La Edad Media
La Edad Media
RECORDAMOS UN POCO….
Otra interpretación, muy diferente y opuesta, es la que explica la caída como producto
de fuerzas externas, es decir, son los pueblos bárbaros los que aplastan a un Imperio que
todavía funcionaba y que, en realidad, se estaba recuperando de una de las crisis que suceden
en la historia de las civilizaciones.
Ahora bien, más allá de las diferentes teorías explicativas, lo cierto es que la caída del
Imperio Romano de Occidente como unidad política organizada y la consiguiente decadencia
de la civilización greco-romana que se había difundido por el mundo antiguo tuvo importantes
consecuencias para la historia del mundo occidental.
Ahora bien, ¿Por qué este período abierto en el año 476 se conoce como Edad Media?
¿A qué alude ese nombre? La idea de llamarlo así fue de algunos pensadores del Renacimiento
(Edad Moderna), que pretendían diferenciarse de esos diez siglos que ellos evaluaban muy
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negativos y, a su vez, distinguir ese período de la Antigüedad clásica griega y romana, de la que
se consideraban herederos.
Durante la Edad Media [476 a 1453] el espacio cultural que antes dominaba el Imperio
Romano de Occidente, se dividió en tres áreas culturales distintas:
● Temprana Edad Media: que abarca los siglos V a VIII y se caracterizó por la
formación de los reinos romano-germánicos en los territorios que ocupaba el Imperio
Romano de Occidente y la irrupción del Islam en el Mediterráneo.
● Alta Edad Media: que abarca los siglos IX a XI y se caracterizó por la aparición y
difusión del sistema feudal.
● Baja Edad Media: que abarca los siglos XI a XV y se caracterizó por el resurgimiento
de las ciudades y del comercio, la aparición de la burguesía y la crisis del siglo XIV.
Cabe volver a mencionar que mientras se dan todos estos cambios, el Imperio Romano de
Oriente, con capital en Constantinopla, perdura hasta el año 1453 y mantiene su unidad
política y cultural.
Tras la caída del último emperador romano de Occidente en el año 476, se originó una
fragmentación político-territorial en las antiguas tierras gobernadas por Roma. Así, surgieron
en Europa occidental nuevas unidades políticas llamadas reinos romano-germánicos. Estos
reinos guerreaban entre sí para expandirse o subsistir.
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Francia, el norte de Alemania y Bélgica. Los visigodos, que habían sido expulsados por el
avance franco, se instalaron en la península Ibérica junto con los suevos, mientras que los
vándalos se desplazaron hasta el norte de África y las islas de Córcega, Cerdeña, las Baleares y
parte de Sicilia, en las islas británicas se instalaron los anglos y los sajones, y en Italia se
instalaron los ostrogodos.
Inicialmente los reyes eran elegidos de entre los cuerpos militares y gobernaban
rodeados de guerreros que les prestaban un juramento de fidelidad a cambio de
compensaciones económicas (tierras, villas, botines de guerra, etc.). Más adelante, el cargo de
gobernante se volvió hereditario y se constituyeron nuevas monarquías. Los reyes germanos
no tuvieron capitales fijas, salvo los visigodos (Toledo) y los ostrogodos (Ravena). Sus cortes
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eran, entonces, itinerantes. Además, para manejar sus reinos, recurrieron a los antiguos
funcionarios imperiales, que se encargaban de la administración de la justicia, la vigilancia y el
cobro de impuestos sobre el comercio, entre otras funciones.
También la religión de los germanos se vio alterada por las creencias y los valores
cristianos. Algunos pueblos germánicos que se asentaron en territorios que habían integrado el
Imperio Romano conservaron su religión tradicional, cuyos dioses estaban asociados a
fenómenos naturales; en cambio, otros ya habían sido convertidos al arrianismo (una corriente
religiosa que afirmaba que Cristo había sido creado por Dios, pero que no era Dios mismo).
Esta y otras creencias iban en contra de las enseñanzas de la Iglesia de Roma, y fueron
denominadas herejías. Con el tiempo, la mayor parte de los pueblos germánicos se convirtió a
la religión católica.
Ahora bien, entre el amplio conglomerado de tribus germanas que invadió los
territorios del antiguo Imperio Romano de Occidente –mencionadas anteriormente-
distinguiremos a los ostrogodos, a los visigodos y a los francos.
Los ostrogodos
Desde fines del siglo V d. C., los ostrogodos se asentaron en la Península Itálica y
lograron dominar una considerable porción del territorio. El proceso de asentamiento
comenzó con la llegada de Teodorico a la península tras su victoria en la batalla de Adda en el
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año 490 sobre Odoacro. Teodorico se autoproclamó Restaurador de Roma y comunicó su
intención de resguardar la cultura romana.
Una de las primeras medidas que llevó adelante fue repartir tierras entre sus principales
guerreros, hecho que permitió el asentamiento de este pueblo en la tierra itálica y que,
paulatinamente, se repartieran grandes extensiones de tierra. Sus medidas permitieron el
desarrollo de la agricultura y el aumento del número de propietarios libres.
Hacia el año 512, Teodorico promulgó el primer código que legisla la manera de vivir
y de relacionarse entre germanos y romanos. En él confiaba la seguridad y la defensa del reino
a los germanos y las tareas administrativas a los romanos.
Los visigodos
La etapa más brillante de este reino fue la del Rey Leovigildo entre los años 573 a 586,
quien derrotó a suevos y vascones con el fin de anexar Málaga y Córdoba. Su sucesor,
Recaredo, se convirtió al catolicismo y permitió que la Iglesia tuviera un amplio predominio
en Hispania.
A principios del siglo VIII, las luchas internas protagonizadas por las familias de los
nobles debilitaron considerablemente al reino visigodo y, precisamente, una parte de esta
nobleza se alió con los musulmanes que, aprovechando esta debilidad, lograrían controlar la
mayor parte de la Península Hispánica en un corto período de tiempo.
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Los francos
Hacia el año 482, una parte de los francos eligió como rey a Clodoveo de la dinastía
merovingia, quien sería el encargado de unir a las tribus francas dispersas y de consolidar un
reino –reino franco-. Mediante una serie de batallas alternadas con alianzas de carácter
familiar, Clodoveo consolidó su poder y pudo establecer su sede de gobierno en Lutecia (hoy
Francia).
Al morir Clodoveo, el reino, se fue debilitando por las luchas de poder para adquirir el
trono. Estos enfrentamientos aumentaron el poder de la nobleza, formada por duques, condes
y otros funcionarios que gobernaban ciudades y regiones en nombre del rey.
Los mayordomos del palacio –administradores de los bienes del rey- adquirieron
gran influencia y poder. Entre ellos se destacó Carlos Martel, quien en el año 732 derrocó a
los árabes en la Batalla de Poitiers. Su hijo, Pipino el Breve, derrotó al último rey
merovingio y asumió el poder, en el año 751, con el apoyo de la Iglesia y el Papado, iniciando
una nueva dinastía: la dinastía carolingia.
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La economía de los reinos romano-germánicos
Como ya hemos visto, los últimos siglos del Imperio Romano de Occidente se
caracterizaron por la importancia que adquirieron los espacios rurales y la declinación de la
vida urbana. La llegada de los pueblos bárbaros reforzó la importancia de la economía rural.
Decayeron el comercio y las actividades artesanales, así como la circulación de la moneda. La
ciudad dejó de ser el centro de actividad económica con lo cual se produjo una disminución de
su población.
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comercio, con mínima circulación de moneda, lo que llevó a la adopción generalizada del
trueque.
Los trabajadores de estas tierras eran antiguos colonos romanos. También trabajaban
allí personas esclavizadas y campesinos germanos. Todos debían entregar al dueño tributos
en especie, es decir que no pagaban con dinero sino con productos. También podían dar
tributos en trabajo.
El protagonismo de la Iglesia
Durante toda la Edad Media, el impacto del cristianismo se hizo sentir en la vida
cotidiana: procesiones, festividades religiosas y misas marcaban el paso del tiempo, y algunas
creencias tenían un profundo efecto en la mentalidad de las personas. Hechos como una
invasión o una epidemia, por ejemplo, eran considerados castigos por la conducta inmoral de
gobernantes y gobernados.
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hasta la antigua división administrativa del imperio en provincias y diócesis como se conocía a
los territorios bajo el control de obispos.
Los miembros de la Iglesia se dividían en dos grupos: los que mantenían contacto con
los laicos, es decir, las personas que no pertenecían a la Iglesia, conformaban el clero secular,
en tanto que el clero regular estaba representado por los monjes, que vivían apartados en
monasterios.
EL IMPERIO BIZANTINO
RECORDAMOS UN POCO….
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Originariamente, el Imperio Romano de Oriente comprendía los territorios orientales de los antiguos
dominios de Roma: Grecia, Macedonia, Asia Menor, Armenia, Siria, Palestina, Egipto, la costa norte de
Libia y las islas del mar Egeo y el Mediterráneo oriental. Durante el reinado de Justiniano, se anexaron
(como puedes ver en el mapa) costa sudeste de España, las costas italianas de los mares Adriático,
Jónico y Tirreno, parte de la península Itálica y noreste de África.
En el siglo VI llegó al trono un emperador que soñó con unificar el antiguo Imperio
Romano y dedicó sus esfuerzos para lograrlo. Justiniano que pertenecía a una dinastía de
origen macedonio y consideraba a Bizancio como la única sucesora legítima de la grandeza de
Roma. Intentó recuperar la unidad romana y para ello atendió dos aspectos fundamentales: el
fortalecimiento del poder real y la reconquista de los territorios occidentales. Veamos cada uno
de ellos:
● El fortalecimiento del poder real: en Bizancio, el poder del emperador era absoluto;
no tenía ningún límite de carácter constitucional. La Iglesia también estaba bajo su
autoridad: existía el cesaropapismo -intervención del poder político en las cuestiones
eclesiásticas. El César es el jefe del estado y también de la Iglesia. Justiniano intervenía
activamente en la religión: designaba a los prelados, resolvía cuestiones de la fe e
incluso componía cantos litúrgicos-. Justiniano dispuso la codificación del derecho
romano, lo que contribuyó a hacer más sólido su poder.
● Reconquista de territorios en Occidente: en el año 533, el emperador comenzó su
anhelada reconquista de Occidente. Logró el control de la costa de África, al derrotar
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al reino de los vándalos, y el de Italia, luego de 18 años de lucha contra los ostrogodos.
Los territorios recuperados se perdieron para el imperio luego de su muerte: a fines del
siglo VI, los lombardos invadieron Italia; en el siglo VII, un nuevo poder, el de los
árabes y el Islam, le arrebató extensos territorios (Egipto, Siria, Palestina y África); a
partir del siglo IX, se instalaron en los Balcanes pueblos de origen eslavo (croatas y
serbios).
Para alcanzar su gran ambición –restaurar el Imperio romano dentro de sus antiguas
fronteras- se encargó directamente de todos los asuntos, desde los administrativos a los
religiosos, y para ello eligió excelentes colaboradores: su esposa, la emperatriz Teodora, y sus
generales Belisario y Narsés, con los que realizó una gran obra administrativa y militar.
El arte bizantino
Durante siglos, el Imperio bizantino fue motivo de admiración y codicia para Europa
occidental. Lamentablemente, la mayor parte de su legado artístico se perdió debido a la
destrucción llevada a cabo por los turcos, dado que su religión se oponía a la representación de
imágenes en un contexto religioso.
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La arquitectura bizantina combinó el lujo helenístico y persa con el estilo monumental
del Imperio Romano. Las iglesias eran majestuosas, y se caracterizaban por el empleo de
enormes cúpulas. Si bien el exterior podía parecer austero, el interior se decoraba
profusamente con mármoles e imágenes coloridas.
Los bizantinos también fueron prolíferos en el desarrollo de las artes, sobre todo la
pintura y el mosaico. Solían tener un carácter religioso, aunque había también producciones
sobre temas seculares. La producción de esculturas fue escasa: los bizantinos dejaron atrás las
grandes estatuas públicas que había en las ciudades romanas y optaron por elaborar pequeñas
estatuillas en altorrelieve, de marfil o mármol, que adornaban objetos como relicarios o
muebles de lujo.
El emperador Heraclio, quien gobernó entre 610 y 641, enfrentó con éxito a los
persas y a los ávaros, pero debió abandonar a los árabes dos importantes territorios: Siria y
Egipto.
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Debates y conflictos con la Iglesia
Una de las más importantes y graves fue la querella iconoclasta, que ocurrió durante
el siglo VIII y duró 60 años. Todo empezó cuando el emperador León III decidió prohibir la
veneración de imágenes religiosas, llamadas íconos. Su facción, la iconoclasta (rompedora de
imágenes), afirmaba que no había que adorar a ninguna representación sino a Dios mismo.
Con esta medida se buscaba, además, disminuir el poder de los monasterios, ya que a ellos
viajaban muchos fieles para adorar imágenes o reliquias sagradas. Si se prohíben los íconos, los
monasterios perderían una importante fuente de ingresos. A los iconoclastas se opusieron los
iconódulos, que estaban a favor de la adoración de imágenes. Para complicar el asunto, los
bizantinos creían que algunas imágenes no habían sido creadas por el ser humano, sino que
tenían un origen divino. Eran llamados vera icon (en latín, “verdaderas imágenes”) y dividían a
iconoclastas e iconódulos. Las peleas entre ambos grupos significaron serias disputas y hasta
una serie de asesinatos, y se saldó sólo a fines del siglo, cuando los iconódulos se impusieron.
Esta división continúa hasta la actualidad: los ortodoxos son la segunda iglesia cristiana
con más seguidores en el mundo, después del catolicismo. Esta religión se halla extendida
sobre todo por Grecia, Europa Oriental y Rusia. Parte de esta difusión se explica por la
intensa labor que realizaron los misioneros bizantinos.
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EL ISLAM
Desde tiempos muy remotos –como ustedes recordarán- la península Arábiga fue
punto de partida de numerosas migraciones de pueblos nómadas de origen semita que
ocuparon las zonas más fértiles del norte, ya que el suelo de Arabia, cubierto en gran parte por
desiertos de arena, no era apto para una vida fácil.
● La región de Neched: una región desértica que se hallaba en el interior como una
prolongación del desierto de Siria. Allí habitaba una población de pastores nómadas
llamados beduinos, considerados los más característicos representantes de los árabes.
Los beduinos estaban organizados en tribus comandadas por una familia principal y
por un jeque (jefe). Vivían del comercio con los pueblos vecinos, eran pastores, y
alternaban frecuentemente esas actividades con la guerra o el saqueo a las caravanas
que realizaban intercambios comerciales en la región.
● La región de Yemen: ubicada al sudoeste de la península Arábiga, era una región
fértil, productora de incienso y perfumes que sus habitantes comerciaron desde muy
antiguo a través del mar Rojo. Es en este lugar donde los árabes comenzaron a hacerse
sedentarios.
● La región de Hejaz: ubicada al norte de la región de Yemen, en la costa del mar Rojo.
En esta región, se encuentran importantes rutas de comunicación. Sus habitantes
supieron aprovechar esa situación y superando la aridez del suelo se hicieron
sedentarios y camelleros, transportadores de artículos de lujo provenientes de Bizancio,
perfumes, maderas, aceite y trigo de Siria. En esta región se encuentran importantes
ciudades, como la ciudad de Medina y la ciudad de La Meca, cuya importancia radicaba
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en ser un centro espiritual y comercial a la vez. En La Meca se encontraba el santuario
de la Kaaba, edificio de forma cúbica donde se alojaba la piedra negra venerada o
adorada por todos los árabes.
Al llegar la época de las peregrinaciones hacia la ciudad de La Meca, una “tregua santa”
se establecía entre las tribus y durante su vigencia se dejaban de lado todos los odios y
diferencias entre las mismas. Los árabes cruzaban toda Arabia para acudir a La Meca para
adorar a la piedra negra.
En síntesis:
La Meca hacia el siglo VII se alzaba como un centro espiritual y económico del pueblo
árabe. La tribu de los qurayshitas gobernaba la ciudad y eran los principales beneficiarios de
esta particular forma de expresar la religión y el comercio.
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Los árabes carecían de una unidad política, como ya hemos visto, formaron tribus
dirigidas por jeques. En materia religiosa eran politeístas, adoraban a diversos espíritus y
fuerzas ocultas; y si bien cada tribu tenía sus propios dioses, aceptaban los dioses de los demás.
Alá era el principal de todos ellos, es decir, de todos los dioses que adoraban, Alá era el más
importante.
Su casamiento con una rica viuda mucho mayor que él, le permitió dejar de lado sus
actividades comerciales y dedicarse a la meditación, así fue como Mahoma sostuvo que en una
de sus visiones se le presentó el ángel Gabriel y le anunció que él era el profeta elegido por Alá.
Así fue, como Mahoma comenzó su prédica dentro del grupo familiar. Los
qurayshitas, administradores de La Meca, consideraron peligrosa su doctrina porque le quitaba
privilegios y se opusieron a Mahoma exigiendo milagros para probar su condición profética.
Ante esto, Mahoma sostuvo que los milagros no eran necesarios ya que el mayor de ellos y el
único válido era la fe.
Si bien tanto su esposa como algunos de sus amigos apoyaban la doctrina predicada
por Mahoma, la mayoría de los qurayshitas –que no les convenía su prédica- lo obligan a irse
de La Meca tanto a él como a sus seguidores en el año 622. Este hecho, en el cual Mahoma
debe emigrar de La Meca se lo conoce con el nombre de la hégira y marca el punto de partida
de la cronología o era islámica. Mahoma emigró así a la ciudad de Medina.
En Medina el profeta Mahoma creó una comunidad de creyentes integrada por los
emigrados de La Meca y los medinenses convertidos. Mahoma comprendió que a su doctrina
debía darle un aire nacional y fue así como estableció que el santuario de la Kaaba sería
siempre el templo de los seguidores de la nueva fe.
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Para liberar a La Meca de lo que él consideraba idolatría de los paganos inició la guerra
contra dicha ciudad. En el año 630 Mahoma entró a La Meca junto con gran cantidad de sus
seguidores en calidad de peregrino, acogiéndose a los términos de la tregua santa. Un año
después, en el 631 tomó el santuario de la Kaaba y lo liberó de los ídolos. Procuró luego
difundir su doctrina y logró la adhesión de los pueblos vecinos.
Mahoma regresó a Medina, donde perfeccionó su doctrina. Murió en el año 632. Por
entonces, muchos árabes reconocían su autoridad suprema, iniciando así la lenta unidad de su
pueblo basada en un ideal político-religioso.
Ahora bien, antes de continuar veamos algunos términos utilizados importantes para
comprender su significado y así comprender aún más el tema.
Prédica: sermón, discurso o charla donde se dan consejos morales y/o religiosos.
Ahora bien, Mahoma logró combinar las principales características de los árabes con
elementos de los grupos judíos y cristianos con los que entró en contacto. Ideó una doctrina
que facilitó la concreción de dos importantes objetivos: 1- la unión del pueblo árabe; 2- la
expansión del Islam.
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El Islam propugnará el total sometimiento a la voluntad de Alá, único Dios
verdadero, así como la reivindicación de los oprimidos, la caridad y la limosna basadas sobre
un profundo sentido social.
Preceptos: es una norma o principios establecidos, por los cuales deben guiarse
las personas.
1. Profesión de fe: todo musulmán debe afirmar creer en Alá, que es el único Dios.
Éste, a través de los profetas, comunicó su voluntad. Mahoma era el último y el más
importante de los profetas.
2. La oración: se debe realizar cuatro veces al día con la cabeza inclinada hacia La Meca.
El idioma utilizado para orar debe ser el árabe, aceptando al Corán como supremo
Código. Con ambas disposiciones se logró la unidad lingüística de la cultura
musulmana.
3. El ayuno: se practica durante el mes de Ramadán, estando prohibido ingerir
alimentos de cualquier naturaleza y bebidas alcohólicas; efectuar transacciones
comerciales y demás actividades hasta que se ponga el sol.
4. La limosna: en un principio fue una forma de caridad que en la práctica se convirtió
en un impuesto que todos debían pagar y estaba destinada a solventar los gastos
militares y mantener a los menos pudientes.
5. Peregrinación: todo fiel debía peregrinar a La Meca por lo menos una vez en su vida,
porque era el lugar donde había nacido el profeta Mahoma y donde se encontraba el
santuario de La Kaaba.
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El Islam se propagó rápidamente por gran parte de Oriente, Norte de África y España. El
éxito de esta empresa se debió en gran medida a la guerra santa. En algunos de sus pasajes, el
Corán alienta la lucha contra los infieles, contra todos aquellos que se oponen abiertamente al
Islam.
El templo musulmán es la mezquita. Aunque los árabes podían practicar sus oraciones
en cualquier lugar, existía la costumbre de asistir a la mezquita los días viernes. Sólo
concurrían los hombres; las mujeres debían orar en el hogar, hasta que en el siglo VIII se les
permitió concurrir a los templos pero debían apartarse de la vista de los hombres.
Entre los musulmanes están prohibidas las imágenes religiosas y las representaciones
humanas; por esta razón las mezquitas carecen de ellas. La oración era dirigida por el imán
quien desde el púlpito dirigía el culto. A partir del siglo VIII se construyeron torres llamadas
minaretes, desde donde se llamaba a la oración.
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RECORDAMOS UN POCO….
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Fueron sus sucesores, los llamados califas, quienes llevaron a cabo un formidable
movimiento expansionista.
Califas fue el nombre que recibieron los sucesores de Mahoma. Los cuatro primeros
–Abú Béquer, Omar, Otmán y Alí- fueron llamados los califas ortodoxos por ser
considerados los más dignos de continuar la obra del profeta al ser sus parientes más directos.
Con ellos el Islam se afirmó en Arabia, se extendió por Siria, Pesia, Egipto y Palestina y
adquirió una estructura política definitiva.
Observa el mapa para comprender la expansión del Islam bajo los califas
ortodoxos:
Hacia el año 660, una serie de revueltas encabezadas por Mohavía, gobernador de
Siria, pusieron en tela de juicio la legitimidad del califa Alí. Como consecuencia de estas
disensiones internas Alí fue asesinado y una nueva dinastía proveniente de Siria –la de los
omeyas- fue la encargada de la conducción del imperio islámico. La capital del imperio se
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trasladó de Medina a la ciudad de Damasco y a partir de ese momento, el gobierno cobró un
acentuado carácter monárquico por influencia de los imperios persa y bizantino.
La dinastía de los omeyas gobernó desde el año 661 hasta el año 750, período
beneficios para la propagación del Islam que alcanzó a dominar España (entrando por el norte
de África), el sur de Asia Menor y el Turquestán, extendiéndose luego hasta las orillas del
Indo.
Esta rápida expansión se debió no solo a la idea de expandir el Islam –es decir por
cuestiones religiosas- sino que también, los califas advirtieron que las conquistas constituían
un medio para frenar los enfrentamientos entre tribus porque los soldados obtenían nuevos
beneficios como tierra y botín de guerra.
En el año 750 una revolución, iniciada en Irán, consagró al califa Abul-Abás. Como
consecuencia de esa revolución, todos los omeyas, salvo uno, Abderramán (quien logró huir a
España), fueron asesinados. Comenzó de esta manera la dinastía de los abásidas o abasí,
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nombre que deriva de Abul-Abás. La nueva dinastía trasladó la capital a la ciudad de Bagdad
y estuvieron en el poder hasta el año 945, cuando los seljúcidas se apoderaron del califato.
Como ya hemos visto, a comienzos del siglo VIII las incesantes luchas internas habían
minado el poderío y el prestigio de los reyes visigodos en España (Ver el texto de reinos
romano-germánicos). Aprovechando estas circunstancias, en el 711, los musulmanes del norte
de África, al mando de Tarik, con el pretexto de apoyar a uno de los grupos beligerantes,
cruzaron el estrecho de Gibraltar. Después de vencer a los seguidores del rey Rodrigo en las
cercanías del río Guadalete, casi todo el reino cayó en manos de los invasores en calidad de
emiratos del imperio musulmán con capital en Córdoba, ciudad donde residía el emir.
Los musulmanes fracasaron en su intento de extenderse más allá de los Pirineos ya que
fueron vencidos en la Batalla de Poitiers en el año 732 por el franco Carlos Martel (Ver
también el texto de reinos romano-germánicos), abuelo del futuro Carlomagno.
Ahora bien, como ya hemos visto, al caer la dinastía de los omeyas en el año 750,
Abderramán, único sobreviviente de esa dinastía, huyó a España y estableció el emirato
independiente de Al-Andalus. En el año 929, Abderramán III se proclamó califa en Córdoba,
separándose definitivamente de Bagdad.
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Gobierno
Las provincias gozaban de gran autonomía y estaban dirigidas por un emir que ejercía
funciones militares y religiosas. La administración civil estaba en manos del amil, cuya
principal responsabilidad era recaudar los impuestos.
IMPERIO CAROLINGIO
RECORDAMOS UN POCO…..
Como ya hemos visto, hacia el año 482, una parte de los francos eligió como rey a
Clodoveo de la dinastía merovingia, quien sería el encargado de unir a las tribus francas
dispersas y de consolidar un reino –reino franco-. Mediante una serie de batallas alternadas
con alianzas de carácter familiar, Clodoveo consolidó su poder y pudo establecer su sede de
gobierno en Lutecia (hoy Francia).
Al morir Clodoveo, el reino, se fue debilitando por las luchas de poder para adquirir el
trono. Estos enfrentamientos aumentaron el poder de la nobleza, formada por duques, condes
y otros funcionarios que gobernaban ciudades y regiones en nombre del rey.
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Los mayordomos del palacio –administradores de los bienes del rey- adquirieron
gran influencia y poder. Entre ellos se destacó Carlos Martel, quien en el año 732 derrocó a
los árabes en la Batalla de Poitiers. Poco tiempo después, su hijo Pipino el Breve, derrotó al
último rey merovingio y asumió el poder, en el año 751, con el apoyo de la Iglesia y el Papado,
iniciando una nueva dinastía: la dinastía carolingia.
Pipino el Breve heredó de su padre el cargo de mayordomo del palacio del reino
franco, con cuya autoridad ejerció, como su padre, un poder verdaderamente real. Hasta tal
punto, que en el año 751 despojó del trono franco a Childerico y se proclamó rey con el
apoyo del papado, inaugurando así la dinastía carolingia.
Por su eficacia militar, Pipino el Breve fue un digno sucesor de Carlos Martel. Los
musulmanes retrocedieron y el nuevo rey pudo dedicarse a atender otros problemas militares
que le importaban mucho para afirmar su creciente autoridad.
Pipino el Breve había recibido el apoyo de la Iglesia con el objeto de que defendiera al
papado contra los lombardos, que ocupaban el norte de Italia, y fuera el campeón del
cristianismo contra los amenazantes invasores del Islam. Pipino el Breve contuvo a los
lombardos, y la alianza con Roma y el reino franco se hizo cada vez más fuerte, de modo que, a
su muerte en el año 768, el papado le dio todo su apoyo a los herederos, Carlos y Carlomán, de
los cuales el primero quedó solo en el poder a partir del año 771 y emprendió una gran política
de conquista que justificó el nombre de Carlomagno -Carlos el Grande- con que la historia lo
conoce.
Desde cierto punto de vista, su preocupación fundamental fue Italia, donde los
lombardos seguían amenazando al Papa, y que constituía a sus ojos el centro del poder
imperial. En el año 774 Carlomagno llegó al río Po, puso sitio a la ciudad de Pavía, donde se
había encerrado el rey lombardo, y poco después tomó la ciudad y se coronó rey de los
lombardos. El Papado recibió de Carlomagno las tierras del Pontificado en la región de
Rávena; pero Carlomagno se reservó el título de “Patricio de los romanos” para dejar sentada
su autoridad territorial.
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Observa el siguiente mapa sobre la anexión de los dominios de los
lombardos
Por otra parte, Carlomagno también debió enfrentarse a los ávaros y a los musulmanes.
Los ávaros, fortificados en el Danubio medio, fueron aniquilados en sucesivas campañas, y los
musulmanes fueron rechazados del territorio francés; pero el peligro que significaba su
proximidad no se desvanecía con esas victorias parciales, ya que la posesión de los pasos del
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Pirineo les permitía volver cuando lo quisieran desde sus bases españolas. Por esas razones,
Carlomagno proyectó una operación de gran alcance, que consistía en cruzar las montañas y
establecer una zona de seguridad del otro lado del Pirineo.
La expedición del año 778 al norte de España terminó en catástrofe. El ejército franco
comandado por el conde Rolando, sobrino de Carlomagno, fue aniquilado por los pueblos
montañeses y los objetivos de dicha expedición no lograron cumplirse, pero Carlomagno
consideró que era imprescindible para su seguridad alcanzarlos, y renovó más tarde las
operaciones con fuerzas superiores, hasta que logró apoderarse de toda la región situada entre
el río Ebro y los Pirineos, en la que organizó una “marca” o provincia fortificada que debía
servir de límite y defensa del imperio. Marcas semejantes, al mando de marqueses organizó
en el Elba y en Austria.
Observa con atención los siguientes mapas sobre las anexiones territoriales de
Carlomagno:
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Como puedes observar en los diferentes mapas, Carlomagno constituyó un vasto
imperio, que reproducía con algunas variantes el antiguo Imperio Romano de Occidente -sin
España, pero extendiéndose hasta Germania-, en el que se reunían los antiguos reinos
romano-germánicos.
La fuerza realizadora del nuevo imperio provenía del poder extensivo del pueblo franco
y del genio militar y político de Carlomagno, pero la inspiración provenía, sobre todo, del
Papado, que se consideraba heredero de la tradición romana y buscaba reconstruir un orden
universal cristiano.
Si el Papado había querido coronar a Pipino el Breve, y dejar sentado de ese modo su
misión terrenal como representante del poder divino, más aún debía desearlo una vez que
Carlomagno hubo unificado un vasto, es decir, un gran territorio que reavivó la esperanza de
restaurar el antiguo imperio. Fue así como en la Navidad del año 800, el Papa León III coronó
Emperador a Carlomagno, y desde entonces el Emperador fue reconocido como el hijo
predilecto de la Iglesia, su brazo armado y el restaurador de la antigua grandeza romana.
Ahora bien, Carlomagno era algo de todo esto por su sola fuerza, ya que él también
estaba movido por el impulso de restaurar el antiguo imperio romano, pero se oponía a sus
intenciones la supervivencia del Imperio Romano de Oriente, que vio con malos ojos la
“usurpación” de Carlomagno, hasta que se vio obligado por la fuerza a aceptar el hecho
consumado.
Por lo demás, la restauración del imperio era también el resultado de las circunstancias.
La aparición de una poderosa y vasta unidad política -el califato musulmán en la Península
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Ibérica- cuya fuerza expansiva aparecía amenazadora e incontenible, obligaba a reflexionar
sobre las posibilidades de defensa en un mundo dividido en reinos débiles y hostiles entre sí.
La idea de la restauración del antiguo imperio romano, surgió, pues, como una posibilidad de
organizar una defensa eficaz contra el avance de los musulmanes, y Carlomagno fue el obrero
eficaz de esa política.
Para controlar sus dominios, Carlomagno dividió el vasto imperio en unas trescientas
provincias, a las que llamó condados. Estas provincias estaban gobernadas por funcionarios
llamados condes. Varios condados formaban un ducado, que estaba a cargo de un duque.
En las zonas fronterizas -como ya hemos visto- Carlomagno estableció las llamadas marcas,
que eran gobernadas por los marqueses, que tenían bajo su mando importantes contingentes
de tropas con las que debían rechazar los ataques de los pueblos fronterizos.
Los condes, duques y marqueses eran supervisados por los missi dominici, que
todos los años recorrían el imperio para supervisar la correcta administración de las provincias
y escuchar las quejas de sus pobladores. Los missi dominici viajaban en parejas (uno laico y
otro eclesiástico) y se reportaban directamente ante el Emperador Carlomagno.
30
En el plano religioso, Carlomagno creó varios obispados y obligó a la población de su
vasto imperio a pagar el diezmo, que servía para mantener a la Iglesia.
RECORDAMOS UN POCO….
Entre los siglos VI y VIII, un pueblo de origen germánico, los francos, fundaron un
imperio que alcanzó su punto culminante en el año 800, cuando Carlomagno fue coronado
emperador de Occidente.
Para controlar sus dominios, Carlomagno dividió el vasto imperio en unas trescientas
provincias, a las que llamó condados. Estas provincias estaban gobernadas por funcionarios
llamados condes. Varios condados formaban un ducado, que estaba a cargo de un duque.
En las zonas fronterizas -como ya hemos visto- Carlomagno estableció las llamadas marcas,
que eran gobernadas por los marqueses, que tenían bajo su mando importantes contingentes
de tropas con las que debían rechazar los ataques de los pueblos fronterizos.
Los condes, duques y marqueses eran supervisados por los missi dominici, que
todos los años recorrían el imperio para supervisar la correcta administración de las provincias
y escuchar las quejas de sus pobladores. Los missi dominici viajaban en parejas (uno laico y
otro eclesiástico) y se reportaban directamente ante el Emperador Carlomagno.
Ahora bien, muerto Carlomagno en el año 814, el vasto imperio que había conquistado
pasó a manos de su hijo Ludovico Pío pero la autoridad del nuevo príncipe distaba mucho de
ser tan firme como la de su padre, y no pudo impedir que los gérmenes de la disgregación que
se escondían en el imperio se desarrollarán hasta sus últimas consecuencias. Por otra parte, los
condes tendían a adquirir cada vez mayor autonomía, y por otra, los propios hijos del
emperador se mostraban impacientes por entrar en posesión de la herencia que esperaban, de
modo que se sucedieron sin interrupción guerras internas.
31
Disgregación: separación, fragmentación.
Al morir Ludovico Pío en el año 840, la guerra entre sus tres hijos se hizo más agresiva.
El mayor, Lotario, aspiraba al título imperial que sus dos hermanos, Luis y Carlos, se
obstinaban en negar porque aspiraban a no reconocer ninguna autoridad superior a la suya.
Después de una batalla decisiva, se llegó a un entendimiento mediante el Tratado de Verdún,
firmado en el año 843, por el cual se distribuían los territorios imperiales.
● Lotario fue reconocido como emperador, pero sin autoridad sobre sus hermanos y
recibió los territorios de Italia y los valles de los ríos Ródano, Saona, Mosa y Rin.
● Luis recibió la región al este del Rin -la Germania-.
● Carlos recibió la región del oeste del río Rin, que correspondía aproximadamente a la
actual Francia.
Así quedaron delineados los futuros reinos, de los cuales el de Lotario -Lotaringia- se
disgregó pronto, en tanto que los de Carlos y Luis perduraron con propia fisonomía.
32
En cada una de estas regiones empezaron a hacerse sentir cada vez más intensamente
las fuerzas disgregadoras. Los reyes carolingios perdieron progresivamente su autoridad,
debido en gran parte a su impotencia, y, en cambio, acrecentaron su poder los condes, que por
diversas razones llegaron a tener en la práctica una completa autonomía. De todas esas
razones, la más importante fue la aparición de nuevos invasores que asolaron Europa
Occidental desde el siglo VIII y especialmente desde el siglo IX.
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Comarcas: porción de un territorio, más pequeño que una región.
Por su parte, los vikingos o normandos habían llegado a constituir estados fuertes en
la cuenca del Báltico y desde allí empezaron sus incursiones de saqueo hacia el sur. Eran de
origen germánico y habían permanecido en Dinamarca y Noruega mientras sus hermanos de
raza se dirigían hacia el oeste y el sur; allí habían aprendido la navegación hasta transformarse
en marinos consumados, arte que practicaban combinándolo con sus aptitudes guerreras, con
lo cual se transformaron en el azote de las costas de Inglaterra y Francia. Desde fines del siglo
IX se instalaron en algunas regiones de esos países con carácter definitivo como, por ejemplo,
en Normandía y en el sur de la Península Itálica y en Sicilia. Pero fuera de esas conquistas
territoriales, la actividad de los vikingos o normandos fue durante mucho tiempo la piratería,
que practicaban con notable audacia, y el saqueo de las poblaciones costeras y de las orillas de
los ríos.
Por su parte los magiares o húngaros, al igual que los hunos y los ávaros, llegaron
por el río Danubio y se instalaron en su curso medio, la actual Hungría, desde donde
amenazaban a la Germania constantemente con sus expediciones de saqueo.
Observa con atención el siguiente mapa sobre las nuevas invasiones que se
dieron entre los siglos VIII y IX
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El saqueo y la depredación fueron, precisamente los rasgos
característicos de estas segundas invasiones que la Europa Occidental sufrió durante la Edad
Media. Defendidas las diversas comarcas por una nobleza guerrera, no podían apoderarse de
ellas con la misma facilidad con que en el siglo V lo hicieron los germanos con el Imperio
Romano de Occidente; pero la falta de organización, la autoridad que se esforzaban por
mantener los reyes y sobre todo las dificultades técnicas, especialmente en materia de
comunicaciones, hicieron que esa defensa, aunque suficiente para impedir la conquista, fuera
ineficaz para terminar de una vez con la amenaza de las incursiones de saqueo.
35
Como consecuencia derivó una creciente autonomía de las diversas
comarcas libradas a sus solas fuerzas, de la que se beneficiaron los señores que pudieron y
supieron organizar una defensa efectiva de sus territorios y de las poblaciones que se ponían
bajo su custodia. Esos territorios, recibidos del rey para que los gobernaran, pasaron a ser cada
vez más de la propia y absoluta jurisdicción de los señores, que poco a poco empezaron a
considerarlos también como su propiedad privada, aun cuando reconocieran el mejor derecho
del rey. Así se formaron poco a poco los feudos, unidad básica de la nueva organización social
que germinaba. Comienza a desarrollarse así el feudalismo.
RECORDAMOS UN POCO……
Carlomagno murió en el año 814 y sus sucesores se enfrentaron en una serie de luchas
que produjeron el debilitamiento del poder monárquico y la ruina del estado. Los reyes no
tenían un ejército nacional ni medios para cubrir la necesidad primordial del momento: la
protección de los súbditos. A partir del siglo IX Europa occidental fue asolada nuevamente
por invasores -normandos o vikingos; húngaros o magiares y los sarracenos o musulmanes-
que provocaron profundas transformaciones en su modo de vida.
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La fragmentación del poder real
Como ya hemos mencionado, los reyes no tenían medios para proteger a sus súbditos,
y delegaron la defensa del territorio en los señores locales (condes, duques y marqueses); estos
aprovecharon sus servicios militares para obtener más independencia.
El título de rey continuó existiendo, pero sólo tuvo características honoríficas: el rey era
el primero entre todos los señores de la nobleza, es decir, era el primero entre todos los nobles.
Su poder efectivo se reservaba a las tierras de su dominio personal.
Como ya hemos mencionado, en las luchas contra los invasores se destacaron los
nobles con sus huestes, es decir, con sus ejércitos. Esto acentuó en mayor grado las relaciones
de dependencia personal: el sistema de vasallaje.
Ahora bien, ¿Qué era el vasallo? El vasallaje era un vínculo que obligaba a una persona
a guardar fidelidad a otra y estar bajo su dependencia, a cambio de su protección. Como
hemos visto, el vasallaje ya se conocía e implementa desde la época de Carlomagno. El
vasallaje implicaba un convenio o contrato establecido entre dos hombres de la nobleza, el
vasallo y el Señor Feudal, que generaba obligaciones y derechos mutuos.
Veamos cuáles eran esas obligaciones y derechos para cada uno, es decir para
el Señor Feudal y para el vasallo:
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SEÑOR FEUDAL VASALLO
El Señor Feudal brindaba protección El vasallo debía acudir al llamado del Señor
militar y económica al vasallo. En caso de Feudal cuando este lo necesitaba,
que este corriera peligro debía protegerlo, brindándole servicio militar o colaborando
así como también defenderlo en caso de en tareas cortesanas como, por ejemplo:
juicio. Podía otorgarle tierras para administrar los dominios del Señor,
usufructuar en llamadas feudos. transmitir mensajes, asistirlo en los
tribunales señoriales.
1. El homenaje: el vasallo colocaba sus manos entre las del Señor Feudal y declaraba:
“Señor, me hago vuestro hombre”. El Señor Feudal cerraba las manos sobre las de su
vasallo en señal de aceptación;
2. La fe: el vasallo juraba sobre la Biblia ser fiel a su Señor Feudal;
3. El osculum: el acto se cerraba con un beso entre las partes.
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La concesión de beneficios o feudos
A medida que avanzaba el siglo IX, se extendía la costumbre de otorgar beneficios a los
vasallos, además de protección. El beneficio recibía el nombre de feudo: podía consistir en un
terreno o un castillo, pero también en un derecho como, por ejemplo, el derecho a percibir las
rentas de una comunidad.
El acto formal para la entrega del feuda recibía el nombre de investidura y se realizaba
luego de la fe y el homenaje. El Señor Feudal entregaba al vasallo algo que simbolizaba el
feudo, por ejemplo, un puñado de tierra. El otorgamiento de feudos se convirtió en un
componente primordial del sistema de vasallaje.
El incumplimiento del contrato feudal era juzgado por tribunales integrados por
Señores Feudales, llamados tribunales señoriales. Si el vasallo era encontrado culpable, se lo
acusaba de felonía y se le incautaba el feudo. Si el culpable era el Señor Feudal, el vasallo
quedaba liberado de su juramento de fidelidad y podía pasar a depender de otro Señor Feudal.
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Cada vasallo podía, a su vez, ser Señor Feudal de otros vasallos, y el Señor
Feudal, ser vasallo de otro Señor más importante. De esta manera, se estableció entre los
nobles (condes, duques y marqueses) una jerarquía o cadena de lealtades, que iba desde el rey
-el primero entre todos los nobles- hasta los sectores más bajos de la nobleza.
RECORDAMOS UN POCO….
El mundo medieval se regía por la religión. La vida estaba orientada a la salvación del
alma después de la muerte y la Iglesia tenía la función de ayudar a los fieles en el cumplimiento
del plan divino.
La paz de Dios
Durante todo el siglo X y gran parte del siglo XI la guerra se había generalizado en
Europa Occidental. La violencia permanente entre los señores feudales amenazaba la
estabilidad política de la aristocracia. Como las propiedades eclesiásticas, es decir de la Iglesia,
fueron las que sufrieron con mayor rigor la violencia aristocrática, a mediados del siglo X,
40
algunos miembros del alto clero iniciaron un movimiento de reforma social conocido con el
nombre de La paz de Dios.
De acuerdo con esta teoría, los miembros de la sociedad feudal estaban comprendidos
en tres órdenes que se distinguían de acuerdo con sus funciones.
● El primer orden lo constituían los oratores (en latín quiere decir “los que rezan”), es
decir, el clero. Su función era la oración dirigida a Dios a través de la cual se rezaba
para la salvación de las almas y para asegurar la prosperidad de toda la comunidad.
● El segundo orden lo constituían los bellatores (en latín quiere decir: “los que pelean”),
es decir, la nobleza laica. Su función era mantener el orden y la justicia en la sociedad a
través de la práctica militar. También se dedicaban a defender a toda la comunidad.
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● El tercer orden lo constituían los laboratores (“los que trabajan”) que constituían la
inmensa mayoría de la población que producía bienes -alimentos y artesanías- para
sostener a los otros dos órdenes.
Observa con atención la imagen de arriba que representa la teoría de los tres
órdenes. La figura de la izquierda representa a los oratores, la del centro a los bellatores y la de
la derecha a los laboratores. Ahora bien, ¿Cómo sabemos esto? Por los elementos que poseen
sobre todo dos de los personajes que aparecen en la escena: el bellatore lleva consigo el escudo
(protección) y el laboratore lleva consigo la pala (para trabajar la tierra), el personaje que no
tiene nada representa al clero que ora por la salvación de las almas de toda la comunidad.
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Cada uno de estos órdenes era un grupo cerrado que tenía
obligaciones y, en los dos primeros casos, privilegios. De acuerdo con esta teoría, ese orden
había sido creado por Dios y, por lo tanto, era perfecto e inamovible. Durante toda la Edad
Media, la teoría de los tres órdenes, tuvo gran aceptación como modelo que justificaba el
poder de la Iglesia y la aristocracia o nobleza.
La nobleza, integrada principalmente por los señores feudales, era uno de los
estamentos privilegiados de la sociedad medieval. En tiempos carolingios, la capacidad de
mando, denominada poder de ban, solo estaba en manos del monarca. Pero, con el desarrollo
del feudalismo, hubo un debilitamiento del poder real, y el poder de ban pasó a ser una
atribución de los señores feudales.
Cada señor comenzó a ejercer el poder local en su señorío con las funciones que
corresponden al rey: cobraba impuestos, aplicaba justicia y defendía el territorio con un ejército
propio. Era habitual que los señores no pagaran impuestos al rey, a pesar de que los cobraban
en sus tierras. Así que, en este contexto, los monarcas también carecían de grandes riquezas.
Según la visión de la época, la principal actividad de la nobleza debía ser la guerra, por
medio de la cual se podía obtener fama, riqueza y tierras. Ahora bien, ¿Y contra quién luchaban
los nobles? Como ya hemos visto, en un principio contra los pueblos “bárbaros” que asolaban
Europa, pero después surgieron conflictos entre señores feudales. También hubo
enfrentamientos contra las personas denominadas “infieles”, es decir, aquellas que no
profesaban la religión cristiana (o que sostenían creencias consideradas heréticas) y que eran
vistas como una amenaza para la unidad de la Iglesia.
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Los nobles (caballeros) entrenaban continuamente para estar preparados en el
momento de partir al frente de batalla. Uno de los modos de practicar era mediante torneos,
que eran demostraciones públicas de pelea entre dos personas montadas en caballo y armadas.
Gracias a los torneos, un joven noble podía mostrarse como alguien digno y ganar prestigio.
También se organizaban grandes cacerías en los bosques.
El clero
El otro sector privilegiado de la sociedad feudal estaba conformado por los que
oraban, que es como se llamaba a los miembros de la Iglesia o clero. Su importancia, según la
visión de la época, consistía en que el clero rezaba por la salvación de las almas de todas las
personas. En una sociedad tan marcada por la religión, su influencia era muy grande.
Durante la época feudal, la Iglesia cristiana adoptó algunas características similares a las
de los señoríos. La institución eclesiástica se hizo muy rica con tierras entregadas por los reyes
y por particulares que se las dejaban en herencia para mostrar el arrepentimiento de sus
pecados y facilitar la salvación de las almas. En estas tierras se fundaron iglesias, abadías y
monasterios, donde trabajaban siervos. Otra fuente de ingresos fue el diezmo.
Los campesinos
Por un lado, estaban los siervos que estaban totalmente sometidos a la autoridad del
señor feudal. Eran antiguos esclavos a los que se les otorgaba una parcela de tierra para que
pudieran mantenerse. Pero había varias reglas y limitaciones que gobernaban sus vidas: no
podían abandonar el señorío y no podían casarse a menos que contaran con el permiso del
noble al que estaban sometidos. Además, debían trabajar sin recibir ninguna paga por ello. Los
hijos de los siervos heredan su condición, y había una ceremonia que renovaba los lazos de
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servidumbre. Si la tierra era dividida, los siervos y sus hijos eran repartidos entre los nuevos
feudatarios.
Por otro lado, existía un grupo de campesinos libres, a veces llamados colonos, que
podían decidir libremente sus actos. Si bien algunos vivían también en el interior de un señorío,
y debían pagar un impuesto al Señor, podían hacerlo con la mayor parte de su propia cosecha.
Además, tenían la libertad de cambiar de feudo en cuanto quisieran. Unos pocos campesinos
libres vivían en pequeñas propiedades independientes llamadas alodios.
¿Qué trabajos realizaban los campesinos? Su principal actividad era la agricultura, que
los abastecía de los alimentos que necesitaban y de los bienes que debían entregar a los señores.
Para ello, empleaban herramientas rudimentarias, como hoces, azadas y guadañas. Trabajaba
toda la familia, de sol a sol. A pesar de estos esfuerzos, el nivel de productividad era bajo: como
no conocían los abonos, debían cultivar tan sólo la mitad de una parcela, para que la otra mitad
recuperara su fertilidad durante un período de descanso o barbecho.
La vida en el Señorío
RECORDAMOS UN POCO…..
A la sociedad que se conformó como consecuencia del debilitamiento del poder de los
reyes y el establecimiento de lealtades personales entre señores y vasallos se la conoce con el
nombre de sociedad feudal. La sociedad feudal se caracterizó por ser una sociedad estamental
y jerarquizada, en la que se encontraban tres estamentos u órdenes sociales: la nobleza, el clero
y los campesinos.
Ahora bien, las relaciones que se establecieron entre los señores y los campesinos se
desarrollaban en el señorío, que consistía en una importante extensión de tierras sobre las que
el Señor Feudal ejercía su autoridad.
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Veamos cuáles eran las partes de un señorío:
● La reserva señorial: conformada por las tierras cercanas al castillo o monasterio, que
eran trabajadas por los siervos. Generalmente, eran las tierras más fértiles y toda la
producción que se obtenía de estas le correspondía al señor feudal. Además de las
tierras, en la reserva señorial había graneros, corrales y viñedos. También estaba el
horno, para hacer el pan; el molino, para moler los granos y obtener la harina y el lagar
para elaborar el vino. En general, había también una capilla o iglesia.
● Los mansos: eran parcelas de tierra que el señor feudal daba a los campesinos libres
que vivían en las aldeas de los alrededores para su subsistencia y la de su familia. Los
campesinos, a cambio, debían entregar como tributo una parte de lo producido al señor
feudal.
● Las tierras comunales: eran un conjunto de bosques y pastos que no se utilizaban
para la producción agrícola. Eran de uso común y en estas se alimentaba al ganado
(cerdos y cabras) y los animales de tiro (bueyes). De los bosques se obtenían maderas,
frutos, raíces y miel, entre otros productos. El acceso a estas tierras era controlado por
un consejo de la aldea, ya que eran esenciales en las economías campesinas.
Observa atentamente las siguientes imágenes sobre las partes que componen un
señorío:
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Los señoríos producían todos los elementos necesarios para la subsistencia
de sus habitantes, desde los alimentos y la vestimenta hasta las armas y las herramientas. Por
eso, se afirma que la economía feudal era cerrada o autosuficiente, ya que no necesitaba del
comercio para abastecerse.
La vida en el castillo
El Señor Feudal y su familia vivían en el edificio más grande del señorío: el castillo.
Los castillos eran edificaciones de piedra que estaban defendidos por una muralla que rodeaba
todo el perímetro y un profundo foso lleno de agua. Por un puente levadizo se atravesaba el
foso y se accedía a un patio, que comunicaba con una segunda muralla que protegía a las
habitaciones, la capilla, las dependencias de servicio y la torre para las ceremonias.
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Además del Señor Feudal y su familia, en el castillo vivían los guerreros que
conformaban el ejército privado del Señor Feudal o huestes. Las huestes acompañaban, como
ya hemos visto, al Señor Feudal cuando éste recorría la región que estaba bajo su mando para
ejercer justicia e imponer o cobrar tributos o cuando se enfrentaba en guerras con otros
Señores Feudales.
Siervos y campesinos:
Como ya hemos visto, el 90% de la población feudal era campesina. Los campesinos
vivían en aldeas que estaban dentro de los límites del señorío y que comprenden las viviendas,
los campos y las huertas familiares, donde cultivaban hortalizas, legumbres y frutas, que
constituían, junto con el pan, la base de su alimentación.
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siembra y cosecha, la cantidad de tierra que se iba a cultivar y la administración del agua o los
pastos para los animales.
Como ya hemos visto, los campesinos realizaban labores para los nobles o los clérigos
pero no todos lo hacían de la misma forma ni su situación era igual. Los campesinos que
vivían dentro de los límites del señorío eran siervos, también llamados siervos de la gleba
(porque estaban atados a la tierra). Esto significaba que dependían de sus amos y que no
podían disponer de su vida como quisieran. Pero OJO!! Un siervo no es un esclavo!!
Recuerden que no estamos frente a una sociedad esclavista como los pueblos que estudiamos
en la antigüedad.
Fuera de los señoríos había comunidades de campesinos libres que trabajaban para su
propio beneficio y podían movilizarse libremente, aunque debían pagar tributos al Señor
Feudal. Los campesinos también eran artesanos, ya que construían sus herramientas y tejían
sus vestimentas, especialmente, las mujeres. En cada aldea existía un grupo de campesinos que,
además de trabajar la tierra, se especializaba en algún tipo de labor artesanal, como la herrería,
la carpintería y la construcción.
Ahora bien, tanto los siervos como los campesinos libres trabajaban con técnicas
agrícolas rudimentarias. Como los arados eran livianos y de madera, solo hacían surcos poco
profundos que levantaban la capa superficial de la tierra, que perdía fertilidad rápidamente.
Como la tierra no se abonaba, los campesinos la dividían en dos partes: en una se cultivaba y la
otra quedaba en barbecho, es decir, que la dejaban sin cultivar durante un año para que
recuperase sus nutrientes. A esta forma de cultivo en la que se van variando las siembras cada
dos años para evitar que el terreno se agote se la llama rotación bienal.
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Arado: instrumento agrícola compuesto de una o más piezas de hierro acabadas en punta y
que sirve para remover la tierra tirada por animales o un vehículo.
Clérigos: hombre que ha recibido alguna de las órdenes sagradas que otorga la Iglesia católica
y que por consiguiente pertenece al clero, por ejemplo, los obispos, los sacerdotes, los curas,
entre otros.
Corrales: lugar cercado y generalmente descubierto, junto a las casas rurales, que sirve para
guardar el ganado doméstico.
Hortalizas: planta comestible que se cultiva en un huerto, por ejemplo, cebollas, tomates,
entre otros.
Legumbres: fruto formado por una vaina que encierra en su interior una semilla o una hilera
de semillas, por ejemplo, lentejas, porotos, entre otros.
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Surcos: hendidura/ hueco longitudinal que se hace en la tierra con el arado.
Tributo: cantidad de dinero o de bienes que el vasallo debía entregar a su señor como
reconocimiento de obediencia y sometimiento.
Viñedos: una viña o viñedo es una plantación de vides para la producción de uvas de mesa o
de vino.
RECORDAMOS UN POCO….
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● Se construyeron canales y acequias que mejoraron el sistema de riego.
● Se comenzó a utilizar el sistema de rotación trienal de cultivos. Este método
permitió un sustancial aumento en los rendimientos de las cosechas.
Ahora bien, ¿En qué consistía este sistema? Se divide un terreno en tres partes:
en una se plantaban cultivos de verano, en otra, cultivos de invierno y la última
se dejaba descansar.
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El proceso de ocupación de tierras: las roturaciones
Gracias a las roturaciones, los campesinos comenzaron a experimentar una nueva vida,
fuera de la rígida autoridad del señor feudal, ya que este les daba mayor libertad a quienes se
trasladaban para trabajar tierras alejadas, a cambio de obtener un mayor tributo. Es por eso
que, durante esta época de expansión se hizo famosa la frase que decía “roturar hace libres”.
RECORDAMOS UN POCO…..
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El resurgimiento urbano o renacer de las ciudades, fue un proceso multicausal, es decir,
se dio debido a varias causas o factores.
Ahora bien, a medida que las ciudades iban recibiendo habitantes, fueron creciendo,
pero de modo bastante desordenado. En efecto, la red de calles era irregular y algunas
callejuelas eran tan estrechas que resultaba muy difícil transitar por ellas. No tenían agua
corriente y casi no había fuentes públicas; los desechos se arrojaban a la calle y no existían
cloacas. Los únicos lugares abiertos eran las plazas, en las que solían instalarse los mercados
locales. Además, en las plazas se celebraban las representaciones de diferentes artistas y se
llevaban a cabo las ejecuciones de los condenados a muerte.
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Como hemos mencionado, poco a poco las ciudades (llamadas “burgos”) fueron
creciendo y albergando cada vez un mayor número de habitantes. Pero, ¿Quiénes vivían en las
ciudades? No todos los que vivían en las ciudades o burgos eran comerciantes y artesanos, si
bien estos constituían la mayoría. También se instalaron en ellas los banqueros y muchos
campesinos que no podían pagar las rentas señoriales y escapaban del feudo. A ellos se
agregaron los mercaderes, médicos, abogados y clérigos. Y a esta población se sumaban
viajeros o visitantes ocasionales: vendedores ambulantes, campesinos que llevaban sus
productos al mercado, peregrinos, malabaristas y músicos que actuaban en la plaza; mendigos y
vagabundos.
Ahora bien, a los habitantes de las ciudades o burgos se los llamaba burgueses. Los
burgueses no eran guerreros, no oraban por la salvación de las almas ni trabajaban la tierra. Se
trataba de un nuevo grupo social. A diferencia de los señores feudales, que basaban su poder
en la posesión de tierras, los burgueses medían su influencia en el dinero que poseían.
Ahora bien, no todos los burgueses eran ricos. Dentro de la burguesía había dos
grupos: la alta burguesía que estaba compuesta por grandes comerciantes, banqueros y
prestamistas; y la pequeña burguesía que estaba compuesta por pequeños comerciantes,
artesanos, mercaderes y abogados.
Ahora bien, como ya hemos mencionado, no todos los burgueses eran ricos. Por otra
parte, como ya hemos visto, durante buena parte de la Edad Media, los principales centros
productivos estaban en el campo. Sin embargo, hacia el siglo XIII, la actividad productiva
comenzó a centrarse en las ciudades. Los artesanos elaboraban los productos a mano, con
pocas herramientas. Sus lugares de trabajo eran pequeños talleres, que formaban parte de sus
casas, y que la mayoría de las veces se agrupaban en una misma calle según su rubro -zapateros,
sastres, herreros, carpinteros, entre otros-.
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Los artesanos estaban divididos en tres categorías, de las cuales la más alta, la de los
maestros, era la que dirigía los gremios. Los maestros eran fabricantes independientes que
trabajaban en sus hogares. Debajo de ellos estaban los oficiales, a quienes se les pagaba por
día para ayudar en las tareas. Por último, estaban los aprendices, que generalmente eran niños
que estaban bajo la custodia del maestro. Con el tiempo, un aprendiz podría convertirse en
oficial y, al final, graduarse como maestro del gremio.
La expansión religiosa
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llegó a Constantinopla una multitud de 10.000 personas, entre hombres, mujeres y niños,
dirigidos por Pedro el Ermitaño, un monje de Amiens, Francia. Se trataba de personas de
condición humilde, en su mayoría campesinos, que querían colaborar en la toma de Jerusalén.
Sin preparación militar y sin armas, fueron presa fácil de los ataques de los turcos que los
aniquilaron en su camino.
Esta primera Cruzada terminó en el año 1099. Sin embargo, el objetivo de mantener
Jerusalén bajo el dominio cristiano se desmoronó en 1187, cuando el sultán musulmán
Saladino entró victorioso en la ciudad.
Asediaron: rodearon a un enemigo impidiendo la entrada o salida del mismo para lograr su
rendición.
Ahora bien, ¿Cuántas cruzadas más se llevaron a cabo? No existe un acuerdo, aunque
los historiadores coinciden en que fueron entre seis u ocho y ocurrieron hasta el año 1270.
Entre ellas se destaca la tercera cruzada, organizada por reconocidos monarcas europeos como
Ricardo Corazón de León de Inglaterra. Ninguna de las expediciones para arrebatar la ciudad
tuvo éxito. Jerusalén quedaría en manos de los musulmanes.
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Las Cruzadas estuvieron marcadas por la violencia, además de intereses
económicos que poco tenían que ver con lo espiritual. Además de su importante saldo de
vidas humanas, estas campañas militares tuvieron otro tipo de consecuencias: por ejemplo, se
favorecieron los contactos y el desarrollo comercial entre ambas orillas del Mediterráneo, que
volvió a recuperar su papel como vía de comunicación entre Oriente y Occidente. Esto
benefició a los mercaderes y comerciantes, especialmente los de ciudades de la península
Itálica, como Venecia o Génova, que vieron aumentar sus negocios en gran medida.
Como ya hemos visto, las Cruzadas contribuyeron al desarrollo del comercio entre
Occidente y Oriente. En realidad, la expansión musulmana en el Mediterráneo ya había
generado activos circuitos comerciales, pero, después de las Cruzadas, el tráfico de mercaderías
se intensificó favoreciendo, sobre todo, a las ciudades italianas.
Sin embargo, la intensificación del comercio no tuvo como única causa la influencia de
las Cruzadas. Como ya hemos visto, el crecimiento de la población y los excedentes agrícolas
-producto de la expansión agrícola- tuvieron una gran incidencia en este renacer de la actividad
comercial. Y no debes olvidar, la creciente tranquilidad de Europa Occidental desde fines del
siglo X, luego de que finalizara la oleada de invasiones.
Para realizar actividades comerciales, muchas ciudades se unieron en las llamadas ligas.
Así, por ejemplo, unas cien ciudades alemanas conformaron la llamada Liga Hanseática, la cual
controlaba el comercio entre el Mar del Norte y el Mar Báltico, desde Flandes a Rusia. Solía
comercializar productos de primera necesidad como cereales, maderas, cera, sal y pieles.
Las ciudades francesas y las italianas, por el contrario, no solo no se unieron en ligas,
sino que, incluso, compiten entre sí. Estas ciudades, así como algunas españolas, practicaron el
comercio internacional con Oriente, navegando por los mares Mediterráneo, Negro y de
Mármara. Se especializaron en productos de lujo como, por ejemplo, sedas, gasa, marfil,
porcelanas, colorantes, esencias, perfumes, perlas, piedras preciosas, entre otros.
60
El punto de encuentro de los mercaderes fueron las ferias que se instalan, como ya
hemos visto, en las plazas de las ciudades. El resurgimiento de las actividades comerciales
incentivó en diferentes ciudades la necesidad de acuñar moneda.
Poco a poco, la economía monetaria entró, también, en el mundo feudal y, por ejemplo,
los campesinos que vendían productos en los mercados locales pudieron pagarle el tributo al
señor feudal con dinero, en lugar de trabajar para él o cederle parte de su producción.
También comenzó a difundirse la actividad bancaria. En las ferias y en las plazas de las
ciudades comerciales comenzaron a aparecer prestamistas, que se sentaban frente a “bancos”
de madera que funcionaban como escritorios, para realizar sus transacciones.
Observa con atención el siguiente mapa sobre las rutas comerciales, las ferias
y las grandes áreas de comercio durante la Baja Edad Media:
61
La crisis del siglo XIV
A estas calamidades naturales se les sumaron conflictos sociales, una mortal epidemia
-la peste bubónica- y la llamada Guerra de los Cien Años.
Las revueltas fueron tomando fuerza a medida que la crisis económica se acentuaba.
Ahora bien, ¿Dónde se origina tanto odio? En muchos casos las revueltas y luchas sociales eran
protestas en contra del cobro de tributos por parte de reyes y señores feudales. En
ocasiones, además, los sublevados señalaban a la Iglesia como un enemigo. Así, los
campesinos se negaban al pago del diezmo y exigían que los monasterios distribuyeran la
comida que acaparaban.
Por otra parte, los reclamos de los campesinos por lograr condiciones de trabajo
menos duras y una mayor seguridad frente a la situación de guerra (ver Guerra de los Cien
Años) no fueron respondidos por los nobles, y el odio se canalizó en actos de crueldad contra
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las clases dirigentes, quienes, a su vez, respondieron mediante la represión y el asesinato de los
campesinos sublevados.
A pesar de que ambos reinos habían firmado el Tratado de París, las relaciones entre
ellos no eran cordiales. Finalmente, entre los siglos XIV y XV, estallaron varios conflictos
bélicos de grandes dimensiones, que los historiadores denominan la Guerra de los Cien
Años.
La Guerra de los Cien Años comenzó con una disputa por la sucesión de la Corona
francesa. Luego derivó en la lucha del rey francés Felipe IV por recuperar el territorio de
Aquitania, que se encontraba en Francia pero que, por herencia, pertenecía al monarca inglés
Eduardo III. Por lo tanto, según los lazos feudales, esto convertía al rey inglés Eduardo III en
vasallo del rey francés Felipe IV. Cuando Eduardo III se negó a declararse vasallo de Felipe IV,
éste ocupó Aquitania y estallaron los conflictos.
Las primeras acciones tuvieron lugar en 1346, cuando los ingleses desembarcaron en
Normandía (Francia) y derrotaron a los defensores franceses. Al poco tiempo, la peste negra o
bubónica provocó que ambos bandos concertaran una tregua que se prolongó hasta 1356.
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Aunque las hostilidades se detuvieron en numerosas ocasiones, después de medio siglo
no había signos de que la guerra fuera a terminar, y eran los ingleses los que llevaban ventaja.
Sin embargo, en el año 1429, una joven francesa que se decía elegida por Dios, Juana de Arco,
inspiró a las tropas de su nación a tomar la ciudad de Orleans (Inglaterra), un punto
estratégico. Después de eso, los aliados de los ingleses en territorio francés desertaron y se
unieron al recién coronado Carlos VII de Francia. El largo conflicto terminó con la victoria
francesa.
La crisis del siglo XIV trajo una serie de consecuencias para el continente europeos, en
un período marcado por los desastres naturales, las calamidades y la guerra.
● En el aspecto económico se produjo una fuerte depresión que impactó en los precios
(sobre todo de los alimentos), un retroceso en los cultivos y el abandono de aldeas.
● En el aspecto social, las revueltas campesinas mostraron el descontento y el reclamo
por un nuevo orden, diferente del modelo feudal.
● La Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia sirvió para potenciar el poder de
la monarquía por encima de los señores feudales. En este sentido, los señores feudales
comenzaron a perder su poder político -poder de ban- dentro de sus dominios. Ese
poder político gradualmente volvió a manos del rey.
● Se intensificaron los sentimientos nacionalistas, es decir, las personas de un
determinado territorio, gobernadas por un mismo rey, que hablaban la misma lengua y
que compartían varios elementos culturales, sentían que pertenecían a una misma
nación.
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Bibliografía:
Romero, José Luis. La Edad Media. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, 1994.
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