Síntomas principales
Deseo incontrolable (craving): Un deseo intenso y compulsivo de consumir alcohol.
Pérdida de control: Dificultad para limitar la cantidad de alcohol que se bebe.
Síntomas de abstinencia: Al dejar de beber, aparecen síntomas físicos y psicológicos como
temblores, sudoración, ansiedad, náuseas, vómitos, e incluso alucinaciones o convulsiones en
casos severos.
Tolerancia: Necesidad de consumir cada vez más alcohol para obtener el mismo efecto.
Consecuencias negativas: El consumo continúa a pesar de que afecta la salud, el trabajo, las
relaciones sociales y familiares.
Factores de riesgo
Vulnerabilidad individual:
Antecedentes familiares (hijos de padres alcohólicos tienen mayor riesgo) y uso del alcohol
para aliviar malestar psicológico.
Edad de inicio:
Cuanto antes se empieza a beber, mayor es el riesgo de desarrollar dependencia en la edad
adulta.
Patrón de consumo:
Beber cantidades elevadas o frecuentes aumenta el riesgo de desarrollar alcoholismo.
Consecuencias para la salud
Hígado: Daños como hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis.
Cerebro: Deterioro cognitivo, problemas de memoria y demencia.
Corazón: Hipertensión y agrandamiento del corazón.
Otros: Debilitamiento del sistema inmunitario, problemas gastrointestinales, mayor riesgo de
ciertos cánceres, y daños al feto si se consume durante el embarazo (síndrome alcohólico
fetal).
Qué hacer
Buscar ayuda profesional: Consultar a un médico o psicólogo puede ayudar a diagnosticar el
trastorno y desarrollar un plan de tratamiento.
Evitar situaciones de riesgo: Alejarte de personas con las que solías beber y de lugares que te
recuerden a beber puede ser útil.
Planificar actividades: Involúcrate en actividades que disfrutes y que no incluyan alcohol.
Mantener el alcohol fuera de casa: Esto puede ayudar a evitar la tentación.
Hablar con alguien de confianza: Compartir tus sentimientos y ganas de beber con alguien en
quien confías puede ser de gran apoyo.
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