,6 % de los electores son partidarios del Anschluss. Un mes ms tarde, votacin en Salzburg: el 99 % de los votantes se declaran igualmente partidarios del Anschluss. La siguiente consulta popular est prevista en la regin de Estiria, pero, a la demanda de los aliados, capitaneados por Francia, la S. de N. interviene. En virtud del artculo 80 del Tratado de Versalles, que garantiza la independencia de Austria, las consultas populares son interrumpidas. Admirmonos, de paso, de la incoherencia de las llamadas democracias occidentales, que dominan la S. de N., apoyadas ahora por la democracia sovitica. Por una parte profesar el sacrosanto principio del "derecho de los pueblos a disponer de s mismos", y nada, en efecto, ms democrtico, si consideramos la democracia como lo que pretende ser. Y por otra parte, en cuanto el pueblo austraco quiere disponer de s mismo, las democracias occidentales invocan un artculo del Tratado de Versalles, que ellas consideran intangible, cuando les conviene, y ordenan mayestticamente la perpetuacin indefinida del statu quo. Los austracos arguyen que tambin el Tratado de Versalles contiene un artculo, concretamente el n. 19, que prev la modificacin o rescisin de clusulas del mismo. Est redactado as: "La Asamblea de la Sociedad de Naciones puede, de vez en cuando, invitar a los miembros de la Sociedad a proceder a un nuevo examen de los tratados que, con el tiempo, se hayan convertido en inaplicables, as como de aquellas situaciones internacionales cuyo mantenimiento podra poner en peligro la paz del mundo". El arepago ginebrino contesta, segn su costumbre, al margen de la cuestin: el Tratado de Versalles garantiza la independencia de Austria. Esto es sencillamente inaudito. "Garantizar", en cualquier diccionario, es salir fiador de algo o de alguien. Como se puede salir fiador de alguien si ste no quiere que se haga ? No parece, en la circunstancia dada, la palabra "garanta" un hipcrita subterfugio para no deber utilizar el vocablo (tan poco democrtico) de " imposicin "?.

Pasan diez aos desde esta imposicin de la S. de N., empeada en mantener la balcanizacin de Europa en multitud de mini-estados inviables. En Mayo de 1931 se hace pblico que el Canciller Schober y el Ministro Alemn Curtius estn preparando un proyecto de unin aduanera austro-alemana. Inmediatamente, Briand, Delegado francs en la S. de N., eleva su protesta. Austracos y alemanes insisten. El asunto ser llevado ante el Tribunal de la Haya, que fallar a favor de la tesis francesa. El proyecto de unin aduanera ser enterrado. Si nos basramos exclusivamente en la lgica, el ex-Ministro Otto Bauer, sionista y socialista, hubiera debido hacer or al mundo su indignada protesta por esta antidemocrtica ingerencia de la Repblica Francesa en los asuntos internos de Austria. Pero Otto Bauer se call. Por qu ? Pues porque el Otto Bauer de 1931 ya no era el Otto Bauer de 1921, partidario del Anschluss. Su opinin haba cambiado en ese aspecto en 1925, en el momento en que el Mariscal Hindenburg era elegido Presidente del Reich. Si Otto y, con l, todos los socialistas austracos - apoyados entonces por todos los socialistas de Europa - haban preconizado el Anschluss tras la Primera Guerra Mundial, era nicamente por espritu de partido. La supresin de la frontera alemana les hubiera permitido fortalecer el Socialismo Alemn, entonces en gran auge electoral, al cual habran apuntalado con sus votos, y, al mismo tiempo, habran consolidado su propia posicin en Viena. Como Alemania se haba desembarazado del Socialismo, dejaba de ser "la madre patria". Los demcratas son los mismos en todas partes: y lo primero es el Partido ! [33]. La llegada de Hitler al poder convertir a Otto Bauer y sus amigos polticos en adversarios declarados del Anschluss. El Canciller de Austria es en esa poca, Dollfuss, apasionado antihitleriano, pero tambin antimarxista. El 12 de Febrero de 1934 los comunistas de Viena se lanzan a la calle para tomar el poder por la violencia, pero son aplastados por la Polica y el 33 Ejrcito [34]. Los nacionalsocialistas austracos, conducidos por Seyss-Inquart y el doctor Tavs, presionan a Dollfuss para que proceda a estrechar lazos con el Reich, cuenta tenida de que en la Constitucin Austraca se reconoce, en su Artculo tercero, que "Austria es un estado alemn". Sale otra vez sobre el tapete la cuestin de la unin aduanera con Alemania, que slo beneficios puede reportar a ambos pases. Dollfuss, inslitamente, se dirige a la Asamblea de la S. de N., la cual, actuando como un simple particular y sobrepasando totalmente el marco de sus atribuciones y competencias, concede a Austria un prestamo sin inters de nueve millones de libras esterlinas a condicin de que Austria no se una aduaneramente con el Reich, por un perodo de veinte aos. Esto romper todos los puentes entre Dollfuss y su "Frente Patritico" con los nacionalsocialistas, a la vez que envenenar las relaciones con el Reich, donde Hitler acaba de acceder al poder. Los nazis austracos obtienen numerosas victorias parciales, en las elecciones cantonales, aunque basndose en defectos de forma y en argucias legales, Dollfuss las anule con frecuencia. No obstante el nmero de sus representantes en la Asamblea Nacional Austraca es cada vez ms numeroso.

En Agosto de 1933, Dollfuss se entrevista con Mussolini en Riccione y ste le garantiza, de nuevo, la independencia austraca. Decididamente todo el mundo parece preocuparse por la independencia de Austria, exceptuando la mayora del pueblo austraco. Mussolini, en Riccione, garantiza la independencia de Austria, si es preciso, con la fuerza de las armas, pero exige a cambio la renuncia definitiva de Austria al Alto Addige (Tirol del Sur) que el Tratado de Versalles adjudic a Italia, que sean abolidos todos los partidos polticos Austriacos, incluyendo el nacionalsocialista y que el "Frente Patritico" adopte gradualmente el modelo fascista. En Mayo de 1934 se incrementan hasta lo indecible las cortapisas al Partido NacionalSocialista austraco, evidentemente sostenido, con no excesiva discresin, por Alemania. El terrorismo y el contraterrorismo se suceden, entre nazis y miembros del "Frente Patritico". Ello llega al paroxismo cuando Dollfuss decide anular, por un supuesto vicio de forma, unas elecciones cantonales en Salzburgo, que al dar la victoria a los nacionalsocialistas dejaba a stos con mayora en el Parlamento. Hubo un raid de los nazis en la Cancillera, y Dollfuss resulto muerto en el tiroteo [35]. En un movimiento completamente hostil a Berln, Mussolini envi tropas al Paso del Brenner anunciando, adems, que no tolerara la ocupacin de Austria por Alemania [36]. A Dollfuss le sucede como Canciller Schussnigg, que, el 11 de Julio se entrevista con Hitler, publicndose un comunicado conjunto por el que "Alemania reconoce la plena soberana del Estado Austraco y Austria se compromete a levar a cabo una poltica sobre la base de los hechos reales y que Austria es un estado alemn". El Partido NacionalSocialista austraco tendra pleno derecho de actuar libremente y a propagar sus ideas, incluyendo la idea del Anschluss. Adems, se firma un tratado de cooperacin comercial entre ambos pases. Schussnigg, entre tanto, se ve presionado por la S. de N., que contina empeada en "garantizar la independencia del Estado Austraco". Hitler ofrece a Schussnigg ayuda financiera para librar a Austria de la hipoteca que representa el prstamo que el organismo supranacional ginebrino le hiciera. Mussolini contina sosteniendo a Schussnigg como hiciera con Dollfuss, tanto poltica como financieramente. El Canciller austraco, pues, interpreta el acuerdo con Hitler a su manera, es decir en el de la independencia del estado austraco, haciendo caso omiso del otro aspecto del mismo, o sea su carcter alemn. A finales de 1937, Schussnigg se desplaza a Pars para entrevistarse con Laval, proponiendole una alianza militar defensiva, parecida a la que Francia tiene vigente con Polonia y Checoeslovaquia. Schussnigg propone que Mussolini sea asociado a ese pacto. Pero para la Izquierda francesa considera Schussnigg, el sucesor de Dollfuss, es un " fascista ", que, si bien anula las elecciones cuando stas son favorables a los nazis austracos, tambin mete a los comunistas en campos de concentracin y mantiene a los socialistas en un ostracismo absoluto. Laval acogera con gusto la sugerencia de Schussnigg de tender un puente hacia Roma a travs de Viena, pero el empecinamiento ideolgico de los marxistas franceses se lo impide. Schussnigg debe regresar a Viena completamente fracasado, sin haber logrado ms que enfriar an ms las relaciones con Berln. 34

A principios de 1938 Schussnigg, a sugerencias de su amigo el ministro francs Puaux intenta afianzar la existencia del Estado Austraco mediante lo que l considera una hbil maniobra. Decide organizar un plebiscito preguntando al pueblo si desea la independencia de Austria o si prefiere el Anschluss con Alemania. El propio Mikis, Presidente Federal de Austria, aconseja a Schussnigg que desista de su idea. Si en Austria hace tiempo que no se han llevado a cabo elecciones generales, es evidente que los padrones no estn al da. Este inconveniente, empero, es mnimo comparado con lo que lleva "in mente" el Canciller Schussnigg: los colegios electorales no estarn formados por las autoridades locales, sino exclusivamente por miembros del "Frente Patritico" la guardia pretoriana de Schussnigg. El Estado controlar de este modo las elecciones, el recuento de los sufragios y la anulacin de los comicios all donde se considere necesario; el voto podr ser secreto o no, segn las circunscripciones y la prensa gubernamental ya avisa que todo voto favorable al Anschluss significar alta traicin. Todo se prepara a toda prisa para lograr el efecto de "fait accompli". El propio Mussolini, que hasta el momento ha sostenido sin desmayo a Schussnigg, le aconseja que abandone su proyecto. Hitler se dirige a la S. de N. pidiendo a sta que intervenga y controle el plebiscito. La S. de N. que lleva casi veinte aos ocupndose de los asuntos de todo el mundo, responde virtuosamente que no puede inmiscuirse en los asuntos internos de Austria. En vista del giro que van tomando los acontecimientos, Seyss-Inquart, jefe de los nacionalsocialistas austracos, dimite de su cargo de consejero de Estado invita a la poblacin de abstenerse de votar. Hitler dirige una propuesta a Schussnigg: que las elecciones se aplacen durante tres semanas, y que en ese tiempo se confeccione el padrn electoral. Solicita tambin que el voto sea secreto y que los delegados de los dems partidos, incluidos los nazis locales tengan derecho a participar en el control de los escrutinios junto a los del "Frente Patritico". Schussnigg se apoya en los nicos aliados que le quedan: los marxistas, que son sacados del campo de concentracin de Woellersdorf y montados en camiones que recorren las calles a los gritos de " viva Schussnigg ! Viva Moscu !", pero nadie les secunda. El embajador austraco en Londres, personaje siniestro y que lleva el nombre premonitorio de Barn Frankenstein comunica que, pese a los requerimientos de Schussnigg en ese sentido, Inglaterra no intervendr ni militar ni siquiera diplomticamente para apoyar a Austria. Schussnigg debe ceder y anunciar el aplazamiento de las elecciones y dimitir. Tres horas ms tarde, el Presidente Federal Mikls ordena a Seyss-Inquart que forme nuevo gobierno. Este lo hace con miembros de su propio partido, el Nacional Socialista de Austria, mientras los "camisas pardas" desarman sin lucha a componentes del "Frente Patritico". La Plaza de los Hroes, en Viena est ocupada por una muchedumbre que estalla en delirantes ovaciones cuando desde el balcn de la Cancillera federal despliegan la primera bandera de la cruz gamada. Los nacionalsocialistas austracos controlan todo el pas, con el apoyo de la gran mayora del pueblo [37]. En todos los edificios oficiales ondea la bandera de la swastika mientras los miembros del "Frente Patritico" se han retirado sin ofrecer resistencia. Pero, en vista del fracaso del anterior "putsch" contra Dollfuss, en Berln no confan demasiado en la situacin y quieren estar prevenidos contra cualquier sorpresa desagradable. Goering habla por telfono con Seyss-Inquart, y poco despus recibe un telegrama, que ya se le anticipa, anuncindole:

"El Gobierno Austraco que presido y que, despus de la dimisin presentada por el Gobierno Schussnigg considera su misin garantizar la tranquilidad y el orden en Austria, dirige al Gobierno alemn el ruego de que le apoyen en su misin y le ayuden a tomar medidas tendentes a evitar que corra la sangre. A este respecto ruega al Gobierno Alemn el pronto envi de tropas alemanas ". Tras una noche de febril tensin, a las seis de la maana, las tropas alemanas al mando del General Von Bock, cruzan la frontera austraca. La nica resistencia que deben vencer en su avance es el entusiasmo de la muchedumbre que los inunda de flores y slo con gran dificultad les cede el paso en las calles. Esto no es una patraa de la propaganda del Doctor Goebbels, sino un hecho acreditado por las grandes agencias de noticias internacionales de la poca, qu, por cierto, lo relataban lamentndolo ... [38]. El 10 de Abril se consult mediante plebiscito, a la poblacin austraca, si deseaba o no el Anschluss con el Reich. Hitler comunic a la S. de N. y a los gobiernos ingls, francs e italiano, que, si lo deseaban, podan enviar observadores que controlaran la pureza democrtica de los 35 escrutinios. Ninguno de dichos gobiernos consider til o conveniente aceptar la invitacin del Fhrer. No obstante, abundaron los representantes de agencias de noticias internacionales, incluyendo Havas, Stfani y Associated Press, que no formularon objecin alguna en cuanto al normal desenvolvimiento de los comidos. El resultado final arrojado por los mismos fue de 4.275.000 votos favorables al Anschluss y 12.500 en contra. Mussolini toma nota de la nueva situacin planteada y tras recibir al enviado personal de Hitler, el Prncipe Felipe de Hesse, pariente de la Casa Real italiana, que se traslada a Roma en avin especial, rene al Gran Consejo Fascista que manifiesta "rechazar toda intervencin en la poltica interior de Austria y en el desarrollo de un movimiento de carcter nacional cuyo resultado lgico se poda prever desde hace tiempo ". Hitler responde a esta noticia con un telegrama, desde Linz, que revela la emocin que le embarga aqul da: "Mussolini, jams le olvidar este gesto ". Italia, el Japn, Yugoeslavia, Polonia y Hungra son los primeros pases en transformar sus embajadas vienesas en consulados y aprovechan esta ocasin para expresar sus simpatas "por la reincorporacin de Austria al Reich alemn". Su ejemplo es seguido pronto por Holanda, Blgica, Lituania, Portugal, Brasil y todos los dems pases, incluyendo los Estados Unidos y la Unin Sovitica....sta ltima con un simple reconocimiento diplomtico, pues no mantenia embajada en Viena. Slo Inglaterra y Francia se ven en la "penosa" obligacin de levantar un acta de protesta. Lord Halifax, Ministro de Asuntos Exteriores de la Gran Bretaa declara el 16 de Marzo en la Cmara de los Lores que la situacin creada por el Tratado de Saint-Germain (es decir, la independencia forzosa de Austria) no se poda mantener eternamente en vigor, pero que "el Gobierno Britnico rechazaba el empleo de la fuerza por parte de Alemania...". Como se observar la protesta inglesa es matizada. No discute la justicia del Anschluss, sino el procedimiento, que considera violento. Francia no matiza; lo condena todo. Es curioso - digmoslo de paso -

que dos imperios coloniales, sobre todo el ingls, que se han forjado con el empleo permanente de la fuerza durante tres siglos, sean tan selectivos a la hora de valorar el Anschluss. Al fin y al cabo, ste se ha llevado a cabo sin disparar un solo tiro. Los ingleses llevan tres siglos en Irlanda y dos en la India, mantenindose a tiros, y ningn gobierno alemn ha "lamentado el uso de la fuerza por parte de Inglaterra". Una cosa parece evidente, con todo. Chamberlain, al dar a conocer, por boca de su Ministro Halifax, que la artificial independencia austraca no poda mantenerse por ms tiempo, an cuando haga la concesin a su ala belicista sobre el empleo de la "violencia" alemana, en realidad lo que hace es dar su acuerdo a Alemania para que contine su poltica, es decir; "hegemona germnica en Centro-Europa, statu quo en las fronteras occidentales del Reich y orientacin de los objetivos alemanes hacia el Este". El 10 de Abril, nuevo plebiscito organizado por Hitler, sobre la cuestin siguiente: " Ests conforme con la reincorporacin de Austria al Reich, llevada a efecto el 13 de Marzo de 1938 y votas por la candidatura de nuestro Fhrer, Adolf Hitler?". Casi cincuenta millones de electores depositan su voto la votacin es secreta y a la misma asisten, con inters no disimulado, numerosos corresponsales de la prensa extranjera. El resultado oficial es el siguiente En Austria, el 99,73 % de los votos son favorables al Anschluss, en Alemania, el 99,01 %. La eleccin en todo el territorio de la Gran Alemania es de un 99,10 % de votos a favor de Adolf Hitler, para la nica candidatura que se ha presentado. Las cifras se acercan demasiado a la unanimidad para no despertar fundados recelos. Algunos periodistas extranjeros afirman [39] que ha habido irregularidades en los recuentos de votos, y que no creen que Hitler haya obtenido ms de .... un 90%. Creemos que huelgan los comentarios. An admitiendo como vlida la objecin, un 90% no lo ha obtenido ningn gobierno democrtico, en Europa Occidental ni en Amrica, jams; ni antes ni despus de Hitler. DEL DISCURSO DE LA CUARENTENA A LA CONFERENCIA DE EVIAN Fue en 1938, ao en que, por otra parte, el Anschluss y la cuestin de los Sudetes llevaron tantas congojas a los espritus de los gobernantes, cuando el problema judio lleg a su paroxismo en Alemania. No obstante, en un momento dado pareci lucir una posibilidad de esperanza. Desde su llegada a la Casa Blanca, el Presidente Roosevelt se haba distinguido por ocuparse ms de la poltica europea que de la norteamericana. Son conocidas sus intervenciones en favor de los Judos alemanes, as como su apoyo a Inglaterra y Francia en el asunto de las sanciones contra Italia con motivo de la guerra de Etiopa. El 5 de Octubre de 1937 pronunci en 36 Chicago el llamado "Discurso de la Cuarentena" porque en l preconizaba la puesta en cuarentena de Alemania, el Japn e Italia, es decir, del 12% de la poblacin del globo, debido a que tales pases "estn destrozando todo el orden internacional y toda equidad para el 88% de ciudadanos del mundo amantes de la paz, de la seguridad y la libertad, con objeto de preservar a la colectividad humana del contagio".

En Julio de 1938, el presidente Roosevelt, que tenia en su pas un paro univalente al 11% de su poblacin, es decir, un problema pavoroso, demuestra que sus preocupaciones siguen lejos de los Estados Unidos, cuyo pueblo, es de suponer que le ha votado para que se ocupe de sus problemas y no de los ajenos. En efecto, Roosevelt propone una reunin con objeto de solucionar el caso de las transferencias de los bienes de los judos alemanes que emigran de su patria de nacimiento hacia nuevos pases ms acogedores para ellos. La conferencia tiene lugar en Evian (Francia), del 6 al 15 de Julio de 1938. El objetivo oficial de la misma "cmo y de qu manera podan ser transferidos los bienes de los judies alemanes a otras naciones y a cuales". Alemania mand un observador que expuso el punto de vista de su Gobierno. Era el siguiente: "Estimular hasta el mximo posible la emigracin de los judos alemanes y transferir sus bienes globalmente evaluados. Alemania adelantaba incluso una cifra como base de discusin: 3.000.000.000 de marcos, los cuales seran cedidos a un organismo internacional, que podra ser la Cruz Roja o la Sociedad de Naciones, que repartira la suma entre los pases interesados". Las condiciones que pona Alemania eran que se establecieran acuerdos de compensacin, de manera que los pagos se realizaran dentro del marco de los intercambios de mercancas entre Alemania y esos pases, as como el escalonamiento de tales pagos que se realizaran en varios aos. Aqu es preciso un inciso. Hace unos aos, un escritor judo alemn, naturalizado norteamericano, Hans Habe, expuso una versin que fue inmediatamente recogida y vulgarizada con gran estruendo por numerosos peridicos judos o judefilos de todo el mundo, pretendiendo presentarla como una versin histrica incontrovertible [40]. Segn tal versin, el delegado alemn en la conferencia de Evian propuso "el cambio de judos alemanes contra 250 dlares por cabeza". Creemos que nunca se puso en circulacin una ms desvergonzada mentira, y de manera ms trivial. La realidad es que Alemania no peda dinero por sus judos; Alemania DABA DINERO PARA QUE SE LOS LLEVARAN. Y si se quien calcular "por cabeza de judo" como lo hace el judo Seor Habe, 3.000.000.000 de D.M. representaban aproximadamente unos 5.600 D.M. "por cabeza", es decir, de 1.000 a 1.200 dlares de la poca, una buena cantidad. Inglaterra, empero, expuso su tesis. Exiga 1.000 libras esterlinas por judo expulsado de Alemania, pagadas al contado. No quera saber nada de plazos ni de acuerdos de compensacin en mercancas. La peticin inglesa equivala a un "no" diplomtico, al solicitarse una cifra que los britnicos no podan ignorar que Alemania no poda pagar. Segn el cambio de la poca [41] representaba unos 17.000.000.000 D.M. o sea algo menos que el presupuesto de Alemania para todo un ao. Algo absolutamente insensato. Hay que tener bien presente que en aqul perodo Chamberlain, con el apoyo del clan pacifista conservador, dominaba todava la escena poltica inglesa. Los sectores anglosajones de la City le sostenan firmemente frente al clan belicista encarnado por los laboristas, los "jvenes conservadores de Eden" y los sionistas. Chamberlain, verdadero

imperialista ingls, no poda tolerar que judos adinerados se instalaran en Palestina, creando problemas a la administracin britnica en Palestina, con los roces que no dejaran de producirse entre judos y rabes. No pudiendo decir que no, para salvar las apariencias, y tambin para esquivar en lo posible la presin de Roosevelt, a su vez remolcado por su "Brain Trust" de sionistas, Chamberlain peda a Alemania una cantidad de dinero insensata, forzndola a una negativa que la dejara en mal lugar ante la Opinin Pblica, que, de ordinario, no sabe aritmtica ni entiende de cifras. Pese a todo la presin de Roosevelt logr que la Conferencia designara a un americano, M. Rublee, como representante encargado de negociar con Alemania. Durante un tiempo, no se 37 habl ms del asunto. Luego, el 23 de Diciembre, el Doctor Schacht y Rublee se reunieron en Londres, con el consentimiento de Hitler, que envi a su Ministro de Finanzas para que encontrara una solucin, provisto de plenos poderes. Pero no obtuvieron resultados positivos por el endurecimiento de la posicin de Inglaterra, que a sus mil libras esterlinas por cabeza aadi, como condicin suplementaria, una especie de "reserva de derecho de admisin"; es decir, los ingleses estudiaran, caso por caso, los judos que podan admitir en su Imperio y los que no. La prensa inglesa, incluyendo la adicta a Chamberlain, y contraria al endurecimiento de la poltica britnica hacia Alemania, criticaba constantemente a sta por su poltica para con los judos, pero cuando Hitler ofreca a 300.000 Judos para qu se les diera asentamiento en el inmenso y semi-explotado Imperio, los ingleses pedan una fortuna por cada uno de ellos, y adems se reservaban el derecho a decir "ste lo quiero y ste no". Typically English !. RADICALIZACION DE POSICIONES EN 1938 En 1938 se radicalizaron las posiciones en el tablero de la poltica internacional, dibujndose los campos antagonistas. Alemania, Italia y el Japn, con algunos satlites, por un lado, y las Democracias, con la Unin Sovitica, por el otro. Dos acontecimientos modificaron profundamente el equilibrio europeo: el Anschluss en la Primavera, y la anexin de los Sudetes por Alemania en el Otoo. Se produjeron tras una evolucin de la situacin internacional carcterizada por otros acontecimientos independientes del llamado hecho alemn pero que, no obstante, se haban producido en un sentido favorable a sus intenciones: la salida del Japn de la Sociedad de Naciones, el 26 de Marzo de 1933 y el Pacto Antikomintern, firmado entre ambas potencias, el 25 de Noviembre de 1936, que fue la consecuencia de ese hecho; las sanciones y el embargo petrolero votados por la S. de N. contra Italia por su ataque a Etiopa (11 de Octubre de 1935); el acercamiento ItaliaAIemania, provocado por dichas sanciones ms que por la - relativa - afinidad Ideolgica entre Nacional-Socialismo y Fascismo; la posterior adhesin de Italia al Pacto AntiKomintern, en Noviembre de 1937; la guerra civil espaola, con Francia y la URSS apoyando a los republicanos materialmente; Inglaterra mantenindose muy al margen; los Estados Unidos ayudando con las reticencias Impuestas a la poltica izquierdista de Roosevelt por las consideraciones que deba necesariamente guardar a su electorado catlico (irlandeses, italianos y polacos), favorable a los nacionalistas de Franco, mientras Alemania y sobre todo Italia se volcaban en apoyo de ste. Como teln de fondo, la Cuestin Juda, cada vez mas envenenada, mientras lo que se ha dado en llamar, en los pases anglosajones, el Money Power, se las ingeniaba, a travs de la Gran Prensa y la

Radio, para agravar el caso llevndolo a terrenos de frenetizacin Increbles en seres racionales. Uno de los motivos que contribuyeron a agravar la situacin en Europa fueron los disentimientos producidos entre norteamericanos y japoneses en el Pacfico y en China. Conviene dar una ojeada histrica retrospectiva. En 1914 Japn entr en la guerra, al lado de los Aliados, a cambio de ciertas promesas que le hicieron Francia e Inglaterra. En efecto, "todas las posesiones alemanas situadas al Norte del Ecuador le seran concedidas a condicin de que las ocupara" [42]. Como se observar, el condicionante es de talla. El Japn conquist, una a una, todas las posesiones alemanas en Extremo Oriente, expuls a la Flota Alemana del Pacifico, suministr a los Aliados los barcos necesarios para transportar a Egipto y a los Dardnelos los contingentes neozelandeses y australianos e incluso mand un Cuerpo Expedicionario a Europa. En unas pocas palabras: su contribucin a la victoria de los Aliados fue tan importante que incluso fue considerado miembro fundador de la Sociedad de naciones en cuyo Consejo dispona - junto a Francia, Inglaterra e Italia - de un silln permanente. Norteamrica consideraba la China como coto de caza particular y privado desde los tiempos del Comodoro Perry, cuando ste limit las posibilidades expansivas del Japn en Asia. As que, al enterarse de las promesas hechas por Inglaterra y Francia al Japn, se apresur a manifestar que no las reconocera nunca "por ser contrarias al derecho de libre disposicin de los pueblos", como manifest con desenvoltura el Presidente Wilson, en la Conferencia de la Paz. En virtud de la oposicin norteamericana, las posesiones insulares de Alemana fueron atribuidas al Japn, pero no como colonias o provincias del Imperio Nipn, sino como Mandato temporal de la Sociedad de Naciones. Las posesiones continentales alemanas fueron repartidas entre la China y los anglo-americanos (con lo cual Inglaterra, incluso formalmente, falt a su pacto con el Japn). Si China se qued con la posesin alemana de Shantung, ciertos pueblos y legaciones, como Victoria y Shangai pasaron a un condominio anglo-norteamericano. 38 Hubo, pues, un flagrante incumplimiento de promesa por parte de los Aliados Occidentales, que necesitaban del Japn para contrarrestar a Alemania en Oriente y, al propio tiempo, para aprovecharse de su ayuda en hombres y material, as como en vveres, en el frente europeo. Esta falta de palabra fue el principio de una larga hostilidad, que an perdura. En 1931, mientras China se debate en un anrquico caos, Japn aprovecha la oportunidad para intervenir en Manchuria, de donde expulsa a los chinos y, el 1 de Marzo de 1932 proclama, bajo el nombre de Manchukuo, una Manchuria independiente, pero bajo protectorado poltico Japons. La S. de N., que, en los diez ltimos aos ha dejado pasar en silencio la ocupacin de las tituladas cinco repblicas soviticas del Asia Central, Uzbekistn, Tadjikistan, Kirghizia, Kazakhstan y el Turkmenistn, ms Georgia y Armenia,

as como el Azerbaidjan y Ucrania, cuya independencia haba sido garantizada por los miembros fundadores de la citada S. de N., decide bruscamente, a demanda de Inglaterra y bajo presin de los Estados Unidos [43] ocuparse del incidente manch y, por 42 votos contra 1 (precisamente el voto japons) invita al Imperio del Sol Naciente a "evacuar en el plazo ms breve toda la porcin de territorio chino que ocupa indebidamente. Unas semanas despus, el Japn, que no hace el menor caso, abandona la S. de N. Es ms, contina su penetracin en China Continental y conquista toda la provincia de Jehol que anexiona a Manchukuo. A finales de 1934 denuncia el Tratado Naval del Pacifico y empieza la construccin de una moderna flota de guerra. La salida del Japn de la S. de N. provoca su acercamiento a Alemania. Por otra parte, los Japoneses justifican su intervencin en la China por la progresiva bolchevizacin de sta, e institucionalizan esa poltica con la firma, con Alemania, del pacto Anti-Komintern. Roosevelt, que tiene en casa un paro desbordante y cuenta con reabsorberlo con los mercados de exportacin, se encuentra con que China, de hecho la ms antigua "colonia" econmica estadounidense, se escapa de su rbita. El "Brain Trust" que rodea a Roosevelt, izquierdista y pro-comunista, observa como el Pacto Ant-Komintern es una amenaza para la URSS, una tenaza que puede, como mnimo, aislarla del resto del mundo y provocar su hundimiento interior. A finales de 1937, los Japoneses controlan ms de dos millones de kilmetros cuadrados de territorio chino, habitados por doscientos millones de personas. Controlan igualmente toda Corea y todas las islas del Mar de la China, incluida Formosa. Con el hinterland ocupado por los Japoneses, que controlan la mayor parte del litoral, Hong-Kong pierde todo su valor estratgico y comercial. Con ello, tambin Inglaterra pierde posiciones en Extremo Oriente, en detrimento del Japn. El Presidente Roosevelt, presionado por su "Brain Trust" [44], toma una medida sin precedentes en los anales de la diplomacia. El 3 de Enero de 1936, en un mensaje al Congreso, Roosevelt acusa simultneamente al Japn, a Alemania y a Italia de "volver a la ley del sable, y a la concepcin fantstica de que tienen una misin a cumplir en l mundo. Esto, los Estados Unidos no pueden permitir que suceda, en aras de la Democracia y la Paz Mundial" [45]. Llamamos la atencin sobre el hecho de que Roosevelt acusa a tres pases, alejados por miles de kilmetros del suyo, de que creen que tienen una misin a que cumplir en el mundo, y unos segundos ms tarde, en la misma frase, declara que los Estados Unidos "no lo pueden permitir", en nombre de "la Democracia y la Paz Mundial". Como no hay constancia de que el Todopoderoso le nombrara al Presidente Roosevelt representante personal suyo en la Tierra, hay que creer que l se consideraba a s mismo investido de una "misin a cumplir" y que esa misin no era otra que la defensa de la "Democracia y la Paz Mundial". Curioso ! Las agresiones verbales contra los tres signatarios del Pacto Anti-Komintern se suceden durante varios meses y, por fin, en Octubre de 1937, en el ya mencionado "Discurso de la Cuarentena", Roosevelt amenaza a Alemania, Italia y el Japn con sanciones econmicas. Se comprende la amenaza contra el Japn, puesto que es su competidor directo en el Pacifico y amenaza sus viejos intereses, que parecan intocables, en China. Adems es

fundamentalmente anticomunista y esto no place a los miembros del "Brain Trust", ultraizquierdistas. Tambin se comprende la amenaza contra Alemania, que, aunque no amenaza en absoluto los intereses de los Estados Unidos, es antisemita en su poltica interior, amn de anticomunista, y esto no lo pueden soportar los intelectuales mentores izquierdistas del Presidente americano. Lo de Italia, se comprende menos. En 1936 todava no se ha acercado a Alemania, no amenaza intereses polticos estadounidenses y ni siquiera ha reprochado a Roosevelt que tomara partido contra ella en el asunto de las sanciones decididas por la S. de N. con ocasin de la guerra de Etiopia. 39 Una explicacin puede hallarse en la actitud antimasnica de Mussolini, que ha clausurado las logias italianas y ha mandado al Gran Maestre de la Masonera Italiana, desterrado, a las Islas Lipari, Roosevelt, francmasn notorio, no ha debido apreciar el gesto. Otra, suplementaria, en la poltica derechista del Duce, que no place, evidentemente, a los intelectuales izquierdistas del "Brain Trust", que preven un acercamiento de Mussolini a Hitler que, en efecto, se producir, precisamente, en la torpe poltica de las democracias occidentales y, en especial, de Francia. Otro aspecto del inslito "Discurso de la Cuarentena", del que hablamos en el epgrafe precedente, es que Roosevelt divide al mundo en dos partes: la de los pases belicosos (Alemania, Italia y el Japn) que representan el 10% de la poblacin mundial, y la de los pases "amantes de la paz", que repesentan el 90% restante. Entre tales pases pacficos figuran los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, las tres potencias coloniales cuyos imperios ultramarinos se han gestado, como es lgico, tras docenas de guerra, y figura tambin la Rusia Sovitica, cuyo reconocimiento diplomtico por parte de los Estados Unidos slo se produjo en 1933, a la llegada de Roosevelt al poder. La actitud antifascista y antinazi de Roosevelt fortalecer la poltica de las izquierdas francesas, que detentan el poder; para ellas, no hay duda de que, en caso de guerra contra Alemania, los Estados Unidos apoyarn desde el primer momento a Francia, cuya actitud, a consecuencia de ello, se endurece an ms ante Alemania. CHECOESLOVAQUIA: ROMPECABEZAS GEOPOLITICO En ese ao crucial de 1938, Checoslovaquia era un estado artificial, en Europa Central, asentado sobre un territorio de unos 122.000 km cuadrados, que contaba con una poblacin de algo menos de catorce millones de habitantes. Segn el censo de 1921 estos habitantes se desglosaban de la siguiente manera: 6.727.000 checos; 2.010.000 eslovacos; 746.000 hngaros; 460.000 ucranianos; 76.000 polacos; 180.000 judos; 239.000 sbditos extranjeros y 3.123.000 alemanes. Los checos no llegaban, pues, a constituir siquiera la mayora numrica absoluta en el pas. Si no haba unidad lingstica ni nacional, tampoco la haba en el plano geogrfico: al Oeste, el cuadriltero de Bohemia, que los montes de Moravia separan de Eslovaquia; al Este, Eslovaquia. prolongada por la Rutenia, regin ucraniana. El pas, segn Mussolini, tena la forma repugnante de un intestino. Rodeando toda la parte occidental de ese intestino, los alemanes establecidos en la regln de los Montes Sudetes, la ms prspera del pas. Ese rompecabezas de la Geopoltica, de una longitud aproximada de 650 kilmetros y

una anchura media de unos 100, ha sido prcticamente inventado en el infausto Tratado de Versalles (artculos 27 y 81 a 86) y confirmado en los Tratados de Trianon y de Saint Germain. Estos tratados precisaban que el nuevo estado sera de estructura federal y que cada una de las nacionalidades integrantes debera gozar de la autonoma interna. Los territorios que componen el estado checoeslovaco haban formado parte del Imperio Austro-Hngaro, cuya destruccin era una de las finalidades de la Primera Guerra Mundial. El 30 de Mayo de 1918 se reunieron en Pittsburgh, Estados Unidos, dos docenas de emigrados checos y eslovacos que se constituyeron en Asamblea Constituyente y firmaron una convencin fundando el "estado checoeslovaco", en el cual los eslovacos, que eran minora, aseguraran su propia administracin y gozaran de su propio parlamento y su propia magistratura. Bajo esas condiciones, los eslovacos se asociaron a los checos y ms tarde slo aceptaron los tratados de Versalles, de Saint-Germain y de Trianon porque tales condiciones eran solemne o internacionalmente proclamadas. Los "deux ex machina" de la reunin de Pittsburgh haban sido tres checos, Masaryk, Benes y Stefanik, los tres conspicuos francmasones, que odiaban a muerte a la monarqua catlica Austro-Hngara y eran germanfobos empedernidos. Stefanik, para mayor "Inri", no era siquiera ciudadano del antiguo Imperio Austro-Hngaro, sino que haba adoptado la nacionalidad francesa y haba sido capitn del ejrcito de su patria de adopcin. De acuerdo con la legislacin francesa, un oficial del ejercito que firma una convencin constitutoria de un nuevo estado debe ser degradado y metido en el calabozo, pero ya se sabe que los "hermanos" gozan de especiales protecciones, y el capitn Stefanik puede desarrollar impunemente sus actividades polticas. Masaryk y Benes, sobre todo, mantienen estrechas relaciones con el Presidente Wilson, que, junto con el ministro de Asuntos Exteriores frances, Pichon, es su principal valedor ante los consignatarios del Tratado de Versalles. El gobierno francs, cuando se constituye el nuevo estado hace una declaracin oficial en la que se afirma que "se har todo cuanto sea necesario para hacer que se materialicen las aspiraciones del pueblo checoeslovaco a la independencia dentro de sus fronteras histricas". Esto es una contraverdad histrica. Nunca han habido "fronteras histricas del pueblo checoeslovaco". Nunca ha habido un estado checo. Nunca ha habido un estado eslovaco, ni, a fortiori, un estado checoeslovaco. Han habido checos, que han 40 dependido de Alemania, o de Austria, o finalmente de Austria-Hungra; han habido eslovacos que han dependido casi siempre de Hungra. Pero el tro Benes-Masaryk-Stefanik est resuelto a crear este Frankenstein de la Geopoltica el cual ya nace con "arrirepenses" por parte de todos los interesados. El nuevo estado, a parte de Eslovaquia, engloba a Bohemia, incluyendo a su importante minora alemana, a la Rutenia Transcarptica - sin previa consulta a los ucranianos que all habitan - y todo lo que podrn "rebanar" en Europa Central. Los checos, que son los "comadrones" de la operacin, slo han prometido la autonoma interna a los eslovacos para obtener su adhesin al nuevo estado, pero estn

resueltos a someterlos a su hegemona dictatorial. Si en el nuevo estado han incluido la zona alemana de los Sudetes, es por dos razones: (a) porque los Sudetes es una regin fuertemente industrializada - una de las mas industrializadas de Europa - y, sin ella, el nuevo estado quedara reducido a un territorio de mediana riqueza agrcola y ganadera, con un equipamiento bastante atrasado, (b) para protegerse de posibles ataques del Reich alemn con la posesin de los montes del Bhmerwald y de Erzgebirge, que se hallan precisamente en los Sudetes, y que los checos piensan fortificar. Con la bendicin de los Aliados, especialmente de Francia, Benes, Masaryk y Stefanik se erigen en Gobierno Provisional del nuevo estado checoeslovaco. El 9 de Noviembre, y todo ello sin elecciones, pero teniendo buen cuidado de proclamarse urbi et orbi como democrtico, el gobierno (provisional) nombra, por cooptacin, es decir, a dedo, una Asamblea Nacional. Esa Asamblea Nacional anula la autonoma interna de los bohemioalemanes (los sudetes) que les haba concedido el Emperador Carlos el 16 de Octubre de 1918, y enva a su incipiente ejrcito a someter a los alemanes englobados, manu militari, en el nuevo estado. Pujantemente armado, el ejrcito checoeslovaco, que obtiene ayuda a manos llenas de los franceses, se lanza al ataque de las fronteras con Polonia y Hungra (que tambin acaba de proclamar su independencia) y penetra en territorio ucraniano, mis all de los Crpatos. El ejrcito checoeslovaco en el que el "capitn" Stefanik, del ejrcito francs se ha convertido en generalsimo, slo se detiene en Polonia y Hungra por las misiones militares aliadas y en Rutenia por el Ejrcito Rojo, que ocupa Ucrania. En el momento en que se inicia la Conferencia de la Paz (18 de Enero de 1919) la autoridad del estado checoeslovaco es reconocida, de facto, sobre todo el territorio que sus ejrcito han logrado conquistar, es decir, casi veinte mil kilmetros cuadrados ms de lo que sobre el papel se le haba reconocido. Es decir, Checoslovaquia, que ha nacido por una necesidad blica de los Aliados - crear problemas internos a su enemigo austro-hngaro - se ha consolidado con un robo de territorio a tres vecinos y con un incumplimiento de su propia estructura constitucional, pues, en la Conferencia de la Paz, slo son los checos los que aparecen, mientras los eslovacos desaparecen por el foro, y su cacareada autonoma es pisoteada por el nuevo estado checoeslovaco que, en realidad, es simplemente un estado checo. Pronto empiezan los incidentes entre checos y eslovacos, aunque, de momento tienen menos virulencia que los que se producen entre checos y ucranianos y entre checos y hngaros. La pequea minora polaca, en Teschen, de momento se muestra tranquila, pero pronto, atizada por el Gobierno de Varsovia, inicia una resistencia pasiva contra las autoridades checas. Pero son los alemanes de los Sudetes quienes oponen una ms feroz resistencia; quieren segur la suene de Austria, de la que siempre han formado parte y, junto a Austria quieren incorporarse al Reich. Adems, han visto cmo actan los checos y el poco caso que hacen de sus promesas referentes a autonoma interna y autogobierno. Para luchar con eficacia contra la incorporacin forzosa que planean las autoridades de Praga - que incluso prohiben el uso pblico del idioma alemn - esos alemanes que ocupan, alrededor de

Bohemia, el Deutschbhmen (Bohemia Alemana) el Sudenmhren (Moravia alemana) el Bhmerwaldgau (regin de la selva de Bohemia) y el Sudetenland (pais de los Montes Sudetes) se reagrupa bajo el vocablo de Sudetendeutsche (alemanes de los Sudetes) que se dan a s mismos, de comn acuerdo, porque en esa regin donde son ms numerosos y activos. Aunque en la Conferencia de la Paz el Canciller austraco Karl Renner, socialista, lder del Anschluss es, al mismo tiempo, el lder de los Sdetes, territorio que forma parte de estados germnicos - Austria o Alemania - desde mil aos. Hace valer el derecho de los pueblos a disponer de si mismos, punto capital de Wilson, y que se aplica en Europa, de modo sui generis, es decir, slo cuando puede beneficiar los designios polticos de los vencedores. Se le responde, con arrollador cinismo, que ese punto no se aplica a los vencidos. El 16 de Febrero de 1919 deben tener lugar elecciones generales en toda Austria, pero los Aliados las prohben en los Sudetes. Los esfuerzos del Reich y de Austria, as como de los alemanes Sudetes no sern tenidos en cuenta. Ms de tres millones de alemanes pasan, asi, bajo soberana checa, contraviniendo los 41 principios de los propios Aliados. Los checos no se privarn de hacer pagar a esos alemanes la autoridad que el Imperio Austro-Hngaro haba ejercido sobre ellos cuando formaban parte del mismo. Tampoco se consult democrticamente a los hngaros, los polacos y los ucranianos inmersos en el nuevo estado y, para mayor "inri", ni siquiera se consult ni se tuvo en cuenta para nada en la redaccin definitiva de los Tratados que dieron nacimiento a Checoeslovaquia, a los eslovacos, con lo cual, el nuevo estado contravena de manera flagrante los principios democrticos de sus patrocinadores internacionales, de su institucionalizacin en los Tratados de Versalles, Saint-Germain y Trianon y de su propia constitucin interna. El estado checoeslovaco, en fin, era simplemente un estado checo, y los checos eran minora. No exista una conciencia nacional checoeslovaca - no poda existir - y cada cual tiraba por su lado. El nuevo estado era inviable. Slo la frrea poltica centralista y antidemocrtica de Benes y Masaryk lograba mantener la apariencia de cohesin indispensable en un estado moderno. *** En un discurso pronunciado en el Guildhall, de Londres, el 7 de Octubre de 1928, Lloyd George, Primer Ministro britnico, cuando se consum la injusticia histrica de la creacin del estado checoeslovaco, explic cmo se haba visto obligado a ceder, - pese a sus reticencias: "Toda la documentacin que nos fue presentada por determinados aliados nuestros durante las negociaciones de Versalles, era mentirosa y falseada. Decidimos cuestiones gravsimas basndonos en falsificaciones, concretamente en los casos checoeslovaco y polaco" [46].

El 15 de Junio de 1919, el canciller austraco Karl Renner escribi a Clemenceau una carta que contena esta advertencia proftica: "Al persistir en ese camino en el caso de Checoeslovaquia, las potencias vencedoras crearan en el centro de Europa, un foco de guerra civil, que, a la larga, puede convertirse para el mundo, y para su progreso social, en algo ms peligroso que la pasada y continua fermentacin blica en los Balcanes" [47]. En 1938, Checoeslovaquia fermentaba desde casi veinte aos. La profeca de Karl Renner se estaba cumpliendo con creces. Si acaso, poda aadirse que no era un foco de guerra civil, sino un foco de guerra mundial. Los Aliados no crearon Checoeslovaquia por s misma, sino para levantar una barrera contra el germanismo" [48], reconocera el destacado poltico francs Tardieu, acrrimo defensor de las secuelas de Versalles. Y Perre Cot, que sera varias veces Ministro, aclarara cnicamente que "el motivo de existencia de Checoeslovaquia es servir de porta-aviones a Francia en caso de conflicto con Alemania" [49]. Y que no se trataba de una bravata - por otra parte impensable en un Ministro - lo demostraron los hechos, pues el primer pacto que suscribi Checoeslovaquia como estado independiente fue con Francia, Rumania y Yugoeslavia, el denominado Pacto de la Pequea Entente. An ms, segn el Coronel W. Nicolai, en su obra Geheime Mchte, la Escuela de Espionaje Hollashovitz, de Praga, se encuentra enteramente bajo control francs, asi como todo el servicio de contraespionaje checoeslovaco. Francia, adems, mand instructores franceses para formar al ejrcito checoeslovaco [50]. Fue artfice de ese pacto militar - que, en las circunstancias de la poca slo poda apuntar contra Alemania - Vodja Benes gobierna en Praga como un autntico dictador. A su lado, Masaryk, queda empalidecido. El caso de Benes es singular. Raras veces en el curso de la historia un gobernante de un pequeo pas habr alcanzado tanto renombre. Retorcido, desprovisto de escrpulos necesit, para ser "lanzado" polticamente, la catapulta de personal poltico francs. 42 Dos salones judos [51] - el de Madame Boas de Jouvenel y el de la seorita Louise Weiss se disputaron, a su llegada a Pars, al alto dignatario de la Masonera checa. Fue en esos salones donde se le prepararon conferencias, se le "present" al gran mundo de la poltica francesa y se le lanz, materialmente, en brazos de Philppe Berthelot, Secretario General de Asuntos Exteriores y, como l, masn de alto rango. Fue Berthelot el abogado de Benes y el "comadrn" del estado checoeslovaco. No fue, como se ha pretendido, un acto de ignorancia poltica o geogrfica. Tal vez algunos delegados de la Conferencia de la paz fueron efectivamente - engaados, o dijeron haber sido engaados, como Lloyd George. Pero los franceses - los que catapultaban a Benes - conocan muy bien el dossier: as, por ejemplo, en el informe del Comit Poltico de la Delegacin Francesa, llamado tambin "Comit Lavisse", se manifestaba expresamente:

"La regin de Bohemia cercana a la frontera contiene una mayora de alemanes. Pero el principio de las nacionalidades no puede ser aplicado en todo su rigor por razones geogrficas, por razones econmicas y por razones estratgicas". Lansing, el Secretario de Estado Norteamericano cuando se firman los Tratados de Versalles, Saint-Germain, Svres y Trianon, protestara tambin por el trazado de la frontera germano-checa, con las siguientes palabras: "Deseo hacer constar que la fijacin de las lneas fronterizas en funcin de su valor estratgico, tal como se ha hecho en los casos de Alemania y Polonia, se opone al espritu esencial de la Sociedad de Naciones, del desarme internacional y de la poltica de los Estados Unidos, tal como fue expresada por la declaracin del Presidente Wilson " [52]. Pero eso no eran mas que palabras, an cuando quedaran registradas en los libros de actas de la S. de N. Lo que contaba eran los hechos, y era un hecho capital la instalacin de un tiranuelo como Benes en el cuadriltero de Bohemia - "quien domina Bohemia domina Europa", haba dicho Bismarck - quien dedicaba casi el sesenta por ciento de su presupuesto a "defensa", firmaba pactos con varias potencias y pretenda erigirse en arbitro de la situacin en Europa Central. La vida de Benes, por otra parte, estuvo jalonada de favores al Comunismo, y nunca trat de ocultarlo. En 1920, cuando se produjo el ataque de la URSS contra Polonia, Benes prohibi el paso a travs de Checoeslovaquia de los convoyes de armas y municiones enviados por el Almirante Horthy desde Hungra; si Rumania no hubiera permitido el trnsito y contribuido con su propia ayuda, la contraofensiva de Pilsudski a las puertas de Varsovia habra fracasado y Polonia habra sido bolcehvisada ya entonces. Ms adelante, Benes apoya a Paul-Boncour, el Delegado francs, para que se admita a la URSS en la S. de N... Despus ayudar a limar aristas entre Litvinoff y el ministro francs Alexis Lger, facilitando la firma del Pacto FrancoSovitico. En 1935 firmar con la URSS un pacto de asistencia mutua, calcado del Pacto Franco-Sovitico. Y unos meses ms tarde llegar a ser Presidente del Consejo de la S. de N. Es inconcebible que el Presidente de un pas de tercer orden, de trece millones de habitantes, llegue a la ms alta magistratura del primer organismo internacional. No creemos sea incurrir en juicio temerario el afirmar que las Fuerzas Polticas que determinan la orientacin de Occidente quisieron darle a Benes y a "su" Checoeslovaquia una artificial y, en todo caso, exagerada importancia, para mantenerlo dcil a sus designios. Benes es, adems, como ya hemos dicho, un alto dignatario de la Masonera, y esto cuenta mucho en Ginebra. EL PACTO DE MUNICH De lo expuesto se deduce que si Checoeslovaquia se encontraba en un estado de presin permanente desde su creacin ex nihilo ello era debido, exclusivamente a su constitucin interna. Nos referimos, evidentemente, a su constitucin orgnica, cual mosaico de colectividades halgenas, la mayora de las cuales eran dominadas antidemocrticamente por una sola, con un centralismo feroz y arbitrario. Dice Rassinier: ".... en 1938, checos y eslovacos estaban en el lmite de la ruptura. Las otras nacionalidades an soportaban peor la situacin, pues eran peor tratadas por la Administracin de Benes. El presupuesto prevea una partida

43 para el desarrollo de la instruccin pblica ? Pues era para las escuelas checas. Indemnizaciones de paro ? Eran para los checos. Votar contra el gobierno era un acto de herosmo, pues la consecuencia inmediata era el despido del lugar de trabajo " [53]. El llamado Partido de los Sudetes obtuvo, en las elecciones de 1936, cuarenta y cuatro diputados: el grupo parlamentario ms fuerte. El Partido de Benes tena cuarenta y tres; haban tambin once socialdemcratas y cinco comunistas. En el Senado, los Sudetes tenan tambin la mayora, con 37 escaos, por 33 los liberales de Benes. No obstante, cada vez que los Sudetes intentaban hacer aprobar un proyecto de ley que, cumpliendo la democrtica Constitucin del pas pusiera en prctica medidas autonmicas y detuviera la creciente socializacin y estatizacin que llevaba a cabo el Gobierno de Benes, ste, apoyado por los social-demcratas y los comunistas bloqueaba el intento. Pero las cosas cambiaran el 16 de Junio de 1935, al firmarse el Tratado Ruso-Checo bajo los auspicios de Benes. Tanto los eslovacos - en su mayora catlicos - como los ucranianos, los hngaros y, sobre todo, los alemanes sudetes, se oponan tenazmente al Pacto. Y como no todos, ni siquiera la mayora, de checos eran comunistas, la iniciativa de Benes le cre numerosos problemas entre su propia comunidad tnica. Los xitos de Hitler haban, al parecer, convencido a muchos de ellos que un entendimiento con l era ms susceptible de proteger su independencia que una lucha abierta y de frente, y que se impona una poltica ms comprensiva ante las minoras del estado checoeslovaco. As, en 1936, Benes perda ms escaos en ambas Cmaras, de manera que slo poda gobernar con el apoyo de seis comunistas y ocho social-demcratas, logrando, entonces, una mayora de dos votos. En varias ocasiones el presidente del Parlamento suspendi o aplaz votaciones para que pudiera reincorporarse al hemiciclo algn diputado ausente, con objeto de no dejar al gobierno en minora y provocar una crisis ministerial. Mientras tanto, qu haca Hitler ?. El 11 de Marzo de 1938, en vsperas de la entrada de la tropas alemanas en Austria, Goering aseguraba a Mastny, embajador de Benes en Berln que "Checoeslovaquia no tena razn alguna para experimentar el menor motivo de inquietud". Dos das despus, Herr Eisenlohr, embajador del Reich en Praga, repeta lo mismo a Benes. No obstante, a finales de Agosto, el problema que planteaba Hitler ante el mundo entero era la intervencin de las tropas alemanas en Checoeslovaquia si ese estado soberano no cumpla determinados requerimientos de una de sus colectividades, los Sudetes.... De ello se sac la conclusin que Hitler no cumpla sus compromisos. "Una vez ms Hitler ha incumplido sus promesas" era el leit motiv de la Gran Prensa mundial. Pero hubiera sido difcil citar un slo ejemplo o una actitud de Hitler no conforme a un compromiso que l hubiera contrado que no hubiera sido provocado por la previa ruptura de compromisos por parte de uno de sus adversarios. Y hemos dicho, y consideramos til repetir, que un acuerdo entre dos partes slo seguir siendo vlido en caso de que ambas partes lo respeten escrupulosamente. S Juan le dice a Pedro que le entregar su automvil si Pedro le paga medio milln de pesetas, se produce un contrato verbal, y si Pedro no entrega el medio milln de pesetas, Juan no est obligado a entregar su automvil y queda desligado del contrato. Pedimos

excusas al lector amigo por un ejemplo tan ofensivamente sencillo, pero, sinceramente, tenemos verdadero pavor a la inercia mental, de los ms, que, para colmo, se contagia a travs de los grandes medios idiotizadores, llamados informativos. En el caso que nos ocupa, en Marzo de 1938, la reivindicacin de los Sudetes era, todava, y solamente, la autonoma interna dentro del estado checoeslovaco y Hitler, que sostena abiertamente esa reivindicacin, no tena razn alguna para intervenir. Pero seis meses despus la reivindicacin de los Sudetes ya no era una mera autonoma, sino la unificacin con el Reich, el Anschluss, y los Sudetes solicitaban su apoyo. En esos seis meses haban sucedido muchas cosas... Haba sucedido, en primer lugar, que Benes haba faltado a su palabra. Haba prometido, tras las elecciones de Febrero de 1938, respetar el resultado de los comicios. El Partido de los Sudetes haba logrado una victoria aplastante: el 92% de votos en el territorio Sudete, y haba "mordido" incluso en territorio tnicamente checo. La respuesta de Benes fue anular las elecciones y convocarlas de nuevo para "ms adelante" invocando vicios de forma. La ctedra de alemn en la Universidad de Praga - ciudad la cuarta parte de cuya poblacin era alemana - fue clausurada. Alcaldes de territorio Sudete fueron encarcelados; la soldadesca checa intervino en todas las reyertas entre sudetes y checos, ponindose siempre en favor de stos. Los comunistas son, por otra parte, los nicos aliados seguros que le quedan a Benes, en su tentativa de sojuzgar a los alemanes sudetes. Aqu es conveniente un inciso. 44 Dimitri Manuilsky, Secretario General de la Komitern haba manifestado ante el V Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Junio de 1923: "Este Congreso constata que no existe una nacin checoeslovaca: el estado checoeslovaco, adems de la nacin checa, comprende a eslovacos, alemanes, hngaros, ucranianos y polacos. Estima necesario que el Partido Comunista de Checoeslovaquia, por lo que se refiere a las minoras nacionales, proclame y ponga en prctica el derecho de los pueblos a disponer de s mismos, incluyendo el derecho a la separacin. El Partido Comunista de Checoeslovaquia, en particular, deber sostener la lucha de los eslovacos en pro de su independencia, teniendo buen cuidado de sustraer ese movimiento a la influencia de la burguesa nacionalista y unirlo a la lucha comn de los trabajadores contra el capitalismo " [54]. La hostilidad del comunismo hacia Checoeslovaquia persista diez aos despus. El diputado comunista francs Gabriel Pri manifest ante la Cmara: "Nuestra simpata es para las masas laboriosas de Checoeslovaquia, a las minoras nacionales eslovacas, alemanas, judas, hngaras, polacas, oprimidas por el poder central de Praga... Aprovechamos la ocasin que se nos ofrece para manifestar nuestra solidaridad hacia el Partido Comunista y los sindicatos de Checoeslovaquia, constantemente opuestos a la repblica fascista de Praga" [55]. Por qu el brusco cambio de actitud de los comunistas ante los fascistas de Praga ? Es muy sencillo. Se trata, como en el caso de Austria, de una cuestin de Partido. Mientras los marxistas constituyen una fuerza en Alemania, socialistas y comunistas de Austria y

Checoeslovaquia no cesan de exigir el Anschluss que redundar en el fortalecimiento de una Alemania marxista. Tambin los comunistas franceses abogan por la devolucin de Alsacia y Lorena a Alemania [56]. Pero se consolida en el poder Hindenburg y los marxistas abandonan la idea del Anschluss; de cualquier Anschluss, ya sea del de Austria, de los Sudetes o de AIsacia-Lorena. Los marxistas - rusos, franceses, austracos, para el caso es igual - slo son partidarios del derecho de libre disposicin de los pueblos cuando ste puede redundar en beneficio de un estado marxista. Y cuando Hindenburg es substituido por Hitler, los marxistas estaran dispuestos al Anschluss... pero al revs. Difcil sera encontrar en la Historia Universal un caso parejo de cinismo intelectual. Los comunistas de Checoeslovaquia han pasado, de considerar a Benes como el rector de un estado fascista (!) a tomarlo como el abanderado da la clase obrera checa. Item ms. En 1935 Benes y Alexandrovski, embajador sovitico en Praga, firman el tratado de asistencia mutua ruso-checo. A partir de entonces Mosc no se preocupar ya ms de las "minoras nacionales oprimidas por el poder central de Praga". Al convertirse en una fortificacin avanzada de la URSS en Centroeuropa, esta misma Checoeslovaquia, a la que el Congreso de la Internacional Comunista denegaba justamente el titulo de nacin y a la que Pri calificaba de "repblica fascista" se ha convertido en el ms indiscutible de los estados. Volvamos al perodo post-electoral checoeslovaco, cuando la soldadesca checa interviene y numerosos alemanes sudetes son apaleados, y dos miembros de consistorios municipales, muertos. Konrad Henlein, lder de los Sudetes, se dirige a Hitler recabando su ayuda. Hitler informa a Inglaterra y Francia, que tienen vigente un pacto de asistencia mutua con Checoeslovaquia, pidindoles que presionen a Benes para que cesen las vejaciones en los Sudetes. Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich, declar a Henderson, embajador britnico en Berln, que si los derramamientos de sangre se prolongaban en la regin sudete, Alemania se vera obligada a intervenir, pues era de suponer que el pueblo alemn as lo exigira [57]. Segn Henderson, por cierto poltico de primersimo rango y nada sospechoso de simpatas pro-nazis, "Alemania se esfuerza por tranquilizar a los alemanes sudetes y en forma 45 alguna trata de excitarlos" [58]. Indica tambin Henderson que "Ribbentrop sospecha que Francia y Rusia incitan a Checoeslovaquia a endurecer su posicin frente a los Sudetes". Est convencido de que Hitler y Ribbentrop se esfuerzan en tranquilizar a los alemanes sudetes y que en forma alguna trata de excitarlos contra el gobierno de Praga. Benes no trata ms que de ganar tiempo y de comprometer a Inglaterra, junto a Francia y la URSS, en ayuda de Checoeslovaquia. Por su parte, Andr-Francois Poncet, embajador de Francia en Berln, est convencido de la poca habilidad de Benes, y del nulo crdito de que gozan sus promesas en Berln. Es ms, Poncet est seguro de que el embajador britnico Henderson comparte el criterio de Ribbentrop y Hitler con respecto a Benes y su poltica [59].

Los propios embajadores checoeslovacos en Pars y Berln, Osusky y Mastny, recomiendan a su gobierno que "inicie las negociaciones y trate efectivamente con los alemanes sudetes" [60]. En plena efervescencia, el 19 de Mayo, otro alemn sudete es muerto en una "razzia" de la polica checa. Y el da 21 de Mayo, cuando la tensin parece haber llegado al mximo, se produce una verdadera provocacin de Benes: pretendiendo que Hitler haba movilizado contra Checoeslovaquia, Benes ordena la movilizacin general. Pero el caso es que Hitler no haba movilizado. Todas las delegaciones extranjeras lo atestiguaron; la primera de todas fue precisamente la delegacin francesa, pues tanto el embajador Poncet, como el capitn Stehlin, agregado militar en Berln lo confirmaron, tras haber verificado la falsedad de la acusacin; no era ms que un falso rumor que Benes haba esparcido para tener un pretexto. Hitler consider esta maniobra como una provocacin [61]. Y tras esta provocacin, otra: Masaryk y Benes afirman que, an cuando el 100% de los alemanes sudetes pidan, democrticamente, el Anschluss con Alemania, Checoeslovaquia se opondr a ello, con las armas, si es preciso. Pero no slo se oponen al Anschluss, sino incluso a la autonoma interna, que su propia Constitucin garantiza. El 17 de julio, Lord Halifax, que tras ser Virrey de la India acaba de ser nombrado por Chamberlain Secretario de Asuntos Exteriores, se entrevista con un enviado personal del Fhrer, el capitn Wiedmann, que haba sido su superior jerrquico en el curso de la Primera Guerra Mundial. Lord Halifax encarga a Wiedmann trasmita al Fhrer el siguiente mensaje: "Diga a su Fhrer que espero asistir, antes de mi muerte, a la realizacin de la que es la finalidad de todos mis esfuerzos: ver a Hitler recibido por el Rey de Inglaterra y aclamado por la multitud londinense en el balcn del Palacio de Buckingham" [62]. Mientras tanto, y pese a los esfuerzos denodados del clan belicista ingls - laboristas, liberales y "jvenes conservadores" - el gobierno ingls se mantiene firme en su postura: deja que el Reich se fortalezca en Europa Central, pero hacindose pagar la ayuda diplomtica inglesa; no ceder demasiado deprisa y, al mismo tiempo, contemporizar con las presiones que llegan tanto de Pars, como, sobre todo de Amrica. Chamberlain habla en los Comunes de la cuestin de los sudetes, y afirma que no puede negarse a los alemanes de esa regin el derecho a disponer de s mismos de la manera que mejor les plazca. Lord Lothian, miembro del equipo gubernamental de Chamberlain habla a continuacin y afirma: "Si el principio de autodeterminacin hubiera sido aplicado en Versalles en un plano de igualdad para todos, los Sudetes, una buena parte de Bohemia, grandes porciones de Polonia y el Corredor de Danzig hubieran debido ser atribuidos al Reich. Las demandas de Hitler se basan no slo en una razonable lgica y en principios absolutamente democrticos, sino incluso en los trminos del propio Tratado de Versalles, cuyo artculo 19 prev la solucin de los conflictos que se planteen mediante el recurso de los plebiscitos populares".

Churchill trata de oponerse, diciendo que es del inters de Inglaterra que Alemania no se haga demasiado fuerte y cuando Chamberlain responde que, de todos modos, no es 46 tcnicamente posible aportar ninguna ayuda a Chescoeslovaquia si sta recurre a las armas para oponerse a los alemanes sudetes, apoyados por Hitler, Churchill afirma que Chescoeslovaquia es una potencia militar de primer orden. "Sus recursos blicos son - en estos momentos - tal vez mayores que los nuestros", asevera, soberbio, Churchill [63]. A lo que Chamberlain, no sin lgica, responde que, si ello es s, entonces el apoyo de Inglaterra no debiera ser necesario. El viejo Primer Ministro quiere resolver, de una vez, los problemas de centroeuropa. Para ello considera imprescindible apartar de la escena al presidente Roosevelt, al que considera una especie de embrolln diplomtco. As, cuando el Presidente americano pretende convocar en Washington una conferencia internacional "con objeto de definir las grandes lneas de una accin en favor de la paz", Chamberlain muy hbilmente, rehusa. Es un pragmtico y no le placen las discusiones ideolgicas; no quiere que en Washington Roosevelt se lance a diatribas contra Italia y el Japn, comprometendo a Inglaterra, a la que no interesa enemistarse con esas potencias, cuya posicin en el Mediterrneo y en Extremo Oriente debe ser tenida en cuenta. El imperio Britnico no puede crearse enemigos por razones ideolgicas. An menos va a permitir que Roosevelt, llevado en volandas por el mesianismo de sus consejeros del "Brain Trust", cree problemas con Alemania. Una vez dejado de lado Roosevelt, Chamberlain manda a su fiel emisario Runciman, al frente de una comisin de encuesta, a Praga. La intransigencia de Benes hizo fracasar a la misin. Runciman lo declar sin ambages a su regreso a Londres. No le quedaba a Chamberlain, obsesionado por la posibilidad de una guerra, otra solucin que ir personalmente a entrevistarse con Hitler, directamente, y encontrar una salida razonable al problema; una solucin lo ms justa y digna posible, que permita salvar la cara a Inglaterra, ligada con Checoeslovaquia por un pacto de asistencia. Esa solucin el propio Chamberlain se encargara de hacerla aceptar, ms tarde, a Benes. Y se la hara aceptar gustase o no. Igual que se la hara aceptar, les gustara o no, a los franceses y a los rusos. Constndole la oposicin a su poltica del clan belicista, y no deseando que sus proyectos fuesen conocidos y provocaran un debate parlamentario que causara las consiguientes indiscreciones, Chamberlain prepar la "mise en scne" en el silencio de su gabinete, informando nicamente a su fiel Lord Halifax. A sus compaeros de Gabinete no les avis ms que cuando Hitler hubo aceptado la primera entrevista, para el 13 de septiembre; todos felicitaron a Chamberlain. Sera largo y prolijo enumerar los detalles de las dos entrevistas celebradas por Chamberlain y Hitler en Berschtesgaden (el 14 de septiembre) y en Godesberg (el 23 de septiembre). Chamberlain se lo pone muy difcil a Hitler: es un hbil negociador, pero al final, tras la reunin del 14 de septiembre, se llega a un acuerdo sobre los territorios en los que deber celebrarse un plebiscito para determinar si pasan o no a depender de la soberana del Reich.

Luego, hay otro acuerdo para, en caso de victoria alemana en el plebiscito, fijar los plazos para la evacuacin de dichos territorios por la administracin, el ejrcito y la polica checa. Pero todo esto no pasa de ser un acuerdo personal entre dos hombres, que es preciso someter al refrendo del Gabinete ingls y, si ello es posible, obtener el consentimiento o la anuencia del gobierno francs. Entonces se concierta la segunda entrevista, para el da 23. Pero apenas de regreso a Londres, Chamberlain recibe el texto de una resolucin votada, el 18 de septiembre por el Congreso Mundial Judo, que dice: "Es nuestro deber hacerle participe de la creciente ansiedad experimentada por millones de judos ante las tentativas de Alemania para adquirir nuevos territorios habitados por judos. Los judos del mundo entero no han olvidado el trato inhumano inflingido a los judos del Sarre y de Austria. El Consejo Ejecutivo del Congreso Mundial Judo le ruega, en consecuencia, no aceptar ningn acuerdo que no salvaguardara totalmente los derechos de los judos" [64]. La reaccin del Congreso Mundial Judo es normal, pero slo si se admite que los judos constituyen una comunidad supranacional. En efecto, la Historia no registra un caso similar de un grupo tnico que se irroge la representatividad de todos sus miembros esparcidos por el Planeta. La Dispora juda es, numricamente, importante. Pero tanto o ms importante es la emigracin irlandesa, o la griega, por no citar la italiana. Nunca un Congreso Mundial Irlands, 47 Griego o Italiano ha conminado a estadistas ingleses, turcos o austracos cuando, han tenido problemas con sus colonias halgenas respectivas... Y lo que ya sobrepasa el tono de lo grotesco es la aseveracin contenida en la primera frase de la resolucin. En ella parece darse a entender que si Hitler desea "adquirir nuevos territorios" es porque se hallan, "habitados por judios". Por lo que consta ya, en 1938, de la poltica del Fhrer, resulta evidente que, ms bien, desea adquirir nuevos territorios a pesar de hallarse habitados por judos. Pero, tal como ya se vio al tratar de la Conferencia de Evian, Inglaterra no los quiere en su Imperio, y la Amrica de Roosevelt lo admite, pero no levanta su cuota racial y, adems, es selectiva. Slo admite sin trabas, a judos ricos. Francia si los admite, sin restricciones, as como Checoeslovaquia, que utilizan como base de transito para dirigirse a Polonia y a Rusia. En todo caso, la resolucin enviada por Chamberlain es inslita en los anales de la Historia Universal. Pese a estas presiones y a las gestiones en contra del embajador itinerante de Rooseveit, Willian C. Bullitt, el Gabinete ingls muestra su adhesin al acuerdo entre Chamberlain y Hitler. Pero hay ms: tambin el gobierno francs, que preside ahora Daladier, se adhiere a los acuerdos Hitler-Chamberlain. Daladier ha podido imponerse a los belicistas debido al apoyo de su ministro de Asuntos Exteriores, Bonnet, y a los ministros Chautemps, de Monzie y Tardieu. En su propio gabinete se le oponen tenazmente Pal Reynaud, Mandel (a) Rothschild, Campinchy, Jean Zay y Champetier de Ribes [65]. Mandel, muy influyente an cuando no por el falso

motivo que se dio de su parentesco con la familia "bancaria" Rothschild, y Jean Zay, israelitas, se oponen a todo acuerdo con Hitler, probablemente, por razones tnicas. Campinchy y Reynaud por solidaridad con sus "hermanos" masones, que son perseguidos en Alemania. En cuanto a Champetier de Ribes es lo que ya entonces se empieza a denominar un "cristiano de izquierdas" y adopta a veces posiciones an ms radicales que el propio Mandel. Finalmente, el 18 de Septiembre, el mismo da en que Chamberlain reciba Ia resolucin del Congreso Mundial Judo, Daladier y Bonnet se presentaban en Londres, convocados por Chamberlain. Dan su apoyo al Plan Hitler-Chamberlain, aunque formulan dos objeciones; la nueva frontera ser delimitada por una comisin internacional, de la que Checoeslovaquia formar parte y, adems, Inglaterra y Francia garantizarn militarmente la nueva frontera. Churchill vuela a Pars y se entrevista con Mandel y Reynaud para reavivar eI fuego sagrado del clan belicista. El propio Mandel llama por telfono a Benes y le dice: " Usted es eI Presidente de una nacin libre e independiente; ni Pars ni Londres tienen porqu dictarle su conducta. Si su territorio va a ser violado, no debe dudar ni un segundo en dar la orden a su ejrcito de defender su Patria... Si usted dispara el primer caonazo, el eco repercutir en todo el mundo de manera tal que los caones de Inglaterra, Francia y tambin de Rusia empezarn a vomitar fuego. Todo el mundo le seguir a usted y Alemania ser batida en un plazo de seis meses si no la ayuda Mussolini, y en tres meses si la ayuda Mussolini " [66]. Benes acepta, de entrada, el Plan que le propone Chamberlain, el 21 de Septiembre, pero el da 23, a las diez y media de la noche, decreta la movilizacin general. Evidentemente, ha conseguido el consejo de Mandel, creyendo que las otras potencias aliadas seguiran el mismo camino. Pero Francia se limita a movilizar a una quinta suplementaria. Inglaterra no se mueve. Tampoco Rusia. En cambio Mussolini moviliza a su Marina de Guerra y concentra doce divisiones en los Alpes, junto a la frontera francesa. Polonia y Hungra tambin movilizan, pero contra Checoeslovaquia, para proteger a las minoras polaca y hngara contra el centralismo devastador de Praga. Alemania no toma, de momento, medidas excepcionales aunque consta que, sin necesidad de movilizar, su Ejrcito est a punto. Cuando llega a Berln la noticia de la movilizacin general ordenada por Benes, el Fhrer y Chamberlain estn en plena conferencia. La discusin, por vez primera, se toma agria. Hitler hace oir al Primer Ministro el disco en que los servicios de escucha de la gestapo han gravado la conversacin telefnica entre Benes y Mandel. Como el cable telefnico Paris-Praga atravesaba Alemania es de suponer que Mandel hablaba a Benes, pero tambin, por via indirecta, a Hitler, pues es inconcebible que no previera la accin del 48

Contraespionaje alemn [67]. El Fhrer le dice sin ambages a Chamberlain que el clan belicista anglo-francs, an sin estar en el poder, sostiene a Checoeslovaquia. Le recuerda que la misma estructura de los gobiernos democrticos puede provocar que su interlocutor ya no sea Primer Ministro cuando venza el nuevo plazo que Daladier ha propuesto a Chamberlain para la entrega del territorio Sudete a Alemania, y que la llegada al poder de hombres como Churchill, Edn, Vansittart o Hore Belisha, en Inglaterra, o de Mandel o Reynaud, en Francia, significara nuevos aplazamientos y tergiversaciones, desfavorables a Alemania. Entre tanto, hay choques constantes entre la Polica y el Ejrcito checos y la poblacin de los Sudetes. Todos los alcaldes sudete-alemanes han dimitido de sus cargos y el pas se debate en la anarqua. Hay que terminar de una vez con el caos. Hitler presenta una especie de ultimtum exigiendo la evacuacin de determinadas zonas de los Sudetes en un plazo de 48 horas. En las otras zonas se celebrar un plebiscito internaclonalmente controlado. Alemania se autoexcluye de la comisin control, pero exige que Checeslovaquia tampoco figure en la misma. Chamberlain se niega a aceptar el ultimtum. Cuando parece que se va a producir la ruptura, Hitler cede sobre algunos puntos. Dice a Chamberlain: " En consideracin a usted, estoy presto a prolongar el plazo. Es usted el primer hombre a quien he hecho una concesin. Consiento en retrasar la fecha lmite de la evacuacin de los Sudetes por los checos hasta el primero de octubre ". Acepta igualmente algunas modificaciones formales que hacen que la propuesta oficial del gobierno alemn se asemeje ms a su ttulo de "Memorndum" que al de "Ultimtum". En lo que no cede Hitler es en la cuestin del plebiscito popular en las zonas que no se evacen inmediatamente. Chamberlain, muy prudente, muy ingls, acepta la propuesta final pero sin comprometerse ms que a transmitrsela a Benes con la recomendacin de que la apruebe. La propuesta es transmitida a Benes el 24 de Septiembre, y el da siguiente encarga a su embajador en Londres, Jan Massaryk que d la respuesta del gobierno checoeslovaco. Dicha respuesta est llena de reproches a los gobiernos francs y, especialmente, ingls: "... slo hemos aceptado el Plan FrancoBritnico tras fortisimas presiones y bajo la amenaza [68] ... el Memorndum alemn es, en realidad, un Ultimtum [69] ... va mucho ms lejos que el Plan Franco-Britnico ... Mi gobierno ha tomado conocimiento del Plan Franco-Britnico con indignacin ... Quiero declarar solemnemente que, en su forma actual, las exigencias del Seor Hitler son totalmente inaceptables ... Opondremos la ayuda ms feroz con la ayuda de Dios. La nacin de San Wenceslao [70] no ser jams una nacin de esclavos ... En esta hora suprema contamos con la asistencia de las dos grandes democracias occidentales, cuyos consejos hemos seguido, muchas veces violentando nuestro juicio personal" [71]. Pero todas estas viriles consideraciones terminan con la frase: "No obstante, ante la presin de los gobiernos ingls y francs, nos vemos forzados, con la muerte en el alma, a aceptar el Plan que nos es impuesto". Parece, pues, que se ha solventado la crisis cuya terminal inevitable slo poda ser la guerra. Pero todava no est todo resuelto. Churchill que, a caballo de poderosas influencias de las que ms tarde hablaremos, se ha convertido en, el

lder del clan belicista ingls, visita a Chamberlain y le increpa duramente [72]. Como ha osado el Primer Ministro intervenir en los asuntos internos de Checoeslovaquia ? Evidentemente, la pregunta es absurda. Si Inglaterra y su semi-satlite Francia no hubieran intervenido en tales "asuntos 49 internos", Checoeslovaquia ya no existira. Churchill insiste ante Chamberlain y le expone su proyecto de "Gran Alianza", integrada por Francia, Rusia e Inglaterra. Chamberlain se mantiene firme, pero por la madrugada le despierta Bullitt, el ya aludido embajador itinerante de Roosevelt, an cuando su cargo oficial sea solamente el de embajador en Pars, y le espeta que Inglaterra debe resistir a las exigencias de Hitler, pues "podra fcilmente formarse una triple alianza entre Francia, Inglaterra y la URSS" [73]. Es inconcebible que Churchill y Bullitt hayan tenido la misma idea en el lapso de unas horas. Es evidente que algo "se est cociendo" en muy poderosos cenculos. Churchill que, por el momento, no ostenta cargo oficial alguno, y Bullitt. embajador de una potencia que, en principio, no est - o no debiera estar - interesada en el problema, proponen a Chamberlain una alianza con otras dos potencias, una de las cuales, la URSS, el 23 de Septiembre, es decir, slo dos das antes, se ha negado a cumplir su pacto de asistencia con Checoeslovaquia y ha hecho saber que no movilizara por Benes. Qu ha pasado ? Quin mueve o a quin representan Churchill y Bullitt, sin cargo el primero y simple embajador eI segundo ? Salta a la vista que algo ha debido suceder entre bastidores, en esa tenebrosa intrahistoria de que hablara Balzac y de la que slo unos cuantos iniciados saben, mientras otros, simplemente, intuimos, o deducimos por una simple relacin de causa a efecto. Pues el da siguiente, Chamberlain, el viejo y cansado Primer Ministro, al que entre Churchill y Bullitt han tenido toda la noche en vilo, parece pronto a ceder ante los belicistas, mxime tras los insultos que Atlee, Morrisson y Bevin, laboristas, le dedican por su debilidad ante al Fhrer [74]. Nos permitimos recordar que estas presiones y estos insultos son dirigidos, respectivamente, por un diplomtico extranjero y por unos derrotados, democrticamente, en las urnas. Chamberlain es el investido por la mayora sacrosanta. En vez de respetar las reglas del juego democrtico, de cuya pureza tanto blasonan, Churchill recurre a un embajador norteamericano, a Jeroboam Rothschild (Mandel) y a Paul Reynaud, para que a su vez presionen al legtimo mandatario democrtico de su pas, mientras los laboristas le insultan. Con gracia y donaire tpicamente marxista, Atlee llama a su Primer Ministro "viejo carcamal [75]. Entretanto, Daladier, en Pars, da conocimiento del Memorndum a los miembros de su gobierno que, en principio, se muestran reacios a caucionarlo. Slo Georges Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores, apoya sin restriccines a Daladier. El Gabinete francs se halla dividido entre partidarios del Memorndum y opuestos al mismo. Los embajadores de Hungra y Polonia en Londres y Pars informan a los gobiernos Ingls y francs que sus

pases apoyan la poltica de Hitler con respecto a Checoeslovaquia. Benes se entera de ello por Mandel, e inmediatamente se dirige a su colega polaco, Mosciki, informndole que est dispuesto a negociar sobre la regin de Teschen, que Polonia le reclama. Los polacos, que han intentado negociar desde hace casi veinte aos, no hacen caso a Benes. Exigen un plebiscito controlado por la S. de N. en Teschen. Idntica exigencia formulan los hngaros con respecto a Ungvar y Munkacs. Esto sella la suerte del estado checoeslovaco, al menos en cuanto se refiere a la actitud del gobierno francs; los franceses contemplan con simpata una guerra con Alemania, a condicin de que cuarenta divisiones checas y sesenta divisiones polacas se enfrenten a las cien divisiones alemanas, mientras los "poilus" se refugian tras la lnea Maginot y la Flota Inglesa pone en marcha el bloqueo. Pero ya no se cuenta con el gendarme polaco, que, adems, ha cambiado de campo. Italia, a la que las democracias - y sobre todo, Francia han echado en brazos de Hitler, apoya a ste y Chamberlain, pese a las presiones brutales que recibe, aguanta, impvido, en su decisin de no complicar a Inglaterra en la guerra que ciertas fuerzas internacionales han organizado. Daladier y Bonnet vuelan hacia Londres, donde se entrevistan con Chamberlain, Sir John Simn, Samuel Hoare, Lord Halifax, Sir Alexander Cadogan y Vansittart, es decir, los ms fieles seguidores del Primer Ministro. No se puede aceptar plenamente el Memorndum de Hitler debido a las presiones brutales que llegan del otro lado del Atlntico, y de las que hablaremos ms extensamente ms adelante. Tampoco se puede rechazar, porque ello implicara la guerra y, en todo caso, Checoeslovaquia desaparecera como estado independiente. Se adopta una tercera resolucin: la continuacin de las negociaciones que permitan que Hitler reduzca sus exigencias y Benes se muestre ms intransigente. Sir Horace Wilison parte hacia Berln el da siguiente, acompaado de dos diplomticos de primera lnea, Henderson y Kirkpatrick, y es recibido por Hitler y von Ribbentrop. 50 Hitler est de muy mal humor. Muestra a la delegacin britnica despachos de agencia en los que se informa que el Ministro del Interior checo, Krofta, afirma que la movilizacin checa ha asustado a Alemania que, al no reaccionar militarmente, ha dado sntomas de debilidad [76]. Adems, llega la noticia de que, ante la movilizacin polaca, Praga ha decidido aceptar, en principio, la rectificacin de fronteras. El Fhrer aduce que, visiblemente, Praga slo cede cuando se emplea la fuerza. Polonia pide Teschen y Checoeslovaquia responde negativamente. Polonia moviliza y Checoeslovaquia acepta la rectificacin de fronteras. En consecuencia, Alemania deber adoptar igual lnea de conducta. Si los checos no entregan los Sudetes, las tropas alemanas entraran en Checoeslovaquia. Wilson insiste en el sentido de que Hitler reciba a unos negociadores checos, para discutir el trazado de la frontera y las fechas para la celebracin del plebiscito. Tras larga discusin, Hitler cede:

" De acuerdo. Les recibir, pero con dos condiciones: que el gobierno checo acepte mi Memorndum y que me entregue los territorios Sudetes antes del primero de Octubre. Espero su respuesta antes del 28 de Septiembre a las dos de la tarde " [77]. Aquella misma noche, Hitler pronuncia un discurso incendiario contra Checoeslovaquia pero, al mismo tiempo, rinde homenaje a la buena voluntad de Chamberlain. Este responde rpidamente. Hablando por los micrfonos d la B.B.C. pronuncia un discurso conciliador, que contiene la siguiente frase: "Los Sudetes podran ser incorporados al Reich sin que mane una sola gota de sangre " [78]. Chamberlain hace ms. Telefonea a Sir Horace Wilson. que todava se encuentra en Berln y le dice que visite, el da siguiente, a Hitler para decirle de su parte que "Inglaterra est dispuesta a garantizar la ejecucin de las promesas ya hechas por Praga, es decir, al retomo de los Sudetes y a la celebracin de un plebiscito, a condicin de que Alemania se abstenga de recurrir a la fuerza " [79]. Pero Hitler recibe framente a Wilson. Los informes que llegan de la situacin en los Sudetes son cada vez ms alarmantes. Cinco civiles muertos, as como un polica checo. Docenas de heridos por parte sudete-alemana [80]. El Fhrer comunica a Wilson que slo quedan dos alternativas: O bien Praga acepta el Memorndum, o bien lo rechaza. Espera la respuesta antes del 28 de Septiembre, a las catorce horas. Si no, entrar en Praga a la cabeza del Ejrcito alemn. Hitler aflade: "No puedo ni quiero recibir negociadores que representan a los asesinos de mis compatriotas. Los checos negocian con mala f. Slo quieren ganar tiempo para ver si consiguen enredar a las grandes potencias en una guerra por su culpa " [81]. No es Hitler slo quien piensa que los checos son negociadores que actan con mala f. Lord Vansittart y Lord Runciman, dos polticos ingleses, miembros del Gabinete de Chamberiain pensaban igual: " Vansittart nos ha hecho al Presidente y a mi numerosos reproches. Dijo que haba sido engaado por nosotros: que se haba expuesto en un ciento por ciento por nuestra causa y que como pago a ello tergiversabamos sus palabras y abandonabamos nuestra primitiva idea de conceder al Partido Alemn Sudete todas aquellas prerrogativas que pudieran justificar que la opinin mundial se pusiera al lado de la Repblica Checoeslovaca. Lo mismo piensa, al parecer Runciman, que est muy defraudado con nosotros..." [82]. En cuanto a los franceses, su opinin sobre los seores de Praga es aproximadamente la misma: "En conversaciones con miembros del Gobierno y en el Quai dOrsay se oye decir que los checos 51 conspiran y que por esta razn no adoptan en la cuestin de los Sudetes una actitud leal ni seria ". [83].

Sir Horace Wilson regresa a Londres, donde informa a Chamberlain. Este, a su vez, informa a Benes del ultimtum alemn, y de que, en ningn caso, Inglaterra ir a la guerra por defender "a un pas lejano, poblado de gentes de las que no sabemos nada". Luego habla con Daladier: "Sean cuales sean las simpatas que podamos sentir por un pequeo pas en conflicto con un vecino poderoso, no vamos a mezclar al Imperio Britnico en una guerra por una pequea nacin". Benes se siente cada vez ms desamparado, pero en ese momento Roosevelt vuelve hacer aparicin sobre la escena internacional europea. En realidad, siempre ha estado presente en la misma, por persona interpuesta, especialmente Bullit y Joseph Davies, el primero en Pars y Londres y el segundo en Mosc [84]. El 28 de Septiembre manda un telegrama a Hitler predicando moderacin. Es una "gaffe" diplomtica. El Fhrer le contesta que debe dirigir sus sermones a Praga, no a Berln. Roosevelt manda un nuevo telegrama, esta vez a Roma, pidiendo a Mussolini que intervenga cerca de Hitler. Todos los pases de Amrica Latina, presionados por Roosevelt, mandan igualmente telegramas a Mussolini, y lo mismo hacen el Foreign Office y el Quai d'Orsay, rogndole que haga cuanto pueda para retrasar aunque slo sea en cuarenta y ocho horas el ultimtum alemn, para dar tiempo a convocar una reunin de las cinco grandes potencias: Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y los Estados Unidos. Hitler responde que no ve el motivo por el cual los Estados Unidos deban intervenir en los asuntos de Centroeuropa. A l no se le ocurrira mezclarse en las diferencias que Norteamrica pueda tener con sus vecinos del Sur del Nuevo Continente. Chamberlain se coloca al lado de Hitler. Roosevelt, despechado, se retira secamente de la escena. El da 28 de Septiembre, a las once, cuando todo el mundo miraba impotente avanzar el reloj camino de las dos de la tarde, hora lmite marcada por Hitler a Benes, cuando todo pareca perdido, Mussolini enva a su embajador en Berln, Attolico, a que diga a Hitler que "suceda lo que suceda estar a su lado", le pida retrasar en veinticuatro horas el plazo fijado y ofrezca su mediacin. Una hora despus llega Sir Neville Henderson, portador de un mensaje de Chamberlain: "Lo esencial de las reivindicaciones alemanas puede recibir inmediata satisfaccin sin guerra. Estoy dispuesto a trasladarme a Berln para discutir con Usted las modalidades de la transferencia de soberana, junto con los representantes de Francia, de Italia y de Checoeslovaquia". Respuesta de Hitler: "Diga a M. Chamberlain que, a peticin de mi gran aliado el Duce, he aceptado retrasar en veinticuatro horas la orden de movilizacin general. Ahora debo consultarle". Se ha evitado la guerra in extremis: unas horas ms tarde, Daladier y Chamberlain son invitados por Hitler para entrevistarse con l y con el Duce en Munich.

Antes de salir hacia Munich, el diario oficioso del Partido Fascista II Popolo d'Italia publica una "carta abierta a Lord Runciman" [85], no firmada, que toda la prensa italiana atribuye a Mussolini, sin que ste desmienta o haga desmentir. Entre otras cosas se lee este prrafo significativo: " Rechazar Benes el plebiscito ? En ese caso podr usted decirle que Inglaterra se lo va a pensar siete veces, multiplicado por siete, antes de meterse en una guerra con la nica finalidad de conservar la existencia de un estado ficticio, monstruoso, incluso, por su configuracin geogrfica, hasta el punto que fue llamado sucesivamente estado-intestino, estado-morcilla o estado-cocodrilo. Si Londres anuncia que Inglaterra no se mover, nadie se mover. Este fuego no es digno de la vela, an cuando queme en el candelabro masnico del Gran Oriente". Mussolini remacha el clavo, en un discurso radiado, antes coger el avin: 52 " Seria verdaderamente absurdo, e incluso criminal, que millones de europeos debieran precipitarse los unos contra los otros, simplemente para mantener el dominio del Seor Benes sobre ocho razas diferentes ". Por su parte, Chamberiain, antes de tomar el avin, an tiene tiempo de rechazar una propuesta del Gobierno Sovitico, tendente a la realizacin de una conferencia en la que intervengan todas las potencias europeas, incluyendo la Unin Sovitica, con objeto de discutir todos los puntos en litigio. Chamberiain no quiere que los soviticos intervengan en los asuntos del Continente. Hitler, tampoco. La Conferencia de Munich determina, por fin, el retorno de los Sudetes a Alemania, y la celebracin de un plebiscito en determinadas comarcas vecinas, en Bohemia, en todas las cuales, por cierto, los alemanes obtendrn mayora. Abandonado a sus propias fuerzas, el estado checoeslovaco demuestra ser un "bluff". Sus fortificaciones inexpugnables, sus cuarenta divisiones. Su ultramoderna aviacin, que no llega a despegar de sus aerdromos. Checoeslovaquia la han mantenido, en lo interior, el terrorismo policiaco; en lo exterior, la Masonera. Roosevelt y su "Brain Trust" y los clanes belicistas de Londres y Pars. Pero Checoeslovaquia, per se, no es nada. Hitler accede en Munich a que una comisin internacional, designada por la S. de N. controle la ejecucin de los acuerdos. Checoeslovaquia ceder a Alemania todo el territorio en que el Frente Nacional Sudete haya obtenido mayora absoluta de votos en las ultimas elecciones. Las nuevas fronteras checas son reconocidas y garantizadas por los cuatro firmantes de Munich, pero bajo la condicin expresa de que los checos solucionaran la cuestin de sus minoras nacionales, por vas pacificas y legales, y sin opresin. Munich es la actualizacin del Pacto de los Cuatro, idea lanzada por Mussolini ya en 1934, cuyo principio fundamental es el revisionismo pacfico y mtodo de colaboracin organizada y permanente de las cuatro grandes potncias occidentales. Munich condena formalmente la pulverizacin de Europa, establecida por los Tratados de Paz de Versalles y sus secuelas - Trianon, Svres, Saint-Germain - y sistematizada por la S. de N.

En 1919, Europa se compona de 19 estados, tras la guerra, de 27, y se parta del principio que los pequeos estados tendran los mismos "derechos" que los grandes. Los augures visibles de Ginebra eran Benes, el checo, Titulesco, el rumano, Politis, el griego; los augures autnticos, naturalmente, eran otros. El Pacto de Munich vuelve a colocar a la pirmide descansando sobre su base. Sigue la mxima de Celine, que dice: "Ser la gran vctima de la Historia no significa que se es un ngel" [86]. Esta observacin vale tanto para los pueblos como para las clases sociales. El Pacto de Munich, Igualmente, transpone sobre el plano Internacional una frase certera de Carrel: "Los pueblos modernos slo pueden salvarse por el desarrollo de los fuertes; no por la proteccin de los dbiles" [87]. El Pacto de Munich, en fin, fu, a nuestro juicio, definido de la manera ms atinada por Anatole de Monzie, por cierto miembro del gabinete Daladler: "No se trata ms que de devolver a las grandes y verdaderas naciones su libertad con respecto a las pequeas; de restituir el mando al que lucha, o luchara, ante un enemigo comn; se trata, en fin, de poner fin a la dictadura de los pupilos" [88]. Pero an representa ms Munich. Munich representa la ruptura de los Cuatro con Mosc y, por va de consecuencia, el repudio del Pacto Franco-Sovitico. Europa, para los europeos. En el concierto europeo, no se le reconoce lugar alguno a Mosc. Ni tampoco a Roosevelt. Munich, en fin, reconoce la legitimidad de la expansin alemana hacia el Sudeste Europeo. Se trata de una expansin ordenada por la Naturaleza. No hace falta haber ledo a Hausshofer para comprender que, geopolticamente, este hecho es innegable. El Danubio va de Oeste a Este. Expansin que prosigue una corriente histrica: el III Rech comprende el camino que haban seguido cinco siglos antes los Caballeros Teutnicos; dos siglos antes los austracos, y treinta aos antes, Guillermo II. Expansin a la que nunca renunci ningn gobierno alemn: en Locarno, por ejemplo. Stresemann reconoci como definitivas las fronteras de Versalles para el Oeste del Reich, pero rehus comprometerse a nada en cuanto a las fronteras orientales. Expansin, para terminar, anunciada por Hitler en Mein Kampf: 53 "...detenemos la marcha de lo germanos hacia el Sur y el Oeste de Europa... Cuando hablamos de conquistar nuevo territorio en Europa, slo podemos pensar en la Rusia Sovitica y en los estados limtrofes colocados bajo su dependencia". Esta expansin, adems - debido, sin duda, a la tozudez de los hechos de que hablaba Voltaire - se haba realizado, en gran parte, en el plano econmico, antes de la subida de Hitler al poder. En 1932, el comercio de Hungra, Yugoeslavia, y Rumania con el Reich era

casi igual al total de las operaciones de estos pases realizadas con Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Rusia. En 1938, dicho comercio haba subido al doble. Munich, en una palabra, marca el principio de una Nueva Europa. Tal vez de la Europa Unida del Nuevo Amanecer. Puede ser, para Europa, lo que el Compromiso de Caspe fue para Espaa, la toma del poder por Napolen para Francia, la marcha de Garibaldl para Italia o la promulgacin de la "Carta Magna" para Inglaterra. Y, como colofn, Hitler y Chamberlain firman una declaracin conjunta: "Vemos en el acuerdo firmado ayer, as como en el acuerdo naval anglo-alemn, smbolos del deseo de nuestros dos pueblos de no volver a hacerse nunca ms la guerra. Estamos resueltos a tratar Igualmente, por el mtodos de las consultas, las otras cuestiones de inters para nuestros dos pases y a continuar a esforzarnos de eliminar las causas eventuales de divergencias de puntos de vista para contribuir as a asegurar la paz europea". EL FIN DE CHECOESLOVAQUIA Y EL SALTO A PRAGA Tres horas despus de firmados los acuerdos de Munich, Polonia enviaba un ultimtum a Checoeslovaquia. Se hace cargo del mismo el nuevo Jefe del Gobierno, Doctor Hacha, pues Benes ha dimitido. Segn tal ultimtum, si en veinticuatro horas la Administracin, la Polica y el Ejrcito Checos no han evacuado Tschen, el Ejrcito Polaco invadir la zona. Los checos ceden inmediatamente. El mismo da abandonan Tschen, que es anexionado a Polonia. Las cuatro potencias signatarias de Munich no intervienen. Es cierto que han garantizado las fronteras establecidas en Munich, pero la garanta no puede ir ms all de donde vaya el propio garantizado. El gobierno de Praga no ha pedido siquiera que se le apoye frente a los polacos que, por cierto, han presentado sus demandas en forma brutal, como un hecho consumado y dando un plazo, en su ultimtum, notoriamente insuficiente. Comprenden los firmantes de Munich que no se puede ir contra Natura y que Checoeslovaquia slo subsistir, en las nuevas condiciones, mientras los eslovacos quieran. Chamberlain y Daladier haban sido recibidos entusisticamente a su regreso a Londres y Pars. La paz haba sido salvada. Salvo la minora influyente de los miembros del clan belicista, no exista un slo ingls ni un slo francs que deseara ir a la guerra para salvar a un tiranuelo como Benes. Churchill, despechado refiere [89] que "turbas vociferantes aplaudieron a Chamberlain y a Daladier a su regreso de Munich. Por cierto que resulta anonadante el concepto que de la Democracia tiene tan pulcro demcrata como Churchill. Pasarse la vida loando las ventajas de la Democracia, para calificar despectivamente de "turbas vociferantes" a unos ciudadanos que no quieren seguirle a la guerra. Mientras tanto, otros "demcratas", los rusos soviticos, haban recibido la noticia de los Acuerdos de Munich con sacrosanta indignacin, y Chamberlain haba sido quemado en efigie en la Plaza Roja moscovita. Litvinof asisti oficialmente a esa prctica "vud" democrticosovitica. Que se sepa, el Gobierno ingls no present protesta diplomtica alguna [90]. Se imagina alguien el estruendo que hubieran organizado los medios informativos en todo el mundo si en Berln se hubiera quemado en efigie, por ejemplo, a Len Blum, cuando se firm el Pacto Franco-Sovitico?. ***

54 El ataque de Polonia a Checoeslovaquia - "realizado con apetito de hiena", dijo el prediodista De Krillls - es el golpe de gracia definitivo para el estado checoeslovaco. Si el Anschluss de Los Sudetes con Alemania representaba para el poder de Praga la prdida del cuarenta por ciento de la Industria y eI tercio (el ms activo) de la poblacin, la perdida de Tschen, ms que por su importancia estratgica o su inters econmico significaba que Checoeslovaquia no inspiraba respeto a nadie. Y as, aunque en Pars la actitud de Polonia fue causa de un disgusto maysculo y empiezan las diatribas contra los gobernantes de Varsovia - que las necesidades de la alta poltica exigirn sean presentados como demcratas y como mrtires unos meses ms tarde - pronto aparecen nuevos motivos de preocupacin. Hungra constata que, contrariamente a sus promesas y a los acuerdos que ha firmado en Munich, Checoeslovaquia no concede la autonoma administrativa interna a sus minoras magiares. En consecuencia se dirige a los gobiernos de las Cuatro Grandes Potencias instndoles a que fuercen a Praga a cumplir sus compromisos. Pero el estado checoeslovaco se desmorona definitivamente el 6 de Octubre, en que Eslovaquia proclama su autonoma, dentro del estado checoeslovaco. Praga reconoce al gobierno autnomo eslovaco, presidido por el Padre Tisso. El 10 de Octubre, en Uzhorod, se forma un gobierno autnomo carpato-ucraniano, presidido por Andrej Brody, que tambin es reconocido, de momento, por Praga. Una semana despus, empero, Brody es detenido por la polica checa. El Doctor Hacha, que ha substituido a Benes en la direccin del estado, enva a un general checo, Leo Prchala a Bratislava, nombrndole miemembro de Gobierno Eslovaco. La medida es anticonstitucional. El 10 de Marzo, Praga descarga otro golpe contra los regmenes autonmicos que su Constitucin garantiza; el gobierno de la Ucrania Transcarptica es destituido en bloque. Un da despus es detenido el Padre Tisso, Presidente del gobierno autnomo de Eslovaquia, y dos de sus ministros. Los eslovacos se lanzan a la calle en Bratislava y hay numerosos muertos y heridos por ambos bandos. Bajo presin de la calle, Praga libera a Tisso encargndole que forme gobierno, pero ste se niega mientras la soldadesca checa ocupe Eslovaquia y Leo Prchala sea miembro obligatorio del gobierno eslovaco. Entretanto, tres gobiernos centrales del estado checoeslovaco, formados por Hcha, caen en el plazo de un mes. A pesar de representar a un importante ncleo de poblacin, Karmassn, lder de la minora alemana de Bohemia (slo en Praga viven casi doscientos mil alemanes) no es llamado para ocupar cargo alguno en esos tres gobiernos, pese a tener derecho a ello, de acuerdo con la Constitucin Checoeslovaca. Hitler interpreta todas estas medidas de Praga como una violacin de los Acuerdos de Munich, donde se reconocieron las nuevas fronteras checas bajo la expresa condicin de que los checos "solucionaran la cuestin de sus minoras nacionales por vas pacificas y constitucionales, y sin opresin". Por eso, cuando, el 14 de Marzo de 1939, las tropas hngaras entran en las comarcas de Ungvar y Munkcs, Berln reconoce la anexin. Dos das despus, los hngaros ocupan la

regin Crpato-Ucraniana, instaurando inmediatamente un gobierno autnomo presidido por Brody. El 17 de Marzo, Eslovaquia proclama su plena independencia. El Estado Checoeslovaco se ha desmoronado. No existe. Incluso Polonia ha vuelto a movilizar dos reemplazos y concentra sus tropas en la frontera checa. Eslovaquia y Rutenia (Crpato-Ucrania) se colocan bajo la proteccin del Reich. Es decir, conservan su plena soberana pero firman unos acuerdos, con Berln, que los colocan, a cambio de la proteccin poltica y militar de Alemania, dentro de la rbita de influencia germnica. Como no poda dejar de suceder, enseguida se plantean fricciones fronterizas entre checos, por una parte, y eslovacos y polacos, por la otra. En vista de la agravacin de la situacin, el Doctor Hcha, y su Ministro de Asuntos Exteriores, Chavlkovski, solicitan ser recibidos por Hitler. Este les reprocha sus constantes incumplimientos de los Acuerdos de Munich relativos a la cuestin de sus minoras nacionales y le anuncia que, a primeras horas de la maana siguiente, las tropas alemanas entraran en Bohemia-Moravia. Hcha se desmaya al oir estas palabras y debe ser atendido por el propio mdico del Fhrer. Al volver en s, su primera orden es para comunicar a Praga la noticia, y encarecer que no se ofrezca resistencia alguna. El Doctor Hcha firma entonces un documento segn el cual "pone en las manos del Fhrer de Alemania el destino de la nacin y el pueblo checo". Hitler se compromete a "acoger al pueblo checo bajo la proteccin del Reich y garantizar un desarrollo autnomo inherente a sus peculiaridades nacionales". [91]. A nosotros, al menos, no nos cabe la menor duda. El documento firmado por el Doctor Hcha no fue redactado por l. Hacha fue a Berln a obtener un tipo de proteccin - y en poltica 55 proteccin significa dependencia - similar al que obtuvieron eslovacos y rutenos. Pero se encontr con el hecho consumado de un "Protectorado", parejo a aqul en que se encontraba Marruecos, entonces, con relacin a Francia y Espaa. Hitler estaba irritado, con hartos motivos, con Praga, y se lo quiso hacer pagar. Esto fue, a todas luces, un error poltico. Imputable a Hitler? Imputable a von Ribbentrop? Creemos, francamente, que a los dos, pero sobre todo al primero. Hemos dicho, y repetimos, que cuesta creer que Hitler en persona no redactara el documento firmado por Hcha. Para nosotros esta demasiado claro. El Doctor Hacha era un liberal; un liberal no habla del "Destino" en tal circunstancia histrica. Un liberal no alude a la nacin y al pueblo, diferencindolos. Finalmente, un Jefe de citado que va a pedir proteccin no se desmaya cuando su "protector" le anuncia que sus tropas van a atravesar la frontera para garantizar el orden. En otro lugar hemos escrito: "Andr-Francois Poncet, al que es imposible calificar de germanfilo, dijo:

Los eslovacos y los rutenos haban obtenido la autonoma que les permita la propia Constitucin del Estado Checoeslovaco. Pero los checos rehusaron considerarles como entidades autnomas. A Hitler, para borrar del mapa a Checoeslovaquia, le bastaba con tomar partido por los eslovacos y los rutenos, y cuando unos y otros se pusieron bajo la proteccin legal de Berln, los checos se encontraron legal definitivamente solos. Es, pues, evidente, que los Acuerdos de Munich fueron violados en primer lugar, por Praga, y no por Berln". [92] Pero los Acuerdos de Munich, por otra parte, prevean que las Cuatro Potencias se comprometan a consultarle para la solucin de las cuestiones de inters comn. Hitler hubiera debido, pues, antes de admitir bajo su proteccin a eslovacos y rutenos, consultar con Inglaterra y Francia. Cuando se apercibi que la actitud checoeslovaca, violando abiertamente los Acuerdos de Munich, era dirigida desde Londres por Benes (que se haba exiliado all voluntariamente) y por el clan belicista Ingls, y desde Mosc por Gottwald [93], debi coavocar a los primeros ministros ingls y francs. Y cuando eslovacos y rutenos se colocaron bajo su proteccin debi notificarles que se colocaban bajo la proteccin de Londres y Pars igualmente. Del mismo modo, cuando Polonia se apoder de Tschen manu militari, Berln hubiera debido impedirlo. Claro que igual hubieran debido hacer Londres y Pars y permanecieron impvidos. Que hubiera sucedido si Berln hubiera observado escrupulosamente los Acuerdos de Munich? Hubiera sido muy difcil para los gobiernos ingls y frances dejar que la situacin se eternizara, ignorando las quejas de Tisso, Volozin, los hngaros y Hitler sin "perder la cara" ante el mundo. Hitler ya no deba sentir prisas, pues el grueso de la Comunidad Alemana en los Sudetes haba sido rescatado del dominio checo y no corra peligro alguno. Pero quiso solucionar el problema a su manera y el estado checoeslovaco salto por los aires. Creemos, con Rassinier, con el propio A.J.P. Taylor [94] que el llamado "salto a Praga" fu un error poltico. An cuando, como record el Fhrer, en Praga vivieran muchos alemanes y all se hubiera fundado la primera Universidad germnica; an cuando Bohemia y Moravia hubieran formado parte de estados alemanes durante siglos, persista el hecho de que aquellos territorios ya no podan considerarse pases alemanes. Hasta el "salto a Praga" Hitler poda presentarse, con toda justicia, como un defensor del derecho de Libre disposicin de los pueblos. Despus del "salto a Praga", ya no. El propio Doctor Hacha se present en Berln, por su libre voluntad, para colocarse bajo la rbita poltica del Reich, en las mismas condiciones que lo hicieran eslovacos y ucranianos. Con el tiempo, y en paz, por simple osmosis socio-poltica, Chequia (Bohemia-Moravia) se hubiera fundido con Alemania. Las prisas, repetimos, fueron un tremendo error psicolgico y poltico. No puede hablarse constantemente de Europa - y creemos que con sinceridad, como lo demostrara con hechos - y luego crear, en el corazn de la misma Europa, un Protectorado como si se tratara de bereberes del Mahgreb o de una tribu negra centroafricana. A la vista de lo expuesto en las pginas procedentes se comprende que Hitler estuviera harto de los polticos del castillo de Praga y que no se fiara de ellos. En un plano puramente moral, o particular, puede incluso justificarse el famoso "salto a Praga". En un plano poltico absolutamente no. Por una sencilla razn: Hitler no gan nada con ello y en cambio

56 perdi fuerza en su posicin, hasta entonces inexpugnable, de campen del derecho de libre disposicin de los pueblos. Es posible, con todo, que el motivo que moviera a Hitler a anexionarse, an cuando fuera en calidad de Protectorado, Bohemia y Moravia, no fuera otra que una consideracin puramente estratgica de la situacin. El "portaaviones checo" [95] era una cuna de casi quinientos kilmetros introducida en tierra alemana. Al mismo tiempo, dada la estructura interna democrtica de la Checoeslovaquia residual (Bohemia-Moravia) nada garantizaba a Hitler que el Doctor Hacha no fuera substituido por un adicto de Benes y volvieran a surgir problemas, resucitando el viejo "porta-aviones". Esto, tras los Acuerdos de Munich, era gravsimo. En efecto, la URSS se senta, con razn, amenazada por Alemania. La amenaza poda concretarse, tanto en un ataque militar directo, como en un bloqueo polticoeconmico y una asistencia, directa o indirecta, de Berln a los nacionalistas ucranianos. Esto estaba inscrito en sus grandes lneas en el Mein Kampf, y tras liquidar las cuestiones pendientes con el Oeste, Alemania se volva hacia el Este. En Munich se llegaba a un acuerdo tcito: Europa para los europeos. Rusia, fuera de las discusiones entre europeos. Inglaterra y Francia se desentienden del Este Continental. Hungra y la nueva Eslovaquia se unen al Reich en un bloque poltico anticomunista, mientras Polonia - cuyas relaciones con Alemania son inmejorables y que ha colaborado con el Reich en el despedazamiento de Checoeslovaquia - acenta su poltica anticomunista. En el bloque centroeuropeo que se dibuja contra la URSS, dirigido por Alemania, Checoeslovaquia es un obstculo. Es una piedrecita en el engranaje de la poderosa mquina blica que se esta forjando. Ninguno de sus vecinos lamenta la desaparicin del artificial estado y Hitler - esta vez, s - aplica la poltica del hecho consumado. Todos sus generales lo aprueban. A von Ribbentrop y a von Neurath, a los diplomticos de carrera la medida - sin desaprobarla abiertamente - ya no les seduce tanto. En todo caso, Checoeslovaquia ha desaparecido, y la URSS se siente ms que nunca en cuarentena. Chamberlain, en los Comunes, responde framente a una interpelacin de Atlee, el lder laborista: "El estado cuyas fronteras tratamos de garantizar se ha desmoronado desde dentro. Por tal motivo, el Gobierno de Su Majestad no se considera, por ms tiempo, ligado con respecto a Praga". En otras palabras, Hitler tiene las manos libres en el Este: lo que siempre ha querido.

LA "KRISTALLNACHT" El problema judo aparece constantemente, como un teln de fondo, en la azarosa poca que nos ocupa. No slo en razn de la influencia y el rol determinante - segn unos - o secundario - segn otros - jugado por ciertos personajes israelitas, sino tambin por el peso especfico de la Comunidad Juda en general y su implicacin en la vida poltica de los pueblos en que est radicada.

Hemos visto como, pese al fracaso de la Conferencia de Evian, las esperanzas de arreglo ms o menos racional; ms o menos justo - persistan. Ahora bien, esas ltimas esperanzas se desvanecieron con ocasin del asesinato del Tercer Secretario de Embajada del Reich en Paris, von Rath, por un joven isrealita polaco, llamado Herschel Grynzspan, el 7 de Noviembre de 1938. Se ha pretendido que tal asesinato no tena nada de poltico y que no se trataba, en el fondo, ms que de un banal asunto de "malas costumbres". En todo caso, se ha dicho, Grynzspan actu por su propia iniciativa. Cuesta mucho creerlo. Lo mismo se dijo de Gavrilo Prinzip y de sus cmplices cuando asesinaron al Archiduque Fernando y luego se demostr que se trataba de una vasta conjuncin poltica. Se trata de una regla general para los asesinatos polticos: son todos ellos - sin ms excepciones que las rarsimas que confirman la regla - concertados, preparados y la mano del asesino o asesinos es, siempre, dirigida por grupos polticos. En todo caso, existe la confirmacin del propio asesino, Grynzspan, que confes que no tena la intencin de asesinar al Tercer Secretario de Embajada, von Rath, sino al mismo Embajador de Alemania en Pars. 57 No era von Rath el primer funcionario nazi asesinado por judos fuera de Alemania. Ya el 4 de Febrero de 1936. Wilhelm Gustlof, Jefe del Grupo Nacionalsocialista de Alemania residentes en Suiza fue asesinado por el hebreo Frankfurter. Y citaremos, pour mmoire, que Horst Wessel, el legendario hroe nazi, miembro de las S.A. fue igualmente asesinado por un Judo afiliado al Partido Comunista Alemn. Tambin conviene tener presente que el Coronel Konovaletz, lder de los nacionalistas ucranianos, y protegido por el Reich, fue asesinado unas semanas antes del atentado contra von Rath y tambin en esta ocasin el victimario fue un hebreo, miembro de la G.P.U., llamado Wallach. La muerte de Konovaletz contrari enormemente a Hitler, dada la personalidad del lder ucraniano, con la que contaba el Fhrer en sus planes de la Drang nach Osten [96]. Al conocerse la noticia del asesinato de von Rath, Alemania entera parece explotar. En Berln, Munich, Nurenberg, Leipzig, Frankfurt, Colonia y Hamburgo, numerosas sinagogas son incendiadas, almacenes judos arrasados y pillados. Parece fuera de toda duda razonable que la indignacin popular fue canalizada por las S.A. La Kristallnacht se produjo tres das despues de los disparos de Grynzspan en Pars; dirase que es demasiado tiempo para poder creer en una clera incontrolada del pueblo alemn. Clera, s; sin duda. Pero no incontrolada. Todos los indicios llevan a creer que Goebbels y Himmler apadrinaron la idea; a la que era contrario Goering. No obstante, fue el propio Goering quien, dos das despus, impona a la comunidad juda de Alemania una multa colectiva de mil millones de marcos. Goering hace ms. Decide que, a partir del 1 de Enero de 1939, los Judos alemanes no podrn dedicarse al comercio al detalle, ni ser jefes de empresa ni artesanos independientes. Goebbels, por su parte, les prohbe el acceso a las salas de espectculos [97]. Como los almacenes judos haban sido la primera diana de los manifestantes, esa noche recibi el nombre de Kristallnacht (noche de cristal). 815 vitrinas de almacenes fueron destruidas, as como 171 domicilios judos, 276 sinagogas, otros 14 monumentos de las comunidades israelitas. Hubo 36 judos muertos y otros 36 heridos. Fueron detenidos - en

muchos casos para evitar que fueran lapidados - unos 20.000 Judos, as como 7 arios y otros 3 arios de nacionalidad no alemana [98]. Las autoridades principales del III Reich negaron siempre haber organizado esas manifestaciones y autorizado el cariz que tomaron luego. Naturalmente, no se les puede hacer un "proceso de intencin". De tal clase de procesos ya hubo demasiados en Nuremberg. No obstante, segn las apariencias, por lo menos, los aludidos altos jerarcas nazis parecen decir la verdad. He aqu como se desarrollaron los acontecimientos: El 9 de Noviembre de 1938, los principales miembros del Partido y del Gobierno se encontraban reunidos en Munich para conmemorar el "putsch" de 1923. Al atardecer, Goebbels fue informado que se haban llevado a cabo graves demostraciones antijudas en diversos lugares de Alemania, pero sobre todo en las provincias de Hesse y de Magdeburgo. Tras un breve coloquio entre Hitler y los principales dignatarios del Partido, Heydrich envi un telegrama a todas las comisaras de Polica de Alemania, ordenndoles de ponerse en contacto con los jefes regionales del Partido Nacionalsocialista para que los judos no fuesen molestados y sus propiedades respetadas [99]. En cuanto a Julius Streicher, que se haba ausentado de Munich anticipadamente debido a una indisposicin, no se enter de los sucesos hasta el da 10 por la maana. El da 12 de Noviembre, por orden de Hitler, Goering reuni en una conferencia interministerial a representantes de los principales ministerios implicados en el asunto: Goebbels (Propaganda), Heydrich (Polica y Seguridad), Schwerin von Krosigk (Finanzas), Funck (Economa), Frick (Interior). Bien por razones materiales, como Goering, que afirmaba que los perjudicados no seran los Judos sino las compaas de seguros alemanas - bien por razones morales, todos los presentes condenaron, no las manifestaciones en s, sino el modo cmo haban degenerado en una explosin de pillaje y linchamientos. Todos los presentes, excepto el doctor Goebbels, que las excus. Ya hemos aludido a las medidas de tipo econmico que, tras la Kristallnacht se tomaron contra los Judos, por decisin de Goering y de Goebbels. Estas medidas parecen injustas para 58 nosotros, lo son - por parecerse demasiado a un garrotazo de ciego. Evidentemente, lo que sucedi fu que el Gobierno Alemn, o, ms exactamente, dos o a lo sumo tres de sus miembros, Goebbels, Himmler y tal vez Heydrich, quisieron organizar una manifestacin espontanea para intentar intimidar a los sionistas de Nueva York y Londres, dndoles a entender que sus correligionarios an residentes en Alemania lo pasaran mal si continuaban las provocaciones y los asesinatos de personalidades alemanas en el Extranjero. Luego, como suele suceder, la masa se desmand y sobrevino la tragedia. La caja de Pandora. Naturalmente, se tomaron medidas seversimas contra 174 miembros del Partido, especialmente de las S.A., as como seis comisarios de polica, que fueron mandados a campos de concentracin. Los tribunales procedieron igualmente a dos condenas de muerte por homicidio, pero les fue conmutada la pena capital por la de reclusin perpetua.

Tomamos esta aseveracin del escritor alemn Roth, antinazi, en su obra Konzentrazionlager. El asesinato de von Rath obtuvo los resultados perseguidos. Los objetvos fijados por los autores o inductores de la provocacin fueron plenamente alcanzados. El Presidente Roosevelt se apresur a aprovechar ese pretexto para intervenir nuevamente en los asuntos europeos [100]. La Gran Prensa orquest una campaa a nivel mundial. Dice, a este respecto, Pal Rassinier: "El asesinato del tercer secretario de la Embajada de Alemania en Pars, haba, as, obtenido resultados anlogos a los que obtendran ms tarde, bajo la ocupacin alemana de Francia, aquellos singulares "resistentes" que slo provocaban el arresto de centenares de rehenes y una agravacin del Estatuto de Ocupacin cuando dinamitaban una farmacia o una cafetera, o asesinaban a un soldado alemn en una callejuela desierta.... Tras el 7 de Noviembre de 1938, la vida de los Judos alemanes, que unas negociaciones internacionales, sobre bases razonables habra podido ser salvada, se hizo ms difcil, a causa de su exclusin definitiva de la vida econmica del pas, las expropiaciones, las multas colectivas y finalmente, los campos de concentracin " [101]. Suscribimos totalmente el punto de vista de Rassinier. Y nos permitimos aadir que, para el Sionismo, el empeoramiento drstico de las condiciones de vida de los Judos alemanes, era un problema secundario. Toda guerra conlleva sus victimas, y el Sionismo, en guerra declarada con Alemania, deba contar con ello. En un momento en que los Acuerdos de Munich colocaban a Europa en el camino de la paz y autorizaban todas las esperanzas, al menos en el Este, las consecuencias del asesinato de von Rath por el joven Grynzspan coincidan demasiado con los objetivos perseguidos por el sionismo para aceptar alegremente que todo se deba a una coincidencia. EL CLAN BELICISTA En repetidas ocasiones hemos aludido a un "clan belicista" que presiona a los gobiernos de las democracias occidentales, concretamente Inglaterra y Francia, para que hagan frente a Hitler en todas las ocasiones, preconizando abiertamente el uso de la fuerza. El "War Clan" como le llaman los anglosajones, o "Partie de la Guerre", como le bautizara Maurras, se lanz sin tapujos, a la descubierta, a la palestra poltica, tras los Acuerdos de Munich, que ellos no podan tolerar y, an menos que los susodichos acuerdos, el espritu de los mismos. Vamos a analizar con cierta detencin la composicin humana de ese Partido de la Guerra y los objetivos que persegua. Para empezar, formaban parte de l: a) La totalidad del Partido Laborista ingls, con Atlee, Morrisson y Bevin a la cabeza. b) El ala derecha de los Conservadores ingleses - los llamados "young conservatives", o jvenes conservadores - con Churchill de cabeza de fila, secundado por Eden, Hore Belisha, Halifax, Lord Vansittart, Amery y Duff Cooper. 59

c) La casi totalidad del Partido Socialista francs, dirigido por Len Blum. Slo Marcel Dat y sus seis diputados seguidores constituyen la excepcin pacifista entre los socialistas galos. d) La totalidad del poderoso Partido Comunista francs. e) Numerosas personalidades de todos los partidos franceses, tanto de la derecha (De Krillis), como del Centro (Paul Reynaud) o de la izquierda "moderada" (Mandel). f) La Franc-Masonera, tanto de obediencia inglesa como de la continental. g) El "Brain Trust" del Presidente Roosevelt. h) El Sionismo. Todo esto puede representar un mximo de 300 350 personas de cierto relieve poltico; muchas de ellas - y no ciertamente las de menor influencia - desconocidas del llamado "hombre de la calle", englobadas particularmente en los apartados f), g) y h). El nombre del clan, que se le dio en Inglaterra, parece ms atinado que el de "Partido" que se le adjudic en Francia. Se trataba, en efecto, de un muy restringido clan, sin influencias directa en la calle. Pero con poderossima influencia indirecta, pues la Alta Finanza representa - da en todos los apartados, incluyendo el d) y personificada en l apartado h)maneja los mass media y fabrica la Opinin Pblica. As se asiste a la paradoja de que, mientras Chamberlain y Daladier son aclamados por la multitud a su regreso de Munich, se lanza una gran campaa periodstica criticndolos acerbamente por lo que Churchill califica, en el Parlamento, como "la mayor derrota diplomtica de ste pas". A continuacin, para paliar los efectos de tal "derrota", Churchill propone la creacin de una "Gran Alianza Ofensiva y Defensiva, entre Francia, Inglaterra y la URSS, que marchara resueltamente hacia adelante". El caso de Churchill es, en verdad, tan aleccionador, que ms adelante nos detendremos a analizarlo con la profundidad requerida. En todo caso, la propuesta del lder de los belicistas ingleses es rechazada, pero Runciman, el pacifista que acompa a Chamberlain a Munich es defenestrado politicamente. Su puesto en el gobierno ingls pasa a ocuparlo Lord Vansittart, un germanfobo bien conocido. *** Napolen deca que el Dinero era el nervio de la guerra. Si esto era cierto en los tiempos del Gran Corso, podemos decir que en la actualidad esa definicin pecara de excesivamente modesta, pues hogao es, no slo el nervio, sino incluso el alma. Ya a principios de 1938 tom un redoblado impulso la campana belicista en Francia. El israelita Louis Louis-Dreyfus, el titulado "Rey del Trigo ", financia generosamente los peridicos belicistas de Pars. Adems, se aprovecha de su cargo de Cnsul en Bucarest para intrigar contra Alemania en los Balcanes [102]. Emmanuel Beri, un periodista Judo denuncia, en su revista la existencia de un "Clan o Sindicato de la Guerra ". Afirma que su correligionario Robert Bollack, director de la Agencia de Noticias Fournier y de la Agencia

Econmica y Financiera, ha recibido treinta y dos millones de dlares, enviados desde Amrica, para regar a la prensa francesa. De la noche a la maana, determinadas publicaciones galas, hasta entonces pacifistas o neutrales, se vuelven furibundamente belicistas y germanfobas. "La accin de la Alta Finanza en el empeoramiento de las relaciones diplomticas es demasiado evidente para que pueda ser disimulada " [103]. Charles Maurras, germanfobo de toda la vida, y por tanto nada sospechoso de pronazismo, afirma, en su seminario L'Action Francaise que funciona un titulado, sotto voce, "Comit de la Guerra", en Francia y Blgica, en coordinacin con otro que acta en Inglaterra. Los fondos iniciales los haba trado el financiero Pierre David-Weill, director de la Banca Lazard [104]. Segn Maurras, el dinero era luego distribudo por Raymond Philippe, antiguo director de la banca precitada y por el ya mencionado Robert Bollack. Ms lejos an iba el viejo monrquico francs, pues acusaba a las ramas francesa e inglesa de la Casa Rothschild de participar en el movimiento [105]. El abogado judo Dr. Pierre Dreyfus-Schmidt, alcalde de Belfort, en Alsacia declar, en Febrero de 1938, que se haba formado un bloque econmico entre Inglaterra, los Estados 60 Unidos, la Unin Sovitica y Francia. Su misin consista en acrecentar el bloqueo y el boycot econmico contra Alemania e Italia [106] Primeramente se acapararan las materias primas necesarias a esos dos pases, y luego se les ira suministrando cada vez la menor cantidad posible de mercancas hasta que ambos pases estuvieran econmicamente arruinados. Por este procedimiento se confiaba en derrotar econmicamente a Alemania y hacerla salir de su autarqua econmica y su independencia financiera Esa informacin fue el complemento de una gacetilla publicada por el semanario ingls Sunday Chronicle [107] en la que se precisaba que "los Jefes del Judaismo mundial tienen la intencin de reunirse en Suiza para combinar el plan de un gran ataque contra los pases antijudos: Polonia, Rumania, Alemania, Hungra, Italia, etc. Los grandes financieros internacionales Judos pondrn a disposicin un fondo de lucha de 500 millones de libras esterlinas, que sern empleadas en luchar contra los citados pases. La lucha ser librada en las Bolsas mundiales". Por su parte, el Presidente de la "Liga Mundial Juda", Bernard Lecache (a) Lekah, escribi lo siguiente en el peridico oficial de esa organizacin: "Es necesidad nuestra declarar sin piedad la guerra a Alemania, la enemiga nmero uno del Estado Francs (!?). Para ello hay que estar plenamente convencidos de que nosotros haremos esta guerra hasta que los Grynzspan no necesiten entrar ms en una tienda de armas para poder vengar con sangre la desdicha de ser judo " [108]. Un periodista no-judo escribi un artculo, en calidad de invitado, en el influyente rgano de la judera norteamericana American Hebrew. El artculo caus sensacin y fue reproducido en casi todos los pases, incluyendo Alemania. Contena, entre otras manifestaciones, lo siguiente: "Las fuerzas de la reaccin estn siendo movilizadas. Una combinacin de Inglaterra, Francia y Rusia llevar a cabo, ms pronto o ms tarde, una marcha triunfal contra el

llamado Fhrer, Ya sea por accidente, ya sea deliberadamente, un judo ha alcanzado una posicin de la mxima importancia en cada una de esas naciones... En manos de esos noarios estn las vidas de muchos millones de hombres. Blum ya no es el Primer Ministro de Francia, pero el Presidente Lebrun es un mero figurn y Daladier es un ave de paso. Len Blum es un Judo prominente, que cuenta....El ser el Moiss que guiar a la nacin francesa. Y Litvinoff ? El gran Judo que se sienta a la diestra de Stalin, el pequeo soldadito de plomo del Comunismo. Es el ms importante de todos los camaradas... Inteligente, cultivado, capaz, Litvinoff ide y promocion el Pacto Franco-Sovitico. Fue l quien convenci a Roosevelt de la bondad del rgimen sovitico. Fue l quien alcanz el ms alto rango de la diplomacia al lograr que los conservadores ingleses, con sus sombreros de copa y su estilo de Eton, estuvieran en los ms amigables trminos con la Rusia Roja... "Y Hore BeIisha....Suave, hbil e inteligente, ambicioso y competente, eficiente y autoritario....su estrella sube sin cesar. El es el prximo inquilino de Downing Street. De momento, ha transformado el Ejrcito Ingls, del desastre lamentable que era, en una maravillosa mquina de luchar. "No les extrae que esos tres grandes hijos de Israel organicen la alianza que mandar al infierno al fantico dictador que ha llegado a ser el mayor enemigo de los Judos. Es bien cierto que esas tres naciones, ligadas por numerosos acuerdos, y en un estado de virtual aunque no declarada alianza, cooperan hombro con hombro para impedir los anhelos expansionistas de Hitler hacia el Este. Y cuando el humo de las batallas se disipe, cuando las balas cesen de matar, podr verse un cuadro mostrando al hombre que quiso actuar como Dios, el Cristo de la Swstika, introducido brutalmente en un agujero en el suelo, mientras el tro de no-arios entona un extrao Rquiem, que recuerda sospechosamente a una mezcla de La Marsellesa, Dios Salve al Rey y La Internacional, acabando en un gran final, en un arreglo orgulloso, militante y agresivo de Eili. Eili. Eili (grito de victoria judo) " [109]. 61 El clan belicista dispone de dinero a manos llenas. Este dinero "riega" abundantemente a la prensa de todos los pases. La labor de la Gran Prensa es doble: por una parte, desacreditar totalmente a la Alemania Nacionalsocialista, atribuyndole todos los defectos - a su ideologa - y todos sus fracasos - a sus realizaciones -, mientras, por otra parte, se asegura que Hitler miente siempre, y que su poltica es la del bluff. El mrito de la invencin de la debilidad interna de la Alemania Nazi no se le puede discutir al escritor israelita, de nacionalidad alemana, y refugiado en Francia, Heinrich Mann: "Hitler no es fuerte. Es dbil... Como la oposicin legal no existe, est aterrorizado, precisamente, por la oposicin ilegal, que es fortsima" - escribe, convencido, Mann, quien aade: "Slo hay un medio para socorrer al pueblo alemn.

Para socorrerle, debemos abandonar una idea arcaica e impracticable. Se trata de la idea preconcebida de no mezclarse en los asuntos de los dems, es decir, en los asuntos internos de otros pases. Las democracias deseosas de salvaguardar la civilizacin slo tienen una opcin: que Hitler desaparezca" [110]. En una carta abierta dirigida al decano de la Facultad de Letras de Bonn - aunque escrita, segn es obvio, para el consumo de los lectores franceses e ingleses - Thomas Mann, el gran escritor, desarrolla con ms galanura y estilo la tesis de su hermano: "No hay ningn pueblo, en la actualidad, en todo el mundo, que se halle en peores condiciones, que sea ms incapaz de conducir una guerra que el pueblo alemn... Los alemanes no encontraran ningn aliado. Ni italianos, ni japoneses, ni nadie. Pero este abandono sera an ms grave a consecuencia del hecho de que Alemania estara abandonada por s misma; por su misma esencia. Reducida y humillada desde el punto de vista espiritual; moralmente vaciada de su substancia, interiormente desgarrada, llena de una profunda desconfianza con relacin a sus jefes y llena de lgubres presentimientos, tal sera su estado de espritu en el momento de entrar en guerra. Todos los beneficiarios del sistema, es decir, una dcima parte de la poblacin, ya estaran dispuestos a traicionar en el momento de estallar las hostilidades. Y, a la primera derrota, se producira una guerra civil... No, Alemania no puede pensar en meterse en una guerra. Pero las democracias pueden no dejarle otra opcin" [111]. Desde luego, en esta carta no falta nada. En ella se encuentra, no slo - como en el artculo de su hermano Heinrich - la tesis de la debilidad poltica del Nacionalsocialismo y del hundimiento interior de Alemania en caso de guerra, sino tambin el esbozo de la teora del bluff hitleriano y de sus embustes permanentes. Pero no todos son Judos, como los hermanos Mann o los habituales de las columnas del Droit de Vivre. Un emigrado, totalmente desconocido del gran pblico, juega un papel capital en la psicosis de guerra que se va formando en Francia. Se trata de Helmut Klotz, nacionalsocialista la primera hora, y ms tarde social-demcrata; Klotz, a quien todos los partidos alemanes acusaron de malversacin [112], cruz la frontera franco-alemana en 1933, pero enseguida se traslad a Praga, donde, subvencionado por Benes, escribi artculos antialemanes; luego estuvo en Suiza, como empleado de un consorcio bancario helvtico. Finalmente, regres a Pars, donde public un libro titulado "La nueva guerra alemana". El libro fue recomendado oficialmente por Comert, un israelita que era Jefe del Servicio de Informacin y Prensa en el Quai d'Orsay, presentndolo a los periodistas acreditados en Paris como un libro hecho por el hombre mejor informado sobre las intenciones del Estado Mayor Alemn. "La nueva guerra alemana" iba a convertirse en la biblia de los belicistas franceses y de los periodistas extranjeros residentes en Francia. Segn Champeaux [113] "Klotz estaba en contacto permanente con Mandel", el Ministro del interior, e israelita, como sabemos. Klotz da una tourne de conferencias, bajo el patrocinio oficial de Mandel. En ellas afirma que a mediados o a 62

finales de 1938, Hitler estar a punto de atacar a Francia. El ataque se producir sin provocacin, sin haber entrado en discusiones polticas y en el momento en que parezca que las relaciones franco-alemanas son lo ms cordiales posible. Unos das antes del ataque improvocado de la Wehrmacht, Hitler asegurar, en un discurso, que desea la paz con Occidente y tendera su mano a Francia e Inglaterra. El ataque, adems, se producir sin previa declaracin de guerra. La guerra es fatal, e inevitable, segn Klotz, y si Francia e Inglaterra cometen la necedad de no "detener" a Hitler, sern vctimas de un ataque por sorpresa. Los hermanos Mann excitan ideolgicamente al pueblo francs a la "Cruzada Ideolgica de las Democracias". Klotz le excita, teleguiado por Mandel que le comandita, a la guerra preventiva. Si los argumentos de los Mann y de Klotz se contradicen, las dos corrientes que provocan se unen y terminan por llevar agua al molino del clan belicista. *** Si la Prensa cobra una gran importancia en todas las democracias, su influencia llega a ser preponderante en las democracias llamadas "maduras", tal vez por que la madurez debe preceder a la podredumbre. Al dirigirse a un pblico cada vez ms numeroso, es decir, a un lector medio de un nivel cada vez ms bajo, los directores de los peridicos no se ven en la obligacin de detenerse ante los escrpulos. Conocido es el ejemplo del Times londinense, recogido por Dickens, al afirmar que ese peridico se escriba para unas mil personas, y que no aceptaba la publicidad de un medicamento si su eficacia no haba sido comprobada, sin fallos, al menos durante un ao. Pero en la dcada de los treinta empieza el fenmeno de idiotizacin general, descrito por el impar George Orwell [114] al presentir que se convertir en un instrumento de esclavizacin mental de las masas. "Pensar en el pblico". "Informar al pblico": he aqu la consigna que reciben y transmiten cada da redactores y editorialistas. De este modo, la demagogia de los parlamentarios ms viles ser siempre superada por la demagogia de la prensa. Pues la mayora de los peridicos intentaran quitarles lectores a sus concurrentes directos mediante una puja desvergonzada en la simplificacin de los problemas, la excitacin de los instintos ms bajos de la masa con su posterior explotacin y capitalizacin y el halago ms desenfrenado de sus ms quimricas ilusiones. Pero todos los lectores son electores. Esta frase del periodista Simn Blumenthal quedar impresa en multitud de cerebros e inspirar, en las siguientes elecciones, multitud de votos, y en ello piensa el diputado. Entre las frmulas populacheras que le proponen los peridicos cada maana, su instinto le sopla al diputado la que le propondrn, en la prxima reunin, los miembros de su comit [115] y, de inmediato, la lanza en derredor suyo, para comprobar el efecto que hace. De tal guisa, los mots d'ordre, las consignas de los peridicos son confrontados, diariamente, en los pasillos de los parlamentos y las cmaras, bajas o altas. Ah, esos pasillos parlamentarios ! Toda la Intrahistoria Contempornea transcurre por ellos !. Los redactores de artculos polticos se informan cada da del resultado de la confrontacin, y el resultado de ese partidillo, ms o menos deportivo, influye, en parte, en el tono del artculo que escribirn el da siguiente. As se establece, entre los parlamentos y peridicos, un constante intercambio de influencias. Las democracias occidentales eran ya, en los aos treinta, un complejo de poder asentado sobre tres asambleas: una cmara alta, una cmara baja y la Prensa, aunque

sta gozaba de la ventaja, sobre las otras dos, de actuar a diario. En Francia, tanto Daladier como Reynaud, y no digamos ya Len Blum, se entrevistaban, cada da, con los directores de la Agencia Havas, de la Agenda Fournier, y de los dos o tres principales diarios. En Inglaterra, Chamberlain reciba las visitas asiduas de Lord Beaverbrook, el magnate de la Prensa inglesa y de Lord Rothermere, el propietario del Daily Mail. Los papeles se invertan en el caso de Isaac Hammsworth, el editor del Times, a quien renda visita el propio Primer Ministro. As, la influencia de la prensa sobre las decisiones gubernamentales se ejerca de dos maneras: indirectamente, a travs de los parlamentarios; y directamente por los contactos con los directores y propietarios de los grandes peridicos. Si esta Prensa representara, nicamente, intereses nacionales, ingleses o franceses, el mal sera relativo. Pero ella, en gran parte, estaba sometida a intereses y presiones extranacionales. En 63 Francia, por ejemplo, a parte de L'Humanit que no era ms que el rgano oficial del gobierno sovitico o - si se quiere - de la Komintern, L'Epoque haba sido fundada por De Krillis, con dinero judo [116], Emile Bur, editor de L'Ordre estaba sostenido financieramente por el israelita Ebstein [117], confidente de la embajada sovitica y, a la vez, de los banqueros israelitas Hambros, de Londres. Le Populaire, de otro israelita, Emile Kahn, contaba entre los "budas" de su comit de redaccin nada menos que a Len Blum, y segua obedientemente los dictados de la Internacional Socialista [118]. Aqu consideramos necesario un inciso, al tratar de la Prensa belicista francesa, para detenernos un poco en la figura de Robert Bollack, de quien ya hemos hablado como suministrador de fondos para el clan belicista francs, denunciado por su correligionario Emmanuel Berl y por Charles Maurras. Desde principios de 1938 Bollack no se recataba en afirmar que si hacan falta cien millones de francos para combatir el fascismo en Francia, l saba dnde encontrarlos. Este Bollack es un personaje rocambolesco: recaudador de fondos entre los Judos orientales para la instalacin del Hogar Nacional Judo en Palestina, se le acusa de "ligereza" en la administracin de tales fondos. Pero el Sionismo parece perdonarle este pecadillo, pues las bancas Rothschild y Lazard le apadrinan. Pronto llega a ser el propietario de la Agencia Econmica y Financiera, as cmo director de la Agencia de Noticias Fournier. Dirige el comit electoral de Pal Reynaud, y poco despus ste accede a la presidencia del Gobierno. No se sabe de dnde le llegan los fondos necesarios para comprar la Agencia Fournier, que pronto se convierte en el abanderado del antihitlerismo. Junto con Pierre Dreyfus, de la familia de los "reyes del trigo", el General Weiller y el abogado Henry Torrs, funda la "Union et Solidarit Isralites", que, a travs de la emisora de "Poste Parisien" dirigida por el propio Bollack, participar en la campaa antialemana y belicista. La campaa de los belicistas se agrava, oponindose, las ms de las veces, a la poltica oficial que se sigue en Londres y en Pars. Los infundios ms grotescos son difundidos para enervar a las masas. As, por ejemplo, Genevive Tabouis afirma, gravemente, que la Italia fascista amenaza a Francia. En Niza ?... "No. En Perpignan." En caso de un conflicto generalizado, Mussolini atacar a Francia, sin previa declaracin de guerra, dirigindose

hacia Perpignan, con la complicidad de Franco [119]. Julien Benda, otro israelita, en un artculo violentsimo, califica de "estado apache" a Alemania y de "gngster" a Hitler. Un correligionario suyo, Gabriel Pri, comunista, afirma que hay tres mil agentes nazis en Francia. Naturalmente, no se molesta en precisar las fuentes de tan estupenda y precisa informacin [120]. El 4 de Diciembre, Goering pronuncia un discurso en Nuremberg: "Nos hemos acostumbrado" - dice el Mariscal del Reich - " a esa campaa de prensa contra Alemania e Italia; nos faltara algo si desapareciera. Estamos en un estado de perfecta calma y esperamos los acontecimientos, sean cuales fueren " [121]. Traduccin de Paris-Soir, de Ce Soir, de L'Ordre y de L'Oeuvre : "Esperamos acontecimientos inevitables" [122]. " L'Ordre, en subttulos a cinco columnas: "Con gritos de odio, esperamos lo inevitable". L'Oeuvre coloca la frase falsificada sobre dos columnas en primera pgina. Ce Soir, en tercera pgina, pero a grandes titulares de ltima hora: " Golpe teatral en Nuremberg: Esperamos acontecimientos inevitables, proclama el Mariscal Goering ". Hemos querido extendernos un poco sobre este caso de la venalidad y la mala f de la Gran Prensa por considerarlo decisivo en la formacin del clima belicista, sin el cual es imposible organizar una guerra. Hemos mencionado casos de financiacin de campaas de prensa, pero sera preciso un libro dedicado exclusivamente al tema si quisiramos tratarlo en profundidad. Esta financiacin puede llevarse a cabo de dos maneras: la primera y ms corriente consiste en inflexionar la lnea poltica de un peridico - de cualquier peridico - por el canal de la 64 publicidad. Es un hecho conocido que cualquier peridico que vea cegada esa fuente de haberes se halla abocado, de inmediato, a la quiebra. Otra manera consiste simplemente en estipendiar a determinados periodistas de modo que se conviertan en verdaderos empleados de los que les pagan. Georges Champeaux cita el caso de la conocida periodista francesa, Genevive Tabouis, cuyo sueldo por escribir un articulito semanal en el oficioso londinense Daily Express eran tan elevadamente desproporcionado que equivala, lisa y llanamente , a un salario de agente ingls. Y, en efecto, mientras la poltica oficial inglesa consisti en contemporizar con Hitler (casos del Anschluss, de la Guerra de Espaa y de los Sudetes) la Tabouis y otro colegas suyos se alinearon junto al Gabinete Ingls. En cuanto, por razones que analizaremos seguidamente, la poltica de Londres cambia - o debe cambiar ante ciertas presiones extranjeras - la Tabouis da un giro copernicano a la orientacin de sus artculos [123]. *** Ya hemos aludido, en diversos epgrafes anteriores, a la actitud belicista del Sionismo internacional. Conviene ahora insistir sobre el tema, dado el tremendo recrudecimiento de las actividades de tal fuerza poltica supranacional en los dos aos inmediatamente anteriores al estallido de Septiembre de 1939.

El Sionismo, an cuando reuniera al "Congreso Mundial Judo" en Agosto de 1936 en Ginebra [124] y mantenga actividades en todo el mundo, asienta sus reales, especialmente, en Norteamrica, y es all donde, a travs del Presidente Roosevelt mueve la conjura contra la paz. A principios de Marzo de 1937, el "Congreso Judeo-Americano" se rene en Nueva York. El alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, un judo de Trieste y sionista ferviente, toma la palabra el 3 de Marzo. Su discurso es una sarta de bromas de dudoso gusto, a costa de Hitler. La Guardia propone, seriamente, que en la Exposicin Universal de 1939 se instale una "Cmara de Torturas" en la que figurare la efigie de ese "fantico con camisa parda que amenaza la paz de Europa y del mundo". La reaccin de los medios germanoamericanos es tan viva [125] que el Secretario de Relaciones Exteriores Cordell Hull presenta excusas, oficialmente, al Embajador Alemn, que las acoge sin comentarios. Inmediatamente, el aludido "Congreso Judeo-Americano" organiza un mitin de protesta, en el cual, naturalmente, la vedette es La Guardia, el cual manifiesta: "Continuar diciendo cosas semejantes tantas veces cuanto lo considere necesario, pero tal vez no ser necesario que lo diga por mucho tiempo, pues no creo que Hitler dure mucho". Luego, en el curso de una diatriba que dura varios minutos, subrayada por los aplausos y los gritos de la asistencia, la Guardia califica al Fhrer, sucesivamente, de "borracho", "sodomita", "salvaje asesino", "depravado", "demente", "embustero" y "conductor de un rebao de borregos". No existe precedente, en toda la Historia Universal, de una serie de insultos lanzados por persona representativa y responsable; de una cantidad y calidad tal de eptetos malsonantes y de amenazas, contra un jefe de estado, connacional o extranjero, ni siquiera cuando media un estado de guerra. Puede aadirse que, ni an dando por ciertas todas las exacciones que la propaganda atribuye a Hitler contra los judos alemanes, admiten ellas comparacin con el genocidio organizado que, desde 1917, se sucede sin interrupcin en la Rusia Sovitica, sin que promuevan tan bombstica escandalera. Muy al contrario, como hemos ya expuesto, es 65 precisamente la Rusia Sovitica objeto de la solicitud del Sionismo y de las grandes democracias occidentales para que se una a la coalicin antialemana. La diatriba de La Guardia termina con la propuesta de una resolucin, que ser aprobada por aclamacin: "Todos los americanos que aman la democracia y la libertad retiran al rgimen nacionalsocialista alemn su ayuda financiera, sin la cual no podr sobrevivir largo tiempo. Por tal motivo, el pueblo americano debe rehusar nuevos crditos financieros al Reich. Tomamos el compromiso de intensificar el boycot de los productos y los servicios alemanes, con objeto de salvar pacficamente a la democracia americana y de proteger al pueblo alemn de la destruccin con que le amenaza el hitlerismo " [126]. Seis meses despus se celebra en Pars el I Congreso Mundial de la "Liga contra el Racismo y el Antisemitismo", bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia y de la Gran Logia de Francia [127]. Heinrich Mann, Emil Ludwig, Vctor Basch y el "hermano" Cesar

Campinchi pronuncian, ante cuatrocientos delegados de veintiocho pases, violentos ataques contra Alemania y su rgimen. La resolucin final es inaudita: "La neutralidad ante los crmenes, la pasividad ante la extensin organizada del peligro; conducen a la complicidad. Quien hoy se calla, mientras sufren millones de seres humanos, cuando, por centenas de millones, mueren los inocentes, toma sobre su espaldas su parte de responsabilidad ". Repetimos: "... cuando, por centenas de millones, mueren los inocentes". Decididamente, la letra impresa puede soportarlo todo. En Le Droit de Vivre, rgano oficial de la titulada "Liga Internacional contra el Antisemitismo" [128], el conocido escritor Emil Ludwig declara que considera la guerra como inevitable. "Tenemos mil razones para desear esa guerra contra el tirano alemn; pero si no las tuviramos, deberamos buscar cualquier pretexto " [129]. [130], cuya edicin patrocina el Ministerio del Interior, a cuyo frente se halla su correligionario, Mandel: " Los pueblos occidentales deben conjurarse ante el mundo entero con objeto de defender nuestros ideales por la fuerza ". Emil Ludwig, Remarque, los hermanos Mann, Tucholsky, Vctor Basch, agitan el pro de la guerra. An cuando no queremos extendemos ms en el tema de los escritores metidos a botafumeiros del belicismo creemos que vale la pena citar el caso de Louis Aragon. Aragon, como todos los precedentes, es de izquierdas; an ms, es comunista, y miembro del Partido Comunista Francs. Tambin es, como ellos, millonario. Y tambin es, como ellos, judo. Finalmente, es, y an ms que ellos, antimilitarista. Por ejemplo, se le conoce este morceau de bravoure inaudito: "Proclamo que no vestir nunca ms el uniforme francs, maldita librea que me pusieron por fuerza, hace once aos; no ser nunca ms el criado de los oficiales; rehuso saludar a esos brutos y a sus insignias, a su sombrero y a su trapo tricolor [131] ... Tengo el honor de manifestar, en este libro, en esta pgina, de decir en mi alma y mi conciencia, que me cago en el ejrcito francs en su totalidad " [132]. [133] sbitamente, cuando Hitler va a asestar el golpe de gracia al artificial estado checoeslovaco que tiene, en proporcin al nmero de habitantes, el ms elevado presupuesto militar de Europa, se vuelve un super-patriota que deja en mantillas a Deroulde: "Francia, el honor de Francia, no pueden soportar que el bravo pueblo checoeslovaco sea aplastado por la bota del tirano" [134] 66 ... "el honor de nuestro ejrcito no puede tolerar asistir a la sumisin, por la fuerza, de su aliado checoeslovaco" [135]. Pero volvamos a Amrica, o, ms concretamente, a las actividades del Sionismo americano.

En Agosto de 1936, tras el voto de la Convencin de Filadelfia que le designaba como candidato del Partido Demcrata para presentarse a su reeleccin, Roosevelt deba pronunciar, en Chautauqua un discurso completamente monroviano, en el que proclamaba su intencin de "mantener la neutralidad, fueren cuales fueren las presiones que sufra tanto desde el interior como desde el exterior", y remachaba: "Si se nos da a elegir entre hacer beneficios con una neutralidad armada o tener la paz total, responderemos que queremos la paz total". 66 Slo manipulando este slogan haba podido Roosevelt ser reelegido. Naturalmente, slo se trataba de un slogan. El "Brain Trust" es la verdadera oligarqua belicista en Amrica. Su composicin ha cambiado en el curso de 1936, pero, al igual que sucediera con los antiguos miembros, los nuevos han de ser homologados por el profesor judeo-viens Flix Frankfurter, el hombre de confianza de Roosevelt y, por supuesto, del omnipotente y omnipresente Bernard Mannes Baruch, el titulado "Procnsul de Jud en Amrica"; y Frankfurter slo da su augusto placet a judos o filosemitas indiscutibles. El profesor Moley, el nico no judo que, en el precedente "Brain Trust" ha podido vanagloriarse de haber conseguido, en algunas ocasiones, de imponerse a las maniobras de sus colegas judos, es despedido como una criada, sin explicaciones. A principios de 1937 los consejeros del "Brain Trust" son los hebreos Ben Cohen, Harry Hopkins, Sam Rosenman, Harod Ickes y Flix Frankfurter, ms el medio-judo presidente del Tribunal Supremo, Jackson y el irlands y pro-sionista Tom Corcoran. Pero, por encima del propio "Brain Trust" se sabe que funciona un mini-consejo que, en definitiva, decide, compuesto por Bernard M. Baruch, el Juez Louis D. Brandeis y Frankfurter, que acta de enlace con el "Brain Trust". Es, precisamente, Frankfurter quien sugiere a Roosevelt, en Abril de 1937, de introducir en la Ley de Neutralidad, la clusula "Cash and Carry", por la cual, las naciones beligerantes que compren mercancas en los Estados Unidos debern pagar al contado y en dlares o en oro y transportarlas por sus propios medios. Esto equivale a darle una ventaja a Inglaterra, que es el nico pas que posee bastante oro y bastantes barcos mercantes para satisfacer a esa doble exigencia. Para Francia, la clusula "Cash and Carry" (Pague y Llveselo) presupone la certeza de su sumisin entera a Inglaterra, por ser sus reservas de oro y su marina mercantes muy inferior a las de Inglaterra. Para Alemania es una desventaja total. El espritu de la Ley de Neutralidad, que permiti la reeleccin de Roosevelt, queda, as, vulnerado. El diputado Ludlow, republicano, presenta un proyecto de ley que prevee un referndum popular para decidir la entrada del pas en una guerra. Sbitamente, se produce el incidente del "Panay", barco mercante americano que, el 11 de Diciembre es hundido en la rada de Nanking por la aviacin Japonesa. La aviacin japonesa ? El gobierno nipn lo desmiente categricamente, y afirma que se trata de una provocacin. Como ms adelante tendremos ocasin de comprobar, cada vez que Roosevelt lo necesita, un barco americano es hundido y logra que sus propuestas sean aprobadas por una Cmara de Representantes en principio hostil a sus designios. El "Brain Trust" organiza una campaa violentsima contra el diputado Ludlow, a quien se acusa de ser un agente hitleriano. El "providencial"

hundimiento del "Panay" inclina ligeramente la balanza, y el proyecto de Ludlow - tan democrtico, pues si el pueblo no tiene voz ni voto para decidir si debe o no debe ir a la guerra, para qu le sirve la democracia ? - es rechazado por la Cmara de Representantes por 209 votos contra 188. Un inciso: Roosevelt ha sido elegido en base a una impresionante propaganda pacifista; de otro modo, hubiera salido derrotado de las urnas. Pese a blasonar de democrtico, le ha arrebatado al pueblo norteamericano, o, al menos, a sus representantes legales, nada menos que el derecho a votar sus propios impuestos; el derecho a hacer o no hacer el servido militar; el derecho a ser consultado sobre si deseo o no ir a la guerra contra una potencia extranjera; el derecho a comerciar o no con determinadas firmas de determinados pases extranjeros. Ha sustrado a las cmaras - tericamente los controladores oficiales del Gobierno en nombre del pueblo soberano - un sin fin de temas, especialmente los relativos a la poltica exterior, con la excusa de que se trataba de "materia reservada" al Presidente. Con impar cinismo, ha calificado de "hitleriano" a todo opositor a su poltica dictatorial. As se ha irrogado los plenos poderes en materia de crditos al extranjero, a la facultad de legislar y de crear nuevos organismos, de nombrar, a dedo, colaboradores dotados de un poder 67 omnmodo. Toda oposicin es aplastada, sin reparar en medios. Ms adelante citamos ejemplos ms que reveladores. En nombre de la democracia, Roosevelt, se convierte en un autentico tirano, sin que la gran masa parezca darse cuenta del autentico golpe de estado que desde la Casa Blanca se ha perpetrado. Roosevelt exulta de satisfaccin. En una carta que escribe a su anterior adversario electoral, Landon, manifiesta: "No podemos cerrar los ojos a la realidad de que Amrica forma parte integrante de un mundo inmenso formado por multitud de naciones y que esa situacin nos obliga a asumir un papel de direccin en la tentativa actualmente hecha para lograr la paz general". El razonamiento nos parece ms bien dbil. Si basta con formar parte del conjunto de las naciones para reivindicar un papel de direccin en la poltica mundial, entonces todos los Jefes de estado, empezando por el Presidente de la Repblica de San Marino y continuando por el Sndico General de los Valles de Andorra pueden formular idntica reivindicacin ... En todo caso, algo aparece con ntida claridad, Roosevelt se autonombra arbitro de la poltica mundial. En Febrero de 1938 empiezan las provocaciones yankis contra el Japn. El embajador en Tokio, Grew, presenta una nota diplomtica enviada por su Gobierno, en la que se piden al Gobierno Japons precisiones sobre su programa naval: Cuntos acorazados piensa construir el Japn en los prximos dos aos ? De qu tonelaje ? Cuntos submarinos ? Cuantos destructores ? Qu hay de los cruceros pesados ? Cuntos buques mercantes y de qu tonelaje ? Roosevelt pasar a la Historia como el ms increblemente impertinente de todos los estadistas. Grew, su embajador en Tokio, es despedido de la audiencia oficial sin recibir respuesta alguna.

El Anschluss hace pasar al segundo lugar el ya llamado, por la Gran Prensa norteamericana, "problema Japons". El Anschluss servir de justificacin a los adalides del intervencionismo universal. Justificar cualquier cosa, desde la ya aludida carta abierta a Landon hasta el tambin mencionado Discurso de la Cuarentena, que divide el mundo en buenos (las democracias, incluyendo la URSS y la China de Chiang-Kai-chek) y malos (bsicamente Alemania, Italia, el Japn y cuantos pases decidan mantener relaciones normales con ellos). El 5 de Mayo, Woodring, Ministro de la Guerra, declara ante la Cmara de Comercio de los Estados Unidos: "Me creo obligado a advertir a Alemania, el Japn e Italia que si las dictaduras abusan demasiado de la paciencia de las naciones democrticas, el resultado ser la guerra" [136]. Una semana despus, la Casa Blanca anuncia, oficialmente, por un comunicado de prensa, que el gobierno norteamericano rehusa continuar vendiendo a Alemania el helio que sta necesita para sus Zeppelines. El 15 de Agosto, Cordell Hull, Secretario de Estado, pronuncia un discurso radiodifundido que, an cuando expresado en trminos ms vagos, hace eco al pronunciado por Woodring. "Cada vez resultar ms evidente - incluso para las naciones que ponen todas sus esperanzas en una poltica de fuerza armada que la aplastante mayora de la humanidad est decidida a vivir en un mundo en el que la anarqua no sea tolerada, en el que prevalecer la ley, y en el que las relaciones culturales y econmicas no sern conculcadas por dictadorzuelos" [137]. Tres das despus, Roosevelt habla en Kingston (Canad) a donde ha ido para inaugurar un puente. Tras haber afirmado que, suceda lo que suceda en Europa "este hemisferio seguir siendo una ciudadela inatacable en la que la civilizacin podr florecer sin sentirse amenazada", declara que "el pueblo de los Estados Unidos no permanecer con los brazos cruzados si el territorio del Canad es amenazado por cualquier otro pas" [138]. Recordemos que el Canad es un Dominio que forma parte del Imperio Britnico. La declaracin de Roosevelt en Kingston constituye una verdadera proposicin de alianza, hecha a un estado soberano, para el caso en que ste entre en guerra ... contra cualquier otro pas. Inslito. Inaudito, si nos olvidramos que nos estamos refiriendo a Roosevelt, un verdadero caso impar en la Historia Universal. Adems de ofrecer una ayuda no solicitada, Roosevelt se irroga unos derechos que no le pertenecen. Hablando en nombre del "pueblo de los Estados Unidos", le mezcla en querellas hipotticas y externas al mismo, sin consultar para nada con el Congreso ni con el Senado, tal como lo ordena la Constitucin que ha jurado cumplir. Pero no pasa nada. Ni Hitler, ni Mussolini, ni Tojo, responden a las provocaciones del inquilino de la Casa Blanca. Por otra parte, el pueblo americano se opone resueltamente a verse 68 envuelto, por segunda vez, en aventuras europeas. Que ello es as lo demuestran dos hechos irrebatibles:

a) Para ser reelegido, Roosevelt debe prometer, en su campaa electoral [139] que mantendr a los Estados Unidos apartados de las querellas de otros continentes. Est claro: "de otros continentes", es decir, no solo Europa, sino tambin de Asia ... y del frica y de Oceana. Roosevelt se limita a actualizar la Doctrina Monroe: Amrica para los americanos, que, naturalmente, significa "Amrica para los norteamericanos". b) El Instituto Gallup, al que ni remotamente podr tildarse de pro-nazi (sus fundadores y las cuatro quintas partes de los miembros de su Consejo de administracin son judos) realiza una encuesta, en 1938, de la que resulta que el 83,5 % de los americanos son contrarios a la participacin de los Estados Unidos en conflictos exteriores. Junto a algo ms de un 10 % de abstenciones o respuestas vagas y dudosas, slo un 5 % de la poblacin es partidaria de tomar parte en guerras, an cuando en ellas no se ventilen intereses vitles para los Estados Unidos [140]. Y ello, a pesar de la solapada propaganda que el clan belicista lleva a cabo en el pas. Un msero 5 %. Y recordemos, pour mmoire, que la poblacin Judeo-americana representa algo ms del 4 % del censo. *** Para Roosevelt - al que un escritor de la talla de Abel Bonnard denominaba el Prncipe de los Fariseos - los Acuerdos de Munich fueron una humillacin personal. Chamberlain, que no se fiaba de l, le haba apartado de las negociaciones. Roosevelt se lo hara pagar. Literalmente. Cinco das despus del regreso triunfal de Chamberlain a Londres, Joseph P. Kennedy, embajador norteamericano en la Gran Bretaa, comunicaba al primer ministro ingls que uno de los crditos concedidos, en dlares, no iba a ser renovado. Otros crditos serian renovados, pero a una tasa de inters mucho ms elevada. Esto puede explicar, al menos parcialmente, el sorprendente cambio que se observa en la poltica exterior de Chamberlain una vez firmados los acuerdos de Munich. Otra explicacin, tambin parcial, pero muy digna de ser tenida en cuenta, es el cambio de actitud de los medios poltico-financieros genuinamente ingleses, no-Judos, ante el viaje de Walter Funk, Ministro de Economa del Reich, a los Balcanes y Turqua. La primera etapa del viaje es Belgrado, donde preside, el primero de Octubre de 1938, un "Comit Mixto Germano-Yugoeslavo" cuya misin consiste en preparar un vasto acuerdo comercial. Funk habla muy daro: "Podemos absorber en Alemania todo lo que produce Yugoeslavia. Podemos mandar a Yugoeslavia todo lo que sta necesita. Los precios que podemos ofreceros no os los puede ofrecer ningn pas. Al ser vecinos, los gastos de transporte son mnimos. Al actuar por el sistema del trueque no necesitamos pagar la financiacin de bancos extranjeros. No necesitamos prstamos No necesitamos a nadie." El 6 de Octubre, Funk llega a Ankara. Los resultados, son idnticos. A su regreso, se detiene tres das en Sofa. No as en Bucarest, porque el rey Carol le indica que no desea recibirle [141]. Al llegar a Berln, Funk declara a la prensa:

"Yugoeslavia, Bulgaria y Turqua, forman una especie de Eje Balcnico, que va desde la frontera alemana hasta el Mar Negro. Esta realidad ha hecho posible pensar en vastos planes de realizaciones econmicas para los tres pases... En lneas generales, queremos establecer relaciones econmicas con estos pases, y con otros de la misma zona geogrfica, sobre la base de acuerdos vlidos durante varios aos, de manera que los productores de esos pases puedan contar con entregas fijas a precios fijos." 69 A consecuencia de los tratados comerciales que se firman, Alemania se convierte en el comprador del 50 % de las exportaciones yugoeslavas; del 65 % de las blgaras y del 60 % de las turcas. Los tres pases, por otra parte, pasan a ser clientes de Alemania por los dos tercios de sus necesidades. En otras palabras: Alemania ofrece precios mejores que nadie, es decir, que Inglaterra, principal cliente y proveedor de esos pases. Las operaciones se harn por el sistema del trueque, o sea, sin intervenir crditos bancarios de entidades de la City; las plizas de seguro las suscribirn entidades alemanas, y no Londinense "Lloyd's" cual es tradicional. Y hay ms: Hungra y Eslovaquia clientes naturales del Reich. Bohemia y Moravia son algo ms que clientes, pues, a efectos econmicos, forman parte del Reich. Checoeslovaquia, una tercera parte de cuyo comercio exterior se haca con Inglaterra, pasa a la rbita comercial alemana. Por otra parte, an cuando el rey Carol ha destituido al democrticarnente elegido Goga, pro-alemn, y ha permitido, sino ordenado, eI asesinato de Codreanu, consta que en cuanto pierda la corona, el pais se acercar a Alemania, y otro importante cliente ser perdido por Inglaterra. La City inglesa - ya hemos hablado de la City Juda, belicista - sostiene con menos fuerza a Chamberlain. Los prohombres de la Finanza Britnica solo son partidarios de la libertad de comercio cuando sta redunde en buenos 'business" para ellos. Pero cuando Hitler, haciendo uso de tal libertad de comercio les arrebata, lealmente, en competencia limpia, unos mercados que ellos consideran coto cerrado y particular, lo consideran unfair, sueltan lastre y sostienen cada vez ms muellemente a Chamberlain. Insistimos, dejan de sostenerle con la fuerza que lo han venido haciendo hasta ahora, pero contnuan siendo pacifistas. O, ms exactamente, antibelicistas, que no es lo en este caso. Por un lado, movilizacin general del clan belicista. Por otro lado, aparecen las dudas y las reservas mentales. Y Chamberlain, ante una atnita Cmara de los Comunes, si bien justifica su poltica que ha llevado a los Acuerdos de Munich, anuncia el rearme de Inglaterra y el fortalecimiento de su flota de guerra. El clan belicista va marcando puntos en todos los terrenos. En cuanto a Francia, satlite ingls desde Waterloo, se limita a seguir el movimiento. La extrema derecha, girondina y patriotera, se pone al lado de los comunistas, que provisionalmente abandonan la bandera

roja por la tricolor y desde ambos extremos del arco iris poltico se presiona a Daladier, el segundo de Chamberlain en Munich. EL GIRO COPERNICANO DE LA CITY Y LA DRANG NACH OSTEN La marcha hacia el Este, la Drang Nach Osten, est inscrita, en sus grandes lneas, en Mein Kampf. El viaje de Funk por las principales cpitales balcnicas, el salto a Praga y el consiguiente "protectorado" sobre Bohemia y Moravia, amplan el mbito econmico del Reich. Hitler, en 1933, se hace cargo de una Alemania con seis millones de parados y de una economa en bancarrota. Pero ahora ha absorbido casi totalmente a sus parados e incluso da trabajo a belgas, franceses y polacos, que pasan diariamente la frontera para trabajar en Alemania. Hitler se ha redo del Patrn-Oro y ha instaurado el Patrn-Trabajo. Sin oro, y contra el oro, ha ganado la partida a la Finanza en el plano interior. Ahora, con el viaje de Funk, se la est empezando a ganar tambin en el plano exterior. Sobre el plano poltico, el movimiento de expansin econmica alemana hacia el Este (los Balcanes) se manifiesta con la concesin y garanta de una amplsima autonoma interna a la Ucrania Transcarptica y la apertura de negociaciones secretas con Varsovia. Es un hecho incontrovertible. Hitler sigue a pies juntillas su programa, expuesto en Mein Kampf. No engaa a nadie. Dijo en su famoso libro que liquidara las secuelas de Versalles y lo ha hecho (o lo est haciendo, pues an queda el infausto "Corredor" de Dantzig). Dijo que luchara contra el Oro y lo ha hecho. Dijo que los alemanes deban detener su marcha hacia Occidente y dirigirse de nuevo al Este, reviviendo la vieja tradicin de los Caballeros Teutnicos de la Orden Hansetica, y lo est haciendo. Yugoeslavia, Bulgaria, Hungra, el nuevo Estado Eslovaco y el territorio autnomo de Ucrania Transcarptica se hallan en la rbita alemana y son anticomunistas. Este anticomunismo no es platnico, pues se halla materializado con pactos econmicos, polticos y militares que ligan al Reich con esos pases. Naturalemente, cabe aadir a ese bloque que se est formando, el protectorado de Bohemia y Moravia, e incluso la pequea Repblica de Lituania, que ha devuelto al Reich la ciudad y comarca de Memel, contigua a Prusia Oriental, de la que siempre form parte [142]. Finlandia, a cuyo frente se halla el heroico Mariscal Mannerheim, 70 inicia aperturas en direccin a Berln para la conclusin de un pacto militar y econmico. As, desde el Mar de Barents hasta la Pennsula de Anatolia - pues Turqua tambin se va uniendo al bloque que se configura - se crea un conglomerado poltico-econmico bajo la direccin del Reich. Dos pases quedan por unirse al mismo: Rumania y Polonia. Aqulla, es, de largo, el pas ms germanfilo de Europa. Slo el Rey Carol mantiene al pas alejado de toda relacin cordial con Alemania, an cuando mientras gobern Octavian Goga, llevado al poder por los comicios populares, las relaciones germano-rumanas llegaron a su mximo apogeo. Carol destituy a Goga, solap, toler u orden - nunca se sabr - el asesinato de Codreanu y el encarcelamiento de los diputados de la Guardia de Hierro, elegidos por el pueblo "soberano". Pero Carol no es inmortal, ni fsica ni polticamente, y se

teme, en su "entourage", un golpe de fuerza que le mande a reunirse con sus congneres en el dorado exilio londinense [143]. Que Rumania entre en la rbita alemana, de manera pacfica y natural, es, slo, una cuestin de tiempo. Por eso Hitler no trata de violentar la situacin y las relaciones con Rumania - pese al bofetn diplomtico de Carol al negarse a recibir a Funk - son todo lo cordiales que la situacin permite. Queda Polonia. Ribbentrop se traslada a Varsovia, donde permanece cinco das. El clan belicista, desilusionado por la actitud polaca en contra de Checoeslovaquia, sobre la que se lanz con "apetito de hiena" [144] para apoderarse de Teschen, cree inminente un entendimiento entre Varsovia y Berln. Hitler es anticomunista, pero los nacionalistas polacos - pese a tener un pacto de no-agrecin con la URSS - son anticomunistas y antirrusos, Todo lleva a creer en la fatalidad de la alianza germano-polaca. Pero la actitud anti-ucraniana de Polonia, as como el hecho de considerar a Lituania como territorio irredento de una hipottica "Gran Polonia" crea dificultades que, con el paso del tiempo, irn volvindose insuperables. Es evidente que dentro de un mismo bloque no pueden coexistir naciones, o estados, que se niegan mutuamente el derecho a la existencia. Para Polonia, la Ucrania Transcarptica no es ms que un apndice de Galitzia, que el Tratado de Versalles le adjudic a Polonia. Para los cpato-ucranianos, Polonia no es ms que el opresor de Galitzia, al mismo titulo que la URSS, que oprime la religin de Kiew, y que Rumania, que oprime a Besarabia. Hitler, tras los Acuerdos de Munich, ha logrado que eslovacos, checos y ucranianos, convivan con hngaros. La pequea Lituania es demasiado dbil para ponerle reparos a nadie. Pero est el Rey Carol y, sobre todo, est Polonia, dispuesta a engrandecerse a costa de la URSS, con la ayuda de Alemania, y de Lituania, sin ayuda de nadie, pero que no admite discusiones en cuanto a la intangibilidad del Tratado de Versalles en lo que se refiere a ceder una parcela de su soberana, por mnima que sea. Y Ribbentrop debe regresar a Berln con las manos vacas. *** En el momento en que Daladier, acosado por los antmunichois, belicistas de toda laya, con Jeroboam Rothschild (a) Mandel a la cabeza, cede terreno en beneficio de Pal Reynaud el hombre de los belicistas, precisamente - un poltico que haba desaparecido del primer plano vuelve a escena. Se trata de Beck, Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, que toma posesin del cargo de campen de las pequeas naciones, que Benes haba ostentado hasta Septiembre de 1938, antes de irse, tras los Acuerdos de Munich, a su dorado exilio londinense. Lo irnico es que este defensor de la ideologa democrtica en lo que tiene de ms abnegado - es decir, el derecho de libre autodeterminacin de los pueblos - sea, al igual que su predecesor, el portavoz de un estado construido sobre el principio de la opresin de las minoris. Beck padece del mismo vicio que Reynaud: la megalomana. En un pas en el cual el ltimo de los vagabundos revienta de orgullo - segn reconoce el propio cantor nacional, Sienkiewicz - se ha manufacturado una excelente reputacin de fatuidad. A su lado, Reynaud es una violeta [145]. Pero el hombre, en poltica, cuenta menos que lo que representa. La mayora de los historiadores y periodistas ha asociado su nombre, de una vez por todas, con el problema de

71 Dantzig. Es preciso asociarlo, tambin, al problema ucraniano que, a partir de Munich, se convierte en el problema capital de la poltica europea. En otro lugar hablamos [146] del caso ucraniano y su planteamiento. Recordemos, simplemente, que Ucrania, con una extensin similar a la de Francia, y una poblacin de unos 43,5 millones de habitantes, fui descuartizada, por el Tratado de Versalles y su apndice de Saint Germain, entre Polonia (que se qued con Galitzia), Checoeslovaquia (con la Rutenia Transcarptica, o Rumelia), Rumania (con Bukovina) y la URSS que, pese haber reconocido el propio Lenin, con su firma, la independencia de la llamada "Pequea Rusia " (Ucrania Oriental), viol luego sus promesas y se apoder de las tres cuartas partes del territorio ucraniano, reinando despticamente, en 1938, sobre 35 millones de ucranianos. Recordemos, de paso, que los vencedores anglo-franceses, que tanto le discutan a Alemania cada palmo de terreno que est reclamaba, democrticamente y previo consenso popular, faltaron clamorosamente a sus compromisos con Ucrania, cuya existencia nacional haban reconocido el 7 de Noviembre de 1917, y no le prestaron ayuda de ningn gnero, ni siquiera moral, cuando las tropas de Trotzky y Gamarnik cayeron sobre los ucranianos. Pese a todo, se movi, en Versalles, una activa delegacin ucraniana, la cual obtuvo una serie de ventajas "de principio". Por ejemplo, el artculo 10 del Tratado de Saint-Germain, estipulaba que Checoeslovaquia se comprometa a organizar la Rutenia Transcarptica en una unidad autnoma. Ya hemos visto que nada de esto se hizo. El mismo Tratado, en su artculo 14, impona las mismas obligaciones a Rumania con respecto a los ucranianos de Bukovina. Tampoco se hizo. En cuanto a Galitzia (Ucrania Polaca), la Asamblea de Ginebra votaba, el 27 de Septiembre de 1921, la siguiente resolucin: "Polonia es solamente el ocupante militar y provisional de Galitzia, cuya soberana es reservada a la Entente". Repetimos: para la S. de N. que - no lo olvidemos - es el inventor de la nueva Polonia [147]. sta no pasa de ser un "ocupante militar y provisional" de Ucrania. Entre tanto, Polonia deba garantizar el libre desarrollo cultural de su porcin ucraniana. No se hizo as. Los ucranianos fueron, en Polonia, an peor tratados que en Checoeslovaquia aunque, por supuesto, corrieron major suerte que en Rusia, donde fueron exterminados por millones. En Galitzia, incluso el uso corriente de la lengua rutena es prohibido. Por eso, cuando Hitler garantiza la autonoma de la Rutenia Transcarptica, todos los ucranianos vuelven sus ojos hacia el Fhrer, en el que ven un libertador potencial. Pero Hitler, fiel a sus principios de Mein Kampf quiere, por encima de todo, acabar con el Bolchevismo, eliminarlo como peligro potencial para Alemania y para Europa y crecer, poltica y geogrficamente, a su costa. No se trata de que deba crecer mediante una guerra, aunque tampoco se excluye tal posibilidad, del mismo modo que se excluye toda guerra contra Occidente.

Hitler est convencido de que, sin guerra, pero abandonado a su propios medios, el Imperio Sovitico no tiene nada que hacer; se hundir; se derrumbara con estrpito. Slo la ayuda de Occidente le mantiene en pi. Desde 1926, en que se firma el Pacto RockefelIer-Stalin, hasta 1938, en que Harriman [148] pone en pi la red ferroviaria sovitica, sin la ayuda del llamado Mundo Libre " la economa sovitica se ira al garete [149]. Hitler espera que el derrumbamiento interno de la URSS, provocado por el cordn sanitario que, bajo patrocinio alemn, se implantar en sus fronteras occidentales, mientras el Japn, que se est imponiendo militarmente en China, le acosar econmica y polticamente en sus fronteras orientales, se produzca de manera irremediable. Entonces ser el momento de jugar la carta de las nacionalidades sojuzgadas en la URSS: georgianos, armenios, musulmanes del Asia Central y, por encima de todo, ucranianos. Alemania se har pagar est ayuda, como es lgico, ampliando su zona de influencia y ganando tierras para su estallante demografa. Este es el plan. 72 Naturalmente, no se excluye la guerra, por cuanto la URSS, al verse aislada, puede recurrir al ltimo recurso para salvarse. Con la guerra se cuenta, aunque no se considera imprescindible [150]. Este es el plan hitleriano. Para l son precisos Rumania y Polonia. En ltima instancia, incluso puede prescindirse de Rumania, pero Polonia es imprescindible. El Plan requiere fronteras comunes con la URSS, tanto en el evento de una guerra como en el de una "paz armada". En ltima instancia, con o sin Polonia, el Plan puede continuar adelante, a base de promocionar el nacionalismo ucraniano, partiendo del embrin de estado que representa la Rutenia Transcarptica. Entonces empezaron las maniobras de Beck. Creyndose el sucesor de Benes, prometi al Conde Csaki, Ministro de Asuntos Exteriores de Hungra, el apoyo polaco en el caso de que Hungra reivindicara Rutenia. De est manera, Polonia y Hungra tendran una frontera comn. Los motivos de la generosidad de Beck hacia Hungra eran, ni ms ni menos, que constituir entre Alemania y la URSS una especie de Europa Oriental de la que l hubiera sido el lder, por su calidad de promotor de la misma; hace salir a Hungra de la zona de influencia alemana, e impedir la liberacin de los ucranianos de Rutenia, lo que no hubiera dejado de excitar el irredentismo de los ucranianos de Galitzia, sometidos al yugo de Varsovia. Estos tres objetivos coincidan plenamente con el inters del clan belicista, interesado, por encima de todo, en salvaguardar a su criatura sovitica. Ya nos hemos ocupado, en otras obras [151], de la cnica alianza capitalista-comunista. El clan belicista occidental, emanacin del Capitalismo, protege a "su" creacin, el Comunismo Oriental. Le interesa, por encuna de todo, constituir una barrera que impida el choque armado entre Alemania y la URSS, por constarle que sta, abandonada a sus nicas fuerzas, est perdida. Por eso mueve a su criatura, Beck [152]. La negativa de Hungra ante las ofertas de Beck incita al clan belicista a explotar la megalomana y el hiper-patriotismo polacos. As, se dan a Polonia toda clase de garantas en cuanto a su seguridad. Curiosamente, el primero en hacerlo no es el Primer Ministro Chamberlain, que contina hostil a la idea de un enfretamiento armado con Alemania, sino

Churchill y Duff Cooper. Polonia, por cierto, todava no ha sido amenazada por nadie. Pero el 19 de Noviembre de 1938, el Conde Potocki, embajador polaco en Washington, se entrevista con el poderoso y ya mencionado William C. Bullit. Este asegura a Potocki que, en cas de conflicto entre Alemania y Polonia, los Estados Unidos estarn incondicionalmente al lado de Polonia. Y cuando Potocki objeta que Alemania no ha presentado, an, ninguna reivindicacin a Polonia, Bullit le inform de los manejos alemanes en Ucrania, donde pensaban fundar un estado autnomo. Una tal Ucrania seria peligrosa para Polonia, pues no dejara de atraer las simpatas de los habitantes de Galitzia [153]. El presidente polaco, Moscicki, informado por Potocki, se muestra reticente. Inmediatamente, Bullit promete ayuda financiera norteamericana para la construccin del puerto de Gdynia, el desecado de la zona pantanosa de la pennsula de Hekla y la canalizacin del Vstula. A cambio, los Estados Unidos piden a Polonia que haga frente a cualquier demanda alemana, "especialmente si Hitler propone a Polonia una alianza contra la URSS" [154]. Un somero comentario. Bullit, diplomtico de primersimo rango, y miembro del omnipotente "Brain Trust" urge a Polonia que se oponga a los planes alemanes en Ucrania, especialmente si Hitler propone una alianza contra la URSS. Es obvio que lo que preocupa a Bullit es la seguridad de la URSS, y para ello, quiere erigir la barrera polaca que impida el choque germano-sovitico o que, en ltima instancia, sirva de amortiguador del golpe que prev contra la URSS. Para ello, el gobierno americano promete financiar importantes obras de carcter pblico programadas por el gobierno polaco. Moscicki y Beck responden a Bullit asegurndole que Polonia har frente a los designios alemanes en el Este de Europa. Y unos das despus, se produce el golpe de teatro. Un comunicado oficial conjunto de Varsovia y Mosc confirma, con toda solemnidad, el pacto de no agresin polaco-sovitico, que venca dentro de seis meses y que, slo tres meses antes, se daba por seguro que no iba a ser renovado. Beck ha sido el artfice de esta nueva maniobra, aunque es 73 evidente que el inspirador ha sido Bullit y el embajador americano en Mosc, Davies [155]. Beck declara, soberbio y suficiente, en una entrevista concedida al oficioso Times londinense que, con tal de impedir la realizacin de los planes alemanes en Ucrania, Polonia se aliar con quien sea, y acaba afirmando que Polonia tiene intereses comunes con la URSS [156]. Y, evidentemente, los tiene. Son los intereses de un condominio secular sobre el oprimido pueblo ucraniano... La resistencia polaca a la Drang nach Osten fue precedida por la resistencia inglesa. Es decir, por la City, hasta entonces antibelicista. Ciertamente, la City ha sido presionada, como hemos visto, por el Brain Trust rooseveltano. El 9 de Octubre, el diputado J.C. Wedwood hace una alusin al viaje de Funk a Ankara, Sofa y Belgrado. Si a la City le importa, en el fondo, muy poco, la dislocacin de Checoeslovaquia, la prdida de mercados tradicionales les hace muy poca gracia a los millonarios e influyentes miembros de la City. Pero no acaban aqu las malas noticias para esos prohombres, poco acostumbrados a ellas.

El 12 de Octubre, un cuerpo expedicionario japons desembarcaba en la baha de Bias, a cincuenta kilmetros de la colonia britnica de Hong-Kong. El Prncipe Konoye, Ministro de Asuntos Exteriores del Japn, mandaba una nota a las principales potencias europeas, la Gran Bretaa, Francia, Alemania, Italia y la URSS, informndolas de que el objetivo de la accin era cortar la va por la cual las tropas chinas de Chiang Kai-Chek reciban sus aprovisionamientos en municiones. Ahora bien: esa va era la de Hong-Kong a Hankeu, por Cantn. Es decir, que los Japoneses iban a aislar la plaza de Hong-Kong, ltima comunicacin directa de la China con el mar, condenndola a una muerte por inanicin, a mayor o menor plazo. En efecto, Hong-Kong slo servia, slo ha servido siempre, para entrar mercancas inglesas en el inmenso mercado chino. Inglaterra es, junto a los Estados Unidos, el principal abastecedor de municiones para Chiang-Kai-Chek. En slo una semana, los japoneses ocupan Hankeu y Cantn. La toma de sta ltima ciudad hace de Hong-Kong un puerto sin "hinterland". En cuanto a la cada de Hankeu - donde resida el gobierno de Chiang-Kai-Chek -, tendr como consecuencia que solamente los mercantes japoneses podrn remontar el Yang-Ts- Kiang y que Chiang-Kai-Chek, el hombre de Londres y Washington, no podr recibir ms armamentos ni municiones que a tan buen precio paga. Churchill interpela violentamente a Chamberlain cuando este, al conocerse la noticia de la ocupacin de Cantn manifiesta en los Comunes: "No iremos a ninguna parte si no nos habituamos a la idea de que las democracias y los estados totalitarios no deben alinearse en dos clanes hostiles, sino que deben colaborar, no solamente en la solucin de los conflictos cuando stos se produzcan, sino tambin en la elaboracin de un programa constructivo que facilite los intercambios internacionales y regule las relaciones entre los pases para el bien de todos". Churchill le responde que a l lo que le interesa es Inglaterra y no las relaciones entre los pases democrticos y los totalitarios. Un dilogo de sordos. Chamberlain suelta lastre. Si primero dej que el clan belicista provocara la dimisin de Runciman, ahora permite que deba irse Sir Samuel Hoare, cuya frase "Inglaterra no har la guerra por lejanos e ignorados metecos" le reprochaban idealistas del calibre de Churchill y Vansittart. El 15 de Noviembre de 1938 el Rey Carol de Rumania llega a Londres. El amante de la hebrea Lupescu es aclamado por los antihitlerianos en Hyde Park. Pero nadie imagina que el monarca se ha desplazado a Londres nicamente por el placer de prestar su concurso a una manifestacin filosemita. Carol representa la resistencia a la expansin econmica alemana en el Sudeste de Europa. Carol se ha desplazado a Londres para entrevistarse con los banqueros de la City para combatir esa expansin. De tal modo que el sentido de su viaje ser indirectamente desvelado por R. S. Hudson, miembro del Consejo de la Corona y Subsecretario del Comercio Exterior, en un discurso pronunciado en la Cmara de los Comunes el 30 de Noviembre. S trata de un discurso de capital importancia, que constituye una verdadera declaracin de guerra econmica a Alemania. Guerra econmica que, en nuestros tiempos, suele preceder a la guerra total, poltica. Es un discurso que

indica que una importante fraccin de la City inglesa - insistimos que la City juda mantuvo su postura desde la llegada de Hitler al poder en Alemania 74 - ha evolucionado, ya, en el sentido de los postulados de Churchill. He aqu un fragmento revelador del discurso de Hudson: "Alemania no reserva ningn tratamiento desfavorable en Alemania a las mercancas inglesas; esto debemos reconocerlo. Pero de lo que nosotros nos quejamos es de que, con sus mtodos, Alemania arruina el comercio en el mundo entero ... Nuestro principal problema, hoy, estriba en saber cmo nos ser posible enfrentarnos a la nueva forma de competencia alemana en todo el mundo ... Hasta donde nos ha sido posible constatar, la razn de la influencia econmica de Alemania reside en el hecho de que ella paga a los pases productores de Europa Central y del Sudeste de Europeo unos precios mucho ms elevados que los que se practican en el mercado mundial ... Hemos examinado todos los procedimientos que nos sera posible aplicar. El nico medio consiste en organizar nuestras industrias de manera que se hallen en situacin de oponerse a las industrias alemanas y decir a Hitler y los suyos: Si no os hallis dispuestos a poner un trmino a vuestra manera actual de proceder y a llegar a un acuerdo con nosotros segn el cual os comprometis a vender vuestras mercancas a unos precios que conlleven un beneficio razonable, os combatiremos y os venceremos con vuestros propios medios. Desde un punto de vista estrictamente financiero, nuestro pas es infinitamente ms fuerte que ningn otro pas en el mundo; en todo caso, ms fuerte que Alemania, y por tal motivo gozamos de grandes ventajas que determinarn que nosotros ganemos la batalla " [157]. Tras este discurso de Hudson, Inglaterra retira a Alemania los beneficios de la clusula de "nacin ms favorecida" que, en sus tratos de comercio exterior, mantena con Alemania desde 1927. Lo mismo hacen los Estados Unidos, con sospechosa coincidencia de fechas [158]. Un breve comentario: Inglaterra y los Estados Unidos, los campeones del liberalismo, tanto poltico como econmico - los dos van indisolublemente ligados - se indignan porque Alemania, al vender sus productos ms baratos, les arrebata mercados que tradicionalmente eran suyos. Esto es, sencillamente, inaudito. Donde queda la famosa libertad de comercio? Hudson habla de competencia comercial desleal. Porque desleal? Alemania puede vender sus productos ms baratos por una razn. Una sola. Al no depender del Patrn-Oro, sus productos no se hallan gravados, en todos los escalones de su produccin, con la pesada carga de los intereses financieros y bancarios. He aqu el verdadero motivo del giro copernicano operado en la City inglesa. La Economa Natural, orgnica, puesta en prctica por la Alemania Nacionalsocialista derrota, por simples razones aritmticas, a la Economa Clsica que impera en Inglaterra. La City juda, que ya odiaba a Hitler por motivos de mesianismos raciales, encuentra ahora un motivo suplementario para odiarle y empujar a la guerra.

Pero he aqu que se produce otro hecho que llevar a su colmo la irritacin de la plyade de banqueros, negociantes, armadores, aseguradores y capitanes de industria que pululan en el Strand, la City y Whitehall. El 10 de Diciembre de 1938, el gobierno mejicano firma con el Reich un acuerdo en virtud del cual entregar a ste, en el curso de 1939, petrleo por valor de diecisiete millones de dlares. Ese petrleo procede de unos pozos que un gobierno nacionalista de Ciudad de Mxico ha expropiado a los judeo-yankis de la Standard Oil of Manhattan. Esto es la gota de agua que hace rebosar el vaso. Se trata de un acuerdo de trueque. El Reich pagar en aparatos de irrigacin, mquinas agrcolas, material de oficina, mquinas de escribir y aparatos fotogrficos. Adems, el acuerdo se concluye sobre la base de un precio del petrleo muy inferior a los cursos mundiales. Consecuencias de todo ello: Alemania obtendr petrleo sin haber pasado por la Royal Dutch - del judeo-britnico Samuel Deterding - ni por la Standard Oil - del judeo-americano Rockefeller. La transaccin se har sin que la City palpe ni un misero cheln por operaciones de crdito, de financiacin, de garanta, de Warrants, de fletes o de primas de seguros. Ser un sencillsimo trueque, garantizado por el propio gobierno alemn y los transportes se efectuarn en barcos alemanes. Para los prohombres de la City esto es sencillamente consternante. Pase que Hitler utilice esos procedimientos en los Balcanes o en Turqua; pase que los aclimate en Europa Central, pero al extenderlos a la Amrica Central condena a Londres a una decadencia cierta e inevitable. Ms an cuando se pone de manifiesto que el Ministro Funk prepara un viaje a Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile. Todo 75 esto es, para la City, el principio del fin. Como consecuencia de ello, nuevas e importantes fracciones de la plutocracia inglesa, racialmente anglosajona, se unen al campo de Churchill. Viaje de Funk al Sudeste de Europa; toma de Cantn y de Hankeu; acuerdo germanomexicano; anuncio del viaje de Funk a Sudamrica; debilitamiento progresivo de la posicin del Rey Carol de Rumania; prdida del mercado de China; ocupacin de Albania por Italia [159]; cada uno de esos acontecimientos provoc el abandono de una parte de las fuerzas pacifistas sobre las cuales Chamberlain haba apoyado en Septiembre su poltica de conciliacin. Cuando esas fuerzas actuarn abiertamente en beneficio de Beck, Stalin podr respirar tranquilo. La marcha hacia el Este - la Drang nach Osten - esa marcha que, al mismo tiempo que dara tierra a los arados alemanes eliminara al Comunismo como peligro potencial para Europa y el Mundo, deber detenerse. En verdad, quedan todava, a principios de Diciembre de 1938, unos "businessmen " ingleses que forman el ltimo reducto de la City que todava se opone a la guerra. Pero su resistencia ser barrida, como veremos ms adelante, por una ofensiva del Sionismo Neoyorkino, encarnado en el "Brain Trust" del Presidente Roosevelt. ***

El giro copernicano dado por la City se manifest en las reticencias que acompaaron la ratificacin del Pacto de los Cuatro por los parlamentos ingls y francs. Como sabemos, Chamberlain regres de Munich con un Pacto de No-Agresin firmado con Alemania. Adems invit a Francia a hacer lo mismo, y sta, siempre a rastras de Inglaterra, como un vulgar satlite, acept. Los comunistas galos organizaron una huelga general a travs de sus sindicatos, pero sta fracas totalmente. Los setenta y tres diputados comunistas votan contra la ratificacin del Tratado. Junto al socialista Jean Bouhey y al inevitable De Krillis, el terceto Blum-Mandel-Reynaud juzga ms poltico no enfrentarse de cara a la opinin pblica, que exulta de satisfaccin al ver que se ha evitado la guerra, y une sus votos a los del gobierno. Ese terceto no quiere provocar una crisis gubernamental que provocara nuevas elecciones, de las que el gobierno saldra fortalecido y las Izquierdas perderan votos, as como deberan renunciar a los cinco ministerios que detentan en el gobierno Daladier. Los comunistas, naturalmente, no se preocupan de esas minucias: les consta que, en todas las ocasiones, pueden y deben alinearse tras los mots d'ordre de Mosc sin riesgo alguno. Profesores y artistas del Partido Comunista, como Joliot-Curie, Langevin, Picasso y Chagall [160], devuelven sus medallas y dimiten de los diversos institutos nacionales que una sociedad capitalista les ha confiado alegremente. L'Humanit se convierte en el botafumeiro de los belicistas. A su lado, inslitos compaeros de viaje: Esprit, del catlico cripto-comunista Emmanuel Mounier, Ordre, de Emile Bur, Temps Prsent, de Gabriel Marcel y, sorprendentemente, Montherlant, siempre original, patriotero, buen "derechista" que, en una intervi radiofnica, habla de "debilitamiento de la voluntad nacional". Von Ribbentrop se present en Pars el 6 de Diciembre de 1938 para la firma del Tratado Franco-Alemn, Bullit se agita como un poseso [161]. Reynaud, Mandel, Blum, Moch y adlteres agitan, a su vez, desde la prensa y la radio. Finalmente, y pese a que el Gobierno haba logrado en la Asamblea Nacional la ratificacin del Tratado por una fuerte mayora, de 535 votos contra 75 (73 comunistas, un socialista y un estipendiado, pblico y notorio, del Sionismo), las presiones polticas, desde fuera y desde dentro - desde Francia y desde el exterior son tan fuertes, que al final todo queda en una simple "Declaracin Conjunta" -. Una Declaracin no es un Tratado. Los consignatarios del hbrido acto del 6 de Diciembre no asumen ninguna obligacin. Se trata de una simple declaracin de buenas intenciones. No obstante, afirman que "actuarn con todas sus fuerzas para desarrollar entre ellos relaciones pacficas"; que 76 "reconocen como definitivas las fronteras entre sus dos pases" y manifiestan que "se consultarn mutuamente en el caso de que la evolucin de las cuestiones que les conciernen directamente pudiera provocar dificultades internacionales". Si no hay un compromiso formal, por lo menos un compromiso tctico: a cambio de la renuncia formal y definitiva de Alemania a AIsacia-Lorena, Francia da un paso hacia la renuncia definitiva de la poltica de Richelieu. que durante tres siglos ha persistido hasta Barthou. Tener las espaldas libres para su poltica en el Este.

Hitler no pide - ni nunca pidi - otra cosa a Francia. Basta repasar el Mein Kampf, en donde especifica que el acuerdo con Francia es imprescindible para la cobertura de la retaguardia alemana, en vistas a la ampliacin de su hbitat, por medios polticos o militares, en Europa Oriental. Pero el acto del 6 de Diciembre contena demasiadas reservas mentales. A peticin francesa se insert un prrafo sibilino (el prrafo 5): "... esta Declaracin no excluye las relaciones particulares con terceras potencias en lo que se refiere a permanecer en contacto para la resolucin de problemas que afecten directamente a ambos pases". Es decir: a pesar de esa inocua Declaracin Conjunta Franco-Alemana, Francia afirma su fidelidad al Pacto Franco-Sovitico y al Franco-Polaco es decir que, de hecho, condena todo proyecto de expansin alemn hacia el Este. En resumidas cuentas, la Declaracin del 6 de Diciembre representaba una promesa equvoca, y el acento sobre la cual iba a ser formulada tena ms importancia que los mismos trminos de la promesa. Los xitos de la propaganda belicista, los "remordimientos" y reticencias del "muniqus-antimuniques" Daladier y el hundimiento de Bonnet, al que comunistas y socialistas (que representan el 48 % del censo electoral) tachan de "agente hitleriano", no permiten dar a esa Declaracin el eco necesario. De manera que ms que suscitar esperanzas de paz, la visita de von Ribbentrop provocar un crispamiento de la opinin pblica. El da siguiente a la firma de la Declaracin, el Alcalde de Pars aconseja a von Ribbentrop que no deposite una corona de flores en el monumento al Soldado Desconocido, pues "muchos de mis administrados lo consideraran una provocacin". Esto es una bofetada diplomtica sin precedentes. El mismo da, von Ribbentrop, que acaba de ser recibido por el Comit Francia-Alemania y se dispone a visitar el Louvre, recibe un nuevo bofetn. Duff Cooper, ex Primer Lord del Almirantazgo, denuncia la poltica de Munich, jalea a "la raza que trajo el Cristianismo al mundo" (entemecedora modestia, si recordamos que Cooper es Judo), declara que la Wermacht y la Luftwaffe son un par de bluffs en el que slo pueden creer los idiotas y, para terminar, critica la Declaracin Franco-Alemana. "Si Francia e Inglaterra quieren escapar a la esclavitud, no deben separar sus destinos. Y la experiencia demuestra que no pueden hacer caso alguno de las promesas alemanas en general, ni del actual husped de Francia, en estos momentos, en particular". Von Ribbentrop coge el telfono y habla con Berln, de donde le llega la orden de encajar este nuevo bofetn [162], visitar el Louvre, dar la anunciada recepcin en la Embajada de Alemania y regresar a la patria segn previsto. A la recepcin dada por Ribbentrop faltar el propio Ministro de Asuntos Exteriores francs, Georges Bonnet que, acusado de prohitleriano, no osa salir de casa y pretexta una gripe diplomtica. Parece inaudito que un gobierno democrtico, democrticamente elegido, y que logra que su poltica sea refrendada por el 88 % de su Parlamento, sin otra oposicin coherente que la comunista, debe esconderse y cometer una grosera sin precedentes en los anales de la Diplomacia. Son precisas ms pruebas para demostrar que en las democracias, a la hora de las grandes decisiones, no cuentan para nada las divinizadas mayoras?.

As ha fracasado la tentativa de ampliacin del Acuerdo de Munich [163]. La estrella de Reynaud, el hombre de Mosc y el campen de los trusts se engrandece en el horizonte. Mientras von Ribbentrop regresa a Berln, portador de un documento sin valor, Pal Reynaud, al que Churchill califica de "primer estadista de Francia" - otra bofetada al vilipendiado Daladier, Jefe del Gobierno - prepara con el financiero Judo Mannheimer una operacin que en una poca normal, y en un pas no mediatizado por la llamada poltica de partidos le costara la crcel, pero que, en la circunstancia dada, todava aumenta su prestigio. El Poder Real que gobierna a Occidente tiene sus maneras de pagar a sus testaferros. 77 *** Como hemos dicho anteriormente, Chamberlain ha debido dejar lastre. El 5 de Octubre de 1938 comete un error - o fue una indiscrecin calculada, en la que son maestros los polticos ingleses ? - que influir decisivamente en el comportamiento ulterior de Hitler. En efecto, el "hombre del paraguas" liga la aprobacin de los Acuerdos de Munich a un programa de rearme que prev la construccin de 300 aviones antes de fines de 1938 y de otros 8.000 en 1939; los crditos militares de la Gran Bretaa son duplicados y se decide el armamento de veintiuna divisiones, as como el fortalecimiento de la Flota. Este programa es aceptado por unanimidad, an cuando Churchill decide insultar prcticamente a Hitler a quien trata de "tirano", Chamberlain no reacciona. No llama al orden al irascible orador de su propio Partido, recordndole que el Reich mantiene relaciones diplomticas normales con la Gran Bretaa; que su gobierno ha firmado un Tratado de No-Agresin con su pas, y que Alemania, mantiene la clusula de "nacin ms favorecida en sus tratos comerciales con Inglaterra", an cuando sta acaba de derogar dicha clusula en sus tratos con Alemania. El silencio de Chamberlain es demasiado elocuente para que en Berln no tomen nota del mismo. En efecto, cuatro das despus, en Saarbrucken, Hitler pronuncia un discurso en el que, sin ambages, se da por enterado de la sesin de la Cmara de los Comunes del da 5 de Octubre: "Los jefes de los gobiernos que se encuentran ante nosotros afirman que quieren la paz y debemos creerles. Pero gobiernan pases cuya estructura permite que, en cualquier instante, sean reemplazados por otros, que no la quieren. Bastara con que un Duff Cooper, un Eden o un Churchill tomen el lugar de Chamberlain para que, de inmediato, desencadenasen una guerra mundial, pues tal es su intencin. No lo disimulan siquiera: lo proclaman abiertamente". Entre tanto, como sabemos, se produce el asesinato-provocacin de von Rath. Roosevelt aprovecha la oportunidad para hacer funcionar sus cajas de resonancia: prensa y radio, e inmediatamente vuelve a tomar la direccin de la por Champeaux llamada "Gran Cruzada de las Democracias", direccin que ya no abandonar hasta su muerte. El 14 de Noviembre, fundando su decisin sobre lo que acaba de suceder en Alemania, llama a su embajador en

Berln y anuncia que Amrica pone en fabricacin 10.000 aviones. Hace ms: pide a los americanos que boycoteen los productos alemanes y ordena a su embajador Kennedy que presiona a Chamberlain para que abandone su poltica de conciliacin para con Alemania. Quitndose ya decididamente la careta de su supuesta neutralidad pide al Congreso que modifique la Ley de Neutralidad que ste vot a peticin suya en 1936 reemplazando la clusula "Cash and Carry" por el sistema de "Prstamo y Arriendo", que an beneficia ms a Inglaterra, pues deja en manos del Presidente el poder vender a unos eventuales beligerantes y a otros no. Admirmonos, de paso, de esta intolerancia "democrtica", pues, en el mismo momento, los sbditos de la Alemania Nacional-socialista pueden vender sus productos - con la nica excepcin de los minerales estratgicos o de inters militar - a quien les plazca. De momento, el Congreso no sigue a Roosevelt y la Ley de Prstamos y Arriendos deber esperar. En cuanto a Inglaterra, es evidente que va cediendo a las presiones de Roosevelt y su "Brain Trust", pero no con la celeridad que stos desearan. En Septiembre de 1939, entre los documentos que los alemanes encuentran en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Varsovia, hay una carta que el embajador Lukasiewicz mand a su gobierno el 7 de Febrero de 1939. En dicha carta se afirma que Bullit, embajador norteamericano en Pars ha lamentado ante su colega polaco las reticencias de Chamberlain, aadiendo, literalmente: "Los Estados Unidos disponen de medios de presin formidables con respecto a Gran Bretaa. La simple amenaza de su empleo debiera, bastar para disuadir al gobierno britnico de continuar su poltica de conciliacin hacia Alemania" [164]. Este texto complementa la carta que, el 12 de Enero de 1939, el Conde Potocki, embajador de Polonia en Washington, escribe al Coronel Beck: "Los excesos antisemitas que se han desarrollado recientemente en Alemania han provocado, aqu, una campaa antialemana de una rara violencia. Han participado en ella diversos intelectuales y financieros judos: Bernard Baruch, el Juez del Tribunal Supremo, Frankfurter, el Secretario del Tesoro, Morgenthau y otros varios, 78 cuya amistad personal con Roosevelt es demasiado conocida. Este grupo de personas que ocupan los lugares de mxima preeminencia en el gobierno norteamericano se halla ligado con lazos indisolubles a la Internacional Juda" [165]. Esta Internacional Juda que, como hemos visto, lleva ya seis aos combatiendo a Alemania, frenetiza sus posiciones hasta extremos inauditos, sin precedentes en toda la historia universal. El clan belicista se desencadena por doquier, a todos los niveles. Desde la declaracin sibilina de Vansittart hasta los insultos groseros de La Guardia. Desde la colecta de la comunidad juda de Capetown hasta la Liga pro Boycot de Productos alemanes en Bolivia. Este clima genera incidentes a granel. Desde la agresin al equipaje del paquebote alemn "Bremen" que, recordmoslo, ya haba visto su pabelln arrancado por un judo y arrojado al mar hasta la intensificacin de la campaa cinematogrfica de Hollywood, describiendo como criminales y pervertidos a los lderes de Alemania que,

conviene no olvidarlo, mantenan relaciones diplomticas con los pases occidentales y, concretamente, con los Estados Unidos. Un incidente rarsimo contribuy a arrojar an ms sombras sobre el panorama internacional. Como hemos mencionado anteriormente, por orden directa del Presidente Roosevelt, los Estados Unidos dejaron de suministrar gas helio - el nico ms ligero que el aire y no inflamable - cuyos principales centros de produccin en todo el mundo se encontraban en Texas. A consecuencia de ello, los dirigibles "Zeppelin" debieron utilizar el hidrgeno que, como sabemos, es explosivo. El "Hindenburg" era el mayor de los "Zeppelin" e inagur el servicio de pasajeros entre Hamburgo y Nueva York en 1936. Pues bien, copiamos de la Enciclopedia Britnica: "El 6 de Mayo de 1937, cuando se dispona a aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey, etapa previa a su llegada a Nueva York, el "Hindenburg" qued envuelto en llamas y fue completamente destruido, con una prdida de 36 vidas. Este fue el primer accidente en la historia de la aviacin civil. El fuego fue generalmente atribuido a una descarga elctrica causada por un rayo al entrar en contacto con alguna fuga de hidrgeno. No obstante, la posibilidad de un sabotaje no puede ser descartada" [166]. Como quiera que, por razones no aclaradas, las autoridades norteamericanas rehusaron abrir una investigacin oficial sobre el hecho, los alemanes lo hicieron por su cuenta, y amparndose en que la hiptesis del rayo era insostenible, toda vez que el da de autos el clima era excelente y no haban nubes, el embajador von Diekhoff solicit oficialmente se investigar la posibilidad de un sabotaje. Justamente a tres millas de Lakehurst se halla la ciudad de Lakewood, cuya poblacin es casi totalmente judeo-alemana, hasta el punto en que incluso la nomenclatura de las calles est en idioma yiddish. Y justamente al sobrevolar Lakewood, el "Hindenburg" fu sobrevolado por dos aviones desconocidos. Lo nico que qued claro es que se trataba de aviones privados, no pertenecientes al Ejrcito de los Estados Unidos ni a otra compaa privada. La solicitud alemana de una encuesta oficial fu rechazada, inslitamente, por el gobierno norteamericano. No se puede afirmar que se tratara de un sabotaje. S que, segn los alemanes, el fallo tcnico estaba excluido, y que la extraa negativa de las autoridades norteamericanas daba pbulo a todas las suposiciones. En todo caso, a consecuencia de la negativa oficial norteamericana a abrir una investigacin, los "Zeppeln, dejaron de hacer escalas en los Estados Unidos, a partir de Noviembre de 1938, cuando Cordell Hull manifest por telegrama a von Ribbentrop que "no haba lugar" a investigacin alguna. *** El giro copernicano de la City se completa cuando Halifax se traslada en avin a Pars y se entrevista con Georges Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores Francs. El da siguiente, ste manda una nota a von Ribbentrop comunicndole que "Francia no reconoce el Protectorado Alemn sobre Eslovaquia ni sobre Bohemia-Moravia". El mismo da, Bonnet, convoca a Suritz, el embajador sovitico en Pars para decirle que "parece que ha llegado el momento oportuno para que Pars y Mosc se concierten para resistir a toda nueva tentativa de agresin por parte

79 de Hitler" [167]. El da siguiente, 30 de Noviembre de 1938, Halifax y Cordell Hull entregan notas similares a Berln, informndoles que no reconocen el Protectorado de Bohemia-Moravia ni la independencia de Eslovaquia [168]. Evidentemente, se trata de un plan concertado: es imposible tanta coincidencia en las fechas. Evidentemente tambin, el gobierno alemn rechaza los alegatos de los gobiernos francs, ingls y norteamericano, declarndoles desprovistos de fundamento. La respuesta de von Ribbentrop - probablemente inspirada, sino dictada, por Hitler - es tan lacnica como prudente. El gobierno del Reich, que es representante de un pas soberano y no de una colonia de cafres, poda perfectamente haber respondido a ingleses, franceses y norteamericanos que Alemania no reconoca el protectorado francs de Marruecos, ni la ocupacin inglesa del Norte de Irlanda ni la soberana norteamericana en las Filipinas o en Puerto Rico. La posicin de jueces que desde 1933 parecen adoptar las democracias ante Alemania no por habitual aparece menos gratuita, improcedente y, en definitiva, impertinente. Y las provocaciones siguen....El 18 de Marzo, Cordell Hull declara al Prncipe de Ligne, enviado especial del gobierno belga en Washington: "Si estalla una guerra ante vuestras fronteras, los americanos intervendremos. No s si ser al cabo de tres das, de tres semanas o de tres meses, pero intervendremos. Ya encontraremos un pretexto" [169]. Repetimos: "Ya encontraremos un pretexto". Y es entonces cuando se plantea el problema polaco. MANIPULACIN DEL PATRIOTISMO POLACO Polonia - hemos dicho - es una cua incrustada en el camino de la Drang Nach Osten, la cual es difcilmente realizable sin, al menos, la benvola neutralidad polaca. El Reich cuenta con numerosas vas de acceso a Rusia: Lituana, Rutenia y sus aliadas Eslovaquia, Hungra y Finlandia, a las que, un da, cuando falte el Rey Carol, se unir Rumania. Existe, adems, la favorable disposicin de Turqua y Bulgaria y se cuenta con que Letonia y Estonia seguirn, pronto, el ejemplo lituano. Pero Polonia, en el centro geogrfico del dispositivo que se ha conseguido montar, es un verdadero obstculo. No slo por s misma, sino por el fatdico "Corredor" de Dantzig. El tan justamente denostado Tratado de Versaltes haba otorgado a la resucitada Polonia la soberana sobre un territorio costero que le permitiera una salida al Mar Bltico. En ese territorio se hallaba enclavada la ciudad de Dantzig. Dantzig, ciudad poblada casi exclusivamente por alemanes (la poblacin polaca y juda no llegaba al dos por ciento de su censo) fue declarada Ciudad Libre el 15 de Noviembre de 1920. Seis das antes - el 9 de Noviembre - las relaciones entre Dantzig, Polonia y Alemania eran reguladas por el Tratado de Pars. La Delegacin Alemana en Versalles haba protestado contra esa amputacin de territorio alemn. He aqu la respuesta de Clemenceau:

"Dantzig ser separada de Alemania porque no hay otra manera de dar a Polonia el libre acceso al mar que se le debe ceder". Eso no es cierto. A parte de que no hay ninguna ley humana ni divina que obligue a que Polonia tenga un acceso al mar - como no lo tienen ni lo han tenido nunca Hungra, Austria, Suiza, Bohemia, Eslovaquia o el Paraguay - haba otro medio: internacionalizar el ro Vstula y crear un puerto franco en Dantzig. Los verdaderos motivos de la amputacin de esa parte de Alemania - Dantzig y una porcin de la Prusia Occidental - los da Andr Tardieu, varias veces ministro y jefe de gobierno con la III Repblica Francesa: "Es preciso elevar una barrera entre Alemania y los bolcheviques. Si dar al joven estado polaco la soberana sobre territorios alemanes es necesario para asegurar ese objetivo, ello puede ser lamentable, pero no se puede evitar " [170]. 80 Un breve comentario a las palabras de Tardieu, personaje enterado de los entresijos de la alta poltica de su poca, si los hay. Tras reconocer que Dantzig es un territorio alemn y que es "muy lamentable" colocarlo bajo soberana polaca, afirma que "es inevitable" si se quiere "elevar una barrera entre alemania y los bolcheviques". Porqu esa barrera inevitable? Para proteger a quin? A Alemania, o a los bolcheviques? Es concebible para que se preocupe de la proteccin de Alemania el girondino y patriotero Tardieu, siempre preocupado en buscar pretextos para perjudicar y sojuzgar al Reich ? No es cierto que, desde Versalles, la poltica de Tardieu y de todos los polticos franceses de primer rango consiste en poner trabas a la recuperacin de Alemania, mientras guardan distrado silencio cuando la URSS engulle a Ucrania, Carelia, las repblicas musulmanas del Asia Central y Mongolia Exterior ? No es cierto que Francia, que en 1934 firma una alianza militar con la URSS, se vuelca en su apoyo econmico y financiero a sta, igual que Inglaterra y la Amrica de Roosevelt ? Repetimos nuestra pregunta: Porqu esa barrera calificada de inevitable ? Con todo rigor lgico debemos deducir que si no es para proteger a Alemania - que a ningn poltico profesional francs importa un bledo - ser para proteger a la URSS, criatura de la Alta Finanza que impone su ley no escrita en Occidente. O no ?.... Qu otra explicacin puede haber para montar el gigantesco gazapo de Dantzig ?. Por que Dantzig es un gazapo. Sobre esto, la unanimidad es total. Nada menos que Marcel Sembat, varias veces ministro, Vice-Presidente del "Grand Orient de France" y miembro prominente de la "Seccin Francesa de la Internacional Obrera", as como fundador del llamado "Partido Socialista Revolucionario", es decir, no precisamente un "nazi", manifest en su discurso del 4 de Septiembre de 1919, con motivo de la sesin de ratificacin del Tratado de Versalles: "Debe quedar bienclaro para todo el mundo que Dantzig es una ciudad alemana. Nuestro Rapport dice: polonia quera Dantzig. No obstante, teniendo en cuenta a la poblacin, no hay duda posible: Dantzig es una ciudad incontestablemente alemana.

Y tambin dice ese Rapport: No se trata de un enclave alemn inmerso en una regin polaca. Desde Dantzig, siguiendo la costa hacia el Este, se llega, por un territorio puramente alemn, a la Prusia Oriental. "He aqu, pues, dos afirmaciones contradictorias y difcilmente concillables. Primera afirmacin solemne: Dantzig es una ciudad alemana, y no tenis derecho a arrebatrsela a Alemania. Segunda afirmacin: Polonia necesita un acceso al mar, que slo Dantzig puede ofrecerle. Acaso es imposible encontrar una solucin ? La solucin del Tratado es detestable, puesto que olvida los derechos de las poblaciones. Me objetareis que converts a Dantzig en una ciudad libre ? Esto equivale a violentar el sentido de las palabras. Dantzig, ciudad alemana, es proclamada ciudad libre en el mismo momento en que le rehusis la libertad de continuar siendo una ciudad alemana. Por consiguiente, en realidad, violis vuestros propios principios. " Podamos haber hecho otra cosa ? Si, y ello era muy sencillo. Se converta a Dantzig en un puerto franco y se garantizaba a Polonia una va frrea bajo su control y soberana. As habrais dado a Polonia su acceso al mar. En vez de ello, habis cortado en dos a Alemania, separando a la Prusia Oriental del resto del pas ". Un historiador de la talla de Jacques Bainville subraya magistralmente las contradicciones de la poltica de Clemenceau, con su famosa frase: "La paz era demasiado dulce si se la comparaba con la dureza de sus condiciones". En efecto, si los Aliados de la Primera Guerra Mundial tenan la intencin de dejar vivir a Alemania, no era posible intentar destruir, en el Este, la unidad alemana. En Versalles se haba osado reconstruir, en el Este de Europa, un Estado desaparecido a principios del siglo XVIII; un estado que ni siquiera la pequea Prusia de Federico el Grande haba podido soportar, y menos an la Rusia de los Zares (por no mencionar la Rusia comunista que en 1920 estuvo a punto de engullir nuevamente a tal estado). Una vez ms, anulando de un plumazo varios siglos de historia, el Tratado de Versalles converta en una isla a Prusia Oriental, sin tener en cuenta a Koenigsberg, el terruo de Kant, la villa en que Federico el Grande se coron a s mismo Rey de Prusia [171]. Sea como fuere, Polonia haba resucitado. Ciertamente, haba pronto gastado el caudal de paciencia de todas las potencias aliadas, exceptuando a Francia, siempre dispuesta - desde Richelieu - a colocar "gendarmes" en las fronteras alemanas. Ciertamente, tambin, sus 32 millones de habitantes comprendan un 44 % de elementos halgenos hostiles, destacando entre stos cuatro millones y medio de 81 alemanes y seis millones y medio de ucranianos; halgenos a menudo oprimidos y, en el mejor de los casos, ignorados. Pero, qu importa !, Polonia existe. Tras resistir, merced a la ayuda francesa, los embates del Ejrcito Rojo, se apresura a firmar con la URSS un tratado de "Amistad". Con quien no firma semejante tratado es con Alemania, ni con Lituania, ni con Letonia, ni con Estonia, ni mucho menos con Checoeslovaquia, a la que reclama, basndose en el "principio de las nacionalidades" el ducado de Teschen, del que, como hemos visto, terminar por apoderarse cuando se derrumba el estado checoeslovaco.

Polonia ha sido cebada [172] con otros territorios geogrfica y tnicamente alemanes, a parte de Dantzig: la regin de Posen (Posnania) y la rica cuenca minera de la Alta Silesia. Tal como haba previsto Lloyd George, la cuestin de las minoras nacionales no ha cesado de complicar la vida de Polonia desde el primer da. Los sucesivos gobiernos polacos, ciertamente, han intentado, durante aos, solucionar el espinoso problema. Sikorski, primer Presidente de la Repblica de Polonia dejaba entender claramente que el primer objetivo del gobierno polaco deba ser "la liquidacin de las propiedades alemanas y la desgermanizacin de las provincias del Este" [173]. El gobierno alemn - un gobierno socialista, no precisamente nazi - llev el caso ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, el cual emiti un dictamen, el 10 de Septiembre de 1923, negando al gobierno polaco la puesta en prctica de tales proyectos. Tras quince anos de lucha ms o menos desleal, en la que la buena fe polaca "haba brillado por su ausencia" [174] la declaracin germano-polaca de 5 de Noviembre de 1937 haba tratado de poner trmino a un intercambio de recriminacines muy vivas, que se haba ido agravando con el paso del tiempo. En el curso de las negociaciones, Alemania haba sido siempre el demandante. Haba pedido que se instituyera una Comisin Mixta ante la cual se pudieran presentar las quejas de las minoras. El gobierno polaco no haba aceptado esa peticin; slo una simple declaracin conjunta germano-polaca, dejando a cada parte la competencia para asegurar "en el marco de su soberana" la observancia exacta de sus compromisos. No obstante, sigue un perodo de relativa paz, que dura hasta Abril de 1938, en que la prensa minoritaria alemana de Polonia se queja de los "abusos polacos". Deplora el licenciamiento de 1.100 mineros alemanes en la Alta Silesia y su substitucin por polacos. Se irrita al constatar que la aplicacin de la llamada "reforma agraria" polaca en las provincias occidentales se dirige sistemticamente contra los propietarios alemanes. Y se indigna, sobre todo, del cierre de numerosas escuelas alemanas. El lder de la Jungdeutschepartei en Polonia reclama para la minora alemana la consideracin de Volksgruppenrecht, es decir, de "grupo tnico diferenciado", de acuerdo con los trminos del Tratado de Versalles. Las manifestaciones antialemanas de Varsovia llevan la situacin a un grado de tensin desconocido hasta entonces [175]. El nuevo gobierno polaco, es decir, el triunvirato Moscicki-Beck-Rydz Smigly, est convencido de que si permite que los alemanes de Polonia obtengan la autonoma interna que derivara de la consideracin que reclaman de Volksgruppenrecht, ucranianos, lituanos y bielorrusos van a seguir su ejemplo sin tardanza. El estado polaco, as, vera puesta a debate incluso su propia existencia. Los polacos representan el 56 % de la poblacin de su estado, contando a su importante colonia juda. Sin ella, no llegan al 47 %. El caso polaco no es un caso tan flagrante de invencin histrica como el caso checoeslovaco, pero se le asemeja mucho. En todo caso, los sucesores de Pilsudski en la direccin de la poltica polaca, siguen sus directrices. Pilsudski haba, incluso, en 1923, preconizado la anexin de Prusia Oriental; si ello no se haba llevado a cabo fue por haber puesto el veto Inglaterra, que no deseaba que Polonia, aliada de Francia, se engrandeciera demasiado. Ello hubiera comprometido el famoso "equilibrio de poder" en que todava

crean los polticos ingleses de los aos veinte. Prusia Oriental, aislada del resto de Alemania por el "Corredor de Dantzig", deba tener - por una especie de ley de la gravedad histrica - tendencia a reunirse de nuevo con el resto de la Madre Patria, borrando el absurdo "Corredor". La mejor manera de evitarlo, - discurran los poco inspirados triunviros - consista en suprimir a Prusia Oriental. Esta aspiracin polaca persistir, ms an, se acentuar con el paso de los aos. Y, en realidad, tal aspiracin no es criticable. Una vez reconocido el estado polaco, tal cual queda configurado por el Tratado de Versalles, todo lo que suceda a continuacin no es ms que la 82 consecuencia lgica del mismo. Un estado digno de tal nombre difcilmente podr aceptar particularismos dentro de sus fronteras, por cuanto dichos particularismos debilitarn fatalmente su estructura interna. Por otra parte, las minoras nacionales - sobre todo si tienen conciencia de pertenecer a naciones de primer rango - tampoco aceptarn de buen grado el quedar sometidas al arbitrio de otro estado. De ah el convencimiento general, expresado por figuras polticas de primer rango, de que Versalles - y, concretamente, por lo que se refera a Polonia - haba alumbrado la guerra perpetua. El antagonismo germanopolaco era algo fatal, inevitable. Los promotores del infausto Tratado lo saban y de ello han dejado numerosos testimonios. "La paz que acabamos de firmar les garantiza a ustedes treinta aos de guerras ininterrumpidas en el Centro de Europa", les dijo Clemenceau a los cadetes de la Academia Militar de Saint-Cyr [176]. "No puedo imaginarme otro motivo ms poderoso para una futura guerra, que rodear al pueblo alemn por una serie de pequeos neo-estados, muchos de los cuales estn constituidos por pueblos que Jams han podido tener un gobierno estable, pero que incluyen una gran poblacin alemana que exige su unin a la madre patria. La proposicin de la comisin polaca de someter varios millones de alemanes a la vigilancia de un pueblo, como el polaco, que profesa otra religin, y que hace cerca de trescientos aos que no ha tenido una soberana independiente, conducir, en mi opinin, ms pronto o ms tarde, a una nueva guerra en el Este de Europa" dijo Lloyd George, Primer Ministro britnico cuando se discuta, en Versalles, el trazado de las futuras fronteras entre Alemania, Polonia y Checoeslovaquia [177]. Podramos llenar un captulo entero con citas de prominentes personajes del campo Aliado, reconociendo que Versalles era un semillero fecundo de guerras. El propio presidente norteamericano, Woodrow Wilson haba declarado repetidas veces que "la guerra no debe terminarse con un acto de venganza sea de la clase que fuere, que ninguna nacin, ningn pueblo, debe ser expoliado ni castigado..., que la injusticia que se haba cometido con aquella guerra, no deba compensarse cometiendo la misma injusticia con Alemania". Y, no obstante, a sabiendas de los mximos responsables polticos del campo vencedor, o, al menos, de los mximos responsables tericos y conocidos, se haba perpetrado el infausto Tratado-Dictado de Versalles. Porqu? Por que, como dijo el propio Woodrow Wilson, en Versalles "haba una Fuerza Secreta que nos fue imposible identificar". Una Fuerza

"internacional apatrida que mova a los estadistas como marionetas", como manifestara el Almirante ingls Sir Barry Domvile, hroe de los Dardanelos [178]. La misma Fuerza que trajo la Primera Guerra Mundial y prepar la Segunda, explotando el patriotismo de unos y otros y, para lograr el estallido final, utiliz y manipul sin piedad el exacerbado y xenfobo patriotismo polaco.` *** Como hemos dicho, al mandar a Ribbentrop a Varsovia, an cuando ste slo consiguiera una simple "Declaracin Conjunta", Hitler buscaba liquidar, de una vez, el contencioso germano-polaco, limando aristas que permitieran el establecimiento de un clima apropiado para tratar con Polonia sobre su participacin o, al menos, su benvola neutralidad, en la Drang nach Osten. Las relaciones, efectivamente, mejoraron, hasta alcanzar cotas de cordialidad inexistentes hasta entonces en las relaciones entre ambos pases. Nada menos que Andr Francois-Poncet, varias veces ministro y embajador de Francia en Berln desde 1931 hasta 1938, nos lo confirma: "El Coronel Beck se ha hecho muy amigo de Goering, al que invita varias veces al ao a ir a cazar en las selvas polacas. En el curso de esas cordiales entrevistas, se ha hablado, naturalmente, de la cuestin de Dantzig y del Corredor, que deber ser resuelta un da u otro, en el inters de las buenas relaciones entre los dos pases, y el Coronel Beck ha dado a entender que Polonia no rehusara que Dantzig fuera devuelta al Reich, a condicin de que ella conservara all sus privilegios econmicos, y que tampoco pondra obstculos, igualmente, a la creacin - a travs del Corredor - de otro corredor extraterritorializado, por el cual pasaran una autorruta y una lnea 83 frrea, que haran comunicar directamente Prusia Oriental con Prusia Occidental, es decir, con el resto de Alemania". [179]. El 20 de Septiembre de 1938, Lipski, embajador de Polonia en Berln, fue a repetirle estas cosas personalmente a Hitler, preguntndole, a su vez, si l no vea ningn inconveniente a que Polonia se aprovechara de la crisis de los Sudetes para recuperar el territorio de Teschen [180]. El da 24 de Septiembre, cuatro das ms tarde, Lipski transmita el mismo mensaje a Ribbentrop que, sobre la marcha, responda que el Reich no vea inconvenientes a que Polonia aprovechara la crisis de los Sudetes para reclamar Teschen y que la oferta polaca sobre la solucin del problema del Corredor era aceptable para el Reich [181]. Esto es muy importante. Es bsico para comprender el problema y su ulterior desarrollo. Lo que propona Lipski, por encargo de su gobierno y que Ribbentrop, sin duda razonable, aleccionado por Hitler, aceptaba, era el retorno de la "Ciudad Libre" de Dantzig al Reich y la creacin de una autorruta y una va frrea extraterritorial a travs del Corredor. Esto es, todo lo que entonces reivindicaba Hitler y, no pudiendo adivinar que el Coronel Beck cambiara de opinin, era sincero cuando deca a Chamberlain que "los Sudetes eran la

ltima reivindicacin territorial que le quedaba por formular en Europa". Por otra parte, la posicin de Hitler ante Polonia es bien conocida: piensa que querer incorporarla al Reich sera un absurdo. Que debe subsistir como "estado tapn" entre Occidente y el eslavismo. Que la Drang Nach Osten se har por el Norte, partiendo de los tres pequeos estados blticos hacia Leningrado y ms all, si se llega a una solucin militar, y tambin por la cuna rutena, por el Sur, pero que, en cualquier caso, Polonia debe subsistir. Que Polonia, a pesar de haber sido "cebada" - como dice Churchill - con abundantes territorios no-polacos, no es un estado artificial como lo fuera el estado checoeslovaco, puesto que su personalidad ha resistido a tres repartos en el curso de la Historia. Y que los problemas de Dantzig y del Corredor debern solucionarse un da, pero que ello deber realizarse amistosamente. En este ltimo punto, acaricia la esperanza de poder dar a Polonia una parte de la Ucrania bajo yugo bolchevique, en compensacin de un arreglo bilateral que no comprometera para nada su desarrollo econmico, y a condicin de que los ucranianos vieran respetada su personalidad histrica y cultural. Todo esto ha sido escrito en Mein Kampf, y se lo ha repetido a Karl Burckhardt, Alto Comisario de la S. de N. en Dantzig [182]. Ambas partes estaban, pues, de completo acuerdo. La vuelta de Dantzig al Reich y el permiso de construccin de una va frrea y una autorruta extraterritorial que atraviesen el Corredor, hacen desaparecer la artificial insularidad de Prusia Oriental. Alemania vuelve a formar un bloque, cuya parte geogrficamente ms cercana a la URSS quedar directamente comunicada con el ncleo central del pas. Ello representa un aumento de podero extraordinario, y as lo comprenden las pequeas - pero estratgicamente importantsimas Letonia y Estonia - cuando en Febrero de 1939, ante los insistentes rumores de la entente germano-polaca y el fin de la perenne crisis del Corredor, proponen ellas mismas al Reich la firma de un Tratado de Amistad, complementado con un Acuerdo Econmico bilateral, idntico al que Alemania ya ha firmado, unos meses atrs, con Lituania. Y unos das despus sigue Dinamarca. En estos momentos, pues, toda Europa Central y Oriental, con las nicas excepciones de Grecia y Rumania, donde la diplomacia britnica mantiene viejas posiciones junto a los monarcas - posiciones que en Londres intuyen no durarn mucho tiempo, pues tanto Antonescu como Metaxas, los polticos con ms futuro en esos pases, se inclinan resueltamente hacia Alemania - y Suecia que, de hecho, colabora comercialmente con Alemania, sin renunciar a su vieja neutralidad "formal", prcticamente toda Europa Central y Oriental, pues, incluyendo incluso a Turqua, forma un bloque poltico-diplomtico con el Reich. Este bloque asla a la URSS, y el Fhrer est convencido de que, sin guerra, el Bolchevismo se hundir. Cree que slo la cooperacin econmica de Occidente - de hecho, un verdadero subsidio permanente - ha permitido paliar los sucesivos fracasos de los Planes Quinquenales. Que este aislamiento y sus consecuencias puedan traer una guerra con la URSS est previsto, y las perspectivas no pueden ser ms halageas. Para completar el plan, en la Wilhelmstrasse se prepara activamente un Memorndum con las propuestas a presentar a Polonia. Slo se le pedir, al estado polaco, el permiso para la 84

construccin de una autorruta y la va frrea extraterritoriales y su anuencia a que se celebre en la "Ciudad Libre de Dantzig" un plebiscito democrtico, controlado por la S. de N. y las autoridades alemanas y polacas, para decidir si la ciudad contina siendo libre o si pasa a la soberana del Reich. A cambio, Alemania reconocer como definitivas sus fronteras - lo que equivale a decir que le asegura su apoyo militar contra una eventual agresin rusa - y le propondr un Tratado Comercial idntico al que est en vigencia con los dems pases de la zona. Como colofn, ambos pases prorrogarn su vigente Tratado de Amistad y NoAgresin. El pensamiento de Hitler, expuesto en Mein Kampf parece ya plasmado en la realidad. El Fhrer ha debido sacrificar sus fronteras orientales con Polonia pero ha logrado cristalizar sus planes, la realizacin de los cuales - ya se sabe - conlleva sacrificios. Estos sacrificios se los ha impuesto el bien conocido patriotismo polaco, que se aterra al hecho consumado de sus fronteras de Versalles. EL CHEQUE EN BLANCO Ambas partes parecen estar de acuerdo. Pero, cuando el 21 de Marzo de 1939 von Ribbentrop propone al embajador polaco Lipski iniciar conversaciones diplomticas formales con objeto de oficializar este acuerdo, Lipski se va a Varsovia, y regresa cinco das despus, el 26 de Marzo, con una respuesta negativa. La sorpresa en los medios diplomticos berlineses es total. Ribbentrop habla, incluso, de "estupor", en su autobiografa Zwischen London und Moskau, a pesar de que, para dar el mximo sentido a esa negativa, el 24 de Marzo, von Moltke, embajador de Alemania en Varsovia, adverta a Berln de los rumores alarmistas que corran en Polonia relativos a las intenciones alemanas contra Polonia. Y a pesar, tambin, de que el 25 de Marzo, el Almirante Canaris anunciaba la movilizacin de tres quintas ordenada a toda prisa por el gobierno polaco, as como la concentracin de tropas polacas alrededor de Dantzig. Qu haba ocurrido ? Debemos hacer mencin a una de las ms sombras maquinaciones que registra la Historia. Una maquinacin que har estallar el detonante y provocar la realizacin del sueo del Clan Belicista, y, con l, la Segunda Guerra Mundial y el hundimiento poltico y cultural de Europa. *** Tilea, embajador de Rumania en Londres, ha sido encargado por su gobierno de negociar un emprstito con Inglaterra, de diez millones de libras esterlinas. Es el clsico diplomtico "cabeza loca" y no sabe como llevar a cabo su misin. Entretanto, en Bucarest, se llevan a cabo negociaciones entre Alemania y Rumania. El 16 de Marzo, Tilea, aprovechando el desconcierto general provocado en la City por el desmenbramiento de Checoeslovaquia, se presenta en el Foreign Office para informar a Lord Halifax de que la Delegacin Alemana en Bucarest ha presentado a la Delegacin Rumana unas proposiciones, redactadas en un tono tal, que equivalen a un ultimtum. An cuando advierte que no acta oficialmente, sino oficiosamente, en nombre de su gobierno, Tilea pregunta si, en caso de agresin por parte de Alemania, Inglaterra estara dispuesta a consentir a Rumania un emprstito de diez millones de libras esterlinas para comprar armas.

Es absurdo. Alemania y Rumania no tienen fronteras comunes y se hallan separadas por unos 450 kilmetros. Un conflicto germano-rumano es casi tan improbable como un contencioso hispano-suizo, para usar un smil geogrfico prximo. Pero Lord Halifax toma el asunto en serio. Le consta que la City, que tena intereses en Bohemia, los tiene an mayores en Rumania, en cuyos petrleos detenta participaciones mayoritarias. Halifax sabe a qu punto es sensible la City a todo lo que sucede en Bucarest y que, apoyndose en ese tema, le ser fcil alertar a la llamada "Opinin Pblica". Como ya hemos visto, Halifax es un trnsfuga del campo pacifista; es un antiguo "supporter" de Chamberlain que, aunque contina en el gobierno, le ha abandonado. Ahora es un belicista convencido [183]. Halifax, "gato viejo" de la poltica, sabe de qu pi cojea Tilea, "la incapacidad y la ambicin personificadas" [184]. Por eso le dice que si le 85 confirma lo que le acaba de decir, Inglaterra conceder el crdito solicitado a Rumania, sin intereses. Tilea, sin consultar con su gobierno, se lo confirma el da 17 de Marzo. El da siguiente, 18 de Marzo, los oficiosos The Times y The Daily Telegraph anuncian la noticia. Se ha dicho que fue Halifax quien comunic la noticia a los peridicos; tambin se ha afirmado que fue Vansittart, otro manaco de la germanofobia. En Bucarest, esto cae como una bomba. Gafencu, Ministro de Asuntos Exteriores, desmiente oficialmente: "Las conversaciones germano-rumanas se desarrollan de manera absolutamente normal. Las noticias referentes a un ultimtum alemn carecen de fundamento, y son ridiculas" [185]. Incluso el embajador britnico en Bucarest, Sir Reginald Hoare, desmiente. Gunther, embajador de los Estados Unidos, telegrafa a Cordell Hull que "Gafencu est furioso y si no fuera por que no quiere disgustar a Lord Halifax, destituira a Tilea, a quien ha severamente amonestado" [186]. En Pars, Bonnet, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, convoca al embajador rumano, Tatarescu, quien le confirma que "las conversaciones germano-rumanas han desembocado en un acuerdo comercial cuya firma es inminente " y que no ha habido dificultad, ni mucho menos, ultimtum de ninguna clase, si se excepta una pequea discusin inicial [187]. Esta cascada de rectificaciones, desmintiendo la falsa noticia, no es comunicada a la prensa. Los peridicos norteamericanos, ingleses y franceses, sin excepcin, ms los "oficiales" Pravda e Izvestia, de Mosc, anuncian a sus lectores que "la entrada de las tropas alemanas en Rumania es inminente". Como el noventa y nueve por ciento de los lectores de peridicos no sabe geografa, y, en cambio, es un idlatra de la palabra impresa, todo el mundo cree esa noticia absurda. El 18 de Marzo, Sir Eric Phipps, embajador britnico en Pars, se presenta en la Cmara de los Diputados y pide ver, con extrema urgencia, a Daladier. Nadie sabe, ni nadie sabr, probablemente, lo que hablan estos dos hombres, pero lo que s se sabe es que Daladier convoca inmediatamente a sus ministros y les informa de que "la Gran Bretaa ha decidido garantizar las fronteras de Rumania", explicndoles las razones de tal acto:

"El da en que Alemania controlar el petrleo de Ploesti, podra hacer la guerra a toda Europa, en la seguridad de que sera invencible" [188]. Cuanto ms a fondo hemos estudiado todo el proceso generador de la Segunda Guerra Mundial, ms hemos llegado al firme convencimiento de que los polticos de primer plano, o eran venales y estaban sometidos a otros poderes fcticos, mediante la corrupcin o el chantaje, o bien eran unos simples testaferros, que no tenan ni siquiera una remota idea de lo que se debata. Cuando el embajador de la Gran Bretaa le suelta a todo un Presidente del Gobierno Francs, que el da en que Alemania controle el petrleo rumano ser invencible, y ninguno de los dos se re - cuando menos, sonreo bien, son unos ignorantes de tomo y lomo, o bien son unos impdicos farsantes. Ninguno de los dos puede ignorar que, entonces, en 1939, la Luftwaffe, sin recurrir a los petrleos rumanos, y basndose exclusivamente en los carburantes sintticos que, a partir de la regeneracin del carbn, se fabrican en Alemania, es una fuerza de primer orden. Sin necesidad de comprarle su petrleo a Rumania, el parque automvil de Alemania es el primero de Europa, y las divisiones de tanques con que se ha dotado a la Wehrmacht no cuentan con el hipottico petrleo de Ploesti. Pero hay ms: Se nos ocurre preguntar, qu representan los petrleos rumanos, al lado de las yacimientos del Irak, de la Arabia Saudita, del Caucase, de Norteamrica y de todo el mundo, que controla la "Standard Oil of New Jersey" ? No representan ni el dos por ciento. Cmo puede un embajador de Su Majestad Britnica, sin haberse bebido previamente tres botellas de whisky, afirmar que Alemania, por el simple hecho de controlar - lo que an queda por demostrar - el dos por ciento del petrleo que controlan sus hipotticos adversarios ser invencible ante los mismos ? Esta pregunta no parecen plantersela los ministros franceses pues, inslitamente, deciden alinearse tras la actitud inglesa. Pero lo inaudito es que todo es un inmenso calembour, un gigantesco fraude. No es verdad que la Gran Bretaa haya decidido garantizar las fronteras rumanas. Precisamente el Primer Ministro, Chamberlain, est descansando unos das en su casa de campo. Rumania no ha pedido ningn tipo de proteccin ni de ayuda a Inglaterra. Si Tilea ha sido enviado a Londres a solicitar un emprstito, es, ms que nada, para contrarrestar el efecto que en Londres puede hacer la 86 visita de la Delegacin Alemana a Bucarest. Y el Consejo de Ministros ingls que estudia la cuestin slo se rene el da siguiente, 19 de Marzo. Todo ha sido una hbil maniobra del pariente por alianza de Lord Rothschild, Halifax, secundado por Vansittart y - naturalmente - por Churchill y Eden, aprovechando la monumental gaffe diplomtica del inexperto y corrupto Tilea. En el Consejo de Ministros del da 19 de Marzo, Halifax manifiesta que ha enviado a Sir Eric Phipps a entrevistarse con Daladier, lo que provoca un altercado tremendo con Chamberlain, al margen completamente del asunto, y declara que la poltica de conciliacin ha fracasado. Afirma que no debe haber un "Munich polaco" (cuando nadie pretende, todava, que Polonia este amenazada) y que es preciso "comprometerse en el Este

de Europa, garantizando las fronteras de Rumania y Polonia, an cuando fuere inspirndose en el proyecto de Gran Alianza preconizado por Churchill". Chamberlain se opone. Tras l se colocan cinco ministros. Pero ocho, incluyendo al propio Halifax, Vansittart, Churchill y Eden logran que el Consejo adopte ese punto de vista. Un inciso. Anotemos que Lord Halifax, el hombre vinculado familiarmente a Rothschild, haciendo caso omiso a los desmentidos que le mandan sus propios embajadores que se hallan sobre el terreno, en Bucarest, finge creer en la burda patraa de Tilea para forzar una garanta inglesa a Rumania, a pesar de que el propio gobierno rumano la rechaza, lo que constituye un caso sin precedentes en la Historia; uno ms en esa carrera hacia la Segunda Guerra Mundial. Pero hay ms, a pesar de que nadie ha mentado a Polonia, Halifax la mete, de matute, en esa garanta no solicitada. Sin prdida de tiempo, Halifax enva una nota a los gobiernos de Pars, Varsovia y Mosc, pero no a Bucarest, pues le consta que todo es una superchera y que, por consiguiente, el gobierno rumano la rechazara, para invitarles a consultarse mutuamente "sobre las medidas a tomar en el caso en que una nueva accin se llevara a cabo contra la independencia poltica de un estado europeo" [189]. La vspera, Litvinov ha pronunciado en Mosc un discurso en el cual preconiza "una conferencia de seguridad europea que reunira a la Gran Bretaa, Francia, la URSS, Polonia, Rumania y Turqua" [190]. Ni Polonia ni Turqua han pedido nada, pero Litvinov quiere correr en su auxilio. Inaudito. El da veinte de Marzo, Lord Halifax declara ante la Cmara de los Lores que "el Gobierno de Su Majestad, sacando la conclusin de los hechos y decidido a cortar el paso a los proyectos de dominacin universal, ha iniciado consultas con varios gobiernos para proponerles la conclusin de un pacto en virtud del cual opondrn una resistencia mancomunada a toda nueva amenaza contra un pas europeo" [191]. El 21 de Marzo, Albert Lebrun, Presidente de la Repblica Francesa, y su Ministro de Asuntos Exteriores, Georges Bonnet, llegan en visita oficial a Londres: Halifax les presenta su plan, y Bonnet, que ha presentado otro similar a Suritz, embajador sovitico en Pars, da su asentimiento unnime para introducir a los asuntos europeos a la URSS ... que en Munich haba sido apartada de los mismos. La propuesta de garanta inglesa llega muy oportunamente a Polonia. Si Alemania ofrece el reconocimiento de unas fronteras, un pacto de Amistad y un Tratado Comercial, a cambio de una va frrea extraterritorial y una autopista, as como el paso de la "Ciudad Libre de Dantzig" al Reich, Inglaterra ofrece ms; es decir: la garanta de las fronteras polacas y un prstamo de veinticinco millones de libras sin intereses, a devolver en diez aos, mientras

los Estados Unidos, por intermedio de su embajador itinerante William C. Bullitt, ofrecen financiar, casi gratuitamente, la puesta a punto de la minera polaca y de su incipiente industria qumica [192]. Polonia no deber tolerar el trnsito alemn por su territorio y Dantzig continuar siendo libre. Aunque, con el tiempo, tal "libertad" es imposible, y ms teniendo en cuenta que, rodeada por territorio de soberana polaca, la tendencia natural ser, irreversiblemente, de convertirse igualmente en posesin polaca. En una palabra, la propuesta de garanta inglesa le llega al Coronel Beck con gran oportunidad y ve enseguida las ventajas que puede obtener: escapar a las conversaciones con Hitler y, en vez del apoyo alemn, obtener el apoyo ingls, francs y ruso, ms el no-oficial, pero seguro, apoyo de la Amrica de Roosevelt. De manera que el 24 de Marzo, encarga a Raczinsky, su embajador en Londres, que diga a Halifax: 87 "En vista del rpido curso de los acontecimientos y de la prdida de tiempo que producira inevitablemente una negociacin unilateral, podra el gobierno ingls, para ganar tiempo, pactar, unilateralmente, con Polonia ? " [193]. Lord Halifax acepta en el acto. Y el 26 de Marzo, Lipski, embajador de Polonia en Berln, que se encuentra en Varsovia desde el da 21, regresa a Berln con una respuesta negativa. Esta es la explicacin del radical cambio de postura del Coronel Beck. Y mientras en Berln intentan comprender qu ha sucedido, el 31 de Marzo, Chamberlain anuncia en la Cmara de los Comunes: "En el caso de una accin cualquiera, que pusiera en peligro la independencia polaca, y a la cual el gobierno polaco considerara de su inters resistir con sus fuerzas nacionales, el Gobierno de Su Majestad se considerara obligado a socorrer inmediatamente, con todos sus medios, al gobierno polaco" [194]. El 6 de Abril, el Coronel Beck volaba a Londres y el acuerdo era hecho pblico por un comunicado oficial. Se trata de un verdadero cheque en blanco. Algo que no firmara ni Rothschild, porque el mendigo a quien se lo diera podra llevarlo a la ruina. Si releemos atentamente el texto de la declaracin de Chamberlain observaremos que el Imperio Britnico se pone en manos de Polonia. "En caso de una accin cualquiera, que pusiera en peligro la independencia polaca, y a la cual el Gobierno Polaco considerara de su inters resistir....el Gobierno de Su Majestad se considerara obligado....a socorrer inmediatamente, con todos sus medios, al Gobierno Polaco". Desafiamos a cualquier historiador a que nos cite otro caso, en toda la Historia Universal, de un estado soberano que se atara de tal manera a otro. Slo puede hallarse parangn en los tratos unilaterales mantenidos en la Edad Media por los soberanos con algunos seores feudales, o en la Edad Moderna en las estipulaciones dictadas por Londres a algn obscuro sultn de la India. En el bien entendido que el papel de soberano medieval o de Londres lo

desempea Polonia, potencia de tercer orden, mientras el orgulloso Imperio Britnico juega el papel de mini-prncipe feudal o de reyezuelo indio. Inconcebible, desde un punto de vista puramente histrico. Nunca un estado soberano se ha atado de esa manera a otro estado, con el cual no le ligan lazos especiales de ninguna especie. Qu puede importarle a la protestante y anglosajona Inglaterra la catlica y eslava Polonia, para arriesgar una guerra en su defensa, cundo y cmo sta quiera ? Se ha dicho que Inglaterra ansiaba una guerra con Alemania y que la garanta dada a Polonia no fue ms que un pretexto para tener esa guerra. Pero ni siquiera sto es verosmil. Que Inglaterra buscara - y hallara - pretextos, pase. Pero que pusiera en manos de un tercer estado el momento en que debiera ir a una guerra, es inconcebible. La nica explicacin plausible que nos queda es que Inglaterra, es decir, la lite custodia del destino nacional ingls, no quera ese pretexto, o sea el pretexto polaco. Ya hemos visto como Halifax, el hombre de Rothschild, prcticamente a espaldas de su Primer Ministro, le coloca ante el hecho consumado de una garanta a Rumania y a Polonia, en el momento psicolgico en el que los intereses de la City han recibido varios golpes econmicos y en que se les menta a Ploesti; en el momento en que Bullit, el infausto hombre de Roosevelt en Europa aprieta las clavijas, financieramente a Inglaterra. Pero es que, paralelamente, es el momento en que Alemania va a lograr el acuerdo de Polonia para entrar a formar parte del bloque objetivamente anticomunista que se va formando. La URSS est en cuarentena. La Alta Finanza se agita, y la City arrastra al enfermo y vacilante Chamberlain, sin agallas para desautorizar ante el mundo a Halifax, el hombre de Rothschild, desde que ha emparentado con l. La Alta Finanza coloca entre Hitler y Stalin la barrera polaca. Citaremos, ms adelante, testimonios incontrovertibles que lo demuestran sin dejar resquicio alguno a la duda razonable. *** Tras el fuerte golpe diplomtico que acaba de recibir, Hitler intenta, aunque, al parecer, sin grandes esperanzas, algunas gestiones directas con el Coronel Beck, al cual ste responde 88 con evasivas. Finalmente, el 28 de Abril, convencido de que pierde su tiempo, pronuncia un discurso en el cual denuncia, a la vez, el Tratado Germano-Polaco del 26 de Enero de 1934 y el Pacto Naval Anglo Alemn del 18 de Junio de 1935. En el mismo discurso, responde a una de las intervenciones ms impertinentes que ha llevado a cabo el Presidente Roosevelt, dos semanas antes, el 14 de Abril de 1939. Qu nueva jugarreta se le ha ocurrido al incansable Presidente norteamericano ? Esta vez ha escrito una carta, dirigida a Hitler y a Mussolini, pero no por la va diplomtica normal, sino que la ha comunicado a los peridicos. Se trata de una carta abierta. En ella, tras afirmar que "he odo rumores, que yo espero sean infundados, segn los cuales se preparan nuevas agresiones contra otras naciones independientes", les pregunta a Hitler y Mussolini:

" Estn ustedes dispuestos a prometerme que sus ejrcitos no atacarn ni los territorios ni las posesiones de las naciones que a continuacin enumero ? ". Y Roosevelt enumera treinta y una. Para terminar formulando la esperanza de que "tal promesa podra representar la seguridad de diez aos de paz; tal vez de veinticinco aos de paz", y en caso de respuesta afirmativa, prometa " la participacin americana en las discusiones a escala mundial, tendentes a liberar al mundo del aplastante fardo de armamentos" [195]. Esto fue considerado, por el diplomtico sueco Dahlerus, poco sospechoso de simpatas hacia el Nazismo, como "una falta contra los usos diplomticos, una impertinencia, una grosera y una provocacin, por no utilizar palabras ms fuertes" [196]. En efecto, al dirigirse exclusivamente a Hitler y Mussolini, Roosevelt pareca querer colocarles, a priori, en el banquillo de los acusados, nombrndose a s mismo juez. Inaudito. Inaudito tambin que la carta no se dirigiera a Stalin, que se haba anexionado, por la fuerza, ms territorios que Hitler y Mussolini juntos, por medios pacficos. Robert Sherwood, escritor panegirista de Roosevelt, pretende que, en el pensamiento del Presidente, "la frontera de los Estados Unidos se encontraba en el Rhin" [197], y que lo que ms tema era "un nuevo Munich, a expensas de Polonia" [198]. Curioso, como este viejo francmasn se preocupaba de la catlica Polonia. Extraos novios le salan, de pronto, a Polonia..! Mussolini se hallaba reunido en Roma con Goering y el Conde Ciano cuando le fue entregada la carta de Roosevelt y es entonces cuando pronunci su clebre diagnstico: "Efecto de la parlisis progresiva..." a lo que respondi Goering, hacindole eco: "Principios de enfermedad mental" [199]. La reaccin de Hitler no se hizo esperar. El da 17 de Abril, hizo preguntar a todos los estados citados por Roosevelt (exceptuando naturalmente a Polonia, cuyas intenciones conoca, as como a Francia, Rusia y la Gran Bretaa, cuyas intenciones le haban sido reiteradamente y pblicamente manifestadas por Churchill, Halifax y compaa) la doble cuestin siguiente: "Tiene su pas la impresin de estar amenazado por Alemania ? Ha encargado su pas al seor Roosevelt que haga sus proposiciones en esa forma ? ". Por unanimidad, los veintisiete estados interpelados respondieron con un doble "No". En su discurso, en el Reichstag, el 28 de Abril, dio lectura, una por una, a las veintisiete respuestas, en medio de risas y de atronadores aplausos, renovando sus propuestas de conferencia internacional para revisar el Tratado de Versalles en el marco de un acuerdo general. Y como el Presidente Roosevelt haba querido justificar su carta con el prrafo "la posibilidad de un conflicto constituye una seria preocupacin para el pueblo norteamericano en cuyo nombre hablo", Hitler manifest, irnicamente:

"Declaro solemnemente que todas las alegaciones sobre un ataque o una intervencin proyectada por Alemania contra o en un territorio americano no son ms que una inmensa impostura o un grosero embuste. Sin contar, por otra parte, que tales alegaciones, desde un punto de vista militar, slo pueden nacer en la imaginacin de un loco " [200]. 89 Por ridicula que haya sido la intervencin de Roosevelt, una cosa es clara e innegable. Roosevelt slo busca un pretexto para intervenir en Europa contra Alemania e Italia. Efecto casi inmediato de la carta del Presidente americano. El 6 de Mayo von Ribbentrop viaja a Miln, donde se entrevista con el Conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores de Italia, el cual, en nombre de Mussolini, le propone la firma de una alianza militar entre ambos pases. Recordemos que Alemania e Italia son consignatarios del Pacto Anti-Komintern y que tienen en vigencia un pacto de Amistad. Un ao antes, en Mayo de 1938, von Ribbentrop haba propuesto un pacto militar a Ciano, que lo haba rechazado en nombre del Duce. Pero esta vez la carta de Roosevelt haba trado como consecuencia echar definitivamente a Mussolini en brazos de Hitler, cuando precisamente Francia e Inglaterra hacan lo posible por separarle de l [201]. El Pacto de Acero que concretiza esa Alianza, se firma en Berln el 22 de Mayo de 1939. Su artculo 3 dice que "Alemania e Italia se comprometen a ayudarse militarmente sin paz separada ni armisticio en caso de complicaciones guerreras con una o varias potencias y ello, inmediatamente y con todas sus fuerzas militares". Haba, no obstante, una restriccin importante: la consulta recproca y previa de ambas partes [202]. Aunque ya el 30 de Mayo Mussolini escribe una carta a Hitler en la que manifiesta que las potencias del Eje necesitan de un perodo de paz no inferior a tres aos, y que, en caso de guerra, que l considera inevitable, solamente habran posibilidades de victoria si sta estallaba en 1943. "Italia - conclua Mussolini - puede movilizar proporcionalmente ms hombres que Alemania, pero la abundancia de sus efectivos se encuentra limitada, en sus efectos, por la deficencia de su material" [203]. Es decir, Italia no se encuentra preparada para una guerra. Continuando su rearme - todos se rearman, ya, abiertamente - podr estar a punto en 1943. Pero Hitler, en la conferencia con sus jefes militares del 5 de Mayo de 1937 (los Documentos Hossbach de que hablaremos ms adelante) no cree estar a punto antes de 1944. He aqu pues la situacin tras el cheque en blanco dado por el gobierno ingls a Polonia: a) Hitler ha roto con Polonia y con Inglaterra (denuncia del Pacto Germano-Polaco de 25 de Enero de 1934 y del Pacto Naval Anglo-Alemn de 18 de Junio de 1935).

b) Mussolini denuncia el Tratado Franco-Italiano de 8 de Enero de 1935 y se alia militarmente con Alemania. c) Chamberlain y Daladier, en nombre de Inglaterra y Francia, garantizan las fronteras polacas y prometen acudir en ayuda de Polonia en el momento en que sta decida que se halla en peligro. d) Roosevelt manifiesta que sostendr a "las democracias". e) Londres, Pars y Varsovia, amn de Washington, hacen clarsimas aperturas en direccin a Mosc. f) Pero Hitler, para romper el cerco diplomtico-militar, debe dar un giro de noventa grados a su poltica e inicia, igualmente, la carrera hacia Mosc. g) Habida cuenta del tono que la carta de Roosevelt a Hitler y Mussolini haba dado a la discusin, no quedaban muchas posibilidades para un nuevo Munich: los deseos de Roosevelt, segn su bigrafo y panegirista Sherwood, haban sido colmados; si ese era el objetivo que se haba fijado, lo haba conseguido plenamente. La situacin se haba convertido en explosiva. *** 90 Se ha dicho que uno de los motivos que impulsaron al gobierno britnico a dar su cheque en blanco a Polonia fue la existencia de importantes intereses ingleses en aqul pas. Es decir, que los malvados capitalistas ingleses arriesgaron una guerra para salvar sus intereses en Polonia. Pero por obtusos que fueran tales capitalistas les deba constar que sus inversiones polacas no podran ser salvadas, pues la parte que no fuera destruida por la contienda no podra escapar a la subsiguiente confiscacin por el enemigo. Por otra parte era el capital britnico en Polonia suficientemente importante para justificar el riesgo de una guerra con Alemania, incluso si existieran posibilidades de evitar su destruccin ? Un economista judo, Welliscz, afirma [204] que, en 1937, menos del 6 por ciento del capital extranjero invertido en Polonia era "britnico"; el 27 por ciento era "francs" y el 19 por ciento era "norteamericano". Ese economista nos deja sospechar que una gran parte de esos intereses "britnicos", "franceses" y "norteamericanos" eran judos. Por ejemplo, afirma que la conocida empresa de Seguros "Prudential Assurance Company" (cuyas conexiones israelitas eran tan poderosas que hizo un prstamo de medio milln de libras a la ciudad juda de Tel-Aviv en Palestina) era propietaria de la "Prudential Assurance Cy." de Varsovia, que a su vez posea intereses en las principales empresas industriales de Polonia. Pero incluso desde el desalmado punto de vista de un capitalista internacional, sus intereses en Polonia no valan la pena de una guerra que, a parte de no asegurarle que podra conservarlos, le traa el riesgo de aumentar sus problemas en otros lugares.

Aunque la guerra estallara a resultas de la disputa entre Alemania y Polonia, no fue por Polonia que Inglaterra fue a la guerra. Creemos haber demostrado que el cheque en blanco dado por Inglaterra a Polonia - y los acuerdos que seguiran y que posteriormente analizaremos - es inexplicable a menos que hubiera un factor no-britnico determinante. Ese factor no-britnico slo pudo ser el podero financiero judo actuando, no slo en favor de sus intereses financieros, sino para asegurarse de que Inglaterra entrara en guerra para proteger la existencia como grupo organizado en el Este de Europa de los judos orientales, aunque ese factor era, igualmente, secundario. Lo esencial, como prueban los testimonios que hemos presentado y que presentaremos en el curso de esta obra, era erigir una barrera entre Alemania y sus aliadas y la URSS, criatura de la Alta Finanza a la que era preciso salvar. Pero tambin - aunque, repetimos, secundariamente - deba contar el hecho admitido por el propio Times londinense de que "los judos son los principales propietarios urbanos en Polonia" [205]. Incluso un libro auspiciado por la Seccin Histrica del Ministerio de Asuntos Exteriores ingls afirmaba: "La sociedad, en Polonia, est mal distribuida. En el campo, todo el poder se halla en manos de los nobles; en las ciudades, de los judos" , y tambin: "Como las clases elevadas de Polonia tenan prejuicios contra el comercio, ste se ha convertido en un monopolio judo " [206]. Finalmente, el escritor judo Dr. Litauer asever en 1938 [207] que entre los quince primeros capitalistas de Polonia, once eran judos, y que los judos constituan ellos solos el 62 % de los profesionales del comercio y que slo un 23,5 % de ellos eran trabajadores manuales. Polonia era una especie de "ltimo refugio" de los Judos y su habitualmente importante colonia hebrea se haba casi duplicado con la llegada de los que no haban querido permanecer en Bohemia, Austria y Eslovaquia cuando los alemanes empezaron a sentar sus reales en tales territorios. Este breve anlisis de la situacin demuestra que Polonia era ms bien una inversin, o un inters judo, que no una inversin o un inters britnico. Pero insistimos: este factor de inters local judo es secundario. El factor esencial era erigir una barrera entre Alemania y la URSS. *** 91 An cuando Dantzig no es ms que un pretexto para hacer estallar la guerra, es preciso, an cuando sea con brevedad, estudiar la problemtica de la "Ciudad Libre", pues incluso un pretexto tiene gran importancia cuando de el se deriva la hecatombe de una guerra mundial. Hemos dicho "Ciudad Libre", y as es, al menos en teora, pues Dantzig, creada por la S. de N. e institucionalizada por el Tratado de Pars el 9 de Noviembre era declarada "estado

soberano" el da 15 de Noviembre de 1920. El citado Tratado de Pars regulaba sus relaciones con Polonia. Esta tena derecho aI usufructo, pero no a la propiedad, del puerto de Dantzig, el ms importante del Bltico. El gobierno polaco representaba diplomticamente a la "Ciudad Libre" en eI Extranjero, y los gastos de representacin diplomtica y consular de la misma as como la proteccin de sus nacionales en el Extranjero corran a cargo de Polonia. El gobierno polaco no poda concluir ningn acuerdo o tratado internacional que concerniera a la Ciudad de Dantzig sin consultar previamente con los rganos de gobierno de sta. El resultado de sta consulta debe ser comunicado por ambas partes al Alto Comisario de la S. de N. En todos los casos, dicho Alto Comisario tiene el derecho a oponer su veto a todo acuerdo internacional, si estimaba que sus clusulas se hallan en contradiccin con el estatuto de la "Ciudad Libre". Dantzig tiene derecho a negociar emprstitos exteriores, pero necesita el asentimiento del gobierno polaco. En caso de no lograrse tal consentimiento, ambas partes se someten al arbitraje del Alto Comisario de la S. de N. "La Ciudad Libre" tiene derecho a usar un pabelln comercial para su flota, as como de dos caoneras que constituyen su minscula flota de guerra. Los navos de pabelln polaco gozan en el puerto de Dantzig de los mismos derechos que los navos de la "Ciudad Libre". En cuanto a la Zona Franca del Puerto de Dantzig se encuentra bajo la administracin y el control de un "Consejo del Puerto y de las vas fluviales de Dantzig". Dicho "Consejo" est formado por representantes del gobierno polaco, de la "Ciudad Libre" y de la S. de N. Toda modificacin a realizar en el Puerto o su reglamento deber ser aprobada por el "Consejo". Si una decisin del "Consejo" relativa al Puerto no era del agrado del gobierno de la Ciudad Libre o del gobierno polaco, stos tenan quince das para interponer recurso ante la S. de N. Dantzig y Polonia forman una unin aduanera, sometida a la legislacin y las tarifas polacas. No obstante, Dantzig constituye, desde el punto de vista aduanero, una ciudad administrativa confiada a funcionarios de la "Ciudad Libre". La polica de extranjeros sobre el territorio de la "Ciudad Libre" es ejercida por el gobierno de sta. El Captulo III del Tratado de Pars se refiere a la institucin y a las atribuciones del Consejo del Puerto y de las vas fluviales de Dantzig. Ese Consejo comprende un nmero igual de comisarios polacos y dantziqueses, escogidos respectivamente, con un mnimo de cinco por bando, por el gobierno y por el de la "Ciudad Libre". El Presidente era un suizo, designado por la S. de N., a la que deba rendir cuentas. Las vas frreas de Dantzig dependan de la "Ciudad Libre", pero dentro del recinto de Puerto dependan del "Consejo". Las restantes vas frreas, los tranvas y toda otra va de comunicacin que sirviera a las necesidades de la "Ciudad Libre&q