Hoy voy a presentar una reflexión jurídica y social inspirada en la película Philadelphia
(1993), dirigida por Jonathan Demme. Esta obra cinematográfica nos permite analizar
un tema profundamente humano y jurídico: la discriminación laboral y la defensa de
la dignidad en el trabajo.
En la película, Andrew Beckett, un abogado brillante, es despedido de su empleo
cuando sus superiores descubren que es homosexual y portador del VIH. Aunque el
despido se justifica bajo el argumento de “baja productividad”, en realidad se trata de un
caso claro de discriminación encubierta.
A partir de este hecho, reflexionaremos sobre cómo el Derecho laboral peruano debe
actuar para evitar que situaciones semejantes ocurran y para garantizar la igualdad y
la justicia en los centros de trabajo.
2. Desarrollo
A. Propuesta
En primer lugar, mi propuesta se orienta a fortalecer los mecanismos de protección
contra los despidos arbitrarios y discriminatorios.
Según De Las Casas de la Torre Ugarte (2021), el derecho al trabajo está íntimamente
vinculado a la dignidad humana. Este principio está recogido en el artículo 23 de la
Constitución Política del Perú, que establece que ninguna relación laboral puede
condicionar el ejercicio de derechos constitucionales ni menoscabar la dignidad del
trabajador.
Por ello, propongo tres líneas de acción:
1. Consolidar procedimientos administrativos y judiciales rápidos y eficaces,
que permitan la pronta restitución de los derechos vulnerados por un despido
arbitrario. Como señala Liza Castillo (2021), la estabilidad laboral debe
entenderse como un derecho fundamental que protege al trabajador frente a
decisiones injustificadas.
2. Impulsar campañas de concienciación y educación laboral. El Convenio 111
de la OIT obliga a los Estados a promover la igualdad de oportunidades en el
empleo. Sin embargo, esta obligación será efectiva solo si se acompaña de
políticas educativas que desmonten los prejuicios sociales, como el miedo al
VIH o la homofobia.
3. Exigir que los empleadores adopten políticas internas reales de inclusión y
no discriminación, como protocolos de denuncia, capacitaciones periódicas y
mecanismos de supervisión. Como recuerda Deglane Soto (2023), el poder de
dirección del empleador tiene límites y debe ejercerse respetando los derechos
fundamentales de los trabajadores.
En resumen, el derecho laboral no solo regula el contrato de trabajo, sino que debe
garantizar que los espacios laborales sean entornos de respeto, inclusión y justicia.
B. Reflexión
Desde una perspectiva más humana, Philadelphia nos invita a pensar en la distancia
entre la ley y la realidad social.
Aunque la Constitución y las normas laborales prohíben la discriminación, en la
práctica esta persiste, encubierta en excusas aparentemente legales.
El caso de Andrew Beckett refleja cómo la ignorancia y los prejuicios pueden destruir
carreras, familias y vidas enteras. La película nos muestra que el Derecho no debe
limitarse a aplicar normas, sino que debe servir a la justicia material y a la dignidad
humana, tal como indica el artículo 1 de la Constitución peruana: “La defensa de la
persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del
Estado.”
Además, la evolución del personaje Joe Miller –el abogado que inicialmente rechaza
defender a Beckett por prejuicio– representa la transformación ética que el Derecho
exige. Miller comprende que la función del abogado no es solo ganar casos, sino
combatir la injusticia y defender la verdad.
Esa transformación simboliza que el cambio social comienza en la conciencia
individual.
A nivel social, la película denuncia cómo el miedo y la ignorancia generan exclusión.
En los años noventa, el VIH era percibido como una condena moral, y aunque hoy
hemos avanzado, todavía existen casos de discriminación laboral por motivos de
salud, orientación sexual o apariencia.
Por eso, el desafío no es solo jurídico, sino también cultural: debemos construir una
cultura del trabajo digno, basada en el respeto y la empatía.
3. Conclusión
En conclusión, Philadelphia nos recuerda que el Derecho laboral no tiene sentido si su
único fin es regular la prestación de servicios.
Su verdadero propósito es proteger a la persona trabajadora, promover la igualdad
real y asegurar que la dignidad humana sea el eje de toda relación laboral.
Andrew Beckett no pidió compasión, pidió justicia.
Y ese pedido sigue vigente hoy, cada vez que un trabajador es despedido o excluido por
ser diferente.
Como sociedad y como futuros profesionales del Derecho, nuestro compromiso debe ser
garantizar que nunca más la intolerancia se disfrace de legalidad.