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HM 302 R5 Huerta

Territorio, Iglesia y sociedad. Francisco Antonio Lorenzana y su visita a la Arquidiócesis de México, 1767-1769, editada por José María García Redondo y Salvador Bernabéu Albert, constituye una valiosa contri bución al estudio de la Iglesia novohispana en el siglo xviii y, en par ticu lar, al papel de las visitas pastorales como herramienta de gobierno eclesiástico, conocimiento territorial y reforma clerical en el virreinato.

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Territorio, Iglesia y sociedad. Francisco Antonio Lorenzana y su visita a la Arquidiócesis de México, 1767-1769, editada por José María García Redondo y Salvador Bernabéu Albert, constituye una valiosa contri bución al estudio de la Iglesia novohispana en el siglo xviii y, en par ticu lar, al papel de las visitas pastorales como herramienta de gobierno eclesiástico, conocimiento territorial y reforma clerical en el virreinato.

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Historia Mexicana, lxxvi: 2 (302), oct.-dic.

2026, ISSN 2448-6531


DOI: [Link]

José María García Redondo y Salvador Bernabéu Albert (eds.),


Territorio, Iglesia y sociedad. Francisco Antonio Lorenzana y su
visita a la Arquidiócesis de México, 1767-1769, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, El Colegio de Michoacán, 2022,
452 pp. ISBN 978-607-306-121-6

Territorio, Iglesia y sociedad. Francisco Antonio Lorenzana y su visita


a la Arquidiócesis de México, 1767-1769, editada por José María García
Redondo y Salvador Bernabéu Albert, constituye una valiosa contri-
bución al estudio de la Iglesia novohispana en el siglo xviii y, en par­
ticu­lar, al papel de las visitas pastorales como herramienta de gobierno
eclesiástico, conocimiento territorial y reforma clerical en el virreinato.
La obra se centra en las visitas realizadas por el arzobispo Francisco
Antonio de Lorenzana y Buitrón, una de las figuras más destacadas del
episcopado ilustrado en la Nueva España. Su paso por la arquidiócesis
de México dejó una impronta disciplinaria y pastoral, pero también
un interés genuino por registrar, sistematizar y transformar la vida
eclesiástica de su tiempo. En este sentido, esta investigación ofrece
una mirada privilegiada a los mecanismos de control y observación
desplegados por la Iglesia en el ámbito virreinal, lo que permite cono-
cer las estructuras institucionales, las dinámicas sociales y los procesos
culturales de las comunidades visitadas.
La edición se distingue por su rigor crítico y por la riqueza docu-
mental, la cual pone a disposición del lector diversos elementos para
comprender los modos de articulación entre poder eclesiástico, terri-
torio y sociedad. Sus editores no sólo han rescatado y contextualizado
los registros de las visitas, sino que han acompañado el corpus docu-
mental con un aparato crítico sólido, introducciones que enmarcan
históricamente el contenido y notas que facilitan su comprensión. La
edición está conformada por cinco documentos: unos se localizan en
el Archivo Histórico del Arzobispado de México y otros en la Biblio-
teca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana. Uno de
los méritos de este trabajo editorial es que permite valorar en su justa
dimensión la relevancia de las fuentes y la complejidad del fenómeno
RESEÑAS

de la visita pastoral. Permite comprender que las visitas no eran úni-


camente un acto religioso, sino también una práctica administrativa,
territorial y política. Todo ello hace de este libro una pieza fundamen-
tal para entender la acción pastoral de Lorenzana como parte de un
proyecto más amplio de renovación y control del tejido eclesial en la
Nueva España.
Para mostrar la riqueza documental que brinda esta obra he identifi-
cado cuatro líneas temáticas, mediante las cuales destacan las prin­cipa­
les preocupaciones y disposiciones del arzobispo durante sus visitas.
Es pertinente mencionar que los datos presentados en las visitas tienen
un alto valor estadístico, pues con ellos es posible realizar estimaciones
demográficas, por castas, regiones orográficas, hidrográficas, e incluso
lingüísticas. Las que aquí se presentan son sólo algunas de las posibili-
dades que ofrece la riqueza documental de esta investigación.
La primera línea temática que se advierte a lo largo de la investiga-
ción es la justicia eclesiástica. Por medio de ella, el arzobispo reafirmó
su autoridad pastoral y judicial sobre la vasta red de curas y jueces
eclesiásticos del arzobispado. Entre este tipo de acciones se encuentran
la prohibición a frailes y ministros para presidir cabildos o aprobar
cuentas, asunto reiterado en numerosas ocasiones, ya que era una
función reservada al juez eclesiástico. Es decir, la visita no fue mera-
mente administrativa, sino que tuvo como propósito corregir abusos,
reforzar la disciplina clerical y asegurar la rectitud en la administración
espiritual y temporal de las parroquias.
Durante su visita, Lorenzana enfatizó la necesidad de una atención
a los fieles mediante la presencia efectiva de vicarios en las parroquias
para asegurar la pronta administración de sacramentos, ordenó que
los vicarios no pudieran ser removidos sin licencia episcopal, mandó
mejorar el archivo del juzgado eclesiástico con inventarios claros y
detallados, prohibió las juntas de hermandades no aprobadas e ins-
truyó al juez a castigar los pecados públicos y cumplir cabalmente los
autos de visita. En definitiva, el arzobispo actuó como juez supremo y
visitador general, garantizando que los jueces eclesiásticos locales no
solo fueran eficaces, sino que actuaran y procedieran con rectitud, y
que mantuvieran la subordinación a la sede arzobispal. Esta dimensión
de justicia no puede separarse de su sentido pastoral: se trataba de
RESEÑAS

restaurar el orden y la paz eclesial conforme a la verdad del Evangelio


y el derecho canónico.
Otra línea que puede proponerse se refiere a la observación y
el control pastoral que Lorenzana buscó ejercer sobre cofradías y
congregaciones. Estas corporaciones eran esenciales para la articu-
lación de la vida religiosa de los pueblos, y por ello fueron objeto de
especial atención durante la visita. Lorenzana inspeccionó sus libros,
constituciones, así como inventarios de bienes y rentas, para verificar
que sus fines fueran piadosos y que su administración no derivara en
desorden o abuso. Impulsó en consecuencia la organización sistemá-
tica de cuentas, inventarios, elección de mayordomos y rendición de
gastos con respaldo documental. Asimismo, denunció intereses usura-
rios en cofradías, prohibió rifas con fines religiosos y perdonó deudas
a comunidades empobrecidas, mostrando un pragmatismo pastoral.
El arzobispo no dudó en ordenar la extinción o la fusión de algunas
entidades, imponer reformas estatutarias y exigir la regularización
de cuentas.
Numerosas cofradías fueron extinguidas por no contar con fon-
dos, no tener constituciones o por generar gastos excesivos a los indios,
como ocurrió en Tlalmanalco, Tula o San Juan del Río. Sus bienes
fueron aplicados a otras corporaciones más estables. En algunos casos,
como en Hueyapan, las hermandades fueron transformadas en cofra-
días o unificadas, y se prohibió la recaudación de limosnas sin licencia
por considerarse abusivas. En Iztapalapa revocó una constitución de
una cofradía que discriminaba a los pobres enfermos, y mandó que se
les administraran sacramentos en sus casas. Estas acciones revelan una
concepción eclesiástica del bien común, en la que la piedad, la memoria
de los difuntos y la asistencia a los pobres debían estar garantizadas por
un orden justo y transparente. La visita puede leerse, en este sentido,
como un espacio de intervención directa sobre las economías locales de
la salvación, donde el arzobispo vela tanto por la corrección doctrinal
como por la salud fiscal del entramado religioso.
Una tercera línea temática agrupa las regulaciones efectuadas sobre
la vida común, la administración y la caridad. Por ello, la inspección
a conventos de religiosas y hospitales demuestra el compromiso del
arzobispo con la disciplina religiosa y la caridad institucional. En San
Juan del Río visitó un convento de recogidas y un hospital, a los que
RESEÑAS

dio limosna. Se examinaron las reglas de vida, las condiciones materia-


les de los edificios, la alimentación de las religiosas, la administración
de rentas y la fidelidad a los votos. Las correcciones buscaban no sólo
restaurar la observancia regular, sino también asegurar que estos espa-
cios funcionaran como verdaderas casas de Dios y servicio al prójimo.
En lo que respecta a los hospitales, se revisaron también las condicio-
nes de los enfermos, la moralidad de sus administradores y el destino
de los fondos piadosos.
La cuarta línea puede centrarse en el Edicto de pecados públicos,
en el que se tratan la blasfemia, la embriaguez, los juegos prohibi-
dos, la ociosidad y los escándalos. Lorenzana exhortó a una con-
versión concreta, reforzada por la instrucción en los sacramentos, la
devoción eucarística y el cumplimiento de la doctrina cristiana. Esta
dimensión se integraba plenamente al proyecto de justicia pastoral
porque buscaba restaurar el orden moral. En ese sentido, Lorenzana
interpreta el desorden como un signo visible del debilitamiento de la
caridad, de la relajación de las costumbres cristianas y de la pérdida de
conciencia jerárquica.
Por ello, la visita no buscó simplemente inspeccionar, sino también
restaurar. Se mandó componer altares “con más decencia”, quitar
imágenes “indecentes”, cerrar puertas de comunicación entre casa
cural y casas profanas, suprimir danzas y músicas impropias de los días
festivos, y corregir los gastos superfluos o injustificados de las cofra-
días. Estas acciones no son sólo meras expresiones de moralismo sino
operaciones concretas de reforma que buscaron restaurar el orden
cristiano en su doble dimensión: simbólica y social.
En conclusión, se puede describir la visita pastoral de Lorenzana
como una obra de gobierno que conjugó justicia, memoria y correc-
ción. Cada acción tuvo como horizonte la salvación de las almas y el
restablecimiento del orden cristiano. El arzobispo aparece movido por
una visión integral del deber pastoral, en la que el orden temporal, la
disciplina eclesiástica y la piedad se conjugan para edificar una Iglesia
justa, conforme al evangelio y al derecho canónico tridentino sin
dejar de defender sus propios intereses eclesiásticos e incluso reales.
Sin duda, la publicación abre vastos horizontes de investigación e
interpretación de una fuente por demás fecunda. Es meritorio de los
editores la integración de mapas que enriquecen la fuente ubicando
RESEÑAS

al lector en el espacio en que se desenvuelve la visita de Lorenzana,


y permiten con esto una reconstrucción de la historia parroquial y
diocesana ofreciendo nuevas perspectivas sobre la importancia que
tuvieron las regulaciones episcopales de la vida religiosa en la Nueva
España en el siglo xviii.

Gabriela Huerta Martínez


B e n e m é r i t a U n i v e r s i d a d Au t ó n o m a d e P u e b l a

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