Diplomatura Virtual Sanmartiniana: Segundo Módulo -
San Martín en Buenos Aires, Familia y Pensamiento
Político
Aclaraciones Preliminares
Previo a la presentación de los disertantes, se realizan las siguientes aclaraciones respecto a
las consultas recurrentes sobre la cursada:
● La asistencia y la aprobación de la diplomatura se registrarán mediante la respuesta a
seis o siete preguntas que se formularán por cada dos módulos (es decir, cada seis
clases).
● Quienes contesten correctamente las preguntas y cumplan con este requisito recibirán un
certificado de aprobación.
● Aquellos que opten por no contestar las preguntas recibirán un certificado de asistencia.
Presentación de Disertantes
En la clase de hoy, correspondiente al inicio del segundo módulo, expondrán:
● Florencia Groso, docente académica sanmartiniana, quien disertará sobre "San Martín
en Buenos Aires", enfocándose en su vida familiar y relaciones sociales.
● El Dr. Ariel Eiris, doctor en Historia, becario del CONICET y miembro de la Academia
Sanmartiniana, quien se referirá a los aspectos políticos de la vida de San Martín en
Buenos Aires.
Primera Parte: San Martín y sus Lazos Familiares
A cargo de Florencia Groso
El Círculo Familiar y los Valores Heredados
El General Don José de San Martín, figura central de la emancipación americana, fue un
hombre austero y de vida privada discreta, casi misteriosa. Regresó a su patria con el firme
propósito de luchar por su libertad, una empresa colosal que demandó su máxima atención y lo
llevó a posponer estoicamente afectos e intereses personales. No obstante, su reserva
ocultaba una profunda sensibilidad humanista, cualidad que demostró con hechos,
especialmente hacia las mujeres de su círculo familiar directo, al que siempre prestó solícita y
cariñosa atención, erigiéndose como su protector y guía.
Su madre, Gregoria Matorras, nacida en 1738 en Paredes de Navas, Palencia (Castilla la
Vieja), le legó, junto a su padre Juan de San Martín (nacido en Cervatos de la Cueza, Palencia,
en 1728), la modestia, el tesón sacrificado y una honradez intachable. Gregoria arribó al Río de
la Plata en 1767 en compañía de su primo hermano, Jerónimo Matorras, quien ya se
encontraba afincado en Buenos Aires y estaba casado con Manuela de Aoiz y Larrazábal.
Manuela era hermana de Tomasa de Aoiz y Larrazábal, futura abuela de Tomasa de la
Quintana de Escalada, madre de Remedios, lo que establece un lejano parentesco político
entre San Martín y su esposa.
Jerónimo Matorras, tío segundo del Libertador, amasó una considerable fortuna en estas
tierras, donde ocupó los cargos de regidor, alcalde de segundo voto y alférez real. Viajó a
España para obtener del rey la gobernación del Tucumán, desde donde emprendió el
ambicioso proyecto de pacificar el Gran Chaco Gualamba, logrando un acuerdo con el temible
cacique Paiquín, lo que le granjeó fama de pacificador en todo el virreinato. Con permiso real,
trajo consigo a su prima Gregoria, entonces de 26 años, quien vivió bajo su protección en la
casona de Jerónimo y Manuela hasta su matrimonio con Juan de San Martín.
La boda se realizó por poder el 1 de octubre de 1770, ya que Juan de San Martín había sido
destinado a Calera de las Vacas, en la Banda Oriental. Allí nacieron sus tres primeros hijos:
María Elena (1771), Manuel Tadeo (1772) y Juan Fermín (1774). Posteriormente, con Juan de
San Martín como teniente de gobernador en Yapeyú, nacieron Justo Rufino (1776) y José
Francisco, nuestro Libertador (1778).
José Francisco vivió poco tiempo en Yapeyú; en 1780, junto a su madre y hermanos, se
trasladó a Buenos Aires, donde más tarde se les uniría su padre. En 1783, a pedido de Don
Juan, la familia completa partió hacia España. Don Juan falleció en Málaga en 1796. José
Francisco, a los 11 años, ingresó al regimiento de Murcia, iniciando así su carrera militar.
Gregoria Matorras falleció en Orense, Galicia, en 1813, el mismo año en que su hijo José
Francisco, ya casado, obtenía los laureles de San Lorenzo en Buenos Aires. En su testamento
de 1803, Gregoria dejó constancia de la austeridad de su hijo al manifestar: "Pero sí puedo
asegurar que el que menos costo me ha tenido es José Francisco".
Vínculos Fraternos y Filiales en la Distancia
En Europa, San Martín mantuvo contacto con pocos familiares. Sus hermanos permanecieron
leales a la monarquía española, sirviendo en sus ejércitos o como funcionarios. Justo Rufino,
su compañero de infancia, fue quien estuvo más cercano a él en Bélgica y Francia, facilitando
la recomposición parcial del núcleo parental al intermediar en la correspondencia con su
hermana María Elena. Esta aproximación a la situación económica de su hermana y sobrina
impulsó a San Martín a incluir en su testamento de 1844 una disposición para que su hija
Mercedes suministrara una pensión anual a María Elena y, a su fallecimiento, una menor a su
sobrina Petronila, evidenciando su fuerte sentido del deber y pertenencia familiar. Petronila, por
su parte, desarrolló una exitosa carrera como pintora, siendo nombrada académica
supernumeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1830.
Regreso a la Patria y Formación de un Nuevo Hogar
En 1812, a los 34 años, José de San Martín regresó al Río de la Plata ostentando el grado de
teniente coronel y una vasta experiencia militar, habiéndose destacado en combates en África y
Europa contra ejércitos napoleónicos y siendo condecorado por su valor. El Triunvirato le
encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo. En el mismo navío viajó
Carlos de Alvear, quien lo introdujo en las tertulias de las principales casas de Buenos Aires.
Ese mismo año, conoció y contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada y de la
Quintana, quien acababa de cumplir 15 años. Remedios, nacida en Buenos Aires el 20 de
noviembre de 1797, era hija de Antonio José de Escalada y Tomasa de la Quintana, y
pertenecía a una burguesía opulenta, ilustrada y de ideas liberales que adhirió tempranamente
a la Revolución de Mayo, poniendo su fortuna al servicio de la causa independentista. Según la
tradición, San Martín, al conocerla, exclamó: "Esa mujer me ha mirado para toda la vida".
La boda se celebró en la Catedral de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1812, en una
ceremonia privada oficiada por el presbítero Luis José Chorroarín, siendo padrinos Carlos
María de Alvear y su esposa, Carmen Quintanilla. La misa de velación, que completaba el rito
matrimonial, tuvo lugar una semana después, el 19 de septiembre. El matrimonio se concretó
tras una breve oposición de los padres de Remedios, motivada por el desconocimiento de la
figura de San Martín, aunque no podían ignorar su parentesco con los Matorras. El propio San
Martín creía que sus parientes Matorras en Buenos Aires, al seguir siendo realistas, no
buscaron contacto con él. La principal oponente fue su suegra, Tomasa de la Quintana,
mientras que su suegro, Antonio José de Escalada, lo apoyó decididamente, brindando su casa
y fortuna para la creación del regimiento de Granaderos, y refiriéndose a San Martín en una
carta como "hijo mío muy amado", a lo que San Martín respondía llamándolo "amado padre" y
firmando como "Pepe".
Vida Familiar en Mendoza
En 1814, San Martín fue nombrado gobernador intendente de Cuyo y se estableció en
Mendoza. Su impaciencia por reunirse con su esposa fue notoria, manifestándose en cartas a
sus suegros y al Director Supremo Posadas, quien le respondió: "En breve tendrá allí a su
costilla en cuya amable compañía hará una vida tranquila y deliciosa". A pesar de las tensiones
inherentes a la formación del Ejército de los Andes, el tiempo en Mendoza fue el más feliz de
su corta vida conyugal. Remedios acompañó a su esposo y colaboró activamente en la
empresa libertadora. A instancias de San Martín, y tras un bando emitido el 5 de junio de 1815
solicitando colaboración popular, Remedios encabezó el grupo de damas mendocinas que
donaron sus joyas para la campaña. A fines de 1816, Remedios y sus amigas, con la ayuda de
las monjas de la Buena Enseñanza, confeccionaron y bordaron la Bandera de los Andes, que
fue jurada en la Plaza Mayor de Mendoza el 5 de enero de 1817.
El cronista de Cuyo, Damián Hudson, brinda detalles de la vida cotidiana del matrimonio.
Josefa Corvalán de Cavanagh, esposa del General Luis G. Aliaga (quien reemplazó
interinamente a San Martín como gobernador), fue amiga íntima de Remedios, con quien solía
pasear por la Alameda y compartir momentos sociales en compañía de sus esposos. La
felicidad del hogar se coronó el 24 de agosto de 1816 con el nacimiento de su hija, Mercedes
Tomasa, "la infanta mendocina".
Separación, Enfermedad y Legado de Remedios
Tras la liberación de Chile, San Martín regresó en 1818 con la intención de buscar a su familia
para continuar la campaña. Sin embargo, la tuberculosis que padecía Remedios le impidió
viajar. El viajero norteamericano Enrique Brackenridge testimonió el deseo de Remedios de
seguir a su esposo, siendo disuadida con dificultad. El 27 de marzo de 1819, Remedios partió
de Mendoza hacia Buenos Aires, acompañada por su hermano Mariano y en un estado de
salud tan delicado que pidió a su tío, Hilarión de la Quintana, que su galera fuera seguida por
un ataúd. Nunca más volverían a verse. San Martín zarpó hacia el Perú el 20 de agosto de
1820. Brackenridge describió a Remedios como "muy deprimida de espíritu por su ansiedad a
causa de su marido a quien... era devotamente apegada", y su matrimonio como un ejemplo de
felicidad.
Luego de la entrevista de Guayaquil, San Martín regresó a su chacra mendocina en septiembre
de 1822, buscando refugio y dedicándose prioritariamente a la salud de Remedios, quien
agonizaba en Buenos Aires. Ella falleció el 3 de agosto de 1823, a los 25 años, y fue sepultada
en el Cementerio del Norte (hoy Recoleta). San Martín, que había decidido viajar a la capital
para darle el último adiós, vio frustrados sus propósitos por amenazas políticas de la
administración de Rivadavia, temiendo un ultraje que mancillara su honor y la legitimidad de su
gesta.
La confianza de San Martín en la capacidad de Remedios quedó plasmada en dos testamentos
redactados en vida de ella. El primero, del 22 de octubre de 1818, le confería un poder
amplísimo para administrar todos sus bienes, una actitud de avanzada para una época en que
la mujer casada era considerada legalmente incapaz. Gracias a este poder, Remedios tomó
posesión de la casa obsequiada a San Martín frente a la Plaza de Mayo y gestionó los
intereses familiares en Mendoza, incluyendo la chacra y el molino en Los Barriales,
manteniendo correspondencia con el administrador Pedro Advíncula Moyano. En el segundo
testamento, fechado el 29 de septiembre de 1820 a bordo de la goleta Moctezuma, dispuso
que, en caso de perecer, sus papeles reservados fueran entregados a su esposa, una decisión
de gran trascendencia que subraya su profunda confianza en ella. Antes de partir al exilio
definitivo con su hija en 1824, San Martín ofrendó a Remedios una lápida con el sencillo
epitafio: "Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del General San Martín".
Mercedes: Consuelo y Continuidad
Tras la muerte de Remedios, el Libertador llegó a Buenos Aires el 4 de diciembre de 1823 para
buscar a su hija Mercedes, con quien decidió partir a Europa. Esta decisión generó un
dramático enfrentamiento con la abuela materna, Tomasa de la Quintana, quien había criado a
la niña. El 10 de febrero de 1824, San Martín se embarcó con Mercedes, a quien apenas
conocía, rumbo a Europa en el navío "Le Bayonnais".
La educó personalmente, demostrando ser severo cuando era necesario, pero también tierno y
cariñoso, lo que forjó una profunda devoción en Mercedes, quien lo llamaba "tatita". Su
educación fue prioritaria: primero en un pensionado inglés y luego en Francia. En 1825 redactó
para ella las célebres "Máximas", un código de vida virtuosa. Manifestó a Guido su satisfacción
por la transformación de Mercedes, antes "un verdadero diablotín" por el excesivo cariño de su
abuela, y sus progresos en idiomas, dibujo y música. El historiador Vicuña Mackenna destacó
la educación excepcional de Mercedes, especialmente en la pintura al óleo, un talento presente
en la familia San Martín.
En 1828, durante un frustrado intento de regreso a la patria, San Martín dejó a Mercedes en
Bruselas al cuidado de su hermano Justo. Posteriormente, se instalaron en París y luego en
Montmorency, donde ambos enfermaron de cólera. Mariano Balcarce, hijo del General Balcarce
(camarada de San Martín), llegado de Londres, los cuidó solícitamente, aunque no era médico.
Esta cercanía derivó en un amor correspondido entre Mariano y Mercedes, que contó con la
plena aprobación de San Martín, quien valoraba en Mariano "una honradez a prueba", cualidad
que consideraba esencial para la felicidad de su hija.
Mercedes y Mariano se casaron el 13 de diciembre de 1832 y poco después viajaron a Buenos
Aires. San Martín encargó a Mariano traer de Mendoza su sable corvo, que deseaba para un
futuro nieto. En Buenos Aires nació, en octubre de 1833, la primera nieta, María Mercedes,
apadrinada por su bisabuela Tomasa de la Quintana y por Mariano Moreno hijo. De regreso en
Francia, nació la segunda nieta, Josefa Dominga ("Pepita"), el 14 de julio de 1836. San Martín
expresó a su amigo Pedro Molina su alegría por sus dos nietecitas, que contribuían a hacerle
"más llevaderos mis viejos días".
La familia se estableció en Grand Bourg, una residencia campestre cerca de París, donde San
Martín llevó una vida apacible dedicada a la lectura, la jardinería, la carpintería y el cuidado de
sus armas. Se creó un sólido vínculo entre el abuelo y sus nietas, a quienes llamaba "tatita" o
"Cosac". Una anécdota refiere que entregó su medalla de Bailén a María Mercedes para calmar
su llanto, expresando: "¿Para qué sirve una medalla si no alcanza a calmar el llanto de una
niña?". El hogar fue visitado por compatriotas como Florencio Varela y Juan Bautista Alberdi,
quienes dejaron testimonios del ambiente familiar y la educación de las niñas.
El Libertador falleció el 17 de agosto de 1850, rodeado de su familia. En su testamento de
1844, dejó a Mercedes como heredera, legó su sable a Rosas y expresó su profundo amor por
su hija y nietas, pidiendo que su corazón fuera depositado en el cementerio de Buenos Aires.
No llegó a presenciar la muerte de su nieta mayor, María Mercedes, en 1860. Tras el
fallecimiento del Libertador, Mariano y Mercedes adquirieron una casa en Brunoy, donde fueron
enterrados San Martín y María Mercedes. Mercedes falleció en 1875 y Mariano en 1885. Los
restos de San Martín fueron repatriados en 1880; los de Mercedes, Mariano y María Mercedes
fueron trasladados a Mendoza en 1951 y depositados en la Basílica de San Francisco.
Josefa Dominga Balcarce y San Martín, "Pepita", permaneció en Francia. Se casó con el
diplomático mexicano Fernando Gutiérrez de Estrada y no tuvo descendencia. Mujer de gran
personalidad, conservó con devoción las reliquias de su abuelo, enviando valiosos documentos
al General Mitre para su monumental obra histórica. En 1895, donó los muebles de San Martín
al Museo Histórico Nacional. Tras la muerte de su esposo, creó en 1905 la Fundación Balcarce
y Gutiérrez de Estrada en Brunoy para albergar ancianos pobres. Durante la Primera Guerra
Mundial, transformó su casa en un hospital de sangre, atendiendo a heridos franceses y
alemanes, lo que le valió la Legión de Honor. Legó propiedades al Patronato de la Infancia de
Buenos Aires y a la Sociedad Filantrópica de París.
La presencia femenina en la vida del Libertador, especialmente su hija Mercedes, fue una luz
en sus últimos años, asegurando la paz espiritual y el cuidado del prócer, quien en su juventud
había ofrendado su bienestar por la patria.
Segunda Parte: Influencias Políticas e Intelectuales en San Martín
A cargo del Dr. Ariel Eiris
Formación Intelectual Ecléctica
Si bien la formación de José de San Martín fue esencialmente militar, su trayectoria evidencia
una notable influencia intelectual y política. A los 11 años ingresó al Colegio de Temporalidades
de Málaga, donde recibió una educación básica propia de la monarquía borbónica absolutista,
incluyendo matemáticas, gramática, latín, y conocimientos religiosos y filosóficos alineados con
el absolutismo (como los de Bossuet). Sin embargo, San Martín accedió a otros textos e
influencias, lo que resultó en un pensamiento ecléctico y heterogéneo. Se nutrió de la tradición
escolástica (los jesuitas habían sido los anteriores propietarios del colegio), de la Ilustración
francesa no absolutista (Voltaire es un ejemplo, y sus obras se encontraban en la biblioteca de
San Martín) y de pensadores del derecho natural del Sacro Imperio Romano Germánico como
Hugo Grocio y Pufendorf. Además de estos intereses, cultivó la música y el dibujo.
Su carrera militar, iniciada a los 14 años, le proveyó conocimientos técnicos y una fuerte base
matemática. Su vasta erudición, no obstante, provino más de sus intereses personales que de
su formación reglada, como lo demuestra su biblioteca privada, que trajo en gran medida a
Buenos Aires en 1812 y que contenía obras sobre agricultura, matemáticas, filosofía, teología e
historia. Esta amplitud de conocimientos caracterizaba a las figuras de la época preocupadas
por el contexto político y social, máxime en un período de revoluciones atlánticas.
El Contexto Revolucionario y la Decisión del Regreso
San Martín inició su carrera militar en 1789, año del estallido de la Revolución Francesa, y se
desarrolló profesionalmente en este convulsionado contexto político internacional. Como oficial
del rey, defendió la monarquía absolutista hasta la crisis de 1808, desencadenada por la
invasión napoleónica a España y la "farsa de Bayona", que resultó en el cautiverio de Fernando
VII. Participó en la guerra de independencia española contra Napoleón, destacándose en la
batalla de Bailén. La caída de la Junta Central de Sevilla en 1810 y la formación del Consejo de
Regencia en Cádiz –de cuestionada legitimidad y escasa representación– marcaron un punto
de inflexión. En este marco, San Martín viajó a Londres, entonces aliada de España y Portugal,
y junto a otros oficiales criollos como Carlos de Alvear y Matías Zapiola, decidió regresar a
Buenos Aires para unirse al proceso revolucionario iniciado dos años antes.
La Buenos Aires Revolucionaria y el Pensamiento de San Martín
A su llegada en marzo de 1812, Buenos Aires ya llevaba dos años de revolución. El Cabildo
Abierto del 22 de mayo de 1810 había desconocido al Consejo de Regencia, destituido al Virrey
Cisneros y establecido una junta de gobierno en nombre de Fernando VII. Inicialmente, la
revolución buscaba autonomía política, un gobierno representativo local y apertura comercial,
sin plantear abiertamente la independencia, como se observa en los escritos de Mariano
Moreno y las proclamas gubernamentales. Sin embargo, la guerra desatada contra los
territorios que no reconocieron a la nueva autoridad (Montevideo, Paraguay y el Alto Perú) llevó
a una radicalización del proceso entre 1810 y 1812. Aunque no se hablaba explícitamente de
independencia, comenzaron a surgir elementos identitarios y una retórica más exaltada. La
necesidad de concentrar el poder en el marco de la guerra condujo a la transformación de la
Junta Grande en el Primer Triunvirato, influenciado por las ideas de Moreno sobre un ejecutivo
reducido y un congreso legislativo. En este contexto de militarización y transformación social,
aparecieron símbolos como la escarapela, la bandera y el himno.
Cuando San Martín arribó, el Primer Triunvirato, con Bernardino Rivadavia como figura
principal, buscaba relaciones cordiales con los focos de resistencia, mientras que un grupo más
radical, heredero del pensamiento de Moreno y nucleado en la Sociedad Patriótica bajo el
liderazgo de Bernardo de Monteagudo, planteaba la necesidad de avanzar hacia la libertad
política. San Martín, Alvear y Zapiola llegaron con una visión aún más radical: desde su
perspectiva europea y ante la situación de España, entendían que la independencia era el
único camino para consolidar el proceso revolucionario.
Estos militares recién llegados confluyeron con la Sociedad Patriótica, formando la Logia
Lautaro, a la que también se integró Monteagudo. Las dos consignas principales de la Logia
fueron "Independencia y Constitución". El pensamiento de San Martín se articulaba en torno a
dos máximas: la libertad (entendida como división de poderes y respeto por las libertades
civiles y políticas, en oposición al absolutismo) y el orden (o unidad, garantizado por una
constitución que diera estabilidad al gobierno).
La Logia Lautaro y la Lucha por la Independencia
Rivadavia relegó a San Martín y sus compañeros a la formación del regimiento de Granaderos
a Caballo, manteniendo el control político. Sin embargo, la conspiración de Álzaga y,
fundamentalmente, la victoria de Belgrano en Tucumán (septiembre de 1812) –desobedeciendo
las órdenes de Rivadavia de retroceder hasta Córdoba– fortalecieron la posición de la Logia
Lautaro y la Sociedad Patriótica. Estos sucesos permitieron impulsar un cambio político,
argumentando que la revolución necesitaba un gobierno comprometido con los ideales que el
Primer Triunvirato no estaba promoviendo. Así, el 8 de octubre de 1812, una revolución depuso
al Primer Triunvirato e instaló el Segundo Triunvirato, integrado por hombres de la Logia y la
Sociedad Patriótica (Álvarez Jonte, Rodríguez Peña y Juan José Paso).
Este nuevo gobierno convocó inmediatamente a la Asamblea del Año XIII, la primera institución
que no juró fidelidad a Fernando VII, sino a la Nación, con el objetivo de declarar la
independencia y sancionar una constitución. En este período, Alvear asumió un rol político
preponderante como presidente de la Asamblea, mientras San Martín se enfocó en lo militar,
logrando la victoria de San Lorenzo, que aumentó la confianza en la Asamblea.
A fines de 1813 y principios de 1814, el contexto internacional y militar cambió abruptamente:
Belgrano sufrió derrotas en el Alto Perú (Vilcapugio y Ayohúma), y la caída de Napoleón y el
inminente regreso de Fernando VII al trono español se hicieron evidentes. Esta nueva situación
provocó una división en la Logia Lautaro: San Martín, enviado a reemplazar a Belgrano,
sostuvo la necesidad de continuar avanzando hacia la independencia y la constitución,
concibiendo su Plan Continental como la vía para asegurar estos objetivos. Alvear, en Buenos
Aires, priorizó la diplomacia y la negociación con el restaurado Fernando VII. Las tensiones
entre ambos crecieron, y el gobierno central cambió del Triunvirato al Directorio (primero con
Posadas, tío de Alvear, y luego con el propio Alvear). Los enviados diplomáticos a Europa
(Belgrano, Rivadavia, Sarratea) constataron la postura absolutista y hostil de Fernando VII,
quien incluso anuló la Constitución liberal de Cádiz de 1812. Ante este panorama, Alvear
exploró acuerdos con otras monarquías, como un posible protectorado británico, mientras San
Martín insistía en que la declaración de independencia era el único camino viable.
El Directorio de Alvear también enfrentó conflictos internos, como el levantamiento de los
caudillos del Litoral liderados por José Gervasio Artigas, quien proponía un modelo federal
alternativo al centralismo porteño y llegó a conformar la Liga de los Pueblos Libres,
separándose de las Provincias Unidas. El intento de Alvear de sofocar esta disidencia enviando
un ejército al mando de Ignacio Álvarez Thomas terminó con la sublevación de Fontezuela en
abril de 1815, que provocó la caída de Alvear.
Álvarez Thomas asumió como Director provisorio y sancionó el Estatuto de 1815, que clausuró
la Asamblea del Año XIII y convocó a un nuevo congreso en Tucumán con los objetivos de
declarar la independencia y sancionar una constitución. San Martín apoyó fervientemente esta
convocatoria, y sus hombres de confianza comenzaron a ocupar cargos relevantes.
San Martín y la Organización Nacional
San Martín abogó siempre por un gobierno de unidad fuerte. En correspondencia con Tomás
Guido, expresó su temor ante la palabra "federación", refiriéndose al proceso secesionista
liderado por Artigas, a quien, al igual que Álvarez Thomas, instó a enviar representantes al
Congreso de Tucumán para lograr la unidad necesaria. Artigas, sin embargo, rechazó esta
propuesta. San Martín no negaba la validez de los sistemas republicano o federal, pero
consideraba que, en el contexto de guerra y desunión del Río de la Plata, estos modelos no
eran aplicables y que se necesitaba un gobierno de unidad, incluso bajo la forma de una
monarquía constitucional o "atemperada", que garantizara el orden y al mismo tiempo respetara
los principios liberales de división de poderes y derechos civiles y políticos. Esta preocupación
por el orden y el equilibrio con las libertades lo llevó a oponerse a la gestión de Alvear, a quien
llegó a tildar de "tirano" por su centralización autoritaria del poder.
En 1816, San Martín impulsó activamente la declaración de independencia a través de los
diputados cuyanos en el Congreso de Tucumán (Laprida, Santa María de Oro, Godoy Cruz).
Coincidió con Belgrano, recién regresado de su misión diplomática, en la imposibilidad de
negociar con Fernando VII y en la necesidad de declarar la independencia y ejecutar el Plan
Continental para consolidarla. Ambos líderes se mostraron partidarios de proyectos
monárquicos (Belgrano el de una monarquía incaica, San Martín opciones europeas) como
forma de lograr el orden interno y el reconocimiento internacional en el contexto de la
Restauración monárquica europea, sin que ello implicara renunciar a los principios liberales.
A lo largo de su carrera, San Martín mostró reticencia a involucrarse en las guerras civiles, pues
estas contradecían su ideal de unidad. Su correspondencia revela una moral estoica y un
profundo respeto por el americano, afirmando: "Mi único partido es el partido americano". Hasta
el final de sus días, abogó por la consolidación del estado que había ayudado a independizar
pero que aún luchaba por organizarse definitivamente.